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Abran sus Biblias, si son tan amables, al primer capítulo del Evangelio de Juan y continuamos con nuestro maravilloso viaje a lo largo de esta presentación gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, quien nos es presentado en este libro en términos metafóricos. Él nos es presentado, conforme Juan abre, como el Verbo, como la vida y como la luz. Cada uno de estos términos es una manera de hablar de su deidad. Él es el verbo porque él es la comunicación de Dios. Él es la vida porque él es la vida eterna misma quien da vida a todo lo que vive. Y él s la luz porque él es el único iluminador verdadero que ilumina toda realidad espiritual.

Quiero leer la apertura de este Evangelio una vez más comenzando desde el versículo 1 hasta el 14 para que lo tengan en su mente. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, l cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por El. No ere él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

En nuestros anteriores del Evangelio de Juan, hemos considerado el hecho de que Jesús es el Verbo y la vida, y esta mañana quiere que estudiemos que él es la luz.  En el versículo 4, se dice de él: “La vida era la luz de los hombres.” Y después, cinco veces subsecuentes en los versículos que leí, se hace referencia a él como la luz. La luz. Pacemos por un momento a la esfera de la ciencia, para entender porqué esta idea de la luz está tan apegada al Señor Jesucristo. Cuando pensamos en la luz, tenemos que considerarla en sus términos más simples y en cierta manera darla por sentado porque estamos tan acostumbrados a ella. La vida está llena de oscuridad y luz. Las entendemos en una explicación científica, pero cuando hay un término como este tomado de la vida diaria que es usado para describir al Señor Jesucristo o Dios mismo, nos motiva el escarbar con mayor profundidad en el concepto para ver si podemos ver si Dios está viendo más de lo que nosotros tenemos en mente en la superficie. Experimentamos luz de una manera estática, o está oscuro o hay luz, a un grado u otro, o quizás algo hay quizás como un punto medio. Para nosotros, la luz se prende y se apaga; está presente o está ausente. Y vemos a la luz como algún tipo de situación en un condición estática, pero francamente, nada podría estar más lejos de la verdad.

Para darles una definición científica de la luz que podría ayudarnos a entender algo mejor este concepto y después aplicarlo a lo que estamos aprendiendo aquí del Señor Jesucristo, tenemos que entender que de hecho el luz es energía. La ciencia define la luz como energía luminosa, como energía radiante, como energía electromagnética y la luz se mueve a una velocidad de más de ciento ochenta y seis mil, doscientos ochenta y dos kilómetros por segundo. Realmente a una velocidad de ciento ochenta y seis mil, doscientas ochenta y dos millas por segundo. No es nada más que estático; no es nada más que fijo. De hecho se considera que es una hola, una onda, un fenómeno corpuscular o de quantum. Realmente, en gran medida, es indescriptible en términos de su poder y la fuente de ese poder. Y la idea de quantum es un testimonio de la idea de que no puede ser comprendida en cuanto a lo que a su fuente concierne y esto es de donde obtiene su velocidad y su existencia misma. La luz es una onda que se mueve a ciento ochenta y seis mil millas por segundo. Y esta onda puede llegar a la retina del ojo, y cuando hace eso hace que las cosas sean visible. Ilumina las cosas. Todos los colores dependen de la luz. En donde hay luz, vemos, y en donde no hay luz, no vemos. Esa energía a alta velocidad que llega al ojo y hace que las cosas sean visibles.

Ahora, cuando piensas en la luz en esos términos, la estas viendo o la vez de una manera que es directamente aplicable al hijo de Dios, el Señor Jesucristo, quien es poder divino en la esfera espiritual, que hace que las cosas sean visibles. Cuando la luz espiritual de Cristo llega al alma viva -lo cual sería equivalente al ojo que se abre y que funciona- todo es iluminado en la esfera espiritual. La luz, de acuerdo con Juan, no es nadie más que la vida, la vida eterna quien es el Señor Jesucristo, quien es el Verbo que viene de Dios. Él es el Verbo porque en él Dios habla. Y él es la vida porque a través de él Dios da vida. Él es la luz porque por él todo en la esfera espiritual es iluminado y fuera de él no hay palabra de Dios. Fuera de él no hay vida y fuera de él no hay verdadero entendimiento porque todo es tinieblas, todo es oscuridad. Juan ha realmente capturado algunas de las cosas más básicas a nivel de la superficie, sin embargo profundas, para expresar quién es esta persona que llamamos el Señor Jesucristo. Él es la onda viva de poder divino, que se mueve a una velocidad infinita, que brilla con brillo en el área de la esfera espiritual para iluminar todo lo que do otra manera está oscuro. El Verbo es la vida, quien es la luz que vence a las tinieblas. Las tinieblas, dice el versículo 5, no pueden prevalecer contra la luz.

Nuestro Señor Jesucristo hace que todo lo que es espiritual sea verdaderamente discernible y visible. Puedes ver la manera en que la esfera espiritual realmente es; existe solo a la luz de Cristo. Fuera de él, todo está oscuro, inclusive en el mundo de la religión, la esfera de la religión. Todo está oscuro sin Cristo. Entonces Juan nos presenta al que ilumina la esfera espiritual y mientras que estás leyendo lo que tu piensas entender -comenzando a partir del versículo 6- realmente se vuelve algo confuso quizás a primera vista. Habla un poco acerca de Juan, después habla del mundo y después hable de que él vino a los suyos y acerca de la gente que cree y de más. Podrías pensar que esto es un poco confuso, toca varios temas o quizás en cierta manera está hablando de varios temas al mismo tiempo que no están relacionados, pero eso no es el caso. Debemos darle a Juan más crédito que solo eso. Y lo que él está haciendo aquí es identificar la luz y se refiere a la luz seis veces. Y se va referir a Cristo como la luz de nuevo, conforme lo veremos en secciones subsecuentes, inclusive en esta mañana aquí en el Evangelio de Juan.

Pero lo que Juan está haciendo en su capítulo de apertura es volver, convertir esa luz, colocarla a la luz de ciertas verdades elementales. Esto es, toma la luz y prácticamente la convierte en verdades espirituales fundamentales que son medulares, que son muy esenciales. Y vas ser que esa luz brilla en donde la luz inicialmente necesita ser colocada, para que entendamos las realidades fundamentales. La luz de Cristo va brillar y va revelar en esta sección, la naturaleza del verdadero ministerio. La luz va brillar y va revelar la naturaleza misma del salvador mismo. La luz va brillar y va revelar la naturaleza de los pecadores y va brillar y revelar la naturaleza de los creyentes, inclusive iluminará la naturaleza de Dios. Todo eso está en esta sección y vamos a ver la verdad acerca del ministerio cristiano, la verdad acerca de Cristo mismo, la verdad acerca de pecadores, la verdad acerca de creyentes y la verdad acerca de Dios cuando la luz brilla. Y la luz no es nadie mas que Cristo. La llegada, entonces, de la luz divina, aleja a las tinieblas de estas realidades fundamentales.

Ahora, recuerden algo: Juan tiene un objetivo en su Evangelio aquí. Él dice al final de su Evangelio que él ha escrito todas estas cosas para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios y que para creyendo tengáis vida en su nombre. Entonces, este es un esfuerzo salvador; este es un esfuerzo de Evangelio. Este es un libro Evangelístico. Él quiere que seamos salvos y él sabe que eso solo puede venir cuando entendemos el Evangelio, y estos son los cimientos del Evangelio que Juan brilla al usar la luz en ese principio mismo.

Ahora, comenzamos donde Juan comienza y hablemos en primer lugar acerca de la luz de Cristo iluminando la verdadera naturaleza del ministerio -el ministerio del Evangelio. Y este es lo primero en el orden de Juan -entonces aceptamos eso como habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo- y nos dice aquí en el versículo 6: “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio,” o para un testimonio, “para diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.” La esencia del ministerio del evangelio -el cual es la responsabilidad de todo predicador, todo creyendo- todos debemos estar dando testimonio de Cristo. La esencia de la naturaleza del ministerio del Evangelio se encuentra aquí, establecida desde el principio de este Evangelio. Debido a que el propósito de este Evangelio es evangelístico, esto es crítico para Juan. Es crítico para Juan que entendamos la naturaleza del ministerio cristiano y porqué como creyentes en el muncho y porqué algunos de nosotros predicamos y cuál debe ser el tema de nuestra predicación.

Pero vamos a retroceder y comenzar en el versículo 6. Estudiaremos los versículos 6 al 13. El cambio aquí es muy abrupto. Observen allí en el versículo 6, noten como dice Juan, ‘Hubo un hombre’. Observen eso. ‘Hubo un hombre. Vino un hombre’. Hasta aquí hemos estado en los versículos 1 al 5 y hemos estado hablando del que no fue creado, del eterno, el que en el principio ya existía, que era con Dios distinto de Dios, sin embargo era Dios. Él es el que creó todo lo que existe y nada de lo que existe él no lo creó. Él es la vida misma y él da esa vida y él es luz. Entonces, hemos estado hablando acerca del Hijo de Dios eterno, el segundo miembro de la Trinidad. El versículo 14 dice quien se hizo carne y vivió entre nosotros y vimos su gloria, gloria como el unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Entonces, hemos estado hablando acerca de Dios, quien se volvió en hombre.

Ahora, aquí en el versículo 6 hay un cambio en el tema. “Hubo un hombre.” Hubo un hombre. Pasamos del no creado, del creador, del eterno preexistente, coexistente con Dios, auto existente, en quien está la vida, a un mero humano, a un simple humano. Ahora, Juan nos va dar muchas cosas en su Evangelio que dan testimonio acerca de Cristo. Él nos va apuntar, por ejemplo, al testimonio del Padre. Él nos va apuntar al testimonio de las palabras de Jesús, las obras de Jesús. Él nos va apuntar al testimonio del Espíritu Santo, el testimonio de testigos oculares de sus milagros, al testimonio de sus discípulos. Juan nos va dar por lo menos siete líneas diferentes de evidencia para mostrar que el versículo catorce es verdad, que el Verbo de Dios eterno, no creado, se hizo carne.

Pero él comienza para apuntarnos en la dirección o hacia la dirección de este testimonio que viene de un hombre llamado Juan; otro hombre llamado Juan. Juan significa, ‘regalo de Dios’, y Juan el apóstol es el escritor, pero aquí él se está refiriendo a un Juan diferente. Y nos dice aquí en el versículo 6: “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.” Él no está hablando de sí mismo. Él está hablando de Juan el Bautista, como lo conocemos, debido a su ministerio de bautizar a gente en el Rió Jordán que había venido a él para oír al mesías que venía. Y ellos necesitaban arrepentirse. Ellos venían a oír que el mesías estaba por venir y necesitaban arrepentirse y enderezar sus corazones y simbolizar su deseo de ser limpiados y lavados del pecado. Y por ello Juan los bautiza, lo cual realmente era lo que le hacían a los gentiles que estaban afuera del pacto cuando querían convertirse en parte del grupo de adoradores verdaderos del Dios verdadero y volverse parte de la religión de Israel.

Entonces, una cantidad enorme de gente vino a Juan que venía de Jerusalén y Judea para prepararse para el mesías, por lo menos a nivel superficial, y el los estaba bautizando. Y entonces él llegó a ser conocido como Juan el Bautista. Él es el último profeta del Antiguo Testamento. No ha habido durante cuatrocientos años hasta que él llega y puedes leer acerca de él en los primeros capítulos de Mateo, los primeros capítulos de Marcos y los primeros capítulos de Lucas, los detalles de su historia. Él es el último de los profetas del Antiguo Testamento. Él es el hombre más grande que jamás vivió hasta este entonces. Jesús dijo eso en Mateo 11:11. ¿Pero por qué? ¿Por qué era más intelectual? No. ¿Más espiritual? No. ¿Mas influyente? No. Él es el hombre más grande que jamás había vivido hasta este entonces porque ningún hombre había tenido una responsabilidad más grande o había tenido un deber de mayor privilegio. ¿Por qué? Porque él presento a la gente al mesías. Eso lo hacía más grande, en términos de responsabilidad y privilegio, que cualquier otra persona que jamás había vivido. Él fue valiente, directo, sin embargo fue humilde. Él estaba determinado y él fue tan fiel  a la predicación de la verdad, que le costó su cabeza, como Mateo 14 nos dice la historia de cuando él fue decapitado.

Pero aquí se nos presenta a Juan. No en un sentido de toda su biografía, lo cual encontramos en Mateo, Marcos y Lucas. Pero aquí se nos presenta a Juan solo en el sentido de que se nos da un vistazo en su ministerio. Y su ministerio es definido en el versículo siete en términos muy simples: “Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.” En ese versículo, el versículo 7, tienes el modelo para el ministerio del Evangelio. Un modelo para el ministerio del Evangelio. Juan lo presenta desde el principio. Este es su propósito. Encaja con su propósito y su propósito es hacer que la gente crea que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tenga vida en su nombre. Y entonces, ese se convierte en la misión de todo verdadero creyente y todo verdadero predicador. Y aquí Juan presenta el cimiento para ese tipo de ministerio.

Observen el versículo 6 por un momento. Se nos indica que vino un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. No les puedo decir cuantas veces se ha usado ese versículo para que me presentaran ante una congregación. La gente obvio lo ha usado de una manera amable para referirse a mí, pero Juan -alguien podría dudar si yo de hecho vino de Dios en algún tipo de acto divino directo- pero no podías dudarlo con Juan porque Juan, en primer lugar, fue un objeto de profecía. Se profetizó que él vendría, en el Antiguo Testamento. En el capítulo 40 de Isaías, él sería la voz que clamaba en el desierto, ‘Preparar el camino del Señor. Enderezar el camino’. Él es de quien se habla al final de Malaquías, quien vendrían antes de la llegada del Señor. Entonces, él viene del Señor en un sentido muy directo, así como se había profetizado de él, de una manera muy clara él es el que se profetizaba que sería enviado por el Señor. En segundo lugar, sus padres eran estériles. Por lo menos estaban en sus años ochentas. Nunca habían sido capaces de tener hijos. Él es concebido de manera milagros, lo cual añade otro componente al hecho de que él definitivamente fue enviado por el Señor. Su concepción es una concepción milagrosa. Y para añadir otro componente al hecho de que él es enviado de Dios, se nos recuerda en Lucas 1 que su llegada fue anunciada a su padre por un ángel que vino del cielo. Y les puedo prometer en mi propio caso, como ejemplo, que no hay profecías de que yo sería un predicador, no hay milagros que hicieron que mi madre concibiera y no hay ángeles que se aparecieron en la casa de mis papás.

Entonces, este es un hombre enviado por Dios de una manera totalmente diferente, inclusive el momento en el que nació y vivió. En Lucas 1:80 dice que había un día para su aparición pública y Dios había ordenado ese mismo día. Él es el verdadero profeta y de hecho, en Mateo 14 y Mateo 21, leemos que todo mundo pensaba que era un profeta.  Todo mundo creía que él era un profeta debido a la naturaleza de su ministerio y la naturaleza de su predicación. Entonces, este profeta valiente, poderoso, humilde llega. Pero él es un hombre. Y aquí es donde encontramos el contraste. El Señor Jesús existió desde toda la eternidad, pero Juan existió en un punto en el tiempo. El Señor Jesús es el creador eterno; Juan es su creación. El Señor Jesús es Dios, pero Juan es enviado por Dios. El Señor Jesús es la luz, pero Juan testifica acerca de la luz y él viene, versículo 7, como testimonio o para dar testimonio, para que diese testimonio.

Él vino como un testigo y hace que la palabra testigo parezca como que se está refiriendo al hombre cuando dice, ‘vino por testimonio’. Pero no es así. Él vino por testimonio para que diese testimonio y esto es lo que expresa el griego. Porque el griego, en el griego no es una persona, sino el mensaje. Marturia, el mensaje.  Él vino para un mensaje. Él vino para un mensaje, para testificar. Ambos términos vienen de la misma raíz. Una es la forma del nombre. Él vino mara un mensaje, para dar un mensaje. Él vino para dar un testimonio. Él vino para un testimonio, para dar un testimonio. Y la otra -marturero- es el verbo. Ambos términos encajan. Él entró, por así decirlo, a la corte del mundo y dar evidencia de que Cristo es el Hijo de Dios. Esa es la razón por la que vino. Él vino como un hombre que tenía la verdadera evidencia del cielo con respecto a la luz. Él tenía los hechos por los cuales iba dar el mensaje. El testimonio para la corte del mundo para que ellos entendieran la verdad acerca de la luz.

Ahora, observe usted la frase, ‘de la luz’. No puedo enfatizar eso lo suficiente. El ministerio de Evangelio es acerca de la luz. Tiene que ver con Cristo. Consiste en dar los hechos, la verdad, la evidencia acerca de quién es él, por qué vino y lo que él ha hecho. Eso es el ministerio del Evangelio: presentar los hechos acerca del que es el Verbo, la vida, la luz, el Señor Jesucristo y demostrar que de hecho el Verbo se hizo carne. Y habitó entre nosotros durante treinta y tres años, desplegó su gloria, la gloria misma que le pertenece al que procede le padre, lleno de gracia divina y verdad. Todo el ministerio cristiano y verdadero se establece aquí como un ministerio que está dominado por Cristo, que está centrado en Cristo. Esta es la verdadera naturaleza del  ministerio cristiano, es acerca de Jesucristo, trata de Jesucristo y Juan apunta la gente al salvador. Allí en el versículo quince Juan está dando su testimonio. Él está clamando. Él está gritando a toda voz. Él está gritando fuertemente y dice, ‘Este es de quien yo decía. El que viene después de mi es antes de mi porque era primero que yo’. Entonces él está hablando acerca del que aunque era hombre también es el Dios eterno. Él dio testimonio constante acerca de Cristo. En el versículo 29, él apunta a Jesús y dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Versículo 30: “Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.” Versículo 34: “Éste es el Hijo de Dios.” Versículo 36: “He aquí el Cordero de Dios.” Ese es su testimonio. Este es un testimonio centrado en Cristo. Y continuó siendo el sujeto o el tema de su predicación.

Este es un cimiento sobre el cual Pablo construye. Cuando él dice en 1 Corintios 2: “Porque estoy determinado a no saber nada entre ustedes, excepto a Jesucristo y al él crucificado.” Y Pablo lo describe en 2 de Corintios 4, diciendo que el ministerio del Evangelio es, ‘proclamar a Jesús como Señor, aquel en que la gloria de Dios está brillando’, nadie más que Cristo. En Hechos 1 versículo 8 Jesús le dice a los discípulos y a los creyentes que, ‘el Espíritu Santa va venir y ustedes van a ser testimonios de mí. Ustedes van a dar el mismo tipo de testimonio’, misma palabra matures, ‘Me seréis testigos matures. Van a estar dando testimonio en la corte del mundo de las evidencias que apuntan a mí el salvador, el Hijo de Dios, para que mi gente pueda creer en mi nombre y ser salvos. Cristo es nuestro Tema. Cristo es el enfoque de nuestra predicación. No hay otro tema. No hay otro sujeto. No hay nada más de qué hablar. Y simplemente para negar cualquier confusión, en el versículo 8 el apóstol dice que Juan el Bautista no era la luz, sino que él vino a dar testimonio de la luz. Eso es lo que los verdadero predicadores hacen. Eso es lo que los verdaderos ministros haces. Eso es lo que los verdaderos creyentes haces. Testificamos acerca de la luz. Juan sabia que él no era la luz.

Allí en el capitulo 3 versículo 25: “Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan,” Juan el Bautizo. Por ciento, cuando vez en el libro de Juan la palabra Juan, el nombre Juan, la mayoría de las veces es Juan el Bautista. Solo hay otro Juan en el Evangelio entero de Juan, y ese aparece cuatro veces, y ese es Juan el padre de Pedro. Juan el apóstol nunca usa su nombre. El escoge llamarse a sí mismo el discípulo a quien Jesús amaba. Entonces, cuando vez Juan, la mayoría de las veces es Juan el Bautista y cuatro veces o algo así la mayoría de ellas al final es el padre de Pedro. Entonces, aquí tenemos a Juan el Bautista, de acuerdo con el versículo veinticinco, y sus discípulos están teniendo una discusión con los judíos, dice aquí, acerca de la purificación. “Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí,” lo cual quiere decir maestro, “mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio,” esto se refiere a Cristo, “bautiza, y todos vienen a él.” En otras palabras, se acabó tu carrera. ¿Entiendes eso? Ya no vienen a ti. Vienen a aquel de quien tú estabas testificando. Respondió Juan y dijo: “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo,” lo cual quiere decir, ‘Miren, yo tuve mi lugar. Recibí de Dios la comisión y ya la cumplí. “Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.” Él sabía que el no era la luz, no el Cristo y esa es la razón por la que en el versículo 30 él dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” Déjame desvanecerme y que él tome el lugar de la luz. Entonces, el versículo ocho dice que Juan no era la luz. Juan no era la luz.

Ahora, algunas personas han dicho que hay un problema aquí. Es un asunto importante de mencionar, entonces quiero señalárselos. En Juan 5:35 se hace un comentario acerca de Juan, de Juan el bautista y escuchen lo que dice. Juan 3:35: “Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.” Bueno, espera un momento. Juan al principio -en el capítulo 1 Juan el apóstol dice que Juan el Bautista no era la luz y Juan mismo dice que, ‘Yo no soy el Cristo. Él es y yo he dado testimonio de eso.’ Pero aquí el dice que, ‘él era antorcha o la luz que ardía y alumbraba y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz’. ¿Cuál es el problema aquí? La palabra antorcha aquí en 5:35 es lucnos. Significa una lámpara portátil. Una pequeña lámpara portátil de aceite con una pequeña mecha y Juan era ese tipo de luz. Él era una luz derivada, pero en el capítulo 1 versículo 8, cuando dice que Jesús es la luz del mundo fos, lo cual esencialmente es luz de lo cual obtienes fotografía, fotosíntesis -cada vez que vez el fo, eso viene de la palabra griega luz. Y lo que vemos aquí es que Jesús es la luz esencial. Juan es una lámpara que refleja esa luz en el mismo sentido en que tu y yo somos la luz del mundo. No debemos esconder nuestra luz.

Entonces, desde el comienzo de este maravilloso Evangelio, Juan ilumina la naturaleza del verdadero ministerio del Evangelio. Todos los verdaderos ministros, los verdaderos testigos se centran en las evidencias y en los hechos acerca de la persona y obra de Cristo para presentar la verdad de que él es quien las escrituras dicen que es. Ese es el tema de toda la predicación que desempeña todo ministro obediente, leal, fiel, cristiano. Todo testigo cristiano. Los ministros no son sacerdotes. No somos sacerdotes; no somos mediadores; no somos agentes sagrados que de alguna manera, a través de ceremonias y rituales de algún tipo, presentan y extraen y originan, dan a luz vida divina y gracia y la entregan a alguien más. No hacemos eso. Ese es un engaño. No traemos gracia divina a través de algún tipo de medio sacramental a la gente. No somos asesores espirituales; no somos entrenadores; no somos c coaches como dicen algunos de una manera muy popular. No somos ayudantes, psicólogos, que a través de nuestro buen consejo hacemos a la gente sentir mejor acerca de sí mismas. No somos sanadores o curanderos que hacen milagros, que tienen algún tipo de unción del cielo que nos exalta por encima del resto del mundo. Todo eso son mentiras. Ningún predicador está ungido de alguna manera sobrenatural sobre alguna otra persona. No existe nada de eso en las escrituras.

Todos los verdaderos ministros son enviados de Dios para declarar el verdadero testimonio y dar testimonio de manera verdadera acera de la luz, acerca de Cristo; el único que prevalece y disipa las tinieblas.  Y cuando damos el testimonio verdadero y preciso y completo del Señor Jesucristo, somos leales y fieles. Esa es la razón por la que, mientras tú estés en Grace Church y durante sea cual sea la cantidad de tiempo que haya pasado, todo el tiempo que haz estado viniendo, verás que Cristo es el tema de todo. ¿Por qué? De regreso al versículo 7: “a fin de que todos creyesen por él.” ¿Quién es él? No Cristo. A través de Juan en este caso. Entonces él, Juan, vino por testimonio para que diese testimonio de la luz a fin de que todos creyesen por él. Dices, ‘Oye, espera un momento. ¿A caso la gente cree a través de un hombre?’ Sí, sí. Eso parece ser algo exagerado. Observa Romanos 10. ¿Cuál es la gran comisión? ¿Usted sabe en qué consiste la gran comisión? Ir por todo el mucho, ¿y qué? Predique el Evangelio a todo mundo. ¿Por qué? ¿Por qué necesitamos hacer eso?  Porque si no oyen el Evangelio, no pueden ser salvos. En Romanos 10 lo podemos tomar el pasaje a partir del versículo 13: “Porque todo aquel que invocara el nombre del Señor será salvo.” Todo aquel que invocara el nombre del Señor, sea judío o gentil. No ha distinción dice ahí atrás en el versículo 12. Porque no hay diferencia. “Todo aquel que en él cree no será avergonzado,” versículo 11. Después en el versículo catorce: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? Y cómo oirán sin haber quien,” ¿qué? ¿Qué? “Les predique. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” No es sorprendente que dice, como está escrito: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”  Versículo 17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios,” o por la palabra cerca de Cristo.

Entonces Juan es un modelo. Juan vino para dar testimonio, para ser un testigo, que diera testimonio acerca del Señor Jesucristo, para que todos creyeran a través de su predicación, a través de su ministerio. La gente viene a la salvación al créele a predicadores, al creer en la evidencia que presentan, al creerle a otros cristianos que les han llevado el Evangelio y se los han explicado y les han dado los hechos y los han apoyado. Y todos los que vienen a Cristo vienen a Cristo a través de medio humanos y, como vemos a partir de ese texto del Antiguo Testamento, claro, aquellos que vienen a Cristo dicen, ‘¡Cuán hermosos son los pies de aquellos que predican las buenas nuevas!’ Amamos a la gente que nos trajo el Evangelio, ¿no es cierto? La meta del ministerio del Evangelio entonces es creer a través de nuestra predicación. Esa es la razón por la que Pablo dice, ‘Ay de mí si no predico el Evangelio, porque no me avergüenzo del Evangelio de Cristo porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. _____ y al judío y al griego,’ de predicar el Evangelio. Todo eso en Romanos 1:16 al 18. Podría ser insensatez, 1 Corintios 1, podría ser tropezadero, pero aquellos que están siendo salvos, es el poder de Dios para salvación.

Entonces la luz está brillando, en primero lugar, en este pasaje clave en Juan acerca de la naturaleza del verdadero ministerio. En segundo lugar, la luz ilumina la naturaleza del Hijo de Dios, la verdadera naturaleza del Hijo de Dios. Conocemos, a partir del Antiguo Testamento, al segundo miembro de la Trinidad. Conoceríamos a la Trinidad porque vemos las tres personas de la Trinidad involucradas en el Antiguo Testamento. Sabríamos esto, sabríamos que hay una relación entre los miembros de la Trinidad. Hay conversaciones entre los miembros de la Trinidad. El Señor dijo a mi Señor, por ejemplo en los Salmos, sabríamos algo de la naturaleza de Dios debido a sus atributos que son presentados en el Antiguo Testamento. Conocemos acerca de él, pero habría una medida de oscuridad hasta que la luz aparece y la luz ilumina a sí misma. La luz brilla para revelar la misma luz, la esencia misma de Cristo. La luz misma. Y lo que aprendemos en el versículo 9 es: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” Cuando Cristo llegó, ahora el segundo miembro de la Trinidad se presenta de manera clara. Ahora vemos quién es. Sabemos, a partir del Nuevo Testamento, que él estaba llevando acabo su obra en el Antiguo Testamento, que él es una roca espiritual, por ejemplo, que le trajo agua a los hijos de Israel en el desierto.

Y sabemos otras cosas acerca de él, al que se hace referencia en el Nuevo Testamento. Sabemos que él de hecho era el que estaba en trono, en Isaías 6, de quien el ángel dijo: “¡Santo, santo, santo!” Sabemos que él es el salvador de Isaías 52 y 53, el que sería nuestro sustituto, pero todavía hay algo de oscuridad hasta que llegamos al Nuevo Testamento y la luz conforme llega se ilumina a sí misma. Y vemos la luz de la gloria de Dios como nunca antes, brillando en la faz de Jesucristo, lo cual es más glorioso y obviamente, ¿qué es más instructivo? ¿Qué nos da más instrucción? ¿Ver una columna de fuego en la noche, una columna de luz, de nube el día guiando a los hijos de Israel o ver el rostro de Jesucristo? Él es el resplandor de la gloria del padre. “La imagen misma de su persona,” Hebreos 1. Él es en quien habita corporalmente toda la plenitud de la deidad. Él es en quien la gloria de Dios es revelada. Lleno de gracia y de verdad. La luz brilla, entonces, en el naturaleza verdadera del ministerio del Evangelio y brilla en la luz misma. Él es la luz verdadera. Vemos eso. La Alethinos, genuina, verdadera. Significa real, genuino, legítimo, en contraste a falso. Él es la luz verdadera en contraste a luz que no pertenece a él. En contraste a luz que no emana de él, a luz secundaria, luz derivada. Él es la luz verdadera, en contraste a las sombras de símbolos. Él es la emanación preeminente, toda gloriosa, de Dios.  La gloria de Dios brilla en él de manera más brillante que cualquier otra revelación y como consecuencia, alumbra a todo hombre que no ve por quién es él. ¿Qué significa esa frase que alumbra a todo hombre? Lo que significa es: para todo hombre que verdaderamente ve a Cristo, hay un alumbramiento completo acerca de quién es, que no está disponible en el Antiguo Testamento. Nadie realmente podía ver la gloria plena de Cristo hasta que él vino al mundo. Él alumbra a todo hombre. Él es la única luz para todo hombre y toda persona que es alumbrado es alumbrado por él.  Toda persona que entiende la salvación y su papel como salvador, toda persona que entiende, lo entiende porque lo ven por quién es él.

Toda persona, entonces, que verdaderamente es alumbrada, toda persona que ve realidad espiritual, que ve el mundo sobrenatural de la manera en la que realmente es, toda persona que es genuinamente alumbrada de manera salvadora es alumbrada porque él ha visto la luz de Cristo. No puede ser salvo fuera de Cristo.  Él lo dice en el 8:12 de Juan: “Yo soy la luz de mundo. Ningún hombre que me sigue jamás andará en tinieblas.” La única luz que el mundo tiene es Cristo. Él es la única luz que puede alumbrar a cualquier persona y a toda persona. Y su luz es la única luz suficiente. En Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Pero continúa: “Y Dios no envió al Hilo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo a través de él. El que cree en él no es juzgado, pero el que no cree ya ha sido juzgado porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” De nuevo el tema de Juan de creer en él para salvación. Y después encontramos esto en Juan 3 versículo 19: “Y esta es la condenación,” versículo 19, “que la luz vino al mundo, y los hombros amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendida. Mas el que practica la verdad, viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”

La luz de la salvación brilla únicamente en Jesucristo. J.C. Ryle lo expresó de esta manera, y cito: “Cristo es para las almas de los hombres lo que el sol es al mundo. Él es el centro y la fuente de toda la luz espiritual. Como el sol, él brilla para el beneficio común de toda la humanidad, para los altos y los bajos, para los ricos y para los pobres, para el judío y para el griego. Como el sol, él es libre para todos. Todos pueden verlo a él y pueden beber de él salud a partir de su luz. Si millones en la humanidad fueran lo suficientemente locos como para vivir en las cuevas bajo tierra, o para vendar sus ojos, su oscuridad sería su propia culpa y no la culpa del sol. De la misma manera, si millones de hombres y mujeres aman las tinieblas espirituales en lugar de la luz, la culpabilidad está en sus corazones ciegos. Pero, o sea, que los hombres lo vean o no, Cristo es el verdadero sol y la luz del mundo. No hay luz para los pecadores, excepto en el Señor Jesucristo.” Fin de la cita. Que gran afirmación.

Como la luz es la luz que alumbra al mundo, así Cristo es la luz que alumbra a todo hombre. No hay otra luz y si aceptas la luz eres salvo y si rechazas la luz eres juzgado. ¿Cómo se manifestó a sí mismo? Versículo 10: “En el mundo estaba.” En el mundo estaba. Él estaba en el mundo que él hizo y el mundo por él fue hecho. Él estuvo en el mundo durante treinta y tres años. Él estuvo presente en su creación. Durante treinta años en Nazaret la gente lo tuvo allí en donde vivía y la primera vez que él regresó a predicar, trataron de matarlo. Trataron de matarlo. Por tres años, él ministró en la tierra de Israel y prácticamente expulsó a la enfermedad, expulsó a los demonios, demostró su poder sobre la naturaleza. Él era el misterio de la piedad. Dios en carne humana. Él era el Dios invisible hecho invisible. Él estuvo en el mundo, el mundo mismo que él hizo, y él demostró su poder creador, ¿no es cierto? Dio a la gente miembros corporales; dio a la gente órganos; le dio a la gente ojos, nuevos mecanismos para oír. Le dio a la gente vida de los muertos; controló tormentas; anduvo sobre agua. Él mostró su poder creador y el se desplegó a sí mismo al estar en el mundo. Esta es la más grande manifestación de salvador, el segundo miembro de la Trinidad, quien sería nuestro sacrificio.

Entonces, la venida de Cristo nos alumbra acerca de la naturaleza del ministerio espiritual y nos alumbra acerca de la naturaleza del salvador mismo. En tercer lugar, la venida de Cristo como la luz, iluminó la verdadera naturaleza de pecadores. Para que el Evangelio esté en tu mente, y entiendas su urgencia e importancia y entiendas la verdad de cómo opera, necesitas ver este tercer punto. Y Juan presenta esto de una manera clarísima y probablemente recordará usted estos versículos  de memoria. De regreso allí a la mitad del versículo 10: “Y el mundo no le conoció. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron.” Mire, entendemos que los hombre son pecadores, que engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso. Eso no es nuevo. Eso es Jeremías 17:9, allí atrás. Entendemos la caída en Génesis 3. Entendemos que la humanidad está mal decida. Entendemos que Dios tiene que ahogar a la raza humana entera allí al principio del libro de Génesis porque él únicamente ve maldad de manera continua. Entendemos la profundidad de la depravación humana. Es la historia del Antiguo Testamento y el relato del Nuevo, como también toda la historia humana hasta el momento mismo en el qué vivimos. Entendemos lo miserable que es la condición de el pecado de este mundo, pero nunca, nunca esa condición de podredumbre espiritual y la naturaleza profunda de esa oscuridad ha sido más evidenciada que cuando la gente rechaza a la luz.

Una cosa es rechazar la luz de ley y otra cosa es rechazar la revelación de Dios escrita en el Antiguo Testamento. Pero es algo mucho peor rechazar a Cristo. Esto es un testimonio sin paralelos de la depravación del hombre. Presenta la luz refulgente del cielo, llena de gracia, llena de verdad en el mundo de pecadores y cuando lo rechazan tiene la evidencia más dramática de la profundidad de su depravación. Una cosa es rechazar a un hombre, a un profeta, y otra cosa es rechazar un papiro, un rollo, un manuscrito que alguien escribió. Pero es algo bastante descarado rechazar al Dios viviente en carne humana. Nunca. Nunca la depravación del hombre ha sido revelada de una manera tan clara como cuando la luz vino al mundo y expuso, prácticamente mostró todo lo que estaba escondido en las tinieblas del alma humana. Ningún descubrimiento de la pecaminosidad del pecado jamás es tan revelador como éste. Qué tan miserable eres cuando recientes, cuando te enojas contra Jesucristo, cuando no crees en Cristo. Sea en ese entonces -desde ese entonces o ahora- de nuevo rechazar la revelación escrita, rechazar la revelación verbal, rechazar un predicador, rechazar un profeta bastante revelador, pero rechazar al Señor Jesucristo mismo es la indicación más devastadora de la profundidad del pecado humano.

El versículo 10 dice: “El mundo no le conoció.” Romanos 1 dice, ‘No conocen a Dios’. Y Juan 1 dice, ‘No conocen a Cristo’. Inmersos en muerte espiritual y ceguera aman su pecado. Y juan, como lo acabo de leer en Juan 3:19 y 20, este es el juicio que viene sobre ellos, que la luz brilla, ¿pero los amaron qué? Más las tinieblas que la luz. Ellos se hunden con mayor y mayor profundidad en la oscuridad. Para aquellos están pereciendo, la luz es necedad. No conocían a Dios en Romanos 1. No conocen al Hijo de Dios en Juan 1 y ese es el caso todavía el día de hoy. Él dio evidencia amplia a la generación que, cuando él llegó, él era el Hijo de Dios y ha llegado amplia evidencia en el testimonio de las sagradas escrituras. En Juan 5, él dice, “¿No pueden creen mis palabras? ¿Y si no pueden creer mis palabras, no pueden creer en mis obras? ¿Y si no pueden creer en mis obras, pueden creer en mi padre? Y si no pueden creen en mi padre, pueden escudriñar las escrituras porque son las que hablan de mí’. Hay bastante evidencia y evidencia suficiente del pecado humano. Suficiente evidencia de la profundidad de la depravación humana. Pero nunca se ve de una manera tan nítida como cuando la gente sabe acerca de Cristo, tiene la verdad en sus manos y lo rechaza porque la luz nunca brilla con un resplandor tan glorioso y la gente se hunde con mayor profundidad en la oscuridad penetrante, demostrando así la pecaminosidad de su pecado.

Y va más allá de eso en el versículo 11: “A lo suyo vino.” ¿A qué te refieres con lo suyo? Se refiere a su propio lugar, su propio pueblo, su propio país, su propia nación. “Y los suyos no le recibieron.” No es nada más el mundo que no lo conocía -el mundo gentil, el mundo de afuera. De hecho continúa el día de hoy. Fue la gente misma que decía creer en el Dios verdadero de Israel, el Dios de Abraham, Isaac y Jacobo, el Dios del Antiguo Testamento.  Fue la gente más religiosa del planeta, fue la gente que tenía, de acuerdo con Romanos 9, la ley, los profetas, los pactos, la adopción, los padres, todo lo que Dios había derramado en el pueblo de Israel. Encuentras en la ley, los profetas, los escritos históricos y los salmos, todas esas categorías en el antiguo testamento, que se usó docenas de veces esta frase por parte de Dios, ‘Mi pueblo. Mi pueblo’. A eso se refiere aquí. Él vino a su propio pueblo, y aquellos que eran por su propia afirmación su propio pueblo no lo recibieron. ¿Qué tan profunda es la depravación? La ilustración más grande de depravación humana en la historia es el rechazo judío de Cristo cuando él estuvo aquí. No hay nada paralelo a eso. Nada. A lo suyo vino y los suyos no lo recibieron. Juan nos va mostrar la historia, a lo largo de este Evangelio, del rechazo judío en contra de Cristo. Eso es lo que Juan va mostrar. VA mostrar la historia a lo largo de este Evangelio del rechazo judío de Cristo.

Hay una cuarta iluminación. La luz iluminó la verdad acerca del ministerio del Evangelio, acerca del salvador mismo, acerca de los pecadores y en cuarto lugar, la luz iluminó la verdadera naturaleza de los creyentes. Brevemente observen esto. El versículo 2 nos dice que el plan no fue estorbado a pesar del rechazo del mundo y el rechazo de Israel, más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. ¿Qué significa recibirlo? Significa creer. Son paralelos. Más a todos los que le recibieron, a los que creer en su nombre -creer en su nombre, recibirlo. Recibirlo es creer en su nombre. Creer en su nombre es creer en lo que su nombre significa y significa todo lo que él es. Habrá algunos que creen. La palabra más es una palabra pequeña, pero poderosa, que presenta un cambio dramático de la incredulidad previa. Más a todos loa que le recibieron o creyeron en él, les dio el privilegio de convertirse en hijos de Dios. Y esa es la naturaleza verdadera de los creyentes. ¿Qué somos? ¿A caso solo somos gente religiosa? ¿A caso solo somos gente que sigue credos? ¿A caso solo somos gente que está involucrada en ceremonias religiosas? ¿A caso solo somos gente que tiene cierto código moral, que le gusta desfilar y que le gusta decir que vive de acuerdo a ese código moral? No. La verdadera naturaleza de los creyentes es que somos hijos de Dios, y no encuentras esa realidad claramente indicada en el antiguo testamento porque la gente en le Antiguo Testamento solo llamaba a Dios Padre en un sentido creador, no en un sentido íntimo, personal. Nosotros clamamos, ‘Aba, Padre’.  Le hablamos a Dios como nuestro padre personal porque somos sus hijos eternos.

Debido a que recibimos a Cristo y creímos en él, creímos en las tres palabras en latín: sentido notitia, conocimos la verdad; asensus, ascendimos a la verdad; fiducia, confiamos en la verdad y colocamos nuestro destino en las manos de aquel en qué creemos. Creemos en su nombre, y por lo tanto tenemos el privilegio de volvernos, o de ser hechos, allí está esa palabra creadora de nuevo, de ser hechos -ser hechos es eterno- devolverse en el tiempo, ser creados. Entonces lo que sucede es esto: seremos creados de nuevo. Fuimos creados físicamente y como creyentes en él, nos hemos vuelto hijos. Hemos sido creados como hijos espirituales. Esta es la segunda creación. Esta es la razón por la que es llamada el nuevo nacimiento, o ser nacido de nuevo o nacer de arriba, como lo veremos en Juan 3. Él que nos creó materialmente, físicamente, nos creará espiritualmente. Y este es Cristo mismo. Nada fue hecho sin él en la creación física y nadie es recreado espiritualmente tampoco sin el. Más a todos los que le recibieron a Cristo, creyeron en su nombre, a ellos les dio potestad de ser hechos, de ser creados hijos de Dios. Él nos crea. Cristo nos vuelva a crear -segundo nacimiento, nuevo nacimiento, regeneración. Entonces, la verdadera naturaleza de un creyente no es un seguidor de alguien en el sentido de un alumno, no una persona que es guiado por un código moral o un sistema ético, sino que la naturaleza verdadera de un creyente es que él es una nueva creatura, un hijo de Dios verdaderamente nacido de nuevo. Es verdadero en el sentido eterno.

Si los hombres son tan pecaminosos como son, y si están en una condición miserable como lo están, si aman las tinieblas como lo hacen, si están espiritualmente muertos y si son ciegos espiritualmente, ¿cómo es posible que crean?  ¿Cómo es posible que reciban a Cristo?  ¿Cómo es posible que se vuelvan hijos de Dios?  ¿Cómo es posible que vuelvan a nacer?  ¿Cómo es posible que sean nacidos de nuevo?  ¿Cómo puede suceder? Versículo 13, aquí vemos la naturaleza misma de Dios. Para ser un hijo, tienes que nacer. Este es el nuevo nacimiento. Regeneración. “Los cuales no son engendrados de sangre,” ¿sabes lo que eso significa? Legado, descendencia. No viene de tus ancestros. No es así como te vuelves un hijo de Dios. No es debido a tus padres o tus abuelos o tu familia, ni de voluntad de carne. Voluntad de carne se refiere al esfuerzo personal. Voluntad de varón se refiere a los actos de otros, algún sistema sacramental, algún sistema de religión y llevado a cabo por supuestos sacerdotes que te representan. No te vas a volver un hijo de Dios mediante el legado familiar. No te vas a volver un hijo de Dios mediante el esfuerzo personal. No te vas a volver un hijo de Dios mediante algún sistema hecho por los hombres. Todo eso es imposible. ¿Entonces cómo?  Fuiste engendrado no de sangre, ni de voluntad de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Solo Dios puede realizar este milagro y aquí se nos presenta la naturaleza verdadera de Dios con respecto al Evangelio.

Dios por naturaleza es un salvador. Él es un salvador cuyo poder inmenso nos hace recibir a su hijo y creer en su nombre. Desde el principio necesitamos saber que en éste ministerio de evangelismo y presentación del Evangelio y de dar testimonio acerca de Cristo, Dios va llevar a cabo su obra para dar vida a pecadores muertos porque esa es su naturaleza. Está en su corazón. Dios nuestro salvador, dice el apóstol Pablo, una y otra y otra vez, dios quien es el salvador de todos los hombres -mayormente de los que creen- él es un Dios salvador. ¿Quién es un Dios que perdona como tú? Leen Ezequiel 36 y 37. Dios presenta el pacto nuevo, el nuevo pacto de salvación. Leen Jeremías 31. Dios es por naturaleza un salvador. Está en su corazón el dar vida a pecadores muertos. Esto es lo que necesitamos saber como el cimiento, los elementos esenciales para los cristianos. Necesitamos saber que Dios por naturaleza es un Dios salvador que da vida a pecadores muertos y necesitamos saber que los creyentes son aquellos que se vuelven en una nueva criatura, hijos eternos de Dios. Y necesitamos saber que los pecadores están en una ceguera y oscuridad profunda y huyen de la luz. Y necesitamos saber que Cristo es la única luz verdadera que alumbra a todo hombre. Y necesitamos entender que la naturaleza del ministerio entonces consiste en presentar a Cristo y dar testimonio de él y ver lo que Dios hará para su propia gloria.

Oremos juntos. Padre, ha sido un tiempo maravilloso. Maravilloso con el apóstol Pablo conforme hemos estudiado las palabras que, una vez hace varios miles de años atrás, él escribió en un pedazo de pergamino conforme el Espíritu Santo las derramaba a través de su mente, y ver que hoy en día son vivas y poderosas, penetrantes, cautivadoras, veraces. Y que nada, conforme los siglos han pasado, ha disminuido en sentido alguno, ha quitado en sentido alguno nada de tu palabra porque cada palabra es eterna. Eternamente verdadera. Y es nuestra oración el día de hoy conforme hemos estudiado hoy y conforme es nuestro deseo, como lo vemos en tu palabra, que nadie endurezca su corazón en incredulidad contra la verdad acerca de Cristo y se hunda a una mayor profundidad en la oscuridad. ¿Pero podrías tú en tu bondad como un Dios salvador, dar nueva vida? Porque la gente solo puede nacer cuando son nacidas de Dios. Solo pueden ser regeneradas cuando tú las regeneras. Sabemos que el nuevo nacimiento es tu obra divina y padre pedimos que tú lo hagas por el bien de los pecadores. Que cuases que ellos reciban y crean la verdad acerca del Señor Jesucristo y nos uses para esparcir esa verdad como evangelistas fieles, para que otros oigan y crean. ¿Cómo irán sin un predicador? ¿Y cómo predicarán a menos de que sean enviados? Entonces envíanos aquí y alrededor del mundo con la verdad acerca de Cristo. Se tú levantado y exaltado entre nosotros y Señor glorifícate a ti mismo al dar vida a almas muertas, al dar nuevo nacimiento, al dar vida espiritual para tú gloria. Oramos. Amen.

 

 

 

 

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