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Puede abrir su Biblia en Juan 13. Hemos llegado a una sección excepcional en todo el Nuevo Testamento. Los evangelios, Mateo, Marcos, Lucas, y Juan, nos dan una historia de la vida de nuestro Señor, desde Su nacimiento, a Su ascensión, y coronación en el cielo. Cuentan la historia. La mayoría de los textos de Mateo, Marcos, Lucas, y Juan son textos narrativos. Y, a lo largo de estos textos, claro, algunos sermones que Él predicó.

Pero, cuando llegamos a Juan 13 al 17, llegamos a un texto, que es excepcional, porque esa sección entera del evangelio de Juan, se lleva a cabo en una noche. Una noche. Es la noche del jueves de la Semana de la Pasión. Es la noche en la que nuestro Señor se reunió con sus discípulos y celebró la Pascua, y después la transformó en la Cena del Señor. Es la noche en la que Judas lo traicionó, y en la que Él se fue al huerto y oró, y fue arrestado, fue colocado en algunos juicios de burla. Es la noche antes de que Él es crucificado.

Lo excepcional de esta sección, Juan 13 al 17, es que da Su legado a los Suyos. No solo a Sus discípulos verdaderos, los creyentes verdaderos que lo rodearon esa noche en el aposento alto, si no todos aquellos que venían detrás de ellos. A todos nosotros, a todo creyente de toda época. Sabemos eso, porque todo lo que les prometió en los capítulos 13 al 16, Él ora por ello, después en el capítulo 17, pero, extiende la oración a todos los que creerían en Él, a lo largo de la historia.

Entonces, lo que Él les dio esa tarde-noche, Nos lo dio a nosotros, y a todo creyente, antes y después de nosotros. Es el legado de Jesús. Es Su testamento y voluntad final para los Suyos. Y, todo es activado por el éxodo de Judas. Usted recordará, retomémoslo en el versículo 27. Después de que el Señor había identificado a Judas como el traidor, Satanás entró en él. Satanás entró en Judas, porque ahora era el momento de activar la traición, la cual daría lugar a la crucifixión, exactamente en el momento de la Pascua, cuando los corderos de la Pascua eran matados. Y, fue entonces cuando nuestro Señor, la verdadera Pascua entregaría su vida.

Satanás entonces entró en Judas, por lo tanto, versículo 27, Jesús le dijo: “Lo que hagas, hazlo pronto”. Él despidió al traidor, quien ya había preparado la traición, y había negociado entregar al Señor por 30 piezas de plata. Lo único que estaba buscando, era un lugar y un momento en el que estuviera lejos de las multitudes, para poder señalar a Jesús, para que las autoridades pudieran arrestarlo. Él tenía que ir, cumplir con el acto final de la traición, y eso es lo que de hecho trae las fuerzas que querían que Jesús fuera arrestado, al lugar en donde Él estaba.

Cuando nuestro Señor dice: “Lo que hagas, hazlo pronto”. Él echa a andar todos los acontecimientos que llevaron a su crucifixión al día siguiente.

El versículo 30 dice, que después de que Judas había recibido el bocado – esto es el pequeño pedazo de pan, que él había mojado ahí, como era llamado – él salió inmediatamente y era de noche. Una vez que Judas se fue, únicamente los discípulos verdaderos quedaron. Y, es entonces en el versículo 31, que nuestro Señor comienza Sus palabras a los Suyos, exclusivamente a los Suyos.

Y, quiero leer los versículos 31 al 38, porque eso es lo que vamos a comenzar a estudiar. Aquí está la primera instrucción. Judas habiendo sido despedido a los Suyos. “Como dije, es para ellos y a todos los que vienen después de ellos y creen. Entonces, cuando hubo salido” – esto es Judas – “dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscareis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que hayas negado tres veces”.

Hay muchos símbolos populares conocidos, que a los cristianos les gusta usar para mostrar su lealtad a Cristo. De la cruz que es tan popular, la cual es parte de la joyería cristiana. Lo ha sido durante siglos. Las playeras más modernas, que pueden incluir todo tipo de afirmaciones de nuestra fe cristiana, y declaraciones acerca de Cristo. Hasta esas calcomanías tan conocidas. Y, todos entendemos que todo eso está bien, y que está bien que nosotros demos un testimonio abierto y valiente de nuestra fe en el Señor Jesucristo. Los logos cristianos, pueden pegarse a muchos tipos de objetos, para identificar nuestra fe. Y de hecho, pueden ser útiles, al llevarnos quizás a dar un testimonio cristiano. Pero al mismo tiempo, entendemos que todo auto con una calcomanía, no necesariamente está ocupado por cristianos. Entendemos que todo cuello que lleva colgada una cruz, no necesariamente es un cuello redimido. Entendemos eso. Y también entendemos, que hay muchas personas que usan playeras que dicen muchas cosas, pero, quizás no son la representación más genuina y pura de lo que la gente que la usa realmente es.

Entendemos que usted tiene que ir debajo de la superficie de cualquiera de ese tipo de cosas, aunque están bien. Si usted quiere saber si alguien realmente es un cristiano, un creyente verdadero, entonces tiene que ir al interior, y tiene que comenzar a hablar acerca de algo diferente de símbolos externos materiales.

Lo que caracteriza a un creyente verdadero, es algo que sucede en el corazón. Porque un creyente verdadero, ha nacido de nuevo, ha sido regenerado, transformado, ha atravesado por una metamorfosis completa. Y, si hacemos la pregunta, ¿qué caracteriza esa transformación? Entonces estamos llegando a la realidad de quién es un creyente verdadero. Somos conocidos por nuestra virtud, por nuestro afecto, por las cosas que nos son importantes, que nos son preciadas. En una palabra, somos conocidos por lo que amamos. De hecho, quizás la explicación más simple de un cristiano, viene en el fruto del Espíritu, en Gálatas 5. Más es fruto del Espíritu – esto es la evidencia de la presencia del Espíritu – la cual es la evidencia de una transformación y regeneración, y conversión, el fruto del Espíritu es amor. Y, de eso fluye el gozo, amor, gozo, el resto. Todo el fruto del Espíritu con el que estamos familiarizados. Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, dominio propio. Todas esas son actitudes, actitudes dominantes que fluyen del amor.

Pero, por lo que debemos ser conocidos en particular, conforme vemos este texto y estas palabras de nuestro Señor, es nuestro amor. Es nuestro amor lo que motiva el resto de esas cosas. Jesús le había mandado a Judas que saliera y activara la traición. Y, lo hizo. El hipócrita salió en la noche del pecado, el suicidio y el infierno, y Jesús se queda para dirigirse a los discípulos verdaderos. Y, lo primero que Él hace, es tener una conversación con ellos, una interacción con ellos, que lleva al fondo de la realidad de su salvación. Esta es Su despedida.

Pero, para aquellos que son de Él de manera genuina, Él les hace promesas personales, privadas, a todos ellos esa noche, y a todos aquellos de nosotros que hemos venido después de ellos. Promesas para todo lo que jamás podríamos necesitar, todo lo que jamás podríamos desear. Él literalmente hace bajar toda bendición espiritual en los lugares celestiales, como Pablo las llama en Efesios 1, y las entrega a los Suyos.

Ahora, todo esto fluye de una afirmación en el capítulo 13 versículo 1, en donde comenzamos esto, en donde dice al final del versículo 1, que Él amó a los Suyos que estaban en el mundo, y Él los amó eis telos, al límite, a la plenitud de la capacidad divina. Ambos en términos de la calidad de Su amor, y de lo interminable de su amor, Él los amó hasta el fin de los fines, hasta la eternidad. Entonces, es un amor que no conoce un límite cualitativo, y no conoce un límite cuantitativo. Él amó a los Suyos que estaban en el mundo, tanto como fue posible, para el Dios eterno amar. Y al grado, que Él es eterno y nosotros somos eterno, su amor es eterno. Es la afirmación más magnánima, ilimitada acerca de Su amor en las Escrituras.

Ahora,  todas las promesas y compromisos que nuestro Señor nos da aquí a nosotros, son esencialmente las glorias que fluyen del cielo a nosotros a partir de Su amor. Lo que caracteriza a nuestro Señor con sus discípulos en esa noche final, es el amor de Él.

Todos sabemos, a partir de la experiencia, de lo que hemos leído, que las últimas palabras de la gente que está por morir, normalmente son un buen indicador de lo que hay en sus corazones. Las filosofías finales, las expresiones finales de afecto, las peticiones finales, las advertencias finales, etcétera, etcétera, etcétera. No hay palabras que siquiera se pueden acercar a las promesas que nuestro Señor da. La mente más pura, el corazón más puro, la capacidad más grande de amor, el amor divino derrama su afecto en una serie de promesas a todo creyente. No hay palabras que pueden llegarle a éstas. Son al mismo tiempo dulces y poderosas. Son calmadas, sin embargo, urgentes. Están súper cargadas de pasión divina, y sin embargo, tiernas con preocupación y todo está bañado en ésta expresión masiva de amor divino.

Todo lo que Él promete, fluye del amor. Y, Él espera que sea correspondido con amor. Juan resumió esto en su epístola. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero. O, podría revertirlo. Él nos amó primero, para que lo amáramos a Él.

Ahora, todos sabemos, versículo 36. Por esto, por nuestro amor, todos los hombres sabrán que son mis discípulos, porque se aman unos a otros. Debemos ser conocidos por nuestro amor. Debemos ser caracterizados por nuestro amor. Y, creo que eso es verdad de los cristianos genuinos. A lo largo de la historia, han habido algunas personas que profesan ser cristianos, algunas instituciones y organizaciones que profesan ser cristianas, que no tienen amor, y en algunos casos inclusive son brutales. Pero, los creyentes verdaderos deben ser conocidos por su amor. Podemos ser conocidos por nuestra doctrina. Podemos ser conocidos por nuestra teología. Eso es lo que creemos. Pero, lo que creemos debe transformar nuestras vidas, para que la prueba final de lo que somos, es cómo vivimos.

El mundo no está tan convencido de nuestra religión, de nuestra fe, de nuestro evangelio por su contenido, como lo son por su poder. Inclusive, creo que los cristianos verdaderos, manifiestan este amor. Estaba en una entrevista esta semana, y presenté el punto, hicieron la pregunta acerca de, ¿por qué los cristianos están siendo tratados como están siendo tratados por todo el mundo? ¿Por qué los cristianos constantemente son perseguidos? ¿Por qué el cristianismo constantemente está siendo menospreciado, rechazado? ¿Por qué hay un ataque tan abierto en contra del cristianismo? Y, dije: “Bueno, usted puede hacer una comparación simple. La gente no quiere decir nada en contra del islam, porque tienen miedo. La gente va a decir lo que quiera en contra del cristianismo, porque no tienen miedo. Lo que reciben a cambio de lo que dicen, de nuestra parte es amor. Lo que reciben de nuestra parte, es perdón. Amamos, porque fuimos amados primero. Lo que marca al cristianismo, es nuestro amor, y eso nos hace vulnerables a toda la enemistad, y al odio, porque no hay temor de venganza. Es algo bueno en un sentido, cuando el mundo no teme que los cristianos tomen represalias, si no que cuando amamos, no solo los unos a los otros, pero inclusive a nuestros enemigos, como Mateo 5 lo dice”.

Entonces, todos entendemos, debemos ser conocidos por nuestro amor. Ésta es la evidencia manifiesta de una vida transformada. Ahora lo entiendo. La gente incrédula, tiene ciertos niveles de afecto en el matrimonio y en las familias, y ciertos niveles de amor romántico, y amor filial, y todo ese tipo de cosas. Pero, hay un tipo de amor que le pertenece únicamente a aquellos con vidas transformadas. La Biblia inclusive usa una palabra única para eso, agapē, agapaō en la forma verbal. Es un amor trascendente de la voluntad, que es llevado a cabo en un alma por el poder de Dios. Y, fuera del poder de Dios no existe. Debemos ser conocidos por ese amor, como una evidencia transformadora de lo que el Señor ha hecho en nuestros corazones.

Pero, quiero que vea en el pasaje que leí, versículos 31 al 38 esta mañana, y también el próximo domingo por la mañana. Las direcciones que este amor adopta, realmente adopta tres direcciones, que en cierta manera son presentadas aquí, de manera explícita o implícita. En primer lugar, nosotros que hemos sido amados así, amados eternamente hasta el máximo, hasta el final, de manera ilimitada, como el 13:1 dice. Nosotros que somos los objetos de ese amor, por lo tanto somos marcados por amor, y ese amor va en tres direcciones.

En primer lugar, somos marcados por el amor para la gloria de nuestro Señor. El amor por nuestro Señor que busca Su gloria. En segundo lugar, somos marcados por el amor, por el bienestar de nuestros hermanos. Somos marcados por el amor unos a otros. Y en tercer lugar, somos marcados por una lealtad amorosa, una lealtad personal. De tal manera, que el discípulo genuino, el creyente verdadero, tiene un deseo consumidor por demostrar su amor hacia su Señor, su amor hacia su hermano, y probar su amor de manera personal al ser leal y fiel. Esto es desarrollado en estos pocos versículos.

Y, creo que esto es elemental para nosotros. Sé que éstas son cosas que usted sabe, pero, ¿con qué frecuencia éstas cosas aparecen en las Escrituras? A lo largo de los años, continuamente hemos confrontado la realidad de que usted necesita saber que usted es un discípulo verdadero. Usted necesita saber que es un creyente verdadero. Está por todo el Nuevo Testamento. No pasamos muchas páginas, hasta que llegamos otra vez a este punto. Examinarnos a nosotros mismos. ¿Cómo sé que soy un creyente genuino? ¿Cómo sé que realmente soy convertido? Y de nuevo, usted tiene que ir más allá de lo externo, no tiene que ver con las actividades que usted pueda hacer con el amor, y hacia dónde va su amor, a qué se dirige su amor, en dónde está enfocado su amor, y qué tan coherente y fiel es su amor.

Entonces, hay tres marcas de este amor, o tres direcciones hacia donde se dirige este amor. Veamos la primera. Número uno, vamos a descubrir de inmediato, por parte de nuestro Señor, que un verdadero discípulo, tiene amor en la dirección de la gloria de su Señor. En otras palabras, él ama al Señor. Esa es la realidad más básica, elemental de lo que significa ser un cristiano. Usted ama, porque Él lo amó primero a usted. Usted ama, correspondiendo ese amor. Si alguno no ama al Señor Jesucristo, sea anatema, esté condenado, Pablo dijo. Entonces, si usted es salvo, usted ama al Señor. El primer compromiso entonces de un cristiano, es estar consumido con la gloria del Señor. Esto es lo que busca el amor, esto es lo que el amor desea, esto es lo que el amor quiere. En esto consiste todo. Esto, claro, es la realidad de cimiento de toda la realidad. Lo que usted haga, 1 de Corintios 10:31, sea que coma o beba, o todo lo que haga, hágalo para la gloria de Dios. A lo largo de las Escrituras, se nos dice que debemos glorificar a Dios. Ese es un tema primordial. Nuestro Señor, inclusive, es llamado el Señor de la gloria. Porque la gloria es tan coherente con quién es Él. Usted no puede hablar de gloria, sin hablar de Él. Usted no puede hablar de Él, sin referirse a su gloria. Él es el Señor de la gloria.      

Ahora, el Nuevos Testamento desarrolla esto en tantos lugares. Permítame tan solo mostrarle unos cuantos pasajes, porque es tan importante que tenga esto en su mente. Pablo, escribiéndole a los tesalonicenses, en 2 de Tesalonicenses 1:11. Ésta es su oración por ellos: “Para este fin oramos por vosotros siempre, porque nuestro Dios os tenga dignos de vuestro llamado, y cumpla todo deseo de bondad y toda la obra de fe con poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros”.

¿Cuál es la preocupación primordial del creyente? Que el Señor sea exaltado, levantado, glorificado, honrado, adorado. Ésta es la razón por la que fuimos salvados. Esto es lo que la gracia de nuestro Señor y el Señor Jesucristo determinó producir.

En 1 de Pedro capítulo 4 versículo 11, Pedro escribe: “El que habla en términos de ministerio, debe hacerlo como el que habla las palabras de Dios; el que sirve debe hacerlo por la fortaleza que Dios provee, para que en todas las cosas Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”.

Pedro no ha acabado su epístola, pero, él simplemente entra en una doxología, cuando piensa en glorificar a su Señor. En Efesios capítulo 3, y sé que usted conoce esto, el capítulo cierra: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que podemos pedir o pensar, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todos los siglos. Amen”. Y, Judas termina su pequeña epístola con estas palabras: “Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria sin mancha con gran alegría, al único Dios, nuestro Salvador, por Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, majestad, dominio y autoridad, por todos los siglos. Amén”.

Estas doxologías, estas explosiones por parte de los escritores del Nuevo Testamento, están demostrando lo que hay en su corazón. Están concentrados en la gloria del Señor. Están consumidos con la gloria del Señor. Este es el afecto que motiva sus corazones transformados. Pablo dice en 1 de Timoteo 1: “Al Rey de los siglos, eterno, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Conforme están escribiendo sus epístolas y pensando en su salvación, lo que parece en puntos no planeados, irrumpen en estas doxologías. Es una especie de estilo de vida doxológico. Pero, también es más que tan solo de labios, es más que la alabanza de sus labios, o la alabanza de su pluma. Es cómo su corazón clama, porque el Señor sea glorificado.

Es bastante simple. Si usted hace la pregunta, ¿cómo es que usted puede saber cuando alguien es un creyente? Y, la primera respuesta es: “Porque ese creyente está consumido con amar la gloria de su Señor. Su amor se dirige en la dirección del Redentor, el Salvador, el Señor, y todo aquello que le traiga gloria”. Bueno, esto es nuevo para los discípulos, tengo que confesar. Sí, todos han afirmado: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Sí, Tú eres el Justo, y el Santo, y creemos”, Juan capítulo 6. Todos habían afirmado eso.

Pero honestamente, sus vidas no estaban enfocadas directamente en la gloria de su Señor. Tres de ellos habían estado en el Monte de la Transfiguración, y habían visto su gloria, literalmente emanando a través de su carne humana. Pero, aún así estaban preocupados consigo mismos. Habían estado teniendo ese argumento largo todavía, acerca de quién de ellos sería el mayor en el reino. ¿Quién se va a sentar a la diestra? ¿Quién se va a sentar del lado izquierdo? Y, ese argumento se había llevado a cabo durante meses, si no es que años, y todavía se llevaba a cabo inclusive en este momento mismo, durante la semana de la pasión, conforme el Señor estaba de pie atrás de la sombra de Su propia cruz.

Entonces, Cristo abre su explicación ahora que Judas se fue, esencialmente al enfocarse en Su propia gloria, Su propia gloria. Como si los llamara a alejarse de la preocupación consigo mismos. Y entonces, el versículo 31: “Entonces cuando hubo salid”, Judas, “Dijo Jesús, ‘Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará”. Lenguaje magnífico, lenguaje increíble. Sale del Señor como algún tipo de clamor, de alivio que se escapa de Su corazón, ahora que Judas ya se fue. Ahora que Judas se fue, todo está en operación, todo está marchando, la traición va a ser consumada, el arresto va a ocurrir, y la ejecución al día siguiente.          

Y después, Él puede volverse a los once y derramar Su corazón a los creyentes verdaderos. Y lo primero que Él quiere que sepan, es que todo esto está centrado en su gloria. ¿Por qué es eso tan importante? Porque están consumidos con la suya. Estaban teniendo tanta dificultad con enfrentar esto. Cada vez que nuestro Señor dijo: “Voy a morir. Voy a morir. Ya me voy”. Ellos decían: “No. No, Señor. No puede ser”. De hecho, usted recordará que Jesús le dijo una vez a Pedro: “Quítate de delante de mí Satanás. Tú estás buscando las cosas de Satanás, no las de Dios”. Y, los discípulos no querían que nuestro Señor se fuera. De hecho, más adelante, ahí al final del pasaje, Pedro dice: “Señor, bueno, ¿por qué no te puedo seguir en este momento? Voy a poner mi vida por ti. No quiero estar sin ti. No quiero que te vayas”.

Más adelante, en el capítulo 14, Tomas dice: “¿A dónde vas? ¿A dónde vas? No sabemos a dónde vas. ¿Cómo sabemos cómo llegar a ahí?” La noción entera de que Jesús se fuera, era más de lo que podían enfrentar. Inclusive, después de la cruz y después de la resurrección, todavía estaban sorprendidos por esto. De tal manera que en Hechos capítulo 1, dos ángeles aparecen, y Jesús comienza a ascender, y el ángel dijo: “Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo?” Literalmente el verbo ahí es mirar fijamente, conforme veían a Jesús irse. ¿Por qué están haciendo eso? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, así como lo han ido irse al cielo. No pueden aferrarse a Él. Ellos acaban de decir: “¿Traerás el reino ahora? ¿Vas a traer el reino ahora?” Y, en lugar de esto, Él se va. Estaban teniendo dificultades serias con esto. Dicho de una manera suave, ellos habían colocado todos sus huevos espirituales en esa canasta: la presencia de Cristo. Habían invertido todo ahí. Más adelante, en esta sección, Él les va a decir: “Miren, es mejor para ustedes si yo me voy. Es mejor para ustedes que me vaya, porque voy a enviar al Espíritu Santo, quien va a estar con ustedes adentro de ustedes todo el tiempo. Eso es mejor”.

Durante unos cuantos 33 años, Él se había humillado a Sí mismo, había condescendido al encarnar, al vivir como un infante, como un niño, como un joven, como un hombre. Él se había humillado a Sí mismo, había restringido la manifestación total de toda Su gloria, y Él había recibido una cantidad terrible de abuso. Ese breve período de tiempo en medio de la eternidad, ahora se acaba, y Él lo sabe. Y entonces, Él dice: “Ahora, ahora finalmente estoy aquí. Finalmente estoy aquí”. Él afirma esa misma afirmación en Su oración en el capítulo 17 versículo 4: “Te he glorificado en la tierra”, le dice al Padre, “habiendo cumplido la obra que me diste que hiciera. Ahora Padre, glorifícame junto contigo, con la gloria que tuve antes de que el mundo fuese”. Él sabe, en esta última noche, que Él está al borde de la gloria, Él está al borde ser glorificado.

Hay tres afirmaciones distintas, que pertenecen a su gloria, en los primeros dos versículos, 31 y 32. Y, quiero que las vea. Número uno: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre”. ¿De qué está hablando? ¿Qué quieres decir con ahora? Ahora ha llegado. Después de 33 años de espera, finalmente está aquí. Esta afirmación tiene que ver, escuche, con la cruz. Tiene que ver con Su muerte. Su muerte. Y, todos esos acontecimientos subsecuentes, como su resurrección, ascensión, exaltación, coronación. Pero, todo esto es disparado por Su muerte, y la acción de Judas, del traidor, de ser enviado para jalar el gatillo, por así decirlo, para que se llevaran a cabo todos los acontecimientos subsecuentes, y esto lo dispara en Su mente. El acto decisivo, se ha cumplido. Judas se fue y la obra redentora en la cruz, ha sido iniciada, en términos de que va a echar a andar toda esta secuencia de acontecimientos. La suerte ha sido echada. No hay vuelta atrás, y nuestro Señor se está refiriendo a Su muerte, la muerte mediante la cual Él sería glorificado.

Cuando Pedro estaba predicando en Hechos capítulo 3, escuche lo que dijo. Hechos capítulo 3 versículo 13: “El Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, aquel a quien vosotros entregasteis en la presencia de Pilato, cuando él había decidido liberarlo. Pero vosotros dejasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diera un homicida, y matasteis al Príncipe de vida, a quien Dios resucitó de los muertos”. Ahora escuche eso. Dios ha glorificado a su hijo, su siervo Jesús, mediante su muerte.

Habría sido maravilloso, honestamente, pensar en que Jesús hubiera estado de pie ahí, al lado del Río Jordán, cuando Él fue bautizado por Juan el Bautista, y la paloma descendió en Él, simbolizando al Espíritu Santo, y las palabras el Padre que salieron del cielo. Este es Mi Hijo amado en quien tengo complacencia. Habría sido maravilloso en ese momento, si ahí en el Jordán, Jesús hubiera dicho: “Ahora el Hijo del Hombre es glorificado”. Pero, no lo hizo. No lo dijo. Habría sido maravilloso en el Monte de la Transfiguración, si cuando Moisés y Elías aparecieron, y el Señor fue transfigurado delante de ellos, y Su naturaleza sobrenatural fue manifestada en luz, habría sido maravilloso entonces cuando el Padre también habló desde la gloria. Este es Mi Hijo amado; a Él oíd. Si Jesús hubiera dicho: “Ahora el Hijo del Hombre es glorificado”.

Pero no. En ninguno de esos dos incidentes, Él dijo esto. Pero, está aquí, antes de la vergüenza más profunda, el fondo, el fondo de Su humillación, conforme Él está ahí de pie, al borde de las acusaciones falsas, con testigos falsos, con insultos imparables, con infamia, burla, vergüenza, desnudez, rodeado por hombres malos, miserables; en medio de una muerte agonizante, ahora es glorificado el Hijo del Hombre. Su gloria vino en Su muerte. Él sabía eso.

Y Él, en un sentido, está diciéndole a los discípulos: esto es para Mi gloria. Esto esa para Mi gloria. ¿Cómo puede la muerte de Cristo en la cruz glorificar a Cristo? Él es glorificado por varias razones en la cruz. Él es glorificado, porque Dios lo ha escogido para que sea el cordero sacrificial que quita el pecado del mundo. Él es el escogido de Dios. Él es el perfecto, el único a quien Dios jamás podía pedirle que hiciera esa obra. Él es el más justo, el más santo, el más irreprensible, el más puro, y eso es para su gloria.

Él proveerá en la cruz salvación para todos los que han creído jamás, a lo largo de toda la historia humana. Él básicamente va a cumplir todas las promesas de Dios, Él va a validar el pacto de Dios, y Él va a proveer salvación para los que son pecadores condenados. Y, eso merece gloria. Él va a destruir el poder del pecado. Él va a destruir el poder de la muerte, y eso merece gloria. Él va a destruir a aquel que tenía el poder de la muerte, el diablo, y Él en últimas, va a consignarlo a un lago de fuego, por los siglos de los siglos, y eso merece gloria. Él va a satisfacer a Dios, va a propiciar a Dios, al pagar el precio que Dios ha considerado necesario. Él va a llevar en su cuerpo todos los pecados de todos los elegidos de Dios, a lo largo de toda la historia humana. Y, Él va a ofrecerse a Sí mismo, como un sacrificio de olor fragante a Dios, mejor que cualquier sacrificio jamás ofrecido. Él va a satisfacer la justicia divina ofendida, y la ley quebrantada de Dios. Él va a satisfacer de manera total lo que Dios demanda. Él va a decir: “Consumado es”. Y, eso merece gloria.

Entonces, en todo el cielo y la tierra, no hay un acto tan digno de alabanza, y honra, y gloria plena, como este acto de Jesucristo. De hecho, ahora es glorificado el Hijo del Hombre.

Y, hay un segundo aspecto en el versículo 31. “Y Dios es glorificado en Él”. Al mismo tiempo que la cruz glorifica a Cristo, glorifica al Padre. Glorifica al Padre. Dios es glorificado, cuando sus atributos son desplegados. Regrese a Éxodo 33, 34. Moisés dice: “Muéstrame Tu gloria”. Dios dice: “Voy a dejar que Mi misericordia, compasión, gracia, verdad, justicia pase delante de ti”. La gloria de Dios es simplemente las realidades consumadas de su naturaleza. Dios tiene gloria intrínseca. Son Sus atributos, los que son Su gloria, y es apropiado para nosotros darle honor, y alabanza, y adoración por todos Sus atributos, de amor, y gracia, y misericordia, y bondad, y paciencia, y omnisciencia, y omnipotencia, inmutabilidad, y eternalidad, y todos los atributos de Dios, por los que le damos Él gloria.

Pero, en ningún punto en toda la historia, las glorias de Dios, los atributos de Dios se unen de una manera más clara, como en la cruz. Simplemente muestras. En la cruz, usted ve el poder de Dios desplegado. Y, acabamos de recitar algunas de las realidades. Fue ahí en la cruz, ¿no es cierto? Isaías 53, ¿que los reyes de la tierra y los gobernantes, tomaron concejo en contra de Dios y en contra de Su ungido? Y, ¿fue ahí que Dios los despedazo y los derrotó?  Fue ahí en donde todo el oído y enemistad, y depravación terribles de corazones humanos miserables hicieron lo peor que el corazón es capaz de hacer, y Dios superó lo peor que podían ellos hacer, logró lo mejor que podía jamás ser hecho de eso. Fue ahí en donde Satanás y las fuerzas del infierno se unieron, y desataron de manera imparable, y toda la oscuridad vino en contra de Él, en una explosión inmensa de odio, y Jesús lo enfrentó todo. Él venció a todos esos poderes. Él venció la maldad de los corazones malos. Él venció a Satanás. Él venció a los demonios. Él venció la fuerza del pecado. Jesús pudo sobrevivir todo eso, y salir del otro lado triunfal. Él rompió toda cadena, todo grillete, todo poder, lo despedazo, hasta hacerlo añicos.

El poder de Dios es desplegado en la cruz. El hombre pierde, las naciones pierden, los demonios pierden, Satanás pierde, Cristo gana. Triunfal, y eso le da gloria a Dios. Dios triunfa en la cruz, al desatar Su poder.

En segundo lugar, Su justicia es demostrada en la cruz. Dios es el que dijo, el alma que pecare, esa morirá. Es Dios quien dice, la paga del pecado es muerte, y habrá muerte. Debe haber muerte. Y, la justicia prevalece en la cruz. Dios es tan justo, tan justo, que Él inclusive va a quitarle la vida a Su propio Hijo amado. Si los pecados van a ser colocados en Su Hijo, entonces, Su Hijo debe morir, la muerte que ellos merecen. Usted nunca verá una mayor ilustración de la justicia de Dios. Usted puede ver al pasado, usted puede ver al Antiguo Testamento. Usted puede ver la mayoría de los milagros en el Antiguo Testamento, que mataron a la gente. Si usted está buscando milagros en el Antiguo Testamento, la mayoría de los acontecimientos milagrosos en el Antiguo Testamento, mataron gente, ahogaron ejércitos enteros, ahogaron al mundo entero, quemaron gente, abrieron agujeros en el suelo, y los tragaron. La gente literalmente fue matada por seres angelicales. La mayoría de los milagros del Antiguo Testamento, fueron milagros de juicio divino.

Fueron justos. Dios es justo. Dios vio en Génesis y vio que únicamente había maldad continuamente, y eso era lo único que había en el mundo. Y, como un Dios justo, Él determinó ahogar a la raza humana entera, con la excepción de ocho personas que habían sido establecidas como creyentes verdaderos en Él, y por lo tanto, a quienes se les había imputado la justicia. La justicia fue desplegada, pero, la fuerza de la justicia de Dios y la necesidad de la justicia de Dios, adopta otra dimensión en la cruz. Porque Dio no está descargando el juicio justo en un pecador merecedor. Su justicia va tan lejos, que si es necesario, Él va a aplastar la vida de alguien que es perfecto, para cumplir la justicia.

Isaías dice: “Dios colocó en Él la iniquidad de todos nosotros”. La paga de la ley tenía que ser implementada. La sentencia de la ley tenía que ser ejecutada, aunque significaba matar a Su propio Hijo amado. Dios no podía desistir de Su justicia. Entonces, la justicia de Dios, es glorificada de manera más ilustre, mediante la muerte de Cristo, que si todo miembro de la raza humana fuera a sufrir en el infierno para siempre, nunca satisfaciendo la justicia. La justicia no puede ser satisfecha en el infierno. Solo puede ser saciada.

Pero, fue satisfecha en el sacrificio de Cristo. Dios es justo. Ese tipo de justicia le da gloria a Dios. Usted también puede ver Su santidad. En la cruz, Dios es de ojos demasiado puros, como para ver el mal. Dios no puede ver la iniquidad, dice Habacuc el profeta. Y, cuando Cristo fue hecho una maldición, Dios le da su espalda. Oímos a Jesús decir: “Dios mío, Dios mío, ¿dónde Estás? ¿Por qué me has desamparado?” Nunca Dios ha manifestado Su odio hacia el pecado tanto. Nunca. Como cuando él causó que Su Hijo sufriera. Y, toda la honra de vida, la santidad de Dios, por parte de todos los ángeles celestiales, ángeles santos, y toda la obediencia gozosa de todos los hombres santos de todas las edades, no son nada en comparación con la ofrenda de Cristo Mismo, como un requisito necesario de la santidad de Dios. ¿Qué tan santo es Dios? Tan santo, que Él derramó su furia en Su propio Hijo, si el pecado le iba a ser imputado a Él. Ese tipo de santidad manifiesta la gloria de Dios. En la cruz, por ejemplo, vemos la fidelidad de Dios. Su fidelidad. Él prometió un Salvador. Él prometió una simiente a la mujer, que aplastaría la cabeza de la serpiente, su cabeza. Él prometió un sustituto que tomaría el lugar de un sacrificio, un carnero atrapado en un zarzal, en Génesis 22. Él prometió en Isaías 53 a detalle, un sacrificio. Todo sacrificio animal en toda la economía del Antiguo Testamento, apuntaba a un cordero final, que quitaría el pecado. Y, cuando Cristo, el perfecto vino, Él ofreció Su vida en el sacrificio final completo por el pecado. Dios le mostró a todos los seres celestiales, a todos los seres terrenales, y a todos los que ocupan el infierno, que Él prefería que la sangre de Su Hijo fuera derramada, en lugar de que una jota o una tilde de su promesa no fuera cumplida. Él es un Dios fiel. Y, ver Su fidelidad, es ver Su gloria.

Pero realmente, tenemos que añadir: Su amor es visto en la cruz, ¿no es cierto? Porque Él hizo todo eso por nosotros. De tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito. Esto es amor. No que nosotros amamos a Dios, dice Juan, si no que Él nos amó y envió a Su Hijo para que Él fuera la satisfacción por nuestros pecados. Él nos amó. Cuando éramos enemigos, Él nos amó. Cuando lo odiábamos, Él nos amó,

Podríamos seguir. Podríamos decir que Su gracia es desplegada ahí, Su misericordia es desplegada ahí. Su compasión es desplegada ahí, Su sabiduría es desplegada ahí. Él se muestra. Entonces, Jesús dice: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en Él”. En la cruz, en la cruz, el Padre y el Hijo se glorifican el uno al otro. Pablo hace esa gran declaración en Romanos 15:7: “Por tanto recibíos unos a otros, así como Cristo también nos aceptó para la gloria de Dios”. Cristo nos aceptó para la gloria de Dios. Pablo, a los corintios, 2 de Corintios capítulo 4, realmente una afirmación sorprendente. “Es Dios quien ha brillado en nuestros corazones, para dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo”. Es Dios desplegándose a Sí mismo, es Cristo desplegándose a Sí mismo, el Hijo glorificando al Padre, por su sufrimiento obediente, el Padre glorificando al Hijo, al escogerlo para que fuera el sacrificio, el Padre glorificándose a Sí mismo, al mostrar todos sus atributos.

Y, después hay una tercera afirmación. Después de repetir en el versículo 32, las primeras dos, debido a que Dios es glorificado en Él, en Cristo, Dios también le glorificará en Sí mismo. Esto de nuevo, Dios es glorificado, Cristo es glorificado. Después, otra afirmación, y enseguida le glorificará. Eso añade una dimensión que no hemos visto. Dios va a glorificarlo inmediatamente. Bueno, ¿qué significa eso? Algo en el futuro, algo en el pasado, que inicialmente lo va a glorificar. Él va a ser glorificado en la cruz.

Entonces, ¿qué viene después de la cruz? ¿Qué viene inmediatamente? Bueno, usted sabe. Resurrección, ascensión, exaltación, coronación. Usted sabe eso. Dios le exaltó hasta lo sumo, y le ha dado un nombre, que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús, toda rodilla se doble. Filipenses 2. Efesios capítulo 1 concluye con una afirmación magnífica, de que Cristo fue resucitado de los muertos, y sentado a la diestra en los lugares celestiales, por encima de todo gobierno, autoridad, y poder, y dominio, y todo nombre que es nombrado, no solo en esta época, si no en la venidera. La exaltación, la coronación de Cristo. Es un tema del escritor del Libro de Hebreos, y Él, capítulo 1 versículo 3: “Es el resplandor de su gloria, la imagen misma de la naturaleza de Dios, y Él sustenta todas las cosas por la palabra de su poder, cuando Él haya hecho la purificación de los pecados, Él se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Nuestro Señor sabía, Judas se fue. Los acontecimientos están en su lugar. Ya para mañana, seré glorificado en la cruz. Para el domingo, estaré fuera de la tumba. Cuarenta días después, ascenderé al cielo. Y, eso es inmediatamente lo que lleva Su gloria a su culminación.                         

Ahora, ¿por qué todo esto? Bueno, versículo 33: “Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscareis, pero como dije a los judíos”, allá atrás en el capítulo 7 y 8, Él dijo esto: “Como dije a los judíos, así os digo a ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir”. No podéis ir.

Más adelante, ahí en el versículo 36, Él dice: “Más me seguiréis después. Pero por ahora, no podéis venir”. Hay tanto afecto en esto, hijitos. Es raro que Jesús use esa frase, para hablarle a sus discípulos. Hay tanto pathos en esto. No quieren que se vaya. Están tratando de estorbar esto. Están tratando de evitar los acontecimientos de los que Él está hablando continuamente. No les gusta la idea a ellos. No les importa el hecho de que le dijo a los judíos en el capítulo 7:34 y 8:21 y 24: “A donde yo voy, vosotros no podéis venir”. Cuando ellos oyen esto por sí mismos, esto los empuja y los coloca en el precipicio.

Por su muerte, Él se irá. Su tiempo con ellos se acabó. Ellos no pueden tolerar ese pensamiento. Tienen toda su esperanza en Él, toda su confianza en Él. Todo está ligado en Él. Están tristes. Están solos. Están turbados. Pedro inclusive pregunta en el versículo 37: “Señor, ¿por qué no te puedo seguir en este momento?” Ahora. Si tengo que hacerlo, moriré.

El pensamiento que Él los dejaría, era demasiado que sobrellevar para ellos. Ahí en el capítulo 16 versículo 2, Él dice: “Vosotros también estáis tristes ahora, pero os volveré a ver, y vuestro corazón se regocijará, y nadie os quitará vuestro gozo”. ¿Qué quiere Él que ellos sepan? Ustedes tienen que estar comprometidos con mi gloria, sin importar cómo les afecte. Ustedes tienen que estar comprometidos con mi gloria, les he estado diciendo que me tengo que ir. Es mi tiempo para ser glorificado. Glorificado en la cruz, glorificado mediante la tumba abierta, glorificado al ascender al cielo, glorificado al sentarse a la diestra del Padre. Es tiempo para mi gloria. Tiempo para mi gloria.

Esto era tan difícil para ellos, porque todos estaban enredados en este concepto del reino, que todo esto estaba llevando a la gloria de ellos, a la elevación de ellos, al cumplimiento de la ambición de ellos. Un discípulo verdadero, un creyente verdadero, está consumido completamente con la gloria del Señor. La gloria del Señor. Lo que me pase, sea que viva o que muera, sea lo que sea que me pase, que Cristo sea glorificado. El amor apasionado, consumidor por su gloria. Simplemente, no estaba en su mente. ¿Lo aman? Seguro. ¿Creían en Él? Claro. Pero, no estaban consumidos con su gloria.

Henry Martín, navegó para dirigirse a la India, para ser un misionero en 1805. Y, él dijo, escribió en su diario: “Que arda yo para Dios”. Él llegó a un templo hindú. Y, conforme él veía a la gente postrándose delante de los dioses hindús, él escribió en su diario: “Esto incitó más horror en mí, de lo que puedo expresar”. Después él escribió: “Yo no puedo tolerar la existencia, si Jesús no es glorificado. Es el infierno para mí”. ¡Wow! Y, alguien dijo: “¿Por qué te sientes así?” Y, él dijo esto: “Si alguien te saca tus ojos, no te tienen que preguntar, ¿por qué sientes dolor? Y, es debido a que yo soy uno con Cristo, que estoy tan profundamente herido”. El motivo para todo.

¿Sabe una cosa? Sería agradable que el Señor estuviera con nosotros todo el tiempo, ¿no es cierto? Pero, a mí no me gustaría que Él estuviera en este mundo. El mundo antiguo era ya bastante malo. ¿Puede imaginarse usted a Cristo en este mundo, con el grado y nivel de corrupción que existe? El corazón de esos discípulos, debería haber sido: “Señor, vete. Sé glorificado. Sé honrado”. Y, ese es el primer afecto, el primer deseo motivador de cualquier discípulo verdadero.

Tan entristecido cuando Él no es glorificado, que estamos contentos porque Él es glorificado. Que Él esté ahí, cuando Él regrese, Él regresará en gloria completa. Así es como usted identifica un creyente verdadero. Su amor es por la gloria del Señor.

Hay una segunda, y simplemente voy a introducir esto. Son marcados no solo por amor, por la gloria del Señor, si no por amor hacia otros. Versículo 34: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuvieres amor los unos con los otros”.

Esto realmente es crítico. Ahora, observe que este es un mandamiento nuevo. Así es como comienza un mandamiento nuevo. Dice usted: “Espere un momento. ¿Nuevo? ¿Amar a la gente? Eso no es nuevo. ¿Acaso eso no está en el Antiguo Testamento?” Sí. Levítico, la ley de Moisés. Levítico 19:18. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y, muchas cosas acerca del amor en el Antiguo Testamento. El amor de Dios, el amor por la gente, amor hacia los extraños, amor hacia la familia. Sí, esto no es nuevo. Deuteronomio 6. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, mente y fuerzas. Y después, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Esa es la ley y el primero y segundo gran mandamiento del profeta.

Entonces, ¿por qué es esto nuevo? Bueno, permítame decirle por qué es esto nuevo. Es nuevo, en primer lugar, porque todavía no lo han entendido. Tiene que ser nuevo para ellos, porque lo único que están haciendo, es estar discutiendo el uno con el otro, acerca de quién va a estar en el lugar más prominente en el reino. Entonces, tengo que enseñarles algo nuevo. Algo que hasta ahora no demuestran que lo conocen. Era nuevo para ellos. Siempre estaban peleando por sus posiciones y la prominencia. Eso es exactamente porque ninguno de ellos estuvo dispuesto a lavar los pies del resto, en el pasaje anterior.          

En segundo lugar, para los judíos era nuevo, porque el judaísmo estaba lleno de enemistad, amargura, conflicto, separaciones, contienda. Habían todo tipo de facciones dentro de las facciones. Los fariseos que establecieron el curso para la religión dominante, menospreciaban a cualquier persona que no era un fariseo. No interactuaban con alguien que no era un fariseo. No tenían nada más que menosprecio hacia alguien que era alguien de afuera, o un pecador, o alguien menospreciado. Pero, para los judíos esto es nuevo. Si usted es judío, esto es nuevo. E inclusive, si usted es un discípulo, esto es nuevo.

El judaísmo carecía de amor. Amaban únicamente a aquellos que escogían amar, porque los veían como iguales. Era nuevo también, porque habían visto un ejemplo de eso que era nuevo. El amor había llegado a otro nivel con Jesús. Era nuevo, porque los rabinos no lavaban pies. Y, el Hijo de Dios al lavar los pies, había llevado el amor a otro nivel. Y ahora, Él está al borde de ofrecer su vida como sacrificio por el pecado, y eso es amor en la cima. Ningún tiene mayor amor que este, que un hombre ponga su vida por su amigo. Entonces, era nuevo para ellos en sus actitudes contenciosas, en sus deseos orgullosos, buscando promoverse a sí mismos. Era nuevo para la cultura judía, porque ellos no tenían lugar para el amor. Y, era nuevo en el nivel que había sido establecido por Cristo. Y, también era nuevo, porque ahora por primera vez, tenían una nueva capacidad para amar, porque el amor de Dios es derramado en vuestros corazones, Romanos 5:5, ¿verdad? Ahora, tienen una nueva capacidad para amar. Ahora, pueden amar de una manera en la que solo usted puede amar, y solo los creyentes aman. Andad en amor, Efesios 5:2. Sed imitadores de Dios, como sus hijos amados. Y andan en amor, así como Cristo también nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en amor abnegado. Así es como aman. Así es como andan en amor.

Primera de Juan 3:11. Este es el mensaje que habéis oído desde el principio, que debemos amarnos unos a otros. Eso es lo que nos marca. Y, por este amor, todos los hombres sabrán que son mis discípulos. Y, lo vuelvo a decir, somos conocidos por nuestro amor. La extensión de este amor, ¿qué tan lejos va? Ámense unos a otros. ¿El ejemplo de este amor? Cristo, como yo os he amado, sacrificialmente, humildemente. ¿El efecto de este amor? Todos los hombres sabrán que son mis discípulos, si tienen amor unos a otros. Y para amar, tiene que humillarse a sí mismo. Solo la gente humilde ama. Solo la gente humilde ama. Los discípulos no eran humildes. Todo esto era nuevo para ellos.                

Pero ahora, en Cristo, hay una capacidad completamente nueva para amar así. En 1 de Tesalonicenses 3: “Y ahora, nuestro Dios y Padre mismo, y Jesús nuestro Señor, dirija nuestro camino a vosotros. Y que el Señor os haga incrementar y abundar en amor el uno por los otros y por todos, así como también nos amamos”. La oración de Pablo, es que su amor se incremente, su amor abunde. El siguiente capítulo, capítulo 4 versículo 9: “En cuanto al amor de los hermanos no necesitáis que nadie os enseñe, vosotros mismos son enseñados por Dios a amarse unos a otros. Son enseñados por Dios a amarse unos a otros. Ustedes los están practicando, pero, los alentamos hermanos a que abundéis aún más”. Segunda de Tesalonicenses 1:3: “Siempre debemos dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es apropiado, porque vuestra fe creciendo, y el amor que tenéis los unos hacia los otros crece aún más”.

Pedro dice en 1 Pedro 4:8, con un amor extendido. Él usa ektenēs, lo cual significa estirar un músculo tan lejos como puede estirarse. Entonces, necesitan cambiar su enfoque. Si son mis discípulos verdaderos, y lo son, necesitan amarme lo suficiente como para preocuparse por mi gloria, sobre cualquier otra cosa. Y, necesitan amarse el uno al otro. Necesitan amarse el uno al otro, y ese amor necesita crecer y florecer, incrementar. Esta, esta conexión de amor para todo creyente verdadero con Cristo, y con el resto de los creyentes.

Oremos. Volvemos a recordar esa palabra familiar de Pablo. Examinaos a vosotros mismos, si estáis en la fe. Y, se reduce a quién amamos. Amarte a ti, Señor, amarte a ti de tal manera que estamos completamente consumidos contigo, y comprometidos con Tu gloria, Tu honra, Tu majestad, Tu voluntad. Esta es la marca de un creyente verdadero. Este es un cristiano verdadero. Y Padre, también sabemos que los creyentes verdaderos son marcados por un amor inmortal, enfocado, fiel el uno por el otro. Que seamos conocidos por ese amor, ese amor hacia ti, para que Tú seas glorificado en todo en nuestras vidas, y en este mundo, y en el cielo, y para siempre. Y, que seamos conocidos por el amor que tenemos los unos por los otros. Esto es suficiente para demostrar quienes somos, y conforme vemos la evidencia de ese amor en nosotros, que seamos asegurados de nuestra salvación, y qué gran regalo es eso. Señor, oro porque Tú lleves a cabo tu obra en toda vida y en todo corazón. Haz que nuestro deseo sea que amemos inclusive aún más, que abundemos aún más en un amor más y más grande hacia ti, por tu gloria, y por otros. Estas cosas pedimos en el nombre del Salvador, que nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

 

 

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