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Llegamos al estudio de la Palabra de Dios en Mateo capítulo 26, de nuevo, esta mañana; una historia muy conocida. La historia de la negación de Pedro, el Apóstol. Esta semana conforme yo estudiaba este texto en particular de la Escritura, me impresionó un nuevo pensamiento, una nueva percepción con respecto a esta historia más bien trágica y triste. Y ese es que creo en mi propio corazón que este podría ser una de las porciones más alentadoras, de mayor esperanza de todas las porciones bíblicas. Normalmente, vemos la negación de Pedro de Jesucristo como una gran tragedia, y de hecho lo es; pero hay otro lado a esto. Hay un lado sorprendente y emocionante en esto, uno que nos deja boquiabiertos.

Y espero que conforme eso se abra para usted conforme lo vemos esta mañana. Así fue para mí, de tal manera como por primera vez en mi vida al estudiar esta historia pude verlo como un relato positivo emocionante de esperanza y aliento, y quiero que sea así para usted. Me hice una pregunta: ¿Cuál es el regalo más grande que Dios jamás podría dar? Y la respuesta a esa pregunta, obviamente, a partir de la Escritura es el perdón de pecados. No habría salvación sin el perdón de pecados, no habría relación entrada al cielo a menos de que nuestros pecados fueran perdonados, no conoceríamos la utilidad al Señor sin el perdón de pecado, no conoceríamos el alivio de la culpabilidad sin el perdón de pecado.

Lo más grande que Dios jamás le ofreció al hombre es el perdón de pecado. Esa es la razón por la que en Éxodo 34, cuando Moisés dijo: “Quiero verte, Dios”, el Señor dijo: “Yo soy Jehová, Jehová Dios, y Yo soy misericordioso y piadoso, y perdono la iniquidad”, y Él siguió describiendo su naturaleza de gracia que perdona el pecado. Y el profeta Miqueas dice: “¿Quién es un Dios que perdona como tú?”. Y el Apóstol Juan dice: “Si andamos en la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, continúa limpiándonos de todo pecado. Y si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y todavía es justo en perdonarnos y seguir limpiándonos”.

El perdón del pecado, la limpieza del pecado es el regalo más grande que Dios jamás le ha ofrecido al hombre. Y eso es exactamente lo que vemos en este pasaje. No creo que ningún santo en el registro escritural jamás se hundió hasta llegar hasta las profundidades de pecado como Pedro lo hizo en esta ocasión. Y la maravilla de maravillas es que inclusive en la extremidad de su pecado, el Señor estuvo ahí para perdonarlo. Esa es una verdad llena de esperanza. Todos nosotros como cristianos experimentamos momentos cuando venimos delante del Señor, impresionados de manera abrumadora con nuestra propia pecaminosidad, y si no es así, hemos llegado a estar muy fríos, e inclusive quizás no seamos cristianos.

Pero para aquellos que conocen al Señor y caminan en su voluntad y a la luz de su Palabra y en el poder de su Espíritu, existen esos tiempos constantes en donde nos volvemos conscientes de nuestra pecaminosidad y en un sentido de quebrantamiento llegamos al Señor y encontramos el perdón que cura el alma y trae gozo. Así fue la experiencia de Pedro. Y la profundidad de su pecado le da Dios una oportunidad de mostrar la profundidad de la extensión de su perdón; porque Pedro quien cayó tan profundamente, poco después de haber sido restaurado, se volvió el vocero primordial de la primera iglesia y el gran líder que vemos en los primeros 12 capítulos del libro de Los Hechos. Entonces, es una historia llena de esperanza, un registro de esperanza emocionante y alentador para todos nosotros que somos pecadores, salvos por su gracia.

Ahora, para entender el texto frente a nosotros, el cual es el versículo 69 hasta el 75, el último párrafo del capítulo 26, necesitamos retroceder, necesitamos darnos cuenta que entrelazado a lo largo del tapete del arresto y juicio de Cristo está esta negación de Pedro. Y ha estado a punto de presentarse. No es como si hubiera sucedido espontáneamente, hay razones por las que sucedió. Y cuando usted comienza a leer el versículo 69 y usted encuentra a Pedro en el patio y alguien se acerca a él y lo identifica con Jesús y lo niega, y más tarde alguien viene y lo niega, y alguien más viene y lo niega. Y usted se pregunta: ¿Cómo pudo pasar? Usted solo necesita retroceder en el texto para encontrar la respuesta; una secuencia de cosas.

Ahora, comenzamos en el versículo 31, con lo que podríamos llamar “La jactancia del pecador”. “La jactancia del pecador”. Acababan de cantar un himno, como dice el versículo 30: “Y salieron al Monte de los Olivos”, esto es el Señor y los 11 discípulos, Judas ya se había ido para llevar a cabo los detalles de la traición y él aparecería un poco después en el huerto guiando a la gente que vino a capturar a Cristo. Pero Jesús y los 11 discípulos han terminado la cena de la Pascua, la institución de la cena del Señor, la enseñanza registrada en Juan 13 al 16, la maravillosa oración sumo-sacerdotal de Juan 17. El Señor ha dicho todo y hecho todo lo que Él deseó hacer, Él había terminado el antiguo pacto con la Pascua final autorizada, Él ha instituido un nuevo pacto con su propia mesa, Él les ha dado la gran verdad sobre la cual basaran sus vidas hasta que regresara; y Él ahora va al huerto a orar para ser llevado cautivo.

Y conforme van hacia el Monte de los Olivos, Jesús les dijo, versículo 31: “Todos vosotros os escandalizaréis debido a Mí esta noche; porque escrito está”, y Él cita de Zacarías: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”. Jesús predice su deserción. Él predice que todos lo van a dejar en medio de su prueba. Pero después de que resucita, versículo 32: “Iré ante vosotros a Galilea”. Después Él predice su propia resurrección, y la reunión de sus discípulos dispersos. Lo van a dejar en el momento de su prueba. No me refiero a su juicio de burla, me refiero a la prueba, a la lucha que Él enfrentó en toda esta escena. Pero no va a ser el fin de la historia porque Él va a ser resucitado y los va a volver a congregar a Sí mismo y los va a guiar a Galilea.

Ahora, conforme Jesús predice la deserción de los discípulos, Pedro responde y él dijo en el versículo 33: “Aunque todos se escandalicen debido a Ti, nunca me escandalizaré”. Y Pedro, de manera más bien fuerte, protesta a la afirmación del Señor y la predicción de la deserción de los discípulos. Él dice: “De hecho, todo mundo lo puede hacer, nunca lo haré”; en base a su sentimiento emocional hacia Cristo, en base a su amor y atracción supuesta hacia Cristo, él pensó que era invencible. Él no podía aceptar la predicción de Jesús. Él pensó que él había llegado al lugar en su propia vida en la que él era maduro espiritualmente, en donde sus prioridades estaban en concreto, en donde de alguna manera era invulnerable a los ataques de Satanás, del mundo y la carne; y él no puede imaginar alguna circunstancia o alguna dificultad que hiciera que de alguna manera él le diera la espalda y negara al Señor Jesucristo; sus impulsos emocionales simplemente no pueden comunicarle eso a su mente. No había presión que pudiera ser tan grande.

Y entonces, aquí lo vemos de manera más bien jactanciosa diciendo: “Estás equivocado, Señor”, lo cual necesita mucho ego confrontar la Palabra del Dios Viviente y decir: “Estás equivocado”, pero eso es lo que él hizo. Y entonces, somos confrontados en los versículos 31 al 33 con la jactancia del pecador. Inmediatamente, después de eso, vemos el desafío del pecador. En el versículo 34 el Señor dijo: “De cierto te digo que esta noche, antes que cante el gallo”, y Marcos añade que Él dijo: “Antes de que el gallo cante dos veces”, y Jesús fue muy específico: “Me negarás tres veces”. Jesús regresa a una afirmación inclusive más fuerte y no acerca del grupo entero, sino solo acerca de Pedro, y dice: “Por el contrario, no solo no vas a ser fiel a Mí, en contraste al resto de los otros discípulos, sino que vas a ir un paso más allá de ellos que será peor, me vas a negar tres veces antes de que el gallo pueda cantar dos veces”.

En el versículo 35 vemos el desafío de Pedro. Pedro le dijo: “Aunque muriera contigo, no te negaré”. Y sus palabras valientes arrastraron a los demás, y los otros discípulos dijeron lo mismo. Ahora, el Señor en el versículo 34 dice: “Me negarás”, y usa un verbo fuerte que significa “negar completamente”. Y Pedro simplemente no puede aceptar eso. Él desafía persistentemente la Palabra del Señor, es bastante sorprendente. Y en Marcos 14:31, Marcos escribe que él protestó apasionadamente esto; no fue una protesta suave, fue una apasionada, fuerte. “Moriré primero”, dice él, el cual es el acto de valentía definitivo y extremo.

Y entonces, entendemos que la noche del jueves, Pedro ha jurado gran valentía inclusive al punto de la muerte, él se jacta, inclusive desafía la Palabra del Señor; es bastante sorprendente. Este hombre realmente tenía una personalidad fuerte y un ego fuerte para decirle al que pronunció la verdad: “Estás equivocado”, pero eso es lo que hizo. Y Mateo recoge el desarrollo del declive constante de Pedro cuando llegan al huerto en el versículo 40, llegaron al huerto, ahí en la colina del Monte de los Olivos, Jesús se adelantó al huerto, después los discípulos; ocho de ellos se quedaron ahí a la entrada; tres: Pedro, Jacobo y Juan, se adelantaron, y Jesús más allá de ellos.

Y entonces, Jesús se va a un lugar muy privado y cuando Él regresa, habiendo pedido que oraran con Él, Él los encuentra en el versículo 40 dormidos, y entonces le dice a Pedro, quien es su líder reconocido: “¿Qué? ¿No habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está dispuesto, mas la carne es débil”. Ahora, sabemos que el espíritu estaba dispuesto, Pedro lo había expresado, ¿no es cierto? Y así lo habían hecho los otros discípulos, habían afirmado que realmente estaban dispuestos a morir por el Señor. Pero su carne no era tan capaz como su espíritu estaba dispuesto. Y entonces, Él dice: “Debes estar orando”. Pero como puede ver, los discípulos jactanciosos, que confían en sí mismos, no oran porque no necesitan, ¿entiende usted eso? Han llegado al punto de la invencibilidad, y estaban en la situación en la que pensaban que eran absolutamente invulnerables. ¿Por qué había que orar?

Y entonces, en lugar de estar alerta a la realidad del momento, esta era la hora de la potestad de las tinieblas. Jesús dijo: “En lugar de estar alerta al hecho de que las fuerzas del infierno nunca habían trabajado más duro de lo que estaban trabajando en esta hora, simplemente se durmieron”. ¿Qué necesitaban con la oración? Habían hecho su voto, iban a cumplirlo en base a sus emociones y afectos, y su atracción a Jesús y sus sentimientos. Iban a ser llevados por su compromiso verbal. Entonces, vemos la indiferencia del pecador. Son indiferentes a la necesidad de orar.

El Señor regresa a orar por segunda vez, en el versículo 42 ora, y en el versículo 43 regresa para encontrarlos otra vez dormidos. En el versículo 44 regresa a orar, regresa por tercera vez en el versículo 45 los vuelve a encontrar dormidos y dice: “¿Están durmiendo ahora y descansando?”. Todavía están durmiendo. Jesús ya podía ver a Judas y al grupo de la guardia del templo, los soldados romanos, los sacerdotes subiendo por la colina hacia ellos y los discípulos estaban durmiendo en medio de todo esto, teniendo una confianza excesiva espiritual, indiferentes a la realidad del ataque porque eran tan jactanciosos.

La siguiente escena la encontramos en el versículo 51, y esta es la impulsividad del pecador. Pedro tiene tanta confianza, es tan desafiante, tan indiferente, y ahora lo encontramos como resultado de todo eso actuando de manera absoluta por sí mismo. Y en el versículo 51 dice que uno de aquellos que estaba con Jesús y Juan nos dice que fue Pedro; sacó una espada, y realmente comenzó con el grupo entero. El primer hombre que estaba en fila se llamaba Malco, y él era el siervo del sumo sacerdote y trató de cortarle la cabeza, y falló y solo le cortó su oreja; y esto no es actuar bajo la instrucción de Jesús, esto no es lo que Jesús quería.

¿Acaso Pedro había olvidado las varias ocasiones en las que Jesús había dicho: “Debo ir a Jerusalén y debo ser llevado cautivo, y debo poner mi vida, y debo resucitar” ¿Se le había olvidado eso? ¿No quería escuchar eso? Sabemos que él protestó en contra de eso, y dijo: “No sea así, Señor”. Pero inclusive en ese momento estaba dejando que Satanás hablara a través de él. Pero ¿por qué no podía él aceptar cuál era la voluntad del Señor? Pero no Pedro, él actuó impulsivamente tan controlado por su propio ego, su supuesta valentía, y sintiéndose en cierta manera invencible debido a que Jesús estaba de pie al lado de él, y él sabía que Jesús tenía el poder de destruirlos a todos; porque momentos previos a sacar la espada, recordará usted, Jesús había hecho que todos cayeran, mil de ellos habían caído al polvo simplemente por oír su nombre.

Entonces, Pedro sabía que él estaba junto a alguien que tenía poder definitivo, y él no tenía temor en esa situación porque él sabía que, si el Señor podía salvarlo en otra situación, caminar sobre agua, el Señor ciertamente podría librarlo de estos a quienes él había derribado al suelo; y entonces él se sintió invencible. Y esto simplemente confirmó en su propia mente la invencibilidad que él sintió, que era característica de su propio corazón; él sacó una espada y comenzó con todo el grupo y el Señor lo detuvo y dijo: “Guarda esa espada a menos de que quieras morir por la espada”. En otras palabras, si quitas una vida, ellos tienen el derecho de quitarte la vida, esa es ley bíblica, “Y no sabes que si lo necesitara podría conseguir a 12 legiones de ángeles del Padre”.

Pero entonces, ¿cómo se cumplirá la profecía? En otras palabras: “Pedro, estás fuera de ritmo con el plan. Guarda esa espada”. Aquí hay valentía, pero mal guiada; aquí hay celo, pero mal dirigido. Aquí hay alguien que tiene tanta confianza y es tan desafiante en términos de escuchar y oír lo que el Señor está diciendo; sin embargo, que tiene tanto celo y ya actúa en últimas de una manera impulsiva, que va de manera opuesta al plan de Dios. Él está tratando de vivir al nivel de sus comunicados de prensa, él está tratando de demostrarle a todo el mundo que él es tan valiente como decía serlo; pero él está totalmente fuera de línea con el plan. Fue su jactancia, su desafío, su indiferencia y su impulsividad que llevó finalmente al colapso del pecador; y ese es nuestro texto para esta mañana.

Su colapso fue inevitable debido a estas actitudes previas. La escena aquí es muy vívida y quiero dársela. Regrese al versículo 58 antes de que veamos el versículo 69. En el versículo 57 dice: “Llevaron a Jesús cautivo”. Sabemos, a partir del registro del Evangelio comparando a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, lo cual tenemos que hacer a lo largo de toda esta escena para tener todo el panorama, porque cada escritor se concentra en diferentes elementos. Llevaron a Jesús cautivo y lo amarraron, lo sacaron; y después, lo sacaron del huerto de Getsemaní con este grupo enorme de hasta 600 soldados romanos, varios cientos judíos de la guardia del templo, sacerdotes y todos los que iban con ellos; y lo bajan, cruzan el Valle de Cedrón, ahí subiendo por la pendiente este del monte, y en la puerta de nuevo, y de regreso a la casa del sacerdote, quieren llevar a cabo un juicio a la mitad de la noche en la casa del sumo sacerdote.

Y entonces, el versículo 57 dice que lo llevaron a Caifás, el sumo sacerdote, en donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Ahora, sabemos a partir de los otros registros de los Evangelios, que cuando llevaron a Jesús de regreso a la casa del sumo sacerdote, el primero fue llevado ante Anás quien era el sumo sacerdote anterior. Juan 18 describe la escena entera ante Anás; Mateo no describe eso; de hecho, Juan es el único que la describe a detalle. Jesús entonces fue llevado de regreso a Anás. Ahora, algunos han hecho la pregunta: ¿Es eso un problema entonces qué resolver con este versículo el cual dice que lo llevaron a Caifás? En absoluto. Permítame decirle por qué no es un problema.

El sumo sacerdote vivía en una casa grande, vivían en una casa grande en la ciudad de Jerusalén, en algún lugar cerca del templo. Un tipo de estructura enorme. Y no era raro para las familias compartir el mismo tipo de hogar o el mismo tipo de casa. En este caso, sin duda eso fue lo que ocurrió. Anás fue el sumo sacerdote anterior. Él fue quitado por los romanos porque él estaba acumulando demasiado poder y él se volvió una amenaza para ellos; entonces lo sentaron y permitieron que otros fueran colocados en su lugar. Uno de los otros, el que ahora era el sumo sacerdote en este momento era un hombre llamado Caifás. Caifás era el yerno de Anás, y no era raro para esos sumos sacerdotes ocupar el mismo hogar, particularmente si estaban relacionados entre sí.

Por cierto, muchos otros de esos sacerdotes, sumos sacerdotes, que habían sucedido a Anás habían sido sus propios hijos; entonces, en cierta manera, todo quedó en la familia. Anás era el poder tras bambalinas. Esa es la razón por la que enviaron a Jesús primero a Anás. Con su experiencia y sabiduría, ciertamente él podía inventar alguna acusación en contra de Jesús que podían usar como una base para el juicio ante el Sanedrín, el cual iba a ser conducido por el líder del Sanedrín quien era Caifás. Entonces, cuando llevaron a Jesús y lo llevaron al lugar en donde Caifás vivía y en donde el Sanedrín estaba reunido en su casa, habrá sido el mismo lugar en donde Anás vivía; entonces, realmente no hay conflicto.

El hecho de que Jesús fue llevado a Caifás habría sido coherente con el hecho de que él fue llevado a Caifás y después fue llevado ante Anás. Anás, sin duda, vivía en una parte del lugar, Caifás en otra. Las casas eran construidas de esta manera, y usted necesita saber esto porque va a ser que todo lo demás tenga un significado vívido en su mente conforme usted sigue la historia. Las casas no veían hacia la calle. Nuestras casas ven hacia la calle. Usted camina por la calle y las casas ven hacia la calle. Las casas en ese lugar y tiempo en la historia del mundo, veían hacia adentro. En la calle solo estaba el muro trasero de la casa y una gran puerta en un lugar grande como este, que poseía la gente muy, muy rica. Los sacerdotes se habían vuelto muy ricos por la corrupción en el templo.

Y conforme usted llegaba a esta casa, usted llegaba a un muro grande, quizás de dos o tres pisos de altura. Había una puerta en la parte de en medio y usted entraba por la puerta, y entraba por un corredor que pasaba por la casa. Se abría a un patio enorme. La casa se encontraba alrededor de ese patio, y todas las habitaciones, sobre todo los pisos, veían hacia ese patio. Una gran sección, sin duda alguna, de esa casa le pertenecía a Anás. Otra gran sección de esa casa le pertenecía a Caifás, debido a que eran parientes. Y entonces, cuando Jesús fue llevado al lugar de Caifás y el Sanedrín, Él habría estado en el mismo lugar en donde Anás lo habría confrontado también.

Él habría sido llevado primero al departamento o al área donde Anás se encontraba, y Él habría sido llevado ante Anás. Más adelante, Él habría sido transferido a donde estaba Caifás, en donde se estaba reuniendo con el Sanedrín. Entonces, no hay conflicto en lo absoluto. Y cuando Mateo dice que fue llevado a Caifás, el sumo sacerdote, en donde esos principales sacerdotes y ancianos estaban congregados, él se estaba refiriendo al mismo lugar en donde Jesús también enfrentaría a Anás. Ahora recuerde, Él vio a Anás primero, después fue llevado a Caifás y al Sanedrín para la segunda parte de un juicio de tres partes; la tercera parte ocurrió después del amanecer en la mañana cuando en cierta manera firmaron públicamente según las reglas, durante la luz del día la decisión que habían tomado a la mitad de la noche legalmente.

Entonces, Jesús es llevado y Él es llevado a ese patio grande. Todas las negaciones de Pedro ocurren en ese mismo lugar. Juan dice en el capítulo 18, que la primera negación ocurrió mientras que Jesús estaba ante Anás. Los otros escritores del Evangelio nos dicen que todas las negaciones se llevaron a cabo en este patio. No hay conflicto. Anás y Caifás compartían el mismo patio, usted entiende eso. Entonces, las tres negaciones se llevaron a cabo en el mismo patio, en la misma casa del sumo sacerdote, partes de las cuales eran ocupadas tanto por Anás como por Caifás; una armonía muy común y fácilmente entendida.

Ahora, quiero que entienda cómo se desarrolla la escena. En el versículo 58, esto es lo que sucede primero. Pedro lo siguió, y aunque él había huido, todos los discípulos huyeron dice en el versículo 56, “todos”. Cuando Jesús fue llevado prisionero, él no se pudo mantener alejado en cierta manera fue jalado por el amor que tenía hacia el Señor, entonces el regresa para seguir al Señor, y él lo sigue, dice, “de lejos”; él no tiene la suficiente valentía como para acercarse a él, pero él está en algún punto entre el amor y el temor, y él sigue a distancia.

A usted le podría interesar saber que él no estaba solo. Según Juan 18:15, acompañándolo estaba otro discípulo que también seguía al Señor. Ese otro discípulo fue Juan. Este otro discípulo era conocido por el sumo sacerdote; él era conocido por el sumo sacerdote, no sabemos cómo, no conocemos cuáles eran las circunstancias; pero aparentemente, le dio entrada a la casa del sumo sacerdote. Entonces, el Señor es llevado a la casa del sumo sacerdote y siguiendo van Pedro y Juan. Realmente van más allá de su capacidad, ciertamente Pedro lo estaba; no tenemos palabra de lo que le pasó a Juan, no sabemos lo que pasó después de que él entró, no sabemos si él se quedó o si él se fue, el texto no dice nada; pero sabemos que él no negó al Señor.

No obstante, Pedro es el héroe de la escena, o el anti-héroe, como usted lo quiera expresar. Juan entró, usted lee en Juan 18, versículo 16, porque él era conocido por el sumo sacerdote. Pedro se quedó afuera, él no podía entrar, él no tenía acceso, él no era conocido. Juan rectificó la situación, aparentemente Juan salió y habló con la niña que estaba a cargo de la puerta para dejar que Pedro entrara, y entonces Pedro entró, y en un sentido Juan sin saberlo contribuyó a la negación trágica de Pedro. Juan entonces desaparece de la escena. Él estaba ahí para conseguir el acceso para Pedro; él era parte del desarrollo del plan y la predicción de Cristo.

Dice usted: ¿Por qué es que Cristo llegó a predecir que Pedro lo negaría? ¿Por qué es que el Señor inclusive hizo posible que él lo hiciera? ¿Por qué? Fue para enseñarnos una lección profunda acerca de no estar preparado espiritualmente, inclusive más allá de eso, amados, para enseñarnos una lección profunda acerca de la restauración de un santo que peca; una lección que debemos regocijarnos por conocerla. Y entonces, el Señor hizo posible que Juan conociera al sumo sacerdote, y debido a eso, sin duda alguna, la niña que cuidaba la puerta lo conocía y dijo: “Sí, puedes entrar, tienes permiso”, pero Pedro se quedó afuera, y entonces—y Juan regresó, resolvió eso, metió a Pedro; Juan desaparece de la escena y Pedro se vuelve el punto focal.

Y entonces, el versículo 58 dice: “Lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote”; no nos dice la parte que Juan nos cuenta acerca de cómo entró. “Y entró y se sentó con los guardias”. Ahora él está ahí adentro y él está sentado con la policía del templo, los superetes, los guardias del templo; sin duda alguna, los soldados romanos del Fuerte Antonino que han ido y venido al Fuerte, cumplieron con su deber, capturaron a Jesús, lo llevaron al lugar del juicio ante la suprema corte judía; la policía del templo podía continuar ahí con la situación a partir de ahí.

Ellos quizás se habrían regresado, quizás habían unos cuantos soldados romanos ahí, no sabemos. Pero Pedro entra y él quiere ver el fin. Observe usted eso en el versículo 58, él quiere ver el resultado. Él debería haber conocido el resultado. El Señor le había dicho varias veces, suficientes veces, pero él no había oído. Muy bien, él simplemente no podía irse, él simplemente no podía dejar a Cristo; su amor hacia el Señor era real, era débil, pero era real, y él no podía simplemente irse; él tenía que saber, él tenía que ver lo que pasaba. Entonces, él entra al foso de los leones y simplemente ignora de manera total la predicción de Cristo de que él lo iba a negar, y se coloca ahí en el lugar en donde va a suceder.

El Señor estaba adentro ante Anás, quizás Pedro inclusive lo podía ver allá adentro; y Pedro estaba afuera, sentado en el patio. Los otros escritores nos dicen “sentado al lado del fuego”, había una fogata ahí esa noche porque hacía frío, se estaban manteniendo calientes con la fogata; él está en una multitud grande de policía del templo, miembros del Sanedrín entrando y saliendo porque están comenzando a prepararse para su parte del juicio, después de que Anás acabe. Los siervos de la casa están ahí, están pasando todos los dignatarios que constituyen al grupo de gente que rodean el sistema sumo sacerdotal. Es poco antes de la 1:00 de la mañana y el juicio entero va a durar dos horas, y es en estas dos horas que Pedro va a llegar al fondo, a las 3:00 de la mañana, la cual es la hora en la que canta el gallo, todo se va a acabar.

Entonces, es poco antes de la 1:00 de la mañana el viernes, y Pedro se sienta con los soldados, se calienta tratando de relajarse en la multitud, de mantenerse lo suficientemente cerca como para saber lo que pasa, pero no tan cerca como para que sea exhibido. Y después sucede: vemos el colapso del pecador, la caída del pecador. Pedro se sentó afuera en el patio, versículo 69 dice: “Y una joven”, una joven, simplemente una niña; Marcos dice: “Una de las jóvenes o sirvientas del sumo sacerdote”; Juan dice: “Una de las sirvientas del sumo sacerdote quien estaba a cargo de la puerta”, cuidaba de la puerta. Aquí viene esta niña sierva y dice: “Tú también estabas con Jesús de Galilea, tú también estabas con Jesús de Galilea”; y Marcos añade que ella dijo: “Jesús, el Nazareno de Galilea”, les encantaban usar esos términos en referencia a Jesús porque eran términos de menosprecio.

Usted se burla de alguien cuando usted lo llama un nazareno de Nazaret, todo un galileo. Los ciudadanos soberbios de Jerusalén menospreciaban a la gente de Galilea. Y entonces, ella tiene esta información porque ella quizás conocía a Juan; y entonces, identificó a Pedro con Juan, y sabía que Juan era un seguidor de Jesús, y ahora él viene con su información para impresionar a todos los guardias que están sentados ahí en torno a la fogata, que, de hecho, este es uno de los seguidores de Jesús.

Ahora, quiero que entienda algo. Esta escena es muy natural, esta escena es muy normal, esta es una escena de multitud; y la cosa que se nos dan en la narrativa en el texto únicamente de manera inicial es lo que podemos esperar que ocurrió. Por ejemplo, la niña viene y dice: “Tú también estabas con Jesús de Galilea”. Pero podemos estar ciertos de que ella no nada más podía acercarse y decir eso en silencio, sin llamar la atención de todo el mundo primero; digo, estos son soldados que están ahí y hay gente hablando por todos lados. Y esa es la razón por la que cuando usted lee Mateo, Marcos y Lucas, encuentra que la niña dice que dijo algo un poco diferente en cada lugar, y es muy probable que en esa escena tan natural ella esté diciendo: “Tú fuiste uno de los seguidores de Jesús el Nazareno”. Y quizás lo hizo de dos o tres maneras diferentes para llamar la atención de todo mundo. Ella quizás usó varios medios para expresar su información. Y la respuesta de los hombres debió haber regresado en varias maneras también.

Entonces, cuando vemos una variación sutil en lo que ella dijo, o inclusive en el Evangelio de Juan, parece como si él ha invertido la primera negación y la segunda porque él no está interesado en la cronología y no nos debe sorprender; esta es una escena muy natural. Observe la respuesta de Pedro. Ella expresa esta pregunta, sin duda alguna, en varias maneras diferentes para cuando todo mundo ya está prestando atención y escuchando; y él lo negó, observe, ante todos, lo cual quiere decir que ella había llamado la atención de todos; y su negación no fue hacia esta sierva sino hacia todo mundo quien ahora ha sido metido en la escena.

Ahora, recuerde esto: Jesús dijo: “Pedro, lo vas a negar tres veces”, no hay más de tres negaciones. Leí un libro esta semana que dice que hubieron ocho. No sé cómo es posible que alguien pudiera escribir un libro que dice que hay ocho cuando Jesús dijo que son tres. Lo que usted tiene que entender es que cada una de estas tres ocasiones de negación de una manera muy natural incluyeron más que una afirmación en ambos lados; de tal manera que cada una de estas tres ocasiones de negación es una escena de negación en la que debe haber un diálogo.

Entonces, Pedro lo negó delante de todo mundo diciendo: “No sé de qué hablas, no sé de qué estás hablando”. Impresionante. Este es Pedro. Es increíble. En Marcos, Marcos dice: “No lo conozco”. Y Juan dice que él dijo: “Yo no”. Y la verdad es que él dijo: “Yo no soy, no lo conozco, no sabes lo que estás diciendo”, simplemente una manera muy natural de responder. Entonces, no debemos volvernos sobreprotectores de la exactitud de un libro y decir que debido a que uno dice esto y el otro dice otra cosa, hay una contradicción, en absoluto; hay una expresión plena de lo que pasó en una escena muy natural, él estaba negando ante todo mundo, y él probablemente lo hizo con varias afirmaciones, inclusive más de las que son registradas.

Dice usted: Pero ¿cómo es que él pudo hacer esto? Este es el hombre que acababa de decir que él moriría por Cristo, digo, este es el hombre que estaba en la parte de arriba de cualquier llamado, que cualquier ser humano jamás pudo haber conocido; él era el líder de los 12, a él se le dieron las llaves del reino. Digo, él es el que expresa el Evangelio del reino, él es el que ha vivido con el Rey, él es un hombre privilegiado, él es el que conoce a Cristo quien tiene poder milagroso. Digo, este es Pedro quien puede sanar enfermedades, como lo vemos en el libro de Hechos. ¡Qué está haciendo al negar a Cristo! Este no es algún convertido nuevo, este no es alguien que no ha tenido una familiaridad personal con Cristo; y, por lo tanto, él puede tener algunas dudas.

Y yo pienso, él pudo haber estado listo para el momento grande. Digo, si el Señor de pronto le hubiera enviado y hubiera dicho: “Pásale a mi juicio, quiero que hables a favor mío”, él pudo haber estado junto al Señor y haberse sentido invencible como lo hizo en el huerto cuando el Señor estuvo ahí y sacó la espada. Digo, él pudo haber estado listo para el momento grande, él pudo haber estado listo para el testimonio grande, y para la oportunidad grande, para ser un orador allí en frente junto al Señor. Pero le voy a decir que no estaba listo para lo inesperado, insignificante.

Y me temo que somos así también. Digo, podemos prepararnos para el estudio bíblico bastante bien, podemos prepararnos muy bien para comunicar a Cristo en una situación dada, y podemos esperar ciertas cosas que van a venir, y podemos preparar nuestro sistema y estar listos; y de pronto, enfrentamos algo que no esperamos que nos derriba y terminamos negando a Cristo. Él estaba listo para lo grande; fue lo pequeño lo que lo sacudió. Y el Señor no estaba tampoco a su lado. Él tenía miedo.

Y entonces él negó lo que ella dijo delante de todo mundo, él negó que tenía alguna identificación con Jesús. Realmente aterrador. Él no recuerda a Elías, ¿no es cierto?, que sube ahí al Monte Carmelo, saca una espada y mata a 450 sacerdotes falsos y después baja y oye que una mujer lo está buscando, y sale corriendo de ahí. Cómo es posible que usted puede ir de alturas así de la victoria a puntos tan bajos de la derrota. Digo, aquí estaba Pedro quien acababa de salir de la experiencia del Aposento Alto, en donde él había visto el fin del antiguo pacto, la iniciación del nuevo pacto, en donde él había oído promesas que jamás habían sido oídas por ningún oído humano antes y nunca pueden ser superadas por ninguna otra desde ese entonces.

Este es Pedro quien ha visto al Señor derribar a un grupo entero de personas, llegando a casi 1,000 ahí al polvo; este es Pedro quien ha visto a Jesús darle una oreja a alguien que acaba de perder una oreja; este es Pedro quien ha caminado sobre agua; digo, este es Pedro quien ha oído que Jesús va a resucitar de los muertos. ¿Qué está haciendo al negar a Cristo? Él es una ilustración viva del principio dado por el Apóstol Pablo: “Así que el que piense que esté firme, mire que (¿qué?), que no caiga”. Su propio sentido de confianza se volvió su derrota.

Solo se necesitó a una pequeña sirvienta que cuidaba la puerta para que cayera el jefe de los 12. Se fueron todas sus protestas elevadas y heroicas para Jesús, se fue su valentía que supuestamente existía en su corazón; de su mano había sido arrebatada la espada, y ahora de su corazón había sido arrebatada su virtud, y ahora estaba ahí el cobarde, arrogante, incapaz de confesar a su Señor Celestial, acobardándose en una negación mentirosa. Él tenía miedo de ser arrestado. Sus instintos de protección personal se apoderaron, y él negó lo que él sabía que realmente era verdad. Esto es bastante sorprendente y este es un gran principio de la virtud espiritual.

Permítame decirle algo: Lo que revela la virtud es la respuesta involuntaria, no la respuesta planeada. Su virtud no se manifiesta por lo que usted está preparado a hacer, se manifiesta por lo que no está preparado a hacer y cómo reacciona a eso, a esa reacción involuntaria. Eso muestra su virtud. Todos podemos planear para esas experiencias espirituales hasta cierto punto; son esas cosas que nos encuentran con la guardia baja que revelan la debilidad real de nuestros corazones que nos dicen quiénes somos en realidad.

Él fue sorprendido con la guardia baja, él no podía prepararse para esta. Y su reacción involuntaria fue una que mostró que su virtud no era más que debilidad y pecaminosidad. Y no fue simplemente algo nuevo, fue el resultado de un ego fuerte y una indisposición a escuchar la Palabra del Señor; no orar, y actuar de manera total en base a su propio impulso independiente del propósito y el plan de Dios. Él estaba solo y solo estaba débil, así como cualquier otra persona.

Lucas dice en este punto, Lucas 22:58: “Y después de un poco tiempo”, y después lo retomamos en el versículo 71: “Y cuando él salió al patio”. Ahora, después de negar al Señor junto a la fogata entre los guardias del templo, él no puede irse inmediatamente o verse como si fuera un mentiroso, entonces él se queda por un rato. Y él en cierta manera, usted sabe, trata de parecer como que está en control y simplemente se aleja un poco, él está tratando de manejar todo esto. Y en el versículo 71 dice que él se fue al patio, Marcos lo llama el vestíbulo. Lo que era, era el corredor que llevaba a la puerta. Él pudo haber estado dirigiéndose hacia la salida, eso no es imposible; pero probablemente habían dos lugares para mantenerse caliente en una noche fresca.

Uno sería alrededor de la fogata, el otro sería en el corredor lejos del viento, y entonces él se dirige al corredor, es más oscuro ahí, la luz de la luna no será tan brillante, tampoco lo será la luz del fuego. Entonces, puede llegar ahí, se dice a sí mismo en donde no voy a tener este tipo de vulnerabilidad; entonces él se fue al patio, lejos del peligro potencial, lejos del reconocimiento. Y Marcos, simplemente para mantenernos siguiendo la agenda, en Marcos 14:68 dice que él salió al patio y cantó el gallo. Esa es la número uno. Él ha negado al Señor una vez, el gallo ha cantado una vez.

Él tiene dos negaciones más, y va a cantar por segunda vez. Todo va de acuerdo con lo planeado. Pedro no oyó esa primera. La multitud, su propia tensión; él entra al patio, al corredor, él trata de esconderse ahí en un lugar de aislamiento pero no funciona, porque el versículo 71 dice que en cuanto llegó ahí, avergonzado, con el miedo de ser llevado cautivo, dirigiéndose hacia la salida en caso de que necesite salir rápidamente, otra niña, “allos”, otra, en el género femenino, otra del mismo tipo como la otra, otra sierva niña, otra que cuidaba la puerta lo vio y le dijo a los que estaban ahí, la multitud que estaba ahí congregada: “Este”, y usa un término de menosprecio: “Este (con cierto menosprecio) también estaba con Jesús de Nazaret”, y ahí él es exhibido de nuevo, él simplemente no se puede ir.

Mateo nos dice que fue otra, una sierva diferente; Marcos y Lucas simplemente se refieren a la sirvienta, no nos dicen qué sierva fue; Mateo nos dice que fue otra, otra niña sierva. Lucas, por cierto, Lucas 22:58 añade que en esta ocasión un hombre también lo confrontó igual como lo hizo la niña. Y de nuevo digo, es una escena muy natural, este es el momento de su segunda negación, pero eso no quiere decir que solo se hizo una afirmación; fue otra sierva. Pero Lucas también añade que hubo un hombre ahí en el corredor que también lo confrontó, entonces aquí está la segunda escena de la negación: la niña y después el hombre, y lo confrontan. Y la multitud debió haberse dado cuenta porque dice que ella dijo, versículo 71: “A los que estaban ahí”, ella lo vuelve a decir a toda la multitud que él es el que siguió a Jesús, y él es confrontado otra vez.

Su respuesta es realmente rara, absolutamente sorprendente. Versículo 72: “Y de nuevo, él negó con juramento, no conozco al hombre”. Pobre Pedro. Él está enojado, él está apenado, él está avergonzado, él está frustrado, él tiene miedo, él está confundido, él está atrapado, y ahora sus negaciones se están volviendo más fuertes; y en esta ocasión él no solo miente, él miente dos veces; él mintió y después él mintió, y él mintió porque dijo que no mintió, él mintió en su mentira y él mintió en su juramento. ¿Sabe usted lo que es un juramento? Es jurar por decir la verdad, es jurar—el juramento definitivo será jurar por el Dios Viviente. De regreso en el versículo 63: “Cuando el sumo sacerdote quiso la verdad de Jesús, él dijo: Te conjuro por el Dios Viviente, dinos si eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Pedro hizo un juramento. Él hizo un juramento, un juramento personal de veracidad ante Dios: “Yo juro la verdad delante de Dios: no conozco al hombre, no conozco a este hombre Jesús”. Es increíble.

Ahora, el Apóstol dice que es característico de un creyente que él conoce al Padre; él tiene una identificación con el Padre. Pablo dice que clamamos “Abba Padre”, somos los que conocemos a Cristo y lo damos a conocer. Pedro va en contra de su propia naturaleza, en contra de lo que él es, un hijo de Dios violando una característica básica; él está negando de manera fuerte y trayendo un juramento de veracidad de que él no conoce a Cristo. Es la segunda negación, es peor que la primera; demuestra una falta de confianza. ¿Por qué no podía simplemente decir la verdad y encomendarse al cuidado del Señor? Porque él no tenía la fortaleza espiritual. Él estaba débil. Él tenía gran privilegio espiritual y gran experiencia espiritual, pero no tuvo una cosa, y eso fue que a pesar de su experiencia y a pesar de su privilegio, no necesariamente usted es invencible.

Y puede ser que hay personas que piensan que debido a que conocen tanto de la Biblia, y porque han experimentado tantas cosas en términos del movimiento de Dios, que están más allá de la posibilidad de un desastre, y ahí es cuando usted es más vulnerable. Ahí es en donde estaba Pedro. Digo, si usted piensa que debido a que ha estado aquí en Grace, usted es invencible, más vale que lo piense. Este hombre estuvo con Jesús mismo por tres años y observe a dónde fue. Como puede ver, tarde o temprano usted debe tener el quebrantamiento de humildad, debe reconocer que usted no puede desafiar la Palabra del Señor; usted tiene que ponerse de rodillas para buscar la fortaleza, para admitir que no la tiene, y tiene que comenzar a alinearse con el plan de Dios; de lo contrario, se va a encontrar en la misma tragedia que Pedro.

Ahora, ¿qué ocurrió después de esto? La segunda. Versículo 73: “Después de un rato”, cada vez dice “después de un rato”; una vez Lucas lo dice, una vez Mateo lo dice; le da a usted la impresión de que Pedro de nuevo está tratando de demostrar que está en control; entonces él se queda y después de un rato en cierta manera él vuelve a salir al patio: “Y después de un tiempo, se acercaron a él los que estaban ahí”, un grupo de hombres que estaban ahí de pie. Dice usted: ¿Cuánto tiempo pasó? Bueno, Lucas 22:59 dice que fue una hora después. Entonces, en cierta manera se quedó ahí por una hora. Ahora, las dos horas se acaban, la primera hora dos negaciones, y después otra hora pasa y aquí viene su tercera negación alrededor de una hora después.

Él no puede llegar al punto de salir del lugar. Sin duda alguna él estaba acercándose hacia el recinto grande en donde estaba Caifás, en donde el juicio se estaba llevando a cabo, porque debió haber sido algo increíble; digo, estaban gritando acerca de blasfemia ahí y ya para este momento estaba escupiéndole al rostro de Jesús, y con sus puños lo estaban golpeando en el rostro y estaban abofeteándolo, y le habían tapado los ojos, y preguntándole que le dijera a ellos quién le había pegado cuando Él no podía ver. Era algo horrible. Y Pedro estaba ahí, él estaba cerca y él podía ver por las ventanas y las puertas la escena, y él simplemente no podía irse.

Quizás los gritos de blasfemia y el golpear y abofetear a Jesús y escupirle lo mantuvo ahí. Él inclusive entra en alguna plática al grado que estas personas vienen y dicen: “Ciertamente tú eres uno de ellos porque tu manera de hablar lo muestra, tienes ese acento galileo”. Esa manera de hablar galilea la cual realmente era fácil de identificar. Y entonces, estas personas que lo han estado oyendo hablar y oyendo su acento, dicen: “Tú eres uno de ellos, tú eres uno de ellos”. Por cierto, dice aquí que un grupo vino y dijo—el vocero para el grupo, según Juan 18:26, fue un pariente de Malco, aquel a quien Pedro le había cortado una oreja. Entonces, él es el vocero. Y estoy seguro de que el resto también participó, de nuevo, de una manera muy natural como habría ocurrido en una multitud.

Y Pedro llega al fondo. Versículo 74: “Después él comenzó a maldecir y a jurar diciendo: No conozco al hombre”. Deténganse en ese punto. Increíble, ¿no es cierto? ¿Puede usted verse a sí mismo haciendo esto? ¿Me puedo ver haciendo esto? ¿Maldiciendo? “katathematizo”, una palabra muy, muy fuerte. ¿Qué significa? Básicamente, significa pronunciar muerte sobre usted mismo en mano de Dios si usted está mintiendo. “Que Dios me mate y me condene si no estoy hablando la verdad”.

Ahora, permítame decirle algo. Esa es la manera más seria de tomar el nombre del Señor en vano. “Que Dios me destruya si no hablo la verdad”. Hombre, Pedro, más vale que tengas cuidado. Y jurar, “omnuo”, comprometer su veracidad. Entonces, del lado positivo él dice: “Juro mi veracidad, juro mi veracidad”, y del lado negativo dice: “Que Dios me condene, que Dios me mate si miento”, y él invoca el poder condenador de Dios sobre su propia cabeza si él no está diciendo la verdad. Así de lejos ha ido. Él ha perdido todo temor de Dios, todo sentido de la realidad.

Primero, una sola mentira; y después, para cubrir una sola mentira, una doble mentira; y después, para cubrir una doble mentira, una serie de mentiras con maldiciones y juramentos. Y él comenzó, dice en el versículo 74, “él comenzó”, lo cual quiere decir que no solo sucede una vez, él lo comenzó y debió haber tenido algo de continuidad y él lo mantuvo. Y quizás las acusaciones siguieron. Y aquí está nuestro querido Señor, preciado, que ha sido rechazado por el mundo, vendido por uno de sus discípulos y ahora negado una y otra vez con maldiciones y juramentos por parte del líder de su propio grupo. Hable usted de un varón de dolores, y Pedro ha llegado al fondo mismo. Digo, usted no podría bajar más que esto.

Y después, versículo 74 dice: “Inmediatamente cantó el gallo”. Esa es la segunda vez. Y como lo he dicho, el gallo canta alrededor de las 3:00 de la mañana, la predicción del Señor se cumplió, la predicción del Señor se cumplió. Ahora escuche con mucho cuidado. Lucas nos dice, en Lucas 22:61, que en este mismo segundo, cuando cantó el gallo, estas palabras; Lucas 22:61, escuche: “El Señor volteó y vio a Pedro”. Qué mirada. Increíble. Pedro debió haber podido ver al Señor, quizás él estaba de pie afuera de la ventana viendo todo lo que estaba pasando, viendo cómo Jesús era golpeado y le escupían. Quizás él estaba en el patio lejos, y Jesús habiendo terminado el juicio, pasó junto a él, y al pasar vio los ojos de Pedro. La mirada debió haber quemado su alma, debió haber creado para él el dolor más intenso que él jamás experimento, inclusive más allá de eso.

Viendo directamente a los ojos de Pedro, vio el Señor Jesús para mostrarle que nunca debes no confiar en lo que yo digo. Si digo que va a pasar, va a pasar. Y para quemar de manera imborrable en su corazón la maldad de su propio pecado para hacerlo conocer para siempre lo que él había hecho. Sin embargo, verlo con compasión y misericordia. Jesús, imagíneselo, su rostro cubierto de saliva, golpeado, hinchado y sangrando, ve los ojos de Pedro quien ha dado golpes de negación que son infinitamente peores de lo que cualquier puño jamás podía dar. Un momento indescriptible de dolor.

El colapso total de Pedro es congelado inmediatamente como una foto y cristalizado en una imagen única, en un momento del tiempo, conforme la escena entera se detiene y los ojos de Pedro se congelan en los ojos de Jesús. Y usted se hace la pregunta: ¿Cómo es posible que Pedro llegó a hundirse a esa profundidad? Digo, ¿cómo es que alguien podía hacer eso? ¿Cómo puede suceder? Permítame recordarle de manera muy breve. Aquí están las huellas por el camino. Una, confianza en uno mismo. Él pensó que podía enfrentar cualquier cosa, él podía seguir a Cristo a cualquier lugar; su propio sentimiento cálido y afecto sería suficiente para hacerlo enfrentar cualquier circunstancia. Fue confianza en sí mismo. Él pensó que podía permanecer de pie.

En segundo lugar, fue insubordinación. El Señor le dijo: “Dos veces”, y él negó ambas veces, él desafió la Palabra del Señor, él no se quiso someter a sí mismo, él no quiso subordinarse a la Palabra de Dios, él no tomó la Palabra de Dios seriamente, él rechazó la reprensión, él ignoró la voz del Dios Viviente. Así como cualquier creyente que la lee y después sale y la ignora. No somos invencibles, no podemos desafiar la Palabra de Dios y sobrevivir.

El tercer paso fue una ausencia de oración. Él durmió en lugar de orar, él durmió en lugar de velar hacia la tentación; descuido espiritual, él omitió un deber espiritual esencial, y eso generó un impulso descendiente. Indiferencia espiritual lleva a la ruina, la ausencia de oración lleva al desastre. Y después, la siguiente huella en su camino al desastre fue independencia.  Él actuó por sí mismo. Él no necesitaba buscar la voluntad de Dios, él no necesitaba preguntarle al Señor qué hacer, él actuó por sí mismo; por lo tanto, él se metió en situaciones que fueron desastrosas para él.

Y finalmente, el quinto paso fue concesión. Él siguió a Jesús ahí adentro, él entra al foso de los leones, él se sienta al lado del fuego, él se mezcla con la multitud que era el enemigo de Cristo. Él me recuerda el Salmo 1:1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de impíos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. ¿Se acuerda de eso? Él entró, se quedó ahí y finalmente, ¿qué? Se sentó. “Y se sentó entre los escarnecedores”. Él estableció su lugar de una manera que hace concesiones: O debió haber estado donde estaba Cristo, no lejos; de lo contrario, debió haber huido de la tentación que él sabía que no podía enfrentar. Pero sentarse en medio de la tentación, sin embargo, lo suficientemente lejos de Cristo como para no contar con ese recurso, fue estar en el lugar de la concesión.

La confianza en uno mismo en términos espirituales, pensar que usted es invulnerable, insubordinación, falta de oración, la independencia lleva a la concesión. Si usted piensa que puede enfrentar toda situación, usted va a meterse en algunas situaciones, créame, que usted no puede enfrentar. Y allí es donde él estaba, y eso llevó a la derrota. La hora más oscura en la historia humana, esta fue la hora del poder de las tinieblas, el infierno estaba a todo vapor, las fuerzas de los demonios y el enemigo estaban usando todo su poder; y Pedro no podía enfrentar esto porque él estaba en la carne, no tenía la capacidad. Y nos conmueve.

Y francamente no nos hubiera sorprendido mucho si él tan solo hubiera salido y se hubiera ahorcado como Judas, pero no lo hizo. Quiero decirle algo que es la clave de este pasaje entero. El verdadero Pedro no es visto en su negación, sino en su arrepentimiento. ¿Entendió eso? El verdadero Pedro no es visto en su negación, sino en su arrepentimiento. Nos hacemos la pregunta si Judas era un creyente real o no, porque sabemos cómo terminó la historia; él salió y se ahorcó, no hubo un arrepentimiento real. Pedro salió y lloró amargamente, y regresó para ser restaurado y ahí se encuentra la diferencia entre un Judas y un Pedro. Ambos pecarán, pero uno se arrepentirá y será restaurado, y el otro será condenado.

¿Y sabe usted cuál es la diferencia? ¿Se acuerda usted de Lucas 22:32?: “Jesús dijo: Pedro, Satanás os ha deseado para zarandearos como a trigo, pero yo he orado por ti que tu fe no falte”, ¿se acuerda de eso? ¿Sabe usted por qué la fe de Pedro no falló de manera total? Porque el Señor había, ¿qué?, orado por él. Escuche: La razón por la que nos mantenemos salvos no es por algo que hemos hecho, sino porque el Señor nos mantiene. Él no mantuvo a Judas porque él nunca tuvo a Judas, pero él mantuvo a Pedro y la fe de Pedro no falló, y la historia no se ha acabado.

Llegamos al remordimiento del pecador en el versículo 75. “Pedro se acordó de las palabras de Jesús”. Lo primero que él hizo fue acordarse. Él recordó las palabras de Jesús, él recordó que Él dijo que sería así, y que él lo haría tres veces antes de que el gallo cantara dos veces. Y el recordó. Y después dice: “Salió”. Esa es la segunda cosa, él salió. Y me da gusto que ninguno de los escritores del Evangelio nos dice a dónde fue o qué dijo. Ese es un momento privado de arrepentimiento, ese es un momento privado de entender su propio pecado; no necesitamos estar ahí, eso es para él y el Señor a quien él ofendió de manera tan terrible.

Pero sabemos cuál es la tercera cosa. Dice: “Él no solo recordó y salió, sino que él lloró amargamente”. Aquí luce una expresión muy fuerte, “eklausen pikeres”, lo cual significa “llorar de manera audible”, sollozar de manera fuerte. Él simplemente se dolió en la agonía, se dolió en la agonía del arrepentimiento. ¿Y sabe una cosa? Usted aprende una gran lección aquí. No fue sino hasta que vio el rostro de Jesús, y no fue sino hasta que recordó las palabras de Jesús que él se arrepintió. Su pecado no lo hizo arrepentirse, fue el Salvador lo que lo hizo arrepentirse.

Y aquí hay un principio muy importante, escúchelo: No son nuestros pecados los que nos hacen llorar, no son nuestros pecados los que nos hacen arrepentirnos, es cuando vemos contra qué tipo de Salvador hemos pecado; y entonces, siempre necesitamos tener la visión de quién es Él. El pecado en sí mismo no hizo nada para Pedro; él lo habría mantenido. Pero fue cuando él vio a Jesús y recordó sus palabras. Es el arrepentimiento que nace de un reconocimiento del tipo de Salvador en contra de quién hemos pecado. Esa es la razón, amados, por la que el ministerio aquí, y el ministerio con el que estoy comprometido, no es solo un ministerio de decirles, sino un ministerio de levantar a nuestro Dios de gloria, de levantar al Señor Jesucristo, para que al verlo a Él usted entienda lo horrible que es el pecado.

Y en la agonía terrible del arrepentimiento las cosas se corrigieron con el Señor contra quien había pecado. Él, como Isaías, clamó a Dios: “Soy hombre de labios inmundos”; y él, como Isaías, fue limpiado. Y el fin de la historia es la restauración del pecador. Si tuviéramos tiempo podríamos ir a Juan 21. Y en Juan 21 Pedro está en Galilea, y el Señor aparece después de la resurrección, y Él vino a restaurar a Pedro, y Él mira a Pedro y le dice: “Simón, hijo de Jonás”, ¿qué?, “¿Me amas?”. ¿Y Él se lo dice cuántas veces? Tres. Y tres veces Pedro dice: “Te amo, te amo, te amo”. ¿Por qué cree usted que el Señor le dio tres oportunidades para decir eso? Bastante obvio, ¿no es cierto? El Señor lo estaba trayendo de regreso.

Para las tres veces de negación, hubieron tres veces de afirmar amor. El Señor aceptó el testimonio de Pedro, y el Señor restauró a Pedro, y Él dijo: “Alimenta mis ovejas, alimenta mis corderos, alimenta mis ovejas”, y Él lo colocó de regreso, y de regreso en el ministerio y se volvió el gran proclamador del Evangelio en la primera iglesia. Y le quiero decir algo, esa es una historia de esperanza, ¿no es cierto? Dios está ocupado en dar gracia a los pecadores, Dios está ocupado en restaurar a los caídos, Dios está ocupado en recoger a la persona que inclusive lo ha negado, que ha mostrado ser débil y colocarlo en un lugar de fortaleza. Me da gusto que tenemos un Dios de perdón. ¿Usted no?

Regresé y leí 1ª y 2ª de Pedro esta semana porque quería ver si Pedro hablaba de la confianza en uno mismo, y así es. Y él dice: “Debes dejar la tuya y volverte a la humildad”. Y quería descubrir si él habló de la insubordinación y lo hace, y llama a la gente a obedecer al Señor. Y quería ver si él hablaba de no orar, y él lo dice, él dice: “Velad y orad”, y sé de dónde sacó eso. Quería descubrir si él tenía algo que decir acerca de la concesión y él lo hace; él llama la fidelidad hasta la muerte, y una respuesta a todo hombre que le pide razón de la fe que está en usted con mansedumbre y temor. Él aprendió todas sus lecciones aquí. Y supongo que podremos resumir su propio testimonio de esta ocasión en sus propias palabras. “Vosotros, amados”, 2ª de Pedro 3:17, “Sabiendo que sabéis esto de antemano, guardaos también, no seáis llevados por el error de los impíos, y caigáis de vuestra propia firmeza”. Pedro dice: “Amados, no hagan lo que yo hice. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo”. Esa es una buena palabra de Pedro, ¿no es cierto? Él debía saberlo, él estuvo ahí.

Gracias, Padre, por nuestro tiempo esta mañana. Gracias por el mensaje aquí, de que Tú restauras a santos que pecan. Para alguno en esta comunión que ha caído de su firmeza, ha caído en la soberbia, en desobediencia, en una falta de oración, la independencia, las concesiones, y están cosechando los resultados que te ha negado, si no con sus labios, en la manera en la que viven y las decisiones que toman, y el uso de sus recursos y tiempos en sus pensamientos. Oro porque puedan ver los ojos de Jesús viéndolos, que puedan recordar las palabras de Jesús, que puedan oír al gallo cantar, que vayan y lloren amargamente y sean restaurados.

Queremos ser todo lo que Dios quiere que seamos. Confío en que ese es su deseo también. El Señor no necesita a más personas que le hacen a Él lo que Pedro hizo, que dependen de su propia carne. Permanezcamos firmes en la fortaleza del Espíritu, comprometidos con obedecer la Palabra, con la oración, con la sumisión a la voluntad de Dios sin concesiones, para conocer la victoria en lugar de la derrota. 

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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