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Nuestro texto para esta mañana es un versículo, un versículo muy breve. El versículo 20 del capítulo 5; 1 Tesalonicenses 5, versículo 20. El apóstol Pablo dice: “no menospreciéis las profecías.” En muchas maneras, como usted sabe, la Biblia es un libro absolutamente sorprendente. Hay varios ángulos desde los cuales uno puede apreciar, valorar la naturaleza sorprendente de las Escrituras. Permítame darle algunos que son quizás los más excepcionales.

Algunos años atrás, un hombre de negocios israelita llamados Ziehl Fetterman comenzó a estudiar el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Y él leyó en las Escrituras que decía: “y he aquí el humo del país subió como el humo de un horno.” Él sospechó que una expresión así podría indicar que había gas abajo del suelo. Y gas en el subsuelo, él pensó, significaba petróleo en el subsuelo. Tenía razón. En el año 1953, el primer pozo petrolero de Israel comenzó a operar en algún punto cerca del lugar antiguo de Sodoma y Gomorra.

La compañía de petróleo Estándar ha descubierto petróleo y ha estado operando con pozos en Egipto durante mucho tiempo. Generalmente, se sabe que ellos hacen eso, pero la razón por la que fueron a esa tierra antigua a buscar petróleo en primer lugar no es generalmente conocida. Se ha dicho que uno de los directores de la compañía de petróleo Estándar resultó haber estado leyendo el segundo capítulo de Éxodo. El tercer versículo llamó su atención. Afirma que el arca, la cual la madre de Moisés hizo para su hijo, tendría brea. Este caballero pensó que donde había brea, debía haber petróleo. Y si hubo petróleo en los tiempos de Moisés, probablemente todavía estaba ahí. Entonces, la compañía envió a Charles Witchet, su geólogo y experto en petróleo a realizar investigaciones. Y el resultado fue que, de hecho, se descubrió petróleo.

Aquí está mi favorita. El Boletín Cristiano del Mundo reportó que un policía de Haifa que conocía su Biblia se enfrentó con un grupo de contrabandistas. Para pasar inadvertidos, ellos utilizaban una caravana tirada por asnos para moverse por la ciudad. El policía logró capturar a algunos de los asnos, a pesar de que los contrabandistas huyeron. El oficial dejó que las bestias de carga no comieran durante varios días y después, los soltó. Y tal como él lo predijo a partir de Isaías 1:3, “el buey conoce a su dueño y el asno la cuna de su amo.” Y de esta manera, los animales que morían de hambre llevaron a la policía directamente a los contrabandistas.

La Biblia es un libro sorprendente. A lo largo de los siglos, la gente ha centrado su vida en torno a la Biblia. Es apreciada como también excepcional. Una de mis anécdotas favoritas es la historia de una pequeña niña en Francia quien era pobre y era ciega. Ella obtuvo el Evangelio de Marcos en Braille y aprendió a leerlo con las puntas de sus dedos. Debido a que ella tuvo un amor tan apasionado por las Escrituras y las leía constantemente, sus dedos llegaron a tener callos y al tener callos, eso disminuyó la capacidad que ella tenía para poder discernir las letras.

Un día, deseando leer tanto las Escrituras, se cortó la piel de los extremos de sus dedos en un esfuerzo por incrementar su sensibilidad para terminar destruyendo los nervios. Ella sintió que debía rendir el libro amado y llorando, cuenta la historia, ella presionó sus labios a las páginas de Marcos y dijo: “adiós, adiós.” Y para su sorpresa, sus labios, más sensibles que sus dedos, distinguieron las formas de las letras. Y toda esa noche, ella leyó con sus labios la Palabra de Dios y abundó de gozo ante esta nueva oportunidad.

Jesús lo resumió cuando dijo: “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.” La Biblia es un libro maravilloso, sin paralelos. De hecho, yo creo que alguien debería colocar una advertencia en la Biblia y quizás debiera leer esto: “advertencia: este libro forma hábitos, el uso regular causa una pérdida de ansiedad, un apetito decreciente para mentir, hacer trampa, tener lujuria, odiar y robar. Síntomas de la condición son sentimientos de gozo, paz, amor y compasión que se incrementan.”

La Biblia es el libro supremo. Ningún libro siquiera se acerca a su excelencia. El apóstol Pablo tiene la supremacía de las Escrituras en mente en ese versículo que le leí hace un momento. Cuando él dijo: “no menospreciéis las profecías,” o las filmaciones proféticas él tiene en mente la revelación de Dios. Él aquí está hablando acerca de nuestra actitud hacia la revelación de Dios, sea hablada o escrita.

Ahora, recuerde, este es el versículo 20, es parte de una lista de elementos básicos para la vida cristiana. Ahí atrás en el versículo 16, él nos recordó que debemos estar siempre gozosos, después, orar sin cesar y después, dar gracias en todo. Luego, la última vez, señalamos que él dijo: “no apaguéis del Espíritu.”

Ahora, el pasa a un tema realmente único que permanece por sí mismo y dice: “no menosprecien la revelación de Dios.” Esto recuerden, todo es parte de cultivar un rebaño saludable, lo cual involucra que las ovejas tengan la relación correcta para con el gran Pastor. El apóstol Pablo ha hablado de cómo la Iglesia debe relacionarse consigo misma, líderes con la congregación, la congregación con los líderes, la congregación entre sí misma y ahora, la congregación para con el Señor. Y todos estos son componentes de lo que constituye una Iglesia eficaz.

Ahora, estos últimos mandamientos son muy directos y muy específicos. No apaguéis al Espíritu es inequívoco. Versículo 21: “examinadlo todo.” Eso es inequívoco. “Retened lo bueno.” Muy claro. “Absteneos de toda especie de mal,” muy claro. El único que puede ser un poco confuso es el segundo, “no menospreciéis las profecías.” Necesitamos ver un poco más de cerca esto para entender lo que él está diciendo.

Simplemente como comentario al margen para aquellos de ustedes que se interesan en la estructura del lenguaje, en cada uno de los cinco mandatos comenzando en el versículo 19, el sujeto viene primero. El Espíritu, no apaguéis. Profecías, no menosprecien. Todo, examinen. Lo que es bueno, reténganlo. Malo, absténganse de él, de tal manera que el énfasis está en ese sujeto. Esto causa que haya una afirmación muy fuerte en el griego.

Veamos entonces algunos de los elementos específicos de este versículo que nos van a ayudar a entender su significado. La palabra “menospreciéis” significa menospreciar, tener en poco. Significa considerar como nada o hacer de algo absolutamente nada. Las profecías, prophēteias, es otra palabra de la Biblia muy importante que demanda un poco más estudio de nuestra parte para comprenderla. Pero básicamente significa lo que Dios ha dicho, lo que Dios ha dicho.

 

Ahora, eso se divide en dos categorías, hablada y escrita. Y quiero que usted entienda eso. La palabra prophēteias, que es la palabra aquí, es usada en el Nuevo Testamento tanto como para referirse para palabra hablada como para palabra escrita. Eso es muy importante porque cuando usted va a interpretar esto, realmente no hay nada aquí contextualmente que le ayude a usted. Y entonces, tiene que ver la palabra y después, tiene que ir a otros textos para descubrir cómo se usa. Algunas veces, es usada para la palabra hablada, algunas veces es usada para la palabra escrita.

Permítame darle algunas ilustraciones de eso. Pase en su Biblia a Romanos, capítulo 12 y simplemente, para ayudarle a entender esta palabra, para que tenga un entendimiento claro de esta interpretación, usted encontrará en el capítulo 12 de Romanos una lista de dones espirituales.

Después, en el versículo 6 está ese punto inicial de esa lista. Y dice en el versículo 6: “tenemos dones que difieren según la gracia que nos ha sido dada y ejerzámoslos de manera apropiada.” Después, esto: “si de profecía, según la proporción de su fe.”

Ahora, ahí está el uso de la misma palabra. Y ahí tiene que ver con hablar, un don de habla. De hecho, en 1 Pedro 4, divide los dones espirituales en dos categorías: dones de habla y dones de servicio. La palabra significa “hablar delante de.” No en un sentido profético, sino de ponerse de pie delante de la gente y hablar públicamente ante ellos. Literalmente significa hablar públicamente, proclamar públicamente. Este don, el don de profecía, que algunos cristianos han recibido, es una capacidad dada por el Espíritu Santo para proclamar públicamente la Palabra de Dios. Es una capacidad dada por el Espíritu Santo para la proclamación pública de la Palabra de Dios.

Ahora, si vemos el Nuevo Testamento, cuando el don de profecía realmente estaba funcionando en su plenitud, vemos dos categorías, dos categorías. Algunas veces, cuando alguien ejercía este don, era revelación. Algunas veces, fue la primera vez en la que alguien lo había oído. Fue una palabra directa de Dios. Algunas veces, no lo fue. Algunas veces, simplemente fue una reiteración o una proclamación de lo que Dios ya había dicho o de lo que ya había sido escrito.

Pero la palabra profecía no necesariamente nos dice nada acerca de la forma, fuera revelación nueva o algo revelado anteriormente; únicamente nos habla de la manera en la cual fue expresado. Es una proclamación pública.

Algunas veces, una profecía podía ser muy práctica -algunas veces, muy práctica. Por ejemplo, en el libro de Hechos, y en el capítulo 11, versículos 27 y 28, encontramos una expresión muy práctica de la profecía. Profetas descendieron en el versículo 27, de Jerusalén a Antioquía. Y uno de ellos, llamado Agabo se puso de pie y comenzó a indicar por el Espíritu que habría cierta gran hambre por todo el mundo.

Ahora aquí, Dios habla a través de este hombre, lo cual es una profecía muy práctica. No fue doctrinal. No debía ser registrada como un libro en la Biblia o como parte de un libro. No fue teológica. Simplemente, fue práctica. Y esto ocurrió con frecuencia. Los profetas del Nuevo Testamento hablaron la Palabra de Dios directamente con respecto a la vida práctica y el ministerio de la Iglesia.

En el capítulo 15 de Hechos, versículo 32, Judas y Silas, también siendo profetas ellos mismos, animaron y fortalecieron a los hermanos con un mensaje extenso. Ahí usted tiene un par de profetas del Nuevo Testamento que simplemente están predicando. Simplemente, están predicando. Sin duda alguna, estaban predicando una palabra alentadora, de exhortación, que no fue una revelación directa en ese punto, sino que simplemente estaban trasmitiendo algo que Dios ya había revelado para alentar a los santos. Pudo haber habido un elemento sobrenatural en él. No sabemos eso, no está indicado en el texto, como en Hechos 11 en donde dice que él estaba hablando de hecho por el Espíritu.

Entonces, la profecía es un término amplio que se refiere la proclamación pública del mensaje de Dios. Puede ser un mensaje nuevo, por lo menos en los tiempos del Nuevo Testamento, podía serlo, cuando todavía estaban recibiendo revelación y Dios podía hablar directamente mediante la boca del profeta o podía ser reiteración, esto es simplemente comunicar públicamente lo que Dios ya había dicho que ya había revelado. La parte milagrosa de esto, esto es nueva revelación, fuera práctica o doctrinal, fue distintiva en la época de la primera Iglesia.

En la mayoría de los casos, inclusive en esos primeros tiempos, con mayor frecuencia el don de profecía fue la habilidad de proclamar la Palabra de Dios que ya había sido revelada. Y en Romanos 12:6 eso es precisamente lo que Pablo está diciendo. Si usted regresa a ese versículo por un momento, quiero que vea algo que es muy importante. En Romanos 12:6, él dice: “si tienes el don de profecía, úsalo según la proporción de la fe.” Quiero que esta traducción que declara según el griego. “Si profecía, según la proporción de la fe,” no su fe. No la fe de él. El pronombre posesivo no está ahí en el original.

Ahora, la palabra proporción, es muy importante. Analogia, analogia, de la cual obtenemos la palabra analogía. Cuando decimos que algo es análogo a algo más, queremos decir que tiene una relación de acuerdo con algo más. Si yo digo que esa verdad es análoga a esta, quiero decir que hay una relación de acuerdo, que sea lo que esto es, está de acuerdo con esto. Esta es la razón por la que los reformadores solían decir analogia scriptura, las Escrituras siempre están de acuerdo consigo mismas, ¿verdad? No están en desacuerdo consigo mismas.

Entonces, ¿qué es lo que él está diciendo en Romanos 12:6? Que este don de profecía debe ser usado en acuerdo a apropiado con la fe. Una afirmación muy importante. En acuerdo apropiado con la fe. ¿Qué es la fe? La fe es usada varias veces en el Nuevo Testamento como un sinónimo del cuerpo dado por Dios de verdad cristiana. Doctrina. El cuerpo dado por Dios de verdad cristiana. La revelación de Dios.

En Hechos 6, versículo 7: “la palabra de Dios continuaba esparciéndose y el número de los discípulos continuaba incrementándose grandemente en Jerusalén. Y muchos de los sacerdotes se estaban volviendo obedientes a la fe.” Esto es la doctrina, la verdad. En Judas, Judas le recuerda al lector que debemos contender ardientemente por la fe. ¿Qué fe? La fe que ha sido una vez dada a los santos, esto es el cuerpo de revelación que conocemos como la Palabra de Dios. Y en el versículo 20 de Judas, “edificándoos sobre vuestra santísima fe.”

Entonces, Pablo dice en Romanos 12:6, cualquier persona que profetiza está capacitada para proclamar palabras en nombre de Dios, debe estar en acuerdo total y armonía con la fe de Dios que ya ha sido revelada. ¿Entiende usted eso? Entonces el que habla, habla de acuerdo con la fe. Así es como es usada esa palabra.

Entonces, si cuando Pablo dice: “no menospreciéis las profecías” y nos preguntamos qué es lo que él quiere decir, podemos decir, en primer lugar, que él quiere decir esas afirmaciones que vienen de hombres dotados, que están en acuerdo perfecto con ¿qué? Con la Palabra de Dios, con la Palabra de Dios.

Apocalipsis, hacia el final, en el capítulo 19 y versículo 10 dice: “Yo me postré a sus pies para adorarle.” Este es Juan. “Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” La profecía da testimonio de Jesucristo. La profecía está de acuerdo con la revelación de la Palabra de Dios. Cada vez que alguien se pone de pie para hablar un mensaje verbal, podemos juzgar su validez al reconocer que está en acuerdo perfecto con las Escrituras. Las profecías nunca pueden desviarse de la palabra escrita.

 

Y, por cierto, en Romanos 12, el don de profecía está en una lista que está carente de cualquier referencia a cualquier don milagroso. No se enlista ningún don milagroso en Romanos 12. Algunos se enlistan en Primera de Corintios 12. Pero no en Romanos 12. Entonces, podemos discernir que este puede ser un don no milagroso; esto es, simplemente la proclamación de la verdad en acuerdo perfecto con la Palabra de Dios.

Pero vayamos a 1 Corintios capítulo 12. Necesito llevarlo en mayor profundidad. Primera de Corintios, capítulo 12, versículo 10. Aquí volvemos a ver este mismo don, sólo que en esta ocasión está en el medio de un versículo que habla acerca de dones milagrosos. Él habla acerca de hacer milagros, 1 Corintios 12:10, “a otra persona le ha sido dada profecía, a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de idiomas; y a otro, la interpretación de esos idiomas.” Ahora, ahí usted tiene algunos dones milagrosos que fueron únicos para la era apostólica. Pero el don es mencionado aquí de nuevo, en esta ocasión, entre los dones milagrosos. Entonces, concluimos que hay ocasiones cuando este don, en la época apostólica, era milagroso. De hecho, cuando el profeta literalmente estaba recibiendo una revelación directa por parte de Dios que no se había dado previamente.

Entonces, hubo ocasiones cuando tuvo este elemento milagroso. Una vez que esa era de revelación milagrosa término con los apóstoles, entonces, tenemos el don no milagroso que permanece. Esto es, la proclamación pública de aquello que es la verdad de Dios en acuerdo perfecto con la Palabra escrita.

Entonces, hubo ocasiones, cuando el profeta en la era apostólica habló revelación. También hubo ocasiones, y con mayor frecuencia, cuando inclusive en esa época lo que hablaban era reiteración. Simplemente, reiteraban lo que Dios ya había revelado lo cual, claro, es la manera en la que el don es usado en la actualidad.

Ahora, más allá de esto, quiero llevarlo a 1 Corintios, capítulo 14 porque usted necesita entender este don. Usted pregunta por qué. Porque en el versículo 1 del capítulo 2, él dice: “no quiero que sean ignorantes en esto.” Y yo tampoco. Quiero que usted lo entienda. Capítulo 14 de 1 Corintios, versículo 1: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.” Una palabra muy importante, escuche con atención. Esto no está escrito a un individuo, esto está escrito a una Iglesia. Ningún individuo puede desear ardientemente un don espiritual y, por lo tanto, obtenerlo. Él está diciendo cuando la Iglesia se congrega, ustedes deben desear ardientemente que nos dones espirituales estén en operación, pero especialmente, que profeticen. Pero especialmente, que profeticen. Colectivamente.

Él no está diciéndole a un creyente individual que debe desear este don si él no lo tiene, él está diciéndole a la Iglesia colectivamente que debe desear su uso. ¿Por qué? Versículo 3: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.” Edifica, exhorta y consuela. La profecía de todo eso. El profetizar hace todo eso. Es esencial para la vida de la Iglesia.

En el versículo 6, él dice: “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas,” o en idiomas, “¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” Ahí de nuevo él está diciendo que la profecía encaja en un modo inteligible, significativo, edificante, que exhorta y consuela.

Pase ahí al versículo 39 en el mismo capítulo por un momento. Él lo vuelve a decir. “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas.” Después, él dice: “no les estoy diciendo que prohíban los lenguajes,” las lenguas en su uso apropiado en tiempos antiguos, tenía su lugar. Pero les estoy diciendo que cuando deseen algo que haya en su asamblea, deseen profetizar. ¿Por qué? Porque edifica, exhorta y consuela. ¿Por qué? Porque es la Palabra de Dios la que tiene poder para sobreedificaros. Es la Palabra de Dios la que los llama a la conducta Santa. Es la Palabra de Dios que es la fuente de su consuelo. Y cualquiera que profetizaba, profetizaba la revelación de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, vea el versículo 37 de 1 Corintios 14. “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.” En otras palabras, si alguien dice que es un profeta, entonces él va a tener que encajar de manera precisa y estar en acuerdo completo con todo lo que escribo, porque estoy escribiendo el mandato mismo de Dios. Entonces, cualquier persona que dice ser un profeta, tiene que encajar con las Escrituras.

Ahí atrás en el versículo 24 del capítulo 14, dice: “Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado.” En otras palabras, si un incrédulo entra a una reunión y están profetizando, proclamando la Palabra de Dios, él la va a oír, y él a entender, va a ser convencido por ella. Versículo 25: “lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.”

Ahí atrás en el versículo 23, él dice: “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” No va a tener ningún efecto evangelístico en absoluto. La profecía, entonces, es la proclamación de la verdad de Dios en acuerdo perfecto con las Escrituras. Es evangelística, es edificante. Exhorta y consuela. Eso es la profecía. Es la proclamación pública de la verdad de Dios. Ahora, nosotros no vivimos en la era apostólica. Efesios 2:20 dice que la Iglesia está edificada sobre fundamento de los apóstoles y los profetas. Estamos muy lejos de ese fundamento. Todavía tenemos el don de profecía, el cual es proclamar la Palabra de Dios.

Ahora, habiendo dicho todo eso, queremos decir que la profecía no es sólo hablada, sino que también la profecía es escrita. Hay varias veces en el Nuevo Testamento en donde la palabra prophēteias es utilizada de revelación escrita. Regrese a Mateo 13. Y necesitamos llevar a cabo este estudio bíblico, porque ese versículo puede y ha confundido a muchas, muchas personas. Y francamente, la mayoría de los comentaristas me parece que están confundidos por él.

En Mateo 13, versículo 14 usted tiene la misma palabra, prophēteias y ahí está refiriéndose a Isaías. Mateo 13:14, en su caso la profecía de Isaías está siendo cumplida. Y después, él procede a citar de la profecía de Isaías mismo, capítulo 6. Entonces, usted tiene ahí la palabra profecía que no se refiere a hablar, sino que se refiere a un escrito. No se refiere a comunicación verbal, sino a comunicación escrita. Y de hecho que se refiere al profeta Isaías del Antiguo Testamento.

Pase a Romanos, al final, el último capítulo, Romanos capítulo 16. Y aquí usted tiene una afirmación muy interesante en el versículo 26, Romanos 16:26. Él dice, Pablo, “ahora se manifiesta,” eso claro, él ahí se está refiriendo al Evangelio y a la revelación del misterio que había estado escondido por mucho tiempo. Ese es el nuevo pacto del versículo 25. Ahora es manifiesto. ¿Y cómo? “Por las escrituras de los profetas.”

En otras palabras, estos hombres que escribieron las Escrituras tuvieron un ministerio profético. Ellos hablaron ante la gente. Ellos escribieron ante la gente. Ellos le dieron la Palabra de Dios a la gente fuera en forma hablada y/o forma escrita. Entonces, sabemos que la palabra puede referirse a hablar o puede referirse a la palabra escrita.

Vaya a Segunda de Pedro por un momento, 2 Pedro 1, él dice en el versículo 19: “tenemos la palabra profética.” Después, en el versículo 20, él la define: “la profecía de las Escrituras,” él la llama. La palabra profética, la profecía de las Escrituras, aquí está de nuevo el mismo término y aquí se refiere a la escritura inspirada. Esa pequeña frase de “profecía de la escritura” en el versículo 20 fue el término actual para el Antiguo Testamento como una unidad. Fue la palabra profetizada.

El Antiguo Testamento, entonces, es el compuesto de la revelación profetizada. Las palabras de Pedro también incluirían en el Nuevo Testamento, porque él dice: “ninguna profecía, antigua o nueva, jamás fue traída por un acto de la voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo hablaron por parte de Dios.” Ahí está él está hablando de la profecía como escritura escrita, escritura escrita.

Observe Apocalipsis, capítulo 1 por tan sólo un momento, versículo 3. Usted simplemente lo puede oír si quiere. Hablando de Apocalipsis, Juan escribe: “bienaventurado es el que lee y escucha las palabras de la profecía.” Y ahí él está llamando al libro de Apocalipsis la profecía-la profecía. En el último capítulo de Apocalipsis, tres veces Juan se refiere al libro de Apocalipsis como la profecía, la profecía, versículo 10, versículo 18, versículo 19.

Ahora, haciendo todo eso a un lado, permítame resumirlo, ¿muy bien? Algunas veces, esta palabra prophēteias se refiere a la palabra hablada, la revelación de Dios que viene mediante la boca de un profeta; pero siempre esa palabra hablada tenía que estar en acuerdo perfecto con la palabra escrita. Algunas veces, la palabra profecía se refiere a la palabra escrita.

En cualquiera de los casos, entonces, la profecía es ligada a sí misma a las Escrituras. ¿Muy bien? O es las Escrituras o está en acuerdo perfecto con las Escrituras. El punto de Pablo es claro. Cuando él dice: “no menospreciéis las profecías,” él está diciendo no menosprecien o tengan a la ligera la revelación de Dios que ha sido escrita, sea que la lean o sea que la oigan proclamada. No lo tomen a la ligera. No disminuyan su importancia. No la denigren, ni la menosprecien.

Job dijo que él atesoró la Palabra de Dios más que su alimento diario en el capítulo 23, versículo 12. Jeremías se alimentó de ella diariamente con gozo. Josué, usted recordará, al dar esa instrucción maravillosa en el capítulo 1, versículo 8, dijo: “el libro de la ley,” esto es la Biblia, las Escrituras, “nunca se apartará de tu boca, este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él para que haga conforme a todo lo que en él está escrito. Entonces, verás prosperar un camino y todo te saldrá bien,” Josué 1:8.

En Deuteronomio, el Señor instruyó al pueblo de manera muy, muy clara acerca de cómo debían tratar la Palabra de Dios con devoción suprema. Él les dijo a ellos: “estas palabras que yo te mando este día,” Deuteronomio 6:6, “estarán sobre tu corazón y las enseñarás a tus hijos y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y al levantarte. Y las atarás como una señal en tu mano y estarán como frontales en tu frente y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.” Llena tu vida de la Palabra de Dios, es lo que él está diciendo. Llena tu vida entera con la Palabra de Dios.

El Salmo 1 dijo: “bienaventurado el varón que no ande en consejo de malos. Sino que anda en la verdad de Dios. El hombre cuya vida está entregada totalmente a la Palabra, su deleite está en la ley de Jehová y en Su ley él medita de día y de noche.” Ese es el hombre piadoso. No menospreciamos las Escrituras, la exaltamos, la levantamos. Bienaventurados los perfectos de camino que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios y con todo el corazón le buscan. Salmo 119:1 y 2. “Oh, cuanto amo yo Tu ley,” dijo David. Ese mandato entonces, nos lleva a una consideración muy seria de las Escrituras. No denigren la Palabra de Dios. Trátenla con respeto total, es lo que él está diciendo.

Ahora, esto es sólo posible para los cristianos. Primera de Corintios 2:10 dice que Dios nos la reveló a nosotros mediante el Espíritu. Y después, ahí en el versículo 14. Primera de Corintios 2:14, “pero el hombre natural,” esto es un hombre no convertido, una persona no cristiana, “no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente.” La persona no regenerada no puede levantar las Escrituras, no puede exaltar las Escrituras apropiadamente. Martín Lutero dijo que el hombre no convertido es como una columna de sal, es como la esposa de Lot, es como un leño y una piedra, es como una estatua sin vida que no tiene ni ojos ni boca, ni sentido ni corazón hasta que él es convertido y regenerado por el Espíritu Santo,” fin de la cita.

Lo mejor que el hombre o la mujer no salva puede hacer es morder la madera de las Escrituras sin llegar realmente a su núcleo. Kierkegaard, el filósofo danés, sugirió, creo, con una ilustración vívida el enfoque equivocado a las Escrituras, de ver a las Escrituras. Y él estaba mirando a todas estas personas en el mundo académico, quienes se presentaban como eruditos bíblicos y él dijo esto, y cito: “un niño pequeño es disciplinado por su padre. Mientras que el padre va por la vara, el niño mete en la parte de atrás de su cuerpo, en la parte de sus pantalones, varias servilletas. Cuando el padre regresa y administra la disciplina, el niño no siente dolor, ya que las servilletas absorben el impacto de la vara.

El niño pequeño representa a los eruditos bíblicos. Ellos acolchonan el impacto de las Escrituras con sus léxicos, comentarios y concordancias. Como resultado de esto, las Escrituras nunca les llegan como la Palabra de Dios. Habiendo anulado su poder, al escudarse con todas sus herramientas académicas, de esta manera nunca oyen las Escrituras como la Palabra de Dios. Si quitaran sus libros, los cuales son necesarios cuando son usados de manera apropiada, como es ilustrado en la historia de la carta de amor, entonces, las Escrituras podrían llegarles como la Palabra de Dios.” Fin de la cita

Permitir que las sagradas Escrituras nos penetren como la Palabra de Dios es la obra especial del Espíritu Santo. Sólo aquellos que tienen al Espíritu Santo pueden obedecer este mandato de no menospreciar la Palabra de Dios. Usted tiene a personas en seminarios y universidades e iglesias por todo Estados Unidos y por todo el mundo, quienes dicen ser estudiantes de las Escrituras, cuyas vidas están tan acolchonadas que la Palabra de Dios no los puede tocar. Cuyas mentes no tienen el conocimiento de la Verdad, porque sus corazones no tienen al Espíritu Santo morando en ellos.

Pero aquellos de nosotros que conocemos al Espíritu, que conocemos al Dios viviente, podemos entender la Verdad y verla de manera apropiada. Estas personas que niegan la veracidad, autenticidad, autoridad, inspiración, inerrancia de las Escrituras únicamente revelan que están en violación del mandato “no menospreciéis las profecías,” no menosprecien, no denigren, no piensen a la ligera acerca de las Escrituras.

De hecho, amados, si usted lo hace, no hay manera posible en la que usted pueda llegar a vivir la vida cristiana, porque, el único mapa y brújula y manual que usted tiene son las Escrituras. Lo único con lo que se va a quedar es el esfuerzo humano -hacer obras buenas para tratar de ganarse su derecho de entrar. A menos de que Espíritu viva en usted y a menos de que usted exalte la palabra de Dios, no sólo en la mente sino también en obediencia, usted va a menospreciar las profecías y va a violar este mandato tan directo.

Ahora, conforme llevamos esto a su conclusión, y eso tomó mucho tiempo, simplemente explicar eso para que usted lo pudiera entender, quiero hacerle dos preguntas. ¿Por qué es que no debo menospreciar las Escrituras? ¿Por qué no debo hacerlo? Y simplemente le voy a dar esto de manera muy breve. Número uno, debido a su naturaleza esencial. Debido a su naturaleza esencial. Al principio hablamos de la naturaleza única de la Biblia, pero permítame tan sólo hablar de su naturaleza como lo presentan sus propias afirmaciones.

En primer lugar, tiene autoridad. Las escrituras tienen autoridad. Isaías 1:2 dice: “oíd, cielos y dad oído, oh tierra, porque Jehová ha hablado.” Cuando Dios hable, más vale que usted escuche. Tiene autoridad.

En segundo lugar, es infalible. Es infalible. Y esto es a nivel colectivo, de manera total, en su amplitud, no le falta nada, no comete errores. Salmo 19:7: “la ley de Jehová es perfecta. La ley de Jehová es perfecta.” Es total, amplia, lo abarca todo y es perfecta. Y después, me gusta usar la palabra inerrante. Mientras que es infalible en el todo, es inerrante en toda parte. Proverbios 30:5 y 6 dice: “toda palabra de Dios es limpia,” cada una, toda palabra. Hasta la jota y la tilde, la cual no será quitada, dijo Jesús. La Palabra de Dios tiene autoridad. Cuando Dios habla, más vale que usted escuche. La Palabra de Dios es infalible; esto es las Escrituras en su totalidad no tienen error. Es inerrante. No tiene ningún error, en sus autógrafos originales toda palabra de Dios es pura.

En cuarto lugar, es suficiente. Es suficiente. Tiene la capacidad de transformar de manera total el alma, el Salmo 19 dice: “hacer del simple, sabio. Traer gozo al corazón, alumbrar los ojos. Es suficiente.” Puede hacer del hombre de Dios perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Puede hacerlo sabio a usted para la salvación, 2 Timoteo 3:15 al 17. Es suficiente para todo.

Número cinco, es eficaz. Es eficaz. Se acuerda usted de Isaías 55 que dice: “así será Mi palabra que sale de Mi boca, no regresará a Mí vacía, sino que hará lo que yo quiero.” Es eficaz. Cuando Dios habla una palabra, sucede. Se cumple.

Y después, determinante. Es determinante. ¿Qué quiero decir con eso? Su respuesta a la Palabra de Dios determina su destino eterno. “El que es de Dios oye las palabras de Dios. Ustedes por lo tanto no las oyen porque no son de Dios.” Cuando alguien viene y niega la autoridad, la infalibilidad, la inerrancia, la suficiencia y la eficacia de las Escrituras, lo único que hacen es revelar su condición espiritual. Porque si usted no oye las palabras de Dios, usted no pertenece a Dios. Jesús dijo eso. Si usted las oye, usted pertenece a Dios. Es determinante al afirmar el destino eterno de uno.

Entonces, ¿por qué no debemos menospreciar las Escrituras? Debido a su naturaleza esencial. Y, en segundo lugar, debido a sus beneficios generosos. Debido a sus beneficios generosos. Las Escrituras son la fuente de la verdad. Juan 17:17, Jesús dijo: “Tu palabra es verdad.” Oh, qué gran, gran realidad es esta. Tu palabra es verdad.

Es la fuente de felicidad, en segundo lugar. Es la fuente de felicidad. Proverbios 8:34 dice: “bienaventurado o feliz es del hombre que me oye.” Juan dijo en 1 Juan 1:4: “estas cosas os he escrito para que vuestro gozo sea cumplido.” Lucas dice: “bienaventurado o feliz es el hombre que obedece la palabra,” Lucas 6:47 y 48, Lucas 11:27 y 28, eso está por todas las Escrituras. Apocalipsis 1:3: “bienaventurado o feliz de la persona que lee este libro.” Es la fuente de gozo y felicidad y bienaventuranza.

En tercer lugar, es la fuente de victoria. “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar,” dijo el salmista. Efesios 6:17 dice: “tomad la espada del Espíritu,” que es nuestra arma. Cuando Jesús fue tentado, de acuerdo con Mateo 4:1 al 11, cada vez que fue tentado él respondió con ¿qué? Escrituras. Él dijo tres veces: “escrito está.” Sí, la Palabra de Dios es la fuente de nuestra victoria sobre la tentación. Es la fuente de nuestra felicidad. Es la fuente de la verdad.

En cuarto lugar, es la fuente del crecimiento. Usted recuerda cómo nos hemos referido con frecuencia a 1 Pedro 2:2, “desead como niños recién nacidos la leche espiritual no es adulterada para que por ella crezcáis.” La palabra es la fuente de nuestro crecimiento. Spurgeon tuvo una gran palabra. Él dijo, y cito: “es la palabra la que poda al cristiano. Es la verdad la que lo limpia. Las Escrituras cobrando vida y poder por el Espíritu Santo.” Y eso es verdad.

La palabra limpia, purifica y es la clave para crecer. Esa es la razón por la que en Juan 15 Jesús dijo que la palabra es como un cuchillo que poda. Corta las ramas inservibles para que el poder del crecimiento puede alcanzar a las áreas productivas. La Palabra es la única fuente de verdad, la única fuente de felicidad, la única fuente de victoria, la única fuente de crecimiento.

En quinto lugar, la única fuente de guía. El Salmo 19:8 dice que la palabra es recta y lo que significa es que presenta un camino recto. Es un camino recto por el cual andar. Y después, en el Salmo 109:105 dice: “es una lámpara ese camino.” Es el camino, es la lámpara que ilumina el camino; es por donde debemos caminar. Nos hace sabios. Revela la voluntad de Dios.

Y después, en sexto lugar, es la fuente de esperanza. Es la fuente de esperanza. Una y otra vez en el Salmo 119, el salmista dice: “tengo esperanza en Tu palabra. Tengo esperanza en Tu palabra. Espero en Tus ordenanzas,” lo cual significa las Escrituras.

Y entonces, la Palabra de Dios es la fuente de verdad y felicidad y victoria y crecimiento y guía y esperanza. Y probablemente, podríamos añadir mucho más a la lista, pero usted entiende la idea. No es sorprendente que debe ser más deseable que la miel y la miel que destila del panal. Y que el oro, incluso que el oro refinado. ¿Por qué, entonces, la buscamos? Debido a su naturaleza esencial y sus maravillosos beneficios generosos.

Después, un último punto. ¿Cómo debemos buscarla? ¿Cómo puedo asegurarme de que no la menosprecio? Muy simple. ¿Cómo puede usted estar seguro de que no menosprecie las Escrituras? Escuche con atención. Número uno, créala. Créala. Ahí es donde comienza. Jesús dijo una y otra vez a la gente: “Créanme. Crean lo que Yo digo.” Y en Juan 5:24, Él dijo: “de cierto, de cierto os digo que el que oye Mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación.” Créala. Otra manera de decirlo es decir recíbala. Pablo le dijo a los tesalonicenses: estoy tan agradecido que cuando les prediqué la palabra de Dios la recibieron como es, la palabra de Dios.

En segundo lugar, hónrela. Hónrela. ¿Qué queremos decir con eso? Exáltela, levántela ¿cómo hace usted eso? En obediencia. En obediencia. No sea un charlatán de la Palabra, 2 Corintios 2:17. No use la Palabra para manipular para sus propios fines. Él dice en 2 Corintios 4:2, algunas personas adulteran la Palabra de Dios, pero ustedes deben honrarla, exaltarla, atesorarla.

En tercer lugar, ámela. David dijo en el Salmo 119:97, como le mencioné antes, “oh, cuánto amo yo Tu ley.” Y después, conforme usted llega al final del Salmo 119, simplemente hay muchas afirmaciones repetidas con ese mismo pensamiento en mente. Tu palabra es muy pura, Salmo 119:140, por tanto, tu siervo la ama. Afecto profundo, deseo profundo, de eso estaba hablando Pedro cuando él dijo: “así como un bebé desea, ustedes deben desear.”

Después, obedézcala. Obedézcala. Esa es la cuarta. De hecho, la burla más grande que usted puede ofrecerle a las Escrituras es decir que usted las cree, pero no las obedece. Si persevera y, si continúan en Mi palabra, son Mi discípulo real. Si usted dice que permanece en Cristo, debe andar como Él anduvo. ¿Y cómo anduvo Él? En perfecta obediencia a la Palabra de Dios.

Jesús contó la historia, usted recordará, acerca de las dos casas. Y una fue derribada en el diluvio, Mateo 7 y una permaneció en pie. Y la diferencia fue que una persona no hizo la voluntad de Mi Padre y la otra hizo la voluntad de Mi Padre.

Número cinco, pelee por ella. Judas 3 dice: “contienda ardientemente por la fe.” Involúcrese en la batalla por la Biblia.

Número seis, estúdiela. Estudia, dice Pablo, para presentarte aprobado a Dios como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Sea como los bereanos nobles que escudriñaban las Escrituras a diario para ver si estas cosas eran así. Sea como Apolos, de quien se dijo que era poderoso en las Escrituras. Que la palabra de Cristo more en abundancia en usted, Colosenses 3:16.

Finalmente, proclámela. Proclámela. Si usted cree y obedece fielmente la Palabra, honra la Palabra, ama la Palabra, obedece la Palabra, pelea por la Palabra, estudia la Palabra, proclama la Palabra, usted no la va a menospreciar. Va a ser una parte demasiado grande de su vida.

Al cerrar, estaba leyendo una pequeña nota de Martín Lutero y cómo él estudiaba la Biblia. Él dijo, y cito: “yo estudio mi Biblia como recojo manzanas. Sacudo el árbol entero primero para que las más maduras caigan. Después, sacudo cada rama. Y cuando he sacudido cada rama, sacudo cada rama pequeña. Y después, sacudo cada rama más pequeña. Y después, busco debajo de toda hoja. Escudriño a la Biblia como un todo, como si estuviera sacudiendo el árbol entero. Después, sacudo toda rama. Estudio libro tras libro. Después, sacudo cada rama más pequeña, le doy atención a los capítulos. Después, sacudo cada ramita o un estudio cuidadoso de los párrafos y las oraciones y las palabras y los significados."

“La Palabra es un libro tan excepcional. Cuando estoy cansado, la Biblia es mi cama. O en la oscuridad, la Biblia es mi luz. Cuando tengo hambre, es mi pan viviente o cuando tengo miedo, es la armadura para la pelea. Cuando estoy enfermo, es medicina que cura. O cuando estoy solo, ahí encuentro a muchos amigos. Si voy a trabajar, la Biblia es mi herramienta. Si voy a tocar un instrumento, es el arpa para tocar. Si soy ignorante, es mi escuela. Si me estoy hundiendo, es suelo sólido. Si tengo frío, la Biblia es mi fuego y me da alas si aspiro con valentía. ¿Oprime la oscuridad? La Biblia es un sol. En el medio de lo horrendo, es un hermoso huerto. ¿Tengo sed? ¡Cuán frescas son sus aguas! O si estoy estancado, ¡qué aire tan vivificante! Debido a que tú das de ti mismo para mí, ¡cómo debo entregarme yo a ti, gran libro, a ti!” Inclinémonos en oración.

Padre, sabemos que, si vamos a ser ovejas fieles, y si nuestro rebaño va a crecer para ser un rebaño saludable, no podemos menospreciar Tu Palabra, Tu revelación. Las palabras del poeta son tan apropiadas “debido a que tú te has dado a ti mismo a mí, ¡cómo es que yo no me voy a entregar a ti, gran libro!” La respuesta es no menospreciar, no tomar a la ligera, sino tener en alta estima, creer y honrar y amar y estudiar y pelear y proclamar. Señor, haznos personas del libro, personas que, de esta manera, traen honra a Tu Nombre por causa de Jesús. Amén.

 

 

 

 

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