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¿Sería tan amable de abrir su Biblia en Lucas, capítulo 4? En nuestro estudio continuo de esta inmensa obra de Dios, el Evangelio de Lucas, llegamos a los versículos 16 en adelante. Éste es el primer relato de Lucas del ministerio público de Jesús. Ha tomado mucho tiempo llegar aquí, ¿no es cierto? Cuatro capítulos y muchos, muchos meses de estudiar el principio del Evangelio de Lucas para llegar finalmente al punto en el que Jesús comienza Su ministerio.

Lucas pudo haber escogido varios acontecimientos. Ninguno de los escritores de los Evangelios nos da todos los acontecimientos que ocurrieron en la vida de Jesús. De hecho, el Evangelio de Juan dice que todos los libros en el mundo no podrían contener todo lo que Él hizo y dijo. Los escritores de los Evangelios son selectivos. Escogen cosas que pertenecen al énfasis que quieren presentar. El primer relato del ministerio público de Jesús no es el primer acontecimiento en Su ministerio público. Como señalamos en la última ocasión, Jesús, después de Su tentación, la cual Lucas registra en los primeros 13 versículos de este capítulo, subió a Su ciudad de Nazaret brevemente, asistió a una boda en Caná y realizó Su primer milagro. Él convirtió el agua en vino.

Él estuvo ahí durante la boda, la cual habría durado una semana o quizás un total de dos semanas. Él comenzó a viajar hacia el sur de regreso a Judea, se detuvo y pasó unos días en la ciudad de Capernaúm, la cual está en la punta del mar de Galilea, no muy al este de Nazaret; y después procedió al sur.

Él estuvo en Judea por un poco menos de un año. Lucas se salta todo eso. Él se salta el milagro de Caná. Él se salta la visita a Capernaúm. Él se brinca casi un año de Jesús realizando milagros, limpiando el templo, dándole el Evangelio a Nicodemo, conociendo a la mujer en el pozo. Él se salta todo eso. Y Juan escribe todo eso. Entonces, en Juan capítulos 1, 2, 3 y 4 podemos llenar los espacios de esa parte del ministerio de Jesús.

Y Lucas va de la tentación de Jesús al inicio de Su ministerio galileo formal. Recuerden ahora que la tierra de Judea estaba dividida en tres secciones realmente. La parte sur, la parte de Israel; la parte sur es Judea, la parte norte es Galilea y en medio, al este, está Samaria. Y Jesús ministro en Galilea y Judea. Los meses de apertura de Su ministerio fueron en Judea con excepción de unas cuantas semanas cuando asistió a la boda en Caná. El resto del tiempo estuvo Judea. Fue entonces que limpió el templo, Él hizo un látigo y expulsó a todos los que estaban ahí que la habían convertido en una cueva de ladrones. Y ahí estuvo cuando conoció a Nicodemo. Fue ahí cuando comenzó a solidificar algunas de Sus relaciones con Sus primeros discípulos. Fue ahí donde llevó a cabo algunos de Sus primeros milagro que siguieron al milagro de convertir el agua en vino. Pero Lucas se brinca todo eso. Y de hecho, también lo hace Mateo y también Marcos. Únicamente Juan llena ese período de tiempo de la vida de Jesús.

Y Lucas comienza en el versículo 14 con el ministerio en Galilea. Y dice: “Y Jesús volvió en el poder del espíritu a Galilea. Y se difundió Su fama por toda la tierra de alrededor y enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.” Así es como Lucas inicia su relato del ministerio de Jesús; pero mantenga eso en mente, ahora, ha pasado casi un año antes de que Jesús comience el ministerio en Galilea.

El ministerio en Galilea fue tiempo que Jesús pasó tiempo en Galilea, como es llamado y se extendió durante casi un año y medio. Durante alrededor de un año y medio, Jesús estuvo en las ciudades y villas de Galilea. Josefo nos cuenta que había alrededor de 240 pueblos y villas; entonces había bastantes lugares que Jesús podía visitar durante ese año y medio.

Ahora, el ministerio en Galilea es el contenido del Evangelio de Lucas del capítulo 4, versículo 14 hasta el capítulo 9, versículo 50. Entonces, en los siguientes capítulos, estaremos ocupados viendo los eventos que ocurrieron en el ministerio de Galilea de Jesús.

Los versículos 14 y15 nos dan en cierta manera una perspectiva panorámica antes de que Lucas entre a los detalles. Y aprendemos acerca del lugar. El lugar fue Galilea, como señalamos la última ocasión. Aprendimos acerca del poder. El poder fue el poder del Espíritu Santo. Aprendimos acerca de la popularidad, las noticias acerca de Él se difundían por toda la tierra del derredor. Y aprendimos acerca de la prioridad, versículo 15. Él enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.

El lugar fue Galilea, el poder fue el Espíritu Santo, la popularidad fue por todos lados, en todos los lugares de alrededor. Y la prioridad para Jesús fue la enseñanza en las sinagogas. Como aprenderemos a lo largo del estudio de Lucas, como aprendería usted a lo largo de Mateo y Marcos y Juan, la prioridad para Jesús fue la enseñanza de la Palabra de Dios. Hace mucho tiempo atrás, alguien dijo: “Dios sólo tuvo un Hijo y fue un predicador,” y eso es verdad. Jesús fue un predicador y maestro; esa fue Su responsabilidad primordial: predicar y enseñar la palabra de Dios. Y usted ve eso conforme se desarrolla la historia.

Por ejemplo, ahí en el versículo 31 del capítulo 4: “Descendió Jesús a Capernaúm, ciudad de Galilea y les enseñaba en los días de reposo.” Vaya usted al capítulo 5, versículo 3: “Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco y sentándose enseñaba desde la barca a la multitud.” Versículo 17: “Aconteció un día, que Él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con Él para sanar,” etcétera. Capítulo 6, versículo 6: “Aconteció también en otro día de reposo que Él entró en la sinagoga y enseñaba.” Y eso es precisamente lo que vamos a ver a lo largo de estos capítulos. De hecho, en el capítulo 11, Sus discípulos vienen a Él, versículo 1 y le dicen: “Enséñanos a orar.” Él era un maestro. Ellos lo reconocían como maestro y les pidieron que les enseñara.

Jesús era comúnmente conocido como el Maestro. Él era llamado maestro, era llamado Rabí. En Mateo, usted tiene el gran sermón del monte o mejor titulado el sermón acerca de la salvación en Mateo 5, 6 y 7. Y cuando terminó, la gente judía dijo: “Él enseña como alguien que tiene autoridad, no como los escribas y fariseos.” Él era un maestro, pero Su enseñanza fue única porque Él no tenía que citar a nadie. Él no tenía ninguna nota a pie de página en Sus sermones, simplemente tomaba la palabra de Dios, la cual, claro, era Su propia palabra, y la enseñaba con poder y la explicaba con claridad. Él era un maestro. Y puede leer eso en Marcos y puede leer esto en un Juan y siempre verá la prioridad de Su ministerio siendo la enseñanza. Y ese es el punto importante, estar enseñando la verdad; los milagros simplemente eran para llamar la atención al hecho de que Él era de Dios, Él era el Mesías, Él era Dios en carne humana; pero Su mensaje siempre fue la prioridad.

La palabra enseñaba, en el versículo 15, viene de didasko, un término griego muy familiar que usted conoce. Y es simplemente una palabra de la cual obtenemos la palabra en español didáctico. Él estuvo involucrado en un esfuerzo didáctico; esto es una explicación del significado de las cosas. Y en su caso, eran las Escrituras. Y entonces, vemos en el versículo 15 que Él enseñaba; y esos lo que hizo a lo largo de Su ministerio entero. Él fue un maestro y un predicador.

Ahora, usted notará el lugar donde estaba enseñando. Y esto es muy importante, Él enseñaba en las sinagogas de ellos. Él fue a Galilea y ya tenía un lugar en el cual enseñar. Las sinagogas eran los lugares perfectos para que Jesús enseñara. Y explicaré por qué lo eran. Toda ciudad y toda villa tenía una. Y lo que se necesitaba para tener una sinagoga eran diez hombres judíos. Si usted tenía diez hombres judíos en una ciudad, en una villa o en un pueblo, esos eran suficientes hombres como para constituir una sinagoga; y construían una sinagoga permanente. En la mayoría de los casos, las sinagogas eran construidas a partir de piedra y normalmente se construían mirando hacia Jerusalén. Entonces, en Galilea las sinagogas estaban construidas mirando hacia el sur, esto tenía la intención de decir que cuando el Maestro o el predicador estaba presentando sermón, estaba enfrentando o viendo hacia el sur. Cuando la gente salía de la puerta, iba hacia el sur. Ellos se dirigían hacia Jerusalén. La sinagoga veía hacia Jerusalén. Y entonces, el orador estaba viendo hacia la parte de atrás, a la puerta; y estaba viendo directamente hacia Jerusalén. Las sinagogas que eran construidas hacia el este de Jerusalén, veían hacia el oeste. Las sinagogas que eran construidas hacia el sur de Jerusalén, veían hacia el norte porque Jerusalén siempre era el punto focal porque ahí era donde estaba el templo. Para Jesús, toda sinagoga en la que Él predicó, veía hacia el calvario; y entonces, Él enseñó en las sinagogas.

Doscientos cuarenta pueblos y villas en Galilea; ciertamente ahí pudo haber una ciudad, un lugar que no tuvo diez hombres; y eso sería algo raro. Pero la mayoría de ellos tenía por lo menos diez hombres, alguno de ellos tenían poblaciones de veinte y treinta, cuarenta mil personas; habrían tenido más de una sinagoga. Habría varias sinagogas que habían sido construidas en lugares más grandes. Por ejemplo, de acuerdo con el Talmud de Jerusalén; y hay algunos eruditos que debaten este número, hubo cuatrocientas ochenta sinagogas únicamente en las ciudad de Jerusalén. Esto es para señalar que hubo muchas, muchas sinagogas en áreas donde la población era muy grande. Entonces, Jesús está viajando por Galilea en doscientas cuarenta ciudades y villas; y habrá habido más de ese número de sinagogas en las que Él pudo haber enseñado. Entonces, había varios lugares en donde Él pudo haber enseñado. Su prioridad fue enseñar la Palabra. La historia judía se había desarrollado de tal manera en una situación para el momento en el que Él comenzó Su ministerio, en el que Él habría tenido suficientes lugares en los que podía enseñar, esto es sinagogas.

Ahora Filo, un escritor judío antiguo, nos cuenta que las sinagogas tenían un nombre. Eran llamadas las “casas de instrucción.” Eran llamadas “casas de instrucción.” Y para eso era exactamente para lo que estaban. No eran sólo para la enseñanza de la palabra de Dios. No eran para la enseñanza de nada más demás, la enseñanza de la ley, la Torah, los profetas, la Haftará y los escritos sagrados, la hagiógrafa, como es a menudo llamada, los escritos sagrados; todo el Antiguo Testamento. Para eso estaban. Eran lugares de instrucción y lugares perfectos para que Jesús enseñara. El Antiguo Testamento era leído ahí y era expuesto por alguien que podía explicar su significado.

Para el tiempo de Jesús, las sinagogas estaban firmemente establecidas. Y como dije, muchas de ellas construidas a partir de piedras. Los arqueólogos creen que tienen los cimientos, inclusive hoy en día, de algunas de esas sinagogas de los tiempos de Jesús; aunque la mayoría de las ruinas de las sinagogas, y verán algunas ruinas de sinagogas en la tierra de Israel, son las sinagogas de tiempo que vinieron después de Jesús, después del tiempo de Cristo; que bien pudieron haber sido construidas sobre el cimiento de sinagogas que estuvieron de pie en el tiempo de Jesús. Pero toda ciudad tenía por lo menos una, si tenía 10 hombres; y algunas ciudades habrán tenido muchas más que esas.

Ahora, si no había una sinagoga, digamos que era una ciudad donde no había diez hombres, el pueblo judío, típicamente las mujeres y los pocos hombres que había ahí, se congregaban junto a un arroyo o en la costa en el día de reposo para adorar, para leer la ley y que alguien la explicara. Esos lo que usted tiene ahí en Filipos. Filipos estaba en Grecia, como usted sabe, cuando Pablo fue a Filipos en Hechos 16, había un grupo de mujeres judías que se reunía junto al río. Esa es una indicación de que no había suficientes hombres para construir una sinagoga.

Y ahí es donde tradicionalmente se reunían para leer la ley de Dios, los profetas, los escritos sagrados y para ser instruidos. Yo diría que probablemente la proliferación de sinagogas en la época de Jesús es un paralelo en cierta manera a la proliferación de iglesias cristianas en nuestra actualidad. Usted va a la ciudad promedio y hay iglesias por todos lados. Entre más pequeña en la ciudad, menos iglesias hay, entre más grande la ciudad, más iglesias hay. De ese modo, fueron desarrolladas las sinagogas. Inclusive fueron desarrolladas en torno a ciertos rabinos que enseñaban de cierta manera y también se desarrollaban en torno a ciertos oficios. Había ciertos grupos de artesanos que tenía una sinagoga para ellos. Quizás eso porque vivían en cierta parte de la ciudad y esa área local encajaba con su arte, encajaba con lo que ellos hacían y entonces, allí era donde vivían y se reunían en su propia sinagoga.

Ahora, Jerusalén siempre había estado centrada en el templo. Usted necesita entender la diferencia entre el templo y la sinagoga. Hubo cientos y cientos de sinagogas, pero sólo había un templo. El templo, claro, está claramente identificado en el Antiguo Testamento. Primero, Dios diseñó una tienda llamada el tabernáculo y sería el lugar donde Él moraría en el lugar santísimo, un lugar en donde el pueblo de Israel vendría y ofrecería oraciones y ofrecerían sus sacrificios. Y había ceremonias y festivales y el sacerdocio funcionaría ahí, claro, cuidando de todo eso. Y el templo era una instalación única. El Señor dio instrucciones para que el tabernáculo fuera establecido cuando se establecieron en la tierra, el Señor les dio instrucciones y usted se acuerda de Salomón, que construyó el gran, gran templo.

Bueno, el gran templo fue destruido. Fue destruido en el año 586 a. C., cuando vinieron los babilónicos: primero vinieron en el año 603, regresaron en el año 597; y cada vez que venían deportaban a judíos de Judá, del Reino del Sur. Finalmente, vinieron de regreso en el año 586 y devastaron la ciudad de manera total, la derribaron, destruyeron el muro, destruyeron y saquearon el templo, robaron su riqueza y se la llevaron a Babilonia junto con la gente que quedaba.

Y el judaísmo, hasta ese entonces, había sido definido por el templo. El templo era el lugar de ceremonia. El templo era el lugar de adoración. El templo era el lugar de instrucción. Y hubo sacerdotes que servían en el templo, pero hubo muchos, muchos más sacerdotes que no estuvieron ahí. Recordará que los sacerdotes entraban al templo sólo un par de semanas al año porque hubo 24 órdenes de sacerdotes. El resto del tiempo, cuando no estaban sirviendo en el templo, durante su período de dos semanas, estaban en las villas en los lugares donde vivían; y eran maestros informales de la ley. Y los sacerdotes eran los expertos locales. Si usted tenía un problema para entender la ley, o un problema para entender a los profetas, o las escrituras sagradas, usted iba los sacerdotes locales y pedía ayuda; y ellos eran los expertos en entender la ley. Alguno de esos sacerdotes eran escribas, muy cuidadosos en el manejo de la ley.

Entonces, había una red informal de enseñanza; pero en todo el Antiguo Testamento usted nunca encontrará una referencia a la sinagoga. No hay ninguna referencia a una sinagoga en el Antiguo Testamento. No hay un mapa divino, no hay un diseño divino para ellos. No tienen ningún tipo de mobiliario santo como el templo. No tienen altares especiales y no tienen ningún tipo de lavabo especial y cortinas especiales o algún tipo de mobiliario especial y todo el tipo de cosas que constituyeron las instrucciones de Dios, tanto como para el tabernáculo, como para el templo. No eran diferentes de este tipo de edificio, eran simplemente un lugar. Ahí no se ofrecían sacrificios. No se hacían ceremonias. No se hacían festividades como la festividades grandes, las fiestas nacionales que todavía se llevaban a cabo en Jerusalén como la Pascua, la fiesta de las primicias, Pentecostés; todo ese tipo de cosas.

Pero lo que sucedió en el año 586 a. C. realmente sacudió la estructura judía. Cuando los babilonios vinieron en el año 586 a. C. y finalmente demolieron Jerusalén y demolieron el muro y devastaron literalmente al templo salomónico, llevando a toda la gente a la cautividad -la cautividad duró 70 años. Durante 70 años no hubo tierra, no hubo ciudad y no hubo templo. El pueblo entonces tenía necesidad de tener un método de congregarse y oír que la ley de Dios le fuera enseñada. Y si usted lee el libro de Ezequiel descubrirá que hicieron una cosa. Ezequiel, por ejemplo, era un profeta de Dios. Fue llevado en cautiverio por los babilónicos. Cuando estuvo en cautiverio, se sentaban en algún lugar, lo verá en Ezequiel 8, Ezequiel 14, Ezequiel 20 y creo que una vez en Ezequiel 33. Ezequiel se sentaba con gente que lo rodeaba y les está enseñando el significado de la palabra de Dios. Ellos simplemente hicieron lo que necesitaban hacer. Encontraron a alguien que podía explicarles el significado de la palabra de Dios y se sentaban a sus pies. Entonces, en la cautividad, los exiliados se encontraban con frecuencia y se sentaban a los pies de los profetas como Ezequiel para oír la palabra de Dios.

Bueno, aparentemente durante el tiempo de la cautividad, comenzaron a desarrollar estos patrones y se congregaban en pequeños grupos con regularidad; y aumentaron eventualmente en su frecuencia en el día de reposo y leían la palabra de Dios y se les explicaba. Los judíos devotos tenían hambre de ello. Y como dije, no tenían tierra, no tenían nación, no tenían templo y no tenían oportunidad de ser instruidos. Y después, cuando terminaron los 70 años de la cautividad, usted recordará que se les permitió regresar a la tierra. Y cuando ellos regresaron a la tierra, lo primero que quisieron hacer fue recuperar la palabra de Dios y leerla y explicarla nuevamente. Y usted se acordará quién hizo eso, ¿no es cierto? Esdras lo hizo. En Nehemías capítulo 8, abrieron el libro y leyeron las escrituras y explicaron el significado, le dio el sentido, lo cual significa que lo tradujeron al idioma común, el idioma local, y explicaron su significado.

Entonces, después de la cautividad, cuando regresaron, no tenían el templo pero lo que se ha desarrollado son pequeñas congregaciones de personas judías que se sentaban en torno a un maestro, se sentaban a los pies de un maestro que leía las escrituras, se las explicaba, leyendo y dando el sentido. Y fue la destrucción del templo y la destrucción de Jerusalén lo que precipitó o creó la necesidad de un lugar y una oportunidad para congregarse para la enseñanza de la revelación divina. También es verdad que previo a eso, durante y después de la cautividad, los judíos se esparcieron por todo el mundo mediterráneo. Y estaban por todos lados en el mundo mediterráneo. Era llamada la diáspora, la dispersión de los judíos. Y conforme se dispersaron por todo el mundo, obviamente no tenían acceso inmediato al templo, el cual tenían si vivían en la tierra de Israel, y estaba muy cerca de ellos porque era un lugar muy pequeño. Ahora, están por todo el mundo y necesitan algún lugar donde poder congregarse reunirse. Y entonces, en la dispersión, se comienzan a desarrollar esas sinagogas. Y entonces, para cuando usted llega la vida de Jesús, hay sinagogas por todos lados en donde hay diez judíos - en Galilea, en Judea y por todo el mundo mediterráneo.

Ahora, el término “sinagoga” viene de la palabra griega sunagoge la cual simplemente significa una congregación… Una congregación, un lugar donde congregarse. Y eso es exactamente lo que eran. No eran un templo, no debe confundirse con un templo, nunca se hizo un sacrificio allí, no hay altares allí, no se hacen celebraciones, no hay ningún tipo de artículos sacerdotales. Era lo que Filo llamó “casas de instrucción.” La gente se reunía con el propósito de leer la palabra de Dios y que alguien se las explicara. Y como dije, en todo lugar adonde fueron los judíos, podían reunir a diez hombres y establecían una sinagoga.

Cuando usted lee el libro de Hechos, por ejemplo, y ve a los apóstoles, el apóstol Pablo y aquellos que trabajaban con él, comienzan a entrar al mundo gentil. Y van a Damasco y allí hay una sinagoga. Y van a Salamina en Hechos 13:5 y allí hay una sinagoga. Y cuando llegan a Antioquía de Pisidia en el capítulo 13 de Hechos y allí hay una sinagoga. Capítulo 17, llegan a una sinagoga en Tesalónica. Capítulo 18, hay una sinagoga en la ciudad de Corinto. Todas estas ciudades griegas. Hay una sinagoga en Alejandría. Hay una sinagoga también en Roma; por todo Israel. Adonde quiera que fueran los judíos, se desarrollaron sinagogas. Ahora, esto por el propósito de Dios, fue providencial, ¿no es cierto? Porque cuando Jesús comienza Su ministerio, necesita un lugar donde enseñar. No sólo debe enseñar en el templo porque Él va a alcanzar a la nación. Sino en todo lugar en donde había por lo menos diez hombres judíos, había una sinagoga. Y esa es por la razón por la que el ministerio de Jesús en Galilea dura año y medio, para que Él literalmente pueda rodear esa tierra entera y tocar esas oportunidades de enseñanza a todo nivel local.

Una sinagoga, por cierto, inclusive al día de hoy, nunca parecía estar en competencia con el templo. Nunca fue visto como algo rebelde. Siempre fue visto como un acomodo maravilloso que la religión judía vio de manera positiva, inclusive después de que regresó de la cautividad. Usted recuerda, Zorobabel, su líder, regresó después de los 70 años en Babilonia y les ayudó a construir un templo. Construyeron realmente una imitación bastante pequeña, sencilla comparada a las glorias del templo de Salomón. Y más adelante, Herodes vino y construyó un templo aún más glorioso, el templo herodiano, el cual está todavía en pie durante el tiempo de Jesús y fue destruido en el 70 por los romanos.  

Pero ellos regresan y construyen un templo. Zorobabel era el hombre que los guió en la construcción del templo después de que habían reconstruido su ciudad y su muro. Pero inclusive entonces las sinagogas continúan existiendo porque servían una necesidad tan maravillosa. El templo era el lugar de ceremonias y sacrificios y rituales y ofrendas. Ahí se daba instrucción en ciertas áreas de los servicios del templo. Pero era primordialmente para sacrificios y ceremonias. Entonces, realmente no competía el templo con la sinagoga y las sinagogas realmente en un sentido formalizaron la enseñanza sacerdotal informal que siempre se había llevado a cabo en los pueblos, las ciudades, las villas.

En el capítulo 18 de Juan, por ejemplo, en el versículo 20, Jesús dijo: “Yo he hablado al mundo abiertamente. Siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos.” Todos los judíos todavía iban al templo para las grandes ceremonias y las grandes festividades nacionales así como también asistían a sus sinagogas locales. Y por cierto, la historia nos cuenta que inclusive había una sinagoga ahí en donde estaba el monte del templo. Y el gobernante de esa sinagoga era un hombre llamado Teodoto que también era un sacerdote. Entonces, él era tanto un sacerdote que servía en el templo como también el gobernante de la sinagoga ahí en el monte del templo. Entonces, no había competencia porque la función del templo era primordialmente festividades o fiestas nacionales y las funciones sacerdotales con sacrificios mientras que en la sinagoga local tenía una función primordial: era una ‘casa instrucción.’

Ahora, estaban organizadas de una manera muy simple. Esto es algo que me parece interesante. Siento mucho la lección de historia, pero tenemos que hacer esto porque van a estar en sinagogas en años por venir. Sólo les advierto. Ya cuando lleguemos a Lucas, habrán estado en las sinagogas muchas veces y quiero que sepan dónde están y que está pasando.

Quiero hablarles de cómo era la estructura de la sinagoga. Había un hombre que se llamaba el archisunagogos, el gobernante de la sinagoga. Archi significa el principal. Había un hombre que era llamado el gobernante de la sinagoga y usted encuentra gobernantes así en el Nuevo Testamento.

Ahora, ellos estaban a cargo de las instalaciones. En primer lugar, se aseguraban de que fuera reparada, de que estuviera limpia y de que estuviera lista para cualquier función que se iba a llevar a cabo ahí de manera diaria. El gobernante de la sinagoga también era responsable de la estructura del servicio. Su responsabilidad consistía en planear la estructura del servicio; primordialmente escoger al predicador. En cada día de reposo, él era quien aprobaba al predicador, el que iba a predicar el sermón. Él también escogía a los lectores de las escrituras. Las escrituras eran leídas por diferentes personas y él era quien escogía al que leía las escrituras. Él guiaba el flujo del servicio, el programa; y después tenía que aprobar a quien predicaba.

No tenían a un pastor de tiempo completo. No tenían a un rabino de tiempo completo. No tenían un maestro de tiempo completo como tal. De hecho, en un pueblo, quizás había varios hombres que podían enseñar y predicar y el sermón y ellos tomaban turnos haciendo eso. Si un maestro local, quizás de cierta reputación que estaba calificado, visitaba alguna ciudad, siempre era invitado a ser el maestro invitado. La gente le daba la bienvenida a eso. Esto es conocido en historia como “la ‘libertad de la sinagoga… La libertad de las sinagoga.’ Era una política que se desarrolló en la vida temprana de la sinagoga para dar cabida a varios maestros y el que estaba a cargo de la sinagoga tenía la responsabilidad de determinar quién sería ese maestro.

Ahora, esto se vuelve otra cosa que Dios en Su providencia maravillosa ha traído para que cuando Jesús comience a enseñar, todas las sinagogas a las que Él acudiría estarían operando en base ‘a la libertad de la sinagoga” y ellos entregaban su sermón a cualquier rabino que visitaba, lo cual era perfecto porque no importaba dónde Jesús iba, Él era un maestro muy conocido y un rabino y le daba grandes oportunidades para enseñar. Adondequiera que Él iba, tenía oportunidades para enseñar y predicar el Evangelio, para anunciar las buenas nuevas que venían de Sus labios.

Y por cierto, más allá de eso, los apóstoles hicieron lo mismo. Cuando el apóstol Pablo salió e incurrió en ministerio a nivel mundial, ¿adónde iba cuando llegaba a una ciudad? Cada vez que llegaba, iba a una sinagoga. Y ése era el primer lugar al que iba. No iba a los gentiles primero, de lo contrario habría alejado a los judíos porque ellos no les gustaban los gentiles. No les caían bien. No los querían. Y él también sabía que no habría una oportunidad inmediata identificable en el cual podía enseñar a los gentiles, pero había una adondequiera que iba con judíos. Y si usted iba con los judíos, él siempre tenía un lugar donde enseñar. Él era un judío y era reconocido como un rabino Maestro. Él había estudiado bajo el más grande maestro judío de su época, el maestro judío Gamaliel; entonces él tenía credenciales. Él podía contarles de su transformo y su instrucción y todos ellos conocían a Gamaliel.

Entonces, Pablo iba la sinagoga porque había un grupo de personas a quienes podía enseñar. Además, él iba la sinagoga porque si podía guiar o llevar a algunos a creer en Su Mesías, él entonces habría acrecentado la fuerza para evangelizar a los gentiles. Mientas que por otro lado, si él iba sólo a los gentiles, los judíos nunca habrían aceptado a Pablo porque lo habrían visto como un mensaje gentil y lo habría tenido que hacer solo. Entonces, él siempre iba a la sinagoga y encontraba siempre una oportunidad lista para enseñar y así también con los otros apóstoles. Ellos usaban las sinagogas. Dios, en Su maravillosa providencia a partir de la cautividad dio nacimiento providencialmente en Israel a las sinagogas las cuales se convirtieron en el lugar en donde el Evangelio fue esparcido.

De hecho, las sinagogas se convirtieron en el lugar en donde nacieron las iglesias. Esto es lo que sucedía: Pablo iba una sinagoga, llevaba la gente a Cristo y después, de esa sinagoga salían y establecían una Iglesia. Entonces, las iglesias literalmente fueron dadas a luz en las sinagogas.

El gobernante de la sinagoga era la persona que abría la puerta, por así decirlo, a los rabinos que visitaban y a los maestros que visitaban.

Ahora, la sinagoga también tenía una agenda completa lo largo de la semana. Podía haber enseñanza en algunas sinagogas todos los días. Podría haber enseñanza acerca de la Torá, la Haftará o de los escritos sagrados diariamente. También había en la sinagoga normalmente una escuela primaria. La escuela primaria era para la preparación de los niños, no en las artes y las ciencias sino en la ley y los profetas. Entonces, los niños se les instruía la palabra de Dios y la sinagoga era el lugar en donde la escuela primaria se llevaba a cabo; y eso todavía lo vemos en la actualidad en muchos casos.

Las sinagogas también se volvieron las cortes locales; le voy a decir por qué. Estaba el gobernante de la sinagoga, el archisunagogos y después estaba el presbuteros en griego, los ancianos. Eran un grupo de hombres maduros, devotos, estimado por la comunidad que tenían la supervisión, la supervisión general de la sinagoga. El archisunagogos, el gobernante de la sinagoga en cierta manera era el anciano principal. Había otros ancianos que lo ayudaban, eran responsables de la escuela primaria, eran responsables de abrir la sinagoga para las oraciones durante la semana. Eran responsables de enseñar a lo largo de la semana varias series, semana tras semana. Se convirtieron también en el sanedrín local. Ellos se convirtieron en los jueces de cada ciudad, se convirtieron en la corte de cada ciudad. No era un juicio llevado a cabo por un tribunal en esa época; era un juicio llevado a cabo por los ancianos. Y entonces, cada ciudad tenía su sinagoga y cada ciudad tenía sus ancianos. Y esos ancianos constituían la corte local. Cuando había alguna adjudicación, algún conflicto, algún asunto legal que necesitaba ser resuelto o cuando había algún problema entre familia o entre vecinos, era llevado frente los jueces.

Ahora, los ancianos en el Nuevo Testamento son interesantes. Los vemos muchas veces y los vemos en Mateo, en Marcos, en Lucas, en Juan. En todos los Evangelios y están gobernando la sinagoga. A veces los vemos azotando gente. Es correcto, literalmente azotando a las personas que era el modo en el que enfrentaban a los pecadores. Eso ha cambiado, como usted sabe; y probablemente están agradecidos por eso. Ellos también podían excomunicar a la gente. Ellos los sacaban de la sinagoga. Como usted sabe, una de las vergüenzas más grandes entre los judíos era ser excomulgado, expulsado de la sinagoga. Ser expulsado literalmente de la sinagoga. Si usted era expulsado de la sinagoga, era una persona non grata en su sociedad. E inclusive podían anatemisarlo. Pronunciar una maldición de condenación sobre su cabeza tal como lo encuentra en los relatos del Nuevo Testamento.

Entonces, esa era la estructura. También había un hombre en la sinagoga conocido como el intérprete. Podía haber más de uno, el traductor o el intérprete. Las escrituras siempre eran leídas en hebreo; pero después tenían que ser traducidas en el idioma local. Y el idioma local era el arameo. Y entonces, el traductor traducía las escrituras al arameo.

Y había otro oficial, otra persona, en otro puesto, el más bajo en el tótem, llamado el jazán. Este es el siervo más bajo y su responsabilidad era cuidar de los rollos. Todos los rollos eran guardados en un lugar, un baúl; y él era el que cuidaba de los rollos y se aseguraba de que todo el mundo tuviera el rollo correcto para la lectura correcta. Él también era, en cierta manera, el tutor que supervisaba la escuela primaria.

Entonces, en eso consistía la sinagoga. Muy parecido a una Iglesia de la actualidad, ¿no es cierto? Con todo tipo de actividades semanales, con gente responsable del cuidado de las instalaciones, con ancianos, con alguien que era responsable de la supervisión, de todo eso. Esto es muy parecido al modelo de la Iglesia, porque la Iglesia nació de la sinagoga.

Ahora, digamos que hoy en día estuviéramos en Nazaret y estuviéramos visitando la sinagoga. ¿Cómo sería el orden de adoración? ¿Cómo sería? ¿Sería algo como lo experimentamos en Grace Community Church? Bueno sí, esto es lo que usted típicamente encuentra cuando mira hacia atrás en la historia judía.

Un servicio de la sinagoga comenzaba con cantos y generalmente cantaban Salmos porque los Salmos glorifican a Dios. Cantaban Salmos de alabanza a Dios. Con frecuencia el Hallel, Salmo 145 el 150: “Alabad a Dios, alaban a Dios, alaben a Dios.” Y después de los cantos pasaban al Shemá. El Shemá es Deuteronomio 6:4 en adelante: “El Señor nuestro Dios, el Señor es uno.” Esto celebra a Jehová, el Dios vivo y verdadero en contraste a todos los dioses de las naciones. Entonces, comenzaban con adoración. Comenzaban cantando alabanza a Dios y después se recitaba la gran identidad de Dios como el Dios vivo y verdadero.

El cantar y la Shemá eran seguidas por súplicas. Había una serie de oraciones y después de las oraciones había Amenes que puntuaban esto por parte de la gente. Había una oración y después el Amén, un oraciones y después amén. Y Amén significa ‘así sea.’ Y después de esa oración venía el Shmoná esré. El Shmoná esré eran 18 bendiciones tradicionales que la gente recitaba, algunas veces llamada el Tefilat.

Entonces, se reunían, cantaban, volvían a afirmar la grandeza de su Dios, el Dios vivo y verdadero, el único Dios vivo y verdadero. Después, tenían un tiempo para derramar su corazón en oración puntuado por Amenes. Después, venían 18 bendiciones llamadas el Shmoná esré y después venía el punto principal. Todo esto era para llegar a las escrituras. Siempre era leída la Torá, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, la ley escrita por Moisés. Leían una sección de la Torá. Había versículos que se leían en una a tres combinaciones. En otras palabras, podía haber varios lectores, uno leída uno a tres versículos, otro leía uno a tres versículos y alguien más leía uno a tres versículos.

Luego leían a lo largo de la Torá en tres años. Entonces, tenían 154 secciones de la Torá que cubrían las 52 semanas durante tres años. Y entonces, leían a lo largo de la Torá entera, los libros de Moisés, durante tres años.

Después, leían los profetas, la Haftorá como es llamada. Había ciertas secciones de los profetas, ciertos libros de los profetas que leían. Leían tanto la Torá como generalmente a los profetas en cada servicio. Y después, llegaba el sermón.

Entonces, usted iba de cantar, al Shemá, las súplicas, al Shmoná esré, a bendiciones, a las Escrituras y finalmente, el sermón. Y ahí es cuando el predicador designado presentaba una exposición de las escrituras. Y después de eso, había una bendición final tomada generalmente de Números capítulos 6 versículos 24 26, la bendición de Aarón, el primer sumo sacerdote.

Ahora, ése es el patrón. Usted sabe que eso no es desconocido, ¿verdad? Se parece un poco lo que hacemos. Nos reunimos, invitamos la gloria y la presencia de Dios. Después cantamos himnos de alabanza a Dios. Oramos juntos. Después viene un tiempo para la lectura de las Escrituras. Leemos las Escrituras, después viene otra lectura de las Escrituras en base a la cual tenemos un sermón. Lo cual es que lo que estoy haciendo en este momento y está terminando con una bendición. Ese es un patrón que ha sido seguido por la Iglesia, tomado, por así decirlo, de las sinagogas. Y es un patrón apropiado y es maravilloso.

Entonces, aquí está el lugar perfecto para que Jesús vaya a enseñar. Y eso es exactamente lo que hizo. De regreso al punto que comenté al principio, de regreso a Lucas 4, Jesús en primer lugar y sobre cualquier otra cosa es un predicador y maestro quien leyó y explicó las Escrituras. Esa la razón por la que hacemos lo que hacemos. Esa la razón por la que yo hago lo que hago, porque ese es el patrón que mi Señor estableció para mí.

Ahora con eso en el trasfondo, podemos ir al texto del versículo 16. “Vino a Nazaret,” aquí es donde comienza el ministerio de Galilea. Este es el lugar donde Él había sido criado. “Vino a Nazaret donde se había criado y en el día de reposo entró a la sinagoga conforme a Su costumbre.” Ahora, este era un patrón tradicional para Jesús. Era el día de reposo y vino a la sinagoga.

Ahora, ¿por qué comienza Lucas con esto? De todas las cosas que Lucas pudo haber escogido, no tuvo que escoger este primer acontecimiento en Nazaret, pudo haber escogido algo más. Jesús predicó muchos sermones. ¿Por qué es que el Espíritu de Dios le inspiró a escribir esto? ¿Porque es este relato tan importante? ¿Por qué es éste el punto de despegue para la discusión de Lucas del ministerio de Jesús?

La respuesta a esto es muy simple. Porque lo que Jesús dijo en esta ocasión lo identifica como el Mesías y define perfectamente Su ministerio. Lo que Él dijo ese día en la sinagoga de Nazaret cuando comenzó Su ministerio en Galilea es un resumen perfecto de la misión del Mesías; y esa la razón por la que he titulado este sermón “La misión del Mesías.” No está en secuencia cronológica, no viene inmediatamente después de Su conflicto con Satanás. Como dije, es casi un año después. Pero esto tiene sentido para Lucas, escoger un incidente que realmente define quién es Jesús y cuál fue Su mensaje. Y conforme Lucas busca continuar mostrándonos que Jesús es el Mesías, esto se vuelve algo crítico y él quiere presentarlo primero porque establece quién es Jesús y por qué vino en términos absolutamente claros y potentes.

Ahora, una pequeña nota a pie de página. Hay un acontecimiento parecido en la sinagoga en Nazaret que sucedió al final de la vida de Jesús. No lo confunda. Mateo 13:53 el 58 y Marcos 6:1 al 6 presentan el relato de la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret al final de Su ministerio en Galilea. Este es el principio. Ellos presentan la visita final, ésta es la visita inicial.

Y es triste decir esto, pero esta visita a Nazaret de hecho inicia el proceso que va a llevar a la muerte de Jesús. Es asombroso. Antes de que termine este día de reposo, tratan de matar a Jesús. Tratan de empujarlo desde la cumbre del monte. Permítame explicarle la escena brevemente.

Nazaret se encuentra en una pequeña subida y está en las pequeñas subidas realmente de Galilea, cerca de la planicie de Jezreel. George Adam Smith la describe de esta manera, y cito: “Viendo desde la parte de arriba, la historia de Israel se extiende frente al ojo del que observa. Estaba la planicie de Esdrelón donde Débora y Barac habían peleado, donde Gedeón había ganado sus batallas, donde Saúl había chocado en el desastre y donde Josías había sido matado en la batalla. Estaba la viña de Nabot y el lugar donde Jehú mató a Jezabel. Estabas Sunem, donde había vivido Eliseo. Estaba Carmelo, donde Elías había peleado su batalla épica con los profetas de Baal. Y a la distancia, estaba el azul del Mediterráneo y las islas del mar. Pero no sólo la historia de Israel estaba ahí, el mundo mismo se desarrollaba ahí, desde la cumbre de Nazaret. Tres grandes caminos rodeaban esa ciudad. El camino del sur con sus peregrinos de Jerusalén ahí, el camino, el gran camino del mar que guiaba desde Egipto a Damasco con las caravanas que se movían por él. Estaban los grandes caminos del este con las caravanas de Arabia y las legiones romanas marchando a las fronteras orientales del imperio.” Fin de la cita.

La encrucijada del mundo rodeaba la pequeña ciudad de Nazaret. Jesús, dice en el versículo 16, había sido criado ahí. Después de Su nacimiento en Belén, se quedó en Belén por un tiempo, recuerde que los hombres sabios vinieron a visitarlo mientras que Él estaba ahí y estaba viviendo en una casa. Y después, cuando Herodes trató de matar a todos los bebés, Él fue llevado a Egipto para escapar de esa masacre y estuvo en Egipto durante un tiempo. Y después, finalmente cuando Herodes murió, dejó Egipto y pasó el resto de Su vida en Nazaret hasta la edad de los 30 años. Era Su ciudad. Era Su casa. De hecho, aunque Su hogar durante los años de ministerio fue Capernaúm, Él siempre fue llamado Jesús de Nazaret. El nunca perdió ese título. Nunca fue llamado Jesús de Capernaúm o de ningún otro lugar; sino Jesús de Nazaret. Él estuvo ahí casi 30 años, fuera del tiempo que estuvo en Belén y el tiempo en Egipto, Él había estado en Nazaret.

Él no había hecho ningún milagro. No había enseñado en absoluto. No le había dicho a nadie que era el Hijo de Dios o el Mesías, sólo trabajó en el taller de carpintería de su padre. Ellos no sabían quién era. Ellos no lo habían oído hablar. No habían visto nada de Su poder. Pero ellos debieron haberse preguntado quién era. Es una pequeña ciudad y su familia era bien conocida. Y Él era bien conocido y Su perfección e identidad única debió haberlos sorprendido siempre.

Pero ahora, todo eso ha quedado en el pasado. Él ha sido bautizado, Su ministerio sido inaugurado, ha pasado la prueba contra Satanás. Ha realizado el milagro de convertir el agua en vino. Él ha limpiado el tiempo. Él le ha dado el Evangelio Nicodemo y otros. Él ha hecho milagros en Judea. Ha traído la salvación de los samaritanos. Y ahora está de regreso en Galilea, la palabra se está difundiendo en Galilea de lo que Él había hecho en las bodas de Caná, lo cual está adyacente a Nazaret. Usted podría caminar de Nazaret a Caná. Entonces, ellos habían oído del milagro ahí; y habían oído de la limpieza del templo, porque sucedió en la Pascua y muchas de las personas de Nazaret estuvieron ahí cuando sucedió. Y entonces, ellos debieron haber oído de Sus otros milagros y de Su enseñanza e inclusive pudieron haber oído del hecho de que Él había traído el Reino y la salvación a los samaritanos. Entonces, había un interés creciente en este niño local que está regresando. Y después de casi un año de ministerio Judea, Él regresa. Puede usted estar seguro de que cuando entró a la sinagoga ese día estaba llena, a reventar.

Y como era Su costumbre, Él entró en la sinagoga en el día de reposo. Me encanta eso. En dondequiera que usted ve a Jesús en los Evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, lo va en contra del día de reposo en la sinagoga; siempre ahí. Era Su costumbre estar en la sinagoga en el día del reposo. Cuando era el día de adoración, el día en el que Dios había determinado que hubiera adoración, Él estaba allí, siempre fiel en los servicios del sinagoga. Y usted encuentra eso a lo largo de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

No obstante, en esa ocasión, algo era diferente. Por primera vez Él se puso de pie a leer. Dice el versículo 17: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre Mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” Y enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.”

La postura actual para lectura de las Escrituras, esa es la razón por la que lo hacemos, era ponerse de pie como una señal de respeto. Y entonces, aquí está el lector y en esta ocasión, Él es el lector y el expositor de los profetas. En la lectura de la Torá, como dije, leían de uno a tres versículos; y varias personas leían. Pero cuando llegaban a los profetas, aparentemente Jesús era el único lector. Y Él estaba leyendo el texto para el sermón que daría. Él había sido aprobado por el gobernante de la sinagoga, el líder; de otra manera no podría haber tenido esa oportunidad. Y seguramente habría habido mucha plática -¿Oíste eso?, ¿Oíste eso? ¿Oíste a ese Jesús, del cual Juan dijo que era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo? ¿Oíste a ese Jesús, recuerdas, el que limpió el templo? ¿Jesús, que habló del nuevo nacimiento con Nicodemo? ¿Jesús, el que convirtió el agua en vino? ¿Jesús, el que estaba sanando a personas en Judea? Este Jesús que dice ser el Mesías, el hijo de Dios. A este Jesús lo conocemos, el hijo de José y de María. Jesús, que creció en nuestra ciudad, en el taller del carpintero, Jesús ha regresado. Él va a estar en la sinagoga y seguramente esta será la ocasión en la que se le dé el rollo y que Él sea el predicador. Y Él iba a ser el lector de las lecciones de la Haftorá, de los profetas.

Me encantan las palabras de Alfred Edersheim, cuyos volúmenes acerca de la vida y los tiempos de Jesús el Mesías han bendecido a tantas personas. Edersheim escribe, y cito: “Comenzando el viernes, conforme crecían las sombras del sol del viernes en el pequeño valle, Jesús habría oído el bien recordado doble toque de la trompeta que venía del techo de la sinagoga proclamando el advenimiento del día de reposo santo. Una vez más, sonaba ahí, en el que todavía era el aire de verano para decir que todo trabajo debía ser hecho a un lado. Sin embargo, una tercera vez era oído y el que la tocaba lo colocaba ahí donde se había puesto de pie para no profanar el día de reposo al cargarlo, ya que ahora el día de reposo había comenzado y la lámpara festiva del día de reposo se había prendido. La mañana del día de reposo comenzaba y temprano Jesús iba a la sinagoga en donde Él había estado como niño, como joven y como hombre. Él había adorado con frecuencia en el retiro humilde de Su rango, sentándose no ahí entre los ancianos y los honorables, sino atrás. Los rostros bien conocidos estaban a Su alrededor, las palabras antiguas, bien recordadas en los servicios, caían en Sus oídos. ¡Cuán diferente habían sido para Él que para la gente con quien Él se había mezclado en adoración común! Y ahora, Él de nuevo estaba entre ellos, un extraño entres Sus compatriotas. Y en esta ocasión, para ser visto, para ser escuchado, para ser probado o para ser hecho a un lado conforme fuera el caso.” Fin de la cita.

Fue la primera vez, hasta donde sabemos, que Él enseñaba en una sinagoga. La sinagoga era de Su propia Nazaret. Entonces, se le entregó el libro del profeta Isaías, versículo 17. Era un rollo. Isaías podía ser contenido en un rollo. Sabemos eso porque cuando fueron encontrados los rollos del mar Muerto, Isaías estaba contenido en un rollo. Estaba guardado en un baúl cubierto por tela y era sacado por el asistente mencionado en el versículo 20 como el asistente, el huperetes, el siervo de bajo rango, el remero de bajo rango, es eso es lo que huper significa. Él era llamado el hazán, el oficial bajo ahí, el responsable de cuidar de los rollos; y le entregó el rollo a Jesús. Él era también, tal como he mencionado, el tutor de la sinagoga.

Ahora, ellos tenían unos estándares bastante elevados. Ese era el oficial de menor rango ahí, Él era el que supervisaba la escuela, quien asistía y ayudaba con los rollos; pero de acuerdo con Edersheim, él tenía que ser irreprensible, su familia tenía que ser irreprensible. Él tenía que ser humilde, modesto. Tenía que conocer las escrituras y ser distinto y correcto en su pronunciación de las escrituras; simple y bien vestido y tener una ausencia de una actitud de orgullo. Todas estas cualidades más adelante se presentan en listas que Pablo tuvo para los ancianos y para los diáconos. Entonces, él le dio a Jesús el rollo apropiado.

Bien pudo haber sido en la lectura de la Haftorá, los profetas, que era el momento de leer a Isaías. Es probable que estuvieran en una serie de lecturas de Isaías. Aunque Él no abre el rollo en ninguna lectura en particular, porque dice que se le dio el libro del profeta Isaías “y habiendo abierto el libro.” Jesús desenrolla el libro en las Escrituras que Él quiere leer y de las que quiere hablar. Él halló el lugar donde estaba escrito. El lugar que Él encontró, Isaías 61:1 y 2; y lee los versículos 18 y 19. Los versículos 18 y 19 son citados de Isaías 61:1 y 2. Entonces, Jesús los lee y hay una pequeña variación. Se omite una frase completa. Ahí está la frase tomada de Isaías 58:6.

Y sólo quiero mencionar algo aquí porque es tan importante, particularmente para el pueblo judío. El Evangelio, el Evangelio cristiano no está desconectado del judaísmo. No está desconectado del Antiguo Testamento. No es otra religión. De hecho, más bien el cristianismo es el cumplimiento del Antiguo Testamento, ¿no es cierto? Cuando Jesús quiso identificarse a sí mismo, leyó el Antiguo Testamento. El cristianismo no es una nueva religión, es la culminación, es la gloria del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento habla acerca de Jesús. Lucas 24:27, Jesús les está hablando a los discípulos en el camino a Emaús, y dice: “Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las escrituras lo que de Él decían.” Él estaba abriendo el Antiguo Testamento y el Antiguo Testamento trataba de Él.

Entonces, lo que Jesús hizo fue regresar a Isaías a la profecía mesiánica y estos lo que el leyó: “El Espíritu del Señor está sobre Mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” Y Él lee esa escritura.

Ahora, ellos sabían que esto era mesiánico. Ellos sabían eso. Ellos conocían al profeta. Ellos sabían que la profecía de Isaías era primordialmente profecía acerca del Mesías. E Isaías 61:1 comienza: “El Espíritu del Señor esta sobre Mí por cuanto me ha ungido.” Ellos sabían que el Mesías sería ungido por el Espíritu Santo. Esa es una profecía mesiánica, que cuando el mesías viniera sería ungido por el Espíritu Santo. Ungido significa “apartado para servicio especial, capacitado para servicio especial.”

En Isaías capítulo 11 usted tiene una profecía similar acerca del Mesías. En Isaías 11, el Mesías es una “vara del tronco de Isaí.” Isaí es el padre de David, lo cual significa que Él viene de la línea davídica. Él es un vástago, retoñará de sus raíces y dice: “Y reposará sobre Él el Espíritu de Jehová. Espíritu de sabiduría y de inteligencia, el Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová,” el Espíritu Santo séptuple, completo, reposará en el Mesías. Y así dice en Isaías capítulo 11. En Isaías capítulo 42, versículo 1: “He aquí Mi siervo, Yo le sostendré, Mi escogido en quien Mi alma tiene contentamiento, he puesto sobre Él Mi Espíritu.” De nuevo, otra profecía mesiánica indicando que el Mesías sería capacitado y ungido por el Espíritu Santo. En el capítulo 48 de Isaías, versículo 16: “Ahora, me envió Jehová el Señor y Su Espíritu.” Y después, en el 61, usted tiene esta declaración: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre Mí, porque me ungió Jehová.”

Entonces, ellos saben que están oyendo profecía mesiánica. El Mesías iba a venir ungido por el Espíritu Santo. Ahora, ¿qué recordamos que sucedió en el bautismo de Jesús? En el tercer capítulo, versículo 21, dice que cuando Él estaba siendo bautizado, versículo 22, “el Espíritu de Dios descendió sobre Él,” ¿verdad? Y después, en el capítulo 4, observe el versículo 1: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto.” Versículo 14, que leímos hace un momento, “y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea.” Y entonces, Jesús tiene sobre Él la unción y el poder del Espíritu Santo, así como el Mesías lo iba a tener, de acuerdo con Isaías. Él ha sido ungido para servicio especial.

Después, versículo 18, hay cuatro componentes concisos de la misión del Mesías… “Dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos.” Ahora, quiero decirles algo, ésta es la razón por la que Lucas escogió esto; porque usted no puede encontrar un mejor resumen de la misión del Mesías que eso. Son identificados cuatro grupos: los pobres, los prisioneros, los ciegos y los oprimidos. Y el Mesías viene a cambiar esas condiciones trágicas. Él viene a traer buenas nuevas a los pobres, a liberar a los cautivos, a dar vista a los ciegos, libertad a los oprimidos. Ahora, eso habla de Su obra salvadora.

Y el versículo 19 lo resume, también de Isaías 61, versículo 2: “A predicar el año agradable del Señor.” ¿Qué es eso? Ese es el año en el que el Señor trae favor. ¿Cuál es el año en el que Señor trae el favor? Ese es el año en el que el Mesías llega. El año agradable del Señor es el tiempo de la llegada del Mesías. Es el tiempo del favor de Dios mencionado en el capítulo 49 de Isaías, versículo 8, el cual también es llamado el día de salvación. Es igual al día de salvación. Es igual a lo que Isaías 63:4 llama “el año de Mis redimidos.”

Lo que Él está diciendo es que esta es la época de salvación. El marco en torno a este ministerio, “voy a parar las buenas nuevas a los pobres, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos, liberaron tres oprimidos” y todo esto sucederá dentro del marco soteriológico de la época de salvación. En otras palabras, lo que está diciendo es que la salvación ha llegado, la época de la salvación que han estado esperando durante tanto tiempo, ha llegado. Este es el año cuando el Señor muestra Su favor al proveerles al Mesías, el Salvador, el sacrificio por el pecado. Es el año favorable o el año agradable porque significa que va a causar que las buenas nuevas lleguen a los pobres, va a liberar a los cautivos, va a dar vista los ciegos, va a dar liberación a los oprimidos. Este es el año agradable.

Entonces, Isaías profetizó eso. Estaban familiarizados con ese pasaje. El Mesías vendrá. Él va ser ungido y capacitado por el Espíritu Santo, lo cual significa que estará capacitado para decir cosas que son divinas y hará milagros que son la evidencia del poder del Espíritu. Y Él vendrá liberar a las personas y demás. Y esta va a ser la época de salvación que hemos esperado durante tanto tiempo.

Este también tiene tonos de otro gran acontecimiento en la historia de Israel llamado el año de jubileo. De regreso en Levítico 25, se les instruyó a los judíos que cada 50 años había un año de jubileo. El año 50 era un año de jubileo. ¿Se acuerda lo que sucedía? Puede leer Levítico 25. Todos los esclavos eran liberados, las deudas eran canceladas. Toda la propiedad regresaba a su dueño original.

Ahora, esto refleja el genio de la mente de Dios. Esto es genio económico porque evita que la gente acumule algo porque se les va a quitar en el año 50. Toda la propiedad regresa al dueño original, todas las deudas son canceladas y todos los prisioneros o esclavos son liberados. El jubileo era como el símbolo de salvación cuando hubiera liberación y perdón y restauración. Y ésta era la esperanza de Israel como era simbolizada en el jubileo, de que vendría ese jubileo final, ese año agradable del Señor era el año del jubileo; pero en realidad era sólo un símbolo del verdadero año agradable del Señor, el año cuando el Mesías llegaría, y todas las promesas hechas a Abraham serían cumplidas y todas las promesas hechas a David serían cumplidas. Y ésta era su esperanza y conocían el pasaje; y lo conocían bien. Lo había leído muchas, muchas veces y sus corazones estaban llenos de esperanza. Era el elegido de manera regular en las sinagogas, todas sus vidas lo había leído.

Por cierto, de manera sorprendente, el versículo 19, cuando Jesús lee de 61:2, “a proclamar el año favorable del Señor,” Él se detiene en el medio del versículo porque el resto del versículo 2 en Isaías dice “el día de la venganza de nuestro Dios.” Y Jesús dejó eso afuera. No es momento de hablar de venganza. No es momento de hablar de juicio. Es momento de hablar de salvación.

Después de eso, enrollando el libro, lo dio al ministro, al hazán, de regreso y se sentó, porque sentarse era la postura tradicional para enseñar. “Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.” ¿Qué es lo que va a decir? “Y comenzó a decirles: ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.’” Nunca nadie había dicho eso. Ningún predicador jamás había dicho eso. Ellos siempre habían dicho ‘algún día, no hoy.’ La sinagoga está a reventar. Nunca olvidaré cuando me quede en Tiberio junto a una sinagoga durante varios días viendo la gente que estaba ahí hasta reventar; llenaban el lugar. Simplemente imaginarse qué tipo de escena es esta. Y Jesús dice: “Todo lo que han estado esperando, está aquí; todo lo que han estado esperando está frente a ustedes. Hoy, en este momento, en este lugar, se ha cumplido esta Escritura.” El verbo es un tiempo perfecto indicando un estado existente de cumplido. Ustedes están viendo el cumplimiento de este pasaje. Ustedes están oyéndolo con sus oídos.

La profecía de Dios a través de Isaías ya no es futura. Es ahora. El Mesías está aquí. La salvación ha venido. La época mesiánica ha comenzado. Él está diciendo: “Yo soy el Mesías.”

Ahora, usted dice, ese es un sermón muy corto, el versículo 21. Yo no creo que fuera tan corto porque el versículo 21 dice en el griego: “Y Él comenzó a decirles: “Hoy esta escritura ha sido cumplida en sus oídos.” Y la estructura de eso “y comenzó,” indica que este fue sólo un resumen de una explicación mucho más detallada. Pero el resumen fue “hoy,” esto ya no es futuro, esto es presente. Ellos habían oído muchos sermones acerca del Mesías; y ahora estaban oyendo uno directamente de Él. Ellos habían oído muchos sermones acerca de la época que estaba por venir; ahora estaban en esa época. Dramático… Dramático. Antes de que termine, versículo 29, tratan de despeñarlo de un monte. Impresionante; pero tendremos que esperar para ver eso.

Y el próximo domingo, permítame decirle esto ahora, voy a explicarle lo que Isaías quiso decir cuando escribió el capítulo 61 y lo que Jesús quiso decir cuando lo leyó con estas cuatro declaraciones… Predicando el Evangelio a los pobres, proclamando liberación a los cautivos, restaurándoles la vista a los ciegos y liberando a aquellos que están oprimidos. Voy a desempacarle esas verdades para que entienda la naturaleza de la misión del Mesías. ¿Quiénes son estos pobres? ¿Quiénes son estos cautivos? ¿Quiénes son estos ciegos? ¿Y quiénes son estos que están oprimidos? ¿Y qué es lo que Él les ofrece? Eso es para la próxima vez. Pero por lo menos ahora ya tenemos el contexto, la escena; y le daremos, voy a tratar por lo menos, de darle una exposición de Isaías, algo parecido a lo que Jesús habría dado ese día antes de que Él lo resumiera diciendo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros,” para que usted sepa exactamente en qué consiste Su Misión.

Padre, es tan refrescante asistir a una sinagoga en Nazaret con Jesús el día de hoy, ser llevado de regreso para ver la maravilla de Su persona otra vez. ¡Él es tan asombroso para nosotros, tan glorioso! Te damos gracias porque nos has concedido conocerlo y amarlo; Él no es un extraño para nosotros, no es un fin imposible de alcanzar. Este Jesús que entró a Su propia ciudad, a Su propia sinagoga, este Jesús que anunció que Él había traído la época de salvación, este Jesús, quien predicó las buenas nuevas, pertenece a nosotros y nosotros a Él. Él es nuestro, Él vive en nosotros, Él nos ama, Él dio su vida por nosotros y algún día, Él nos llevará a la gloria para estar con Él para siempre. Padre, incrementa nuestro amor por el Salvador y que la maravilla de Su persona se traduzca continuamente en una devoción creciente por honrarlo en nuestras vidas. Oramos en Su nombre. Amén.

 

 

 

 

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