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Abra su Biblia al capítulo 15 de Juan, Juan capítulo 15. Es bastante popular referirse a la relación de uno con Jesús como una relación personal. Esa parece ser una expresión que es contemporánea, común y corriente de manera coloquial en términos evangélicos. De hecho, podría ser como usted ve la distinción entre algún tipo de cristiano nominal y un cristiano genuino. Usted podrá decirle a alguien, ‘Bueno, puedes ir a la iglesia y puedes cumplir con algunas de las ordenanzas, pero ¿tienes una relación personal con Jesucristo? Ese es el lenguaje que es bastante común. De hecho, se ha vuelto una especie de enfoque típico para la gente. ¿Tienes una relación personal con Jesucristo? Simplemente quiero aclarar eso, si puedo por un momento.

Todo humano que jamás ha vivido tiene una relación personal con Jesucristo, y para la mayoría de ellos no es una buena. Es una relación entre uno que es juzgado, y el Juez. Jesús conoce a todo ser humano de manera personal e íntima. Aunque todo pensamiento que jamás han tenido, toda palabra que jamás han hablado, toda obra que jamás han hecho, toda relación en la que jamás han estado involucrados, todo eso está en el cielo. Y en base a eso vendrá el juicio eterno, porque fuera de creer en él, el registro de sus pensamientos y motivos y obras y palabras y relaciones, únicamente los consigna al infierno eterno. Es muy personal. Toda persona será juzgada a nivel personal e individual por el juez, quien es el Señor Jesucristo.

Quizás habría una mejor manera entonces de referirse a la legitimidad de una relación genuina con Cristo, que decir, ¿tienes una relación personal con Él? Entiendo lo que usted quiere decir con eso, pero necesitamos ir más allá de eso. Ese no es un término bíblico.

Usted no va a encontrar ese tipo de frase usado en las Escrituras. Pero entonces presenta la pregunta, ¿cuál es la naturaleza verdadera de la relación de un cristiano con Cristo? ¿cuál es la naturaleza verdadera de la relación de un cristiano con Cristo? ¿cómo entendemos la realidad espiritual de nuestra unión con Dios, nuestra unión con Cristo? ¿cómo entendemos eso?

La Biblia nos ayuda al darnos una serie de analogías. La Biblia se refiere a la relación entre un creyente y el Señor, como la relación de una oveja con un pastor. La Biblia también se refiere a esa relación como la relación entre un hijo y su padre, entre un súbito y su rey, entre un esclavo y un amo. E inclusive se refiere a esa relación como la relación entre un cuerpo y su cabeza. Y las Escrituras delinean estas cosas, en particular el Nuevo Testamento se concentra en la metáfora del cuerpo, pero todas las demás aparecen tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, y todas expresan algún aspecto de nuestra relación con el Señor. Una vida compartida, características compartidas, poder soberano, control, dirección, obediencia, provisión, protección, alimentación, todas esas cosas se encuentran encerradas en esas metáforas.

Ahora, frente a nosotros el día de hoy, en el capítulo 15 de Juan, es otra de esas metáforas que son muy instructivas, retratos, imágenes, para que podamos definir nuestra relación con Jesucristo en terminología bíblica. Y es la relación entre los pámpanos y una vid. Quiero que regrese al capítulo 15, voy a leer los versículos 1 al 11, aunque ya hemos cubierto los primeros tres versículos, eso fue hace unas cuantas semanas atrás, y quiero que esté todo claro en su mente.

Capítulo 15, versículo 1, Jesús dice, “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto lo limpiará para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano y se secará, y lo recogen y los echan en el fuego y arde. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Diez veces en esos versículos que le acabo de leer, realmente comenzando en el versículo 4, usted ve la palabra ‘permaneced’. Entonces estamos hablando de lo que es permanecer en Cristo, permaneced en Cristo. Ese es un término conocido para gente que ha sido cristiana por mucho tiempo, es un término que ha sido usado mucho. Se le ha dado muchas connotaciones espirituales, pero, vamos a escarbar en profundidad en este texto, y vamos a descubrir precisamente lo que nuestro Señor quiere decir por esto.

Pero retrocedamos a los tres versículos de apertura, y en cierta manera entendamos la escena. Hay cuatro identidades aquí: hay una vid, hay un labrador, y hay dos tipos de pámpanos. No hay misterio acerca de quién es la vid, nuestro Señor Jesús dice “Yo soy la vid verdadera”; versículo 1 y de nuevo en el versículo 5. No hay duda acerca de quién es el labrador, el que cuida de la vid y sus pámpanos, versículo 1, “mi Padre, es el labrador”. Esto acerca de Dios mediante Cristo, operando o trabajando con la gente. La pregunta es acerca de los pámpanos. Y en el versículo 5 nuestro Señor dijo, “vosotros, los pámpanos”. Él estaba hablando esencialmente a sus apóstoles, “vosotros sois los pámpanos”. Pero hay dos tipos de pámpanos, hay pámpanos que permanecen y producen fruto, y hay pámpanos que no permanecen, no producen fruto, son cortados, se secan, y son quemados, arden.

La pregunta es, ¿cómo debemos entender a estos pámpanos? ¿Quiénes son los pámpanos sin fruto? mencionados en el versículo 2, el pámpano que no da fruto. Y después en el versículo 6 el que es echado, se seca, es recogido, arrojado al fuego y arde. ¿Quiénes son los pámpanos sin fruto y el otro? ¿Quiénes son los pámpanos que dan fruto, versículo 2, versículo 5 y versículo 8? ¿Quiénes son? Bueno, permítame recrearle el contexto. El contexto es un contexto muy simple. Este no es nuestro Señor entre muchas personas, este no es nuestro Señor en el medio de una multitud. Cuando él dice vosotros, él está dirigiendo sus palabras a los doce. De hecho, en particular en este punto, él está dirigiendo sus palabras a los once que permanecen. Judas ha sido despedido.

Ahora, ¿en donde estamos en la vida de nuestro Señor en Juan 15? Es jueves por la noche, en el aposento alto, celebrando la Pascua con sus discípulos la noche antes de que él es crucificado, y en esa noche el da muchas promesas a sus discípulos. Comienzan en el capítulo 13 y siguen hasta el capítulo 16. Después en el capítulo 17, él ora al Padre una oración para que el Padre cumpla todas las promesas que él ha hecho en esos capítulos previos. Es una sección significativa, realmente una sección incomparable, sin paralelos de las Escrituras. Nada en ningún otro lugar en la Biblia, porque está cargada de promesas para el pueblo de nuestro Señor. Eso significa nosotros.

Ahora, conforme él llega al capítulo 15, el drama de Judas ya se ha llevado a cabo. Judas ha sido expuesto, Judas ha sido exhibido, Satanás ha entrado a Judas, eso es lo que el texto dice. Y Judas se ha ido, ha sido despedido por el Señor, él se ha ido para preparar los detalles para la traición de Jesús, el arresto de Jesús a la mitad de la noche, lo cual lleva a la ejecución de Jesús en la cruz al día siguiente. Los once se quedaron, uno ha desertado, es una deserción masiva. Judas es el pámpano que no se queda. Judas es el pámpano que no permanece. Judas es el pámpano que no permanece.

Ahora, con toda honestidad, si usted viera a los doce apóstoles hasta este punto, y alguien le dijera que uno de ellos no da fruto, que no produce nada, que va a ser cortado, se va a secar y va a arder, ¿quién es? Si usted tan solo estuviera viendo la conducta de los doce, usted podría asumir que podría, posiblemente ser Pedro. Pedro parecía tropezar más que el resto, por lo menos hay más revelación acerca de sus tropiezos que cualquier otro. Pedro parece tener una especie de confianza dominante en sí mismo, que le hace decirle al Señor, el Señor no va a ser cosas que él dice que va a hacer. Pedro afirma de manera excesiva su afecto, afirma de manera excesiva su fortaleza, afirma de manera excesiva su compromiso. ¿Podría ser que Pedro es el que es el pámpano sin fruto?

El punto es que, usted necesariamente no habría escogido a ninguno de los otros, fue Judas, siempre fue Judas. Pero desde el punto de vista superficial, inclusive de los otros, todos dijeron cuando esto fue anunciado, ¿soy yo? ¿soy yo? ¿soy yo? ¿soy yo? No había nada en Judas que manifestara el hecho de que él no daba fruto y se dirigía al infierno. Pero así es con algunos pámpanos porque, se percibe que están pegados. Judas estaba visiblemente pegado a Jesús. Fue un apego superficial, fue un apego sin vida, y eso se volvió obvio cuando él ya no estaba permaneciendo en Cristo. Ahora, esta es una realidad muy común, y creo que usted lo sabe en la actualidad. Usted sabe que hay personas en la iglesia, con nosotros esta mañana que son pámpanos sin fruto, que están aquí, que hacen alguna profesión de interés en Cristo a un grado u otro, pero sus vidas no manifiestan su poder y Su vida. Usted sabe eso.

Y usted podría salir de aquí, el microcosmos, al macrocosmos de otras iglesias, y denominaciones y comuniones a la iglesia en general, y usted sabe que el cristianismo es este tipo de realidad masiva en el mundo, que está llena de todo tipo de personas, muchas de las cuales no tienen un poder genuino que da fruto. Esta es una preocupación de nuestro Señor.

Regrese a Juan capítulo 2. Usted se acuerda en el capítulo 2, versículo 23, él estaba en Jerusalén, en la Pascua y durante la fiesta él estaba haciendo todo tipo de señales, maravillas y milagros. Y dice en el versículo 23, “muchos creyeron en Su nombre”. Eso se oye con un tono de esperanza, se oye bien. Pero Jesús, versículo 24, por parte de él, “no se encomendaba a ellos, porque él conocía a todos los hombres, porque él no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca del hombre, porque él mismo sabía lo que estaba en el hombre”. Él sabía que era una fe falsa. Él sabía que era una fe superficial. Creyeron en él pero únicamente superficialmente. En ese punto uno de esos hombres, uno de esa especie de cuasi-creyentes interesados superficialmente, fue un hombre llamado Nicodemo, quien entonces le presenta preguntas en el capítulo 3, y más tarde llego a ser un seguidor verdadero.

Pero hubieron muchos seguidores superficiales de Jesús, muchos que se pegaron externamente, vaya al capítulo 6, en el punto en donde Jesús hace este milagro masivo alimentando a tantos como a veinte mil, veinticinco mil personas, al crear alimento. Esta es una maravilla que es inescapable, como un acto de Dios. Y hubieron muchos seguidores que Jesús atrajo a este punto, y a partir de este acontecimiento. Pero en el versículo 66, Jesús estaba hablando, y en respuestas a las palabras que dijo, no los milagros que él hizo, sino las palabras que él dijo, muchos de discípulos se retiraron y ya no andaban más con él. Se fueron, no permanecieron, no permanecieron, no se quedaron.

Entonces Jesús les dijo a los doce, “¿Acaso no queréis iros también vosotros?” Simón Pedro le respondió, “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Hemos creído y hemos conocido que tú eres el Santo de Dios.” Sin embargo, Jesús respondió, “¿Acaso yo mismo no os elegí a vosotros los doce, y uno de vosotros es un diablo? Ahora, él se refirió a Judas, quien lo iba a traicionar. Estaban ahí en medio de ellos, no solo habían muchos que habían desertado abiertamente, sino que estaba Judas, cuyo deserción no había sucedido.

En el octavo capítulo y versículo 30, conforme el habló de nuevo, muchos llegaron a creer. Muchos hicieron algún tipo de profesión que permite que haya algún tipo de apego a Jesús, al cual respondió en el versículo 31, Jesús le estaba diciendo a aquellos judíos que habían creído en él. Si permanecieres en mi palabra, entonces, verdaderamente seréis mis discípulos, mathétés aléthós, estudiantes genuinos, aprendices genuinos, discípulos genuinos. Y después, “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. No habían llegado aún a conocer la verdad, no habían aun sido liberados de la búsqueda por la verdad y de la esclavitud al pecado. Fueran o no discípulos verdaderos se manifestaría porque continuarían obedeciendo su palabra. Habían muchos seguidores superficiales que desertaron.

En el capítulo doce hay un grupo muy interesante mencionado en el versículo 42. “Muchos de los principales creyeron en él, pero debido a los fariseos no lo estaban confesando, por temor que fueran sacados de la sinagoga”, porque amaban la aprobación de los hombres en lugar de la aprobación de Dios. Escuchen, la superficialidad arrastró a Jesús a lo largo de su ministerio entero, cómo lo hace en la actualidad, cómo lo hace en la actualidad. Capítulo 13 de nuevo, en el incidente del lavamiento de los pies. Versículo 10, Jesús le dice a Pedro, “el que ha sido lavado, únicamente necesita lavarse sus pies. Y está totalmente limpio, y vosotros estáis limpios, pero no todos vosotros.” Porque él sabía el que lo estaba traicionando, por esta razón él dijo, ‘no todos vosotros estáis limpios”. Y de nuevo, ellos no tenían ni idea de quien era este. Judas no había sido exhibido.

Ahora, simplemente una referencia de nuevo, algo más que Juan escribió ahí en 1ra de Juan capítulo 2, versículo 19. Una afirmación muy importante hablando de gente que deserta, que no permanece, que no se queda. “Salieron de nosotros, pero, realmente no eran de nosotros”. Juan sabe esto ahora, a partir de lo que él aprendió de las palabras de nuestro Señor en Juan 15, y la experiencia de Judas y otros. Salieron de nosotros, y todavía está sucediendo esta experiencia como apóstol, pero realmente no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros habrían permanecido con nosotros, pero salieron de nosotros para que se manifestase que no todos son de nosotros.

Y después, en el versículo 24, “en cuanto a vosotros”, él escribe, él ahora dice lo mismo que nuestro Señor les dijo a los discípulos esa noche, en cuanto a vosotros permanezca en vosotros aquello que habéis oído desde un principio. Si aquello que oíste desde un principio permanece en vosotros, también permaneceréis en el Hijo, y en el Padre, y esta es la promesa que él mismo nos hizo, vida eterna. Permanecéis en mí, y yo permaneceré en vosotros. Juan está reiterando lo que él oyó ese jueves por la noche. Y está registrado para nosotros en Juan 15.

El mandato, entonces, que quiero que observe, está en el versículo 4, “Permaneced en mí, permaneced en mí”. No nos volvamos demasiado místicos, por esto, demasiado espirituales, por esto. Es simplemente la palabra griega ‘meno’, la cual significa quedarse, permanecer. No se vayan, no me dejen, no se alejen. Esto podría hablar del asunto de lo que los teólogos llaman la perseverancia de los santos. Quédense, no hagan lo que Judas hizo. No hagan lo que muchas personas como Judas hacen. Hebreos 4:14, Hebreos, el libro de Hebreos escrito a una comunidad judía de creyentes, y pegados a esa comunidad judía de creyentes, habían algunos no-creyentes que estaban ahí, sentándose al borde, que estaban atraídos a Cristo. Estaban asociándose con esos judíos creyentes, pero no estaban haciendo un compromiso completo con Cristo.

Y entonces, en Hebreos 4:14, el escritor de Hebreos dice, “Aferrémonos a nuestra profesión”. Si usted hizo una profesión a Cristo, si usted hizo alguna profesión de Cristo, aférrese a ella. Y a lo largo de Hebreos, hay advertencias a este grupo de judíos pegados a los creyentes verdaderos que no han llegado a Cristo, en realidad. Usted es advertido una y otra, y otra vez. Capítulo 2, capitulo 3, capitulo 4, capitulo 6, capitulo 10, advertencia, advertencia, advertencia, advertencia, no se vayan, no se alejen, no deserten, no apostaten, sosténganse, aférrense a esa profesión, mantengan esa profesión. Ahora, eso es todo lo que nuestro Señor está diciendo aquí en el versículo 4, quédense, han hecho una profesión, han hecho una asociación, quédense, permanezcan, sigan, no se vayan.

Hay un momento en el Antiguo Testamento, que creo expande esto, pase a Deuteronomio 31, Deuteronomio 31, versículo 14, esta es una palabra final de Moisés, realmente al pueblo, conforme el liderazgo de Israel ya ha pasado por una transición de Moisés, quien no puede entrar a la tierra prometida, por lo que él hizo, y Josué, quien los va a enviar a la tierra prometida. Moisés ha sido su líder por cuarenta años. El Señor viene y le dice a Moisés, Deuteronomio 31:14, “He aquí el tiempo para que mueras se ha acercado. Llama a Josué y preséntense en el tabernáculo de reunión para que pueda comisionarlos.” Entonces, Josué y Moisés fueron, y se presentaron a sí mismos en el tabernáculo de reunión. El Señor se apareció en el tabernáculo de reunión, en una columna de nube, y la columna de nube estuvo ahí a la puerta del tabernáculo. Este es el tabernáculo.

El Señor le dijo a Moisés, he aquí estas por irte con tus padres, y escuchen esto, ‘este pueblo se levantará y jugará la ramera con los dioses extraños de la tierra. Han estado dando vueltas por cuarenta años, están por entrar a la tierra y Dios dice que van a jugar a la ramera con los dioses extraños de la tierra. Van a entrar a idolatría, en medio de los cuales van, y van a dejarle y van a romper mi pacto que he hecho con ellos. Entonces mi enojo se encenderá en contra de ellos en aquel día, y los dejaré y esconderé mi rostro de ellos, y serán consumidos y muchos males y problemas vendrán sobre ellos, de tal manera que dirán en aquel día, ¿no es porque nuestros Dios no está entre nosotros que estos males han venido sobre nosotros? Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día, debido a toda la maldad que harán, porque se volverán a otros dioses.

Y lo hicieron, una deserción masiva. Estaban apegados al pueblo del pacto, Israel, únicamente apegados superficialmente al pueblo del pacto, Israel. Eso se volvió manifiesto cuando no permanecieron, cuando no permanecieron fieles, cuando no continuaron, cuando no perseveraron. ¡No sean como ellos! El apóstol Pablo al escribirle a los corintios, le advierte a los corintios que no hagan eso. No sean como aquellos que estuvieron en el desierto, que desertaron. Hay todo tipo de advertencias a lo largo del Nuevo Testamento a ser fieles, a permanecer, a quedarse, eso es lo que está pasando aquí. Quédense. Todos conocemos a gente que estuvieron aquí por un rato, y después se fueron. Y no fue porque se fueron de la ciudad, dejaron a Dios. Dejaron a Su pueblo, dejaron las Escrituras. No hagan eso, permanezcan. Quédense.

¿Por qué? Comenzando en el versículo 4, hay un desarrollo de las bendiciones de permanecer, las promesas de permanecer, bendiciones profundas que vienen para aquellos que se quedan. Bendición número uno, salvación, salvación. Salvación eterna.

Ahora, ¿cómo describiría usted su salvación? Si alguien le dice a usted, ¿eres cristiano, no es cierto? Y dicen, ‘Bueno, ¿qué significa eso?’ ¿qué dice usted? Dice usted, voy a la iglesia. Mucha gente hace eso. Dice usted, ‘bueno, tú sabes, yo adoro, voy a un estudio bíblico, creo en la Biblia’. ¿Es eso lo que usted diría? Permítame darle, la medula, el meollo, el mínimo irreducible, el cual al mismo tiempo es el máximo eterno, infinito. Si usted es cristiano, esto es lo que usted dice, “permaneced en mí y yo en vosotros”.

¿Qué significa ser un cristiano? Significa, escuche, Dios vive en usted, sí, el Dios creador del universo, el Dios infinito Trino, Santo, vive en usted. Esa es la esencia de lo significa tener una relación con Dios en la salvación. Dios vive en mí. Y esa podría ser la mejor manera en la que podríamos explicar nuestras propias vidas y nuestras propias identidades. En lugar de decir, tengo una relación personal con Jesús, lo cual se oye como si usted es alguien especial. Usted estaría mejor diciendo, ‘Bueno, Dios, el Dios eterno, el Dios Santo, el Dios creador, Padre, Hijo y Espíritu Santo viven en mí.’ ¿Qué? pero eso es esencialmente, exactamente lo que nuestro Señor está diciendo. Y es una presencia trinitaria, una realidad asombrosa.

Ahora, reconozco que la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, en Romanos 8, aún no ha sido manifestada, aún no ha sido hecha visible, eso no sucederá hasta que seamos glorificados. Entonces, mientras tanto, estamos velados, ¿verdad? estamos velados. El mundo no nos ve. Es importante saber quiénes somos. Entonces, yo soy, yo soy literalmente un cuerpo en el que Dios vive. Él vive en mí. El Señor ha venido a vivir en mí. En el capítulo 14, nuestro Señor estaba hablándole a los discípulos en esa misma noche. En el versículo 23 él dice, “si alguno me ama, si su amor es real, van a obedecer.” El amor y la obediencia van de la mano. El guardará su palabra, y mi Padre lo amará. ¿Y cuánto lo amará? Él lo amará de tal manera que vendremos a él, y haremos nuestro hogar con él. Esto es lo que somos. Esto es absolutamente quienes somos. Simplemente, es una verdad que se repite y se repite.

Regrese al versículo 17 de Juan 14. Hablando del Espíritu de verdad, el Espíritu Santo, “vosotros lo conocéis porque él permanece con vosotros y estará”, ¿en dónde? “en vosotros”. Entonces, versículo 23 dice, “nosotros, (el Hijo y el Padre), haremos nuestro hogar con él”. Y versículo 17 dice, “el Espíritu Santo hará su hogar en nosotros”. Y versículo 20, “en aquel día, sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” La Trinidad vive en un creyente. Es realmente sorprendente, y nuestro Señor afirma esto en su oración Sumo Sacerdotal en Juan 17:23, “Yo en ellos, y Tú en Mí. Para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y los amaste, así como tú me has amado a mí.” Lo que manifiesta nuestra transformación al mundo es la presencia de Dios en nosotros. Realmente, algo sorprendente. Absolutamente una realidad sorprendente.

Si usted se queda, es evidencia de que su fe es real. Y si lo es, entonces Dios establece residencia en usted. Romanos 8:10 dice que “Cristo está en vosotros”, Cristo está en usted.

1 Corintios, capítulo 3, versículo 16, Pablo amaba esta verdad, “¿no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Después en el capítulo 6, versículos 19 y 20, “¿no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio.” Una verdad tremendamente asombrosa.

2 Corintios 6:16, “nosotros somos el templo del Dios viviente”. Gálatas 2:20, “con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí”. Cristo vive en mí. Efesios 2:22, “vosotros sois edificados juntos en una morada de Dios en el espíritu”. Colosenses 1:27, “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. ¿Cómo habla de usted como creyente? Usted habla de usted como la residencia de Dios, el templo de Dios. Escuche lo que Juan dice ahí en 1 Juan, “edificando sobre estas verdades, vosotrois sois de Dios hijitos”, versículo 4, 1 Juan 4:4, “y los habéis vencido”, escuche esto, “porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. ¿Se preocupa usted acerca de Satanás en el mundo? No se preocupe por Satanás en el mundo, “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”.

Versículo 13. “Por esto sabemos que permanecemos en él, y él en nosotros.” ¿Cómo sabemos eso? “porque nos ha dado de su Espíritu, hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser el salvador del mundo. Todo aquel que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él”, versículo 16. “Hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene por nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios, y Dios permanece en él”. Me gustaría que comenzáramos a hablar así, ¿verdad? Permanecer es quedarse, es permanecer. Y para todos los que permanecen, dan evidencia de una salvación genuina, y ¿cómo es eso definido? Es definido como Dios viviendo en nosotros. Dios viviendo en nosotros, estableciendo residencia. 

Colosenses 1:21 dice, “antes estabais alejados de Dios, hostiles, involucrados en obras malas. Él ahora, os ha reconciliado en su cuerpo de carne mediante la muerte, para presentaros delante de él, santos y sin mancha, irreprensibles, si en realidad continúan en la fe, firmemente establecidos y estables y no alejándose de la esperanza del evangelio”. Si usted permanece, si usted se queda, si usted permanece, él permanece en usted. Esta es una realidad increíble, asombrosa. Usted piensa en la condescención de nuestro Señor en tomar un cuerpo humano, pero él tomó un cuerpo humano sin pecado. Qué tipo de condescención es para Dios Trino, establecer residencia en un cuerpo de pecado en nosotros. 

Ahora, quiero que vea 1 Pedro capítulo 1, 1 Pedro capítulo 1, versículo 3. Esta es una doxología realmente, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su grande misericordia nos ha hecho renacer a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de los muertos”. Muy bien, somos nacidos de nuevo, lo cual significa que tenemos vida nueva, que tenemos vida divina. Hemos obtenido, versículo 4, “una herencia incorruptible, incontaminada, inmarcesible, guardada en el cielo para nosotros. Y somos protegidos por el poder de Dios mediante la fe para una salvación lista para ser revelada en el tiempo postrero”. Por un lado, perseveramos, y seguimos y nos quedamos y soportamos, por otro lado, Dios nos guarda.

Y después esta sección tan significativa, versículo 6, “en lo cual vosotros os alegráis”, ¿qué? ¿por qué se están regocijando? “aunque por un poco de tiempo si es necesario, tengáis que ser afligidos por diversas pruebas. ¿Por qué? ¿Por qué nos vamos a regocijar en las pruebas? ¿Por qué es que Santiago nos está diciendo, “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”? ¿Por qué es que Pedro está diciendo esto? porque, esa es la prueba de su fe. Su fe no manifiesta ser genuina hasta que es probada cuando algo sale mal.

¿Qué pasó en la parábola de las tierras? Tribulación, aflicción, la planta se murió, sin fruto. Engaño de la riqueza, preocupaciones del mundo, dificultad con los problemas, esa es la prueba. Lo mejor que podría pasar en su vida como creyente, es que su fe sea probada. Porque cuando es probada, permanece. Esto prueba su realidad. Lo mejor que podría pasar es que haya un desastre que va más allá del control de usted, algo que está fuera del poder de usted que es una prueba de dificultad grave, porque eso es lo que revela lo falso. La fe de ellos no puede sobrevivir, se colapsa. Pero cuando usted es afligido, aquellos de ustedes que tienen una fe verdadera, su fe prueba ser más preciosa que el oro, el cual es perecedero y aunque es probado por fuego, para que sea hallada en alabanza, y gloria y honra en la revelación de Jesucristo. A quien, aunque no lo veáis, lo amáis.

Lo mejor que le podría pasar a un creyente es que algo salga mal en la vida, algo este mal, y entre más cosas van mal, más veces hay cosas que van mal y más los años que usted experimenta las cosas que salen mal que van mal, más su fe es probada. Entre más su fe es probada, más fuerte se vuelve. Si es una fe falsa se colapsa. Entonces, me encanta esa frase, la prueba de vuestra fe, la cual es más preciosa que el oro fino. El regalo más grande que usted podría tener es saber que su fe es real, ¿verdad? Eso mantiene la esperanza del cielo, brillante. Eso mantiene el conocimiento del perdón, claro. Eso trae gozo a su vida. Eso quita el temor.

Los nuevos cristianos luchan con eso. Usted lleva a alguien a Cristo, son nuevos en el Señor, quizás días, meses, años, la vida va bastante bien, no tienen muchos problemas, no tienen muchas luchas, su fe no ha sido probada. Quizás se sienten inseguros, “Señor, sálvame. No sé si soy salvo, me pregunto si soy salvo. Quizás debería volver a orar, tratar de asegurarme que esto es real, la gente puede hacer eso con frecuencia. Después viene una prueba seria la cual podría despedazar una fe falsa, una confianza superficial en Dios, y pasan volando eso y su fe no es más débil, es ¿qué?, es más fuerte. Y eso se convierte en la prueba de que es una fe salvadora, que permanece.

 Entonces, el primer beneficio de permanecer es la salvación eterna. Usted va camino al cielo. Usted va camino a ser hallado, 1 Pedro 1:7 en alabanza, gloria, y honra en la revelación de Jesucristo. Versículo 9, usted obtendrá como el resultado de su fe, la salvación de sus almas. No quiero vivir la vida preocupándome si soy salvo o no, pero no necesariamente puedo obtener esa confianza por mí mismo, algo de ella viene de leer las Escrituras, lo cual me dice que una fe verdadera es una fe duradera, pero, ¿cómo se si tengo una fe verdadera? Usted sabe que tiene una fe verdadera cuando usted tiene una fe probada. Y entre más su fe es probada, y entre más tiene pruebas, más fuerte su fe se vuelve, y usted obtiene este regalo de oro puro de conocimiento pleno de que usted va camino al cielo.

Entonces dice, usted, “permaneced en mí”, ¿por qué? porque si permaneces en mí, yo permanezco en ti. Así es como usted debe definirse a sí mismo. Soy cristiano. Bueno, ¿qué significa eso? Dios vive en mí, Padre, Hijo, Espíritu Santo viven en mí. No solo en mí, sino en todos los cristianos, pero en mí, personalmente en mí. Esto es más allá de la comprensión, esto es una condescención que va inclusive más allá de la condescención de nuestro Señor en un cuerpo perfecto sin pecado. Si no fuera por gracia, esto no sucedería. 

Entonces, ese es el primer beneficio. El segundo, y únicamente vamos a poder presentar este, es dar fruto. Manteniéndonos con la metáfora, dar fruto, fructífero. Regrese al versículo 4. “Permaneced en mí y yo en vosotros, como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros sino permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”, no olviden eso, “el que permanece en mí, y Yo en él”, ahí está de nuevo, en él, Yo en él, Yo en él, “este lleva mucho fruto. Porque separados de mí, nada podéis hacer”. Muy bien, esto es secuencial, ¿no es cierto? Si usted es un creyente verdadero, si usted es un pámpano que permanece, entonces Cristo está en usted. Él está en usted, él vive en usted, y el resultado de eso es fruto manifiesto. Usted va a dar fruto, versículo 2, usted va a dar más fruto cuando usted es limpiado. ¿Qué es eso? Pruebas providenciales, dificultades, tribulaciones, de los que hablamos. Usted dará fruto, usted dará más fruto, versículo 5, usted dará mucho fruto. Versículo 8, el Padre es glorificado cuando usted da mucho fruto, y vea el versículo 8, “Y seáis así mis discípulos”.

Entonces, cual es la prueba de que usted es un pámpano verdadero. Fruto. Parte de ese fruto es el fruto de la permanencia, paciencia a lo largo de las pruebas. Hay un negativo en el versículo 4, “como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo sino permanece en la vid, así tampoco vosotros, sino permanecéis en mí”. Eso es afirmarlo de manera negativa, después es afirmado de manera positiva, lo mismo en el versículo 5. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. Él que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto”. Y después de regreso al negativo, como una advertencia, “porque separados de mí, nada podéis”, ¿qué? “hacer”, porque usted no puede cumplir la obra de Dios en la fortaleza humana. Las armas de nuestra milicia no son carnales.

Romanos 7, Pablo retoma esta misma idea, en el versículo 4, “Por tanto, hermanos míos, vosotros también fuiste hechos para morir a la ley a través del cuerpo de Cristo, para que fueseis unidos a otros a aquel que fue resucitado de los muertos, para que podamos dar fruto para Dios, para que demos fruto para Dios. Porque mientras que estábamos en la carne, en las pasiones pecaminosas que eran incitadas por la ley, operaban en los miembros de nuestro cuerpo para dar fruto para muerte”. Si usted está en Cristo, usted da fruto para Dios. Si usted no está en Cristo, usted da fruto muerto, sin vida, inútil. El fruto está en todos lados en la vida, hay una especie de afirmación de resumen en Filipenses 1:11, creo, que le dice a usted lo que es. Pablo habla de vivir vidas que están abundando más en conocimiento real y discernimiento y probando cosas que son excelentes, siendo sinceros, irreprensibles.

Y después en el versículo 11 dice, “habiendo sido llenos con el fruto de justicia, el cual vino mediante Jesucristo quien es la vid, para gloria y alabanza de Dios, quien es el labrador. Entonces, ¿qué es fruto? Es justicia, es justicia. No puede hacer eso sin la presencia de Dios. En mi carne no puedo hacer nada bueno, inclusive mis justicias son trapos de inmundicia. El fruto es justicia, y cuando la Trinidad establece su residencia en nosotros, de manera necesaria, el fruto será producido. La justicia se manifestará a sí misma porque la justicia se ha establecido en el interior. Oseas 14:8 dice, Dios dice, “De mí se encuentra su fruto”, a partir de mí se encuentra el fruto de ustedes. Lucas 6:43-44, nuestro Señor dijo, “un árbol bueno no produce fruto malo, un árbol malo no produce fruto bueno. Por sus frutos”, ¿qué? “los conoceréis”. ¿Cómo prueba usted ser un discípulo? Vaya al versículo 8, ¿cómo prueba usted ser un versículo verdadero? ¿cómo prueba usted que no es un farsante? ¿cómo prueba usted que no es un charlatán, un fraude? Bueno, vimos uno, usted permanece inclusive a través de las pruebas, pero dos, usted da mucho fruto, usted da mucho fruto. Fruto si; más fruto, versículo 2; mucho fruto, versículos 5 y 8.

Ahora, permítame mover esa idea de permanecer en Cristo, permanecer en Cristo de la salvación a la santificación, por un momento. Y permítame tan solo expandirlo un poco, usted, es un hecho está permaneciendo en Cristo, y él está en usted. Pero si vemos en mayor profundidad esa relación desde el punto de vista de santificación, de un aspecto santificador, entre más permanece usted en la presencia de ella, el conocimiento de ella, el amor y la obediencia a Cristo, más fructífero se vuelve usted. Nuestro Señor reconoció esto en la parábola de las tierras. La tierra buena, la semilla cayó y produjo fruto, pero no todo mundo tuvo el mismo fruto, ¿verdad? Algunos a treinta, otros a sesenta, otros a ciento por uno. Podríamos todos decir, ‘bueno, mira la Trinidad vive en mí, la Trinidad vive en mí. Poseo la vida de Dios, y Dios de manera manifiesta demuestra el fruto de justicia.’

Y eso sería verdad de todos nosotros, pero no al mismo grado. Esa es la razón por la que hay tantos mandatos en la Biblia. Porque la suposición es que podemos desobedecer, podemos cesar de guardar la Palabra, cesar de amar al Señor, cesar de honrar al Señor, cesar de hacer su voluntad, en puntos en nuestras vidas que registren el hecho de que damos fruto. Sí, todos damos los frutos de justicia, pero no todos tenemos mucho fruto, y todos necesitamos tener más fruto. Decimos, ¿cómo haces eso? Bueno, no es cuestión de esfuerzo humano. Tiene que ver con permanecer en Cristo.

Ahora, permítame presentarle un punto simple en esto. Entre más se concentre usted en Cristo más fructífero se vuelve. Entre más se concentre usted en sí mismo, menos fructífero se vuelve. Piérdase a sí mismo en la gloria de Cristo, eso es 2 Corintios 3:18, conforme usted mira su gloria, usted se mueve de un nivel de gloria al siguiente, al siguiente, al siguiente, por el Espíritu Santo, hasta que literalmente se convierte como él. Sí, sí, batallamos contra el pecado. Sí, estamos en guerra contra la carne. Sí, golpeamos nuestro cuerpo y lo ponemos en servidumbre para que no seamos descalificados. Sí, somos celosos por la virtud y la santidad, y la pureza, pero todo eso es en respuesta a la visión de Cristo, que se mantiene expandiendo y se vuelve más grande y más rica y más gloriosa.

Simplemente no sé cómo los cristianos, sentándose en iglesias en donde Cristo no es exaltado constantemente, simplemente no sé cómo sobreviven los niveles superficiales de sus experiencias santificadoras. El fruto viene por permanecer, todos los cristianos verdaderos permanecen, todos los que permanecen tiene a Cristo y a Dios y al Espíritu permaneciendo en ellos, todos entonces se vuelven árboles que dan fruto, producen obras de justicia, actitudes de justicia, palabras de justicia, pero no todos al mismo grado. El grado depende de nuestro nivel de compromiso, lo cual depende de nuestro afecto por entender de Cristo.

Oremos. Señor, estamos tan agradecidos por la oportunidad de estar juntos en esta mañana y adorarte y de tener comunión unos con otros, tan agradecido, tan agradecidos por nuestra iglesia, agradecidos por todo lo que estás haciendo aquí, por los niños, los jóvenes, adultos, adultos mayores, familias, personas solteras, por toda la verdad que resuena por toda esta iglesia, día tras día, y especialmente en este día. Y Señor, oramos porque todo exalte a Cristo, que todo exalte a Cristo, que hallemos nuestro todo en todo en Él. Que podamos decir, Cristo es todo en todo para nosotros. Ahí está la clave para más fruto. Mucho fruto es estar perdido en asombro, amor, y alabanza, al ver la visión de Cristo en toda su belleza y gloria. Y al despegar ese fruto, aseguramos nuestros propios corazones, de salvación, y aseguramos a otros de tu poder transformador.

Oramos porque podamos ser un pueblo de mucho fruto, mucho fruto, para que el mundo pueda ver y conocerte a ti, y glorificarte a ti. Enriquecemos con tu Palabra, conforme se establece en nuestros corazones. Padre, ayúdanos, ayúdanos a permanecer de tal manera que damos mucho fruto, para que tu recibas la gloria. Estas cosas pedimos por causa de aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, esto es Cristo. Amén.

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