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Esta semana, he tenido una experiencia interesante cuando vi una copia de la última edición de la revista Psicología actual, la cual es una publicación relacionada con el área profesional de la psicología. Y había un artículo en esa publicación acerca de hablar rápidamente. Ahora, yo recuerdo que cuando recién llegué a Grace Church a muchas personas no les agradaba que yo hablara tan rápido… No muchas decían algo al respecto. No sé si ahora lo hago de manera más lenta o si ustedes han acelerado el ritmo con el que escuchan, pero alguna de las dos ha sucedido. Pero yo solía escuchar: “Usted está hablando muy rápido, demasiado rápido.”

Y yo solía contestarle a las personas: “Tengo muchas cosas que necesito decir y considero que no puedo hablarle tan rápido como usted puede pensar, por lo cual ya comienzo con desventaja. Y si voy a ir al mismo ritmo que usted, tengo que hablar realmente rápido o usted se aburrirá.” Y solía decir eso de manera improvisada, algunos quizás recuerden que lo mencioné cuando me dijeron que hablaba muy rápido… Y es una especie de cortesía para expresar que estoy apresurándome para alcanzar el ritmo de su cerebro.

Pero en la última edición de Psicología actual, ellos han realizado algunas pruebas que literalmente comprueban que hasta cierto punto, lo más rápido que usted hable, mayor el interés y mayor la retención. Entonces, habiendo dicho eso, así continuaremos.

Pero estaba realmente es sorprendido de saber eso. Siempre lo creí; y ahora ellos lo han experimentado y descubierto que, de hecho, si usted ve ese programa de televisión de 30 minutos, de acuerdo a este artículo, y ellos lo aceleran para que dure 15 minutos, usted no se perderá de nada. Y los comerciales, dicen ellos, que ahora cuestan $100,000 por cada 30 segundos, pueden ser de 15 segundos, duplicando ellos su ingreso al doble. Es sorprendente, pero cuando usted cubre mucho de manera rápida, las personas permanecen interesadas y retienen la información. Y entonces, me animó oír eso. Ahora tengo algún tipo de apoyo por el modo en el que hablo… Y eso es en cierta manera interesante.

Bueno, pasemos rápidamente a Daniel capítulo 1 y espero que ustedes puedan retenerlo. Daniel capítulo 1… Y hemos estado viéndolo, comenzando en nuestro último estudio, desde los versículos 8 al 21. Se los leeré para establecer el escenario de nuestro estudio de hoy.

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos; y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: “Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.” Entonces, dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.”

Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días. Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey. Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres. A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños. Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor. Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.”

¿Han oído decir que cada hombre tiene su precio? Estoy seguro que sí. El precio es el punto en el cual uno traiciona sus convicciones, cuando abandona su estándar moral por alguna ganancia personal.

Recuerdo la historia de una señora que, en un banquete, estaba sentada al lado de un hombre el cual notó cuán agradable ella era. Luego de conversar un tiempo, le pregunto si iría a la cama con él por cien mil dólares. Ella lo miró sonriendo y le contestó que creía que sí.

Poco después, le preguntó si iría a la cama con él por 10 dólares. Ofendida, ella le dijo quién creía que ella era. A lo que el señor le contestó que eso ya había sido establecido, ahora sólo estaban negociando el precio.

¿Tiene cada hombre su precio? ¿Nos venderemos todos en un momento u otro? ¿Tenemos estándares morales que son válidos en la medida que se acomoden con nuestros deseos? ¿O cuando tenemos un deseo mayor lo dejamos de lado por el bien de aquellos estándares en los cuales decimos creer?

Martín Lutero se presentó delante de la Dieta de Worms. Le exigieron que se retractara o perdería su vida. Pero él no negaría a Cristo.

Latimer y Ridley estuvieron delante de la hoguera -donde fueron quemados hasta morir- por su fe en Cristo. Sus ejecutores demandaron que negaran al Señor Jesucristo. No lo hicieron; y fueron consumidos por las llamas.

Ese tipo de personas no tiene precio. No pueden ser compradas. No existe un punto en el cual se venderán. Les he mencionado hace un tiempo que tuve la ocasión de conocer al Dr. Hong, quien es el director de la escuela cristiana más numerosa del mundo. Está en Seúl, Corea y tiene cerca de 6000 alumnos. El Dr. Hong nos contó que cuando era niño, tuvo la ocasión de ver a los japoneses infiltrarse en Corea del Norte - lugar donde él vivía. Fueron a su casa ya que su padre era un líder de la iglesia. Demandaron que él negara a Jesucristo o le cortarían sus pulgares. Comenzaron con el primer pulgar. Él no negaría a Cristo. Cortaron el segundo; y aún no negaría a Cristo. Algunas personas no tienen precio. No se venden. No importa cuál sea el costo, no transigen.

Por otro lado, a menudo escuchamos a personas que presumen de sus estándares morales, quienes se ensalzan su carácter, quienes desean anunciar sus grandes convicciones y sin embargo, por conveniencia, se venden. Abandonan esas convicciones cuando por algún motivo u otro sienten que es mejor.

Transigir es muy sutil. Las personas dicen que creen en la Biblia, pero permanecen en una iglesia donde la misma no se enseña. Las personas dicen que tienen convicciones acerca del pecado y del castigo; hasta que ese pecado es cometido por sus hijos. Dicen que deben hablar en contra de la deshonestidad y la corrupción; hasta que se refiere a su jefe, y eso puede hacerles perder su trabajo.

           

Las personas tienen altos estándares morales, hasta que sus deseos son liberados de una conciencia santa por una relación que no lo es; y entonces ellos racionalizan su compromiso.

Son honestas, hasta que un poco de deshonestidad les ahorrará mucho de dinero. Saben que algo está definitivamente mal; pero para reconciliarse, ocultan la verdad. Harán algo que viole directamente su convicción si alguien a quien ellos admiran, alguien a quien temen o alguien de quien buscan un favor, así se lo pide. Las personas no dicen lo que deberían porque sienten que pueden quedar mal parados. Y así son las concesiones.

Adán transigió la ley de Dios, siguió el pecado de su esposa y perdió el paraíso. Abraham transigió la Verdad, mintió acerca de Sara y casi pierde a su esposa. Sara lo hizo con la Palabra de Dios. Envió a su esposo con Agar, quien concibió a Ismael; y se perdió la paz en Medio Oriente. Esaú lo hizo por una comida con Jacobo; y perdió sus derechos de primogénito. Saúl transigió la Palabra divina, se quedó con los animales y perdió la semilla real. Aarón lo hizo con sus convicciones acerca de la idolatría; y él y su pueblo perdieron el privilegio de la tierra prometida.

Sansón lo hizo con su justa devoción como nazareno con Dalila y perdió su fuerza, sus ojos y su vida. Israel transigió los comandos del Señor, vivió en pecado y cuando luchaba con los filisteos, perdió el arca de Dios. David comprometió el estándar moral divino de Dios. Adulteró a Betsabé, asesinó a Urías; y perdió a su hijo. Salomón comprometió sus convicciones, se casó con mujeres extranjeras; y perdió la unidad del reino. Acab transigió, se casó con Jezabel; y perdió su trono.

Israel transigió la ley de Dios con pecado e idolatría; y perdió su tierra. Pedro lo hizo con su convicción sobre Cristo. Lo negó y perdió su alegría. Más tarde, transigió la verdad de la iglesia por aceptación de los judaizantes y perdió su libertad. Ananías y Safira transigieron su palabra acerca de la dádiva, mintieron al Espíritu Santo; y perdieron su vida.

Judas transigió su supuesto amor por Cristo por 30 piezas de plata y perdió su alma eterna. Transigir…una triste palabra. Pero hay algunas personas que no hacen concesiones. Que no tienen precio. Usted no las puede comprar.

Moisés, delante del faraón. David, varias veces en su vida. Pablo delante de Porcio Festo, Félix y Agripa. Y Daniel, delante de Nabucodonosor. Daniel 1:8: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.”

Y en la Biblia, francamente, no existe una mejor ilustración de un hombre puro, que no hace concesiones, que Daniel. Estamos estudiando a Daniel, quien durante 70 años vivió en esta tierra extranjera de Babilonia, en el medio de paganos caldeos; y durante ese tiempo nunca ha transigido sus convicciones. No podía ser comprado. No tenía precio. Desde el momento que tomamos la historia aquí, él tiene 14 años. Y hasta los 80, no hace concesiones. Él no transigirá.

Y hemos visto a quiénes los babilónicos y los caldeos traían en la primera deportación en el año 606 A.C. -la primera fase del cautiverio babilónico. Ellos eran todos nobles de las casas gobernantes de Israel o Judá. La semilla real. Eran elegidos. Algunos historiadores estiman que eran entre 50 y 75 jóvenes. Los traían para lavarles el cerebro y convertirlos en caldeos. Ellos -con un pasado judío- podían ayudarles a gobernar en el proceso de liderar los temas judíos. Los babilónicos se harían cargo del mundo, convertirían a Judá en un estado esclavo; y querían algunos jóvenes que conocieran la situación judía, quienes podrían ser gobernadores representándolos a ellos entre ese pueblo.

Ellos querían que estos jóvenes tuvieran el cerebro lavado. Primero, deciden cambiarles sus nombres para separarlos de su herencia. Y luego, por supuesto, sacarlos de su país, para que allí no tuvieran raíces o conexiones. Luego, deseaban que fueran educados y aprendieran toda la información caldea. Querían que fueran atacados por todo ángulo posible con la identificación caldea. Lo último del proceso era alimentarlos con la comida del rey, para que así su estilo de vida fuera adaptado al del palacio de los paganos en Babilonia.

Y ahí es donde Daniel puso el límite. ¿Por qué? El Antiguo Testamento no decía nada sobre tomar un nombre extranjero, o de aprender información de maestros extranjeros; pero sí decía que no comieran comida ofrecida a ídolos y que no estuviera preparada de acuerdo a las leyes de dieta de Dios para Su pueblo. Y el límite para Daniel fue la Palabra de Dios.

Y comer la comida del rey violaba la ley de Dios; ya que toda la comida que se comía en el palacio era en un momento ofrecida delante de los dioses. Daniel no pudo hacerlo. Ahí puso el límite. En la Palabra de Dios.

Verdadera convicción. El carácter que es tan admirable en Daniel. Tan jóvenes, él y sus tres amigos, de entre 50/75, no sabemos cuántos- pero sólo conocemos a cuatro que dejaron sentada su posición. Más tarde, cuando aparecen frente al rey en el versículo 18 y siguientes, el rey notó que sólo cuatro eran diferentes. El resto, durante estos 3 años de educación, había comido la comida del rey, se había adaptado al estilo de vida, se habían convertido en caldeos; y es por eso que habían perdido ese lugar único que Dios les hubiera dado si hubieran sido obedientes a Su ley. Es por eso que Daniel es una tremenda ilustración de convicción, especialmente en un hombre joven.

Nuestro país tuvo eso en un momento. Leí algo muy interesante. En West Point, existe una oración llamada “La oración del cadete”. Cada domingo, los cadetes la repiten en la capilla. No sé si la han oído alguna vez. Esto es lo que dice:

“Haznos elegir el arduo bien en vez del fácil mal; y no nos permitas conformarnos con una verdad a medias, cuando se puede ganar la verdad por completo. Danos el valor que nace de la lealtad a todo lo que es noble y digno, que desprecia un compromiso con el vicio y la injusticia; y que no conoce el miedo cuando la verdad y el derecho están en peligro. Amén.”

Una gran oración. Una oración intransigente. Hace tiempo, en nuestro país conocíamos el significado de una vida intransigente. Aún Esopo, en sus fábulas, conoció el precio del transigir. En una de sus fábulas, habla del tiempo en el que las bestias y los animales domésticos estuvieron en guerra. El murciélago intentó estar en ambos bandos. Cuando los pájaros ganaban, el murciélago volaba con ellos diciendo que él era un pájaro. Cuando las bestias ganaban una batalla, caminaba con ellas asegurando que era una de ellas. Pronto, se descubrió su hipocresía y fue rechazado por ambos, las bestias y los pájaros. A tal punto que tuvo que esconderse durante el día y sólo podía aparecer durante la noche. Transigencias…

Daniel no haría concesiones, ni tampoco lo harían Misael, Azarías o Ananías. ¿Y cuáles fueron los resultados de una vida sin concesiones? Regresemos y veamos. Dijimos que había ciertas características y consecuencias de una vida sin concesiones. Les mencionaré las que hemos visto anteriormente; y luego veremos el resto de ellas.

Primero, cuando usted vive una vida sin concesiones, que no cae presa del estilo de vida del mundo, que no se vende a ningún precio, encontrará primero una valentía que no siente vergüenza. En el versículo 8, Daniel le dice al príncipe de los eunucos que le comente al rey que no puede comer esa comida ya que le contaminaría. Como les he dicho anteriormente, él podría haber dicho otra cosa. No necesitaba ser tan evidente acerca del hecho que la comida del rey lo contaminaría. Pero una de las características de una posición que no hace concesiones, donde alguien tiene fuertes convicciones, es que el individuo tiene una osadía sin vergüenza para hablar la verdad.

Él podría haber titubeado sobre el hecho que no podía comer la comida del rey, podría haber dicho que estaba acostumbrado a la comida judía, que ésta no le caía bien, etc. Hubo una gran confrontación ya que violaba la ley de Dios y sería una profanación para él.

Vemos que tiene una valentía sin vergüenza. Después, cuando vienen a verle y le dicen que no podía orar, va a su ventana, la abre y ora como siempre lo hacía, con la misma valentía de siempre; porque ése es el carácter de un espíritu sin concesiones.

Segundo, hemos visto que una vida sin concesiones no sólo tiene una audacia sin vergüenza, sino también un estándar inusual.  Dijo que no comería la comida del rey ni bebería su vino. En el versículo 12 dice que sólo comió legumbres y tomó agua. Lo que quiere decir que no comió ninguna carne ni bebió ningún vino de ningún tipo. No se le requería. Era un estándar inusual, más allá.

Y recuerdan que les he comentado que en el Antiguo Testamento, cuando habla de aquellos sacerdotes que deseaban tomar el voto de consagración; y cuando vemos en el Nuevo Testamento a Juan el Bautista, el hombre más grande que vivió hasta su momento; y miramos no sólo a Juan el Bautista sino también a los ancianos de la iglesia, encontraremos el testimonio que en todos esos altos lugares no toman vino.

 Aquellos a quienes se les ha dado una alta responsabilidad espiritual, tienen un estándar inusual. Él eligió vivir en otro nivel. Y una vida sin compromiso no juega al límite de lo mejor. Elige el estándar más alto sin importar el precio.

Durante meses, Eric Liddel entrenó como atleta con el propósito de ganar la carrera de 100 metros en las olimpíadas de 1924. Los escritores de deportes de todo el país predecían que Liddel ganaría los 100 metros. En 1924, cuando él supo que esta carrera estaba programada para un día domingo, tuvo un problema. Eric creía que no podía honrar a Dios corriendo la competencia en el día del Señor. Sus admiradores estaban asombrados por su rechazo. Algunos de los que le habían elogiado comenzaron a llamarle tonto; y la prensa se burlo de él porque no correría un día domingo.

De repente, un corredor se borró de la carrera de los 400 metros; y no tuvieron otra alternativa que tomar su lugar. La misma estaba programada para un día de semana. Eric se ofreció a tomar el puesto -a pesar que era una carrera 4 veces más larga de aquella para la cual había entrenado. Cuando corrió, Eric Liddel ganó la carrera. Corrió en 47.8 segundos. Un tiempo increíble. Y él fue el ganador.

Dios le otorgó su medalla de oro. Dios honró su espíritu no condescendiente. Más tarde, él fue a China como misionero; y allí murió en un campo de guerra en el año 1945…siempre sin hacer concesiones, como lo había hecho anteriormente.

Me parece que las personas que realmente marcan una diferencia en el mundo establecen un estándar más alto que el resto de las personas. No es algo requerido. Es tan solo un escalón de nobleza extra que los separa del resto.

Por lo tanto, una vida sin concesiones, tiene una audacia sin vergüenza, un estándar inusual y, tercero, resulta en una protección sobrenatural. Creo que Dios protege a aquellos que no hacen concesiones de una manera inusual. Versículo 9: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Eso es maravilloso. Daniel no tuvo que hacer nada para ganar el favor y la compasión del príncipe de los eunucos.

Dios se lo otorgó ya que es Él quien controla el corazón de cada ser viviente. Y si Dios quiere que ellos sean amables con usted, Él se encargará. No tenemos que hacer concesiones para alcanzar nuestro fin. Usted no tiene que transigir para alcanzar sus objetivos. Eso es eliminar a la protección divina. No hacer concesiones. No hacerlas es invitar a la protección de Dios mismo. Prefiero pararme delante del rey sin vergüenza y condenar su pecado y tener a Dios de mi lado que esquivarlo y tener al rey de mi lado y a Dios en mi contra. Porque Dios puede controlar el corazón del rey.

Permítanme leerles una parte de la Escritura. 1 Samuel 2:22: “Pero Elí -el gran sacerdote- era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.” Eran hijos horribles. “Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.”

En otras palabras, Dios los mantuvo a ellos en un constante estado de rebelión para poder llevarlos a juicio. Habían llegado tan lejos que no había posibilidad de arrepentimiento para ellos. Dios controló literalmente su rebelión.

Versículo 30: “Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: “Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de Mí perpetuamente;” mas ahora ha dicho Jehová: “Nunca Yo tal haga, porque Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.””

Dios dice que puedes ser el sumo sacerdote y tener todas las promesas del sacerdocio, pero eso no será nada si me deshonras. Si me honras, te honraré. Si me desprecias, te despreciaré.

Éste es el punto: el modo en que vivimos trae a Dios en nuestra defensa o en nuestra contra. Cuando somos obedientes a Dios y vivimos una vida sin concesiones, Dios nos honra. Dios es nuestro defensor. Una tremenda verdad.

A menudo pienso en José. José y Daniel son casi paralelos. Ahí estaba José, vendido por sus hermanos para ser esclavo, ¿y qué le sucedió? Terminó como Primer Ministro de Egipto. José y Daniel estaban en un reino extranjero. Ambos llegaron a ejercer el cargo de Primer Ministro. Ambos llegaron a través de la protección de Dios. Poseían poderes proféticos extraordinarios, los cuales les sirvieron para elevarlos a altas posiciones. Ambos fueron capaces de echar por tierra a todos los aspirantes y farsantes en esos reinos.

A pesar de todos los charlatanes satánicos que rodeaban las cortes de Egipto y Babilonia, estos 2 hombres, debido a sus vidas sin concesiones, fueron protegidos por Dios y les fueron otorgadas posiciones de alta preeminencia.

Una persona que vive una vida sin concesiones será elevada por Dios. Alguien dijo que la política es el arte del compromiso. Pienso que es verdad. A menudo oigo que dicen –e inclusive yo lo he dicho- que hoy en día nadie puede llegar a una posición elevada en la política sin haber hecho una concesión en algún momento. Pienso que básicamente debería decir que usualmente, la gente que está en altos cargos en la política ha llegado haciendo concesiones. Pero si Dios lo quiere a usted allí, y usted no transigió; Él lo pondrá allí. Y si usted hizo concesiones, entonces usted está solo. Comprometerse sólo nos lleva fuera del lugar de protección.

Versículo 10: “Y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: “Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.””

Aspenaz, el príncipe de los eunucos, en esencia le dice a Daniel que le agrada, que le tiene cariño a él y a sus tres amigos, pero le teme al rey. Y si no los alimenta con la comida del rey, al finalizar los tres años estarían flacos, pálidos, débiles. Y el rey lo miraría y preguntaría qué había sucedido. Y le costaría su vida. La pena capital.

Por eso, detrás de la escena, acecha el fantasma de Nabucodonosor. Es interesante que Aspenaz tome su tiempo para explicarle el motivo a Daniel. Muestra que él realmente le tenía compasión. No daba órdenes porque sí. Le explica sus pensamientos. A pesar que le agrada Daniel y le compadece, no arriesgará su vida por eso. Por lo tanto, le rechazó su negativa a comer la comida del rey.

Pero Daniel no se rebela ni se molesta ni se enoja. Es firme, gentil, pero muy, muy, muy persistente. No renuncia. Está bajo protección divina y busca otro modo.

Permítanme resumir estos tres primeros puntos. Quiero que los comprendan. Cuando usted vive una vida sin concesiones, primero tiene una valentía sin vergüenza. Segundo, establece un estándar inusual. Y tercero, disfruta de una protección sobrenatural.

Para resumirlas, permítanme ilustrarlas con una parte de un libro que he leído y que espero que ustedes también lo hagan. Se llama Un Dolor Lejano. Es la historia de Kefa Sempangi, ese maravilloso pastor de una iglesia en Uganda – la iglesia que fue brutalmente tratada por Idi Amín antes de que lo derrocaran del gobierno. Sólo una parte del libro.

Éste era un domingo de Pascua especial, cuando los cristianos habían sido perseguidos y les sucedían cosas terribles mientras que los asesinos nubios de Amín hacían lo que podían para desbaratar a la cristiandad. Esto es lo que el escritor Kefa dice:

“A pesar de la creciente sombra de Idi Amín, la mañana de Pascua de 1973 comenzó como una alegre ocasión para la iglesia redimida. El sol acababa de asomar y el cielo estaba sin nubes cuando las primeras personas comenzaron a llegar al complejo donde teníamos nuestro culto. Vinieron de casi todas las tribus. Baganda, besoga, bunyacoli, acoli, langi, baguar y bakisu. De tan lejos como Masaka, un pueblo a 140 kilómetros al suroeste de Kampala.

Había ancianos caminando con bastones, mujeres jóvenes con bebés en sus espaldas. Pequeños niños con flores en sus manos. Doctores y abogados. Hombres de negocio y granjeros. Cultivadores de algodón y trabajadores del gobierno. Sólo unos pocos viajaron en auto o taxi. La mayoría vino a pie o en bicicleta. Otros concurrieron en camiones que parecían que iban a colapsar en cualquier momento. A las nueve de la mañana había 7.000 personas. La mayor multitud que había asistido a un servicio de domingo en la iglesia redimida. Cuando no hubo más espacios en el complejo, las personas treparon a los árboles o se sentaron en los techos de los camiones. Unos grandes grupos se quedaron en los patios cercanos con sus propios sistemas de amplificación y cientos se quedaron parados en la calle.

Antes del servicio, los ancianos y yo nos reunimos en la sacristía -una casa vacía del complejo- para orar. Sentíamos profundamente el hambre en los corazones de las personas que se habían juntado para adorar. Sabíamos de su deseo de escuchar la Palabra de Dios; y oramos para que sus vidas fueran transformadas por Su poder. Mientras que derramábamos nuestros corazones al Padre, en una agonizante intercesión, escenas desesperantes de la semana anterior vinieron a mi mente.

Vi un rostro quemado imposible de reconocer, una mujer acurrucada en un rincón llorando. Vi grupos de soldados parados en el parque festejando y escuché el sonido de una bota aplastando hueso. Recuerdo la arrogancia de los mercenarios. La visión de mi corazón sin vida. Una vez más, el triunfo del mal me abrumó. Sentí un profundo miedo. Yo mismo había caído, ¿Cómo podía esperar fortalecer a otros en esta Pascua? ¿Cómo iba a alimentar a los hijos de Dios en esta hora desesperada? ¿Qué palabras podía decir?

Mis hermanos y hermanas necesitaban valor para permanecer de pie en este creciente terror. Necesitaban fuerzas para sostenerse durante el sufrimiento. No necesitaban mi sermón, no necesitaban mis pensamientos acerca de la resurrección. Mi padre había tenido razón. Muchas veces -había dicho- los hombres no necesitan palabras. Necesitan poder.

Tomé mi Biblia y fui a predicar esa mañana de Pascua con una nueva valentía. Mi mensaje era el sufrimiento de Jesucristo. Hablé de Su triunfo sobre el mal y de Su victoria sobre la muerte. Hablé del poder de Su resurrección. Y detrás de mí estaban los ancianos, sentados en un banco y orando. Delante de mí, miles de rostros desconocidos. Creyentes necesitados de valor y no creyentes necesitados de salvación. A las 12.30pm, el sol calentaba nuestras cabezas y traté de culminar el servicio. Esto fue tres horas y media después.

La gente rehusaba irse. No hemos venido para escuchar un servicio -alguien gritó. Hemos venido a escuchar la Palabra de Dios. Descanse, regrese y predique nuevamente. La multitud aplaudió y gritó su aprobación. Fui a la sacristía por un pequeño descanso y regresé a media tarde. Casi nadie se había movido. Prediqué tres horas más. Y esta vez, cuando finalicé, nadie objetó.

El sol caía y todos sabían que la hora de finalizar la reunión había llegado. No era seguro viajar en la oscuridad. No sabíamos si nos veríamos nuevamente o cuándo Dios nos llamaría a casa, pero fuimos en paz porque habíamos visto la salvación del Señor. Y con un fuerte ‘Amén’ de la gente y una canción final del coro, el servicio de Pascua finalizó. Me volví hacia los ancianos y nos abrazamos alabando a Dios. Parecía que habían pasado días en vez de horas desde que nos encontramos para orar. Yo estaba exhausto, pero había alegría en mi corazón. Dios había contestado nuestras oraciones. Había tomado el pan y alimentado a Su pueblo.

Pasé por la multitud, y cuando finalmente llegué a la casa, estaba tan agotado y cansado que no oí a los hombres tras de mí hasta que ellos cerraron la puerta. Eran cinco. Se pararon entre la puerta y yo, apuntando sus rifles a mi cara. Sus propias caras estaban marcadas con los típicos cortes de la tribu kakwa. Estaban vestidos de manera informal - con camisas floreadas, pantalones y anteojos de sol.

A pesar de que nunca les había visto anteriormente, les reconocí de inmediato. Eran la policía secreta de la Oficina de Investigaciones el Estado, los asesinos nubios de Amín. Por un momento nadie dijo nada; y luego el hombre más alto, obviamente el líder, habló y dijo: “Vamos a matarle. Si tiene algo que decir, dígalo antes de morir.”

Habló con tranquilidad, pero su rostro estaba deformado por el odio.

Yo sólo podía mirarle. Por un momento escalofriante, sentí todo el peso de su ira. No nos habíamos conocido, pero su deseo más profundo era destrozarme. Mi boca se sintió pesada, y mis extremidades comenzaron a temblar; y perdí el control.

Pensaba que ellos no necesitaban matarme, que me caería muerto y nunca más vería a mi familia. Pensé en Pinina, en casa sola con Damali. ¿Qué les pasaría a ellas cuando yo me fuera? Oí una voz de lejos. Me sorprendí al darme cuenta que era la mía. “No necesito defender mi propia causa. Ya soy un hombre muerto. Mi vida está muerta y escondida en Cristo. Son vuestras vidas las que están en peligro. Ustedes están muertos en vuestros pecados. Oraré a Dios para que luego de que me maten les perdone a ustedes de la destrucción eterna.”

El más alto dio un paso adelante, hacia mí y se detuvo. En un instante, su cara estaba transformada. Su odio cambiado por curiosidad. Bajó su arma y señaló a los demás que hicieran lo mismo. Le miraron con sorpresa, pero quitaron sus armas de mi cara. Habló nuevamente: “¿Orará usted por nosotros ahora?”

Pensé que mis oídos me engañaban. Lo miré a él y luego a los otros. Mi mente estaba completamente paralizada. El más alto repitió la pregunta en voz más alta y noté que se estaba impacientando. Contesté que sí, que oraría por ellos.

Mi voz sonó más audaz, aún para mí mismo. “Oraré al Padre en el cielo. Por favor inclinen sus cabezas y cierren sus ojos”.

Nuevamente, el alto señaló a los demás y los cinco inclinaron sus cabezas. Yo incliné la mía, pero no cerré mis ojos. El pedido del nubio me parecía una trampa. Pensé que en cualquier momento mi vida terminaría; y no quería morir con los ojos cerrados. Oré: “Padre que estás en los cielos, Tú que has perdonado a los hombres en el pasado, perdona también a estos hombres. No los dejes perecer en sus pecados sino tráelos a Ti”.

Era una simple oración, realizada en profundo miedo. Pero Dios vio más allá de mis miedos. Y cuando levanté mi cabeza, los hombres delante de mí no eran los mismos que me habían seguido. Algo había cambiado en sus rostros. El más alto habló primero. Dijo que yo los había ayudado y ellos me ayudarían a mí. Hablarían con el resto de su compañía y me dejarían tranquilo. Que no temiera por mi vida. Estaba en sus manos y ellos me protegerían.

Yo estaba demasiado asombrado como para responder. El más alto indicó a los otros que se fueran. Se paró en la entrada y giró para hablar una vez más.

“He visto a viudas y huérfanos en su congregación. Los he visto cantar y adorar. ¿Por que están tan felices cuando la muerte está tan cerca?”

Aún era difícil hablar, pero le respondí. ‘Porque Dios les ama. Les ha dado vida y les dará vida a aquellos que le aman porque han muerto en Él.’ Su pregunta me pareció extraña, pero él no se quedó para poder explicarle. Finalmente, sacudió su cabeza con perplejidad y caminó por la puerta.

Miré la puerta abierta de la sacristía por unos momentos y luego me senté en un felpudo de paja cercano. Mis rodillas ya no eran fuertes y podía sentir mi cuerpo temblar. No podía pensar claramente. Hacía 10 minutos me había considerado un hombre muerto; y a pesar de estar rodeado de 7000 personas, no había un solo ser humano a quien podía acudir. No le podía pedir a Kiwanuka que usara sus contactos. No les podía pedir a los ancianos que oraran. No podía apelar a la misericordia de los asesinos nubios. Mi boca se había congelado y no tenía palabras inteligentes para decir. Pero en ese momento, con la muerte tan cercana, no fue mi sermón que me dio valor, ni una idea de la Escritura, sino Jesucristo, nuestro Señor vivo”.

Me detendré aquí. Si usted vive una vida que honre a Dios, sin concesiones, de confrontaciones; y no le importa qué enfrenta, usted tiene una valentía sin vergüenza. Usted establecerá un estándar inusual. Y Dios le dará una sobreprotección sobrenatural. ¿Amén? Lo ha hecho en el pasado y lo está haciendo en el presente.

Eso no es todo. Hay más. Cuarto, una vida sin concesiones resulta en una persistencia sin obstáculos. Me encanta. Aspenaz le dijo a Daniel que no podía acceder a su pedido, que el rey le cortaría la cabeza.

Daniel, en su modo gentil, sin rebeldía, sin ser cascarrabias o prepotente, buscó y encontró otra alternativa. Versículo 11: “Entonces dijo Daniel a Melsar.” Melsar puede ser un nombre propio. Sin embargo, en el hebreo, tiene un artículo definido adjunto que se traduce “el”, lo cual indica que más que un nombre propio es probablemente una palabra traducida como administrador.

Aspenaz era el príncipe de los eunucos. Él estaba sobre todos estos jóvenes en las cortes. Había designado a ciertos administradores para cuidar a algunos. Aparentemente este hombre, el administrador, tenía estos jóvenes a su cuidado. Y aquí está la persistencia sin obstáculos de Daniel. Si no puede obtener la respuesta que desea de Aspenaz, entonces va a alguien por debajo de él. Interesante. Acude a un hombre que no tenía un miedo personal al rey ya que no estaba realmente relacionado con él. Su jefe era Aspenaz. Y aparentemente él era un buen hombre, quien no cortaría su cabeza. Y Daniel recurre a él.

“Que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías”. Éste es un espíritu impertérrito. Quiero señalar algo. Un espíritu sin compromisos nunca renuncia. Quiero mostrarles una diferencia. Algunas personas dicen que “…bueno, sabía qué era lo que correspondía hacer, lo correcto; pero traté y como no funcionó, ésta era la única alternativa posible… Quise hacer lo correcto pero allí estaba, con estas personas que hacían eso y yo tuve que seguirlos”... No. Un espíritu sin concesiones nunca rechaza un principio cuando la primera puerta se cierra.

Leí un artículo de una mujer que fue a la policía y solicitó que la encerraran en la cárcel. Ellos lo hicieron. Y la encerraron por un período pasado su fecha de casamiento. Querían saber por qué. Ella les dijo que se casaría con un hombre que no debería. Pero cada vez que veía al hombre, él era irresistible. Por lo tanto, pidió que la encerraran hasta después de la boda. Eso es persistencia. Ella no transigiría aún si tenía que encerrarse en una cárcel para restringir sus sentimientos. Algunas muchachas harían bien en seguir a esa querida señora.

¿Saben lo que la gente hace? Algunas personas agotarán superficialmente algunos recursos y luego harán lo malo. Y dirán que han tratado, pero no funcionó. No. Un carácter sin concesiones nunca, nunca renuncia. El apóstol Pablo continuaba yendo a Jerusalén. Cada tanto, venía alguien que le decía que él ya sabía lo que le sucedería si iba allí. Tendría muchos problemas. El profeta Ágabo le dice a Pablo que le diera su cinturón. Lo toma y ata sus manos. Le dice a Pablo que eso le sucedería cuando llegara a Jerusalén.

Y mientras que él va, finalmente dice en Hechos 20: “…por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.” Si una puerta se cerraba, buscaba otra. Y así seguía. Él no buscaba una escapatoria. Era verdaderamente un hombre que no hacía concesiones.

Y Daniel era así. Sólo porque se cerró la puerta con Aspenaz, no había terminado. Tenía una persistencia sin obstáculos. El verdadero carácter hará eso. Continúa golpeando, golpeando, hasta que finalmente encontrará el agujero. Y aparentemente, el encargado se sentía menos amenazado por el rey, por lo tanto, no era tan reacio a cumplir el pedido de Daniel.

¿Qué hemos aprendido? De un carácter sin concesiones, fluye una valentía sin vergüenza, un estándar inusual, una protección sobrenatural y una persistencia sin obstáculos. Ahora aquí está la clave: cinco, una fe íntegra.

Esto es maravilloso. Daniel realmente creía que Dios podría hacer esto posible. ¿De dónde obtuvo esta seguridad? ¿Saben qué creo? Que es un principio básico espiritual. El pecado trae dudas, la pureza trae seguridad. Cuando una persona vive una vida santa, creo que hay un sentido de invencibilidad acerca de la vida. Usted simplemente cree que Dios lo librará; y por lo tanto Daniel tenía una fe íntegra. Un sentido de ser invencible.

Usted puede estar en cualquier prueba. Pasar por cualquier problema o vicisitud; y cuando el corazón es puro, usted sabe que no hay nada que temer…porque si Dios está con nosotros, Romanos 8, ¿quién estará en nuestra contra?

Isaías 43:2: “Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”

Cuando un corazón y una vida son puros, hay una invencibilidad que resulta en este tipo de fe íntegra. Él estaba seguro, y por lo tanto dijo que deseaba arriesgar su vida. Versículo 12: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.  Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.” Ésta es una operación riesgosa. Si Daniel realmente dice esto, está arriesgando su vida. Pero tiene una fe extraordinariamente segura que viene de un espíritu sin concesiones. Cuando usted realmente cree, usted puede arremeter contra el foso del infierno con un sentido de seguridad que Dios honrará su fe.

Daniel era un hombre de fe. Ésta provenía de un corazón puro. A pesar de que había pasado por un terrible desastre y de que algunos habían -sin duda- sentido que Dios había abandonado a Judá y muchos hacían preguntas -como el profeta Habacuc, Daniel creía que Dios sería fiel a su corazón puro. Y por lo tanto dijo que les dieran vegetales. Seroa, que significa básicamente comida vegetariana, común, semilla, vegetales, plantas. No es que una dieta vegetariana fuera una virtud, sino que era la comida de los pobres quienes no podían comprar carnes u otros manjares. Comería sólo la comida de los pobres, de la gente común. … “y haz después con tus siervos según veas”.

Ahora escuchen, diez días a vegetales, contra diez días con la comida del rey no probarían nada. Fisiológicamente, no harían una gran diferencia. Daniel contaba con la intervención divina. Y personalmente creo -es tan solo mi opinión- que Dios le daba a él esta revelación. Pienso que Dios le dio esta prueba y le dijo que honraría esto. Creo que esto lo obtuvo del Señor - por su tremenda seguridad y el modo en que el Señor responde. Una fe íntegra. Estaba dispuesto a arriesgar su vida.

Él dijo que Dios honraría su espíritu sin concesiones. Si no comía comida profana y comía lo que era puro, creía que Dios lo honraría. Eso es una fe íntegra.

¿No creen ustedes que si viven una vida sin concesiones, sin importar quién se enoje con ustedes por tomar esa posición, sin importar quién se ofenda con ustedes por no transigir, sin importar cuántos son, si permanecen firmes, Dios los honrará? ¿Creen eso? ¿No creen que si ustedes se enfrentan al pecado y al mal, Dios llenará sus vidas de alegría y felicidad? ¿Creen que si ustedes toman su postura con honestidad, Dios llenará sus vidas con todas esas cosas que necesitan para alimento y sustento?

Si realmente lo creen, entonces no harán concesiones. Creerán la Palabra de Dios. Y una fe íntegra los lleva al punto seis: una prueba inusual. “Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días”. Todo compromiso se prueba. Santiago 1, la prueba de su fe. Y toda nuestra fe es para ser evaluada. Solo se demuestra cuando es puesta a prueba. Podemos decir que queremos vivir una vida sin concesiones…y prepárese para creer que Dios lo pondrá a prueba. Usted pensará que permanecerá de pie, que hará lo correcto, que dirá tal y cual cosa; y cuando llega el momento, ¿qué sucede? Cara a cara con la situación, toda esa valentía que tenía en el fondo, nunca aflora.

Pero Daniel aquí dice que está dispuesto a arriesgar todo por su fe en la Palabra de Dios. Y la prueba viene inmediatamente. Todo compromiso es puesto a prueba. A ellos los probaron por diez días. Versículo 15: “Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey”. Una intervención divina de Dios. En diez días, la fisiología no tendrá un efecto tan maravilloso. No sé con qué alimentaban a las personas que comían la comida del rey. Pero creo que esto es una intervención de Dios.

Versículo 16: “Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres”. No tuvieron que probarle nada. Si leí bien la historia, quizás Melsar comió la comida del rey durante los próximos tres años. No sé cómo podría haberlo hecho de otra manera. Era un intercambio justo para él. No le importaban los vegetales y el agua. Era un buen trato.

Entonces, Dios honra a los espíritus que no hacen concesiones. Ellos han ganado la batalla. Evitaron el estilo de vida que los caldeos quisieron imponerles. La fuerza viene de la pureza del corazón. Pasaron una prueba inusual.

Una postura sin concesiones frente a la Palabra de Dios nos lleva a una valentía sin vergüenza, a un estándar inusual, a una protección sobrenatural, a una persistencia sin obstáculos, a una fe íntegra, a una prueba inusual y -¿están listos para esto?- a una bendición inconmensurable. Lo veremos rápidamente. Versículo 17: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias”.

¿De dónde viene esto? “A estos cuatro muchachos Dios les dio”. Dios bendice sus corazones no comprometidos. Dios derrama bendiciones. Es algo maravilloso darse cuenta: aquí se juntan dos asombrosas verdades de la bendición soberana de Dios y el compromiso total del hombre. Dios bendijo soberanamente cuando ellos estaban comprometidos por completo a vivir una vida sin concesiones.

Desde el punto de vista de ellos, todo dependía de su propio compromiso. Desde el punto de vista de Dios, todo estaba en Sus manos. No se puede tener una sin la otra. Y Dios les dio conocimiento y habilidad en el aprendizaje y sabiduría. Dios les dio todo lo que necesitaban saber para el conocimiento y la sabiduría que podía aplicarse mientras que vivían en esa sociedad.

Babilonia era el centro del conocimiento, de la ciencia avanzada. Bibliotecas de gran alcance, grandes eruditos vivían allí; ellos tenían el liderazgo mundial en esos temas. Dios les dio conocimiento de eso. Dios les dio conocimiento verdadero de la aplicación de la divina Palabra de Dios a la situación. Dios les dio conocimiento, y mas allá de eso, a uno de los cuatro –aquí es donde hacemos la distinción de uno entre ellos- Daniel, quien tenía entendimiento de las visiones y los sueños. Un hombre que podía interpretar visiones y sueños.

Las visiones ocurren cuando usted está despierto y los sueños cuando está dormido. Y ambos eran medios de revelación de Dios. Aquí había un hombre con el don de ser un vidente o profeta. Daniel tenía un don profético. Era el medio de la revelación divina de Dios y éste versículo es el escenario para el resto de la profecía de Daniel. Él es quien recibirá la palabra de Dios.

Por lo tanto, Dios lo bendijo inmensurablemente en conocimiento y aprendizaje y sabiduría, más aún, versículo 18: “Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor”. Ellos personifican a todos esos jóvenes que habían sido deportados en el año 606. El segundo grupo aún no ha llegado hasta el 597. El grupo final hasta el 586. Nabucodonosor conversa con estos jóvenes que habían sido preparados durante ese tiempo. La prueba final. Para ver cómo les había ido. Son examinados personalmente por el rey y sus asistentes. “Y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías”. Es maravilloso que esos cuatro se graduaran con todos los honores. Fueron los mejores de su clase y nunca se habían contaminado. Nunca se habían contaminado ni comprometido en nada.

Usted puede vivir una vida en este mundo sin concesiones que es tan pura y tan justa y tan recta y con tanto carácter que el mundo mismo tiene que reconocer su carácter y la calidad de su vida.

El veredicto… final del versículo 19: “Estuvieron delante del rey”. ¿Qué significa estar delante del rey? Tal como he señalado hace un tiempo, significa servir al rey. Los ángeles están delante del Señor. En el Antiguo Testamento, aquellos que estaban delante del rey, eran los que esperaban el mensaje del rey y lo llevaban a cabo, esperaban para cumplir las peticiones del rey, en obediencia a su orden.

Y por eso dice: “Estuvieron delante del rey”. Estos cuatro jóvenes. Imagínense estar en la corte real a los 17/18 años, junto al rey, en una nación extranjera con la que usted nunca haría concesiones ni transigiría en una convicción; y sin embargo, Dios lo eleva a usted a ese lugar. Daniel, más tarde -sin hacer concesiones- gobierna en esa zona como Primer Ministro durante 70 años. Se puede lograr. Permítale a Dios que lo levante…usted viva una vida sin concesiones.

¿Cuán dotados eran estos jóvenes? “En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.” Todo asunto. A alguien le gustaban…a Dios.

Es asombroso. Usted, como cristiano, quien tiene la revelación de Dios y en quien mora el Espíritu, es 10 veces más inteligente que la persona más inteligente en este país que no conoce a Dios... 10 veces más inteligente porque conoce La Verdad, la auténtica Verdad. Ellos fueron bendecidos en toda área de sabiduría e inteligencia. Diez veces más que cualquier otra persona.

Permitan que Dios los eleve. Permitan que otro hombre venga a usted, lo obligue a transigir, amenace su vida y usted permanezca fiel a la Palabra de Dios. Permanezca firme, de manera valiente, predique lo que cree y no permita que nadie lo intimide…que nadie le haga ceder…que alguien le haga bajar el tono, lo intimide o haga ceder en lo que usted sabe que es la absoluta, inviolable Verdad de Dios. Sostenga sus convicciones con amor, con la misma amabilidad, la misma gracia y la misma calidez que lo hizo Daniel; pero nunca haga concesiones. Y Dios honrará su carácter y lo elevará a una posición de bendición que lo establecerá por encima de aquellos que son considerados los mejores de su nación y su reino. Ése es el mensaje.

¡Qué palabras más maravillosas! Una bendición inconmensurable. Permítanme agregar una octava. Para finalizar, una influencia ilimitada. ¡Oh, esto es maravilloso! Versículo 21: “Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.” Setenta años. ¿Y sabe usted algo? Cuando veo Esdras capítulo 1 y todo el pueblo regresando a Jerusalén, ¿saben quién está detrás de todo eso? Daniel. Cuando veo a los magos viniendo del oriente, veo en las sombras observando a Daniel.

Dios le dio influencia que llevó, creo yo, al decreto de Ciro de enviar a su pueblo de regreso a su tierra. Una influencia que llevó a la construcción de la muralla con Nehemías. Una influencia que llevó al restablecimiento de la nación de Israel. Que condujo a los magos a venir a coronar al Rey que había nacido en Belén. Él está tras las escenas de la historia del Mesías tanto como el pueblo del Mesías. Tiene una influencia ilimitada, rinde homenaje al Rey que es el Rey de Reyes, Señor de Señores, quien reina por siempre. Daniel tiene una influencia ilimitada porque ha escrito en su profecía la historia del mundo hasta el reino de Cristo. Influencia ilimitada.

La bendición de una vida sin compromisos: una valentía sin vergüenza que nos llama a un estándar inusual que depende de una protección sobrenatural a medida que demostramos una fe íntegra y pasamos pruebas inusuales con una persistencia sin obstáculos; y vemos que, como respuesta, Dios nos trae una bendición inconmensurable y una influencia ilimitada.

En definitiva, hermanos, lo mejor que les podemos decir a ustedes esto: no hagan concesiones y permitan que Dios tome sus vidas y haga con ellas como a Él le plazca y puedan ser 10 veces más grandes que la vida de cualquier otra persona en este mundo. Oremos.

Gracias, Padre, por la libertad que hemos disfrutado esta noche, de reunirnos en este lugar y estudiar Tu Palabra, la libertad que hemos disfrutado en nuestros corazones a medida que ellos se abren para recibirla. Confirma en nuestros corazones que ésta es Tu Verdad y que podamos vivirla, Padre. Haznos amorosos y amables como era nuestro Señor; y humildes, solidarios y compasivos pero firmes cuando se trate de convicción, para que de un modo amable no nos comprometamos en absoluto, para que conozcamos Tu gran bendición y la mano de Tu poder en nuestras vidas que puede llevar a los hombres de la oscuridad a la luz. Oramos para Tu gloria en el nombre de Cristo. Amén.

 

 

 

 

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