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Si son tan amables de abrir sus Biblias en esta mañana, para nuestro estudio de la preciada Palabra de Dios, en Filipenses 2; y queremos regresar a los versículos 5 al 8, a esta porción tan, tan significativa de las Escrituras, que describe la encarnación del Señor Jesucristo. La última vez la vimos para efectos éticos de propósito moral, para que fuera un modelo para nosotros en este asunto de humillarnos a nosotros mismos, por causa de la unidad de la Iglesia. Y esta mañana, quiero regresar a los mismos versículos, y no concentrarnos en el propósito ético, y moral, y ejemplar, sino ver la teología de estas mismas verdades; porque ya que nos dan una norma qué seguir, también nos hablan de la verdad acerca de la encarnación, el milagro más grande que Dios jamás llevó a cabo, cuando Él se volvió hombre para morir por nosotros; y no trataríamos de manera apropiada este gran texto, si no lo fuéramos a tratar de alguna manera en términos de su verdad teológica.

Escuche los versículos 5 al 8 conforme leo: “5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Esta semana volví a leer porciones de un libro que había leído varias veces hace varios años atrás; el título del libro es “Milagros”, su autor es C. S. Lewis; tiene un capítulo en el libro titulado ‘El gran milagro’, y es un capítulo acerca de la encarnación; y en ese capítulo, en su manera única, él extrae algunas analogías ricas para nosotros, mediante las cuales podemos ver la encarnación.

Permítame leerle una porción algo extendida, debido a que lo que él dice es tan rico, y cito: “En la historia cristiana, Dios desciende para volver a ascender. Él desciende; desciende de las alturas del ser absoluto al tiempo y al espacio, desciende a la humanidad; y desciende aún más, desciende hasta las raíces mismas del mar de la naturaleza que Él había creado. Pero él desciende para volver a subir, y llevar al mundo arruinado con Él. Uno tiene el retrato de un hombre fuerte que se está inclinando más y más bajo, para llegar a colocarse a sí mismo bajo una carga complicada, grande. Él debe inclinarse para poder levantar; Él también tiene que desaparecer debajo de la carga, antes de que Él endereza, de manera increíble, su espalda, y empiece a marchar con la masa entera, cargándola sobre sus hombros. O uno puede pensar en un buzo; primero reduciéndose a sí mismo a desnudez, y después viendo al aire, y después entrando en un clavado, desvaneciéndose y bajando en el agua verde y caliente, hacia agua negra y fría; descendiendo a una presión que se va incrementando, hasta llegar a la región que es como la muerte de putrefacción que ha estado ahí por mucho tiempo, y de residuos, y de desechos.

Y de nuevo, vuelve a subir de regreso al color y a la luz, con sus pulmones casi explotando, hasta que de pronto él vuelve a irrumpir en la superficie, y teniendo en su mano algo preciado que está goteando, que él recuperó allá abajo. Él y eso, ambos tienen color ahora que han llegado a la luz; allá abajo donde yacía sin color en la oscuridad, él también perdió su color. En este descenso y re-ascenso, toda persona reconocerá un patrón familiar, algo escrito por todo el mundo, es el patrón de toda la vida vegetal; debe hacerse pequeña, y volverse algo duro, pequeño, y semejante a la muerte; debe caer al suelo, y de ahí, a partir de ahí, la nueva vida re-asciende; es el patrón de toda la generación animal también. Allí hay un descenso de los organismos perfectos y completos, a los espermatozoides y óvulo en el vientre oscuro; una vida que es primero inferior en tipo, comparada a la de las especies a la cual está siendo reproducida; y después el ascenso lento hasta llegar al embrión perfecto, al bebé consciente, vivo, y finalmente al adulto.

Así es también en nuestra vida moral y emocional: primero, los deseos inocentes y espontáneos tienen que someterse al proceso semejante a la muerte de control o de negación total. Pero, a partir de ahí hay un re-ascenso  a una virtud totalmente y plenamente formada, en la cual la fortaleza del material original opera de una manera nueva. La muerte y el renacimiento descienden para volver a ascender; es un principio clave. A través de este cuello de botella, éste hacerse pequeño; el camino hacia arriba casi cerca yace”, fin de la cita. Con esas palabras Lewis entonces se aproxima a la encarnación, el milagro central del cristianismo; lo más maravilloso y grandioso de todas las cosas que Dios jamás hizo; y ese es el tema de estos grandes versículos frente a nosotros.

Ahora, como dijimos la última vez, vimos estos versículos, y vimos su importancia ética conforme Jesús se volvió para nosotros el modelo perfecto de humillación, Él es el cumplimiento perfecto de los versículos 3 y 4, alguien que no hace nada por contienda o por vanagloria, alguien que con humildad de mente considera a otros como más importantes que Él mismo, alguien que no ve lo suyo propio sino también lo de los otros, y en eso Él es nuestro ejemplo; pero hay más aquí que tan solo eso. Y en esta mañana descenderemos por el mismo trayecto que descendimos el último día del Señor, nada más que en esta ocasión no tanto enfocándonos en el modelo de la humillación, como en la humillación misma.

Comencemos en el versículo 6, dice en el versículo 6: “el cual, siendo en forma de Dios […]”, ahí es donde comienza la encarnación, ese es el punto desde el cual Él desciende y condesciende. Ahora, ¿qué quiere decir con la palabra ‘forma’? Por cierto, Él la vuelve a usar en el versículo 7 como la veremos en un momento, pero esto es crucial: ‘morfeis’ es la palabra, usamos eso como una palabra en español, usamos eso como una parte de una palabra en español, ‘endoforme’, ‘hectoforme’, y varias otras cosas; ‘morfe’ significa ‘forma’, de acuerdo con el léxico de Moulton y Milligan, significa una forma que expresa de manera plena y verdadera el ser; en otras palabras, es una palabra que se refiere a ‘esencia’, o a ser esencial, o naturaleza; aquí siendo aplicada a Dios, la forma de Dios, significa que en su ser más profundo lo que Él es en sí mismo, su ser esencial.

La declaración entonces está diciendo que Jesucristo existió en el ser esencial de Dios, y Él siempre, y de manera continua e inalterable, existió en esa esencia. Quizá pueda entender la palabra ‘morfei’ si la compara con otra palabra griega, ‘skema’, ambas podrían ser traducidas en español ‘forma’, realmente esa es la mejor palabra en español; pero pierde algo, a menos de que sea dividida en esas dos palabras griegas. Permítame mostrarle la distinción: ‘forma’ o ‘morfeis’, la naturaleza esencial de algo, lo que es en sí mismo; ‘skema’ esa es la forma externa que adopta; la ‘morfe’ nunca cambia, la ‘skema’ cambia; quizás una ilustración simple sería esta: Yo soy un hombre, poseo la naturaleza humana, he poseído la naturaleza humana desde que fui concebido, y poseeré la naturaleza humana hasta que muera, ese es mi ‘morfe’.

Pero esa naturaleza, esa característica esencial de ser humano es manifestada en muchas ‘skemas’ diferentes. Si pudiera transliterarlo un poco. En otras palabras, hubo una ocasión en la que yo fui un embrión, después hubo una ocasión en la que fui un bebé, y hubo una ocasión en la que fui un niño; después fui un niño, después fui un joven, después fui un adulto, y algún día seré un hombre de edad; y en este momento estoy en la flor de la vida. Puedo sentir ahí lo que están pensando, puedo ver lo que están pensando. Pero como puede ver, mi ‘morfeis’ es ser humano, y mi ‘skema’ cambia; y cuando Pablo escoge la palabra ‘morfe’, él está diciendo algo muy específico; él está diciendo que Jesús siempre ha existido en la esencia incambiable del ser de Dios. Para hacerlo simple, él está diciendo que Jesús es Dios; Él posee el ser mismo, y la naturaleza misma de Dios, y Él siempre ha poseído eso.

Y esa interpretación de esa primera frase es ciertamente fortalecida por la segunda frase, en la cual habla de que Jesús, siendo igual a Dios, y de esta manera él describe claro lo que él quiso decir con la frase “Siendo en forma de Dios”, él quiso decir que es igual a Dios. ¿Por qué tenemos tanta discusión acerca de esto? Porque es el corazón y el alma de la fe cristiana; e inevitablemente cuando la gente ataca la fe cristiana, cuando formas de religión, fuera de la verdad, nos atacan, ellos atacan en el punto de la deidad de Cristo. Ayer recibí algunas visitas en mi casa, eran testigos de Jehová, no se quedaron por mucho tiempo; estaban ahí para hablarme de cierto mensaje, ¿saben cuál era el mensaje?: “Señor, usted necesita saber esto: Jesús no es Dios”, ese es el mensaje de los testigos de Jehová. Oh, no van a salir y decirlo, a menos de que usted le pregunte, pero ese es el mensaje; esa es una negación de la esencia de la fe cristiana.

En el Evangelio de Juan parece ser su preocupación en particular, y su carga y pasión, bajo la inspiración del Espíritu Santo, dejar al lector sin duda alguna en su mente de que Jesús es Dios, y entonces él inclusive comienza con esa declaración: “En el principio era el Verbo (refiriéndose a Cristo), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, y para demostrar eso él dice: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho; en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; Él es el creador”. En el versículo 14 él dice de Cristo que: “Él se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria del Unigénito del Padre, Él es Dios”; y Juan estaba diciendo claro, en el registro maravilloso de Juan 8:58 que: “Antes de que Abraham fuese, Yo Soy”, y por lo tanto Él adoptó el nombre mismo de Dios, quien dijo: “Yo Soy el que Soy, y te he enviado”; y en Colosenses, el Apóstol Pablo en ese maravilloso primer capítulo, versículo 15, hablando de Cristo, él dice: “Él es la imagen (o la réplica exacta) del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de Él todas las cosas fueron hechas, las que están en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos o dominios, o principados o potestades, todas las cosas fueron creadas por Él y para Él, y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas existen”.

Dos veces entonces, Juan y Pablo, nos presentan la gran evidencia de la deidad de Cristo como su capacidad de crear; y Él dio evidencia de eso, suficiente evidencia. Si alguna vez se preguntó si Jesús es Dios, vea cómo él puede crear, no solo en el pasado, no solo en el punto de la creación, sino que observe sus milagros creativos en su vida; Él creó peces, Él creó pan, Él creó un oído cuando Pedro cortó uno, Él creó nuevas piernas, nuevos ojos, nuevos oídos y una nueva boca, Él creó nuevos órganos internos para reemplazar los que estaban enfermos; actos de creación. Él es el creador, Él es Dios. En Hebreos 1:3, ¿se acuerda de esto?: “Él es el resplandor de la gloria de Dios, y la representación exacta de su naturaleza”, ahí comienza todo. Todo comienza con el reconocimiento de que Jesucristo existió en la esencia misma del Dios Eterno; ahí comienza. El cristianismo, entonces, es una verdad tremendamente simple; sin embargo, infinitamente profunda de que Dios se volvió hombre; y ahora seguimos el camino de esa encarnación, de su encarnación.

Regrese al versículo 6: “[…] siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse”, Él no consideró que debía aferrarse a eso. Esa palabra ‘igual’ es interesante. La palabra griega es la palabra ‘isos’, es una palabra muy interesante; significa ‘exactamente igual en tamaño, cantidad, cualidad, naturaleza, número’, lo que sea, pero significa ‘exactamente igual’; usamos eso inclusive en español. ¿Está usted familiarizado con términos como ‘isómero’? Algunos de ustedes en las ciencias naturales lo están; un isómero es una molécula química, que tiene una estructura ligeramente diferente de otra molécula, pero es absolutamente idéntica a la otra, en términos de sus elementos químicos y peso son iguales. Podríamos decir que su ‘skema’ puede ser diferente, pero su ‘morfe’ es la misma, o es igual; ‘isomorfos’ significa tener la misma forma; ‘isométricos’ significa medidas iguales; y un triángulo ‘isósceles’, recordará a partir de sus días en la escuela, es un triángulo que tiene dos lados iguales.

La palabra significa ‘igual’, Él era igual con Dios, exactamente igual a Dios, Él es en forma de Dios, Él es Dios; eso es lo que Pablo está diciendo. De hecho, el texto griego literalmente dice en el versículo 6, ‘Él no consideró el ser igual con Dios’, una declaración tremenda; Él es igual a Dios. Y aquí está el primer paso hacia abajo; Él no se aferró a eso, Él no se detuvo a eso, Él no lo poseyó como algo que no debía ser echo a un lado, aunque él era igual a Dios; no hay duda alguna acerca de esto en las Escrituras, no había duda alguna de que Jesús afirmó esto, no había duda en lo absoluto en las personas que lo oyeron cuando Él dijo ser así. En Juan 5:18 Él dice que los judíos estaban buscando matarlo, ¿por qué?, porque Él no solo estaba quebrantando el día de reposo, sino que se estaba haciendo igual a Dios, al llamar a Dios su propio Padre; y cuando alguna de esas personas venía, que quería negar que Jesús era igual a Dios, lo que es interesante es que les dice: “Me parece extraño que ni siquiera saben cuáles son sus peores enemigos”, porque sus peores enemigos los judíos apóstatas que rechazaban a Cristo, que estaban inmersos en justicia personal, no les quedó duda acerca de lo que Él dijo, ellos sabían exactamente lo que Él estaba diciendo, Él estaba diciendo ser igual a Dios.

Nadie que lea el Nuevo Testamento puede perder de vista eso. En Juan 10:33 los judíos respondieron, y le dijeron otra vez: “Por buena obra no te apedreamos, sino por blasfemia (¿por qué?), porque tú, siendo hombre, te haces igual a Dios”, ellos sabían lo que estaban diciendo, bastante obvio; Él les dijo: “Ustedes deben ver las cosas que hago, y saber y entender que el Padre está en Mí, y Yo en el Padre”, y Él les dice a sus discípulos: “Tanto tiempo he estado con ustedes, ¿y todavía no saben quiénes son? Si me habéis visto a Mí, habéis visto al Padre”; y Tomás, en el capítulo 20, versículo 28, dice: “Señor mío, y (¿qué?) Dios mío”; pero aquí está el primer paso hacia abajo.

Aunque Él tenía todos los derechos y privilegios y honores de ser Dios, Él no se aferró a ellos; esa palabra originalmente significaba ‘robar’, algo adquirido mediante robo o algo aferrado; pero llegó a significar cualquier cosa a la que alguien se aferraba, a la que alguien abrazaba, a la que alguien valoraba, a la que alguien abrazaba fuertemente; Él existió como Dios, pero Él se reusó a aferrarse a esa posición favorecida, Él se reusó a aferrarse a todos los derechos y honores que iban con ello. Él estaba dispuesto a entregarlos, a hacerlos a un lado; esa es la idea, ese es el mensaje increíble del cristianismo; no es lo mismo como otras religiones. En India, usted ve a la gente tratando de apaciguar un dios para que no se enoje con ellos; en el cristianismo usted ve a Dios, mirando hacia abajo, a pecadores miserables que lo odian y son sus enemigos, y de manera dispuesta Él hace a un lado sus privilegios para descender por causa de ellos; esa es la actitud de humildad que comienza en la encarnación, comienza con la abnegación de la segunda persona de la trinidad.

¿Y después qué sigue? Por favor, observe el versículo 7: “Sino que se despojó a sí mismo […]”, una declaración profunda, introducida por un término griego, que significa ‘no esto, sino esto’; Él no pensó que esto era algo a lo que debía aferrarse, sino que más bien, por otro lado, Él se despojó a sí mismo; es una especie de conexión de contraste; el ser igual a Dios no lo llevó a llenarse a sí mismo, sino lo llevó a vaciarse a sí mismo. El verbo ‘despojó’, ‘kenois’, la forma del verbo de la cual obtenemos ese término teológico clásico, la ‘kenosis’, la cual es lo que los teólogos han llamado el auto-vacío o la encarnación de la doctrina de la kenosis, el auto-vacío de Cristo; es una expresión muy vívida; Él se vació a sí mismo, una auto-renuncia; Él se reusó a usar aquello a lo que Él tenía derecho, se reusó a aferrarse a sus ventajas y privilegios como Dios.

¿Se puede imaginar? Dios, quien es dueño de todo, quien puede hacer todo, quien tiene el derecho a todo, quien está plenamente satisfecho consigo mismo, sino que se vació a sí mismo. Ahora, ¿qué significa eso? Esto, claro, ha sido discutido mucho. ¿Qué significa que ‘Él se despojó’? ¿De qué se despojó? ¿De qué se vació? En primer lugar, observe y nunca lo olvide, Él no se vació a sí mismo de su deidad; Él no se vacío a sí mismo de su deidad, de lo contrario Él habría cesado de existir; y si Él cesara de existir, así también Dios el Padre, y así también Dios el Espíritu, porque su vida es una vida; Él no se vació a sí mismo de su deidad, o de alguna porción de su deidad, porque Él no puede ser menos de lo que Él era; Él es Dios, Él existe eternamente en la ‘morfe’ de Dios, Él no dejó de ser Dios. De hecho, estoy es muy claro en Lucas 9:32, que cuando Él llegó al monte de la transfiguración e hizo a un lado su carne, ellos vieron la gloria que estaba ahí; Él no intercambió deidad por humanidad, Él no dejó de ser Dios y comenzó a ser hombre.

Si hubiera hecho eso, Él habría muerto en una cruz, y se hubiera quedado ahí en la tumba, porque solo Dios tiene el poder de morir, y al morir Él conquistó la muerte; solo Dios podía crear y hacer los milagros que Él hizo, solo Dios podía decir las palabras que Él dijo; Él no dejó ser Dios; ni parte alguna de su naturaleza divina esencial fue quitada, nada; Él no podía cortar un pedazo de quién era Él. Hay algunos que promueven una perspectiva como esa que es blasfema. Dice usted: ¿Qué es lo que renunció? ¿De qué se despojó? En primer lugar, se despojó de su gloria celestial; Él se despojó de su gloria celestial, se zambulló en el agua y descendió hasta el agua negra, fría, a donde están los desechos de este mundo; y esta es la razón por la que Él clama en Juan 17 y dice: “Padre, devuélveme, restáurame la gloria que tuve contigo antes de que el mundo comenzara”; gloria, cuando Él estaba cara a cara con Dios, Él se despojó de su gloria por el lodo de esta tierra, Él rindió la adoración de los ángeles, la presencia adoradora de ángeles por los vituperios de los hombres, Él rindió todo el brillo de las glorias del cielo por la prisión oscura en la que Él fue guardado antes de su muerte; sí, Él se vació de su gloria en ese sentido.

Otra manera de verlo es que Él cubrió su gloria, Él la veló; ellos vieron un vistazo de la misma en el monte de la transfiguración, hubieron vistazos de la misma en todos sus milagros, hubieron vistazos de la misma en su actitud, hubieron vistazos de la misma en sus palabras, hubieron ciertamente vistazos de ella inclusive en la cruz; hubo una manifestación refulgente de la misma en la resurrección y la ascensión, pero Él se vació a sí mismo de algo, de la manifestación externa y del placer personal de la gloria celestial. En segundo lugar, Él se despojó a sí mismo de la autoridad independiente. Ahora, no entiendo cómo la trinidad opera; sé que opera en armonía perfecta, y sé que en esa armonía perfecta no hay discordia ni hay desacuerdos, y esa es la manera en la que es en la trinidad; no obstante, de alguna manera misteriosa para mi mente, la cual nunca entenderá, Él se sometió de manera completa a la voluntad del Padre, nunca entenderé eso, y no quiero que ni siquiera usted piense en esto por mucho tiempo, de lo contrario estará ahí en la cama recitando el alfabeto griego porque no tiene lógica para nuestra mente, porque no parece lógico para nuestra mente.

Pero el punto es que Él hizo a un lado un ejercicio voluntario de su propia voluntad, y Él aprendió a ser un siervo, y Él se sometió a sí mismo, y Él fue obediente dice en el versículo 8, Él fue obediente; no entiendo eso, pero Él fue obediente. En el huerto, Él dijo: “No se haga mi voluntad sino la tuya”, Él aprendió la obediencia por las cosas que Él sufrió, Hebreos 5 dice; Él dijo: “Yo he venido para hacer la voluntad del Padre”, Juan 5:30; entonces Él hizo a un lado su autoridad independiente. En tercer lugar, Él hizo a un lado las prerrogativas de su deidad, o Él hizo a un lado el uso voluntario de sus atributos; dice usted: “¿Dejó de ser omnisciente?”, “No”, “¿Dejó de ser omnipresente?”, “No”, “¿Dejó de ser el Dios incambiable?”, “No”; Él no dejó de ser nada, Él simplemente no usó esos atributos. Algunos han dicho que Él rindió las prerrogativas de su deidad; sé que Él era omnisciente, Él sabía todo porque Él sabía lo que estaba en el corazón de un hombre, Juan 2; y sé que Él era omnipresente porque Él vio a Nataniel cuando Él ni siquiera estaba donde Nataniel estaba en su forma humana; Él no rindió nada de su deidad, sino que Él rindió el ejercicio libre de esos atributos, y se limitó a sí mismo al punto en donde…

Mateo 24:36 dice que ningún hombre sabe cuándo el Hijo del Hombre vendrá, ni siquiera los hombres, ni siquiera el Hijo del Hombre; Él restringió su omnisciencia, y Él restringió las prerrogativas de su deidad. En cuarto lugar –y me encanta pensar en esto–, Él rindió sus riquezas personales, Él rindió sus riquezas personales. Aunque Él era rico; sin embargo, por nuestra causa, Él se volvió pobre (2ª de Corintios 8:9), para que ustedes a través de su pobreza, pudieran ser hechos ricos; Él se volvió terriblemente pobre en este mundo, terriblemente pobre; Él no tenía nada, nada. Y después, finalmente, como mencioné en la última vez, Él rindió una relación favorable con Dios; el que no conoció pecado por nosotros, fue hecho pecado; y como resultado, Él dice: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?”, Él rindió una relación favorable con Dios.

Ahora, escúcheme: Aunque Él rindió la expresión plena de su gloria celestial, y el placer pleno de disfrutarla; aunque Él rindió la autoridad y ejercicio, independiente de su propia voluntad, y aprendió la obediencia; aunque Él rindió las prerrogativas de expresar toda la majestad de todos sus atributos, lo cual Él puedo haber hecho por cierto; y aunque Él rindió las riquezas personales por la pobreza de este mundo, y aunque rindió una relación favorable con Dios cuando Él fue hecho pecado; escúcheme: Él nunca dejó de ser Dios, nunca. Él permaneció siendo Dios de manera total, Él permaneció siendo totalmente Dios. En cualquier momento, Él pudo haber destruido a todos sus enemigos sobre la faz de la tierra con el aliento de su boca, pero no lo hizo; Él se despojó a sí mismo. Hay un sentido en el cual Él se despojó a sí mismo, no al rendir algo solo, sino que se despojó a sí mismo también al adoptar algo. Es correcto. Observe el versículo 7: “[…] tomando forma de siervo”. Él rindió algo.

Acabamos de mencionar todo lo que rindió, y Él adoptó algo: la forma de siervo. En un sentido, al darse a sí mismo, al vaciarse a sí mismo, su ‘kenosis’ no solo fue al rendir algo, sino al tomar algo: la forma de un siervo. Observe la palabra ‘forma’ de nuevo, ahí está de nuevo, ‘morfe’ es la esencia; esto no es un manto, este no es un ‘skema’ externa, Él literalmente tomó, adoptó la esencia de un siervo. Por cierto, el único otro uso de esa palabra en el Nuevo Testamento ‘morfe’ es en Marcos 16:12, en donde Jesús toma ‘morfe’ de resurrección, la naturaleza de un cuerpo resucitado; pero aquí Él realmente se volvió un ‘doulos’, un siervo, y Él vino a servir la voluntad de Dios y el propósito de Dios, y a someterse a Dios, y por lo tanto someterse a las necesidades también de los hombres.

Estos se remonta en Isaías 52:13 y 14, lo cual identifica al Mesías venidero como el siervo, realmente el siervo; se volvió pobre, se volvió un esclavo; ¡imagínese! ¡Él era dueño de todo! Pero cuando Él vino a este mundo, Él estaba tomando prestado todo de los hombres, ¡es impensable! Él tuvo que tomar prestado un lugar dónde nacer, y no era un lugar importante; Él tuvo que tomar prestado un lugar en donde colocar su cabeza, ni siquiera tenía un hogar; muchas noches Él durmió en el Monte de los Olivos; Él tuvo que tomar prestado una barca para cruzar el pequeño mar de Galilea; Él tuvo que tomar presado un barco para predicar de Él mismo; Él tuvo que tomar prestado un animal para entrar a la ciudad cuando estaba siendo recibido de manera triunfal, como Rey de Reyes y Señor de Señores; Él tuvo que tomar prestado un lugar para la Pascua, un aposento para la Pascua porque ni siquiera tenía una casa en Jerusalén; Él tuvo que tomar prestado una tumba para ser sepultado; la única persona que tenía el derecho a todo, terminó sin nada y se volvió un siervo.

Él vino al mundo como el Rey de Reyes, Señor de Señores, el Heredero legítimo al trono de David, como también Dios en carne humana, pero no tenía ventajas, Él no tenía privilegios en este mundo, Él vino como siervo, nadie le dio nada, nadie le encomendó ningún tesoro, nadie le dio un hogar, nadie le dio ningún animal para que se montara sobre él, nadie le dio alguna propiedad para llamarla suya, nadie le dio nada; Él sirvió a todo mundo. Él no tenía ventajas, Él no tenía privilegios, éste es Dios, recuerde, éste es Dios, este es el Dios del universo, del que estamos hablando quien hizo todas las cosas; porque por medio de Él todas las cosas fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido fue hecho, y por medio de Él son todas las cosas; sin embargo, no tiene nada. Después, Él descendió un paso más, dice en el versículo 7: “[…] hecho semejante a los hombres”. Él simplemente era como los hombres, a Él se le dio los atributos esenciales de la humanidad; Él era ‘homeomati’, Él era homogéneo con los hombres, esa es la idea, Él se volvió hombre, verdaderamente humano, realmente humano; no dejó de ser Dios, y no tomó algún cuerpo; Él no es Dios en un cuerpo, Él es Dios hombre, y hombre es más que un cuerpo; toda la esencia de la humanidad: cuerpo, alma, mente; verdaderamente humano.

Esa es la razón por la que en Lucas 2:52 dice que Él creció en sabiduría y estatura, Él estaba creciendo como humano. Colosenses 1:22 dice: “Sin embargo, Él ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne”, Él tenía un cuerpo como el de usted, un cuerpo de carne; Él no es un fantasma, es un cuerpo real. En Gálatas 4:4 dice que Él fue hecho de una mujer, hecho bajo la ley. En Hebreos 2:14, debido entonces a que los hijos comparten en carne y sangre, Él también participó de lo mismo, misma carne y sangre que tenemos. No quiero que se confunda con esto, que cuando Él vino al mundo, Él vino, y toda la carne que Él tomó era carne humana normal, que sintió todos los efectos de la caída; no era una especie de humanidad pre-caída como la de Adán, sino una humanidad post-caída en el sentido de que podía conocer la tristeza y las lágrimas, y el llorar y el sufrimiento, y el dolor y el hambre, y la sed y la muerte; y la muerte solo puede tocar la humanidad que ya ha sido tocada por la caída.

Entonces, Él sintió los efectos de la caída, sin que Él jamás conociera o experimentara, o tocara el pecado en la caída; y Hebreos dice que Él participó de lo mismo como los hijos que participan de carne y sangre. Él fue hecho en semejanza a sus hermanos en todas las cosas, (Hebreos 2:17) en todas las cosas, ¿por qué?, para que Él pudiera convertirse en un sumo sacerdote misericordioso y fiel. ¿Cómo es que Él va a saber lo que sentimos, a menos de que Él sienta lo que sentimos? Y si Él lo siente en la humanidad no caída, Él no lo sentirá porque no está ahí; Él era humano en el sentido de que Él experimentó toda la prueba, y toda la tentación de los hombres; y esa es la razón por la que Él es un sumo sacerdote tan fiel y tan comprensivo; sin embargo, Él nunca pecó. (Hebreos 4:15) Sin pecado, nunca pecó, no podía pecar porque Dios no puede pecar; Él descendió hasta abajo, tomó la forma de un siervo, un esclavo, y fue hecho a semejanza de hombres.

Versículo 8, nos lleva un paso más hacia abajo: “Y estando en la condición de hombre […]”, simplemente veo esta declaración y continúo meditando y meditando en él. Al principio usted piensa: “Bueno, ¿acaso eso no repite al final de versículo 7 ‘hecho en semejanza de hombres’?”, pero no es así. Dice que se descubrió que parecía como hombre; y ahora Él ve esa humillación desde el punto de vista de la gente que lo vio; sí, Él es el Dios hombre, pero conforme la gente lo veía, lo veía en la apariencia de hombre; la palabra aquí es ‘skemati’, de ‘skema’; la forma externa para ellos era la de un hombre, ellos veían la forma externa, y vieron un hombre, y eso es correcto, ellos lo veían como hombre; pero había mucho más que no vieron, y creo que está implícito aquí, eso es parte de su humillación. Él descendió para volverse el Dios hombre, pero nunca vieron la parte de Dios; lo vieron, y vieron que su apariencia era la de un hombre, y la ‘skema’ de un hombre era lo único que veían.

Amados, sería una cosa que Dios se volviera hombre, pero eso ya es suficientemente humillante que Dios se vuelva un hombre, y que el hombre piense que Él es solo hombre, de hecho es algo humillante, eso es humillante; y Él hizo todas las obras, dijo todas las palabras, hizo todos los milagros y dijeron: “Este hombre tiene un demonio”, y los judíos dijeron: “Conocemos a este hombre, conocemos a su madre y a su padre, sabemos de dónde es, y, ¿de dónde salió diciendo que descendí del cielo? ¿De dónde saca esto?”; ellos simplemente lo veían como hombre, y eso era tan humillante; sus mentes estaban oscurecidas por el pecado, reconocieron su humanidad pero no vieron su deidad, no sabían quién era, no sabían quién era, ¡qué humillante! ¡Aquí está, Dios en carne humana! El Rey de Reyes, el Rey del universo, Majestuoso, ¡y ni siquiera lo saben! Y lo tratan no como hombre, sino como lo peor de los hombres, lo tratan como criminal. “Bueno –dice usted– ¿acaso Él les respondió?”, ¡no! Él descendió aún más.

Versículo 8: “[…] se humilló a sí mismo […]”; Él ya se había humillado, se humilló a sí mismo bajo ese trabajo, Él ya se había humillado. Habría sido suficiente para Él simplemente el estar dispuesto a no aferrarse a sus derechos, sino que después se vació a sí mismo del ejercicio de esas cosas, y después descender al punto de ser un esclavo, siendo Él un Rey, y después ser hecho exactamente como los seres humanos, sufrir todo lo que ellos sufren y sentir todo lo que ellos sienten, excepto pecar, y después ser visto solo como un hombre habría sido suficiente; pero ya para ese entonces usted habría gritado y habría dicho: “¡Quiero mis derechos! Eso es suficiente. ¿Saben quién soy?”, usted habría quizá derribado un edificio grande, o algo habría creado, o algo habría respondido, ¿no? Él se humilló a sí mismo, Él simplemente bajó a otro nivel. Obsérvelo en su juicio; la humillación es absolutamente increíble; y lo que le sorprende en esta humillación, es que Él nunca responde una palabra.

Y finalmente, Él admite quién es cuando se le pregunta, y Él dice: “Tú lo acabas de decir, tú lo dijiste”; ¡humillación total! ¡Se están burlando de Él! ¡Le están pegando! ¡Están jalándole la barba! ¡Lo están tratando como la escoria, y Él es Dios! ¡Y Él no dice una palabra! Y lo pasan de fase en fase, a lo largo de un juicio falso, y Él no dice nada, y Él lo acepta, y Él no demanda sus derechos, ¡y qué retrato de la humildad es éste! Se humilló a sí mismo, y Él bajó aún más. ¿Qué tan bajo fue? El versículo 8 dice: “[…] haciéndose obediente hasta la muerte […]”. Ahora, en algún punto cerca de eso, usted habría pensado que Él habría dicho: “Se acabó, es suficiente”; en algún punto, a la mitad de ese juicio, habría usted asumido que Él los habría aniquilado con fuego de su boca, y habría consumido a todos estos corruptos; pero no lo hizo.

En algún punto, cuando Él está siendo objeto de burla, y está siendo arrastrado semidesnudo ahí a lo largo de la ciudad de Jerusalén con una cruz en su espalda, usted habría pensado que Él se habría detenido y Él habría dicho: “Se acabó, es suficiente. Ustedes no valen la pena este esfuerzo. Demando que sepan quién soy”, pero no lo hizo. En algún punto en la cruz, usted habría pensado que Él habría gritado quién era Él, pero Él nunca lo hizo; nunca lo dice. Él fue obediente hasta el punto de muerte, hasta la profundidad del lodo y el desecho de los lugares oscuros profundos para que Él nos trajera de regreso al color. Y Pablo dice: “No solo muerte, sino (la última frase) y muerte de cruz”. La palabra ‘y’ llama la atención a la característica asombrosa de la humillación definitiva de Cristo; este es el fondo, este es el fin de la línea; no solo muerte, sino muerte de cruz, crucifixión, la muerte vergonzosa, intensamente dolorosa, degradante, humillante, originalmente diseñada por los persas y perfeccionada por los romanos, solo era apta para un esclavo, y la peor escoria entre los criminales.

Los judíos la odiaban porque les recordaba Deuteronomio 21:22, el cual decía: “Maldito es todo aquel que cuelgue de un árbol, de un madero”; Pablo cita eso en Gálatas 3. La odiaban, la menospreciaban; esto es lo máximo en términos de degradación humana, colgar en el cielo desnudo –por así decirlo– ante el mundo entero que observaba, con clavos metidos en tus manos y pies; el objeto de burla. Ahí está Él, éste es Dios, éste es el Dios que creó el universo. En algún punto, a lo largo del proceso, usted pensará que Él se diría a sí mismo: “¿Sabes? No vale la pena redimir estas personas, esto es demasiado degradante, esto es demasiado humillante”; esto es lo que Él hizo, esta es la gracia de Dios, este es el amor de Dios hacia pecadores, y Él lo hizo para morir por usted y morir por mí, éste es un plan asombroso, ¿no es cierto? Este es un plan que ningún hombre habría diseñado.

Es sorprendente que cuando el Apóstol Pablo ve la salvación, no desde la perspectiva histórica aquí, sino desde la perspectiva doctrinal; y durante 11 capítulos en Romanos, él muestra cómo Dios se volvió hombre, y murió y resucitó para proveer salvación. Y al final de todo esto, en Romanos 11:33 él dice: “[…] ¡Cuán insondables son tus juicios, e inescrutables tus caminos!”; él literalmente está asombrado: “¡Dios, qué plan! ¡Quién jamás habría soñado de esto! ¡Quién se habría imaginado que Dios haría eso!”.

Ahora, si nosotros lo hubiéramos planeado, lo habríamos enviado a un palacio, y habríamos hecho que naciera en riqueza, y en una familia prominente, y nos habríamos encargado de que Él fuera educado en las universidades, en las mejores universidades, y con los maestros de la mayor élite, y los mejores tutores, expuesto a lo mejor de la sabiduría y la información humana; y si hubiéramos planeado que Dios viniera a este mundo, nos habríamos asegurado que todo mundo lo amara y lo reverenciara, y lo honrara y lo respetara; y nos habríamos asegurado de que Él estuviera en todos los lugares prominentes, conociendo a todas las personas prominentes; y nos habríamos asegurado de que hubiera una campaña de relaciones públicas para promover mucho afecto hacia Él, y ciertamente nunca habríamos dejado que Él naciera en un establo, y nunca habríamos dejado que Él naciera en una familia con pobreza, y nunca habríamos dejado que Él pasara su vida en un taller de carpintería, en un lugar oscuro, en una ciudad oscura en Galilea; nunca le habríamos permitido vivir sin ningún bien terrenal, ni le habríamos permitido vivir toda su vida y ministerio con un grupo de seguidores ahí de lo más bajo como los tuvo; nos habríamos asegurado que tuviera gente calificada para que fueran sus discípulos, y los requisitos habrían sido muy estrictos; lo habríamos hecho diferente.

Nunca habríamos permitido que Él fuera humillado; habríamos encarcelado o ejecutado a cualquier persona que le escupiera, o que le jalara su barba, o se burlara de Él cara a cara, o que le metiera clavos en sus manos; lo habríamos hecho muy diferente, y no habríamos sido salvos. Es sorpresa alguna que el salmista dice en el Salmos 36:6: “[…] Tus juicios son como un gran abismo […]”, esto es demasiado para nosotros, no podemos entender esto. ‘Cuán insondables son sus caminos’, imposibles de rastrear; no puedo encontrar el fin de ellos, no puedo llegar ni a la fuente ni a la meta, no lo entiende; una verdad tan profunda, un propósito divino tan profundo. Y esto es lo que Dios ha hecho por nosotros, por nosotros. Inclinémonos en oración.

Señor, decimos con el Apóstol Pablo: “33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. Oh Dios, no podemos entender un milagro como éste, como el de la encarnación, demasiado profundo para nosotros, demasiado profundo. Es cierto que tus juicios, tus decisiones son un abismo grande. Pero Señor, aunque no podemos entender, Tú has dicho: “A menos de que un hombre se vuelva como un pequeño, no puede entrar al Reino de los Cielos”. Lo que nuestras mentes no pueden entender, nuestros corazones pueden; y podemos entender que nos amaste tanto, nos amaste tanto que viniste a este mundo y moriste en una cruz, para pagar la muerte por nuestro pecado, que nosotros debíamos pagar.

Y si confiamos en el Señor Jesucristo, y le entregamos nuestras vidas, conforme creemos, y conforme seguimos, recibimos vida eterna. Oh, Señor Dios, oro por toda persona aquí, que cada una examine su propio corazón. La humillación es suficiente hasta el punto de muerte; sin embargo, todavía hay otro paso, y ese es: la humillación de haber hecho todo eso, y ser rechazado por el pueblo por el que lo hiciste. Perdónanos Señor, perdónanos por el tiempo de nuestra incredulidad cuando humillamos aún más a Cristo al rechazar su humillación. Y oro, oh Dios, por cualquier persona en nuestra comunión en esta mañana quien no ha confesado aún a Jesús como Señor, quien todavía no ha venido a Él buscando perdón, quien todavía no ha venido a Él para encontrar perdón y vida.

Mientras sus cabezas están inclinadas, no podemos cerrar este mensaje sin pedirle que en su propio corazón vea a Dios, y simplemente quizás el Espíritu se está moviendo en su vida, y quizás este es el momento para que usted clame a Dios, y reconozca que usted ve lo que Cristo ha hecho por usted, y le pide a Cristo que perdone su pecado, y venga a Él en arrepentimiento, ¿puede venir a Él con una fe arrepentida? Cristo ha muerto; pero si usted lo rechaza, no le ayuda, no disfruta de ese beneficio. Dice usted: “¿Cómo puedo hacer esto mío?”, por fe, creyendo en el Señor Jesucristo, y esa fe involucra dejar su pecado y volverse para seguirlo a Él. ¿Puede clamar a Él? Señor Jesús, me vuelvo de mi pecado para seguirte a ti que has muerto por mí.

 

 

 

 

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