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Abramos nuestras biblias en 1 Timoteo capítulo 4, 1 Timoteo capítulo 4. Estamos viendo los versículos 6 al 16. Y claro, así gran parte de 1 Timoteo, y 2 Timoteo, y Tito, la Escritura en su intención está dirigida al ministro, al pastor, al siervo de Dios mismo.

Y alguien me dijo hace 2 semanas atrás, que parece como si yo, en cierta manera, me excedí en el punto en el estudio de 1 Timoteo, y mi respuesta a eso en mi propia mente, fue que si tiendo a excederme en explicar el punto un poco al tratar con pasajes que se relacionan con el ministerio, es primordialmente porque el Espíritu de Dios me está colocando por el proceso de entrenarme mientras que está colocándolo también a usted.

Y me doy cuenta de que, cuando escarbo en estos pasajes, que hablo de manera directa a mi propio corazón, y a lo que Dios me ha llamado a hacer, y no lo suelto con mucha facilidad. Me encuentro exprimiéndolos al límite mismo por todo lo que tienen. Y hago eso, porque quiero tanto que el Espíritu de Dios hable a mi propio corazón, y a los corazones de toda la familia de nuestra iglesia que está en el liderazgo espiritual, o que está en la escuela o seminario preparándose para el ministerio.

Y también, estoy muy consciente de que por la gracia de Dios nos ha dado los oídos de pastores de todo el mundo, no solo en los Estados Unidos, sino en países en todo el mundo, y muchos de ellos están escuchando lo que estamos diciendo, y estamos haciendo aquí.

Y cuando llegamos a las partes que hablan de manera tan directa al ministerio mismo y al hombre en el ministerio, simplemente parece esencial que delineemos de manera cuidadosa las verdades que están ahí, las expliquemos de manera plena, y las apliquemos para que puedan tener un impacto tan grande como sea posible en aquellos que guían la iglesia de Jesucristo.

Oseas lo dijo de manera simple, “Y será el pueblo como el sacerdote.” Sabemos que la gente no se eleva por encima de su liderazgo, y tenemos una preocupación tremenda porque Dios levante un liderazgo excelente en su iglesia. Y entonces, si en alguna manera Él puede usar estos estudios para lograr eso, entonces ese propósito es cumplido. Entonces, tiene que tolerarme un poco por esas razones conforme vemos juntos este tipo de pasajes.

Ahora, llevándolo de regreso a 1 Timoteo 4:6-16, la frase clave en esta porción en particular es la que está a la mitad del versículo 6, “Serás buen ministro de Jesucristo.” El asunto aquí en este texto, es darle a Timoteo los requisitos o cualidades de un ministro excelente de Jesucristo.

Si él va a ser lo que Dios quiere que sea, si él va a ser lo que el ministerio demanda que él sea, si él va a ser lo que la congregación necesita que él sea. Entonces, él debe de tener un estándar mediante el cual mida su vida, mediante el cual él forme su ministerio. Y esa es la intención a lo largo de las epístolas pastorales, 1 y 2 Timoteo y Tito, y específicamente la intención de esta porción misma frente a nosotros.

Juan Owen, el gran comentarista puritano, escribió estas palabras, y cito, “Un ministro puede llenar sus bancas, su lista de comunión, las bocas del público, pero lo que ese ministro es en sus rodillas, en secreto, delante del Dios todopoderoso, eso él es, y no más.”

Y lo que Juan Owen está diciendo es que la Escritura ciertamente establece, y esto es que la demanda de Dios, para el que está en ministerio, va más allá de la capacidad. Va incluso, más allá de su don, va hasta la virtud. La médula en el ministerio es virtud.

¿Qué tipo de persona es usted delante de Dios? Alguien dijo que la personalidad es lo que usted es la luz cuando todo mundo puede ver, y la virtud es lo que usted es en la oscuridad cuando nadie puede ver. Y la virtud es lo que importa en el ministerio, es lo que usted es delante de Dios. Es el proclamar la verdad a partir de una vida piadosa, lo que es esencial. Y Pablo quería que Timoteo entendiera este hecho, que estuviera incrustado de manera profunda en su manera de pensar, y entonces él lo menciona con mucha frecuencia.

Allá atrás, en el capítulo 1, versículo 5, él habló de asegurarse de tener un corazón puro y una buena conciencia, y una fe no fingida, y que se mantuviera eso. En el capítulo 1, versículo 19, él habla de aferrarse a la fe y una buena conciencia. Esto es, una conciencia que no acusa a uno de pecado.

En el capítulo 2, versículo 8, “Los hombres deben estar levantando manos santas sin ira, ni contienda.” Él habla en el capítulo 3, versículo 1 que un obispo hace un buen trabajo, y el versículo 2 dice que su trabajo es tan bueno que demanda un hombre que sea irreprensible. Esta es una referencia a su virtud.

También un diácono, en el versículo 10, debe ser irreprensible. En el capítulo 6, versículo 11, “El hombre de Dios debe huir del pecado y seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” En 2 Timoteo 2, él debe ser fuerte en el Señor, versículo 1, fuerte en la gracia, que es en Cristo Jesús. En el versículo 15 indica que él nunca debe ser un obrero que necesita avergonzarse, sino no tener nada de que avergonzarse, porque obviamente tiene una vida pura.

En el capítulo 2, versículo 21, “Él debe limpiarse.” En el versículo 22, “Él debe huir de las pasiones juveniles y seguir la justicia e invocar a Dios a partir de un corazón puro.” En el capítulo 3, versículo 17, “El hombre de Dios debe ser perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Entonces, a lo largo de las epístolas pastorales, la intención de Pablo es establecer la responsabilidad, para el siervo de Dios, al nivel de la virtud espiritual. Ahí es en donde todo realmente se lleva a cabo. Toda la actividad del ministerio sale de la virtud.

Entonces, el resumen de la virtud del ministro Santo, se resume en esa pequeña frase en el versículo 6, “Serás buen o noble o excelente ministro de Jesucristo.” Uno que encaje en Mateo 25:21, “Bien, buen ser siervo y fiel. Entra al gozo de tu Señor. Has sido fiel sobre unas cuantas cosas, sobre muchas te pondré.” Y entonces, Pablo quiere que Timoteo y cualquier otra persona que encaje en la categoría de ministerio pastoral, que se dé cuenta de que hay un estándar de virtud personal, y hay un estándar de ministerio público que está ligado a aquello que es inviolable desde el punto de vista de Dios, para tener éxito en el ministerio. Dios quiere a hombres de virtud.

Ahora, ¿cuáles son los requisitos? Bueno, vimos cuatro, permítame tan solo repasarlas brevemente para usted, y vamos a seguir y tomar dos más. Tengo 11 en este pasaje, pero quiero ser cuidadoso conforme avanzamos a lo largo de este pasaje para que las entienda de manera completa, y veremos el resto de ellas el próximo día del Señor.

Número uno, dijimos que un ministro excelente advierte a su congregación del error, advierte a su congregación del error. El versículo 6 dice, “Si esto enseñas a los hermanos o si les recuerdas estas cosas, serás buen ministro o un siervo excelente de Jesucristo.” La frase, “estas cosas,” tiene referencia a todas las doctrinas de demonios, espíritus engañadores, hipócritas, mentirosos, falsos maestros, aquellos que se oponen a la verdad, a los que se hace referencia en los primeros cinco versículos del capítulo. El Señor quiere que su siervo esté advirtiéndole a la congregación de dicho error. Ese no es el énfasis primordial de su ministerio, pero es un aspecto importante del mismo.

El siervo del Señor está consciente de que el engaño es sutil, es tan sutil y engañador que en Mateo 24, nuestro Señor dijo que, si fuera posible, incluso los escogidos mismos serán engañados. En Hechos 20:31, Pablo dice que, “por tres años, noche y día con lágrimas, velé”. Eso es vigilancia, eso es estar alerta y ejercer discernimiento, analizar qué tipo de enseñanza se está esparciendo y qué maestros están ahí en la iglesia.

Y “amonesté,” esa es una amonestación fuerte, intensa. Y él dice, “Hice eso con todo mundo.” Él personalizó el ministerio. Él estuvo ocupando, advirtiéndole a la gente del error. Esa es una parte muy importante de un ministerio excelente.

En segundo lugar, un ministro excelente es un estudiante experto de la Escritura. El versículo 6 de nuevo, observé la segunda parte del versículo. Él debe estar nutrido, mantenerse estando nutrido en las palabras de la fe, esa es la Escritura, y de la buena doctrina, eso es la lo que la Escritura afirma, que ha seguido.

En otras palabras, has tenido un buen comienzo Timoteo, establecido por tu madre y abuela, Loida y Eunice, que te enseñaron las Escrituras desde tu niñez. Tú sabes, que a eso yo le añadí, y otros como yo, y has tenido un buen comienzo. Ahora, continúa de manera constante, alimentándote a ti mismo de la Palabra y aquello que la Palabra afirma. Esencial. Debemos ser capaces en el ministerio directo de la Escritura, y eso significa un nivel elevado de ingestión, un compromiso continuo de ingerir la Palabra de Dios. El ministro excelente advierte a su congregación del error, y él puede hacer eso porque él es un estudiante excelente de la Escritura.

En tercer lugar, un ministro excelente evita la influencia de enseñanza impía. Él evita la influencia de enseñanza impía. Él quiere mantener una mente pura. Él no está preocupado en absoluto por involucrarse, versículo 4 del capítulo 1, con fábulas, genealogías interminables, que solo sirven para causar preguntas en lugar de edificación piadosa, que es en la fe.

Él no está interesado en nada que va a distraer, crear dudas, quitar su convicción, quitar su poder, confundirlo. Él se concentra en aquello que es la afirmación positiva de la enseñanza de la Palabra de Dios. Estas son las cosas – capítulo 6, versículo 2 dice – que él debe enseñar y exhortar. Y el versículo 3 dice, “Si alguno enseña algo diferente y no se alinea con las palabras sanas, las palabras de nuestro Señor Jesucristo y la doctrina que es conforme a la piedad, dicha persona está envanecida.”

Él no conoce nada. Él está dudando de preguntas y disputando por palabras, y lo único que trae es causar “envidia, contienda, malas sospechas, contiendas perversas de hombres de mentes corruptas que están privados de la verdad.” Y él dice, “de los tales apártate.” No te involucres en ese tipo de contiendas que solo sirven para crear sospecha acerca de la Palabra de Dios. Lo cual únicamente crea dudas, quita el poder, quita la convicción.

Un ministro excelente evita la influencia de la enseñanza impía. De hecho, él está comprometido de manera fuerte con el principio que conocemos también en Filipenses 4:8, “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si hay algo digno de alabanza, en esto pensad.” El enfoque de su mente, es un enfoque singular. Él no es un hombre de doble ánimo o de doble alma, como Santiago lo hice dice en el capítulo 1. Él no está dividido dentro de sí mismo. Él está comprometido de manera singular, y única, y total con la verdad de Dios, y eso en sí mismo crea una fortaleza.

En 2 Timoteo 2:16, “Él debe evitar cualquier palabra profana o vacía que solo puede llevar a la impiedad y carcome como gangrena.” Esto es de una manera muy destructiva. De hecho, en Tito 2:15 se le dice que hable estas cosas que tienen que ver con el Evangelio y exhorte y reprenda.

Apégate a lo que debes. Apégate al mensaje. Hay cierto compromiso con la verdad santa. Se alimenta de ella, se alimenta de ella y evita cualquier cosa que corrompa su mente pura y lo aleje de la búsqueda singular de las cosas de Dios. Entonces, él advierte del error, al mismo tiempo evita exponerse al mismo de tal manera que tenga una influencia impía. Y él es un experto en la Escritura.

En cuarto lugar, y este es el último punto que cubrimos la última vez, un ministro excelente es disciplinado en la piedad personal, él es disciplinado en la piedad personal. Y aquí, realmente llegamos al asunto de la virtud. Su vida es una búsqueda de la piedad, y no una búsqueda de fama. No es una búsqueda de popularidad. No es una búsqueda de reputación. No es una búsqueda de ganancia deshonesta o dinero. Es una búsqueda de piedad.

Y el ministerio es el resultado de una búsqueda de piedad. Versículo 7, y usted recuerda esto de la última vez, y probablemente de su propia memoria, el versículo 7 dice, “No solo desecha las fábulas profanas y de viejas,” acabamos de mencionar eso, mantente alejado de enseñanza impía, ejercítate para la piedad.

Y esto es básicamente axiomático, el ejercicio corporal para poco es provechoso y tiene un efecto corto, pero la piedad aprovecha para todas las cosas porque tiene promesa para la vida ahora y para la venidera. Y esta es una palabra fiel y digna de ser aceptada por todos. Esto es axiomático, que el ejercicio espiritual para la piedad es mucho más importante que el ejercicio físico, por lo tanto, ejercítate para la piedad. Debes estar entregado en disciplina para alcanzar la piedad personal.

Ahora, ¿qué queremos decir con eso? Bueno, la palabra es eusebeia. Permíteme estirar su mente un poco con esa palabra, era usada por los filósofos de los tiempos antiguos y los religiosos de los tiempos antiguos y tenía un significado muy claro. Por ejemplo, la definición platónica era conducta correcta con respecto a los dioses. La definición estoica era conocimiento de cómo Dios debía ser adorado.

Luciano, el escritor antiguo, dijo que está describiendo a uno que es un amante de los dioses. Xenofon, dijo que dicha persona, era sabía con respecto a los dioses. Entonces, incluso en su significado pagano tenía que ver con una preocupación por Dios, con una reverencia por las cosas santas, una reverencia hacia las cosas divinas. Estar preocupado con asuntos relacionados a la deidad.

Y es eso, exactamente, lo que significa, en el sentido espiritual, en términos de la fe cristiana. Es una actitud correcta hacia Dios y cosas que son divinas. Es una reverencia hacia cosas celestiales, y una preocupación con cosas que son santas y sagradas. Es un respeto por aquello que se debe a Dios y respeto por aquello que se debe al cielo. Es la más alta de todas las virtudes. Si el atributo más alto de Dios es su santidad, entonces el alcance o el logro más alto del hombre es buscar una santidad semejante a la de Dios. La piedad entonces es el corazón y el alma de la virtud espiritual.

Si tuviéramos tiempo, podríamos expandir nuestro entendimiento de esto. Pero, simplemente para ayudarle un poco en esto, en 1 Timoteo 6:3, la piedad se dice que está en el corazón de la verdad. En 2 Pedro 1:3, dice que viene mediante Cristo. En 1 Timoteo 6:11, dice que debemos buscarla. Hechos 3:12, indica que trae poder. Y en 2 Timoteo 3:12, indica que trae problemas. Y en 1 Timoteo 6:5-6, indica que bendice eternamente, pero no necesariamente trae prosperidad temporal.

Ahora, permítame resumir eso. La piedad es el corazón de toda la verdad. Viene a nosotros de Cristo, pero debemos buscarla. Nos da poder, pero cuando ese poder empieza a salir va a crear problemas por parte de un ambiente hostil. Va a traernos prosperidad espiritual, pero no necesariamente prosperidad terrenal. Es el corazón y el alma de todo lo que hacemos. Es la meta entera de la vida cristiana. 1 Timoteo 2:2 dice que debemos llevar una vida en paz en toda piedad. 2 Pedro 3:11, qué tipo de personas deberíamos ser en toda vida santa y piedad. Debemos vivir vidas que son reverentes con respecto a Dios y a su palabra y su voluntad. Debemos estar consumidos por una preocupación por cosas celestiales.

Y, por cierto, comienza en casa, eso es práctico. 1 Timoteo 5:4, que muestren piedad en casa, ahí es donde comienza, muy práctico. Entonces, la piedad es la búsqueda de aquello que honra a Dios. Y un siervo bueno y noble y excelente y fiel de Jesucristo, será un hombre que advierte a su congregación, que estudia la Escritura, que evita cualquier mentira impía que pueda influenciarlo, y quien está comprometido con una búsqueda de la piedad. Ese es el deseo de su corazón.

Ahora, con eso resumiendo lo que ya aprendimos y expandiendo nuestros pensamientos un poco, vayamos al número cinco en este texto, un versículo fascinante, versículo 10, y la quinta cualidad de un ministro excelente es que él está comprometido con el trabajo duro.

Ahora, permítame tan solo decir antes de que veamos el versículo 10. Por un lado, acabamos de hablar de piedad. Debemos estar preocupados con cosas celestiales. Debemos estar preocupados con esas cosas que se relacionan con la naturaleza de Dios. Debemos buscar la santidad. En otras palabras, hay cierta naturaleza diferente al mundo en nosotros. Hay cierta separación con las cosas que están aquí. Debemos buscar aquello que es divino y sagrado y eterno y santo y celestial.

Y habiéndonos tan solo levantado a los lugares celestiales y llamándonos a ser piadosos, él ahora nos trae de regreso a la tierra con un golpe fuerte y dice, “Y mientras que estén aquí, el ministerio no solo es una búsqueda celestial, es una tarea terrenal.” De hecho, es trabajo duro. Y en eso quiero que nos enfoquemos en el versículo 10, “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios.” Y deténgase en ese punto, con este fin, qué fin, el fin de la vida eterna, de regreso al versículo 8, debido a que sabemos que la piedad tiene una promesa no solo de la vida que es ahora, sino de la vida venidera, con este fin en mente trabajamos y sufrimos oprobios, porque nos damos cuenta – ahora subrayé esto – nos damos cuenta de que lo que hacemos tiene implicaciones eternas. ¿Entendió eso? Tiene implicaciones eternas.

No estamos tratando con algo que está pasando cuando muramos, estamos tratando con algo que nunca pasa. Y debido a que operamos con la eternidad en mente, trabajamos y sufrimos oprobios. La palabra trabajamos y sufrimos oprobios, ambos son dos verbos que tienen la idea de trabajo duro, trabajo muy duro. Y trabajamos duro porque estamos trabajando a la luz de la eternidad. Digo, no hay un efecto a corto plazo aquí, este es un efecto eterno.

Observe en 2 Corintios 5:9, un pasaje conocido ahí, versículo 9, Pablo dice, “Por esto mismo trabajamos – usando la misma palabra, trabajamos, trabajamos duro – para que estando presentes o ausentes le seamos agradables.”

Y después él le da a usted dos razones por las que él trabajaba duro. Número uno, porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo. Puede tener que estar delante de Cristo para ser recompensado por las cosas que ha hecho en su servicio. En otras palabras, hay una consecuencia eterna para mí como siervo de Cristo. Voy a estar delante del Señor, para recibir de su mano esa recompensa, que es proporcional a mi servicio, que le di a él, sea bueno o inútil.

Entonces, me doy cuenta de que mi propia eternidad está aquí en mente cuando ministro. En segundo lugar, versículo 11, “Por lo tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres.” Ahora él dice, “Estoy viendo más allá de mí mismo y estoy viendo a hombres no regenerados. No van a enfrentar un tiempo de recompensas. Van a enfrentar un tiempo de juicio. Y debido a que sé que los hombres y mujeres están a la luz del juicio eterno, los persuado.” Esto es persuadiéndolos con el Evangelio.

Entonces, Pablo, desde su propio punto de vista, y desde el punto de vista de la gente a la que ministra dice, “Trabajo duro porque sé que esto tiene consecuencias eternas para mí, en términos de recompensa, y para aquellos que oyen en términos de destino.” Esta es la perspectiva que empuja al siervo de Dios. Un ministro excelente está comprometido con el trabajo duro porque él trabaja en el sentido de la eternidad. Hay un cielo eterno y hay un infierno eterno. Y toda persona sobre la faz de la tierra va a pasar su eternidad en el cielo o en el infierno. Y cuando nos damos cuenta de eso, nos vemos motivados de manera abrumadora.

Ninguno, ninguno, con un entendimiento razonable de la gloria del cielo y un entendimiento razonable del horror del infierno, jamás podría ser mediocre en el ministerio, a menos de que él tuviera un corazón muy frío. No es sorprendente que Henry Martin dijo, “Ahora permíteme arder para Dios.” No es sorprendente que David Brainerd murió casi llegando a sus treinta al llevar el Evangelio a los indios estadounidenses. Se entregaron, porque se necesitaba realizar el trabajo y la eternidad estaba en juego. Estamos involucrados en un trabajo eterno. El destino de almas está en juego. No hay un trabajo más elevado y más bendito en y por sí mismo, sino que lo que nos motiva de manera abrumadora es el aspecto eterno.

Pablo dice en el versículo 10, “Nosotros.” Probablemente refiriéndose a cualquier compañero junto con él y probablemente, incluyendo también a Timoteo, y a cualquier otra persona que es llamada al ministerio. La palabra “trabajamos” y “sufrimos oprobios,” viene de dos verbos griegos, copiao, lo cual significa trabajar al punto de quedar agotado, cansado, de sudar. Es una palabra fuerte usada muchas veces en el Nuevo Testamento. La segunda es agonizoma, y de la cual obtenemos agonizar y agonía. Significa agonizar en una lucha. Él dice, “Trabajamos al punto de estar cansados y agotados, agonizamos.” Esto es literalmente trabajamos en medio del dolor personal porque entendemos los objetivos y son eternos.

Oswald Sanders escribió, “Si él no está dispuesto a pagar el precio de la fatiga por su liderazgo, siempre será mediocre. El verdadero liderazgo siempre hace que el hombre entero pague un precio alto. Y entre más eficaz es el liderazgo, mayor es el precio que será pagado.” Pero no podemos ir en contra de ese precio, porque entendemos la urgencia de lo que hacemos, cansancio, soledad, lucha, levantarse temprano, acostarse tarde, no disfrutar de placeres deseados. Todo eso viene con la excelencia. Todo eso viene con el trabajo duro del ministerio.

En Gálatas 6:14, Pablo dijo, “Cuando yo tomé la cruz de Cristo, me crucifiqué a mí mismo al mundo.” Lo que él quiere decir fue, “Cuando decidí tomar el Evangelio, morí a todo lo que me rodeaba. Literalmente me volví consumido con eso en particular.” “Ay de mí – él dice en 1 Corintios 9 – si no predicare el Evangelio, porque me es impuesta necesidad, golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre. No peleo como quien golpea el aire. Corro como el que gana la corona.”

Todo esto está describiendo el esfuerzo tremendo y el compromiso de Pablo con un ministerio con consecuencias eternas como estas. En 2 Corintios 11, él habla de cuántas veces él fue golpeado con varas, cuántas veces él fue golpeado con un látigo, cuántas veces él pasó por el cansancio y sufrimiento y dolor y agonía y naufragios, y todos esos peligros que él soportó, y todo eso porque él estaba tan comprometido con el ministerio, por qué, por alguna recompensa eterna, no. ¿Por alguna corona temporal? No. ¿Por reputación? No. Porque él tenía la eternidad en mente, y él se dio cuenta de que el destino de almas estaba ligado en esta cuestión de predicar el Evangelio.

Ahora, quiero que regrese de nuevo al versículo 10, y observe cómo comienza a estirar nuestro pensamiento en esta área. “Que, por esto mismo, recogiendo la promesa de la vida venidera, trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente.” Y vamos a detenernos ahí por un momento. Confiamos en el Dios viviente.

Como puede ver, no fue para el cumplimiento inmediato, sino para la recompensa eterna, es lo que está diciendo. Literalmente el texto griego dice esto, “Hemos colocado nuestra esperanza en el Dios viviente. Y habiendo colocado nuestra esperanza, es un perfecto, significa que lo hicimos en el pasado y continuamos haciéndolo en el presente. Lo hicimos y todavía está pasando. Continuamente, hemos colocado nuestra esperanza en el Dios viviente.” ¿Qué quieres decir? No estamos haciendo lo que hacemos por el tiempo, estamos haciendo lo que hacemos por la eternidad. El contraste aquí es entre el Dios viviente y los ídolos muertos.

Si fuera a abrir su Antiguo Testamento, pudiera ver 1 Samuel 17, versículos 26 y 31. Podría ver 2 Reyes 19, versículos 4 y 16. Salmo 42:2. Salmo 84:2, etcétera y etcétera. Y usted encontraría que Dios es llamado el Dios viviente, el Dios quien es un dios vivo. Y eso en contraste a los ídolos muertos. Todos los dioses de las naciones son ídolos muertos, simplemente son ídolos muertos. Y entonces, lo que alguien hace para esos dioses solo va a tener implicaciones en el tiempo, no la eternidad, porque es un ídolo muerto.

Pero Pablo está diciendo, servimos no tan solo para una recompensa terrenal temporal, algún ídolo muerto que puede llevarnos no más allá de la tumba en absoluto, sino solo aquí en el tiempo. Y no puede tener ningún significado, sino que servimos al Dios viviente quien está vivo eternamente, y por lo tanto, nos va a recompensar eternamente. Esa es la idea. Vivimos en esperanza. Vivimos en esperanza, esperanza del futuro.

Los misioneros a lo largo de los años que han predicado el Evangelio de Jesucristo, y se han privado a sí mismos de casi todo placer terrenal, y búsqueda al hacer eso, y quizás terminaron como mártires. Lo hicieron porque su esperanza estaba en un Dios viviente, y creyeron que el Dios viviente proveería vida para ellos más allá de esta vida. Y esa es la razón por la que hacemos lo que hacemos. No estamos amarrados a cosas temporales. No estamos tratando de acumular una fortuna aquí para que podamos disfrutar de la vida aquí antes de que nos vayamos. Estamos concentrados en el futuro, vivimos en esperanza, somos salvos en esperanza.

Romanos 8:24 dice, “Vivimos por esperanza. No podemos vivir satisfaciéndonos a nosotros mismos solo por la búsqueda de las cosas que están aquí. Debemos tener la eternidad en mente.” Pablo dice en 1 Corintios 4, versículos 1 al 5, “Se demanda, se requiere de un administrador que sea hallado fiel.” Y él dice, “No me importa realmente lo que piensen de mí. No me importa lo que yo pienso. Estoy esperando el tiempo cuando el Señor lo vea yo cara a cara, y Él va a juzgar los secretos del corazón y va a manifestar los consejos que están ahí. Y entonces todo hombre recibirá su alabanza de Dios.”

No estoy buscando la alabanza humana, estoy esperando la recompensa eterna de Dios. Eso es lo que él estaba diciendo. Veo al futuro. No estoy ligado a esta tierra. Y eso hace que yo sirva con todo mi corazón trabajando duro al punto de cansancio y agotamiento, esforzándome y agonizándome para hacer el trabajo del ministerio, porque tiene consecuencia eterna para mí y para aquellos a quienes impacta, y es con esa consecuencia eterna en mente con lo que trabajo, no alguna cosa temporal pasajera. Esperamos en un Dios eternamente vivo, dice él, que alguna vez recompensará aquellos que sirven fielmente, y algún día traerá en la eternidad el fruto de ese servicio.

Ahora, habiendo dicho eso, él añade esta frase, una frase muy interesante, “Esperamos en el Dios viviente.” Y él define aún más la razón por su confianza al decir de Dios, quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. Quién es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

Ahora, eso a primera vista, eso se ve como una afirmación algo problemática. ¿En qué sentido es Dios el Salvador de todos los hombres? Y si Él es el Salvador de todos los hombres, ¿qué significa mayormente de los que creen? Se han presentado muchas sugerencias para entender su significado. La clave es quedarse en el contexto y tratar con los términos que están aquí. Y vamos a esforzarnos por hacer eso.

Ahora, siga este pensamiento, esto es tan rico. Este Dios a quien servimos, por quien trabajamos duro y trabajamos al punto de quedar agotados, y por quien pasamos nuestras vidas en una lucha, en una batalla agonizante, en contra del enemigo, para ver a personas venir a Cristo, este Dios en quien hemos esperado algún día va a traer a la gloria plena a todos aquellos que han respondido a nuestro ministerio, y algún día nos va a recompensar, de tal manera que todos los sacrificios y todo el trabajo y toda la lucha será algo que valga la pena de manera eterna. Queremos eso.

Ahora, ¿qué afirmación tenemos de eso? Porque este Dios viviente, que ya hemos visto, es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen. Ahora, con eso en mente veamos más cerca esta frase. ¿En qué sentido es Dios el Salvador de todos los hombres? Bueno, algunos dirían que esto enseña universalismo, que en últimas todo mundo será salvado. Todas las cosas serán resueltas en Cristo. Todas las cosas serán resueltas en Dios. No hay infierno eterno. Todo finalmente en cierta manera se encierra en Cristo, y todos los hombres serán salvos.

Eso no es lo que esto significa, el Salvador de todos los hombres, porque eso no es lo que la Biblia enseña. Y creemos en lo que se llama analogía de escritura, lo cual significa que la Biblia es siempre análoga a sí misma, no enseña una cosa en un lugar que contradice lo que enseña en otro lugar. Debido a que Dios es el autor de toda ella, es coherente.

Sabemos que hay un infierno y sabemos que ese infierno es eterno. La Biblia es muy clara acerca de eso. Es un lugar en donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. Es eterno, aionios, así como el cielo es eterno. Es un lugar al que los no salvos van y son apartados de la presencia de Dios por los siglos de los siglos. Es un lugar de lloro y crujir de dientes. Es un lugar de maldad. Es un lugar de tormento. Es un lugar de aislamiento y soledad. Es aquello que está fuera de la presencia de Dios.

Jesús dijo, “A donde yo voy, ustedes nunca podréis venir.” Y eso es lo que Él quiso decir cuando habló en Juan 8. Entonces, hay un infierno eterno, hay un juicio eterno, hay una separación eterna entre los hombres y Dios, para aquellos que rechazan al Señor Jesucristo.

Entonces, sabemos que esto no puede estar enseñando que toda persona va a ser salva de una manera soteriológica. De hecho, en 2 Tesalonicenses 1:9 dice que los hombres serán castigados con destrucción eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder. Entonces, la Biblia enseña infierno eterno para aquellos que no son salvos. Esto entonces, cuando dice que Dios es el Salvador de todos los hombres, no significa que no última todos los hombres van a ser salvos, eso contradeciría la Escritura.

Otra postura, y esta quizás es más común, es que esto está hablando de salvación potencial, en contraste a la salvación en sí. En otras palabras, él potencialmente es el Salvador de todos los hombres, él de hecho es el Salvador de aquellos que creen. Ahora, en un sentido, la muerte de Jesucristo fue suficientemente poderosa para haber redimido a la raza humana entera. Su muerte por el pecado fue una muerte tan adecuada que, si Dios hubiera diseñado eso, habría sido suficiente para todos los pecados de todo el mundo, para haber liberado a todos los hombres para siempre de su pecado. No obstante, esa no puede ser la manera en la que se trata como se indica en este pasaje en particular.

Permítame mostrarle lo que quiero decir. La palabra “Salvador,” necesitamos limitarla, y esta es la clave. Necesitamos ver la palabra Salvador, y cada vez que vemos la palabra Salvador, decir “oh, eso significa salvación, eso significa salvación del pecado, salvación de nuestras almas.” Eso no sería verdad. Por ejemplo, en Jueces 3:9, Otoniel el juez es llamado salvador, porque él liberó a los hijos de Israel de las manos del Rey de Mesopotamia.

En 2 Reyes 13:5 Dios le dio a Israel otro salvador humano para librarlos de las manos de los sirios. En Nehemías 9:27 dice, escuche, “Dios les dio salvadores – plural – que los salvaron de la mano de sus enemigos.” Nehemías 9:27. Abdías 21 tiene un uso parecido. La palabra salvador en un sentido muy general significa un libertador, puede significar incluso un sustentador. Gedeón, por ejemplo, en Jueces 3:14, es un salvador. David en 2 Samuel 3:18 es visto como un salvador, un libertador, usando el equivalente del Antiguo Testamento de la misma palabra.

Para mostrarle la amplitud del uso de la palabra solo necesita ver algunos de sus usos en el Nuevo Testamento también. Por ejemplo, Hechos capítulo 17, y quiero que entienda esto, así que sígame de cerca porque creo que es un entendimiento tan rico y maravilloso de este pasaje. En Hechos 17:25, encontramos a Pablo en el areópago.

Él dice acerca de Dios, que Dios no es adorado por manos de hombres como si necesitas de algo, sino que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas. Dios entonces, en un sentido, es el sustentador – ¿está listo para escuchar eso?  – y el proveedor de vida y aliento y todas las cosas – ¿para quiénes? – para todos los hombres, para todos los hombres, para toda persona. Versículo 28, “Porque en Él vivimos y somos y nos movemos como también algunos de vuestros propios profetas han dicho, simiente suya somos.” Entonces, en un sentido general, Dios es el sustentador y proveedor de vida para todos los hombres.

Ahora, la palabra salvador puede significar sustentador, proveedor, libertador. Es usada de esa manera más adelante en el libro de los Hechos, creo que es en el capítulo 27, si me acuerdo correctamente, en el versículo 34, sí. Pablo en la situación de naufragio dice, “Os ruego que tomen algo de alimento porque este es para vuestra salvación.” Bueno, ¿de qué tipo de salvación está hablando? Él no está hablando de salvación espiritual. Él está hablando de su salud, su salud física, su sustento físico.

En Hechos 4:9 Pedro y Juan habían curado a ese hombre ahí, junto a la puerta La Hermosa, y dice, “Si nosotros en este día somos examinados por la buena obra hecha al hombre impotente, ¿por qué medio él es salvo?” Él es salvado o él fue curado o hecho entero. Santiago lo dice, Santiago 5:15-20, ese pequeño pasaje ahí dice, “La oración del justo – ¿qué?, ¿cuál es la palabra? – salvará al enfermo.”

Entonces, la palabra salvar no necesariamente se aísla únicamente a la salvación del alma. Puede tener implicaciones para alguna liberación de la enfermedad, de los problemas, algún sustento de alimento, proveer salud y demás.

Para darle otra ilustración de esto, acompáñeme a Isaías capítulo 63, casi cerca al final de la gran profecía de Isaías, y permíteme mostrarle crea una ilustración vivida. Ahora, lo que estamos tratando de señalar, y sigue el pensamiento, es que Dios en un sentido temporal es el Salvador de todos los hombres.

Dios sustenta la vida por su providencia. Dios ha incorporado la curación en el cuerpo. Dios salva a los hombres no solo en el sentido temporal, sino, escuche esto, Él los salva en el sentido de gracia. ¿Qué? Dice usted, “¿Quieres decir que Dios da gracia a los incrédulos?” ¡Sí! Y la gracia que es dada a un incrédulo es la gracia que hace que Dios contenga su ira inmediata instantánea. ¿Entiende usted eso? El alma que pecaré – ¿qué? – esa morirá. ¿La paga del pecado, ¿es qué? Muerte. ¿Por cuánto tiempo debe vivir un pecador? Ni siquiera un segundo.

Pero Dios, muestra gracia incluso al sustentar la vida de un incrédulo. Es su misericordia lo que deja que un incrédulo viva. Entonces, en el sentido real, grande, amplio, Dios es el libertador, sustentador, proveedor de todos los hombres, Él provee alimento, Él provee vida, Él provee relaciones, Él provee curación, Él incluso provee gracia y misericordia, porque Él no les da instantáneamente lo que merecen.

Esto es ilustrado en Isaías 63, comenzando en el versículo 7, “Mencionaré las misericordias de Jehová y las alabanzas de Jehová.” Entonces, estamos hablando de cuán amable, cuán misericordioso es Él, según todo lo que Jehová nos ha concedido, y la gran bondad hacia la casa de Israel que Él concedió sobre ellos según sus misericordias y según la multitud de sus misericordias.

Ahora, aquí está el mundo en un microcosmos. Tomamos al mundo entero y lo reducimos. Veamos una nación. Aquí está esta nación conocida como Israel. Dios muestra gracia y misericordia y bondad hacia Israel, vea el versículo 8, porque Él dijo, “Ciertamente son mi pueblo, hijos que no mentirán.” ¿Y entonces fue su qué? Salvador. ¿Fue Dios el Salvador de Israel? ¿Fue Él el Salvador de toda la nación? ¿En qué sentido? Temporalmente. Él los sacó de Egipto. Él los metió a una tierra prometida. Él les proveyó alimento y aire y les dio todo el sustento físico. Cuando ellos pecaron, Él fue misericordioso. Cuando pecaron, Él les mostró gracia. En un sentido muy amplio y general Dios se manifestó a sí mismo como proveedor, sustentador, libertador y salvador de la nación de Israel.

Versículo 9, “En toda su aflicción, Él fue afligido. El ángel de su presencia lo salvó. En Su amor y en Su compasión Él lo redimió.” ¿En qué sentido lo redimió? Lo sacó de Egipto en un sentido espiritual, no en el sentido de salvación en el que pensamos, sino que Él cuidó de ellos, los compró, los sacó, los llevó, los llevó todos los días de la antigüedad, versículo 10, pero se revelaron, y entristecieron a su Espíritu Santo, por lo tanto, Él resultó ser su enemigo, y Él peleó contra ellos.

Y lo que esto dice, observe, es que Él fue el Salvador de toda la nación en un sentido temporal, pero en un sentido espiritual solo de unos cuantos. ¿Lo ve? Solo de unos cuantos. Y esa es la analogía misma que Pablo está usando en 1 Timoteo. Él está diciendo, “Hemos visto el poder sustentador, proveedor, a nivel mundial. Hemos visto su provisión para los hombres grande, amplia, temporal. Pero esa provisión es especialmente gloriosa para el creyente, porque no solo es temporal, sino que también es, qué, eterna. Ese es su punto. Ese es su punto.

Cuando Dios se ve a sí mismo como el Salvador de toda la nación de Israel, es en un sentido temporal, porque Él es solo el Salvador de unos cuantos que creyeron en el sentido espiritual. Escuche esto, ¿se acuerda usted de 1 Corintios 10? Escuche, “Además, hermanos, no quiero que ignoréis que siga esto, todos nuestros padres, todos los judíos estuvieron bajo la nube. Todos pasaron por el mar. Todos fueron bautizados en Moisés, en la nube y en el mar. Todos comieron el mismo alimento espiritual. Todos bebieron de la misma bebida espiritual.” En otras palabras, Dios sustentó, proveyó para todos ellos, escuche el versículo 5, “Pero con muchos de ellos Dios no se agradó.” En otras palabras, Dios provee sustento a nivel temporal para todos, salvación a nivel eterno para aquellos que creen.

Entonces, Él es el Salvador de todos, pero especialmente Él sustenta y provee para aquellos que creen, y lo hará por los siglos de los siglos. Todos dejaron Egipto. Todos dejaron Egipto. Esa nación entera, aunque eran personas diferentes, aún así, fue constituida de manera apropiada como nación. Todos entraron a Canaán. Dios había sustentado esa nación y su existencia. Dios proveyó el alimento, el agua, la vida, los liberó de enfermedad y peligro y enemigos, y los preservó, y los sustento todos esos años, pero redimió solo a unos cuantos que creyeron.

Dios es entonces es un libertador. Y lo que Pablo está diciendo es esto, “Miren, estamos haciendo lo que estamos haciendo, estamos trabajando y esforzándonos trabajando duro y entregando nuestra vida en la lucha, porque creemos que las consecuencias son eternas, porque no tenemos un Dios muerto, sino un Dios vivo que va a vivir para siempre, y hemos colocado nuestra esperanza en ese Dios viviente, y sabemos que ese Dios viviente va a sustentar las almas de aquellos que creen porque ya hemos visto en el tiempo su poder sustentador.” Ese es su argumento.

Predicamos porque estamos convencidos de que Dios es un Dios viviente quien va a sustentar eternamente y va a proveer, y salvar a aquellos que creen. Entonces, Pablo está diciendo esa es la razón por la que trabajamos duro. Tenemos en mente la eternidad. Vemos más allá de lo temporal, a la consecuencia eterna.

Y amados, ahí está. Y si en algún punto pierden de vista esto, lo han perdido. Digo, realmente lo han perdido. Su ministerio tiene que ser la luz de la eternidad. No importa lo que pase aquí, solo importa lo que sucede aquí y que importa que suceda allá. Este no es el fin. Y entonces, Él dice, “Servimos con todo nuestro corazón.” Y esa la razón por la que Pablo pasó lo que pasó, y esa es la razón por la que cualquier siervo excelente fiel pasa por lo que pasa, porque él entiende que él ha colocado su esperanza en un Dios eterno, quien ha aprobado que Él puede sustentar la vida, y lo va a hacer para aquellos que creen en la eternidad, de tal manera que lo que hacemos tiene un efecto eterno.

Tomás Cochrane estaba haciendo entrevistado para el campo misionero y se le preguntó, “¿A qué parte del campo te sientes llamado de manera especial?” Él respondió, “Yo solo sé que debo desear que sea el lugar más difícil que se me pueda ofrecer.” Ese es el espíritu. Ese es el espíritu. La Obra del Señor no es un lugar para personas que están buscando comodidad, sino que tiene una recompensa eterna para aquellos que van a colocar su esperanza en la eternidad y se dan cuenta de que todo lo que hacen tiene eso en mente.

Richard Baxter, a quien respeto tanto, escribiendo en el siglo XVII dijo, “El trabajo ministerial debe ser llevado a cabo de manera diligente y de manera laboriosa, siendo algo que tiene una consecuencia tan seria para nosotros mismos y otros. Estamos buscando sustentar al mundo, salvarlos de la maldición de Dios, perfeccionar a la creación, alcanzar los fines de la muerte de Cristo, salvarnos a nosotros mismos y a otros de la condenación, superar al diablo y demoler su reino y establecer el Reino de Cristo y alcanzar y ayudar a otros al reino de la gloria. ¿Y acaso estas obras deben llevarse a cabo con una mente descuidada o una mano floja? Oh, veo entonces que este trabajo se ha hecho con toda su fuerza. Estudie duro – dice él – porque el pozo es profundo y su cerebro es superficial.” Me gusta eso.

Nuestro trabajo entero es trabajo, pero no es trabajo humano, tengo que decir eso. Tengo que decir lo que Colosenses 1 coloca en perspectiva, versículo 29, Pablo dice, “Por esto mismo trabajo. Quiero presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Quiero llevarlos a la gloria. Quiero que sean como Cristo.” Él tiene la perspectiva eterna y él dice, “Por esto – y él los ha acopiado de nuevo – por esto mismo trabajo al punto de agotamiento, agonizo. Pero conforme a su obra, que trabaja en mí y que opera en mi, poderosamente.” Esto no es hecho en la carne. Trabajamos duro, pero incluso en ese trabajo duro es sorprendente. No sé cómo describirlo, pero hay un sentido de energía que viene de una fuente que va más allá de usted mismo.

Ni siquiera puedo explicar lo que hago. Yo no puedo si me esfuerzo simplemente por hacerlo en la carne, no puedo, no lo puedo hacer. Es como mis hijos me han dicho en el pasado, “Cuando predicas eres interesante. Pero cuando solo hablas no eres nada especial.” Y no puedo explicar la diferencia. Lo único que le puedo explicar es que hay cierta capacidad que viene al que sirve al Señor, que viene del Espíritu. Y el trabajo entero debe ser llevado a cabo bajo un sentido profundo de nuestra incapacidad y dependencia total de Cristo. Y eso es lo que Pablo dice, “Hago esto conforme a su operación que opera en mí poderosamente.”

Podría dejarlo ahí, pero quiero añadir un punto final para esta mañana, y el resto los veremos la próxima vez. Este es el número seis, y es uno muy breve en el versículo 11, y usted puede ver cuán breve es al ver el versículo. Escuche esto, un ministro excelente – ¿está listo? – enseña con – quiero añadir una palabra, no está en su bosquejo – autoridad práctica. Él enseña con una autoridad práctica, autoridad práctica. Usted tiene que tener autoridad.

Me acuerdo cuando se me dijo que, en la academia de policía, en una ocasión, cuando estaba en una graduación, que alguien fue reprobado en la academia por su voz, carecían de una voz de autoridad. Y yo dije, bueno, ¿qué tiene que ver con eso? Y alguien dijo, “Bueno, no puedes estar atrás de algún hombre y decir, “Levanta las manos. Estás bajo arresto.” ¿Sabe una cosa? Eso no va a tener mucho impacto.

Y hablaron del hecho de que tiene que haber una autoridad incluso expresada en la comunicación. No sé cómo eso opera en la actualidad. Cuando las mujeres operan de esa manera, quizás dejan que los hombres estén en el equipo hablando, no lo sé. Pero necesita haber ese tipo de autoridad en el ministerio también, y vea el versículo 11, y aquí añade otra cosa del ministro excelente. Él dice, “Esto manda y enseña.” La palabra enseña tiene la idea de transmitir información, se relaciona a la instrucción o a la doctrina. Él está diciendo, “Dales algo, pero dáselos en modo de mandato. Hazlo práctico, pero hazlo en mandato.”

¿De dónde inventamos el estilo de predicación que tenemos en la actualidad? ¿En dónde se nos ocurrió el tipo de predicación cobarde? Richard Baxter dice, “Atornilla la verdad en sus mentes.” Él tiene razón. Digo, hay predicación muy interesante, pero no hay mucha predicación poderosa. Hay algo de predicación entretenida, pero no predicación que convence de pecado. Hay predicación popular, ¿pero dónde está la predicación que transforma? ¿Y en qué punto se nos ocurrió ese sentimiento de esa especie de sugerencias débiles que salen del púlpito pensando que eso es lo que realmente Dios quiere? Dios dice en Hechos 17 manda a todos los hombres en todo lugar a que se arrepientan.

¿Y cuándo decidimos que solo era una sugerencia? ¿Cuándo decidimos que teníamos que acariciar a la gente al reino en lugar de mandarles? Estamos en un modo de mandato, sí con gentileza, sí con mansedumbre, sí con amor. No obstante, con cierta cantidad de autoridad, cierta cantidad de convicción.

Jesús al final del sermón del monte presentó un mensaje con esa autoridad en el versículo 29 de Mateo 7, dice que estaban sorprendidos porque hablaba como uno quien tiene autoridad, autoridad. Y Pablo le da esta palabra a Timoteo una y otra vez. Y él le habla de cuán importante es en el versículo 3 del capítulo 1, manda a la gente que deje de enseñar falsa doctrina.

Tienes que mandar eso. Ahí, en el capítulo 5, versículo 7, él dice, “Estas cosas manda.” Versículo 20 habla de reprender a la gente públicamente. Capítulo 6, él dice en el versículo 17, a los ricos de este siglo manda, y procede a decirles cuál es el mandato. En el capítulo 2 de Tito, versículo 15, “Debemos reprender y exhortar en un modo de mandato, con toda autoridad, con toda autoridad. Y no dejes que ninguno te menosprecie por hacerlo.” Tito 2:15.

Ahora, no quiere decir que usted es abusivo, no quiere decir que usted no muestra gracia. Pero digo, tenemos que hablar la Palabra de Dios, no como una serie de amabilidades, no como a algún tipo de psicólogo, tipo poliana, sino con un modo que confronta fuerte, que dice, “Haz esto, o de otra manera estás en desobediencia abierta a Dios con consecuencias eternas.” ¿Verdad?

De alguna manera hemos perdido eso en algún punto a lo largo del proceso. Pero usted lee a lo largo de las epístolas paulinas y descubrir que Pablo con frecuencia está en modo de mandato. Él tiene sus momentos de ternura y sus momentos de compasión, y él le habla a los creyentes, pero él no mitiga en ningún sentido la demanda de obedecer la Palabra de Dios. El siervo fiel es valiente. Él desafía el pecado de frente. Él confronta la incredulidad, la desobediencia y la falta de compromiso.

Y así como Dios manda a todos los hombres en todo lugar a que se arrepientan, y como Dios dijo, “Este es mi Hijo amado, a Él oíd.” Así él lleva ese tipo de directriz mandando a todos los hombres a arrepentirse, mandando a todos los hombres a oír a Jesucristo. Todo sermón debe tener un tono de autoridad que es inequívoco. Y esa autoridad realmente está construida sobre el cimiento. Permítame darle ese cimiento.

En primer lugar, usted tiene que conocer lo que cree acerca de la Biblia. Si usted no está seguro qué es la Palabra de Dios, usted no va a tener autoridad alguna. En segundo lugar, una vez que ha decidido qué es la Palabra de Dios, entonces tiene que decidir lo que dice. Y si usted no está seguro de lo que significa, usted no puede mostrar autoridad tampoco. Entonces, primero tiene que creer qué es la Palabra de Dios. Después tiene que aprender lo que significa por lo que dice. Y después, lo tercero es que tiene que estar preocupado por comunicarla, porque usted se preocupaba porque la Palabra de Dios sea honrada, y usted se preocupa en cuarto lugar en la línea por la respuesta de la gente.

¿De dónde viene la autoridad? Una, un compromiso con la autoridad de la Palabra de Dios. Dos, un entendimiento de lo que significa. Tres, una creencia de que Dios la quiere comunicada. Cuatro, una creencia de que los hombres necesitan oírla. Y sobre ese cimiento viene la autoridad.

Si usted es débil en el hecho de que los hombres necesitan oírla, si usted es débil en el hecho de que Dios quiere que sea comunicada, si usted es débil en lo que significa o es débil en lo que es, usted es débil y no tendrá autoridad.

Nuestra predicación debe estar llena de mandatos, no solo ruegos sentimentales. En lugar de tratar de sorprender a la gente, y todo ese tipo de cosas sutiles, necesitamos simplemente hablar la Palabra de Dios y dejar que haga su obra. Un ministro excelente habla con una autoridad práctica, sí, mandando y enseñando, mandando y enseñando. Aquí está el mandato, esto es lo que lo apoya. Aquí está el mandato, así es como debemos implementarlo. Pero con autoridad. Él tiene autoridad, busca la piedad, estudia la palabra, advierte a su rebaño, trabaja duro, evita la enseñanza impía. Eso nos lleva a la mitad. Inclinémonos en oración.

Nuestra oración, Señor, es que Tú nos hagas este tipo de personas, y que, como líderes comprometidos con esto, veremos estas cosas reflejadas en las vidas también de la congregación, que seamos una iglesia de personas buscando piedad, evitando la influencia impía, alejándonos del error, trabajando duro, hablando con autoridad todas estas cosas. Ayúdanos a comenzar con el liderazgo.

Señor, en nuestras universidades y seminarios, levanta hombres así, oh Dios, por todo el mundo, siervos excelentes de Jesucristo, cuyo ministerio pueda ser medido por los estándares del libro y sean hallados aceptables. Y Señor, incluso con todo nuestro esfuerzo, danos un sentido grande y profundo de nuestra propia incapacidad, para que, como Pablo, trabajemos tan duro como podamos, no en nuestra propia fortaleza, sino en la fortaleza poderosa del Señor Jesucristo.

Gracias por lo que Tú lograrás mediante aquellos que están en servicio excelente para ti. Mientras que su cabeza esté inclinada por un momento, este mensaje obviamente está dirigido a aquellos que guían en la iglesia, y como también a todos nosotros por la implicación que somos cristianos. Pero un par de cosas vienen a la mente, como también para el asunto de los no cristianos, aquellos de ustedes que nunca han entregado su vida a Cristo.

Quiero recordarle que este es un asunto eterno. Quiero recordarle que la decisión que usted tome con respecto a Cristo tiene ramificaciones eternas. Cuando usted lo recibe a Él como Salvador, usted entra a Su eternidad, a la gloria para siempre. Cuando lo rechaza, usted pasará la eternidad sin Él en el infierno. Necesita tomar esa decisión.

Dios es un Dios viviente proveyendo una salvación eterna para aquellos que creen. Y si está en su corazón creer y abrazar al Señor Jesucristo, haga eso. Y yo en el nombre de Jesucristo le mando a hacer eso, o sufra las consecuencias, porque esa es la Palabra de la Escritura.

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