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Abra su Biblia conmigo en Mateo, capítulo 27. Estaremos viendo nuevamente una porción de las Escrituras que comenzamos a examinar el último día del Señor en Mateo 27, versículos 27 al 44. Nos presenta un retrato de la crucifixión del Señor Jesucristo.

A manera de introducción, permítame recordarle que Jesús dijo en Mateo 16:4 que Su generación era una generación impía. De los líderes de Israel, Él dijo en Lucas 11:39 que estaban llenos de impiedad. Cuando se le acercaron en Mateo 22:18, Él percibió su impiedad. Y Pablo, identificando a aquellos que rechazaban a Cristo, incrédulos en general, dicen que básicamente están llenos de toda impiedad, Romanos 1:29. Todo esto es verdad debido a lo que Jeremías identificó como el corazón del hombre siendo desesperadamente perverso.

Algo que es abundantemente claro a lo largo de las sagradas Escrituras es que el hombre es impío, que es pecaminoso. Y si se le quita todo tipo de restricción va a perpetrar crímenes que van más allá de la imaginación. Ahora, la impiedad del hombre no es vista de una manera más clara ni llega a un ápice más elevado como en la ejecución de Jesucristo. La crucifixión del Salvador es la expresión más grande de maldad humana en la historia. El epítome de la demostración de la profundidad y la amplitud de la pecaminosidad de la naturaleza humana.

Y como le señalé la última vez, me parece que esta es la preocupación particular de Mateo. Mientras que Juan parece querer describir la crucifixión desde el punto de vista de las Escrituras cumplidas y el punto de vista de Dios, Mateo no dice nada acerca del cumplimiento de las Escrituras y parece enfocarse en la crucifixión desde el punto de vista de la impiedad de los hombres. Sí, la crucifixión fue el acto más grande de amor por parte de Dios y ése parece ser el enfoque de Juan e inclusive más el énfasis de Marcos y Lucas; pero también fue la expresión más grande de maldad humana, la cual parece ser el interés en particular de Mateo bajo la dirección del Espíritu conforme él escribe.

Entonces, conforme avanzamos a lo largo del pasaje de Mateo que describe la crucifixión, vemos simplemente maldad sin refreno. David Thomas escribió, y cito: “Durante miles de años, la impiedad había estado creciendo. Había producido obras de impiedad y crimen que habían corrido a lo largo de las edades con agonía; y con frecuencia, habían ido en contra de la justicia del universo para desatar sus relámpagos feroces de retribución a lo largo y a lo ancho del mundo. Pero ahora, había llegado a su madurez plena. Está en torno a la cruz en proporciones tan gigantes como nunca antes había sido vista. Es de tal magnitud que cualquiera de las expresiones más grandes de impiedad en el pasado se desvanecen hasta llegar a ser insignificantes y palidecen hasta desvanecerse. La impiedad crucifica al Señor de la vida y la gloria.” Fin de la cita.

Y como hemos visto, en este pasaje y en los que vienen antes de este pasaje, la impiedad no está satisfecha simplemente con ejecutar a Jesucristo. Debe atormentarlo también en el proceso. Debe torturarlo en el proceso. Debe acumular sobre Él toda maldad inimaginable. No solamente debe matarlo, debe abofetearlo y golpearlo y apuñalarlo y escupirlo y difamarlo y blasfemarlo y hacer todo eso mientras que Él está muriendo. Inconcebible. Pero tal es la crueldad del corazón humano cuando es exhibida de manera plena.

Ahora esto no nos debe sorprender. La tristeza, la cual nuestro Salvador llevó porque Él, de hecho, era un varón de dolores, como leemos en Isaías 53, ésa fue la marca de SU vida. Sus sufrimientos fueron demasiado grandes como para que nosotros los lleguemos a entender de manera plena o los comprendamos. Supongo que podemos llegar a tener una idea de lo que Él sufrió si pudiéramos decir que Él sufrió más tristeza de lo que cualquier hombre que jamás vivió sufrió. Sí, Él sufrió más tristeza de lo que todos los hombres combinados que jamás han vivido han sufrido.

Usted preguntará cómo es posible. Porque de acuerdo con Isaías 53:4, Él llevó nuestros dolores y Él llevó nuestras tristezas y además de eso, Su propia tristeza al ser aislado y separado de Su Padre. Entonces, Él no sólo sufrió más de lo que cualquier hombre ha sufrido sino que sufrió más de lo que todos los hombres juntos jamás han sufrido.

El profeta Isaías dice que Él estaba experimentando con el quebranto, con la tristeza. Oh, de qué manera tan íntima Él estaba familiarizado, experimentado con la tristeza. De hecho, Él experimentó poco más que eso. La tristeza fue Su compañera constante. Lloró en varias ocasiones, dicen las Escrituras, pero nunca dicen que Él se río. Él parece no haber tenido familiaridad en absoluto con la risa. Pero tuvo una profunda familiaridad con la tristeza hasta la cruz.

Hace años atrás, los cristianos griegos solían rogarle a Dios que les diera misericordia por los sufrimientos desconocidos que ellos le hubieran causado a Jesucristo. Y ellos reconocieron que ellos mismo ni siquiera podían concebir todos los sufrimientos que Él enfrentó.

¿Cómo sufrió Él? Permítame sugerirle varias maneras. Él sufrió por la tentación. Él fue tentado en todo según nuestra semejanza. Él sufrió, dice el escritor en Hebreos, en que Él fue tentado. Él constantemente fue atacado por la tentación. Él sufrió por la negación de sí mismo. Y por cierto, Su tentación fue una tentación real y Su lucha con la tentación, una lucha real, aunque Él nunca pecó. Él también sufrió en la negación de sí mismo. Él se rehusó a tener esas cosas las cuales supondríamos que serían las comodidades normales de la vida. Él se privó a sí mismo, como dice el escritor del mismo, “de los palacios de marfil a un mundo miserable.   

Como dice Pablo en Filipenses 2, Él no considero algo a que aferrarse al ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo de eso y tomó la forma de siervo, se humilló y echándose en la condición de hombre, fue obediente hasta la muerte. Él nació en un pesebre en un establo. Él vivió una vida de privación. Él no conoció posesiones personales. Él conoció hambre y sed de cansancio y la ausencia de toda comodidad mundana. Y entonces, Él sufrió simplemente en el área de negación personal. Y Él también sufrió rechazo. Él fue odiado, menospreciado, fue objeto de burla, fue reprendido, fue calumniado, fue blasfemado, Él fue acusado de manera falsa lo largo de Su vida. Y ahora llega una culminación de furia en los sucesos en torno a la cruz.

Y quisiera añadir a esto, y escuche con atención lo que voy a decir. Él también sufrió del pecado. Aunque no tuvo pecado, en la cruz Él el sufrió del pecado. De hecho, sufrió tanto que Pablo escribiéndole a los Corintios dice que Él se volvió pecado por nosotros. El sufrió el peso del pecado y sin duda alguna, debido a Su omnisciencia, Él habría sufrido todas las cosas que Él estaba por sufrir, esperando en expectativa de eso.

Y después, Él sufrió por Satanás. Satanás, quien siempre estuvo plagándolo, siempre buscando atacarlo desde el momento de Su nacimiento cuanto quiso haberlo eliminado por el decreto de Herodes, hasta el momento en el que llega al huerto en el que entra a tres grandes olas de tentación para distraer a Cristo de la cruz. Él siempre está en conflicto con Satanás. Y Satanás arrojó contra Él la furia de todo el infierno que podía desatar en contra de Su cabeza y sin embargo, de acuerdo con Génesis, sólo pudo herir Su calcañar. Pero Él conoció el sufrimiento tremendo que uno enfrenta cuando está en conflicto con Satanás. Inclusive Pedro, en una ocasión, hablando del lado de Satanás, a él le tuvo que decir ‘Quítate delante de mí, Satanás’. Y Judas, el diablo entró en él y traicionó a su propio amigo.

Y entonces, el Señor sufrió de la tentación, y la negación personal, y el rechazo, y el pecado y Satanás. Y después, más allá de eso, la categoría monumental de sufrimiento es el hecho de que Él sufrió por la ira de Dios debido a la cruz cuando Él se volvió pecado. Dios entonces tuvo que derramar toda la furia del cielo en contra de todo el pecado de la tierra; y todo vino sobre Jesucristo. Entonces, Él sufrió la ira sin restricción de Dios.

Ahora, al llegar a la escena frente a nosotros en los versículos 27 al 44, vemos Su sufrimiento en manos de hombres impíos. Vemos Su sufrimiento debido a la furia maligna de Satanás. También vemos Su sufrimiento debido a la ira de Dios en contra del pecado que Él llevaría. Y todo llega a su punto más elevado. Y este parece ser el punto más elevado de Mateo. Durante mucho tiempo ahora, en el Evangelio de Mateo, él ha estado enfatizando el rechazo del Rey, ¿no es cierto? Se ha estado acumulando, y acumulando, y acumulando y ahora, llega a su epítome, a medida que él presenta la crucifixión.

Para ayudarnos a ver la impiedad de la escena, quiero llevarlo a cuatro grupos diferentes que aparecen en la escena. Llamémosle los impíos ignorantes, los impíos informados, los impíos débiles y los impíos religiosos. Y quiero sugerirle que toda persona en el mundo que no viene a la fe en Jesucristo, toda persona que rechaza a Cristo, encaja en estos grupos. Son constantes. Ellos estuvieron en la cruz. Todavía existen en la actualidad. Y toda persona encaja en algún punto en estos cuatro grupos.

Ahora, la última vez, vimos a los impíos ignorantes, quienes nos fueron ilustrados por los soldados endurecidos en los versículos 27 al 37. Y vemos esa porción de las Escrituras. Vimos que los soldados endurecidos básicamente eran los legionarios romanos que estaban ahí en Cesárea y sin duda alguna con Pilato. Realmente no tenían información de primera mano de Jesús. Realmente no estaba muy informados acerca de quienes Él era. Quizás habían tenido algo de información limitada; básicamente, son ignorantes. Para ellos, Jesús es otro criminal. Y de alguna manera, alguien que estaba fuera de sí. Parece que Él no ha cometido ningún acto criminal legítimo. Parece más ser un loco que piensa que es Rey, pero por cualquier definición que ellos conocen de reino, Él no es un rey en absoluto. Ellos, sin duda alguna, piensan que Él tiene alguna deficiencia intelectual y mental. A partir de todas las torturas que le han aplicado, Él nunca dice una palabra, lo cual confirma sus sospechas.

Son los que encontramos al llegar al versículo 27. Lo han azotado, esto es han colocado Sus muñecas en un poste, Sus pies han sido suspendidos en el aire, Su cuerpo ha sido destrozado por las tiras de piel a las cuales han amarrado en los extremos un pedazo de madera, en el otro extremo de las tiras de piel hay pedazos de piedra y hueso y metal y lo han lacerado hasta que Su carne ha sido destrozada y Sus órganos internos están expuestos y la sangre está fluyendo de Su cuerpo. Y luego lo han vestido otra vez.

Y lo han regresado al salón de Pilato y comienzan un pequeño juego bajo la supervisión de Pilato. Y ese pequeño juego tiene la intención de que Jesús aparezca como Rey. Y usted notará lo que sucede en el versículo 28. Lo desnudan. Le quitan Su propia túnica, la cual había sido colocada sobre Sus heridas abiertas y le colocan una túnica escarlata; esta es la túnica pesada, exterior romana que usaba un soldado romano. Sin duda alguna, causándole un dolor terrible debido a estas heridas abiertas, una túnica real de burla.

Y después, han entretejido una corona de espinas y la han colocado en Su cabeza. Colocaron una caña en Su mano derecha representando a una corona y a un cetro. Han doblado sus rodillas ante Él y a burlado de Él diciendo: “Salve, rey de los judíos.” Y conforme se levantan del piso, le escupen en el rostro. Y después, le quitaron la caña de Su mano en un gesto de burla, quitándole Su soberanía menospreciable y golpeándole en la cabeza con Su propio cetro. En Juan 19:3 dice que continuaban golpeándolo. Él es un insensato. Él es un payaso. Él es un bufón. Él es un objeto de burla. Éste que dice ser un Rey, ¡Qué farsa!, ¡Qué burla!, ¡Qué ridículo! Y los soldados, con gozo y gusto, preparados en el arte de matar y de herido a la gente disfrutan al máximo su expresión de recreación en contra de Jesucristo a expensas de Jesucristo.

Por cierto, ésta es la segunda vez que Él ha sido golpeado y que le han escupido. Los líderes judíos lo hicieron hacia atrás en el capítulo 26, versículos 67 y 68. Le escupieron porque Él decía ser un profeta. Aquí ellos le escupen porque Él decía ser un Rey. No sabían quién era el Rey y cómo pasarían la eternidad en el infierno. No sabían que de hecho Él era Rey y de hecho, Él llevaría una túnica; y una túnica salpicada por sangre. En Apocalipsis, capítulo 19, versículo 13, muestra a Jesucristo viniendo en la gloria de la Segunda Venida del cielo. Y de hecho, está llevando una túnica de realeza. Y esta túnica esta manchada con la sangre, pero no, en ese entonces, es Su propia sangre, sino la sangre de Sus enemigos. Y de hecho, algún día Él va a usar una corona real. Y va a ser muy diferente de esta corona, no una stephanos, no una corona hecha de algo terrenal; sino una diadema, una corona real. Sí, Apocalipsis 19:12 dice que Él va a usar muchas coronas, porque Él no solamente va a tener las Suyas, sino que va a usar las coronas que le pertenecieron a todo soberano en el mundo porque sólo Él será rey.

Y algún día, Él va a usar un cetro y no será de caña, será - de acuerdo con Apocalipsis 19:15 - un cetro de hierro con el cual traerá juicio instantáneo en el mundo incrédulo.

Y después, no habrá broma alguna. No será un asunto de risa. De hecho, los papeles serán cambiados y de acuerdo con el Salmo 2, dice que Dios se reirá de ellos, se burlará de ellos. Pero por ahora, en Su humillación, Jesús es objeto de burla. Su rostro esta hinchado más allá de lo que se puede reconocer debido a los muchos golpes y bofetadas que ha recibido en Su rostro. Está cubierto con saliva mezclada con Su sangre que está saliendo de las heridas causadas por las espinas que penetran Su frente. Los golpes de la caña, la cual era suficientemente pesada como para causar un dolor para la cabeza y esto hace que haya más heridas y que esté más hinchado. Su cuerpo está goteando de sangre, que está saliendo de Sus poros. Una falta de sueño, la angustia del pecado ha contorsionado y torcido Su rostro de tal manera que difícilmente se puede reconocer como un humano, mucho menos como Jesús de Nazaret. Y Él es visto como nada más que un necio.

Vestido como un Rey farsante, Pilato entonces, de acuerdo con Juan 19, lo saca ante la multitud judía y dice ‘¿no es esto suficiente? ¿No han tenido suficiente?’ Él ya ha declarado en varias ocasiones que Jesús es inocente. Él ya ha presentado lo que ha hallado la corte cuando dijo ‘no hallo falta alguna en este hombre’. Él realmente no quiere ejecutar a un hombre que sabe que es inocente. Su esposa le ha advertido en contra de eso y su propia conciencia ha hecho lo mismo. Pero él está siendo chantajeado y acorralado por los judíos y él cree que quizás puede saciar su sed de sangre al mostrar a Jesús como una persona tan necia, que entenderán que es poca amenaza para Roma o para Israel. Y entonces, él saca a Jesús y dice “he aquí el hombre”. Y ellos gritan más por Su sangre y dicen que si no lo mata, lo reportarán ante César. Y atrapado por el temor de perder su posición, él indica que Jesús sea crucificado. Y entonces, es determinado.

Y después, en el versículo 31, después de que habían terminado con su burla, le quitan la túnica. Le vuelven a poner Su propia ropa. Y lo sacan para crucificarlo. Y conforme dejan la ciudad en el versículo 32, ellos obligan a un hombre llamando Simón, que es de Cirene. Y este hombre debe cargar la cruz de Cristo, como vimos la última vez. Ellos entonces, versículo 33, llegan a un lugar llamado Gólgota, el cual significa lugar de la calavera, nombrado así por la forma del monte.

Le dan vinagre para que beba, de hecho vino, oinos en los mejores textos. Le dan vino para que beba mezclado con hierbas amargas. Ése es un término general. Marcos nos dice que las hierbas amargas eran de hecho mirra. Y la mirra actuaba como un sedante. Esto era provisto por mujeres en Jerusalén. Había una asociación de la mujer que proveía esto para la gente que estaba siendo crucificada como una expresión del cumplimiento de Proverbios 31, en donde dice que la bebida fuerte es para aquellos que enfrentan la muerte. Estas mujeres lo hicieron por amabilidad. Los soldados lo valoraban no porque querían mostrar amabilidad, sino porque era más fácil crucificar a una víctima drogada. Entonces, esto también les ayudaba. Él lo probó y no lo bebió porque quería ir a la cruz con todas sus facultades agudas y alertas. Y entonces, lo crucificaron. Y como usted sabe, repartieron Sus ropas al echar suertes.

El resto de ese versículo el cual aparece en ciertas versiones realmente no está en los mejores manuscritos y ha sido tomado del Evangelio de Juan y se ha infiltrado en Mateo. Pero Mateo realmente no tiene ninguna relación aquí con las Escrituras proféticas en su intención original. Como dije, su enfoque no consiste en cumplir las Escrituras desde el punto de vista de Dios, sino que se enfoca más bien en la impiedad de los hombres.

Y entonces, crucifican a Cristo. De una manera más bien fría, apostando para ver quién se queda con los elementos de Su ropa. Cada uno de los cuatros soldados en un quaternion habría tomado una de las cinco piezas, ellos apuestan entonces para ver quién se queda con la túnica interior sin costuras que Él usaba. Y el versículo 36 dice “Y sentados le guardaban allí.” Simplemente se sentaron y lo cuidaban para que nadie viniere tratara de aliviar Su dolor o para que nadie viniera y tratara de hacer algo que no debía ser hecho. Estaban de guardia.

Y como le dije la última vez, me sorprende el hecho de que la crucifixión misma sea mencionada de una manera tan breve. De hecho, como le dije, en el texto griego dice ‘los que le habían crucificado partieron o se repartieron Su ropa’. Casi hace a un lado la crucifixión en el texto original. Y realmente no se nos da nada acerca de los detalles; y por eso, necesitamos en cierta manera, llenar los espacios tan sólo por un momento. La cruz habría estado sobre el piso. La víctima era colocada sobre la cruz y primero, sus pies eran extendidos, los dedos de sus pies eran jalados hacia abajo y después, un clavo grande era metido por el arco de un pie y después, por el arco del otro pie. Y después, sus manos eran extendidas, permitiendo que sus rodillas se flexionaran un poco; y grandes clavos eran metidos por sus muñecas apenas en la parte de abajo de su mano. Porque es el lugar donde podría sostenerse, el medio de la mano no se podría sostener porque se habría rasgado ahí en medio de los dedos.

Una vez que la víctima era clavada ahí, la cruz era levantada y colocada en un hoyo. Y después, llegaba al fondo del agujero, claro, y esto jalaba y rasgaba la carne y enviaba impulsos de los nervios para causar explosiones en el cerebro en relación al dolor. La víctima ahora está crucificada. Lentamente, Él dejaba caerse más y más; y el peso, recaía sobre los clavos que estaban en Sus muñecas. Y un dolor sumamente intenso salía por los brazos hasta la mente. La presión ejercida sobre los nervios iba casi más allá del punto de tolerancia.

El Señor entonces habría tratado de empujarse hacia arriba para aliviar el dolor y entonces, Él habría empujado con Sus pies. Y ese peso habría recaído sobre las dos heridas que estaban en Sus pies. Y lo mismo sucedería. Y hora tras hora este tormento intenso del cuerpo arriba, abajo, tratando de aliviar un extremo y después, el otro. Las manos y los pies, y se habría vuelto imposible después de un rato, empujarse hacia arriba debido al dolor y al dejarse caer, habría hecho que recayera el peso mayor sobre las manos.

El doctor Davis Truman escribe, y cito: “En este punto, ocurría otro fenómeno conforme los brazos se fatigaban. Grandes olas de calambres arrasan sobre los músculos, llevándolos a un dolor incansable de punzadas. Con esto calambres, viene la incapacidad de empujarse a sí mismo hacia adelante. Pendiendo de sus brazos, los músculos pectorales son paralizados y los músculos internos del costado son incapaces de actuar. El aire puede ser metido a los pulmones, pero no puede ser exhalado. Jesús pelea para levantarse a sí mismo simplemente para poder respirar un poco. Finalmente, el dióxido de carbono comienza a acumularse en los pulmones y en el corriente sanguíneo; y los calambres ceden. Él habría estado inhalando y exhalando de manera corta, en olas de dolor ilimitado, ciclos de calambres que atormentan las coyunturas, asfixia parcial intermitente, un dolor atormentador conforme el tejido es rasgado, es arrancado de Su espalda que ha sido lacerada. Conforme Él se mueve hacia arriba y hacia abajo y se frota contra la madera áspera. Un dolor profundo aplastante en el pecho conforme el pericardio lentamente comienza a llenarse y comienza a comprimir el corazón. Y esto lleva a la muerte.” Fin de la cita.

¡Qué agonía! Y los soldados endurecidos se sientan ahí y observan. Lo han visto una y otra y otra y otra y otra vez. ¿Saben quién es Él? No, hay un letrero en el versículo 37. Sobre Su cabeza colocan una acusación porque se demandaba que un hombre que fuera crucificado debía ser crucificado por un motivo criminal. Y no había un motivo legítimo criminal por el cual crucificar a Cristo. Pilato, queriendo hacer una declaración de la inocencia de Cristo y también queriendo afirmar su menosprecio hacia los judíos, coloca sobre la cabeza de Jesús: “ESTE ES JESÚS”, los otros escritores nos dicen que escribió “ESTE ES JESÚS DE NAZARET, EL REY DE LOS JUDÍOS.” Y todo en los tres idiomas de la época para que todos pudieran leerlo. Y los judíos protestaron y dijeron ‘no queremos eso ahí, queremos ‘Él dijo: Él es rey de los judíos.’’ Y Pilato dijo ‘lo que he escrito, he escrito’. Y de esta manera, en palabras cínicas, sarcásticas, él se burló de los judíos al decirle al mundo entero “ahí está su rey, ahí está su rey, ustedes, personas menospreciables, merecen un rey como éste.”

La burla de Pilato hablaba la verdad. Él era el Rey. Pero los soldados eran ignorantes de eso. Si sabían algo, sabían muy poco. Ahora, ellos demuestran que hay muchas personas en todos los tiempos y en todos los períodos de la historia que realmente son ignorantes de quién es Jesucristo. Él puede ser alguien, pero no están demasiado seguros de quien Él es. Y realmente no están muy interesados en quién es Él. Francamente, es una ignorancia innecesaria, porque Cristo es la luz que alumbra a todo hombre que viene al mundo, dice Juan 1:9. Y para todos los que buscan a Dios, Él les revelará la realidad de Su Hijo Salvador. Pero ellos no tienen interés en eso. Son los impíos ignorantes. Y el mundo todavía está lleno de ellos. El mundo todavía está lleno de personas que rechazan a Jesucristo por ignorancia. Es una ignorancia deliberada, es una ignorancia innecesaria, no obstante, son ignorantes. Simplemente, no saben. Y muchos no buscan descubrir, no les importa saber.

Pero hay un grupo más impío que ese grupo y es al cual llegamos en el versículo 38. Llamaremos a éstos los impíos conocedores. Ellos no son ignorantes. Ellos saben. Ahora, no saben todo, pero saben algo.

“Entonces, crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha y otra la izquierda.” Ahora claro, éste es otro modo de deshonrar a Cristo, de difamarlo, colocarlo en el medio de dos ladrones, un par de malhechores, como los llama Lucas, lo cual significa personas que hacen maldad, criminales. Colóquenlo ahí y de esta manera deshónrenlo y avergüéncelo por Su asociación con ellos. Entonces, Él está ahí con los impíos en Su muerte.

Entonces, Él cuelga ahí con estos dos, la palabra griega es lestes. Hay un par de palabras en el idioma griego que tienen que ver con robar. Una es lestes y la ostra es que klepti. Klepti es una palabra de la cual obtenemos klepto, cleptomaníaco, alguien que es un ladronzuelo, que roba cosas. Pero lestes es una palabra diferente. Esta palabra es usada aquí básicamente y significa bandido, un ladrón que saquea. No un ladronzuelo cualquiera. Estos son ladrones que matan, son serios en lo que hacen. Ellos no se meten y se llevan algo, sino que entran por la puerta, y por así decirlo, disparando con pistolas; lo peor de los criminales. Y es muy probable que fueran asociados de Barrabás, quien de hecho debía haber muerto en esa cruz en el medio antes de que la multitud pidiera por Barrabás y Jesús fuera crucificado en su lugar.

Ellos sabían algo de las declaraciones de Jesús. Ellos saben algo de esto como es evidenciado por el registro futuro de lo que dijeron. Encontramos en el versículo 44: “…los ladrones – los lesti - que estaban crucificados con Él...” Y una versión dice “hacían lo mismo en los dientes de Él.” De hecho, lo que el texto dice es que “estaban acumulando insultos en contra de Él.” Ellos lo insultaron de la misma manera. Los mismos insultos que estaban escuchando de los líderes judíos que estaban diciendo ‘si eres el Rey de Israel, desciende. Si dices que confías en Dios, que Dios te libre. Tu dijiste que eras el hijo de Dios,” y demás. Entonces, ellos conocían algunas de las declaraciones de Jesús.

Ellos estaban familiarizados porque eran parte de la sociedad judía, quizás con la obra de Jesucristo, quizás habrían estado familiarizados con Su persona, quizás en alguna ocasión lo habrían oído en una multitud. No sabemos eso. Pero obviamente, sabían algo acerca de Él, algo más que los legionarios romanos habrían sabido, que no tenía nada que ver con la vida en esa parte del mundo, inclusive si hubieran sido legionarios sirios, un área de la cual los romanos reclutaban a muchos de sus soldados, porque quería que hablaran en arameo en la Palestina ocupada. Ellos no habrían estado tan familiarizados, estos hombres lo estaban con Jesús, quien se movió ahí en su país. Ellos saben.

Pero también son impíos. Ellos insultan a Jesús. Ellos reprenden a Jesús. Así como los soldados lo hicieron. Y lo hacen con más conocimiento que los soldados. No es sólo los paganos ignorantes que rechazan a Jesucristo, que encuentran placer en Su ejecución. Sino también estos bandidos materialistas vulgares; para ellos, la vida gira en torno a las posesiones, al materialismo, al robo. Ellos no han pensado acerca de la justicia, la verdad, el honor, la piedad. No les preocupa la moralidad. No le preocupan los mesías y los reinos, simplemente viven para robar.

Todavía hay personas como ellos. Ellos saben acerca de Jesús. Quizás no sepan mucho, pero saben un poco, pero para ellos la vida gira en torno del botín. Su preocupación en la vida son las cosas materiales. Les importa poco la justicia, les importa poco la verdad. Viven para satisfacerse a sí mismos y pagan un gran precio por ello. Y para mostrarle lo profundamente comprometidos que estaban con su estilo de vida, aquí están colgando en una cruz en las horas de su propia muerte y todavía están disparando insultos en contra de uno que dice ser el Hijo de Dios. Ellos son blasfemos de otro tipo que se burlaron de Jesús porque tienen un amor más grande por las cosas del mundo del que tienen por las cosas de Dios.

Pero aún ellos no son los más severos de los rechazadores porque hay otro grupo. Los vemos en los versículos 39 y 40. Me gusta llamar a éstos ‘los impíos débiles’. Supongo que hay muchos términos diferentes que podríamos usar, pero ellos son ilustrados por los que van pasando ahí de manera indiferente. Los impíos ignorantes son los soldados endurecidos. Los impíos informados son ilustrados por lo que vimos en el versículo 38, los ladrones que creo que podríamos decir que son los ladrones vulgares. Simplemente viven en el mundo y esa es la esfera de su preocupación. Y ahora, encontramos a la multitud indiferente que representan para nosotros la gente que por un tiempo oye acerca de Cristo, entiende acerca de Cristo e inclusive hace algún tipo de expresión abierta hacia Cristo e inclusive invita a Cristo para que sea parte de su vida hasta cierto punto, pero eventualmente se vuelve apóstata o le da la espalda.

El versículo 39 dice ‘y los que pasaban’. Ahora, no podemos ver mucho en esa frase “los que pasaban”, pero podemos identificar el hecho de que esa sería una situación muy común porque la gente era crucificada ahí junto a una carretera, en donde había un camino importante. Y esto habría estado afuera del muro de Jerusalén, entonces, habría sido un camino que estaba al norte de la ciudad, el cual habría sido muy frecuentado y ocupado por la gente que entraba y salía e iba de adentro hacia afuera, porque era el día de la Pascua. Estaban ocupados con todas las cosas que necesitaban ser hechas. Los peregrinos hacían que la ciudad estuviera a reventar. Ellos estaban adentro y afuera. Todas las cosas estaban siendo preparadas para la Pascua, porque muchos de ellos comerían la Pascua esa noche. Y con todo el tráfico y toda la población que habría crecido más allá de lo normal, habría sido un lugar muy ocupado.

Y entonces, aquí estaban esos judíos moviéndose, esa misma multitud que había gritado “crucifícale.” La misma multitud del lunes que lo había reconocido con sus hosannas, bendito es el que viene en el nombre del Señor, el hijo de David. Reconociéndolo como su Mesías, el Salvador, el que los libraría de la opresión romana. Esta es la misma multitud débil. Ellos tuvieron un lugar para Jesús, querían Sus milagros, querían Sus señales y maravillas. Ellos escucharon Sus enseñanzas. La multitud estaba fascinada con Jesús hasta cierto punto. Y ellos saben que hubo una demostración de la veracidad de esas declaraciones.

Pero ahora, Él es simplemente una víctima de una crucifixión romana. Él es rechazado por ellos. Y conforme ellos pasan, le injuriaban, dice. De hecho, continuaban menospreciándolo, continuaban injuriándolo. Es un tiempo imperfecto, una difamación continua, una blasfemia continua. Y lo hicieron meneando la cabeza, como una expresión de burla. El Salmo 22 predijo que esto es exactamente lo que ellos harían. Dicen el versículo 7 del Salmo 22: “Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza,” y demás. “Se encomendó a Jehová; líbrele Él.”

Entonces, ellos cumplen exactamente lo que el salmista dijo que harían. No es que ellos están tratando de cumplir las Escrituras. Ni siquiera consideran las Escrituras. Es que las Escrituras sabían exactamente lo que harían porque el autor es el Espíritu Santo. Y entonces, se burlan de Jesús. Y dicen esto: “Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.”

Ahora, ¿por qué dijeron eso? Porque esas fueron las dos cosas que salieron del juicio de Cristo ante Anás y Caifás. Usted recordará ahí atrás en el capítulo 26, versículo 61, ellos consiguieron algunos testigos falsos. Y los metieron en ese juicio judío y ellos dijeron ‘este hombre’, esto es Jesús, ‘dijo: ‘Yo puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.’’

En otras palabras, ellos estaban tratando de inventar un crimen. Ellos querían matar a Jesús. Ellos sabían cuál era el veredicto, simplemente no tenían un crimen. Entonces, están tratando de inventar un crimen y entonces, trajeron a testigos falsos quienes fueron sobornados e hicieron que estos testigos falsos dijeran que Él iba a destruir el templo. Bueno, mucho antes de este momento, Él se había referido a la destrucción del templo. De hecho, casi tres años antes, cuando Él había llegado por primera vez a Jerusalén. Y en ese entonces, Él dijo que se refería al templo de Su cuerpo, ¿no es cierto?

Entonces, ellos están torciendo y pervirtiendo y sacando algo del pasado para usarlo en contra de Jesús, como si Él fuera a actualmente destruir Su templo físico. Y después, y en el versículo 63, Caifás le dice “t Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: ‘Tú lo has dicho.’” Entonces, ellos en cierta manera, capturan esas dos cosas: la acusación de que Jesús iba a destruir el templo y la declaración de que Él era el hijo de Dios.

Ahora, usted recordará cuando la multitud se congregó esa mañana, los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas querían que Jesús fuera crucificado. Pilato pensó que la multitud podría estar del lado de Jesús. Pilato estaba listo para ofrecerle a Jesús a la multitud. Pero en el momento en el que estaba a punto de ofrecer a Jesús a la multitud y la multitud pudo haber estado dispuesta a que Jesús fuera liberado, porque Él era en cierta manera popular con ellos, en ese mismo momento, la esposa de Pilato envió un mensajero y dijo ‘tengo que decirte algo’. Y en el interludio, cuando Pilato estaba escuchando al mensajero que envió su esposa, los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas se metieron en la multitud y agitaron a la multitud y la influenciaron en contra de Jesús.

Entonces, ya para cuando Pilato deja este pequeño interludio, la multitud entera estaba gritando ‘crucifícale, crucifícale, crucifícale y entréganos a Barrabás ‘. Las cosas que ellos sembraron en esa multitud para pedir la crucifixión de Cristo fue la declaración que había sido mencionada en Su juicio que Él destruiría el templo. Y en segundo lugar, que Él era el Hijo de Dios, lo cual dijeron que era blasfemia.

Entonces, conforme la multitud regresa, la misma multitud que había oído esas acusaciones, pasando por el camino, ven a Jesús colgando ahí y ellos menean sus cabezas de un lado a otro; y de manera blasfema, están injuriando y difamando a Jesús al burlarse con las palabras que dicen ‘Tú dijiste que ibas a destruir el templo, ¿no es cierto? Y construirlo en tres días. Bueno veamos, qué tipo de poder tienes al bajarte de esa cruz.’ Y se ríen. ‘Oh, Tú eres el Hijo de Dios, ¿lo eres? Bueno, si eres el Hijo de Dios, entonces desciende de la cruz. Y se burlan.

No es suficiente que Él muera. Tienen que burlarse de Él en el proceso. La multitud débil, torpe, que no piensa, que estaba arrojándole palmas a Sus pies y reconociéndole como el Mesías, y ahora se está burlando de Él y blasfemando Su Nombre el viernes.

Ellos son como personas malas en la actualidad. Las personas débiles, tantas personas que usted sabe que han estado en la Iglesia, han asistido a la Iglesia, quizás han crecido en la Iglesia, conocen el mensaje. Quizás han tenido padres cristianos. Quizás han tenido preparación cristiana. Quizás han hecho una profesión de fe en algún punto a lo largo del proceso, quizás han sido bautizados, quizás han ido a la Iglesia. Pero todo eso está en el pasado. Ya no están interesados en eso. Se han metido en otras cosas. Jesús no satisfizo su expectativa. De hecho, cuando Jesús entró, pensaron que Él atacaría a los romanos. Él regresó a la ciudad y atacó los judíos al quitar la compra y venta en el templo. Y eso no fue a favor de Él. Ellos pensaron que debía atacar a Roma, no a ellos. ¿Y ahora, cómo podía ser este el Mesías? Ha estado aquí toda la semana y no ha hecho nada. Él ha estado aquí toda la semana y ahora véanlo, Él está colgando de una cruz, colocado ahí por los romanos. Él es una víctima. Él es no es nuestro Mesías.

Y aún la afirmación de Pilato de que era inocente habría sido algo convincente para los judíos, porque si Pilato hubiera hallado que Jesús fuera culpable de nada en contra de Roma, entonces Él ciertamente no sería su Mesías. Porque ellos suponían que el Mesías vendría en un triunfo militar en contra de Roma y todas las otras naciones. Todo estaba despedazándose, y se habían olvidado de sus aleluyas y sus hosannas; y ahora, en su decepción por el fracaso de Jesús al no darles lo que ellos querían cuando lo querían, ellos se habían vuelto en contra de Él y estaban blasfemando Su Nombre. Tan débiles.

El mundo está lleno de personas así inclusive en la actualidad. Hay personas cuyo único interés en Jesús es una satisfacción inmediata y una satisfacción personal inmediata. Y si no les da lo que ellos quieren cuando lo quieren, se acabó. Y me entristece eso. Hay una cantidad tremenda de responsabilidad para alguien que conoce a Jesús, conoce Sus declaraciones, conoce Su poder, conoce Su persona, entiende Su verdad y le da la espalda a eso. Hay una cantidad tremenda de responsabilidad en eso.

Una madre se me acercó recientemente y me dijo “Mi hijo fue criado en una familia cristiana, fue criado en un hogar, criado en la Iglesia y las cosas del Señor y ha decidido que no quiere tener nada que ver con eso. Él quiere vivir como un homosexual.” ¡Qué tragedia! Esa es la multitud débil. Ellos encuentran algo que quieren más de lo que quieren a Jesucristo. En un punto en su vida, ellos cantan las canciones y lo reconocen; y en otro punto de su vida, blasfeman Su Nombre.

Y el mundo está lleno de personas que van pasando que se burlan de Jesús, que lo reconocieron en algún momento. Oh, nunca fue salvación real. Pero conocieron la verdad acerca de Él y ahora, la rechazan. Los impíos débiles, en un sentido, son traidores.

Pero no son el peor grupo. El peor grupo está por venir en los versículos 41 al 43, los impíos religiosos. Ellos nos son ilustrados por los que no son sinceros, los hipócritas, los líderes hipócritas, el nivel más bajo de blasfemos, hipócritas religiosos que desfilan su piedad, que quieren aparecer como representantes de Dios y conocen la verdad y ser puros y piadosos y virtuosos y representar la Palabra de Dios. Y la verdad es que están llenos de odio en contra del Cristo mismo del Dios mismo.

En el versículo 41 los conocemos. No sólo fue una multitud débil, sino que también fueron los principales sacerdotes. Todos esos diferentes órdenes de sacerdotes que operaban dentro de los ministerios del templo se estaban burlando junto con los escribas que eran las autoridades de la ley y los ancianos que supuestamente debían ser los hombres reverenciados y de renombre de madurez y sabiduría en la tierra. Ellos constituyen el sanedrín, el consejo que gobernaba a Israel.

Entonces, todos estos líderes que supuestamente son la élite religiosa, que supuestamente deben saber todo lo que hay por saber acerca de la verdad de Dios y la palabra de Dios y la mente de Dios y el corazón de Dios, que pretenden amar a Dios y reverenciar Su Palabra y exaltar Su Nombre, vienen y ¿qué dicen? Y observen, por favor, que la multitud le habló a Jesús, los líderes no le hablan a Cristo. Lo odian. Él es tan despreciado por ellos que ellos no le hablan, ellos sólo hablan acerca de Él. Entonces, hablan el uno al otro acerca de Él.

Versículo 42: “A otros salvó.” Y ellos quieren decir mediante Su ministerio de sanidad, Su liberación de demonios. “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.” En el Nuevo Testamento nunca negaron los milagros de Jesús. Nunca. Eso era imposible de hacer. Nunca hay una indicación de que los líderes religiosos de Israel negaran Sus milagros. Ellos dijeron que fueron hechos por Satanás, llevados a cabo por Satanás. Pero nunca los negaron. Ellos dijeron que lo que Él hace, lo hace por el poder de Belcebú. Pero nunca los negaron.

Y ahora, ver a Jesús colgando en la cruz incapaz de descender, afirmará en sus mentes que de hecho Él tenía poder, pero era el poder de Satanás. Entonces, al colocarlo en la cruz, podemos asegurarnos de que Él se quedará ahí porque Dios está de nuestro lado. Miren, el hecho de que Él está ahí muestra que Su poder no es tan grande como el nuestro. Su poder es el de Satanás, el nuestro es el de Dios. Dios está con nosotros.

Burlándose de Su poder. Si Él es el Rey de Israel, ‘desciende ahora de la cruz’ y creeremos en Él. Si Él tiene tal soberanía y autoridad y tal poder, veámoslo ahora. Ellos colocan la palabra ‘ahora’, en este momento. Siempre estaban pidiendo una señal. Pero la realidad del asunto es que si Él hubiera descendido de la cruz, ellos no habrían creído. Sus corazones eran tan malos.

Sea cual sea el poder que tienes, muéstranoslo. Demuéstranoslo. Pero ellos no lo dicen con sinceridad. Ellos no están diciendo ‘por favor, desciende y muéstranos para que podamos creer’. Se están burlando. Lo están menospreciando. Se están riendo. Lo están ridiculizando. Ellos no saben porque Él está ahí. Ellos piensan que lo único que alguien podría hacer en una situación así, si tuviera el poder de hacerlo, es salirse de esa situación. El único tipo de poder que conocen es usado a favor del interés personal. Ellos no entienden la muerte sacrificial por alguien más. No lo conocen. Entonces, ‘desciende,’ dicen, ‘y creeremos’. Atacan Su poder.

Después, en el versículo 43 atacan Su persona. Y dicen aquí exactamente lo que el Salmo 22:8 dijo que dirían. Ahora, no está citando al Salmo 22:8 en absoluto. Ellos están diciendo lo que el profeta a través de los Salmos dijo que dirían. Las Escrituras están siendo exaltadas aquí, no el conocimiento de ellos de las Escrituras, sino la veracidad de la palabra profética. “Confía en Dios. Líbrele él; Sálvele, puesto que en Él se complacía.” Porque ha dicho Soy Hijo de Dios.

Ahora, ellos atacan Su persona. Oh, Tú eres el hijo de Dios, ¿sí? Oh, Tú confías en Dios, ¿sí? Entonces, veamos cómo Dios te libra. Él había dicho ser el Hijo de Dios en muchas ocasiones. Y le arrojan esto en la cara. Él recientemente lo había declarado en respuesta a la pregunta de Caifás en Mateo 26:63 y entonces ahora, se burlan de Él con esto… Los impíos religiosos.

Ellos tienen todo que ver con la religión y nada con Dios… Líderes ciegos, apóstatas, falsos maestros, falsos profetas, hipócritas, lobos en vestido de ovejas, condenados al infierno más caliente.

Entonces, ahí está la escena. Y toda persona que es un incrédulo está ahí. Digo, o usted es un incrédulo ignorante o usted un es un incrédulo conocedor o usted es un incrédulo débil que supo una vez e inclusive afirmó la veracidad de ello, y ahora le ha dado la espalda o usted es un incrédulo religioso que desfila un cierto tipo de religiosidad que no tiene realidad. Pero toda persona que es un incrédulo está ahí en algún punto.

Y permítame decirle algo. Toda persona que es un incrédulo en algún período del tiempo es tan culpable como la multitud ahí. Digo, ¿se da cuenta de que en Zacarías 12:10 dice que algún día Israel mirará a Aquel al que traspasaron y llorará por Él como por un hijo? ¿Y sabe usted que la gente que estará viva en ese entonces y hará eso no serán las mismas personas que de hecho colocaron a Cristo en la cruz pero son igual de culpables por su incredulidad?

Y usted sabe, claro, que Hebreos dice que cualquier persona que rechaza a Cristo es culpable de crucificar al Hijo de Dios y exponerlo a vergüenza abierta. Usted o está con aquellos que creen o usted está con aquellos que crucifican. Y quizás usted es parte de los impíos ignorantes, quizás de los impíos conocedores, quizás de los impíos débiles, quizás de los impíos religiosos. Pero todos los incrédulos están ahí en alguno de estos grupos.

Ahora, escuche atentamente lo que voy a decir. Lo que más sobresale en mi mente acerca de Cristo muriendo en la cruz son Sus palabras: “Padre,” ¿qué? ¿Qué dice?… “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.” En la cruz de Cristo vemos al Amigo de pecadores que de hecho está en la cruz no porque Él no podía descender sino porque Él no quería descender. Observe el versículo 54 de Mateo 27, versículo 54: “El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús,” ¿quiénes son? De regreso en el versículo 36 nos dice que eran los soldados romanos que estaban ahí sentados y le guardaban ahí. Ahora vemos al mismo grupo, los que estaban observándolo junto con un líder, un centurión que estaba a cargo de 100 hombres, “Visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: ‘Verdaderamente éste era Hijo de Dios.’”

Y en el Evangelio de Lucas es tan maravilloso. Lucas dice que el centurión glorificó a Dios y dijo “verdaderamente este es un hombre justo,” y creo que la expresión de las Escrituras indica que hubo un centurión a los pies de la cruz ese día que llegó a abrazar a Jesucristo como Salvador. Por la gracia soberana salvadora de Dios ese soldado y quizás alguno de sus compañeros fueron sacados del grupo de los impíos ignorantes para abrazar al Salvador que habían crucificado. Ahora, ese es un Dios de gracia. Ese es un Dios de gracia.

Observe Lucas 23: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: ‘Si Tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros’. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo’. Y dijo a Jesús: ‘Acuérdate de mí cuando vengas en Tu Reino.’” ¡Qué declaración! “Entonces, Jesús le dijo: ‘De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.’”

Ahora, usted aquí tiene a los impíos conocedores. Al ladrón que vivía para sí mismo, vulgar, materialista, mundano, quien en un minuto está insultando y blasfemando a Jesucristo y en otro momento está clamando por misericordia al único que lo puede salvar. Y ahí en la cruz, Jesús rescata a uno de esos impíos conocedores y lo lleva a Su corazón y lo encuentra, en ese mismo día, en el paraíso. Este es un amigo de pecadores, ¿no es cierto?

Y después, quiero que vea Hechos, capítulo 2, en el versículo 14. Pedro se pone de pie para predicar y le predica toda la gente que está ahí congregada en el día de Pentecostés. Y él dice: “Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.” Y él comienza un gran sermón acerca de Cristo en el cual los condena por la crucifixión impía de Jesucristo. En el versículo 23 habla de la resurrección del Señor. Y en el versículo 36 llega a un clímax cuando dice “a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

¿Y qué sucede? “Al oír esto,” ¿quiénes lo oyeron? El pueblo de la ciudad. Las mismas personas que dijeron ‘Hosanna’, las mismas personas que editaron ‘crucifícale’, las mismas personas que caminaron meneando las cabezas y burlándose de Él. “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Y “Pedro les dijo “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Y el versículo 41 dice: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.” Escúcheme. Esos son los impíos débiles. De la multitud de rechazadores de Cristo, de la multitud que gritó ‘Crucificadle’, de la multitud que meneó su cabeza y menospreció a Jesús en la cruz, Dios, por gracia soberana, tomó a tres mil almas. Y en el versículo 47, dice que más eran añadidos cada día. ¿No es Jesús el amigo de pecadores? ¿Inclusive de pecadores que lo crucifican?

Y después, finalmente, en Hechos capítulo 6 y versículo 7, la Iglesia comienza a florecer y a crecer; y más y más del pueblo de esa ciudad son traídos al Salvador. La gracia es extendida a aquellos que reconocieron a Jesucristo. Y la culminación de todo bien en el versículo 7 de Hechos 6: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.”

Yo tengo la confianza de que de esos líderes religiosos que se burlaron y blasfemaron el nombre de Jesucristo, Dios, por gracia soberana, tomó algunos de ellos para que fueran Suyos. Él de hecho es amigo de pecadores.

No sé en dónde está usted el día de hoy. Él anhela abrazarlo, darle la salvación que Él ofreció de manera tan gratuita. Él se quedó en la cruz no porque no podía descender sino que se quedó en la cruz porque Él no quiso descender. Y yo creo que el Salvador derramó lágrimas por aquellos que derramaron Su sangre misma. Tal es la compasión de Dios y el regalo de salvación. Inclinémonos en oración.

Gracias, Padre, por la escena que hemos visto hoy a partir de Tu Santa Palabra. Gracias por el Amigo de pecadores, quien murió por los mismos que lo crucificaron en todas las generaciones. Gracias porque Sus brazos están abiertos para todos los que vienen. Oh Padre, que estemos lo suficientemente agradecidos como para no sólo recibir al Señor Jesucristo, sino para vivir nuestras vidas de manera total en obediencia a Él.

Mientras que sus cabezas están inclinadas por un momento de conclusión, si usted no conoce al Señor Jesucristo, lo llamamos al día de hoy a que venga Cristo, que reciba al Salvador con una fe arrepentida. Sus brazos están abiertos, así como estaban cuando estuvieron estirados en una cruz, una demostración apropiada de Sus brazos abiertos para recibir al pecador sin importar cuán severo es el pecado.

 

 

 

 

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