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Esta mañana, llegamos al capítulo 9 de Mateo; y vamos a ver ocho versículos maravillosos que comienzan este capítulo. Mateo 9, versículos 1 al 8. Notarán que hay una frase al final del versículo 2 que quiero usar como un punto de comienzo. El Señor habla y dice: “Tus pecados te son perdonados.” El tema de este registro en particular es el poder de Jesús sobre el pecado. Y quiero comenzar nuestro estudio de esta porción de la palabra de Dios con una pregunta elemental: ¿cuál es el aspecto más distintivo que el cristianismo tiene que proclamar?

Y ya le he dado la respuesta. De manera clara e incuestionable, el aspecto más distintivo, más claro que el cristianismo tiene que proclamar es la realidad de que el pecado puede ser perdonado. Y ese es el corazón y la sangre misma del mensaje cristiano. Aunque la fe cristiana tiene muchos valores, muchas virtudes y muchas aplicaciones, el mensaje más esencial que Dios jamás le dio al hombre es que el hombre, un pecador, puede conocer la plenitud del perdón de ese pecado. Ése es el corazón del mensaje del cristianismo y es exactamente el mensaje de este milagro en el capítulo 9, versículos 1 al 8.

Ahora, Mateo se ha estado concentrando en varios milagros de nuestro Señor en los capítulos 8 y 9; y estos milagros tienen la intención de presentarnos, en primer lugar, la deidad de Jesucristo. Pero más allá de eso, y no quiero decir esto más allá de la deidad en un sentido, sino más allá de eso como propósito, no sólo nos muestran Su deidad sino Su naturaleza como el Mesías de Israel. En otras palabras, no es sólo que Mateo nos da muchos milagros para probar que Él es Dios, sino que nos da milagros específicos diseñados para mostrar de manera específica las profecías mesiánicas del Reino para que Israel sepa que Éste es el que puede cumplir el papel de Mesías, la función de Mesías y traer al mundo el Reino de Dios. Entonces, hay una naturaleza muy judía. Hay un sabor muy veterotestamentario en el tipo de milagros que Mateo escoge bajo la inspiración del Espíritu Santo.

                    

Ahora, hay una especie de arreglo climático por parte de Mateo. Ya hemos visto cinco de los nueve milagros que están en estos 2 capítulos; y cierta manera hemos visto un flujo que nos lleva a un punto más grande del que hemos estado antes, conforme llegamos al capítulo 9. Y al regresar, por ejemplo, comenzó cuando Jesús, mediante el toque de una mano, limpió a un leproso; y después, mediante un toque, Él sanó al siervo de un centurión; y después, echó la fiebre de la suegra de Pedro; y después, más allá de los milagros físicos, comenzó a enfrentar la naturaleza y calmó los vientos y las aguas. Y después, no sólo mostró Su poder sobre la naturaleza sino también Su poder sobre las fuerzas sobrenaturales, los demonios, cuando echó fuera los demonios. Y ahora, Él va aún más allá de eso, a ascender en el drama de los milagros y nos muestra que Él tiene poder sobre la raíz de toda miseria del hombre, la cual es el pecado. Y Él enfrenta la culpabilidad humana, la contaminación humana, la maldad que separa al hombre de su Hacedor.

Y entonces, el gran Médico no sólo puede sanar a los enfermos y calmar a la tormenta y enfrentar a los demonios, sino que también puede traer al alma humana lo que más necesita: el perdón de pecados. Y esta es otra marca de la autoridad de Jesucristo. Parece que en Mateo tenemos una concentración en la autoridad de Cristo. Encontramos, por ejemplo, la vida de Cristo prácticamente terminó en Mateo mediantes declaraciones acerca de Su autoridad. En el capítulo 7, versículo 28, después del sermón, dice que Él habló como uno que tenía autoridad. Y llamaremos a eso Su autoridad ética, o Su autoridad teológica, o Su autoridad doctrinal. Y cuando usted llega al final del libro, el capítulo 28, versículo 18 dice: “Toda potestad o toda autoridad me es dada en el cielo y la tierra.” Y a esos llamaríamos su autoridad de gobierno o Su autoridad soberana.

Y ahora, aquí en este pasaje, encontramos otro tipo de autoridad. Y yo la llamaría Su autoridad redentora. Su autoridad para perdonar pecado. Y estos son modos en los que Mateo señala la autoridad de Jesucristo. En el Sermón del Monte, Él los mostró Su autoridad sobre la religión. En el capítulo 8, versículos 1 al 17, Su autoridad sobre la enfermedad. Capítulo 8, versículo 23 al 27, Su autoridad sobre la naturaleza. Capítulo 8, versículos 28 al 34, Su autoridad sobre los demonios; y ahora, Su autoridad sobre el pecado. Entonces, hay una realidad ascendente acerca del poder de Cristo e inclusive lo vemos en el futuro en el capítulo 9, cuando vemos Su autoridad sobre la muerte misma.

Ahora, recuerde esto, como lo dije antes, es importante para Mateo señalar claramente que Jesús es alguien que está calificado para ser el Mesías; que Él está calificado para ser el que trae el Reino; y éste es su enfoque en particular en este segundo trío de milagros. El primero de este segundo trío fue aquel en el que Él pudo calmar la tormenta. Ahora, eso es esencial porque las profecías del Antiguo Testamento apuntan a que cuando el Mesías venga, va a establecer un Reino y va a vencer la maldición en el mundo físico. Por ejemplo, en el capítulo 30 de Isaías, habla de cómo habrá una abundancia de lluvia y florecerán los cultivos en maneras que nunca han sido conocidas antes de la Caída.

En Isaías 35, habla de cómo el desierto va a florecer como una rosa. Y lo mismo en Isaías 41, Isaías 51, Isaías 55, Joel capítulo 3, Ezequiel capítulo 36; todos estos tienen que ver con las características físicas del Reino. Esos animales, los cuales habrían sido enemigos naturales, ya no serán enemigos naturales. La tierra florecerá. La vida se extenderá en un sentido físico; y si una persona muere a los 100 años de edad, morirá como un infante. Y hay cambios físicos tremendos. Por lo tanto, el Mesías debe ser el que tenga control sobre el mundo físico de tal manera que el milagro de calmar las olas y el viento manifestó Su capacidad mesiánica del Reino. Y también, el Antiguo Testamento habla de un tiempo en el que Satanás traerá sus grandes huestes contra el pueblo de Dios; y será derrotado. Lo encontramos en el tercer capítulo de Zacarías y en Daniel 7, Daniel 8, Daniel 11, cómo Satanás quiere oprimir al pueblo de Dios y cómo, al final, las fuerzas demoníacas y el anticristo mismo vendrán contra el pueblo de Dios; y el Mesías va a establecer el Reino. Y entonces, para que el Mesías establezca el Reino, debe tener la capacidad de vencer al mundo sobrenatural de demonios. Y eso es precisamente lo que Mateo está diciendo en el milagro de la expulsión de los demonios.

Y después, el Antiguo Testamento también nos habla de que el Reino se caracterizará por perdón. Ezequiel 36 habla de eso, Isaías 33, Isaías 40, Isaías 44, Isaías 60; todos esos textos hablan de perdón en el Reino. Y aquí encontramos en el capítulo 9, versículos 1 al 8 que el señor Jesucristo, el Mesías, Dios en carne humana, puede perdonar el pecado; y de esta manera, está calificado no sólo para ser Dios sino para ser el Mesías que establezca el Reino de Dios en la tierra y a lo largo de la eternidad.

Entonces, estos no son milagros escogidos al azar. Tienen un aspecto ascendente. También tienen un aspecto de especificidad al apuntar a algo muy particular acerca de Su poder, Su capacidad de cumplir la promesa del Antiguo Testamento. Y esto hace que la incredulidad y el rechazo de los fariseos sean aún más increíbles y más horrendos debido a que la precisión del cumplimiento es tan específica.

Y con eso en mente, veamos el tercer milagro en la segunda sección. Comienza en el versículo 1: “Entonces, entrando Jesús en la barca pasó al otro lado y vino a Su ciudad.” Ahora, Jesús había sanado al hombre poseído por demonios en la costa este del mar de Galilea o en el lago de la Galilea. No sabemos cuánto tiempo pasó entre el final del capítulo 8 y el capítulo 9. Mateo no está tan preocupado por la cronología como los milagros específicos, para que encajen en su objetivo conforme es inspirado por el Espíritu, entonces, no sabemos cuán extenso fue el período de tiempo que pasó aquí, pero después de que Él hizo lo que quiso hacer, Él regresó a un barco y procedió de regreso al oeste; y llegó a Su propia ciudad.

Ahora, usted podía pensar al principio que Nazaret fue Su ciudad. Y lo fue en un momento, pero si regresa al capítulo 4, versículo 13, dice: “Y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaúm, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías.” Jesús dejó Nazaret. Y si usted fuera a leer también en Lucas 4:30-31, usted sabría que dejó Nazaret porque lo expulsaron. Él fue un profeta sin honor en Su propio país; y ha reestablecido Su hogar a tan solo unos kilómetros de distancia en la pequeña ciudad de Capernaúm, en la costa norte del mar de Galilea. Y también es probable que haya establecido Su residencia en la casa de Pedro. Parece que la casa en la misma casa que se menciona en el capítulo 14 del versículo 8, la casa de Pedro, en donde Él sanó a la suegra de Pedro. Esa casa probablemente se convirtió en Su residencia y entonces ahora tiene Él tiene un lugar en Capernaúm, en la casa de Pedro.

Ahora, usted recordará que antes de que Él cruzara el lago de Galilea, los milagros que estaba haciendo en Capernaúm y sus alrededores, habían generado una gran multitud de personas. Estaban siguiéndolo por todos lados. Él estaba sanando todo tipo de enfermedades y expulsando demonios y haciendo todas estas obras poderosas; y la multitud estaba creciendo y creciendo y creciendo; y ahora, cuando Él regresa es natural suponer que otra multitud increíble va a venir al lugar en el cual Él está. Y al regresar a la casa de Pedro eso es precisamente lo que sucede.

Ahora, estamos completando alguno de estos detalles porque Marcos, capítulos 2 nos da este mismo relato y nos da otros detalles. Es maravilloso ver cómo cada escritor del Nuevo Testamento en los tres Evangelios, Mateos, Marcos y Lucas escribiendo acerca de la misma historia escogen detalles en esa historia que son pertinentes para sus propósitos. Y entonces, al colocar Marcos 2 y Lucas 5:17 al 26, los unimos y vemos el panorama completo. Él llegó a la casa, probablemente la casa de Pedro. Y también es probable que estuvieran arriba. En esas épocas era común construir una casa de dos pisos. Y en el segundo piso había un cuarto grande, en donde se llevaban a cabo las reuniones sociales. De hecho, recordarán que el Señor, la noche en la que Él partió el pan con Sus discípulos fue a un aposento alto. Eso era común en la mayoría de los hogares, la cocina y otras cosas estaban abajo; y arriba estaba esta gran área para reuniones. Y sobre eso estaba el techo; y pasaba mucho tiempo también en los techos ya que el clima en esa parte del mundo es apto para disfrutarse en el exterior, en la parte de arriba de la casa. Y todo hogar tenía una escalera externa que iba hasta el techo.

Bueno, en esta ocasión el Señor está en una casa que puede haber sido así; la gente ha abarrotado literalmente la casa. Está lleno como uno de los estudios bíblicos del viernes por la noche a los cuales ustedes asisten, ni siquiera hay lugar para voltearse. Todo el mundo está hay atiborrado, quizás algunos están afuera parados en las puertas y en el patio y escuchando. Y el Señor está ahí. Y de pronto, sucede algo maravilloso; y es lo que comenzamos a ver en el versículo 2.

Quiero darles seis palabras clave que abren el significado de este pasaje. Seis palabras clave: palabra número uno es fe. Eso nos ayuda simplemente a abrir algo del significado del pasaje. La primera palabra es fe, versículo 2: “Y sucedió,” y de nuevo ése es un punto de exclamación en el griego. Escuche esto, esto es algo raro, único, maravilloso. “Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘Ten ánimo, hijo.’” Y puede detenerse ahí.

Ahora, eso nos da tanto como Mateo nos quiere dar porque el propósito de Mateo viene más adelante; pero al ver lo que Marcos y Lucas dicen aquí, se vuelve algo maravilloso. En primer lugar, observé que le traen un hombre. ¿Quiénes son ellos? No hay antecedentes en Mateo, pero en Marcos y Lucas vemos que se refiere a cuatro amigos o cuatro parientes, parientes queridos que se preocupaban por este hombre. Ellos han oído que Jesús está en la ciudad y desean que su amigo venga a Jesús. Y estoy seguro a que se debe a que Él ha derramado la necesidad en su propio corazón y probablemente los ha reclutado para que hagan esto conforme vemos que la historia se desarrolla y esa parece ser la mejor manera de entenderla. Traen a su amigo. ¿Por qué necesitan traerlo? Porque él era un hombre que estaba enfermo, un hombre que estaba paralítico. La palabra griega es paralutikos. Nuevamente vemos esa misma palabra que hemos visto en otros capítulos anteriormente. Él estaba paralítico. Tenía parálisis.

Y creo que una definición básica de eso es la pérdida de la función motriz, la función mecánica del cuerpo y algunas veces una pérdida de capacidad sensorial, la incapacidad de moverse o de sentir a un grado u otro. Ahora, este tipo de parálisis puede manifestarse o puede ser producida por muchas razones. Puede ser producida por un accidente, una herida en el cuello, una herida en la espalda o un defecto de nacimiento, alguna distrofia muscular, polio, o varias cosas que pueden causar la parálisis.

Ahora, es claro en el caso de este hombre que era una parálisis severa. Quizás es muy probable que pudiera haber sido cuadripléjico. Por lo pronto, sabemos que yacía en una cama. Estaba acostado sobre su espalda aparentemente incapaz de moverse, incapaz inclusive de ayudar a aquellos que lo movían y por eso se necesitó a cuatro hombres para cargarlo. Es muy posible, la Biblia dice que él estaba acostado en una cama y es una especie de tapete grueso, un tapete bien acolchonado o una especie de colchón delgado que podía ser enrollado y llevado. Lo colocaban en el piso y simplemente dormía sobre él. También había pequeñas estructuras, marcos de madera sobre los que se acostaban, con cuerdas y de alguna manera, suspendían esa pequeña cama. Pero el hombre estaba paralizado y estaba acostado en la cama.

En ese momento había otras enfermedades en el mundo que contribuían a la parálisis la cual era la enfermedad de la sífilis. Y no sabemos qué causó la enfermedad este hombre. Pueden haber sido muchas cosas, pero él yacía en la cama, incapaz de cuidar de sí mismo; y creo que contrató a estos hombres para cuidar de él.

Ahora, en ese entonces, habría sido doblemente difícil estar paralizado. Ya es bastante difícil en la actualidad, pero en esa época habría sido doblemente difícil porque no existían los aparatos, no había la capacidad de asistir, no existía el conocimiento médico y la persona estaría en una aflicción grave tratando de ser cuidado para todas las necesidades básicas de la vida y estoy seguro de que había mucho más de un estigma social del que hay ahora. Pero quiero añadir algo que debía haber estado profundamente arraigado en el corazón de este hombre y es el sentido de que él estaba enfermo porque era pecaminoso, porque ése era el sentimiento, la manera de pensar común de la época, que su enfermedad era el resultado de su pecado. Usted recordará que hubo un hombre ciego y los discípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado, si ese hombre o sus padres para que naciera ciego.

Los discípulos tenían razón en el sentido de que toda la enfermedad está ligada al pecado, porque si no hubiera pecado no habría enfermedad. Pero estaban equivocados y estaban reflejando el sentimiento del día de que ‘estás enfermo porque eres pecaminoso’ y si piensa que esa no era la manera de pensar en esos días, está equivocado. Usted se remonta al libro de Job, el cual puede haber sido el primer libro jamás escrito en la Biblia y eso es exactamente lo que los amigos de Job le dijeron. ‘Tienes problema porque eres pecaminoso’ y hay una relación directa.

Entonces, el hombre no sólo sufrió por esa enfermedad sino sufrió por el estigma que la acompañaba, sufrió por la incapacidad y la discapacidad; pero también sufrió por el hecho abrumador de que él era pecaminoso. Y un hombre en esta situación habría sido una ilustración andante de su propio pecado personal a los ojos de todo el mundo. No sería raro para personas como esa buscar estar solos y evitar las multitudes. Pero este hombre quería venir a Jesús. Y yo creo, sin duda alguna, que la razón por la que él quería venir a Jesús era por su pecado, no su enfermedad. Y creo que esa es la razón por la que Jesús le dice ‘Ten ánimo hijo, tus pecados te son perdonados’ porque lo que lo tenía desecho, lo que destruía su vida, lo que le pesaba, no era que estaba físicamente enfermo sino que era pecaminoso.

Ahora, la enfermedad no siempre puede estar relacionada al pecado. En otras palabras, usted puede estar enfermo porque Dios tiene otros propósitos, no necesariamente porque usted ha pecado. No toda la enfermedad es disciplina, pero toda la enfermedad es una demostración vívida del poder destructivo que opera en el mundo debido al pecado, ¿no es cierto? Entonces, sea que el hombre estaba sintiendo o no esa reacción inmediata de que su enfermedad estaba ligada a un pecado y lo sabía, y hay una enfermedad así de acuerdo con Santiago 5, o fuera que él simplemente sabía que había pecado en su vida y quería enfrentarlo, esto fue muy obvio para él debido a la desesperanza, a la tristeza de su enfermedad, sea como fuere, creo que el hombre vino a Jesús por el problema espiritual y no por el físico. Y entonces, sus amigos lo traen.

¿Y qué es lo que hace grande su fe? Dice: “Al ver Jesús la fe de ellos.” ¿Qué quiere decir al ver su fe? ¿Cómo sabe que ellos tenían fe? Bueno, debieron haber tenido fe. Estos hombres debieron haber sentido que Jesús podía hacer algo aunque él los había traído para ayudarle, y aunque él era el que sabía en la profundidad de su corazón, ellos debieron haber creído que Jesús podía sanarlo físicamente porque Jesús dice que vio su fe.

No habría sido difícil ver esto porque eso es lo que hicieron. Vinieron a la casa, de acuerdo con Marcos y Lucas y no podían entrar; y habría sido difícil arrastrarse y tratar de atravesar la multitud cuando tienes a cuatro hombres cargando una cama; y entonces decidieron que sólo había una sola manera de entrar y subieron por esas escaleras externas, lo cual es algo común, subieron al techo y poco a poco empezaron a quitar mosaico por mosaico, por así decirlo, y empezaron a abrir un agujero en el techo.

Ellos deben haber abierto un buen hueco ahí porque cuando abrieron el hueco, pudieron bajarlo a los pies de Jesús. Y puede imaginar cómo estaba toda la gente que estaba ahí adentro. Y tenían una discusión acerca de lo que estaba pasando. Y de pronto comienzan a desaparecer diferentes partes del techo. Y esto es fe persistente, tenaz, firme, inventiva. Y ellos deshacen el techo y lo bajan a los pies de Jesús. Él yace ahí. Inclusive puede haber estado paralizado en términos de su habla porque nunca dice ni una sola palabra. No se pide nada, no se dice nada, simplemente se coloca los pies de Jesús a la vista de todos, lleno de tristeza. Y estoy seguro que estaba lleno de temor y pánico, como lo veremos. Él sabía que Jesús era un sanador de cuerpos y estoy seguro que habría esperado que Él también fuera un sanador de corazones porque lo que más lo cargaba era su propio pecado. Y como dije antes, puede ser que su enfermedad haya sido el resultado directo de algún pecado y él estaba abrumado con su culpabilidad.

¡Pero qué exhibición de fe! La mayoría de las personas deben haber llegado a la puerta y haber dicho: “Oh, olvídalo, hay mucha gente.” Pero ellos tenían mucha fe. Ésos deshicieron el edificio para entrar ahí y lo metieron. Él expuso lo horrendo que era, mostró lo que estaba en su propia mente, un estigma social, expuso su pecaminosidad, expuso su enfermedad, exhibió su debilidad a toda la multitud con tal de estar a los pies de Jesús. Eso es verdadera humildad. Esa es una actitud de bienaventuranza. Ese es un corazón que busca y dice: “Jesús viendo su fe,” los cinco de ellos, no fue una fe ordinaria, era una fe fuerte, era una fuerte persistente; y Jesús la vio.

Hubo ocasiones cuando Jesús sanó gente que no tenía fe y hubo ocasiones cuando sanó a gente con poca fe; pero Él estaba especialmente dispuesto a sanar a personas con gran fe. De hecho, en el capítulo 9 vemos nuevamente en el versículo 18: “Mientras Él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante Él él, diciendo: ‘Mi hija acaba de morir; mas ven y pon Tu mano sobre ella, y vivirá.’” Esa es gran fe. Y Jesús lo hizo. Y en el versículo 28: “Vinieron a Él los ciegos; y Jesús les dijo: ‘¿Creéis que puedo hacer esto?’ Ellos dijeron: ‘Sí, Señor.’ Entonces, les tocó los ojos, diciendo: ‘Conforme a vuestra fe os sea hecho.’” Y Él estaba dispuesto de manera especial a ayudar aquello que tenían ese tipo de fe. Y entonces, aquí el hombre está a Sus pies. Es una fe silenciosa. Él no conoce palabras, sólo las palabras silenciosas de fe y reverencia. Nadie dice nada. Nadie ni siquiera dice algo hasta que el Señor habla y le dice a éste que está paralizado: ‘Ten ánimo’.

Ahora, esa es una gran palabra. La palabra teknon podría ser traducida hijo. ‘Ten ánimo, hijo.’ Es un término de ternura infinita. Aquí hay un hombre que está abrumado con su pecado. Ha sido colocado frente a Él desde el punto de vista social y está frente a Él, abrumado por la culpa de su propia alma, sabe que es un hombre pecaminoso, cree que este hombre tiene el poder de Dios, tiene fe como pecador de colocarse en la presencia de un Dios santo y arriesgarse. Y tiene miedo. Y esa es la razón por la cual el Señor le dice ‘no temas, ten ánimo.’ Simplemente significa deja de tener miedo. No hay nada que temer. El hombre tiene miedo porque es un pecador. ¡Pero qué manera tan maravillosa! El Señor le dice ‘hijo,’ una palabra de ternura. ¡Qué emocionante es ver al Santo consciente de tu enfermedad, consciente de tu pecado en terror, el tristeza, en temor y oírlo decir ‘hijo.’ Esa es la ternura de Cristo, amar al pecador aunque Él fue ofendido por su pecado.

Por un momento quiero que piense en la declaración que hace Jesús: “Ten ánimo, ten valentía.” Un verbo griego que se usa aquí: tarseo, lo cual es muy interesante. Se refiere a la valentía que es subjetiva. Creo que la mejor manera de entenderlo que es compararlo con tolmao, el cual es otro verbo que también se traduce valentía. Tolmao es un tipo de valentía la cual es objetiva. Es como decir tolmao es aprieta los dientes, aférrate, aguanta, controla tu temor. Ese es tolmao. Tarseo no es así. Tarseo dice no hay nada de qué temer. Y esa es la palabra que el Señor usa. El Señor no le dice que apriete los dientes, que controle su temor. Él dice: “Hijo, ¿qué temes? No hay nada que temer.”

Permítame decirle algo. Hay mucho que temer si usted viene ante Dios como un pecador sin arrepentimiento. Mucho que temer. Pero no hay nada que temer cuando este hombre vino porque tenía un corazón quebrantado y contrito. Eso es obvio. El Señor no perdona los pecados de personas que no vienen así. Su corazón estaba bien. El que tiene que temer es el que trata de esconder su pecado. El que lo revela no tiene qué temer. Él estaba sacudido con temor. Él estaba abrumado por el temor. Él estaba cargado de culpabilidad y el Señor le dice ‘ten ánimo.’ Y Él respondió a su fe, una fe verdadera que llevó a una segunda palabra: perdón.

Versículo 2, al final del versículo: “tus pecados te son perdonados,” despedidos son tus pecados. Y ese es un milagro divino que está por encima de cualquier otro milagro, una palabra instantánea mediante la cual se despiden sus pecados. ¡Qué gran declaración tan elocuente por parte del Señor! Recuerde que el hombre no había dicho una palabra. ¿Cómo es que el Señor sabía que eso es lo que el hombre quería? Porque el Señor conoce el corazón. A lo largo de todo este relato entero, Él ve el corazón. Él leyó el corazón del hombre que estaba enfermo. Él lee los corazones de esos escribas. Él puede leer el corazón de cualquier persona. Él sabe, conoce las peticiones antes de que sean hechas. El Dador de todo bien da antes de que nosotros pidamos. Y entonces, Él dice: “Despedidos son tus pecados,” antes de que el hombre pueda hablar, si es que podía hablar.

Amados, ésta es la remisión de pecados de la cual habla la Biblia. Esta es salvación. Esto es perdón, completo y total y los pecados son despedidos. Él dice: “despedidos,” y cuando el Señor despide nuestros pecados, Él los despide tan lejos como está el este del oeste y los entierra, los sepulta en las profundidades del mar más profundo, Salmo 103. Y la Biblia dice que Él ya no se acordará de ellos. Me encanta lo que Pablo dijo en 1 Timoteo 1, él dice: “Yo fui blasfemo, perseguidor injuriador pero obtuve misericordia y palabra fiel es ésta y digna de toda aceptación, que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a pecadores de quienes yo soy el primero.” Perdonado, perdonado.

Cuando los misioneros fueron a Alaska para llevarle el Evangelio a los esquimos y quisieron traducir el Nuevo Testamento a su idioma, descubrieron que no existía la palabra en su idioma para ‘perdón.’ Y entonces se encontraron en una encrucijada, tenían las manos atadas porque ese es el mensaje primordial del cristianismo. Pero descubrieron que los esquimos tenían una frase muy interesante. Y esta es una frase de una palabra. La palabra es isumagegugunnienarmuk. Esa es una palabra en esquimo. ¿Sabe lo que significa? Ya no poder pensar más en eso. Y lo usaron a lo largo de la Biblia para la palabra perdón. Dios ya no puede pensar en eso más. Él lo ha quitado. Él lo ha despedido. Él perdonó el pecado. El Señor le dio el regalo más grande para su necesidad más grande.

Recuerdo cuando estaba terminando mi último año en la universidad jugando fútbol americano y hablé en el club Kiwanis. Me dieron un premio por ser el mejor jugador de la semana o algo así. Y estaba hablando. Y le invitan a uno a hablar de fútbol americano, fui y hablé del Señor. Pasamos un buen tiempo. Yo lo disfruté mucho. No sé si ellos también, pero alguien se acercó a mí al finalizar y dijo que ellos conocían a alguien con quien yo debía hablar. Una niña que estaba en el hospital, había recibido un disparo en el cuello y había roto su espina dorsal. Me pidieron si podía irla a ver porque parecía alguien que podía ayudarla. Ella era la capitana del equipo de porristas en una escuela local. Su novio le había disparado. Fue un accidente.

Entonces, fui al hospital y ella estaba así como este hombre, acostada en una cama y claro, paralizada desde el cuello para abajo. Lo único que pude hacer fue contarle del Señor Jesucristo, lo cual hice. Le hable del Señor por un buen tiempo y me dijo que ella se mataría si pudiera, pero claro no podía hacerlo. No podía hacer eso.

Le presenté a Cristo y finalmente cuando acabamos, me dijo que ella quería invitar a Cristo su vida; y oramos juntos. Y nunca olvidaré lo que ella me dijo. Regresé a verla varias veces y un día me dijo: ‘Honestamente, puedo decirte John que me da gusto que esto pasó.” Y yo le dije: “¿Te refieres al accidente?” Dijo: “Sí, sí; porque si no hubiera pasado, nunca habría conocido a Cristo; y nunca se me habrían perdonado mis pecados.”

Como puede ver, ésa es la necesidad más profunda. Ésa es la tristeza más genuina en una vida humana. Y cuando Jesús dice ‘tus pecados te son perdonados,’ él satisfizo la necesidad de ese hombre de la manera más profunda. Y amados, ése es el mensaje del cristianismo. Ése es el perdón de pecados y usted debe saber que nuestro mensaje debe tratar del pecado y del perdón de pecados. La gente dice: “Oh, usted no debe hablar de pecado, es una manera de pensar negativa.” Es el mensaje del cristianismo. Si no predicamos ese mensaje, lo hemos corrompido.

La Biblia dice que el hombre es un pecador. El pecado es una transgresión de la ley, 1 Juan 3:4. El pecado contamina, ha contaminado de la imagen de Dios y ha manchado el alma. El pecado ha plantado en nosotros la imagen del diablo. Nos volvemos sus hijos. El pecado es rebelión contra Dios. El pecado es incurable, una ingratitud abierta contra Dios. Jeremías dice: “¿Mudará… el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” El pecado afecta a todos los hombres por cuantos todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. El pecado se encuentra en las profundidades del corazón del hombre, inclusive el hombre regenerado todavía pelea contra el pecado. El pecado domina la mente. Pervierte a la voluntad. Mancha los deseos. Contamina el cuerpo. El pecado trae al hombre bajo el dominio del diablo. Trae al hombre bajo el poder de la ira de Dios. El pecado sujeta al hombre a la miseria de tal manera que nace para los problemas así como las chispas vuelan al aire, y así está sujeto a la vaciedad, de tal manera que no conoce paz, y está condenado al infierno.

Esta es una realidad en todos los hombres y si es verdad, las mejores noticias que jamás le podría dar al hombre es que Dios puede perdonar pecado. Y este hombre es una prueba viviente. Y cuando Jesús dijo: “tus pecados te son perdonados,” creo que en ese momento en Su corazón vino otra por probada del calvario porque Él sabía que la única manera en la que Él podía perdonar el pecado del hombre era llevando el pecado de ese hombre. Y entonces, Él probó la amargura y la agonía de la Cruz a lo largo de Su vida. Cada vez que Él perdonó el pecado, Él sabía de manera perfecta que llevaría el castigo que Él había quitado de esa alma incapaz y entonces, tenemos fe y perdón.

La tercera palabra: furia. Furia. “Entonces,” versículo 3, “algunos de los escribas decían dentro de sí: ‘Este blasfema.’” Y Marcos dice que ellos dijeron primero quién podía perdonar pecados sino sólo Dios. “Este hombre blasfema.” Ahora escúchenme. El primer hombre, el hombre paralítico, quería perdón. Y todos estos hombres concluyeron que él era un blasfemo. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? ¿Acaso ellos no querían perdón? No. Porque ellos realmente no sabían que tenían necesidad, no lo reconocían.

Así como la mujer que había sido llevada en adulterio y que vimos hace unos domingos atrás. Aquí está esta mujer adúltera y todos estos fariseos. Y Jesús ofrece perdón. Y ella se queda y ellos se van. Y así ha sido por mucho tiempo. Y usted puede predicar un mensaje de perdón y algunos se van a quedar y abrir su corazón a Cristo; y otros se van a ir. No están interesados. No saben la necesidad. No reconocen el problema. Ellos no están dispuestos a aceptar el perdón. Y en lugar de pensar que Él puede perdonar pecados, pensar en la presión de la culpabilidad en su propio corazón, la contaminación de su propia alma, que le gustaría conocer ese perdón; ellos no. Ellos dicen ‘sólo Dios puede perdonar pecado.’ Este hombre, entonces, al decir que perdona pecado está diciendo ser Dios y es un blasfemo. Como puede ver, para ellos la blasfemia definitiva sería decir que es Dios. Decir cosas dignas de Dios sólo podían ser vistas como la blasfemia definitiva.

Y usted sabe que ellos tenían razón acerca de la primera mitad, sólo Dios puede perdonar pecado. Ellos tenían razón acerca de eso. Isaías 43:25: “Yo, dice Dios, soy el que borra tu transgresión.” Dios podía borrar la trasgresión y sólo Él podía. Tenían razón acerca de eso, pero estaban equivocados acerca de Cristo porque Él era Dios.

Y observen el versículo 3: “Ellos decían dentro de sí,” Marcos dice que lo decían en sus corazones. Ni siquiera hablaban. Jesús leyó sus pensamientos. Ésta es otra marca de la omnisciencia de Cristo. Él sabía lo que estaba en el corazón del hombre enfermo. Él sabía lo que estaba en la mente y en el pensamiento de estos otros también. Él podía leer la mente. Él es Dios. Y quisiera señalar que cuando dicen que este hombre blasfema, esto simplemente comienza a hacer que esto se acreciente, hasta que finalmente llevó a que ellos crucificaran a Cristo. Mire el versículo… Lo acusan de blasfemia. Mire el versículo 11: “Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?’” Aquí lo están acusando de inmoralidad. Él está con personas malas. Debe ser un hombre malo. Él es un blasfemo y un inmoral.

Versículo 14: “Entonces vinieron a Él los discípulos de Juan, diciendo: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y Tus discípulos no ayunan?’” Lo acusan aquí de no ser religioso. Le dicen que no sigue el procedimiento normal de la religión. Eres un blasfemo. Eres es un inmoral. Eres profano y la combinación en el versículo 34: “Pero los fariseos decían: ‘Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.’” Él es satánico. Ahora, realmente están comenzando a echar humo. Su furia comienza a incrementarse.

Pero qué contraste. Qué contraste. Por un lado, la fe y el perdón; y por otro lado la furia y Cristo en medio. Y así es siempre. Así es siempre. Cristo viene con un mensaje de amor y gracia y perdón y hay algunos que lo saben, lo reciben, se regocijan en Él y por otro lado hay algunos que lo odian, lo menosprecian y se enfurecen por Él.

Cuarta palabra: forénsico. Esa palabra significa argumento. Jesús les presenta un argumento por lo que hizo. Él no siembre defiende Su acción, pero aquí lo hace porque es una verdad importante. Versículo 4: “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” Jesús conocía sus pensamientos, ¿entiende eso? La gente viene y dice que Jesús no es Dios. Bueno, entonces no sé cómo Él conocía sus pensamientos. Juan 2 nos dice que Él no necesitaba que nadie le dijera algo del hombre; Él sabía lo que había en el corazón del hombre. Y alguien que conoce los pensamientos debe ser Dios. Primera Samuel 16:7 dice que el Señor ve el corazón. Primera Reyes 8:39 dice: “Porque Tú conoces los corazones de todos los hombres.” Pimera Crónicas 28:9: “Porque el Señor escudriña los corazones y entiende los pensamientos.” Jeremías 17:10: “Porque Yo, el Señor, escudriño el corazón.” Y Ezequiel el 11:5: “Yo conozco las cosas que vienen a tu mente, cada una de ellas.” Dios conoce todo, todo lo que pensamos.

Y Jesús sabía lo que estaban pensando. Y entonces, les pregunta por qué piensan mal en sus corazones. ¿Qué quiso decir con eso? ¿Por qué me quieren muerto? Un corazón malo es un corazón que trama en contra de Dios. En Hechos 5, Ananías y Safira trataron de engañar a Dios. Y Pedro dijo: ¿Por qué ha entrado Satanás a tu corazón para engañar a Dios?” En el capítulo 8, Simón trató de engañar a Dios. Un corazón malo trama contra Dios. ¿Por qué están tramando? No tiene sentido. ¿Por qué están pensando mal en sus corazones? Y aquí Él realmente los desnuda. Ahora observe su argumento en el versículo 5. “Porque, ¿qué es más fácil, decir: ‘Los pecados te son perdonados,’ o decir: ‘Levántate y anda?’” ¿Cual es más fácil? Bueno, están entre la espada y la pared. Notarán que ellos no le responden. No hay respuesta porque ninguno es más fácil, ambos son imposibles para los hombres; pero ambos son posibles para Dios. ¿Qué es más fácil, decir ‘los pecados te son perdonados’ o decir ‘levántate y anda’? Bueno, ellos sabían que no podían decir ninguno de los dos, pero él podía decir ambos. Él puede hacer cualquiera de los dos con la misma facilidad divina. Ambos son igual de fácil para Él. Dios no suda por hacer algo. Sólo Dios puede sanar. Sólo Dios puede perdonar. Y ellos eran los que enseñaban que la enfermedad era el resultado del pecado; y entonces ambas cosas eran inseparables, uno que podía sanar la enfermedad, podía perdonar pecado y uno que podía perdonar pecado podía sanar la enfermedad. Si lo pensaban, si pensaban en su propia teología, su teología les decía eso. Le respondía la pregunta. Y entonces se les pregunta qué es más fácil perdonar o sanar. Y la respuesta es que ninguno de los dos es más fácil. Ambos son imposibles para ellos. Son imposibles.

Entonces, el Señor está diciendo, miren, están entre la espada y la pared. Si Yo puedo hacer eso, si puedo hacer una de estas dos, puedo hacer la otra. Y si puedo ser la otra, no soy un blasfemo, soy Dios. Están atrapados. Ellos sabían que Él podía sanar y cuando Él dijo es más fácil perdonar, ellos no podían decir sí porque no lo era; sólo Dios podía hacer eso y sólo Dios podía hacer lo otro. Lo cual simplemente demuestra que su rechazo fue un rechazo deliberado contra la Verdad. Y si Jesús quitó la enfermedad, los demonios, los desastres y la muerte, ciertamente podía enfrentar al pecado.

Pero hay otra manera interesante de ver este versículo. Ese es desde el ángulo de hacer, pero veámoslo desde el ángulo de decir. Permítame leerlo de una manera diferente. “Porque ¿qué es más fácil decir: “tus pecados te son perdonados” o decir: “levántate y anda”? Bueno, ¿cuál es más fácil? Ninguno de los dos. ¿Cuál es más fácil de decir? Bueno, es más fácil decir ‘tus pecados te son perdonados,’ ¿no es cierto? Eso es más fácil de decir. Si uno de ustedes viene y yo les digo tus pecados te son perdonados, ¿saben una cosa? No puede ser probado, ¿no es cierto? Es fácil de decir; pero si uno de ustedes se acerca y viene a mí en una silla de ruedas y yo le digo “levántate y camina” va a ser bastante fácil verificar si puedo hacer eso. Pero como puede ver, es más fácil decir ‘tus pecados te son perdonados’ si eso es lo único que vas a decir.

Entonces, observe esto en el versículo 6: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.” Ahora, ¿por qué necesitan saber eso? Porque la tierra es donde el Reino va a venir. Para que sepáis. Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dice entonces al paralítico ‘levántate, toma tu cama y vete a tu casa.’ ¿Por qué? Porque si lo único que hubiera dicho fue ‘tus pecados te son perdonados,’ sabrían que lo hizo. Pero cuando Él le dice ‘levántate y anda’ y este hombre se levanta y camina, y tiene el poder para hacer eso, lo único que pueden concluir es que el Señor debió haber perdonados sus pecados porque los dos están ligados de manera inseparable. Y eso es una demostración.

Y es lo mismo que cuando echó fuera de los demonios de los maníacos en Gadara y los envió a los cerdos. ¿Por qué? Porque si Él solo hubiera dicho: “Demonios, váyanse,” nadie hubiera sabido si los demonios se habían ido. Cuando usted ve a 2000 cerdos que se avientan y se ahogan en el mar, ellos saben exactamente lo que sucedió. Saben que los demonios habían entrado en esos cerdos lo cual verificaba que Él había limpiado a esos dos hombres.

Y aquí vemos lo mismo. Él esta sanando a ese hombre como prueba de Su poder divino para perdonar; pero fue el perdón lo que fue la raíz y la enfermedad, lo que fue el síntoma. Y si Él podía hacer una, podía hacer la otra. Cualquier farsante podría ver y decir “tu pecado te es perdonado.’ De hecho, a lo largo de los siglos, algunos han tratado de decir eso, ‘tus pecados te son perdonados, tus pecados te son perdonados, estás absuelto’ y demás; y Él quiere asegurarse de que no es tan sólo pensando que lo dices sino que lo prueba. Y al hacerlo visible, manifiesta el poder de hacer lo invisible. El hombre fue sanado sólo de manera incidental como prueba de la habilidad de Jesús de perdonar su pecado.

Esto nos lleva la quinta palabra, fuerza, fuerza, una simple palabra que significa poder. Él dice: “Entonces él se levantó,” el idioma griego dice habiéndose levantado, “toma tu cama y vete a tu casa.” Levántate y vete a tu casa. Y el versículo 7 dice que él se levantó y se fue a su casa. ¿Se puede imaginar? Aquí están sus cuatro amigos viendo desde arriba en el techo, observando. Y las personas están escuchando. Los fariseos no han dicho una palabra. Nadie ha hablado más que Jesús. Esta es una escena dramática. Pero Él ha leído sus corazones y los ha clavado en la pared con Su argumento; y ahora Él le dice: “levántate y vete a tu casa.” Y el hombre se para, enrolla su pequeña cama debajo de su brazo, levanta su pequeña estructura de madera y es asombroso y obvio, puede dar por sentado que inmediatamente y se abrió un camino entre la multitud conforme salía el hombre de ahí. Y se puede imaginar lo que sucedió cuando salió, cuando sus cuatro amigos comenzaron a bajar tropezándose por las escaleras. ¡Tuvieron un gran viaje de regreso a casa!

¡Qué poder! Jesús tiene el poder de perdonar su pecado. Eso es mucho mejor que sanar su enfermedad, pero algún día inclusive va a hacer eso, ¿no es cierto? Y eso lo lleva a la última palabra: temor. Y quiero que escuche esto. Esta es la aplicación más importante. Versículo 8: “Y la gente al verlo, se maravilló. Y glorificó a Dios.” Se maravilló, es la palabra griega phobeophobos, de la cual obtenemos la palabra fobia, temor. Ellos tenían temor y glorificaron a Dios. Sabían que Dios estaba ahí. Dios estaba en medio de ellos y se maravillaron que había dado tal potestad, tal autoridad, tal poder a los hombres. Ellos sabían que Jesús era hombre, por cierto es una gran declaración de Su humanidad, ellos sabían que Él era un hombre, pero ellos sabían que Dios estaba en ese hombre. No creo que comprendieran la plenitud de la kenosis. Estoy seguro de que no comprendieron todo lo que la encarnación de Dios/hombre significaba, pero ellos sabían que Dios estaba allí y que les había dado poder a ese hombre; y tenían miedo. ¿No es esa la misma reacción que vemos a lo largo de esto? Phobeophobos. Varios significados en el griego clásico, pero la más utilizada en el Nuevo Testamento es la palabra para asombro o reverencia. ¿Qué es eso? Es el tipo de temor que alguien siente la presencia de alguien que es infinitamente superior.

Su uso en el Nuevo Testamento da la definición. Es usado de la reacción de los discípulos cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua. Es usado de la reacción de los discípulos cuando Él calmó la tormenta. Es usado de la reacción de la gente después de la curación de este hombre. Es usado después de que resucitó el hijo de la viuda en Naín. Es usado después de la curación de los demoníacos. Es usado del sentimiento de Zacarías cuando vio a un ángel del Señor junto al altar y es usado de los espectadores cuando Zacarías recobró su capacidad de hablar en Lucas 1. Es usado en los pastores cuando oyeron la canción de los ángeles. Es usado de los guardias en la tumba cuando el ángel movió la piedra. Es usado de las mujeres cuando se fueron a casa después de ver la tumba vacía. Es usado de los sentimientos de los hombres en medio de los acontecimientos despedazadores de los últimos días en Lucas 21.

Y ustedes llega al libro de los Hechos, y es usado de los sentimientos en los corazones de los hombres cuando vieron las señales y milagros y sintieron el poder de la primera iglesia en Hechos 3… Es usado de la reacción de la gente ante la muerte de Ananías y Safira. Es usado del exorcista pagano ahí en Éfeso, en Hechos 19. Es asombro, reverencia, temor de Dios.

Amados, debemos estar asombrados de Cristo. La misma palabra es usada en Hechos 9:31 y dice: “Y la Iglesia caminaba en phobos, en temor del Señor.” Y es esencial que estemos en asombro de Él. Le voy a decir por qué. Conforme usted lee las epístolas, por ejemplo, usted ve el poder de Dios y el temor en los Evangelios. Usted ve el temor de Dios y el poder en Hechos; y después, conforme se desarrollan las epístolas, aplican eso en respuesta a nuestra conducta. Por ejemplo, es la fuente de una vida pura. En 1 Pedro 3:2, dice “nuestra vida pura va a ir de la mano con temor.” Es la fuente de santidad. Segunda Corintios 7:1, “perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” En 2 Corintios 7:11, es aquello que trae verdadero arrepentimiento.” En Filipenses 2:12, es la fuente de nuestra vida cristiana. Es “mostrar nuestra salvación con temor y temblor.” En Efesios 5:21, es la base del ministerio mutuo, amor mutuo, respeto mutuo y servicio mutuo. En 2 Corintios 5:11, es el poder del motivo del evangelismo. “Persuadimos a los hombres debido que conocemos el temor del Señor.” Y conforme disciplinamos y purificamos a la Iglesia en 1 Timoteo 5:20, lo hacemos públicamente para que otros teman.

Este temor, este phobos, en la sustancia de la cual toda conducta cristiana debe emanar. Ellos glorifican a Dios y así también nosotros; pero lo hicieron porque temieron a Dios, lo reverenciaron, y estaban asombrados de Su presencia. Esa es la respuesta correcta. Espero que usted tenga un asombro igual de Cristo.

Entonces, Jesús perdona el pecado. El mensaje más grande que tenemos que dar. Lo único que le puedo decir es que espero que usted tenga ese perdón. Cuando la multitud se partió en dos, estaban ahí los que fueron perdonados y los que estaban enfurecidos. No nos dice acerca de otro grupo, pero estaban también ahí aquellos que eran débiles, aquellos que eran tibios. Simplemente lo vieron y se fueron caminando. Cristo ofrece perdón, bloquea todo el pasado, lava todos los pecados, aquí la palabra es plural, pasado, presente y futuro. Las noticias más grandes que jamás tendrá. Están disponibles para usted. Oremos.

Mientras que sus cabezas están inclinadas por un momento, rápidamente, Alan Gilbert, un poeta americano contemporáneo escribió lo siguiente: “Como un ave que va con un ala rota, he venido al hogar a ti. He llegado a la casa de un vuelo en el cual la libertad nunca fue para mí. Y yo, que he conocido espacios lejanos y el calor ardiente del sol, sólo pido el abrigo de tus alas ahora que se ha acabado el día. Como un ave que tiene un ala rota, he venido finalmente a casa. Oh, sostenme en tu corazón una vez más y escóndeme de mi pasado.” Eso es perdón; y eso es lo que Cristo le ofrece.

 

Nuestro cuarto de oración va a estar abierto después de que nos despidamos en un momento. Está aquí a mi derecha, al frente. Allí hay consejeros. Material gratuito. Y si usted es un ave con un ala rota que ha volado en una libertad que no desea y desea acercarse al Señor y desea que Él lo esconda del pasado, Él lo hará. Si usted viene con un espíritu quebrantado y contrito como este hombre, Él sanará su alma. Ésa es Su promesa. Y algún día, Él lo sanará en su cuerpo la plenitud de Su Reino.

Padre, también oramos por este día pleno, que Tú coloques estas verdades en la profundidad de nuestros corazones. Ayúdanos a olvidar lo que fue humano y recordar lo que es de Ti. Tráenos de nuevo juntos en esta noche para tener comunión, compartir, oír Tu Palabra. Y oramos que Tú traigas aún ahora al cuarto de oración a aquellos que necesitan venir. Haz de esta semana una semana especial de agradecimiento; y que estemos muy agradecidos por el perdón de pecados. Oramos en el nombre de Cristo. Amén. Que Dios los bendiga.

 

 

 

 

 

 

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