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El viernes por la mañana, conforme iba camino a predicar en un servicio de Viernes Santo en Whittier, sintonicé las noticias; y había un programa nacional de noticias especial con un locutor que estaba allí y dijo que era un día muy especial, un día cuando cierto hombre fue ejecutado por crímenes que Él no cometió, y a pesar de ser inocente, fue sentenciado a la muerte. Y procedió a hablar acerca de la inspiración de un hombre que fue fiel a lo que creyó, un hombre que murió por lo que creía, un hombre que fue tratado cruelmente, de manera injusta, no amable y ejecutado de manera injusta. Y qué ejemplo Él era de virtud y cómo debía inspirarnos a todos nosotros.

Y simplemente me recordó, por bien intencionado que fuera, que la mayor parte del mundo está consciente de la historia de la muerte de Jesucristo, pero tiene muy poco entendimiento acerca de su significado, de su significado real. Es evidente que en esta época anualmente la gente está consciente de la historia de la crucifixión. Está consciente del relato de la crucifixión, sea que crean o no que es historia o mito, básicamente y de manera general, la gente está consciente de cuál es la historia. Pero mucho menos consciente de lo que significa.

¿Qué significa la muerte de Cristo? ¿Qué significa la resurrección de Cristo? Digo, si como nos dice la historia, unos 30,000 judíos fueron crucificados por los romanos en los tiempos de Cristo, ¿por qué entonces recordamos a sólo uno de ellos? ¿Por qué no tenemos ni siquiera un nombre de los otros 30,000 para acordarnos de ellos? Inclusive dos ladrones, muriendo uno a cada lado de Cristo, hasta el día de hoy no son nombrados. Seguramente, hubo otros que murieron porque creyeron en algo, porque estaba la virtud del compromiso, porque hubo una convicción sin concesiones por aquello que promovían. Seguro que otros fueron ejemplo de amor y virtud y honestidad e integridad. ¿Por qué entonces la historia sólo celebra la muerte de Jesucristo? ¿De qué modo es significativa? ¿En dónde encontramos el significado de la cruz? ¿Lo encontramos en las reflexiones de los filósofos? ¿Lo encontramos al escuchar a los analistas contemporáneos? ¿En dónde encontramos el significado de la cruz? ¿De la crucifixión? ¿De la muerte de Cristo?

Bueno, la respuesta a eso, por supuesto, está en la Palabra de Dios, en las Escrituras. Podríamos remontarnos al primer libro de la Biblia, a Génesis. Y en el capítulo 3, versículo 15, encontraríamos la promesa de que vendría Uno llamado “la simiente de la mujer.” Ahora, toda persona sabe que una mujer no tiene una simiente, un hombre sí. Y aquí se está hablando del nacimiento virginal. Y ése que nacería de la simiente de la mujer, heriría la cabeza de la serpiente. Aunque Él mismo sería herido en el calcañar. Y ahí vemos que Cristo, mientras que fue herido en la cruz, estaba hiriendo de manera fatal a aquel que lo hiere.

Y podríamos aprender más acerca del significado de la cruz si fuéramos aún más adelante en el libro de Génesis y llegáramos a la historia de Abraham e Isaac. Abraham, llamado por Dios para ofrecer a su hijo en el altar como sacrificio a Dios, encuentra que Dios provee una alternativa, un carnero que estaba atrapado en un zarzal. Y aquí aprendemos que debe haber un sustituto para el que debe morir. Y aprendemos más acerca de la cruz.

Llegamos a Moisés y a toda la complejidad de la ley mosaica, y a todas las ceremonias y sacrificios que delinean la necesidad de que la sangre sea derramada en sacrificio para expiar el pecado. Y aprendemos más acerca de la cruz.

Llegamos al Salmo 22 y tenemos todos los detalles de la cruz. Y llegamos a Isaías 53 y la teología de la cruz es explicada. Y Zacarías capítulo 12 nos habla del que fue traspasado en la cruz.

Y después podríamos ir al Nuevo Testamento y podríamos leer las palabras de Pablo que nos habla de que en la cruz Cristo fue hecho maldición por nosotros, quien nos habla de que Él llevó nuestro pecado. Podríamos leer las palabras de Pedro que dicen que Él fue el justo que llevó los pecados de aquellos que eran injustos. Podríamos ir al libro de Apocalipsis y escuchar las palabras del apóstol Juan, conforme nos habla que Él fue un cordero inmolado desde la fundación del mundo. Podríamos leer ese gran tratado acerca del significado de la cruz llamado la epístola a los Hebreos, en el cual encontramos que Cristo es ofrecido una vez por todas por los pecados del mundo. Si queremos conocer el significado de la cruz, podemos ir de principio al fin en las Sagradas Escrituras y nos será explicado de manera muy clara.

No obstante, creo que una de las descripciones más maravillosas, emocionantes, monumentales del significado de la cruz con frecuencia es pasada por alto. Y es la que es dada en el texto que quiero que veamos en esta mañana. Y es el texto mismo al que llegamos en nuestro estudio de Mateo, capítulo 27, versículo 45. Mateo, capítulo 27, versículos 45 al 53, creo yo, delinea de una manera sorprendente, de una manera milagrosa, el significado de la cruz. No necesitamos ir a Génesis, aunque podríamos. No necesitamos ir al sistema sacrificial. No necesitamos ir al Salmo 22. No necesitamos inclusive ir al Salmo 69, el cual nos da más detalles. No necesitamos ir a Isaías 53. No necesitamos ir a Zacarías 12 o a las epístolas de Pablo o Pedro o Juan. No necesitamos ir ahí, porque lo encontramos aquí en este texto mismo. Un testimonio, creo yo, sin paralelos acerca del significado de la cruz y es inherente en el suceso mismo de la cruz misma.

De hecho, junto con la muerte de Jesucristo en esta porción de las Escrituras en particular, hay seis milagros… seis milagros que ocurren simultáneamente con la muerte de Cristo, los cuales se convierten en el comentario propio de Dios Padre acerca de significado de la cruz. Este es el testimonio mismo de Dios acerca de lo que la muerte de Cristo significa. Todo está aquí. Y francamente, usted podría leerlo una y otra vez y no verlo si no se detuviera para contemplar a profundidad su verdad. El significado de la cruz no se delinea en ningún otro lugar de manera más clara que aquí en el acontecimiento mismo descripto por Mateo en estos pocos versículos, conforme Mateo nos da el comentario mismo de Dios acerca del significado de la muerte de Su Hijo.

Veamos estos seis milagros y oigamos lo que Dios dice acerca del significado de la cruz a través de estos milagros. Al primero, lo llamaremos oscuridad sobrenatural… Oscuridad sobrenatural. Observe el versículo 45: “Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.” Lucas, capítulo 2, versículos 9 al 11 nos dicen que cuando Cristo nació, hubo una gran luz en el cielo. El profeta dijo que cuando Jesús viniera, Él sería una luz a los gentiles. Él mismo dijo en Juan 8: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue a Mí, no andará en tinieblas.” Jesús dijo: “Vengan a la luz mientras que es luz y mientras que puedan venir.” En asociación con Cristo en Su nacimiento y Su vida y ministerio, hay luz. Pero en Su muerte, hay oscuridad - oscuridad.

Desde la sexta hora, estas son las 12 del mediodía, hasta la novena ahora, estas son las tres de la tarde. El tiempo del día cuando el sol está en su cénit. Ahora, Marcos 15:25 nos dice que Jesús fue crucificado en la tercera hora, lo cual serían las nueve de la mañana. Entonces, ya ha estado en la cruz por tres horas ya para este momento. Tres horas de luz diurna desde las nueve de la mañana a las doce del mediodía durante las cuales Él soportó la burla y la reprensión y la burla cínica sarcástica de los que pasaban por ahí, los líderes judíos y los soldados romanos. Tres horas a plena luz del día al estar expuesto y en desnudez y tortura y muriendo.

Y durante esas primeras tres horas, de las nueve de la mañana las doce del mediodía, el silencio sólo fue roto tres veces. La primera vez que Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen,” como se registra en Lucas 23:34. Y Él dijo eso a favor de los soldados romanos que lo estaban crucificando.

Y un poco después, Él rompió el silencio de esas primeras tres horas nuevamente al decir al ladrón arrepentido que estaba colgando al lado de Él: “De cierto os digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Y las primeras tres horas de silencio fueron rotas sólo una tercera vez más cuando Él vio a Juan y a María - María Su madre, Juan, Su amado discípulo - estando de pie al pie de la cruz y sabiendo que ellos andarían perdidos cuando se fuera. Y entonces, Él encomendó el uno al otro y le dijo a Juan: “He aquí tu madre”. Y a María: “He aquí tu hijo.” Les dio el uno al otro para cuidar el uno del otro.

Pero fuera de eso, las tres horas desde las nueve de la mañana a las doce del mediodía no fueron quebrantadas por ninguna palabra de Cristo en la cruz. Pero ahora, las siguientes tres horas comienzan. Y de manera instantánea, se vuelve oscuro sobre toda la tierra. La palabra tierra es ge. Podría significar tierra. Es la palabra que también se traduce tierra. No sabemos si la oscuridad envolvió sólo a la tierra de Israel, sólo a la ciudad de Jerusalén y los lugares aledaños o si la mitad de la tierra normalmente cubierta por luz fue instantáneamente transformada en noche. Dios pudo haber hecho cualquiera de las dos. Recordamos, ¿no es cierto?, cuando en Éxodo, capítulo 10 Dios hizo que sólo estuviera oscuro en la tierra de Egipto.

Entonces, Él pudo haber creado una oscuridad territorial sobrenatural si lo hubiera querido. También recordamos, ¿no es cierto?, en Josué, leyendo la historia maravillosa de Josué en el capítulo 10, en donde la Biblia nos dice que el Señor hizo que el sol se detuviera. En otras palabras, se detuvo en el cielo en algún lugar. La tierra, en términos técnicos, dejó derrotar por un momento en el tiempo, durante un período de tiempo durante el cual Dios llevaba a cabo Su obra. Y eso debió haber impactado al globo entero.

Después, recordamos 2 Reyes 20 en donde la sombra del sol retrocede y Dios de nuevo hace un milagro con el Sol y con la rotación de la Tierra, la cual bien pudo haber afectado, y probablemente afectó, el globo entero.

Entonces, si Dios hubiera querido mantener la oscuridad delimitada en un territorio, lo pudo haber hecho. Si Él hubiera querido afectar el efecto del Sol sobre toda la Tierra, pudo haberlo hecho. Realmente no sabemos qué hizo. Hay algunas indicaciones interesantes en la literatura extra bíblica que me hacen pensar que fue la parte entera alumbrada de la Tierra que se oscureció. Orígenes se refiere a una declaración de un cierto historiador romano que menciona esa oscuridad inusual. Tertuliano también escribió a ciertos paganos y en su escritura, menciona esa oscuridad inusual y dice “dicha maravilla se relata en sus propios anales y está preservada en sus propios archivos hasta el día de hoy.” Y hay un supuesto reporte de Pilato a Tiberio, el gobernador, suponiendo que el emperador está consciente que en todo el mundo estuvo oscuro de las doce del mediodía a las tres en cierto día.

Entonces, bien pudo haber sido que toda la parte alumbrada de la Tierra se oscureció. Realmente, no lo sabemos. La gente ha dicho ‘bueno, quizás una nube simplemente pasó frente al Sol. O quizás fue un siroco, un viento oriental que tiende a acumular polvo al punto que hace que el cielo se oscurezca.’ Creo que no. Porque Lucas dice en el capítulo 23 de su Evangelio, en el versículo 45, de manera simple: “El Sol se oscureció.” Y él usa la palabra ekleipo de la cual obtenemos la palabra eclipse. La palabra literalmente significa fracasar totalmente. El Sol fracasó. Eso es lo que sucedió. Dios, sobrenaturalmente, apagó el Sol.

Ahora, si Dios apagó el Sol y dejó que la secuencia normal de acontecimientos se llevara a cabo si el Sol se apagara, si dejara de brillar, el mundo dejaría de existir en esas tres horas. Entonces, Dios de alguna manera apagó el Sol y sustentó al mundo. Pero se oscureció. No fue en términos técnicos un eclipse científico. No podría haber sido, porque la temporada del año en la que la Pascua es celebrada coloca al Sol y a la Luna en extremos opuestos de la Tierra. Y un eclipse sólo puede ocurrir cuando están en el mismo lugar. Entonces, este no es un eclipse científico, simplemente es la palabra en su sentido amplio que “el Sol falló”. El Sol se apagó. Se volvió tan oscuro como a la medianoche en la mitad del día.

Pero, ¿cuál es el punto? Bueno, los rabinos solían enseñar, y se registra en el Talmud que ellos enseñaban esto, que si el Sol se oscurecía, sería un juicio de Dios en contra del mundo por cometer un gran crimen. Y de hecho, podríamos decir que el mundo había cometido un gran crimen al crucificar a Jesucristo.

Otros nos han sugerido que se oscureció porque la naturaleza estaba arrojando un velo sobre los sufrimientos de Cristo. E inclusive otros han sugerido que se oscureció porque este es un acto de empatía o de compasión por parte de Dios para cubrir la desnudez y la deshonra de Su Hijo. Y otros nos sugieren que esta es una protesta divina. Y así continúa.

Ahora, ¿cuál es el significado de la oscuridad? ¿Qué es lo que Dios está diciendo acerca de la oscuridad? Nadie, ningún escritor bíblico, nadie, ni en el Nuevo ni en el Antiguo Testamento comentan acerca de la oscuridad en la cruz de Cristo. Realmente, no necesitan comentar. Es muy obvio lo que significa. Si usted fuera a investigar en el texto del Antiguo Testamento, encontraría que la oscuridad ese utilizada en las Escrituras como un símbolo de juicio divino. Es usada como un símbolo de juicio divino. En Isaías, capítulo 5, conforme Isaías predice el juicio venidero que va a ahogar, por así decirlo, la vida de Israel y a llevar a esas personas a la cautividad, él describe esa oscuridad y tristeza… Oscuridad y tristeza. Y si usted continúa a lo largo de Isaías, usted llega al capítulo 13 de Isaías e Isaías ve hacia adelante, al juicio final que Dios traerá al mundo. Y dice que el Día del Señor viene y las estrellas de los cielos y las constelaciones de los cielos no darán su luz. El Sol será oscurecido, la Luna no va a hacer que su luz brille y ‘castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad’. Dios está asociando la oscuridad con el juicio.

Inclusive usted llega al Nuevo Testamento, como usted recuerda en Mateo, capítulo 24, versículo 29, “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo.” Oscuridad de juicio.

En el pasado, cuando Dios vino en juicio, Él estuvo asociado con la oscuridad. En el futuro, cuando venga en el juicio final, Él está asociado con la oscuridad. En el tiempo de la tribulación, Dios trae al mundo una gran oscuridad, de tal manera que hay un clamor por parte de los hombres en el horror de la oscuridad que no es aliviada. Usted puede ir a Joel, capítulo 2, versículos 30 y 31 y ahí encontrará la oscuridad que va de mano con el juicio. Lo encontrará en Amós, capítulo 5, versículos 18 al 20. La encontrará en Sofonías capítulo 1, versículos 14 al 18. A lo largo de las Escrituras, usted encuentra el juicio y la oscuridad asociados. Si la salvación de Dios es vista como luz, entonces el juicio de Dios es visto como oscuridad… Oscuridad profunda.

Y sea un escritor del Antiguo Testamento o un escritor del Nuevo Testamento, todos ven la oscuridad. De hecho, cuando los ángeles fueron expulsados y atados en 2 Pedro 2:4, dice que están atados en cadenas de oscuridad. Creo que es claro entonces que lo que vemos aquí es el comentario por parte de Dios que éste es un juicio. Esta es la oscuridad que está asociada con el juicio divino. Dios está diciendo ‘la cruz es un lugar de juicio divino’. Es un lugar para el derramamiento de la ira divina. Este no es sólo uno entre treinta mil personas muriendo. Este no es sólo un mártir bienintencionado. Este no es sólo un hombre amoroso fuera de lo normal. Este es un acto de juicio divino y Dios da testimonio de esto de una manera muy dramática al hacer que se convierta en la medianoche a la mitad del día.

Ahora, sólo hay una cosa que Dios juzga. Eso es todo. Sólo una cosa que condena, sólo hay una cosa en contra la cual Dios derrama Su ira y eso es el pecado. Y entonces, aquí en la cruz tenemos el comentario mismo del Padre que éste de hecho es un juicio en contra del pecado. Esto es mucho más grande que tan sólo un hombre muriendo por algo en lo que Él creía. Este es un juicio divino en contra del pecado como es certificado por la oscuridad sobrenatural.

Hay un segundo milagro que quiero que vean el versículo 46. “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz,” y la palabra en griego es gritar, “diciendo: Elí, Elí,” esas dos palabras son hebreas. Marcos registra “Eloi, Eloi,” que es la forma aramea de tratar de hacer que la declaración sea coherente.

Pero aparentemente, Jesús de hecho dijo “Elí, Elí.” Dios mío, Dios mío. Y ellos habrían sabido lo que Él quería decir con eso. No había ninguna duda en sus mentes. Y después cuando Él dijo “¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Ellos sabían bien lo que estaba diciendo. El hecho de que Él estaba citando el Salmo 22:1 fue aparente para todos ellos. Esos judíos conocían el Salmo 22:1. Ellos lo habían cantado. Ellos quizás lo habían recitado. Ellos lo habían memorizado. Ellos lo habían leído. Ellos sabían lo que estaba diciendo. “Mi Dios, mi Dios,” en hebreo, “lama sabactani,” en arameo, inclusive esos judíos que hablaban predominantemente arameo y sabía muy poco de hebreo conocían lo que era Elí, porque Elí, el nombre de Dios, era conocimiento común para todos ellos. Entonces, sabían que Él estaba diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Aquí está el segundo milagro. Lo llamo el milagro de partida soberana. Es un milagro, como puede ver. Es un milagro invertido, en un sentido. Es un tipo extraño de milagro, pero es un milagro en el sentido de que es un acontecimiento sobrenatural, inexplicable, que va más allá de la capacidad del entendimiento humano, ya que Dios se separa de Dios. Dios el Padre le da la espalda a Dios el Hijo. Es dicho que Martín Lutero se aisló para tratar de entender este misterio y salió más confundido que cuando comenzó. Entiendo eso. Dios es separado de Dios. Y Jesús, en el clímax de llevar al pecado, al término de las tres horas de la furia de Dios siendo derramada en su máxima capacidad, clama acerca del hecho de que Él está separado de Dios.

¿Por qué dice eso? ¿Qué es lo que eso nos dice? Bueno, si regresamos a Habacuc capítulo 1 y leemos el versículo 13 dice esto acerca de Dios: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal y no puedes mirar a la iniquidad.” Dios le dio la espalda porque no puede ver el pecado. Ahora, ¿qué nos dice eso acerca de la cruz? Eso nos dice que Jesús se volvió ¿qué? Pecado por nosotros. Ése es el testimonio del Padre. Al darle la espalda a Cristo, Él comenta acerca de lo que está pasando. Si ésta fuera la muerte de un mártir amoroso, si ésta fuera la muerte de un hombre bueno, de una persona inocente que tenía una buena causa, si este fuera algún tipo de hombre filántropo o algún tipo de acto de gracia o algún tipo de demostración humana benevolente, entonces Dios debió haberlo visto con favor. Pero cuando Dios le dio Su espalda, Dios le estaba dando la espalda porque hay una cosa que Dios no puede traer ante Su rostro y eso es pecado. Y entonces, Cristo estaba llevando nuestro pecado.

No necesitamos ir a las epístolas para descubrir eso. Está aquí. Después de todo, ¿acaso Isaías 53 no dijo que Él seguía entregado nuestras transgresiones? ¿Acaso Romanos 4:25 no dice que fue entregado por nuestras transgresiones? ¿Acaso 1 Corintios 15:3 no dice que murió por nuestros pecados? Primera de Pedro 2:24, quien en Su propio cuerpo llevó nuestros pecados en el madero. Primera de Pedro 3:18, quien se ofreció a sí mismo sufriendo por el pecado, el Justo por los injustos. Digo, ¿acaso las Escrituras no nos dicen claramente en 1 Juan 4:10 que Dios envió a Su Hijo para que fuera expiación, propiciación, por nuestros pecados? ¿Acaso Gálatas 3:13 no dice que Él fue hecho maldición por nosotros? ¿Y 2 Corintios 5:21, el que no conoció pecado, por nosotros fue hecho pecado?

Cristo no sólo llevó el pecado, Él se volvió pecado. Él fue su personificación. Él llevó los pecados de toda persona que jamás creería en Él a lo largo de la historia. Y de esta manera, Hebreos 2:9 dice que él gustó la muerte por todos. Por todos. Él gustó la muerte porque Él llevó el pecado de todos los que creían en Él. Jesús llevó en sí mismo los pecados de todas las épocas. Pero esa es la razón por la que vino. Él dijo eso en Mateo 20:28: “No vine para ser servido, sino para servir y para dar Mi vida en rescate por muchos.” Y ésa es la razón por la que Dios le dio la espalda, porque Dios no puede ver el pecado. Cuando Jesús gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” La respuesta es porque Dios no puede ver el pecado.

Ahora, usted preguntará qué tipo de separación es esta. Bueno, no es una separación en cuanto a Su naturaleza. Él no dejó de ser Dios, de lo contrario le habría dejado de existir, porque Él sólo puede ser quien Él es. Él no fue separado de la naturaleza de Dios. Él no fue separado de la Trinidad. Él no fue separado en esencia, naturaleza o sustancia. Él fue separado en términos de comunión íntima. Y la comunión, como un niño que peca de manera severa contra su propio padre, no deja de ser el padre de ese hijo; pero deja de conocer la intimidad de la comunión amorosa, porque el padre no puede tolerar el pecado. Entonces, Dios le da la espalda a Cristo.

Ahora, cuando Cristo vino al mundo, hubo cierta separación porque Él no estimó el ser igual a Dios, Filipenses 2, cosa a qué aferrarse. Lo cual que significa que cuando Él encarnó, Él hizo a un lado algo de esa igualdad. Entonces, hubo algo de separación en Su encarnación y entonces, Él también oró “Señor, restáurame la gloria que tuve contigo antes de que el mundo comenzara”, Juan 17:5, lo cual significa que faltaba algo. Y ahora, hay una separación aún más profunda, no sólo la separación de la Encarnación sino la separación de la pecaminosidad absoluta. Y el hecho de que Dios le da la espalda a Jesucristo y clama esas palabras que Dios dijo que clamaría en el Salmo 22:1: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” indica que ésta es una situación de pecado y Dios le está dando la espalda a lo que siempre le da la espalda; y eso es pecado.

Ahora, permítame decirle que esto es algo demasiado profundo como para que nosotros entendamos, pero debemos por lo menos entender la verdad básica. Mientras que Jesús llevó el peso de todo el pecado de todas las personas que creerían en Él, Él nunca se volvió pecador. Y si usted no lo puede ver en ningún otro lugar, lo puede ver aquí en la cruz. Aquí es delineado de una manera más profunda que en cualquier epístola del Nuevo Testamento y está delineado exactamente aquí. Porque en medio de ser inmerso en todos los pecados de todos los que creerían en Él a lo largo de la historia, Él no tiene deseo hacia ese pecado. Aunque Él literalmente estaba ahogándose en todo el pecado de todos los que creerían en Él lo largo de la historia, Él no anhela ese pecado, sino que Su anhelo es expresado en estas palabras: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

¿Qué es lo que Él anhelaba? A Dios. Y ahí es donde yace la evidencia de la pureza de Su Espíritu… Una pureza que Él supo que mantuvo porque pronto después de esto, habiendo dicho “Consumado es”, Él dijo “Padre, en Tus manos encomiendo Mi Espíritu.” Sabiendo de manera plena que Dios lo recibiría, porque mientras que Él llevó el pecado, Él nunca se volvió pecador. Esa es la razón por la que el escritor de Hebreos dice que Él no tiene pecado, Él fue hecho pecado y no pecó - es una paradoja. Pero cuando Él se volvió pecado, Dios tuvo que darle la espalda. Y el segundo milagro es el milagro de que Dios le dio la espalda a Cristo, una ocurrencia sobrenatural en la cual Dios le dio la espalda al Hijo… El milagro de partida soberana.

¿Y qué nos dice eso a nosotros? Dice que Cristo se volvió pecado. ¿Cuál es el significado de la cruz entonces? Está aquí. Antes que nada, es un acto de juicio. ¿Qué es lo que Dios juzga? Él juzga el pecado. ¿En dónde estaba el pecado que Él estaba juzgando? Estaba en Cristo. Ahí está el significado de la cruz.

La gente se burló. Versículo 47: “Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.” Ellos sabían que Él no dijo ‘Elías, Elías’. Ellos sabían que Él dijo ‘Elí, Elí’. Ellos sabían eso. Ellos sabían que Él estaba diciendo “Dios mío, Dios mío”. Ellos conocían el Salmo 22. Pero esto era parte de una broma. Esto era una broma para ellos. Aquí de nuevo está la burla. Como puede ver, el profeta Malaquías había dicho de que antes de que el Mesías viniera para establecer Su Reino, Elías vendría primero. Y entonces, están diciendo “este pobre Mesías todavía está pensando que Él va a establecer Su Reino, quizás está llamándole a Elías para que venga y lo anuncie como Mesías y proclame Su Reino y lo ayude a que empiece, ja, ja.” Una burla cruel, cínica, sarcástica. ‘Oh, Él está hablándole a Elías.’

En este punto, los otros escritores del Evangelio nos dicen que Jesús dijo “Tengo sed” ya que la sed era parte de la tortura de la crucifixión. Y fue la cuarta vez en la que el silencio del calvario fue roto por el Salvador. Y el versículo 48 lo retoma y dice: “Y al instante, corriendo uno de ellos,” probablemente un soldado romano, “tomó una esponja,” los otros escritores nos dicen que la colocó en una caña, la cual sería de varios centímetros de largo, más de 20 cm de largo. Eso nos dice que la cruz estaba muy cerca del suelo. Y la levantó hasta Sus labios, para que pudiera humedecer Sus labios y poder calmar un poco Su sed. La palabra en una versión para lo que le dieron es vinagre. La palabra griega en sí es oxos. Es un vino barato agrio que estaba muy diluido con agua porque era muy común del diario para los trabajadores y los soldados. Era una bebida que calmaba la sed con una gran cantidad de agua y un contenido muy bajo de alcohol y vino agrio. Entonces, le dieron esto a Jesús para calmar Su sed. “Y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.”

Usted preguntará si eso fue un acto de misericordia. Supongo que misericordia momentánea, pero entre más misericordia mostraba usted en esos momentos, más prolongaba la tortura definitiva. Pero la idea es que, por lo menos, alguien le vino a dar eso. Y la multitud vio eso como otra parte de la broma -en el versículo 49- y entonces dijeron: “Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.” Ésa era su idea. Y continuaron con su burla maligna tanto como pudieron. Hasta el final, hasta que finalmente murió, se burlaron de Él con este tipo de palabras. Entonces, no entendieron lo que estaba pasando.

¿Puede imaginarse que estaban haciendo esto en esta densa oscuridad? Me parece que se habrían detenido a pensar en lo que estaba pasando. Me parece que podrían haber recordado las palabras de Isaías acerca de la oscuridad y el juicio. Me parece que podrían haber recordado a algunos de los otros profetas que asociaron la oscuridad con el juicio. Inclusive pudieron haber pensado lo que Joel predijo en el capítulo 2 que estaba sucediendo, cuando el sol se apagó como Joel predijo que sucedería en ese gran día cuando vendría el Señor. Digo, podrían por lo menos haber pensado que quizás el juicio se estaba llevando a cabo. Y cuando lo oyeron clamando “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, también podrían haber entendido que Él estaba llevando su pecado, si hubieran entendido lo que se había prometido y lo que se demandaba por el pecado. Entendieron poco de esto. Ignoraron la oscuridad y se burlaron de las palabras de Jesús.

Ahora, aprendemos acerca de Dios en la cruz. Aprendemos que Dios es un Dios que va a mostrar ira contra el pecado. Y Dios es un Dios que es demasiado Santo como para ver al pecador. Esos primeros dos milagros son muy instructivos. Pero hay un tercero, observe esto en el versículo 50. “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz,” ahora, la palabra ahí es gritar nuevamente muy fuerte, “entregó el Espíritu.” Ahora, Jesús ha roto el silencio cinco veces. Las primeras tres en las primeras horas. Después, ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’, después ‘tengo sed’ y ahora, finalmente, apenas antes de que Él exhale por última vez, Él clama a gran voz una vez más. Él todavía está lo suficientemente fuerte como para hacerlo. Es tan importante que todos estos gritos de Jesús en las últimas tres horas de la vida fueran con una voz fuerte, excepto por la afirmación de ‘tengo sed’. No dice que fue a gran voz. Pero estos gritos fuertes demuestran que Él todavía tenía fortaleza física. Él todavía tenía suficiente fuerza como para gritar. Él no se está desvaneciendo lentamente. Él no está dejando que en cierta manera Su vida se vaya. Él todavía tiene la suficiente fuerza como para gritar con voz fuerte. Él todavía no ha llegado al punto del agotamiento extremo. Él quiere que eso quede claro. Y la razón por la que Él grita como Él lo hace es para demostrar que todavía tiene los recursos para permanecer vivo.

En Juan 19:30, Él nos dice lo que Él gritó. El gritó: “Consumado es.” Y habiendo dicho eso, de acuerdo con Lucas capítulo 23, versículo 46, Él dijo: “Padre, en Tus manos encomiendo Mi Espíritu.” Él dijo ambas afirmaciones con gran voz.

¿Por qué? Y después, entregó el Espíritu. Esa es una frase única y va a responder a nuestra pregunta. En otros 15 lugares en las Escrituras, cuando habla de que alguien entrega al Espíritu, siempre es una palabra hebrea o una palabra griega que es utilizada. Excepto en el caso de la muerte de Jesús como se describe por parte de Mateo y Juan, y en su descripción, en ambas ocasiones son dos palabras. Y las dos palabras dan la idea no sólo de morir o llegar al punto en el que exhalas por última vez al morir, sino la idea de entregar algo o enviar algo o dar algo.

En otras palabras, es un acto de la voluntad. Es un acto volitivo. Él, literalmente despidió a Su Espíritu como un acto de Su propia voluntad. Fue un acto voluntario. Y aquí está el tercer gran milagro de la cruz. Es este: la vida de Jesús no le fue quitada, Él la entregó voluntariamente. Y eso nos es demostrado por el hecho de que Él murió tan pronto, cuando las víctimas normalmente permanecían vivas durante días en la cruz. De hecho, de acuerdo con Marcos 15, versículos 44 y 45, cuando le fue dada la palabra a Pilato de que Jesús estaba muerto, él no lo podía creer y envió a alguien para que lo revisara porque era anormal que alguien muriera tan pronto. Y la razón por la que las Escrituras dicen que Él clamó a gran voz o gritó, es para demostrarnos inclusive en el momento en el que Él entregó Su vida, que tenía la fortaleza para vivir si hubiera querido vivir.

Jesús no sólo tuvo el poder de retomar Su vida de la tumba, Él tuvo el poder para entregar Su vida cuando Él quiso. Y ningún hombre tiene el poder, así como no tiene este poder de resucitarse a sí mismo. Usted puede matarse a sí mismo, pero usted le ha entregado el poder a la bala. Usted puede ingerir el veneno, pero usted le ha dado poder al veneno. Usted puede arrojarse de un puente, pero usted le ha dado el poder a la caída y al concreto en donde cae. Ningún hombre puede por su propia voluntad en un momento del tiempo de terminar su propia mente, así como no puede determinar su propia resurrección. Pero Jesús lo hizo porque tiene poder sobre la muerte y poder sobre la vida. Y Él, queridos amigos, aquí está haciendo una afirmación acerca de que nadie le estaba quitando Su vida, Él la estaba entregando… Él la estaba entregando.

En Juan capítulo 10, le recuerdo algunas palabras muy, muy importantes. Juan 10, versículo 11: “Yo soy el buen Pastor, el buen pastor da la vida por Sus ovejas.” Versículo 15: “Yo pongo Mi vida por las ovejas.” Versículo 17: “Yo pongo Mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita.” Versículo 18, sino que Yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar.” ¡Qué gran declaración! Él tuvo el poder para ponerla. Él tuvo el poder para volverla a tomar. Y sólo Dios puede tomar la vida y volverla a dar.

¿Qué es lo que está diciendo? Está diciendo esto: que la cruz es un acto de sacrificio voluntario que sólo pudo ser hecho por Dios quien controla la muerte y la vida. Entonces, lo que aquí tenemos es el juicio de Dios, el pecado siendo llevado en la cruz y una muerte voluntaria que sólo podía ser llevada a cabo por alguien que tuviera poder sobre la muerte. Y ese es Dios mismo. ¿Qué es lo que el Padre está diciendo entonces acerca de la cruz? Que aquí fue donde Él juzgó el pecado, que el pecado estaba en el Señor Jesucristo, quien no era ningún otro que Dios mismo, quien controla la muerte y la vida. Y Él, de manera voluntaria, entregó Su vida. Nadie se la quitó.

Entonces, vemos la ira de Dios. Vemos la santidad de Dios. Y vemos el amor y la gracia y la misericordia de Dios en los milagros del calvario. En el momento mismo de Su muerte, ocurrieron tres milagros instantáneos. Observe el versículo 51. Éste es el cuarto de estos milagros en esta sección. Llamaremos a éste la devastación del santuario. El último fue la entrega voluntaria a la muerte. El que vino antes de ese, partida soberana y después, oscuridad sobrenatural… Devastación del santuario. Observe lo que sucedió al templo en el versículo 51. “Y he aquí,” y esa es una palabra de sorpresa, sorprendentemente, de manera impresionante, “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.”

Ahora escuche, hay una razón para esto. Hay una razón para esto, esto no es algo que simplemente sucedió. Hay una razón para eso. Dios está diciendo algo. La palabra templo aquí no es la palabra general para el todo del templo, es la palabra naos para el santuario interior, para el lugar santo, el lugar santísimo. Cualquier estudiante de las Escrituras sabe que en medio del templo, Dios había prescrito que debía haber un santuario en el cual Él tiene que morar en Su presencia simbólica. Había un lugar santo y después estaba la gran cortina o el velo y adentro estaba el lugar santísimo en donde nadie nunca podía ir excepto un hombre, y ése era el sumo sacerdote, que entraba una vez al año para ofrecer sangre sobre el altar ahí para el sacrificio ofrecido por los pecados de su pueblo.

Entonces, el lugar santísimo representaba la presencia de Dios. Y una vez al año, en el día de la expiación, el sacerdote levantaba una esquina de la cortina, se metía rápidamente, rociaba la sangre y salía otra vez, porque el simbolismo ahí era que ningún hombre realmente tenía acceso a la presencia de Dios… Porque ningún sacrificio realmente jamás había cubierto el pecado, porque ningún cordero jamás fue suficiente, ningún carnero, ningún ave, ningún sacrificio jamás fue suficiente, porque nunca nadie podía guardar la ley de Dios porque la justicia de ningún hombre jamás fue adecuada, nunca nadie tuvo acceso a Dios. Y eso fue continuamente presentado ante el pueblo mediante el velo del lugar donde Dios moraba, de tal manera que los hombres eran concientizados una y otra y otra y otra vez que no tenían acceso a Dios. Porque Dios no puede recibir a pecadores en Su presencia. Y debido a que el pecado no había sido enfrentado, no podía haber acceso real a Dios. Y entonces, la cortina mantenía a los hombres lejos de Dios en el sentido de intimidad verdadera, de redención lograda.

Pero cuando Cristo murió, eso fue rasgado de arriba hacia abajo. Josefo lo describe como algo grande, predominantemente azul, muy decorado con todo tipo de imágenes colgando de manera enorme delante del lugar santísimo. Era un símbolo de separación. Y en el instante en el que Jesús murió, Dios tomó Su dedo y lo rasgó de arriba hacia abajo. Y en ese mismo momento, el templo habría estado lleno de peregrinos, lleno de sacerdotes, lleno de sacrificios, todo esto se estaba llevando a cabo y de pronto, para el horror de toda persona, el lugar santísimo está abierto de manera absoluta.

Y ¿qué es lo que Dios está diciendo esto? En la muerte de Jesucristo, ahí hay acceso total a Mi presencia Santa. ¿Por qué? ¿Porque Él pagó por qué? Por el pecado. Digo, este es el comentario mismo del Padre acerca del significado de la cruz. Dios abre Sus brazos totalmente y dice, como el escritor de Hebreos en el capítulo 4:16, versículo 16, lo dice en una manera tan hermosa “Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Ahora, podemos entrar corriendo a la presencia de Dios ya que la separación ha sido quitada en la muerte de Jesucristo quien ha pagado por el pecado y la ha quitado. Ya no hay una barrera. ¡Qué verdad tan gloriosa!

La declaración del Padre fue ante toda la población del templo. Y escuche, cuando ese velo fue rasgado, fue el fin del templo. Fue el fin de los sacrificios. Fue el fin del sacerdocio. Fue el fin del sistema entero del judaísmo. Se había acabado. Se había terminado. Y para demostrar cuánto había terminado, dentro de unos cuantos años, los gentiles entraron y lo profanaron y pisaron ese templo y lo destrozaron. Esa cueva de ladrones comenzó a ser destruida cuando Dios rasgó el velo que cubría el lugar santísimo. Cuando Cristo murió, los hombres tuvieron acceso a Dios. ¡Un pensamiento glorioso! El antiguo pacto se había acabado. La separación se había acabado. Y esto, dice Dios, es Mi nuevo pacto, través de la sangre de Cristo y abro de manera total Mi presencia Santa a todos los que vienen en el nombre de Cristo con sus pecados perdonados.

Observe que fue rasgado de arriba hacia abajo para mostrar que los hombres no lo hicieron. Dudo que pudieran haberlo hecho por lo pesado que era. Pero es seguro que no pudieron hacerlo de arriba hacia abajo. Lo hizo el dedo de Dios.

¿Cuál es la gran verdad aquí? La gran verdad es que sí, la cruz es el lugar de la ira de Dios, la cruz es el lugar en donde Jesús se convirtió en pecado, ésa es la razón por la que Dios le dio su espalda al Hijo, la cruz es el lugar en el cual un acto voluntario de amor sin paralelos en la historia del universo, Dios en carne humana, llevó los pecados de pecadores indignos. Sí, y la cruz también es el lugar en donde la redención fue cumplida y ya no hay más necesidad para la separación; y Dios abrió el lugar santísimo de Su propia presencia personal a toda persona que viene en el nombre de Jesucristo… Así dice el Padre.

Quiero que observen un quinto milagro. Versículo 51: “Y la tierra tembló y las rocas se partieron.” Instantáneamente, en el momento de la muerte de Jesucristo, el Padre tuvo algo más que decir y sin una voz audible desde el cielo, lo dijo en una forma física. Él trajo a la ciudad de Jerusalén y al área alrededor de Jerusalén un terremoto devastador, el cual abrió las rocas, creó fisuras en el suelo. Sin duda alguna, esas fisuras existen hasta el día de hoy. Éste fue un verdadero terremoto.

¿Que estaba diciendo Él? ¿Cuál fue el punto de esto? Con mucha frecuencia en el Antiguo Testamento, cuando Dios apareció, hubo un terremoto. Lo encontramos en Éxodo, capítulo 19, versículo 18, apareciendo en el monte Sinaí; y el monte comienza a temblar. Encontramos otro terremoto en 1 Reyes 19:11. Otra vez, cuando Dios aparece en 2 Samuel 22:8, hay un terremoto. En el Salmo 18:7 y en el Salmo 77:18 encontramos a Dios moviéndose y sacudiendo la tierra. Isaías 29:6, Jeremías10:10 en muchos lugares diferentes hablan acerca de Dios viniendo y sacudiendo la tierra. Nahúm, ese gran capítulo acerca de la persona de Dios, versículos 2 y 5 del capítulo 1 describen a Dios como uno que hace que la tierra se sacuda.

Ahora ¿qué es eso? Bueno, permítame decirle lo que es. ¿Qué lo que Dios está diciendo ahí? Usted estudia los profetas y usted estudia el libro de Apocalipsis y descubrirá que hay una promesa que Dios le ha hecho a este mundo y es que algún día, el mundo, como es ahora, y los cielos como son ahora van a ser sacudidos. Y sacudidos al punto de la destrucción. En Apocalipsis, como también en la profecía del Antiguo Testamento de Isaías, nos dice que las estrellas van a caer. Las constelaciones van a destruirse. La Biblia habla acerca del Sol y la Luna dejando de existir en términos de ser luces. Habla acerca de la Tierra sacudiéndose. Habrá un gran sacudimiento en el juicio final.

¿Por qué? Porque Dios va a rehacer esta tierra maldecida. En la creación original, no había terremotos. No había nada que sacudir. Dios creó un mundo perfecto y un ambiente perfecto en el cual Adán vivía y disfrutaba de la presencia de Dios en la perfección que Dios quiso que fuera en el paraíso. Y después, cuando Adán pecó, no sólo fue él maldecido y su esposa, sino que también la tierra fue maldecida. Y la tierra hasta el día de hoy está sufriendo bajo la maldición. Y Romanos 8 dice que toda la creación gime esperando que sean liberados a lo que Milton llamó ‘paraíso recuperado’. Y la Biblia promete que algún día habrá un cielo nuevo y algún día habrá una tierra nueva. Y algún día habrá un tiempo cuando la tierra será como la tierra debía ser. Algún día va a haber un tiempo cuando el usurpador, Satanás, quien se ha apoderado del gobierno de la tierra va a ser depuesto y él va a dejar de ser el monarca y Cristo se volverá el monarca. Y la tierra ya no será maldecida, será una tierra gloriosa, nueva, maravillosa.

Esa tierra es descrita de manera maravillosa en la epístola a los hebreos en Hebreos, capítulo 12, versículo 26. “Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo”, Él lo hizo una vez en Sinaí y dice: “lo haré una vez más”. Y una vez más significa para remoción de esas cosas que son sacudidas como cosas que son hechas. En otras palabras, Dios va a sacudir hasta que deje de existir la tierra que existe, para que esas cosas que no pueden ser sacudidas puedan permanecer, un Reino que no puede ser conmovido. Entonces, Dios va a sacudir a esta tierra hasta llevarla a que no exista y va a rehacer a una nueva tierra ya unos cielos nuevos en los cuales Cristo reinará de manera suprema como Rey de Reyes y Señor de Señores.

Usted dirá ‘bueno, ¿qué tiene que ver todo eso con lo que sucedió en la cruz?’ Simplemente esto, cuando Dios sacudió la tierra en la muerte de Cristo, creo que le estaba dando al mundo una probada de lo que será en el futuro cuando sacuda la tierra en la venida del Rey mismo. Yo creo que cuando Jesús murió en esa cruz, ÉL cumplió de manera tan perfecta la voluntad del Padre, Él se ganó de tal manera el derecho de ser el rey de la tierra, Él se ganó de tal manera el derecho de tomar posesión del título de propiedad de la tierra de la mano de Dios como es visto ahí en el libro de Apocalipsis, capítulo 5, conforme Él toma el título de propiedad de la mano de Dios y comienza a desenrollar ese título de propiedad y a apoderarse de la tierra desde Apocalipsis 6 al 19. Yo creo que Él se ganó el derecho de hacer eso en la cruz. Yo creo que debido a que Él llevó de manera perfecta el pecado en Su propio cuerpo, debido a que Él terminó la obra de redención, el Padre dijo: “Tú serás el Rey de la tierra, Te daré las naciones como Tu estrado, Te daré la tierra para que la gobiernes, toda persona doblará la rodilla ante Ti. Tú gobernarás el universo, la tierra, debajo de la tierra, arriba de la tierra,” dice en Filipenses 2. Y yo creo que sacudir la tierra en la muerte de Cristo fue la manera en la que Dios garantizó la promesa de un mundo renovado y un universo renovado. Cristo se había ganado eso. Y vendría… Y vendría.

Y relacionado de manera cercana a eso, hay una razón por la que creo que esa es la interpretación apropiada de esto, es que nos habla del último milagro. El sexto. Y éste es un milagro maravilloso. Venciendo a la muerte. “Y se abrieron los sepulcros.” Eso obviamente pudo haber sucedido por el terremoto. Pero la siguiente parte no pudo haber sucedido simplemente por el terremoto. “Y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron.” Y ahí debe poner un punto. Así debería leerse ese texto.

¡Hubo una resurrección! ¡Hubo una resurrección! ¿Escuchó eso? Usted preguntará qué salieron de las tumbas. Somata, cuerpos, cuerpos, no espíritus: esto no es algo etéreo. Estos no son fantasmas. Cuerpos, esta es una resurrección real. ¿Qué cuerpos? Muchos cuerpos, no todos. Esta fue una resurrección discriminadora. Sólo seleccionados. ¿Quiénes eran? Santos. ¿Qué santos? Santos de la era del Antiguo Testamento que estaban esperando su resurrección, que habían estado esperando quizás durante mucho tiempo. Cuando Jesús murió, sus espíritus salieron de la morada en donde los espíritus justos moran y se unieron a cuerpos glorificados que salieron de esas tumbas.

Usted preguntará si esto es una glorificación real. Una resurrección real. ¡Absolutamente! Por supuesto que sí, tantas personas que conocen la historia de la cruz pasan por alto esto. Esto es importante. Esta es otra declaración que Dios hizo. Esta es una resurrección, una resurrección literal, física, corporal, glorificada.

Pero, ¿qué sucedió? “Y saliendo de los sepulcros,” punto. La siguiente oración dice: “Después de la resurrección de Él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.” ¿Puede imaginarse usted qué tipo de testimonio tuvieron? “Tenemos un invitado para cenar en esta noche, ustedes no van a creer esto…”

Usted preguntará de qué estaban dando testimonio a muchos. Esa es la idea de la palabra ‘aparecieron’. Le voy a decir de que estaban testificando, resurrección. Pero no fueron a la ciudad y lo hicieron sino hasta que Cristo había resucitado. ¿Por qué? Porque 1 Corintios 15:20 que Él es la primicia de los que durmieron, ¿verdad? Entonces, no fue sino hasta que Él fue resucitado de los muertos que ellos junto con Él comenzaron a hablar. Y no creo que ellos le hablaron a alguien fuera de aquellos que ya habían creído. No hay evidencia bíblica de que Cristo jamás le apareció a alguien después de Su resurrección que no fuera un creyente. Y ellos entraron y estoy seguro que los creyentes estaban emocionados por conocerlo. Y ellos dirían ‘Cristo está vivo y el hecho de que está vivo es la garantía de que ustedes vivirán y somos una prueba viva de eso’. ¡Milagro glorioso!

¿Qué estaba diciendo el Padre? El Padre estaba diciendo que la cruz es el punto de la esperanza más grande para la resurrección. ¿Por qué? Porque si tú pecado ha sido enfrentado y tu pecado es llevado por Cristo y la paga es pagada y la ira de Dios ha sido derramada, Él ha bebido el veneno, por así decirlo, hasta la última gota, entonces estás libre de la muerte y libre para vivir. Y si el acceso a Dios está abierto y Él va a crear un Reino que nunca será sacudido, entonces tienes el derecho de tener acceso y un derecho a ese reino y vivirás en una forma glorificada para poseerlo. Éste es el significado de la cruz. Éste es el testimonio de Dios Padre.

¿Qué vemos en la cruz? Vemos la ira de Dios retratada en oscuridad sobrenatural. Vemos la santidad de Dios al darle la espalda al pecado debido a que Cristo se volvió pecado. Vemos la gracia amorosa de Dios y la misericordia conforme Él, en un acto voluntario de sacrificio personal, entrega Su vida para redimir a hombres indignos. Y después, vemos la cortina del templo que se rasga de arriba a abajo conforme Dios dice que ‘el camino de acceso ahora está abierto, sus pecados han sido cubiertos y ahora vienes en el nombre de Jesucristo y puedes abrazar al Dios santo, vivo en un amor y comunión íntimas’. Y después, vemos la tierra sacudirse y se nos recuerda que viene un día, cuando la nueva tierra y el nuevo cielo que han sido prometidos, se van a cumplir. Jesús reinará como Rey de Reyes y Señor de Señores; y estaremos ahí para reinar con Él, ya que la resurrección de estos pocos es la garantía de la resurrección de los muchos que creen en Él. Éste es el mensaje de la cruz. Éste es el testimonio propio de Dios mediante poder sobrenatural acerca del significado de la muerte de Su Propio Hijo. Inclinémonos en una palabra de oración.

Padre, gracias por tal testimonio, tan dramático, dado de una manera tan clara cuando Jesús murió, que Tú eres un Dios de ira, un Dios de santidad absolutamente infinita; pero también un Dios de amor y misericordia y gracia, que recibe al pecador; y un Dios de promesa y un Dios de esperanza que trae al pecador a un Reino nuevo y glorioso en la vida de resurrección por la fe en Cristo. Gracias.

Mientras que sus cabezas están inclinadas por un momento, usted tiene la responsabilidad de responder. Cristo le abrió el camino a Dios. Él le promete un Reino eterno y una resurrección gloriosa. Ha sido hecho. Está terminado. La única pregunta es si usted va a recibir el regalo. Usted tiene que tomar esa decisión. Sólo un necio podría menospreciar esto. Sólo un necio absoluto. O alguien quien ama tanto su pecado como para colocarlo por encima del regalo de Dios. La decisión es suya. Yo confío en que usted va a darle la espalda a su pecado en arrepentimiento y escogerá someterse a Cristo, quien ha hecho esto y le ofrece este perdón, que usted responda al testimonio de Dios Padre en el comentario milagroso acerca del significado de la cruz.

 

 

 

 

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