
Estamos disfrutando mucho estudiar el libro de Tito y quiero que abra su Biblia, si es tan amable, Tito, capítulo 3. Creo que llegamos a una de las secciones más desafiantes y relevantes de esta epístola breve conforme abordamos este último capítulo. Quiero comenzar esta mañana al dirigirme a los primeros ocho versículos. Y quiero ver esos versículos bajo el título: “La responsabilidad del cristiano en una sociedad pagana”.
Antes de que veamos en particular el texto, quiero decir algunas cosas, que espero que preparen el contexto para nuestro entendimiento de esto. Estados Unidos es una sociedad pagana. Creo que todos hemos llegado al punto, con tristeza, en el que podemos ver que de hecho ese es el caso. Hemos experimentado como nación más de 150 años de influencia fuerte, bíblica, cristiana. Pero eso está declinando rápidamente. La gente todavía asiste a servicios religiosos. Todavía dicen que creen en Dios cuando se les pregunta. Pero existe un tipo de ateísmo práctico y, en el mejor de los casos, una moralidad por situación. En la mayoría de los casos, sea cual sea el vestigio de religión cristiana que aún permanece en nuestra sociedad, es débil y lleno de concesiones, si no es que es tipo de secta y apóstata.
Algunos han dicho en años pasados que estamos viviendo en un Estados Unidos post-cristiano. Quizás podría ser, mejor dicho, estamos viviendo en un Estados Unidos sub-cristiano. Queremos decir que somos cristianos, simplemente no queremos comprometernos con lo que es el cristianismo. Nuestro cristianismo se ha vuelto hueco. Somos claramente paganos, pero usamos la máscara de religión. Nuestra nación ahora está afirmando mediante sus líderes, mediante sus congresos, sus consejos legislativos, sus cortes, y sus jueces objetivos distintivamente anticristianos. Cualquier cosa y todo lo que es distintivamente cristiano está siendo metido bajo la idea de derechos por igual, libertad moral. Y como creyentes, francamente, tendemos a resentir esto.
El cristianismo, que una vez fue parte de la médula de nuestra nación, que creó cierta estructura cultural para mantenernos de pie y nos dio una moralidad bíblica y cierto estándar divino mediante el cual se juzgaba la conducta, ahora se ha acabado. El cristianismo cultural, fuera lo que fuera, está muerto. La moral bíblica es atacada constantemente. La libertad moral reina como Dios. El materialismo, la destrucción familiar, es una epidemia. Los abortos se llevan a cabo. Males sexuales, drogas, crimen, educación pagana está inundando nuestra nación como el río Misisipi. Y no podemos ni acercarnos a enfrentar este diluvio de maldad. Hemos destruido todos los estándares, y ahora no podemos entender lo que es lo correcto. Entonces, no sabemos que enseñarle a alguien, entonces, no podemos controlar la conducta en los primeros años de la niñez.
Ahora tenemos una generación de personas que han adoptado el objetivo y están a cargo de ella. No tenemos suficientes estándares para controlarlos. No tenemos suficiente policía para arrestarlos. No tenemos suficientes cortes para procesarlos. Y no tenemos suficientes cárceles para mantenerlos encerrados.
Para aquellos de nosotros que vimos el gran avivamiento de los setenta, y creo que lo fue cuando vimos el movimiento tremendo que comenzó conocido como el “Movimiento de Jesús”; un movimiento de campuses y jóvenes. Vimos esos grandes movimientos de estudiantes hacia Cristo; vimos bautismos masivos en los océanos. Pensamos que todo esto nos iba a llevar a días de gloria y bendición. Vimos Biblias siendo traducidas para que pudiéramos tenerlas en una traducción más fresca en inglés. Vimos la proliferación de libros y casas de publicaciones, y cintas y nueva música, y había un viento definitivo del Espíritu de Dios soplando en nuestro país. Y esos fueron días maravillosos.
Pero el avivamiento de los setenta y principios de los ochenta se ha convertido en la masacre de los noventa. Y el cambio es triste. Y sentimos la tristeza. Y después de un tiempo, empezamos a sentir resentimiento. No nos gusta lo que el presidente está haciendo. No nos gustan sus objetivos. No nos gustan sus decisiones. No nos gusta lo que nuestro gobernador e incluso nuestro alcalde están diciendo acerca de la homosexualidad. No, no nos gusta el tipo de cosas que nuestros senadores y nuestros congresistas están haciendo. No estamos felices con las decisiones que están tomando. Nos causa repulsión los veredictos que están siendo emitidos en cortes que están absolviendo a la gente de intención criminal y acto; y dejando que la gente que no tiene una intención por hacer el mal. Y debería decir, que están juzgando a la gente que no tenía la intención de hacer mal y dejando a la gente que son culpables de cosas que pensamos que son horrendas. No estamos felices con los objetivos, hasta sea la rama judicial o legislativa o la rama ejecutiva. Estamos cansados de la evolución de la libertad al punto en que cualquiera puede hacer lo que quiera. Estamos enojados porque la perversión es legalizada en nuestro país y la voluntad de Dios es rechazada de manera abierta. Una cosa es tener pecado, algo más es redefinirlo como conducta humana aceptable.
Y realmente creo que estos son tiempos que, que pueden dar lugar no sólo a una tristeza en la vida de los cristianos, sino incluso a hostilidad. Y percibo eso en conversaciones y juntas que tengo en diferentes lugares con personas que, en primer lugar, estábamos tristes ante las tendencias, y ahora estamos un poco enojados por ello. Y después, incluso nos enojamos más cuando decidieron elevar nuestros impuestos para que puedan patrocinar más de estos objetivos. Y tememos por nosotros mismos, y primordialmente, tememos por nuestros hijos y tememos por nuestros nietos, ¿no es cierto? Y lo peor sabemos está aún por venir, y va a venir sobre los hijos de nuestros hijos.
Y la pregunta que quiero plantear en esta mañana es esta: ¿Cómo debemos responder ahora que nuestra sociedad es tan pagana? ¿Cómo debemos reaccionar? ¿Cuál es una respuesta cristiana apropiada en una cultura pagana?
Pablo responde a esa pregunta misma en Tito 3:1-8. Y ese es precisamente el punto aquí. Tito, como usted sabe, está en la isla de Creta. Él está ahí para corregir las cosas que permanecen en las iglesias. Por lo menos, había cien ciudades en esta isla. No sabemos cuántas de ellas tenían iglesias, pero muchas. Él tenía una responsabilidad muy grande de corregir la iglesia, de ordenar la iglesia, de ordenar a líderes piadosos contra una cultura muy corrupta. Los cretenses, recordará, según el capítulo 1, versículo 12, básicamente, fueron designados por un profeta de ellos como: “mentirosos, bestias malvadas y glotones ociosos”. Sin duda alguna, estaban inmersos en la idolatría y todo el paganismo que constituía al mundo greco-romano de la época. Tito entonces tenía estas iglesias que eran como pequeños bolsillos de justicia en un caño de paganismo y necesitaba instruirlas para que supieran cómo reaccionar a la cultura que les rodeaba. Muy importante.
Ahora, simplemente como un comentario al margen antes de que leamos el texto. Oigo mucha plática hoy día acerca de la iglesia impactando a la cultura. Regresando de Atlanta, donde fui a la convención de vendedores de libros cristianos esta semana, leí un par de libros en el avión, ambos tenían que ver con confrontar nuestra cultura, afectar e impactar nuestra cultura. Pero francamente, esa no es nuestra meta. Esa no es nuestra meta. Se oye como una meta noble, y estoy seguro de que hay personas que pueden ver ciertos aspectos nobles en esto, y podría haber algunos.
Pero nuestra meta no es impactar nuestra cultura al cambiar sus valores morales. Nuestra meta no es impactar en nuestra cultura al crear valores tradicionales, valores familiares mediante legislación o procesos judiciales. Nuestra meta no es asegurarnos de que los Estados Unidos de América se adhieran a una política nacional que equivalga a la moral bíblica. Ese no es nuestra meta. No estamos involucrados en alterar la moralidad social. No estamos involucrados en mejorar la conducta cultural. Estamos interesados en que la gente se salve. Ese es nuestro único objetivo. Si vamos a cambiar nuestra cultura, vamos a cambiarla desde dentro hacia fuera.
Como puede ver, la Iglesia tiene una misión: Somos una nación de sacerdotes. Y un sacerdote tenía una función simple, traer a la gente a Dios, meterlos a Su presencia. Es lo único que debemos hacer en el mundo. Francamente, si la gente muere en un gobierno comunista o en una democracia, realmente no importa si terminan en el infierno. Si mueren bajo un tirano o un dictador benevolente, no importa si terminan en el infierno. Si mueren creyendo que la homosexualidad está mal o creyendo que la homosexualidad está bien y acaban en el infierno, no importa. Si mueren como un policía o una prostituta sin Cristo, van a terminar en el mismo lugar.
Sea que mueran morales o inmorales no va a hacer una diferencia en su eternidad. Sea que hayan estado de pie del lado de la calle con el grupo de derechos pro-aborto, gritando para legalizar y mantener los abortos legales, o del otro lado de la calle en contra del aborto, y gritaron para parar la matanza; si no conocieron a Cristo, van a terminar en el mismo lugar. ¿Verdad? Ese no es el punto. El punto es salvación; el punto es salvación. Y la triste realidad es que cuando la iglesia tiene una inclinación a moralizar y politizar, normalmente tiene un impacto negativo en su misión evangelística, porque entonces hace que la gente sea hostil al sistema actual, y se vuelven los enemigos de la sociedad en lugar de ser los amigos compasivos.
Si vamos a ver a nuestra nación transformada, tiene que ser hecho de adentro hacia afuera, ese es nuestro objetivo. Entonces, estamos aquí para predicar a Cristo y al “no conocer a nada entre vosotros, excepto a Cristo y éste crucificado”.
Pero detrás de esa predicación debe venir algún tipo de vida, alguna manera de vivir que hace que nuestro mensaje sea creíble. A eso se dirige Pablo, en el Capítulo 3. Leámoslo: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”.
Quiero comenzar con esa última frase: “estas cosas son buenas y útiles a los hombres”. ¿De qué estás hablando, Pablo? ¿Qué estás diciendo? “Lo que estoy diciendo es que si vives de esta manera va a beneficiar a toda persona que te rodea”. Es muy importante cómo te conduces. ¿En qué sentido es “bueno y útil para los hombres”? Regrese al capítulo 2. En el capítulo 2, él también estaba hablando de la conducta cristiana, y él dice en el versículo 5, que debemos vivir de esa manera, “para que la palabra de Dios no sea blasfemada”; versículo 8: “Para que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de nosotros”. Y al final del versículo 10, para que: “En todo adornen la doctrina de Dios, nuestro Salvador”.
¿Cuál es el punto? Debemos vivir de tal manera que exaltemos la Palabra de Dios, callemos la boca del crítico y mostremos el poder salvador de Dios. Queremos que el mundo sepa que Dios es un Dios salvador, que Dios transforma a la gente. ¿Y cómo podemos convencerlos de eso? Al mostrarle nuestras vidas transformadas. ¿Verdad? Debemos estar mostrando el poder salvador de Dios.
Ahora, recuerde que el capítulo 3 sigue esta explicación maravillosa en el capítulo 2, versículos 1 al 14. Y en esa sección de los versículos 1 al 14 del capítulo 2, Pablo también le estaba diciendo a Tito que necesitaba instruir a la iglesia acerca de su conducta. Pero en ese capítulo fue la conducta entre cristianos. Y la manera en la que nos conducimos juntos como cristianos va a dar un testimonio al mundo del poder salvador, transformador de Dios cuando vivimos vidas santas, llenas de gracia, amorosas, sabias, amables –todas esas cosas que él dijo en el capítulo 2.
Es muy evidente que no debemos ser como el resto de la gente al mundo que nos ve. Eso va a hacer que la Palabra de Dios sea honrada. Eso va a callar a los críticos, y eso va a adornar la doctrina de Dios como un Dios salvador. Uno que puede transformar de manera total a la gente. Entonces, la manera en la que vivimos dentro de la iglesia y entre nosotros es crucial como una plataforma para nuestra proclamación.
Después, en el capítulo 3, él está preocupado no por cómo vivimos entre unos y otros en la iglesia, sino cómo vivimos en la sociedad, cómo vivimos entre no cristianos, cómo vivimos en nuestra cultura. Si vamos a hacer que el poder salvador de Dios sea manifiesto, debemos hacerlo manifiesto en nuestras relaciones con cristianos y con no cristianos. Y nunca el tiempo es más crucial para la conducta cristiana cuidadosa que cuando los creyentes están inmersos en la cultura pagana.
Digo, así era, entiende usted, ¿no es cierto?, en el día de Pablo. No había cristianismo cultural. No había cristianismo hasta que él lo metió. En el mundo gentil simplemente era paganismo abierto que abarcaba todo, con todas las estratagemas que Satanás podía desarrollar en esto. Era total y exclusivamente, con la excepción de unos cuantos judíos, un sistema satánico. Toda la religión existente, toda la ideología existente, la filosofía y el pensamiento, toda la ley y el orden existentes, todos los valores existentes, la manera de pensar fueron derivados de un sistema no cristiano. Era totalmente pagano hasta que Pablo llegó. Y el choque fue tan grande que le costó a él y a muchos otros sus vidas.
Pablo sabía lo que era vivir en una cultura totalmente pagana –mucho más pagana de lo que experimentamos nosotros, porque en nuestro país hay una gran fuerza de personas verdaderamente regeneradas. Y él sabía lo que era estar en un mundo de desigualdad y esclavitud, abusivas y mortales. Él sabía lo que era estar en una cultura de tiranos, dictadores que eran homicidas. Él sabía lo que era estar bajo el liderazgo abusivo. Él sabía lo que era ver a una sociedad inmersa hasta sus oídos en perversión sexual, la destrucción de la familia.
Leemos en algunos documentos antiguos acerca de personas que tenían 26 y 27 esposas y/o maridos, dependiendo de la situación. El mundo literalmente estaba inundado de ídolos, dioses superficiales. La gente pagaba impuestos muy elevados, y los recaudadores de impuestos eran extorsionadores que tomaban lo que no les era de manera justa de ellos. Y si alguien se quejaba, les quitaban la vida tan pronto como los veían. Y el mundo estaba lleno de terroristas, personas que iban por todos lados ejecutando a aquellos que habían hecho algo contra ellos. Incluso, en el mundo judío estaban los zelotes, los sicarii, los hombres que llevaban las dagas y salían por detrás de las autoridades en Israel y los apuñalaban hasta matarlos. El terrorismo estaba por todos lados.
Era un mundo feo. Y Pablo nunca, jamás dice en ninguna de sus cartas: “Ahora, damas y caballeros, necesitamos moralizar nuestra cultura pagana. Necesitamos impactar a nuestra cultura de alguna manera”. No, lo único que él dijo fue: “Necesitamos evangelizarla”. Y él no estaba llamando a algún tipo de protesta. Él no estaba llamando a algún tipo de contención o algún tipo de guerra en contra de la mentalidad existente. Él estaba llamando a la predicación del evangelio que transforma la vida. Pero no era sólo la predicación. Era el vivir dentro de la iglesia y fuera de la iglesia que le dio una plataforma que hizo que el mensaje fuera creíble. Como puede ver, lo que Dios había hecho para los cristianos de Creta, Él quería hacerlo para muchas otras personas también. Y la conducta de los creyentes allí era crucial para esa obra salvadora, para ese esfuerzo salvador. Entonces él le dice a Tito que instruya a la gente “con autoridad”. Recuerda eso en el capítulo 2, versículo 15 –“con autoridad”, con respecto a su deber en un mundo pagano.
Ahora, en primer lugar, veamos el versículo 1. Él solo dice una palabra: “Recuérdenles”. Y quiero señalarle que él simplemente está diciendo: “Esto no es nada nuevo”. Obviamente, él había cubierto esto en el pasado. Ciertamente, la gente conocía las responsabilidades que tenían por vivir en una cultura pagana, pero necesitaban ser recordados. Y ese es un deber que le pertenece a toda persona que está detrás del escritorio sagrado, por así decirlo, y proclama la verdad al rebaño de Dios. Básicamente, estamos aquí para recordarles a ustedes lo que ustedes saben. Presente imperativo significa que es un deber regular, continuo, de recordarles. Y quiere recordarles la necesidad que tenían de comportarse en una sociedad pagana.
Ahora, lo que él hace en estos ocho versículos es resumirlo al pedirles que recuerden cuatro realidades, cuatro grandes realidades. Está organizado de manera maravillosa en torno a estas realidades. En primer lugar, recuerden su deber. En segundo lugar, recuerden su condición anterior. En tercer lugar, recuerden su salvación. Y, en cuarto lugar, recuerden su misión. Y si tú le recuerdas a la gente esas cuatro cosas, va a mantener su conducta, como Pedro lo expresó, “excelente entre los paganos”. “Recuerden su deber”, y él los bosqueja en los versos 1 y 2. “Recuerden su condición anterior”, y él bosqueja eso en los versículos 3 y 4, de hecho, el versículo 3. Después él dice: “Recuerden su salvación”, versículos 4 al 7. Y finalmente, en el versículo 8, les recuerda: “Recuerden su misión”. Y si usted mantiene esas cosas en mente, se vuelven la motivación para vivir de manera excelente en un mundo pagano.
Me gustaría que pudiera dárselas a usted todas esta mañana. Bueno, podría, pero no lo voy a hacer. Entonces, tendrán que regresar la semana próxima para los últimos. Pero tomemos el punto uno: recuerden su deber. ¿Cuál es nuestro deber? Podemos estar lastimados. Podemos estar decepcionados. Podemos estar enojados conforme vemos los vestigios de la influencia cristiana morir. Podemos estar enojados por lo que vemos pasando en las cortes y en los congresos y en las oficinas ejecutivas de nuestra tierra. ¿Cuál es nuestra respuesta? Podemos no estar de acuerdo con las decisiones que están tomando.
Aquí está lo que dice: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra, que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres”. Siete virtudes son presentadas ahí, siete virtudes. Ahora, escuche esto, no importa si su gobernante es César, Herodes, Pilato, Félix, Festo, Agripa, Stalin, Hitler, Winston Churchill, Bill Clinton –no importa quién sea. Él dice, “se sujeten”. “Enséñales a que se sujeten”.
Los gobernantes eran tiranos. Carecían de integridad. Eran homicidas. No eran nobles. Los gobiernos hacían leyes, y quizás todas las leyes no eran equitativas, justas. Pero él dice: “Estén sujetos a los gobernantes, y a autoridades”. Él está reiterando un principio bíblico que se da de manera muy, muy común. Mateo 22, los fariseos siempre estaban tratando de atrapar a Jesús. Estaban queriendo atraparlo públicamente porque querían desacreditarlo públicamente y voltear algún elemento de la población en contra de Él. Entonces, enviaron discípulos a Él, junto con los herodianos, y dijeron en el versículo 16: “Maestro, sabemos que amas la verdad y enseñas con verdad el camino de Dios, y no te cuidas de nadie; porque no te cuidas de los hombres”. Y esa fue mucha adulación pecaminosa. “Dinos, por tanto, ¿qué piensas? ¿Es lícito dar impuestos a César, o no?”
Ahora, lo que están tratando de hacer es hacer que diga que lo es o no lo es. Si Él dice que es lícito, todos los judíos lo van a odiar porque odian a Cesar, odian este impuesto, odian la idea entera de estar en un país ocupado gobernado por un grupo de paganos. Si, por otro lado, Él está de acuerdo con los judíos y dice no, no es correcto, no es lícito delante de Dios pagarle impuestos a César –no paguen sus impuestos– entonces, le van a decir a los romanos. De una u otra manera van a conseguir algún elemento del poder de la población en contra de Él.
Pero Jesús percibió su intención mala y Él dijo: “¿Por qué me probáis, hipócritas? Mostradme la moneda para el tributo o el impuesto”. Le trajeron un denario. Él les dijo: “¿De quién es la semejanza y la inscripción en esto? Le dijeron: “De César”. ¿Y sabe una cosa? Odiaban usar esas monedas porque cualquier cosa con una imagen en ella constituía –¿Qué?– un ídolo. Y odiaban eso. Y, claro, César era un dios. Y esto era idolatría para ellos. Odiaban no solo la idea de los impuestos, sino que odiaban la idea de la idolatría inherente en ella –una imagen grabada que representaba a un dios. Era una violación del primer mandamiento. Pero Jesús era tan sabio. “Él les dijo: 'Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios'“. Y sostuvo en alto ambos. Él dijo, por un lado, “Paguen sus impuestos”. Por otro lado, esto no tiene nada que ver con Dios. “Deben darle a Dios lo que es de Dios”.
El punto para nosotros en la actualidad es: Jesús pagó sus impuestos, incluso con la idolatría inherente. Él dijo: “Paguen sus impuestos”. ¿Qué estaban haciendo con esos impuestos? Cosas que seguramente no le agradaban a Jesús. Pero en general, la meta general del gobierno era positivo, y los cristianos deben someterse a él.
Vayan a Romanos 13, y aquí usted tiene la afirmación más amplia acerca de esto de parte del apóstol Pablo –los primeros versículos del capítulo 13. Versículo 1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores”. Esa es simplemente una afirmación clara y simple que abarca todo. Toda persona esté en sujeción. No importa si es una democracia o una forma comunista de gobierno. No importa si es una monarquía o si es una dictadura, usted debe estar en sujeción –bueno, malo, sea cual sea la forma– usted está en sujeción a las autoridades gobernantes. Después, él le da a usted siete razones por qué.
Razón número uno: el gobierno es diseñado por Dios. “Porque no hay autoridad, sino de parte de Dios, y las que hay por Dios han sido establecidas”. Dios ha diseñado el gobierno humano. Él ha diseñado que exista en varias formas, y está ahí debido a Su diseño para el control de la vida humana. Entonces, sométase. Dios lo diseñó.
En segundo lugar, razón número dos: resistir es resistir a Dios. Versículo 2: “El que resiste la autoridad se opone a la ordenanza de Dios”.
Razón número tres: los que resisten van a ser castigados. Al final del versículo 2: “Aquellos que se oponen van a recibir condenación sobre sí mismos”. Entonces, sométase al gobierno. ¿Por qué? Es diseñado por Dios. Resistirse es resistir a Dios, y los que se resisten serán castigados.
Razón número cuatro: el gobierno es diseñado para refrenar la maldad. Versículo 3, “Los magistrados no son causa para temer la buena conducta, sino para la maldad. ¿Quieren no temer a la autoridad? Entonces, haz lo bueno y tendrás alabanza de ella”. En otras palabras, el gobierno está diseñado para refrenar la maldad.
En quinto lugar, está diseñado para promover el bien. Versículo 4: “Es servidor de Dios para tu bien. Si haces lo malo, teme”.
Razón número seis: el gobierno está capacitado para castigar. “Es servidor de Dios, vengador de Dios que trae ira sobre el que practica la maldad”. Y esa es la razón por la que “no lleva la espada por nada”. Dios le ha dado el derecho de la pena capital. Eso es lo que llevar la espada significa. Dios incluso le ha dado al gobierno el derecho de quitar la vida.
Y después, finalmente, en el versículo 5, la séptima razón: sométase al gobierno por causa de la conciencia, no sólo porque teme la ira que va a venir si desobedece, sino por causa de la conciencia, porque es correcto.
Entonces, sométanse al gobierno. ¿Por qué? Es diseñado por Dios; resistir es resistir a Dios. Los que se resisten van a ser castigados. El gobierno está diseñado para refrenar la maldad y promover el bien. Los gobernantes están capacitados para castigar y hágalo por causa de la conciencia. Después, el resumen, versículos 6 y 7: “Pues por esto pagad también los tributos”, versículo 6: “porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo”. Versículo 7: “Pagad a todos lo que debéis; al que tributo, tributo; al que, impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”. El punto entero es: Dios ha colocado el gobierno en su lugar y usted debe someterse a él.
Ahora, él da todas esas razones. La razón que él no da es la razón evangelística para que podamos vivir y demostrar que este mundo no es importante para nosotros. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuántos impuestos pagamos? Esa no es nuestra preocupación. No es nuestra preocupación estar preocupados por la legislación. No es nuestra preocupación estar preocupados por lo que el presidente hace. Es nuestra preocupación vivir vidas santas y llamar a la gente a Cristo. Y nuestra ciudadanía está en otro mundo. Solo somos extranjeros y peregrinos aquí. Haremos lo que se nos pida para que no distorsionemos nuestro testimonio, porque eso es lo más importa y lo que es más serio.
Primera de Pedro 2 añade la nota tan importante del evangelismo. En 1 Pedro 2, versículo 9, dice: “Porque somos pueblo escogido, real sacerdocio, nación santa”, y debemos “proclamar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”. En otras palabras, debemos demostrar cómo se ve la salvación. Debemos mostrarle a la gente qué es una persona salva. ¿Cómo lo hacemos? Versículo 12: “Mantened vuestra conducta excelente entre los paganos”.
¿Qué quieres decir con eso? Versículo 13: “Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, sea al rey como el que está en autoridad, o a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen lo correcto. Esta es la voluntad de Dios, que haciendo el bien calléis la ignorancia de los hombres insensatos”. “Honra a todos –versículo 17– Amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey”. La manera en la que usted vive en una cultura pagana es crucial para proclamar las virtudes de aquel que lo salvó a usted, para demostrar su vida transformada. Eso es lo que importa.
Ahora, eso nos lleva de regreso a Tito otra vez. El apóstol Pablo está diciendo: “Necesitan estar sujetos a los gobernantes y autoridades por razones evangelísticas”. De regreso al final del verso 8: “Estas cosas son buenas y útiles al mundo que nos ve”.
Después, él dice, necesitan ser obedientes, versículo 1, que obedezcan. La segunda: deben obedecer lo que dicen. Dice usted: “¿Debemos desobedecer en algún punto?”. Sí. Hay una ocasión cuando desobedecemos, eso es cuando nos piden hacer lo que la Biblia nos prohíbe hacer, o cuando nos piden no hacer lo que la Biblia nos manda hacer. Y la mejor ilustración de eso, como usted sabe, está en Hechos capítulo 4. Les dijeron a los apóstoles que no predicaran. Pedro y Juan les dijeron: “Juzgad, si es correcto a los ojos de Dios, obedeced a vosotros antes que, a Dios, juzguéis”. Juzguen si obedecemos a ustedes o a Dios. “Porque no podemos dejar de hablar”, dijeron. Capítulo 5, los azotaron. Versículo 40, les ordenaron que no hablaran más. Siguieron y salieron de la presencia del concilio, regocijándose porque habían sido tenidos por dignos de padecer y, versículo 42: “Diariamente en el templo, de casa en casa, siguieron enseñando y predicando a Jesús como el Cristo”.
Llega un punto en el tiempo cuando el estado se vuelve en contra de la iglesia y le dice a la iglesia que no haga lo que Dios le ha mandado que haga. Entonces, tenemos que obedecer a Dios y sufrir las consecuencias, sea la cárcel o la muerte. El único momento en el que desobedecemos es cuando se nos ha mandado con la Escritura hacer algo que se nos prohíbe hacer, o no hacer algo que se nos está diciendo que hagamos. Debemos ser obedientes.
Después él dice, al final del versículo 1: “Recuérdales que... estén dispuestos a toda buena obra”. Esto es tan bueno. “Recuérdales que... estén dispuestos a toda buena obra”. Esta es una bondad agresiva. Esto no es decir de manera resistente: “Bueno, no voy a causar problemas. Voy a cumplir mi deber apretando mis dientes y pagar mis impuestos. Voy a mantener mi enojo bajo control”. No, esto es una disposición interna. La palabra “dispuestos” significa: “Una disposición, una prontitud por hacer toda buena obra concebible”. Abordar la vida sin importar cuán volátil la cultura sea contra el cristianismo, no importando cuán pagana sea hasta la médula, cuán inmersa esté en la idolatría y el pecado. Buscamos de manera agresiva toda buena cosa, como Gálatas 6:10 dice: “Haciendo bien a todos los hombres, mayormente a los de la casa de la fe”.
Por cierto, esto está en contraste directo a la conducta de los falsos maestros. Regrese al capítulo 1, versículo 16. Se acuerda de la descripción de los falsos maestros. Son “detestables, desobedientes e inútiles para alguna buena obra”. Una de las cosas, amados, que aparta a los creyentes de los falsos maestros y sus seguidores, es la bondad pronta en las vidas de los creyentes, que demuestra transformación; que demuestra nuevo nacimiento, salvación, la vida de Dios, el poder del Espíritu, justicia, virtud. Debemos ser conocidos en la sociedad por nuestra bondad, por nuestra bondad agresiva.
Después, en el versículo 2, él avanza en su lista de siete virtudes: “Que a nadie difamen”. Ni siquiera a una persona es la idea. Es el verbo βλασφημέω (blasphemeo) del cual obtenemos la palabra blasfemar. Significa “calumniar” o “tratar con menosprecio”. Debemos confrontar el pecado. Podemos confrontar el pecado. Podemos confrontar al pecador debido a su pecado. Debemos llamar a los pecadores al arrepentimiento, pero no nos inclinamos ante la blasfemia, la calumnia, el maldecir y hablar de manera menospreciable de la gente.
No me gusta cuando la gente cristiana hace eso con respecto a los líderes. Esa no es la estrategia cristiana. Quizás no nos guste lo que hagan, pero debemos recordar, la condición en la que están. ¿Olvidamos que están ciegos en sus mentes por el dios de este mundo? ¿De qué otra manera espera usted que la gente no convertida actúe que como gente no convertida? ¿Y cómo actúa la gente no convertida? Actúan bajo la influencia de Satanás y su sistema actual, y simplemente están cumpliendo el único objetivo que pueden comprender. Hablar mal de ellos es inaceptable.
Observe 1 Timoteo por un momento, capítulo 2. Primera de Timoteo, capítulo 2, versículo 1. Aquí estaba Timoteo en Éfeso, otra ciudad corrupta e idólatra. Él le dice a Timoteo: “Exhorto ante todo que se hagan rogativas oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”. Escuche eso. Debemos estar “tranquilos”. Eso es “en paz, callado, piadoso, digno”. ¿Y cuál es nuestra actitud hacia el presidente y el congreso y los jueces, los reyes y toda persona en autoridad? Oramos por ellos.
Esto es lo que Dios quiere que hagamos, que oremos por ellos –constantemente– haciendo “rogativas, oraciones, peticiones”, por aquellos que están en autoridad para que Dios lleve a cabo su obra en sus vidas, que Dios los salve, porque Dios, dice en los versículos 3 y 4, es un Dios salvador que ha enviado, versículos 5 y 6, a Jesucristo para proveer salvación. Dios quiere salvar, y queremos orar por su salvación. No hable mal de ellos; ore por su salvación.
Después le dice a Tito otra cosa interesante –que los cristianos “no deben ser pendencieros”, ἄμαχος (amacos), “no peleando”. No debemos pelear, debemos ser pacíficos, amigables, no pelear con el gobierno, no pelear con los líderes. No debemos estar combatiendo. Esa no es la meta para nosotros. Ni siquiera somos de este mundo. Ni siquiera este es nuestro país, en cierto sentido. Simplemente, en cierta manera, estamos pasando. Es tan fácil ser contencioso, y hostil y estar enojado por lo que sucede en la cultura pagana en la que vivimos, y especialmente si elevan nuestros impuestos o si cambia el lugar donde vivimos o nuestra cultura o lo que sea –nos enojamos por eso.
No nos gusta ver que a Dios se le niega Su lugar apropiado y a Satanás se le exalta para ser el líder de todo. Pero no debemos ser contenciosos, no debemos pelear. Este es un mundo pasajero para nosotros. Lo único que podemos hacer es alcanzar, conforme pasamos y por la gracia de Dios, tocar alguna vida con el evangelio salvador, tanto por lo que decimos como por lo que somos.
Después, él dice que debemos ser “amables”. Es una palabra hermosa, ἐπιεικής (epieikes). Significa “ser razonable y soportar”. Creo que el sinónimo más simple es “ser amable, considerado con la debilidad humana” –muy paciente con los pecadores. Un escritor dice: “Una razón dulce” –no contencioso, no estar enojado, no hostil, sino ser razonable de manera dulce, gentil, mostrando gracia.
Y después, él cierra en el versículo 2 con la última de las siete: “mostrando toda mansedumbre”; esa es la palabra “mansedumbre” en las Bienaventuranzas, Mateo 5:5 – πρᾳΰτης (prautēs), “mansedumbre”. Somos mansos. Eso es “poder bajo control”, recordará usted. Nunca reclamando los derechos de uno es lo que significa. Nunca peleando por los derechos de uno. Los cristianos no hacen eso. No estamos en una pelea por nuestros derechos. No tenemos ninguna meta política. No tenemos ninguna meta legislativa. No estamos buscando ningún derecho. No queremos ningún derecho en particular en esta sociedad. Simplemente, vamos a vivir para Cristo, venga lo que venga.
Se refiere a confianza paciente –en Dios. Encomendamos nuestras vidas a Él. Segunda Timoteo 2 dice que si vivimos así –de manera mansa, y gentil– Dios incluso podría usarnos para llevar a personas al arrepentimiento y el conocimiento de la verdad (2 Timoteo 2:25). Como puede ver, todo lo que hacemos tiene una meta evangelística. Y conforme vivimos en este mundo, sujetos a las autoridades, los gobernantes –obedientes a todas las cosas que establecen que no violan directamente la Escritura; conforme estamos buscando de manera pronta toda obra buena, imaginable dentro de nuestra sociedad; conforme no calumniamos a nadie, y no peleamos con nadie; sino que más bien somos pacientes con los pecadores –gentiles, amables– vamos a demostrar salvación, porque solo la gente transformada puede actuar así.
Y después él cierra en el versículo 2 al decir: “para con todos los hombres”, “para con todos los hombres”. Usted necesita hacer esto delante de todo mundo. Esa pequeña frase es muy importante. Aparece varias veces en 1 Timoteo, y quiero señalárselas, y vamos a cerrar. Primera de Timoteo, capítulo 2, versículo 1: ¿Por qué dice “para con todos los hombres”? ¿Por qué incluye eso ahí? Porque “todos los hombres” se ha vuelto un término importante en la mente de Pablo. Primera de Timoteo 2:1: “Oraciones”, dice él al final del versículo 1: “deben ser realizadas a favor de todos los hombres”.
¿Por qué? Versículo 4: “Porque Dios quiere que todos los hombres sean” –¿Qué?– “salvos”. Versículo 6: “Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo por rescate por todos”. Dios “quiere que todos los hombres sean salvos”. Y después, él les dice a los creyentes: “Vivan sus vidas de esta manera para que todos los hombres los vean.” Eso es consonante con el propósito salvador de Dios. Primera de Timoteo 4:10 dice: “Dios es el Salvador de todos los hombres”. Todos los hombres necesitan ver nuestro testimonio. Necesitan ver la transformación. Tito 2:11: “La gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres”. Como puede ver, él repite esa frase una, y otra y otra vez.
Dios ama a todos los hombres. Dios “quiere que todos los hombres sean salvos”, él dice. Dios quiere que usted ore por todos los hombres. “La gracia de Dios se ha manifestado... a todos los hombres”. Usted debe vivir su vida delante de todos los hombres para que puedan ver la transformación. Sólo los cristianos pueden vivir así. Ese es nuestro deber. Así es como debemos vivir.
Padre, gracias por nuestro tiempo esta mañana en Tu Palabra. Queremos ser Tu pueblo. Queremos vivir para Tu gloria. Queremos exaltarte. Queremos adornar la doctrina de Dios, nuestro Salvador. Queremos que el mundo sepa que Tú eres un Dios salvador, porque pueden ver a personas salvadas, personas transformadas. Ayúdanos a vivir así, no sólo en la iglesia, sino en el mundo pagano, de una manera que vean que somos diferentes. Somos sumisos. Somos obedientes, amables, considerados, prontos a hacer lo que es bueno. Simplemente, somos trascendentes. Es como si realmente no nos importara lo que pasa en esta vida –ni siquiera pertenecemos aquí-. Sólo queremos reunir almas para el mundo venidero. Señor Dios, que el mundo que ve vea a personas transformadas –y creemos en Tu poder transformador-. Como Tú nos has salvado, que Tú nos uses para traer a muchos más a la misma salvación. Amén.
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