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Nos encontramos en un estudio continuo de 1 Pedro en el capítulo 2, en una maravillosa epístola de Pedro. Y llegamos al versículo 4, de hecho los versículos 4 al 10, los cuales son una sección rica, rica de las Escrituras. Ahora, quiero confesarle que desde el principio de nuestro mensaje en esta noche, conforme nos embarcamos en los versículos 4 al 10, nos va a toma un par de semanas analizar estos versículos. Pedro no es como Pablo, si usted todavía no lo ha descubierto. Pedro no tiene el tipo de mente secuencial, lógica, precisa, en donde todo puede ser fácilmente bosquejado y fluye en orden perfecto. Pedro parece ser un poco más emocional, un poco más disperso. Él presenta un punto y otro punto; y después regresa a su primer punto. Es, en cierta manera, más difícil de rastrear.

En esta sección en particular, él hace esto. Él entrelaza a través de varios puntos maravillosos. Va de atrás hacia adelante, desde la nueva revelación a citar el Antiguo Testamento; de eludir al Antiguo Testamento. Y parece estar literalmente lleno del conocimiento del Antiguo Testamento. Y es como si estuviera tan profundamente arraigado al mismo que surge de manera casi inadvertida. Y entonces, mientras que él está hablando de algo nuevo y fresco, hay algo sin embargo antiguo en la revelación del Antiguo Testamento que se encuentra inherente en ello. Y veremos eso conforme observemos este colosal pasaje frente nuestro.

Ahora, si fuera a identificar un tema en los versículos 4al 10, lo identificaría como los privilegios espirituales; el tema de los privilegios espirituales. Este es uno que realmente debemos disfrutar. Con tanta frecuencia, cuando estudiamos la Biblia hablamos de deberes espirituales, ¿no es cierto? Con frecuencia, estamos siendo exhortados. Se nos está mandando. Pero, a mi parecer, aquí realmente no hay imperativos. No hay realmente mandatos. No hay exhortaciones. Esto no es más que una lista de nuestros privilegios, lo que es nuestro porque somos de Cristo.

Ahora, no sé cuando uso la palabra “privilegio” qué viene a su mente. Pero cuando yo pienso acerca de la palabra “privilegio,” pienso acerca de mi niñez. Porque una de las amenazas que mis padres me hacían era que si no hacía lo que me pedían o sino cambiaba mi actitud, ‘Johnny, te quitaremos tus privilegios.’ Mis padres usaban mucho esa palabra. Y también se me quitaron mis privilegios muy a menudo, ahora que lo pienso.

¿Qué significa tener un privilegio? ¿Qué es privilegio? Lo busqué en el diccionario y dice lo siguiente: “el privilegio es un derecho o un beneficio disfrutado por una persona que va más allá de la ventaja de la mayoría.” Es un derecho o beneficio disfrutado por una persona que va más allá de la ventaja de la mayoría. Los privilegiados son entonces aquellos que pertenecen a una clase que disfruta de un favor especial; un favor especial. Ciertamente, ese es el caso con los creyentes. Nosotros, como cristianos, pertenecemos a una clase que disfruta de un favor especial. Tenemos ricos privilegios espirituales en Cristo. Y como he dicho, éste debería ser un estudio profundamente alentador conforme vemos los versículos 4 al 10. Ahora recuerden que acabamos de salir de una sección, capítulo 1 versículo 13 al capítulo 2, versículo 3, que habló de deberes espirituales. Y estuvo lleno de imperativos, de mandatos, de exhortaciones; y básicamente nos dijo lo que debíamos hacer. Ahora, oiremos de nuestros privilegios en Cristo; no lo que hacemos por el Señor, sino lo que Él hace por nosotros.

Y conforme estudié esto y traté de pensar en cómo lo entendería y cómo podía enseñárselos en su belleza, se me ocurrió la idea de que la mejor manera de entender estos versículos es verlos como si estuviera viendo un caleidoscopio. ¿Ha hecho eso alguna vez? Levantó una de esas cosas, tiene rocas en el fondo, rocas de colores. Usted lo sostiene contra la luz; y a medida que lo gira, adopta todo tipo de formas diferentes; pero usted siempre está viendo la misma rocas, la misma sustancia, simplemente arreglada y magnificada y desplegada en maneras diferentes. Y eso es realmente lo que usted tiene aquí. En esta maravillosa sección, Pedro continúa volteando el calidoscopio, por así decirlo, del privilegio cristiano. Y cada vez que lo voltea, usted de las mismas verdades ordenadas de una manera diferente, pero con una nueva belleza. Y entonces, vamos a estar volteando esto conforme vemos esta maravillosa porción de las Escrituras.

Y permítame leérselas, sígame, versículos 4 al 10: “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: ‘He aquí, pongo en Sion la principal Piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en Él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, Él es precioso; pero para los que no creen, la Piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”

Esta es una porción muy emotiva, muy maravillosa de las Escrituras. Y como he dicho, una que toma las mismas verdades básicas y las reordena en imágenes múltiples, de tal manera que vemos las glorias multifacéticas de lo que significa pertenecer a Jesucristo.

Ahora, comencemos al principio con lo que inicia todos nuestros privilegios espirituales. Lo que nos hace estar por encima de la ventaja del resto del mundo. Versículo 4, la primera frase: “acercándoos a Él;” y ahí nos detendremos. ¡Qué gran verdad es esa! Con frecuencia como cristiano decimos: “Vine a Cristo, vine a Él;” y eso es exactamente la expresión que Pedro tiene en mente. Ciertamente comienza en el momento de la salvación, cuando usted viene a Cristo, cuando usted viene en fe. En Mateo 11:28, Jesús dijo: “Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados y Yo os daré descanso.” La Biblia dice que Jesús llama a los hombres a venir a sí mismo. En Juan, capítulo 6, versículo 35: “Yo soy el pan de vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás.” Versículo 37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí.” Versículo 44: “Ninguno puede venir a Mí si el Padre que me envió no le trajere.” Versículo 65: “Por esta razón os he dicho que ninguno puede venir a Mí si no le fuere dado del Padre.” En el capítulo 7, creo que es en el versículo 37, Jesús dice: “Si alguno tiene sed, venga a Mí.” Pedro tiene eso en mente. Y por cierto, él oyó por parte de Jesús todas esas cosas, él siendo uno de los discípulos cuando Jesús enseñó. Y entonces, él dice aquí que todo comienza con venir a Él. Al venir a Cristo, entramos en la esfera del privilegio espiritual. No sólo la esfera del deber espiritual sino también la esfera del privilegio espiritual. Se acordará, estoy seguro, de esa porción maravillosa en la carta de Pablo a los Efesios en donde dice en el capítulo 1, versículo 3: “Bendito el Dios y Padre de nuestro señor Jesucristo quien nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Cuando usted vino a Cristo, usted entró en la esfera del privilegio espiritual… Sí, el deber espiritual, pero también el privilegio espiritual. De hecho, usted ha sido bendecido con toda bendición espiritual en Cristo.

Ahora, la idea aquí, como dije, es que inicialmente usted viene a Cristo en la salvación. Pero ese no es el significado total que es expresado en el verbo. El verbo aquí con su pronombre significa venir con la idea de permanecer o venir con la idea de quedarse. O, usando las palabras del apóstol Juan, tanto en Juan capítulo 15 como en 1 Juan capítulo 3, venir y permanecer… Venir y permanecer. Entonces, la idea aquí es de venir a Él para quedarse en su presencia, venir a Él para permanecer en una comunión y permanencia personal íntima. De hecho, esta palabra proserchomai es usada de acercarse a Dios para la adoración continua. Es usada de esa manera en las traducciones griegas del Antiguo Testamento. Una forma de este verbo es el nombre prosélito, el cual significa una persona que estaba alejada, pero que se acercó. Es usada en la Biblia para referirse a un gentil que estaba afuera del pacto, a fuera de las promesas, afuera de la ley de Dios, pero que se acerca. Y como dije, la importancia de este término es que se refiere a alguien que viene a Dios y permanece. Un acercamiento consciente. Es la palabra usada normalmente en el libro de Hebreos para acercarse a Dios, para permanecer ahí y adorarle.

Entonces, lo que usted aquí tiene es que el privilegio espiritual comienza cuando usted viene al Señor Jesucristo y es sustentado o sostenido conforme usted permanece ahí. Podríamos decirlo de esta manera: venir a Él es una frase en la cual Pedro implica el movimiento entero de la vida interna hacia la comunión con Jesucristo. El movimiento entero de la vida interna hacia la comunión con Jesucristo, ahí es en donde comienza el privilegio espiritual. Eso es lo que nos hace tener la ventaja por sobre el resto del mundo. Somos los privilegiados, somos los favorecidos y somos los bendecidos.

Ahora, él identifica a aquel a quien venimos, note en el versículo 4, él dice: “Acercándoos a Él, piedra viva.” Y él aquí está usando una analogía. Una analogía muy interesante, por cierto. Y con este título, él comienza a tocar una combinación sorprendente de imágenes reveladas a partir de diferentes textos del Antiguo Testamento. Esta idea de la piedra viva en cierta manera echar andar sus pensamientos acerca de este asunto del privilegio espiritual. Y también podría añadir que él, habiendo mencionado la piedra viva, va a traer tres textos del Antiguo Testamento que se refieren a Cristo como una piedra. Y él muestra cuáles son los privilegios espirituales que se relacionan con Cristo en la imagen de una piedra. Y eso se va a desarrollar conforme estudiamos a lo largo del pasaje. Pero aquí, él presenta la idea, él dice ‘ustedes vienen a Cristo como a una piedra viva.’ La palabra piedra, lithos, es la palabra común para piedra, la palabra normal -mucha atención- que se usa en referencia a una piedra que se usa en un edificio. Algunas veces, también es usada para una piedra preciosa que ha sido tallada; pero comúnmente es la palabra empleada para piedra utilizada en un edificio, una pieza que ha sido cincelada, amartillada y cortada para encajar de manera perfecta en la construcción de un edificio. Y usted sabe que claro, en los tiempos antiguos, construían edificios con piedras. La manera en la que lo hacía no era necesariamente utilizando cemento, sino simplemente con piedras que estaba moldeadas de una manera tal que encajaban de manera perfecta; y eran tan pesadas que simplemente se colocaban una con otra y eran inamovibles.

Entonces, usted aquí tiene una piedra usada para construir… Una piedra que ha sido moldeada de manera perfecta, diseñada de manera perfecta, que ha sido tallada de manera perfecta para cumplir su propósito. Lo que es interesante es que él la llama una piedra viva. Y es una paradoja, ¿no es cierto? De hecho, cuando pensamos en una piedra, pensamos en algo que no está vivo, inclusive decimos que algo está tan muerto como una piedra o algo que está totalmente muerto. Las piedras no están vivas. Y ésa es la paradoja. Una piedra no tiene vida, pero esta piedra es una piedra viva. Con toda la solidaridad de la piedra, sin embargo tiene vida. Y aunque esta piedra es la piedra perfecta que se convierte en la piedra angular en el edificio de la Iglesia, no obstante no es sólo una piedra sino una piedra viva. Esta piedra vive. ¿Por qué? Porque es Cristo y Cristo vive porque Él resucitó de los muertos. Él es una piedra viva. Él está vivo de los muertos. Él tiene relaciones vivas con personas vivas. Él da vida, la cual tienen en sí mismo todos los que creen. Él es llamado en 1 Corintios 10:4 esa roca espiritual que estaba en el desierto, de la cual vino agua para satisfacer la sed del Pueblo de Dios.

Entonces, aquí hay una piedra, una roca sólida, una piedra de construcción perfecta sobre la cual Dios puede edificar Su Iglesia. Y sin embargo, no es una piedra muerta sino una piedra viva, esto es el Señor Jesucristo. Cristo es esa piedra viva en virtud de Su propia resurrección de los muertos, como usted sabe. Habiendo resucitado de los muertos, Él ahora está vivo para siempre. Y Romanos 6:9 dice que la muerte ya no lo domina. Y 1 Corintios 15:45 dice que el postrer Adán, siendo Cristo, se convirtió en un Espíritu que da vida. No sólo es que Él está vivo, sino que da vida. Y debido a Su vida, nosotros vivimos. Por cierto, Pedro ya ha hablado de una esperanza viva en el capítulo 1, versículo 3; una palabra viva en el capítulo 1, versículo 23. Y ahora habla de una piedra viva.

Podría añadir, como comentario, que usted notará que ahí no está la palabra “la” sino que dice “y acercándoos a Él, piedra viva,” no una de muchas, sino que cuando no hay un artículo definido en el griego, ‘el’ o ‘la’, enfatiza la calidad, la naturaleza. La idea aquí es que la piedra es Cristo y el énfasis se encuentra en la calidad esa piedra, la cual está viva. Cualquiera que toca a Cristo por la fe, cualquiera que recibe a Cristo por la fe recibe vida con su propia vida, con la vida de Él. Él es una piedra viva. Dios nos ha dado, dice 1 Juan 5, vida eterna; y esta vida está en Su Hijo.

Usted preguntará: “Bueno, si estamos hablando acerca de Cristo como vivo, ¿por qué utiliza la analogía de una piedra?’ Porque Pedro también quiere hablar acerca de Cristo como el cimiento, el fundamento del edificio de la construcción de la iglesia y también quiere explicar pasajes del Antiguo Testamento que hacen eso.

Pero observemos por ahora, de cualquier manera, que todos nuestros privilegios espirituales se encuentran en esa piedra viva… Todos. Ahora, siga lo que él dice. Por muy extraño que parezca, por trágico que es, la Piedra viva fue rechazada por los hombres. Esa es la razón por la que ellos no son privilegiados. Esa es la razón por la que el mundo no tiene privilegios espirituales. Esa es la razón por la que no tienen la ventaja que nosotros tenemos. No son favorecidos. No son bendecidos por Dios porque han rechazado a la Piedra viva. De esta manera, han rechazado al cimiento de la Iglesia de Dios, el edificio de Dios. De esa manera, han rechazado al único que les puede dar vida. Ciertamente, cuando Pedro dice esto tiene en mente predominantemente a la nación judía, el sanedrín, los líderes, los sacerdotes y el pueblo que lo seguía que rechazó a Jesucristo, que crucificó a Jesucristo habiéndole escupido y golpeado. Y entonces, dice que esa Piedra viva angular perfecta en el edificio de Dios de Su casa eterna, esa piedra viva quien es la única que puede dar vida, fue rechazada por los hombres. Y todos los que lo han rechazado desde ese entonces encajan en la misma categoría como lo son aquellos que lo rechazaron originalmente.

La idea es muy interesante. Permítame explicarle al retrato. Cuando los hombres se preparan para construir un edificio, comienzan trabajando en las piedras. Y quieren asegurarse de que las piedras encajan perfectamente. Pero la piedra más importante de todas era la piedra angular porque la piedra angular establecía las líneas para el edificio. Y era la perfección de la piedra angular lo que mantenía la perfecta simetría del resto del edificio. La piedra angular era como la plomada en toda dirección. Obviamente, establecía la dirección para ambos dados como también hacia arriba. Y si alguno de los ángulos estaba desalineado, el edificio estaría desalineado. Si el ángulo no era un ángulo recto perfecto, si ese era el diseño, entonces el edificio adoptaría una forma torcida o desalineada. Si el ángulo vertical no era el apropiado, el edificio se colapsaría hacia fuera o se colapsaría hacia adentro. Entonces, todo ángulo tenía que ser absolutamente perfecto. Y todos esos ángulos eran establecidos por una piedra angular grande con la cual tenía que encajar el resto de las piedras.

Ahora, entonces aquí la idea es que vinieron los líderes de Israel queriendo participar en el edificio del templo glorioso espiritual de Dios. Y buscando a la Piedra angular, el Mesías, vino Jesús; y ellos lo examinaron. Y con todo el análisis detallado que ellos pudieron ejercer y con todos los ángulos que ellos podían percibir y con todos los instrumentos de medida que tenían en su religión, ellos evaluaron si Jesucristo era realmente el Mesías que establecería a la piedra angular del Reino espiritual de Dios. Y cuando ellos concluyeron su evaluación, concluyeron que Jesús no era el adecuado; y entonces lo rechazaron. En lo que a los líderes judíos concernía, Él no aprobó los cálculos de ellos. Y entonces, lo rechazaron. La palabra aquí para rechazo incluye todo eso porque es la palabra griega que significa “rechazado habiendo sido examinado,” desechado. Es la palabra desechado. Rechazado habiendo sido examinado. O rechazado habiendo sido probado. Su rechazo fue de menosprecio. Su rechazo estaba lleno de odio venenoso. Nada era tan inconcebible para ellos como que este Jesús pudiera ser la piedra angular del Reino de Dios… Este hombre necio, este hombre pobre, este hombre que literalmente los reprendió con Sus denuncias de su sistema religioso, este hombre débil, humilde, este hombre que en últimas fue a una cruz y murió; era inconcebible que Él fuera la piedra angular de Dios. Este hombre quien ni siquiera derrocó a los romanos, este hombre que ni siquiera estableció la libertad de Israel de la esclavitud de este ejército invasor; y entonces, lo rechazaron.

Pero, aunque Él fue rechazado o desechado por los hombres, regrese el versículo 4, Él fue “más para Dios, escogida y preciosa.” Esta es una frase interesante en el original. Dice que “Él fue elegido y fue precioso por lado de Dios.” Dios también lo examinó. Y Dios midió usando los estándares de Su propia perfección. Y Dios midió a Jesucristo y Dios dijo “Éste es Mi Hijo amado en quien tengo”… ¿Qué?… “complacencia.”

Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia. Él fue elegido. Eso es lo que escogido significa. Él fue escogido. Cristo, Mi elegido… dijo Dios. Escogido, ordenado por Dios, precioso, piedra preciosa, precioso, entimon significa costoso, significa raro, muy estimado. Y entonces, Dios vio a Jesucristo y dijo ‘Él fue perfecto para ser la piedra angular. Todo ángulo es perfecto. Él es la Piedra angular.’ Y debido a que Dios afirmó Su perfección, Dios lo resucitó de los muertos y lo hizo la Piedra viva angular. Y todo lo que vemos aquí es la insensatez y la ignorancia de los hombres. Me recuerda de dos hombres que caminaban por el museo del Louvre en París. Uno de los curadores que estaba ahí, un hombre que valoraba mucho el arte, estaba ahí conforme estos dos hombres veían una de las grandes obras maestras del arte. Y uno se volteó al otro y le dijo: “No me gusta mucho esa pintura.” A lo cual este hombre que conocía mucho de arte le dijo: “Señor, si me permite interrumpirle, esa pintura no está para ser juzgada, usted está para ser juzgado. El mundo ya evaluó la calidad de esa pintura, usted simplemente demuestra la debilidad de su capacidad de evaluación.”

Y esa es la verdad. Jesús no está en juicio. La Piedra es perfecta, pero todo hombre que la mide está siendo juzgado, está haciendo probado para ver si su sistema de medición es adecuado. El de ellos, el de esos hombres, no lo era; y los hombres hoy en día continúan rechazando a Aquel de quien Dios que es escogido y precioso. Éste, dijo Él, es Mi Hijo amado. En el Salmo 2, Dios dijo: “Honrad al Hijo.” En 1 Corintios 16, Él dice: “Si alguno no ama al Señor Jesucristo, sea anatema.” Uno de los temas de Pedro fue que Dios aceptó a Cristo. En Hechos 2, Pedro amaba a este tema aparentemente, dijo: “A Éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole,” pero “al cual Dios levantó.” Ustedes pueden haber rechazado a la Piedra, pero Dios no. En el capítulo 2, nuevamente en el versículo 32: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios.” Y en el capítulo 4, versículo 11 Pedro dice: “Este Jesús es la Piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.” Luego, él dice: “Y en ningún otro hay salvación.” En el camino que los 5, él sigue nuevamente con el tema. “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis.” Él es a quien Dios exaltó a Su diestra como Príncipe y Salvador.

Inclusive en el capítulo 10, versículo 39: “Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.

A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase.” A Pedro le encanta eso. Ese es su tema. Ustedes lo rechazaron y Dios lo afirmó. Él es escogido. Él es precioso.

Los hombres desaprobaron y los hombres no aprobaron y aún lo hacen así el día de hoy. Usted sabe lo que dijeron cuando se les ofreció a Jesucristo y a Barrabás. ¿Qué dijeron? ‘Crucifica Cristo y danos a Barrabás.’ Y los hombres todavía creen que pueden medir de manera adecuada Jesucristo usando sus propias medidas corruptas y terminan con el mismo rechazo el día de hoy. Se burlaron de Él. Le escupieron. Lo clavaron, después de haberlo golpeado; y lo mataron. No se usted, pero ese no es el tipo de personas con las que quiero identificarme de manera particular. Un escritor dijo: “No busco y no quiero la estima del mundo después de saber eso. Me dice lo poco que es para el mundo lo que Dios ha escogido y odia lo que Dios más ama. Entonces, aquello que es de mucha estima por los hombres es abominación a los ojos de Dios. No quiero reconocimiento del mundo, no tiene valor. Ni siquiera pudieron reconocer el valor de la persona más preciada que jamás vivió y escogieron a un ladrón impío, a un criminal en lugar de escogerlo a Él.”

Pero es a esa misma Piedra viva a la que venimos para recibir privilegios espirituales. ¿Y cuáles son los privilegios de venir a Cristo? Bueno, al menos voy a mencionar a uno esta noche La primera mirada en el caleidoscopio. Toda las piedras hermosas que constituyen la realidad de nuestra salvación están ordenadas en un arco iris magnífico de belleza. Y el primer privilegio espiritual que tenemos es este: unión con nuestro Señor… Unión con nuestro Señor. ¿Podemos por lo menos ver eso en el versículo 5? Escuche esto: “Vosotros también como piedras vivas.” Deténgase allí.

Espere un momento. Una cosa es venir a una piedra viva y otra cosa es volverse en una piedra viva. Esta es una verdad tan fresca. Esta es la manera en la que Pedro dice que cuando usted vino a Cristo, usted se volvió como… ¿quién? Cómo Cristo. ¿Alguna vez pensó en eso mientras que usted fue llamado cristiano? ¿Alguna vez pensó en eso, qué significa ser cristiano? ¿Sabe lo que eso significa? Significa un Cristo en miniatura, un pequeño Cristo. ¿Cómo le va en vivir conforme a su título? Ése es su privilegio. Usted también es, como Cristo, una piedra viva, “como piedras vivas, sed edificados.” ¿Qué significa eso? Que tenemos vida eterna. Ahora, escuche esto. La vida misma… La vida misma que existe en Cristo existe en nosotros. Nosotros tenemos la vida de Cristo. ¡Oh, qué realidad! ¡Qué identificación! ¡Qué privilegio espiritual es este! No es sólo que lo adoramos, no es sólo que lo obedecemos o lo honramos. No es sólo que oramos a Él, es que estamos unidos con Él. Él es la Piedra angular y nosotros somos las piedras que también estamos siendo edificadas como una casa espiritual. Estamos unidos. Somos parte del mismo edificio. Poseemos la misma vida. Fluye de Él a través de nosotros. Esa la razón por la que Pedro puede decir en 2 Pedro: “Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.”

Ahora, amados, permítanme decirles algo. Permítanme decirles algo que no se si han pensado. El cristianismo es la única religión que conozco en el mundo en donde la vida de la persona que adoramos se vuelve nuestra vida. Usted nunca oye que alguien esté en Buda, o en Confucio o en Mahoma. Usted nunca ha oído que ninguno de ellos enseñe que la vida de ese individuo es la vida eterna que es poseída por aquellos que adoran a ese individuo; pero en Cristo tenemos la vida de Cristo. Somos participantes de la naturaleza divina. Simplemente pensando en Colosenses 3:3: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” Su vida está escondida con Cristo en Dios. Después, el siguiente versículo: “Cristo quien es nuestra vida.” Ahí está, Colosenses 3:4. Él es nuestra vida.

Usted oyó a Pablo decirlo, ¿no es cierto? “Con Cristo estoy juntamente crucificado, pero no vivo yo si no vive”… ¿Quién? “Cristo en mí.” Esto es privilegio espiritual, amados. No es sólo que adoramos a Cristo, como he dicho. No es sólo que doblamos nuestra la rodilla a Cristo. No es sólo que Cristo es nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Dios; es que nosotros estamos en Él compartiendo Su vida. Es igualmente eterna. Tenemos la misma fortaleza que tiene una piedra, somos colocados en el mismo gran edificio en el que Cristo es la piedra angular y poseemos la misma vida de resurrección. ¡Que realidad!

Pero continúa esta unión con Cristo más adelante. Él dice: “…Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual…” Dios está construyendo una casa espiritual. Y Él inicialmente la construyó sobre la piedra angular de Cristo para establecer todos los ángulos. Y después, todos nosotros estamos siendo edificados como esa casa espiritual. Dios es el constructor y Él está colocándonos a todos en ese lugar, nos coloca integrándonos unos con otros, integrándonos con la vida de Cristo, estamos en una unión maravillosa con Cristo. ¡Qué pensamiento!

En Efesios, ¿se acuerda de estas palabras, capítulo 2, versículo 19? “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” Usted necesita estudiar eso profundamente. Lo que dice es esto: Cristo en la piedra angular, el resto del cimiento son los apóstoles. ¿Qué quiere decir, sus personalidades? En absoluto. ¿Qué quiere decir, su ministerio? No, en absoluto. Una cosa: su doctrina. Ellos escribieron las Escrituras. El fundamento es la doctrina que vino a través de los apóstoles; ésa la razón por la que en Hechos 2, la primera Iglesia estudiaba la doctrina de los apóstoles. No es su personalidad sobre lo que se funda la Iglesia. Ni siquiera de su ministerio en el sentido más verdadero sobre el cual está fundado en la Iglesia. Es su doctrina, su enseñanza como aquellos que enseñaron la palabra revelada de Dios. Cristo es la piedra angular, el resto del cimiento es doctrina apostólica y nosotros como creyentes, crecemos para ser edificados sobre ese cimiento como la casa espiritual misma en donde Dios mora. Es una verdad gloriosa, gloriosa. Nosotros somos la casa espiritual en la cual el Espíritu de Dios mora. Dice en 1 Corintios 3:9: “Vosotros sois edificio de Dios, ustedes son edificio de Dios.” Esta noche, vimos personas que se bautizaron. Algunas son piedras vivas nuevas, ¿verdad? Colocadas perfectamente en el edificio de Dios conforme Dios edifica Su casa espiritual.

Ahora, para Pedro este es un lenguaje muy vivido porque él creció, claro, en toda la cultura judía, el templo y todo lo que el templo significaba, toda su importancia. Era la casa terrenal, era la casa material, la casa temporal. Ahora Pedro dice: en el nuevo pacto, hay una casa espiritual. No una casa terrenal, no una física, no una temporal. Porque Dios de manera genuina y verdadera no mora en templos hechos por manos humanas. No. Dios no puede ser contenido en un templo hecho con manos. Hechos 7:48, el Altísimo no mora en ese tipo de lugar. Después, nuevamente en Hechos 17, recordarán el versículo 24 en donde volvemos a leer que el apóstol Pablo dice que Dios, el que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, es el Señor del cielo y de la tierra y no mora en templos hechos por manos humanas. Él mora en una casa espiritual y somos nosotros las piedras que constituyen la casa espiritual que contiene al Dios viviente. Pablo le escribe a Timoteo y dice la Iglesia es la casa de Dios, 1 Timoteo 3:15; es la casa de Dios, es ahí donde Él mora. Él mora en los corazones de Su pueblo redimido. Él mora en los corazones de aquellos que lo aman.

Hebreos 3:6: “Pero Cristo fue fiel como hijo sobre su casa cuya casa somos nosotros.” ¡Qué gran pensamiento! Cristo, la piedra viva, el fundamento terminado por la doctrina de los apóstoles. En simetría perfecta, Dios construye la casa colocando una piedra sobre otra. Jesús dijo ‘Yo edificaré Mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.’ Y entonces, tenemos esa unión con Cristo, algo glorioso. No las piedras muertas del templo sino gente viva unida con Cristo.

Uno de los comentaristas que leí esta semana manifestó algo de una manera muy interesante que creo que es útil explicar conforme repasamos lo que Pedro estaba pensando. Él escribe, y cito: “Estos peregrinos esparcidos a quienes Pedro escribe, estaban lejos de la ciudad del gran rey, pudieron haber sentido que estaban perdiendo los precintos sagrados y los privilegios especiales del templo ahí. Este era de manera característica el lugar de la presencia de Dios. Ahora, se les presenta esta maravillosa verdad de una casa espiritual construida sobre Cristo. Y más que eso, ellos mismos eran las piedras vivas en ese edificio sagrado.” Fin de la cita. Y así es, somos esa casa espiritual… Somos esa casa espiritual. ¿Qué, no sabéis que vuestro cuerpo es templo de Dios? El Espíritu Santo de Dios mora en usted individualmente y también colectivamente, por supuesto. Si Él mora en nosotros individualmente, mora en nosotros colectivamente. Lo leí hace un momento, permítame volverlo a leer, Efesios 2:22: “En quien también vosotros estáis siendo edificados en una morada de Dios en el espíritu.”

Entonces, cuando usted se volvió cristiano, el primer gran privilegio espiritual… Unión con Cristo. ¿Cómo? Usted comparte Su vida. ¿Qué significa eso? Él vive en usted. Él vive en usted como individuo. Él vive en Su iglesia colectivamente. ¡Qué privilegio! ¿Cuál es el resultado de eso? ¿Qué significa eso para nosotros? Bueno, significa por un lado que podemos hacer mucho más abundantemente de lo que podemos pedir o pensar según el poder que actúa en nosotros. Significa poder espiritual, es lo que significa. Significa recurso espiritual para toda necesidad. Es por eso que Pablo dice en Romanos 15:18: “Porque no pretendo hablar de nada excepto de lo que Cristo ha hecho a través de mí resultando en la obediencia de los gentiles.” En otras palabras, la salvación de los gentiles es Dios operando a través de mí. Usted tiene el poder en usted para hacer mucho más allá de lo que puede pensar. Usted tiene el poder en usted para ver a otros venir a Cristo. Eso es lo que significa. Unión con Cristo. Amados, Cristo establece Su residencia en la vida de aquellos que le pertenecen. Pablo dice en Colosenses 1:29: “Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de Él, la cual actúa poderosamente en mí.” Entonces, por un lado, puedo hacer lo que no puedo ni siquiera soñar y por otro lado puedo ser usado para ganar a gente para Cristo. Por otro lado, todo mi servicio espiritual es operado en mí a través del poder residente que está ahí. Cristo vive a través de usted. Él ama a través de usted. Él habla a través de usted. Él sirve a través de usted. Él inclusive adora a Dios a través de usted. Su vida en usted es eterna y por eso nunca la perderá. Su vida en usted lo controla. Su vida en usted lo conforma. Su vida en usted provee disponibilidad para toda necesidad en toda situación. ¡Qué privilegio!… ¡Qué privilegio!

La primer mirada en el caleidoscopio de Pedro es un retrato magnífico. La magnificencia de múltiples colores de unión con Jesucristo de tal manera que podemos decir: “Mas no vivo yo, sino Cristo vive en mí.” Y nosotros, usted va estar de acuerdo con esto, vasos indignos, ¿no es cierto? Pero eso lo que Jesucristo le da a aquellos que vienen a Él como piedra viva. Su vida se vuelve nuestra vida y somos edificados en Él en esa casa espiritual, la cual es la morada de Dios, el Espíritu. ¡Qué privilegio, qué privilegio tan exaltado y qué tan mundano es cualquier otro tipo de vida! Ese es uno. Hay por lo menos once. Inclinémonos juntos en oración.

Padre, nuestros corazones se regocijan en esta noche. Se regocijan por el día en el que venimos a la Piedra viva; se regocijan porque hemos venido y permanecemos en Él, quedándonos para disfrutar de esa comunión rica y así poder conocer la plenitud de la bendición. Señor, gracias por estos privilegios, gracias por ordenar la magnificencia de múltiples colores de Cristo, para que podamos ver la belleza de la unión con Él. El que se une al Señor, un espíritu es con Él, dice Pablo en 1 Corintios 6:17. ¡Qué pensamiento! Uno con Cristo, nuestra vida escondida con Cristo en Dios. Su vida en nosotros. Su poder en nosotros. Su servicio a través de nosotros. Su voz saliendo de nosotros. Su amor reflejando a partir de nosotros, unión con Él. ¡Oh, que pensamiento! Que pecadores indignos pudieran ser uno con el Dios viviente. ¡Qué privilegio! Somos tan indignos, pero honramos al Hijo en gratitud por un privilegio de esta magnitud. En Su querido nombre oramos. Amén. 

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