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Abra su Biblia en Juan, capítulo 14. No es un desafío porque las palabras son difíciles. No es un desafío porque no podemos entender el texto. Es un desafío porque nos presenta el misterio más inescrutable de todos los misterios divinos: la naturaleza de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, tres en uno.

A lo largo de los años han habido, inclusive a lo largo de los siglos, esfuerzos llevados a cabo por parte de predicadores y maestros de tratar de explicar la Trinidad con ilustraciones. He leído a muchas de ellas, he oído a muchas de ellas; y he encontrado que todas ellas son absolutamente inútiles, porque la Trinidad no puede ser ilustrada en nada que está en el marco de nuestro mundo creado. Trasciende la creación. Trasciende el entendimiento humano. Hay cosas inescrutables en las Escrituras. Hay misterios divinos que nosotros nunca podremos comprender. Todos tienen que ver esencialmente con la naturaleza de Dios, éste es el más desafiante de todos: que Dios es uno y al mismo tiempo, tres personas distintas.

La mejor manera de entender la Trinidad en primer lugar es comenzar reconociendo que nunca podrás entenderla de manera total. Podría ser que inclusive cuando estemos en nuestra forma glorificada en el cielo, haya elementos de la naturaleza trinitaria de Dios que no podremos entender en toda la eternidad, porque no podemos, después de todo, ser Dios. Seremos seres humanos en una forma glorificada y perfeccionada.

Creo que, si usted comienza entendiendo que ciertamente en esta vida no entenderá la totalidad de la Trinidad y después, pasa a entender no más ni menos que lo que la Biblia dice acerca de la Trinidad, encontrará exactamente lo que Dios quiere que usted sepa. Podemos entender la Trinidad al grado que las Escrituras nos la han declarado. Y esa es la oportunidad que tenemos frente a nosotros en esta mañana.

Como creyentes, se nos ha prometido una herencia celestial. No somos cristianos únicamente para esta vida. Aunque ésta sería la mejor manera de vivir esta vida. Pero somos cristianos porque esperamos las promesas que Dios ha dado a aquellos que creen en Su Hijo y que vienen a Él para salvación. Las promesas que básicamente están reservadas en el cielo para nosotros.

Sabemos que todos vamos a vivir para siempre o en el infierno o en el cielo. Deseamos vivir en el cielo. Ese es nuestro deseo, esa es nuestra esperanza, ese es nuestro anhelo. Y esa es la promesa de Dios a nosotros. Pasar la eternidad en un lugar de paz y gozo en lugar de un lugar de castigo y tristeza.

Dicho de manera simple, somos cristianos porque deseamos el cielo. Queremos escapar del infierno. Pero como creyentes, nos aferramos fuertemente no sólo a la idea general del cielo, sino a la realidad específica de lo que es el cielo. Es una promesa que es una herencia para nosotros. Es una herencia. Somos coherederos con Cristo. Heredamos el cielo. Y Pedro dice que es una promesa definida que no puede ser cancelada, anulada o alterada. De hecho, la llama una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada para nosotros. Esa es nuestra esperanza. Es una herencia que va mucho más allá de la comprensión.

“Cosas que ojo no ha visto ni oído a oído,” esto significa que no podemos entender las de manera empírica. No podemos entender las experimentalmente. No podemos entenderla científicamente, “ni han entrado en corazón de hombre”. No podemos entenderlo en términos intuitivos. No podemos, en cierta manera, sentir. No podemos encontrarla a través de nuestros sentimientos o encontrarla de una manera mística. Va más allá de la comprensión. No obstante, aunque van más allá de la comprensión Pablo oró porque los ojos de nuestras mentes, los ojos de nuestro entendimiento fueron iluminados para que pudiéramos entender algo de su gloria.

Entonces, llegamos a las Escrituras con Efesios 1:18 en mente diciendo: “Señor, por lo menos danos algo de entendimiento de esta herencia que tienes para nosotros”. Y eso es lo que vamos a ver en el texto que tenemos frente a nosotros. Pero quiero resumirlo y después, llevarlo al texto.

Cuando la mayoría de la gente piensa en el cielo, inclusive la gente cristiana, piensa en un lugar. Y es un lugar. Es un lugar definido y descrito en términos de su naturaleza, sus componentes e inclusive, sus dimensiones. En el libro de Apocalipsis, es un lugar. La mayoría de la gente cuando piensa en el cielo piensa en el cielo como un lugar en donde ciertas actividades se llevan a cabo. Y eso es verdad. Alrededor del trono de Dios en el cielo habrá actividades.

Una de ellas, obviamente, será la alabanza y la adoración. Eso se llevará a cabo todo el tiempo. En el cielo también habrá otras actividades. Serviremos al Señor en el cielo. Serviremos a lo largo de la eternidad en maneras que son inimaginables para nosotros. Entonces, es verdad, el cielo es un lugar. Y el cielo es un lugar en donde habrá actividad.

Pero si eso es lo único en lo que usted piensa acerca del cielo, entonces usted no entiende el acontecimiento primordial. Usted no entiende lo más importante. El cielo es primordialmente una relación cumplida. Cuando usted piensa en el cielo, quiero que piense en el cielo de esa manera. Es la presencia completa del Dios trino. La presencia completa gloriosa del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estaremos en la relación completa total, trascendente con la Trinidad. Esto definirá nuestra existencia.

Entonces, primordialmente, escuche: el cielo es una relación. Es una relación. Es comunión al nivel más puro y alto. Eso es lo que el cielo es. Toda nuestra alabanza es respuesta a la adoración. Todo nuestro servicio es en vista a la relación. Alabamos debido a esa relación. Servimos debido a esa relación. La realidad dominante es la relación. Tendremos una relación con Dios que es absolutamente perfecta y completa, tan plena y completa como es posible en un ser humano eternamente perfeccionado. Esto es lo que el cielo es. Es una relación llevada a su cumplimiento absoluto y perfecto. Es definida como paz y gozo porque eso es extraído de esa relación. Eso es lo que su herencia es. Dicho de manera simple, el cielo es la presencia del Dios trino. Su herencia de Dios. Su herencia es el Hijo. Su herencia es el Espíritu Santo. El Dios trino es su herencia.

Ahora, ¿por qué estoy enfatizando esto? Porque en el texto frente a nosotros en Juan 14, nuestro Señor promete concedernos a nosotros una probada, un adelanto de esta presencia en su totalidad. Un adelanto de esta presencia completa. Nosotros ahora como creyentes, poseemos un enganche de la presencia completa de la Trinidad que experimentaremos en el cielo.

Ahora, de nuevo, no puedo ir más allá de decir eso, porque no podemos comprender cómo eso será. Pero esto es lo que sabemos: nosotros, en la forma actual en la que estamos, en esta forma actual, no somos aptos para ese tipo de relación completa. Necesitamos un cuerpo diferente porque éste no puede funcionar en la eternidad. Este es un cuerpo que está muriéndose. Desde el momento en el que usted nace, usted comienza a morir. Sólo es cuestión de cuándo es que usted morirá. La vida realmente es muerte. Simplemente, es un movimiento constante e inevitable hacia dejar este mundo. Estos son cuerpos que mueren y a lo largo del proceso, enfrentan aflicción y enfermedades y heridas e ineptitudes y discapacidades, etc., etc. Luchamos no sólo con la parte física de nuestros cuerpos, sino también con la parte mental. Tenemos límites en nuestro entendimiento, nuestra capacidad. Luchamos emocionalmente. Luchamos en términos de pecado y tentación.

Entonces, no sólo necesitamos un exterior diferente. Necesitamos un interior diferente. Si vamos a estar en la presencia completa, trinitaria de Dios para siempre, en justicia, gozo y paz perfectos, tenemos que cambiar este por otro. Esa es la promesa de las Escrituras. Que cuando un creyente muere, hay una transformación completa que el Espíritu del creyente entra al cielo; y un día, habrá una resurrección de un cuerpo nuevo y glorificado como el cuerpo de resurrección de Cristo para unirse a ese Espíritu y convertirse en ese ser eterno para disfrutar de la presencia completa del Dios trino.

Entonces, cuando usted piense en el cielo, piense en una relación. Una relación perfecta, completa con el Padre, relación perfecta, completa con el Hijo. Una relación perfecta completa con el Espíritu Santo. Ahora, todo esto para decir esto: en el texto frente a nosotros, en el texto frente a usted, nuestro Señor le promete dar a Sus discípulos, incluyéndonos a nosotros, un adelanto de esta presencia completa. Un enganche, una probada, por así decirlo, de la comunión celestial eterna con Dios.

Y nos la da aquí y ahora. Aquí y ahora. De tal manera que, como creyente, en este momento, usted está en comunión completa al grado que es posible, en la forma en la que nosotros estamos, usted está en comunión completa, personal con la Trinidad. Yo no sé si usted piensa acerca de su vida cristiana de esa manera, pero eso es una realidad. Y no sentimos que Él está lejos de nosotros, sino que Él está cerca. Somos llamados a llamarlo a Él, a invocarlo a Él.

Funciona de esta manera con el Hijo. Usted tiene amor por Cristo. Usted está siendo conformado a la imagen de Cristo. Es una manera de definir a un cristiano como alguien que tiene una relación personal con Jesucristo. ¿Acaso no usamos ese lenguaje? Hablamos así porque hay una comunión de vida real con Cristo.

El apóstol Pablo habla de estar en Cristo y de Cristo estando en nosotros. Y claro que usted reconoce que el Espíritu Santo vive en usted, ¿verdad? Usted es el templo del Espíritu de Dios, usted es la casa misma en donde mora el Espíritu Santo y usted puede ser guiado por el Espíritu. Y es guiado por el Espíritu y llenado por el Espíritu y capacitado por el Espíritu y dotado por el Espíritu y enseñado por el Espíritu e iluminado por el Espíritu.

Entonces, dicho de manera simple, obviamente usted ya es un ciudadano del cielo porque usted ya tiene comunión con el Dios trino. Y usted está en comunión constante con el Padre cuya vida usted comparte; con el Hijo, cuya vida usted comparte; con el Espíritu, quien ustedes como cristiano. Este es un adelanto de la totalidad de esa comunión que usted disfrutará en el cielo.

Ahora, todo eso se presenta en el texto que está ante nosotros en Juan, capítulo 14. Permítame comenzar en el versículo 15. Juan 14:15 y voy a leer hasta el versículo 24: “Si me amáis, guardad Mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque Yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por Mi Padre, y Yo le amaré, y me manifestaré a Él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, Mi palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda Mis palabras; y la palabra que habéis oído no es Mía, sino del Padre que me envió.”

Ahora, no hay palabras difíciles en español aquí. Esta es una porción de las Escrituras tan profunda como la que jamás usted ha leído antes. Porque lo lleva a los elementos imposibles de comprender, complejos, de la vida trinitaria. Yo estoy en el Padre. El Padre está en Mí. Enviaré al Espíritu Santo. Vendré a ustedes. El Padre vendrá. Vendremos y haremos nuestra morada. Sólo quiero darle una especie de panorama. En primer lugar, enviaré al Espíritu Santo, dice Jesús. Después, Yo vendré a vosotros. Después, vendrá el Padre a vosotros. Resumido: al final del versículo 23, “vendremos.” Nosotros vendremos.

Este texto increíble presenta la realidad que nuestro Señor prometió, presencia trinitaria a Sus discípulos: de que son el templo de Dios, de que son el lugar de morada, de habitación del Hijo y que son el santuario del Espíritu Santo. Todo al mismo tiempo. Y todo eso se desarrollará. Ahora, va a tomar algo de esfuerzo desarrollar eso, explicarlo. Y no voy a tratar de hacerlo en esta mañana, pero comenzaremos.

Ahora, mantenga en mente que nuestro Señor se está dirigiendo a Sus discípulos el día jueves a la noche de la semana de la pasión. Y saben que va a morir. Él les ha dicho que Él será arrestado, será golpeado, maltratado. Él va a ser juzgado, Él va a ser crucificado. Él resucitará y después, Él irá al cielo, regresará al Padre. Ellos están teniendo problemas con esto, mucho problema. De hecho, el capítulo 14 comienza con esto: “dejen de permitir que sus corazones estén turbados.” Dejen de permitir que sus corazones estén turbados. Voy a enfrentar los problemas que ustedes están sintiendo. Estaban atemorizados, estaban aterrados, estaban ansiosos. Estaban dudando, porque Jesús era todo para ellos. Era absolutamente todo para ellos. Todo nivel de sus vidas vino a través de Él. Él era todo. Toda su dependencia estaba en Él para absolutamente todo. Y ahora, Él se va y están llenos de temor y ansiedad y terror.

Y entonces, ese jueves por la noche, Él les desempaca, la noche misma en la que Él fue traicionado. Judas ya se fue. Él se fue, como vimos en el capítulo 13. Judas se fue para comenzar el proceso del arresto de Jesús. Más tarde, a la mitad de la noche. Y todo se lleva a cabo más tarde en la oscuridad de esa noche. Después, en la mañana, los juicios falsos se convocan. Y ya para el próximo domingo, ya para el siguiente día, el viernes, Él está en la cruz.

Y entonces, este es el fin. Ellos saben que esto está sucediendo porque Él les sigue diciendo. Él tiene que abrazarlos. Él tiene que fortalecerlos para lo que ellos están a punto de enfrentar. Como consecuencia, Él pasa esa noche explicando estas promesas. Él comenzó en el capítulo 13 hablando del amor - tan, tan importante. En el capítulo 14, Él dijo que Pedro lo negaría y despidió a Judas para que Judas lo traicionara. Esas cosas pasaron. Los discípulos fueron amados; los discípulos estaban turbados.

Y ahora, en el 14 comienzan las promesas. Y la primera que quiero que vean es la que acabamos de leer comenzando en el versículo 15. Él ya les ha prometido que ellos harán obras más grandes de las que Él hizo. Más grandes en extensión, no mayores en tipo. Él ya les prometió que Él respondería sus oraciones y les proveería todo lo que necesitaran si fuera en Su nombre, y para Su gloria y para Su propósito. Él hizo promesas acerca del hecho de que iban a continuar trabajando e iban a continuar teniendo la capacidad de tener acceso a la provisión que Él tiene en el cielo para proveer para ese ministerio.

Pero ahora llega la promesa personal definitiva. Realmente, es una sorprendente. Pero antes de que entremos a la promesa en el versículo 16, hay una aclaración en el versículo 15. Obsérvela: “si me amáis, guardad Mis mandamientos.”

Ahora, eso responde a la pregunta: ¿porque está eso aquí? Está aquí porque define para quién son estas promesas. ¿A quién es que Él hace promesas así? Promesas que “harán obras más grandes que éstas que Yo hago porque Yo voy al Padre,” promete que “todo lo que pidáis en Mi nombre, lo haré”. Promesas que Él ha hecho en el pasaje anterior. Promesas de que la Trinidad va a venir y establecer residencia. ¿A quién es que Él les hace esas promesas? Respuesta: “a aquellos que me aman y guardan Mis mandamientos.”

Esa es la definición prevaleciente juanina de un cristiano. Verán estos en los capítulos de Juan por todos lados. Por ejemplo, si usted pasa al versículo 21: “el que tiene Mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama.” O podría ver el versículo 23: “el que me ama Mi Palabra guardará.” Y después, en el versículo 24: “el que no me ama, no guarda Mis palabras.”

Muy bien, entonces digámoslo de manera simple. ¿Cómo puede usted distinguir a un cristiano verdadero? Un cristiano verdadero ama y obedece. Resumiéndolo: un cristiano verdadero ama y obedece. No tiene que ver con una profesión. “Muchos me dirán a Mí: Señor, Señor hice esto, hice aquello, hice lo otro. Yo les diré apartados de Mí, nunca os conocí.” ¿Cómo es que usted conoce a un cristiano verdadero? Un cristiano verdadero ama al Señor y como consecuencia, lo obedece. El amor es el motivo y la obediencia es la acción. Esta es la verdad constante que prevalece.

Vaya al capítulo 15. Juan hace otra afirmación que esencialmente dice lo mismo. Juan 15:10: “si guardaréis mis mandamientos permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en su amor.” ¿Cómo es que usted sabe que Jesús amó al Padre? ¿Cómo sabe que Jesús amó al Padre? Porque Él ¿qué? Obedeció al Padre. Ése es el modelo, ése es el patrón. Ése es el modelo.

En el capítulo 15 Él dice: “ya no os llamaré esclavos, siervos, porque el esclavo,” versículo 15, “no sabe lo que su amo está haciendo, pero os he llamado amigos porque todas las cosas que he oído de Mi Padre, os las he dado a conocer.” Este es Jesús hablando de Su obediencia al Padre. Les he mostrado Mi obediencia al Padre. Esa es la prueba verdadera del amor.

¿Qué tan seria fue? Versículo 13: “ninguno tiene mayor amor que éste: que uno ponga su vida por sus amigos.” Él es el modelo de amor. Él amó al Padre lo suficiente como para hacer la voluntad del Padre, aun cuando significó poner Su vida.

Entonces, una relación con Dios básicamente se manifiesta a sí misma en base al amor demostrada en la obediencia. Usted encuentra que se hace el mismo énfasis en el capítulo 17, versículo 6. “He manifestado Tu nombre a los hombres que del mundo me diste; Tuyos eran, y me los diste, y han guardado Tu Palabra.” Han guardado Tu Palabra. Este siempre va a ser el estándar de Juan para manifestar salvación verdadera.

Observe Primera de Juan por un momento y le voy a mostrar un par de paralelos ahí. De nuevo, el mismo apóstol Juan está escribiendo. Este es un énfasis que el Espíritu Santo quiso que él hiciera. Versículo 3, Primera de Juan 2:3. “Por esto sabemos que lo conocemos.” ¿Cómo sabe que usted lo conoce? ¿Cómo sabe usted que conoce al Padre, a Jesucristo, el justo? “Si guardamos Sus mandamientos”. El que dice: “yo le conozco y no guarda Sus mandamientos, es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda Su palabra, en él el amor de Dios ha sido verdaderamente perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en Él. De nuevo, es amor y obediencia. Siempre es amor y obediencia.

Juan enfatiza este punto de nuevo una, y otra, y otra vez; en el capítulo 4 no es diferente. Juan habla del mismo tema en el capítulo 4, versículo 19. “Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero.” Si alguien dice: “yo amo a Dios y aborrece a su hermano, él es mentiroso.” Entonces, si usted dice que ama a Dios y no obedece Sus mandamientos, es un mentiroso. Si usted dice que ama a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso, porque aborrecer a su hermano es una violación del segundo mandamiento. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Siempre es el énfasis que Juan presenta.

Toda persona que ama a Dios, obedece. Y la obediencia comienza con obedecer el primer mandamiento: “amarás al Señor tu Dios.” Y después, el segundo, a tu prójimo como a ti mismo, capítulo 5 de Primera de Juan. Por esto sabemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos Sus mandamientos. Porque este es el amor a Dios, que guardamos Sus mandamientos. Y Sus mandamientos no son gravosos.

Entonces, ¿cómo definimos a un cristiano? Amor y obediencia. Una obediencia pronta, una obediencia gozosa, una obediencia feliz. Una obediencia agradecida. Esa es una característica de un creyente. “Si permaneciereis en Mi palabra,” Jesús dijo en Juan 8:31, “seréis verdaderamente Mis discípulos.” Son lo verdadero.

¿Y sabe una cosa? Cuando vemos a la gente, vemos sus acciones y tratamos de interpretar sus corazones. Vemos las acciones de las personas y tratamos de entender su corazón porque eso es lo único que podemos hacer. Pero, eso es engañoso. Porque la gente puede ejecutar la acción sin el corazón. Dios no ve a la gente de esa manera. Él vea al corazón e interpreta la acción. Nosotros vemos la acción e interpretamos el corazón. Dios ve el corazón e interpreta la acción. ¿Y qué es lo que Dios está buscando? No sólo obediencia, sino obediencia motivada por amor a Él. Amor a Él. Amor a Él que trasciende, el amor hacia Él. El amor de un verdadero adorador.

Esto se presentó con claridad. Esto lo entendió claramente Pedro, en Juan 21, cuando Pedro decidió que él iba a dejar su llamado e iba a regresar a pescar. Jesús se apareció en Galilea, usted recordará, y le preguntó a Pedro: “¿me amas? Si me amas, alimenta a Mis ovejas. ¿Me amas? Alimenta a Mis ovejas. ¿Me amas?” Tercera vez, “alimenta a mis ovejas”. En otras palabras, no me hables del amor sentimental. No me hables de algún tipo de sentimiento espiritual superficial o alguna emoción. Si me amas, haz lo que te llamé a hacer. Haz lo que te llamé a hacer. Haz lo que te llamé que hicieras.

El amor y la obediencia siempre son la realidad que definen a los creyentes verdaderos. Y ése es el punto inicial. Ése es el punto inicial. Entonces, de regreso a Juan 14, y en Juan 14, nuestro Señor nos recuerda que son aquellos que lo aman y obedecen Sus mandamientos; y Él nos recuerda tres veces: una vez en el versículo 15, una segunda vez en el versículo 21 y de nuevo en el versículo 23 y después, lo invierte en el versículo 24. Realmente, cuatro veces es que Él hace referencia a esta idea.

La promesa que Él ahora va a dar de la presencia trinitaria como una especie de adelanto del cielo, es para aquellos que son creyentes verdaderos, que lo manifiestan debido a su amor y obediencia. Amor y obediencia. Ellos son los verdaderos amantes del Señor Jesucristo. Y, por cierto, 1 Corintios 16:22 dice: “si alguno no ama al Señor Jesucristo, sea anatema, sea condenado.” Si ama a Cristo, se manifestará en su obediencia.

Muy bien, entonces esto nos está dando a los destinatarios de esta promesa. Y no sólo esta promesa, sino del resto de las promesas en el capítulo 14, 15, 16. Desempaquémoslas, entonces. En primer lugar, la presencia del Espíritu Santo. Después, la presencia del Hijo y después, la presencia del Espíritu es prometida al creyente verdadero. Comencemos con la presencia del Espíritu Santo en el versículo 16.

Muy bien, ahora están en pánico porque Él se va. Él dice: “Yo rogaré al Padre.” Y de nuevo, la Trinidad entera está involucrada en esto a todo nivel. “Yo rogaré al Padre,” ahí está el Hijo y el Padre. “Y os dará otro Consolador.” Ése es el Espíritu Santo. Usted tiene a la Trinidad en ese versículo. Yo el Hijo, el Padre, el Padre. El consolador, el Espíritu. Y “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador.” Otro ayudante para que esté con vosotros para siempre.

Ahora escuche, le dije que el cielo va a ser primordialmente una relación. Y le dije eso, así es la vida cristiana. No es primordialmente actividad. Es primordialmente una relación de amor que resulta en conducta obediente. Pero en la médula, en la esencia, en el núcleo, es una relación. Entonces, lo que nuestro Señor dice ahora es: “no es que les voy a dar más instrucciones, no es que les voy a dar más deberes, no es que les voy a dar más responsabilidades. Voy a pedirle al Padre y Él les va a dar al Ayudante para que tengan al poder residente interno de Dios para hacer lo que os sea mandado”. Es personal. “Os daré,” personal, individual, de relación. “Os daré al Consolador. Voy a pedirle al Padre.”

Por cierto, en Lucas 11:13, Jesús les dijo a Sus discípulos, “si le piden al Padre, les va dar el Espíritu Santo”. Bueno, Jesús no esperó que ellos pidieran. Él intercedió. Él es el Intercesor y Él pidió, “Yo rogaré al Padre y os dará al Consolador,” al que ayuda. Ahora, esta es una palabra muy general. Es la palabra Paraclete. En el griego es Paraklētos. Klētos es una forma verbal de un verbo kaleō que significa llamar, pará significa al lado, como paralelo. Llamar a alguien al lado. Eso es lo que significa la palabra. Alguien llamado al lado. Es muy, muy general.

Llamado al lado para ¿qué? Para cualquier cosa y toda cosa que usted necesite. Podría ser un intercesor, podría ser un consolador, podría ser un abogado, podría ser un alentador, podría ser un maestro, podría ser alguien para advertirle, alguien llamado al lado. Alguien con más sabiduría, alguien con más verdad, alguien con más poder, alguien con más experiencia, alguien con más conocimiento del que usted tiene. No alguien menor a ustedes, sino alguien infinitamente mayor a ustedes a todo nivel de capacidad. Ese es el Consolador.

Sé que muchas Biblia dicen el Consolador, pero esa es una especie de entendimiento estrecho de lo que es la función del Espíritu Santo. Ciertamente, está eso. Ciertamente, Él está ahí para consolar y Él hace eso. Pero más allá de eso, para ayudar a todo nivel en donde necesitemos ayuda.

Ahora observe esto, “y Yo rogaré al Padre y os dará otro”. En el idioma griego, hay dos palabras para otro. En español, sólo hay una. Si yo digo otro algo, no le dice nada acerca de eso. Simplemente, es otro algo del que usted tiene en mente. No, es otra persona. No, es otro acontecimiento, o lo que sea. Usted no tiene nada en la palabra otro que le diga algo.

Ese no es el caso en el griego. En el griego hay una palabra heteros. Heteros significa otro, pero significa otro de un tipo diferente de la cual obtenemos la palabra heterodoxo o heterogéneo. Significa diferente, otro de un tipo diferente.

Por ejemplo, otro Jesús es heteros Iēsous. En Gálatas 1: “si alguno predica are otro Jesús sea anatema.” Entonces, esa palabra significa otro de un tipo diferente. Después, tiene la palabra állos. Állos es usada aquí y significa otro exactamente del mismo tipo; y Jesús usa eso: “les daré otro állos Paraklētos.” Les daré otro exactamente como Yo, lo cual significa que les voy a enviar a un Ayudante, alguien que los ayude exactamente como el Ayudante que Yo he sido. Y eso define para usted el ministerio del Espíritu Santo.

Lo único que tiene que hacer es ver el ministerio de Jesús. ¿Qué es lo que Él hizo por ellos? Él hizo todo por ellos. Él respondió toda pregunta que jamás tuvieron. Él proveyó todo lo que necesitaron. Él suplió toda su protección, toda su provisión, toda su instrucción, toda su sabiduría, todo su conocimiento. Todo vino de Él. Él interpretó todas sus experiencias. Él no sólo les dijo el significado de lo que había sucedido y que estaba pasando. Él les explicó lo que estaba por venir y lo que iba a suceder. Él les explicó la importancia de la revelación divina en el pasado. Y Él hizo todo.

Él fue absolutamente todo para ellos, y Él les dice: “Yo me voy, pero les voy a dar a alguien que les ayude, Paraklētos, exactamente como Yo. Y aquí están las buenas noticias: Él viene y Él va a estar con ustedes para siempre. Él no va a estar con ustedes durante tres años como Yo he estado. Él va a estar con ustedes para siempre. Estará con ustedes a lo largo de su vida entera aquí y a lo largo de su vida entera en el cielo. Él estará con ustedes.”

Esta es la razón por la que en el capítulo 16, versículo 7, dijo: “os digo la verdad, es para vuestro bien que Yo me vaya. Porque si no me fuere, el Consolador no vendría. Pero si Yo me voy, lo enviaré. Yo podría estar en otra ciudad, Yo podría estar en otro edificio, Yo en podría estar ahí por el camino y no aquí; pero voy a enviar a alguien. Y aquí me voy, después de tres años. Les voy a enviar a alguien exactamente como Yo, escuchen, quien hará por ustedes lo mismo que Yo he hecho, quien será vuestro maestro, su iluminador, quien les advertirá en contra de la tentación, quien los va a acercar a Dios, quien les va a enseñar cómo adorar, quien les ayudará a pelear la tentación, quien va a proteger en toda área necesaria y va a proveer todo lo necesario, quien lo hace todo, otro exactamente como Yo. Y Él estará con ustedes para siempre.”

Y claro, cuando usted va al cielo, su relación con Él instantáneamente se volverá todo lo que podrá ser y estará en su perfección para siempre, permanente. No están perdiendo nada; es mejor que se vaya. Para que Él pueda enviar al Espíritu, quien nunca los dejará.

Y después, versículo 17: “Él es el Espíritu de verdad.” Claro, lo es porque Dios es verdad. Y Jesús dijo antes en el capítulo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Él será lo que Yo fui a ustedes. Y Yo soy la verdad. Y Él es la verdad. Y todo lo que Él les dice será la verdad. Por cierto, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le reconoce. Pero vosotros le conocéis porque mora con vosotros. Y estará en vosotros.”

Tanto que decir acerca de esto. Quiero que se enfoque en esto: Él permanece, pero ustedes lo conocerán. Ustedes ya lo conocen. El mundo no lo conoce, pero ustedes lo conocen, porque Él mora con vosotros. ¿Qué es eso? ¿Cómo es que el Espíritu Santo moró con ellos? Escuche, en la persona de Cristo, en la persona de Cristo. Ese es el punto primordial de esta afirmación. Él mora con vosotros.

¿Quién fue que le dio vida en el vientre de María? Fue el Espíritu Santo, ¿verdad?, quien lo concibió en el vientre de ella. Fue el Espíritu Santo quien se movió en el feto en el vientre. Fue el Espíritu Santo quien estuvo en el bautismo de Jesús y descendió desde el cielo yreposó sobre Él. Y el Espíritu Santo lo guió al ministerio y el Espíritu Santo lo guió al desierto para que fuera tentado y el Espíritu Santo le dio toda la capacidad para Su ministerio. Y Jesús le dio todo el crédito de Su ministerio al Espíritu Santo.

¿Recuerda cómo en Mateo 2 los fariseos y los judíos dijeron que Él hace lo que hace por el poder de quién? Belcebú. El diablo, el infierno. Eso es prueba de que el mundo no puede recibir al Espíritu Santo porque no lo ve ni le conoce. El Espíritu Santo estuvo ahí tres años operando a través de Cristo y no pudieron reconocer al Espíritu Santo en absoluto y le atribuyeron Su obra al diablo.

Así de ciego es el mundo. “Pero vosotros le conocéis porque Él mora con vosotros. El Espíritu Santo ha estado aquí haciendo Su obra en mí.” Esa es la razón por la que Jesús le dijo a aquellos que dijeron que Él hizo lo que hizo por el poder de Satanás, “han blasfemado, no a Mí; han blasfemado al Espíritu Santo.” “El Espíritu de verdad ha estado con vosotros en Mí. Es mejor que Yo me vaya para que Él pueda moverse de estar con ustedes en Mí a estar en ustedes.” ¡Qué promesa tan increíble! ¡Qué realidad tan sorprendente es esta! Sorprendente.

Ahora, ¿por qué Él es llamado el Espíritu de verdad? Porque Él va a tener una tarea inicial. Él es llamado el Espíritu de verdad. ¿Por qué? Simplemente en los últimos minutos, versículo 26: “el Paraclete, el Espíritu Santo, quien el Padre enviará en Mi nombre, esta es la razón por la que es llamado el Espíritu de verdad. Él os enseñará todas las cosas. Y os recordará todo lo que Yo os he dicho.” Él es llamado el Espíritu de verdad, porque Él va a traer la verdad a ellos.

Observe el capítulo 15, versículo 26: “pero cuando venga el Consolador, a quien Yo os enviaré del Padre.” A veces, Él dice que el Padre lo enviará. A veces, Él dice: “Yo lo enviaré a Él”. De nuevo, toda la Trinidad está involucrada. “Pero cuando venga el Consolador, a quien Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca de Mí. Y vosotros daréis testimonio también porque habéis estado conmigo desde el principio.”

Y después, pase al versículo 13 del capítulo 16: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará de Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo Mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es Mío; por eso dije que tomará de lo Mío, y os lo hará saber.”

¿De qué está hablando esto? Aquí está. Esta es una promesa inicial hecha por el Señor mismo de que el Espíritu Santo vendrá a los 11 discípulos y a aquellos asociados con Él con el propósito de escribir el Nuevo Testamento, con el propósito de escribir el Nuevo Testamento. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, cuando venga el Espíritu de verdad, Él os enseñará a toda la verdad; y os recordará todo lo que les he dicho. Él dará testimonio de Mí. Él tomará lo que Mi Padre me ha dado y os lo dará a vosotros.”

Voy a resumir esto: la revelación se origina con Dios. Dios descubre esa revelación en Cristo. Cristo vive y enseña y ministra; y después, el Espíritu Santo viene, toma todo eso y se lo revela a los apóstoles, quienes entonces lo escriben. De hecho, en 2 Pedro eso es exactamente lo que Pedro dijo: “hombres movidos por el Espíritu Santo hablaron por parte de Dios.”

Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación o de origen humano. No hay profecía de las Escrituras que jamás fue realizada por un acto de voluntad humana; sino que hombres movidos por el Espíritu Santo. Entonces, tiene que entender esto: el Padre tiene la revelación, Él la revela inicialmente en Cristo, quien es la revelación viva de Dios. Después, Cristo envía al Espíritu Santo, quien trae a la mente todo lo que Cristo enseñó y todo lo que Cristo hizo para que los Evangelios pueden ser escritos con precisión e instruye a todos los escritores del Nuevo Testamento acerca de toda la revelación de Dios para que puedan escribirla con precisión. Él es Espíritu de verdad. Cristo es la verdad y Dios es verdadero. Dios es verdadero.

La conferencia hace unas semanas atrás acerca de la inerrancia, este punto fue presentado de una manera muy fuerte por parte de Sinclair Ferguson. “Tienes a un Dios que es verdad. Tienes a un Cristo que es la verdad. Tienes a un Dios que es verdadero. Tienes a un Cristo que es la verdad, tienes a un Espíritu, quien es verdad, quien revela la revelación por parte de Dios al Padre, al Espíritu, a los apóstoles, que la escriben.”

Toda la Escritura es exhalada por Dios mediante el Espíritu, y no viene de ninguna mente humana. Entonces, si usted ataca la inerrancia de las Escrituras, usted ha atacado a la Trinidad, usted ha atacado a la Trinidad. El Dios de verdad reveló Su Verdad de manera perfecta en Su Hijo. Su hijo entonces envió al Espíritu para revelar Su verdad de manera perfecta en las Escrituras.

Entonces, como creyentes usted pregunta cómo se aplica esto a nosotros. Bueno, no estoy esperando revelación del cielo. No tengo ninguna promesa de que de alguna manera el Señor va a hacerme recordar sobrenaturalmente algo que Jesús dijo que no está escrito; eso no es para mí. Lo que esto me garantiza es que este libro es verdad. Eso es todo lo que necesito. Eso es todo lo que necesito. No necesito nada más. No necesito ninguna revelación privada. No necesito que el Señor me recuerde cosas que Jesús hizo que nadie sabe. No necesito conocer cosas antiguas acerca del apóstol Pablo. Sólo necesito este libro, pero necesito que este libro sea absolutamente exacto, preciso.

Y aquí usted tiene a la Trinidad involucrada en el proceso de escribir las Escrituras. Todo lo que es del Padre, se lo da al Hijo. Lo que es del Padre, se vuelve mío. Lo que es mío, se lo doy al Espíritu. El Espíritu se lo da a ustedes, ustedes lo escriben y todo lo que es del Padre y del Hijo y del Espíritu, se vuelve nuestro.

Usted no puede alterar la doctrina de la autoridad escritural y la inerrancia sin atacar a la Trinidad divina. Primera de Corintios 2:16: “aquí tenemos la mente de Cristo.” Esta es la mente de Cristo.

El mundo no tiene órgano de discernimiento. Ahora, usted pregunta si esto entonces es acaso una promesa de inspiración de las Escrituras. No, porque el Espíritu Santo también es el que ayuda. Y una de las cosas que Él hace para ayudarnos, 1 Juan 2:20 y 27, Juan dice que Él se vuelve una unción que nos enseña todas las cosas. Entonces, Él se convierte en un Iluminador residente. Primera de Corintios 2 dice lo mismo, que el Espíritu nos enseña el significado de las Escrituras. Entonces, tenemos el texto inspirado por el Espíritu y viviendo en nosotros, tenemos al Autor, quien nos hace entender su significado.

Claro, el mundo, parte del rey de las tinieblas, bajo el dominio de Satanás, quien es un mentiroso y homicida, Jesús dijo: “porque Yo os hablo la verdad,” en Juan 8, “no me entienden”.

Claro que no le entendieron. Claro que el mundo no lo entiende, pero nosotros sí. Entonces, la primera de estas promesas sorprendentes de presencia divina es que el Espíritu ha estado con vosotros en Mí y Él ahora estará en vosotros para siempre. Y la primera tarea será traer a su memoria la revelación completa del Padre al Hijo a través del Espíritu para que la puedan escribir. Hombres santos de Dios escribieron conforme fueron movidos por el Espíritu de Dios.

Ahora, eso nos hace avanzar únicamente un tercio de lo que tenemos que cubrir. La próxima vez, la presencia del Hijo y la presencia del Padre.

Señor, gracias de nuevo por esta porción de las Escrituras rica, maravillosa. Ser un cristiano es simplemente algo sobrenatural y sorprendente. No tiene que ver únicamente con escapar del infierno; no tiene que ver únicamente con ser librado del pecado. Esto va más allá de lo que jamás podríamos haber imaginado, que Tú hubieras venido en Tu gloria completa Trinitaria y hacernos Tu santuario.

Simplemente, es una realidad sorprendente. Queremos la totalidad del Espíritu Santo, la totalidad del Hijo, la totalidad del Padre. Queremos la plenitud del Espíritu Santo. La plenitud del Hijo, la plenitud del Padre. Y un día, tendremos esa relación en toda su perfección. Pero hasta ese entonces, que seamos fieles a Tu presencia en nuestras vidas para amar y obedecer. Amar y obedecer.

Padre, oro porque Tú lleves a cabo una obra salvadora en los corazones de cualquier persona aquí el día de hoy, cuyos pecados no han sido perdonados, quienes no han venido a Ti para encontrar perdón y salvación y gracia y misericordia. Oro Señor porque Tú abras sus corazones a la Verdad para que abracen la muerte y la resurrección del Salvador a favor de ellos y sean salvos del juicio. Para aquellos de nosotros que somos creyentes, que somos marcados por el amor y la obediencia, incrementa nuestro amor. Incrementa nuestra obediencia y nuestra utilidad a Ti. Incrementa nuestro gozo y el privilegio que es nuestro, de tener esta relación que tenemos contigo inclusive ahora.

 

 

 

 

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