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Abramos nuestra Biblias en Filipenses capítulo 3. Quiero llevarlo a nuestro texto en esta mañana el cual está en los versículos 8 al 11. Filipenses, capítulo 3, versículos 8 al 11. Aquí Pablo escribe: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino por la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”.

Ese es un pasaje muy personal, por cierto; por la forma en la que aparecen varias palabras vemos que Pablo se refiere a sí mismo. Él está hablando de manera muy personal desde el punto de vista de su testimonio de primera persona. Este, de hecho, es el testimonio de Pablo de lo que estaba pasando en su corazón en el momento de su conversión. Pero antes de que veamos específicamente el texto, permítame recordarle una de las afirmaciones más grandes que jamás salieron de los labios del Señor Jesucristo. Es registrado para nosotros en varios lugares en los Evangelios; fue una afirmación tan importante, lo suficientemente importante, que el Espíritu Santo la registró en varios Evangelios diferentes.

Pero para nosotros lo veremos en Mateo 16, versículos 25 al 26. Aquí está una afirmación conocida de Jesús, escúchela: “Porque todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá; pero todo aquel que la pierda por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O dará el hombre a cambio de por su alma?”. Ahora, Jesús estaba hablando de un intercambio, Él estaba hablando de perder algo para ganar algo. Lo que Él dijo fue: “Para que tú ganes, tienes que perder tu vida. Si quieres ganar tu alma, te va a costar tu vida. Si deseas salvar tu vida, te va a costar tu alma”. En otras palabras: “Si te aferras a las cosas que para ti son preciadas, y rechazas las cosas que para Dios son preciadas, te va a costar tu alma eterna”, ese es el intercambio.

Y Jesús dijo: “¿De qué sirve si has ganado todo lo que el mundo tiene que ofrecer y pierdes tu alma eterna?”. Estarías mucho mejor haciendo algún intercambio de lo que tienes en esta vida, por aquello que Dios te ofrece en la vida venidera. Sea cual sea el intercambio que necesitas hacer para ganar tu alma eterna, debes hacer eso. Ese es un principio espiritual muy significativo. Hay un intercambio en la salvación, hay un intercambio de todo lo que soy por todo lo que Cristo es; hay un intercambio de todas mis actividades, ceremonias religiosas, obras justas, por la persona de Jesucristo; hay un sentido en el que pude haber pasado toda mi vida en méritos religiosos, pero tenga que perderlo todo para ganar a Cristo. Sea lo que sea, en lo que he pasado mi vida acumulando, inclusive si gano el mundo, no significaría nada si perdiera a Cristo. Entonces, voy a intercambiarlo todo por Él. Eso es lo que Jesús está diciendo.

La persona sabia ve a todo en esta vida, lo mide a la luz del valor de la pérdida de su alma eterna y dice: “No vale la pena, voy a entregar esto para ganar mi alma eterna”. Como puede ver, la persona que viene a Dios es la persona que está dispuesta a pagar lo que Dios requiere, sea cual sea el precio, sea cual sea el costo, la persona que está dispuesta a abandonarlo todo por Cristo. Como puede ver, estamos de regreso a Mateo 13, ¿no es cierto? El hombre que encontró el tesoro y vendió todo lo que tenía para comprarlo; el hombre que encontró la perla y vendió todo lo que tenía para comprarla; y el tesoro es la salvación y la perla es la salvación. El tesoro es Cristo, la perla es Cristo, y la salvación viene con Él. Y el hombre que halló el tesoro dijo: “Esto vale más que todo lo que tengo, y me voy a deshacer de todo esto para tener eso”. Y el hombre que encontró la perla dijo: “Esto vale más de cualquier cosa que jamás he poseído. Voy a deshacerme de todo lo que tengo y voy a tener eso”. Esencialmente ese es el mismo principio.

¿Qué es lo que usted va a dar a cambio de su alma? Eso es lo que importa. El joven rico enfrentó el mismo dilema. Jesús vino a él y le dijo: “Esto es lo que tienes, esto es lo que posees. ¿Estás dispuesto a dejarlo todo, a entregarlo todo por Cristo?”, y recuerde usted, él no estuvo dispuesto a hacerlo; el precio fue demasiado alto. Y entonces él mantuvo sus posesiones y perdió su alma eterna. Él tomó una decisión necia, una decisión con un costo eterno el cual inclusive en el momento, en este momento, en el infierno está pagando por ello. Toda persona enfrenta esa decisión cuando confronta a Cristo. Aquí está Jesucristo y Él dice: “Voy a salvar tu alma eterna si entregas todo lo demás, aquello, todo aquello en lo que estás confiando”; algunas personas dicen “sí”, algunas personas dicen “no”; su destino eterno es determinado por lo que dicen.

Un hombre quien dijo con un “sí” resonante fue Pablo. Y acabamos de oír “sí” en este texto. Pablo está diciendo aquí: “Vi todo lo que tenía, y dije, es pérdida, lo voy a intercambiar por Cristo”, eso es exactamente lo que él dijo. Y si usted le pregunta a Pablo: ¿Qué es lo que un hombre va a intercambiar por su alma? Pablo dice: “Voy a entregarlo todo a cambio de mi alma. Mi alma tiene ese nivel de valor”. Él estuvo dispuesto a entregarlo todo y eso es lo que expresa aquí. El corazón del texto es el versículo 7: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”. “Voy a intercambiarlo todo por la perla, voy a intercambiarlo todo por el tesoro, voy a dejar todo por Cristo, voy a hacer cualquier transacción por salvar mi alma eterna”, y entonces usted tiene el gran registro de la conversión de Pablo.

Si usted quiere el registro histórico, acompáñeme por un momento a Hechos capítulo 9. En Hechos capítulo 9, Lucas registra el registro observable de la conversión de Pablo, eso quiere decir lo que de hecho pasó. Salvo el versículo 1 de Hechos 9, estaba respirando amenazas y homicidio en contra de los discípulos del Señor, entonces fue al sumo sacerdote, le pidió cartas —esto es autoridad— de él para las sinagogas de Damasco, para que, si encontraba alguno que perteneciese al Camino, esto es lo que llamaban el cristianismo porque Jesús dijo que era el camino; ambos, tanto hombres como mujeres, para que los trajere presos a Jerusalén.

Entonces, Pablo fue y consiguió autoridad para ir a matar cristianos. “Sucedió —versículo 3— que conforme se acercaba a Damasco, de pronto una luz del cielo resplandeció alrededor de él, y él se cayó al suelo. Él oyó una voz diciéndole: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres Señor? Él dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Ahora, aquí usted tiene en el camino a Damasco que el Apóstol Pablo es confrontado con Cristo. Hasta este punto, él ha considerado toda su religión como utilidad, y Cristo como pérdida. Esa es la razón por la que está matando cristianos. Todos sus méritos religiosos como algo de valor, Cristo como una pérdida; “Tenemos que deshacernos de Cristo, tenemos que deshacernos del cristianismo, tenemos que deshacernos de los cristianos”. Pero ahora él se encuentra con Cristo.

Lucas registrando este incidente en particular no nos dice nada acerca de lo que estaba pasando en el interior de Pablo. Lucas simplemente registra lo que fue oído, lo que fue visto, lo que sucedió. Pero en el proceso de leer a lo largo del capítulo 9, es obvio que Pablo fue convertido. Es obvio. Porque cuando usted llega al versículo 11, Pablo está orando, él está orando. Para cuando usted llega al versículo 15, él es llamado a ser un Apóstol. Para cuando usted llega al versículo 20, él está proclamando a Jesús en todos lados diciendo que Él es el Hijo de Dios. Entonces, sabemos que él se convirtió porque no dice nada de lo que él estaba pensando, lo que estaba pasando en su mente.

Y entonces, usted podría concluir: Bueno, la conversión en cierta manera es este acontecimiento sobrenatural, usted sabe. Simplemente, vive su vida y de pronto usted es salvo; de pronto usted se levanta, escupe el suelo de su boca, usted es ciego, Dios lo salva y usted sigue como un Apóstol. Y usted, por lo tanto, podría concluir que de alguna manera en el acto soberano de salvación las facultades humanas son aniquiladas o echadas a un lado, y usted no tiene nada que ver con ello, y yo no tengo nada que ver con eso. Eso no es verdad.

El corolario de Hechos 9 y Filipenses 3, lo que usted no tiene en Hechos 9, usted lo tiene en Filipenses 3. Usted tiene el incidente externo que se observa en Hechos 9, usted tiene la respuesta interna de Pablo en Filipenses 3. Esto es lo que estaba pasando en su corazón cuando él se encontró con Cristo. Dice usted: “Bueno, ¿entendió él quién Cristo decía ser?”. Sí, esa es la razón por la que estaba matando cristianos. Él entendió de manera clara quién decía ser, Él decía ser el Mesías, Él decía morí como un sacrificio por el pecado, Él decía haber resucitado de los muertos; él conocía los hechos.

Él también sabía lo que los cristianos predicaban. Él sabía que predicaban un Evangelio de gracia, no un Evangelio de ley, y eso era algo que él pensaba que también era herejía. De hecho, él entendía quién era Cristo, él entendió los hechos de su vida, él también entendió los hechos del Evangelio que fueron predicados por cristianos, y él no habría perseguido una herejía que no entendía. Entonces él lo entendió, entonces él sabía de Cristo y él sabía del Evangelio. Pero eso es diferente de ser confrontado con Cristo, ¿no es cierto?

Y cuando en el camino a Damasco Jesús lo detuvo y él fue confrontado por Cristo, y el Espíritu Santo comenzó a iluminar su corazón duro y quitar la ceguera de su entendimiento, él comenzó a considerar a Cristo por primera vez. Por favor, observe esto. La salvación es un acto soberano de Dios mediante el cual Él invade la oscuridad del pecador, le da luz y lo salva; pero la salvación no aniquila, destruye o hace a un lado las facultades humanas. Estimula las facultades humanas.

Y entonces, lo que usted tiene en Filipenses 3 es el registro de lo que estaba pasando en la mente de Pablo, y la emoción, y la voluntad en el interior conforme estos días en Damasco estaban pasando. ¿Qué estaba él experimentando? ¿Qué estaba él sintiendo? Bueno, él siempre había confiado en su carne. Esa frase, de regreso en los versículos 3 y 4. Él siempre había confiado en su capacidad humana, su religión, su sinceridad, su raza, su tribu, su rango, su justicia personal. Y él lo tenía todo en la columna de utilidad.

Y ahí estaba toda su confianza para la salvación, él creía que él era salvo debido a su privilegio religioso y su mérito religioso. Y ahora de pronto él confronta a Cristo, el Espíritu de Dios le da entendimiento, y él ve a Cristo por primera vez como el valor verdadero, la perla real, el tesoro; y después él ve la pérdida, que está en esta columna, que una vez él identificó como utilidad, y él está dispuesto a meter todo en una bolsa y echarlo a la basura y tomar a Cristo, porque Cristo es de valor incomparable. Él hizo el intercambio correcto. ¿Qué dará el hombre a cambio de su alma? Pablo lo entregó todo. Pablo vendió todo para comprar el tesoro, vendió todo para comprar la perla.

Entonces, esta es la descripción personal interna de lo que Pablo hizo cuando él le entregó su vida a Cristo. Esta es una porción tremendamente importante de la Escritura. Como dije antes, la clave está en el versículo 7. Él dijo: “Cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Porque Dios me mostró tan claramente las glorias de Jesucristo, porque Dios me mostró tan claramente que solo Jesús podía salvarme y solo Cristo podía proveer el camino al reino de Dios, y únicamente Cristo podía proveer la vida eterna, y debido a que Dios me mostró que yo podía recibir eso por la fe únicamente, no por obras, estoy dispuesto a tirar la basura y todo lo demás por Cristo”. Y amados, ese es el mensaje aquí. Si usted está contando en algo para su salvación que no sea Cristo, usted está engañado. La salvación no está en nada más que Cristo. “No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el que podamos ser salvos, que el nombre de Jesucristo”, dice Hechos 4:12. Ningún otro nombre. No hay otro salvador.

Ahora, recuerde, Pablo dice: “Mira, he acumulado muchas cosas”; regrese al versículo 4, él dijo: “Si alguien debe tener confianza en la carne, yo podría…”, versículo 5: “Fue circuncidado al octavo día de la nación de Israel, de la tribu de Benjamín, la tribu estimada. Soy un hijo hebreo, de padres hebreos, he guardado la tradición; en cuanto a la ley soy un fariseo; he llegado al límite del compromiso definitivo de guardar la ley; en cuanto a celo y sinceridad he perseguido a la iglesia. Así de sincero soy. Y en cuanto a justicia que es por la ley, nadie jamás me ha encontrado externamente reprensible”. Y él dice: “Durante todos estos años mi salvación ha sido edificada sobre mi ritual, mi raza, mi rango, mi tradición, mi religión, mi sinceridad y mis obras. Y después me encontré con Cristo, y vi que todo era pérdida. Todo era pérdida. Y con gusto lo entregué, lo cedí por causa de Cristo, por causa de Cristo”. Eso es tan elemental.

Ese día en el camino a Damasco el Cristo Viviente irrumpió la ceguera increíble de Saulo de Tarso quien era un fariseo, quien era un legalista, quien era alguien que trabajaba en sus obras, se preocupaba por ganarse la salvación por sus obras; y despedazó su confianza en todos sus méritos religiosos. Y la raíz de confianza personal fue para siempre arrancada de su corazón, y él hizo que Jesucristo afuera de él. Él vendió todo para ganar a Cristo. Quiero señalar otra cosa. Él no dijo: “Tenía algo bueno, esto es mejor”. Él dijo: “Esto es pérdida, esto no es de utilidad, esto es pérdida, esto no es neutral, eso no es bueno, eso es malo.

Las pérdidas son malas. Esa es una pérdida, no una utilidad”.  ¿Qué quieres decir con eso? Quiero decir que todas esas cosas no son buenas y Cristo es mejor, sino que todas esas cosas son malas. Dice usted: “Ahora espere un minuto. ¿Es malo ser circuncidado en el octavo día? ¿Es malo ser judío? ¿Es malo ser de la tribu de Benjamín? ¿Es malo ser hebreo de hebreos? ¿Es malo ser religioso? ¿Es malo ser celoso?”; sí, en este sentido: Si usted depende de eso para que lo salve, entonces es malo. ¿Por qué? Porque engaña de manera tan fácil a la persona.

¿Sabía usted que la persona más dura qué alcanzar en el mundo para Cristo es la persona que es religiosa? Y entre más religiosos son y más sinceros son, y más aferrados están a la tradición, y más ceremoniales son, más difíciles son de alcanzar. ¿Por qué? Porque toda su confianza está en eso. Y como consecuencia, dependen de eso para su salvación. Pablo dice: “Eso no solo es bueno, y esto es mejor”. Eso es malo. ¿Por qué? Porque la religión condena el alma. La religión falsa engaña la mente y condena el alma.

Entonces, él dijo: “Cuando vi la verdad de que todo eso no era bueno, era malo, estaba condenando mi alma, fue una certeza falsa, una esperanza falsa, una salvación falsa; lo arrojé todo a la basura y tomé a Cristo”. Ahora, ¿qué ganó? La semana pasada vimos lo que él perdió. Cinco cosas él ganó. Estas son verdades profundas que lo abarcan todo. Cinco cosas que usted gana cuando viene a Cristo. Cuando usted tira a la basura lo demás y viene a Cristo. Estas cinco: Conocimiento, justicia, poder, comunión, gloria. Sígame, vamos a volar a lo largo de estas. Oh, son ricas. De hecho, son tan ricas que llenan el Nuevo Testamento. Podríamos pasar toda la vida en estas cinco.

Número uno. La salvación comienza con el conocimiento de Jesucristo. Esa es la primera cosa que él ganó. Él ganó el conocimiento de Jesucristo, él ganó el conocimiento de Jesucristo. Por cierto, Dios está impresionado con estas cosas; Él no está impresionado con los versículos 5 y 6. Pero Dios está impresionado con esto. Él no está impresionado con nuestro rango, nuestra raza, nuestra tradición, nuestra sinceridad; Él está impresionado con esto. En primer lugar, el conocimiento de Jesucristo. Observe el versículo 8: “Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia de conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganar a Cristo”.

Ahí a la mitad, él dice el valor incomparable de conocer a Cristo. Ese es el punto aquí. Conocer a Cristo sobrepasa por mucho esas otras cosas, con gusto me voy a deshacer de esas para conocerlo. De hecho, él quiere presentar el punto con tanta fuerza que él comienza en el versículo 8—en su Biblia podrá decir más que eso, toda edición dice algo diferente. La razón es que no se puede traducir. Lo que usted tiene aquí es una secuencia extraña de cinco pequeñas partículas. Y si usted las lee, de hecho, en griego, sería así: “Pero más bien, por lo tanto, por lo menos, inclusive”, simplemente un montón de partículas; se ven como si afueran aventadas ahí, sin pensar. Y lo que él está tratando de hacer con esas partículas es tratar de hacer que un punto fuerte sea más fuerte.

En el versículo 7 dice: “He considerado todo lo que era ganancia para mí como pérdida por causa de Cristo. Sino que, más bien, por lo tanto, por lo menos, inclusive”, usted sabe, él está tratando de resumir esto; “Pero más, mucho más allá de todo eso, considero que todo es pérdida, no solo esas cosas”, él usa esa frase, “esas cosas”, en el versículo 7; y él se refiere, de regreso a lo que dijo en los versículos 5 y 6: “Y no son solo esas cosas que veo como pérdidas, sino que veo todo como pérdida comparado con Cristo”. Usted no puede confiar en nada, no solo esas cosas, sino en su propia sabiduría, su propio intelecto, su propia mente, sus propios instintos religiosos; usted no puede confiar en nada. “Todo lo tengo por pérdida”.

Dice usted: “¿Qué quiere decir con todo?”. Él se refiere a cualquier tipo de lealtad o cualquier tipo de acto por el cual uno piensa que gana mérito ante Dios, mediante el cual podamos ganarnos el favor de Dios por nuestra propia fuerza. Todo es pérdida, todo es basura. Cuando una persona religiosa piensa que él puede jactarse de alto, esa es una pérdida en su vida porque él está reclamando algo que no le pertenece a él, ¿verdad? Podría pasarle a un cristiano, ensoberbecerse por su vida de oración o por su estudio bíblico, o porque testifica, o pensar que Dios se agrada debido a su esfuerzo humano.

¿Sabe usted que si usted ora y si usted estudia con eficacia la Palabra de Dios y usted da testimonio eficazmente, todo el crédito va para quién? A Dios, quien lo hizo a través de usted por su Espíritu. Pablo dice: “Miren, cualquier cosa que alcancé en el pasado, cualquier cosa que puedo hacer en la actualidad, es pérdida si se considera como una base de suposición de mérito pensando que Dios entonces me debe por lo que he hecho”. Es algo perjudicial. Entonces, él dice: “Miren, no solo lo tengo”, ese es un verbo de tiempo perfecto en el pasado, “Sino que  —versículo 8— estoy considerando”, tiempo presente en el presente, “He considerado todo como pérdida”, todo lo que mencioné en el versículo 5 y 6, “Y ahora continuamente considero como pérdida todo en mi vida, todo lo demás”, es algo continuo, todo es pérdida. Simplemente no se puede comparar con Cristo, no hay nada en la vida que pueda compararse; ningún mérito, ninguna actividad religiosa.

Entonces, él realmente está diciendo: “Continúo resistiendo la tentación recurrente a confiar en mis obras en lugar de la gracia de Dios para mi posición”. Dice usted: “Bueno, Pablo, ¿cómo puedes hacer una afirmación tan amplia? Digo, esto es vender todo. ¿Todo lo tengo por basura? ¿Continúo teniéndolo por basura? ¿Continúo teniéndolo como pérdida? ¿Continúo vendiendo todo por la perla, vendiendo todo por el tesoro? ¿Por qué haces eso, Pablo? ¿Cómo puedes separarte de manera total de todo?”. Les voy a decir por qué. Porque el versículo 8: “Por el valor incomparable de conocer a Cristo Jesús, mi Señor”. Por el hecho de que conocer a Cristo sobrepasa todo lo demás. Lo entrego todo por conocer a Cristo.

Como puede ver, eso es lo que lo abrumó en el camino a Damasco. Juan lo enseñó, lo detuvo y habló con él, y el Espíritu de Dios comenzó a iluminar su corazón acerca del Evangelio; él comenzó a ver en su corazón bajo la iluminación del Espíritu el valor incomparable de conocer a Cristo, y él se dio cuenta de que todas sus credenciales religiosas eran estiércol y conocer a Cristo era todo. Ahora, la palabra aquí, “el valor incomparable” simplemente significa eso; algunas Biblias lo traducen “excelencia”, algunas la traducen “grandeza incomparable”, eso es lo que significa. La palabra para “conocer a Cristo” de hecho es un sustantivo, no un verbo; es el “conocimiento de Cristo”. El conocimiento. Y la palabra es “gnosis”.

Una palabra muy importante. Permítame decirle lo que significa porque implica cosas muy fuertes en este texto. Pablo dice: “Miren, yo contaría todo por basura comparado con conocer a Cristo”. ¿Qué quieres decir “conocer a Cristo”? Tenemos que entenderlo. El valor incomparable de conocer a Cristo. ¿Quieres decir conocer intelectualmente acerca de Cristo? No, ese no es el verbo que significa “conocer intelectualmente”, ese es de “guinosko”, lo cual significa “conocer experimentalmente” o “conocer personalmente”, o “conocer por involucramiento personal con alguien”. Eso es lo que él está diciendo.

Ahora, es elemental en el cristianismo que ser un cristiano es llamado conocer a Cristo, ¿verdad? Aquellos que son cristianos conocen a Cristo. Juan 10, ese gran capítulo del buen pastor. Jesús dice: “Conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí”. Conocer a Cristo. Cuando Jesús oró la oración sumo sacerdotal de Juan17 y versículo 3, su oración para los creyentes, aquellos que estaban vivos y aquellos que estaban por nacer y ser redimidos, es resumida de manera muy simple en ese concepto. Dice esto: “Esta es la vida eterna: que te conozcan, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien Tú has enviado”. La vida eterna está conectada con conocer a Dios al conocer a Cristo.

En 1ª de Juan hay una afirmación tremenda que se presenta en 1ª de Juan capítulo 5, ahí al final de la Epístola, versículo 20: “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos a Aquél que es verdadero, Jesucristo”. La salvación es conocer a Cristo. No es saber de Él intelectualmente, es conocerlo experimentalmente. En 2ª de Corintios 4, versículo 6, Pablo dice: “Dios es el que ha resplandecido en nuestros corazones”, eso es iluminación, “Para dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo”. En otras palabras, Pablo está definiendo el Evangelio y la obra del Espíritu. Él dice: “Dios viene al corazón, hace que brille la luz que revele el conocimiento de Jesucristo”.

De nuevo, conocer a Cristo es sinónimo con la salvación. Efesios 1:17, Pablo ora que tengamos el Espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él. 2ª de Timoteo 1:12, usted sabe lo que dice: “Porque yo sé en quién (¿qué?) he creído”. Ahora, podríamos ver muchas otras escrituras, pero es suficiente decir que la salvación es una relación en la cual yo conozco a Cristo. No que conozco acerca de Él, conozco los hechos de Él, conozco que Él vivió, cuando murió, conozco unos cuantos otros hechos de lo que Él enseñó; no eso. Sino que lo conozco a Él muy diferente que conocer acerca de alguien.

Hay muchas personas de las que yo conozco que no conozco, y usted puede conocer acerca de Cristo y no conocerlo en absoluto. Ahora, permítame ayudarle a entender la palabra gnosis para que usted la pueda entender. Entre los paganos se referían a este gnosis o a este conocimiento como el entendimiento elevado, secreto, de culto místico, de comunión con una deidad. Ellos tenían una fiesta con borrachera, una fiesta bacanal, y bebían, y bebían, y bebían; Pablo se refiere a eso en Efesios 5, a su embriaguez; y creían que en su estado de embriaguez ascendían a una situación en la que percibían a sus deidades en intimidad.

Timothy Leary solía decir que si usted toma drogas usted va a ascender un plano más alto y tener comunión con Dios. Eso no es nuevo, eso es lo que los paganos han hecho durante siglos y siglos y siglos. Entonces, el paganismo decía: “Hay un conocimiento ascendiente, hay un conocimiento trascendente, hay un conocimiento de iniciación, al cual unos cuantos entran y han ascendido más allá de lo mundano para comprender la verdad de su deidad”. Eso todavía es verdad. En las religiones paganas eso es lo que los gurús dicen, eso es lo que los monjes budistas dicen, eso es lo que las religiones ocultas, extrañas del mundo dicen, conforme se sientan y pasan por sus actividades extrañas de lo que sus religiones prescriben para que puedan ascender de lo mundano y entrar a la esfera divina para percibir a los dioses. Esa es la gnosis, el conocimiento místico, profundo, trascendente de un dios.

Inclusive en el cristianismo los gnósticos desarrollaron eso de la misma palabra. Usted ha oído de eso, ¿no es cierto? Había personas que decían conocer al Dios verdadero mediante un tipo de elevación ascendente, trascendente, que solo ellos habían experimentado. El resto de la gente estaba en el plano bajo, en el nivel bajo, pero ellos habían encontrado a Dios accesible a ellos debido a su conocimiento elevado. Por cierto, Pablo escribe en contra de los gnósticos, Juan dirige sus ataques en contra de los gnósticos en el Nuevo Testamento, por lo menos lo que más tarde se convirtió en gnosticismo. Colosenses es una buena ilustración de una carta que trata con este tipo de suposición gnóstica. 1ª de Juan sería otra en donde inclusive se hace referencia a esto. Pero lo que usted tiene entonces es este concepto de gnosis, lo cual significa un conocimiento místico, elevado, trascendente de la deidad en intimidad que la mayoría de la gente jamás experimentará.

Cuando Pablo entonces le dice a estos filipenses que salen de esa sociedad pagana, él dice: “Entrego todo por el conocimiento incomparable de Cristo Jesús, mi Señor”, ellos entienden lo que él quiere decir por la palabra gnosis, que él no está hablando de algunos hechos, sino que él está hablando de una experiencia trascendente de tener comunión con Cristo el Señor. Y en ese sentido es preciso. Pero hay más. Hay un contexto del Antiguo Testamento para esa palabra también. La palabra gnosis es una palabra de guinosko, es usada para traducir la palabra del Antiguo Testamento “yada”. Esa palabra en el Antiguo Testamento habla de una unión de amor. Cuando usted ve yada en el Antiguo Testamento Hebreo puede ser guinosko que es traducida en el griego, significa “conocer”, pero expresa un vínculo de amor.

Por ejemplo, dice: “Adán conoció a su mujer, y ella dio a luz un hijo”. No significa que él sabía quién era ella. Él sabía, claro, quién era ella, pero tuvo una relación de amor íntima con ella. Dice en Amós 3:2: “A Israel únicamente he conocido”, y lo que significa es que son las únicas personas de las que yo sé; no. Tengo un vínculo de amor íntimo con ellos. Hay una intimidad ahí. La palabra “conocer” implica la unión de amor. En el caso de Israel tuvo que ver con la elección y gracia. Fue un vínculo en amor íntimo. Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y tengo un vínculo de amor”. Jesús dijo: “Apartaos de Mí, nunca os conocí, nunca tuve un vínculo de amor contigo”.

Entonces, hay una intención judía en la palabra como también una especie de gentil. La intención gentil es hablar de un amor de comunión con Cristo que es profundo, que sobrepasa todo, que es místico, es íntimo. Y en la intención hebrea expresa esa unión de amor, ese vínculo de amor, que une de manera íntima a la gente, y todo eso está en la palabra. Entonces, cuando Pablo dice: “Entrego todo por el conocimiento incomparable de Cristo Jesús, mi Señor”, él está llenando esa palabra “conocimiento” con todo ese significado rico. Él está diciendo: “Es un conocimiento de amor, es una unión de amor que es íntima, que es sobrenatural, que es trascendente, que es mística; es algo que va mucho más allá de lo que puedes experimentar, cualquier cosa que puedas experimentar en esta vida, en este mundo”.  

Y después para añadir calidez a esto, él añade el pronombre personal: Mi Señor. Él ve a su Señor como Señor; eso es soberano, eso es realeza. Él ve a Jesús como Jesús. Ese es el Salvador, esa es la función Sacerdotal. Él ve a Cristo, al Profeta, el mensajero de Dios, él lo ve como Profeta, Sacerdote y Rey. Cristo siendo Profeta, Jesús siendo Sacerdote, Señor siendo Rey. Los tres nombres enfatizan los tres cargos. Y conforme él lo ve en esa plenitud, él ve en Él intimidad, “Él es mi Señor personal”. Eso es lo que el cristianismo trae, eso es ganancia, ¿lo ve? Su raza no va a traerle eso, su rango, su tradición, sus ceremonias, su sinceridad; la única manera en la que usted llegará a un conocimiento profundo, íntimo. Un vínculo de amor con Jesucristo es mediante la salvación por la gracia a través de la fe. Entonces, él dice: “Tengo todo eso como pérdida para ganar el conocimiento de Cristo, el conocimiento profundo de amor”.

F. B. Meyer escribió: “Podemos conocerlo de manera personal, íntima, cara a cara. Cristo no vive atrás en los siglos ni en medio de las nubes del cielo; Él está cerca de nosotros, con nosotros, rodeando nuestro camino, al acostarnos, y Él conoce todos nuestros caminos. Pero no podemos conocerlo en esta vida mortal, excepto por la iluminación y enseñanza del Espíritu Santo. Y ciertamente, podemos conocer a Cristo, no como un extraño que se aparece para visitar de noche, o como el rey exaltado de los hombres; debe haber un conocimiento interno, como aquellos a quienes Él considera como sus propios amigos conocidos, a quien Él encomienda sus secretos, que comen con Él de su propio pan.

Conocer a Cristo en la tormenta de la batalla, conocerlo en el valle de la sombra; conocerlo cuando la luz del sol brilla sobre nuestros rostros, o cuando son oscurecidos con decepción y tristeza; conocer la dulzura de cómo Él trata con las cañas cascadas y los pábilos que humean; conocer la ternura de su empatía y la fortaleza de su diestra. Todo esto involucra muchas variedades de la experiencia por nuestra parte. Pero cada una de ellas, como las facetas de un diamante, van a reflejar la belleza prismática de su gloria desde un ángulo nuevo”. Fin de la cita.

Eso es conocer a Cristo. La salvación comienza con el conocimiento de Cristo por el cual Pablo dice: “Voy a intercambiar lo que sea por ese privilegio”. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Cuán profundo es el conocimiento? ¿Qué tan profundo es? Siga su pensamiento. Observe lo que dice. Versículo 9: “Y ser hallado en Él”. Así de profundo es. Usted está tan entrelazado en un vínculo de amor íntimo y conocimiento con Cristo que usted está en Él. A Pablo le encanta ese concepto. Se refiere a este concepto por lo menos 164 veces en sus Epístolas: “Estamos en Cristo”. “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Y la vida que ahora vivo, la vivo por la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.

En otras palabras: “No soy yo, sino Cristo. No sé dónde termino yo y dónde comienza Él, y dónde Él termina y yo comienzo; estamos entrelazados de manera íntima”, así de íntimo es el vínculo, así de profundo es el conocimiento. “Él se mueve a través de mí, yo tengo la mente de Cristo”. Eso es conocimiento profundo. Entonces él dice: “Todo lo tengo en mi vida por basura. Considero todos mis méritos religiosos como basura por esa relación de amor íntima profunda con el Cristo Viviente. Entonces, por Él he sufrido la pérdida de todas las cosas”, e incluye un artículo definido, “Y las tengo por basura”, excremento, basura, “A fin de ganar a Cristo. He sufrido la pérdida de todas las cosas”, dice él, “Y no me importa en absoluto”. Todo es “skubalon”.

Como Isaías 64:6, “trapos de inmundicia”, lo cual es un término del Antiguo Testamento para referirse a “ropa menstruosa”. “Lo considero como algo que debe ser arrojado a la basura, como excremento humano. Puedo intercambiar cualquiera de esas cosas por Cristo, el conocimiento de Cristo, a fin de ganar a Cristo”. Ganar quiere decir—ganar, el verbo significa “apropiación personal”, “hacerlo mío”. Como puede ver, conocer a Cristo hacer de Cristo mío, despoja todo, absolutamente todo.

En segundo lugar, la salvación involucra el conocimiento de Cristo. En segundo lugar, la justicia de Cristo, la justicia de Jesucristo. Versículo 9: “Y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia que es por la ley, sino al que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”. ¿Sabe usted en qué había pasado su vida entera? ¿Su vida adulta entera? Haciendo lo que él dice en la primera mitad del versículo 9, tratando de ganar una justicia propia derivada de la ley. En eso pasó su vida entera. Esa es la razón por la que era un fariseo, él era uno de los 6,000 fariseos élite, un pequeño número que creían que podían alcanzar la salvación por el apego perfecto a la ley de Dios. ¡Qué carga! Qué carga tan increíble; qué culpabilidad, qué engaño.

Él dijo: “Lo rindo todo. Yo rindo todo eso de tener una justicia personal derivada de la ley con gusto”. ¿Qué tipo de justicia es esa? Es la justicia del dominio propio, la justicia de la moralidad externa, la justicia del ritual y las ceremonias religiosas, la justicia de las buenas obras. Es justicia personal. Es la justicia producida por la carne. Justicia simplemente significa hacer lo correcto, es hacer lo mejor que usted puede hacer. Como el comercial del ejército dice: “Sé lo mejor que puedas ser”, bueno, desde el punto de vista de Dios no es lo suficientemente bueno. Como puede ver, Romanos 3:19-20 dice: “Por las obras de la carne o las obras de la ley, ninguno será justificado”. Por las obras de la ley ninguna carne será justiciada o hecha justa; usted nunca será hecho justo por lo que puede hacer.

Pero él pasó su vida entera tratando, su vida entera. Y él no estuvo solo. En Romanos 10 su corazón se rompe por Israel, se rompe porque no conocen acerca de la justicia de Dios y están buscando establecer la suya. Ese es su problema. Un esfuerzo de por vida por establecer su propia justicia por obras, tradición, sinceridad, ceremonia ritual, ir a la adoración. Él dice: “Mira, voy a intercambiar con gusto toda esa molestia de guardar la justicia legal farisaica, la cual he tratado de guardar todos estos años por Cristo”, ¿por qué? Porque, versículo 9: “Porque de Él, mediante la fe en Cristo, viene la justicia que viene de Dios en base a la fe. Voy a recibir la justicia que es mediante la fe en Cristo, no de obras. Porque por gracia sois salvos por medio de la (¿qué?) fe, no por obras para que nadie se gloríe”.

Como puede ver es cuestión de fe. Dice usted: “¿Qué es fe?”. Creer. Pero más que creer, no es nada más afirmación intelectual, es confianza personal y rendición completa. Eso es. Alguien dijo: “Es el sí del alma a Dios”. Es colocar toda la confianza en Cristo. Así es como usted es salvo. Y cuando usted coloca su fe en Cristo, Dios le da a usted su justicia, ese es el versículo 9, que es la justicia que es mediante la fe en Cristo, la justicia que viene de Dios en base a la fe. No justicia humana en base a las obras que no agradan a Dios. Dios no está impresionado. Porque lo mejor que usted puede hacer son trapos de inmundicia, lo mejor que puede hacer es estiércol, lo mejor que puede hacer es quedar corto de la gloria de Dios.

¿Cómo es que usted va a ganar la justicia? ¿Qué es justicia? Es tener una posición correcta con Dios, significa que Dios lo acepte a usted. ¿Cómo es que usted va a ser aceptado por Dios? Por su propio esfuerzo no. Usted va a ser aceptado por Dios cuando usted toma por la fe la justicia que Él le da a usted, porque Cristo pagó la paga por su pecado. Cuando usted toma a Cristo, Dios le da a usted en Cristo justicia. En otras palabras, Él acepta a Cristo en lugar de usted. Y debido a que Cristo satisface de manera perfecta a Dios y usted está en Cristo, Dios está satisfecho con usted.

Como puede ver, Pablo está dispuesto a perder esa túnica que se desvanece y que es delgada de la reputación, por la túnica gloriosa, pesada de justicia que viene en Cristo. Una relación correcta con Dios no es por obras, es por fe. Hombre, esa es la clave de este pasaje entero. Dice usted: “¿Qué es esta fe?”. Permítame darle una definición. Escuche con mucha atención. La fe es mejor descrita de esta manera: La fe es la confesión de confianza continua, de dependencia total de, y confianza en Jesucristo, para los requisitos necesarios para entrar al reino de Dios. ¿Escuchó eso? Fe es la confesión continua de confianza, de dependencia total de, y confianza en Jesucristo, para proveer los requisitos necesarios para entrar al reino eterno de Dios.

No es nada más creer que Jesús vivió y murió; es confiar en Él y depender de Él para que Él satisfaga los requisitos a favor de usted para darle entrada al reino de Dios. Es rendición de su vida en confianza a Él para hacer lo que usted no puede hacer, es decir, no lo puede hacer Pablo tuvo una vida de tratar. Y por un tiempo todo estuvo en la columna de utilidad. Ahora él dice: “Es basura. No quiero una justicia propia derivada de la ley; va a quedar corta del estándar de Dios y me va a condenar”. La justicia personal condena tanto porque es tan engañosa. Cumple con el estándar del hombre y lo excede, pero queda infinitamente corto del estándar de Dios; ese es el engaño.

Entonces, él dice: “Cristo es ganancia para mí por dos razones: porque en Cristo tengo el conocimiento de Él, una unión rica, mística, profunda con el Cristo Viviente en el cual nuestras vidas están entrelazadas”. En segundo lugar, tengo la justicia de Cristo. ¡Oh, bendito sea Dios! Él se volvió pecado por nosotros para que fuésemos hecho la justicia en Él. Él tomó mi pecado en la cruz para que yo pueda tomar su justicia. En tercer lugar, la salvación provee el poder de Jesucristo. Qué más es ganancia para mí, Pablo dice, el poder de Cristo, versículo 10: “A fin de conocerle”, este es un conocimiento continuo ahora, él ya comenzó en esa dirección con el conocimiento profundo de Cristo, desde el versículo 8. Pero hay un anhelo por conocer más. Y así es en una relación íntima y profunda. “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección”.

Eso es lo que él quiere decir por este conocimiento profundo. Pablo dice: “Entrego todo para que pueda conocer su poder”. ¿Qué quieres decir, Pablo? El poder de su resurrección. Como puede ver, debido a que conozco a Cristo íntimamente, debido a que tengo la justicia de Cristo, tengo a mi disposición energía espiritual, dinámica, que viene de Él. Como en Daniel 11:32, en donde el profeta dice que el pueblo que conoce su Dios mostrará fortaleza y tomará acción. Pablo dice: “Todo a Cristo debido al poder”. ¿Quiere saber una cosa? No hay poder en la ley, no hay poder para superar el pecado en mi carne, no hay poder real para el servicio espiritual en mi carne, no hay poder para la victoria en mi carne, no hay poder para dar testimonio en mi carne. Él dice: “He estado operando sin poder, y ahora veo todo el poder en Cristo”.

Dice usted: “¿Cómo lo ve?”; es en su resurrección. ¿Por qué dice él el poder de su resurrección? Porque fue en su resurrección que Él demostró de manera más vívida la extensión de su poder. ¿Qué otra obra de Cristo es tan poderosa como esa? Ninguna. Resucitar de los muertos, así mismo mostró que Él tenía poder sobre el mundo físico y también sobre el mundo espiritual; Él tenía poder sobre la esfera humana y la muerte, y Él tenía poder sobre la esfera demoníaca, y todos los demonios que querían mantenerlo cautivo.

Como puede ver, la muestra más grande de poder que Jesús jamás logró fue su resurrección de los muertos, y Pablo dice: “Ese es el tipo de poder que quiero experimentar”, eso es lo que está diciendo. ¿Por qué voy a echar a la basura estas cosas y tomar a Cristo? Debido a su poder, su poder. Él conoció su poder de resurrección en dos maneras. La primera manera fue poder de resurrección que lo salvó, cuando él fue salvo. Según Romanos 6, él fue sepultado en Cristo en su muerte, y él resucitó con Cristo para caminar en vida nueva. Entonces, él ya ha experimentado el poder de resurrección en su salvación. Toda persona que viene a Cristo, en un sentido espiritual, morimos con Cristo y resucitamos.

Entonces, el poder de resurrección está en nosotros, pero más que eso, él quería poder de resurrección para que continuara siendo su recurso. Él quería ese poder del que habla tantas veces en las Epístolas, el poder por ejemplo para conquistar la tentación, el poder para servicio a Cristo, el poder para vencer las pruebas que lo hace a usted fuerte cuando usted es débil, el poder para dar testimonio y tener valentía. Él quería ser fortalecido por el Espíritu en el hombre interior, él quería conocer —Colosenses 1:11— la gran potencia de Cristo. Él quería la expresión de ese poder del cual él habló en Efesios 3:20 cuando dijo: “Y Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas, mucho más allá de lo que podemos pedir o entender según el poder que actúa en nosotros”. Él dijo: “¿Por qué tomé a Cristo?”, y le dije—debido a que en Cristo hay poder, hay poder sobre el pecado, hay poder sobre la tentación, hay poder para el servicio, hay poder para dar testimonio, hay poder sobre las pruebas.

¡Hay poder en mi vida! Que de otra manera sería impotente. Esa es la razón por la que lo tengo todo por pérdida, por el poder que hay en Cristo, para el alma que cree. El poder de la vida de Cristo se derrama en nosotros, emana de nosotros para darnos victoria en esta vida. Pablo dice: “¿Qué voy a intercambiar por eso? Esa es la única manera en la que puedo conquistar el pecado, esa es la única manera en la que puedo tener una vida eficaz”. ¿Qué ganó en Cristo él? El conocimiento de Cristo, la justicia de Cristo, el poder de Cristo.

En cuarto lugar, la salvación también le trajo comunión con Jesucristo. Comunión con Jesucristo. Él dice en el versículo 10: “Hay algo más que considero ganancia: la participación de sus padecimientos siendo conformado a su muerte”. Él ya había sido conformado a su muerte en el sentido salvador; cuando él creyó en Cristo él fue sepultado con Él en el bautismo, y resucitó para caminar en vida nueva como vimos en Romanos 6, lo señalamos hace un momento. Él ya había tenido participación en los padecimientos de Cristo de una manera salvadora, y no quiero que usted malinterprete eso; cuando usted es salvo, de alguna manera sobrenaturalmente Dios lo coloca a usted en Cristo, y usted muere en Cristo y usted resucita con Él; él ya había experimentado ese tipo de sufrimiento, ese tipo de sufrimiento.

Pero lo que él tiene en mente aquí es algo más. No una unión salvadora con Cristo en su muerte y resurrección, sino una comunión, una comunión profunda de sufrimiento. ¿Qué quieres decir, Pablo? ¿De qué estás hablando? Estoy hablando de esto, estoy hablando del hecho de que una de las cosas que gano en Cristo es a alguien con quién tener comunión cuando sufro. ¿Entendió eso? Alguien con quien tener comunión cuando sufro. Alguien que ha sufrido mucho más allá de cualquier sufrimiento que jamás conoceré, mucho más sea de cualquier sufrimiento que jamás sentiré o experimentaré y necesito un compañero en mi sufrimiento. Cualquier cristiano sobre la faz de la Tierra le va a decir a usted que los momentos más profundos de comunión espiritual con el Cristo Viviente son el resultado directo de sufrimiento intenso. No hay duda al respecto.

El sufrimiento siempre nos acerca a Cristo. ¿Por qué? Porque cuando encontramos ahí al Sumo Sacerdote misericordioso, que nos ayuda, que es empático, que se preocupa; el amigo que siente nuestro dolor, que fue tentado en todo según nuestra semejanza, que conoce nuestras debilidades y flaquezas. Y él está diciendo: “Cuán bendito soy de ser perseguido, y saber que simplemente estoy siendo aquel que fue perseguido antes de mí, y en cuya comunión encuentro consuelo”. Cristo fue rechazado, Cristo fue objeto de burla y menosprecio y odio, y fue matado; y Pablo enfrentó eso también. Él dijo: “Quiero decirles: lo mejor acerca del sufrimiento es que tengo un compañero en mi sufrimiento”.

¿Sabes? Cuando soy muy débil voy a Cristo —2ª de Corintios 12— y encuentro en Él mi fortaleza, y eso es lo que él quiere decir. Oiga, es un mundo triste en el que vivimos, ¿no es cierto? Es solo cuestión de cuándo va a venir su dolor y cuán intenso va a ser. Todos lo sufrimos. ¿Y a dónde va usted? Bueno, la mayoría del mundo va a la botella o va al psiquiatra, o me imagino que va al centro comercial. ¿A dónde va usted cuando quiere consuelo real? Cuando quiere participación en el sufrimiento, ¿a dónde va usted para que alguien sienta lo que usted siente? Usted va a Cristo, ¿no es cierto? Esa es la participación de padecimientos.

Una última cosa. La salvación resulta en la gloria de Jesucristo, en la gloria de Jesucristo. Versículo 11: “Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. ¿Sabes qué más considero como ganancia? El alcanzar la resurrección. Y, por cierto, la manera en la que él presenta esto en el griego, “A fin de que alcance”, casi se oye como si se sintiera un poco inseguro de esto; eso no es inseguridad. Eso es humildad, eso es humildad. Nunca lo dejó el hecho de que era indigno, nunca lo dejó el hecho de que no merecía esto. Pero él dice: “Anhelo la gloria de Cristo, la resurrección de los muertos”. Él usa una palabra para resurrección nunca usada en ningún otro lugar en la Biblia, es la “afuera resurrección”, añade la preposición ek, es la “afuera resurrección”, es vívida; después la frase “de los muertos”; significa “de los cadáveres”, de entre los cadáveres.

Esa es la manera en la que se lee literalmente. “Quiero alcanzar la afuera resurrección de entre los cadáveres”. ¿Qué es eso? Es el rapto. Ese es el momento en el que él se va a estar con el Señor y él recibe un cuerpo nuevo, de eso está hablando. Él está hablando de ese momento en el abrir y cerrar del ojo cuando los muertos en Cristo resucitarán y serán cambiados en incorruptibilidad. Él está hablando de ese momento cuando los muertos en Cristo resucitan, y aquellos que están vivos van a ser arrebatados juntos para reunirse con ellos en el aire; 1ª de Corintios 15, 1ª de Tesalonicenses 4. Él está hablando del día de resurrección, de la afuera resurrección de entre los cadáveres.

Cuando los creyentes son tomados de entre el resto de los cadáveres muertos, que no son resucitados sino hasta el final del reino milenial. Pero los creyentes son sacados y transformados a la imagen de Cristo. Él habla de esto en el versículo 20: “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos con expectativa al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra en semejanza al cuerpo de la gloria suya”. Eso es lo que él quería, él odiaba la carne como debilidad; él gemía con esos en Romanos 8, que gemían esperando la manifestación gloriosa de los hijos lo cual significaba la resurrección, la afuera resurrección de entre los cadáveres; eso es lo que él quería.

Él quería el fin del conflicto de la carne y el espíritu del que él escribía en Gálatas 5; él quería el fin del gemir de Romanos 8, la redención de su cuerpo; eso es lo que él quería. Y él dijo: “Obtengo eso en Cristo, obtengo eso en Cristo”. Hágase usted una pregunta: ¿Qué dará usted en intercambio por su alma? Como puede ver, Cristo le ofrece a usted unión con él, justicia, poder, comunión, gloria. ¿A qué se va a aferrar usted que se iguale a eso? ¿Y qué bienestar va a traer si usted ganare el mundo entero y perdiere su alma? Esa es la pregunta.

¿Qué ganamos en Cristo? El conocimiento de Cristo; los teólogos llaman a eso “identificación”. Ganamos la justicia de Cristo; los teólogos llaman a eso “la justificación”. Ganamos el poder de Cristo; los teólogos llaman a eso “la santificación”. Ganamos el sufrimiento con Cristo; los teólogos llaman a eso “participación”. Y ganamos la gloria de Cristo; y llamamos a eso “glorificación”. Esa es la perla, ese es el tesoro. Las personas sabias venden todo para que esto sea de ellos.

Oremos juntos. Gracias, Padre, de nuevo, por la gran riqueza de verdad que ha venido a nuestros corazones. Gracias por los santos preciados, queridos, que te aman y a quienes Tú amas, que te conocen, que tienen tu justicia, que son los poseedores de tu poder, que tienen comunión contigo en las cosas profundas de la vida, y que un día serán glorificados contigo en tu trono mismo; gracias por ellos. Gracias, Señor, por todo lo que ellos significan para todos nosotros conforme compartimos la riqueza de su vida en la participación de esta iglesia.

Te damos gracias, Señor, por salvarnos. Te damos gracias por el día en el que nosotros también tuvimos nuestro camino a Damasco; quizás no tan dramático históricamente, pero igualmente dramático internamente, porque nosotros también tuvimos que darle la espalda al resto de las cosas que habíamos acumulado en seguridad, pensando que este mundo haría que estuviéramos bien contigo, y dijimos “es basura”, y tomamos a Cristo. Gracias por ese día.

Oramos que este pueda ser ese día para aquellos que nunca han venido a Cristo, para aquellos que todavía están confiando en su columna de utilidad, sus méritos humanos, su sinceridad, su moralidad, su religión. Oh, Dios, que puedan verlo por lo que es: engaño condenador, peligroso, perjuicio; y que se entreguen a Cristo quien es para nosotros conocimiento, justicia, poder, comunión y gloria. Oramos en Su querido Nombre. Amén.

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