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Y llegamos a ese tiempo tan especial de estudiar juntos la Palabra preciada de Dios. Y en esta noche, como mencioné en esta mañana, nos embarcamos en el estudio maravilloso del quinto capítulo de Romanos. Romanos, capítulo 5. Y Romanos es un libro, créame, que realmente exprime su mente, demanda mucho de su alma. También es tan profundo, tan rico con la verdad de Dios. Y sin embargo, debido a la inspiración maravillosa del Espíritu Santo, debido al hecho de que Él es nuestro Maestro de Verdad residente, como vimos en esta mañana, Sus verdades pueden ser abiertas a nuestras mentes. Y confío en que conforme veamos los primeros 11 versículos, no sólo en esta noche sino en el mensaje de esta noche y después en las siguientes dos semanas, usted se va a encontrar a sí mismo regocijándose en la seguridad tremenda de su salvación. Este es un gran, gran pasaje.

Esta semana estaba leyendo un libro que me han dado, un libro que tenía muchas afirmaciones interesantes; un libro de teología. Una de ellas fue la siguiente, y cito: “Algunas personas verdaderamente convertidas han caído de la gracia; y el peligro de hacer esto amenaza a todo cristiano.” Fin de la cita. Ahora, esa es una afirmación muy, muy importante si es verdadera. Si es verdad que algunos cristianos han perdido su salvación y que todo cristiano está en peligro de hacer eso, eso de hecho es algo importante para saber. Ya que si usted puede perder su salvación, más vale que descubra rápidamente cómo aferrarse a ella.

Ahora, este es un tema que a lo largo de los años ha sido muy debatido en la teología. Siempre han habido aquellos que han afirmado que usted puede perder su salvación y aquellos que han afirmado que usted no puede perderla; y la batalla se ha llevado a lo largo de los años. El asunto de la seguridad eterna o la perseverancia de los santos o, como los laicos a veces la llaman, la doctrina de ‘una vez salvo, siempre salvo’.

Y algunos en nuestra época en la actualidad, en muchas iglesias, algunos de ustedes en sus propios trasfondos, inclusive algunos de ustedes al día de hoy creen que un cristiano puede perder su salvación. Y algunas veces, oímos acerca de aquellos que, entre comillas, recaen y se apartan del conocimiento de Cristo.

Ahora, esta doctrina en particular que dice que usted puede perder su salvación básicamente hace de la salvación algo condicional. En otras palabras, su salvación es sólo buena siempre y cuando usted cumpla con las condiciones de mantenimiento. En otras palabras, Dios nos ha salvado y ahora, si continuamos cumpliendo con los estándares, podemos aferrarnos a esa salvación; y si en algún punto no vivimos según el estándar, la perdemos. Ahora, no se necesita mucho entendimiento para reconocer que eso básicamente es una perspectiva de justicia por obras. En otras palabras, usted realmente está diciendo que la salvación es condicional en el sentido de que mis obras tienen que estar al nivel del estándar o de lo contrario, pierdo mi salvación.

Ahora, esto, creo yo, es exactamente el tema del cual habla Pablo en Romanos 5. Y me fascina el hecho de que en muchos, muchos tratados del tema de la seguridad del creyente, Romanos 5 ni siquiera es discutido. Lo cual me sorprende. O, algunas veces, aparece como una nota a pie de página. Cuando yo creo que podría ser de todos los pasajes en el Nuevo Testamento, el texto jamás escrito que define con mayor claridad la seguridad de nuestra salvación.

Ahora, permítame ver si puedo decirle por qué está aquí y por qué digo eso. Pablo básicamente está escribiendo para afirmar el Evangelio. Y su tesis, en los capítulos 3 y 4 es que la salvación viene por la gracia mediante ¿qué? La fe. Y que la fe es todo lo que es necesario para apropiarse de la salvación eterna. Ahora, esto es bastante revolucionario para un judío, francamente, quien ha sido criado en un sistema de justicia por obras para la salvación. En otras palabras, al hacer ciertas obras, él gana el favor de Dios. Y francamente, eso es exactamente como todas las otras religiones del mundo están diseñadas, en base a la bondad del hombre, el hombre viviendo al nivel de algún código religioso, algún estándar ético.

Y entonces, cuando Pablo expresa en el capítulo 3 y en el capítulo 4 que la salvación es un regalo gratuito, que es dado por la gracia de Dios, esto es inmerecido y no es ganado por el hombre y que es apropiado por la fe y la fe únicamente, esto es algo que los hombres encuentran muy difícil de comprender. Porque los hombres básicamente buscan las obras, están involucrados en el mérito humano, en la justicia personal. Están buscando levantarse, exaltarse a sí mismos mediante sus propias fuerzas, sus propias obras. Básicamente, la filosofía de los hombres y las religiones del mundo es esta: yo soy bueno, soy religioso, Dios nunca me enviaría al infierno. Usted lo ha oído muchas veces. Digo, soy una buena persona, soy religioso, hago mi mejor esfuerzo, yo creo y estoy seguro que Dios nunca me condenaría a mí. Y es muy difícil para la gente, que ha sido criada y se le ha enseñado que entran al Reino de Dios por ser buenos o por ser éticos o morarles entender al oír que es sólo cuestión de fe; y particularmente, al judío.

Y debido a que Pablo discute en Romanos con un judío imaginario de vez en cuando, no dudo que eso está en su mente exactamente aquí. Y él ha presentado este tratado largo acerca de Abraham siendo justificado por la fe como una ilustración de la justificación por la fe en el capítulo 3.

Ahora, inmediatamente un judío vas a decir esto: “Pablo, tú dices que la fe es lo único que se necesita para la salvación. Tú dices que la fe es suficiente. ¿Estás seguro de que suficiente? Digo, ¿estás seguro de que entras por fe y eso es todo? Digo, una vez que entras ahí ¿no tienes que mantener algún tipo de estándar? ¿No se demanda que vivas a cierto nivel o la vas a perder? ¿Estás seguro que es por fe y por fe únicamente por lo que entramos y permanecemos? Parece simplificado en exceso. ¿Estás seguro que funcionará? ¿Puede la fe mantenernos salvos? Digo, ¿no tenemos que vivir a cierto nivel? O, ¿Qué hay acerca del juicio futuro? ¿Es la fe suficiente para asegurarnos que vamos a escapar la condenación de Dios en el tiempo del gran juicio? O, ellos pudieron haberlo cuestionado de este modo: ¿Qué mantiene esta salvación por la fe? Si entramos por la fe, ¿qué nos mantiene ahí? ¿Qué nos mantiene ahí?

Y yo creo que ésa es la razón por la que aquí está el capítulo 5, porque Pablo está hablando directamente acerca de ese tema. Porque la pregunta natural que van a tener es demasiado fácil. Digo, simplemente entras y estás adentro y estás adentro para siempre y todo es por gracia y todo por fe y ¿eso es todo? ¿Y sabe una cosa?, algunas veces tenemos el mismo problema. De hecho, si usted anda por todos lados promoviendo la doctrina de la seguridad eterna - esto es que usted es salvo por los siglos de los siglos, para siempre - invariablemente, se va a encontrar con alguien que no cree en eso y preguntará la misma pregunta. “¿Me estás diciendo que puedes volverte un cristiano y hacer lo que quieres?” Y esa es invariablemente la pregunta que harán. Me han hecho esa pregunta cientos de veces. Digo, “cuando te vuelves un cristiano, ¿no hay estándares después de eso?, ¿puedes hacer lo que quieras? ¿Acaso tu salvación no depende de alguna manera de tu obediencia y demás?”

Ese es precisamente el punto del cual Pablo habla en este pasaje. Y él presenta seis grandes eslabones en una cadena que encadena a un creyente verdadero eternamente al Salvador, seis grandes eslabones en la cadena que encadenan a un creyente de manera eterna al Salvador. Y veremos cada uno de estos seis, quizás dos en esta noche, dos en la próxima semana y dos en la semana después. Y son seis grandes verdades, créame. Seis grandes realidades. Y la cadena es tan segura. Digo, después de estas tres semanas, usted saldrá de aquí sabiendo con certeza total que si usted ha venido a Jesucristo, usted le va a pertenecer a Él para siempre. Eso es algo maravilloso que saber. Yo odiaría vivir en inseguridad eterna.

Ahora, hay seis eslabones en la cadena. Y vamos a verlos conforme avanzamos a lo largo del texto. Ahora, permítame decirle otra cosa. Una de las cosas que Satanás hace al atacar a un cristiano es atacarlo en el punto de su certeza de salvación. A Satanás le gusta que dudemos de nuestra redención. Ésa es la razón por la que cuando usted se pone la armadura en Efesios 6, dice “vestíos del yelmo, del casco de la salvación”. Y Pablo, al escribir a los tesalonicenses, definió eso aún más al llamarlo “el yelmo de la esperanza de la salvación”. ¿Por qué? Porque Satanás quiere asestar golpes devastadores en contra de su cabeza en el área de la duda. Dudar que usted realmente salvo, dudar que usted realmente es redimido, dudar que Dios realmente lo tienen la palma de Su mano para siempre. Dudar que usted realmente le pertenece a Dios. Quiere que usted crea, de alguna manera, que usted de alguna manera ha perdido su redención; y entonces, él irrumpe en contra de usted al hacerlo sentir inseguro, intimidándolo. Y entonces, usted debe ponerse el casco de la esperanza o la confianza de que usted realmente es redimido. Y quiero ayudarlo a que usted se ponga el casco nuevamente y mostrarle por qué usted puede saber que le pertenece a Dios para siempre.

Primer eslabón, versículo 1: “Justificados, pues.” Y esto depende del estudio pasado, de la justificación por la fe. Debido a que hemos sido justificados por la fe y todo lo que está involucrado, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios.” La primera gran realidad que me afirma como creyente que estoy eternamente seguro en mi salvación es que estoy en paz con Dios.

Esto, quiero que sepa esto, he estado luchando toda la semana, para tratar de expresar en palabras lo que siento en mi alma acerca de esto. Así que espero que sea paciente conmigo mientras me esfuerzo por expresar con palabras el efecto profundo que esto ha tenido en mí esta semana.

La palabra “pues” nos lleva de regreso, nos ancla al cimiento que ha sido establecido en los capítulos 3 y 4: la justificación por la fe. Estar bien con Dios a través de la fe en Su Hijo Jesucristo. Ahora eso inicialmente no lleva a la salvación. Usted cree en el señor Jesucristo y usted es llevado a la salvación. Y al entrar en esa salvación, usted llega a la herencia de una eternidad llena de bendición. Y no puede ser que Pablo no tenga tiempo o entendimiento para hablarnos de todas las bendiciones que son nuestras en Cristo; sino que una de ellas es que estamos seguros en esa relación porque tenemos paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.

Ahora, ¿qué es esta paz? ¿Qué estamos diciendo cuando hablamos de la paz con Dios? Bueno, algunos han sugerido que significa que tenemos tranquilidad mental; que en cierta manera tenemos un sentido psicológico de seguridad, tenemos una especie de sentimiento positivo acerca de estar seguro. Digo, y eso es algo bastante subjetivo, pero esa no es toda la intención de este pasaje. Esto no es subjetivo, esto es objetivo. No habla de sentimientos. Habla de una relación. Los sentimientos no son el tema aquí. Dice que tenemos “paz con Dios”.

Ahora, si tenemos paz con Dios debido a la salvación, ¿que teníamos antes de la salvación? Una palabra simple. ¿Qué es lo opuesto de la paz? Guerra. Ahora, Cristo ha cambiado dramáticamente nuestra relación con Dios; y de eso está hablando. Estábamos en guerra, por así decirlo. Dios era nuestro enemigo y nosotros éramos su enemigo. Pero debido a la justificación por la fe, hemos sido llevados a una relación de paz, verdadera paz. Paz real. Y esa paz no es una actitud. No es una actitud en absoluto. No es una tranquilidad psicológica. No es tranquilidad de mente. No es un tipo de sentimiento subjetivo. Es simplemente que la guerra entre nosotros y Dios se acabó. ¿Entiende usted eso? La guerra se acabó.

Ahora, es en este punto precisamente que creo que la mayoría de la gente no entiende el punto de este texto. Porque la gente siempre dice ‘oye, nunca estado en guerra con Dios. A mí me cae bien Dios.’ Pero la Biblia dice que antes de que usted venga Cristo, usted está guerra con Dios. Y algunas personas podrían decir ‘bueno, espera un momento, yo soy religioso y no tengo nada en contra de Dios, yo creo en Dios e inclusive estoy preocupado por lo que Él piensa. Yo no me veo a mí mismo como un enemigo de Dios. No me veo a mí mismo involucrado de manera activa en ir en contra del Reino de Dios. Yo no me veo a mí mismo de manera abierta en ir en contra de Su plan divino y Su propósito y Su voluntad. Yo no me veo en guerra con Dios.’

Eso es correcto. Estoy de acuerdo con eso. Y ése no es el tema. El tema no es que usted esté en guerra con Dios. ¿Sabe cuál es el punto? Dios está en guerra con usted. Eso es diferente, ¿verdad? Porque usted podría decir “bueno, yo no me veo a mí mismo peleando contra Dios. Yo no hago nada para pelear en contra de Dios abiertamente.” Ése no es el punto. Dios es su enemigo, sea que usted sea conscientemente Su enemigo o no. Y Su plan es este: usted es tanto Su enemigo y Él está en guerra con usted a tal punto que algún día lo va a tomar a usted y lo va a arrojar a un lago de fuego eterno para que usted se queme por los siglos de los siglos. A ese grado Dios está en guerra con usted. Y sea que usted entienda que está en guerra con Él o no, usted debe entender que su guerra es con usted. Y eso lo coloca a una luz diferente, ¿no es cierto?

Como puede ver, Dios está en guerra con el pecador. Dios es enemigo del pecador. Dios pelean contra del pecador. Dios es el enemigo del pecado. Dios es el enemigo de Satanás. Y por cierto, si usted no es hijo de Dios, usted es hijo de Satanás y usted pertenece al reino de Satanás y Dios está en guerra con ese dominio. Y ese es el punto.

Usted dice, ‘yo no estoy enojado con Dios’. Eso está bien. Dios está enojado con usted. ‘No estoy haciendo nada para dañar a Dios.’ Eso está bien. Dios lo va a enviar al infierno eterno. Como puede ver, ése es el punto. Dios está en guerra con los hombres estén conscientes de su enemistad hacia Él o no. De hecho, el trasfondo de este concepto de la paz es Romanos 1 y 2. Y eso nos habla de la ira de Dios, ¿no es cierto? Romanos 1:18: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” Como puede ver, es Dios quien está en guerra contra los impíos y los injustos y aquellos que no conocen a Cristo. De hecho, Dios inclusive dice que si usted no abraza a Jesucristo, usted es anatema. Usted está maldecido.

En Éxodo 22:24 dice: “Y Mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.” En Deuteronomio 32 dice: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, Los provocaré a ira con una nación insensata. Porque fuego se ha encendido en Mi ira, Y arderá hasta las profundidades del Seol; Devorará la tierra y sus frutos, Y abrasará los fundamentos de los montes.” Dios está furioso. ¿Y con quién está furioso? Con los pecadores. Con los pecadores. Está enojado.

Josué 23:16: “Si traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que Él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e inclinándoos a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que Él os ha dado.” En 2 Reyes 22:13 dice: “…grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito.”

En Isaías 5, versículo 25 dice: “Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra Su pueblo, y extendió contra él Su mano, y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado Su furor, sino que todavía Su mano está extendida.” En Isaías 13, versículo 9 dice: “He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores.” Por lo tanto, dicen el versículo 13: “Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de Su ira.” Y así continúa a lo largo de Isaías y después en Jeremías.

En Nahúm dice, en ese profeta menor, “Dios es celoso, Jehová se venga, Jehová se venga. Y está furioso. Jehová se vengará de Sus adversarios y guardarán la ira para Sus enemigos.

Entonces, los hombres quizás no están enojados con Dios pero Dios está muy, muy enojado con ellos. Y ésa es la razón por la que son enviados al infierno. Y Él está enojado con ellos debido a su pecado no arrepentido. En Efesios 5, versículo 6 dice: “Ninguno se engañe con vanas palabras porque debido a estas cosas viene la ira de Dios en contra de los hijos de desobediencia.”

Y cuando Jesús viene regresando en Apocalipsis 19: “De Su boca sale una espada filosa y con ella mata a las naciones y gobierna con vara de hierro y pisa el lagar de la ira del Dios todopoderoso.”

Ahora, el resumen de toda esta actitud es mejor expresado en el Salmo 7, versículo 11. Simplemente escúchelo. Esto es lo que dice: “Dios juzga al justo y Dios está airado en contra del impío todos los días.” El punto es que Dios está en guerra con el impío. Son hijos de ira. Son enemigos, dice en Romanos 8:7 y 8. Enemigos de Dios.

De vez en cuando, tengo el privilegio de hacer estudios bíblicos y hacer servicios de capilla para los equipos deportivos profesionales en nuestra ciudad. Y algunos años atrás, cuando George Allen era el entrenador de los Rams, le pregunté a uno de los jugadores cómo se sentía George Allen acerca de estas capillas. Y él dijo ‘oh, George nos dijo un día “mira, yo no sé si hay un Dios, pero si hay uno, me gusta tener estos servicios, porque si hay uno, quiero asegurarme que esté de mi lado.’” ¿Sabe usted algo? Dios no está del lado de los pecadores. Dios no está del lado de los que rechazan a Cristo. Él es su enemigo y Él busca su destrucción.

Ahora, con eso como trasfondo, ¿qué cree que significa cuando dice “tenemos paz para con Dios”? ¿Eso se oye bien para usted? ¿Se oye eso maravilloso para usted ahora? Seguro se oye bien para mí. Tenemos paz para con Dios. Y no es que hayamos hecho algo y lo tenemos desde nuestro extremo. Es algo que los satisfizo a Él. ¿Qué fue? Fue la obra perfecta de Jesucristo. Y Dios derramó Su furia y Su ira en Cristo. Y lo dice al final del versículo 1: “Por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Cristo… Dios fue apaciguado, por así decirlo, ya que toda Su venganza y todo Su enojo y toda Su ira encontró su furia plena con Cristo en la cruz, ¿no es cierto? Y tenemos paz con Dios. Hombre, ¡es tan bueno saber eso! Ése es mi nuevo estatus y fluye de la reconciliación llevada a cabo mediante la obra de Jesucristo. Como puede ver, en Cristo nuestro pecado fue penalizado, por así decirlo. En Cristo, el pago completo se llevó a cabo y Dios fue propiciado, Dios fue satisfecho. El precio fue pagado.

Y esa es la razón por la que dice en Colosenses 1: “Habiendo hecho la paz mediante la sangre de Su cruz.” ¿Se da cuenta? Jesús hizo la paz entre Dios y nosotros a través de la sangre de Su cruz. “Y vosotros que antes estaban aislados y eran enemigos en nuestra mente mediante obras impías.” Él ahora os ha reconciliado en el cuerpo de Su carne mediante la muerte para presentarlos santos e irreprensibles ante Sus ojos.” El acto de Jesucristo cumplió de manera total la paz con Dios a tal grado que desde ahora y para siempre usted es santo, irreprensible a Sus ojos. ¿Por qué? Porque todo pecado por el cual usted debió haber sido castigado, Cristo lo llevó. ¡Maravilloso pensamiento!

Ahora, introducimos entonces en el concepto de la justificación, el concepto de la reconciliación. Y quisiera decirle a aquellos de ustedes que están pensando en teología conmigo, la justificación y la reconciliación se pueden distinguir como términos, pero inseparables como realidad; porque la justificación incluye la reconciliación. Ése es el mensaje del capítulo 5. La justificación incluye la santificación, ése es el mensaje del capítulo 6 y el capítulo 7. La justificación incluye la glorificación, ése es el mensaje del capítulo 8.

Entonces, la justificación, aunque puede ser distinguida en términos simplemente de las palabras de estas otras cosas, es totalmente inseparable de ellas en realidad. Y entonces, cuando usted abraza a Jesucristo por fe y es justificado, inherente en esa justificación no sólo está la glorificación que está por venir, la santificación que inmediatamente comienza su proceso, sino también la reconciliación con Dios. Y entonces, ya no somos el enemigo, sino que somos Sus hijos, somos Sus hijos y Pablo dice, ‘desde adentro de nosotros clamamos “Abba, Padre,” papito, en términos de intimidad.

La ira de Dios hacia nosotros, la cual en últimas nos consignaría al infierno eterno es removida. Y toda Su furia es totalmente absorbida y resuelta en el sacrificio de Jesucristo, ha quedado satisfecha. Y nos quedamos con una relación maravillosa de reconciliación. Es todo a través de Cristo. Simplemente, usted debería subrayar esa línea al final del versículo 1: “Por medio de nuestro señor Jesucristo,” porque todo lo que usted tienes a través de nuestro Señor Jesucristo. Todo.

Dice en Efesios 1: “Porque somos bendecidos. Él los bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús.” Como puede ver, todo lo que es nuestro es debido a Cristo. Todo. Él hizo la paz. Él hizo la paz.

Usted dice ‘Bueno, John, eso es maravilloso. Eso es realmente maravilloso que Él haya hecho eso y nos haya reconciliado con Dios.’ Y en 2 Corintios 5 dice que Él no sólo nos reconcilió con Dios, sino que nos dio el ministerio de la reconciliación. Esto es salir y predicar el Evangelio a otros que necesitan reconciliarse. Reconciliación. Usted dice ‘eso es maravilloso, Él nos trajo a Dios, pero, pero, pero ¿Él nos mantiene en esa relación? Digo, ¿cómo sabemos que eso continúa?’ Y esa es la pregunta de la que quiero hablar por un momento.

Usted verá, Jesús no sólo… Escuche esto, muy importante, Él no sólo nos reconcilió con Dios inicialmente, sino que mantiene esa reconciliación. Y esa es Su obra sumo sacerdotal. ¿Entiende eso? Primera de Juan 1 dice que Él continúa limpiándonos de todo pecado. Como puede ver, la limpieza continua, la intervención como mediador continua, el lavado continuo de nuestro pecado provee para nosotros el que esa reconciliación se mantenga. ¿Lo ve usted?

Entonces, usted tiene dos verdades tremendas que realmente no pueden ser percibidas. Por un lado, estamos en paz con Dios para siempre porque todo pecado que jamás cometeremos ya fue llevado por Cristo. Y entonces, no hay nada que viole nuestra reconciliación, ya que el pecado por el cual deberíamos ser expulsados ya fue pagado y cubierto. E inclusive en el caminar diario en el mundo conforme pecamos, el Señor continúa limpiando y continúa limpiando de tal manera que somos mantenidos en reconciliación, no sólo por el acto pasado de Cristo en la cruz, sino mediante la obra actual mediadora de Cristo a la diestra de Dios. Su ministerio sumo sacerdotal dice que Él vive perpetuamente para ¿qué? Hacer intercesión por nosotros. ¿No es eso maravilloso? Estoy en paz con Dios.

¿Por cuánto tiempo? Mientras que Jesucristo viva. ¿Y por cuanto tiempo vive Él? Perpetuamente. “Quien intercede por nosotros.” Cuando una persona abraza a Cristo por fe el hijo de Dios perfecto hace que esa persona sea una con Dios y él está en paz.

Y hay un corolario que debemos mencionar. No puedo evitar sino pensar en esto. Cuando usted ama al Señor Jesucristo, usted realmente invita una relación de paz con su Padre, ¿no es cierto? Digo, si usted quiere llegar a mí, me a mis hijos, ¿verdad? ¿Y sabe una cosa? En el Salmo 2 el Padre dice “Honrad al Hijo, besad al Hijo para que no se enfurezca.” Y cuando Jesús vino al mundo, el Padre dijo: “Este es Mi Hijo amado. A Él oíd.” A Él oíd. Y a los corintios, el Espíritu de Dios les dice “Mas vale que amen al Señor Jesucristo o serán anatema.” Y en un sentido muy personal y maravilloso creo que cuando amamos al Hijo ganamos el amor del Padre.

El famoso misionero David Livingston pasó un año o dos con cierta tribu en la parte sur de África. Y él fue al interior con su esposa, y tenían un pequeño bebé en ese entonces, a predicarle a otra tribu. Después de que le predicó a esta otra tribu, regresó a la primera tribu y los encontró en situaciones difíciles, porque una tribu vecina había atacado a la tribu donde ellos habían estado por un par de años. Ellos habían matado a muchos de los hombres y capturado al hijo del jefe. Se lo habían llevado.

En el momento en el que Livingston regresó, había venido un mensajero de los invasores que habían capturado al hijo del jefe y estaban rogándole que hubiera paz porque temían la venganza. El jefe de la tribu herida, quien deseaba sólo vivir en paz con sus vecinos, le dijo a David Livingston ¿cómo puedo estar en paz con ellos que tienen a mi hijo prisionero?” Y si esta actitud es verdad en el corazón de un jefe salvaje, ¿cuánto más es verdad de Dios el Padre? ¿Cómo puedo estar en paz con aquellos que pisan la sangre de Mi Hijo?

Pero cuando usted, en amor, viene a Jesucristo, usted busca la paz del Padre. Y debido a que Cristo ha muerto en la cruz para pagar la paga de todo el castigo que usted merece y toda esa paga ha sido satisfecha, toda esa furia ha sido liberada, toda esa ira ha sido satisfecha, Dios puede estar en paz con usted.

Ahora, quiero añadir una nota a eso y creo que es importante decir esto. Yo creo que eso produce en nosotros un sentido de tranquilidad, ¿no es cierto? Quiero decir, eso da paz en mi corazón. Ése no es el significado del versículo, pero hombre, eso con toda seguridad me hace sentir en paz. Eso me da, como lo dijo el teólogo Hodge “un silencio dulce del alma.” Digo, soy un amigo de Dios. Soy un hijo de Dios. Soy un hermano de Jesucristo. Estoy en la familia y Dios está en paz conmigo.

Pablo lo expresó de esta manera cuando escribió Efesios. Él dijo: “Pónganse el calzado o calzaos los pies con el apresto del Evangelio de la paz.” ¿Sabía eso? ¿Qué estaba diciendo él? ¿Qué quiere decir ‘calzaos vuestros pies con el apresto del Evangelio de la paz’? Bueno, un soldado romano, cuando iba a la batalla, se colocaba unas botas con pequeñas cosas que se veían como calzado de fútbol americano, con pequeños clavos que salían de la parte de abajo porque se metía en el combate mano a mano por la vida y la muerte y quería asegurarse de no resbalarse. Y entonces, tenía estos clavos que salían y lo mantenían firme en el suelo. Y él podía golpear y pelear y demás. Y entonces, Pablo dice ‘cuando salgan a la batalla con el enemigo, con los poderes de los demonios y la fuerza del infierno y entre en esa batalla, sus pies deben estar firmemente plantados con lo que tienen en sus pies. Estar preparados con el Evangelio de la paz.’ ¿Y cuál es el Evangelio de la paz? Son las buenas nuevas de que Dios está en paz con usted. ¿Y sabe lo que eso significa? Eso significa que Dios ahora está de su lado. ¿Entendió eso? Y entonces, cuando el enemigo viene, usted debe permanecer firme y decir “Acábalos, Dios.” Porque Dios está de su lado. Dios está de su lado. Esa es la transformación que se ha llevado a cabo en la obra de reconciliación de Jesucristo. ¡Oh, qué lugar tan seguro, Dios está de mi lado!

Usted pregunta qué sucede entonces cuando usted peca. Cuando usted peca, primero que nada, en el pasado fue pagado por Cristo. Se acabó. La furia y la ira que este pecado debe recibir, Cristo ya la recibió. Además de eso, en la actualidad, Él continúa intercediendo en su favor y continúa limpiándolo. Y eso mantiene la paz.

De hecho, en Efesios 2:14, una de mis afirmaciones favoritas de toda la Biblia, él dice de Cristo: “Él es nuestra paz.” Y mientras Él viva para siempre, Él mantendrá esa relación de paz. Escuche lo, amigo. Dios está satisfecho con el sacrificio de Cristo por su pecado, por el pecado de usted, Su ira se fue, usted está en paz y nada puede cambiar esa relación.

Y entonces, Dios dice en Hebreos 8:12: “Seré propicio a sus injusticias y nunca más me acordaré de sus pecados." ¿Y cuándo se va a acordar Dios de sus pecados y sus iniquidades? Nunca. Porque Cristo satisfizo la ira de Dios.

En el capítulo 10 de Hebreos, versículo 17 dice: “Y de sus pecados y sus iniquidades no me acordaré más.” Ahora escuche, el hecho de que usted diga o alguien más diga que usted puede perder su salvación es decir una de las dos cosas o ambas: la obra de Cristo no fue suficiente, tiempo pasado, en la cruz. La obra sumo sacerdotal actual de Cristo tampoco es suficiente. ¿Quiere usted decir eso? Difícilmente.

Segundo eslabón, ¿cree usted que ese fue bueno? Escuche a ver este. Y vamos a llegar hasta aquí. El primer eslabón que nos asegura eternamente al Salvador es paz con Dios. El segundo, es estar firme en la gracia. Estar firme en la gracia. Versículo 2: “por quien,” antecedente, nuestro Señor Jesucristo, “por quien también tenemos entrada.” Encierre esa palabra en un círculo en su Biblia. “Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes.” Deténgase ahí. No estamos entrando y saliendo de la gracia, estamos firmes en ella. No estamos entrando y atravesando por ella. Estamos firmes en ella. Firmes en la gracia. Mi cerebro debe y no puede tocar los límites de esta verdad. ¡Es tan vasta y tan profunda y toda palabra es tan poderosa!

Comienza “por quién.” ¿Por quién? Jesucristo, todo es debido a Él. El pensamiento clave en el texto entero es la obra mediadora de Jesucristo, a través de Su obra mediadora maravillosa. Por Su muerte, Él nos lleva a Dios y a la paz. Y observe esto, y dice: “Por quien también tenemos entrada por la fe.”

Ahora, permítame de tener de nuevo en esta palabra, “entrada”. Es una palabra monumental. Es una palabra asombrosa. Es una palabra que nos sacude. Es una palabra infinitamente incomprensible. Es una palabra que va más allá de la perspectiva de un judío, el llegar a concebir que alguien en la tierra pudiera tener acceso a Dios. ¿Por qué? Porque todo lo que un judío jamás había conocido en toda su vida era que Dios es el totalmente absoluto y absolutamente inaccesible. ¿No sabía él eso? ¿No creía él eso? A lo largo de toda su historia, eso era todo lo que ellos sabían. Y por cierto, la palabra “acceso” aquí, es utilizada tres veces. Es usada aquí, es usada en Efesios 2:18 y 3:12. Y siempre habla de acceso a Dios. Él nos habla de acceso a Dios. Y un judío nunca había sabido eso.

De hecho, ¿qué le pasaba a un judío si se acercaba a Dios? Él habría sido consumido. Si usted regresa, por ejemplo, simplemente le daré una ilustración de esto en el texto, en el capítulo 19 de Éxodo. Usted podría pasar ahí por un momento, Éxodo 19. Dios está dando la ley en el monte Sinaí. Y el versículo 9 dice: “Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, Yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras Yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová. Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.” Versículo 12: “Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.” Digo, Dios va a estar arriba, ustedes van a estar ahí y no se acerquen a Dios o están muertos.

Y el versículo 13 dice: “No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte. Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.” Ninguna relación sexual. “Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.” Ahora se van a reunir con Dios. Es una ocasión contenta, cálida, el lugar entero está explotando como un volcán, relámpagos, truenos, fuego, furia, el pueblo está temblando. Este sonido de trompeta resonando en sus mentes. Se han estado purificando durante tres días. Esta realmente es una ocasión muy importante.

“Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago. Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque Tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago. Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo.”

Ahora, usted puede regresar a Romanos. Digo, esto es algo bastante aterrador, ¿no es cierto? Una cosa que Dios estableció desde el principio conforme sacó a estas personas de Egipto para llevarlos a su tierra es que ustedes no tienen acceso a Dios. Ahora, ¿por qué cree usted que Él quería que ellos supieran eso? Porque Él les estaba enseñando una lección muy importante acerca de Su santidad total y la impiedad total del hombre. Y no había manera en la que hubiera acceso en absoluto. Inclusive cuando Dios estableció el tabernáculo, Él estableció el templo en su lugar, podían llegar hasta cierto punto. Los gentiles podían llegar hasta cierto punto, no más. Las mujeres podían llegar hasta cierto punto, no más. Los hombres podían llegar hasta cierto punto, no más. Los sacerdotes podían llegar hasta cierto punto, no más. Y sólo había un sacerdote que un día al año podía entrar a la presencia de Dios y este fue el sumo sacerdote. Después de todo tipo de limpieza de ritual, él entraba ahí y rociaba la sangre lo más rápido que podía y se salía.

Y la gente que trataba de acercarse a Dios fuera de la prescripción de Dios moría en el acto. Usted piensa en Nadab y Abiú, quienes entraron y ofrecieron incienso o fuego extraño al Señor y cayeron muertos en el momento. Usted piensa en Coré, Datán y Abiram, quienes trataron de funcionar como sacerdotes bajo el Dios altísimo para entrar y acercarse a Dios y el suelo los tragó. Ahora, si ellos sabían algo, sabían que Dios era inaccesible. Sólo el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez al año y eso sólo después de una purificación especial y sólo para salir rápidamente. El acceso, la entrada, no era una palabra en su vocabulario religioso.

Y ningún hombre pecaminoso en la actualidad tiene acceso a Dios. Pero la muerte de Cristo cambió eso. ¿No es eso maravilloso? Como puede ver, ésta es la razón por la que el Evangelio era tan difícil de entender para un judío, verse a sí mismo como entrando corriendo a la presencia de Dios. Ésa es la razón por la que el escritor de Hebreos dice: “Miren, acerquémonos confiadamente al trono de gracia porque Cristo ha abierto un nuevo camino vivo.” Mateo 27:51 dice que cuando Jesús fue crucificado el velo del templo fue rasgado de arriba abajo. ¿Por qué? Por la entrada, acceso a Dios.

Y esa es la razón por la que Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia.” Bueno, antes usted se acercaba Dios y no podía encontrar misericordia y gracia, usted encontraría la muerte.

En Jeremías 32 tenemos una gran enseñanza que refleja el nuevo pacto y ahí dice: “Serán Mi Pueblo y Yo seré su Dios. No me volveré de ellos, de hacerles bien sino que colocaré Mi temor en sus corazones y no me apartaré de ellos.” Serán Mi pueblo y Yo seré su Dios y continuaré haciéndoles bien y continuarán, dice Él, acercándose a Mí.

En el décimo capítulo de Hebreos, no lo puedo resistir, uno de mis capítulos favoritos en la Biblia, particularmente desde el versículo 19 en este capítulo. Él dice: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de Su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos .” ¿No es eso maravilloso? Acceso, entrada.

Entonces, entrada o acceso es una palabra rica. Por cierto, la palabra secular de esa palabra en el griego con frecuencia se refiere a un lugar de refugio o a un muelle para una nave, un barco en problemas. Dios entonces se convierte en un lugar de refugio, un muelle para nosotros en la aflicción.

Ahora, cuando entramos ahí, ¿qué hemos encontrado? Obsérvelo, versículo 2, tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes. Esto va más allá de nuestra imaginación. Tenemos entrada a la gracia. Cuando entramos a la presencia de Dios, estamos firmes en la gracia. Esa es la razón por la que dice: “Acerquémonos confiadamente para obtener gracia.” Porque cuando entramos, estamos firmes en la gracia. “Estar” significa sólo eso, histēmi, estar firme, estar sólido, estar fijo, permanecer. Y estamos permaneciendo en un estado de gracia.

Ahora, ¿qué es gracia? ¿Qué es gracia? Es favor inmerecido, ¿verdad? De hecho, si usted quisiera una definición de la gracia, esto es lo que yo diría: el favor inmerecido de Dios mediante el cual Él nos salva y nos hace justos únicamente en base a Su amor soberano y no debido a alguna dignidad en nuestra parte; y a pesar de nuestro pecado, debido al sacrificio perfecto de Jesucristo. Digo, Él nos salva por la gracia lo cual significa que no tuvimos nada que ver con ello. Y una vez que entramos ahí, estamos firmes en la gracia. Esto es tan importante, estar firme en la gracia, porque la gracia significa que Él nos da lo que nosotros no ¿qué? Merecemos.

La gente piensa ‘bueno, fuiste salvo por la gracia, pero hombre, vas a permanecer ahí por la ley.’ No, no. Fuiste salvo por la gracia ¿y ahora tienes que guardar reglas para mantenerte ahí, tienes que guardar la ley y si quebrantas la ley estás fuera? No. Esto dice “estás firme en la gracia, estás firmemente fijado, fijo en un ambiente de gracia y la gracia es el perdón inmerecido de Dios hacia el pecado.” Creo que Judas lo dijo en el versículo 24. Simplemente escuche esto, es tan maravilloso. “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de Su gloria con gran alegría.” ¿Sabe una cosa? ¿Sabe lo que la obra sacerdotal de Cristo hace? Cuando usted entra, usted está firme en la gracia y ése es el perdón continuo de gracia, inmerecido, que usted no se ha ganado de Dios a favor usted por sus pecados. Continúa. Es una obra de gracia. Y la gracia es aquello que perdona. Y debido a eso, Él es poderoso para guardarlo a usted de caer. Estamos firmes en la gracia, custodia segura.

Permanecemos. Eso es lo que Juan 15 quiere decir cuando dice ‘permanecer en Cristo’. Permanecemos en el ambiente de la gracia. Estamos tan seguros ahí. ¿Qué tiene que hacer para ser expulsado de la gracia? Usted no hizo nada para entrar ahí, usted no puede hacer nada para salir de ahí. Usted dice ‘bueno, si usted peca mucho, va a ser expulsado de ahí.’ No. Porque donde el pecado, Romanos 5 y 6, donde el pecado abunda, ¿qué sucede? La gracia abunda mucho más.

Como puede ver, no hay salida porque si usted está firme en la gracia, la gracia sólo puede funcionar donde hay fracaso, ¿verdad? Maravilloso pensamiento. Esa es la razón por la que usted está tan seguro. Si hubiera un lugar para la ley, si fuera un lugar para guardar las reglas, usted estaría afuera y yo también. Si sus pecados lo expulsaran, eso no es gracia. Pero por gracia es usted salvo.

Y Romanos 5:20 dice: “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.” ¡Oh, qué gran pensamiento! Como pueden ver, amados, esos dos eslabones, digo eso sería suficiente, ¿no es cierto? Tenemos paz con Dios. Ahora, si usted va a discutir con eso, entonces tendría que decir: uno el sacrificio de Cristo no fue adecuado para cubrir todo su pecado y mantener la paz y el mantenimiento de esa paz va más allá de la capacidad de Jesucristo, quien vive perpetuamente para hacer intercesión por usted y usted realmente está negando quién Cristo es y lo que Su obra es, pasada y presente. La paz con Dios sería suficiente.

Pero simplemente para añadir a lo que el Señor dice, no solamente eso, usted está firme en la gracia. Y la gracia sólo puede operar en donde hay pecado porque es un favor inmerecido, es perdón inmerecido. Y entonces, cuando usted peca, opera. Funciona. Entonces, usted es mantenido en un estado de gracia. Gran verdad. Gran verdad. La obra sumo sacerdotal de Jesús ser está llevando a cabo en este momento y mantiene la paz y mantiene la aplicación de la gracia para nosotros.

Vamos a ver esto más adelante en el versículo 10, pero simplemente, no puedo resistir el señalárselo en este momento. Esto es tan bueno. Observe el versículo 10. Esto en cierta manera resume lo que dijimos. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo.” Ahora, deténgase ahí por un momento. Si la muerte de Cristo pudo hacer paz con Dios. Si la muerte de Cristo pudo reconciliarlo a usted con Dios, “mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por Su vida.”

En otras palabras, si un Salvador muriendo podía llevarlo a usted a Dios, ¿no cree usted que un Salvador viviente podría mantenerlo a usted ahí? Gran verdad. Cuanto más si un Salvador muerto puede redimirlo, ¿cuánto más puede un Salvador vivo mantenerlo a usted? Y como puede ver, esa es la obra sumo sacerdotal de Jesucristo. Y Él continuamente a favor nuestro va al Padre.

Como Lucas 22, cuando Él ve a Pedro y dice: “Pedro, Satanás ha deseado tenerte a ti.” Y después, Él dice esto: “Pero Yo he orado por ti.” Yo he orado por ti y cuando esta pequeña prueba se acabe, vas a salir bien. Y Él nos da un pequeño vistazo para que sepamos cómo es que Él mantiene el lugar de Su pueblo en relación con Dios. Él opera a favor de Pedro. Y entonces, Él nos asegura. Y estamos en paz con Dios. Y estamos firmes en la gracia. Y Cristo intercede para mantener la paz viva y para mantener nuestra posición.

Arthur Pink, creo yo, tiene una gran afirmación. Él dice, y cito: “Es absoluta y totalmente imposible que la sentencia del Juez divino jamás sea revocada o revertida. Con mayor velocidad los relámpagos de la omnipotencia sacudirán a La Roca de las Edades que aquellos que están refugiándose en Él de nuevo serán traídos bajo condenación.” Fin de la cita. No puede pasar. El Juez emitió un veredicto y permanecerá para siempre.

Pablo dice: “Yo sé a quién he creído y estoy seguro que es poderoso para guardar.” Para guardar. Esa es 2 Timoteo 1:12. Estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para ese día. Confianza en Dios.

En Hebreos, y simplemente voy a cerrar. En Hebreos 10, observe esto y vamos a llegar a una gran conclusión. Hebreos 10:10. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. No es como el sacerdocio antiguo. Y ciertamente, todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” Él nos ha perfeccionado para siempre.

Pero el remate de todo esto está en Romanos, capítulo 8, versículo 31. Escuche esto: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,” en otras palabras, si Dios nos dio lo mejor que tenía, Su Hijo, “¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?” En otras palabras, si Él nos dio el regalo supremo en Su Hijo para redimirnos, ¿no cree usted que Él va a dar lo que lee se necesite por guardarnos? Eso ciertamente es menos que Su Hijo.

Y después, versículo 33: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” ¿Cree usted que el Juez que dijo que éramos libres del juicio y nos libró va a revertir Su veredicto? En absoluto. No hay una corte más elevada que la de ese Juez. Y si Él ya nos ha dado el regalo supremo de Su Hijo para redimirnos, ¿acaso no nos dará dádivas menores para guardarnos?

Entonces, el estado de paz con Dios y el estado de estar firmes en la gracia no es un estado de riesgo. Estamos sobre suelo firme. Él nos sostiene. Él es su lado. Maravilloso. Nuestro lado es que nosotros perseveramos. Obedecemos. Andamos en obediencia. ¿Por qué? Ahora escuche con atención, porque parte de guardarnos a nosotros es capacitarnos por Su Espíritu para caminar en obediencia. Esto es tan importante. Entonces, cuando usted ve a alguien que usted cree que es cristiano y de pronto se aparta, 1 Juan 2:19 dice que “salieron de nosotros porque no eran de nosotros. Porque si hubieran sido de nosotros habrían permanecido con nosotros.” ¿Por qué? Porque Dios no sólo guarda a aquellos que son Suyos desde Su lado, sino que Él implanta el Espíritu en ellos y les da el poder por el Espíritu para perseverar, para caminar en obediencia.

Entonces, si usted quiere atacar la seguridad del creyente, usted está atacando, en primer lugar, a Dios. Usted está diciendo que Él cambió Su veredicto. En segundo lugar, usted está atacando a Cristo. Usted está diciendo que Su obra en la cruz fue inadecuada, Su obra sumo sacerdotal no puede mantenernos. Y después, usted está atacando al Espíritu Santo al decir que Él no tiene la capacidad de hacer que el creyente persevere. Y una desacreditación de la Trinidad entera se encierra en una negación de la seguridad del creyente. ¿Lo hace esto sentirse seguro? Ésas sólo son dos de seis.

Horatio Bonar, el gran Santo de Dios, escribió estas palabras majestuosas. Se las leo en la conclusión: “Tus obras, no mías, oh Cristo, hablan gozo a este corazón. Me dicen que todo está hecho, despiden a mi temor. A quien más que a Ti acudiré, Señor. El único que puede expiar el pecado. Tus dolores, no los míos, oh Cristo, sobre el árbol vergonzoso han pagado el precio completo de la ley y han comprado la paz para mí. Tus lágrimas, no las mías, oh Cristo, han lavado mi culpabilidad y me han llevado a un día bendito. Tus cadenas, no las mías, oh Cristo, me han desatado de mi cadena y me han soltado de las puertas de mi prisión para que nunca sea esclavizado más. Tus heridas, no las mías, oh Cristo, pueden sanar mi alma herida. Mi alma golpeada. Tus heridas, no las mías, contienen el bálsamo que me restaura. Tu sangre, no la mía, oh Cristo, Tu sangre, derramada tan libremente, puede limpiar mis manchas más oscuras y limpiar mi culpabilidad. Tu cruz, no la mía, oh Cristo, ha llevado la carga terrible de pecados que ni el cielo ni la tierra podían llevar más que Dios. Tu muerte, no la mía, oh Cristo, ha pagado la recompensa que se debía. Diez mil muertes como las mías habrían sido demasiado pocas. Tu justicia, oh Cristo, sólo la Tuya puede cubrirme. Ninguna justicia me puede salvar a menos de que sea la Tuya. Sólo Tu justicia puede vestir y de manera hermosa. Y la enredo mi alma; en esto vivo y muero.” Oremos.

Padre de gracia, ¡qué día tan bendito! Oh, qué gran confianza ha inundado nuestros corazones conforme vemos que estamos en paz con Dios y que estamos firmes en gracia. Gracias por eso. Llena nuestros corazones de gratitud. Levantad nuestras almas en alabanza a Ti. Nosotros, que no merecemos ni siquiera el acceso inicial. No merecemos ser guardados en ese lugar para que algún día seamos presentados sin mancha, irreprensibles ante Ti. ¡Oh, gracias! No sólo por la obra de redentora de Cristo en el pasado, sino por la obra sumo sacerdotal de Cristo en el presente, en la actualidad, que continúa limpiando. Gracias porque estamos en paz. Gracias porque estás de nuestro lado. Gracias porque Tú eres nuestro defensor, nuestro amigo a través de nuestro Señor Jesucristo, en cuyo nombre oramos. Amén.

 

 

 

 

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