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Esta mañana, regresamos a Juan capítulo 3. Entonces, abra su Biblia, si es tan amable, y acompáñeme al tercer capítulo de Juan. Vamos a ver de manera inicial esta sección, versículos 11 al 21. Y después, voy a desviarme un poco, porque hay algo que tengo que decirle para poder preparar y colocar este pasaje entero en un contexto apropiado para que lo tenga en su mente de una manera que será útil.

Pero permítame leer donde nos quedamos en nuestra explicación de la conversación entre Jesús y Nicodemo en los 10 versículos de apertura, en donde Jesús le habla acerca de nacer de nuevo, de nacer de arriba. Y hablamos del nuevo nacimiento, hablamos de nacer de arriba. Es una obra de Dios, es una obra Divina, es una obra de gracia soberana y poder soberano. Es una obra monergista, unilateral de Dios que no es una obra sinergista, en donde usted tiene a Dios participando con el hombre. No es una especie de labor conjunta entre la voluntad y el poder del hombre, y la voluntad y el poder de Dios. Es una obra singular de Dios mediante la cual Él desciende del cielo, e irresistiblemente trae un llamado, un llamado que llamamos el llamado eficaz en el corazón del pecador. Trae al pecador a sí mismo, regenera a ese pecador y después, justifica a ese pecador, santifica a ese pecado y después, glorifica a ese pecador. Es una obra de Dios.

El nuevo nacimiento es nacer de arriba y la ilustración misma del nacimiento presenta el punto porque nadie participa en su propio nacimiento. Usted no participó en su nacimiento físico, usted no participó en su nacimiento espiritual, es una obra de Dios, un milagro Divino, un milagro de creación.

Entonces, explicamos eso en los versículos 1 al 10 con Nicodemo. Nuestro Señor continúa hablándole a Nicodemo, pero más allá de Nicodemo, porque conforme usted comienza en el versículo 11, los pronombres están en plural conforme Él dice: “digo a vosotros.” En el versículo 11, el pronombre es plural, entonces, lo amplía más allá de Nicodemo para cualquier otra persona que estuvo ahí escuchando y a todo el mundo quien jamás leerá esto.

Retomamos el monólogo, la conversación termina en el versículo 10. Nicodemo no tiene nada más que decir. Pero Jesús entonces habla de los versículos 11 al 21. Lo que quiero que note aquí es el énfasis “de cierto, de cierto os digo, que lo que sabemos hablamos y lo que hemos visto, testificamos y no recibís nuestro testimonio.” Esa es una indicación de que Nicodemo no aceptó lo que Jesús dijo acerca del nuevo nacimiento. Ese es el post mortem en esa parte de la conversación. No lo aceptaste, eso explica la ignorancia de los versículos 9 al 10.

Nicodemo no entiende. ¿Cómo puede ser esto? Y Jesús le dice: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” La razón por la que no entiende, la ignorancia es el producto de la incredulidad. Y entonces, él no es un creyente. Ustedes no aceptan nuestro testimonio.

Después, nuestro Señor procede a decir “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Martín Lutero llamó a este versículo el Evangelio en miniatura. El versículo más conocido en la Biblia.

 

Después, versículo 17: “Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo,” refiriéndose a Cristo, “y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad, viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”

Ahora, si hay una palabra que salta de la página conforme leía eso tuvo que ser la palabra creer, porque aparece siete veces. En los primeros 10 versículos, vimos que el término nacer de nuevo apareció cinco veces. Nacer de nuevo, nacer de arriba. Hablando de esa obra de gracia divina sobrenatural, soberana, milagrosa de regeneración llevada a cabo por Dios. Ese fue el tema del 1 al 10. El nuevo nacimiento, regeneración. El tema aquí es la fe. Creer. Y entonces, hemos identificado este mensaje esta mañana como Sola Fide, la frase en latín para fe únicamente.

¿Y por qué escojo usar el latín para titular un mensaje? Porque ese es un término clásico utilizado para describir la doctrina que es enseñada en los versículos 11 al 21, remontándose a la reforma. Si usted regresa al siglo XVI, XVII cuando se aclaró el Evangelio, cuando se llevó a cabo la reforma, hubo cinco solas que los reformadores identificaron. Esas cinco solas se convirtieron en los distintivos de la reforma y realmente, son las olas sobre las cuales el protestantismo está fundado y un entendimiento verdadero del Evangelio.

Los reformadores, en primer lugar, presentaron sola Scriptura en contraste a la Iglesia Católica romana. Afirmaron que sólo hay una revelación divina. las Escrituras únicamente, sola Scriptura. No lo que es afirmado ex cátedra por parte del Papa. No el producto de los concilios de la Iglesia. No el magisterio colectivo de la tradición católico romana. Esas no son revelaciones divinas inspiradas que tienen autoridad. Sola Scriptura.

Y después, llegaron a Sola Christus. María no es una corredentora. Solo Cristo, Cristo únicamente, el único Salvador. La salvación no es por la gracia y las obras. Es por gracia únicamente, sola Gratia. Sola Gratia. Y es apropiada no mediante obras o algún esfuerzo del hombre, sino Sola Fide, mediante fe únicamente. Y la sola final, soli Deo Gloria, la gloria de Dios únicamente.

Entonces, esas Solas definen la reforma y cuando usted lee cualquier literatura de la reforma, usted se va a encontrar con las solas. De hecho, a lo largo de los años, muchas veces he hablado de estos temas en conferencias diseñadas realmente para presentar las Solas. Y varios de los oradores llegaban y hablaban de sola Scriptura, sola Christus, sola gratia, sola fide, o soli Deo gloria. Grandes, grandes temas.

Entonces, estamos moviendo sola fide. El aspecto de la salvación que declara que uno es salvo por la fe únicamente, no por la fe y las obras, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe, no por obras.” Eso es Efesios 2:8 y 9. No es de obras. Es por fe únicamente. O Romanos 3: “ninguno es justificado por conducta, por las obras de la ley.” O Romanos 4: “Abraham es justificado por fe y no por obras.” O Romanos 10, “uno es salvo al creer en la resurrección de Cristo y reconocer Su Señorío.”

La palabra de Dios es clara en eso. Leí antes, de Hebreos 10, una afirmación del Antiguo Testamento, “el justo por la fe vivirá.” Esto quiere decir que la justificación viene por la fe y únicamente por fe. Y todos conocemos algo de la historia de eso. Ese fue el gran descubrimiento que Martín Lutero hizo que echó a andar la reforma. Y él, en cierta manera, fue el gatillo para echarla a andar. Y rugió en contra de la Iglesia Católica romana y el protestantismo, nombrado, así como una protesta contra el catolicismo, nació. Y el verdadero evangelio fue recuperado. La salvación viene mediante la fe únicamente, no mediante fe más obras. Mediante la fe únicamente.

Eso es lo que Juan está diciendo en los versículos 11 al 21. Él está diciendo a Nicodemo y más allá de Nicodemo usando estos pronombres en plural, “digo a todos ustedes,” esto es a cualquier otra persona que estuvo de pie ahí con Nicodemo, incluyendo Sus propios discípulos, “y les digo a todos aquellos que jamás leerán esto que ustedes serán salvos únicamente por la fe.” Versículo 15: “todo aquel que en Él cree, tenga vida eterna.” Versículo 16: “para que todo aquel que en Él cree, tenga vida eterna.” Versículo 18: “el que en Él cree, no es condenado.” Tiene que ver con creer. Tiene que ver con la fe y la fe únicamente.

Esto es coherente con el propósito de Juan. Si usted recuerda, Juan presentó su propósito al final de su Evangelio, en Juan 20:31, “estas han sido escritas,” esto es el Evangelio entero, “estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengáis vida en Su nombre.” Juan, de manera coherente, dice que la vida eterna, esto es el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios. La esperanza del cielo, viene a aquellos que creen. Es únicamente por la fe.

Ahora, lo que es fascinante de esto es el hecho de que viene después de los versículos 1 al 10. Simplemente, piense en esto. Jesús le estaba hablando a un incrédulo. Él le estaba hablando a un hombre quien está en una religión defectuosa, hereje, apóstata. Está deseando llevar a ese hombre a un conocimiento de la verdad. Y como consecuencia, él le dice tres veces en esta conversación a lo largo del versículo 11: “de cierto, de cierto,” lo cual es una manera de decir, en contraste a todo el error que llena tu mente, el error que tú has aprendido y que después has enseñado como El maestro en Israel, quiero decirte la verdad.

La primera verdad que quiero que entiendas es que la salvación es una obra divina que Dios lleva a cabo desde el cielo. Eso no depende de ti. Vimos eso. Es absolutamente claro en los versículos uno al 10.

Y después, sin ninguna explicación, sin ninguna transición, nuestro Señor toma la siguiente parte de la conversación y la convierte en un monólogo. Y dice esto: “cualquier persona que cree, puede ser salva.” Y explica eso en estos versículos. Cualquiera que cree, puede ser salvo.

Entonces, por un lado, usted tiene la doctrina de la soberanía divina. Por otro lado, usted tiene la doctrina de la fe humana, la creencia humana o la responsabilidad humana. Hay advertencias que le acabo de leer. Si usted no cree, usted será condenado. Si no cree, será juzgado, lo cual significa que, si usted no cree, usted es responsable por su incredulidad, será culpable y será castigado. Esta es la responsabilidad humana. Como consecuencia, necesita creer. Usted necesita creer y al creer en el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, usted no perecerá; tendrá vida eterna.

Entonces, aquí está la responsabilidad humana, tanto de manera negativa como positiva. Llevarás el castigo completo del juicio si te rehúsas a creer. Por otro lado, si crees, la vida eterna te espera sin importar quién seas.

Entonces, usted tiene una presentación tan clara de la salvación soberana en los versículos 1 al 10 como en ningún otro lugar de las Escrituras. Y junto a esto, usted tiene una presentación clara de la responsabilidad humana. Y la pregunta que, si no respondo hoy, usted estará haciendo en todo versículo es cómo encajan estas dos cosas. He hecho sesiones de preguntas y respuestas a lo largo de los años en todo lugar al que he viajado en el mundo; y cada vez que hay una sección de preguntas y respuestas, se me hace esta pregunta: “¿cómo es que la salvación puede ser en su totalidad la obra de Dios y que yo sea responsable por creer o no creer? ¿Cómo es que estas dos pueden ir de la mano?”

Ahora, quiero decirle esto en primer lugar. La mayoría de la gente al evangelizar, evita esa pregunta en su totalidad. Asumiendo que, los cristianos que han sido cristianos por mucho tiempo ni siquiera quieren enfrentar esa pregunta, hacen lo que pueden para evitar que un incrédulo piense en esto. Y habrían estado haciendo exactamente lo opuesto de lo que Jesús hizo. Jesús le está hablando a un incrédulo y Él le presenta las dos verdades paralelas, gemelas de la soberanía Divina en la salvación y la responsabilidad humana. Y hace esto al principio de la conversación. Esta es una obra de Dios, únicamente una obra de Dios. Pero tú serás responsable si tú no crees y tú eres llamado a creer. Y la vida eterna te espera si crees. Esas son verdades gemelas que son paralelas.

Quiero decirles algo: siempre permanecen paralelas. Siempre permanecen paralelas. Nunca se unirán, nunca cruzarán. Nunca serán disminuidas legítimamente, son lo que son. El hecho de que usted no entienda cómo van juntas sólo prueba que usted es menos de lo que debería ser. No dice nada acerca de Dios. Su incapacidad de armonizar esas cosas es un reflejo de su condición caída. De mi condición caída.

La gente continuamente me pregunta cómo armonizó esas. Y mi respuesta es: “no las armonizó, no puedo. No pueden ser armonizadas en la mente humana.” Pero reconozca esto: usted es una mente minúscula y yo también. Y de manera colectiva, somos minúsculos comparados con la mente infinita, vasta, ilimitada de Dios. Y lo único que le puedo decir es que en la Palabra de Dios estas verdades son paralelas. Y la respuesta es creer en ambas, con todo su corazón. Y una de ellas, la soberanía divina, va a informar su adoración y la otra, la responsabilidad humana, va a motivar su evangelismo. Entonces, ¿cómo es que debemos entender estas cosas?

Bueno, vamos a entrar al texto y voy a mostrarle la condición de la incredulidad, el reconocimiento de la creencia y la condenación de la incredulidad. Pero vamos a dejar eso para la próxima vez. Quiero hablar de este asunto en particular porque, como dije, si no lo hago, en todo versículo, usted va a tener este dilema en su mente acerca de cómo es que esto funciona. ¿Cómo podemos estar diciendo estas cosas acerca de que debe creer, si usted cree que puede ser salvo y hacer que encaje eso con lo que ya sabemos de la soberanía divina en la salvación? ¿Cómo es que esas cosas se unen? No se unen.

Lo vuelvo a decir. Son verdades paralelas, ambas son verdad. He vivido por mucho tiempo y he visto todo esfuerzo imaginable, todo esfuerzo concebible orar minimizar esas cosas por parte de personas, personas bien intencionadas, personas muy dotadas. Predicadores bien conocidos, teólogos, escritores, comentaristas que han tratado de armonizarlas. Cualquier persona que trata de armonizar esas dos cosas, destruye la una o ambas o la otra. Usted no las puede cambiar, no puede alterarlas. Usted debe estar contento con creer ambas.

Ahora, ¿cómo puedo ayudarle a enfrentar eso? No puedo armonizarlo. No puedo resolver su dilema. No puedo responder la paradoja aparente. Entonces, ¿con qué me quedo? Quiero que esté cómodo con su incapacidad de no comprenderlo. ¿Muy bien? Ese es mi objetivo, ¿muy bien? Simplemente, quiero que esté totalmente feliz porque no lo entiende. ¿Muy bien? Entonces, simplemente para que descanse, deje de pelear contra eso. Ahí es adonde vamos el día de hoy. Quiero que esté cómodo con el hecho de que igual, quizás simplemente no entienda algo. Sé que eso es algo muy serio de escuchar debido al orgullo humano, pero tiene que superarlo y esté contento con no entenderlo.

Ahora, quiero que entienda que cuando la Biblia trata con estas cosas, no se explica a sí misma. No es consciente de sí misma. Usted no lee, y sé que esto es muy difícil de entender, usted no tiene afirmaciones como esta. Usted no tiene afirmaciones de aclaración, no tiene esfuerzos por hacer explicaciones. Estas cosas son afirmadas en las Escrituras como realidades paralelas y nunca realmente se explican, no son armonizadas, porque ambas existen. Y el hecho de que no podemos entenderlas nos deja con una opción y eso es creer ambas y estar contento con eso.

Permítame darle un par de ilustraciones para ayudarle con su consuelo. Pase a Isaías 10. Y esto, quizás parezca un ángulo diferente de esto, pero quiero mostrarle para que pueda ver cómo Dios nos muestra estas cosas quizás en maneras sorprendentes.

Dios tiene una voluntad. Sabemos eso. Dios va a cumplir Su voluntad, lo que el Señor quiere, lo hace. Lo que Él determina, lo cumple. La voluntad del Señor no puede ser estorbada. Él es absolutamente soberano. Él hace lo que Él quiere en toda vida. Él hace lo que quiere entre los hombres. Él hace lo que quiere en el mundo. Él cumple Sus propósitos. Este aspecto de la soberanía de Dios es claramente revelado en todas las Escrituras.

Pero aquí hay una ilustración muy interesante de cómo eso va de la mano con la responsabilidad humana. En el décimo capítulo de Isaías, Dios presenta a Asiria, la nación de Asiria. Y Él presenta a esa nación pagana idólatra de una manera muy interesante. Versículo 5 de Isaías 10: “Oh Asiria,” viene un juicio sobre Asiria. Un juicio de Dios. ‘Ay’ es un término onomatopéyico. Decimos ay en español. De hecho, en hebreo, oyeeyaa, es ese tipo de gemido. Eso es lo que quiero decir con onomatopéyico. Es una palabra que se oye como su significado.

Entonces, es una palabra de aflicción terrible que significa destrucción y juicio. Dios va a destruir a Asiria. Dios va a traer juicio divino a Asiria. Y después de ahí, leemos: “vara y báculo de mi furor, en su mano he puesto Mi ira.” Dios dice, voy a juzgar a Asiria. Y después, Él identifica Asiria como la vara de Su enojo y el báculo de Su indignación.

En otras palabras, Asiria es un arma en las manos de Dios. Dios está levantando a Asiria como un arma para usar a Asiria para desatar Su ira. ¿En contra de quien? Versículo 6: “Le mandaré contra una nación pérfida, y sobre el pueblo de Mi ira le enviaré,” esa es una designación triste porque está hablando de Israel. Dios, y sucedió en la historia, recogió a Asiria, levantó a Asiria y envió a Asiria como un destructor en contra de una Israel apóstata, idólatra. Dios dice: “voy a tomar a Asiria, la vara de Mi enojo, el báculo de Mi ira, Mi indignación y voy a enviarla contra una nación impía, contra Israel.” Y eso es lo que Él hizo. Asiria fue la herramienta de Dios.

Usted conoce la historia de la invasión asiria del Reino del Norte en el 7:22, los llevaron cautivos, los masacraron y nunca regresaron de la cautividad. La parte norte del Reino, dividido. Asiria fue el arma. Y Él dice en el versículo 6: “para que quite despojos, y arrebate presa, y lo ponga para ser hollado como lodo de las calles.” Y eso es exactamente lo que pasó.

Después, usted llega al versículo 7. Muy interesante. “Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera.” Yo voy a usar a Asiria para hacer esto y éste no es el plan de Asiria. Esto no es lo que Asiria está escogiendo. Esto es lo que Yo estoy escogiendo que Asiria haga. Esta no es la intención de Asiria. Este no es su plan, sino que más bien tiene como su propósito destruir a muchas naciones. Asiria, tiene como objetivo a muchas naciones y sus nombres están en el siguiente versículo. El versículo 9 identifica algunas de ellas. Asiria tiene su plan, pero Yo tengo mi plan y yo, sin que ellos lo planeen, o busquen hacerlo, voy a tomarlos y usarlos como Mi arma.

Bueno, esto es sorprendente. Asiria no tiene intención de hacer esto. Dios, literalmente, soberanamente, los toma, los lleva a Israel para cumplir Su voluntad y después, Él dice en el versículo 5: “¡Ay de Asiria!” Una nación que va a ser destruida por hacer algo que no escogieron hacer. Por hacer algo que no planearon hacer. Por hacer algo que no tenían la intención de hacer.

Asiria tuvo sus propios planes. Dios tuvo planes diferentes. Pero Asiria será destruida. Versículo 12: “Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda Su obra en el monte de Sion y en Jerusalén, castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y la gloria de la altivez de sus ojos.” Y procede a citar lo que el rey de Asiria dijo cuando se enorgulleció y atacó a Israel. Dios dice: “voy a destruirlo.”

Versículo 16: “Por esto el Señor, Jehová de los ejércitos, enviará debilidad sobre sus robustos, y debajo de su gloria encenderá una hoguera como ardor de fuego. Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama, que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinos. La gloria de su bosque y de su campo fértil consumirá totalmente, alma y cuerpo, y vendrá a ser como abanderado en derrota.” Esta es una yuxtaposición sorprendente. Dios castiga a una nación por hacer lo que Dios escogió que hicieran e hizo que hicieran. No hay explicación. No hay manera de armonizar esas cosas. Responsabilidad plena por el orgullo cayó sobre el rey de Asiria. Responsabilidad plena por la intención mala y la masacre cayó sobre Asiria. Aunque estaban actuando por derecho divino, eran absolutamente responsables por lo que hicieron.

Esto, de nuevo, es una ilustración de esas realidades paralelas. La responsabilidad humana y la soberanía divina. Y siempre serán paralelas. Y siempre tendrán que ser entendidas de esa manera. Los pecadores tienen el peso pleno de la responsabilidad de sus actos de desafío en contra de Dios, aun cuando Dios los está usando para cumplir Sus propósitos. Y, sin embargo, todas las cosas son decretadas y determinadas por Dios en Su fin determinado.

Permítame llevarlo al Nuevo Testamento por un momento. Pase a Mateo, capítulo 11. Mateo, capítulo 11. Y esto puede presentar el punto de manera más clara. Mateo, capítulo 11, versículo 27. Este es un versículo de soberanía divina. “Todas las cosas me fueron entregadas por Mi Padre.” Ahora escuche, “y nadie conoce al Hijo sin el Padre. Ni el Padre conoce a algunos sin el Hijo y Aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” ¿Ve eso? El único que conoce al Hijo es aquel a quien el Hijo lo quiere revelar. Usted no puede conocer a Cristo si Él no quiere que usted crea en Él. Si Él no quiere que usted lo conozca a Él. Bueno, ése es el versículo 27. Fuerte en el propósito divino, soberano, determinado. Usted no puede conocer al Hijo al menos de que el Hijo quiera que usted lo conozca a Él.

Y después, el versículo 28, ¿qué dice? “Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados y Yo os haré descansar.” ¿Cómo puede ser eso? Él acaba de decir que nadie puede venir a menos de que el Hijo se revele a sí mismo. ¿Cómo puedes decir eso? Pero eso está por toda la Biblia. Esas son dos realidades paralelas. Esas verdades gemelas de nuevo. Por un lado, el propósito soberano de Dios. Por otro lado, un ofrecimiento abierto. “Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados y Yo os daré descanso. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga.”

Tiene esta afirmación firme acerca de que nadie puede conocer a Cristo a menos de que le sea revelado a él de arriba. E inmediatamente, usted tiene un ruego del corazón de Cristo para que cualquier persona y todo el mundo venga. Pase a Juan 6. Y vamos a llegar a Juan 6, uno de los capítulos realmente grandes en las Escrituras. Pero Juan 6, podemos retomarlo en el versículo 35, Jesús, dice que alimentó a la multitud. Después, les enseñó acerca del pan de vida. En el versículo 35, Él dijo: “Yo soy el pan de vida, el que a Mí viene, no tendrá hambre. El que cree en Mí, no tendrá sed.” Entonces, si usted tiene hambre y sed espirituales, eso puede ser remediado y respondido al venir a Cristo.

¿Qué significa eso? Significa creer. Versículo 35 es uno de esos, “todo aquel que en Mí cree, el que en Mí cree, nunca tendrá sed. Os dije me habéis visto y, sin embargo, no creéis.” No creen. Su problema es que me han visto, me han oído, acabo de generar alimento para alimentar a veinte, a veinticinco mil de ustedes. Les he estado enseñando, he dicho todo esto. Su problema es que no creen. No creen.

Y después, Él dice en el versículo 37, observe: “todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí.” Y Él va de no creer a la soberanía divina. Ustedes no quieren creer, no quieren venir. Y después, Él inmediatamente dice: “todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí.” Y, por cierto, en el versículo 40, Él dice: “esta es la voluntad de Dios, Mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna.”

Va de un punto a otro, de la soberanía divina a la responsabilidad humana. Va del nuevo nacimiento, la regeneración como una obra de Dios. El Padre escoge, el Padre atrae, el Padre da al Hijo. El Hijo recibe, él Hijo guarda y no pierde a nadie. Ése es el lado divino. Y simplemente, se mueve fácilmente, sin una explicación a la realidad de que cualquier persona, todo aquel que cree, puede tener vida eterna.

Ahí en el versículo 44, ninguno puede venir a Mí si el Padre que me envió no le trajere.” Bueno, no puedes venir a menos de que el Padre te traiga. Sin embargo, versículo 45: “todo aquel que oyó al Padre y aprendió de Él viene a mí.” Eso parece apoyar la idea de que esta es una obra divina de Dios. De hecho, versículo 46: “no que alguno haya visto al Padre, sino que Aquel que ha venido de Dios, éste ha visto al Padre.” Esto está hablando del lado divino. No pueden conocer al Hijo, no pueden conocer al Padre, no pueden conocer la vida eterna a menos de que Dios te traiga, a menos de que Dios te llame. Y, sin embargo, versículo 47: “de cierto, de cierto, el que cree en Mí tiene vida eterna.” Es cuestión de creer.

Versículo 57: “como me envió el Padre viviente, y Yo vivo por el Padre, así mismo el que me come, él también vivirá por Mí.” Lo único que usted tiene que hacer es creer en Cristo. Recibir a Cristo. Y tendrá vida eterna. Ahí en el versículo 63, es el Espíritu quien da vida. Eso es regeneración. Eso es Juan 3:1 al 10. Eso es nuevo nacimiento, es regeneración nacido de arriba. Es el Espíritu quien da vida. Es el Espíritu quien da vida.

Y, sin embargo, versículo 64, pero “hay algunos de vosotros que no creen.” Hay algunos de vosotros que no creen. Ese es su problema. Y como resultado de eso, versículo 66, “desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él. Y dijo entonces Jesús a los 12, ¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído. Y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. De un lado al otro, de la decisión soberana de Dios, la revelación soberana del Padre y del Hijo, la obra soberana del Espíritu, quien da vida a creer, a no creer. Esas cosas están lado a lado en las Escrituras en todos lados. Dos verdades paralelas que deben ser afirmadas aún si no son comprendidas de manera plena.

En el segundo capítulo del libro de Hechos, hay otra de estas ilustraciones en donde Pedro estaba predicando en el día de Pentecostés. Él condena a los judíos por rechazar a Cristo y crucificar a Cristo. Él dice: “Varones de Israel, escuchen estas palabras,” Hechos 22, “Jesús Nazareno, hombre afirmado por Dios con milagros maravillas y señales que Dios llevó a cabo mediante Él en medio de vosotros, así como vosotros mismos sabéis, este hombre, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, clavasteis a una cruz y matasteis.” El plan predeterminado de Dios, sin embargo, lo clavaron a una cruz.

Y sabemos a partir de la enseñanza de nuestro Señor que eran responsables por eso, que su casa fue desolada, eran culpables, no sólo de apedrear a los profetas, sino de matar al Hijo de Dios mismo y eran plenamente responsables por su incredulidad y por su acción en contra de Cristo, sí, por el plan predeterminado y pre conocimiento de Dios, sin embargo, plenamente responsables. Aquellos que lo rechazaron y le quitaron la vida.

En el capítulo 4 del libro de los Hechos, “verdaderamente en esta ciudad, se congregaron en contra de Tu siervo Santo Jesús a quien Tú ungiste,” hablando de Dios, “Herodes, Poncio Pilato, los gentiles, el pueblo de Israel para hacer lo que Tu mano y Tu propósito pre destinaron que ocurriera.” Entonces, ahí los judíos, los romanos, Pilato, Herodes, toda persona involucrada con la ejecución de Jesús estaban haciendo lo que quisieron hacer, en incredulidad, en una iniquidad sin límites y, sin embargo, están ejecutando el propósito predestinado por la mano de Dios. Esas verdades paralelas.

El Antiguo Testamento profetizó la traición de Jesús, profetizó a Judas. El Nuevo Testamento registra el hecho de que Judas fue el cumplimiento de aquel de quien se profetizó que levantaría su mano. Su propio amigo, quien levantaría su mano en contra de Él, fue ordenado por Dios que Judas fuera un traidor. En Juan 18, Jesús dice: “no he perdido ninguna de ellas excepto el hijo de perdición para que la Escritura se cumpliese.”

Sin embargo, Hechos 1:25 dice que cuando Judas se ahorcó a sí mismo y cayó y se despedazó, él se volvió y se fue a su propio lugar. Estas son muestras de con qué coherencia las Escrituras colocan estas cosas de manera paralela sin mezclarlas y, por lo tanto, sin disminuir la una de la otra o ambas.

Una ilustración final de Romanos 9:10 y 11. Vamos a cerrar aquí en unos cuantos momentos. Obviamente, estos son grandes pasajes. Me acuerdo cuando la primera vez estudié Romanos 9, 10, 11, esos tres capítulos, creo que tomó un año cuando los prediqué por primera vez. Admito que la gente estaba gritando por misericordia en seis meses. Lo hicimos en un año, pero simplemente, para darle el panorama.

Capítulos 1 al 8, el Evangelio. Capítulos 1 al 8, el Evangelio. El Evangelio es presentado en el 1 y después, se convierte en el tema y en toda su belleza y sus matices, aspectos. Y el Evangelio está en los capítulos 1 al 8. Ahora, usted llega al 9 y en el 9 al 11, el Evangelio ha sido explicado. El apóstol entonces presenta su corazón al traer la aplicación de este Evangelio a los pecadores. Y él escoge a un grupo de pecadores, el que es más conocido por él, aquellos por quienes él se preocupa más, los judíos.

Entonces, tomemos el Evangelio de los primeros ocho capítulos de apertura y apliquémoslo a los judíos. ¿Cómo es que él se siente por su nación? Bueno, capítulo 9, versículo 1, “verdad digo en Cristo y no miento y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón porque deseara yo mismo ser anatema separado de Cristo por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.” Los que son israelitas.

Entonces, aquí está su problema. Él entiende el Evangelio. Él ha explicado las glorias del Evangelio y él está viendo a los suyos, su nación Israel y su corazón, está quebrantado al grado que casi entregaría su propia salvación si Israel pudiera ser salvo. Lo mismo está en el capítulo 10, versículo 1. “El anhelo de mi corazón y mi oración a Dios por Israel es para salvación.” Lo mismo en el capítulo 11, versículo 1. “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a Su pueblo? En ninguna manera.”

Entonces, lo que usted aquí tiene es la pasión de Pablo de que este Evangelio glorioso que él ha explicado sea aplicado a Israel. Ahora, esto lo lleva a hablar de estas dos realidades paralelas. Y usted tiene la primera, soberanía divina en el capítulo 9 y tiene la segunda, la voluntad humana en el capítulo 10.

Veamos cómo es que comienza el capítulo 9. El capítulo 9 comienza con afirmar los privilegios que los israelitas tuvieron, versículos 4 y 5. “La adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas. No que la palabra de Dios haya fallado…” ¿Qué pasó? “porque no todos los que descienden de Israel son israelitas.” ¿Qué? No todo Israel es Israel. No todos los que descienden de Israel son israelitas.

Dios toma decisiones. Usted pasa al versículo 13 y ve una ilustración: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” ¿Qué? “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Yo inclusive determiné que el mayor servirá al menor. Versículo 14, la respuesta entonces: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios?” Eso no se oye justo. ¿Cómo puedes hacer esa determinación antes de que nazcan? ¿Cómo puedes escoger a Jacob y no a Esaú? ¿Cómo puedes hacer eso? Eso no es justo.

Versículo 15 aquí está la respuesta de Dios de Éxodo 33: “Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca.” Yo tomo esa decisión. Yo decido a quién le doy misericordia y compasión, así que no depende del que quiere, no depende del hombre que corre, depende de Dios, que tiene misericordia.

Versículo 18, “de manera que de quien quiere tiene misericordia y al que quiere endurecer, endurece.” Entonces, la pregunta es, versículo 19, “¿Por qué, pues, inculpa?” Yo ni siquiera soy un factor. Si Él está tomando todas las decisiones, ¿cómo es que puede hacer que yo sea responsable por rechazar? “Puede, porque ¿quién ha resistido a Su voluntad?” Esa es tu queja, eso no es justo. ¿Cuál es la respuesta de Dios? Simplemente, cállate, no tienes derecho de preguntar eso. Eso es lo que Él dice en tantas palabras.

Versículo 20: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?” ¿Quién eres tú, hombre, para que responda Dios? “¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? Y qué, si Dios, queriendo mostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, Dios tiene un derecho de desplegar, de mostrar Su gloria. La gloria que Él recibe a través de Su ira.

Y entonces, ¿qué si Dios quiso dar a conocer las riquezas de Su gloria en los vasos de misericordia? “Y para hacer notorias las riquezas de su gloria,” Dios es glorificado en Su ira y es glorificado en Su gracia. De Oseas, versículo 25, “Yo llamaré a aquellos que no eran mi pueblo, pueblo Mío.” Yo voy a hacer ese llamado. Yo voy a tomar esa decisión. Esa es una decisión tomada por Dios. Esa es la sección más fuerte del Nuevo Testamento acerca de la soberanía de Dios al escoger a personas para salvación.

Ahora, usted llega al capítulo 10. El siguiente capítulo. Aquí está el otro lado, la responsabilidad humana. ¿Cuál es el problema? “Mi oración a Dios por Israel es para salvación. Oro porque sean salvos. ¿Por qué no son salvos? Bueno, tienen celo por Dios, versículo 2, pero no según ciencia. No tienen suficiente conocimiento. Él no está diciendo: “bueno, no hay manera en la que ellos serán salvos, porque me imagino que Dios no los eligió.” Él no dice eso. Él dice que el problema es que no tienen conocimiento.

¿Y qué es lo que no entienden? Bueno, no entienden las cosas que usted necesita entender. Digo, lo que usted necesita entender de manera clara. Por ejemplo, no entienden la justicia de Dios. ¡Guau!, eso es verdaderamente importante. No entienden que Dios es tan justo como Él es. Creen que Dios es menos justo de lo que Él es y buscan establecer su propia justicia. Entonces, tienen una teología propia equivocada. Piensan que Dios es menos justo de lo que Él es. Tienen una antropología equivocada. Creen que son más justos de lo que son y entonces, creen que pueden satisfacer a Dios por sí mismos.

Entonces, tienen un concepto inadecuado de Dios como Santo, perfectamente justo. Tienen un concepto totalmente incorrecto de sí mismos como personas que son total y absolutamente pecaminosas. Por lo tanto, no se sujetan a sí mismos a la justicia de Dios. En otras palabras, no caen bajo la carga de reconocer que nunca pueden alcanzar la justicia de Dios y, por lo tanto, no claman a Cristo para terminar el reinado de la ley y traerles justicia y, ¿cómo va a pasar eso? Viene a todo aquel que cree. ¿Qué tan sorprendente es eso?

Versículo 4, ellos no entienden que la justicia que trae un fin a la tiranía de la ley está disponible a todo aquel que cree. Y entonces, Pablo dice, eso es lo que predicamos, versículo 8. Predicamos la palabra de la fe. Predicamos que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón, una persona cree resultando en justicia. Y después, él dice en el versículo 11 “todo aquel que cree en Él no será avergonzado.” Todo aquel que cree, no importa, judío, griego, mismo Señor, Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan. Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. ¡Guau! Después de eso, capítulo 9, determinado, absoluto en la soberanía de Dios en la salvación, aquí tiene que ver con conocer la verdad, creer la verdad, creer en Cristo.

¿Cómo respondemos a estas dos cosas? Bueno, tenemos un mandato. Versículo 14, y así es como lo resuelves. “¿Cómo invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin un predicador? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueron enviados?”

Como puede ver, la fe, versículo 17, viene de oír la Palabra de Dios acerca de Cristo. Entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad? ¿Subirte a una torre, aislarte y encontrar una solución a estas dos verdades paralelas? ¿Tratar de buscar el modo de resolver la paradoja aparente? ¿Tratar de elevarnos al nivel de la mente del Dios infinito? No.

Nuestra responsabilidad es reconocer esto. Se nos ha dado un mandato y una comisión de ir a todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura porque todo aquel que cree puede ser salvo. Cualquier persona que cree, será salva. “Todo aquel que viene a Mí, Jesús dijo en Juan 6, nunca le echaré fuera.” Las únicas personas que pueden venir a Él y creer son las que oyen. La única manera en la que pueden oír es si vamos y les decimos.

Si este asunto de soberanía y responsabilidad humana no fuera nada más para usted que algún tipo de ejercicio mental, entonces no ha entendido el punto. Somos responsables por la proclamación del mensaje de salvación hasta los fines de la tierra, hasta los fines de la tierra. Y si hacemos eso, dirán lo que se registra en el versículo 15, tomado de Isaías 52: “¡cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, los que anuncian buenas nuevas, el Evangelio!”

Al final, la palabra final, y es una magnífica, viene al final del capítulo 11. Al terminar el capítulo 11. Versículo 33, ahora que sabemos cuál es nuestra misión, ir al mundo y predicar el Evangelio, ser los predicadores que son enviados, a hablar la verdad para que la gente oiga, crea. Hablar la verdad para que la gente pueda oír, creer y sea salva. Pero aquí es donde viene la resolución final, versículo 33 de Romanos 11. Este es Pablo y Pablo entendió estas dos verdades paralelas, ciertamente tan bien como cualquier ser humano podría entenderlas. Y él dice esto: “¡oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios.” Lo primero que debemos reconocer eso esto: lo que Dios conoce y lo que Dios entiende va mucho más allá de nosotros. Está en una profundidad que no podemos entender. De hecho, él dice, ¡cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!

¿Puede tomar la instrucción de eso? Usted no puede entender estas dos cosas y cómo armonizan en la mente de Dios. Usted nunca las entenderá en esta vida. Son inescrutables e insondables. Hay muchas personas a las que les gustaría darle a Dios un poco de consejo y su idea de armonizar esto. Pero el problema está en el versículo 34: “quien conoció la mente del Señor y quién se volvió Su consejero.” ¿Cree usted que Dios está esperando que usted le dé algún tipo de sugerencia para que Él sepa cómo simplificar? ¿Quién cree usted que es? Usted no conoce la mente del Señor, usted ni siquiera puede acercarse. Usted no lo va a aconsejar.

Además, en el versículo 35, Él no tiene la obligación de darle usted más información de la que usted tiene. “Quien le dio a Él primero para que le fuese recompensado.” ¿Cree usted que Dios le debe algo? ¿Cree usted que Dios le debe a usted una explicación? No, al final, “porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas.” Lo colocamos ahí y lo dejamos ahí. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos, amén.

Ahora, hice eso, dije todo eso, lo llevé a lo largo de todo eso para que comencemos a ver la función que la fe tiene. Y usted va a estar en paz y descanso conforme piensa en esa comparación en la sección maravillosa de la regeneración, la obra, la obra divina de Dios.

¿Se siente un poco más cómodo con esas dos cosas? Espero que sí. Ése es el punto. En el Salmo 77, versículo 19, dice: “Tu camino estuvo en el mar y Tus caminos en las aguas poderosas… Me encanta esto… Y Tus pasos no pueden ser conocidos.” Es una imagen hermosa, ¿verdad? Caminas por el mar y no dejas huella. Yo estoy contento con eso. Me regocijo en eso. Y vivo mi vida creyendo esas dos cosas. Pero el que me hace responsable es sola fide, la soberanía divina no me hace responsable. La fe y creer coloca a toda la responsabilidad en mí, creer, no quedarme en la incredulidad y proclamar un mensaje para que otros puedan oír y también, creer. Entonces, la próxima vez, vamos a ver la sección maravillosa acerca de todo aquel que cree, que no perecerá, sino tendrá vida eterna.

Padre, gracias por nuestro tiempo en esta mañana, conforme hemos luchado en nuestras mentes con estas cosas, algunos de nosotros por mucho tiempo, y quizás, no hemos entendido cuán maravillosas y asombrosas son estas verdades. Y cómo la realidad misma de que van más allá de nosotros habla de su naturaleza divina.

Te honramos, Te adoramos, Te amamos, Te exaltamos e inclusive en todos nuestros esfuerzos por hacer eso, no podemos comprenderte como realmente eres. Anhelamos el día en el cielo cuando nuestro conocimiento será perfeccionado y nuestro entendimiento será aclarado y podremos glorificarte de manera perfecta. Hasta entonces, Te damos la honra que el apóstol Te dio y decimos con él que de Ti, por Ti y para Ti son todas las cosas, a Ti sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

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