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Si es tan amable en abrir su Biblia en el evangelio de Lucas, en el capítulo 20, vamos a regresar a la Semana de la Pasión, la semana de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, y veremos el siguiente de los textos en esta serie que Lucas nos da para registrar tanto la historia terrenal como espiritual de esta gran semana. Lucas capítulo 20, y quiero comenzar leyendo en el versículo 9, el cual incluirá la parábola, que estudiamos la última vez, porque es esencial para lo que sigue, lo que veremos en esta mañana. Lucas capítulo 20, versículo 9.

“Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo; más ellos también a éste echaron fuera, herido. Entonces, el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. Más los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.

Y le echaron fuera de la viña y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! Pero él, mirándolos dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: la piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; más sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. Y acechándole, enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.

Y le preguntaron diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a Cesar, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que, maravillados de su respuesta, callaron.”

La historia de Israel es un relato largo y trágico de rebelión en contra de Dios, pecado en contra de Dios, indiferencia hacia la revelación de Dios, desobediencia a la ley de Dios y a la voluntad de Dios, inclusive al nivel de matar a los profetas, matar a los mensajeros que vinieron a ofrecer gracia, y misericordia y perdón, y bendición y salvación, y vida eterna. Y la guerra en contra de Dios culmina en el asesinato del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Esa historia se resume en la parábola que leí, en los versículos 9 al 18. A pesar de toda la revelación profética del Antiguo Testamento que apuntaba de manera inequívoca a Jesucristo, esta generación que cometerá el acto final descrito en la parábola, matar al hijo, rechaza al que de manera inequívoca es su Mesías.

Ellos sabían de Su nacimiento virginal, Su vida sin pecado, Sus palabras divinas, obras divinas. Ellos sabían que Él tenía poder sobre los demonios, la enfermedad, la muerte. Ellos sabían de Su autoridad sobre el mundo creado, para calmar el agua y el viento, y crear alimento. Ellos sabían que Él les ofreció el reino de Dios, salvación, vida eterna, bendición. Y todas estas cosas que eran una realidad de Él estaban conectadas a promesas y profecías del Antiguo Testamento. Aun así, en patrones que fueron coherentes con la historia de Israel, lo rechazaron. Nunca negando Su poder, nunca negando Sus milagros, nunca negando Su sabiduría, aun así, lo rechazaron.  

Y comenzó con los líderes, y los lideres influencian a la nación. ¿Por qué es que los líderes religiosos, la élite confesada como tal por sí misma, eruditos y teólogos del Antiguo Testamento, aquellos que eran más religiosos que otros, aquellos que supuestamente estaban más a tono con Dios y la Escritura que todos los demás? ¿Por qué es que ellos lo rechazaron? Y la respuesta no es complicada, la respuesta es porque sus corazones estaban dominados por el pecado. Un complejo del tipo de pecado más horrendo, como lo veremos. Permítame explicarle la escena un poco para usted. Es miércoles de la semana de la pasión. Miércoles. Para el viernes, Jesús será crucificado. En este miércoles, Jesús pasó el día en el templo rodeado por masas de personas que habían llegado a Jerusalén porque era el tiempo de la Pascua.

Y cuando Jesús llegó a la ciudad de ellos, en una euforia de esperanza, querían que Él fuera el Mesías que habían esperado por mucho tiempo, y entonces le dieron una entrada triunfal, y todavía estaban aferrándose a todo lo que Él hizo, y toda palabra que Él dijo el miércoles en el templo. Él está enseñando a estas grandes multitudes, pero en toda multitud los líderes religiosos están presentes. Y hay confrontaciones repetidas entre Jesús y estos líderes religiosos. La multitud simplemente quiere oírlo enseñar, quieren que Él diga las cosas que anhelan oír. Los líderes religiosos quieren atraparlo en Sus palabras. El pueblo sabe que Él es un obrador de milagros. Ellos saben que resucitó a Lázaro de los muertos. Ellos quieren que sea el Mesías que han esperado por mucho tiempo. Y en este momento, el miércoles todavía esperan que Él de hecho sea ese Mesías.

La corriente no se ha vuelto en contra de Él, pero los líderes lo han odiado por mucho tiempo. Lo han odiado por años, lo quieren muerto y lo quieren muerto rápidamente. Y van a conseguir lo que quieren para el viernes. La misma multitud que clamó ¡Hosanna! el lunes, clamará ¡Crucificadle! el viernes. El cambio es masivo, 180 grados. Y los líderes religiosos, esencialmente son los arquitectos de este cambio, son brillantes. ¿Cómo puede usted cambiar la dirección entre cientos de miles de personas, en unos cuantos días, de reconocer a alguien como alguien que podría ser el Mesías a querer Su sangre como un criminal y un impostor? Ellos poseen un tipo de inteligencia malévola, y cada día lo quieren muerto más de lo que lo desearon el día anterior. Y cada hora lo quieren muerto más de lo que lo desearon la hora anterior. Y todo lo que Él dice únicamente escala o incrementa la enemistad de ellos. Toda confrontación que tiene con ellos únicamente solidifica su objetivo y su propósito.

Para cuando llegamos a nuestro texto, el cual comienza en el versículo 19, están a un nivel incomparable de desesperación. Jesús es popular, sumamente popular. Él tiene la atención de las masas, y Él les está diciendo cosas, que son destructivas en contra de estos líderes religiosos, y el pueblo lo sabe. Observe el versículo 19, “Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron,” esto es el pueblo, “que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.” Ellos lo estaban entendiendo. Jesús no nada más les estaba enseñando teología, Él estaba desenmascarando la farsa de estos líderes religiosos, para el pueblo. Ellos fueron los que mataron a los profetas en el pasado, siempre habían sido guiados por los líderes falsos. Son los que guiarán la ejecución del Hijo de Dios, también.

Había mucho en riesgo, el pueblo era pro-Jesús, y se estaba volviendo más y más anti-fariseo, anti-saduceo, anti-herodiano, el complejo de sectas que constituían a los líderes religiosos poderosos e influyentes. Tienen que detenerlo, tienen que cambiar la dirección de la multitud en otra dirección. Ese no es un trabajo fácil. Si hubieran hecho lo que ellos hubieran querido, lo habrían apedreado ahí, al estilo judío, antiguo, encuentra un risco arrójalo y aplástalo bajo las piedras. No pueden hacer eso. Cesar ha quitado su derecho de ejercer la pena capital. Cesar tiene el poder de quitar la vida. Los judíos no. No pueden hacer eso, tienen que diseñar una manera de deshacerse de Jesús, preservar su propia posición, y hacer que la multitud gire 180 grados hacia la otra dirección. Y en este texto vemos su inteligencia malévola operando.

Ahora, hay muchas maneras en las que usted podría dividir este texto para entenderlo. Pero creo que quizás la que es más directa es verla como un complejo de pecados, y llamarla un diagnóstico de los que rechazan a Cristo. Realizar algo de patología espiritual. Ver esos pecados específicos que caracterizan sus esfuerzos. Comencemos con el pecado del odio en el versículo 19, esa fue la realidad dominante. Odiaban a Jesús. Versículo 19, “Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora.” Si hubieran podido hacer lo que querían, lo habrían tomado ahí en ese momento, en ese lugar, menciono a los escribas y a los fariseos. Los escribas, como usted sabe eran los eruditos, los interpretes de la ley, los teólogos, los principales sacerdotes, eran aquellos que eran los sacerdotes más prominentes.

También eran de acuerdo con Mateo, y Mateo registra este mismo incidente, en Mateo 22, Marcos lo registra, Marcos 12. Entonces, usted tiene tres relatos diferentes de esto, los cuales se mezclan de manera maravillosa. Y voy a hacer referencia a algunos de los otros conforme avancemos. Mateo 22:15 dice que incluyeron a los fariseos. Entonces, usted tiene a los principales sacerdotes, tiene a los escribas y usted tiene a los fariseos. Para este momento, el odio de los principales sacerdotes, los escribas y los fariseos está muy bien establecido. Mateo nos dice que había otro grupo ahí, Marcos también, llamados los Herodianos. Los herodianos son otra secta, son un partido político de judíos pro-Herodes.

En cierta manera, son los extraños, a los judíos no les caían bien en particular los herodianos. No son judíos, eran hasmonianos. Sin embargo, tenían poder dominante y liderazgo en la tierra de Israel. Esa no era una situación fácil para los judíos, particularmente para los fariseos y otros que eran celosos del judaísmo. Pero habían algunos que lo vieron útil para sí mismos, ser pro-Herodes porque los Herodes eran ricos y poderosos. Los fariseos, básicamente odiaban a los herodianos, porque los herodianos eran políticos puros que querían aferrarse al poder que reinaba y sabían que para hacer eso tenía usted que jugar el juego con Roma. Los fariseos estaban dispuestos a hacer eso un poco, pero no al grado que los herodianos lo hacían. Pero, de manera sorprendente los fariseos y los herodianos se pueden unir para deshacerse de Jesús, y esto no es nada nuevo.

En Marcos capítulo 3, versículo 6, mucho antes de esto, al principio del ministerio galileo de Jesús, dice, los fariseos salieron inmediatamente y comenzaron a hablar con los herodianos en contra de Jesús, para saber cómo podían destruirlo. Entonces, han estado en alianza, o trabajando juntos para deshacerse de Jesús literalmente, por años. Entonces, usted tiene a todo mundo juntos en esta situación, escribas, fariseos, sacerdotes, herodianos. Algunos de los sacerdotes, sin duda alguna habrían sido también saduceos. Los saduceos eran liberales religiosos, los fariseos eran los fanáticos y fundamentalistas religiosos, los herodianos eran los que estaban motivados por la política. Todos están juntos, junto con los teólogos, llamados: escribas. Todos tenían el mismo fin en común, deshacerse de Jesús.

Entonces, aquí está el grupo de cerebros del judaísmo de ese día. Y Mateo nos dice que estaban tramando juntos. Esta es una junta de alto nivel, multilateral, una junta de todas las mentes que tienen un fin en común, deshacerse de Jesús. Y realmente querían echarle mano en esa misma hora. No quieren esperar una hora más, querían tomarlo y matarlo, pero no pudieron, ¿Por qué? temieron al pueblo. Porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola. Si hacían algo que se viera como lo que Jesús dijo que iban a hacer, entonces habrían creado una profecía en la que ellos la habrían cumplido y habrían traído la ira del pueblo sobre sus propias cabezas. Tenían que jugar esto con mucho cuidado. Tenían que encontrar un camino.

Simplemente piénselo. Volver esta multitud enorme, de tener actitudes positivas hacia Jesús, hacia tener actitudes negativas hacia Jesús, de querer que Él fuera su rey, a querer que Él muriera. ¿Cómo iban a hacer ellos eso? Sólo había una manera, solo había un poder de ejecución en la tierra, y esa era Roma. Al final, Roma tenía que matarlo, pero no necesitaban que Él muriera para que el pueblo se volviera en contra de Él. Lo único que necesitaban hacer es que Roma lo arrestara. Eran anti-Roma, todos ellos realmente, jugaban el juego que necesitaban jugar con Roma, para mantener su poder, pero odiaban de manera amarga todas las cosas que eran romanas, y sabían que el pueblo menospreciaba todas las cosas que eran romanas. Pero necesitaban la ayuda de Roma, no solo para ejecutar a Jesús, sino que necesitaban que Roma lo arrestara y lo necesitaban rápidamente.

¿Cómo iban a hacer eso? Roma era hipersensible acerca de un crimen, insurrección, insurrección. Se enorgullecían de la Pax Romana, de mantener la paz romana. Ellos se enorgullecían de aplastar rebeliones, se enorgullecían por ejecutar a los insurrectos y a los rebeldes. Necesitaban atrapar a Jesús en una afirmación de insurrección. Y después los herodianos, lo reportarían porque tenían todas las líneas de comunicación hacia los romanos, quienes entonces ejecutarían rápidamente a este rebelde, como lo hicieron con otros rebeldes así.

Entonces, los fariseos, y los escribas, y los principales sacerdotes, y los herodianos, se reúnen, tienen esta junta de planeación, para diseñar una estrategia para que esto suceda. Lo único que necesitaban hacer era que los romanos lo arrestaran, y eso haría que el pueblo se vuelva en contra de Él. ¿Por qué? porque, el pueblo cree que el Antiguo Testamento prometió que su Mesías vendría y establecería un reino, ¿verdad? Y no estaban equivocados en esto, el Mesías vendría y establecería Su trono en Jerusalén, en Israel, libraría a Israel de todo el dominio gentil, y entonces Israel sería la nación primordial sobre el mundo entero, que cuando el Mesías viniera, Él establecería un reino que rompería la espalda de toda la tiranía gentil, pagana, blasfema, idolatra. Cualquier persona que quería ser aceptado como un Mesías, tendría que ser anti-gentil, anti-Roma. Y si podían hacer que Jesús apareciera anti-Roma, Roma entraría rápidamente.

Y tan pronto, como éste que pretendía ser el Mesías mostrara que Roma tenía el poder sobre Él, y no que Él tenía el poder sobre Roma, la actitud cambiaría, porque Él no podía ser el Mesías. ¿Cómo es que van a hacer que esto pase? ¿Cómo van a convertir a Jesús en lo que parece ser un revolucionario peligroso? Los romanos ya sabían que Él tenía poder sobre masas de gente, lo podían ver ante sus propios ojos. Y Pilatos estaba en Jerusalén en este momento, aunque él no siempre estaba ahí, vivía en otro lugar. Él estaba ahí porque era la Pascua y la ciudad estaba llena de estos peregrinos. Y él estaba ahí para asegurarse que él mantuviera las cosas bajo control. Ellos tenían que hacer que Jesús fuera arrestado por los romanos, y eso finalmente probaría que Él no era el Mesías.

Entonces, ¿cómo van a hacer que Roma lo arreste? De regreso al versículo 20, al final del versículo. Podían entregarle al poder y autoridad del gobernador. Ese era el objetivo entero. Entonces, lo que usted tiene aquí es una especie de enojo, impotente. Ellos lo odian tanto, su odio está al nivel más alto, lo quieren muerto, pero deben proteger sus propias posiciones, porque temen al pueblo. Esto describe su odio. Y un segundo pecado, su soberbia, su soberbia. En esa afirmación en el versículo 19, “Pero temieron al pueblo, porque el pueblo comprendió que contra ellos había dicho esta parábola,” que ellos eran los homicidas del Hijo de Dios. Ellos temían al pueblo.

¿Qué quieres decir conque temieron al pueblo? Temían que perderían la estima del pueblo, la confianza del pueblo. Cómo puede ver, la popularidad, la aceptación, la elevación, el honor, el respeto, venía a ellos por parte del pueblo. Se alimentaban de esto. De hecho, era esencial para alimentar sus egos de justicia personal. Les encantaba llamar la atención a sí mismos. Les encantaba usar cierta ropa y actuar de cierta manera, y conducirse con ciertas conductas que llamaban la atención de la gente a ellos, y hacia que ellos parecieran ser piadosos y santos, y elevados, y superiores. Buscaban los principales asientos en los banquetes, Jesús dijo en Mateo 23, querían que la gente los llamara “padre,” maestro, ellos necesitaban a la gente como todos los líderes religiosos falsos los necesitan. Todo su poder, todo su honor, toda su estima, toda su posición, toda su prominencia vino del pueblo.

Y el pueblo en este momento todavía está sintiendo el eco de la entrada triunfal, de que Jesús podría ser el Mesías. Mateo 21:46 dice: “Estos líderes temían a la multitud porque la multitud creía que Jesús era un profeta,” por lo menos él era un profeta. Y, entonces tenían miedo de ir en contra de la multitud, porque necesitaban a la multitud. Por cierto, las palabras del Nuevo Testamento, las palabras de nuestro Señor mismo, en Mateo 23, nos dicen que estos líderes no tenían amor hacia la gente. No amaban al pueblo. De hecho, usaban a la gente y abusaban de la gente. Acumulaban sobre ellos cargas pesadas, cargas legalistas, y ellos ni siquiera levantaban un dedo para ayudarles a cargar esas cargas.

Jesús dijo que colocaron un yugo sobre ellos que ninguna persona podía llevar. Gobernaban mediante temor, intimidación, la manera en la que todos los líderes religiosos falsos lideran y trabajan. Colocaban a la gente bajo el temor de si nos los obedecían, y hacían lo que ellos decían se irían al infierno, se perderían el reino de Dios. No hicieron nada por el pueblo, los convirtieron en hijos del infierno, los hicieron peores, mediante su doctrina falsa. Y ellos no tenían nada más que menosprecio hacia la gente, los menospreciaban. Los veían como menos que ellos, nunca los invitaban a sus hogares, o a sus banquetes o a sus cenas. No tenían contacto con ellos, no agradaban a Dios, pero tampoco agradaban a los hombres, ellos se agradaban a sí mismos, que alimentaban sus almas soberbias, mediante los reconocimientos de aquellos a los que intimidaban y abusaban. Y ellos sabían, que, si Jesús era arrestado por los romanos, las esperanzas de la gente en Él, serían aplastadas, y se desharían de Él, y asegurarían su prominencia continua.

Entonces, están llenos de odio y están llenos de soberbia. Y tienen que encontrar otra manera, porque no nada más pueden echar mano de Él, el cual es un término que significa agarrarlo o llevarlo, sea para matarlo o a los romanos, para que entonces lo maten, hasta que tengan una razón. Si hacían eso, sin alguna razón aparente, ante la gente, la gente se volvería en contra de ellos. Entonces, tienen que convertir la actitud de la gente, eso los lleva a un tercer pecado, en este complejo de pecados, hipocresía. Tienen que jugar su juego, el juego en el que son tan expertos, el juego de la hipocresía. Todos los líderes religiosos falsos son hipócritas en ese entonces, ahora y siempre. Y son maestros en su disfraz.

Entonces, el versículo 20 dice, “acechándole,” están observando. ¿Qué están buscando? Enviaron espías que se simulasen justos a fin de sorprenderlo en alguna palabra, para entregarle el poder y autoridad del gobernador. El fin del plan entero era llevarlo a Pilato, el gobernador romano que representaba a César, cuyo trabajo consistía en asegurarse que no hubiera problemas en Israel. Quien enfrentaría a cualquier rebelde o insurrecto. Tenían que llevarlo al gobernador. Para llevarlo al gobernador tenían que sorprenderle en alguna afirmación que causara que los romanos quisieran arrestarlo y matarlo.

Para sorprenderlo en algún tipo de afirmación tenían que encontrarlo en el momento correcto, entonces lo observaron e enviaron espías disfrazados como verdaderos buscadores de la verdad, honestos. Por cierto, Mateo dice que los espías eran discípulos de los fariseos, junto con los herodianos, porque los herodianos tenían el acceso directo a los romanos. Primordialmente estaban en alianza, están en alianza cercana. Entonces, la idea era, vamos a sorprenderlo en algo, y los herodianos iban a llevarlo rápidamente a los romanos, debido a que los herodianos no tiene problemas religiosos en la parte de arriba de su lista, más que políticos, sería más creíble si la historia es contada por los herodianos.

Esa pequeña frase, “se simulasen justos,” era un estándar entonces para la religión falsa, y siempre lo es. Pretendían ser justos, lo que de hecho querían era atraparlo, sorprenderlo en alguna afirmación, algo que dijera que hiciera que Él fuera arrestado y llevado a las autoridades romanas y ejecutado como un líder de una rebelión, un rebelde. Pilato, como dije, estaba ahí, iban a usar a Pilato para matar a Jesús, pero escúche esto, no necesitaban que Jesús fuera matado para cambiar la actitud de la gente. Querían que fuera matado, y ellos querían cumplir su deseo, únicamente necesitaban que Él fuera arrestado, eso es todo. Los judíos esperaban, el pueblo, la gente esperaba que el Mesías viniera y derrocara a todo el dominio gentil para que viniera, estableciera el reino prometido por los profetas, librara a Israel de las naciones y estableciera a Israel sobre todas las naciones, cualquiera que decía ser el Mesías tenía que estar listo para separarse del poder gentil. Cualquier Mesías verdadero vería a Roma como un intruso indeseable, impío, idólatra, blasfemo, pagano, un usurpador.

El Mesías entonces, por naturaleza tenía que ser un revolucionario. Tenía que ser su meta establecer el reino, romper el dominio gentil, llevar a un fin la idolatría en el establecimiento del reino de Dios. Y eso es verdad, los profetas dijeron todo eso, la próxima vez que Jesús venga, eso es lo que Él hará. Los profetas también hablaron del hecho de que Él vendría y sería un sacrificio por el pecado la primera vez, pero ellos únicamente están viendo el final. Todos los judíos habrían afirmado en un coro unánime, el Mesías vendrá y destruirá a blasfemos gentiles que han dominado esta tierra. Y va a volver a levantar el estándar de Dios y el reino de Dios aquí. Ellos sabían que el pueblo quería eso. Y asumieron que Jesús se vería forzado a estar de acuerdo con eso. Si Jesús quería continuar ser visto como el Mesías, Él habría que tenido que estar de acuerdo con eso.

Ahora, ellos no pensaban que Jesús era el Mesías. Tenían la confianza plena en que Él no era el Mesías. Ellos pensaron que Él simplemente era un hombre tratando de hacer que la gente pensara que Él era el Mesías. Y para mantener el juego, Él se vería forzado a tomar, a adoptar la postura popular de que tenemos que derrocar a Roma. Entonces, lo único que tienen que hacer es colocarlo en una posición en la que Él tiene que decir eso. Y una vez que los romanos lo arresten y Él muestra que Roma tiene el poder sobre Él, Él no tiene el poder sobre Roma, y la gente se va a volver en contra de Él en un minuto. Se acabará y los romanos lo matarán.

Entonces, están buscando su momento. Eso lleva al cuarto pecado, adulación. Finalmente encuentran su momento, en el versículo 21: “Y lo cuestionaron, diciendo,” observen como lo preparan con adulación, “…Maestro,” esa palabra estaba reservado únicamente para el más alto de los rabinos. Lo están elevando, debió haber sido doloroso para ellos hacer esto, lo odian. Pero dicen lo que piensan que necesitan decir. Y hay dos razones por las que hablan como hablan: una, quieren elevar a Jesús en la mente de Él, para hacerlo sentir soberbio para que Él trate de actuar de una manera que es coherente con lo que han dicho. En segundo lugar, quieren mostrar que están de acuerdo con el pueblo, porque así es como el pueblo pensaba de Él, Maestro. La gente pensaba que era un maestro y uno astuto en esto, “Sabemos que tú hablas y enseñas correctamente.” Esa era la postura popular.

Está usted aquí viendo la postura popular. Nos están diciendo cual era la sabiduría convencional, lo que el pueblo pensaba, lo que la gente pensaba. Tú enseñas y hablas correctamente, tú no eres parcial hacia nadie, pero enseñas en verdad el camino de Dios. Esto es adoración absoluta. Esto tiene la intención de destruir. Esto también es verdad. ¿No es cierto? Todo lo que dijeron es verdad. Él es el maestro, Él habla y enseña correctamente, Él no es parcial hacia nadie, y Él enseña el camino de Dios en verdad y nada más. Eso es verdad. Esa también era la manera en la que el pueblo lo estaba viendo.

“Tú hablas y enseñas correctamente,” Eso es “orthos” en griego, orthos, menciona esa palabra porque de ahí obtenemos ortopédico, simplemente significa derecho o recto. También obtenemos la palabra “ortodoxo,” la cual realmente viene de dos palabras: orthos, y doxología, o doxa. Dar honor correcto a Dios. Tú hablas verdad. Ortodoxa. Tú no eres parcial hacia nadie, el texto de Mateo, una pequeña variante, literalmente dice en el griego, “Tú no ves el rostro de los hombres.” En otras palabras, Tú no ajustas tu mensaje, por el tipo de respuesta que está recibiendo o con quien estás hablando. Tú no te equivocas, tú no cambias debido a la opinión humana o la consecuencia.

Todo esto es absolutamente verdad. Ellos no lo creen, ésta es la idea popular, pero también es la verdad. Y después, llegan a su punto elevado, “Enseñas el camino de Dios en verdad.” Tú enseñas el camino de Dios en verdad. Aborrecedores hipócritas, soberbios, lo único que quieren hacer es adular a Jesús, elevar Su ego, para que Él se vea forzado a hacer algo coherente con la manera en la que lo han retratado de manera abierta y pública para que Él no se vea mal, para que Él no pierda la reputación que acaban de establecer para Él. Habiendo sido adulado públicamente, y habiendo sido elevado públicamente, su ego llevado tan elevado, Él no va a querer contradecir este reconocimiento exaltado.

Entonces, lo están colocando en un lugar en dónde Él se va a ver forzado a darles una respuesta directa, una respuesta directa que ellos piensan que es coherente con Dios. Y ellos saben que esa respuesta directa es lo que el pueblo diría, y si Él quiere ganarse al pueblo, entonces Él también lo va a tener que decir. Ahora, conectado con el pecado de hipocresía y adulación es el pecado de engaño, ése es el quinto, versículo 22. Aquí viene la pregunta. Me pregunto cuanto tiempo les tomó diseñar esta pregunta, realmente es brillante desde su punto de vista, es lo mejor que pudieron haber hecho. “¿Nos es lícito dar tributo a César o no? Ahora, recuerde, vinieron simulando ser justos, versículo 20, pero el versículo 23, Lucas dice, “Pero él, comprendiendo la astucia de ellos.”

Entonces, llegamos al quinto pecado: engaño, engaño. Ellos quieren que Él haga una afirmación anti-Roma, ellos entonces lo van a reportar para que lo arresten, y los romanos van a ejecutarlo porque Él tiene una multitud tan grande de seguidores. El honor más grande que jamás usted podría darle a un maestro estimado era hacer una pregunta, ese era el honor más grande que usted le podía ofrecer, y era hacer una pregunta. Quizás una pregunta difícil, y particularmente una pregunta acerca de la ley de Dios. Eso es lo que es esto. “Es lícito,” no en términos de la ley romana, sino, es lícito en términos de la ley de Dios. “¿Nos es lícito pagar impuestos a César o no?” En su mente sólo hay una respuesta bíblicamente, no. Ellos saben que el pueblo diría: “¡Nooo!, se nos está forzando a pagar impuestos a César. No deberíamos estar pagándole impuestos del grano, y del aceite, y el vino, y la tierra, y el ingreso que Dios nos da en la propia tierra de Dios. Esta tierra. Y todo lo que produce le pertenece a Dios y no deberíamos estarle dando esto a un pueblo gentil, idólatra, que está ocupando, oprimiendo al pueblo de Dios, que no tiene derecho a la tierra.”

El pueblo de manera uniforme se levantará y diría: “No, no es lícito, pero nos vemos forzados a hacerlo.” Los judíos, por cierto, odiaban pagarles impuestos a Roma, no solo porque odiaban el despedirse del dinero, sino porque odiaban el entregárselo a ocupantes paganos, idólatras. La palabra aquí, “tributos,” plural, palabra general phoros, simplemente una palabra general para impuestos. Habían muchos de ellos, había un impuesto para la tierra un décimo del grano, un quinto del aceite y el vino, un impuesto por importaciones. Todo puerto, toda frontera y toda puerta de la ciudad había una tarifa para los bienes que pasaban por ahí. Había un impuesto por ingresos de un por ciento por sueldo, y estaba otro impuesto, todo mundo lo pagaba, era de un denario al año, era el impuesto, por cierto, por censo, que José y María fueron a pagar en Belén, cuando Jesús nació.

Mateo usa la palabra impuesto por censo, de hecho, y es la palabra knesos, de la cual obtenemos censo. Odiaban pagar impuestos a Roma, porque Roma era un pueblo blasfemo, idólatra e impío. Josefo nos cuenta una historia interesante antes del nacimiento de Cristo, un hombre llamado Judas de Galilea viene, el guía una insurrección en contra de los romanos, y él guía esta insurrección en contra de los romanos, en base al hecho de que no debían que tener que pagar impuestos. Él dice, “Dios es nuestro único Señor y gobernante,” y él se rebela en contra de pagar el impuesto del censo y cualquier otro impuesto, por él dice que básicamente está financiando el paganismo y la idolatría. Bueno, lo mataron. Lo mataron.

Y toda persona que estaba tratando de seguir su rebelión, fue dispersada por todos lados, pero el sentimiento que Judas desarrolló, permaneció. Y se cultivó en los corazones de la gente, y todos se acordaban de eso. Aunque ya habían pasado más de treinta años antes de esto, era parte de su historia conocida. ¿Te acuerdas cuando Judas trató de sacarnos de la necesidad de pagar estos impuestos? Y Josefo, el historiador dice que en el 66 DC, cuando la gran revolución comenzó, la cual terminó en el 70 DC cuando los romanos vinieron y destruyeron a Jerusalén, y masacraron al pueblo. Esa insurrección del 66 DC esos son 72 años después de Judas, comenzó en base a la misma premisa, el asunto intolerable de los impuestos.

Entonces, esa convicción acerca de eso, hervía en los corazones del pueblo, porque esa era la realidad constante que recordaban de manera rutinaria, de la ocupación y la idolatría romana. Los judíos vieron los impuestos, de manera genuina por parte de Roma, como traición en contra de Dios, el único Rey de Israel que era el verdadero. Ahora, los líderes estaban seguros de que Jesús tendría que dar la postura popular, que cuando se le pregunte, ¿debemos pagarle impuestos a César? Ya a Él se le acaba de decir que tú solo hablas la verdad de Dios, tú solo hablas de manera correcta, de manera ortodoxa, y a ti no te importa cuales son los resultados, lo han acorralado.

Y tan pronto como Él dice lo que Él tiene que decir, No, no, ¿es correcto hacer eso? va en contra de la ley de Dios, van a enviar a los herodianos, a los romanos. Los romanos van a venir y viendo a la multitud enorme, asumiendo que Él está esparciendo este tipo de información, y otra insurrección está a punto de iniciar, lo van a arrestar y en el momento de que lo arresten, todo mundo va a saber que Él no es el Mesías con toda certeza, porque Él ahora es una víctima de los mismos gentiles.

Entonces, lo colocan en esa posición. Él detectó su engaño. Mateo dice que Él percibió su impiedad. Lucas lo llama engaño, Mateo va detrás del engaño a la impiedad que la motivó. Él sabía lo que estaba en ellos. ¿Cómo supo Él su engaño? Porque Él sabía lo que estaba en ellos. Juan 2:25, Él sabía lo que estaba en el corazón del hombre. Él es Dios, y Él los desenmascara. Versículo 24, Él les dijo: “Mostradme la moneda.” Probablemente tuvo que encontrar una en algún lugar de la multitud. A los judíos no les gustaba cargarlas, eran monedas romanas, y era como tener un pequeño ídolo en su bolsillo. Y no había idolatría en Israel después de la cautividad babilónica, históricamente.

Llevaban monedas de cobre, y ciclos hebreos. Usted ha oído esa palabra. No les gustaba cargar monedas romanas. La moneda, o denario, básicamente es la moneda del sueldo de un día, una moneda de valor echa de plata, o algunas veces de oro. Fueron usadas entre, bueno, el 300 AC al 300 DC unos 600 años, seis siglos. Eran grabadas por el Emperador y dependiendo de quién era el emperador tenia esta imagen en ella. Entonces, la larga línea de Césares, tenían sus rostros en las monedas que fueron grabados durante su propio reinado. Llevaban la imagen grabada del emperador, de un lado, y después las inscripciones y la información que las identificaba del otro lado. Y como dije, los judíos no las cargaban porque eran pequeños ídolos, pero Jesús dijo, “encuéntrenme una”, “muéstrenme una.”

“¿De quién tiene la imagen y la inscripción?” Todo mundo conocía la respuesta a eso. “De César.” Y estoy seguro que en ese momento los espías y los que lo cuestionaron están ahí, probablemente el resto se habrían aparecido, no solo los espías están todos ahí ahora, y están todos ahí frotándose las manos pensando, Él está caminando por este camino, tal como pensamos que lo haría. Él los está identificando como que pertenecen a César y, por lo tanto, blasfemos e idólatras. Y, por cierto, Augusto César, hizo que se grabaran monedas en el 17 AC identificándose a sí mismo como el hijo de Dios, lo cual hizo que esas monedas fueran repulsivas de manera particular para los judíos.

Tiberios César, produjo monedas que lo designaban a él como el sumo sacerdote de Dios. Bueno, debido a que Jesús decía ser el Hijo de Dios, y debido a que Él decía ser el mediador entre los hombres y Dios, ciertamente Él, si Él es el Mesías verdadero, y un profeta verdadero de Dios, ve estas monedas blasfemas, idólatras, por lo que realmente son, realmente un plan inteligente. Pero no esperaban su respuesta, versículo 25, “Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” La profundidad de eso no debería perderse en su simplicidad. Alguien dijo, “Bueno, ¿acaso esto significa, paga tus impuestos?” Va mucho más allá de eso, pero la respuesta es, sí. Va más allá de eso, dad es el verbo griego apodote. Significa, regresa, devuelve, porque se lo debes, porque le pertenece, devuelve, restaura.

Hay algunas cosas en este mundo que le pertenecen a este mundo, hay algunas cosas en este mundo que le pertenecen a la tierra, que son terrenales. Hay algunas cosas que pertenecen en la providencia de Dios, a la esfera temporal. Cumplan su deber temporal, bajo la providencia de Dios en la historia, el Dios divino mismo había traído a Israel bajo el dominio romano. Dios los había llevado ahí. César es Su rey terrenal. César es Su gobernante terrenal, y deben apoyar su gobierno, porque todo el gobierno es ordenado por Dios. Romanos 13. Las autoridades que existen son ordenadas por Dios, y no llevan por nada. El gobierno es ordenado para proteger a inocentes y castigar al malo. Y los romanos hacían eso. Eran poderosos militarmente, y producían paz y seguridad y protección y grandes caminos y canales para navegar. Y añadieron a la prosperidad de la vida. Esto tenia valor y usted pagaba por ello.

Entendemos eso, vivimos en dos esferas como cristianos. Vivimos en una esfera mundana, y tenemos la obligación y debemos a esa esfera mundana lo que pertenece a esa esfera mundana. Y en la providencia de Dios somos los Estados Unidos de Norteamérica y si quieren que mi dinero de impuestos provea para las autopistas, y arreglen los puentes y hagan lo demás, entonces, ese es el derecho de ellos. Y este es el mundo en el que vivo. Honra a Cristo, exalta a Dios.

No, pero no debe ser. El pago de nuestro impuesto establecido por el gobierno terrenal, inclusive tipos de gobierno idolatras blasfemos, comunistas, opresivos, dictadores, inclusive aquellos que son paganos, inclusive aquellos que están a punto de ejecutar al Hijo de Dios, todavía son gobiernos establecidos por Dios, y les debemos la deuda que les pertenece. 1 Pedro, “Honrad al rey. Sométanse a toda persona que está en autoridad sobre ustedes.” No me importa si es una democracia, en un congreso, o autoridades locales, policía, o un dictador comunista, o un César. César tiene su esfera, por diseño de Dios. Y debemos lo que debemos, en la providencia de Dios, lo que ese gobierno demanda, es lo que pagamos.

Jesús afirma la función del gobierno, el derecho del gobierno de recaudar impuestos para su sustento, porque es ordenado por Dios para el bienestar del hombre, y la protección del hombre, y sin él usted tendría anarquía, caos, y destrucción. Dice usted, “Bueno, y ¿que cuando el gobierno te pide que hagas lo que Dios prohíbe? O ¿cuándo el gobierno prohíbe lo que Dios pide? Entonces, usted llega a una situación de Hechos 5:29, y usted dice, “Juzgad si obedecemos a Dios u a los hombres.” Si me dicen que deje de predicar el evangelio de Jesucristo, entonces digo, “lo siento, tengo un mandato más elevado que ese.” Ahí es en dónde los dos intersectan. Obedezco a Dios, hagan conmigo lo que quieran. Desde el final del reino teocrático del Antiguo Testamento, y hasta el establecimiento del reino futuro teocrático de Cristo, cuando Él regrese para establecer Su reino en la tierra, no hay sociedad sagrada.

No hay sociedad sagrada. Vivimos en dos mundos, somos ciudadanos de este mundo temporal, y un gobierno humano, mientras que al mismo tiempo ciudadanos del reino de Dios bajo el gobierno de Dios mismo y Cristo. La iglesia no debe apoderarse del gobierno civil. La iglesia no debe revelarse en contra del gobierno civil. La iglesia no debe volverse el crítico del gobierno civil, ni mediante la guerra, ni mediante la desobediencia civil o mediante el poder político debemos controlar al gobierno civil. Esta no es una sociedad sagrada. Este no es el reino teocrático. Estados Unidos no lo es, ni lo es ninguna otra nación terrenal. Da al César lo que es del César y agradezca a Dios porque providencialmente usted está bajo un gobierno, bajo el que usted está porque hay algunos mucho peores en lugares del mundo y a lo largo de la historia, que éste.

Pero sea lo que sea, somos conocidos como ‘buenos ciudadanos.’ Este es el mensaje del apóstol Pablo a Timoteo y a Tito si usted recuerda. Pero más importante que eso, no obstante, y este es el mensaje que Él le está dirigiendo a ellos, una invitación más de gracia, de misericordia amable. “Y a Dios lo que es de Dios.” ¿Por qué no le dan a Dios lo que es de Él? ¿Qué es de Él? Su alma. ¿verdad? su alma. Su ser eterno. Así como usted le debe ciertas cosas al gobierno, usted le debe ciertas cosas a Dios. Usted le debe al gobierno lo que el gobierno posee, y ellos le van a decir a usted lo que posee mediante las leyes que imponen. Usted le debe a Dios lo que Dios posee, ¿Y qué es lo que Dios posee? Dios lo posee a usted. Dios lo posee a usted. 

Él les está diciendo, ¿Por qué no doblan la rodilla al más grande, al trono más grande, más importante, al definitivo? Den honor a Dios. A Dios se le debe adoración, alabanza, gloria, obediencia, amor, confianza. Le doy mi vida. Todo. Ellos no le estaban dando a Dios lo que Dios mandó, sus corazones, sus almas, sus vidas. La moneda le pertenece a César, ustedes le pertenecen a Dios. La moneda tiene la imagen del César, ustedes tienen la imagen de Dios. La moneda es del César, ustedes son de Dios. Esa fue su invitación. Es una invitación en la actualidad, que se le extiende a usted.

Y llevó a un pecado final. Odio, soberbia, hipocresía, adulación, engaño, número seis, obstinación. Voy a terminar en este momento. Obstinación, versículo 26, “Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que, maravillados de su respuesta, callaron.” Me gustaría que dijera que se arrepintieron, son tan obstinados. Esta es una situación irremediable, irremediable. Se van únicamente frustrados, porque no pudieron sorprenderle en algo enfrente de la gente, que hubiera hecho que Él fuera arrestado y ejecutado. En lugar de irse, y maravillándose y diciendo, “Su sabiduría es sorprendente.” Es sorprendente. Y tenemos obligaciones para con Dios. Y necesitamos ver nuestra obligación hacia Dios. Son tan obstinados, creo que esta es la palabra antigua, obstinado.

Este es un complejo de pecados que va más allá de la esperanza, más allá de la esperanza. Oh, por cierto, pase al capítulo 23, versículo 2. Capítulo 23, versículo 2. Bueno, versículo 1, finalmente llevan a Jesús a Pilato, vamos a cubrir el territorio que está en medio de esto obviamente, llevan a Jesús a Pilato, versículo 1. “Y comenzaron a acusarle diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César.” Una mentira descarada. Una mentira abierta. Ellos sabían que esa era la manera en la que iban a hacer que fuera arrestado y ejecutado. Y si Él no decía algo, ellos lo inventarían. ¿Es eso obstinado? Usted se vuelve un mentiroso, que se ve a sí mismo como muy obediente, en un esfuerzo por rechazar a Cristo.

Tal odio en algunas maneras es incomprensible, pero es un complejo de pecados sin remedio, que eventualmente en el plan de Dios, los va a llevar a tener éxito, y van a hacer que lo arresten, y lo ejecuten, y la multitud va a gritar por Su sangre, y van a volver a abrazarlos como sus héroes espirituales. Espero que nadie aquí el día de hoy se vaya y le dé la espalda a Jesucristo. Escoja un lado: o está usted con Él, o con ellos.

Padre, esta es una experiencia tan rica, tan poderosa, estar ahí en esa confrontación. Que sea aplicada a toda vida, de manera directa, incisiva, deliberada. Señor, no queremos estar con aquellos obstinados que rechazaron, queremos venir a Cristo. Señor lleva a cabo Tú obra en los corazones de cualquiera aquí que todavía han rechazado. Que no regresen una y otra vez, y encuentren consuelo en ese rechazo. Muéstrales Tú gracia, y que vengan a Cristo en amor, arrepentimiento y fe. Y oramos en Su nombre. Amén.

  

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