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Estamos en nuestro estudio del evangelio de Lucas, en el noveno capítulo. Y estamos viendo los versículos 23 al 27. Esto realmente se encuentra en el corazón de la enseñanza de Jesús. Entonces no hemos tratado de apresurarnos en cubrir lo que es un pasaje más bien simple y directo. Y la tentación para mí, sería quedarme aquí durante meses, y meses, y meses, desarrollando todo lo que es o explicito e implícito en este pasaje y estoy resistiendo eso y estoy tratando de avanzar.

Pero cuando usted pregunta que enseñó Jesús y que en su enseñanza fue lo más importante, lo encuentra usted aquí. Porque en el versículo 23 Jesús dice, “Si alguno quiere venir en pos de mí,” y después en ese punto podríamos detenernos y decir, “eso es esencial para su misión,” él vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Él vino a llamar a la gente a sí mismo, y él dice, “Si alguno quiere venir en pos de mí,” aquí está lo que él debe hacer. Aquí entonces están las condiciones establecidas para el mensaje más importante jamás dado en este planeta, y ese es el mensaje de seguir a Jesús. ¿Qué significa ser un seguidor de Jesús? ¿Qué significa ser un discípulo de Jesús? ¿Qué significa venir en pos de él? ¿Qué significa convertirse en un cristiano? ¿Qué significa ser salvo? Eso está en el corazón del mensaje. Y lo que Jesús dice aquí habla de manera directa de ese asunto.

Entonces, ¿quiere usted seguir a Cristo? ¿quiere venir en pos de Cristo? ¿quiere ser su discípulo? ¿quiere ser un pequeño Cristo? Es lo que el cristiano significa. ¿quiere seguirlo a él en su reino, al reino de Dios? ¿quiere su perdón? el perdón que él da. ¿quiere la vida eterna que él promete? Bueno, si quieres eso dice él, “debes negarte a ti mismo, tomar tu cruz cada día, y seguirme.” Esta afirmación de Jesús es repetida varias veces en el Nuevo Testamento, en el registro de los Evangelios. Y estoy seguro que él afirmó esto, muchas, muchas veces, cientos de veces en su ministerio de predicación, porque esto está en el corazón del asunto del discipulado y la salvación.

Ahora, ya hemos visto los tres elementos: negarse a sí mismo, tomar su cruz, y seguir. Pero quiero regresar y visitarlos, no en partes, sino como un todo. Y tratar de darles quizás un entendimiento resumido de lo que él está diciendo aquí. Y es importante hacer esto, porque lo que Jesús está diciendo es fundamentalmente lo opuesto a lo que los predicadores están predicando en la actualidad. De hecho, el llamado fundamental a la salvación. Las palabras de nuestro Señor son totalmente lo opuesto de cómo la gente cree en nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad de amor propio, dicho de manera simple. Una sociedad que está consumida con el amor propio, el edificar el ego, la autoestima, sentirse bien acerca de uno mismo, pensar que usted es importante, pensar que usted tiene valor, pensar que usted es un héroe, pensar que usted ha alcanzado algo, pensar que usted es digno de honor.

Estamos ahogándonos en reconocimiento por todo lo que es imaginable, y lo que no es imaginable. Los padres están consumidos con elevar los egos de sus hijos, con todo medio imaginable, como también elevar su propio sentido de amor propio, de valor propio. Esta es la generación de los amantes de sí mismo. Y simplemente, a manera de recordatorio, en 2 Timoteo capítulo 3, el apóstol Pablo clasificó el amor de uno mismo como un pecado, de hecho, un pecado dominante. En una de sus listas conocidas de iniquidades, hay varias de ellas en sus cartas, él comienza la lista de iniquidades en 2 Timoteo capítulo 3 con, “amadores de sí mismos”, y después, “amadores del dinero”. Y después sigue a lo largo del resto de su lista. Esto describe engañadores, incrédulos, aquellos que están afuera del reino de Dios, aquellos que no conocen la verdad. El amor propio está en la cima de la lista, en términos de actitud humana normal.

Los pecadores están consumidos con la soberbia, están consumidos consigo mismos, hemos hecho eso la virtud prominente, dominante en nuestra sociedad. Entonces, aquí estamos con el evangelio, yendo a una generación de gente que no solo es soberbia, sino que ha convertido en la virtud de todas las virtudes, que están enamorados de sí mismo, y que buscan satisfacer todo deseo y todo capricho y toda ambición y todo sueño y toda esperanza, que buscan ser todo lo que pueden ser, que buscan valorar todo lo que ellos son y todo lo que dicen y todo lo que hacen. Y confrontamos esa sociedad con el evangelio, y en el corazón del evangelio está esta apertura.

Entonces, ¿quieres seguir a Jesús? ¿quieres entrar al reino de Dios? ¿quieres que tus pecados sean perdonados? ¿quieres el cielo eterno? Entonces, niégate a ti mismo, y toma tu cruz y sométete de manera completa a él. Usted ni siquiera puede llegar a la parte de sumisión a menos de que usted pueda pasar por la parte de la cruz, y esto no puede llegar ahí a menos de que pase por la parte de negarse a sí mismo. Para darle un término que probablemente no olvidará, lo tomo de Martin Lutero.

Martin Lutero cómo usted sabe, inició la reforma protestante, él era un sacerdote católico romano que llegó a entender la verdad de la salvación por la gracia mediante la fe, únicamente en Cristo, únicamente fuera de las obras, y ceremonias y todo lo demás. Y entonces él determinó que el confrontaría el sistema católico romano, el gran sistema monolítico de error y engaño. Y él seleccionó noventa y cinco afirmaciones diferentes, noventa y cinco protestas diferentes. Esa es la razón por la que somos llamados protestantes. Noventa y cinco afirmaciones que iban en contra del catolicismo, él las escribió y él las clavó en la puerta de la iglesia del castillo en Wittenberg.

La cuarta de sus protestas, la cuarta de sus noventa y cinco afirmaciones era, que, un corazón penitente. Un corazón que viene a Dios y recibe salvación, se caracteriza por, aquí está su término, “odio propio”, “odio propio”. Citando de la cuarta afirmación de Lutero: “Y entonces, la penitencia permanece mientras que el odio propio permanece.” Él dijo que el odio propio era la penitencia verdadera interior. Esto, dijo Lutero, “es esencial para el evangelio”. Mientras que el sistema romano como todo sistema de justicia personal, y ganarse la salvación por sermones y buenas obras, está impregnado de amor propio, Lutero lo confrontó y dijo, “Hasta que el pecador llegue a odiarse a sí mismo, él no entra en el reino de Dios.”

Entonces, usted tiene en el nacimiento mismo del protestantismo, el nacimiento mismo del evangelio, por así decirlo, abajo de la roca en la que estaba escondido durante mil años en el catolicismo, en su despegue mismo el evangelio es definido como estando fundado sobre el odio personal del pecador. Odiarse a uno mismo porque uno llega a ver que en la carne no mora el bien, que no hay nada de valor, no hay nada de dignidad, que somos como dijo Jeremías, engañosos sobre todas las cosas y perversos. Toda parte de nosotros está enferma como dijo Isaías, de la cabeza hasta el pie. No hay ninguna cosa buena en ningún lugar. No hay nada en nosotros que tenga valor, no hay nada en nosotros que tenga dignidad, no hay nada en nosotros que merezca honor o reconocimiento, es venir a la actitud de bienaventuranza de nuevo, de entender la pobreza espiritual, de entender la bancarrota, de entender que usted es absolutamente nada, de ver todo lo que es hecho en su vida, sea religioso, o sea educativo, o sea moral o sea lo que sea, y como el apóstol Pablo decir, “todo es estiércol, todo es basura.”

Esto simplemente no se vende en el culto al amor propio. Pero francamente es absolutamente absurdo sugerir que una persona podría encontrarse con el Dios Santo, el Dios Justo, y entrar en su reino sin querer ser librado del pecado, y sin querer ser librado de entender el pecado como el pecado realmente debe ser entendido, esto es, que es dominante y nos afecta en toda área de nuestra vida. Aquellos que se acercan a Dios, aquellos que se encuentran con Dios en los términos de Dios, que vienen a Dios y entran a Su Reino, invariablemente tienen un sentido abrumador de su propia pecaminosidad. 

Job, quien era el mejor de los hombres, de acuerdo con el primer capítulo, en el capítulo 42 dijo esto, “Había oído de Dios con mis oídos, pero ahora lo he visto.” Y él dijo esto, “Me aborrezco a mí mismo.” En el hebreo, “me odio a mí mismo”, me desprecio a mí mismo, todo lo que soy. Todo lo que soy fuera de Dios, todo lo que soy en mi humanidad, todo y cualquier cosa en mí está tan manchado con la naturaleza caída y corrupción y el pecado, odio. Todo acerca de mí mismo.

El apóstol Pablo al escribirle a Timoteo, dijo en 1 Timoteo 1:15, “Palabra fiel es esta y digna de ser recibida, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” No había nada en Pablo que hiciera que reconociera Pablo ante Pablo, no había nada en Pablo por lo tanto que lo hiciera digno de ser reconocido por alguien más. La gente en la actualidad se jacta sin vergüenza acerca de cuán grande son, cuan bueno soy, cuantas cosas han alcanzado, cuan deseables son, cuan aptos son, cuanto valor tienen. Fue Isaías quien dijo cuando él vio a Dios, “Ay de mí, porque estoy arruinado.” Literalmente, me estoy desintegrando ante mis ojos mismos. Mi imagen entera de mí mismo se está desintegrando, me estoy despedazando. Porque en la presencia de Dios él solo se vio a sí mismo como un pecador miserable. Pronunció condenación sobre sí mismo, porque él dijo que era un hombre de labios inmundos. De eso estamos hablando. Eso es la negación personal. No es, decir, “voy a vender mi casa y voy a dar todo mi dinero, necesariamente a los pobres. No es, decir, voy a vivir en pobreza y en harapos. No es decir eso. No es decir voy a negarme a mí mismo, de lo que es mío en términos de propiedad física o lo que es mío en términos de un trabajo o lo que sea. Es decir, niego que hay en mí algo de valor, algo de dignidad, algo bueno, algo que deba recibir algún reconocimiento, algo que deba ser desfilado como ejemplar, algo que deba ser exaltado. Es este sentido abrumador de ahogarse en su propia pecaminosidad total.

Pedro, de nuevo, en la presencia de Dios en Cristo dijo, “Apártate de mí, porque soy pecador.” Cuando él estuvo consciente del hecho de que Jesús era Dios, porque él estaba controlando los peces ese día, Lucas 5, él no tuvo nada más que odio hacia sí mismo. Él dijo, “Vete, no debes ni siquiera estar cerca de mí. Ni siquiera debes estar a mi alrededor.” La misma actitud en Lucas 18, del publicano quien deja caer su cabeza y ni siquiera mira hacia el cielo porque él ni siquiera cree que tiene el derecho de ver hacia arriba, no sea que Dios lo vea en el rostro, un miserable como él. Y dice, “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Y él golpea su pecho, pero él ni siquiera ve hacia arriba, él ni siquiera quiere hacer contacto visual, por así decirlo, con Dios. Él es así de indigno.

Cuando usted se convierte en cristiano, no es que de pronto se despierta para ver lo que le puede ofrecer usted a Dios. Y muchos otros ejemplos en las Escrituras, de esos hombres y mujeres, quienes cuando realmente vieron a Dios, literalmente fueron aplastados bajo el pecado de que no eran nada, de su propia pecaminosidad. Y francamente, esto es absolutamente algo extraño para la sociedad en la que vivimos. Es extraño para la sociedad que estaba basada en el amor propio y que todo deseo y caprichos sea legitimizado. Cualquier cosa y todo lo que usted quiera debe tenerlo. Usted puede hacer lo que quiera hacer. Usted puede soñar su sueño y vivir su sueño. La meta entera de la vida es que usted desee lo que usted quiera desear y vea que todo sea cumplido.

Insistiendo en derechos, insistiendo en privilegios, insistiendo en respeto, insistiendo en recompensa y honor, y afirmación. La gente que entra al reino de Dios no insiste en nada de eso, se siente a sí misma como indigna de cualquier cosa como esa. La gente que entra al reino de Dios literalmente está abrumada de odio por lo que es. ¡Odio lo que soy! ¡Odio lo que soy! ¡Odio lo que soy porque todo lo que soy es pecado! Ahora, esto produce arrepentimiento, esto produce un volverse, un anhelo por ser librado y rescatado de lo que usted es, y ser hecho en lo que usted no es, sino en lo que usted anhela ser, algo que es bueno, y que vale la pena y tiene valor, y es justo, y útil.

Es de regreso en el capítulo 5 de Lucas y versículo 32 Jesús dijo, “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento.” “No puedo hacer nada por la gente que cree que ya es justa. No puedo hacer nada con la gente que está impresionada consigo misma, o impresionada con su religión, impresionada con su moralidad, impresionada con su dinero, impresionada con su educación, sus méritos. No puedo hacer nada por esas personas, no vine por ellas, no oyen mi mensaje.”

En Lucas capítulo 13, en el versículo 3, Jesús nos dice cuán importante es este arrepentimiento. Versículo 3, “Os digo, no, ante sino os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” Y él está hablando de la muerte y el infierno. En el versículo 5 él lo repite, “Os digo, no, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” Dos veces él nos dice, “van a morir y se van a ir al infierno sino se arrepienten.” Y las únicas personas que se arrepienten, son personas que son pecadoras, que están conscientes de su condición miserable. Esa es la razón por la que la obra del Espíritu Santo es convencer de pecado.

Entonces, lo que Jesús está diciendo aquí es, “Si quieres entrar a mi reino, si quieres seguirme, si quieres ser perdonado de tu pecado, si quieres vida eterna, tienes que comenzar al odiar todo lo que eres fuera de mí. Reconociendo que todo el bien que hay en ti son trapos de inmundicia, menospreciando todo acerca de ti. Y ahora, debido a que todo lo que puedas haber alcanzado, o todo lo que puedas haber ganado, o todas tus supuestas obras han sido redefinidas como algo miserable, y te has visto a ti mismo como alguien totalmente indigno, estás en el lugar perfecto, para estirarte y clamar por misericordia y gracia.

Entonces, el mensaje real del evangelio, es el mensaje de que necesitas comenzar al odiar todo lo que tú eres. Eso simplemente no se vende bien en nuestra sociedad. Y ¿cuándo es que usted llega a oír a un predicador predicar así? Eso no es amigable con el que busca, eso no es encontrarse con la sociedad popular a su propio nivel, lo cual es el nuevo tipo de pragmatismo. Intente eso en las iglesias en donde incrédulos se les presenta un ambiente para que esté incómodos. ¿Cuándo fue la última vez que usted oyó alguien predicar acerca de odiarse a sí mismo, de aborrecerse a sí mismo, de despreciarse a sí mismo, de ver en usted nada de valor? No hay nada en usted, en su mente, en sus emociones, o en su voluntad, no hay nada en su mérito que realmente es bueno. No hay nada digno de honor, nada digno para ser establecido como un ejemplo. Nada. En el mejor de los casos, es bondad humana, que carente del poder de Dios y de la gloria de Dios es una especie de bondad mala.

Jesús siempre estaba llamando a los pecadores a odiarse a sí mismos. El mensaje en la actualidad en la iglesia es, y oí esto de nuevo el sábado, estaba escuchando un evangelista en la televisión. “¿Está usted insatisfecho? ¿siente que sus sueños no están siendo cumplidos? ¿siente un vacío en su corazón? Venga a Jesús y él va a llenar su corazón, él va a cumplir sus sueños y bla, bla, bla, bla.” Y todo tenía que ver con obtener lo que usted quiere de Jesús. Ese no es el evangelio.

En Lucas 24, versículo 47, Jesús dijo, “Cuando vayan a predicar, aquí está el tema. Arrepentimiento para perdón de pecado debe ser predicado en Su nombre, a todas las naciones comenzando desde Jerusalén.” Ahora, sabe usted lo que él dijo, “No comiences cuando salgas de la ciudad, comienza aquí.” No tiene usted un mensaje para Jerusalén y otro mensaje para algún otro lugar. Usted comienza aquí, y comienzan ahora, aquí en Jerusalén dónde no es popular, aquí es dónde comienzas, y a partir de aquí cruzas y cubres todo el globo y vas a toda nación en el planeta y haces lo mismo, predicas que en el nombre de Jesús la gente será perdonada de sus pecados si se arrepienten. Si se arrepienten.

Y el arrepentimiento es el producto del odio personal. Es el producto de esa actitud de bienaventuranza. La gente se arrepiente cuando se ve a sí misma y están avergonzados de lo que ven. Cuando se ven a sí mismos y están rotos, quebrantados de corazón por lo que ven. Es un re-dirigir su evaluación personal entera, que dice, no soy nada, soy menos que nada, soy pecaminoso, soy miserable, soy impío hasta la médula. Y, por cierto, esta no es una obra humana, como dije la última vez, esta no es una obra humana. Esto no es algo que un pecador muerto, ciego, endurecido de corazón, sordo, va a producir por sí mismo. La única manera en que un pecador jamás va a llegar a reconocer esto es cuando el pecador es expuesto a la Palabra de Dios, y el Espíritu de Dios. Cuando el Espíritu de Dios toma la Palabra de Dios y despierta al pecador para que vea su condición verdadera.

Pero ¿cómo es que el Espíritu Santo va a despertar al pecador, para que vea su condición verdadera, al menos de que la verdad sea predicada? Eso es lo que dice Romanos, “¿Cómo oirán sin un predicador?” alguien tiene que decir esto. y el llamado al arrepentimiento no es un mandato a que, en cierta manera, corrija su vida antes de que venga Cristo. Es invertir de manera total la manera en la que usted se ve a sí mismo, e incluye toda parte de su ser.

Tres palabras griegas son usadas en el Nuevo Testamento, para referirse al arrepentimiento, e ilustran tres elementos del arrepentimiento. Está la palabra metanoeo, es usada en varios lugares, es usado en Lucas 11:32; Lucas 15:7, 10. Y esta palabra metanoeo básicamente expresa una inversión de su pensamiento, de su actitud mental. Usted cambia de parecer. De tal manera que el arrepentimiento trata con la mente, usted cambia de parecer acerca de cómo se ve a sí mismo, para verse a sí mismo de la manera en la que usted realmente es. Para verse a sí mismo como las Escrituras dicen que usted es, verse a sí mismo como Dios dice que es usted, verse a sí mismo como caído, depravado, y corrupto de la parte de arriba de su cabeza hasta la punta de su pie.

La segunda palabra que es usada es metamelomai. Y esa es otra palabra griega que significa arrepentimiento. Es usada en Mateo 21:29-32, nada más que enfatiza el remordimiento y la tristeza una vez que la mente ha entendido la nueva definición de quien soy yo. Hay un movimiento consecuente que va de la mente a los sentimientos. Y la emoción entra en juego y hay tristeza y hay vergüenza. Y eso es metamelomai.

Y una tercera palabra, epistrefomai. Esa también es la palabra para arrepentimiento, es usada en Lucas 17:4 y Lucas 22:32. Y de hecho significa que usted cambia de dirección en la vida. Y eso se refiere a su voluntad. Entonces, comienza en su mente, pasa a sus emociones y activa su voluntad. Y esos son los tres elementos que están involucrados en el arrepentimiento. Usted cambia la manera en la que se ve a sí mismo, usted siente remordimiento y tristeza por eso, y entonces usted se voltea y usted se dirige en la dirección del cambio. Y eso lo va a colocar a usted en la dirección de Dios. Y usted va a ser como el publicano en Lucas 18, usted va a estar diciendo, “Dios, Dios, mi mente entiende mi condición miserable, mis emociones la sienten, y entonces ni siquiera puedo levantar mis ojos. Y estoy golpeando mi pecho y después mi voluntad entra y clama a ti, y dice, “quiero que seas misericordioso hacia mí, un pecador.”

Entonces, intelectualmente el arrepentimiento comienza con el reconocimiento de pecado, un entendimiento de la profundidad y amplitud de esa pecaminosidad. Y después pasa a la emoción, la cual tiene un sentido abrumador de tristeza y quebrantamiento, remordimiento. Es la tristeza de la que Pablo habló llevando al arrepentimiento. Y después, en términos de voluntad, involucra un cambio de dirección dejando el pecado, hacia Dios, hacia Cristo, clamando por misericordia. No es solo un cambio de parecer, es un cambio de parecer, de manera de pensar, emoción y voluntad.

David Martin Lloyd-Jones escribió, “El arrepentimiento significa que usted se da cuenta que es un pecador culpable y vil, en la presencia de Dios, que usted merece la ira y castigo de Dios, que usted va camino al infierno, significa que usted comienza a darse cuenta de que esto llamado pecado está en usted, y que usted anhela deshacerse de él, que usted le da la espalda hacia el pecado en toda forma y apariencia. Usted renuncia al mundo, sea cual sea el costo, el mundo y su mente, su manera de pensar como también su práctica. Usted se niega a sí mismo, usted toma la cruz, usted busca a Cristo. Lo más cercano y más querido en el mundo entero puede llamarlo a usted un necio, o decir que usted tiene aún tipo de manía religiosa. Usted quizás tenga que sufrir financieramente, no hace diferencia. Eso es arrepentimiento.” (fin de la cita).

Y esa es la razón por lo que Jesús dijo, “Tienes que odiar a tu madre, tienes que odiar a tu padre, hermano, hermana. Sígueme.” Esa es la marca de todo creyente verdadero. Ahora, ¿por qué estoy diciendo todo esto acerca del arrepentimiento, hoy? ¿por qué estoy hablando en torno a este versículo? Porque hay tanto aquí que quiero que entienda, la gran realidad aquí. De regreso al versículo 23. De eso es exactamente de lo que el versículo 23 está hablando. Está hablando de este tipo de evaluación personal que se manifiesta en el arrepentimiento. Usted quiere venir en pos de Cristo. Usted quiere dejar el camino por el que va y comenzar a seguirlo a él. Eso es un cambio de dirección, eso es un arrepentimiento. Eso es la voluntad.

Bueno, va a comenzar con una evaluación personal, que es dramáticamente diferente de la manera en la que usted siempre se ha visto a sí mismo. Va a tener que usarlo a sí mismo, va a tener que odiarse a sí mismo al grado al que usted va a estar dispuesto literalmente a morir si es necesario. Y esa es la consecuencia, me veo a mi mismo por lo que realmente soy, y entonces porque voy a querer hacer algo sagrado de mi vida. Si me veo a mí mismo por lo que realmente soy, y realmente quiero hacer algo totalmente diferente de lo que soy, entonces, la muerte de hecho, va a ser atractiva para mí. Nunca seré el hombre que debo ser en este mundo, nunca seré el hombre que debo ser hasta que esté muerto, ¿verdad? Ninguno de nosotros lo será. Yo quiero perdón por mi pecado, yo quiero justicia en mí, quiero la totalidad de la bendición de Dios. Cuando vengo a Cristo quiero el pecado fuera del escenario. Estoy cansado de mi pecado, estoy cansado de mí mismo, estoy cansado de lo que soy, quiero abandonar todo eso, quiero venir a Cristo, quiero ir por un camino diferente, quiero ser una persona diferente, y el cumplimiento definitivo de todos esos anhelos y deseos viene después de la muerte.

Entonces, como Pablo, mi vida no es preciada para mí, existe en mí este anhelo por ser lo que quiero ser en Cristo. Lo que anhelo ser en Cristo, lo que deseo ser en Cristo. Está esta hambre y sed de justicia que es característica. Quiero alejarme del pecado, quiero estar en una situación en dónde ya no está presente el pecado. Entonces la muerte es un amigo bienvenido. Esa es la razón por la que Pablo dijo, “Para mí el morir es ganancia, es ganancia. No seré lo que quiero ser, lo que Dios quiere que sea hasta que ya no esté en esta vida.”

Entonces, no es un gran salto si voy a negarme a mí mismo, entonces estar dispuesto a morir, tomar la cruz simplemente significa estar dispuesto a morir. Las cruces eran instrumentos en los que la gente era ejecutada. Y Jesús está diciendo aquí, “la negación personal significa que estás tan cansado de ti mismo, que inclusive estás dispuesto a morir. Ahora, si quieres seguirme, si quieres venir en pos de mí, vas a tener que sentir esto, vas a tener que entender tu condición verdadera, vas a tener que estar abrumado emocionalmente con esta condición, tristeza, vergüenza, al grado en el que estás dispuesto a negarte a ti mismo, estás dispuesto a ir sea cual sea el costo, vas a seguir a Cristo, inclusive si es hasta la muerte, eso es arrepentimiento. Eso es lo que es. Es odio personal, negarse a uno mismo.”

Y sabe una cosa, inclusive ahora, hay una especie de falta de confianza o debería haber una falta de confianza residual en lo que soy, inclusive cierto odio personal. Alguien me dijo, estaba hablando con los alumnos, estaba hablando en la universidad en las últimas semanas prácticamente. Y le estaba diciendo a los alumnos, alguien estaba hablando conmigo y dijo, “Tu sabes, simplemente quiero ser usado por el Señor. Simplemente quiero ser útil para el Señor, quiero ser útil para el Señor.” Y mi respuesta fue, “Bueno, sabes una cosa, realmente no pienso así porque no tengo nada que ofrecerle al Señor.” Entonces, mi oración no es, “Señor, quiero serte útil.” Mi oración es, “Señor, y espero que de alguna manera pueda ser útil por ti.” Espero, no quiero hacer algo por el Señor simplemente espero que el Señor pueda hacer algo a través de mí.

¿Sabe cuál es la diferencia? No me estoy ofreciendo a mí mismo, y diciéndole, “Señor, voy a dar mi vida por hacer algo por ti.” Olvídalo. Sabe una cosa, no soy una máquina que se impulsa a sí misma, únicamente soy una herramienta. Y alguien más tiene que tomarme, tiene que recogerme, y el alguien que me tiene que recoger es Dios. Pero si soy una herramienta que puedes usar, eso es suficiente para mí que tú puedas usar este instrumento indigno, este vaso de barro, como Pablo, como usted sabe este bote de basura, como Pablo nos identifica en 2 Corintios.

Y entonces, eso es bendición. Eso es bendición. No hay nada en mi de valor, no hay nada de mí de utilidad. Y entonces, cuando llego al punto en el que quiero ser librado de lo que soy, y llego al punto de odio personal, y clamo a Dios, no voy a poner ningún limite. No voy a decir, bueno Dios, tú puedes llegar hasta este punto, tú puedes solo tener esto y no esto, hay un abandono total porque no hay nada a que aferrarse. No hay nada ahí, de valor. Esto está ligado a la fe salvadora. Hechos 20:21, arrepentimiento hacia Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo, de tal manera que la salvación viene a aquellos que quieren seguir a Cristo. Y la razón por la que quieren venir en pos de Cristo, es porque creen en él, pero la fe que salva es la fe que es penitente.

Ahora, Jesús en su predicación buscó llevar a los pecadores a este punto. Y la gente que se resistió al mensaje, que más se resistió, fue la gente que mejor se sintió acerca de sí misma, ¿verdad? ¿no es eso verdad? Y, ¿quiénes fueron las personas que mejor se sintieron por sí mismos?  los judíos religiosos, los fariseos, los escribas, los principales sacerdotes, la élite religiosa, la institución religiosa. En sus mentes, eran personas con muchos, muchos méritos. Eran libres, nunca habían sido esclavos de nadie, dijeron. Ellos por así decirlo tenían muy buena percepción, podían ver las cosas de manera verdadera y espiritual. Tenían salud, eran justos, eran buenos.

Y claro, Jesús simplemente destrozó eso. Él les dijo que eran ciegos, él les dijo que eran corruptos, él les dijo que por fuera estaban pintados de blanco, pero por dentro estaban llenos de huesos de hombres muertos, apestosos, cadáveres. Él atacó su justicia personal. Y usted tiene que hacer eso, porque ese es el pecado dominante condenador. Y Jesús constantemente buscó llevar a los pecadores al punto de odio personal, al punto en el que dijeran lo que Job dijo, “Me aborrezco a mí mismo.” Y Job fue un hombre justo cuando dijo eso, ¿cuánto más un hombre injusto necesita decir eso? Pero ellos, debido a que estaban tan inmersos en amor propio y justicia personal, menospreciaron el mensaje de Jesús y lo mataron por él.

No fue que no querían un Mesías, no fue que no necesariamente pensaban que él podría ser el Mesías, querían a un Mesías desesperadamente. Querían como ya aprendimos alimento gratuito, querían el plan médico más increíble jamás diseñado, curación para todo mundo, todo el tiempo y resurrección si usted moría, gratis, sin primas, y sin proceso o tramite que cubrir. Usted simplemente acudía a Jesús y él se encargaba de esos, sin papeleo. Claro que querían eso.

Y lo habrían abrazado, pero Jesús se entrometió en su manera de pensar, con este mensaje de que iban a tener que odiarse a sí mismo, en lugar de amarse a sí mismos. Iban a tener que verse a sí mismos, como los prisioneros pobres y ciegos y oprimidos. Iban a tener que llegar a una actitud de bienaventuranza, pobreza de espíritu, y orando, mansedumbre, reconociendo que estaban privados de justicia, y demostrando un hambre y sed por ella. Iban a tener que estar dispuestos a ser perseguidos, y no aplaudidos. Odiaban ese mensaje porque se amaban a sí mismos. Y así es, si usted se ama a sí mismo, de manera terminal, usted se condena a sí mismo. Si usted se ama a sí mismo, usted odia este mensaje.

Esa es la razón por la que Jesús dijo esto. Mateo 21:31, los publicanos, las personas más despreciadas, más odiadas en Israel eran los publicanos. Los recaudadores de impuesto que habían comprado una franquicia de Roma, una franquicia de impuestos, y después extorsionaban a la gente de su dinero. Y lo hacían con muchos ladrones, y la gente que era lo peor, que hacia lo que necesitaba hacer para obtener el dinero. “Los publicanos, los recaudadores de impuestos, y las prostitutas entrarán al reino de Dios antes de ustedes.”

¿Se puede imaginar usted, si usted es un líder religioso en Israel, y Jesús le dijera eso a usted? Los publicanos, usted le escupía a un publicano, y las prostitutas, entrarán al reino de Dios antes de usted, ¿por qué? porque es más probable que ellos se odien a sí mismos, que usted. Volverse más moral, puede alejarlo del reino de Dios. Hay algo benéfico de revolcarse en las consecuencias de la iniquidad abierta. Tiene su propia capacidad de despertarlo a la realidad de quién es usted en realidad.

He dicho esto a lo largo de los años, la gente se vuelve cristiana cuando está lo suficientemente desesperada, cuando llegan al punto de pánico total por querer ser rescatada. Cuando sabe que literalmente están cayendo por tercera vez, en el mar de su propio pecado. La escoria impía de Israel tenía más probabilidades de reconocer su pecado que los que pensaban que eran buenos. Y nunca hay salvación para nadie, fuera del arrepentimiento. Usted no puede ser salvo fuera del evangelio de Jesucristo, esto es, creer en el que murió y resucitó por usted, el Señor Jesucristo, y todas las verdades acerca de él. Y usted no puede llegar a ser salvo al creer en el Señor Jesucristo, a menos de que esa creencia esté acompañada del arrepentimiento.

Sin embargo, aquí he hecho comentarios de esto. Pero está en mi mente porque seguimos hablando de esto, y tenemos a gente escribiendo libros cristianos que dicen que la gente en algún lugar en el mundo que nunca oyó de Dios, nunca oyó de Jesús, nunca oyó de la Biblia, o del evangelio, puede ser salva al levantar los ojos y decir, “porque yo creo en ti, que tú eres un creador allá arriba, y creo en ti como creador,” van al cielo. En otras palabras, “Dios” dice un escritor, “sería injusto si no los llevara al cielo. No sólo no tienen que creer en Jesús como Señor, ni siquiera tienen que creer en Jesús. Ni siquiera tienen que saber que hay un Jesús.” Pero, ¿qué hay acerca del arrepentimiento? ¿en dónde está eso? ¿qué hacemos, simplemente eliminamos eso? Eso es algo cómodo, Jesús dijo, “¿quieres venir al reino? Va a demandar más que creer que hay alguien allá arriba. ¿Dónde está la vergüenza? ¿Dónde está el remordimiento? O ¿Dónde está la convicción abrumadora del pecado de uno?

Y entonces, el principio es simplemente básico. Es verdad del evangelio básica. ¿quieres seguir a Jesús? Entonces, ódiate a ti mismo. El odio total hacia uno mismo, consciente de que no tenemos valor alguno en esta condición no-redimida. Inclusive en la condición redimida, nuestro único valor es como una herramienta recogida por el Señor soberano. Entonces, hay negación personal, y después llevar la cruz, y después seguir. Eso es obediencia justa, conforme seguimos a Cristo. Eso es simplemente recordarle lo que está involucrado en este principio.

Ahora, permítame hablarle de la paradoja por tan solo un par de minutos. Extendiendo este principio en una paradoja, Jesús dice esto en los versículos 24 y 25, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿que aprovecha al hombre si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Aquí está la paradoja, el principio es claro, aquí está la paradoja, ¿quiere salvar su vida? Va a tener que perderla. ¿Quiere usted perder su vida? entonces aférrese a ella. Aquí Jesús explica lo que él ha estado diciendo. Lo que él ha estado diciendo es que tienes que negarte a ti mismo. Esto es, entrega tu vida, vendes todo. Abandonas todo por Cristo. Usted no añade Cristo a su vida, usted abandona todo, usted vende todo. Literalmente mediante el suicidio personal por así decirlo, la negación personal, usted gana todo.

Por otro lado, usted quiere salvar su vida, versículo 24, “Todo aquel que quiera salvar su vida”. No significa, usted sabe, usar un cinturón de seguridad y tener bolsas de aire. No está hablando de eso. O someterse a alguna cirugía para ayudarle con una enfermedad, no estamos hablando de vida física, estamos hablando de su alma eterna, aquí, su alma eterna. Entonces, ¿quiere salvar su alma? ¿Sí? ¿quiere salvar su vida? ¿quiere rescatarse a sí mismo? Entonces, piérdase a sí mismo. Esa es la única manera. ¿Quiere perderse a sí mismo? ¿Quiere estar perdido en el infierno eterno, sufriendo castigo para siempre? Entonces, aférrese a su propia vida. Esa es la paradoja simple.

Mateo 10:39 es otro lugar en donde Jesús dice esto. Esto prácticamente es predicación rutinaria para Jesús. Mateo 10:39, “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” Otro lugar, que creo de hecho es una exposición de lo que esto significa es Juan 12:25, en donde Jesús también repite esta misma paradoja. Juan 12:25, escuche estas palabras, “El que ama su vida, la pierde.” Como puede ver, quiere salvar su vida porque la ama. Usted ama como es usted, usted se ama a sí mismo, usted ama sus propios deseos, sus propias ambiciones, sus propios sueños y metas. Usted ama sus propios honores, sus propios méritos, su propia voluntad, su propia manera de vivir. Si usted hace eso, usted la va a perder.

Y después Jesús dijo, “Y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida eterna.” Y ahí Jesús dice que usted tiene que aborrecer su vida. Estoy seguro de que de ahí Lutero obtuvo el término ‘odio personal’. Si usted se ama a sí mismo, si usted está enfocado en el amor personal y la autoestima y asegurarse de que todas sus necesidades pequeñas son satisfechas, asegurarse de que usted cumple todas sus fantasías y sueños, y planes y esperanzas y ambiciones, usted va a perder su vida. Usted va a perder su vida en el infierno eterno. Si usted se ama tanto como para aferrarse como el joven rico, usted se va a ir sin vida eterna. Pero si usted se odia a sí mismo, entonces usted va a recibir vida eterna. ¡Que opción tan tremenda, tremenda! Digo, es simplemente la opción definitiva. Eso es todo, o usted salva su vida ahora, o la pierde para siempre. Pierde su vida ahora y la salva para siempre. Así de simple.

Y hay una pequeña frase en el versículo 24 que necesita ser señalada, “Por causa de mí, por causa de mí.” No está hablando de una especie de, me imagino lo podría llamar negación personal filantrópica. Él no está diciendo, “pierda su vida en causas de justicia, pierda su vida en causas de religión, o entréguese para convertirse en un sacerdote o monja, o inmolarse a sí mismo, prenderse como antorcha como un sacerdote budista para mostrar su devoción a Dios, o amarrarse bombas en usted como un musulmán devoto y pensar que se está explotando a sí mismo para llegar a una experiencia celestial con setenta y dos vírgenes de ojos negros, que están esperándolo a usted sobre almohadas verdes, a un nivel de devoción a Alá.”

No estamos hablando de, sólo hay un tipo de perderse a sí mismo aquí, sólo hay un tipo de menosprecio personal, un tipo de negación personal y eso es por causa de Mí. No hay valor ni virtud en lo que esas personas hacen cuando un budista se incinera, o cuando un musulmán se hace explotar. Se incineran y se explotan a sí mismos y llegan al infierno eterno. No se acredita algún tipo de mérito a su cuenta, sin importar con cuanta devoción religiosa lo hacen. Sin importar cuan extremo haya sido el nivel de devoción. De lo que Jesús está hablando aquí, es un hombre abandonando su vida, negándose a sí mismo, odiándose a sí mismo, en la desesperación de su condición pecaminosa, y entregando su vida a Jesucristo, por causa de Mí. Debido a mí, es lo que eso significa, debido a mí. La única manera en la que usted jamás va a salvar su vida eternamente, la única manera en la que usted jamás va a pasar la eternidad en el cielo, en la presencia de Dios, y en la plenitud del gozo, es cuando usted haya entregado su vida entera a Jesucristo.

Versículo 25, Jesús hace esta afirmación que es realmente interesante. “Pues que aprovecha el hombre, si gana todo el mundo, y se destruye, o se pierde a sí mismo.” Esto es hipérbole, de hecho, en la categoría de la ilustración esta es la hipérbole definitiva. Jesús está diciendo, “Sé lo que están pensando, sé lo que están pensando. Están pensando, bueno, yo ciertamente soy un buen hombre y tengo este mérito y aquel mérito, y este honor, y este honor, y esta ambición, y este deseo. Y me gustaría hacer esto y hacer aquello, y tengo algunos de mis propios planes, y tengo algunas de mis relaciones que quisiera proteger y tú sabes, tengo mucho que entregar… ¡Me estás pidiendo mucho!   

El joven rico dijo, “Tu sabes, soy rico. Estás pidiendo mucho.” Entonces, Jesús dijo, “Muy bien, aquí hay una ilustración hipotética. ¿Qué tal si fueras dueño del mundo entero? ¿Qué tal?” Esa es la hipérbole definitiva. Usted no puede ir más allá de eso. “Muy bien, digamos que usted fuera del mundo entero. Que tuviera todas sus posesiones, todas sus casas y autos, y ropa, y propiedades y todos sus honores y prestigio, y todo su poder, y toda su capacidad para que usted tuviera todo lo que tiene en término de beneficio material, en término de reconocimiento, en términos de prestigio, prominencia, poder, lo que usted diga. Usted tiene todo, ¿qué aprovecha? Entonces, ¿qué? ¿de qué te aprovecha?

La palabra simplemente significa, ¿Qué beneficio es? ¿Qué bien es? ¿Qué utilidad tiene? ¿De qué ayuda, si te destruyes o te pierdes a ti mismo? Tú, el tú eterno, como Mateo lo registra, “¿Qué dará un hombre en intercambio por su alma?” ¿Cuánto vale tu alma? ¿Cuánto vale tu alma eterna? Vale más que el mundo entero en el tiempo. Vas a estar muerto en unos cuantos alientos, vas a vivir para siempre. No quieres decir, la creencia común de la humanidad que usted sabe que, el que posee más cosas terrenales es el más feliz. Simplemente porque tienes más cosas o mejores relaciones, una relación diferente o más poder o más influencia o más honra, o más de lo que sea.

Pero Jesús dice, “Si posees literalmente la suma total de todas las riquezas terrenales, y pierdes tu alma eterna, ese es un negocio malo. Ese es un negocio malo. ¿De qué sirve de que ganes el mundo entero y pierdas tu propia alma? Entonces, Jesús dice, “Mira, mejor entregar tu vida ahora, en el reconocimiento que de cualquier manera no es nada. Y después será algo glorioso, y algo maravilloso, y algo bendito, y algo gozoso, y algo poderoso, algo pacífico, y algo honorable, por los siglos, de los siglos, de los siglos. Ese es el mensaje del evangelio. Esa es la decisión que usted toma. La próxima vez vamos a ver los versículos 26 y 27, cuando Jesús dice, “Toda persona va a estar delante del trono de juicio, en el tribunal final y será juzgado eternamente en base a cómo respondió a este mensaje.”

Permítame resumirlo. Simple. El amor personal lo va a enviar a usted al infierno. El odio personal lo va a enviar al cielo. Creer en el Señor Jesucristo es esencial. Creer en el Señor Jesucristo en relación con el arrepentimiento genuino es requerido. Ambos son una obra poderosa del Espíritu de Dios, en un corazón dispuesto mediante la verdad entendida. Esa es la razón por la que predicamos esa verdad.

Padre, venimos ahora al cerrar nuestro servicio maravilloso en esta mañana, agradeciéndote por los himnos y la música y las canciones. Y agradeciéndote por la oportunidad de venir ante Ti en oración, y por dar, y ahora agradeciéndote por la Palabra. De nuevo, hemos oído de los labios mismos del Salvador, de nuevo, hemos sido traídos por así decirlo, ante Tu presencia misma, y Tú has hablado. Esta es Tu verdad, esta es verdad dada a nosotros en gracia, amorosamente, verdad que no necesitaba ser revelada, pero fue revelada porque Tú por naturaleza eres un Dios que salva, un Dios que busca salvar pecadores.

Oramos oh Dios, que la predicación de esta verdad, el mensaje de la cruz, que es locura al mundo, sea el poder de salvación para muchos que oigan y crean. Oramos oh Dios, que Tu lleves a cabo una obra de odio personal y negación personal en los corazones de muchos. Inclusive aquellos de nosotros que somos creyentes, que Tu continúes cultivando eso en nosotros para que nunca caigamos en el pecado horrendo de soberbia y confianza en nosotros mismos, sino siempre sepamos que hay una maravilla, casi una sorpresa cuando Tú en Tu gracia escoges usarnos como un instrumento para Tu gloria.

Te damos gracias Padre, porque el Espíritu de Dios lleva a cabo estas cosas en el corazón mediante la verdad. Oramos con ese fin en mente, inclusive el día de hoy. En el nombre del Salvador. Amén.

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