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Abra su Biblia, si es tan amable, en Romanos, capítulo 5. ¡Qué gozo hay en mi corazón al ver una gran congregación como esta, una iglesia llena para el estudio de la Palabra de Dios! Tan emocionante. Y estamos viendo un gran, gran capítulo. Es un capítulo que va más allá de mí en muchas maneras. Sus riquezas son tan profundas. Pero qué emocionante ha sido nuestro estudio limitado, general, del primer versículo y medio que comenzamos la semana pasada.

Básicamente, el mensaje de los primeros 11 versículos de Romanos 5 es muy simple. Y no voy a encubrirle nada. El mensaje es que usted no puede perder su salvación. Su salvación es eterna. Es para siempre. Por los siglos de los siglos. Es incambiable.

Pedro dice en 1 Pedro 1:5: “Somos guardados por el poder de Dios.” ¡Qué gran afirmación! Somos guardados por el poder de Dios. De toda la verdad cristiana, sin duda alguna la verdad más confortante, que mayor certeza trae a nuestra vida, más confianza y más gozo trae es la verdad de que nuestra salvación es para siempre. Esa es una realidad tremendamente emocionante; el gozo del creyente y el consuelo del creyente realmente depende del sentido certeza de la salvación. Y entonces, Pablo está afirmando eso en este gran texto de Romanos 5. Es el corazón del pasaje que nuestra salvación, nuestra justificación por la fe es segura en el poder de Dios.

Ahora, como señalamos la última vez - y no quiero tomar mucho tiempo en nuestra introducción porque hay tanto aquí - pero la última vez señalamos que este tema encaja en el flujo del pensamiento de Pablo en Romanos. Usted recordará que el comienza en la epístola de Romanos al hablar de la ira de Dios en contra de los hombres pecaminosos. Y después, él ofrece un escape de la ira de Dios. La ira de Dios es desarrollada en el capítulo 1, capítulo 2 y primera mitad del capítulo 3. Y después, el escape es presentado en la segunda mitad del capítulo 3 y el capítulo 4. Y él dice que si usted cree en la persona y obra del Señor Jesucristo, si simplemente cree, mediante la fe salvadora genuina, usted es justificado o llevado a una posición correcta delante de Dios. No hay obras involucradas. No hay un esfuerzo personal involucrado, no hay un esfuerzo humano involucrado. Es cuestión de creer lo que Dios ha hecho en Cristo. La justificación por la fe, estar en una posición recta delante de Dios al creer en Jesucristo.

Ahora, eso parece ser tan increíblemente simple para el judío, que habría sido muy difícil para él oír esto. Porque como puede ver, él básicamente había sido criado en un sistema de obras. Inclusive habría sido increíble para un gentil que ha sido criado con una religión de mérito humano, lo cual es toda la religión falsa. Y oír que lo único que necesita hacer es creer en el Señor Jesucristo y puede estar bien con Dios para siempre es más de lo que ellos habrían podido esperar. Y entonces, la pregunta natural que sigue a eso es que usted se va a decir a sí mismo ‘bueno, hombre, esto parece tan simple. Demasiado, demasiado, demasiado claro, demasiado fácil. Tiene que haber más que tan sólo creer.’ Y entonces, usted se hace la pregunta si esto es suficiente. Si lo único que tengo que hacer es creer, ¿realmente eso me puede salvar? ¿Me puede guardar? ¿Eso va a ser suficiente en el día del juicio cuando esté delante de un Dios santo y es momento de descubrir cuál es el verdadero asunto de la eternidad? ¿Acaso mi fe en Jesucristo únicamente me va a mantener en pie ahí y voy a sobrevivir al juicio?

Y esta es la razón por la que en el capítulo 5, Pablo habla de este tema. Porque cualquier persona que es un nuevo convertido y viene a Cristo a través de la fe, de manera natural va a hacer la pregunta: ¿por cuánto tiempo será esto bueno? ¿Cómo lo mantengo? ¿Hay algo que puedo hacer para perder esto? ¿Ahora que tengo esto, es mío para siempre? Y esa es la razón por la que él se enfoca en el tema de la manera en la que él lo hace. Y eso no nos sorprende.

Observe conmigo por un momento Efesios capítulo 1 y le mostraré un paralelo. En Efesios, el apóstol Pablo comienza desarrollar las grandes realidades del Evangelio. Y en el versículo 13, él habla del Evangelio de vuestra salvación. “En quien también vosotros después de que creísteis fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” Entonces él aquí está hablando acerca de su salvación y el Evangelio que lo salvó; y que cuando fueron salvos, se les dio el Espíritu Santo. Y después, él dice: “Cuando han sido salvos a través de creer y han recibido a Jesucristo, se les dio el Espíritu Santo quien los selló,” los selló de manera auténtica como la posesión permanente de Dios. Y el versículo 14 dice: “El Espíritu Santo se volvió el arrabōn o las arras o el anillo de compromiso o el enganche o la garantía de que un día usted, en últimas, va a llegar a la gloria plena.

En otras palabras, la dádiva del Espíritu Santo es en un sentido la garantía. Una verdad muy importante. Ahora, observe esto. Él expresa el Evangelio de salvación en el versículo 13 y 14 en su totalidad. Si usted cree, usted recibe a Jesucristo, a usted se le da el Espíritu Santo y demás. E inmediatamente él dice: “Después de oí de vuestra fe en el Señor Jesús, oí que se convirtieron y la demostración de su amor a los santos comencé a orar continuamente por ustedes.” ¿Y por qué oró? “Oré porque el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de Gloria, les diera algo”. ¿Qué es? ¿Qué es lo que más necesita un cristiano? ¿Qué es lo que usted querría que se le diera en primer lugar a un nuevo creyente en Cristo? ¿Cuál sería su primera petición de oración? Aquí está: “Oro porque el Padre de Gloria os dé el Espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él para que los ojos de vuestro entendimiento sean alumbrados y sepan cuál es la esperanza de Su llamado y las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos.”

En otras palabras, quiero que puedan comprender lo que es suyo al estar en Cristo. Quiero que tengan la esperanza de Su llamado. En otras palabras, que lo que Él ha comenzado en su vida, en últimas, Él va a cumplir. Eso es la esperanza. Y las riquezas de la gloria venidera de la herencia prometida a los santos. Entonces, Pablo dice, ahora que sé que son salvos, estoy orando por ustedes; y mi primera petición es que ustedes entiendan que su salvación es para siempre; y que ustedes tienen una esperanza y tienen una herencia y una gloria venidera.

Entonces, no nos sorprende, regresando a Romanos 5, que Pablo en Romanos hace esencialmente lo mismo. Él habla del asunto del Evangelio de salvación en los capítulos 3 y 4; y después, en el capítulo 5, él realmente afirma el hecho de que esta salvación es para siempre.

Ahora, el apóstol nos das seis grandes eslabones en la seguridad del creyente. Seis eslabones en la cadena que nos atan al Señor para siempre, seis grandes realidades. Él dice aquí que tenemos paz con Dios, estamos firmes en la gracia, tenemos esperanza de gloria, tenemos posesión de amor, tenemos certeza de liberación y tenemos gozo en Dios. Y cada uno de esos actos, como yo lo veo, es como un eslabón en la cadena que de manera eterna nos asegura a Cristo. Y entonces, cuando el enemigo lo ataca con duda y comienza a dudar si usted realmente salvo o no, cuando comienza a cuestionar eso, puede regresar a las realidades prometidas de este pasaje en particular.

Ahora, recuerde las primeras dos que vimos la última vez. La primera está en el versículo 1: “Justificados pues por la fe.” Esto es a través del acto de creer en Jesucristo, eso es todo lo que está involucrado en la salvación desde el punto de vista humano. Simplemente creemos. A través del acto, tenemos en primer lugar, paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.

Y como señalamos la última vez, como dice el Salmo 7:11: “Dios está airado con el impío todos los días.” Dios está en guerra con los hombres sea que los hombres estén de manera consciente en guerra con él o no. Algunas personas dicen ‘bueno, no sé cómo puedo hacer la paz con Dios. Nunca he estado enojado con Él. Nunca he estado en guerra con Él.’ Bueno, ése no es el punto. El punto es que Él está en guerra con usted porque usted es un pecador y usted es un objeto de Su ira. De hecho, Él llama a tales personas ‘hijos de ira’ en Efesios 2:3. Cristo viene a esto; Cristo lleva la ira de Dios en la cruz. Cristo es el sustituto que recibe el castigo que debemos recibir. Él recibe la furia, el enojo y la venganza de Dios en contra del pecado a favor nuestro.

Y entonces, tenemos paz con Dios. Y dice en Isaías 32:17: “La obra de justicia será paz y el efecto de la justicia será tranquilidad y certeza para siempre.” Entonces, cuando Cristo lleva a cabo Su obra de justicia, Él trae paz con Dios. Y eso significa que estamos en paz con Dios. Y así será para siempre porque Dios ha derramado toda Su ira ya en el Señor Jesucristo.

En segundo lugar, dijimos que estamos firmes en la gracia, versículo 2: “Por quien también” -esto es por Jesucristo – “tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes.” Hablamos de esa palabra entrada o acceso. Cristo nos ha dado entrada a Dios, acceso. Cristo nos ha dado acceso a Dios. Y conforme abrimos la puerta que es el acceso y entramos al Reino, nos encontramos estando firmes en gracia. La gracia es un lugar en donde todo pecado es perdonado. La gracia es un lugar en donde todo pecado es olvidado debido a lo que Cristo ha hecho en la cruz y debido a que Él vive para siempre para hacer intercesión por nosotros. Entonces, Jesús abre la puerta a Dios. Y ahí entramos, no encontramos ninguna condenación, ningún juicio, ninguna venganza; sino que únicamente y de manera incesante, encontramos gracia.

Ahora, en este punto -y necesito hablar de esto- alguien podría mencionar un pasaje de las Escrituras y decir ‘bueno, puedes estar en la gracia pero puedes caer de la gracia’. Y esto con frecuencia es el argumento de las personas que quieren negar que nuestra salvación está segura. Ellos dicen ‘bueno, pueden caer de la gracia’. Y apuntan a una Escritura y quiero que pase ahí, Gálatas 5:4. Gálatas 5:4. Y ahí dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Y la gente dice, ‘como puedes ver, ahí muestra que puedes caer de la gracia.’

Es correcto, lo dice. Pero note a quién se lo dice. Se lo dice a la gente que trata de ser salva por la ley. Usted regresa al versículo 2: “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.” En otras palabras, si crees que puede ser salvo por la cirugía, si crees que puedes estar bien con Dios mediante algún tipo de operación física, entonces de nada os aprovechará Cristo. No lo necesitan. No les sirve de nada. Él es inútil para ustedes porque ustedes pueden ser salvos por su cirugía.

Y después en el versículo 4 él dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” En otras palabras, si ustedes piensan que pueden estar bien con Dios mediante el hecho de que ustedes guarden la ley y su justicia personal y sus propias obras religiosas, entonces, de la misma manera, Cristo es inútil para ustedes y éste es el tipo de personas que han caído de la gracia. ¿Qué significa? Significa que usted ha caído del principio de gracia de la salvación.

Realmente, no está definiendo a cristianos en términos de la salvación. Está definiendo a no cristianos, personas que vienen a Dios, por así decirlo o intentan venir a Dios de alguna u otra manera que no sea a través de la gracia. Ustedes han caído, por así decirlo, han caído del verdadero principio. Y el verdadero principio que salva es gracia. Y no está enseñando que un cristiano que está firme en la gracia puede caer de la gracia. El contexto sería totalmente diferente a ese contexto. Nosotros, los que somos salvos a través del Espíritu, versículo 5, esperamos la esperanza de la justicia por la fe, no por la ley. Entonces, simplemente caer del principio de la gracia como un camino de salvación. Ahora, la muerte de Cristo entonces, nos provee estas dos cosas: paz con Dios y estar firmes en la gracia.

Ahora, quiero mostrarle el tercer eslabón y no sé si vamos a acabar esto. Tenía la intención de hacer dos a la vez, pero esto es tan rico. El tercer eslabón, versículo 2 de nuevo: “Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos,” o nos exaltamos, o nos jactamos, de hecho, “en la esperanza de la gloria de Dios.” El tercer eslabón en nuestra seguridad es esperanza de gloria.

Estamos seguros porque tenemos paz con Dios. Estamos seguros porque estamos firmes en la gracia. Y estamos seguros porque se nos ha dado la esperanza de gloria. En otras palabras, para expresarlo de otra manera, Dios nos ha prometido gloria futura, ¿verdad? Él prometió. ¿Guarda Dios Sus promesas? Él es el Dios que no puede mentir. Y nosotros entraremos en esa gloria en el futuro.

Observe Romanos capítulo 8, versículo 28: “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a Su propósito son llamados.” Ahora observe esto: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo.” En otras palabras, si Él preestableció una relación de amor con un individuo y Él los predestinó, Él no sólo los predestinó para entrar, Él los predestinó en últimas para ser a la imagen de Cristo.

Ahora, observe esto. Entonces, Él no está predestinando del inicio, Él está predestinado el fin. ¿Entiende usted eso? Somos predestinados no a comenzar sino que somos predestinados a terminar. No somos predestinados a ser incompletos sino predestinados a ser completos.

Y entonces, en el versículo 30: “Y a los que predestinó, a estos también llamó. Y a los que llamó, a estos también justificó. Y a los que justificó, a estos también glorificó.” No hay pérdida, porque si usted para comenzar es predestinado, usted es predestinado para terminar. Si usted ha sido predestinado para comenzar, usted ha sido predestinado para terminar. Si usted ha sido predestinado para estar en Cristo, usted es predestinado para ser como Cristo. ¿No es eso una verdad maravillosa? Como puede ver, es la realidad segura de la esperanza del creyente y la doctrina de la seguridad está basada en la esperanza de gloria.

Ahora, en este punto, quisiera detenerme y unir a estos tres porque necesitan ser unidos. La seguridad del creyente en primer lugar está anclada en el pasado. Cristo hizo la paz con Dios. Y después, la seguridad del creyente está anclada y mantenida en el presente. Estamos firmes en la gracia. Y Cristo vive perpetuamente para interceder a favor nuestro. Y después, la seguridad del creyente está anclada en el futuro ya que nuestra gloria futura está garantizada ya que hemos sido redimidos para exaltarnos en la esperanza de la gloria definitiva. Y entonces, pasado, presente, futuro; todo se une para asegurar al creyente.

Ahora, observe conmigo la frase misma “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” La palabra “gloriamos,” como dije, kauchaomai es una palabra que básicamente es una jactancia de confianza o una jubilación exaltante. Es una palabra muy fuerte, se refiere a regocijarse, creo, en el nivel más alto. Realmente nos regocijamos en un futuro seguro, ¿no es cierto?

Digo, ése es nuestro gran gozo. Nuestro gran regocijo. Estamos en paz con Dios debido a la obra terminada de Cristo en el pasado, estamos firmes en la gracia debido a Su obra intercesora en el presente y no tenemos temor del futuro debido a Su declaración definitiva que Él dijo: “Todo lo que el Padre me da vendrá a Mí y no he perdido a ninguno; sino que lo resucitaré en el día postrero.” ¿No es eso maravilloso? Juan 6.

Entonces, el cristiano tiene un futuro seguro. Nos gloriamos en un futuro seguro. Y eso es de lo que nuestra esperanza habla en este pasaje. De hecho, dice, creo que en 1 Timoteo 1:1: “Nuestro Salvador quien es nuestra esperanza.” Él es nuestra esperanza. Porque somos uno con Él tenemos esperanza. Yo creo que Pedro se está refiriendo a ello en 1 Pedro 1. Versículo 18 dice: “Fuisteis redimidos no con cosas corruptibles como oro y plata de vuestra vana manera de vivir anterior, recibida por tradición de vuestros padres, sino que fuisteis redimidos con la sangre preciosa de Cristo como de un Cordero sin mancha y sin contaminación quien fue predestinado desde antes de la fundación del mundo pero fue manifestado en estos días postreros por vosotros quien por Él creéis en Dios, quien lo resucitó de los muertos y le dio gloria para que vuestra fe y esperanza esté en Dios.” La idea es que si Dios resucitó a Jesús de la tumba, entonces podemos confiar en que Él nos resucitará por la misma promesa.

Jesús oró en Juan 17, versículo 22 esa oración maravillosa. Él simplemente dijo: “La gloria que Tú me diste, Yo les he dado a ellos.” Y en ese punto, todavía era un cumplimiento futuro en su totalidad. Pero tenemos la esperanza de gloria, la esperanza de la glorificación definitiva. Entonces, nuestro regocijo en la gloria futura no está basado en nuestra propia dignidad, no está basado en nuestra propia capacidad de mantenernos salvos, está basado en la promesa y el poder de Dios.

Ahora, observe el final del versículo 2. “No lo gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” Si usted me conoce muy bien y ha estado aquí por un tiempo en Grace Community Church, usted sabe que ése es uno de mis temas favoritos; y me veo tentado a hacer una serie de unos tres meses en este punto de la gloria de Dios. Ese fue el descubrimiento que más cambió mi vida en todo mi peregrinaje cristiano, cuando descubrí la realidad del significado de la gloria de Dios. Y si usted realmente no lo ha estudiado, escuche la serie de cintas que hicimos acerca de glorificar a Dios. Y la cinta en particular del tema más importante: “la gloria de Dios” y usted entenderá la importancia de eso.

Pero permítame ver si puedo darle un sentido de lo que significa en ese texto. Y no puedo cubrirlo todo, tiene facetas maravillosas, únicas de significado. Pero, por aquí y ahora, de lo que realmente está hablando es de la gloria de Dios básicamente. Ahora escuche esto, es la expresión de la Persona de Dios. La gracia de Dios es la revelación intrínseca de sí mismo, Dios ha revelado Su gloria. Esa es la expresión de Su Persona. Y lo que está diciendo en este versículo es que algún día Dios, de la manera más plena, más verdadera, más pura, va a reflejar Su naturaleza eterna a través de nosotros. Eso es realmente lo que está diciendo.

En Romanos 8, creo que Pablo está tratando acerca de esto. En el versículo 18, él dice: “Lo que suframos en este tiempo presente ni siquiera debería ser digno de compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” ¿En dónde se va a manifestar? En nosotros. En otras palabras, va a haber un tiempo cuando Dios sin estorbo alguno, sin encubrirlo en absoluto, va a poder derramar a través de nosotros una manifestación eterna, infinita de Su gloria. Esperamos eso, versículo 19 de Romanos 8: “Porque el anhelo ardiente de la creación es aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” No, no podemos hacer eso ahora. Tenemos este tesoro, le dice Pablo a los corintios, en vasos de barro en este momento. Ahí hay limitación.

Y entonces, estamos esperando y estamos esperando, y estamos gimiendo y gimiendo y la creación entera está esperando, dice el versículo 23, para la adopción y la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos. ¿Y cuál es nuestra esperanza? Que vamos a perder nuestra naturaleza humana, que vamos a perder los límites de la carne, vamos a perder el cuerpo, lo terrenal y nos vamos a volver claros, como cristal, personas eternas a través de quien Dios puede revelar Su gloria. Y el punto es que si Él lo llamó a usted y si Él lo justificó, Él lo va a glorificar a usted. Ésa es nuestra esperanza. La consumación de nuestra redención, el cumplimiento definitivo de nuestra salvación está conectado con la manifestación de la gloria de Dios en y a través de nosotros.

Sabe una cosa, cuando usted lee acerca del cielo y usted lee acerca del hecho de que no hay lámpara en el cielo, usted sabe, que ahí no hay luz porque el Señor es la lámpara del cielo, el Señor es la luz; y conforme usted lee acerca del cielo, descubre que todo es transparente en el cielo. Las calles de oro son transparentes. Los cimientos, las capas y demás están hechos de joyas a través de las cuales la gloria misma del Dios va a irradiar. Digo, el cielo debe ser como una corona incompresible refulgente, brillante de joyas con la gloria de Dios irradiando desde adentro a través de todo elemento que refleja. Y usted y yo seremos un poco diferentes de eso. Estaremos inmersos en todo este despliegue increíble de gloria, nos convertiremos en reflectores externos de la majestad y gloria plenas del Dios infinito mismo.

¿Y sabe una cosa? Es difícil de hacer esto en este cuerpo, ¿no es cierto? Es imposible y esa es la razón por la que gemimos esperando la redención de nuestro cuerpo. Porque nuestros cuerpos estorban ese reflejo, ¿no es cierto? De la gloria de Dios. Y sea que usted lee en las Escrituras acerca de la venida de Jesús, Él siempre viene en poder y gran gloria. Esa gloria refulgente que será irradiada a través de nosotros.

En Romanos 8:29, dice que esa gloria es definida de esta manera: “Seremos conformes a la imagen de Su Hijo.” Ahora, no estoy seguro de lo que eso significa en su totalidad, pero lo que sea, seremos exactamente como Jesús. Y mi propio sentimiento personal, como usted recuerda, es que cuando Él subió al monte de la transfiguración e hizo a un lado Su carne y reveló la plenitud de la gloria de Dios y literalmente fueron sacudidos hasta la médula con el asombro profundo de lo que vieron. Y Él les mostró Su gloria, dice, y creo que esa es la realidad esencial de Cristo glorificado y así seremos. Y esto se vuelve un tema maravilloso a lo largo de las Escrituras. Segunda de Corintios, capítulo 3, versículo 18, un versículo que escribo debajo de mi nombre cuando firmo un libro o algo así, “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor somos cambiados a la misma imagen de un nivel de gloria al siguiente.”

Como puede ver, conforme vemos la gloria del Señor aún ahora, estamos siendo cambiados y la ilustración, claro, fue Moisés. Él subió al monte. Dios estuvo ahí, Él se reveló a sí mismo a Moisés. Y cuando Moisés vio la gloria de Dios, ¿se acuerda de lo que sucedió? Él estaba reflejando la gloria en todo su rostro. Y él descendió del monte pero él no lo sabía y dice que su rostro brillaba como un foco. La gente decía, usted sabe. Y él dice que cubrió su rostro porque la gloria se desvanecía y no quería que el pueblo viera que la gloria se desvanecía.

Como puede ver, en estos cuerpos, en estos instrumentos humanos, la gloria se desvanece rápidamente. Cuando viendo la revelación del resplandor del Dios en el monte, no duró en el caso de Moisés. Pero vendrá un tiempo cuando seremos levantados de un nivel de gloria a otro nivel de gloria, a otro nivel; y finalmente, a ese nivel definitivo de gloria cuando nos convirtamos a imagen de Jesucristo y podamos manifestar la gloria total, refulgente de Dios mismo.

En Filipenses, capítulo 3, versículo 20: “Nuestra ciudadanía está en los cielos desde donde esperamos al Salvador.” Estamos esperando al Salvador del cielo, el Señor Jesucristo. Ahora escuche: “Quien cambiará el cuerpo de la humillación nuestra.” ¿Ahora qué va a hacer con esto? Él lo va hacer a semejanza del cuerpo de la gloria suya. Seremos como Cristo. Vamos a irradiar la gloria divina de Dios. Simplemente es maravilloso pensar en esto.

¿Qué hay acerca de Colosenses 3:4? Dice: “Cuando Cristo, quien es nuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis con Él en gloria.” Digo, no vamos a ser estas criaturas pequeñas como somos en la actualidad, corriendo en este cielo de gloria. Digo, simplemente no vamos a ser lo que somos. Vamos a ser reflectores de la gloria, vamos a ser como Jesucristo transfigurado. ¡Oh, que realidad tan maravillosa e incompresible!

Hebreos 2:10 va a resumir nuestro pequeño viaje rápido a lo largo del camino de gloria para el creyente. Hebreos 2:9 dice que Jesús vino, Él fue coronado con gloria y honra y por la gracia de Dios Él gustó la muerte por todo hombre. Él murió por todos. “Porque fue Su propósito,” y dice ahí, “para quien son todas las cosas y por quienes son todas las cosas,” ahora escuche, “al llevar a muchos hijos a la gloria.”

¿Cuál fue el propósito al salvarlo a usted? ¿Cuál fue? ¿Llevarlo a qué? A la gloria. Es ridículo suponer que Dios salva a las personas y después cruza Sus dedos y espera que ellos lleguen a la gloria. Si usted empezó, empezó para ser terminado. Usted fue redimido para ser glorificado. ¿Entiende usted eso?

Usted dirá ‘bueno, he leído Romanos 5, nunca, nunca vi eso ahí.’ Me da gusto que ahora lo vea. Como puede ver, ése es el gozo del estudio bíblico. Usted simplemente puede saltarse las palabras y no significa mucho. Conforme usted escarba con mayor profundidad, más profundo se vuelve. La razón por la que estoy seguro es porque Dios me ha dado la esperanza que es parte de mi salvación, que fui salvado para la gloria. Y Él no pierde a la gente que Él redime para la gloria. Entonces, la esperanza de la gloria de Dios es una certeza que nos llena de confianza de que en el futuro participaremos de la gloria divina; y Él está ocupado en ser un capitán de salvación, quien a través de Sus sufrimientos, va a llevar a muchos hijos a la gloria. ¡Oh, qué gran, gran realidad! ¡Cuán seguros estamos en esa expectativa!

Sigo pensando en versículos acerca de este tema porque lo he estudiado durante tantos años y mi mente está llena de ellos. Pero Romanos 9:23 siempre me impacta como un versículo maravilloso. Usted dirá bueno, tiene que ganarse usted su camino para llegar a la gloria. Usted tiene que mantenerse salvo. No, no, no. No. El versículo 23 de Romanos 9 dice: “Y para hacer notorias las riquezas de Su gloria.”

Ahora, el Señor quiere mostrar las riquezas de Su gloria. Ahora, ¿a quién se las va mostrar? Escuche esto. “Los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria.” Preparó antes de todo. Simplemente de antemano. Antes de todo. Ahora recuerde esto. Aquellos de nosotros que llegamos a la gloria aquí somos llamados vasos de ¿qué? Misericordia. Ahora, ¿qué asume la misericordia de nosotros? ¿Que no lo merecemos? Correcto. El punto es que aquellos que son ordenados para gloria, son ordenados para gloria a través de misericordia, no a través de merecerlo. ¿Ve usted eso? Entonces, estamos preparados para la gloria. Antes de que el mundo comenzara, yo fui preparado para gloria. Y cualquier otro pensamiento entiende de manera errónea la realidad de nuestra redención.

Pablo, en 1 Corintios 2, versículo 7 dice: “Hablamos sabiduría de Dios en misterio.” Este es el nuevo pacto. Y él dice: “la sabiduría oculta la cual Dios predestinó desde antes de los siglos para nuestra gloria.” Usted es salvo para ser glorificado, ¿entiende eso? Usted es salvo para ser glorificado. Esa es la razón por la que Pablo dice, como le leí anteriormente, nuestra ciudadanía no está aquí. ¿Verdad? Esta allí arriba. Simplemente estamos esperando para deshacernos de esto para que podamos llegar a ella y entrar a la gloria. E inclusive cuando tenemos luchas en este mundo, 2 Corintios 4:17 dice: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” ¡Oh, me encanta eso!

El Nuevo Testamento en su totalidad está cargado de gloria. Simplemente estoy aquí caminando por todos lados y me les estoy encontrando. Colosenses 1:27: “Cristo en vosotros,” ¿qué significa tener a Cristo en usted? ¿La esperanza de qué? “Gloria”. Cuando Dios entró en usted fue para colocar ahí la esperanza de gloria. ¡Oh, que maravillosa seguridad!

¿Qué hay acerca de 1 Tesalonicenses 2:12? “Para que andéis como es digno de Dios quien que nos llamó a Su reino y gloria.” Como puede ver, no nada más lo llevó, lo va a llevar hasta el final a usted. Oh, de una vez debemos ver 1 Pedro 5. Simplemente me encanta este tema. Primera de Pedro 5:1: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo.” Y observe cómo Pedro se identifica a sí mismo. Esta es otra definición de un cristiano. Escriba esto en su libro de definiciones de un cristiano. “Que soy también participante de la gloria que será revelada.” ¿No es eso maravilloso? Somos participantes de la gloria que será revelada. Maravilloso, participantes de la gloria que será revelada.

Entonces, ésa es nuestra esperanza; y ésa es una esperanza segura. Nunca vacilará, nunca se tambaleará. Ahora, quiero añadir un comentario al pie de página, Hebreos 3:6. Lo hemos visto desde el lado de Dios. Quiero que lo vea desde nuestro lado. Usted dirá ‘bueno, eso es maravilloso, simplemente voy a hacer lo que quiera y seré glorificado al final.’ Hmmm, hay una palabra para usted. Está en Hebreos 3:6: “Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros,” ahora escuche, “si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Ahora escúchenme, la esperanza está segura por parte de Dios. Dice usted, ¿tenemos algo que hacer con ello? Nosotros probamos que pertenecemos a Dios de manera genuina si nos aferramos a nuestra confianza y el gozo de esa esperanza hasta el fin. Alguien que simplemente se desvía y se mete al pecado y simplemente se desvía y dice ‘bueno, me imagino que voy a ser glorificado al final, voy a vivir como quiera’, usted acaba de probar que usted nunca estuvo adentro para comenzar. Sí, Dios nos asegura, pero desde nuestro lado, verdaderamente somos la casa de Dios si nos aferramos a la confianza y mantenemos el gozo firme hasta el final.

De tal manera que escuche, no sólo Dios asegura a los Suyos soberanamente sino que implanta dentro de los Suyos el poder del Espíritu de Dios que mantiene viva la esperanza y el gloriarse y la obediencia. Dios va a guardar Su promesa para aquellos que son genuinos.

El versículo 14 dice lo mismo. “Porque somos hechos participantes de Cristo con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.” Ahora escuche, no está diciendo que usted se mantiene salvo por aferrarse. Está diciendo que usted revela que realmente lo es si permanece fiel. ¿Entiende la diferencia? Usted lo manifiesta. Desde el punto de vista divino, Dios se aferra a los Suyos, pero desde el punto de vista humano, Él les da el poder de aferrarse a esa confianza de manera firme, de aferrarse a esa esperanza, de regocijarse o gloriarse en esa esperanza. Entonces, estamos seguros. Estamos seguros si somos los cristianos reales. Estamos seguros si somos los que se aferran a nuestra esperanza y nos gloriamos en nuestra esperanza.

El escritor del himno lo dijo de manera correcta: “Mi esperanza no está edificada en nada menos que la sangre y justicia de Jesús. No me atrevo a confiar en el marco más firme, sino que descanso de manera total en el nombre de Jesús. En Cristo la roca sólida estoy firme. El resto del suelo es arena movediza. Cuando la oscuridad no presenta su rostro amoroso, yo descanso en Su gracia incambiable. En toda tormenta fuerte mi ancla se mantiene firme dentro del velo. Su juramento, Su pacto, Su sangre me apoyan en medio del diluvio. Cuando todo alrededor de mi alma cede, Él entonces es toda mi esperanza y firmeza. En Cristo, la roca sólida, permanezco firme. El resto del suelo es arena movediza.”

Nuestra esperanza está segura en la obra de Cristo y en el poder de Dios y manifiesta que está segura cuando caminamos en obediencia a Su voluntad santa. Ahora, con eso en mente, regrese a Romanos 5 y observe el siguiente versículo; es muy emocionante. Versículos 3 y 4: “y no sólo esto.”

¿Qué quieres decir con eso, Pablo? No sólo nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios, sino que observe esto, “sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia y la paciencia prueba y la prueba, esperanza.” Ahora escuche, usted preguntará qué está diciendo esto. Esto es tan maravilloso. Digo, lo puedo sentir todo en mí. Sólo quiero decir las palabras para expresarlo. El creyente no sólo se regocija en la gloria venidera, sino que él inclusive se regocija en la tribulación ahora, porque la tribulación ahora produce el tipo de virtud que tiene una mayor capacidad de regocijarse acerca del futuro. Entonces Pablo dice nos regocijamos inclusive en nuestra tribulación. ¿Por qué? Porque no importa lo que venga, no importa lo severo que sea, no importa lo devastador que sea, nunca puede quitar nuestra gloria prometida. Nunca puede robar nuestra esperanza.

Por lo tanto, nunca puede tocar nuestro gozo. Y entonces, cuando la tribulación viene, no maldecimos a Dios como resto del mundo, no cuestionamos a Dios como otras personas lo hacen, nos regocijamos en nuestra tribulación porque vemos en la tribulación un producto.

Por cierto, la palabra tribulaciones thlipsis. Significa “presión,” y era usada de apretar las aceitunas para obtener el aceite, apretar las uvas para obtener el vino. Cuando entramos en la verdadera presión, cuando realmente se nos aplican las situaciones, lo que sale de nosotros es el aceite que el gozo, el vino del gozo. ¿Por qué? Porque la tribulación produce paciencia. Hupomonē significa tolerancia paciente. Usted atraviesa por los problemas y aprende a soportar. Usted atraviesa por los problemas, aprende más a soportar. Entre más problemas, más aprende a soportar.

¿Y qué sucede? La tolerancia produce y la palabra es experiencia. ¿Ve la palabra en su Biblia? ¿Experiencia? Permítame decirle lo que significa, la paciencia a prueba. Dokimion es la palabra. Viene de dokimazō, la cual es una palabra que significa aprobado, ser probado con el propósito de aprobar a alguien. Como usted prueba al oro para sacar las impurezas, prueba la plata para asegurarse de que es pura, usted prueba a alguien. Y lo que está diciendo - esto es tan hermoso - es que cuando usted tiene problemas, produce tolerancia; y cuando usted atraviesa por los problemas y aprende la tolerancia, edifica - aquí está la razón, aquí está la manera de traducir esa palabra - carácter o virtud probada. Virtud probada.

El término es usado, por cierto, del metal. Sería muy parecido así como usamos la plata de la mejor calidad o cuando hablamos de la virtud de alguien. Es de virtud intachable. Queremos decir que no tiene fallas, no hay impurezas. Como puede ver, la presión quita todo eso de nosotros. ¿Por qué? Porque aprendemos a confiar en Dios en las pruebas. Aprendemos a confiar en Dios en el estrés. Aprendemos a confiar en Dios en el dolor. Y la tribulación no es un problema para nosotros. Por un lado es un honor sufrir por Cristo, ¿no es cierto? Por otro lado, es un gozo aprender la experiencia de Su poder sustentador en el medio del sufrimiento. Incrementa nuestra fe. Nos purifica. Nos santifica. Nos lava. Nos fortalece. Es como levantar pesas en términos espirituales. Edifica nuestros músculos. Incrementa nuestro nivel de santidad. Y entonces, vemos la tribulación y nos regocijamos en eso también. No sólo estamos diciendo ‘oye, simplemente estamos aquí, aguantando hasta que podamos llegar a la gloria’. No estamos gimiendo aquí con toda la lucha y esperar ese cielo. E inclusive nos estamos regocijando aquí porque el proceso del problema está edificando, virtud probada, limpiando las fallas, limpiando la escoria.

Santiago habla de esto, ¿no es cierto? “Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque cuando es probado, recibirá una corona.” Es parte de la purificación. Ahora escuche, dice Santiago 1:12, la razón por la que disfrutamos el sufrimiento, la razón por la que estamos tolerándolo de manera paciente es porque está edificando virtud probada y virtud en la mayor calidad y más virtud sin mancha. Y entre más se incrementa nuestra fortaleza espiritual, más rica es nuestra esperanza, mayor es nuestro gozo. ¿Por qué? Porque mayor es la recompensa que nos espera ahí, mayor el gozo de recibirla y arrojarla a los pies de Jesucristo. ¡Gran verdad!

Escuche, la salvación no refina su virtud. Usted toma a una persona amargada, enojada y puede salvarlo; y usted tiene a un cristiano enojado y amargado. Esa es una transacción que ocurre a nivel divino. Pero lo que la salvación hace es implantar en usted la capacidad de ser perfeccionado. ¿Se da cuenta? Y después, el proceso de limpieza comienza; y el Señor usa las pruebas y tribulaciones y todo eso. Y cuando vienen a su vida, usted se regocija. ¿Por qué? Porque lo están haciendo a usted más puro, están mejorando su virtud. Y no sólo no importa lo que esas pruebas traigan, no importa lo que esas pruebas hagan, una cosa que nunca harán es quitar su esperanza futura, porque está segura, ¿verdad?

Entonces, venga lo que venga, usted me puede pegar con todo lo que quiera, usted puede disparar todos los dardos que quiera, Satanás, puedes venir a mí son todos los problemas que quieras, y el Señor puede extraer todas esas cosas a mi vida e inclusive los peores ataques que vengan, las tribulaciones severas de la vida, no hacen nada más que fortalecerme porque desarrollan mi virtud espiritual y entre mayor es mi virtud espiritual, mayor es mi esperanza. Y mayor es mi regocijo por lo que Dios tiene para mí en el futuro.

Y esta la razón por la que 1 Tesalonicenses 3:3 dice: “Ningún hombre sea turbado por estas afecciones porque vosotros mismos sabéis que hemos sido destinados para esto.” Destinados para esto. Entonces, estamos seguros. Somos asegurados por la paz. Somos asegurados por la gracia. Somos asegurados por la esperanza, para siempre.

Versículos 5. Y vamos a detenernos en este punto. Y aquí concluye la esperanza. “Y la esperanza no avergüenza.” Lo que realmente significa es que la esperanza nunca se decepciona. Usted no tiene que estar avergonzado de Dios. Usted dice, ‘voy a confiar en ese Dios, voy a confiar en ese Jesucristo y me engañó, Él nunca me ayudó y perdí todo y qué engañador, estoy avergonzado porque llegué a mencionar Su Nombre.’ No, nunca va a llegar a ese punto. La esperanza no se avergüenza, no cuando la esperanza está en Jesucristo. La esperanza nunca se decepciona. Nunca se avergonzará. Nunca se decepcionará. ¿Por qué? Porque recibirá la gloria esperada prometida. Eso es lo que está diciendo.

Debido a que estamos en paz con Dios a través de la muerte de Cristo en la cruz, debido a que estamos firmes en la gracia, tenemos una gloria futura prometida. Y no me da pena decir que esa es mi esperanza. No me avergüenzo por decirle a alguien sobre la faz de la tierra, ‘voy a estar en la gloria con Jesucristo algún día, radiando la gloria eterna de Dios por toda la Jerusalén eterna. Ese es mi destino. Ahí voy.’ Y no voy a ser avergonzado porque la esperanza en Dios, la esperanza en el Señor Jesucristo nunca decepciona.

Ahora, ¿qué dice eso? Usted coloca su esperanza en Él, nunca será decepcionado. Cuando usted vino a Jesucristo y usted lo aceptó a Él y dijo ‘mi esperanza está en Ti, Señor; y Tú me vas a guardar hasta que es sea glorificado”, usted nunca se decepcionará. Usted nunca se avergonzará de nombrar Su Nombre.

Ahora, ¿le da a usted la idea de que está seguro? Eso espero. Espero que sea más que un sentimiento. Espero que usted lo entienda. Ahora, esa es la introducción a la parte primordial de esta sección. Regrese la semana próxima. Oremos.

Padre nuestro, estamos abrumados por lo que es nuestro en Jesucristo. La seguridad que es nuestra. ¡Tan inmerecida! Te damos gracias. Te damos gracias porque nos salvaste cuando no lo merecíamos, nos guardas cuando no lo merecemos y nos harás como Jesucristo, lo cual no merecemos. Y entonces, Te damos gracias porque Tu gracia se extendió a nosotros, Tu paz es nuestra; y nos has llenado de esperanza y nuestra esperanza nunca se avergonzará.

Y Señor, oramos en esta noche para que podamos demostrar nuestra gratitud no al aprovecharnos de Tu gracia, no al decir “oh, si estoy tan seguro, voy a hacer lo que yo quiera”, porque eso verdaderamente podría mostrar que realmente ni siquiera somos Tus hijos, porque si lo fuéramos, no cambiaríamos una gracia así. Pero tenemos confianza fuerte y continuamos firmes en la esperanza y en el gloriarnos firmes hasta el final. Gracias, Dios, por redimirnos para ser como Cristo. Con eso en mente, oramos. Y esperamos a ese momento.

Y para aquellos en medio de nosotros que nunca han venido a Jesucristo, quienes nunca han sido traídos a esa seguridad gloriosa de la justificación por medio de la fe, que acepten al Salvador inclusive ahora. Oramos en Su bendito Nombre. Amén.

 

 

 

 

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