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Abra su Biblia, si es tan amable, al capítulo 18 de Mateo. Llegamos, en nuestro estudio continuo de este evangelio maravilloso de Mateo a una porción crucial, muy incisiva, informativa de la Palabra de Dios. Una con la cual está usted quizás familiarizado como yo lo he estado por muchos años, sin embargo, hemos encontrado mucha más riqueza en tan sólo el estudio de los últimos días.

Permítame leerle nuestro texto para esta mañana. Mateo 18, versículos 15 al 20. Comenzando en el versículo 15: Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Ahora, este pasaje trata con la disciplina de un cristiano que está pecando, un hermano o hermana que están pecando. Es, por lo tanto, un texto muy, muy importante, y uno al que debemos prestar atención. Es la palabra misma de nuestro Señor. Demanda nuestra respuesta. A lo largo de los años en Grace, siempre hemos creído con mucha firmeza en la pureza de la iglesia. Siempre hemos creído con mucha firmeza en la santidad del pueblo redimido por Dios. Se nos ha reforzado esto recientemente en nuestro estudio de Romanos 6, habiendo sido redimidos para la santidad. Salvados para santificación. La pureza de vida es la meta que Dios tiene al traernos a sí mismo. Usted no puede leer la Escritura, Antiguo o Nuevo Testamento, sin quedar convencido de manera abrumadora de que Dios busca la santidad de Su pueblo, que Dios no está contento con la desobediencia de ningún tipo. Pedro lo resume de manera tan maravillosa en 1 Pedro 1:16, en donde dice: “Sed santos porque yo soy santo”. Ese es el deseo de Dios para Su pueblo.

Ahora, desde el comienzo de mi ministerio aquí estaba consciente de eso. Y me esforcé en mi propio corazón, y en esos años conforme a lo mejor que entendía la Palabra de Dios, y no la entendía tan bien como ahora, pero me esforcé en esos años por comprometerme con el Señor e hice esto de rodillas delante de Él, que, si encontraba que si algo era verdad en la Biblia, haría todo lo que pudiera dentro de mi poder para vivirlo en mi propia vida y hacer todo lo que pudiera para asegurarme que la iglesia lo viviera en su vida. En otras palabras, nunca he podido separar la verdad bíblica de la vida y vivir con esa ausencia de integridad.

Si lo dice en la Palabra de Dios, debe ser vivido. Y entonces, si Dios está tan preocupado por la santidad de Su pueblo y la santidad de Su iglesia, debido a Su propia reputación santa y por causa de la bendición de Su pueblo, si Él está tan preocupado por eso, entonces, debo estar igualmente preocupado por eso como Su representante. Y ninguna iglesia puede predicar un mensaje que no vive y tener integridad alguna ante Dios o realmente delante del mundo.

Ahora, estaba consciente debido a mis propias experiencias en la vida en muchos lugares y en muchas iglesias, que muchas personas predican en contra del pecado y no hacen absolutamente nada al respecto. Muchas, muchas iglesias, la mayoría de las iglesias, hablan de manera muy clara acerca del hecho de que ciertas cosas estaban mal y ciertas cosas eran pecaminosas y llamaban a la gente a un cierto estilo de vida, pero realmente nunca hacían nada por implementar ese mensaje. Y entonces, mientras que no había tolerancia en absoluto en el púlpito, había una gran tolerancia en la realidad de la vida de la gente. Y lo que pasó a lo largo de los años, creo que, en la iglesia, es que la predicación se separó de la vida, y la predicación se volvió este ejercicio en donde usted se pone de pie y condena algo, pero en realidad no está tan preocupado por ello.

Y tan pronto como la gente cree que la predicación no está relacionada con la vida, es devastador. Usted no puede llamar a la gente a cierta cosa y no implementar su realidad en sus vidas. Y eso es lo que nuestro Señor está diciendo aquí. No podemos tener una iglesia en donde la proclamación de la santidad se hace y en donde el pecado es denunciado, pero nunca nada se hace para implementar esas cosas. Hay demasiadas personas que separan la predicación de la realidad porque, durante años, han estado involucrados en iglesias en donde nadie realmente parecía preocuparse por el hecho de que pecaban o no pecaban, sin importar lo que decían desde el púlpito. Y después, la gente termina con la idea de que la Biblia es agradable, y todos creemos en ella y pelearíamos por su autoridad e inerrancia; simplemente no estamos preocupados por implementarla. Y eso para mí es la hipocresía definitiva.

Y entonces, creo que en la iglesia hoy, en general, las iglesias por todo nuestro país y quizás en otros países también, en estas iglesias hay una ausencia tremenda de integridad en el asunto de la santidad. Mientras que afirman la Biblia, y mientras que afirman lo que es pecaminoso, simplemente no implementan esa afirmación en la vida y eso es hacer concesiones del peor tipo.

De hecho, el disciplinar a miembros que pecan en un cuerpo de una iglesia o en una familia de una iglesia, casi no se oye en nuestra sociedad. Ahora, en años recientes, se está hablando de esto más y más. Lo sé porque la gente realmente se ha acercado a nosotros con frecuencia para hablar de eso. Pero puedo remontarme a los primeros años en el ministerio aquí, cuando un hombre se me acercó, un querido hombre de Dios que había viajado por este país por años y predicado en todo tipo de iglesias y lugares como un orador, conferenciante bíblico y evangelista, y me dijo: “No conozco una sola iglesia en Estados Unidos que esté involucrada en disciplinar a miembros que pecan, ni una”. Y yo le dije: “Bueno, vas a conocer una, porque estamos comprometidos con ello”. Le dije eso a otro pastor y me dijo: “Si haces eso, nunca lo van a tolerar eso. Vas a vaciar el lugar. No puedes estar por todos lados metiendo tu nariz en los asuntos de todo mundo”. No puedes andar por todos lados diciendo “estás pecando y demás”. Y entonces, incluían el pasaje en Mateo 7, malinterpretado y mal aplicado: “No juzguéis para que no seáis juzgados”. Y después, tenemos este tipo de síndrome estadounidense acerca de que, bueno, yo voy a cuidar de mí y tú cuida de ti y nunca nos vamos a encontrar. Y todo mundo es una ley para sí mismo, y todos somos independientes, y no queremos involucrarnos en los problemas unos de otros, y demás. Y eso parecía ser una realidad que se había infiltrado en la iglesia al grado de perder la pureza de la iglesia.

Pero no podía superar el hecho al principio del ministerio aquí, simplemente en el primer año, al ver que la Biblia era tan fuerte con tratar con el pecado. Estudié Mateo 18 en ese entonces. Estudié Hechos 5. Estudié 1 Corintios 5. Estudié 2 Tesalonicenses, capítulo 3. Toda parte de la Escritura en donde podía encontrar algo acerca de esta idea de implementar el estándar de santidad. En otras palabras, ¿cómo haces que una congregación sea santa? Usted no solo puede predicarlo y después ser indiferente a lo que ellos están haciendo en respuesta a eso. Tiene que haber más que tan solo decirlo. Tiene que haber una manera de presionar a la gente a conformarse en un tipo de presión santa.

Y después, el pasaje que realmente me hizo pensar en términos concretos fue el quinto capítulo de Hechos. Obsérvelo por un momento conmigo. En esos días, cuando tomaron la ofrenda en la iglesia, todo mundo trajo su dinero y lo colocó a los pies de los apóstoles. Y eso era lo que estaban haciendo. La gente venía a darle al Señor, y dice en el versículo 1 de Hechos 5: “Cierto hombre llamado Ananías con Safira, su mujer, vendieron una heredad y se quedaron con parte del precio. Su esposa, también sabiéndolo, trajo cierta parte y la colocó a los pies de los apóstoles”.

Ahora, permítame decirle lo que pasó: habían prometido al Señor que le darían todo. Y él probablemente se metió en una situación económica. Dijeron, mira Señor, tenemos esta propiedad y nos gustaría venderla. Si nos ayudas a venderla, te vamos a entregar todo, todo lo que ganemos. Y consiguieron mucho por ella. La vendieron. Vieron todo lo que tenían y dijeron, quedémonos con algo para nosotros. El pecado aquí no tiene que ver con dar. El pecado tiene que ver aquí con mentirle a Dios.

Entonces, Pedro les dice, aquí vienen para dar su ofrenda. Oh, se están sintiendo magnánimos. Se sienten generosos. Aquí está esta gran cantidad que le vamos a dar al Señor. Entonces, Pedro los saluda. “Ananías, ¿por qué Satanás llenó tu corazón para mentir al Espíritu Santo y te quedaste con parte del precio del terreno?” Ahora, no sé por qué no tomamos ofrendas así hoy día. En donde están los ancianos en línea y ven lo que todo mundo da y dicen, ¿por qué estás dando eso cuando prometiste aquello? “Mientras que permanecía”, dice en el versículo 4, “¿no era tuya? Y después de que fue vendida, ¿no estaba todavía en tu poder?”. En otras palabras, ni siquiera tenías que haber hecho la promesa a Dios. Estaba bajo tu propio control, pero una vez que hiciste la promesa concebiste maldad en tu corazón al defraudar a Dios, y no le mentiste a los hombres, sino que le mentiste a Dios. Ahora, ¿Diría usted que eso es confrontación? Muerto a la mitad del servicio cuando el hombre está viniendo y pensando cuán grande es dar todo este dinero. Pedro lo detiene ahí, lo confronta con eso y dice: “¿Por qué es que Satanás ha llenado tu corazón y ha mentido al Espíritu Santo?

Y Ananías, oyendo estas palabras, se cayó y murió. Dios lo mató ahí, y gran temor vino sobre todos aquellos que oyeron estas cosas. Usted solo puede imaginar cómo fue la siguiente ofrenda. Y los hombres vinieron y lo taparon, lo sacaron y lo sepultaron. Él está muerto y sepultado, y su esposa ni siquiera lo sabe. Tres horas después, su esposa vino. Por cierto, eso podría decir algo de cuánto duraban los servicios. No quiero meterme en eso. Versículo 8, “Pedro le respondió: Dime, ¿vendiste la tierra por tal y tal?”. Y ella dijo: “Sí, por tanto”. Entonces Pedro le dijo: “¿Cómo es que se han puesto de acuerdo para probar al Espíritu del Señor? He aquí los pies de aquellos que han sepultado a tu marido están a la puerta y te sacarán a ti. Entonces, ella cayó inmediatamente a sus pies y murió. Y los jóvenes entraron, y la hallaron muerta, y la sacaron y la sepultaron junto a su marido. Un gran temor vino sobre toda la iglesia y sobre todos los que oyeron estas cosas”.

Bueno, usted se puede imaginar eso, ¿no es cierto? Eso enderezaría a una congregación rápidamente. Como puede ver, Dios estaba tratando de manera muy firme con el pecado, ¿no es cierto? De manera muy firme en esos primeros años de la iglesia, Dios estaba expresando Su actitud hacia el pecado. Y se cayeron muertos enfrente de la iglesia. Por cierto, evitó que los incrédulos se unieran, en el versículo 13 dice. Nadie quería unirse a esa organización. Digo, realmente era aterrador. Tomaban en serio el pecado.

Bueno, conforme estudié ese pasaje, el Señor me impactó con este pensamiento. Todavía esta es Su iglesia, ¿verdad? Él todavía es la cabeza de Su iglesia. Él no ha cambiado Su actitud hacia el pecado, y Él no ha cambiado el deseo por ver a la iglesia pura. Pero, Él ha tomado la autoridad y la ha colocado en las manos de los hombres piadosos que guían a la iglesia. Y en esencia, Él ha dicho: ustedes me representan en esa iglesia y son para esa iglesia lo que yo sería para esa iglesia. Y entonces, somos los apóstoles de la actualidad que debemos confrontar ese pecado. Y mientras que no estoy seguro de que Dios hace cosas así en todo caso; estoy seguro de que en algunos casos lo hace. Estoy seguro de que algunas personas mueren, algunos cristianos mueren como una disciplina de Dios.

Usted ve eso en 1 Corintios capítulo 11. Lo vemos en 1 Juan 5 también. Y entonces, Dios está preocupado por la santidad de Su iglesia. Y Él podría todavía quitar algunas vidas en la actualidad de vez en cuando, pero básicamente, Él nos ha llamado a enfrentar el pecado en Su asamblea. Pablo lo hizo continuamente. Y también lo hizo Juan, incluso nombrando nombres como Diótrefes. Y vemos en nuestro pasaje en Mateo 18 lo mismo. Dios, mediante Cristo, llamando a Su pueblo a la pureza. El cielo todavía podría actuar de una manera muy sobrenatural para limpiar a la iglesia. Pero primordialmente, la iglesia se limpia a sí misma mediante el ministerio del Espíritu de Dios entre su pueblo. Pero el punto que usted debe ver en la introducción es simplemente que el pecado debe ser enfrentado. Tiene que ser enfrentado.

Ahora, veamos el contexto del capítulo 18 de nuevo. Permítanme de manera muy, muy breve recordarle su esencia. Es un capítulo acerca de la semejanza del creyente a un niño. Esa es la intención entera: la semejanza del creyente a un niño. Vea al creyente como un niño. De hecho, cuando el Señor está enseñando este capítulo, Él tiene en Sus brazos a un infante. Y Él nos ve como esos infantes. Somos espiritualmente lo que ellos son físicamente: inmaduros, débiles, dependientes, ignorantes y demás. Y conforme avanzamos a lo largo del capítulo, hemos visto que, en primer lugar, usted entra al reino como un niño pequeño. Vimos eso en los versículos 3 y 4. En los versículos 5 al 9, cubrimos el hecho de que somos protegidos como un niño pequeño. Versículos 10 al 14, usted debe ser cuidado como un niño pequeño, y ahora, en los versículos 15 al 20, usted debe ser disciplinado como un niño pequeño. Somos niños, y los niños deben ser conformados. No es suficiente hacer anuncios. No es suficiente colocar reglas. No es suficiente dar mandatos. Debe haber una implementación de eso. Y aquí aprendemos que eso es exactamente lo que tiene que suceder en la familia de Dios.

Esto es presentado de manera abundantemente clara para nosotros, creo, allá atrás en Proverbios, capítulo 3, versículo 11, en donde dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor. Ni te canses por su corrección, porque Jehová al que ama, disciplina”, aquí está el punto, “así como el padre al hijo a quien ama”. Ahí está la misma analogía. Como un padre debe disciplinar corregir a un hijo, así el Señor debe disciplinar, corregir a Sus hijos. Somos como niños, y necesitamos que se nos haga obedecer. Necesitamos que se nos enseñe a obedecer. Y básicamente, la manera en que aprendemos a obedecer es descubrir las consecuencias de la desobediencia, ¿verdad? Si no hay consecuencia manifiesta a la desobediencia, no hay cambio. Y entonces, Dios trae la consecuencia a la desobediencia.

Ahora, si usted sigue este concepto a lo largo de Proverbios, es enriquecido a lo largo del libro. En el 10:13 dice: “En los labios del que tiene entendimiento la sabiduría se halla, pero la vara es para las espaldas del que no tiene entendimiento”. Ahora, aquí usted tiene esta idea de un niño. Necesita ser corregido. ¿Cómo lo va a corregir? Aquí usted descubre que va a usar una vara. En otras palabras, necesita involucrarse el dolor. Necesita haber un dolor como consecuencia de su mala conducta. Vaya al capítulo 13 versículo 24 y dice: “Si evitas la vara, aborreces a tu hijo. Pero el que lo ama lo disciplina desde temprano”. Usted va al capítulo 19, versículo 18: “Corrige a tu hijo mientras que hay esperanza, y que tu alma no lo libere por sus lágrimas”. No deje que eso lo detenga a usted. Capítulo 22, versículo 15: “La necedad está ligada al corazón del muchacho. Mas la vara de la corrección lo alejará de él”. Y entonces, 23:13 dice: “No retengas la corrección del niño, porque si lo golpeas con la vara, no morirá. Lo golpearás con la vara y librarás su alma del Seol”. Y progresa así. “Corrige a tu hijo, y te dará descanso. Y deleitará tu alma.”

Y usted descubre que el Señor recoge este mismo concepto una vez más al inspirar al escritor de Hebreos en el capítulo 12 cuando dice: “Por qué el Señor a quien ama, disciplina y azota a todo hijo”. Y nos dice en ese capítulo maravilloso la razón por qué. Dice, Hebreos 12:10: “Para que participemos de su santidad”. Gran verdad. En otras palabras, Dios nos disciplina para conformarnos mediante consecuencias externas o consecuencias internas, cualquiera de las dos. Algunas veces el dolor de la culpabilidad, algunas veces el dolor que viene por afuera, pero Dios nos disciplina para forzarnos para que vayamos por el camino de la obediencia, para que nos conformemos al estándar de Su santidad absoluta.

Entonces, somos niños. Y usted no puede, es una ilusión pensar que usted solo puede predicar en contra el pecado, y predicar contra el pecado, y enseñar contra el pecado y nunca hacer nada al respecto en las vidas de la gente, y esperar a que se conformen al patrón de la santidad. Los niños no hacen eso. Y como niños, que tienen una inclinación a la desobediencia en la vida, tenemos una inclinación a la desobediencia en la vida espiritual porque el pecado todavía está en nosotros, ¿no es cierto?

Entonces, tenemos ese problema, y tenemos la tendencia de alejarnos a menos de que haya un sentido en el que se nos presiona a caminar por la línea de la obediencia. Y esa es la razón por la que debe haber una implementación. Y eso se oye como una palabra muy fuerte, pero, esa de hecho, es una buena palabra que usar. Debe haber una implementación de ese principio, lo cual es expresado a partir del púlpito o a partir de la enseñanza de la iglesia. Debemos entrar para implementar el mensaje.

Y realmente, lo creo. La gente me ha preguntado esto mucho: ¿por qué es que la iglesia en Estados Unidos, incluso la iglesia que es evangélica, tan impía? Y el problema podría ser no es que hemos predicado el mensaje equivocado siempre; es que nunca hemos sido obedientes en su implementación en la vida de la gente. Y entonces, hemos dicho, de hecho, mientras que el sermón esté bien y mientras que sea ortodoxo, realmente no nos importa lo que hagas. Y usted no le puede decir eso a los niños. Los niños no van a poder enfrentar eso, manejar eso. Yo odiaría pasar un día con sus hijos si usted les acababa de decir qué hacer toda su vida y nunca los disciplinara. Usted sabe cómo sería. Entonces, somos llamados en este pasaje a implementar la disciplina en la iglesia para enfrentar el pecado para que podamos ver a la iglesia seguir el patrón de santidad.

Ahora, veamos varios elementos, y no vamos a acabar el pasaje hoy. Entonces, creo que eso es del Señor, porque necesita estar por lo menos dos semanas en nuestros corazones y quedar grabado en nosotros. En primer lugar, veamos el lugar para la disciplina. El lugar. Y quiero llevarlo al versículo 17 para eso, porque necesita comenzar ahí y va a seguir a lo largo del pasaje. Dos veces en ese versículo, Él menciona la iglesia, la iglesia. Ahora, ese es el lugar. Ese es el lugar, ἐκκλησία (ekklesia), los llamados afuera. La asamblea. Escuche con cuidado. Esta es la tercera vez que esta palabra es usada en Mateo. Ese es el segundo uso de la palabra; en el versículo 17 ese es el tercer uso. En el libro, el primero está en el capítulo 16. Sólo se usa tres veces. No es técnica en Mateo. No se refiere a la iglesia nacida en Pentecostés. Fue una palabra simplemente que significa una asamblea. Nada más que eso. Es usada de esa manera en otros lugares en el Nuevo Testamento para hablar de la iglesia en el desierto, refiriéndose a Israel como el pueblo congregado de Dios en el desierto. Fue usada en el griego extra bíblico para hablar de una reunión de una ciudad. Cualquier grupo de personas reunidas. Y ese es exactamente su uso en este texto. Apunta a la iglesia en Pentecostés. Se adelanta a la iglesia de la actualidad. Se adelanta a la iglesia en Pentecostés, se adelanta a la iglesia oficial con “I” mayúscula, la que nació por el bautismo del Espíritu de Dios en Hechos 2. Se adelanta a eso con toda certeza.

Pero aquí la idea de raíz simplemente es el grupo de la comunidad redimida, la asamblea de los redimidos, y no tiene que esperar para que Pentecostés sea aplicada. Puede ser aplicada de manera inmediata a la asamblea de los discípulos que están congregados en la casa de Capernaúm un día cuando Jesús la enseñó. Simplemente, se refiere al grupo del pueblo de Dios congregado.

Y como dije, se adelanta a la iglesia en su naturaleza oficial, su realidad oficial a partir de Pentecostés y en adelante, pero es aplicada a cualquier asamblea de creyentes. Es usada en el mismo sentido no técnico como fue usada en Mateo 16, en donde Cristo dijo: “Edificaré mi iglesia”, y lo que Él quiso decir ahí no fue algún tipo de promesa futura, simplemente hablando de Pentecostés y más allá de Pentecostés; sino que Él quiso decir: “Congregaré a mi pueblo redimido”. Ciertamente, se adelantaba a la iglesia que sería gran parte de ella.

Algunos comentaristas han pensado que se refiere a la sinagoga judía, pero eso no es verdad en absoluto. En ningún lugar del Nuevo Testamento, Jesús jamás da reglas para la conducta en una sinagoga judía. Él no está interesado en revisar las sinagogas. Él está interesado en establecer a Su propio pueblo redimido y Su propia iglesia redimida. Y, además, versículos 18 al 20, de ninguna manera jamás se podrían relacionar a una sinagoga, porque ninguna sinagoga se podría decir que estaban congregados en mi nombre y ahí estoy en medio de ellos.

Y entonces, no es una referencia a una sinagoga y no es una referencia a la iglesia técnica post-Pentecostés. Simplemente, es un uso general coherente con Mateo y coherente con un período de tiempo a principios de la era del Nuevo Testamento para referirse a la asamblea del pueblo redimido de Dios. Ahora, quiero señalar también que no hay una estructura de organización dada aquí. Cuando dice: “dilo a la iglesia” -y realmente no dice cómo la iglesia debe ser organizada, no describe a la iglesia. No dice, dilo al hombre que está a cargo y que él escoja ocho personas y comience un comité y envíe a los investigadores. No tiene nada de eso. Simplemente, dice, dilo al pueblo redimido, congregado. No nos dice cómo, ni nos da ningún paso o proceso en particular, deja eso al criterio de cada asamblea individual de creyentes. Y cada era individual, y país, y tiempo y lugar con todos los diferentes dones que se unen con diferentes tipos de estilos de liderazgo que pueden ser usados. Es simplemente la iglesia, el pueblo redimido, congregado de Dios. Ahí es donde la disciplina debe llevarse a cabo.

Y después de todo, ¿no es ahí donde Dios quiere la purificación? ¿No es eso lo que Pablo dijo cuando él dijo que él quería lo que Cristo quería, y era desposar a Cristo una virgen pura? ¿No es eso lo que él tenía en mente en Efesios capítulo 5, cuando dijo: “Que, así como una novia y novio se unen, así Cristo se une con Su iglesia, y esa iglesia Él desea que sea santa y sin mancha y sin arruga”? Es Su pueblo redimido que Él quiere ver santo, y puro, y sin mancha y sin arruga. Y entonces, es en ese contexto que esto se lleva a cabo.

Digo eso para decir esto: no hay una autoridad más alta. No hay una corte exterior. No necesitamos establecer una corte nacional de la iglesia. Si usted va más allá para establecer algún obispo o algún papa o algún cardenal o algún sínodo o algún grupo de personas o persona individual que no está relacionada a la asamblea local de creyentes, usted ha creado una corte más allá de aquello que la Palabra de Dios crea. Porque el pueblo redimido y su asamblea es en donde esto ocurre. Ir más allá de esto, es ir más allá de la palabra de Cristo y de la enseñanza de Sus apóstoles.

Entonces, tenemos cosas muy generales aquí. No tenemos algún tipo de estructura jerárquica. No tenemos algún tipo de diseño para la iglesia. No tenemos algún tipo de división elevada, una categoría de personas que gobiernan, que se sientan como jueces. Sucede en la asamblea de los redimidos. A lo largo de esta idea, una nota a pie de página que podría ayudarte en términos de ilustrar esto está en 1 Corintios 6, en donde Pablo condena a los Corintios al confrontarlos por el pecado de demandarse entre ellos. Él dice: “Teniendo un asunto contra otro, ¿se atreve alguno de ustedes ir a una ley ante los injustos?”. ¿Qué están haciendo con llevar sus quejas y sus problemas ante los injustos? Esto es, las cortes de los no regenerados y no delante de los santos.

Como puede ver, los santos, no dice la corte que ha sido designada por los santos. Dice los santos. El contexto de la comunión cristiana y la familia cristiana es la corte más elevada que existe. Y él lo prueba en la siguiente frase. Él dice: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo?”. Y después, en el versículo 3, “¿No sabéis que juzgaremos ángeles? ¿Cuánto más las cosas que pertenecen a esta vida?”. En otras palabras, la iglesia es la corte más elevada. Y entonces toda la disciplina de la iglesia ocurre dentro de la comunidad de la gente creyente. Puede ser grande como la nuestra. Puede ser muy pequeña. Podría ser en un campo misionero, tres o cuatro misioneros. Ni siquiera tenemos una iglesia aún establecida entre la gente a la que van a evangelizar.

Se vuelven una asamblea del pueblo redimido de Dios en la que la implementación de los principios de Dios de santidad debe ser cumplidos. Podría ser en su familia. Esa es una unidad del pueblo redimido de Dios que constituye Su iglesia. Podría ser en su estudio bíblico, o en su grupo de estudio bíblico entre semana en casa. Es entre el pueblo redimido de Dios y no hay corte más elevada que esa. Eso no quiere decir que el liderazgo espiritual de esa asamblea no se involucra, porque eso sería obvio. Ciertamente, se involucran, pero el lugar es la iglesia. No vamos más allá de eso. No estamos interesados en formar un comité, simplemente, la iglesia.

Segundo punto, muy, muy importante. No sólo el lugar de la disciplina es dado aquí, sino el propósito de la disciplina. El propósito. Observe el versículo 15, el final del versículo: “Si te oyere, has ganado a tu hermano”. Ahí está el propósito. Escuche, el propósito de la disciplina es la restauración. Restaurar de regreso a la santidad. Dios siempre se ha preocupado por la restauración. Proverbios 11:30, “El que gana almas es sabio”. Quizás el elemento de sabiduría de todo es ganar hombres de regreso a Dios. En Gálatas 6, Pablo dice: “Si tu hermano es sorprendido en un παράπτωμα (paraptoma), si caes en pecado, vosotros que sois espirituales” –¿qué?– “Restauradle”. Restauradle. En Santiago capítulo 5, al final de la epístola, versículo 19 y 20: “Hermanos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y uno lo convierte o lo restaura o lo trae de regreso, sepa que el que convierte al pecador del error de sus caminos salvará un alma de la muerte”. Usted salva un alma de la muerte cuando usted restaura.

Ahora, esta es siempre la meta de la disciplina. La meta de la disciplina en la iglesia no es expulsar a la gente. No es para avergonzarlos. No es mostrar un sentido de superioridad personal en contraste a su injusticia. No es jugarle a Dios. No es ejercer autoridad en poder de alguna manera no bíblica. El propósito de la disciplina no consiste en expulsar a personas, sino traerlos adentro. Es para traerlos de regreso.

Ahora, observe en el versículo 15, hay una palabra interesante, “ganado”. Es una palabra del mundo comercial. Es una palabra del mundo de los negocios. Es una palabra usada, por ejemplo, para hablar de acumular riqueza. Ganar en el sentido de tesoro. Ganar en el sentido de dinero o bienes, posesiones. Y usada en esta conexión, ve a un hermano pecando entonces como una pérdida de tesoro. Como una pérdida de algo de valor. Y únicamente quiero señalarle que esto, de hecho, es el corazón de Dios, que Dios no puede dejar que un alma se vaya porque para Él es un tesoro. Y la iglesia debe tener ese mismo sentido, también, de que no podemos permitir que uno simplemente se vaya y digamos, bueno, no sé dónde están, pero realmente no me puedo involucrar. Creo que cayeron en pecado. Hay una pérdida para nosotros. Hay un tesoro que hemos perdido. Y cuando es restaurado, recuperamos esa riqueza. Entonces, hay algo perdido para nosotros de valor.

Ningún hijo de Dios, ninguna hija de Dios no tiene valor. Entonces, cuando un hermano o una hermana peca, los hemos perdido como un tesoro que hemos perdido. Y necesitamos traerlos de regreso, y necesitamos trabajar de manera diligente para traerlos de regreso para restaurarlos, porque son de valor para nosotros.

Dice usted ¿cómo? Bueno, puedo ilustrarlo de esta manera. Ha habido personas en mi vida que han pecado y para mí se han perdido, y he perdido un tesoro. Le voy a decir cómo. Porque cuando estaban en el lugar de la obediencia, y el lugar de caminar en la voluntad de Dios y armonía con Su Espíritu, el Espíritu de Dios operó a través de ellos en mi vida. Dios me bendijo con su ministerio. Dios me bendijo mediante sus dones espirituales. Dios me enriqueció mediante su comunión. Y tan pronto como ellos se fueron, fue una pérdida para mí. Una pérdida, por cierto, que realmente nadie más siente porque nadie más son ellos. ¿Entiende usted eso? Y hay una pérdida. Es como la pérdida de un hijo, que otro hijo no repone, porque cada hijo es irremplazable. Entonces, cuando uno se mete en el pecado, hay una pérdida. Ninguno de nosotros puede estar satisfecho con esa pérdida. Si percibimos el valor de esa alma para Dios y el valor de esa alma para nosotros como un instrumento del Espíritu de Dios que ministra.

Regrese al versículo 12 conmigo por un momento, y permítame darle el corazón de Dios en esto. Y vamos a recoger el pasaje del que hablamos la semana pasada. Él está diciendo, piense junto conmigo ahora: “Si un hombre tiene 100 ovejas y una de ellas se desvía, ¿no deja las 99 y va a los montes y busca la que se ha desviado?”. La respuesta, claro, es sí. “Y si la halla, de cierto os digo que él se regocija más por esa oveja que por las 99 que no se desviaron. Así, también, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que uno de estos pequeños se vuelva inútil.” Eso es lo que significa. Debe ser expresado de ningún valor para ustedes, porque son una pérdida de tesoro y necesitan ser recuperados. Oh, los hombres hacen un esfuerzo tremendo para recuperar la riqueza que han perdido monetariamente, y hacen un menor esfuerzo mucho menor por recuperar la pérdida de una vida humana, que es de valor infinito.

En 2 Timoteo 2, Pablo le da una palabra al joven Timoteo que creo que se aplica aquí. Él dice: “Y el siervo del Señor no debe ser contencioso”, no sesa alguien que mete en argumentos, “sino, amable para con todos, apto para enseñar”. Entonces, usted es gentil, está enseñando, es paciente, “instruyendo a aquellos que se oponen”. Siempre va a haber esas personas que se oponen. Tengo eso en mi vida todo el tiempo. Pero necesito no ser contencioso, no meterme en argumentos, sino gentil, directo en mi enseñanza, paciente, humilde. Y si busca una persona así, Dios quizás le dé arrepentimiento para reconocer la verdad, y para que puedan recuperarse y salir del lazo del Diablo por quienes han sido cautivos. ¿Sabe usted lo que les pasó a esas personas que se desvían? ¿Adivine quién los atrapó? El enemigo los atrapó. Y necesitamos ir y recuperarlos. En Gálatas 6:1 dice: “Vosotros que sois espirituales restauradle”. Y esa palabra restaurad, καταρτίζω (katartizo), es una palabra muy interesante. Tiene la idea, básicamente, de reparar algo para que regrese a su condición original. Habla de curar huesos fracturados, reemplazar huesos dislocados. Es usado de arreglar redes para pescar. Es restaurar a la condición anterior.

Esa es la meta de la disciplina. Es ver a una persona como un tesoro. Ver a la gente como Dios la ve, como el Buen Pastor la ve, quien deja a las que están ahí en el redil y sale a encontrar a esa que se desvió y la trae de regreso. Simplemente uno de cien, es una pérdida. Y hay algo que me es dado a mí y a usted mediante el amor y el ministerio de esa persona que nunca puede ser dado por otra persona.

Y entonces, estamos ocupados en recuperar. Y ustedes tienen que ver eso, amados, porque cuando una iglesia se involucra en esto y sé que la gente ciertamente ha pensado que aquí en Grace estamos revisando el pecado de todo mundo, han habido personas que me hacen esa pregunta específica. Usted sabe, ¿tienes la CIA de Grace o el Servicio de Inteligencia, el Servicio Secreto y están espiando a todo mundo en esto? Y esa no es la idea. La idea es que tenemos un hambre tremenda por el hecho de que Dios quiere que su iglesia sea santa, y también hemos colocado un valor elevado en el valor de un alma que le pertenece a Dios y una de sus ovejas y tenemos el corazón del pastor. Y no queremos soltarlos. Queremos traerlos de regreso por su bien y por nuestro bien y el bien de Dios en primer lugar y sobre cualquier otra persona. Y no estamos satisfechos con dejarlos solos. Dice usted, bueno, tú sabes, y demás. No voy a decirles nada. ¿Quién soy yo para decir algo? Y hay casi cierto tipo de deleitarnos en nuestro espíritu porque cayeron porque nos hace sentirnos mejor. Realmente, eso es nauseabundo. Se llama soberbia.

Si usted se siente más espiritual que su hermano que peca y usted puede permanecer en su soberbia indiferente a su pecado con la idea de que usted es mejor que él, ¿no es eso bueno? Entonces, usted realmente está muy lejos del corazón del pastor. Y usted está tanto en pecado como él. Un cristiano dijo esto; y lo leí esta semana: “Con frecuencia he pensado que, si llego a caer en pecado, oh Dios no me dejes caer en manos de esos jueces críticos en la iglesia. Déjame caer en las manos de los que andan por las calles, de los que están en la droga. ¿Por qué? Porque con frecuencia, la gente de la iglesia me va a destrozar con sus lenguas de chisme haciéndome trizas”, fin de la cita.

Bueno, no sé a qué iglesia fue, pero estoy seguro que muchos de ellos habrían tenido esa experiencia. Y usted sabe, es una tendencia para nosotros cuando alguien cae en pecado, simplemente deleitarnos por su pecaminosidad y su caída. Simplemente, hablar de su pecaminosidad. Y nos sentimos tan espirituales cuando no fuimos nosotros. En lugar del corazón del pastor que sale y les ruega para recuperarlos, encontramos cierta satisfacción de la justicia personal que viene a nuestras mentes cuando sabemos que no hicimos eso. Eso no es lo que está buscando Dios.

Y entonces, debemos estar involucrados en la restauración. Y si Dios hace el esfuerzo, Él lo presenta ahí en los versículos 12 al 14, ¿quiénes somos nosotros para hacer menos que un esfuerzo? Ahora, realmente creo que, usted sabe, hablamos mucho de la santidad, y he predicado mucho de esto en esta iglesia, pero no creo que realmente va a suceder hasta que nos preocupemos de manera personal con la gente que cae en pecado lo suficiente en lugar de en cierta manera deleitarnos con su caída o en lugar de dejar que suceda de manera indiferente. En lugar de decir lo que nuestra sociedad quiere que digamos, no se involucren, no invadan su vida. Dejen que haga lo suyo. Él tiene su vida privada. No le digan qué hacer. En lugar de hacer eso, realmente buscamos a ese tipo de persona para traerlos de regreso al redil. Nunca vamos a conocer la santidad de la que seguimos predicando.

Bueno, permítanme darle un tercer principio, y este es el último que le voy a dar hoy. El lugar es la iglesia. El propósito es la restauración. La persona, dice usted, ahora ¿quién debe estar haciendo esto? ¿El pastor? Oh, sí, el pastor, y tenemos un comité de disciplina, tenemos que formar algunas personas para hacer esto. Bueno, descubramos quién debe hacerlo, ¿muy bien? Realmente, no vi esto en el pasaje hasta que lo estudié apenas el otro día y simplemente leí el versículo 15 una, y otra y otra vez para ver lo que sobresalía en mi mente. Con frecuencia, hago eso. Para ver qué sobresalía. Ahora, vea lo que sobresale en su mente. “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos. Si te oyere, has ganado a tu hermano”. ¿Quién es la estrella del versículo 15? Usted. Usted. No es un comité de disciplina. Es usted. Dice usted, ¿yo? Bueno, ¿por qué? Yo no puedo hacer eso. No soy un tipo de persona que confronta. Yo soy demasiado amoroso. Eso es maravilloso. Eso tiene que ver con usted, no conmigo, no con algún comité, no con algún tipo de organización de inteligencia espiritual o lo que sea. Esto es usted.

La disciplina no es para los oficiales de la iglesia; es para toda persona, incluyendo aquellos que guían a la iglesia. De hecho, en Gálatas 6 le dice exactamente para quién es: “Si un hermano es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales”, ustedes los que están caminando en el Espíritu, ustedes los que están caminando en obediencia, ustedes los que están en comunión “restauradle”. Escuche: “Con espíritu de mansedumbre, humildad y amor, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas” –¿qué?– “Tentado”. Usted no lo debe hacer con superioridad espiritual goteando por todos lados. Usted lo hace en mansedumbre y humildad amorosa. Comienza con usted. Es correcto. Usted es la clave. Esto habla de usted.

Amados, debemos estar preocupados por traer de regreso a pecadores a Dios. No podemos dejarlos. Y si usted no está preocupado, entonces usted no está preocupado por las cosas que le preocupan a Dios. Si usted se permite la compasión falsa, la indiferencia, la soberbia, el estar satisfecho, la justicia personal, pensar que es superior a otros, menosprecio hacia ellos porque quizás su pecado fue en contra de usted y usted está en cierta manera está contento porque ya no están ahí. O arrogancia o sentimentalismo o cobardía o estar ocupado, lo que sea que usted está permitiendo para evitar que usted sea fiel en la obra de Cristo al confrontar un hermano que peca, usted ha fracasado. Yo también. Si yo ignoro la restauración de la oveja que se ha desviado, me he vuelto, en un sentido, alguien que también se ha desviado, ¿no es cierto? Desobediente.

La pureza de la iglesia es nuestra preocupación. Y yo sé que es su preocupación y es la mía, y está en nuestros corazones. Pero nunca va a pasar hasta que estemos comprometidos con la confrontación de aquello que la hace impura en amor y mansedumbre. Digo, no es solo, bueno, estamos orando por ellos porque vean la luz. Escuche, usted tiene la luz, tómela y hágala brillar en los ojos de ellos. Ahora, para hacer esto, usted necesita tres cosas. Y vamos a llevar esto a puntos prácticos.

Tres cosas. Número uno: disposición, disposición. Usted tiene que estar dispuesto a hacerlo. Observe el versículo 1, el verbo principal ahí: “ve”. “Ve y dile”. Usted tiene que ir y decirlo. Dice usted, si veo a un hermano en pecado, ¿qué debo hacer? Vaya y dígale. ¿Quieres decir simplemente ve y dile? Eso es lo que dice, vaya y dígale. ¿Ve y dile qué? Simplemente, vaya y dígale que está en pecado. Observe el versículo 16. Si no te oyere, toma. Primero usted va y le dice, después usted lleva. Y si todavía no lo oye usted, versículo 17, usted le vuelve a decir a la iglesia entera, ve, dile, toma, dile.

Ahora, cada uno de esos mandatos implica una respuesta. Y cada uno implica que usted podría responder, ¿verdad? Porque Dios no da mandatos a la gente que no tiene una capacidad de responderles. Entonces, indican que debe haber una disponibilidad, una disposición por nuestra parte. Dios dice, ve y dile. Si no lo oye, toma a algunas personas y vuélveselo a decir. Si no lo oye, díselo a la iglesia entera y que toda la iglesia vaya y le diga. Es correcto. En otras palabras, depende de que usted responda con disposición y actúe.

Ahora, tenemos a muchas personas en la iglesia que dicen, oh, me gustaría que pudiera enseñar en la iglesia. Me gustaría ser un ministro de santidad. Y quieren saber si pueden subirse al pódium, y tener un grupo, y estar aquí y enseñar. Ese es un gran ministerio. Tenemos muchas personas, y preparamos personas para que sean maestros en la iglesia. Y otras personas dicen, quiero predicar. Simplemente, no quiero enseñar. Y quiero hacerlo como tú, John. Quiero enseñar, pero gritar de vez en cuando, y gritar y decirle a la gente qué hacer. Quiero predicar y llamar a la gente al arrepentimiento y llamar a la gente a la santidad y todo esto. Otras personas dicen, oh, quiero estar involucrado en el evangelismo, hombre. Quiero salir y ganar a los perdidos y demás. Quiero salir y ganar a los perdidos, y demás, y otros quieren estar involucrados en ministrar a las necesidades de la gente u orar o lo que sea.

Sabe una cosa, hay un ministerio en la iglesia que simplemente se ha perdido de manera total. Y digo, no creo que en mi vida entera jamás he oído un mensaje de esto, ni he leído un artículo de esto, ni un libro, jamás. Y eso es lo que yo llamaría los ministros de santidad, cuya tarea es vista a través de los ojos de Jesucristo, para confrontar el pecado de la iglesia, para llamar a la iglesia de regreso a la pureza. Ahora, lo que necesitamos no es sólo una iglesia entera llena de predicadores y maestros. Eso está bien, pero eso simplemente es la expresión de los hechos. No sólo necesitamos a mucha gente que está orando y a mucha gente que está preparándose. Necesitamos mucha gente que está allí afuera implementando. En serio. Ministros de santidad que se vuelvan armas terribles en la mano de Dios. Y esto no significa que usted lo hace con soberbia espiritual; significa que lo hace con un corazón de preocupación y compasión y amor. Y eso depende de usted; usted tiene que estar disponible.

Esto no es nada nuevo, por cierto. Lo voy a llevar de regreso a Moisés, al Pentateuco. El primer conjunto de libros de la Biblia, veamos si lo puedo encontrar aquí. Creo que es Levítico 19, sí. Versículo 16, escuche esto: “No estarás contando chismes entre tu pueblo.” Me gusta eso. No estés por todos lados hablando mal de la gente. “Y no estarás contra la sangre de tu prójimo”. En otras palabras, no te unas en la condenación de alguien. Y después, Él dice: “Yo soy Jehová”. Y lo que eso significa en caso de que usted se pregunte si esto es serio, Yo soy el que lo dijo eso y Yo soy el Señor. Entonces, no hagas esto. Después Él dice: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón”. Dice usted, oh, no pensaré en eso. Y yo tengo tanto, yo no aborrezco a nadie. “Ciertamente, reprenderás a tu prójimo y no permitirás el pecado contra él”. ¿Qué significa eso? Escuche de nuevo: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón, sino que más bien reprenderás a tu prójimo y no permitirás el pecado sobre él”. En otras palabras, si usted aborrece a su hermano, se manifestará en el hecho de que usted nunca se preocupará por reprenderlo por su pecado. Dice usted, oh, yo soy demasiado amoroso para reprender. No me diga eso. Usted es demasiado indiferente para reprender.

Sabe una cosa, usted ve a un padre que jamás, jamás disciplina a un hijo. Ese padre no ama a ese hijo. A ese padre no le importa en absoluto ese hijo. Usted odia a su hijo si usted no disciplina a su hijo y hace que su hijo se conforme. Lo mismo es verdad en la dimensión espiritual. Él está diciendo: No aborrezcas a tu prójimo en tu corazón al no reprenderlo nunca por su pecado y confrontarlo con su maldad ¿Por qué? Si lo amara, usted querría refrenarlo de la consecuencia del pecado y a usted le gustaría restaurarlo al lugar de la bendición, ¿verdad?

Es obvio, es obvio. Entonces, debe haber una disposición. Ahora, yo creo que esta disposición nace de una segunda cosa, y estos son progresivos. La disposición nace del celo por Dios. Observe Juan 2 y le voy a dar una ilustración de esto. La disposición a confrontar por el pecado nace de celo por Dios. En Juan 2:13, Jesús vino a la Pascua en Jerusalén y encontró en el templo a la gente vendiendo bueyes, y ovejas y palomas. Y los cambistas que estaban ahí estaban explotando a la gente, se estaban sentando ahí ocupados en sus negocios. Ahora, esto es mucho pecado. Y realmente, esto es muy abierto. Se está llevando a cabo ahí en el templo. Y entonces, Él hizo un látigo. Tomó unos pedazos pequeños de cuerda y entretejió la cuerda para hacer un látigo grueso y literalmente, los expulsó a todos del templo. Y usted sabe, a ellos no les fue bien. “Los expulsó con las ovejas y los bueyes, y volteó los cambistas y volcó las mesas, y les dijo a los que vendían palomas: saquen estas cosas de aquí. No hagan de la casa de mi Padre una casa de ladrones”. Ahora, ¿qué es lo que le hizo hacer esto? ¿Por qué tuvo una reacción así al pecado? ¿Por qué tuvo un deseo tan tremendo por la santidad de la casa de Dios?

Versículo 17: “Sus discípulos recordaron que fue escrito”, Salmo 69:9: “El celo por tu casa me consume”. Y el resto del versículo dice: “Y los vituperios de los que me vituperaban caen sobre mí”. En otras palabras, Dios, cuando tú eres deshonrado, yo tengo tal celo en mi corazón, tal anhelo por tu gloria, que cuando tú eres deshonrado, siento el dolor. Ahora, la disposición a confrontar el pecado nace del celo por el nombre de Dios, y la reputación de Dios y la gloria de Dios. Como puede ver, Jesús dice: No puedo permitir que ustedes hagan de Su casa una cueva de ladrones. No puedo tolerar el pecado en Su casa. Debo expulsarlo. El templo ya no es la casa. Ustedes son la casa de Dios, ¿verdad? La asamblea de los creyentes es una habitación santa en la que Dios mora. Y debemos tener el corazón de Cristo, quien no pudo tolerar más la impiedad en Su templo de lo que Él podía tolerarla en el templo de Su Padre en Jerusalén. Celo hacia Dios. Usted no puede tener disposición a confrontar el pecado en un vacío. Nace de un celo por Dios.

¿De dónde vino el celo por Dios? Ese es el tercer punto. Para estar involucrado como un ministro de santidad por causa de la pureza de la iglesia debe haber pureza personal. Ese es el tercer punto. Tres cosas necesarias: disposición, celo por Dios, pureza personal. Usted no va a estar lleno de celo por la casa de Dios. Usted no va a estar consumido con el deseo por la santidad de Su nombre a menos de que esté caminando en esa santidad. Observe conmigo Mateo capítulo 7. Aunque este pasaje viene en un contexto algo diferente inicialmente, su principio vale la pena repetirlo en nuestro texto. Versículo 3: “Y por qué ves la paja”, eso significa una astilla, una astilla pequeña, “en el ojo de tu hermano, y no ves la viga”, eso significa una viga, algo grande, “en tu propio ojo”. Cómo le vas a decir a tu hermano, déjame sacar la paja de tu propio ojo y he aquí tienes una viga enorme en tu ojo. Eres un hipócrita. Primero, saca la viga de tu propio ojo y después, podrás ver con suficiente claridad como para sacar la astilla del ojo de tu hermano.

Ahora, ¿qué aprendimos aquí? Antes de que usted pueda salir a confrontar a alguien más por su pecado, ¿qué tiene que enfrentar? Su propio pecado. Ahora, escuche, le voy a decir este principio tan importante. Cuando una iglesia sale para implementar la santidad e implementar la pureza, cuando una iglesia sale a confrontar el pecado, debido a que va a en esa dirección, estará en el proceso de la purificación personal. Y el resultado final será: habrá menos disciplina necesaria, aunque la iglesia esté más comprometida con hacerlo. ¿Entiende usted eso? Porque cuando comienza a moverse en esa dirección, la demanda que eso impone sobre usted es de purificarse a usted mismo.

Este es un ministerio difícil, pero está al mismo nivel del resto. Oímos mucho acerca de la enseñanza y la predicación, la preparación, el servicio, el canto en el coro, ayudar aquí y allá, guiar en esto y aquello, pero ¿en dónde están los ministros de santidad? ¿En dónde están? Nuestro Señor los llama en Su iglesia. La semana próxima descubriremos cómo cumplen su trabajo. Oremos.

Señor de gracia, sentimos que hemos sido confrontados por Ti. Hemos enfrentado la realidad de nuestra ineptitud una vez más, y regresamos a donde comenzamos. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y ve si hay en mí iniquidad y guíame por el camino eterno. Señor, necesitamos limpieza porque hemos fallado aquí. No hemos estado dispuestos porque no hemos tenido un celo apasionado por Tu santidad, porque las cosas no han sido todo lo que deben ser en nuestras vidas. Que comencemos con nosotros, haznos puros. Llénanos con el tipo de celo que siente el dolor mismo que el corazón de Dios siente, que tengamos la misma reacción santa hacia el pecado que Tú tienes. Haznos estar dispuestos en amor, en ternura, en gentileza, para confrontar, para mostrar que amamos, porque el amor confronta y restaura. Gracias, Padre, por lo que nos has enseñado. En el nombre de Cristo. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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