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Nuestro texto para esta mañana, conforme estudiamos juntos La Palabra de Dios es Mateo 16, versículos 24 al 28. Mateo 16, versículos 24 al 28.

“Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en Su Reino.”

Ahora, este pasaje se concentra en el núcleo del discipulado. Podríamos titularlo: “Ganar por perder, la paradoja del discipulado”. Y realmente, da un golpe frontal también a la tendencia moderna que veo en el cristianismo. Gran parte del cristianismo contemporáneo y de la vida en la Iglesia está inclinado a estar centrado en uno mismo, en un enfoque en el que la persona es el todo.

Hay muchas personas a quienes les gusta identificarse con Jesucristo. Les gusta llamarse a sí mismo cristianos y su perspectiva entera hacia el cristianismo es que están involucrados por lo que pueden obtener. El cristianismo, de alguna manera, ha sido redefinido como ‘obtén’. Y Jesús se ha convertido en un genio utilitario que debe hacer lo que nosotros queremos cuando frotamos la lámpara mágica.

Hay algunos entre los carismáticos, por ejemplo, que dicen que ‘Jesús está aquí para hacerte saludable, rico y feliz’. Y nos dicen que Jesús ‘quiere que estés bien’. O que Jesús te quiere rico. Y si no eres todas estas cosas, entonces no estás demandando tus derechos o no tienes suficiente fe para apropiarte de lo que es tuyo, porque el cristianismo ha sido diseñado para que tú obtengas todo lo que necesites y quieras.

E inclusive los fundamentalistas y evangélicos, a lo largo de los años, han sido culpables de propagar a Jesús que es ofrecido a los hombres como una solución para todo. ¿No te gustaría ser feliz? ¿No te gustaría tener una vida abundante? ¿No te gustaría tener paz? ¿No te gustaría que se resolvieran todos sus problemas? Él te va a hacer un mejor vendedor, un mejor atleta, etcétera, etcétera Y promovemos el ‘obtén’ sin el dar. La ganancia sin el dolor.

Y después, están las personas en sectas de autoestima y sectas de auto imagen. Y nos vienen a decir que Jesús vino para ayudarnos a que nuestra autoestima y nuestra imagen de nosotros mismos mejorara. Ellos se han vuelto presas del narcisismo, el amor personal de nuestra sociedad contemporánea.

Pero quiero decirle que, si usted ve el venir a Jesucristo como simplemente ‘obtener algo’, es prostituir la intención Divina. El venir a Jesucristo sí es recibir y seguir recibiendo para siempre. Pero hay dolor antes del ganar. Y hay una cruz antes de la corona. Y hay sufrimiento antes de la gloria. Y hay sacrificio antes de la recompensa. Y yo creo que eso es lo que nuestro Señor está enseñándonos en este pasaje crítico.

Somos llamados a ganar perdiendo. Ese es el corazón del discipulado. Somos llamados a rendirnos antes de que ganemos. Y no es que Jesús acaba de decir esto por primera vez. Ahí atrás en el capítulo 10, Él les había dicho a los mismos discípulos lo mismo con términos diferentes, pero la misma lección.

Por ejemplo, en el 10:37, Él dijo: “el que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí.” En otras palabras, necesitan estar dispuestos a dejar eso, a entregar eso. “El que ama a hijo o hija más que a Mí no es digno de Mí. Y el que no toma su cruz y viene en pos de Mí no es digno de Mí. El que haya su vida, la perderá y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.”

Pero no es sólo Mateo que registra este principio. También lo hace Marcos en el capítulo 10, versículo 21. Jesús está contemplando al joven rico que lo amaba y le dijo “una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres. Y entonces, tendrás tesoros en el cielo. Y ven, toma tu cruz y sígueme.” Encontramos lo mismo repetido por lo menos tres veces o cuatro veces en el Evangelio de Lucas. Lucas nos da la misma enseñanza de nuestro Señor. En el capítulo 14, versículo 25, grandes multitudes vinieron a Él y se volvió y les dijo “si alguno viene en pos de Mí y no aborrece a su padre, madre y esposa, hijos y hermanos y hermanas y sí, también su propia vida, no puede ser Mi discípulo. Y el que no toma su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser Mi discípulo.

Y Juan tampoco se queda atrás en esta lección crucial. Y entonces, oímos a nuestro Señor decir en Juan 12: “de cierto, de cierto os digo que a menos de que un grano de trigo caiga en tierra y muera, permanece solo. Pero si muere, trae mucho fruto. El que ama su vida, la perderá. Y el que aborrece su vida en este mundo, la hallará para vida eterna.”

Entonces, lo que usted tiene aquí en Mateo 16 es un principio repetido con frecuencia. Y únicamente le he presentado quizás la mitad de los lugares en los Evangelios en donde aparece, por no hablar de las múltiples veces que se vuelve a expresar por los escritores de las epístolas. Inclusive el apóstol Pablo, en el capítulo 14 de Hechos y el versículo 22 dice: “es necesario que con muchas tribulaciones entremos al Reino.”

Y como puede ver, éste era uno de los temas recurrentes de Jesús. Hay algunas cosas que nuestro Señor enseñó de manera especial. Algunas verdades que amó de manera especial y regresó una y otra y otra vez a ellas. Las vemos una y otra vez en las Escrituras. Y nunca entenderemos la salvación y nunca entenderemos el discipulado, a menos de que entendamos este principio que se repite con tanta frecuencia.

El principio es ganar al perder. Ahora, veamos el texto. Y quiero que veamos conforme se abre, el principio, después la paradoja, después la parousia y finalmente, la probada. En primer lugar, observe el principio como se expresa en el versículo 24. “Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame.” Ahora, esto no es nuevo para ellos. Le acabo de leer el capítulo 10 en donde Él les dijo eso. Y si usted va más atrás, ahí en Mateo, usted recordará que hay un pasaje en donde algunas personas que pretendían ser discípulos vinieron. Y Jesús les dijo ‘ustedes no vienen a Mí en los términos correctos. Las zorras tienen hoyos y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reposar Su cabeza’. Y vimos a partir de ese pasaje que ellos ya no lo siguieron. Él les ha hablado acerca del sacrificio del discipulado. Él ha hablado del costo del discipulado, Él ha hablado del dolor involucrado, y de las relaciones que serán afectadas, la hostilidad, el menosprecio, el rechazo, la disposición a sufrir.

Y aquí, Él lo reitera en esta esta ocasión a Sus discípulos. ¿Por qué lo hace si Él ya les ha enseñado esto antes? Porque le parece claro en este punto que de alguna manera no han entendido la lección. Una cosa es enseñar una lección y algo mas es haberla aprendido. Y en este punto, es aparente que no la han aprendido. Y le voy a demostrar por qué.

Ellos fueron criados en el concepto de la gloria del Mesías. Ellos esperaban que el Mesías viniera, que derrocara al yugo romano, que derrocara a los Herodes y estableciera el Reino con toda su gloria. Y ellos habían estado esperando a lo largo de mucho tiempo que eso sucediera. Y era muy difícil para ellos enfrentar el hecho de que Jesús no parecía estar haciendo eso. Y que inclusive, cuando se le dio la oportunidad de ser hecho Rey, Él la rechazó y huyó de un intento así. Y en lugar de que la gente cayera postrada a Sus pies, lo mal entendieron. En lugar de que los líderes, quienes eran los expertos mesiánicos dijeran “Este es”, lo odiaron y buscaban matarlo. Y no parecía que las cosas estaban saliendo como a ellos les habían dicho.

Pero conforme ellos pasaron estos dos años y medio con Jesús hasta este punto, Sus milagros no podían ser explicados de manera humana. Sus palabras no podían ser explicadas en términos humanos. Y ellos habían llegado finalmente, por la obra de Dios en sus corazones, a afirmar que a pesar de lo que ellos no veían que estaba sucediendo, que Él de hecho era el Mesías. Y entonces, estaban dispuestos a esperar hasta que sucediera. Pero si usted lee el versículo 16, usted ve la afirmación del punto espiritual en el que se encontraban. Pedro, hablando en referencia a todos ellos, hablando en consenso, dijo: “Tú eres el Cristo, el Mesías, el Hijo del Dios viviente.” Y eso es algo maravilloso. Que hubieran llegado a ese punto finalmente. Sabemos que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente, uno en esencia con Dios, el único Dios que vive. No un ídolo mudo, Tú eres el Mesías.”

Y en respuesta a eso Jesús dijo en el versículo 18: “Yo edificaré Mi Iglesia y las puertas del Hades,” lo cual es la muerte, simplemente es un término usado por los hebreos para referirse a la muerte, “y la muerte no lo contendrá.” Las puertas de la muerte. Si me quitan la vida, Yo resucitaré. Si les quitan sus vidas, ustedes resucitarán. Si hacen que mueran como mártires aquellos que están en la Iglesia, ellos resucitarán porque la muerte misma, por no decir nada de la vida, no puede contener el poder de la Iglesia.

Entonces, éste es un momento glorioso para ellos ahí en el camino polvoroso en Cesárea de Filipos. Y en la esquina noreste de Palestina, lejos de todos los problemas. Este es un gran momento para ellos porque ellos dicen: “Tú eres el Mesías” y Él dice: “Yo edificaré Mi Iglesia”. Y ellos pueden ver en estos términos lo que viene. Él va a continuar recolectando a Su pueblo redimido y las puertas del Hades no van a prevalecer.

Y después, Él da un paso más adelante y les dice en el versículo 19: “y no sólo eso, les voy a dar las llaves del Reino y les voy a dar la autoridad en la tierra para el Reino, el cual está en el cielo.” Literalmente dice en el griego, “lo que ustedes permitan en la tierra, ya habrá sido permitido en el cielo. Y lo que ustedes prohíban en la tierra, ya habrá sido prohibido en el cielo.” En otras palabras, van a actuar en nombre del cielo. Cuando ustedes dicen que algo es permitido, están de acuerdo con el cielo. Cuando ustedes dicen que algo es prohibido, están de acuerdo con el cielo. ¿Cómo? Porque el cielo está en el proceso de revelarse a sí mismo a ustedes.

De regreso en el versículo 17, “y no aprendieron esto por carne ni sangre, sino del Padre”. Y entonces, aquí ellos están descubriendo que el cielo va a estar revelando la Verdad y ellos van a estar actuando en nombre del cielo como la actualidad autoridad en la tierra. Y lo único que pueden ver es al Mesías en Su gloria y las puertas del infierno no prevaleciendo. Y a la gente siendo congregada y a ellos con autoridad y las llaves y ellos se ven a sí mismos como los héroes del Reino. Es un gran momento. Han esperado por mucho tiempo para llegar a este punto.

Y después, Jesús dice en el versículo 21 “por cierto, tengo que ir a Jerusalén para ser matado”. Y nunca han oído el resto de la declaración. Lo único que oyeron fue “matado” y Pedro lo tomó y comenzó a reprenderlo. Y le dice: “oye, Tú no estás en línea con el programa Mesiánico. Señor, ten compasión de Ti. En ninguna manera esto Te acontezca. Esto no puede ser”. Pero Él, volviéndose le dijo a Pedro: “quítate delante de mí, Satanás”. Como puede ver, Él reconoció al atacante. Pedro únicamente fue la herramienta. El atacante, el agresor, fue Satanás, quien había estado tratando de desviarlo de la cruz desde la primera tentación en el desierto, cuando trató de que Él se apoderara de los reinos del mundo y no llegará la cruz. Él sabía de dónde venía. Era lo mismo de siempre.

Y después, Él hace esta declaración tan importante al final del versículo 23: es una declaración categórica. En cierta manera, coloca este tipo de actitud en esta categoría. ‘Me eres tropiezo porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres’. ¿Y cómo piensan los hombres? Los hombres piensan en ganar sin dolor, en la corona sin la cruz, en la gloria sin el sufrimiento, en la recompensa sin el sacrificio. Esa es la manera en la que piensan los hombres. Y tú estás pensando como los hombres piensan, no como Dios.

Dios dice: la ganancia viene a través del dolor y la gloria viene a través del sufrimiento. Así debe ser. No hay otra manera. Porque no puedes colocar a Dios encarnado en el Hijo vivo en los corazones de Su pueblo en medio de una sociedad anti Dios sin que haya algo de sufrimiento, algo de menosprecio, sin hostilidad. Esa es la razón por la que 2 Timoteo 3:12 él dice: “todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. Y él le dice a Pedro: “tú no entiendes la manera de pensar de Dios. Tú colocas la santidad en medio de una sociedad impía y debe haber una reacción”.

Y entonces, debido la categoría al final del versículo 23 viene la enseñanza en el versículo 24. Y comienza con la palabra ‘entonces’. Y el entonces significa en ese momento. Él dice tengo que enderezar esto. Y en ese momento, les dice a los discípulos y los otros Evangelios nos dicen que había una multitud también que se había congregado y dice ‘miren, regresemos a la primera lección cuando los llamé y les dije que dejaran todo, sus redes, su familia, su estilo de vida, su hogar y que vinieran y me siguieran y que Yo los haría pescadores de hombres. Regresemos a ese abandono original de todo para seguirme y permítanme recordarles que, si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. No hay ganancia sin dolor. Ahora, ¿qué quiere decir ‘si alguno quiere venir en pos de Mí’? Básicamente esto: si quiere ser cristiano. Si quiere seguir a Jesús. Si quiere ser un discípulo. Si quiere venir a Cristo, es una palabra evangelística aquí.

Usted dice: “bueno, entonces, ¿por qué se las está presentando a los discípulos?” Bueno, el enfoque evangelístico es para la multitud. Pero también tiene un mensaje tremendo para los discípulos porque es fácil para nosotros habiendo entendido que el compromiso total con el Señorío de Jesucristo y la sumisión a Él cuando entramos, eventualmente, tratar de retomar algunos de nuestros propios derechos. ¿Ha notado eso usted? ¿Y seguir nuestra propia voluntad y hacer lo que queremos y evitar el menosprecio y evitar la hostilidad y evitar la persecución y evitar la intimidación? Simplemente, al cerrarnos. Y realmente, no representar a Cristo en el mundo o al no entender que esto debe suceder.

Entonces, Él dice, en primer lugar, esta no sólo es una palabra para aquellos que necesitan saber cómo venir a Cristo para empezar, sino que también es una palabra para aquellos que habiendo venido, pueden haber olvidado lo que dijeron cuando llegaron al principio. Entonces, si usted viene a seguir a Jesucristo, usted viene en Sus términos. Y los discípulos, como nosotros, necesitaban una reafirmación de estos términos. Usted sabe, algunos cristianos, hombre, algo sale mal en su vida y sufren por aquí y por allá. Y algunas personas, comienzan como a desintegrarse diciendo ‘oye, ¿qué? ¿Dios me está abandonando?’ No es así.

Ahora, ¿cómo vino usted a Cristo? ¿Cómo debe ser la actitud de una persona? En la transacción salvadora, conforme una persona viene a Cristo, ¿con qué actitud debe venir? Aquí está. Tres cosas: negación personal, llevar la cruz y obediencia leal.

Versículo 24, vea la primera: negación personal. Niéguese a sí mismo. Niéguese a sí mismo. Ahora, ahí es donde todo comienza. Ahora, la palabra niéguese significa desposeer. Que se desposea a sí mismo. Podría ser traducida que se rehúse a tener alguna asociación o compañerismo consigo mismo.

Ahora, usted dice que eso es difícil. Es difícil rehusarme a tener compañerismo conmigo mismo porque siempre estoy aquí cuando yo estoy. Y entiendo eso. Ahora, Él no sólo está hablando de su conciencia de usted mismo. Él está hablando de usted mismo en términos que eso equivale a la carne.

En otras palabras, usted tiene que llegar al punto en el que usted niega que usted tiene la capacidad de salvarse a sí mismo o que usted por sí mismo tiene la capacidad de ser lo que Dios quiere que sea. O francamente, que usted tiene la capacidad en usted mismo de ser algo bueno en absoluto. Usted tiene que negar eso. Para venir a Jesucristo, tiene que afirmar que, en su carne, Romanos 7:18, no mora nada bueno. Usted no puede agradar a Dios en la carne. Usted no puede redimirse a sí mismo en la carne. No puede hablar de nada delante de Dios en la carne. Es una perspectiva de negación personal que dice no soy nada. No puedo contribuir en nada a mi dignidad. Y no puedo contribuir en nada a mi redención.

Y la secta de autoestima que anda por todos lados diciendo que tenemos que elevar la autoestima de la gente, los lleva al lugar opuesto que el mensaje de la Biblia presenta, porque entre más se ame usted a sí mismo, menos probable es que usted vaya a necesitar un Salvador. Es como Pedro que negó a Jesucristo y dijo ‘yo no conozco al hombre’. Y así debe decir usted acerca de usted mismo. Yo me desposeo de mí mismo de manera total. Ese es el primer elemento esencial en la vida cristiana. Esa es la manera en la que usted viene a Cristo y esa es la manera en la que vivimos. Continuamos negando la expresión de la carne. Y como puede ver, el corazón debe ver en sí mismo el pecado. El corazón debe ver en sí mismo condenación. El corazón debe verse a sí mismo juzgado, condenado, al infierno y saber que en sí mismo no puede hacer nada para cambiar eso. Y en desesperación, busca a alguien que lo rescate fuera de sí mismo. Y esa persona que lo rescata es Jesucristo.

Entonces, usted es hecho a un lado. Y Cristo entra. Y entonces, ‘con Cristo estoy juntamente crucificado más no vivo yo, sino vive Cristo en mí’. Es sujetarse a uno mismo a los recursos, sujetarse uno mismo al señorío de Jesucristo en un rechazo total de autosuficiencia.

Y voy a regresar de nuevo a la palabra del apóstol Pablo, la cual estudiamos en nuestra serie acerca de la adoración en donde dice: ‘nosotros somos los que adoramos a Dios en el Espíritu. Nos regocijamos en Cristo Jesús y no confiamos en la carne’. Ese es el mensaje duro. Usted viene a Cristo, usted viene en Sus términos. ¿Y cuáles son Sus términos? Negarse a sí mismo. Él dijo esto.

Como un recordatorio, regrese al quinto capítulo de Mateo y permítame darle esta palabra de Jesús. El primer sermón que jamás predicó. Es el sermón más grande acerca de la salvación jamás predicado, el Sermón del Monte. Y Él presenta la actitud correcta para aquellos que van a entrar al Reino en el versículo 3. Bienaventurados los pobres en Espíritu. Porque de ellos es el Reino. El cimiento de toda virtud ser pobre en Espíritu. Esto es internamente ser pobres. ¿Qué tan pobre? Ptochos en el griego. ¿Qué tan pobre es eso? Tan pobre que tiene que mendigar. Tan pobre que no tiene nada, no puede ganarse la vida, no puede ganársela de ninguna manera. Tiene que pedirla, rogar, implorar por ella. Usted está en una posición de privación. No tiene manera alguna, está humillado por su condición miserable. Y se sienta, por así decirlo, como un mendigo clamando para que alguien le dé algo. Es así de pobre. No tiene nada.

Y entonces, el Señor dice: “aquellos que vienen a Mi Reino no son aquellos que se creen que son a alguien, sino aquellos que saben que no son nadie y no tienen ningún recurso”. Hasta que nosotros sepamos lo condenamos que estamos, nunca valoraremos lo preciado que es Su perdón. Hasta que sepamos lo pobres que somos, nunca podremos conocer lo grande que son Sus riquezas. Y es a partir de ese cadáver que viene la miel. Es a partir de nuestra condición de muerte que nace la vida. Y el término tiene que ver con pobreza total. Y esa es la razón por la que como leímos en esta mañana, el salmista dijo: “Jehová, el Señor, está acerca de aquellos que están quebrantados de corazón, aquellos que están contritos o aplastados en su Espíritu”. No tienen recursos.

Sólo la gente desesperada viene a Dios. Y publicano y el fariseo en Lucas 18 fueron al templo. Y el fariseo dice: “Te doy gracias porque no soy como los otros hombres ni como este publicano. Y yo doy diezmos y ayuno y hago todo esto”. Él tenía una buena imagen de sí mismo. Y después, ahí en la esquina está este hombre que está allí como muerto en el piso, él ni siquiera mira hacia arriba y se está golpeando el pecho y diciendo: ‘oh Dios, sé propicio a mí, pecador’. Ni siquiera mira hacia arriba. Y Jesús dice que ese hombre se fue a casa justificado antes que el otro.

Como puede ver, usted viene en estos términos, cuando se le han acabado los recursos. Cuando usted sabe que no puede hacer nada acerca de su pecado. Cuando usted está en bancarrota en su Espíritu. Y, por cierto, esa fue la intención de todo el Antiguo Testamento. La ley entera de Dios en el Antiguo Testamento es mostrarles a los hombres lo imposible que es que ellos se puedan salvar por sí mismos. Lo irreconciliables que son con Dios. Lo imposible que es que sean redimidos. Entonces, cuando Dios viene en Cristo, todo es por gracia para el pecador desesperado, quien, en sí mismo, no puede hacer nada. Y esa es la misma palabra reiterada por Jesús a lo largo del Sermón del Monte.

Por cierto, los pobres en espíritu también lloran en el versículo 4. ¿Por qué? Porque están tristes por su condición y son mansos, en el versículo 5, humillados. Nada bueno hay ellos. Y tienen hambre y sed por algo que no pueden obtener porque no está dentro de su alcance, pero saben que deben obtenerlo. Y entonces, son totalmente dependientes en el que da vida.

En primer lugar, entonces, usted viene a Cristo negándose a sí mismo. Y esto significa que usted viene a Cristo en Sus términos, no en los suyos. El pecador orgulloso quiere a Cristo y su placer. Cristo y su avaricia, Cristo y su inmoralidad. Pero usted no lo recibe en estos términos. Y después, una vez que usted viene a Cristo, Jesús está diciendo aquí que se convierte en un estilo de vida el negarse a sí mismo. Una manera de vivir feliz, ¿no es cierto? Porque no estoy feliz cuando yo actúo, estoy feliz cuando el Espíritu de Dios actúa en mí. El gozo viene a mí en la obediencia, en la santidad.

Arthur Pink dijo, y cito: “el crecimiento en la gracia es crecimiento hacia abajo. Es el formar una estima baja de nosotros mismos, es un reconocimiento que se profundiza de que no somos nada. Es un reconocimiento de todo corazón de que no somos dignos de la más pequeña de las misericordias de Dios”. Fin de la cita.

Tenemos que hacer morir nuestros miembros que están en la tierra. Tenemos que despojarnos, dice Efesios 4:22, del viejo hombre, corrompido por la lascivia. Entonces, la negación personal es la manera en la que entramos y se convierte en el patrón de vida. Le decimos no a nosotros mismos y decimos sí al Espíritu de Dios.

¿Qué significa vivir una vida de negación personal, de morir a nosotros mismos? ¿Qué es lo que significa eso realmente? ¿Alguna vez ha pensado en eso? Piense en ello de esta manera: cuando usted es descuidado, no perdonado o cuando de manera deliberada, es hecho a un lado y a usted le duele el insulto de ese descuido, pero su corazón está feliz, el ser contado dignos de sufrir por Cristo, eso es morir a usted mismo. Cuando se habla mal de su bien, cuando sus deseos son interrumpidos y su concejo no es considerado y sus opiniones son ridiculizadas y usted se rehúsa a dejar que el enojo brote en su corazón o inclusive defenderse a sí mismo y usted lo recibe todo de manera paciente, en silencio amoroso, usted está muriendo a sí mismo.

Y cuando usted, de manera amorosa y paciente soporta cualquier desgracia, cualquier irregularidad, cualquier molestia, cuando usted puede estar cara a cara con la insensatez y la extravagancia y la insensibilidad espiritual y lo soporta como Jesús lo soportó, eso es morir a usted mismo.

Cuando usted está satisfecho con cualquier comida, cualquier dinero, cualquier ropa, cualquier clima, cualquier sociedad, cualquier soledad, cualquier interrupción por parte de la voluntad de Dios, eso es morir a usted mismo. Y cuando a usted no le importa en lo más mismo referirse a usted mismo en la conversación o registrar sus buenas obras o tiene comezón porque lo feliciten. Y cuando usted verdaderamente quiere ser un desconocido, esto es morir a usted mismo.

Cuando usted ve a su hermano prosperar y sus necesidades son satisfechas de manera maravillosa. Y honestamente puede regocijarse con él en espíritu y no sentir envidia y nunca cuestionar a Dios, aunque las necesidades que usted tiene son más grandes y todavía no han sido satisfechas, eso es morir a usted mismo. Y cuando usted puede recibir corrección y reprensión de alguien que es de menor estatura que usted mismo y admitir humildemente, interna como externamente, que él está bien y no encuentra resentimiento ni rebelión en su corazón, eso es morir a usted mismo. ¿Ya murió?

Hay un segundo elemento aquí: tome su cruz. Él dice morir a usted mismo es una cosa, tomar la cruz es otra. ¿Qué significa eso? ¡Oh, he oído cosas tan místicas acerca de esto! Y después, he oído que la cruz es todo tipo de cosas, todo el mundo, desde su suegra hasta su esposa o un vecino imprudente. ¿Qué es la cruz? ¿Qué significa tomar su cruz? Muy simple. Digo, ni siquiera es un problema de erudición aquí. Es muy simple. Es la disposición a soportar persecución, rechazo, menosprecio, vergüenza, sufrimiento, inclusive martirio por Su causa. Eso es todo.

Usted no tiene que adoptar una postura mística acerca de la cruz de Jesucristo. Los discípulos no están pensando en esto. Él todavía no ha muerto. Ellos ni siquiera saben - ¿están listos para esto? - que Él va a morir en una cruz. Él no ha dicho eso todavía. Todo lo que dijo en el versículo 21 es que va a ser matado. Eso es todo.

Entonces, no están teniendo un entendimiento místico de la cruz de Jesucristo. Lo que están pensando ahí en el camino polvoriento en Cesárea de Filipos, ahí en esa planicie, en donde las brisas frías soplaban y podían ver el área de Galilea, lo que están pensando en esa época, en ese día, hace 2000 años atrás cuando Él dice ‘tome su cruz’. Le voy a decir lo que está pensando. Habían sido crucificados cien hombres en esa área. No mucho tiempo antes de este mismo suceso, unos 120 años antes y a partir de una revuelta que siguió a la muerte de Herodes el grande, el procónsul romano Varo, crucificó a 2000 judíos. La crucifixión era algo común en el Imperio Romano. Algo común en la parte media de Asia. Algo común en Egipto. Algo común en Italia. Ellos habían visto muchas crucifixiones. Ahora, cuando Él dijo ‘tome su cruz’, ¿sabe lo que ellos vieron? Ellos vieron a estas almas pobres, condenadas, tristes, marchando ahí a lo largo del camino, por lo menos la parte transversal, la viga transversal amarrada a su espalda. Y eso es en lo que pensaron.

Para ellos la cruz significaba que estabas caminando a la muerte. Que estabas moviéndote hacia tu martirio. Eso es lo que significaba. Y eso es lo que el Señor está diciendo. Deben percibir el seguirme a Mí como colocarse el instrumento de su propia ejecución. Porque el mundo, los va a aislar. No todos ustedes van a morir. No todos los doce murieron como mártires, pero muchos de ellos murieron así. Pero van a llevar el menosprecio y van a ser ridiculizados si viven para Cristo. Esto es lo que quiere decir 2 Timoteo 3. Sufrirán persecución. Entonces, esto es lo que él está diciendo.

Eso significa que cuando usted viene a Jesucristo, usted está dispuesto a sufrir las indignidades de un criminal condenado en el servicio a Cristo. Si usted es llamado a eso. Ahora, en nuestra sociedad y en nuestro día, no se ve de una manera tan obvia para nosotros. Digo, no estamos siendo martirizados por Cristo, pero todavía hay un menosprecio que llevar. Y si seguimos a Jesucristo en una devoción total a Él, vamos a provocar una reacción en nuestro alrededor. La negación personal significa que voy a seguir a Jesucristo, me voy a identificar con Él, voy a nombrar Su nombre hasta el punto de la muerte.

Y la mayoría de nosotros diríamos: ‘¡hombre, si yo llegara a ese punto, no creo que podría soportarlo!’ Pero si usted llegara a ese punto, dice la Biblia en 1 Pedro 4 que el Espíritu de gracia y gloria reposaría sobre usted. Y usted tendría un sentido tan abrumador de que Dios le está dando gracia por Su Espíritu bendito que se encontraría usted en el medio de su muerte con gran gozo. Gran gozo.

Como puede ver, aquellos que vienen a Jesucristo, vienen en Sus términos. Usted no nada más firma ahí en la línea. Usted no nada más levanta la mano. Usted llega al final de usted mismo y usted está tan enamorado y tan deseoso del regalo preciado de la salvación que Él le ofrece a usted que usted sacrificará inclusive su vida. Y después de que usted ha recibido ese regalo, ese don, ¿no es interesante cómo nos retraemos de ese compromiso original? Esa es la razón por la que Él les está recordando a los discípulos, como también instruyendo a la multitud.

Como puede ver, ahí atrás en el capítulo 10, versículo 24, Él les dijo a los discípulos: “¿ya se les olvido que un discípulo es como su maestro y un siervo como su Señor? Y ustedes van a ser como Yo y van a ser tratados como Yo.” Y Él les dijo: “ustedes van a ser perseguidos”. Él les dijo, de hecho, ahí en el capítulo 10, “no vine a traer paz, sino,” ¿Qué?, “espada.” A poner en enemistad al hombre con los de su propia familia, su propia casa. Y Él les explica todo eso. Hay hostilidad. Así debe estar cuando la piedad invade la impiedad.

Sin embargo, hay una ambivalencia maravillosa porque mientras que por un lado somos una reprensión y llevamos el vituperio en el mundo, al mismo tiempo hay un atractivo increíble en nosotros, ¿no es cierto? Pero eso está reservado para otro pasaje.

El énfasis aquí es en el vituperio. Y la cruz es el sufrimiento que es nuestro debido a una conexión fiel con Jesucristo. El pensamiento aquí es magnífico, es magnífico. Es como si usted pudiera ver a Jesucristo caminando ahí, hacia la cruz, en la Vía Dolorosa, moviéndose hacia Su ejecución, cargando en Su espalda la cruz, en la cual Él va a llevar los pecados de todo el mundo. Y ahí lo siguen millones de personas, todos con sus cruces, dispuestos a llevar su reprensión. Es una escena gloriosa.

No, usted no es llamado a Cristo para obtener todas las cosas buenas. Usted es llamado a Cristo para abandonarse a sí mismo en servicio a Él. Esa es la esencia de las epístolas. Es esta cruz lo que caracteriza al verdadero discípulo. Usted sabe, si usted quiere una buena prueba para separar el trigo de la cizaña, las cizañas son las que no están dispuestas a sufrir el menosprecio por Cristo. Ellos no pagarán el precio.

Por cierto, Lucas añade una palabra maravillosa aquí. Lucas no sólo dice tome su cruz, Lucas dice que tome su cruz cada día… Cada día… Cada día. Es un modo de vida para nosotros. El escritor del himno dijo: “¿acaso Jesús debe llevar la cruz sólo y todo el mundo irse libre? No. Hay una cruz para todos. Hay una cruz para mí, la cruz consagrada yo llevaré hasta que la muerte me libere. Y después, me iré a casa, para usar mi corona, porque hay una corona para mí.” Eso es lo que nuestro Señor está enseñando aquí.

El tercer ingrediente en el principio del discipulado es obediencia leal. “Y sígame… Y sígame.” El texto literalmente dice ‘que me esté siguiendo’. Es una manera de vivir. Es una sumisión al Señorío de Jesucristo que se convierte en un modelo de vida. Inclusive se puede relacionar con la palabra imitar. Si decimos que pertenecemos a Jesús, 1 Juan 2:6, debemos andar como Él anduvo, debemos colocar nuestros pies en Sus huellas. Debemos ser leales a la voluntad divina. Y eso es lo que nuestro Señor quiso decir en Mateo 7 cuando dijo: “no es todo el que dice ‘Señor, Señor el que entra a Mi Reino, sino el que hace la voluntad de Mi Padre.”

Y entonces, el verdadero discípulo se caracteriza por una negación de sí mismo, por llevar la cruz y por obediencia leal. Si vosotros, Juan 8:31 dice, permaneciereis en Mi Palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos. Es un patrón de vida. Si usted se va a ir de viaje, lo primero que va a hacer es decir adiós. Va a llevarse sus maletas. En segundo lugar, proceder a irse en su viaje. Lo mismo aquí. Usted le dice adiós a usted mismo, y lleva a su cruz, su carga y sigue en obediencia leal. Así es como usted entra al camino hacia Dios a través de Cristo.

Ahora, eso nos lleva a la paradoja en los siguientes dos versículos. Y esto simplemente es una ilustración y expande el principio. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá. Y todo el que pierda vida por causa de Mí, la hallará. Ahora, ese es un mensaje simple en ese versículo. Muy simple.

Entonces, usted pregunta qué está diciendo. Muy simple. El que vive sólo para salvar su vida física, terrenal, todo aquel que vive para preservar su comodidad y buscar satisfacer sus deseos personales, va a perder su alma eterna espiritual. Pero todo aquel que está dispuesto a entregar su vida física terrenal, negarse a sí mismo, llevar la cruz, seguir en obediencia al Señorío de Cristo, va a salvar su alma eterna espiritual.

En otras palabras, usted tiene una opción. Usted puede ir por lo que quiera ahora y perderlo para siempre. O puede entregarlo ahora y ganarlo para siempre. Ése es el punto. Por cierto, la palabra ‘vida’ aquí es la misma que ‘alma’ y la misma que ‘mismo’. Es la misma idea. Los términos pueden ser diferentes, la idea es la misma. Está hablando acerca de usted mismo, de su vida, de su alma, la parte interna de usted, el verdadero usted. Usted pasa toda su vida buscando el oro aquí y usted perderá todo para siempre… Para siempre.

Hay una disposición por pagar el precio que puede significar martirio, puede significar una muerte de sacrificio personal abnegado como en el caso de Pablo. Puede significar enfermedad como en el caso de Epafrodito. Puede significar muchas cosas. En nuestros días, no es probable que sea una especie de martirio, pero si una persona verdaderamente sigue a Jesucristo, que abandona su propia seguridad, su propia búsqueda de satisfacción personal egoísta, su materialismo y sigue a Jesucristo, quizás tenga que dejar algunas cosas en esta vida.

Por otro lado, el Señor quizás derrame otras cosas sobre él. No es que usted tiene que dejarlo todo. Es que tiene que estar dispuesto a hacer eso. Me acuerdo de la historia de un hombre en el sur, en un lugar en donde tenían unos esclavos de color. Y estaba ahí este hombre de color, quien siempre estaba contento y emocionado, positivo y cantando. Y no importa lo que usted le dijera, él nunca cambiaba.

Entonces, su amo vino y le preguntó una vez qué tenía. Y le dijo: ‘bueno, yo amo al Señor Jesucristo y Él pone una canción en mi corazón. Él ha perdonado mi pecado’. Y el hombre dijo: ‘quiero lo que tú tienes’. Y él le dijo: ‘muy bien, entonces póngase su traje blanco de domingo y venga aquí y trabaje en el lodo con nosotros y usted no puede recibir’. Y él contestó que no haría eso. Y se fue.

Y él regresó poco tiempo después y de nuevo, estaba asustado por la vida de este hombre. Y le preguntó qué tenía que hacer para tenerlo. Y él le respondió: ‘usted póngase su traje blanco de domingo y venga aquí y trabaje en el lodo con nosotros y puede recibirlo’. Y se volvió a ir. Una semana después, él regresó por tercera vez y le dijo: ‘mira, escucha, quiero que me lo digas tal cual es. ¿Qué tengo que hacer para ganar lo que tú tienes?’ Y le respondió: ‘yo le dije lo que usted tiene que hacer’. Y el hombre, en su desesperación, le dijo: ‘lo haré’. Y el esclavo le dijo: ‘entonces, usted no lo tiene que hacer’.

No estoy diciendo Dios va a hacer de usted un mártir. Yo estoy diciendo que, si usted va a venir a Jesucristo en Sus términos, debe estar dispuesto a hacerlo. Eso es lo que dice. Debe estar dispuesto a perder su vida en Su causa fuera del mundo para ganar la eternidad en vez de tratar de pasar su vida tratando de obtener todo lo que usted quiere aquí y perderla para siempre.

El versículo 26 fortalece la paradoja que confirma el principio. Porque qué aprovechará el hombre, o literalmente qué utilidad tiene para el hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma. Y aquí está la hipérbole definitiva. Digamos que el hombre gana el mundo entero. Digo, él gana todo; él es dueño del mundo y todo lo que hay en él y pierde su alma. ¿Qué es lo que tiene? No tiene nada. Digo, ¿qué es un hombre muerto que es dueño de todo? Nada. Es un hombre muerto. Y peor, un hombre eternamente muerto.

U, otra manera de verlo, versículo 26, ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Digamos que él era dueño del mundo entero, ¿podría comprar su alma con lo que posee? No. Como puede ver, si usted va a entregar su vida en este mundo, usted va a estar en bancarrota para siempre. Pero si usted abandona su vida y se la entrega a Jesucristo, usted será rico para siempre. Y Él simplemente puede escoger el entregar o derramar riquezas en esta vida también.

Y eso nos lleva a parousia, es la palabra para venida. La utilizamos para hablar de la segunda venida y eso es de lo que habla el artículo 27, “porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus ángeles. Y entonces, pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Y lo que Él está diciendo es ‘mira, más vale que decidas, que tomes esa decisión porque viene un día en el que vas a rendir cuentas. Hay un día cuando el Juez va a venir’. Y usted recuerda que Juan 5 dice que el Padre ha encomendado todo juicio al Hijo y Él va a venir a juzgar y Él va a venir en la gloria radiante plena de Dios Padre, manifestando y revelando esta gloria definitiva, junto con los ángeles que son los instrumentos de juicio.

Y después, Él dará a cada uno conforme a sus obras. Y no es una salvación de obras. Pero seremos recompensados y seremos juzgados en base a lo que hacemos, porque lo que hacemos, revelará lo que somos. Esta es la parousia, la venida, la aparición.

El Hijo del Hombre vendrá. Y, por cierto, ese “vendrá” no es un simple tiempo futuro, es más fuerte que eso. Significa que está a punto de venir. Más vale que se prepare, porque está cerca. Y esa es la primera indicación de la segunda venida en el Antiguo Testamento.

Entonces, hombre, están aprendiendo mucho este día… Mucho. Pero Él viene en la gloria de Su Padre. Él viene con Sus ángeles santos, los instrumentos de servicio y juicio. Y Él va a dar a todo hombre, nadie escapará, en la rendición de cuentas final, Él va a dar a toda vida individual según cómo vivió esa vida. Ese es el día en el que rendiremos cuentas. Y Dios verá las obras y dirá: ‘ahí hay un creyente, puedo verlo por sus obras. Ese es el producto del Espíritu. Ahí hay un incrédulo y puedo verlo por sus obras, son el producto de la carne.’ Tal como Romanos 2, Él juzga por obras. Ése es el criterio objetivo mediante el cual Él puede evaluar la realidad subjetiva de la vida. Este es un juicio doble.

Y creo que aquí es general, no es específico. Es general. Lucas enfatiza la vergüenza que habrá ahí. Y Lucas parece enfatizar en ese punto en particular el juicio sobre los impíos. Pero usted puede ver en esto el juicio general de todos nosotros. Por ejemplo, los impíos van a venir y van a ser juzgados según sus obras y serán enviados al infierno. Y usted y yo, cuando Jesús regrese, también vamos a recibir un juicio. Y seremos recompensados según nuestras obras. Y recibiremos coronas si hemos sido fieles.

Y entonces, estamos todos metidos en esto. Y entonces, Él les está diciendo a la multitud ‘más vale que vengan a Cristo,’ en esencia. ‘Más vale que entreguen en su vida, tomen su cruz y me sigan, porque viene un día cuando si ustedes no lo hacen, serán juzgados’.

Y Él está diciendo a los discípulos: ‘más vale que sean fieles en seguir el camino de negación personal, llevar la cruz y la obediencia leal, porque viene un momento en el que serán recompensados. Hay una corona de mártir también, ¿no es cierto? Y entonces, vemos el juicio.

Ahora, alguien podría decir: “bueno, ¿cómo sabemos que eso sucederá? ¿Cómo puedo creer que vas a venir en la gloria? No hemos visto ninguna gloria’. Usted podría imaginarse a los discípulos diciendo ‘hombre, esto se está poniendo más deprimente cada día. No hay Reino. No hay nada. Ahora, Él va a morir y no sólo va a morir, vamos a morir. Digo, vamos al Reino.’ Y Jacobo y Juan mandaron a su mamá, ‘oye, queremos estar a la derecha y la izquierda cuando esto se eche a andar’.

Pero ahora, esto se está volviendo muy deprimente. Y ahora están diciendo, el Señor está diciendo ‘bueno, viene un día de gloria’. Sí, viene un día cuando el Hijo del Hombre vendrá en la gloria y Su Reino con Él. Es un día glorioso. Y va a dar a todo hombre y todo va a ser equilibrado, todo juicio se va a llevar a cabo. Viene un gran día de gloria. Y usted puede verlos diciendo: ‘hombre, ¿cómo sabemos que eso va suceder? No hemos visto un vistazo de eso’.

Y eso nos lleva al versículo 28, la probada. Y Él les dice: ‘les voy a dar una probada. Les voy a dar una probada de la segunda venida. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que no hayan visto al Hijo del Hombre venir en Su Reino.’ Alguien dice: ‘hombre, debe haber algunas personas ya de edad ahí. ¿Es eso lo que está diciendo? ¿Qué es esto? ¿Qué quieres decir con que no morirán hasta que no vean al Hijo del Hombre? Esta es la probada. Si usted quiere saber lo que significa, regrese la próxima semana. Esta es una probada de la probada. Ellos entendieron el mensaje. Ellos lo vieron y ellos supieron y lo vieron. Y Pedro escribe en su epístola “yo fui un testigo ocular de Su majestad”. Él lo vio. Y usted también lo puede ver, si regresa.

Ahora escuche. El hombre que de manera egoísta abraza la vida para sí mismo, cuya preocupación abrumadora es la comodidad y la seguridad y las riquezas y la prosperidad y satisfacer sus deseos personales, ese hombre, sin importar lo prospero que pueda parecer, es un pordiosero eterno. El hombre que entrega su vida para Cristo, el hombre que se abandona a sí mismo, se puede volver un mendigo, se puede volver un mártir, pero él será un príncipe con Dios para siempre. Eso es lo que está diciendo. Y sólo un necio lucha con este tipo de alternativa. Pero tal como aquellos que vivían en la época de Jeremías, hay algunos que dejan la fuente de agua viva y lo que hacen es que diseñan cisternas rotas que no pueden contener agua en absoluto. Inclinémonos en oración.

Señor Santo y alto, manso y humilde, ayúdanos a aprender la paradoja que el camino hacia abajo es el camino hacia arriba. Que ser humilde es ser exaltado, que el corazón quebrantado es el corazón sanado, que el espíritu aplastado es el espíritu que se regocija, que el alma que se arrepiente es el alma victoriosa, que el no tener nada es realmente poseerlo todo. Que llevar la cruz es llevar la corona, que dar es recibir.

Señor, nosotros sabemos que no podemos ver las estrellas en el día, pero están ahí. Pero cuando viene la noche, ellas brillan intensamente. Ayúdanos a encontrar Tu luz en nuestra oscuridad, Tu gozo en nuestra tristeza, Tu gracia en nuestro pecado, Tus riquezas en nuestra pobreza y Tu vida en nuestra muerte. Que seamos crucificados para que vivamos, pero no nosotros, sino Cristo.

Oramos por aquellos que no Te conocen en el día de hoy, para que ellos abran sus corazones, para que ellos le digan ‘no’ al mundo pasajero y ‘sí’ a la vida eterna, que ellos nunca piensen en comprar su alma con la ganancia terrenal o con la utilidad terrenal si fueran a ganar el mundo entero y perder su alma.

Y Padre, por aquellos que son cristianos, ayúdanos a saber que ésta es la manera en la que llegamos a Ti, privados de todo, desesperados, sin recursos, rogando, llorando, mansos, con hambre. Y nosotros afirmamos Tu Señorío en esos días y dijimos que nos comprometeríamos con una obediencia leal a cualquier precio, a costa de lo que fuera, tan hambrientos estábamos de salvación. Que seamos fieles a ese compromiso. Y que, con gusto, como Moisés, estemos dispuestos a llevar el vituperio de Cristo en lugar de los placeres del pecado y los tesoros de Egipto.

Padre, ayúdanos a ser discípulos fieles, negándonos a nosotros mismos, llevando la cruz, siendo obedientes de manera leal hasta que veamos a Jesús cara a cara para recibir la corona dada a aquellos que llevaron la cruz. Una corona que será arrojada a Sus pies benditos. Te damos gracias porque Él viene y lo sabemos, porque Él nos dio una probada de la gloria de Su segunda venida. Y tenemos esperanza.

 

 

 

 

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