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Para esta mañana, quiero que abra la Palabra de Dios al tercer capítulo de Juan. De regreso al tercer capítulo de Juan. Y en los primeros diez versículos. Ahora, aquellos que han estado con nosotros en las últimas dos semanas saben cuán importante y crítica es esta porción de las Escrituras. Saben algo ya que ya hemos en cierta manera penetrado hasta el versículo 3. La buena noticia es que terminaremos hasta el versículo 10 esta mañana. No sé exactamente cuándo, pero terminaremos el versículo 10.

Ahora, se la voy a leer y después, voy a decir lo que es obvio y después, escarbaremos para ver lo que quizás no es tan aparente. Juan capítulo 3, versículo 1. Juan escribe: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”

Cinco veces en este pasaje, tenemos una referencia a nacer de nuevo o nacer de arriba. La palabra anothen puede traducirse de nuevo o arriba y ambas son aplicables. Jesús está diciendo que para que alguien entre al Reino de Dios, en la esfera de salvación, vida eterna, perdón de pecados, esa persona debe nacer de arriba, nacer de nuevo. Esta es la doctrina de la regeneración. Está en la médula misma de entender la salvación.

Hace unos 25 años atrás o algo así, el evangelista más publicado y más reconocido, Billy Graham, publicó un libro. Y ese libro, ha sido parte del mundo evangélico durante estos 25 años y ha dado lugar a otros recursos.

El título de este libro es Cómo Nacer de Nuevo. Es un libro de cómo nacer de nuevo. Ese libro da pasos para nacer de nuevo. El enfoque es bien intencionado, claro. Y llama al arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. Pero ese libro y su título no entienden el principio que Jesús está enseñando aquí.

El punto entero de este texto es que algo debe sucederle a usted en lo que usted no participa. No hay un cómo nacer de nuevo. No hay pasos para nacer de nuevo. En ningún lugar, Jesús le dice a Nicodemo “haz esto, di esto, ora esto.” En ningún lugar le dice cómo nacer de arriba. Cómo nacer de nuevo. Sí, dice, un hombre debe nacer de nuevo. Y en el versículo 8, él le dice a Nicodemo: “necesitas nacer de nuevo.” Pero ese no es un mandato, esa es una afirmación.

El Reino de Dios únicamente es para personas a quienes se les ha dado la vida de Dios. Usted no puede vivir en Su Reino a menos de que sea un participante de la naturaleza divina, a menos de que sea una nueva criatura. Y la analogía es tan simple y tan básica que difícilmente puede ser malinterpretada.

La analogía es el nacimiento. Y todo el mundo entiende eso. Usted no participó en su propio nacimiento. No hay libros publicados que digan cómo nacer físicamente. Usted no tiene nada que ver con eso y esa es la razón por la que nuestro Señor usó esta analogía. Así como usted no tiene función alguna en su nacimiento físico, usted no tiene función alguna en su nacimiento espiritual. Ese es el punto de la analogía. Jesús está diciendo: “el Reino sólo se abre a personas que saben que es 100% un milagro Divino y quienes dejan todo esfuerzo por participar.” ¿El Reino está abierto? ¿Qué queremos decir con el Reino? La esfera de salvación, el camino a Dios, perdón de pecado, vida eterna, cielo, bendición en el tiempo y la eternidad, todo eso es parte del Reino de la salvación. Todo eso está disponible únicamente a personas que nacen de arriba mediante un acto creador llevado a cabo por Dios en el cual no participan.

Le dije la última vez, los teólogos dicen que esto es monergístico en lugar de que sea sinergístico. Este es una obra de Dios independiente del hombre. El pecador entonces, debe ser el receptor de un milagro divino que desciende de Dios. Y no hay pasos, no hay un cómo hacerlo. Ese es el punto simple, claro, inequívoco de usar la analogía del nacimiento en lugar de que usara otra analogía. De nuevo lo digo, usted no hace nada para contribuir a su nacimiento físico y usted no hace nada para contribuir a su nacimiento espiritual.

Ahora, necesitamos entender esto. Como dijimos, esta conversación acerca de la regeneración, el nuevo nacimiento, fluye a lo largo de tres características. Hay una especie de tres segmentos aquí. Está la preocupación del pecador, vemos eso en Nicodemo. Está la palabra del Salvador. Y después, finalmente, la obra del Espíritu. Y estamos analizando la conversación y viendo a esas características. El mensaje de nuevo, para que lo entienda, el Reino de salvación, el perdón de pecados, la vida eterna, el cielo, está abierto únicamente para aquellos que abandonan todo esfuerzo personal. Es una obra de Dios.

Ahora, regresemos a la conversación. Primero, la preocupación del pecador. “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que Tú haces, si no está Dios con Él.”

Permítame tan sólo darle un repaso breve. Nicodemo es un fariseo. Los fariseos eran un grupo elite de estudiantes de la ley del Antiguo Testamento que obedecieron a esa ley como también todas las tradiciones rabínicas que habían inventado en torno a esta ley. Y lo hacían de manera quisquillosa. Eran los más devotos de todos los judíos del Antiguo Testamento y a toda parte de su tradición judía. Eran los que se aislaban. Ellos no querían tener nada que ver con la masa, el pueblo, el populacho.

De hecho, más adelante en el Evangelio de Juan, usted encuentra que ellos consideraron a la población entera independiente de ellos y que debía ser maldecida. Eran los ignorantes y los maldecidos. No se veía nada a sí mismos como si tuvieran algún tipo de función de ministrar a la gente. Simplemente, se aislaban a sí mismos. Eran los hipócritas consumados. Eran los hipócritas consumados de todos los hipócritas. Ellos estaban lavados por fuera y llenos de huesos de muertos por dentro. Pretendían ser religiosos y guiar a la gente al cielo. Y, de hecho, creaban hijos del infierno. Multiplican hijos del infierno a todo lugar adonde ellos iban porque ellos mismos eran hijos del infierno.

Nicodemo es descrito en Mateo 23 como uno de esos en contra de quien Jesús pronunció una serie de condenaciones y maldiciones. Nicodemo sería como el apóstol Pablo, quien cuando dio su propio testimonio acerca de lo que era ser un fariseo, dice que él era celoso por la ley, que él era irreprensible en la ley, que él guardó toda tradición y marchó según los pasos que los fariseos demandaban en todo detalle, diezmando inclusive hierbas insignificantes. Eran muy estrictos y cuidadosos en el área de su religión, pero eran hipócritas.

Uno de ellos, como Nicodemo, lo vemos en Lucas 18, es descrito por nuestro Señor. Nuestro Señor crea a este fariseo imaginario y este fariseo imaginario va a orar al templo y le dice a Dios: “Dios, Te doy gracias porque no soy como los otros hombres. Te doy gracias porque no soy como este publicano despreciable. Yo ayuno, yo diezmo de todo lo que poseo. Yo hago todas estas cosas buenas. Ése es un fariseo. Ése es Nicodemo. Él no es sólo uno. Él está en la cúspide del montón. El versículo 10 dice que él es El maestro en Israel en el griego. Los fariseos eran maestros. Él es El maestro en Israel. Él es el maestro más ilustre, el más noble. El maestro de maestros. Él es un miembro del sanedrín. Él es parte del concilio judío de los 70. Ese era un grupo muy elite de personas que era la Corte Suprema de Israel. Él es un experto del Antiguo Testamento. Él es inteligente, él es brillante, él es inmensamente exitoso. Las tradiciones no dicen que él fue una de las personas más ricas de la ciudad de Jerusalén. Su sabiduría, su capacidad para pensar y razonar y negociar lo habían hecho extremadamente, extremadamente exitoso y rico. Él lo tenía todo.

Y claro, desde el punto de vista de los fariseos, ellos amaban el dinero. Jesús dijo que ellos amaban el dinero. Bueno, Nicodemo lo amó y lo ganó. Él se volvió muy, muy rico. Y claro, él equiparaba las riquezas con la bendición de Dios. Entonces, él se consideraba a sí mismo como bendecido por Dios grandemente porque él había sido tan rico. En su corazón, él sabía que él era un farsante y él sabía que era un impostor. Y él sabía que él era un hipócrita. La religión externa. Vacío en su temor, duda; la ansiedad destrozando su alma. Aquí está su problema. ¿A quien acude? Él es EL maestro.

Y después, se encuentra con Jesús y ¿adivine qué? Jesús es un maestro que está a un nivel más elevado que él porque él nunca ha hecho milagro. Él nunca ha observado un milagro. Él nunca ha visto a alguien que hiciera un milagro o hubiera conocido a alguien que vio un milagro. Entonces, él viene a Jesús y le dice: “mira, sabemos que has venido de Dios.” Y en su propio corazón, él sabía que no había venido. Pero él sabía que Jesús era de Dios debido a las señales que Él había hecho. Los milagros que Él había hecho. Finalmente, aquí había un maestro que estaba por encima de sí mismo y su corazón clama por la realidad.

Entonces, él viene con esa introducción. Esa fue la afirmación en sus labios. Pero Jesús, sabía lo que estaba en su corazón, versículo 3. Jesús ignoró lo que él dijo, versículo 3. Versículo 3: “Respondió Jesús y le dijo,” en la tercera persona, entonces, vamos a tener una discusión aquí, un diálogo, vamos a hablar de teología, vamos a hablar del Reino, esto no es personal, está en la tercera persona, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Aquí vamos a tener un diálogo. Vamos a hablar de teología. Vamos a hablar del Reino. Esto no es personal, está en la tercera persona.

“De cierto, de cierto te digo,” lo cual significa que esto es nuevo, totalmente nuevo. Y él lo vuelve a decir en el versículo 5. “De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios.” No vas a meter un pie en la puerta a menos de que nazcas de nuevo. ¿Por qué dice eso? Eso no tiene nada que ver con lo que Nicodemo dijo en su introducción. La razón por la que Jesús dijo esto fue porque él conoció la preocupación del pecador. Él sabía lo que estaba preocupándole a Nicodemo. ¿Cómo supo eso? Regrese al versículo 24, Él conocía a todos. Versículo 25, capítulo 2, “y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre.”

Y aquí está la ilustración de esto. Él tenía omnisciencia, Él sabía lo que los hombres pensaban. Él conocía sus pensamientos, Él conocía los anhelos y deseos de sus corazones explícitamente. Aquí hay un religioso leal, este es un fariseo. Este es un legalista de legalistas. Él ha alcanzado el ápice del judaísmo y él no está en el Reino. Y él lo sabe y su corazón está lleno de temor. Él no tiene paz. Él no tiene gozo. Él no tiene sentido de certeza o perdón; y en su corazón, él está clamando qué hago, qué hago o qué dejo de hacer, porque todo lo que él sabe hacer es un sistema de obras.

Y nuestro Señor le dice que nadie entra al Reino quien no es nacido de nuevo. Lo cual quiere decir que tienes que regresar y comenzar de nuevo. Y le dije en las últimas dos semanas que ese comentario simplemente dice esto: toda la religión acumulada, toda la moralidad acumulada, toda la bondad humana acumulada es equivalente a cero. Absolutamente cero con Dios, sin significado. Entonces, aquí está en la condición cero y él lo sabe. Esa es la preocupación del pecador.

Ahora, llegamos a la palabra del Salvador en el versículo 3. Y Él dice: “el que no naciere de nuevo o de arriba no puede ver o entrar o participar en el Reino de Dios.” Eso es regeneración. Tienes que nacer. Tienes que tener una nueva naturaleza, nueva vida, recreación. Y vimos eso a detalle no por la voluntad del hombre, capítulo 1, versículo 13. No por la voluntad de la carne, no por sangre humana, sino por Dios. Vimos Santiago 1 y es Dios quien nos dio vida. Vimos Efesios 2, nos dio vida juntamente con Cristo. Vimos Tito 3, el lavamiento de la regeneración. Vimos Primera de Pedro 1, renacidos. Vimos todos esos pasajes en el resto del Nuevo Testamento y hay muchos, muchos más que apuntan al hecho de que la salvación es una obra de Dios. Es un milagro Divino que desciende del cielo en el cual no participamos. No participamos en nuestra elección desde antes de la fundación del mundo y no participamos en nuestra regeneración en el tiempo. Esa es una obra de Dios.

Entonces, ahora regresamos a la historia. Ahora, regresemos al versículo 4. Cómo respondió Nicodemo a la afirmación de Jesús en el versículo 3, “el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Y Él estaba hablando en la tercera persona, están teniendo una discusión teológica. Todavía no se ha vuelto personal. Los predicadores han dicho: “bueno, Nicodemo no lo entiende. Él no tiene idea alguna de lo que Jesús está hablando. Él está muy confundido.”

Entonces, en el versículo 4, “Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Algunas personas piensan que está siendo sarcástico. Algunas personas, creen que él piensa que esto es ridículo, que esto es una broma, no puedes nacer de nuevo. Que esto demuestra su ignorancia y que él en cierta manera se está burlando y mofando de esto. Esto no es correcto. Esto no es en absoluto lo que tenemos aquí.

Él sabe que Jesús acaba de leer su mente. Él no le dice a Jesús: “¿por qué dices eso? ¿Por qué me estás hablando del Reino? ¿Por qué me estás hablando de esto?” Él no hace esta pregunta. Él sabe que Jesús acaba de leer su mente. Y él sabe que Jesús acaba de decir: “no puedes entrar al Reino por algo que hagas tú, así como tú no puedes producir tu propio nacimiento.” Este hombre vive en un mundo de analogías. Los rabinos, ése era su mundo. El mundo de las analogías, ilustraciones, parábolas. Ilustraciones de palabras, paralelos. Él es brillante, él es EL maestro en Israel. Él es el lógico consumado. Él pasó su vida entera en discusión y diálogo teológicos. Él entiende completamente lo que Jesús dijo. Él lo entiende el cien por ciento. Y él entra a la discusión de tercera persona y él dice: “¿cómo puede un hombre nacer cuando es viejo? Usaré tu analogía. Él no puede entrar por segunda vez al vientre de su madre y nacer, ¿verdad?”

Eso prueba que él entendió de manera total lo que Jesús estaba diciendo. Jesús estaba diciendo: “Tú entras al Reino, pero tú no puedes hacer nada al respecto.” Él lo entiende. Él entiende el lenguaje figurado. Los rabinos y los maestros lo usaban todo el tiempo. Entonces, él sigue con la analogía y él dice: “oye, Tú me estás diciendo que es humanamente imposible. Imposible. Tú estás hablando de algo que es imposible para mí.” No. Él no malinterpreta esto en absoluto. Él no lo malinterpreta en absoluto. Jesús no le dice cómo nacer de nuevo. Él entendió que Jesús no dijo eso. Jesús le está diciendo algo aquí para lo que no hay un cómo hacerlo. Él entendió mejor que la mayoría de los evangélicos, me temo decirlo.

Si un hipócrita farisaico no salvo, parte de una religión falsa puede en una conversación entender la verdad simple de la doctrina de la regeneración, ¿por qué es que la Iglesia está tan confundida por esto? ¿Dónde hemos estado? ¿Y por qué hay tantos predicadores que le dicen a la gente los pasos que pueden tomar para nacer de nuevo? Él estaba reaccionando del modo que cualquier persona legalista reaccionaría. “¿Estás bromeando conmigo? He pasado mi vida entera haciendo cosas para entrar al Reino y ahora me estás diciendo que la única manera de entrar al Reino es mediante algo con lo que no tengo nada que ver.”

Aquí está el corazón del Evangelio de la gracia, ¿no es cierto? Todo lo que él había conocido, te lo ganas. Te lo ganas por la religión, ceremonia, ritual, moralidad, bondad humana. Esa es la razón por la que Jesús dice: “de cierto, de cierto.” Porque Él está diciendo esencialmente has estado enredado en la mentira condenadora de Satanás de que puedes ganarte tu salvación. Y te estoy diciendo la verdad. La verdad, él la está oyendo por primera vez en su vida entera. Y él ha tenido muchas discusiones teológicas. Por primera vez en su vida entera, que Dios tiene que hacer algo en su alma que es una obra de creación que desciende de arriba en donde él no participa en absoluto. Él está asombrado por esto. Absolutamente asombrado.

Jesús pudo haberle dicho: “oh, sí, yo sé que es un gran cambio para ti. Yo lo sé. Lo siento. Voy a tener que reprogramarte,” pero no lo hace. Ahí en el versículo 10, Jesús le dice: “¿eres tú el maestro de Israel y no sabes esto? ¿Cómo llegaste a esa posición, si no entiendes estas cosas?”

Él no deja que Nicodemo evada la situación. Es inexcusable que Nicodemo no entienda el nuevo nacimiento. Es inexcusable que él no entienda la regeneración. Es absolutamente inexcusable. Guau. Pero le va a ayudar. Entonces, le va a dar dos pistas.

Pista número uno, viene en el versículo 5, pista número 2 viene en el versículo 6; y esto enseñanza buena. Así es como los maestros operan. Maestros eficaces. Guían al alumno. No le dan la respuesta, guían al alumno. Entonces, aquí está la primera pista. “Esto es nuevo para ti, Nicodemo, ¿y tú eres el maestro en Israel? ¿Esto es nuevo? Permíteme decírtelo de otra manera,” versículo 5: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo,” todavía en la tercera persona, todavía estamos hablando de teología aquí, “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.”

Sabe una cosa, cada vez que usted tiene una conversación y alguien le da una adivinanza, ¿qué es lo primero que usted pregunta cuando no lo puede entender? ¿Me puedes dar una pista? Nicodemo acaba de chocar contra una pared. Él acaba de oír algo que nunca antes había oído en su vida. ¿Me puedes dar una pista para esto? Jesús le dijo, “te daré una pista, a menos de que alguien nazca de agua y del Espíritu, él no puede entrar al Reino de Dios.” ¿Acaso eso abre tu mente, Nicodemo? Agua - Espíritu, agua - Espíritu; ¿has oído eso?

Los sermones tradicionales acerca de esto dicen: “bueno, agua y el Espíritu significa esto: el agua es el nacimiento humano porque decimos previo al nacimiento de un hijo que se rompe la fuente. Entonces, tienes que tener un nacimiento humano, un nacimiento físico y después, un nacimiento espiritual. En Entonces, debes nacer de agua, esto es nacido físicamente y después, nacido espiritualmente. ¿En serio? ¿Quieres decir que Jesús le está diciendo a Nicodemo, en primer lugar, Nicodemo, tienes que existir? Tienes que ser una persona, porque los que no son personas, no pueden ser salvos. Eso es ridículo.

Además, nosotros en este mundo moderno hablamos de que se rompe la fuente. Los hebreos nunca usaron esa expresión. Él no habría sabido nada de eso. Esto no es clínico. Él no está hablando de eso. Otros dicen el agua es bautismo. Eso es muy popular. Los comentaristas lo explican durante páginas porque tienes que hacerlo debido a que no está ahí tratando de inventarlo. Y terminan con el bautismo cristiano, el cual no se apareció sino hasta el segundo capítulo de Hechos. Nicodemo no sabe nada acerca del bautismo cristiano. Él le está dando una pista.

¿En dónde estaba la mente de Nicodemo? ¿En dónde se vivía y movía y tenía su ser? ¿En qué? En el Antiguo Testamento. ¿Acaso eso te recuerda algo Nicodemo? ¿Acaso eso te recuerda algo? Escuche, él conocía el Antiguo Testamento. Él probablemente se había memorizado secciones enormes del Antiguo Testamento. Él estaba muy familiarizado con los profetas. Él lo sabía. Agua y el Espíritu. ¿Adónde iría su mente?

Regrese a Ezequiel 36. Ezequiel 36. Aquí hay un principio encerrado en uno de los pasajes más maravillosos en el Antiguo Testamento entero, el cual describe la obra salvadora de Dios en aplicación a Israel, claro. Pero al mismo tiempo, la obra salvadora en aplicación a los gentiles como también a lo largo de la historia, como también judíos que vienen a la fe en Cristo. Aquí está cómo funciona la salvación. Ezequiel 36:25, noten los verbos que hablan de lo que Dios hace. ¿Por qué? Porque esta es una obra de Dios. Esta es esta la obra monergista de Dios, del cielo. Y usted notará cinco veces que Dios habla de lo que Él hace.

Dios está hablando: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros;” ahí, queridos amigos, está el agua y el Espíritu. El agua y el Espíritu simplemente es una referencia a la creación, la nueva creación, la obra regeneradora de Dios que Él lleva a cabo mediante Su propia voluntad en el corazón de un pecador. Y aquí, Él está prometiendo hacerlo un día no sólo en judíos y gentiles individuales, sino un día para la nación entera de Israel, “colocaré un corazón nuevo en ustedes, un nuevo Espíritu en ustedes, quitaré el corazón de piedra de su carne y les daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, y guardéis Mis preceptos, y los pongáis por obra. Lo haré, lo haré, lo haré. Y después, ustedes serán cuidadosos en observar Mis ordenanzas.” “Y vosotros,” versículo 28, “seréis Mi pueblo y Yo seré vuestro Dios.” Esa es el agua y el Espíritu.

Este gran pasaje del nuevo pacto de Ezequiel 36 habría sido tan conocido para Nicodemo. Él lo habría conocido bien. Y después, él habría conocido también en el capítulo 37, en donde Dios ve la salvación futura de Israel y en el versículo 3, él le dice a Ezequiel, llamándolo el hijo del hombre, “¿pueden vivir estos huesos?” Ahí hay un retrato del valle de los huesos secos ilustrando la mortandad espiritual de Israel. ¿Pueden estos huesos muertos vivir?

“Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, Yo hago entrar espíritu, ruach, en vosotros, y viviréis.” En otras palabras, Dios le dará vida en el futuro a Israel. Él lo salvará no sólo como individuos, sino también como nación.

Versículo 12 de este mismo capítulo: “Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que Yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré Mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que Yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.” Este es la obra soberana de Dios dando vida en el futuro a la nación de Israel. Esa es Su promesa a la nación y ese es Su plan y medio de salvación para todo individuo también. Es una obra de Dios.

Usted puede regresar. Nicodemo conocía ese pasaje. Él conocía esos textos de Ezequiel. Él también habría estado muy familiarizado con el capítulo 11 del amado profeta Ezequiel. Él habría leído esto muchas veces, probablemente lo tenía en su memoria debido a la promesa. Ezequiel 11:19: “les daré un corazón, colocaré un nuevo Espíritu dentro de ellos. Quitaré el corazón de piedra de su carne. Les daré un corazón de carne para que anden en Mis estatutos, guarden Mis ordenanzas y las hagan. Y serán Mi pueblo y Yo seré su Dios.” Esta es una obra divina presentada claramente en el Antiguo Testamento.

Quiero que observen Jeremías, tan sólo dos pasajes en Jeremías. Jeremías 24:7: “les daré un corazón para conocerme porque Yo soy Jehová y ellos serán Mi pueblo y Yo seré su Dios. Regresarán a mí con todo su corazón.” Eso es recreación. Nuevo corazón, nuevo espíritu, lavado, limpiado. Y después, el más conocido, Jeremías 31. Jeremías 31:31, mismo versículo, mismo capítulo: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto;” ese pacto fue el pacto mosaico, el cual quebrantaron, “porque ellos invalidaron Mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.” Versículo 33: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré Mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y Yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” Estoy creando un nuevo pueblo. Estoy creando nuevas personas, dándoles un nuevo Espíritu, un nuevo corazón, lavándolos, limpiándolos, purificándolos. Todo eso es lenguaje del nuevo pacto.

Ahora, quiero darle una ilustración de esto. Pase al Salmo 51. Cuando David escribió el Salmo 51, él era un creyente. Él era un hombre según el corazón de Dios. Él había escrito muchos salmos antes del Salmo 51. Pero en el Salmo 51, tenemos una situación excepcional, Única con David porque él ha cometido un conjunto de pecados masivos prolongado, premeditado, bien planeado.

Comenzó cuando estaba ahí caminando en su balcón y vio a Betsabé. Y él la codició. Y después, se involucró para asegurarse de que él estuviera con ella. Él la trajo al palacio e hizo que el marido de ella, que estaba peleando en defensa de Israel en el ejército de David fuera dejado a la mitad de la batalla para que muriera. Entonces, hizo que sus soldados fueran cómplices en el homicidio de su marido. Él la toma. Él comete adulterio. Una situación terrible, trágica. Nace un niño, el niño muere. Usted conoce la historia entera de horror. Pero fue un pecado prolongado, premeditado. Y este hombre está tan abrumado y privado de la realidad de su propia condición que es como si ni siquiera fuera salvo; como si no tuviera relación con Dios.

Y en el Salmo 51, él clama a Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia;

Conforme a la multitud de Tus piedades borra mis rebeliones.” Él estaba orando como un hombre no convertido. “Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.” Este es lenguaje del nuevo pacto. Él está hablando como un pecador no regenerado porque así es como se siente. “Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de Tus ojos;

Para que seas reconocido justo en Tu palabra, Y tenido por puro en Tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado.” en otras palabras, nací como pecador. Él no quiere decir que su madre lo ha concebido de manera ilegítima. Él quiere decir: desde la concepción, estuve en pecado. “He aquí, Tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” En otras palabras, necesito ser una persona diferente en el interior.

Y entonces, él dice: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.” Y después, en el versículo 10: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de Ti, Y no quites de mí Tu santo Espíritu.” Este es lenguaje del nuevo pacto. David está tan profundamente abrumado en su arrepentimiento por su pecado que él ora como si fuera un hombre no regenerado. Él sabía lo que significaba ser regenerado. Significaba ser lavado, ser limpiado, recibido un nuevo corazón, un nuevo Espíritu, una nueva disposición. Ser una nueva creación.

Entonces, David lo sabía y lo registró en este Salmo 51. Y Nicodemo conocía este Salmo. Recitó ese Salmo, lo conocía de memoria. Uno de los salmos más populares y conocidos de todos. Cómo podría ser entonces, qué si él sabía que la salvación en base en el Antiguo Testamento era cuestión de que Dios actuará soberanamente porque “Él lo hace, Él lo hace, Él lo hace” Él es el que da un nuevo corazón, una nueva disposición y lava y limpia al pecador de arriba, ¿Cómo es que él se enredó en la mentira condenadora de Satanás de que él de alguna manera podía ganarse su salvación por algo que él hiciera?

Jesús no lo deja evadir esto. Él le dice: “¿cómo puedes ser el maestro de Israel y no saber esto?” El judaísmo apóstata había ignorado la verdad de la salvación del nuevo pacto y había creído la mentira de Satanás de que usted puede ganarse la salvación para entrar al Reino. Esa fue la pista número uno.

Regrese a Juan 3 para la pista número 2, versículo 6. Ahora, vamos a razonar un poco. Lo que es nacido de la carne, carne es. Deténgase ahí. Lo que es nacido de la carne, carne es. Esa es tu segunda pista, Nicodemo. Aquí hay un principio fundamental que tú y tu sistema entero han pasado por alto. Lo único que la carne puede producir es ¿qué? Más carne. No puedes llegar de la carne al Espíritu. No puedes hacer eso. Lo que él básicamente está haciendo es condenar a Nicodemo por no entender la doctrina del pecado en el Antiguo Testamento. La doctrina del Antiguo Testamento de la depravación total. La incapacidad e indisposición total es del pecador de hacer lo correcto.

Nicodemo, ¿cómo puedes ser tú el maestro de Israel y no saber acerca de la salvación del nuevo pacto mediante el lavamiento de la regeneración, el lavamiento de la palabra? Y el que Dios dio un nuevo corazón y un nuevo Espíritu e implantara el Espíritu Santo en el corazón. ¿Cómo no puedes saber que esa es una obra de Dios que está presentada por todo el Antiguo Testamento y cómo puedes no saber que la carne puede producir solo carne? Esa es una pista. ¿En qué habría pensado Nicodemo? Bueno, regresemos para entenderlo. Una de las Escrituras que él habría conocido muy, muy bien, sería Génesis 6, cuando Dios da Sus razones por las que Él va a ahogar al mundo entero. Cuando digo al mundo entero, quiero decir el mundo entero. Todos los millones de personas que habían nacido desde Adán hasta Noé, todos van a ahogarse en un diluvio con la excepción de Noé y su esposa y sus tres hijos y sus esposas, a ocho personas que fueron justificadas por Dios mediante la fe por gracia.

Pero el resto del mundo, se ahogó. ¿Por qué? Aquí es en donde la raza humana entera terminó. Versículo 3: “Mi Espíritu no contenderá con el hombre para siempre porque él también es carne.” Este es el problema. Ahí está la misma palabra que Jesús usó. Carne. Esa es la palabra para humanidad caída corrupta pecaminosa.

Y después, en el versículo 5, él muestra lo que la carne produce. “Entonces, Jehová vio que la maldad de los hombres era grande sobre la tierra y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” Esa es una afirmación tan clara de la depravación humana, de las más claras que usted encuentra en la Biblia. Todo designio del pensamiento del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. La carne produce eso, porque eso es lo único que puede producir.

Si usted va a estar en el Reino de Dios, necesita un nuevo corazón. Capítulo 8, el diluvio comienza a bajar, la raza humana entera ha sido abogada. Llegamos al capítulo 8, esperamos un mundo mejor. Noé construyó un altar en el versículo 20, toma animales y ofrecer sacrificios a Dios, lo cual significa que Noé reconoce que es un ¿qué? Un pecador, porque esa es la razón por la que ofrecía sacrificios. Y el Señor olió el aroma fragante y el Señor se dijo a sí mismo: “nunca más maldeciré la tierra por el hombre.”

Pero, por cierto, la intención del corazón del hombre todavía es mala desde su juventud. Nada cambió. Excepto que Dios ya no nos ahogaría.” ¿Sabías esto, Nicodemo? Claro que sabías eso. Tú sabías que nada en el hombre agrada Dios. Nada. Debes recordar el libro de Job, Nicodemo. Debes recordar el testimonio de Job, capítulo 14, versículo 4: “¿quién puede hacer limpio al inmundo? Nadie,” él dice. Nadie.

Debe recordar el testimonio de Elifaz en el capítulo 15. “¿Que es el hombre para que él sea puro o el que es nacido de mujer para que sea justo?”, Imposible. Uno, quien es detestable y corrupto, no puede ser hecho justo. Él debió haber recordado a Bildad en Job 25: “¿cómo puede entonces un hombre justificarse con Dios? ¿O cómo puede él ser limpio, quien es nacido de mujer? Aún si la luna pierde su brillo y las estrellas no son puras en sus ojos, mucho menos, ese gusano.”

Los amigos de Job y Job, todos conocieron la teología de la depravación total. Todos la conocieron. Y Job fue escrito en el período patriarcal, alrededor del tiempo de Génesis. Esta no es información nueva. Y después, estuvo el Salmo 51:5 que le leí a ustedes en donde David dice en pecado me concibió mi madre. Fui inicuo desde mi concepción. ¿Cree usted que Nicodemo conoció este versículo? Isaías 64:6, todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia. Todos nosotros morimos como una hoja y nuestra iniquidad es como el viento. Nos lleva. No hay nadie que invoque Tú nombre. Nadie. Tú nos has entregado al poder de nuestras iniquidades. Esa es la enseñanza del Antiguo Testamento de la depravación. Y nuestro buen amigo Jeremías, no debe ser dejado afuera. Jeremías 17:9, engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso. Este es el corazón.

Ahora, hubo un tiempo cuando el apóstol Pablo pensó que era santo. Pensó que era justo. Él realmente lo pensó. Y después, cuando llegó a la verdad, él consideró toda su justicia como estiércol, dice en Filipenses 3. Pablo entendió la doctrina del Antiguo Testamento. Pase a Romanos 3. En Romanos 3, Pablo está condenando a la raza humana entera. Judía y gentil por su pecado. Él está diciendo que los gentiles son pecaminosos y los judíos son igualmente pecaminoso. Y para probar lo que está diciendo, comenzando en el capítulo 3 de Romanos versículo 10, Pablo cita una serie de versículos del Antiguo Testamento, comenzando en el versículo 10, llegando hasta el 18, todas estas son citas directas que salen del Antiguo Testamento. La mayoría de ellas, de los salmos de Isaías.

Pablo dice: permítame definir el pecado: no hay justo, ni aún uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos a una se desviaron, todos se volvieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, sepulcro abierto es su garganta. Con sus lenguas engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios. Su lengua está llena de maldición y amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y desventura hay en sus caminos y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Cada una de esas afirmaciones es una afirmación del Antiguo Testamento de la pecaminosidad del pecado. ¿Qué está mal contigo Nicodemo? Pablo, el fariseo de antes, conoció todos esos pasajes y finalmente, vio la luz.

Versículo 20, ya que por las obras de la ley ningún ser humano sería justificado delante de Sus ojos. La carne produce carne y nada más. Y esto, dice el versículo 21, es testificado por David y los profetas, lo cual significa el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento, entonces, enseña todo esto con respecto a la pecaminosidad del pecado.

Entonces, ¿qué enseña el Antiguo Testamento? La salvación es un acto de Dios por gracia que Él lleva a cabo independientemente de cualquier acción por parte del hombre. El hombre necesita un nacimiento espiritual completo. Él necesita ser lavado. Él necesita ser transformado. Él necesita que su corazón sea reemplazado con un nuevo corazón. Su Espíritu, reemplazado con un nuevo espíritu o disposición. Él necesita el Espíritu Santo implantado dentro de él si va a entrar al Reino de Dios. Y eso no es algo que él puede hacer, porque él es carne y la carne únicamente produce carne.

Entonces, Nicodemo, ¿cómo puedes ser el maestro El Israel y no saber esto? Él no deja que Nicodemo lo evada. Entonces, él dice en el versículo 7: no te sorprenda. ¿Por qué te sorprende que te dije? Y ahora, Él entra a la segunda persona. Es necesario que nazcas de nuevo. No vas a entrar al Reino hasta que esto te pase y no puedes hacer una contribución porque eres carne y la carne no puede hacer esto. Esta es la denuncia de toda la religión fuera de la gracia soberana de Dios y el Evangelio de Cristo. No te sorprendas. ¿Por qué te sorprendes? Tú conoces el Antiguo Testamento. Has sido cegado al creer las mentiras de Satanás. No te sorprendas.

Esto lleva al punto final. La preocupación del pecador y la palabra del Salvador, el punto final es la obra del Espíritu. Al final del versículo 6, lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es. Esta es una obra que solo el Espíritu Santo puede hacer. Bueno, ¿cómo funciona esto?, versículo 8: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” Ah, esta es otra analogía. Esta es otra analogía, escúcheme, que quita el nacimiento espiritual de manera total de las manos del pecador. ¿Qué haces para controlar el viento? Nada. Viene de arriba, no puedes mandar al viento, no lo puedes despedir. No puedes escribir un libro acerca de cómo incrementar el viento en tu comunidad. Usted no puede hacer eso. ¿Cómo incrementar el viento en su patio de atrás? Usted no puede hacer eso de manera completa y total, es la obra soberana de Dios. El viento es invisible, es incontrolable. Es irresistible. Es impredecible, no se le puede mandar que haga algo, no se aparece porque usted quiere. No se va porque usted quiere deshacerse de él.

Esta es la segunda analogía que nuestro Señor usa con este rabino inteligente, brillante, lógico, para decirle que ésta es una obra en la cual él no participa. Esto es gracia irresistible, como Juan 5:21. El Hijo da vida a quien Él quiere. El mismo versículo dice, “y Dios, quien resucitó a los muertos, da vida.” Es la voluntad de Dios y la voluntad del Hijo y el poder del Espíritu. Es una obra de Dios. Es tan nuevo para Nicodemo. Simplemente, tan contrario a todo lo que él ha conocido en su vida.

Versículo 9: ¿cómo puede ser esto? Digo, acabas de destruir mi vida entera, como Pablo en el camino a Damasco. Pablo dijo todo es estiércol, todo es parte de lo mismo. Nicodemo todavía no está ahí. ¿Qué puede hacer? Bueno, no puede hacer nada. No puede hacer nada. Usted pregunta qué le paso. Él desaparece en el versículo 10 por el momento. Él desaparece. Él desaparece con una pregunta. Una pregunta que nunca antes había tenido en su vida entera en su mente. “¿Qué haré? Se me acaba de decir que no puedo hacer nada. No entiendo eso. ¿Qué hago?”

Entonces, ¿qué le paso a Nicodemo? ¿Qué le pasó? Bueno, por ahora, él desaparece. Pero después, vuelve a aparecer. Vaya al capítulo 7 de Juan. Capítulo 7, Jesús está en Galilea y los judíos quiere matarlo. Y la fiesta de los judíos, la fiesta de los tabernáculos se acerca. Entonces, ellos descienden y Él es confrontado una vez más por el sanedrín. Lo quieren muerto. Él estaba predicando y enseñando en el templo, según el versículo 28. Y la gente está escuchando y están diciendo todo tipo de cosas. Algunos, creen que Él es el Mesías. Algunos, creen que Él es el profeta ahí en el versículo 40. “Este es el profeta, éste es el Mesías.”

Y hay una división, según el versículo 43. Bueno, los líderes, lo quieren muerto. Entonces, consiguen algunos guardias del templo para ir a arrestarlo para poder matarlo. Pero querían atraparlo, pero nadie le puso la mano. Cuando llegaron ahí, no pudieron. No pudieron atraparlo. Entonces, los oficiales regresan a los principales sacerdotes y los fariseos, de quienes Nicodemo era uno. Y le dijeron, ¿por qué no lo trajeron? Los enviamos para arrestarlo, ¿por qué no lo trajeron? Los oficiales respondieron, “nunca jamás un hombre ha hablado de la manera en la que este hombre habla. No pudimos pasar más allá de lo que Él dijo. Él nos paralizó con Sus palabras.

Y los fariseos entonces les respondieron: “ustedes no han sido engañados, ¿o sí? Ninguno de los líderes o los fariseos ha creído en Él, ¿o sí?” Entonces, ahora sabemos que Nicodemo no se ha convertido en un creyente. Esto es un año después. Y él estaba en el sanedrín. Pero en el versículo 50, Nicodemo da un paso al frente. Nicodemo, quien vino a Él antes de ser uno de ellos, uno de los fariseos y principales sacerdotes del sanedrín, les dijo: “nuestra ley no juzga a un hombre antes de que primero oiga de él y sepa lo que él está haciendo, ¿no es cierto?” Ordenemos esto, está mal lincharlo. No pueden hacer esto. Inclusive los romanos nos dieron un proceso legal. Hmmm… Este es un paso valiente que tomar cuando el grupo entero quiere a Jesús muerto, y tú defiendes la ley porque quieres proteger a Jesús. Todavía no es un creyente.

La gente en el liderazgo vio a Nicodemo, El maestro en Israel, “oh, tú no eres de Galilea también, ¿o sí?” Burla, sarcasmo. “Escudriña y ve que ningún profeta se levanta de Galilea.” Ellos reprenden con sarcasmo y burla a éste, su maestro más ilustre. Él está inclinándose hacia Jesús y se burlan de él. Se burlan de aquel que habían reverenciado y elevado. Esto, por cierto, es de hecho dos años después de la reunión por la noche. Han pasado dos años. Entonces, sólo queda un año antes de llegar a la muerte de Cristo. Vayamos al capítulo 19.

Entonces, dos años después, Nicodemo todavía es un fariseo, todavía está en el sanedrín. Pero él se eleva a un punto a favor de Jesús. Vamos al capítulo 19. Jesús está muerto, versículo 38, “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.” ¡Oh, miren!, “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.” Esa es una resina. Una resina con talco que usaban para cubrir el cuerpo para disminuir el olor de la carne en putrefacción. Y aloes, tiene una fragancia como de madera. Él trajo casi 40 kilos. Esa es una cantidad enorme porque esa es una manera en la que ellos mostraban honor a una persona ilustre. Este es un acto honorable por parte de Nicodemo, pero también es un acto valiente.

Nicodemo se une a su compañero, José de Arimatea, quien había sido un creyente, pero no estaba dispuesto a confesarlo de manera abierta. Y ahora, Nicodemo es valiente y él viene. Y ahora sabemos que él se ha identificado a sí mismo con el Señor Jesús. Y aquí está. Él tomó el cuerpo de Jesús. Puede imaginarse esto. Nicodemo tratando este cuerpo que él había pasado esa noche llevándolo en sus brazos, embalsamando del cuerpo de Jesús con lino y colocando las especias en medio de todas las vendas, como era la costumbre de la sepultura. Y junto con su amigo, José, colocaron a Jesús en el jardín, en una nueva tumba en la cual nunca nadie había sido colocado. Ahí está él con el cuerpo de Jesús en sus brazos.

¿Qué le paso a Nicodemo? Le voy a decir lo que pasó. Dios descendió, le dio vida, le dio un nuevo corazón, una nueva alma, lo lavó, lo regeneró. ¿Qué pasó con el resto de la historia? Bueno, ¿el resto de la historia, quieres decir? La tradición dice que él fue la única persona que estuvo de pie en el juicio de Jesús ante Pilato y defendió a Jesús. La tradición dice que él fue bautizado por Pedro y Juan. La tradición dice que su confesión del Señor Jesús fue tan valiente que lo llevó a que fuera privado de su posición, lo privó de su posición como maestro y lo privó de toda su fortuna entera y toda su propiedad, todas sus posesiones. Y él fue expulsado de Jerusalén por el sanedrín, a quien él había servido. Él fue reducido viviendo fuera de la ciudad, junto con su familia. Se quedó afuera de la ciudad hasta llegar a la pobreza extrema.

Hay una historia tradicional maravillosa que dice que su hija fue tan pobre que ella llevó a la vergüenza de escarbar los montones de estiércol para encontrar pedazos de grano para comer y sobrevivir. Y un rabino vino y la vio y sintió compasión de ella y le preguntó quién era. Y ella dijo: “yo soy la hija de Nicodemo.” Y el rabino dijo: “¿qué le pasó a tu padre?” Y ella respondió: “él llegó a ser un seguidor de Jesús y fue expulsado.” Y el rabino se rehusó a ayudarla.

Algunos y siglos más tarde, un hombre llamado Focio se refiere a un documento antiguo que registra que Nicodemo fue matado como mártir en el primer siglo por su devoción a Cristo. Cómo él fue golpeado hasta morir a manos de una multitud. Y esa es la historia completa. Él perdió todo en este mundo, ganó todo en el mundo por venir. ¿Qué puede hacer usted? Le voy a dar Juan 6:37,” el que a Mí viene, no le echo fuera.” Usted puede rogarle a Dios para que le de vida, es su prerrogativa. Pero usted puede orar y Él no rechaza una oración honesta. Usted puede decir con el publicano en Lucas 18, “Dios, sé propicio a mí, pecador.”

Padre, Te damos gracias de nuevo por la historia maravillosa de Nicodemo, este relato sorprendente de las Escrituras. Por toda la riqueza, por toda la magnificencia de verdad Divina. No hay paralelo, nada ni siquiera se acerca, nada asciende a este nivel. Nada. Ese es el tesoro más grande en el mundo, lo más importante en el mundo, la verdad Divina. Más dulce que la miel que destila del panal, más preciada que el oro, que el oro refinado. Te damos gracias por la dulzura, el valor, los gozos incomparables que disfrutamos al entender la verdad Divina. La entendemos. La obtenemos. La verdad, escondida de los sabios, revelada a los niños, para Tu gloria, únicamente Tu gloria.

Oro por aquellos que están aquí que son como Nicodemo, quizás religiosos, morales, pero preocupados, temerosos, dudosos, conociendo la hipocresía de sus propios corazones. Sabiendo que no están en el Reino. Sé misericordioso para Tu propia gloria. Sálvalos por Tu voluntad, lávalos con el agua de Tu Palabra y dales un nuevo Espíritu e implanta Tu Espíritu Santo dentro de ellos, dales vida nueva, regenéralos. Abre la tumba, déjalos salir, transfiérelos del Reino de la muerte y la oscuridad al Reino de Tu amado Hijo y produce en ellos arrepentimiento y fe y obediencia. Todo esto para Tu alabanza y Tu gloria.

Padre, gracias por este tiempo maravilloso de adoración. Úsanos, Señor, para proclamar esta verdad con valentía y después, esperar en Tu poder y darte toda la alabanza. Oramos. Amén.

 

 

 

 

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