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Abramos nuestras Biblias esta mañana en el capítulo 18 de Mateo. Mateo capítulo 18 ha sido nuestro estudio ahora durante un par de meses, y estamos llegando a la sección final de este capítulo en los versículos 21 al versículo 35. Y esa es realmente una sección tratando con un tema, aunque probablemente lo vamos a tomar en dos lecciones juntas. Ahora, en este gran capítulo hemos visto a nuestro Señor enseñando acerca de la semejanza del creyente a un niño, y recordará que allá atrás, en el versículo 2, el texto nos dice que Jesús de hecho tomó a un infante y tuvo a ese infante en Sus brazos para usarlo como una ilustración viva, una analogía por así decirlo, de la semejanza del creyente a un niño. Y después, él comenzó a enseñar elementos de nuestra semejanza a un niño.

Primero, debemos entrar al Reino como niños. El versículo 3 dice: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Y después, debemos ser protegidos como niños pequeños. El versículo 6 dice: “El que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Y después, debemos ser cuidados como niños pequeños. El versículo 10 dice: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque sus ángeles siempre están viendo el rostro de mi Padre que está en el cielo”. Y el Hijo del Hombre del que hablamos cuida de ellos, y el Padre en los versículos 12 al 14, también.

Entonces, debemos entrar al Reino como niños. Debemos ser protegidos como niños. Debemos ser cuidados como niños. Y después, en nuestro último par de estudios de este capítulo tan importante, sabemos que debemos ser disciplinados como niños. Versículos 15 y en adelante nos dicen que debemos ser disciplinados. Cuando uno de nosotros peca, él o ella debe ser confrontado por los otros para ser corregido, para ser restaurado.

Ahora, al llegar al versículo 21 vemos que debemos ser perdonados como niños. Debemos ser perdonados como niños. Hay un gran sentido de tolerancia con los niños, porque entendemos su debilidad. Entendemos su ignorancia. Entendemos sus incapacidades. Ser semejante a un niño indica que vamos a fallar. Han habido ocasiones cuando vamos a hacer cosas equivocadas. Todavía estamos en el proceso de madurar, de crecer, de ordenar nuestra conducta. Pero cuando pecamos, y después de que la disciplina ha sido implementada, también debemos ser perdonados, así como los niños deben ser perdonados.

La gente de manera fácil puede amargarse contra los adultos, pero es algo anormal amargarse contra los niños. Tendemos a perdonar a los niños de una manera pronta. Los adultos tendemos a tener dificultad en perdonarlos y necesitamos, entonces, recordar la enseñanza de este pasaje, que los creyentes deben ser tratados como niños, porque en el sentido espiritual lo somos y necesitamos el mismo tipo de perdón continuo de gracia que un niño necesita.

Ahora, el perdón es una gran, gran virtud. Realmente creo que es la clave de la unidad de la iglesia. Es la clave del amor. Es la clave para tener relaciones significativas. Es lo que constantemente derriba las barreras que intentan mediante el pecado levantarse para separarnos unos de otros, para que nos amarguemos, que nos enojemos, que busquemos vengarnos.

El perdón es un concepto tremendo. De hecho, en Proverbios 19:11 dice: “Honra del hombre es pasar por alto la ofensa”. En otras palabras, si usted quiere ver a un hombre en su mejor condición, él está en su mejor condición, en su capacidad de perdonar. En pasar por alto una transgresión, en olvidar un pecado y una maldad. Efesios 4:32, lleva el pensamiento a un paso más adelante para los cristianos y dice que debemos estar “perdonándonos unos a otros, así como Dios en Cristo nos ha perdonado”.

En base al hecho de que hemos recibido el perdón de Dios en Cristo, debemos ofrecer perdón a otros. Colosenses 3:13, tiene el mismo pensamiento en estas palabras: “Perdonándoos unos a otros, así como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. Es la gloria de un hombre que debe perdonar a otro, y particularmente para un cristiano que ha sido perdonado tanto por Dios mediante Cristo. Y si de hecho, es lo mejor de los hombres en términos de su calidad de virtud de perdonar y si, como cristianos, hemos sido perdonados todo, ¡cuán prontos debemos ser a perdonar a otros!

Usted ve en el Antiguo Testamento y hay una perspectiva exaltada del perdón. Todos recordamos con gran sentido de respeto la historia maravillosa de José, quien perdonó a sus hermanos en Génesis capítulo 50. No sé si usted recuerda cómo termina ese capítulo, pero termina casi al final, dice en el versículo 20: “En cuanto a vosotros, pensasteis mal contra mí” –le dice José a sus hermanos– “mas Dios lo encaminó a bien, para mantener con vida a muchas personas. Ahora, por tanto, no temáis; yo os sustentaré y a vuestros pequeños. Y él los consoló, y les habló amablemente a ellos”. Y ellos lo habían aventado a un foso, y lo habían vendido como esclavo, y lo habían tratado como si estuviera muerto. Y él les perdonó todo.

Creo que todos también con gran respeto recordamos el perdón tierno y la sensibilidad que David ejerció hacia Saúl. Saúl, quien había estado intentando matar a David y cuando David pudo haberlo matado fácilmente con su espada cuando estaba dormido, no lo hizo. Él tuvo un corazón de perdón. Encontramos eso expresado en 1 Samuel 24:7. Encontramos a David de nuevo como un modelo de perdón, perdonando a Nabal por su maldad por causa de Abigail, su esposa que rogaba por él, en 1 Samuel 25. Y después, claro, ese texto tan conocido en 2 Samuel 19, en donde Simei había maldecido a David y los amigos de David dijeron: “Acaba con el hombre. Destruya al hombre. Mata al hombre”. En lugar de eso, David perdonó al hombre.

El perdón es una gloria de un hombre. Es la virtud humana más elevada. Usted muéstreme un hombre honorable, usted muéstreme un hombre con virtud real, y le voy a mostrar a usted a un hombre que puede perdonar. Muéstreme un hombre que está amargado en la profundidad de su alma y le voy a mostrar un hombre sin virtud. Muéstreme una persona que no puede dejar una actitud vengativa, amargada, antagonista, de odio hacia alguien, y le voy a mostrar un hombre que no conoce la gloria de un hombre, ni entiende el perdón de Dios hacia él.

Es lo mejor de un hombre, el perdonar –escuchen esto– porque es el corazón de Dios el perdonar, y cuando el hombre perdona, él irradia aquello que es verdad de la imagen de Dios. El perdón es tan básico al corazón de Dios que ciertamente debería ser básico al corazón de los hijos de Dios. Viéndolo desde otro ángulo, usted más bien debería aprender a perdonar, porque la gente lo va a necesitar. Y quisiera añadir, también usted. Los niños de todas las personas necesitan perdón y nosotros somos niños. Somos débiles. Somos ignorantes. Somos egoístas. Tendemos a desobedecer y necesitamos el perdón frecuentemente. Somos así como niños.

Ahora, nuestro Señor acaba de concluir una sección acerca de disciplinar a pecadores. Y Él la sigue de manera maestra con una sección acerca de perdonarlos. Recordará usted en 2 Corintios, capítulo 2, hubo un hombre en la asamblea corintia que había pecado. Y este hombre en particular había sido disciplinado por la asamblea de creyentes. Y Pablo les dice en 2 Corintios 2:6: “Es suficiente para dicho hombre este castigo, que fue aplicado por la mayoría”. En otras palabras, han castigado de manera suficiente al hombre. Han presentado el punto de manera suficiente. Han hecho lo que era necesario hacer en términos de la reprensión o reprender su pecado. Entonces, ahora más bien ahora en el versículo 7 “necesitan perdonarlo y consolarlo, no sea que sea hundido con demasiada tristeza. Confirmad” –dice en el versículo 8– “vuestro amor hacia él”. Y después, él procede a decir si no hacen esto, en el versículo 11: “Satanás va a aprovecharse de ustedes, porque no ignoramos sus estratagemas”. Y una de sus estratagemas es generar un espíritu de amargura y un corazón que no perdona.

Ahora, todos necesitamos aprender a perdonar porque todos necesitamos ser perdonados y porque Dios nos ha perdonado. Es lo mejor de un hombre perdonar y es su mejor condición, si pudiera decirlo, de Dios el perdonar, porque es la expresión de Su naturaleza amorosa.

Entonces, vemos en este pasaje comenzando en el versículo 21 una transición al asunto del perdón. Y no sólo voy a hablar de esto esta semana, sino que también voy a pasar la próxima semana con el mismo tema, porque es muy importante. Incluso, quizás llegue a una tercera. Tengo muchas cosas que quiero decir del texto. No estoy seguro de como los voy a decir. Y ese es parte del problema de nunca haber enseñado acerca de un pasaje. Usted realmente no sabe lo que el Señor va a hacer en el proceso.

Pero veamos un bosquejo. En primer lugar, en el versículo 21, la pregunta del perdón. La pregunta del perdón. Ahora, después de toda esta discusión de la disciplina y cómo debemos confrontar al pecador y reprender al pecador, restaurar al pecador y todo eso, Pedro hizo una pregunta muy importante. “Entonces vino Pedro a él y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí?”

Esa es una buena pregunta. Como puede ver, Pedro conoce la tendencia de los hombres. ¿Sabe usted por qué la conoce? Porque él se conoce a sí mismo. Y él sabía cuántas veces él necesitaba ser perdonado. Él también está hablando a partir del contexto de su trasfondo judío, en donde había ciertas líneas fuertes trazadas en relación al perdón. Y él está diciendo, en todo este asunto de una persona que pecando y siendo restaurada, “Sabes, el problema, Señor, va a ser, van a hacer eso, y vamos a restaurarlos, y van a volverlo a hacer. O van a hacer algo más. Digo, ¿cuántas veces seguimos perdonándolos?”

Podemos adelantarnos a la incapacidad del ser humano de voltear su vida y no pecar más. Entonces, él podía ver que usted corrige esto, y quizás va a pasar más adelante, o algo parecido va a pasar después, y usted va a estar ahí atorado perdonando a este hombre una y otra vez. ¿Cuántas veces hacemos esto?

Observe la frase: “entonces vino Pedro”. Están sentados ahí en la casa de Capernaum en donde nuestro Señor está enseñando con el pequeño infante en sus brazos, y Pedro se acerca, se acerca a Jesús. Quizá haya un pequeño intervalo de tiempo de la enseñanza anterior a esa. No sabemos. Pero él da un paso hacia adelante, se acerca a Jesús, y él realmente tiene una pregunta que está ardiendo en su mente.

Y quiero tan sólo añadir una nota pie de página, no relacionada con este texto en particular, que estamos muy endeudados con Pedro por muchas cosas. Una de ellas es que él hizo preguntas. Dios bendiga a la gente que hace preguntas, porque la gente que hace preguntas de las personas correctas reciben respuestas. Y algunas veces, todos disfrutamos la respuesta. Pedro hizo preguntas. Su lengua rápida y su mente que quería aprender lo metió en problemas, pero, por otro lado, también sacó del Señor mucha enseñanza profunda, ¿no es cierto? Porque hizo preguntas.

Entonces, Pedro había oído acerca del asunto de la disciplina y en este punto él está diciendo: “Ahora mira, Señor, digamos que vamos tras este hombre, y lo traemos de regreso, y lo restauramos, e incluso hemos ganado a nuestro hermano, como dice al final del verso 15. ¿Cuántas veces hacemos eso si él peca otra vez o peca el mismo pecado?  ¿Acaso el perdón tiene un límite?” ¿Escuchó eso? Esa realmente es la pregunta del texto entero. ¿Acaso el perdón tiene un límite?

Le dice usted a alguien: “Mira, hombre, has llegado demasiado lejos. Digo, hay algunas cosas que puedo perdonar, que no puedo”. O, “te he perdonado ya cinco veces por eso. Digo, se acabó. Has ido más allá del límite”. Eso es lo que Pedro realmente está preguntando. Y observe qué dice: “¿Con qué frecuencia perdonaré mi hermano que pecare contra mí?”. ¿Se acuerda de lo que dijimos acerca de eso antes? El “contra mí” no necesariamente significa que el pecado fue directamente contra usted en el sentido físico, o en el sentido de que tocó su vida personalmente, de manera deliberada, directa, sino que el pecado fue en contra de usted, o directa o –¿qué? – o indirectamente.

En otras palabras, todo pecado en la asamblea afecta a la asamblea. Pero la idea que Pedro añade, con el “contra mí” realmente lo involucra a usted en una situación en donde usted siente la ausencia de perdón, usted siente el dolor que quiere que usted diga: “Eso es suficiente de ti. Yo no voy a perdonar eso”. He oído a personas que de hecho dicen: “Nunca perdonaré a esa persona por lo que me ha hecho”.

En una ocasión, un hombre me confrontó, no hace mucho tiempo y me maldijo y me llamó todo nombre que él podía pensar, y él es un hombre en el ministerio. Usted lo conocería si dijera su nombre. Él usó todo nombre en el que pudo pensar porque llevaba venganza en su corazón en contra mía por cinco años por algo que no le gustaba de mí. Ahora, si fuera que estuviera bien o no, por lo que no le gustó, ni siquiera importa. Lo que importa es su enojo, su amargura y su falta de perdón. Él me dijo: “Nunca olvidaré lo que dijiste”. Ahora, eso es simplemente la antítesis misma, tanto de la gloria de un hombre como del corazón de Dios.

Y entonces, Pedro está diciendo: “Mira, si viene en contra de mí y está tan cercano a mí que pueda a nivel humano tener una buena razón para mantener una actitud en la que no lo perdono, ¿cuántas veces lo perdono?”. Y después, él añade al final del verso 21: “¿Siete veces?” Y usted sabe, él está esperando que lo felicite. Él está esperando que el Señor diga: “Maravilloso, Pedro. Eres tan magnánimo”. Creo que a muchas personas, la mayoría de las personas, les es difícil perdonar una vez, en serio.

Luis XII, dice: “Nada huele tan dulce como el cuerpo muerto de tu enemigo”. Eso quizás expresó algo de los sentimientos de la mayoría de la gente. El perdón es algo muy extraño de la naturaleza humana, esa es la razón por la que a todos en cierta manera nos sorprende cuando vemos a Jesús muriendo en la cruz y la gente le está escupiendo. Le han clavado una corona de espinas en su frente. Han clavado clavos en Su cuerpo. Y Él está colgando ahí desnudo, con moscas y sangre, como una cubierta ante todo el mundo entero que lo ve, y Él mira hacia abajo, y Él dice: “Padre”  –¿qué? – “Perdónalos. Porque no saben lo que hacen”.

Y esa es la razón por la que nos sorprende en Hechos 7:60, ver a Esteban siendo aplastado por piedras sangrientas, ahí donde ha sido arrojado. Conforme se las arrojan y lo están matando, él mira hacia arriba y dice: “No les tomes en cuenta este pecado”. Y creo que la profundidad del testimonio de Esteban afectó a uno en particular que resultaba estar ahí cuidando las túnicas de los que estaban apedreándolo, un hombre llamado Saulo.

Pero el pueblo de Dios debe ser como Cristo. Y el pueblo de Dios debe ser como Esteban, especialmente con otros cristianos. No debemos tener nada en contra de una persona que nos ha hecho algo mal, sin importar cómo nos han hecho mal, y no importa a qué nivel de intimidad nos han hecho mal.

Le hemos hecho algo malo a Dios. ¿Oyó usted el Salmo que leí esta mañana? David dijo en el Salmo 51: “Contra ti, contra ti, solo Dios he pecado y he hecho este mal a tus ojos”. Y él clama a Dios en contra de quien él ha pecado. ¿Y cuál es el corazón de Dios hacia David? Perdón. Y usted ha hecho lo mismo. Usted ha pecado contra Dios. Todo pecado que jamás ha pecado en toda su vida entera fue pecado contra Dios. Es como si hubiera usted entrado en Su presencia santa en medio del cielo, pecó en frente del trono en Su rostro. Es desafiante. Usted ha pecado en la cara de Dios y Él lo ha perdonado a usted.

¿Es usted mejor que Dios que usted no puede perdonar lo que Dios perdona? Y usted ni siquiera conoce la maldad plena del pecado. Por dos razones. Una, usted no es omnisciente, y dos, usted no es tan santo que puede entender su pecaminosidad total. Entonces, la pregunta: “¿Cuántas veces perdono, siete veces?” Y Pedro realmente pensó que estaba siendo generoso.

Ahora, eso lleva de la pregunta del perdón a la extensión del perdón. Versículo 21 de nuevo, Pedro dice: “¿Siete veces? Jesús le dijo: “Te digo no siete veces, sino hasta –¿qué? – setenta veces siete”. Ahora, ¿qué es lo que Pedro tenía en mente cuando dijo siete veces? Él estaba pensando que él era tan generoso. ¿En qué estaba pensando? Permítame decirle algo, la tradición judía dice, perdonas a una persona tres veces. Ese es el límite.

Y usted puede decir, ¿por qué dijeron eso? Permítanme llevarlo de regreso en su Biblia a Amós. Y si usted no puede encontrar Amós, no se preocupe, simplemente escuche. Amós 1:3: “Así ha dicho Jehová: Por tres transgresiones de Damasco, y por cuatro, no quitaré su castigo”. Versículo 6: “Así ha dicho Jehová: Por tres transgresiones de Gaza, y por el cuarto, no quitaré su castigo”. Versículo 9: “Así ha dicho Jehová: Por tres transgresiones de Tiro, y por el cuarto, no quitaré su castigo”. Versículo 11: “Así ha dicho Jehová: Por tres transgresiones de Edom, y por el cuarto, no quitaré su castigo”. Versículo 13, “Así ha dicho Jehová: Por tres transgresiones de los hijos de Amón, y por cuatro, no quitaré su castigo”.

Ahora, usted encuentra afirmación parecida en Job 33:29. Y entonces, los judíos concluyeron que las tres veces usted podía ser perdonado. Cuando usted lo hacía la cuarta vez, usted recibía el golpe del juicio divino de Dios. Entonces dijeron que esto –y claro, ellos malinterpretaron el pasaje– que esto justificaba el límite de tres veces para el perdón. Ellos dijeron esto: “Si tres veces llena la medida del perdón de Dios, los hombres no pueden ir más allá de Dios. Entonces, después de tres veces, se acabó.

Y usted lee cosas como el Rabino José ben Hanina que dijo: “El que ruega perdón de su prójimo no lo debe hacer más de tres veces”. O el rabino José ben Yehuda a quien dijo: “Si un hombre comete una ofensa una vez, lo perdonan. Si comete una ofensa por segunda vez, le perdonan. Si comete una ofensa la tercera vez, lo perdonan. La cuarta vez, no lo perdono”.

Entonces, sin duda alguna, cuando Pedro dijo que pensó siete veces, él realmente estaba yendo más allá de su propia tradición y él estaba siendo generoso. Él probablemente pensó que él sería felicitado, y sin duda alguna tenía algún tipo de sonrisa en su rostro pensando en cuán generoso él había sido. Y podría añadir que, a favor de él, sus tres años con Jesús habían tenido algo de impacto en él. Él sin duda alguna había aprendido del espíritu misericordioso, generoso, de gracia, amable y perdonador de Jesús. Y esa es la razón por la que él sabía que Jesús iría mucho más allá, de por lo menos dos veces y una más, la tradición de su propio pueblo. Entonces, él vio que Jesús ciertamente amaba y perdonaba de una manera que iba más allá del límite estrecho del judaísmo. Él, en ese sentido, había avanzado más allá de los hombres de su propia nación, y el Señor estaba a punto de guiarlo aún más allá de eso para que él entendiera de manera plena lo que es la gracia.

Y esa es la razón por la que el Señor dice en el versículo 22: “Setenta veces siete”. Ahora, eso lo habría dejado sin aliento. Digo, literalmente, habría dejado sin palabras al hombre, porque estaba mucho más allá de la proporción con la magnanimidad que él había diseñado en su propia mente cuando dijo “siete”. El número era tan grande que usted simplemente perdería la cuenta. Digo, usted realmente no cuenta 490 veces. Es cuestionable si eso llegaría a pasar.

Ahora, realmente no hay nada obligatorio. Usted no mantiene un libro, un registro y dice: “Muy bien, esa es la 491. Usted sabe, se acabó”. Jesús simplemente toma un número de Pedro y lo multiplica por diez, y por siete otra vez. Él simplemente juega con el número que Pedro sugirió, y él realmente está diciendo, no hay límite.

Hay una especie interesante de comparación conforme estaba estudiando esto, leí en Génesis 4:24, en donde habla de la venganza siendo traída 77 veces. Y aquí el Señor dice que el perdón es setenta veces siete. Entonces, sea cual sea la base que existiera incluso para la venganza legítima, hay una infinitamente más grande para el perdón de gracia.

Nuestro Señor realmente está llamando a un número indefinido. Y simplemente para mostrarle eso, permítanme pedirle que me acompañe en su Biblia a un pasaje que, si usted piensa que esto es impresionante, vea este, Lucas 17:4. Y esto es básicamente la perspectiva de Lucas del mismo acontecimiento.

Allá atrás, en el versículo 3: “Mirad por vosotros: Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale”. En otras palabras, cuando él se arrepiente, le extiendes el perdón pleno. “Y si él pecare contra ti siete veces al día, y siete veces al día, se vuelve de nuevo a ti, diciendo: Me arrepiento; lo perdonarás”.

Y de nuevo, él simplemente usa este mismo número y si combinamos a Lucas con Mateo, lo que tenemos es, ¿debo perdonarlo siete veces? No, perdónalo setenta veces siete si él peca siete veces al día. En otras palabras, es simplemente hipérbole. El punto es perdón ilimitado. Juan Wesley dijo: “Si esto es el cristianismo, ¿en dónde viven los cristianos?” Una buena pregunta. No hay límite y no hay límite para el perdón. Un asunto muy serio.

Observe Santiago 2:13 por un momento. Dice: “Porque juicio sin misericordia será para el que no mostrare misericordia”. ¿Escuchó eso? Él tendrá juicio sin misericordia de parte de Dios para el que no mostrare misericordia. Una verdad muy importante. Somos llamados a la misericordia.

De regreso a Mateo 5:7, ¿se acuerda usted de la bienaventuranza maravillosa en el versículo 7? “Bienaventurados son los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia”. Pero veremos más de eso en unos momentos. Ahora, el pensamiento aquí es este. La extensión del perdón es interminable, ilimitada. Si fuera 490 veces al día, una persona debería ser perdonada. Entonces, no desfile su venganza, y no desfile su amargura, y su enojo y su espíritu no perdonador, como si fuera una virtud. Es lo opuesto mismo de una virtud. Ni siquiera es la gloria de los humanos, mucho menos una manifestación del corazón de uno que tiene en él al espíritu de Dios.

Entonces, la pregunta acerca del perdón lleva a la afirmación de Jesús acerca de la extensión del perdón. Ahora, quiero hablarle por unos momentos del efecto del perdón, el efecto. Y para hacer eso, quiero llevarlo a Mateo capítulo 6. Vamos a dejar nuestro pasaje ahí por un momento y regresar a Mateo capítulo 6, porque necesito meter en este pasaje en particular la lección que hay el capítulo 6.

Ahora, somos llamados a perdonar, y le voy a dar varias razones por qué, y cubrí estas en nuestro estudio de la oración de los discípulos en Mateo 6. En primer lugar, somos llamados a perdonar debido al ejemplo de Jesucristo. Efesios 4:32: “Porque hemos sido perdonados por Dios por causa de Cristo, así también debemos perdonarnos unos a otros”. Entonces, somos llamados a perdonar debido a que Cristo nos dio ese ejemplo.

En segundo lugar, somos llamados a perdonar porque es lo mejor del hombre, como dije, Proverbios 19:11. En tercer lugar, somos llamados a perdonar porque es la naturaleza de los santos el hacer eso. Eso es parte de la virtud cristiana. En cuarto lugar, somos llamados a perdonar para liberar nuestra conciencia de la raíz de amargura de la que Hebreos habla.

En quinto lugar, debemos perdonar para liberarnos de Satanás. Segunda de Corintios 2 dice que él va a aprovecharse de nosotros si no hacemos eso. Y en sexto lugar, debemos perdonar para liberarnos de la disciplina divina. ¿Y escuchó eso? Esas son cosas muy importantes.

Debemos perdonar porque ese es el ejemplo de Cristo. Debemos perdonar porque esa es la gloria del hombre. Debemos perdonar porque esa es la naturaleza de los santos. Debemos perdonar porque libera nuestra conciencia de una raíz de amargura. Debemos perdonar porque nos libera de la ventaja de Satanás. Debemos perdonar porque nos libera de la disciplina de Dios. Y una más, debemos perdonar o de otra manera, no seremos perdonados. ¿Escuchó eso? Debemos perdonar o de otra manera no seremos perdonados.

Santiago 2:13, se lo acabo de leer: “El que no muestra misericordia no recibirá misericordia”. Observe el 6:12 de Mateo: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Y después, el comentario de eso está en el versículo 14: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará: Pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas”. Ahora escuche, esa es una afirmación monumental acerca del perdón. Porque si usted no perdona, usted no recibe perdón.

Ahora, usted dice: “¿Está hablándole a cristianos?” Sí. Esta es la oración de un creyente. Si usted no es creyente, usted ni siquiera está en esta oración, porque usted no puede decir en el verso 9, como comienza la oración, ¿la cual es qué?“Padre nuestro”. Dice usted: “¿En qué sentido, entonces, puede un cristiano tener pecado no perdonado?”. Si usted no perdona a alguien más como cristiano, dos cosas suceden. Número uno, usted no puede conocer el perdón de Dios en términos de comunión, gozo, todo lo que debería estar ahí entre usted y el Señor. Y segundo lugar, usted conocerá Su disciplina, porque Dios, cuando hay un pecado en contra de usted, y Él no ha perdonado eso en términos paternales, va a traer a su vida cierta disciplina para refinar esa área que no está refinada.

¿Entiende usted eso? Entonces, hay dos lados. Cuando usted no perdona a alguien más, usted no experimenta el gozo pleno de su salvación, y en segundo lugar, usted experimentará presión divina y disciplina. Entonces, examine su vida. ¿Está viendo su vida y diciendo: “No veo el tipo de gozo que debería ver en mi vida? No tengo el tipo de satisfacción espiritual. Parece que no veo el poder de Dios en mi vida”. Por otro lado, parece como si siempre estoy siendo disciplinado. Siempre estoy luchando. Siempre hay luchas en mi vida. He examinado mi vida. No conozco de ningún pecado moral. No conozco esto o aquello.

Después, usted rastrea y descubre, de hecho, que hay algo en su corazón, por lo que usted no ha perdonado jamás a una persona. Alguna amargura la que se aferra, porque si usted no puede perdonar, usted nunca experimentará el perdón de Dios, y eso es lo que esto está diciendo. Y aunque usted muera y vaya al cielo, porque en términos de transacción sus pecados han sido pagados en Cristo, están perdonados en los libros. Usted no puede experimentar la plenitud de eso, porque usted no quiere perdonar.

Ahora, esta no es alguna verdad aislada. Usted lo vio en Santiago 2:13. Usted lo vuelve a oír en la oración de los discípulos. Y en caso de que todavía no esté convencido, escuche Marcos 11:25: “Y cuando estéis de pie orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien; para que vuestro Padre, que está también en el cielo, perdone vuestras ofensas. Porque si no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” Ahí está de nuevo, lo mismo, Marcos 11:25-26. Entonces es una verdad muy importante.

En Mateo 6:12 debemos señalar algo: “Perdónanos nuestras deudas”, el griego dice, “como perdonamos a nuestros deudores”. Eso es muy importante, porque coloca nuestro perdón antes del perdón de Dios. Perdónanos, Dios, como hemos perdonado. Cuando nos encargamos del perdón, entonces Dios mantiene el canal de Su propio perdón bendito fluyendo.

Entonces, usted podría estar pensando en 1 Juan 1:9: “Conforme confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar, y seguir limpiando”. Sabe una cosa, esa es la vida del cristiano, se mantiene confesando. Dios se mantiene perdonando y limpiando, pero solo cuando perdonamos a otros. Eso levanta un muro si no hacemos eso.

Oswald Sanders dijo: “Jesús trata con nosotros como tratamos con otros. Él nos mide por la vara que usamos para medir a otros”. La oración no es “Perdónanos porque perdonamos a otros”, sino “Perdónanos, así como hemos perdonado a otros”. El perdón, entonces, es básico para ser perdonado.

Entonces, ¿cuál es el efecto del perdón? El efecto del perdón es que cuando usted perdona a otros, ¿qué sucede? Dios lo perdona a usted. Dice usted: “¿Qué significa cuando Dios me perdona a mí?”. Significa que puedo experimentar la plenitud de la comunión y me salgo del lugar de la disciplina y me coloco en el lugar de la bendición.

Por cierto: “perdónanos nuestras deudas”, las “deudas” ahí son deudas espirituales y se refieren al pecado, y eso es porque el versículo 14 dice “transgresión”. Entonces, equiparamos las deudas y las transgresiones. Y sabemos en el otro registro de esta instrucción y oración que la palabra “transgresión” aparece. Entonces, son nuestros pecados que literalmente tenemos que hacerlos a un lado. Eso es lo que el verbo significa. Quitar los pecados de otros contra nosotros, para que los nuestros sean quitados.

Ahora, regrese a Mateo 5, versículo 7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia”. Ese es el mismo principio, ¿no es cierto? Es exactamente el mismo principio. Si quiere misericordia cuando usted peca por parte del Señor, entonces más vale que dé misericordia a otras personas. ¿Sabe una cosa? Piénselo de esta manera. Acabo de pensar en esto en términos de una afirmación concisa. Usted es muy parecido a Dios. Usted es muy parecido a Dios cuando usted perdona, ¿no es cierto? Muy parecido a Él. ¿Quiere ser como Dios? Todo el mundo dice: “Quiero ser piadoso”. Bueno, ¿podría sugerirle que la piedad quizás no se vea al memorizarse mil versículos tanto como lo es perdonar? Digo, debería estar ahí el fruto de esa memorización. La piedad es perdonar, porque usted es muy parecido a Dios cuando usted hace eso. Esa es la médula de la espiritualidad verdadera.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia”. Creo que esa es una afirmación de hecho de un creyente. Creo que la gente en el reino de Dios son misericordiosos. Cuando estudiamos esa bienaventuranza, dijimos que la gente creyente es misericordiosa porque han experimentado misericordia. Entonces, si usted no lo es, de hecho, está contradiciendo su propia naturaleza. Digo, está peleando en contra de quien es usted en Cristo. Usted ha sido perdonado. Y usted se vuelve un perdonador porque usted entiende ese perdón, pero es muy posible como cristiano que usted puede entrar en un tiempo de desobediencia en su vida en donde usted no perdona a otros y usted realmente está violando la prueba misma de su salvación.

Si usted quiere identificar un cristiano, simplemente busque a alguien que sabe cómo perdonar porque él ha sido perdonado. El perdón verdadero del pecador por parte de Dios, creo yo, quebranta a la persona. Le da un corazón de perdón hacia otros. Si realmente es un cristiano y realmente ha sido perdonado, entonces usted va a entender el perdón. Y si usted no entiende eso en absoluto, es cuestionable si usted realmente lo ha experimentado. Permítanme llevarlo a otro pasaje.

El mismo capítulo, Mateo 5 versículo 21: “Oísteis que fue dicho a los antiguos”. En otras palabras, Él le dice a los judíos: “Esta es su tradición”. Esa pequeña afirmación, “Oísteis, que fue dicho a los antiguos”, la cual se repite en el capítulo, es una identificación de su tradición judía. Su tradición dice: “No matarás; y todo el que matare, será culpable de juicio”.

En otras palabras, su tradición decía: “No mates a alguien porque podrías terminar en la cárcel”. Digo, básicamente eso era todo. Muy superficial. No mates a alguien, porque si lo matas, podrías estar en peligro de ser encarcelado. No hay asunto moral aquí, simplemente asegúrate de que no termines en la cárcel. Entonces, esa es la razón por la que no matas.

“Pero yo os digo, que todo aquel que se enoje contra su hermano sin causa”, sin que sea una causa santa, “estará en peligro de juicio y el que le diga a su hermano, Raca”, esto es, por cierto, una palabra que no se puede traducir de una palabra mala. “Tú, lo que sea, torpe, no piensas”. Ese tipo de situación. Más que tan solo decirlo de broma es decirlo con veneno. Cuando usted dice: “estás en peligro ante el concilio: y todo aquel que diga necio” youmros. Es una manera de burla abusiva, de menosprecio hacia un individuo. “Estarás en peligro del fuego del infierno. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar”, vienes a adorar a Dios, “y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, y deja tu ofrenda antes del altar, y ve y reconcíliate con tu hermano, y después ven y ofrece tu ofrenda”.

¿Por qué? Porque no vas a saber lo que es la adoración. No puedes tener comunión con Dios. No puedes tener comunión con Dios hasta que hayas resuelto esa actitud de perdón. Es lo mismo de nuevo. Primero, reconciliación; después, perdón. Primero perdonamos, después, somos perdonados. Y entonces, necesitamos ser llamados a examinar nuestras propias vidas. ¿Es usted como Dios? ¿Su corazón está dispuesto a perdonar? A todos se nos hacen cosas malas, de manera directa o indirecta. ¿Es libre su corazón para perdonar sin importar con qué profundidad ha penetrado en usted?

Para mí, simplemente como testimonio personal, para mí, los dolores más profundos vienen cuando la gente habla mal en contra de mí, quieren destruir mi reputación. Oigo de cosas que simplemente son increíbles, que supuestamente son verdad de mí. Simplemente increíbles. Y esas son las cosas que me duelen en mayor profundidad: Críticas falsas y acusaciones, y para mí esas se vuelven la prueba de un corazón perdonador.

Y le he pedido a Dios que me dé la gracia para perdonar. No quiero amargarme ni por cinco segundos. Y entonces, rápidamente, cuando oigo eso, estoy ansioso por ofrecer una oración. Oh Dios, coloca en mí el corazón de perdón para que pueda tener comunión contigo en la plenitud de la comunión y gozo, y no experimente la disciplina que viene cuando tú no me perdonas. Y que me acuerde de que por toda persona que peca contra mí, he pecado múltiples veces contra ti. Tú siempre has perdonado. Y en ningún punto en el tiempo ninguno de mis pecados me ha causado el perder mi vida eterna. Y tampoco el pecado de alguien más debe hacerlos perder mi amor y mi misericordia hacia ellos.

Y habiendo hecho eso, entonces usted busca la restauración al nivel de la comunión para que usted pueda tener gozo. Y habiendo hecho eso, usted demuestra el corazón verdadero del perdón al devolverle a esa persona algo de gran valor y podría ser usted encomendándose a su cuidado. Bueno, oremos.

Padre nuestro, te agradecemos porque hemos podido venir a Tu Palabra esta mañana y exponer nuestros corazones de nuevo a su verdad poderosa. Todos necesitamos ser perdonados. Necesitamos que las personas en nuestra casa nos perdonen: nuestras esposas, esposos, nuestros hijos. Necesitamos a las personas con las que trabajamos diariamente que nos perdonen. Necesitamos que la gente en nuestros estudios bíblicos, y nuestra familia en la iglesia nos perdonen porque somos niños. Quedamos cortos de la perfección. Somos débiles, ignorantes, indisciplinados en tantas maneras, tendemos a desobedecer, somos obstinados.

No es cuestión de quién de nosotros que ha pecado necesita perdón. Es sólo cuestión de cuáles fueron nuestros pecados. Porque todos hemos pecado, incluso desde que abrazamos a Cristo. Y, entonces, la iglesia debe ser una asamblea perdonadora, un grupo de personas perdonadoras, que da de manera dispuesta para que pueda recibir de manera dispuesta el perdón de Dios. Que conozcamos, Señor, esa comunión plena, rica y gozosa. Que conozcamos la bendición de evitar la disciplina porque hemos perdonado a otros.

Que demostremos nuestra redención. Que seamos ilustraciones vivientes de bienaventurados los misericordiosos, porque muestran que han obtenido misericordia. Que seamos a otros como Tú eres a nosotros. Padre, que nunca vengamos a adorar para traer una ofrenda con un corazón que no perdona a un hermano, sino que primero enfrentemos el perdón, y después, la adoración. Y cuando hemos seguido el camino de la disciplina y ganado a un hermano, y cuando hemos perdonado y restaurado la comunión con ese hermano o hermana, y pecan otra vez el mismo pecado contra nosotros, que los perdonemos de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, sin límite, como Tú en gracia nos perdonas sin límite.

Nunca hay un límite para nuestro perdón porque nunca hay un límite para el Tuyo. Y entonces, seremos como Dios. Entonces seremos restaurados a Su naturaleza. Entonces, caminaremos como Jesús caminó, quien cuando le maldecían, no respondía con maldición. Cuando Él fue objeto de burla, y fue blasfemado y asesinado, dijo: “Padre, perdónalos. Porque no saben lo que hacen”. Como Esteban, cuando fue maltratado, abusado, apedreado hasta la muerte; todo sin merecerlo. Que digamos: “No los culpes por esto”.

Danos el corazón de perdón para que cada herida sea curada instantáneamente, toda barrera sea quitada instantáneamente, todo muro sea derribado instantáneamente. Que no sólo estemos reprendiendo con iniciativa el pecado, sino también con iniciativa estemos perdonando. Gracias por lo que Tú vas a llevar a cabo en y a través de nosotros cuando somos obedientes a esto.

Mientras sus cabezas están inclinadas en tan solo un momento de cierre, ¿podría orar usted de una manera personal por tan solo un momento en silencio, para que Dios lo haga a usted una persona perdonadora? Y ahora, ¿podría usted identificar a una persona en su corazón con quien ha tenido usted dificultad de perdonar y va a mostrar una actitud como la de Dios y perdonar? Simplemente, diga, Señor –y repita el nombre en silencio– Perdono a esa persona. Y quizás, haya más de una.

Y después dirá usted, Señor, quizás debido a alguna falta de perdón en mi vida, he sido disciplinado y nunca he experimentado la plenitud de Tu perdón. Si es verdad, confieso ese pecado. Señálamelo para que pueda ser corregido. Y habiendo comenzado con perdón en el corazón, vaya a su hermano o hermana y busque la restauración y dele algo de valor, quizás usted mismo.

Padre, gracias por lo que estás llevando a cabo mediante Tu Palabra estos días. Estas son verdades tan importantes. Haznos personas perdonadoras que no tengamos amargura. Que no alimentemos ninguna herida, sino que nuestros corazones estén tan llenos de gracia y misericordia por el Espíritu de gracia y misericordia que vive ahí, que tengamos más que suficiente para todos los que nos ofenden, para que podamos perdonar 490 veces al día y nunca agotar el corazón del perdón, nosotros a quienes se nos ha perdonado tanto.

Gracias por lo que vas a hacer en nuestros corazones a lo largo de este día. Tráenos de nuevo juntos esta noche con gran anhelo para escuchar Tu Palabra. Haz que este sea un día especial. Bendice todas las clases esta mañana. Que ellas también sean para tu gloria y la edificación de Tu pueblo. En el nombre de Jesús, amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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