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Abra su Biblia si es tan amable en el capítulo 26 de Mateo. Vamos a estar viendo los versículos 30-35, Mateo 26:30-35.  

Por mucho que nos gustaría pensar de nosotros mismos como cristianos fuertes, la realidad es que en y por nosotros mismos somos débiles. Nos gustaría pensar que nunca podríamos ser sorprendidos en una situación en la que negaríamos al Señor, en donde negaríamos Su palabra, en donde nos avergonzaría nombrar Su nombre o estar asociados con Él.

Pero la realidad del asunto es que de vez en cuando hacemos exactamente eso. Nos vemos atrapados en un ambiente de injusticia y no decimos nada. Hay un momento de hablar de Cristo y no hablamos. Hay un momento cuando alguien nos identificaría como un cristiano y evitamos una identificación como esa por temor a la presión social o al aislamiento social. Hay ocasiones en las que deberíamos ser valientes por la causa de Cristo, pero somos todo menos valientes.

Me acuerdo cuando era joven, solía pensar en cómo sería cuando en el futuro fuera a servir al Señor, y si Él me llamara a un lugar muy difícil y enfrentar a la muerte o la negación de Cristo. Había leído historias de misioneros, de esas personas que afirmaron su fe en Cristo hasta la muerte. Y me pregunté si yo haría eso. Y quería de manera tan desesperada creer que lo haría, realmente quería poder decir, “Yo haría eso. Yo nombraría a Cristo ahí hasta el final si fueran a quemarme en la estaca. Y yo seguiría nombrando el nombre de Cristo.”

Anhelaba tanto poder decir eso acerca de mí mismo, pero realmente tenía muchas dudas. Y lo que me daba las dudas en ese entonces, y todavía, es que hay ocasiones cuando ni siquiera digo lo que debo decir en una situación que es mucho menos intimidante que la muerte. Hay ocasiones cuando simplemente nos alejamos de la identificación de Cristo que debemos tener. Hay ocasiones cuando como discípulos desertamos, nos alejamos por causa de la vergüenza, preferimos no estar identificados con Cristo, simplemente no queremos dar un paso hacia delante y permanecer firmes. Y así fue con los discípulos del Señor Jesucristo.

Y entonces la elección que les enseña aquí es una lección también para nosotros. Ellos desertaron en este pasaje. Dejaron a Cristo. Él predice eso. Y sucedió exactamente como Él lo predijo. Pero fue una lección profunda e inolvidable para ellos, una lección que yo creo cambió la dirección de sus vidas. De todas las cosas que Jesús pudo haberles dicho, de todas las cosas que Él pudo haberles advertido, de todos los problemas que pudo haber tocado acerca del futuro Él escoge mencionar el hecho de que todo van a dejar y desertar. Y Mateo por el Espíritu Santo escoge colocar esa historia exactamente en medio de este capítulo en preparación para la cruz porque es una lección tan monumental que aprender. Y como si nuestro Señor lo hubiera planeado, los discípulos deben llevar el mensaje al mundo, deben ser fuertes. Y el primer paso en su fortaleza es aprender cuán realmente débil es usted, ¿verdad?

Entonces la lección de la debilidad es la primera cosa que debe ser aprendida. Y esa es la lección que les enseña aquí. Es como el resto de este capítulo hasta ahora, parte de la preparación para la cruz. Hemos leído de la preparación de Dios, la preparación de los líderes judíos, la preparación de María, la preparación de Judas, la preparación de nuestro Señor al terminar la economía antigua con la Pascua final, al iniciar la mesa del Señor. Y ahora aquí está la preparación por parte del Señor de los discípulos que van a llevar el mensaje y son preparados al aprender una lección muy importante acerca de su propia debilidad humana, acerca de su propia incapacidad de vivir al nivel del estándar que dicen que afirman. Y es una lección que nosotros también necesitamos aprender.

Todos enfrentamos el hecho de que podríamos permanecer firmes para Cristo en medio de cristianos. Nos podría gustar presentar un testimonio conforme hablamos con el Señor, “Señor, nunca te negaré, nunca te desampararé, nunca te desertaré. Siempre estaré firme. Seré fiel a ti como Pedro dijo estoy listo para ir a la prisión contigo y morir si fuera necesario. Haré eso.” Pero cuando llegamos al punto, desertamos. Todos nosotros enfrentamos ese mismo tipo de situación. Y necesitamos aprender que no tenemos la fortaleza en nosotros mismos para enfrentar ese tipo de situación a menos de que reconozcamos nuestra debilidad y dependamos del Señor. Si pensamos que podemos hacerlo en nuestra propia fortaleza fracasaremos.

Hace unos momentos cantamos un himno, y quiero simplemente recordarle un par de las frases en ese himno que pensé que son muy importantes para nosotros, “Oh Jesús, he prometido servirte hasta el final. Mantente cercano a mí para siempre, mi amo y mi amigo. No temeré la batalla si Tú estás a mi lado, ni me desviaré del camino si Tú eres mi guía.” Ahora, ahí se hace una promesa, pero una afirmación de que, si esa promesa se va a guardar, “Tienes que estar a mi lado. Oh, permíteme sentirte cerca de mí. El mundo siempre está cercano. Veo los vistazos que me ciegan, los sonidos tentadores oigo. Mis enemigos siempre están cercanos a mí y a mi alrededor y dentro de mí, pero Jesús acércate más y más a mí y cubre mi alma del pecado.” La promesa está ahí de servicio fiel hasta el final.

Y entonces está el sentido de ineptitud, el sentido de debilidad que depende del Señor, “Oh Jesús, Tú has prometido a todos los que te siguen que a donde Tú vayas en gloria ahí estará tu siervo. Y Jesús, yo he prometido servirte a ti hasta el final. Oh, dame la gracia para seguirte mi amo y mi amigo.” El reconocimiento que una promesa como esa solo puede ser guardada en fortaleza divina y por la presencia de Cristo.

Ahora, haremos esas promesas, y como discípulos debemos hacerlas. Pero debemos aprender de esta lección que no podemos guardarlas en nuestra propia fortaleza. Observe el versículo 30, “Y cuando hubieron cantado el himno salieron al Monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo, todos vosotros os escandalizareis de mí esta noche, porque escrito está heriré al pastor y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado iré delante de vosotros a Galilea.” Respondiendo Pedro le dijo, “Aunque todos se escandalicen de ti yo nunca me escandalizare.” Jesús le digo dijo, “De cierto de cierto te digo que esta noche antes que el gallo cante me negarás tres veces.” Pedro le dijo, “Aunque me sea necesario morir contigo no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.”

Como puede ver todos afirmaron lo que nos gustaría poder afirmar. Pero estaban afirmándolo en base a su propio sentido de fortaleza, su propio sentido de compromiso. Pensaron que su amor hacia Cristo era mayor de lo que era. Pensaron que su fortaleza espiritual era mayor de lo que era. Pensaron que su capacidad de enfrentar a Satanás era mayor de lo que era. Estaban apoyándose en su propio entendimiento en los términos de Proverbios 3. Y cuando llegó el momento de tener que ser fieles cuando Cristo fue llevado cautivo en el huerto, observará en el capítulo 26, versículo 56, la última frase del versículo, “Entonces todos los discípulos le dejaron y huyeron.” Cuando llegó el momento de la prueba todos huyeron. De tal manera que lo que ellos prometieron expresado por Pedro y después afirmado por el resto, no fue nada más que palabras vacías porque estaban esforzándose por ser fieles en su propia fortaleza.

Entonces Jesús aquí como parte de la preparación para su cruz está enseñándole a los discípulos una lección fortalecedora, advirtiéndoles de la ineptitud de la fortaleza humana, la ineptitud de sí mismos en la batalla espiritual. Ahora, ningún cristiano realmente está exento de las pruebas que pueden causar que nos avergoncemos de Cristo. Le recuerdo 2ª de Timoteo, capítulo 1 en donde Pablo le dice a Timoteo, “Porque Dios no nos ha dado – versículo 7 – espíritu de temor o de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences del Señor Jesucristo.”

Imagínese que Pablo tuvo que decirle a Timoteo que no se avergonzara de Jesucristo. Después en el versículo 12 él dice, “Porque yo no me avergoncé de Cristo, sino que llevé mi sufrimiento con disposición.” Es lo que él dice de hecho. Y en Romanos 1:16 él dice, “Porque no me avergüenzo del Evangelio de Cristo.”

No hay lugar en la vida de un creyente para la vergüenza con respecto a Cristo. No hay lugar para la deserción. De hecho, en Romanos 9:33 dice, “Todo aquel que en Él cree no será avergonzado.” Y en Marcos 8:38 Jesús dijo, “Es una característica de un incrédulo que se avergüence de Mí. Todo aquel que se avergüence de Mí Yo estaré avergonzado de él.” Son los incrédulos los que se avergüenzan de Cristo, no los creyentes. Sin embargo, a veces bajo la presión desertamos, somos desleales, somos infieles. Y aquí está la lección acerca de restaurar a los discípulos que desertan.

Ahora, hay otra cosa que quiero que observe en esta lección, porque ciertamente es el punto primordial de Mateo. Él no se está concentrando primordialmente en los discípulos, aunque aparentemente ellos son el punto central aquí. El enfoque central aquí está en Cristo, creo yo. La intención de Mateo aquí está en preservar la majestad de Jesucristo.

¿Cómo puede usted hacer eso en una situación como esa? ¿Cómo puede Cristo presentarse con alguna dignidad, con algún respeto, con alguna gloria, con alguna majestad en cualquier sentido el Hijo de Dios real, Rey de reyes? ¿Cómo puede Él en algún sentido ser eso en medio de la deserción de todos sus seguidores? Alguien se ve obligado a decir de Él, “¿Qué tipo de líder es este que tiene a sus tropas y llegan a la intensidad de la batalla y todos desertan cuando enfrentan al enemigo? ¿Qué tipo de líder es aquel que no tiene más control sobre los suyos, que no tiene más lealtad de los suyos, que no tiene más amor y compromiso por parte de los suyos? Los hombres menores que estos han sido fieles en una seriedad más grande y permanecieron fieles. ¿Qué tipos de hombres son estos? ¿Acaso Él no escoge al tipo correcto de hombres?

En otras palabras, podría ser algo que menosprecia a Cristo. Él podría verse mal aquí. Podría ser algo que debilita su esplendor real. Pero no es así. Porque Mateo bajo la inspiración del Espíritu Santo lo voltea de tal manera que exalta a Jesucristo en contraste a los discípulos que desertan. Y como leí a lo largo de esto, y lo leí una y otra vez, y estudié esto a lo largo de la semana. Llegué a ver la naturaleza majestuosa de Jesucristo en este pasaje de manera tan clara, en esta parte como en cualquier otra del Nuevo Testamento. Lo veo a manera de contraste con los discípulos y doy por sentado en mi corazón que eso también estuvo en la mente del Espíritu de Dios y Mateo conforme esto fue escrito.

Ahora, recuerde, esto está a horas antes de la crucifixión. Esta es la conclusión de la vida del Señor Jesucristo. Este es el clímax de la historia redentora. Este es el momento más grande.

No sé si usted sabe esto, pero solo en cuatro capítulos en todos los cuatro Evangelios, un total de cuatro capítulos están dedicados a los primeros 30 años de la vida de Cristo, tres están dedicados al último día de su vida. Este es un momento monumental en la historia redentora, y todo parte de la preparación de la cruz. Cristo ha terminado con la economía antigua, ha cerrado la dispensación judía con la Pascua final, instituyó la nueva economía en el nuevo pacto de su sangre en la copa y el pan. Y ahora Él enseña esta lección tan profunda hombres que son hombres muy críticos en la extensión continua de Su reino y pacto.

Y entonces conforme llegamos al versículo 30 simplemente entramos al texto y leemos, “Cuando ellos habían cantado un himno salieron al Monte de los Olivos.” Ahora recuerde usted que en la Pascua le dije que hubieron cuatro copas. Después de la comida principal del Cordero las hierbas amargas y la salsa, el pan sin levadura, tomaban una copa y cantaban el Hallel, el cual era la parte final del Hal, y después cantaban la canción final, la cual era el Salmo 136 llamada el Gran Hallel. Y todo versículo en el Salmo 136 termina con la misma frase, “Porque su misericordia es para siempre. Porque su misericordia es para siempre. Porque su misericordia es para siempre.” Cada una.

Entonces habrían cantado eso. Pero Mateo deja algo afuera. De hecho, antes de que cantarán ese último himno, literalmente el griego dice antes de que himnaran, y entonces salieron. Jesús les enseñó. Y toda esa enseñanza está registrada en Juan 14 al 16. Entonces en algún punto después de que Él instituyó Su cena, y antes de que se fueran, usted tiene que incluir ahí, Juan 14, 15, 16 y 17; 14, 15 y 16 son enseñanza; 17 es una oración al Padre. En esos tres capítulos de enseñanza Él les promete a todos, el legado que Él tiene que darles; paz, gozo, contentamiento, consuelo, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios, esperanza para el futuro. Él inclusive les promete persecución, pero liberación de ella. Él les da toda la información que necesitan. La culminación final de enseñanza antes de la cruz. Después en Juan 17 Él hora al Padre a favor de ellos en esa maravillosa oración sumo sacerdotal, de tal manera que todo eso viene antes del himno final y de que partan de ese lugar. Sabemos eso porque en Juan 18:1, después del 14, 15, 16 y 17 leemos esto, “Cuando Jesús había hablado estas palabras Él salió.”

Entonces sabemos que el Señor no se fue de ese Aposento Alto hasta que Él había enseñado a lo largo del 13, 14, 15, 16 y 17 de Juan. Entonces todo eso está cubierto. Juan lo registra, Mateo no. Entonces toda esa gran enseñanza ha sido dada. Esa gran oración al Padre orando por la unidad de los suyos que llegarían a creer en Él en los días venideros, como también aquellos que estaban ahí esa noche, todo eso. Y después el Hallel final, Salmo 136, y después se van.

Y el partir fue muy significativo. Era casi la medianoche. Salen de este Aposento Alto, bajan por las escaleras, salen a la calle y la ciudad está viva como si fuera mediodía. Está viva porque es el tiempo de la Pascua. Es el tiempo de la fiesta de los panes sin levadura y hay actividad en todos lados y la gente está apurada. Algunos están a la mitad de comer su comida de la Pascua. Recuerde los galileos y los fariseos la comían, más tarde el jueves por la noche, algunos todavía la están comiendo. Entonces las lámparas están ardiendo en las casas. Algunos están preparando para comerla al día siguiente. Los de Judea y los saduceos, y entonces están preparando todo. Las puertas del templo se abrirán a la medianoche para el festival especial. Y entonces la gente va hacia el templo queriendo entrar a ese lugar. Hay visitas por todos lados. La gente está negociando para encontrar un lugar en dónde comer la Pascua el día siguiente, que habían venido de afuera de la ciudad. Los animales están siendo recogidos y cargados por todos lados para ser sacrificados al día siguiente. Está viva, aunque es de noche.

Y entonces están sin duda alguna empujando el camino por dónde pasar en medio de la gente, sin duda alguna. Aunque este tipo de multitud de noche ahí por la colina este del monte del templo han cruzado el torrente de Cedrón, en donde ese pequeño arroyo está tan lleno como nunca debido a la lluvia del invierno, e inclusive está más llena debido a la sangre de todos los miles de animales que han sido matados, y la sangre sale por la parte de atrás del templo y baja ahí por la colina hasta llegar al arroyo para ser llevada.

Y entonces los discípulos, 11 de ellos ahora, y Jesús, cruzan ahí en la oscuridad y ascienden por el Monte de los Olivos. Se dirigen a un lugar muy conocido al que han ido muchas veces llamado el Huerto de Getsemaní, el cual significa el lugar donde aprietan las aceitunas, Monte de los Olivos, muchos árboles de olivos y un lugar llamado la prensa de los olivos. La gente en la ciudad no tenía jardines en la ciudad, no había lugar para eso. Habían jardines ahí en las colinas alrededor de la ciudad, y cultivaban esos. Y esos eran los jardines que le pertenecían a la gente que vivían en la ciudad. Y Jesús fue a un lugar conocido y se dirigían a ese lugar, pero debió haber subido ahí por la colina, y conforme iban hacia arriba necesitaban detenerse y descansar quizás en un lugar parecido al que se habían detenido la noche anterior cuando Él les dio el gran discurso del Monte de los Olivos de Mateo 24 y 25 de Su segunda venida.

Entonces se vuelven a detener camino al Huerto de Getsemaní. Y solo hay 12 de ellos ahora incluyendo al Señor. Y están congregados ahí en estas horas finales. Y Jesús tiene algo que decirles, versículo 31 dice, “Y Él entra a esta confrontación de su debilidad.” Ahora, básicamente toda la enseñanza previa a esto ha sido positiva, promesas, promesas, promesas, de Juan 13 hasta el 16, una oración de esperanza en Juan 17. Pero ahora conforme Él llega a este momento ahí en el costado del monte es el momento para un mensaje negativo. Es un momento para una advertencia. Deben aprender esta gran lección, que la fortaleza nace de un reconocimiento de la debilidad, no de un reconocimiento de fortaleza. Esa ilusión debe ser eliminada.

Y conforme Él enseña esta lección, y esto es realmente lo que quiero que vea entre otras cosas, esto es lo primordial, conforme Él enseña esta lección a sus discípulos que desertan vemos un contraste maravilloso entre Cristo y los discípulos, el cual preserva Su majestad. Y creo que usted lo va a ver conforme avanzamos a lo largo de esto. En primer lugar hay un contraste entre el conocimiento y la ignorancia, entre el conocimiento y la ignorancia. Los discípulos francamente son terriblemente ignorantes. Encontramos a Pedro diciendo, “Aunque todos los hombres – versículo 33 – se escandalicen debido a ti yo nunca me escandalizare o te dejaré.” Una ignorancia como esa, digo, solo era cuestión de unas cuantas horas antes de que él se escandalizara.

En el versículo 35, “Aunque yo muriera contigo no te negaré.” Él no sabía eso, Él no podía afirmar eso. Y resultó que eso fue ignorante. Y todos los discípulos dijeron lo mismo en el versículo 35, fueron ignorantes, eran ignorantes de sus propias debilidades, eran ignorantes de la fortaleza de Satanás, eran ignorantes de la prueba y su gran poder que iban a enfrentar en cuestión de unas cuantas horas, eran ignorantes de tantas cosas, por no decir nada de su ignorancia del Antiguo Testamento, de su ignorancia de la profecía mencionada en el versículo 31 acerca del pastor teniendo que ser herido y las ovejas del rebaño siendo dispersadas, eran ignorantes de muchas cosas y su ignorancia es obvia.

Pero en contraste a su ignorancia está el conocimiento maravilloso de Jesucristo. Observe el versículo 31, entonces, y el entonces es indefinido, en algún punto subiendo por el Monte de los Olivos esa noche Jesús les dijo, es otro momento de enseñanza, otro momento de instrucción. Y esta es una lección acerca de la torpeza de la autosuficiencia. Él dice, “Todos vosotros os escandalizareis de Mí esta noche. Porque escrito está heriré al pastor y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado iré delante de vosotros a Galilea.” Y después en el versículo 34 Él le dijo a Pedro, “De cierto te digo que esta noche antes que el gallo cante me negarás tres veces.”

Ahora, eso es conocimiento, escuche, Él sabía que se escandalizarían, Él lo sabía, Él sabía eso. Él sabía que sucedería esta noche. Él sabía que sería debido a Él. Él sabía que Él resucitaría de los muertos. Él sabía que se volvería a encontrar con ellos en Galilea. Él sabía que ellos se escandalizarían al punto en el que esa misma noche antes que el gallo cantara Pedro mismo, el líder, negaría a Jesucristo. Él sabía que nunca pasarían esa prueba esa noche en su propia fortaleza. Él sabía todo. Era como si Él estuviera una cabina de control y todo estuviera siendo transmitido, y todas las pantallas de todos los acontecimientos estuvieran frente a Él, y Él podía ver el panorama de todo lo que estaba pasando.

Él podía ver a Judas haciendo exactamente lo que Judas estaba haciendo en este momento mismo. Él podía ver a los gobernantes de los judíos haciendo lo que estaban haciendo. Él sabía exactamente lo que iba a pasar. Y estaba esta pantalla que le mostraba la negación de Pedro, otra huyendo a los discípulos. Él podía ver todo. Él ya podía ver el movimiento de los soldados, los soldados romanos junto con los líderes judíos, entrando con los palos y las espadas y las antorchas llegando al huerto para llevárselo cautivo. Él podía sentir en su mejilla y podía ver con el ojo de su mente el beso de Judas Iscariote.

Todo estaba ahí enfrente de él. Él podía ver todo. Y Él podía ver ahí de manera vivida en sus propios ojos, los ojos de su conocimiento sobrenatural, las profecías del Antiguo Testamento cumpliéndose. Él podía oír el eco de la profecía del Antiguo Testamento. Él podía ver el plan de Dios desarrollándose. Todo estaba frente a Él en todo detalle. Él no se esforzó por encontrar dicho conocimiento, fue inminente en su conciencia, fue inminente en lo que Él sabía. Él conoció el beso. Él conoció la traición. Él conoció todo paso en los juicios de burla. Él lo conocía todo. La deserción de los discípulos, la negación de Pedro, todo, todo detalle estaba frente a sus ojos.

Y entonces usted no pierde nada al ver a Jesús en este pasaje. Él no pierde nada de su majestad real aquí. Su persona real es clara porque Él tiene un conocimiento de todas estas cosas que van a suceder. Y lo único que necesita hacer es seguir leyendo para descubrir que se cumplieron tal como dijo que pasaría. Él lo conocía todo. Él conoció el momento esta noche. Él conoció el pasado, está escrito, ese era el plan de Dios. Él conoció el futuro, van a escandalizarse, todo era muy claro para Él. Él lo conocía todo. El conocimiento majestuoso de Cristo. Y se concentra básicamente en el versículo 31, era una profecía del Antiguo Testamento encontrada a Zacarías 13:7. Él dice, “Se van a escandalizar. Se van a escandalizar debido a Mí. Y se van a escandalizar debido a Mí esta noche.” Exactamente esta noche porque escrito está, este es el plan de Dios. Este no es algún acontecimiento que ha sucedido por el capricho y la voluntad de Judas o los líderes religiosos o alguien más en la tierra. Este es el plan divino de Dios. Escrito está.” Y Él cita, Zacarías 13:7, “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán.”

Jesús no solo sabía lo que Judas estaba haciendo, lo que los líderes religiosos estaban haciendo, lo que los discípulos estaban pensando. Él sabía lo que Satanás estaba planeando. Él sabía cómo todo el juicio iba a salir. Él sabía todo lo que iba a pasar esa noche cuando los soldados y los líderes vinieran a llevárselo. Él conocía el beso que iba a venir. Él sabía que los discípulos iban a huir. Él no solo sabía todo el presente y todo el futuro, sino que Él también entendió el plan de Dios en el pasado y Él también entendió el significado del profeta Zacarías cuando él dijo lo que dijo.

Y, por cierto, ese no es un pasaje fácil de interpretar. Si hubiera sido fácil los discípulos pudieron haberlo entendido. Ese pasaje en Zacarías 13:7 es algo difícil, le voy a decir por qué, en Zacarías 13 Zacarías está hablando de algunos profetas falsos, que serán heridos en sus casas de ídolos. Él está hablando de profetas falsos que Dios va a venir y va a herir en sus casas de ídolos, en otras palabras, Dios va a juzgar a los falsos profetas. El profeta está hablando en contra de estos falsos profetas, quienes son dignos únicamente del juicio de Dios.

Y después él viene atrás de eso en el versículo 7 y dice, “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se esparcirán.” Y podría haber parecido al principio que Él se está refiriendo aquí a un falso pastor, que Dios va a descender y que va a herir a un falso pastor. Tiene sentido. Y va a dispersar a todos los seguidores de ese pastor falso. Y podríamos pensar eso, excepto por la interpretación clara de Cristo, quien dice, “Me van a herir a Mí, y el rebaño son ustedes.” Y entonces el pastor herido de Zacarías 13:7 tiene que ser el Mesías. Y el rebaño que se dispersó tiene que ser su pueblo, los suyos. Y si usted entiende eso usted entiende el significado de Zacarías 13:7, y tiene sentido a partir de ese pasaje especialmente si usted lo veo un poco más de cerca.

Ahora, observé Zacarías 13:7 por tan solo un momento. Y le voy a mostrar algunas cosas interesantes. Dice, “Despierta oh espada – y este es Dios, Jehová, Dios hablando – despierta oh espada en contra de mi pastor.” Ahora, eso le dice de inmediato que ese no es un profeta falso. Dios no está matando a un falso profeta a quien Él llama mi pastor, el representante personal de Dios. Dios dice, “Mi espada matará a mi pastor.” “Despierta oh espada en contra de mi pastor.” Y después viene esta frase tan interesante, “Y en contra del hombre – y Él usa una palabra hebrea aquí que no es la palabra normal, no la palabra genérica, pero significa hombre poderoso u hombre de gran fortaleza. Entonces en primer lugar el pastor que va a ser matado es llamado el pastor de Dios, mi pastor, un pastor poderoso. Y después dice, “Quien es mi compañero.” Literalmente el hombre poderoso de Mi unión, o el hombre poderoso igual a Mí. Afirmación maravillosa, ¿no es cierto? ¿Quién es igual a Dios? Cristo. ¿Quién era el pastor de Dios? Cristo. ¿Quién es el pastor poderoso? Cristo.

Entonces de manera clara Zacarías está dando un giro aquí de los falsos diciendo, “Sí, Dios va a herir al pastor falso en la casa de su ídolo. Pero Dios también va a herir al pastor verdadero y sus ovejas también van a ser dispersadas.” Y al final del versículo, “Y voy a volver mi mano sobre los pequeños, habrá un remanente.” Habrá un remanente. Lo que Zacarías estaba diciendo es que el día está por venir cuando Dios va a herir a su propio pastor, el Señor Jesucristo, y las ovejas van a ser dispersadas. Ahora, las ovejas creo yo que Zacarías tiene en mente la nación de Israel. Israel entró en caos después de la muerte de su Mesías. 70 d. C. La ciudad fue destruida, el templo y todo lo demás. Y todavía están en el mismo caos que resultó del rechazo del Mesías.

Pero los discípulos siendo dispersados en cierta manera fueron la primera fase del caos que azotó la nación de Israel. Entonces Zacarías ve a Dios hiriendo al pastor, la nación desintegrándose. Y la primera fase de esto el Señor la aplica a su grupo de Sus propios discípulos que serán dispersados. Pero también podría añadir, y Él no cita esto en Mateo, sino que está en Zacarías. Zacarías dice, “Pero voy a congregar de nuevo a mis pequeños. Y mientras que la nación entera en últimas entró en caos, Dios regresó y congregó de regreso a sus discípulos dispersos, ¿no es cierto? Y Él ha continuado haciendo esto en el remanente. La profecía de Zacarías es crítica.

Y entonces vemos el conocimiento sobrenatural del Señor. Él conoció el significado del plan de Dios, escrito está. Él supo cómo interpretar un pasaje difícil en Zacarías de manera perfecta y clara. Él entendió a los discípulos y a dónde iban y qué iban a hacer. Él supo lo que Satanás iba a traer sobre ellos y Él sabía que ellos no lo iban a poder enfrentar. Él sabía lo que Pedro haría, aunque él dijo que no lo haría. Él conoció todo detalle de lo que iba a pasar. Y Él supo cuando iba a pasar, esta noche, y lo van hacer antes de que cante el gallo. Conocimiento sobrenatural. En contraste a la ignorancia de estos discípulos.

Entonces Jesús no pierde en esto, ellos sí. Ellos no son hombres héroes porque dejaron al hombre cuya revolución fracasó. Ellos muestran que son ignorantes, los ineptos, los incapaces para entender el plan de Dios, incapaces de entender la palabra profética, incapaces de entender las señales de los tiempos que estaban viendo. Y Jesús de manera majestuosa conoce todo, todo detalle está en su lugar perfecto. Entonces Cristo brilla por contraste.

En segundo lugar, vemos un contraste en valentía y cobardía, en valentía y cobardía. En el versículo 31 esa frase, “Todos vosotros, o todos ustedes os escandalizareis.” La palabra es “atrapados”, ustedes serán atrapados, van a ser atrapados en una trampa y va a ser más de lo que ustedes pueden enfrentar. No se van a poder salir de ella. Esta trampa los va a atrapar. Van a ser azotados por una prueba que es demasiado para ustedes como para que lo puedan sobrellevar. Y va a ser atrapados todos ustedes. ¿Y cuál era la trampa? Proverbios 29:25 lo dice, “El temor del hombre trae lazo.” Tener miedo, tener miedo de lo que los romanos les harían, de lo que los judíos les harían.

Y cuando los vieron, dice allá atrás en el versículo 55 de este capítulo, “Cuando vieron esos soldados viniendo con los palos y las estacas y las espadas y las antorchas, vieron a los líderes viniendo y huyeron, tuvieron miedo. Ustedes van a escandalizarse. Todos van a entrar en una trampa debido a Mí, debido a Mí. Me van a dejar.” Él dice, “Van a desertar. Van a dejarme en medio de la batalla.” Y fue exactamente como Él lo dijo, cuando la presión estuvo ahí se fueron. Se fueron. Tenían miedo de lo que iba a pasar. Tenían vergüenza de ser identificados con Jesucristo. Tenían vergüenza de llevar el vituperio de Cristo. No que ellos no aman a Cristo. No que no quieren ser fieles a Cristo. Pero simplemente tienen miedo. Ellos, aquí está de manera simple, no tienen la fe de creer que el Señor puede qué, liberarlos, eso es todo. Eso es todo. No confían en Él. “No puede sacarnos esto, nos vamos.” Y como puede ver, lo que están diciendo es, “Véanlo, es una víctima. Y si es una víctima qué vamos a hacer nosotros. Si Él no puede salir de esto cómo vamos a salir nosotros de esto.”

Ahora, hay que admitir que identificarse con Jesucristo puede ser un vituperio, puede ser difícil. Dice en Hebreos 11 que Moisés escogió el vituperio de Cristo en lugar de los pecados del mundo. Pero no toda persona toma esa decisión en toda ocasión. Hay aquellos de nosotros que huimos cuando enfrentamos presión, que buscamos seguridad porque tenemos miedo. Y entonces usted ve la cobardía de los discípulos, pero usted ve a Jesús en valentía perfecta, simplemente avanzando hacia la cruz y encomendándose a sí mismo el Padre sin titubear, “No se haga mi voluntad sino la tuya. Lo que Tú quieres que haga Padre lo haré. Confío en ti. Encomiendo mi vida en tus manos.” Y ellos no pueden hacer eso, son cobardes.

El valor de Cristo es increíble. Él va a la cruz para llevar el pecado. Él nunca tocó el pecado. El pecado nunca lo ha tocado a Él. Él nunca ha sido manchado con un solo pecado. Él va a llevar los pecados del mundo. Él va a ser objeto de abuso y burla y le van a escupir. Y todas esas cosas increíbles le van a pasar al Cristo de Dios. Y Él se mueve hacia eso con valor, que es divino distintivamente. Y depende de una confianza absoluta en el Padre quien lo llamó a esta comisión. Algo que va mucho más allá de la cobardía de los discípulos.

Entonces inclusive sus discípulos desertores no pueden disminuir la majestad de su Señor. Mientras que huyen por temor Él permanece fiel a la tarea en gran valentía, enfrentando la muerte, enfrentando el pecado, enfrentando a Satanás por causa de ellos. Y entonces el contraste de nuevo lo presenta en su esplendor.

El tercer elemento del contraste que veo aquí es un contraste entre poder y debilidad. Los discípulos tenían miedo de enfrentar el momento, porque eran débiles y no podían enfrentar la muerte. Eso es lo que les dio miedo. En el versículo 32 el Señor dice, “Después voy a ser resucitado y voy a ir delante de vosotros a Galilea.” El Señor enfrentó muerte con valentía tremenda porque Él sabía que Él tenía el poder sobre la muerte, ¿verdad? Los discípulos sabían que no lo tenían. Van a estar viéndose a sí mismos y van estar diciendo, “No podemos enfrentar la muerte. Nos van a matar y se acabó. No tenemos poder sobre la muerte.” Ellos no se encomendaban a sí mismo, a Aquel que tuvo ese poder. Les faltó la fe.

Jesús, Romanos 6:4 dice, “Fue resucitado de los muertos por el poder del Padre.” Lo cual significa que cuando Jesús fue a la tumba, aquí Él dice, “Seré resucitado.” Y Él lo dijo una y otra vez, Mateo 16, Mateo 17, Mateo 20, “Debo ir y ser crucificado y 3 días después resucitaré de los muertos.” Pero Él se encomendó a sí mismo al poder de Dios, al poder divino sobre la muerte. Él dice en Hebreos, “Vino a conquistar la muerte que había mantenido a los hombres en esclavitud toda su vida.” Él vino a destruir a aquel que tenía el poder de la muerte, Satanás. El poder de Cristo era tan grande que Él enfrentó la cruz porque Él sabía que había poder para conquistar la muerte. Y Él enfrentó a la muerte como un enemigo que debía ser derrotado. Los discípulos quedaron pálidos frente a la muerte y huyeron.

Y entonces usted ve su debilidad en contraste al poder de Él. Él creyó lo que Abraham creyó, Hebreos 11:17-19, cuando Él ofreció a Isaac y dijo, “¿Por qué Él haría eso cuando Isaac era el hijo de la promesa?” Y dice, “Porque Él creyó en Dios quien resucita a los muertos.” Y Abraham creyó que si Dios quería quitarle la vida a Isaac Él tendría que resucitarlo de los muertos para cumplir su promesa. Pero Dios era un dios de promesa y Dios haría eso sí Él tuviera que hacerlo. Entonces Él estaba dispuesto a ofrecer a su hijo. Y Cristo claro estaba dispuesto a ir a la tumba porque Él sabía que Dios era un dios de promesa. Y si Dios dijo que Él sería el Cristo y que Él sería el Rey de reyes y que Él sería el gobernante y Él resucitaría de los muertos, eso es exactamente lo que sucedería.

Dice usted, “Bueno, ¿acaso los discípulos sabían eso?” Deberían haberlo sabido. Deberían haber recordado que unos días antes cuando Jesús resucitó a quién de los muertos, a Lázaro, Juan 11:47-53. Todos los líderes sabían que Él resucitó a Lázaro de los muertos. Y ellos debieron haber recordado lo que Él dijo, “Yo soy la resurrección y la vida. El que en Mí cree aunque esté muerto vivirá. Y el que en Mí cree nunca morirá.” ¿Creen esto? Ellos deberían haber sabido esto. Ellos deberían haber sabido eso. Pero en la debilidad de su fe fueron cobardes. Y en la fortaleza de la fe, en el Dios en quien les encomendó Jesús se movió en poder hacia la cruz.

Y entonces usted vuelve a ver la majestad de Cristo comparada a la debilidad de los discípulos en el hecho de que Él creyó en el poder de Dios sobre la muerte y ellos no, ellos no. Ellos fueron débiles, Él fue fuerte. Y Él dijo, “Los voy a guiar a Galilea. Regresaré personalmente para ser su pastor para llevarlos guiándolos una vez más.” Y Él hizo eso. Él hizo eso en el capítulo 28. Usted lo lee en el capítulo 28, versículo 9. Él se vuelve a encontrar con ellos. Él los congrega, van a Galilea, “Ve y diles a mis hermanos.” Él dice, “Los voy a ver ahí.” Sí lo hizo. Él salió de la tumba y se reunió con ellos. Él sabía que Él tenía el poder, escuche, no solo para conquistar la muerte, sino para abolir la muerte.

Y después de que Él hizo eso Él vendría y los volvería a congregar. Pero ellos tuvieron fe débil, amor débil, gratitud débil. Básicamente lo único que ellos tenían era sentimentalismo, y no mucho más que eso. Pero como puede ver, la lección es muy importante para nosotros. Mire, podemos desfilar nuestra ignorancia y podemos decir que somos inteligentes cuando no lo somos. Podemos ir por todos lados diciendo qué valientes somos, y cuando hay problemas resultamos ser cobardes. Decimos que tenemos la fortaleza para enfrentar cualquier cosa, y cuando enfrentamos la realidad nos encontramos siendo muy débiles.

Y eso no todo es malo, no, no todo es malo porque hasta que usted aprenda la lección de su propia debilidad usted no puede aprender en dónde está la fortaleza, ¿verdad? Esa es la razón por la que en 2ª de Corintios 12 Pablo dice, “Mi poder se perfecciona – en qué – en la debilidad.” Usted tiene que aprender a dejar de confiar en usted mismo. Y después hay un contraste maravilloso entre la soberbia y la humildad aquí, entre la soberbia y la humildad. La soberbia se manifiesta en la boca de Pedro. Pedro respondió, aunque nadie estaba preguntando francamente, y le dijo, él simplemente hablo, eso es todo, “Aunque todos se escandalicen debido a ti yo nunca me escandalizaré.” Y usted simplemente puede ver a los otros hombres diciendo, “Ustedes se pueden ir y yo me voy a quedar. Yo soy el más fiel de todos. Lo más fiel de los fieles.” Pedro soberbio que confiaba en sí mismo, cobarde, débil e ignorante, pero él no lo sabía. Él es un caso difícil.

Mi propio sentimiento es que él está más cerca de Judas que el resto de los discípulos, excepto por el hecho de que él creía. Él es muy poco o diferente. Muy centrado en sí mismo, muy egoísta, muy soberbio. Y usted sabe que el hombre no aprende bien, Él no aprende bien. “Aunque todos se escandalicen. Todo mundo puede estar atrapado. Toda la gente puede ser atrapada. Yo nunca me escandalizaré. Yo estaré contigo en todo momento.”

¿Sabe una cosa? ¿Sabe usted que, en cuestión de unos cuantos minutos, unas cuantas horas antes de esto a él ya se le había enseñado una lección? Ahí atrás en el Aposento Alto, permítame decirle, Juan 13, ¿se acuerda que le dije lo que pasó en el Aposento Alto? Juan 13, 14, 15 y 16 y 17. Escuché Juan 13, el Señor está hablando de irse, “Simón Pedro le dijo – Juan 13:36 – Señor, ¿a dónde vas?” Jesús dijo, “A donde yo voy no me puedes seguir ahora, pero vendrás después.” En otras palabras, “Me voy al cielo, no puedes venir ahora, pero vendrás cuando venga tu tiempo.” Pedro le dijo, “Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora?” Como un niño de 3 años, “Quiero ir.” Después Él dice, “Pondré mi vida por causa de Tu causa.” Jesús le respondió, “¿Pondrás tu vida por mí? De cierto de cierto te digo que no cantará el gallo hasta que me hayas negado tres veces.”

Ahora, espera un minuto, ¿quieres decir que ya le había dicho eso una vez? Sí. Esto es en el Aposento Alto. Ahora observe lo que sucede. Ahora estamos afuera del Aposento Alto, un poco después ya en la pendiente del Monte de los Olivos, y él dice, “Aunque todos los hombres – Mateo 23:33 – se escandalicen yo nunca me escandalizare.” Y Jesús le da la misma respuesta, “De cierto te digo esta noche antes de que el gallo cante me vas a negar tres veces.” Este hombre es duro. Esto es dos veces en una noche, dos veces. Él simplemente no escucha. Él tiene tanta soberbia y tanta confianza en sí mismo.

Y Jesús le dijo algo más que Mateo no registró, pero Lucas lo registró afortunadamente, y es realmente interesante. Esto es lo que Jesús le dijo, “Simón, Simón – y Él le está llamando por su nombre antiguo antes de que fuera salvo, porque él está actuando así – he aquí, Satanás ha querido tenerte para que pueda zarandearte como a trigo.” Zarandear era colocar el trigo, y usted lo sacudía de manera violenta de esta manera. Él dice, “Satanás quiere tenerte.” Y Él usa la palabra humas, “Satanás está detrás de ti. Y él va a sacudirte como nunca jamás has sido sacudido.”

Ahora, Pedro se había enfrentado a Satanás antes, ¿se acuerda en Mateo 16? Pero dijo, “No Señor, no. Lo siento. No vas a morir.” Ahora, “Sé que eso es lo que quieres hacer, pero no, no vas a hacer eso.” Y Jesús lo vio y le dijo, “Quítate delante de Mí.” ¿Qué? Satanás. Entonces Satanás ya había estado metiéndose con Pedro por mucho tiempo. Pero en Lucas 22 versículo 31 Jesús dice, “Satanás va a sacudirlos a ustedes como nunca antes han sido sacudidos. Él va a sacudirlos de manera violenta como un hombre sacudía una charola para que cayera el trigo y que el viento se llevara la cáscara. Vas a ser sacudido.”

Pero Jesús dice, “Yo he orado por ti porque tu fe no falte. Y cuando te conviertas fortalezcas a los hermanos.” Jesús dijo, “Voy a orar por ti para que no sea un colapso total. Va a ser un desastre, pero no va a ser total, porque he orado por ti. Y cuando seas restaurado y te recuperes entonces vas a poder fortalecer a otros.” ¿Por qué? Porque vas a salir y decir, “Oigan, no confíen en ustedes mismos. Vas a aprender una lección que le puedes predicar a alguien más.” Y en Lucas él dice, “Estoy listo para ir contigo a la prisión y a la muerte.” Hombre, él es obstinado. Y Él dijo, “Pedro, el gallo no cantará este día antes de que me niegues tres veces. Vas a negar inclusive que me conoces.”

Entonces de regreso a Mateo 26 Jesús está hablando de una prueba severa. Y el vosotros es plural, no solo va a venir sobre Pedro sino sobre el resto. Están en terreno muy peligroso. Pedro francamente aquí es un necio, Él es un necio absoluto, y su soberbia se manifiesta en tres maneras. Escuché esto, si esto no es soberbia no sé lo que es. Número uno, él contradijo al Señor, ¿entiende eso? Él contradijo al Señor. Me solían lavar la boca con jabón por contradecir a mi madre o a mi padre, contradecir al Señor, “No Señor, estas mal. No te voy a negar.” Es muy osado.

En segundo lugar, él dijo ser mejor que el resto de la gente, “Aunque todos se escandalicen nunca me escandalizaré.” En tercer lugar, él confió en su propia fortaleza, “Yo – dijo él – moriré contigo. Yo no te negaré.” Yo. Yo. Yo. Yo. Yo. El hombre era muy soberbio. Y el resto de los discípulos al final de los versículos 35 dijeron lo mismo, “Oh, sí. Nunca haremos eso.” Y la humildad de Jesús se manifiesta de manera tan hermosa, “No – dice el versículo 34 – ésta noche antes de que el gallo cante me negarás tres veces.” Y Él se quedará solo, desertado, desamparado.

La soberbia torpe de los hombres y la humildad majestuosa de Jesucristo quien de manera determinada y dispuesta va a la cruz a morir y derramar su sangre por los discípulos torpes, cobardes, débiles, soberbios que lo van a desertar. Sorprendente. Que humildad. Que compasión. ¿Cómo se atreven esos hombres a avergonzarse del Dios viviente quien no se avergüenza de ellos? Digo, sería comprensible si Dios se avergonzara de asociarse con pecadores, pero que los pecadores se avergüencen de asociarse con Dios, le muestra a usted cuán torcidos estaban.

Y entonces el Señor dice, “Esta noche antes de que el gallo cante.” ¿Sabe usted cuándo era eso? Los judíos dividían la noche en cuatro partes. La tarde era de 6:00 a las 9:00. Medianoche era de las 9:00 a las 12:00. Cantaba el gallo. 12:00 a las 3:00 de la mañana. 3:00 a 6:00. El canto del gallo era el nombre de un período de tiempo de la medianoche a las 3:00 de la mañana, porque ese era el período de tiempo en el que el gallo cantaba alrededor de las 3:00 de la mañana, es muy temprano. Y ese era llamado el canto del gallo. Y aquí es casi la medianoche. Nuestro Señor dice, “En unas cuantas horas, inclusive antes de que ese gallo pueda cantar dos veces ya me habrás negado en tres ocasiones. Antes de que llegue a que sean las 3:00 de la mañana me habrás negado en tres ocasiones diferentes.”

Hombre, Él conoció todo detalle. Él sabía lo que iba a suceder en todo momento, no solo en su caso sino en el caso de Pedro. Él sabía en dónde iba a estar Pedro. Él sabía con quién se iba a reunir, cómo lo iba a negar, todo era claro para él. Y, por cierto, vea el versículo 74 de este capítulo, y muestra a un hombre diciendo, “Bueno, ¿no viajas con Jesús de Nazaret?” Y Pedro en el versículo 74, escuche esto, comenzó a maldecir y a jurar, no es suficiente negar a Cristo, Él comienza a dejar que la vulgaridad salga de su boca. Ahora, este es Pedro, este es Pedro el apóstol maldiciendo y jurando, “No conozco a aquel hombre.” ¿A quién estaba maldiciendo? ¿Podría ser que él estaba maldiciendo a Cristo? Digo, es inconcebible. “No conozco al hombre.” ¿Inmediatamente qué pasó? Cantó un gallo. Y Él recordó las palabras de Jesús, o que recordatorio tan doloroso. Y él salió y lloró amargamente. Que lección, qué lección.

En el versículo 35 de Mateo 26 él dice, “Aunque muera contigo no te negaré.” Un sentimiento agradable Pedro. Un pensamiento agradable. Simplemente aire caliente, muchas palabras. No puedes cumplirlo. No tienes lo que es necesario. Quiero que observe lo que dice en Lucas, es tan provocativo. Lucas dice, y cuando Pedro dice, “Hombre, no sé lo que dices. inmediatamente mientras que él hablaba el gallo cantó y el Señor se volvió y vio a Pedro.” Oh, ¿puede usted imaginarse eso? Él lo vio allá atrás, Él simplemente lo vio. “Te dije.” Y todos los discípulos dijeron, “Oh, sí.” La misma cosa.

Y entonces vemos su soberbia en contraste a la humildad de Cristo, quien de hecho está muriendo por estos discípulos ingratos, no amorosos, desertores. Sacrificándose humildemente a sí mismo por aquellos que ni siquiera nombrarían su nombre bajo presión. Entonces el Cristo que todo lo conoce, valiente, poderoso, humilde, va a la cruz solo sin sus seguidores ignorantes, cobardes, débiles y soberbios. ¿Así termina? No. Estamos agradecidos porque no termina así. Tenemos que regresar al versículo 32, “Después de que sea resucitado de nuevo iré delante de vosotros a Galilea.” La idea de la frase iré delante de vosotros es los guiaré a Galilea.

Y esto nos lleva al contraste final entre la deserción y la restauración. La deserción de ellos y la restauración de él. A pesar de todo lo que hicieron por desertar al Señor. A pesar de toda la maldición y el jurar y la negación y el huir y el dejarlo y todo eso Él fue amoroso, Él fue misericordioso y Él fue restaurador. Y no sé, es en cierta manera como que Él vivió las palabras finales de ese gran Salmo 136, que ellos debieron haber dicho una y otra y otra vez, “Su misericordia es para siempre. Su misericordia es para siempre. Su misericordia es para siempre.” Y aquí vemos la ilustración clásica absoluta de misericordia.

Ellos no son dignos de nada, pero Él dice, “Regresaré. Y a pesar de lo que hagan los voy a reunir y lo voy a guiar a Galilea.” Y eso es exactamente lo que Él hizo. Y Él los guió al costado de un monte. Y Él los restauró. Y en Juan 21 registra específicamente que Él restauró a Pedro. Y Él dijo, “Pedro, alimenta mis ovejas, alimenta mis corderos, alimenta mis ovejas.” ¿Se acuerda usted que Él le preguntó tres veces si él lo amaba? Él metió de nuevo a Pedro, y Él metió de regreso a todos, ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo y los envió a cambiar al mundo.

Ahora, ¿qué me dice eso? Le voy a decir lo que eso me dice. Dios está ocupado en seleccionar discípulos que han desertado, ¿verdad? Eso es consolador, muy consolador. Nosotros podemos llegar a dejarlo, pero Él nunca bajo ninguna condición nos va a dejar. Jesús dijo esto, “Apartados de Mí – qué –  nada podéis hacer.” Ahora, más vale que usted aprenda eso. Más vale que aprenda que sus recursos están en el Señor, no en su propia fortaleza en la de usted. Ellos lo aprendieron gracias a Dios, porque lo aprendieron. Y para probarle que lo aprendieron quiero darle una última escritura en Hechos 5, mismos hombres, mismo grupo. Versículo 40, el concilio judío en Jerusalén llamó a los apóstoles, estos son los discípulos, los mismos 11 hombres, los llamó, y cuando habían llamado a los apóstoles y habiéndolos golpeado mandaron que no debían hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.

Ahora, si este es el mismo grupo que acabamos de confrontar en Mateo 26 esperamos que se dividan rápido. Pero el versículo 41 dice, “Y se fueron de la presencia del concilio regocijándose porque habían sido considerados dignos de sufrir vergüenza por su nombre. Y diariamente en el templo y en toda casa no dejaban de enseñar y predicar a Jesucristo.” Hombre, ¿aprendieron su lección? Dice usted, “Bueno, quizás la diferencia fue la venida del Espíritu Santo.” Bueno, ciertamente fue una parte importante de esto. Pero esa no fue la única diferencia, porque Timoteo, quien estuvo avergonzado de Cristo, también tuvo al Espíritu Santo.

Yo creo que estos hombres aprendieron una lección absolutamente poderosa acerca de su propia debilidad. Y creo que cuando Jesús regresó de la tumba y colocó sus brazos amorosos alrededor de estos hombres y los acercó a Sí mismo y los restauró a la comunidad de discípulos para la que originalmente Él designó que estuvieran, y los volvió a comisionar y los envió, ellos habían visto de manera tan profunda Su misericordia, habían visto Su poder en la resurrección que ahora no tenían miedo de la muerte porque sabían que ellos resucitarían de los muertos como Él. Ellos habían visto la gloria de Cristo y la gracia de Cristo a favor de ellos. Y creo que salieron con un enfoque totalmente nuevo.

Y así puede ser en nuestras vidas, que no es sino hasta que hemos sido restaurados de una deserción por la gracia dulce y tierna del Señor que salimos a conquistar sin concesiones en el futuro cuando enfrentamos ese tipo de dificultades. Le agradezco a Dios por las ocasiones en las que he fracasado. El Señor me enseñó la fragilidad de mi propia fortaleza. ¿No le da gusto a usted? Y me da gusto por las ocasiones cuando Él me enseñó Su propio poder y descanso en Él.

Permítame recordarle otro himno que cantamos esta mañana como una conclusión apropiada. Escúchelo. “No temas, porque estoy contigo. Oh, no desmayes porque soy tu Dios y todavía te ayudaré, te fortaleceré, te ayudaré y haré que te mantengas de pie sostenido por mi mano, mi potente, justa.” ¿No es eso una gran promesa? “Cuando te llame a que pases por las aguas profundas los ríos de tristeza no te inundarán porque Yo estaré contigo a tus problemas para bendecirte y santificaré para ti tu aflicción más profunda. Cuando en medio de las pruebas ardientes se encuentren tus caminos, Mi gracia todo suficiente será tu provisión. La flama no te herirá, solo diseño consumir tu escoria y refinar tu oro. El alma que en Jesús se ha apoyado para reposar, Yo no la dejaré a merced de sus enemigos. Esa alma, aunque todo el infierno se esfuerce por sacudirla Yo nunca, no nunca, no nunca dejaré.

Inclinémonos en oración. Oh Padre, cuán agradecidos estamos porque cuando confrontamos al enemigo y cuando el alma, aunque todo el infierno se esfuerce por sacudirla Tú nunca, no nunca, no nunca dejarás. Te agradecemos, oh Dios porque Tú estás con nosotros en medio de las pruebas más severas y en esos momentos cuando somos tentados a avergonzarnos. Fortalécenos con Tu Espíritu, llénanos de valentía para no dejarte. Oh Señor, que Tú un Dios infinitamente santo no te avergüences de llamarnos hermanos y tus hijos, sin embargo, nosotros nos avergonzamos de llamarte nuestro Dios. Es una paradoja imposible. ¿Cómo puede ser que a un Dios Santo le encanta llamar a pecadores de Él, y los pecadores se rehúsan a llamar a un Dios Santo de ellos?

Oh Señor, danos una nueva valentía y una nueva – danos la visión del Cristo majestuoso conforme Él se mueve a su muerte por nosotros para que nos volvamos sus hijos reunidos con Él por los siglos de los siglos.

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