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Veamos juntos la Palabra de Dios, y tome su Biblia y acompañe al capítulo 16 de Mateo. Ahora estamos en el capítulo 16 de Mateo. Estamos viendo los versículos 1 al 12 en nuestro estudio y tratando con el tema de la ceguera espiritual. Recientemente, tuve la oportunidad de visitar el bellísimo campus de la famosa Universidad McGill, en Montreal, un lugar muy histórico.

Y si ese campus pudiera hablar, sin duda tendría muchas grandes historias que contar a lo largo de su historia, pero ninguna me parece más conmovedora que la historia de Thomas Stewart. Thomas, cuando era joven, accidentalmente se clavó un cuchillo en el ojo mientras trabajaba y perdió la vista. Fue al médico, y el médico temió que él también podría perder la vista en el otro ojo, por lo que consideró mejor extirpar el ojo dañado. Cuando se completó la operación y Thomas se estaba recuperando de la anestesia, se descubrió que el cirujano le había quitado el ojo equivocado y lo había dejado totalmente ciego de por vida.

Sin desanimarse en su espíritu, Thomas decidió seguir un curso de derecho en la Universidad McGill, aunque estaba ciego, y durante cuatro años asistió a esa universidad en busca de ese título. Se graduó, y cuando se graduó de McGill, se graduó como el número uno de su generación. Y lo maravilloso de la historia es que el graduado número dos de su clase fue su hermano, Guillermo, quien durante cuatro años había acompañado a Thomas a todas las clases, le había leído todos los libros necesarios, había escrito para él todos los documentos necesarios, había sido sus ojos mismos, y el testimonio de Thomas es que, sin Guillermo, él nunca habría aprendido lo que aprendió.

Yo creo que de manera muy parecida, hemos sido cegados, y dependemos desesperadamente de que alguien venga a nuestro lado para ayudarnos de lo contrario no podemos ver, y esa es la obra maravillosa de nuestro bendito Señor Jesucristo, quien, a través de Su Espíritu Santo permite que los ciegos vean, y creo que nuestro texto nos da una ilustración gráfica de eso, porque en los versículos 5 al 12, a los que veremos hoy, vemos al Señor viniendo a los discípulos, muy ciegos, muy torpes, muy imperceptivos, y mediante la vista de Él, capacitándolos para ver lo que de otro modo nunca podrían ver.

Ahora, recuerde lo que dijimos la última vez. Todos en el mundo están ciegos a la realidad espiritual. Todo mundo. Ya sea que usted sea cristiano o no cristiano. Ya sea que usted rechace a Cristo o que reciba a Cristo, ya sea que conozca a Dios o no conozca a Dios, nuestra humanidad nos atrapa en un mundo que está ciego a la realidad espiritual. Todos nosotros, entonces, somos ciegos, pero caemos en dos categorías: los ciegos que nunca verán y los ciegos a los que se les hará ver. Los ciegos que nunca verán son aquellos que rechazan al único que les puede dar la vista espiritual, el Señor Jesucristo. Los ciegos a los que se hará ver son los que, abrazando a Jesucristo, lo tienen como sus ojos, su vista, su maestro de la verdad.

Ahora, ¿recuerda que vimos los primeros cuatro versículos la última vez y conocimos a los ciegos que nunca verán? Jesús, habiendo cruzado el mar de Galilea, llegando a un lugar llamado Magadán, es confrontado inmediatamente en el versículo 1 por los fariseos y los saduceos, quienes vienen a probarlo, y realmente no quieren respuestas. Simplemente, quieren desacreditarlo públicamente al pedirle que haga una señal en el cielo, creyendo que Él es incapaz de hacerlo y así será desacreditado públicamente. Él les dijo: “Cuando cae la tarde decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo. Y a la mañana: Hoy mal tiempo, porque el cielo está rojo y nublado. Oh, hipócritas, podéis discernir la faz del cielo, pero ¿no podéis discernir las señales de los tiempos?”

En otras palabras, Él dice: “Ven el clima bastante bien, pero están completamente ciego a la realidad espiritual. Ha habido suficientes señales para que sea evidente quién soy”. Y entonces, Él dice en el versículo 4: “La generación mala y adúltera demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás, y Él los dejó y se fue”.

Ahora, aquí están los ciegos en la ilustración que nunca verán, y señalamos cuatro cosas que son características de los ciegos que nunca verán. Primero, buscan comunión con la oscuridad. Solo hemos visto a los fariseos solos, realmente, hasta este punto, y ahora, de repente, han traído consigo a los saduceos, y entonces vemos a los ciegos reuniéndose con los ciegos y ninguno puede ayudar al otro.

Márquelo: las personas que nunca verán siempre buscan la oscuridad, y como dijimos la última vez, los hombres buscan la oscuridad en lugar de la luz. Aman las tinieblas más que la luz, porque sus obras son malas, y venir a la luz expondría la maldad de sus obras. Y así, la primera señal de alguien que será ciego permanentemente es que continúa buscando la oscuridad.

En segundo lugar, señalamos que también maldicen la luz. Toda su intención al venir a Jesucristo era maldecirlo, desacreditarlo, avergonzarlo, burlarse de Él. Realmente, no buscaron ninguna señal para legitimarlo. No buscaron ninguna prueba. No buscaban evidencia genuina, solo desacreditar a Aquel que era una amenaza tan grande para su seguridad religiosa.

Y lo tercero que señalábamos sobre ellos es que solo se sumergen en una oscuridad más profunda. El Señor les dice: “No se les da mal el tiempo”, y tenían su pequeño dicho, ya sabe, si el cielo está rojo en un momento determinado, significa una cosa determinada, y eso sigue siendo cierto tradicionalmente, ese pequeño dicho. Y Él dice: “No son malos con el clima, pero cuando se trata de discernir la realidad espiritual, están completamente ciego”. Verá, con todas las señales, simplemente se sumergieron más y más en su oscuridad.

Y luego la cuarta característica del que es ciego y nunca verá, es que es abandonado por el Señor. El Señor dice: “No les daré ninguna señal”, e incluso la única señal que vino, la señal de Jonás, que fue la resurrección de Cristo, no los convenció. De hecho, sobornaron a los soldados para que mintieran al respecto, y luego dice: “Él los dejó y se fue”, presentando una nueva palabra griega que significa que Él los abandonó, y así la cuarta característica, es que son abandonados. Y así que los que son ciegos y nunca verán lo son porque huyen de la única esperanza, como lo ve.

Thomas Hobbes, el famoso filósofo inglés del siglo XVII, era una persona totalmente impía, atea, rechazó a Cristo, y su biógrafo describe su muerte con estas palabras: “Cuando el ateo Hobbes se acercaba a la muerte, declaró en voz alta: Estoy a punto de dar un salto en la oscuridad”, fin de la cita. Voltaire, el ateo francés que se burló abiertamente de Dios, sintió el golpe que sabía que terminaría en su muerte.

Estaba abrumado por la tristeza. Llamó a todos sus amigos incrédulos, y su biógrafo dice que: “Los maldijo en sus caras, y repitió en voz alta: Fuera, fuera, eres tú quien has hecho que yo esté en mi estado actual. Déjame, digo, vete. Qué miserable gloria es esta que me has producido”. El escritor dice que: “Él esperaba aliviar su angustia con una retractación escrita de su incredulidad. La tenía preparada. La firmó y la vio como testigo, pero fue en vano”.

Durante dos meses fue torturado con una agonía tal que a veces le hacía rechinar los dientes con rabia impotente contra Dios y el hombre, y otras veces con acento lastimero suplicaba: “Oh, Cristo, oh, Cristo, oh, Señor. Jesús”, y luego, por fin, volvió el rostro y exclamó: “Muero abandonado de Dios y de los hombres”. Con razón Jesús llamó al infierno tinieblas de afuera. Es simplemente la perpetuación de una vida que nunca ve la realidad espiritual porque nunca abraza la luz.

Ahora, habiendo terminado el estudio de esas cosas la semana pasada, veamos el capítulo 16, versículo 5, y veamos al otro grupo al que se le hará ver. Igualmente, ciegos, porque la humanidad es un legado de la ceguera a la realidad espiritual, estos dependen de la vista que les da Aquel que viene a ayudar. Y encontramos que hay cuatro características de los ciegos a quienes se les hace ver, y son lo opuesto a las otras. Aquellos a quienes se les hace ver buscan la luz, maldicen las tinieblas, reciben mayor luz y son enseñados por el Señor.

En primer lugar, los que están hechos para ver buscan la luz. Vea el versículo 5: “Y cuando los discípulos ‒Sus discípulos llegaron al otro lado, se habían olvidado de tomar pan”. Ahora, déjame presentarles la escena. El ministerio del Señor Jesucristo ha estado alrededor del mar de Galilea, como ahora lo sabe por nuestras semanas y meses en esta porción en particular de Mateo, y Él sigue yendo y viniendo ahí por el agua. Acaba de cruzar, después de alimentar a cuatro mil hombres más mujeres y niños en Decápolis.

Se subió a un barco y cruzó a Magadán, y al llegar a Magadán, se enfrentó inmediatamente con los fariseos y los saduceos. El incidente que ocurre en los primeros cuatro versículos sucedió, y luego Él vuelve a la barca y regresa a la costa este, nuevamente.

Y Él es seguido, y es importante señalar esto, como siempre, por Sus discípulos. Dice: “Sus discípulos también pasaron al otro lado”. Y aquí encuentra usted la primera marca de alguien que realmente va a llegar a ver. Él busca la luz. Los discípulos persiguieron la luz. Ahora, estaban parados en la encrucijada en un sentido muy real en los versículos 1 al 4 porque habían sido criados en una sociedad judía, y habiendo sido criados allí, habían aprendido a respetar básicamente a dos grupos de personas, los fariseos y los saduceos.

Fue de la familia de los saduceosque salió el sumo sacerdote y todo su séquito. Eran la aristocracia. Eran, en muchos sentidos, la confianza. Era el poder cerebral. Eran los líderes, en términos de autoridad. Ellos eran el liderazgo, eran el gobierno, y debían ser respetados y reverenciados por eso.

Además, estaba el grupo de los fariseos, y ellos eran los que eran los intérpretes de la ley. Eran los tradicionalistas religiosos. Eran los legalistas. Eran los que, mezclándose entre la gente, ejercieron sobre la gente un yugo pesado de servidumbre de leyes, normas y tradiciones, y ellos también exigieron el respeto de la gente, incluso hasta el punto en que la gente debía llamarlos por ciertos títulos.

Y así, estos discípulos habían sido criados en un ambiente donde habían aprendido a respetar a estos grupos particulares de individuos, y cuando Jesús apareció, Él era la antítesis de todo. Ellos pensaron. Hablaba de libertad, no de ley, y de todas las cosas que negaban los saduceos, afirmó Jesús, y entonces quedó muy claro que Él era todo lo contrario a ellos, y por eso estaban tan totalmente amenazados por Él.

Los discípulos, entonces, se encontraron en una verdadera encrucijada. Se pararon en un punto en el que debían decidir que iban a aferrarse al sistema en el que fueron criados y que iban a identificarse con la oscuridad, o iban a seguir la luz. Y si podemos reducir todo ese concepto a este pequeño viaje muy simple, es claro para nosotros ver que ellos también dejaron Magadán y dejaron de pie en Magadán a los fariseos y saduceos con el propósito de seguir la luz, y cuando Jesús llego a la otra orilla, ellos también estaban allí, y eso es lo que los marcó. Y eso es lo que siempre marca a alguien a quien se le hará ver, busca la luz.

La Escritura está repleta de declaraciones en este sentido, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. “Si me buscas de todo tu corazón, ciertamente” ‒¿qué?‒ “me encontrarás”. Y entonces está el corazón que busca, y aquí lo vemos señalado en estos discípulos en particular. La palabra discípulo, mathētēs, básicamente significa aprendiz. Eran aprendices. Ellos estaban siguiendo para ser enseñados. Ellos buscaron saber la verdad.

Los discípulos lo habían seguido, y lo habían seguido a la luz de la vida. Él no era una luz para ser visto, Él era una luz para ser seguida, y ellos buscaban esa luz. Ellos sabían bien lo que habían dicho los profetas del Antiguo Testamento, de que el Mesías vendría y traería luz a las naciones. Ellos sabían que los salmistas habían dicho: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Eso lo sabían bien, y vieron en Jesucristo la luz en sus tinieblas. Ellos buscaron seguirlo.

Y no fue necesariamente así con todos ellos. No todos los que originalmente estaban interesados en la luz fueron fieles en seguir. En Juan capítulo 6, hubieron muchos discípulos allí, y luego Jesús comenzó a hablar del compromiso real que Él requería para un discípulo, comiendo Su carne, bebiendo Su sangre, todo eso, y dice: “Desde entonces, muchos de sus discípulos ya no andaban con él”. Y Él les dijo a los que quedaban: ¿Vosotros también os vais a ir? A lo que Pedro respondió por todos: “¿A quién iremos? Tú y sólo tú tienes” ‒¿qué?‒ “las palabras de vida eterna”. Mire, estos fueron los que buscaron la luz. Siguieron la luz.

Ellos sabían que necesitaban ayuda para ver. Ellos sabían que el salmo expresaba la situación de ellos, Salmo 119, versículo 18: “Abre mis ojos para mirar las maravillas de tu ley”. Como puede ver, ellos sabían que eran ciegos, como el salmista sabía que él lo era. En el versículo 33: “Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos”. En el Salmo 119:36: “Inclina mi corazón a tus testimonios. Aparta mis ojos de contemplar la vanidad. Establece tu palabra a tu siervo”. Y luego el versículo 73: “Tus manos me hicieron y me formaron. Dame entendimiento”.

En otras palabras: “Tú eres el que me armó, sabes lo que necesito, ahora dámelo”. En otras palabras, sabían que no sabían por sí mismos y no podían saber, y por eso buscaron la luz como había dicho el salmista.

Le dieron la espalda a los fariseos y saduceos incorregibles, y eso nos lleva al segundo punto: Maldijeron las tinieblas. Hicieron su elección, y al buscar la luz, maldijeron la oscuridad. Le dieron la espalda a aquellos que les trajeron solo una oscuridad más profunda. Ellos son los corazones hambrientos. Ellos son los aprendices ansiosos. Ellos son los que, cuando se les dice ‒o se les pregunta: “¿Te vas a ir?” Dicen: “No, no sé dónde ir. No hay dónde ir. Tienes las palabras que debemos escuchar”.

Entonces, siguieron, y así es con las personas a las que se les hace ver. No es que ellos, por alguna habilidad innata, puedan ver por sí mismos. No es que sean mejores o diferentes al resto. Es que perseguirán la luz y maldecirán la oscuridad en lugar de perseguir la oscuridad y maldecir la luz.

Ahora, es interesante señalar en este punto que los discípulos ciertamente necesitaban ayuda para entender. Supongo que, si pudiéramos pensar en un nombre adecuado para ellos, podríamos llamarlos la Asociación de los de Poca Fe. Jesús les dio ese discurso en varias ocasiones. Lo escuchamos, dárselo en Mateo 8. Lo escuchamos, dárselo en Mateo 14. Básicamente, se les da nuevamente en Mateo 15, y se les dará nuevamente en Mateo 16.

Ellos necesitaban ayuda para ver. Eran bastante densos. De hecho, podríamos asignarles el apodo de Carlos Schultz de tontos. Parecían incapaces, en muchas ocasiones, de recibir las cosas que el Señor decía.

Regrese al capítulo 13 por un momento y le voy a recordar un pasaje que estudiamos hace algunos meses atrás. Versículo 10. El Señor había dado la parábola del sembrador, la semilla y los suelos, y por supuesto, Él cierra la parábola diciendo: “El que tiene oídos para oír, oiga, entonces escucha”. En otras palabras, “Si puedes entender esto, si tienes la capacidad auditiva espiritual, entonces escúchalo”. Y los discípulos se le acercaron y le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas? O mashals, dichosvelados, acertijos, cosas que no están claras en la superficie.

“¿Por qué estás haciendo esto?” Y Él dijo: “Es que, a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les es dado”. En otras palabras: “Digo estas cosas porque Dios nunca tiene la intención de dar Su verdad a aquellos que no pueden recibirla”. Y en el versículo 15, Él dice: “Su corazón es terrible. Sus oídos están cerrados. Sus ojos están cerrados, y no hay razón para desperdiciar la verdad en ellos. No tiene sentido arrojar sus perlas a los cerdos”.

Versículo 16: “Bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos han deseado ver las cosas que vosotros veis, y no las han visto, y oír las cosas que vosotros oís, y no las han oído”. ¿Y saben lo que es asombroso en eso? El hecho es que no entendieron la parábola mejor que los fariseos o las otras personas que estaban allí.

Cuando Él les dice: “Os es dado saber estas cosas”, deben haber estado diciéndose a sí mismos: “Bueno, quiero decir, nosotros tampoco lo entendemos”. Pero el punto está entonces en el versículo 18. Él dice: “Oíd, pues, la parábola del sembrador”, y Él se las explica. Mire, la diferencia entre los ciegos que nunca verán y los ciegos que se les hice ver, no es que los ciegos que se les hace ver de repente obtienen una habilidad innata para ver en su humanidad, la diferencia es que el Señor enseña los que son de Él. Esa es la diferencia.

Y esto nos lleva a la doctrina maravillosa de la iluminación. Que cuando ustedes que conocen a Jesucristo van a la Palabra de Dios, no solo tienen la Palabra de Dios, sino que tienen al Dios de la Palabra residente en ustedes que les abre a ustedes las Escrituras. ¡Y qué verdad maravillosa que es esa! Miré, mientras los discípulos estaban en la tierra, Jesús les enseñó. Él les enseñó, y ese es nuestro tercer punto en aquellos a quienes se les hace ver: Reciben mayor luz. Reciben una luz más grande.

Jesús les enseñó y Él sabía que ellos dependían de esa enseñanza. Digo, una y otra vez, Él dice: “¿Todavía no entendéis? ¿Llevo tanto tiempo con ustedes y todavía no sabes quién soy? Parecía como si estuvieran continuamente en un estado de recuperación remedial, pero Él les enseñó pacientemente. Esa es la diferencia. Todos estamos ciegos, pero aquellos a quienes se les hace ver, se les hace ver porque soberanamente, en gracia, el Salvador les enseña.

Cuando el Señor apuntaba a irse, Él quería enseñarles tanto, y por eso les enseñó y les enseñó, e incluso cuando murió y resucitó, y luego estuvo aquí por cuarenta días, Hechos 1 dice que: “Todos esos cuarenta días, siempre que estaba con ellos, les enseñaba cosas pertenecientes al reino”. Siguió abriendo sus ojos, dejándoles ver, abriendo sus oídos, dejándolos oír, y abriendo su corazón, y dejándoles entender por qué era muy importante que tuvieran toda esta verdad.

E incluso cuando Él se fue, recuerden, conforme Él se reunió con ellos en el evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 26, Él dijo esto: “Ahora, me voy a ir, pero el Consolador, quien es el Espíritu Santo, que es enviado del Padre en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas y os recordará todas las cosas”. En otras palabras, Él dice: “Cuando yo me vaya, el Padre lo enviará a Él, y el proceso continuará sin interrupción”, ¿verdad? Porque, como puede ver, dependemos de eso. En el capítulo 16 del evangelio de Juan y el versículo 12, el Señor reitera la misma idea. Él dice: “Aún tengo muchas cosas que decir, pero no las pueden sobrellevar”.

Al igual que alimentar a un bebé, hay un punto en el que tienes que detenerte, no puedes seguirle dando. Y no pueden absorberlo todo, y entonces Él dice: “No les puedo decir todo. Sin embargo, cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad. Él no hablará de sí mismo, pero todo lo que oiga, eso hablará, y os mostrará las cosas que han de venir, y me glorificarán y recibirán de mí, y os lo darán”, y así sucesivamente.

En otras palabras, “les voy a enseñar hasta que me haya ido, y cuando me vaya, el Padre enviará el Espíritu, y Él va a continuar”. Oh, esta es una gran promesa. La promesa se le da al que busca la luz, que se le dará mayor luz, porque no solo se le dará la Palabra de Dios, sino que se le dará el Espíritu de Dios, morando en él, para enseñarle.

Amado, hay una maravillosa intimidad en ese concepto que no se nos ‒en cierta manera‒ enseña en un salón de clases grande. No somos un gran grupo de personas. Ahora, estoy aquí arriba hablándolo a un gran grupo de personas, pero la realidad maravillosa es que las verdades que les estoy expresando a todos nosotros, el Espíritu Dios las está aplicando y haciendo claras en el corazón de cada uno de nosotros, en la más maravillosa intimidad de compromiso como Él es nuestro maestro residente.

Es por eso que 1 Juan 2 dice en el versículo 20: “Vosotros tenéis una unción de Dios, que os enseña todas las cosas”, y el versículo 27: “Vosotros tenéis una unción, y esa unción viene de Dios, de modo que no tenéis necesidad de oír a maestros humanos enseñando a seres humanossabiduría, porque la unción de Dios está en vosotros y permanece en vosotros, y os enseña todas las cosas, y vosotros permanecéis en Él”. Todos están envueltos con el Maestro de la verdad residente, el Espíritu de Dios.

En 1 Corintios, capítulo 2, versículo 4, Pablo les dice a los corintios: “Mi palabra y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”. En otras palabras, “Cuando lo oyes hablar”, dicen: “no es sabiduría humana lo que estás escuchando, es la Palabra de Dios en el poder del Espíritu viniendo a ustedes”. Y así vemos que el Maestro de la verdad residente no solo nos habla en nuestros corazones, sino que nos habla a través de la voz de Sus portavoces.

Y Pablo les dice a los tesalonicenses en 1 Tesalonicenses, capítulo 1, versículo 5: “Cuando llegó a vosotros nuestro evangelio, no vino simplemente con fuerza humana, sino que vino con el poder del Espíritu Santo”. Y entonces, somos enseñados por los maestros a quienes Dios ha facultado con Su Espíritu únicamente para enseñar, y por el Maestro de la verdad residente que mora dentro de nosotros, y así somos guiados a una mayor comprensión y una mayor luz. Qué gran promesa es esa. Gran promesa. Podemos buscar las riquezas de la verdad de Dios conforme abrimos Su Palabra por el ministerio del Espíritu.

Ahora veamos cómo el Señor usó esta ocasión para enseñar a estos discípulos densos una verdad mayor. Versículo 5, se olvidaron de tomar pan. Se olvidaron de llevar pan. Ahora, eso es importante porque en esos días no había restaurantes de comida rápida. No es fácil en el desierto obtener el tipo correcto de comida, por lo que necesitaban planear por adelantado, y no lo habían hecho. Cruzaron, creo que tal vez se fueron un poco apresurados después de la confrontación con los fariseos y saduceos.

Para cuando llegaron a la otra orilla, Marcos 8:14, el pasaje paralelo dice: “Miraron a su alrededor y encontraron una torta de pan”, que sería como una galleta plana, y eso no sería suficiente para todos estos doce apóstoles y el Señor mismo, y por eso estaban muy preocupados porque se habían olvidado de llevar pan. Ahora, esto le va a decir el nivel en el que operaban, ¿verdad? El nivel físico básico. Simplemente son como nosotros.

Digo, aquí están en la presencia de Dios mismo, quien acaba de crear suficiente alimento para alimentar a cincuenta mil personas en las últimas semanas. Cinco mil hombres más mujeres y niños en el área judía, cuatro mil hombres más mujeres y niños en el área gentil de Decápolis. Acaban de ver milagros masivos de reproducción de alimentos. Llegan al otro lado y dicen: “Ay, no tenemos pan”. Realmente en el nivel físico, ¿verdad? Viendo sólo la necesidad física.

Pero, ahora aprende usted una de las lecciones más grandes de todo discipulado. El Señor toma cada una de sus extremidades de ellos como una oportunidad divina para enseñar la verdad. ¿Quieres saber cómo se hace un discípulo? Realmente, no hace un discípulo teniendo doce lecciones sobre el discipulado, simplemente las voltea. Realmente reproduce a un discípulo. Realmente edifica a alguien hacia la madurez, poniéndose a su lado, caminando por la vida e interpretando la vida en términos de su significado espiritual. Así es como se hace un discípulo.

Es tomar las vicisitudes, las luchas, las ansiedades, las situaciones, los sucesos de la vida en el día a día e interpretarlas a un nivel divino, y usted puede identificar a un discípulo maduro porque es alguien cuya reacciones y cuya interacciones y percepciones y perspectivas están a ese nivel divino. Y así, el Señor simplemente aprovecha esta oportunidad con su preocupación por no tener pan como un punto para enseñarles la verdad profunda.

Versículo 6: “Jesús les dice: Mirad”, horate en griego, significa ver. “Abran los ojos, muchachos. Abran sus ojos y guardaos”, y eso implica peligro, “guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos”. “Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos”. Ahora, ¿qué está diciendo? Ellos están preocupados por el pan, y el Señor usa eso como una oportunidad. Él les está diciendo: “Miren, no se preocupen por el pan, preocúpense por la levadura de los fariseos y de los saduceos”.

En otras palabras, “Levántense en un nivel espiritual. Digo, que nos enfrentamos a una crisis tremenda”. Cristo ahora está solo a meses de la cruz, y Él quiere que sean educados espiritualmente. Un día sin comida no es un problema serio. “Bájense de ese nivel mundano de lo físico”, y la mayoría de nosotros viviremos en ese nivel todo el tiempo. Digo, en cierta manera, algunos de ustedes, y ni siquiera he terminado con mi sermón, y ya sienten la saliva pensando en su comida o han estado probando su desayuno y tocino de nuevo.

Digo, somos muy físicos. O se ha estado preocupando por las arrugas de sus pantalones, o viendo el cabello de alguien que no está del todo bien. Estamos muy orientados físicamente. Tendemos a ver solo las cosas físicas, y no tenemos esa visión espiritual, aunque somos personas redimidas.

El encuentro del Señor con los fariseos y saduceos está fresco en Su mente y quiere advertir a estos hombres. ¿Por qué? Porque Él se va a ir, y ellos van a estar solos, por así decirlo, con Él muerto y —no ahí, por ese período de tiempo antes de Su resurrección cuando se dispersaron y volaron por todo el lugar, y luego van a tener que salir y llevar el mensaje, y Él les advierte acerca de la levadura de los fariseos y saduceos, tratando de llevarlo, tratando de sacarlos del nivel físico al problema, al asunto real, que es el pan que están repartiendo, no el pan físico.

Me preocupa nuestra sociedad. Incluso me preocupo por la iglesia en la actualidad porque es tan física. Nos preocupamos por lo que vestimos, cómo nos vemos, cómo se ve nuestro cabello, el tipo de auto que manejamos, y nos preocupamos por toda la ropa, y nos preocupamos por la forma de nuestros cuerpos. Ya sabe, estamos casi paranoicos con eso. Miramos a las personas y las juzgamos por cómo se ven, cómo se ve su cabello, cómo es su ropa.

Eso es lo que fue tan refrescante de estar allá arriba en Canadá con esa iglesia franco-canadiense de primera generación que acababa de nacer en los últimos dos o tres años. Tuve la sensación de que a nadie le importaba si tenías un lagarto en la camisa, ¿se da cuenta? Realmente, no creo que eso fuera un gran problema para ellos. No creo que les importara si tus calcetines combinaban. No creo que les importara un poco cómo era su cabello.

Creo que estaban tan emocionados, estaban tan bendecidos y extasiados por la realidad de Jesucristo en sus vidas, que eso era todo en lo que podían pensar. Y evaluaron a la gente en la dimensión espiritual, y fue refrescante y emocionante, y otras cosas ni siquiera fueron un problema.

Así que los discípulos estaban abajo en ese nivel físico donde la mayoría de nosotros vivimos la mayor parte del tiempo, y Jesús quería levantarlos. Y Él dijo: “Lo que realmente debe preocuparte no es si tienes pan físico, sino, si estás siendo influenciado por la levadura de los fariseos y saduceos”. Ahora, ¿cuál es esta idea? Bueno, levadura, cuando usted hacía pan, tomaba un pedazo de la masa antes de hornearla, y la apartaba, y se fermentaba y se agriaba, y luego la ponías en la siguiente masa, y fermentaba, o causaba una reacción de levadura, y hacía que el pan fuera grande y así sucesivamente.

Ya sabes cómo funciona, es una levadura o una levadura. Y así, la levadura llegó a significar influencia, algo retenido del pasado aplicado al presente. Y es por eso que, cuando Israel salió de Egipto, no se les permitió comer pan con levadura. Dios les estaba diciendo, en forma simple: “No tomen todo lo que conocían en Egipto, lo metan en su nuevo estilo de vida. Eso está en el pasado. Corten la cuerda. No hay nada de eso que necesitas. Córtate a ti mismo. No traigas ninguna influencia de esa parte de tu vida. Del pan de Egipto, no tomes un pedazo para empezar el pan del nuevo pueblo de Dios en su nueva tierra. No hagas eso. Corta esa cosa”, y el pan sin levadura simbolizaba eso. Y así la levadura llegó a significar influencia. Principalmente, significa mala influencia; aunque, en algunos casos, podría significar una buena influencia. Una influencia penetrante. Entonces, lo que el Señor les está diciendo es esto: “Deben tener cuidado con la influencia penetrante de los fariseos y los saduceos”. Y el evangelio de Marcos, que es el relato paralelo, añade que Él también dijo: “Guardaos de la levadura de Herodes”.

Ahora bien, ¿qué es la levadura de los fariseos? Bueno, Lucas 12:1 nos dice. Allí mismo dice: “La levadura de los fariseos es la hipocresía”. Es religión falsa, externalismo, sin corazón, legalismo, ritualismo, ceremonialismo. Todo por fuera, nada por dentro. Cuidado con eso. Cuidado con el legalismo. Cuidado con el ritualismo, el ceremonialismo, el externalismo, donde no hay un corazón para Dios, y luego tenga cuidado con la levadura de los saduceos, y nos dice en Hechos 20, no puedo recordar el capítulo, en algún lugar de Hechos 20 algo… 23: 6, creo. Mis ojos suben y bajan las páginas hasta que llego allí, ¿verdad?

Nos dice allí que los saduceos no creían en la resurrección. Ellos no creían en los ángeles. No creían en la inmortalidad. Eran liberales. Cuidado con el liberalismo. Cuidado con el escepticismo, el racionalismo, el liberalismo, y luego con la levadura de Herodes, agrega Marcos. La levadura de Herodes fue la ambición política, el materialismo, el secularismo.

Entonces, el Señor les está diciendo a los discípulos: “Hombres, solo quiero que sepan que ahora que me siguen y persiguen la luz y maldice la oscuridad, asegúrense de no llevar nada de eso con ustedes. No tomen nada de esa levadura para leudar tu masa nueva”. Eviten el legalismo, el ritualismo, el ceremonialismo, el externalismo. Eviten el liberalismo, el escepticismo, el racionalismo y eviten el secularismo. En otras palabras, Él quiere un pan puro. En otras palabras, Él quiere una hogaza pura, ¿verdad? ¿Lo ve?

Como puede ver, les estaba enseñando una profunda lección espiritual en términos muy vividos. “Corten el cordón”, es lo que Él estaba diciendo. “No tengas nada que ver con esa vida anterior”, y, por supuesto, porque, como dije, fueron criados para respetar a los fariseos y saduceos, y fueron criados bajo el dominio, por así decirlo, de la dinastía herodiana, que incluía a Herodes, que gobernaba en Galilea, y tenían algo de respeto hacia él, tenían que asegurarse de cortar esas cosas. No dejen que el mundo los influya. No dejen que la religión legalista los influya, y no dejen que la religión liberal los influya. Esos son los dos polos. Esos son los extremos de los falsos sistemas. Manténganse puros.

Bueno, eso es lo que Él dijo en el versículo 6. ¿Quieren ver su reacción? Versículo 7: “Discutían entre sí”. Ahora, deténgase allí por un minuto. Esto es lo mejor que la razón humana puede hacer. ¿Está listo para esto? Tuvieron una pequeña reunión, juntaron todos sus cerebros. “¿Qué quiere decir? ¿Qué está diciendo?” Y debido a que vivían en el nivel físico, dijeron: “Ajá, nuestra conclusión es que Él dijo esto porque no hemos traído pan”. En otras palabras, lo que Él teme es que compremos pan horneado por un fariseo o que compremos pan horneado por un saduceo. Y eso sería pan contaminado. Le preocupa que debido a que no tenemos pan, es posible que se nos acabe y le compremos pan a un fariseo.

Realmente un poco triste, ¿no es cierto? ¿Quiere saber algo? Si los fariseos obtuvieron el mejor precio, cómprenlo, en lo que respecta al pan. Si los mormones tienen una tienda que vende pan barato, cómprelo barato. Es buena administración. Ese no es el asunto. A quién le compra el pan no es lo que importa, pero están en el nivel físico, ¿lo ve? Están allá abajo, y todo en lo que puedan pensar es: “Bueno, tiene miedo de que compremos algún tipo de pan contaminado”. Mire, —y lo que sucede es que pasa por alto el punto principal, ¿verdad? Porque el punto principal en toda la enseñanza de Jesús es que no es lo externo lo que contamina, ¿verdad? No es lo que entra en un hombre lo que lo contamina, ¿verdad? Es que —¿Qué?— Lo sale de adentro, porque la religión es interna, no externa.

Además, ¿cómo podría Jesús estar molesto y preocupado de que no se escaparan y compraran pan de algún fariseo cuando si Él no quisiera que eso sucediera, podría simplemente crear pan como si hubiera creado suficiente para cincuenta mil personas? Y las dos veces que creó pan, ¿recuerda que también creó suficiente para alimentar a los doce? Entonces, si ese fuera un problema real para el Señor, Él no quería que hicieran eso, Él simplemente crearía más pan. Y como eso es lo mejor que su razón humana podría hacer, Él les da esta lección. Aquí viene Su discurso de nuevo.

Jesús les dice: “hombres de poca fe”. Ese es el mismo discurso. “¿Por qué discutís entre vosotros si no habéis traído pan?” ¿Por qué están atorados en el nivel físico? ¿Por qué están atascados en el nivel físico? “¿Aún no lo entienden? ¿No os acordáis de los cinco panes y de los cinco mil, y de cuántas cestas recogisteis? Que eran las doce. ¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?” ¿Han olvidado esas dos ocasiones? Y, por cierto, las dos palabras para canastas son diferentes y son consistentes con cada relato. Primero fue una palabra judía, una canasta pequeña. En segundo lugar, estaba una canasta gentil, que era más grande.

Y entonces Él dice: “¿Has olvidado que si fuera un problema de pan físico, yo podría encargarme de eso? ¿Por qué sigues en eso? Es exactamente el mismo principio de Mateo 6:33, cuando el Señor les dice: “¿Por qué se preocupan por lo que comen? ¿Por qué se están preocupando por lo que visten? ¿Por qué se preocupan por dónde van a dormir? Miren, si Dios cuida la hierba del campo, Dios cuida de las aves”, y así sucesivamente, “Él cuidará de usted. Hombres de poca fe”. Y Él les dice: “Buscad primeramente” —¿qué?— “el reino de Dios y Su” —¿qué?— “justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Si tan solo se elevan al nivel espiritual, Dios se encargará de la dimensión física. Esto es como en 2 Corintios 8, donde dice: “Dad”. Habla de la ofrenda de los macedonios. Él dice: “Den mucho, y das mucho, y dices: Bueno, eso me preocupa. Eso es todo un compromiso”.

Y luego dice en la siguiente sección allí, en 2 Corintios 9: “Dios, poderoso es para proveer pan para tu alimento. Si te preocupa que en tu acto de dar espiritualmente no tendrás comida, entonces no entiendes cómo Dios puede proporcionar eso”. Sal del plano físico, hombre de poca fe, que tienes que agarrarte de todo en tus manos para comprar tus necesidades físicas y no puedes dejarlo en Dios porque no confías que Él pueda proveer. ¿No recuerdas que Dios provee las necesidades físicas? Solo sube a ese nivel espiritual.

Y así, en el versículo 11, Él dice: “¿Cómo es que no entendéis que no os hablé del pan? No estaba hablando del pan, sino a que os guardares de la levadura de los fariseos y de los saduceos”. Y esto nos lleva al cuarto punto acerca de uno que es ciego, pero le fue dado ver, y es que el Señor le enseña. ¿Ven cuán paciente fue Él con ellos? Digo, Él los llevó donde estaban y les enseñó. Y Él regresa y repite la misma lección: “Estoy hablando de la levadura de los fariseos y los saduceos. Estoy tratando de que te concentres en la dimensión espiritual”.

Como puede ver, es muy parecido a lo que Jesús dijo en Mateo 6 cuando dijo: “Haceos tesoros” —¿dónde?— “en el cielo. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Es lo que Pablo les dijo a los filipenses cuando dijo: “Nuestra ciudadanía no está en la tierra. Nuestra ciudadanía está en el cielo”. Es lo que dijo en el capítulo 4 cuando dijo: “Piensa en estas cosas”, virtudes espirituales. Pongan sus afectos en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Como puede ver, nos apegamos tanto a la tierra, y eso es porque somos criaturas de la tierra, y es por eso que tenemos que tener la obra iluminadora del Espíritu, porque es lo que nos saca de esto, lo ve. Por eso el cristiano tiene que estar expuesto a la Palabra de Dios regularmente, alimentándose de ella. ¿Por qué? Porque conforme que usted se alimenta de ella, el Espíritu de Dios le enseña, y conforme le enseña, le eleva a usted fuera de la dimensión física donde usted comienza a tomar a Dios en serio.

Y después de la enseñanza paciente del Señor, al igual que Él tiene que hacer con nosotros, la luz aparece, versículo 12: “Entonces entendieron que les había mandado que no se guardaran de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos”. Sabe, soy un creyente firme en que es mejor que se mantenga alejado de la doctrina falsa. Me refiero a mantenerse alejado de ella. Judas dice: “Cuando vayas a sacar a alguien de ahí, arrebátalo como un tizón de la quema. Ni siquiera te quedes parado o vas a quemar tus propias prendas”.

Mantente alejado. Manténganse alejados de la levadura, de los que los influencia del legalismo, y las cosas que los influencian del ritualismo o ceremonialismo, del racionalismo, del liberalismo, del secularismo en el medio. Evita eso.

Pero, ¿no es maravilloso cuán paciente fue el Señor? ¿No es maravilloso que Él enseñe con tanta paciencia hasta que finalmente entendieron que estaba hablando de la doctrina que los fariseos y los saduceos enseñaban y que corrompía su fe? Y, hombre, lee usted el libro de Gálatas y se dará cuenta de que funcionó en esa iglesia, ¿no es así? Comenzaron en el Espíritu y trataron de perfeccionarse en la carne. Se metieron en el legalismo, y la iglesia de Colosas estaba siendo amenazada por el liberalismo, el racionalismo. Y se dará cuenta que, si lee en las iglesias en el Apocalipsis, que algunas de las iglesias ahí fueron literalmente eliminadas por el secularismo, el materialismo, la ambición.

Así que ha funcionado. El Señor suplica que no sea así. La gran verdad en todo este pasaje, y lo que toca su corazón con una realidad tan profunda, es el ministerio que Cristo tiene para los suyos. Que incluso en nuestra ceguera, Él se toma con paciencia el tiempo y el esfuerzo necesarios para enseñar. Vea 1 Corintios 2. Primera de Corintios, capítulo 2, y solo quiero mostrarle esta maravillosa, maravillosa porción de las Escrituras.

Versículo 9: “Como está escrito: Ojo no vio”. Ahora, ¿qué dice eso? ¿Todos somos qué? Todos estamos ciegos. No podemos percibirlo. No está disponible externamente. No está objetivamente disponible. No está empíricamente disponible. “Ojo no vio, ni oído oyó”. En otras palabras, externamente, no podemos en nuestra humanidad percibir las cosas. “Ni ha entrado en corazón de hombre.” Eso es, internamente, subjetivamente. No podemos saberlo externa y objetivamente. No podemos saberlo internamente, intuitiva y subjetivamente. “No han subido al corazón las cosas que Dios ha preparado para los que le aman”. La realidad espiritual no está disponible para la percepción humana.

Pero observe el versículo 10: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por Su Espíritu. Porque el Espíritu escudriña todas las cosas”, sí, las cosas profundas de Dios. ¿No es genial? Le digo, nada me emociona más que las cosas profundas de Dios, y el Espíritu nos las revela a nosotros, a mí. Así que el versículo 12 dice: “Nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado gratuitamente”.

Amados, tienes en su mano este tesoro tremendo. Tienen su vida como creyente al Maestro residente de la verdad, el Espíritu de Dios. Al abrir las páginas de este libro y el Espíritu de Dios le enseña, se encuentra sumergiéndose en las profundidades de las cosas profundas de Dios. La realidad profunda y emocionante de que los que nada sabemos, los que somos ciegos como piedras, podemos ver las cosas profundas de Dios.

Me recuerda el camino a Emaús cuando Jesús abrió las Escrituras y les enseñó, y como Él se había apartado de ellos después de revelarse a ellos, se vieron unos a otros y dijeron: “¿Acaso, no hizo que nuestros corazones” —¿qué?— “ardieran dentro de nosotros?” Oh, el corazón ardiente que viene cuando se abre la Palabra de Dios. Sólo dos tipos de personas hay en el mundo —dos tipos. Los ciegos que nunca verán, y los ciegos que están hechos para ver. Los que pasamos de las tinieblas a la luz, del reino de las tinieblas al reino del Hijo amado de Dios, los que, como dice Pablo, hemos salido a la luz del día, como dice Pedro, hemos salido a la luz del día.

Yo confío en que usted conoce a Cristo y que, si lo conoce, usted tiene hambre por saber que Su Palabra es enseñada por Su Espíritu. Se cuenta una historia maravillosa de una niña en Francia, y ella era ciega, y le dieron un Evangelio de Marcos en braille, y ella, con sus dedos, comenzó a leer ese Evangelio y llegó a conocer a Cristo y lo recibió como su Salvador. Y luego ese Evangelio se volvió infinitamente más precioso para ella, y lo leyó y leyó y leyó y leyó hasta que sus dedos desarrollaron tales callos que ya no podían sentir las letras.

Y en un deseo por satisfacer el hambre de su corazón, de leerlo de nuevo, ella se quitó la piel de las yemas de los dedos para poder descubrir un tejido más sensible y comenzar de nuevo a sentir. Al hacerlo, el médico dijo que se dañó los nervios y que nunca volvería a sentir con los dedos. Y así, con el corazón destrozado y lágrimas en los ojos, un día tomó la Biblia en braille y se la llevó a los labios como si fuera a darle un beso de despedida, solo para descubrir que sus labios estaban mucho más sensibles de lo que nunca habían estado sus dedos. Pasó el resto de sus días leyéndolo con sus labios.

¿Qué tan hambriento está tu corazón? ¿Estar en esa Palabra iluminado por el Espíritu residente de Dios? ¿Y qué hay acerca de aquel que es ciego y nunca verá? Sumergirse en la oscuridad eterna. Es un pensamiento trágico.

Todos ustedes han escuchado el nombre de Ethan Allen. La mayoría de ustedes cree que es dueño de una serie de tiendas de muebles, sin duda. Ethan Allen es un nombre muy conocido en la historia estadounidense. Él era un incrédulo. De hecho, Ethan Allen escribió un libro cuya intención era negar la deidad de Jesucristo. Él estaba en contra de Cristo con todo lo que había en él. Por extraño que parezca, su esposa era una cristiana devota que amaba a Cristo, y tenían una hija atrapada entre los dos.

La esposa, tan ferviente, tan contenta, tan devota a Jesucristo, murió, dejó a la hija con Ethan Allen. Esa niña frágil y sensible que atesoraba la memoria de su querida madre y la amaba mucho también respetaba y amaba a su padre y estaba atrapada en medio de determinar quién tenía razón. ¿Cristo o contra Cristo? Y luego, un día, para tristeza de todos los que la conocían y especialmente de su padre, ella contrajo la enfermedad de la tuberculosis y comenzó a consumirse. “La vista de ella”, escribe el biógrafo, “traería lágrimas al corazón más duro”.

Un día, su padre entró en la habitación, se sentó en la cama junto a ella, y le tomó la mano y ella lo miró a la cara y dijo: “Padre, sé que voy a morir”. Y el biógrafo escribe: “Oh, no, hija mía”, dijo, “no, la primavera está llegando y con los pájaros y las brisas y las flores, tus pálidas mejillas volverán a sonrojarse de salud”.

“No”, dijo ella, “el médico estuvo aquí hoy, y sentí que me acercaba a la tumba, y le pedí que me dijera claramente lo que tenía que esperar. Y le dije que era una gran cosa intercambiar mundos y que no deseaba ser engañada al respecto. Yo, si me iba a morir, necesitaba hacer los preparativos, y él me dijo que mi enfermedad no tenía tratamiento”.

Y luego ella le dijo a su padre: “Me enterrarías al lado de mamá”, porque esa fue su última petición. “Pero, padre, tú y mamá nunca han estado de acuerdo en la religión. Mi madre a menudo me hablaba del bendito Salvador que murió por todos nosotros, y solía orar por ti y por mí para que el Salvador pudiera ser nuestro Amigo, y para que todos pudiéramos verlo como nuestro Salvador cuando se siente entronizado en Su gloria”.

Los ojos de ella miraron, más bien de manera desesperada, los ojos de su padre, y dijo: “No siento que pueda ir sola a la muerte. Dime, papá, ¿a quién debo seguir? ¿A ti o mamá? ¿Rechazaré a Cristo como me has enseñado o lo aceptaré?” Bueno, Ethan Allen, por decirlo suavemente, estaba desconsolado, y había un corazón honesto en él, y en medio de sus lágrimas, casi ahogando lo que decía el biógrafo, dice: “Ese viejo soldado dijo: Hija mía, aférrate al Salvador de tu madre. Ella tenía razón, y yo también trataré de seguirte a ese bendito lugar”.

Y dijeron que una sonrisa serena se le extendió en el rostro, y ¿quién sabe, sino que hubo una reunión en el cielo de toda esa familia? La elección es de usted también. Usted puede escoger la luz, o puede escoger la oscuridad. Inclinémonos en oración.

Padre nuestro, te agradecemos porque la elección es clara, que si abrazamos al Señor Jesucristo, buscamos seguirlo, Él es la luz del mundo, y el que lo sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Somos llevados a una comprensión, a un entendimiento de la riqueza, de la profundidad, de la verdad, de la dimensión divina.

Padre, que no haya nadie en este lugar, que maldiga la luz, que busque las tinieblas, que vaya a las tinieblas más profundas para ser abandonado por Dios. Pero que todos los corazones sean corazones que buscan, maldiciendo las tinieblas, recibiendo mediante la instrumentación del bendito Espíritu Santo una luz más grande, siendo enseñados por Dios mismo. Gracias por esa gran promesa. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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