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De nuevo en esta mañana, es nuestro gran gozo pasar a la Palabra de Dios. La adoración debe ser en espíritu y en verdad. Ciertamente, hemos adorado en espíritu y ahora, llegamos a ver la Verdad de Dios, la cual promueve esa adoración.

Abra su Biblia en 2 Corintios capítulo 3. Estamos progresando a lo largo de esta epístola maravillosa, encontrándonos ahora en el tercer capítulo. Estamos viendo la sección que va desde el versículo 3 al versículo 18 bajo el título “La gloria del nuevo pacto.” La gloria del nuevo pacto.

La sección es presentada en el versículo 6. Permítame leérselo: “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Y vamos a detenernos en ese punto. Un nuevo pacto.

Es esencial que nosotros, como cristianos, entendamos la naturaleza del nuevo pacto. Entendamos no sólo su naturaleza y definición, sino entender su relación con otros pactos. Particularmente, con lo que es llamado el antiguo pacto o la ley dictada mediante Moisés. Una comprensión del antiguo pacto y el nuevo pacto nos da un entendimiento del panorama de la historia redentora y el propósito Divino. Mal entender esto pactos y su relación es mal entender las Escrituras y el propósito salvador de Dios.

Es triste decirlo, pero ha habido y todavía lo hay, mucho mal entendimiento acerca de este tema. Y quiero hacer lo mejor que pueda por ayudar a aliviar algo de eso y poder trazar algunas líneas claras y distintivas, para que usted pueda encontrar un camino a la comprensión.

Ahora, antes de que entremos a nuestro texto y hablemos del nuevo pacto, quiero que abra su Biblia en Hebreos, capítulo 11, el cual quiero usar como introducción. Hebreos, capítulo 11. Este capítulo ha sido llamado el salón de la fama cristiana o el salón de la fama de la fe o los héroes de la fe. Enlista los nombres y las hazañas de los héroes del Antiguo Testamento. Santos del Antiguo Testamento.

Estamos familiarizados con el concepto de un salón de la fama. En nuestra sociedad, tenemos varios salones de la fama que honran a personas que han hecho diferentes hazañas en diferentes ámbitos y diferentes áreas de la vida. Un salón de la fama es donde los héroes son nombrados y presentados para que todas las generaciones los recuerden debido a sus hazañas y debido a sus méritos y debido a su mérito excepcional.

Y aquí, hay un salón de la fama así. Aquí hay una lista que, por cierto, no es exhaustiva realmente sino, que es una muestra. No todos los nombres que podrían estar aquí están aquí, sino que son nombres a manera de muestras. Algunos de los santos del Antiguo Testamento más nobles están aquí. Algunos, son únicamente referidos o mencionados en base a sus hazañas.

Pero este, es un salón de la fama. Presenta a manera de memorial a todos los héroes que el Espíritu de Dios identifica aquí debido a su fe. Es un tributo a la fe. A hombres y mujeres que ejercieron una confianza excepcional, profunda, que transformó su vida en Dios en medio de circunstancias muy difíciles.

De hecho, estos héroes de la fe son modelos para que nosotros, los imitemos y. Porque el capítulo 12 comienza: “por tanto, nosotros también teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo esto y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” La carrera de la fe.

Estas personas son modelos para nosotros, son ejemplo. Son una nube o una gran multitud de testigos. ¿De qué dan testimonio? De la validez de la fe. De los beneficios de la fe. De la superioridad de vivir por fe. De la bendición de vivir por fe. Son testimonios vivos de la fe. Y son nuestros héroes, nuestros ejemplos. Los modelos que debemos seguir.

Regresemos de nuevo al principio del capítulo 11. Dice en el versículo 2: “porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.” ¿Qué es ella? La fe. Es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. La fe fue la causa de su aprobación. Y su aprobación no sólo fue por los hombres, sino más bien por Dios. Fueron aprobados por Dios debido a su fe.

Estuvo Abel, versículo 4. Estuvo Enoc. Ahí, en el versículo 7 está Noé; en el versículo 8, Abraham. Versículo 11, Sara. Ahí en el versículo 20, está Isaac; después, en el versículo 21, Jacobo. En el versículo 22, José. En el versículo 23, Moisés. Y después, quizás alguien excepcional, versículo 31, Rahab, la ramera, un modelo de fe. Y después, en el versículo 32, simplemente reuniendo a un grupo representativo, estuvo Gedeón y Barak y Sansón y Jefté y David y Samuel y los profetas como Isaías y Daniel y Jeremías y Ezequiel.

Estos son los que están en el salón de la fe. Una lista no exhaustiva, sino representativa. Y muchos otros podrían también ser enlistados, “que por fe,” versículo 33, “conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.” ¡Qué lista tan increíble! ¡Qué salón de la fama!

Y después, un versículo contundente, versículo 39: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe,” y eso es exactamente lo que se dijo ahí atrás en el versículo 2. El capítulo está encerrado entre corchetes por esa afirmación. Fueron aprobados por Dios debido a su fe. Por grandes que fueron, por grande que fue la prueba que probó su fe, por fuerte que fue su confianza, por lo ejemplar que fue su vida para nosotros y aunque son modelos y los patrones que debemos seguir, al final del versículo 39 dice: “no recibieron lo prometido.”

¿Qué? ¿Quieres decir que hay personas que son el modelo de fe virtuosa, hay personas que establecieron el estándar para cómo usted debe vivir su vida confiando en Dios en medio de circunstancias extremadamente difíciles y que nunca vacilaron, quieres decir que estos hombres y mujeres que realmente son los pináculos de la historia redentora del Antiguo Testamento y con toda esa fe y toda esta aprobación Divina, no recibieron lo que fue prometido? ¿Cómo puede ser eso posible?

Versículo 40: “proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros,” esto es en nuestra época, “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Escuche esto: la palabra “perfeccionados” en el libro de Hebreos se usa de manera sinónima con la salvación.

Y lo que él está diciendo es que por grande que fue su fe, por noble que fue su fe, por ejemplar que fue su fe, ellos nunca habrían sido salvos fuera de una promesa que es cumplida en nuestro tiempo.

Bueno, ¿qué es lo que él está diciendo? Él está diciendo que fuera del nuevo pacto en Jesucristo no habría salvación para esos santos del antiguo pacto. Eso es lo que está diciendo.

Ahora, usted pregunta: “espera un momento, ¿está diciendo que no fueron salvos?” No, obviamente lo fueron. Pero no fueron salvos al guardar la ley, la ley mosaica. “Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado.” No fueron salvos porque hubo algo dentro de ellos que los hizo dignos de la salvación y Dios se la concedió en base a que ellos alcanzaron el mérito.

La única manera en la que fue posible que ellos pudieran recibir perdón de pecados, escuche esto, y se les concediera salvación fue si sus pecados hubieran sido expiados. Y eso sólo sucedió en Cristo. Y la realidad maravillosa es que Dios, sabiendo de antemano, ordenando de antemano la muerte de Su Hijo, aplicó lo que estaba por venir a ellos en el pasado.

Pero si nunca hubiera habido un nuevo pacto, nunca habrían podido ser salvos. Eso es tan importante de entender. No importa qué tan leales fueron, no importa qué tan devotos fueron en seguir la economía mosaica, no importa qué tan grande fue su fe en Dios y qué tan arrepentidos estaban por su pecado. Si Jesucristo no hubiera sido el Cordero matado desde antes de la fundación del mundo, no habría habido para ninguno de ellos salvación alguna.

Pero escuche con atención: Jesucristo fue la promesa. Él vino, Él murió. Él expió por el pecado. Él resucitó de los muertos alcanzando una redención perfecta. Y Dios, antes de que eso llegara a suceder, aplicó lo que Él sabía que se sucedería. Lo que Él planeó que sucediera y lo que ya había pasado en Su propósito eterno atemporal a ellos en el pasado.

Usted pregunta cómo es que la gente en el Antiguo Testamento se salvaba. Eran salvados por la fe. “Pero espera un momento: ¿acaso eran salvos únicamente porque creyeron?” No. Fueron salvos porque Dios aceptó su fe, porque Jesucristo llevaría sus pecados. Tenía que haber un sacrificio por el pecado y eso es exactamente lo que el escritor de Hebreos está diciendo. Usted puede tomar los ejemplos más grandes de fe del Antiguo Testamento, esas personas que atravesaron por el peor tipo de circunstancias posibles y su fe nunca vaciló. Y usted puede decirles: “no importa qué tan grande fue tu fe, no importa qué tan religioso fuiste, no importa qué tan devoto fuiste, no importa cuánto trataste de vivir según la ley de Dios y mantener tu confianza en el Dios vivo, si Jesucristo nunca hubiera ido a la cruz, perecerías en el infierno.” No por pudieron haber sido perfeccionados sin nosotros. Lo que él quiere decir es que sin lo que ocurrió en nuestro tiempo, sin el Evangelio, estaban esperando eso. Estaban esperando eso.

De hecho, aun Abraham, dice en el versículo 10 de Hebreos 11, estaba esperando la ciudad cuyo cimiento y cuyo arquitecto y constructor es Dios. Él estaba viendo más allá de su vida y tiempo y circunstancia. Moisés, observe el versículo 25, escogió soportar el maltrato con el pueblo de Dios que disfrutaba de los placeres temporales del pecado, ¿por qué? Porque el consideró el menosprecio de Cristo.

Espere un momento, ¿cómo es que él sabía del menosprecio de Cristo? ¿Cómo es que él sabía de Cristo? Él sabía acerca de un profeta mayor porque Dios se lo había revelado. Él sabía que Dios enviaría a un Redentor porque él podía ver eso prefigurado y simbolizado en todo sacrificio animal que él jamás realizó.

Y él prefirió soportar el sufrimiento llevando el vituperio de Cristo porque él lo consideró mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque él estaba viendo hacia adelante, a esa recompensa. Los santos del Antiguo Testamento fueron salvos por fe. Fueron salvos por fe. Fe en Dios y fe en que Dios proveería un sacrificio que quitaría sus pecados. Y lo hizo en Cristo.

Pero si Cristo nunca hubiera venido y nunca hubiera muerto, los héroes más admirables, más religiosos, los más fieles, los más leales, los héroes más sacrificiales de la historia redentora, estarían en el infierno para siempre porque no hay manera de ser salvo fuera de la provisión de Jesucristo en la cruz, la cual se extiende al pasado, el futuro y cubre los pecados de todos los que creen. Dios proveyó, en Cristo, algo mejor. Algo mejor de lo que tenían. Lo que ellos tenían era un pacto de ley. Era bueno. Estaba bien, era verdadero.

Pero tenía que haber algo más. Porque todo lo que el pacto de la ley hacía era apuntar a su ¿qué? A su pecado. Y entonces, desde Abel y Enoc y Noé y Abraham y Sara e Isaac y Jacob y José y Moisés hasta Rahab y Gedeón y Barak y Sansón y Jefté y David y Samuel y los profetas y los demás, estaban esperando algo mejor. Estaban esperando una redención completa. Y esa redención no podía suceder sin el Señor Jesucristo.

Esa es la razón por la que cuando usted ve 1 Pedro 1:10, 1 Pedro 1:10, dice: “acerca de la salvación, en Cristo, los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros inquirieron y diligentemente indagaron.” Aquí están los profetas. Y están recibiendo la palabra del Señor, de que Dios va a quitar el pecado. El Señor nos va a traer sacrificio. El pecado será quitado y escribieron acerca de esto.

Y cuando escribieron de esto dice que inquirieron y diligentemente indagaron. ¿Saben lo que estaban haciendo? Ellos estaban estudiando lo que estaban escribiendo. Y dice en el versículo 11 “escudriñando qué persona y qué tiempo, cuándo es que esto va a pasar y quién será,” qué persona, qué tiempo es el que el Espíritu Santo está indicando cuando anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían tras ellos.

Ellos sabían que estaba por venir un Siervo sufriente. Ellos sabían que vendría un Redentor y ellos sabían que más allá del Redentor habría gloria. ¿Pero cuándo y quién? Su salvación estaba basada en la fe de lo que Dios haría para proveer un Redentor; y Él lo hizo en Jesucristo.

La gente en el Antiguo Testamento nunca fue salva al guardar la ley. Ellos fueron salvos al confiar en la gracia de Dios y la misericordia de Dios y el perdón de Dios por sus pecados que la ley señalaba. Ése es el punto.

Ahora escuche. Aunque su salvación no podía ser llevada a cabo sin el sacrificio de Cristo en el futuro, eso no los hace creyentes de segundo nivel. No hay creyentes de segundo nivel. Son creyentes de primer nivel. Son creyentes del nivel más elevado. De hecho, son modelos tales de fe verdadera y piadosa que en Hebreos 11 son héroes que debemos seguir. No son menos que nosotros. Son la nube de testigos que modelan para nosotros la vida de fe.

Ahora, regresemos a nuestro texto. En nuestro pasaje aquí, Pablo está tratando con la distinción entre el antiguo pacto y el nuevo pacto. Y él está tratando de señalar que el antiguo pacto tuvo una función. Y su función fue simbolizar y apuntar hacia el nuevo pacto. Pero ahora que ha venido el nuevo pacto, el antiguo pacto es obsoleto. Tal como lo dice Hebreos 8:13 de manera exacta.

Pero como puede ver, en la Iglesia corintia habían entrado los falsos maestros. Y ellos estaban enseñando el antiguo pacto. Ellos estaban diciendo que tenía que ser circuncidado, guardar la ley de Moisés, seguir todos los rituales, todas las ceremonias, de lo contrario Dios no lo aceptará. Y tristemente, algunos cristianos se estaban enredando en esto, demandando que los creyentes vivieran bajo el antiguo pacto, así como también el nuevo pacto. Y era una herejía. El antiguo pacto tuvo un propósito. Ese propósito es hecho a un lado cuando viene el nuevo pacto.

Ahora, este asunto del antiguo pacto y el nuevo pacto obviamente es un asunto serio, importante en el Nuevo Testamento. Está por todos lados, porque el Nuevo Testamento estaba en esa transición. Y, de hecho, los judíos generalmente estaban enfurecidos con el apóstol Pablo debido a ese asunto que quisieron matarlo. No estaban listos para aceptar que el antiguo pacto era obsoleto y que había venido un nuevo pacto en Jesucristo. Pero este era el hecho.

¿Y creería usted que inclusive hubo algunos que se asociaron con la Iglesia, que creyeron y que todavía estaban tratando de aferrarse a prácticas del antiguo pacto? Algunos de ellos, probablemente como los falsos maestros en Corinto, creyeron que mantener la parte de las ceremonias del antiguo pacto era parte y médula de la salvación. Y, por lo tanto, confundieron la salvación al grado que no podían ser salvos.

Pero para otros cristianos, vinieron a Cristo por fe y arrepentimiento; y fueron salvos. Y se les dijo después: ahora que son salvos, deben guardar todas esas leyes mosaicas. Y algunos de ellos pensaban que tenían que seguir el día de reposo. Y algunos de ellos, pensaban que tenían que circuncidarse y circuncidar también a los gentiles. Y algunos de ellos pensaban que tenían que seguir las leyes alimenticias.

Entonces, Pablo tiene que enfrentar ambos asuntos. Aquellos que alteran la doctrina de la salvación al añadir obras y ceremonias a ella. Y aquellos que habiendo recibido una doctrina pura de la salvación y habiendo ha venido a Cristo en términos correctos, ahora creen que necesitan añadir a eso como asunto de obediencia, todas las ceremonias mosaicas. Ambos casos están equivocados. No necesita las ceremonias mosaicas para ser salvo y ya no necesita mantenerlas como creyente, porque esa ley es obsoleta.

Entonces, aquí, en este texto en particular en 2 Corintios capítulo 3, él sabe que él está enfrentando estos legalistas judaizantes que están ahí en Corinto promoviendo este tipo de religión ceremonial sacramental. Y él quiere enfrentar el hecho de que todo eso es simbólico. Y todo hecho ha sido hecho a un lado porque la realidad está aquí, en Cristo.

Ahora, él dice en el versículo 6: “nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto.” De un nuevo pacto. Y este nuevo pacto tiene siete cualidades distintivas. Siete cualidades distintivas. Permítame dárselas: da vida. Produce justicia. Es permanente. Es claro. Está centrado en Cristo. Es liberador. Y es transformador. Lo vuelvo a decir: da vida, produce justicia, es permanente, claro, está centrado en Cristo, es liberador y es transformador.

Ahora, esas son las excelencias majestuosas del nuevo pacto que se nos da en el texto frente a nosotros. Glorias maravillosas, maravillosas de un nuevo pacto. Tomemos tan sólo la primera. Y ya explicamos esto hace algunas semanas atrás, cuando vimos el versículo 6. Pero quiero volverlas a explicar. Entonces, quiero repasar el repaso. Pero quiero decir algunas cosas más allá de lo que dije en el pasado.

Observe el versículo 6, lo primero: el nuevo pacto da vida. Somos ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu. Porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Ahora, quiero que entienda lo que este versículo está diciendo. Y va a demandar que piense cuidadosamente porque es muy, muy importante.

Notará en el versículo 7 que el antiguo pacto, la ley, es llamado el ministerio de la muerte. Y en el versículo 9 es llamado el ministerio de la condenación. Muy bien, el Antiguo Testamento es un homicida. Y señalamos esto la última vez. Ahora, siga esto con cuidado. El Antiguo Testamento mata.

Vamos a mantenerlos alejados del versículo 6 por un momento. Vamos a tomar ese concepto del ministerio de la muerte y el ministerio de la condenación. ¿Por qué es que Dios dio la ley? El apóstol Pablo dijo que la ley vino debido a la transgresión. Muy bien. Dios dio la ley para demostrarle al hombre qué tan pecaminoso es él como hombre. La ley, dice Pablo, es nuestro tutor para llevarnos a Cristo. En otras palabras, nos muestra nuestra necesidad desesperada de un Redentor. Dios establece una ley, un estándar. Una norma. Es buena, es noble. No hay problema con la ley. El problema es con el pecador, ¿verdad? Él no puede guardar la ley.

Ahora, escuche con atención. En esa ley hubo principios absolutos invariables morales que nunca cambian. Pero también en esa ley hubo símbolos de la redención venidera. Entonces, un judío practicante bajo el antiguo pacto estaría esforzándose por obedecer los principios morales de la ley. Y al mismo tiempo, atravesando por las ceremonias que simbolizaban esa moralidad y que simbolizaban la redención venidera. O más bien, simbolizaban su pecaminosidad. El hecho de que quedaban cortos de esa moralidad, tales como la circuncisión, la cual es un símbolo de limpieza que necesitaban tan desesperadamente en el corazón, todos los lavamientos y bautizos y ceremonias eran símbolos de la necesidad de ser lavado o limpiado.

Entonces, usted tenía un código moral real y junto con éste, tenía símbolos que debían cumplirse externamente. El código moral, obviamente, el interior. Las ceremonias por fuera, en el exterior. El código moral era el estándar de Dios para la vida y los símbolos eran retratos y probadas y símbolos de la obra redentora que estaba por venir en Cristo.

Ahora, tomemos por un momento el punto moral. Aunque la ley era el camino a la vida, un pecador no la podía guardar, no la podía guardar. Por mucho que tratara, no la podía guardar. De hecho, el apóstol Pablo, de hecho pensaba que era un hombre bastante justo, pensaba que era un hombre bastante bueno. Usted oye a personas decir eso todo el tiempo: “bueno, creo que soy bastante bueno. Cuando lleguemos al final, estoy seguro de que mis obras buenas que van a superar a mis obras malas.”

Bueno, el apóstol Pablo pensaba que era bastante bueno en el versículo 9 de Romanos 7, él dice: “y una vez viví fuera de la ley, aunque pensé que estaba realmente bien. Y después, vi la ley de Dios y morí. Estaba muerto. Y este mandamiento que supuestamente iba a dar vida, resultó en muerte para mí.” Y después, él dice algo más: “el mandamiento, el pecado, el mandamiento era bueno, el pecado me engañó y me mató.”

Ahora, quiero que siga esto: la ley, dice él, realmente me mató. Me mató en tres maneras. En primer lugar, creó una muerte viviente. Pensé que estaba vivo y cuando vi la ley, morí. ¿Qué quieres decir que moriste? Estuve frustrado, en tristeza, en culpabilidad, sin esperanza, en vergüenza, la muerte viviente mató mi gozo, mató mi paz, mató mi confianza, mató mi esperanza, mató mi satisfacción. Pensaba que estaba bien hasta que finalmente vi la ley de Dios. Y cuando finalmente vi la ley de Dios, me dije a mí mismo: “no estoy bien, estoy en problemas serios. Y fui y me hundí en la desesperanza.” Esa es una muerte viviente.

En segundo lugar, no sólo lo mató con un tipo de muerte viviente, sino que también lo mató con la expectativa de la muerte eterna. Digámoslo de esta manera: muerte espiritual, lo mató espiritualmente. En otras palabras, Gálatas 3 lo expresa de la manera más clara posible. “Tantos que aquellos que son de las obras de la ley están bajo una maldición.” Si usted trata de caminar en esta ley justa por sí mismo, por usted mismo, por sus obras, usted está bajo una maldición.

¿Por qué? “Maldito es todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley para cumplirlas.” En otras palabras, si usted quebranta una ley una vez, usted está condenado. Y no estamos hablando aquí de una maldición de que usted va a estar frustrado y va a tener vergüenza y se va a sentir culpable. Estamos hablando de una maldición en la que usted va a estar aislado de Dios para siempre. La ley realmente me mató, me mostró que yo no era el hombre que pensaba que era. Y la vida, en cierta manera, cobró un giro de muerte viviente, de frustración e insatisfacción. Me mató en el hecho de que me sentenció a una maldición eterna.

Escuche: precisamente en ese punto, la ley había cumplido con su trabajo. Eso es lo que debía hacer. Tenía la intención de callar a los hombres. Esto es, confinarlos sin escape alguno a la realidad de que estaban condenados y eran pecadores condenados. Eso es lo que debía hacer. Y entonces, cuando hizo eso, eso es exactamente lo que debía hacer. Era un camino de vida. Era un camino de vida inalcanzable que dejaba al pecador con el reconocimiento de que realmente estaba muerto. Y esa es la manera en la que era un ministerio de muerte y un ministerio de condenación. Era un matón, un homicida absoluto. Pero eso es exactamente lo que debía hacer.

Ahora, tomemos a un santo del Antiguo Testamento, ¿muy bien? Tomemos a quien usted quiera, Moisés o cualquiera, Isaías, Jeremías. ¿Sabe lo que pasaba? Ellos sabían que la salvación era por fe, porque ellos sabían que fue la fe de Abraham que hizo que Dios los justificará, ¿se acuerda de eso? Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, ¿correcto? Ellos sabían que Noé fue salvo por gracia. ¿Se acuerda? Noé halló gracia.

Entonces, la gente del Antiguo Testamento que realmente entendía, sabía que la salvación venía cuando usted acudía a Dios en fe y recibía gracia. Pero, ¿qué era preliminar a eso? Un sentido de su propio pecado, inutilidad, desesperanza. Como puede ver, está, en cierta manera integrado en nuestra naturaleza caída el pensar que podemos reformarnos a nosotros mismos, que podemos hacer lo que Dios quiere que hagamos y hacerlo por nosotros mismos.

Y no es sino hasta que somos llevados a la bancarrota absoluta, hasta que estamos en el punto en el que no tenemos confianza en nosotros mismos, hasta que estamos llorando y golpeando nuestro pecho y clamando “Señor, sé propicio a mí, pecador”. ¿Se acuerda usted de ese hombre, el publicano, haciendo eso en el templo en Lucas 18? ¿Entiende usted que él no era un cristiano del Nuevo Testamento? Él era un pecador del Antiguo Testamento bajo la convicción de la ley. Y la ley había hecho en su vida exactamente lo que la ley debe hacer. Lo había llevado al punto en el que estaba golpeando su pecho y diciendo ‘Señor, sé propicio a mí, pecador’. Y eso era lo que la ley tenía la intención de hacer. Llevarlo a ver su pecado.

Ahora, antes de que hubiera la ley, los hombres realmente no entendían la profundidad y amplitud de su iniquidad. Esa es la razón por la que Hechos 17 dice que el tiempo de su ignorancia Dios pasó por alto. Y Él fue paciente. Y Él fue más tolerante porque Él sabía que no había una norma muy estricta y clara presentada de esta ley, con la cual un hombre pudiera ser medido. Y, por lo tanto, hubiera sido pronunciado impío. Y entonces, fue más paciente. Pero cuando la ley vino, se estableció.

Y entonces, esto es lo que pasaba. Alguna persona del Antiguo Testamento, un judío y quizás un prosélito de los gentiles era expuesto a la ley de Dios. Veía lo que él era. En realidad, él podía ver la ley de Dios en su resumen más estrecho: ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas. Y a tu prójimo como a ti mismo. Y decía: ‘yo no amo a Jehová mi Dios con todo mi corazón alma, mente y fuerzas.’ Hay muchas cosas ahí que anhelan mi afecto, mis deseos. Él pudo haber entendido la ley y los diez mandamientos. La primera mitad que tiene que ver con la relación con Dios. La segunda mitad que tiene que ver con los hombres. Y él podía encontrar ahí lugares en donde había violado la ley de Dios. O él pudo haber estado expuesto al código inmenso de la ley que había sido dado en la economía mosaica, presentado en el Pentateuco, en el Antiguo Testamento. Y en ese punto, él podía haber visto la ley de Dios y haber entendido y haber dicho “no la puedo guardar”. Él entonces habría visto su incapacidad y su desesperanza y haber dicho ‘estoy perdido’, tal como Pablo lo había dicho. Y el publicano. Se golpeaba el pecho y decía “Señor, sé propicio a mí, pecador.” No puedo salvarme a mí mismo. Estoy muerto. Soy un hombre vivo muerto. Me dirijo a una muerte eterna, ¿qué voy a hacer?, ¿Cómo salgo de aquí? Y él vendría a Dios porque él habría oído que Dios es un Dios de gracia. Y ciertamente lo es. Cuando Moisés le dijo a Dios: “muéstrame tu gloria”, Dios le dijo: “aquí está”. Te voy a dejar ver Mi misericordia y Mi gracia, porque esa es Su gloria.

Ellos sabían que Dios era un Dios de gracia. El hecho de que Adán y Eva vivieron en el pasado en su pecado significa que Dios es un Dios de gracia, ¿no es cierto? Y que Dios les permitió ser redimidos. Ellos sabían que Dios era un Dios de gracia. Y entonces, en la desesperanza de su pecaminosidad, habiéndoseles dicho de manera clara cuál era su pecado, porque ellos habían sido medidos según la ley de Dios, esa persona entonces venía con un corazón arrepentido, penitente, como el publicano, golpeándose el pecho y diciendo “Dios, no tengo ningún lugar adonde acudir, no tengo recurso. No puedo guardar la ley, me está matando. Estoy muerto. Lo único que puedo hacer es arrojarme a Tu misericordia y a Tu gracia. Por favor, sálvame.”

Y en ese punto, ejercían fe y eran salvos. Y usted pregunta cómo es que Dios podía simplemente limpiar su pecado. Porque Jesucristo vendría y Su cuerpo llevaría el pecado mismo que Dios estaba perdonando. Así es como la gente en el Antiguo Testamento era salva. Por la fe mediante la gracia. Y la ley tuvo un propósito de gracia porque los llevaba a ese punto. Eso es lo que debía hacer.

Pero, ¿sabe usted lo que pasaba? La ley tenía que matar en esas dos maneras. Pero hay una manera tercera manera en la que la ley mataba. Y cuando mata de esta manera, realmente mata. Realmente mata. Observe Romanos 9:31. Ahora, siga esto con mucho cuidado, Romanos 9:31. “Israel, buscando una ley de justicia, no llegó a esa ley.” ¡Hombre!, aquí estaba Israel, ellos estaban buscando justicia por la ley. Nunca la alcanzaron.

Ahora, escuche con mucha atención: la ley tenía la capacidad, escuche con atención, la ley tenía la capacidad de llevarlo a usted a la justicia. ¿Como? Al manifestar su pecado, el pecado de usted. Y en la desesperanza de ese reconocimiento, usted, en fe, se arrojaba en la misericordia y gracia perdonadoras de Dios. De esa manera, la ley podía llevarlo a la justicia. De esa manera, podría cumplir su propósito de gracia, aunque no podían ser salvo al obedecerla porque no podía obedecerla perfectamente. Por lo menos, podía conocer su imperfección. Y la ley, entonces podía llevarlo a usted a la justicia disponible por parte de Dios, a aquellos que creen.

Pero Israel nunca jamás llegó a este punto en el que entendieron la ley en su intención. ¿Sabe lo que hicieron? Versículo 32, ¿por qué nunca llegaron a ese punto.? Porque nunca la buscaron por fe. Si no la buscaron como si fuera por obras. ¿Sabe lo que hicieron? En lugar de ver la ley moral y decir ‘me estoy quedando corto, soy un hombre vivo muerto. Voy a una eternidad sin Dios. Dios, sé propicio a mí, pecador.’ No quisieron aceptar eso. No quisieron aceptar esa evaluación de su condición.

Y entonces, se volcaron al lado ceremonial, ¿verdad? Y dijeron: ‘bueno, sabemos lo que haremos. Nos vamos a volver justos al mantener todas las ceremonias.’ Y entonces, desarrollaron todo este tipo de formato ritualista sacramental, sacerdotal, ceremonial, litúrgico, religioso. Y eso es exactamente lo que Pablo quiere decir cuando dice que no llegaron a la ley. Nunca llegaron allí en el sentido de que nunca comprendieron su intención. Porque quisieron buscarla por obras. No pudieron cumplir con esta parte, la parte moral, por las obras, pero claro que podían hacer esta parte, ¿verdad?

Ahora, ¿acaso esto le recuerda del mismo tipo de ceremonialismo sacramental que vemos en la actualidad en los griegos ortodoxos, las Iglesias católico romanas e iglesias protestantes litúrgicas? En donde la gente realmente nunca enfrenta la intención de la ley moral de Dios llevándolos a la desesperación, a la penitencia, al quebrantamiento, a la contrición y el arrepentimiento, sino que más bien sustituyen todo el formato, todo el sentarse, levantarse, encender las velas, hacen todo, pasan por toda la mecánica de esto y Dios los va a aceptar como religión verdadera y justicia.

Esa es la razón por la cual Dios odia el sacramentalismo. Porque es un engaño que produce condenación. Porque usted nunca llega a la intención real. Y en Romanos 10:3, dice que los judíos no supieron de la justicia de Dios. Y entonces, buscaron establecer la suya.

Dicho de una manera simple, pensaron que Dios era menos justo que ellos. Pensaron que Dios era menos justo de lo que Él era. Ellos pensaron que eran más justos de lo que ellos eran, y entonces, estaban bien. ¡Qué engaño tan terrible, verdad! Y esa es la razón por la que Jesús podía ver al ojo a las personas mosaicas más religiosas, ceremonialistas, legalistas, en toda la economía mosaica, los fariseos y decirles: “vosotros sois de vuestro padre el diablo. Y a donde Yo voy, vosotros nunca vendréis.”

Y amados, quiero decirles que hay personas no en la actualidad en el ceremonialismo judaico, sino que hay personas enredadas en el ceremonialismo romano y en el ceremonialismo ortodoxo y la liturgia así que están inmersas en símbolos y nunca han enfrentado los asuntos morales de su estado de muerte espiritual y nunca han sido llevados al quebrantamiento, arrepentimiento y contrición y nunca han aceptado a Jesucristo por la gracia mediante la fe.

Esto es realmente mortandad, porque ahora usted ha rediseñado la intención entera de la ley de Dios. Hable de estar muerto. Ahora está realmente muerto. Ahora, todo eso - ni siquiera entré a mis notas - todo eso nos lleva al versículo 6, en donde ya hemos estado. Ahora, observe lo que dice: “este nuevo pacto.” Ahora, escuche con atención: “no es de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata mas el Espíritu vivifica.” Escuche lo que le voy a decir. ¿Sabe una cosa? Aún bajo el antiguo pacto la letra mataba y el Espíritu daba vida. Aún bajo el antiguo pacto eso era verdad.

¿Qué es lo que él quiere decir con la letra? Bueno, creo que la letra aquí no es tan sólo un sinónimo para la ley. No creo que eso es lo que es. No creo que sea un sinónimo directo para la ley. Creo que es un término que expresa una distorsión de la verdadera intención de la ley. La verdadera intención de la ley era expresar que una persona reconociera su pecaminosidad, su incapacidad, su desesperanza. Y aquí está la persona perdida en el foso de su propia iniquidad y sabe que no puede hacer nada al respecto y tiene que depender de manera total de la misericordia y la gracia de Dios y viene en fe. Y cuando él viene, Dios lo perdona de manera absoluta. Total.

Isaías 55:6-7 lo presenta de la manera más clara que puede ser presentada. Y también muchos otros lugares en los profetas. De tal manera que, escuche, Pablo no usa “letra” como un equivalente simple de la ley. Letra es más bien es con lo que el legalista se queda como resultado de mal entender la ley o usar de manera equivocada la ley, porque la ley es espiritual, Romanos 7:14 dice. La letra de la ley es en aislamiento del espíritu de la ley, la cual es su naturaleza verdadera. Es lo que el comentarista Cranfield, quien escribió acerca de Romanos, llamó la ley desnaturalizada. Es despojada de sus propósitos.

Entonces, los judíos llegaron a una ley que tenía la intención de desenmascarar su pecado y llevarlos a Dios. La única manera en la que eso podía pasar era si realmente estaban enfrentando el espíritu de la ley. Si realmente estaban enfrentando la intención de la ley. Si realmente estaban enfrentando el interior. Y claro, eso involucra al Espíritu Santo también. Usted puede tomar la palabra ahí como espíritu con una ‘e’ minúscula o la intención, la esencia moral de la ley o con ‘E’ mayúscula de Espíritu Santo. Y estoy contento con ambas.

Somos siervos del nuevo pacto. Y ahí, en el nuevo pacto, tratamos con el Espíritu Santo, tratamos con las cosas del corazón cosas del espíritu, cosas del interior. No con la ceremonia externa, porque la ceremonia externa mata, pero el Espíritu, el Espíritu Santo aquí, claro, da vida.

 

Esto lleva de regreso de nuevo a una Escritura más; y después, cerramos. A Romanos 2:27. Realmente es desafiante para mí presentar esto de manera clara conforme les hablo, pero voy a seguir trabajando a lo largo de este pasaje. Vamos a avanzar un poco más el próximo domingo. Pero el versículo 27 necesita ser presentado en Romanos 2. ¿Ve la frase la letra de la ley? O simplemente la letra en el original, a la mitad del versículo 27. Señale esto conforme lo leo.

 

“Y el que físicamente es incircunciso,” eso es un gentil, “pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.”

Ahí usted puede ver que la letra es distinta de la ley. Entonces, simplemente estoy tratando de probar, de presentar el punto que estaba explicando en 2 Corintios 3, que la letra no es equivalente a la ley, sino que la letra es una interpretación de la ley que la despoja de su contenido moral espiritual y la hace puramente externa.

 

Alguien quien hace eso, versículo 28, no es un verdadero judío. “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra.”

 

Entonces, aquí de manera coherente, otra vez Pablo usa el término letra no como sinónimo para la ley, sino como un modo de describir un mal entendimiento, una mala definición o un mal concepto de la ley.

 

Guardar la ley significa atravesar por todas las ceremonias externas, mientras que nunca enfrenta la intención moral, de tal manera que usted nunca enfrenta el pecado. Usted nunca enfrenta el arrepentimiento real. Usted nunca viene por gracia mediante la fe a Jesucristo. Usted simplemente anda dándole vueltas con todos estos símbolos. Y ese es un engaño que lleva a la gente a pensar que se están conformando a la intención de Dios cuando no lo están.

 

Ese es un matón real; un matón real. Es muy difícil recuperarse de eso. Usted puede recuperarse de la intención de la ley de matarse y el hecho que lo lleva a la desesperanza por su condición miserable, porque eso lo va a llevar a Cristo. Pero cuando usted llega a ese punto y usted opta por la religión ceremonial, ahora usted ha ido más allá de reconocer su pecado y está en un engaño condenador.

 

Como dije, no tenemos ese mismo problema judaizante en la actualidad, pero tenemos el problema de la religión sacramental ceremonial, predominantemente en el sistema católico romano, en donde multitudes y multitudes de personas creen que tienen una relación con Dios porque cumplen con ciertas ceremonias externas; y el engaño es aterrador.

 

Y como dije el domingo pasado, el hecho de que nosotros simplemente de manera ciega abramos nuestros brazos y le anunciemos al mundo entero que todas esas personas son hermanos y hermanas en Cristo porque usan Su nombre, y para nosotros, como el documento que les mencioné la semana pasada, que demanda que nosotros confesemos nuestro pecado de tratar de evangelizar a católicos, sería equivalente a unirnos a la herejía. No podemos hacer eso. Sus almas eternas están en juego y la integridad de Dios está en juego también.

 

Bueno, la semana próxima, veremos más. Oremos. Padre, te damos gracias por el nuevo pacto en Cristo. El nuevo pacto que sólo provee vida mediante el Espíritu, porque el Espíritu sólo podría entrar en un corazón, sólo podría ser parte de una vida en donde el pecado es enfrentado.

 

Te damos gracias porque cuando el nuevo pacto vino, el antiguo fue obsoleto. Y toda esta ceremonia externa y todo ese ritual y todo eso que era simbólico, de la limpieza real y el sacrificio real y el lavamiento real en Cristo, todos los símbolos que acabaron. La realidad está aquí y ahora. Nosotros, que éramos matados por la ley, debido a Cristo y el Espíritu que mora en nosotros, ahora encontramos que la ley, esa misma ley, es un camino de obediencia y un camino de vida y un camino de bendición y un camino de gozo y un camino de satisfacción, porque por el Espíritu, podemos obedecer la ley. Como Pablo dijo en Romanos 8: “entonces la ley nos mató.” Cristo nos dio vida y ahora la ley es nuestro amiga y vida para nosotros y bendición.

 

Padre, oro por personas que están enredadas en el engaño de la religión externa, quienes no tienen relación contigo. Que alcancemos a estas personas y que hagamos que no vean la ceremonia, sino que vean los mandamientos de las Escrituras que desenmascaran su condición miserable y su pecaminosidad y tienen la intención de llevarlos a Cristo.

 

Que hagamos lo que podamos por ayudarles a escuchar a la voz que los convence de pecado, la voz del Espíritu Santo para que lleguen al punto de la penitencia real y estén listos para recibir Tu perdón. Gracias por lo que has provisto en Cristo para los santos de la antigüedad que no fueron perfeccionados sin Él y por lo que has provisto en Él para nosotros. Ayúdanos hacer personas que viven por la fe. Y si llegara a existir un salón de la fama para creyentes del Nuevo Testamento, que excedamos en gozo si es que se nos permite llegar a ser mencionados.

 

Ayúdanos a vivir vidas ejemplares de fe en Cristo como pecadores arrepentidos que se han volcado a Tu misericordia en Él. Oramos en Su nombre. Amén.

 

 

 

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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