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Mateo capítulo 10. Y tenemos el privilegio gozoso estos dias conforme avanzamos a lo largo del evangelio de Mateo, de concentrarnos en éste décimo capítulo en los hombres del Maestro. Esos individuos tan especiales que fueron escogidos por nuestro Señor para ser sus discípulos, más tarde serían sus apóstoles enviados a proclamar el evangelio de Jesucristo al mundo. Es una emoción tremenda para mí, espero que también para usted, descubrir que estos hombres escogidos como los agentes personales de Jesucristo, estos hombres que imaginamos con frecuencia como santos de vitral, con algún tipo de perfección santa, que están por encima del resto de nosotros, no solo nada más que personas iguales a nosotros, y que Dios está ocupado en usar a todo tipo de personas para cumplir con tareas de muy, muy alto nivel divinas y espirituales, y eternas.

Me impactó particularmente esta semana, conforme pensaba en los apóstoles, cuan pocos hubieron de ellos. Sabe una cosa, cuando pensamos en una iglesia que tiene un gran impacto, pensamos en una iglesia que tiene mucha gente. Estaba hablando con un caballero ayer, de Europa, que me dijo, “Sabes, es tan difícil para nosotros porque solo tenemos a 29 personas en nuestra iglesia.” Y él dijo, “Vivo en una ciudad, la ciudad de León, el cual tiene 2 de millones de personas, y solo hay 15 iglesias. Y la mayoría de ellas, no tienen impacto en absoluto. Tenemos tanto en contra de nosotros.”

Sin embargo, conforme usted estudia a los discípulos, usted descubre que estos doce, realmente once, estaban en contra no solo del sistema humano, sino del sistema demoniaco también. Simplemente once hombres fieles. No dotados, tampoco de manera particular. Como vimos la semana pasada, todos ellos básicamente no estaban calificados para la tarea. Sin embargo, estos hombres, literalmente voltearon al mundo de cabeza. Es sorprendente, lo que Dios puede hacer con tan solo unas pocas personas. Humanamente hablando, el mundo reconoce a los pocos que atacan a los muchos, ¿sabía usted eso? Digo, cuando un individuo va en contra de mucha dificultad, el mundo los estima como héroes, aún si pierden.

Algunos de ustedes quizás se acuerdan a partir de sus días de literatura de leer “El Cargo de la Brigada de Luz”. Los 600 en Balaklava, las cumbres estaban dirigidas por soldados hábiles que estaban detrás de un circulo amplio de cañones, el mandato salió, “Adelante Brigada de la Luz, vayan por las armas.” Los soldados sabían que eran muy pocos en contra del enemigo, sabían que no había manera alguna en la que pudieran ganar. Sabían que alguien había cometido un error en el mando, pero no tenían ellos la explicación del porqué, ellos tenían la responsabilidad de hacer lo que debían hacer o morir. Y como el poeta dice, “La mitad de una liga, la mitad de una liga, la mitad de una liga.

Hacia adelante al valle de la muerte, marcharon los 600. El cañón a su derecha, el cañón a la izquierda de ellos, el cañón enfrente de ellos, con relámpagos, en un ataque con disparos y escudos, con valentía avanzaron al valle de la muerte, a la boca del infierno, cabalgaron los 600.” A lo largo de la historia los recordamos como héroes, no porque ganaron, sino porque eran tan pocos en contra de tantos. Y habla de una valentía tan grande, y una devoción tan grande al deber.

Y después estuvo ese registro tan grande que conocemos como El Cargo de Pickett en la Guerra Civil. El ejercito de la Unión tenía a su mando las cimas, tenían las cimas a cargo de tres veces la cantidad de hombres que Pickett tenía bajo su mando. Fueron apoyados en la retaguardia por un ejército poderoso, sin embargo, el General Lee dio el mandato a atacar. El mandato vino a través de su subordinado, el General Longstreet. Y Longstreet enfrentó a Pickett, quien era el que estaba a cargo de los hombres, y él no podía hablar. Y él se puso de pie titubeando sin decir una palabra, y Pickett le dijo, “General, ¿debo avanzar?” Y Longstreet casi con el corazón quebrantado ante el prospecto de la muerte inevitable, de la flor del ejército del Sur, no podía hablar una palabra. Entonces, él meramente afirmó con su cabeza, y Pickett salió, y la orden de Pickett fue, el mando grande, heroico de la Guerra Civil, pero los hombres cayeron como césped ante la hoz.

Recordamos su valentía, recordamos su devoción al deber, pero perdieron. Yo creo que hay algunas cosas más sorprendentes que estas. Como puede ver los hombres pueden ser valientes. Los hombres pueden estar dedicados a cumplir su deber, pero él todavía es un hombre y debido a que el hombre es débil, él no puede superar ciertas dificultades. Pero es realmente lo opuesto cuando Dios entra en acción, porque Dios puede tomar a unos cuantos, menos que los que 600, y menos que los que tuvo Pickett, y Él puede vencer al enemigo más grande de todos.

Samgar, un juez en Israel, un día escoge una vara usada para picar a un buey, y con él mata a 600 enemigos. Y después estuvo Débora, y Barac, y poco después de la gran victoria de Débora y Barac, un nuevo enemigo se levantó en la tierra de Israel, el enemigo fueron los madianitas, y asociados con los amalecitas, en cierta manera dominaron a Israel por 7 años. Israel llegó al punto de que estaban a punto de ceder a éste dominio opresivo, cuando Dios levantó a un hombre excepcional llamado Gedeón. Gedeón estaba listo para enfrentar en la batalla a los madianitas, y sus aliados los amalecitas, y él congregó a su ejército, y su ejército era de 32,000 hombres. Dios dijo, “Son demasiados.” 31,700 son demasiados. Y Él lo rebajó a 300 hombres.

Y en Jueces 7:12, describe al enemigo. “Y los madianitas y los amalecitas, y todos los hijos de Israel estuvieron al este del valle,” y el valle de Moab, “y eran como langostas, como multitud, y sus camellos eran sin número como la arena que está al lado del mar, como multitud.” No significa que Dios no podía contarlos, significa que no había manera en la que usted podía contar cabezas o animales. En cierta manera eran como la arena del mar. Y aquí estaba Gedeón con sus 300. ¿Sabe usted quién ganó? Gedeón. Y lo único que hizo es hacer mucho ruido, y los madianitas y los amalecitas, se mataron los unos a los otros, en la confusión.

Cómo puede ver, cuando usted añade lo sobrenatural, entonces, los pocos no solo se vuelven héroes debido a su valentía y a su devoción, sino debido a su victoria. Una ilustración más, y quizás esto resume el punto. 1 Samuel capítulo 13, acompáñeme ahí por un momento. La lucha aparentemente interminable con los filisteos, se está llevando a cabo. Saúl es el monarca que está reinando sobre el pueblo de Israel. Y de nuevo enfrentan una batalla con los filisteos. Están en una situación severa, muy mala. Y conforme usted avanza a lo largo del capítulo 13, va de malo a peor, a peor. Versículo 5, 1 Samuel 13, “Los filisteos se congregaron para pelear con Israel, treinta mil carros, seis mil jinetes, y gente como la arena que está en la playa, en multitud. Y vinieron y acamparon en Micmas, al este de Bet-avén.”

Ahora, aquí hay un enemigo abrumador. Literalmente un enemigo abrumador. “Y cuando los hombres de Israel vieron que estaban ahí, (porque el pueblo estaba afligido), se escondieron en cuevas y en rocas, y en lugares altos, y fosos”. Usted simplemente entiende lo que está pasando aquí, ellos ven a estos filisteos, todo mundo busca cobertura en el lugar más cercano, brincando a los agujeros y cuevas y detrás de los arbustos subiendo por los montes. “Y algunos de los hebreos”, el versículo 7 dice, inclusive “se fueron al otro lado del Jordán, a la tierra de Gad y Galaad”. Se salieron del país, dejaron la nación.

Y Saúl estaba en Gilgal, y el resto de la gente estaba temblando. Enemigo abrumador, versículo 8, “Se tardó siete días, según el tiempo establecido por Samuel, pero Samuel no vino a Gilgal, y el pueblo se dispersó. Él está un poco ansioso ahora. “Y Saúl dijo, traedme un holocausto y ofrendas de paz.” Ahora, él está tan nervioso que él va a hacer algo religioso para que Dios se involucre. Entonces, el versículo 9 dice que él ha ofrecido un holocausto, y Saúl dijo, “Traed este holocausto.” Y él ofreció el holocausto. Ahora, el problema con eso es que solo había una persona en la tierra que tenía el permiso de cumplir con la ofrenda, o traer una ofrenda, ¿Y quién era? El sacerdote.

Saúl está entrometiéndose en el cargo de un sacerdote. Sucedió que tan pronto como él terminó de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel vino, y Saúl salió a encontrarse con él para que lo bendijera. Ahora, él va a actuar de manera muy religiosa, como puede ver, muy espiritual. Y Samuel dijo, “¿Qué has hecho?” Y Saúl dijo, “Porque vi que el pueblo me estaba dejando y tú no viniste dentro de los días que dijiste.” Él era un representante de Dios y él no estaba ahí, y los filisteos se congregaron juntos en Micmas y él está pasando por todas estas excusas. Bueno no estabas ahí, y el tiempo se estaba acabando, y los filisteos estaban ahí, y yo dije, los filisteos van a venir ahora hacia mí en Gilgal, se está defendiendo a sí mismo, usted sabe, voy a, voy a enfrentarlos, y he hecho súplica al Señor y me esforcé, por lo tanto, en otras palabras, simplemente sabía que no debía hacerlo, pero simplemente me hice hacerlo, y ofrecí un holocausto.

Y Samuel le dijo a Saúl, “Haz actuado neciamente, y no has guardado el mandato de Jehová tu Dios, el cuál te mandó porque ahora, Jehová habría establecido tu reino sobre Israel para siempre si tan solo hubieras obedecido a Dios, Dios habría derrotado a los filisteos y habría establecido tu reino para bien.” Pero, versículo 14, “Ahora tu reino no continuará, Jehová ha buscado un hombre conforme a su corazón.” ¿Quién era? David, el siguiente rey. Y Jehová le ha mandado que sea capitán sobre su pueblo, porque tú no has guardado lo que Jehová te mandó. Tu desobediencia no te trajo nada.

Ahora, el problema para comenzar fue un enemigo abrumador, y ahora el problema es una falta de un líder. No solo tiene un enemigo abrumador, sino que han perdido su líder. Para empeorarlo, versículo 19, “No había herrero por toda la tierra de Israel, porque los filisteos dijeron, no sea que los hebreos se hagan lanzas o espadas.” Aparentemente los filisteos en cierta manera habían eliminado a todos los herreros, para que no pudieran hacer arma alguna.

Y entonces, todos los israelitas, versículo 20 descendieron a los filisteos, para que todo hombre afilara su herramienta de hierro, su hoz, su hacha, y tenían ahí todas las herramientas de hierro y los trinches y las hachas para afilarlas. En otras palabras, lo único que tenían eran herramientas de agricultura. Y entonces, estaban afilando sus herramientas de agricultura para usarlas en esta guerra y las únicas personas que tenían una espada, dice en el versículo 22, eran Saúl y Jonatán. Tercer problema. Número uno, enemigo abrumador; número dos, sin líder; número tres, armas no aptas. Realmente están en problemas.

Ahora, observe lo que sucede. Jonatán le dice al joven que lleva su armadura, capítulo 14, versículo 1, “Ven, vamos al cuartel de los filisteos que está del otro lado”. Dice usted, “Espera un momento, Jonatán, ¿qué vas a hacer? Llevas tu armadura. El que portaba las armas normalmente era un niño pequeño, ¿Qué vas a hacer al llevarte a este pequeño? ¿para qué vas? ¿Cuál es el punto? Versículo 6 en cierta manera lo cristaliza, éste es un versículo clave. “Y Jonatán le dijo al joven que llevaba su armadura: ‘ven vayamos al cuartel de los incircuncisos, podría ser que el Señor llevará a cabo su obra a favor nuestro.”

Ahora, observe ésta frase, aquí está la clave, “Porque no hay refreno para Jehová para salvar por muchos, o” ¿por qué? “pocos”.  Escuchó eso, no le importa a Dios si usted tiene a muchos o pocos. Eso nunca es lo que importa para él. Él puede manifestar todo su poder divino a través de una persona, con la misma facilidad como él lo podría ser a través de una multitud. No le importa al Señor. Versículo 7, su portador de armas le dijo, “Haz lo que esté en tu corazón. He aquí yo estoy contigo, conforme a tu corazón.”

Ahora, ese es, éste es un buen chico, éste es un buen joven. Muy bien, Jonatán dice, tú y yo vamos allá, y vamos a enfrentar a los filisteos. Y él dice en el versículo 10, “Si dicen, “venid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los habrá librado en nuestra mano, y ésta será una señal.” En otras palabras, Dios vamos a confiar en que tú nos des una señal. Si dicen vengan, entonces el Señor nos lo va a dar, y vamos a subir. Los filisteos están ahí en la cima, y ellos están abajo. Y entonces ellos llegaron ahí, versículo 11, dijeron, “Oigan, ahí arriba, soy Jonatán y mi paje de armas”. Versículo 11, “Y ambos se abrieron ante el cuartel de los filisteos, y los filisteos, y los filisteos dijeron los hebreos vienen de los agujeros en dónde se han escondido y los hombres del cuartel le respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron, suban a nosotros y les vamos a mostrar algo.” Les vamos a mostrar su cabeza es lo que quisieron decir. Jonatán le dijo a su paje de armas, “Sígueme, porque Jehová nos ha entregado a éstos en las manos de Israel.”

Ahora, eso es fe, eso es fe. La victoria es nuestra, vayamos. Y entonces comenzaron a subir, esto, lo que sea, el costado de un monte. Versículo 3, y Jonatán sube usando sus manos y sus pies, aquí está él subiendo en sus cuatro extremidades, y su paje de armas viene detrás de él, y llegaron hasta la parte de arriba y cayeron ante Jonatán y su paje de armas. Los mataron a todos, y la primera matanza que Jonatán y su paje de armas hicieron fue de unos 20 hombres. Y puede imaginarse ese pequeño preguntándose qué estaba pasando cuando todos estos hombres estaban cayendo a sus pies. No sé lo que él estaba usando, y la tierra comenzó a sacudirse y todo comenzó a sacudirse y a temblar. Y antes de que todo esto terminara, usted puede bajar realmente hasta el versículo 22, “Todos los hombres de Israel que se habían escondido en el Monte Efraín, cuando habían oído que los filisteos huyeron ellos también los siguieron en la batalla. Entonces el Señor salvó a Israel ese día.” Ese día.

Ahora, escuche, aquí está el punto, Dios no está limitado por muchos o por pocos, no importa. No solo Dios puede hacerlos héroes, debido a su valentía y a su devoción, sino debido a su victoria. Ahora regresemos a Mateo 10, con eso como trasfondo, recordemos lo excepcional que fueron estos doce hombres. Doce hombres que literalmente voltearon de cabeza al mundo, no solo fueron héroes debido a su valentía, debido a su devoción, su obediencia, sino debido a que cumplieron su meta. Literalmente establecieron la iglesia. Y usted y yo somos el producto de su trabajo, tocaron un mundo entero, extendieron el reino, simplemente estos doce. Uno de ellos infiel, once personas fieles, humildes, simples, así como nosotros.

Y estamos de regreso adonde comenzamos. Escuche, ¿qué tipo de personas usa Dios? Él usa el tipo común y corriente como nosotros. Él usa los que no están calificados, ¿se acuerda de eso la semana pasada? Dios está ocupado en aceptar a personas no calificadas, porque nadie está calificado. El Señor usa a líderes fuertes, valientes como Pedro, que inician planes, formulan estrategias, confrontan, mandan a la gente, y que cometen grandes, grandes errores. Y usa almas humildes, gentiles, no visibles como Andrés que no busca la prominencia, pero traen de manera callada a gente a Cristo. Y él usa a hombres celosos, apasionados que no hacen concesiones, orientados a la tarea, desconsiderados, ambiciosos como Jacobo, como también a gente amorosa, sensible, tierna, orientada a la gente, que cree, íntimos, que buscan la verdad, como Juan.

Él usa a personas escépticas, analíticas, mecánicas, lentas en su proceso de análisis, con fe débil, sin visión, pesimista, hombres inseguros como Felipe. Y Él usa a hombres que buscan la verdad, honestos, abiertos, con mentes clara, que meditan, que están rendidos profundamente como Natanael Bartolomé, que están llenos de fe y entendimiento, sin embargo, están llenos de fallas por pecados serios tales como el prejuicio.

Ahora, vamos a conocer a dos más que Él usó ésta mañana, Mateo y Tomás. Versículo 3, el segundo grupo de cuatro es Felipe, Bartolomé o Natanael, Tomás y Mateo. Tomemos a Mateo primero porque ya hemos examinado algo de la vida de Mateo, al ver el capítulo 9. Mateo es mencionado en toda lista. Siempre en el mismo grupo, pero nunca nada es dicho de Mateo, y nunca nada es dicho de Mateo excepto por una cosa insignificante. Y observe en Mateo 9:9 y ahí es dónde lo encuentra, Marcos y Lucas ambos referencia a lo mismo, nada más que en unas cuantas palabras, y eso es todo lo que sabemos de Mateo. “Y conforme Jesús pasó de ahí, de un hombre llamado Mateo sentado en la mesa de recaudación de impuestos y él le dijo, ‘Sígueme’, y él se levantó y lo siguió.” Y cuando Mateo coloca su nombre en la lista, en el capítulo 10 versículo 13, dice Mateo el publicano. Y quiero apresurarme a añadir que ningún otro discípulo en la lista jamás se asocia con su trabajo.

¿Por qué es que Mateo dice, Mateo el publicano? Digo, eso no es algo de lo que estás orgullos, ¿no? Un publicano era el ser humano más odiado, menospreciado en la sociedad de Israel. Y Mateo nos está mostrando su humildad genuina, y sentido de indignidad pecaminosa. ¿Por qué es que Mateo hace un comentario de sí mismo en el versículo 9? “Conforme Jesús pasó de ahí, vi a un hombre llamado Mateo, y dijo, ‘Sígueme’”. ¿cuál es punto de meter eso ahí?  El punto está en que los versículos 1 al 8, Mateo está dando una demostración de que Jesús vino a perdonar pecados. Versículo 5, “Tus pecados te son perdonados.” Versículo 6, “El hijo del hombre tiene poder sobre la tierra, para perdonar pecado.” Y Mateo se mete ahí, en un versículo para mostrar que de hecho Jesús puede perdonar pecados, porque él se ve a sí mismo como el pecador más vil.

Esa podría ser una razón por la que Mateo nunca habla, él nunca hace una pregunta, él nunca hace un comentario, él nunca aparece en un incidente, él simplemente no tiene un rostro, no tiene voz a lo largo de la narración entera de los evangelios. Y bien podría ser que su humildad nació a partir de su sentido abrumador de su pecaminosidad, que él estaba tan abrumado por el pecado de su vida, que una vez perdonado, la gracia era tan abundante en su caso, que él se sintió indigno inclusive de hablar una palabra. Y entonces, él es el hombre callado, hasta que el Espíritu de Dios le pide que tome su pluma. Y entonces, él le da el privilegio de escribir la apertura del Nuevo Testamento: 28 capítulos de la majestad del Rey de reyes mismo.

Mateo fue un traidor. Mateo fue un extorsionador. Mateo fue un ladrón. Mateo fue avaro. Mateo fue una paria social, un rechazado. Y él lo sabía. Cómo puede ver, ser un publicano era ser un recaudador de impuestos, y lo que esa significaba era que usted como judío era usado por el gobierno romano para recaudar impuestos que los judíos debían darle a Roma y usted en cierta manera trabajaba para el opresor. Usted era un traidor de primera clase. Y no solo eso, sino que compraba el derecho, por recaudar impuestos, entonces le pagaba al gobierno, usted compraba su derecho para entrar al sistema. Y después el gobierno estipulaba cierta cantidad de impuestos que debía ser recaudada, y eso era dado a Roma, y después usted tenía la libertad de recaudar lo que usted pudiera de la gente y se lo quedaba.

Y entonces, habían sobornos, y atajos que tomaban los extorsionadores, abusos más allá de lo que podemos llegar a soñar. Odiaban a un publicano tanto, que el Talmud decía, “Es justo mentir y engañar a un publicano”. Esto es, el Talmud dice eso, no la Biblia. Entonces, mantenga eso en mente. Ningún recaudador de impuestos jamás se le permitió testificar en una corte, porque sabían que eran mentirosos, y recibían sobornos. Ningún recaudador de impuestos o publicano jamás podía entrar a una sinagoga o templo para adorar a Dios, porque estaban aislados de Dios y esa es la razón por la que en Lucas 18, cuando usted tiene al publicano dice, Y el publicano estando de lejos, se golpeaba el pecho y decía, “Dios sé propicio a mí”, ¿qué? “pecador.”

Él ni siquiera podía entrar al lugar, eran los peores, le habían dado la espalda a su pueblo, habían comprado un lugar en un sistema malo, opresivo, un sistema pagano, incircunciso, en dónde la gente adoraba a un dios falso, al emperador. Traidores. Habían dos tipos, estaban los Gabbai –g-a-b-b-a-i eran los recaudadores de impuestos generales, recolectaban impuestos por propiedad, por ingresos, estandarizados, aparentemente no había tanto dinero a ese nivel. Después estaban los Mokhes –m-o-k-h-e-s ellos recaudaban los impuestos por todo. Establecían su negocio ahí dónde cruzaban los caminos, y recaudaban los impuestos sobre todo bien importado, todo bien que se importaba, todo lo que se compraba, todo lo que se vendía, establecían impuestos en los caminos, en los puentes, en los lugares dónde llegaban los barcos. Establecieron impuestos en cuantas patas tenía su burro, los ejes de un carro, paquetes, cartas, lo que usted se le ocurra. Todo. Todo.

Ése era Mateo. Él era un Mokhes. Imponía impuesto, sobre todo. Hubieron dos tipos de Mokhes, había uno que se llamaba un Gran Mokhes, él era un hombre que contrataba a algún asalariado para que recaudara los impuestos, y él desaparecía en el trasfondo, realmente no quería estar asociado con la actividad en sí. Y él retenía algo más de dignidad, un poco más, porque él se retraía, él estaba tras bambalinas. Eso era llamado un Gran Mokhes. Y después estaba un pequeño Mokhes, él no tenía suficiente dinero como contratar a alguien para recaudar los impuestos, entonces era tan avaro que él lo hacía por sí mismo y no le molestaba el estigma social, y Mateo era eso, un pequeño Mokhes. Él era, versículo 9, él estaba sentado ahí en la mesa para recaudar impuestos, él mismo estaba sentado. Un extorsionador avaro, traidor hacia su pueblo.

Creo que lo que hace tan fascinante para mí también, es que él también tenía un nombre Leví, lo cual indica que él realmente estaba en el flujo de la tradición judía, y lo que también es interesante es que, en el evangelio de Mateo, a usted le puede interesar saber que hay más citas del Antiguo Testamento que en Marcos, Lucas y Juan combinados. Entonces, Mateo conocía el Antiguo Testamento, de hecho, él cita de las tres secciones del Antiguo Testamento que conocía un judío, la ley, los profetas y el Hagiografa, los Escritos Sagrados. Mateo conocía la ley de Dios en el Antiguo Testamento, sin embargo, no tenemos idea en que él estaría interesado en cosas espirituales, pero cuando Jesús viene, versículo 9, Él le dice, “Sígueme”. Y él se levantó y lo siguió instantáneamente.

Ahora, ¿qué está involucrado en esto? En primer lugar, él simplemente dejó su carrera. Digo, no era como los primeros hombres que eran pescadores, sino les gustaba lo que estaba pasando con Jesús siempre podían pescar, ¿verdad? Y siempre habían redes, y siempre habían barcas. Y ellos podían regresar. Y de hecho, regresaron en Juan 21, todos regresaron a pescar, y el Señor les mostró que no podían pescar nada. Pero cuando Mateo dejó esa mesa, créame, el gobierno romano debe haber tenido alguien más al día siguiente. Y alguien estaba formado para comprar eso, y él estaba dejando su carrera de manera permanente. No permaneció ahí. También, él se estaba identificando con alguien que era rechazado por igual, por el sistema. Porque los fariseos y los escribas odiaban a Jesús tanto o igual como lo odiaban a él como publicano. 

Entonces, él realmente estaba brincando de la sartén al fuego, y es un precio elevado el que pagó. Dice usted, “Bueno, ¿Por qué hizo eso él?” Bueno, le voy a decir porque lo hizo, solo hay una razón. Ésta pequeña sección, en el capítulo 9 el hilo que sigue entretejiéndose hasta aquí es el perdón de pecados. En el versículo 10 Mateo convoca a una fiesta, después de que Jesús lo llama, y él invita a publicanos y pecadores, y Jesús es el invitado de honor en éste banquete, recordará cuando estudiamos eso. Y los fariseos dijeron, “Bueno ¿porque es que Él convive con publicanos y pecadores?” Y Jesús dice, “Los que están bien no necesitan médico, sino los que están enfermos. Más vale que vayan y vuelvan a aprender la lección que no he venido a llamar a justos, sino a” ¿qué? “a pecadores al arrepentimiento”. El punto del banquete entonces, era que Jesús llamara pecadores al arrepentimiento.

Entonces, el hilo entero aquí es confesión de pecado, arrepentimiento y perdón. Y Mateo se mete aquí, porque creo que éste es el punto con él, lo que le importa. Nadie en el mundo conocía mejor su pecado, de lo que Mateo lo conoció. Él sabía que él era un pecador, él conoció su tarea, su abuso, su extorción, su avaricia. Él sabía que él había traicionado a su pueblo, él sabía que él podía ser comprado por dinero, él sabía eso. Y creo que él lo menospreció, y yo creo que él quería salir de eso. Y yo creo que quería buscar una salida de esto, y él oyó de Jesús y él lo oyó predicar, porque él estaba en esa pequeña ciudad de Capernaum, y yo creo que cuando Jesús vino a él, y Él le dijo, “Sígueme”, él sabía que inherente en eso estaba el perdón de pecados, y él corrió por tener eso.  

Y él estaba dispuesto a decirle adiós a su carrera y todo lo demás, porque quería perdón. ¿Qué tipo de personas usa Dios? ¿Santos de vitral? No. Pecadores, viles, miserables, putrefactos, las personas más menospreciables en la sociedad, que están dispuestas a ser perdonadas. Dice usted, “Sí, pero no los puede usar para mucho.” Oh, ¿qué tal escribir el evangelio que presenta el Nuevo Testamento? Como puede ver, Dios está ocupado en restaurar. Él toma a los no-calificados y los transforma. En eso está ocupado. Y yo creo que Mateo arriesgó mucho más que los pescadores, porque él nunca podía regresar. Y él era un pecador vil. ¿Qué tal si Jesús no lo podía perdonar? Él se habría quedado con el mismo pecado, y sin trabajo al cual regresar.

Pero él dejó en silencio, todo. Y la legitimidad de su arrepentimiento, creo yo, se encuentra en el hecho de que usted ve su humildad, él es absolutamente humilde. Él no tiene nada que decir de sí mismo, él no tiene nada que decir de su talento, y lo que tiene que ofrecerle al Señor. Lo único que él quiere decir es, Jesús perdona pecados, y uno de aquellos a quienes perdonó, fue un hombre llamado Mateo, quien realmente era un pecador, y cuyos únicos amigos eran muchos otros pecadores, publicanos, y pecadores.  

Y entonces aprendemos de su humildad, creo que aprendemos otra cosa, él tenía un corazón por los perdidos. Hay unas personas en este mundo que en cierta manera se sienten atraídas a los más necesitados, ¿entiende? Eso debió haber sido Mateo. Digo, si llegó a haber una discusión acerca de que los discípulos debían involucrarse con la escoria, estoy seguro de que Mateo habría guiado el desfile hacia la escoria, habiendo sido uno. Me da gusto que cuando el Señor prepara a un equipo de hombres, Él toma a algunos del foso más profundo, o algunos de nosotros quizás nunca estaríamos dispuesto a regresar a ese foso, sin saber que alguien realmente podría suceder ahí, y ese era Mateo.

¡Qué hombre! Un criminal, un paria, el más odiado de los hombres. Él estaba totalmente convencido de su pecado y cuando se le dio una oportunidad de creer, él creyó y siguió, él se volvió un hombre de humildad callada que amaba a los rechazados, que no le dio lugar a la institución religiosa, un hombre de gran fe, un hombre de rendición total y absoluta al señorío de Jesucristo, y un hombre que conocía el Antiguo Testamento, y un hombre que Dios uso para escribir el evangelio. Un escritor lo llama, “La rareza gloriosa del Señor Jesucristo: él escoge a la gente menos probable”.

Eso nos lleva al último hombre en el grupo dos: Tomás, es su nombre. Inmediatamente cuando digo Tomás, ¿cuál es la primera palabra en la que usted piensa? Duda. Tomás, ha recibido mala publicidad. Tomás es un mejor hombre de lo que usted piensa. De hecho, estoy convencido de que la mayoría de la gente realmente no entiende a Tomás. Simplemente decimos, Tomás el dudoso. Creo que usted va a aprender algunas cosas acerca de Tomás que usted no conocía, en los siguientes minutos. Escuche, Mateo, Marcos y Lucas no nos dan nada de Tomás, pero Juan de nuevo, siempre escarbando en el corazón de la gente, nos abre a Tomás.

Juan capítulo 11. Vamos a ver 3 textos muy breves. Juan capítulo 11. Conozcamos realmente a Tomás, versículo 14. El Señor está ahí cerca del río Jordán y el Señor salió de la ciudad de Jerusalén, la presión ha sido tremenda, la trama por quitarle la vida ha sido preparada, de hecho, tuvieron que salirse de Jerusalén porque su tiempo no había llegado aún y Él tenía que hacerlo para guardar su vida. Él y los discípulos están ahí, cerca del Jordán, el reporte les llega a ellos que Lázaro está enfermo. Eso es significativo porque Jesús ama a Lázaro de una manera muy especial. Versículo 14, Jesús se había tardado para dar suficiente tiempo para que Lázaro muriera, y después dice esto, “Lázaro está muerto. Y me da gusto.” Ahora, espera un minuto, ¿por qué te da gusto? “Por causa de vosotros. Me da gusto porque no estaba ahí para que creáis.”

En otras palabras, voy a hacer un milagro para incrementar su fe. Eran un grupo débil, ¿no es cierto? como hemos aprendido. Y siempre necesitaron algún tipo de demostración de su poder. Y entonces, él dice, está muerto y me da gusto por causa de vosotros, que no estaba ahí, porque ahora van a ver algo que los va a hacer creer. Después, versículo 15, “Vayamos a él”. Vayamos. Ahora, dónde estaba Lázaro. Betania. ¿Dónde está Betania? A unos 3 kilómetros al este de Jerusalén.

Ahora, ese es un anuncio aterrador, porque lo único en lo que pueden pensar los discípulos es esto, “Oh, esto es suicidio. Esto es suicidio absoluto. No podemos regresar a Jerusalén.” Y la implicación es que en cierta manera están comenzando una pequeña desintegración y algunos de ellos probablemente están diciendo, “Creo que voy a ir a ver a mi amigo de años atrás en Galilea. ¿Jerusalén?” Y Tomás aparentemente entra en la situación con cierto liderazgo, versículo 16, “Entonces, dijo Tomás, llamado Dídimo”, lo cual significa el gemelo, tuvo un hermano gemelo, o hermana probablemente. Y él le dice a los discípulos, “Vayamos también, para que podamos morir con Él.”

Ahora, veo varias cosas en eso. En primer lugar, veo cierta cantidad de iniciativa. ¿No ve usted eso? Él en cierta manera se apodera de la situación, él en cierta manera sube a la cima y dice, “Espera un minuto, caballeros. Vayamos con Él y muramos con Él.” También veo pesimismo, ¿no lo ve usted? Veo algo de pesimismo. Ahora, él estaba convencido de que Jesús iba a ser matado. Y si iban, iban a morir. Digo, todo era muy claro para él. Sabe una cosa, la valentía más grande en el mundo no es la valentía de un optimista. Un optimista tiene valentía, tiene valentía porque cree que lo mejor va a pasar. La valentía más grande en el mundo es la valentía de un pesimista, porque él sabe que lo peor va a pasar y él está dispuesto a enfrentarlo de cualquier manera. ¿Lo ve?

Tomás dice, moriremos, entonces vamos. Eso es mucha valentía. Creo que era claro para él, él ya había pensado lo que iban a decir de él cuando muriera, y todo. Él solo podía ver desastre, pero él estaba determinado de manera, en un panorama gris, a morir con Cristo. Mucho más difícil para un pesimista que para un optimista. Ahora, ¿Por qué quiere hacer esto? Sabe una cosa, si usted piensa en él solo como el que duda, si usted realmente cree que Tomás dudó de Cristo, entonces esto no tiene sentido. Digo, ¿Por qué el estaba dispuesto a morir con Jesús? No porqué dudó de Él sino porque él creía tanto en Él. Él creía tanto en Él. Yo creo esto. Yo creo que Tomás, quizás solo equiparado por Juan, tenía un amor tan profundo, intenso hacia Jesús que él no podía tolerar la existencia sin Él. ¿Entiende usted eso?

Y yo creo que lo que él está reflejando aquí es esto, si Jesús va a morir, entonces vayamos a morir con Él, porque la alternativa es estar sin Él. ¿Lo ve? Vayamos con Él. Vayamos con Él. Estas son las palabras de amor, estas son las palabras de fe. Él creía que él podía morir y estar con Jesús. Herbert Lockyer dice, “Como aquellos caballeros valientes que estuvieron con el rey Juan ciego de Bohemia, ayudándole, que cabalgaron a la batalla de Crecio con sus frenos entremezclados con los de su amo, determinaron compartir en su destino, fuera el que fuera. Entonces, Tomás, fuera vida o muerte, estaba resuelto, estaba determinado a no dejar a su Señor, viendo que él estaba ligado a Él por un amor profundo y entusiasta.” (Fin de la cita)

Él no tenía ilusiones, él vio las garras de la muerte, estaba dispuesto a morir, un hombre de valentía, un hombre de amor. Él no quería estar separado de Cristo, digámoslo de esta manera, muerte, sí; deslealtad, nunca. Él nunca podía ser desleal a Jesús. Él podía morir por Él antes de que fuera desleal. Así de profundo era su amor. Vaya al capítulo 14 y lo volvemos a ver, y las mismas actitudes vuelven a salir. Jesús da este pequeño mensaje acerca de que no se turbe vuestro corazón y creer en Dios, y Él va a preparar un lugar para vosotros, y regresaré y los recibiré para mí mismo y para que dónde yo esté también estéis vosotros, y adónde yo voy ustedes saben adónde yo voy, y conocen el camino.

Él dice, saben adónde vas, y saben cómo llegar ahí, versículo 5, Tomás le dijo, “Señor, no sabemos adónde vas, y cómo podemos conocer el camino.”  Este es el mismo corazón que está diciendo, “Señor, no te vayas a algún lugar dónde no podamos ir.” Es la misma cosa. El pensamiento de la separación era lo que le importaba a Tomás. “No me gusta lo que oigo. Te vas a ir y no vamos a saber adónde te vas, o cómo llegar ahí.” Su corazón, creo yo, está casi quebrantado conforme habla, y él es un pesimista y él dice, “Nunca vamos a encontrar el lugar.” Es un corazón oscuro, negativo, sacudido. Jesús le dice, “Tomás, Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí.” Lo que Él está diciendo es, te voy a llevar Tomás. Te voy a llevar ahí. Yo soy el camino, no tienes que temer. No voy a ir a algún lugar y te voy a dejar. Usted ve el mismo pesimismo de nuevo, ¿no es cierto? Y usted ve de nuevo el mismo amor.

Vayamos a una tercera y última mirada a Tomás. Juan 20. Jesús murió, ¿sabe a usted lo que le pasó a Tomás cuando Jesús murió? Él dijo, “Lo sabía. Él murió, y no morí, y se fue a algún lugar y no sé dónde está. Lo sabía. Y todos sus temores se volvieron realidad. Todas las peores cosas que él llegó a pensar, él se sentó traicionado, se sintió rechazado, se sintió desamparado, y fue motivado por amor que él estaba destrozado. Él era como un animal herido. Y él no quería estar con la gente, entonces él simplemente se fue. Eso es lo que hizo. Y cuando el resto de los discípulos se reunieron, él no estaba ahí, él ya no estaba ahí, él estaba deprimido porque él amaba con tanta profundidad, él habría muerto con Jesús, pero Jesús murió sin él. Él quería ir con Jesús, pero Jesús se fue sin él. Y ahora su pesimismo es defendido, y él realmente está en el agujero.

Y en el versículo 24 dice, “Tomás, uno de los doce llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino”. Seguro él estaba lamiéndose sus heridas y Jesús les apareció a los discípulos que quedaban y Tomás no estaba ahí. Bueno, ¿adivine quién encontró a Tomás? Juan, versículo 25, “El otro discípulo”, otros discípulos, me imagino que fue Juan, esa es una adivinanza, le dijo: “Hemos visto al Señor.” “Hemos visto al Señor, Tomás, y no estuviste ahí. No viniste.” Pero Tomás está deprimido. ¿Alguna vez ha tratado de hablar usted con alguien que está deprimido? Realmente es difícil, ¿no es cierto? muy difícil.

Él dice, “Al menos de que vea en sus manos las marcas de los clavos, y meta mi dedo en dónde estuvieron los clavos, y pueda meter mi mano en el costado, no creeré.” Ahora, él es un pesimista, hay que admitirlo. Tengo que verlo, pero antes de que usted lo golpee por eso, sería tan amable de recordar esto, que ninguno de los discípulos, creyeron hasta que vieron a Jesús. Después de todo no es tan fácil creer que alguien resucitó de los muertos. Digo, en el camino a Emaús, Lucas 24, dos van caminando y el Señor está con ellos. Y están quejándose por su muerte. Ellos no creen tampoco. Nadie creyó hasta que lo vio.

Entonces, no haga de Tomás el que dudó. Como puede ver, él es un pesimista amoroso. Es lo que él es. Eso es mejor que ser alguien que duda, quiero ver antes de que crea, dice él. Entonces, el Señor, por cierto, en caso de que usted no sepa, al Señor no le molesta que la gente quiera estar segura, si usted quiere estar seguro Él va a acomodar ese deseo. “Ocho días después”, versículo 26 dice, “los discípulos estaban adentro y Tomás estaba con ellos. Jesús vino con las puertas cerradas”. Me gusta eso. Simplemente reorganizó las moléculas en su cuerpo, y atravesó la pared.  Y siempre dice cuando Él hace eso, “La paz sea a vosotros.” Se entiende. Parece un saludo apropiado, ¿no es cierto? para el caos que debió haber sucedido. Y después Él se concentra en ésta querida alma, que lo ama lo suficiente como para morir con Él, y está totalmente deprimido y despedazado.

Él le dijo a Tomás, “Tomás, mete aquí tú dedo, en mis manos. Y mete aquí tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino, cree. ¿Acaso Tomás hizo eso? No dice que lo hizo. Dice, inmediatamente y sin hacer nada, “Él respondió y le dijo, ‘Señor mío y Dios mío”. La confesión más grande jamás hecha. Él afirmó la deidad de Jesucristo. Él afirmó el señorío de Jesucristo. Él afirmó que Él era Dios. Sabe una cosa, él quería eso con tanto deseo. Jesús estaba de regreso. Y Jesús le dijo, “Tomás, porque me habéis visto creéis.” Y no está solo, el resto de ellos tuvieron la misma base. “Bienaventurados aquellos que no han visto, pero han creído.”

¿Sabe usted quienes son esos? Toda persona que vino después de eso, eso es usted y yo. Nunca hemos visto, pero hemos creído. Bienaventurados son ellos. Tomás, sí, él fue melancólico, él era dado a los cambios de ánimo, pesimista, despedazado, pero cuando vio al Señor Jesucristo, hombre, él dio el testimonio más grande jamás dado. Y sabe una cosa, en esa afirmación tan pequeña, Tomás dio el discurso que literalmente destruye toda mentira que jamás ha sido contada acerca de que Jesús no es Dios, que ha sido pronunciada en toda la historia del hombre. Es una afirmación monumental. “Dios mío”, dijo él.  Todas las sectas y grupos que vienen y niegan la deidad de Cristo son calladas por Tomás.

Aprenda una lección. Jesús quiere que usted esté seguro. La certeza en la mayoría de los casos viene cuando usted se mantiene cerca de otros creyentes. No significa que Cristo no puede venir a usted en un lugar solitario, pero es más probable que aparezca entre aquellos que son de Él. Tomás, la tradición nos cuenta mucho de él; predicó, algunos dicen que llegó tan lejos como la India, predicando. Y una tradición dice que él murió de una manera muy especial. Tomaron una lanza y se la metieron, debido a su fe en Cristo. Habría sido un climax apropiado para alguien a quien se le dijo que metiera su mano y sintiera la marca de la lanza en su propio Señor.

¿Qué tipo de gente usa Dios? Pecadores viles como Mateo, pesimistas de corazón tierno, melancólicos, dados a los cambios de ánimo, como Tomás. Usted dígalo, todos son únicos, y Él puede usarlo a usted también.

Oremos. Padre, te damos gracias porque la capacidad que tú quieres de nosotros es disponibilidad. Gracias porque puedes tomar a los no-calificados, y llevar a cabo la transformación en sus vidas. Que privilegio gozoso, Dios. Que privilegio feliz, que podamos ser usados. Conozco mis propias debilidades, todos nosotros las conocemos, nuestros pecados, nuestros fracasos, sin embargo, nos usas. Nos usas para tu reino. Nos usas para extender tu causa, para predicar tu verdad, para atraer a personas al conocimiento de Dios. Nos usas para cantar tu alabanza, nos usas para traer peticiones que activan tu poder soberano. Nos usas.

Te damos gracias, porque estamos acompañados por los que no están calificados, que han sido transformados para ser instrumentos útiles, vasos de honra, aptos para el uso del Maestro. Señor, si hay algunos en nuestra comunión en ésta mañana, que nunca han venido en Jesucristo, que confiesen como Tomás lo hizo, “Señor mío, y Dios mío”. Que sus corazones se abran, que reciban a Jesús como Señor y Salvador, y al recibirlo lleguen a ser usados por Ti. ¡Oh, lo miserable que es una vida sin propósito! Lo miserable que es una eternidad sin valor. Que sepamos que el único significado en el tiempo y la eternidad viene en servirte a Ti. Que sepamos que nos puedes hacer aptos para eso, sin importar cuales sean nuestras debilidades. Que la verdad que hemos aprendido en el día de hoy permanezca en nuestros corazones, y nos haga mejores de lo que seríamos si no hubiéramos estado aquí. Para Tú gloria, en el nombre de Cristo. Amén.

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