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Abramos nuestras Biblias de nuevo esta noche para nuestro estudio de privilegio espiritual… Privilegio espiritual. Y estamos viendo 1 Pedro, capítulo 2, versículos 4 al 10. Les dije la semana pasada que iba a tomar un poco de tiempo cubrir todo esto; lo vuelvo a reiterar, debido a la grandeza del texto, por la amplitud de lo que contiene, debido a la riqueza de cada elemento individual en este pasaje, nos va a tomar un poco de tiempo avanzar a lo largo de esto. No queremos perder nada en el proceso; y por ello vamos a ser tan cuidadosos como podamos, conforme avanzamos lentamente para absorber esas ideas principales que el Espíritu de Dios nos ha expresado en este texto.

Ahora, comenzando en el versículo 4, el apóstol Pedro bosqueja los grandes privilegios espirituales que pertenecen a los hijos de Dios. Él ha estado hablando acerca de deberes. Él ha estado hablando acerca de obligaciones. Y ahora cambia; y se concentra en privilegios.

Al estar pensando en eso, supongo que podría ser apropiado que la mayoría de nosotros como cristianos probablemente vemos nuestra vida cristiana más desde el punto del deber que desde el punto de vista de privilegio. Eso sería el caso de la mayoría de nosotros. Suponemos, me imagino que mientras que usted está en este mundo, el deber reinar como el supremo. Y algún día, cuando lleguemos al cielo, entonces el privilegio se va a coronar. Parecemos ser lo suficientemente honestos como para decirnos a nosotros mismos: “Siento más la presión de mi deber espiritual que el gozo debe privilegio espiritual.” Y es verdad que la mayoría de nosotros pensamos que la vida aquí es un deber y la vida en el cielo es un privilegio. En el cielo, vamos a tener paz perfecta, armonía perfecta unidad perfecta. Veremos al Señor Jesucristo. Estaremos en la presencia de Dios. Tendremos gozo perfecto, descanso perfecto, conocimiento perfecto, sabiduría perfecta, bendición perfecta. En el cielo, recibiremos la recompensa de nuestro servicio a Cristo. Tendremos la comunión de todos los santos redimidos de todas las épocas. Estaremos en la presencia de los ángeles santos. Caminaremos por calle doradas y entraremos por puertas hechas de perla. Tendremos una ciudad de joyas como la capital de nuestra morada eterna. Habrá libertad de la enfermedad y el pecado y el dolor y la muerte. Y el cielo es todo privilegio y nada de deber.

Pero eso realmente no es verdad. Mientras que el cielo será un privilegio grande y glorioso, también habrá deber ahí conforme adoramos y honramos y exaltamos a Dios. Y por otro lado, mientras que esta vida primordialmente es deber desde el punto de vista de la lucha que enfrentamos contra nuestra carne y conforme nos esforzamos por vivir una vida piadosa, también es verdad que disfrutamos de privilegios inmensos. Entonces, tanto en esta vida como la vida venidera, debemos entender el deber espiritual y el privilegio espiritual. Estamos viendo entonces lo que podríamos considerar lo mejor de los dos, esto es nuestro privilegios espirituales.

Ahora, regrese al versículo 4 conmigo, si es tan amable, para poder prepararnos para iniciar nuestro texto. Recordará, como dijimos la última vez, que la primera frase “acercándoos a Él,” debe ser bosquejada. Eso señala nuestra salvación hacia delante. Venimos a Cristo para salvación. Y fue al venir a Él que nacieron todos nuestros privilegios de virtuales. Es a partir de nuestra venida de Cristo que todas las cosas buenas se vuelven nuestras. Venimos a Él como a una piedra viva. Y por cierto, la piedra viva es un concepto mesiánico. El término “piedra” utilizado en el Antiguo Testamento se usa para referirse al Mesías venidero, pero esta “piedra” está viva; y eso apunta a Su resurrección. Él es una piedra viva, la principal piedra del ángulo del Reino que Dios está construyendo. Y entonces, venimos a Él, quien es el Mesías, la piedra viva, la piedra angular en el gran Reino espiritual que Dios está edificando.

Notarán que Pedro dijo que él fue desechado por los hombres. Los hombres, recordarán ustedes, dijimos en la última ocasión, fueron los evaluadores auto designados, orgullosos, arrogantes, convencidos por sí mismos de que estaban en lo correcto. Eran los evaluadores de Cristo y Su valor. Y ellos evaluaron, después de examinar de cerca a Jesús, que Él era una piedra indigna; y lo crucificaron. Él no era la piedra angular apropiada de la casa religiosa que ellos asumieron que Dios quería edificar. Entonces, Cristo fue desechado por los hombres, continúa siendo rechazado por los hombres; y sin embargo dice en el versículo 4 que Él fue escogido y precioso por Dios.

Entonces, Dios escogió a Cristo. Dios lo ha identificado como la piedra preciosa, la cual es entonces presentada a todo creyente que viene; y es introducido en privilegio espiritual grande y enorme. Somos los bendecidos del mundo. Hemos entrado al privilegio espiritual.

Ahora, en cierta manera, usamos un caleidoscopio como una forma de expresar los conceptos aquí. Es como si Pedro tomara estas piedras preciosas acerca de Cristo y a los creyentes como piedras vivas y rotara el pequeño caleidoscopio para colocar esas piedras en un orden diferente - todas las cuales demuestran diferente belleza y maravilla y el retrato y la imagen de lo que significa poseer privilegio espiritual.

En primer lugar, y señalamos esto la última vez, permítame repasarlo brevemente, el primer privilegio espiritual que señalamos es unión con nuestro Señor. Unión con nuestro Señor. Versículo 5: “Vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual.” Ahora, la unión es señalada de dos maneras. Él es una piedra viva, nosotros somos piedras vivas. Por lo tanto, poseemos la misma naturaleza, la misma identidad, esto es la misma cualidad de existencia, la misma calidad de existencia, el mismo tipo de vida como Cristo. Somos uno con Él en términos de la esencia de nuestro ser.

En segundo lugar, estamos siendo edificados como una casa espiritual. Y señalamos que Cristo es la piedra angular y los creyentes se vuelven las piedras que suben a partir de allí para edificar la casa espiritual, la cual Pablo dice que se convierte en la morada del Espíritu. Entonces nuestra unión con Cristo es ambas porque somos piedras vivas conforme Él es una piedra viva y debido a que como la casa misma, la casa misma espiritual de Dios, Él mora en nosotros. Entonces, estamos en unión con nuestro Señor. En virtud de la naturaleza que Él nos ha dado somos como Él y somos la casa en la cual Él vive. Esa la razón por la que las recuerdo Primera de Corintios 6 enfatiza cuando dice en el versículo 17: “El que se une al Señor, un espíritu es con Él.” Y después, en el versículo 19: “Vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo que está en vosotros.” Entonces, estamos unidos con Cristo, uno en esencia, uno en vida, uno en naturaleza, somos partícipes de la naturaleza divina, dice Pedro. Y somos la habitación del Espíritu. Esa es la razón por la que en Gálatas 2:20 Pablo dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, mas no vivo yo, si no vive Cristo en mí.” Esta es la razón por la que les escribe a los colosenses: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Ahora, sabemos eso. Pero mantenga eso en mente; eso es el primer privilegio espiritual… unión con nuestro Señor, unión espiritual con el Señor Jesucristo vivo.

Las implicaciones de estos son increíbles, realmente son tremendas, sorprendentes. Él vive a través de nosotros. Él ama a través de nosotros. Él habla a través de nosotros. Él sirve a través de nosotros. Inclusive, Él adora a Dios a través de nosotros. Su vida en nosotros es eterna, inmortal, duradera. Su vida en nosotros nos controla, hace que todas las cosas sean para nuestro bien, nos conforma a sí mismo. Él está disponible a nosotros para toda necesidad, toda prueba, toda posible circunstancia de la vida. ¡Qué privilegio!

Ahora llegamos al privilegio número dos. No sólo disfrutamos la unión con nuestro Señor sino que quiero que usted continúe este pensamiento a partir de la Palabra de Dios esta noche, disfrutamos… Llamémosle admisión a nuestro Señor o si le gusta, acceso… admisión o acceso. Ése es un gran privilegio. Usted reconoce, no es cierto, que la mayor parte del mundo que nos rodea, la gente no redimida, no conoce a Dios. Ellos no tienen acceso a Dios. Ellos nunca son admitidos en Su presencia. De hecho, la Biblia dice que ellos están lejos. La Biblia dice que no conocen a Dios. La Biblia dice que no son bienvenidos en Su presencia. Y es verdad que en las religiones del mundo inclusive las deidades que los seres humanos inventan están remotas, son indiferentes, son apáticas hacia los problemas humanos y los hombres las apaciguan, pero no desean acercarse a ellas. Pero nosotros, como creyentes, tenemos admisión completa la presencia de Nuestro Señor.

Esto ni siquiera era verdad, por cierto, en el Antiguo Testamento, en la economía del Antiguo Testamento de Israel. Mientras que había un sentido en el cual los judíos podían orar a Dios y acercarse a Su presencia espiritualmente, no podían acercarse a Su presencia físicamente. Usted recordará que cuando Dios descendió en el monte Sinaí, Él advirtió al pueblo que ni siquiera se acercara el monte, ni siquiera tocara el monte, ni siquiera se acercara al lugar Santo de Su presencia. Y claro que se acuerda de que nadie más que el sumo sacerdote, una vez a lo largo del año, podía entrar al lugar santísimo y ser admitido en la presencia del Señor Dios. Sin embargo, en el antiguo pacto, aquello que era únicamente para el sacerdocio se vuelve la oportunidad y el privilegio de todo cristiano.

Observe el versículo 5, él dice: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” Ahora, escuche conforme pensamos en este pensamiento maravilloso. En primer lugar, él dice que somos el templo. Somos la casa espiritual y después, en cierta manera cambia el enfoque en medio de su metáfora y dice que no sólo somos la casa espiritual, el templo de Dios si no sacerdotes funcionando en el templo. Y él pasa a otra dimensión de nuestro privilegio espiritual. No es como era en el Antiguo Testamento. No es como era cuando únicamente cierto orden de sacerdotes podía acercarse a Dios y sólo un sumo sacerdote podía de hecho entrar al lugar santísimo una vez al año. No es como era cuando Dios era intocable y se les restringía a los hombres el acceso a Su presencia. Bajo la economía del Antiguo Testamento, había señales por todos lados “No se admite… No se admite… No se admite… Manténgase alejados… Manténgase alejados.” De hecho, cuando el sumo sacerdote en el día de la expiación, Yom Kippur, entraba lugar santísimo, era un acontecimiento tan sagrado que tenía que someterse al proceso de lavado ceremonial como también su confesión espiritual, tenía que ofrecer un sacrificio por su propio pecado para asegurarse de que estaba limpio y cuando iba, tenía campanas en su atuendo porque si moría ahí, ellos necesitaban saber eso. Y si las campanas dejaban de sonar, sabían que había sido matado por el juicio ardiente de Dios por entrar a un lugar santo de una manera impía. Y entonces, era un acontecimiento aterrador inclusive ser admitido a la presencia de Dios por raro que fuera, sólo un hombre una vez al año.

Más allá del sumo sacerdote, sólo había un sacerdocio; y sólo un sacerdocio podía ofrecer sacrificios a Dios. Y cualquier persona que entraba en ese sacerdocio y trataba de hacer eso sin ser un verdadero sacerdote, estaba en peligro de juicio severo. Uza pisó cosas santas que le costaron su vida. Él rey Asías funcionó como un sacerdote, sintiéndose orgulloso y muy invencible porque había reinado durante cincuenta y dos años en la tierra de Dios y él pensó que podía entran en la función sacerdotal y Dios hizo que tuviera lepra y murió. Saúl trató de funcionar como sacerdote, Dios maldijo su línea y dijo “de tus lomos ningún rey jamás vendrá.” Coré y sus compañeros rebeldes trataron de entrar en la esfera sacerdotal; y el suelo se abrió y los tragó a todos. Como puede ver, entrar en la arena sacerdotal sin que usted fuera ordenado por Dios en esa responsabilidad, significaba que usted arriesgaba su vida de manera seria.

Pero, en el nuevo pacto, en el Nuevo Testamento, somos un sacerdocio santo. Todos nosotros. De hecho, observe ahí en el versículo 9, entraremos en esto más adelante, somos sacerdocio real, un sacerdocio real, un sacerdocio santo. Somos separados y se nos da admisión por parte de Dios, acceso a Su presencia.

Ahora, sin haber estados involucrados nunca en el judaísmo, el judaísmo antiguo, claro, que ya no existe, realmente no entendemos los elementos del sacerdocio que se vuelven nuestros. Y entonces, en un sentido muy real somos aún más pobres porque aquí estamos diciendo ‘sí, somos sacerdotes santos.’ Y alguien pregunta ¿qué significa eso? No sé, pero ¿no es eso maravilloso? ¿No es algo encantador? Tenemos acceso a Dios.” Pero, ¿qué es un un sacerdote? ¿Cómo debemos entender al sacerdocio? Entonces, pasé algún tiempo esta semana básicamente estudiando al sacerdocio del Antiguo Testamento para mostrarle a usted lo que significa ser un sacerdote. Ahora, esta es una realidad de todos nosotros. Somos un sacerdocio santo que ofrece sacrificios espirituales aceptables a Dios a través de Jesucristo. Los sacerdotes del antiguo pacto tenían realmente un trabajo, ofrecer sacrificios aceptables a Dios. Y eso es a lo que se nos llama. Ese es el privilegio que se nos da.

Ahora, entender el sacerdocio, creo que va a ser fascinante para usted, una lección del Antiguo Testamento en esta noche. Quiero usar tres pasajes. Se podrían usar varios, pero quiero que subraye estos y quizás estemos brincando un poco adentro y afuera de ellos. El primero es Éxodo 28 y 29. El segundo es Levítico 8 y 9. Y el tercero es Malaquías 2 o como algunos han dicho, el gran profeta italiano Malaqui, lo encontrará ahí en su Biblia.

Éxodo 28 y 29, Levítico 8 y 9 y Malaquías, capítulo 2. Ahora, permítame decirle cuál es la diferencia entre estos, ¿muy bien? En Éxodo usted tiene los mandatos de Dios concernientes al sacerdocio. Éxodo 28 y 29 Dios presenta el estándar para el sacerdocio, identifica el oficio, define cómo funciona, presenta los principios. Después, en Levítico 8 y 9 los sacerdotes son inaugurados en esa responsabilidad. La responsabilidad es descrita en Éxodo y los hombres son inaugurados en esa responsabilidad en Levítico 8 y 9. Malaquías 2 viene mucho después en términos de historia; pero compara a un sacerdocio apóstata en la época de Malaquías con un verdadero sacerdote como fue constituido en los primeros años del sacerdocio. Entonces, Éxodo es importante por su definición del sacerdocio. Levítico es importante por su inauguración de ese sacerdocio y Malaquías es importante por su contraste entre un sacerdocio apóstata y el sacerdocio legítimo ordenado por Dios.

Al colocar esos tres pasajes juntos terminé con 10 características de un sacerdote del Antiguo Testamento, ¿muy bien? Y usted debe escuchar y entenderlas porque enlistan su privilegio espiritual como sacerdote. Son un paralelo de la naturaleza y las características del sacerdocio del creyente.

Principio número uno; número uno. Los sacerdotes fueron escogidos por Dios. Los sacerdotes fueron escogidos por Dios. Regresemos ahora a Éxodo, capítulo 28… Éxodo, capítulo 28. Dios habla en el versículo 1 de este capítulo grande y significativo. Dios estamos bosquejando todos los detalles del sacerdocio y observe el versículo 1. Dios dice: “Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano,” Dios le está hablando Moisés, “y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón.” Sea tan amable de notar que nadie se ofreció para el sacerdocio. ¿Se da cuenta de eso? ¿Se da cuenta de que no se llenó ninguna solicitud y presentó a Moisés para que Él los escogiera? ¿Se da cuenta de que nadie votó para decidir quiénes iban a ser los sacerdotes? ¿Se da cuenta de que no se ofreció ningún tipo de examen de aptitudes espirituales? ¿No se dio ningún examen de aptitud intelectual? Dios escogió soberanamente a Aarón, Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar y de sus lomos iba a venir el sacerdocio escogido por Dios.

Entonces, la primera característica del sacerdocio es que es un privilegio por elección… Es un privilegio por elección. Y entonces, así es, amados, con nuestro sacerdocio, ¿no es cierto? ¿Acaso Jesús no le dijo a los discípulos en Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a Mí, sino” ¿Qué? “Yo os elegí a vosotros…” Somos los escogidos, los elegidos de Dios, escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Escogidos… Elegidos. Y si usted en la actualidad es un sacerdote es porque usted es cristiano. Y si usted es cristiano es porque ustedes fue escogido desde antes de la fundación del mundo para pertenecerle a Dios.

Ahora, otro comentario que encaja aquí; y esto es realmente muy enriquecedor. Permítame contarle algo de Aarón, ¿muy bien? Permítame contarle que Aarón formaba parte de la tribu de Leví. ¿Muy bien? Y así fueron todos sus hijos. La tribu de Levi fue entonces la tribu elegida para ser los sacerdotes. Y de la tribu de Leví, los hijos de Aarón. Hubo otras personas de la tribu de Leví; había levitas que ayudaban a los sacerdotes. Pero a través de los lomos del levita Aarón vino el sacerdocio. Ahora, usted necesita entender algo acerca de la tribu de Leví para ayudarle a entender algo de lo que está pasando. Génesis 49, versículo 5. Escuche esto. “Simeón y Leví son hermanos; Armas de iniquidad sus armas.” Leví era violento. “En su consejo no entre mi alma, Ni mi espíritu se junte en su compañía. Porque en su furor mataron hombres, Y en su temeridad desjarretaron toros.” Eso es algo muy severo que alguien puede hacer, al amputar a los toros, les quitaban la capacidad de sembrar en el campo y por consiguiente, de ganarse la vida para alimentar a su familia. “Maldito su furor, que fue fiero; Y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, Y los esparciré en Israel.”

Un lindo grupo, ¿no es cierto? Ese es Leví. Violentos… “En su consejo no entre mi alma” dice Jacob. No quiero acercarme a ellos. En su enojo, mataron hombres. Dañaron a los toros. Están literalmente maldecidos, maldito sea su enojo porque es feroz y su ira porque es cruel. Y los voy a dispersar.

Permítame decirle algo que es muy importante. ¿No es interesante que cuando el Señor escogió a Sus sacerdotes escogió a una tribu que era conocida porque había sido maldecida? Escogió una tribu que era conocida por su violencia. Escogió una tribu que era conocida por su pecaminosidad. Sí, los sacerdotes fueron escogidos de en medio de los débiles, de los frágiles, de los pecaminosos. No vamos a estirar esto para decir que Leví fue una de las tribus menos respetada, habiendo sido maldecida, una de las tribus menos respetada. Y los descendientes de Leví vivieron bajo esa maldición. Y sin embargo, fue esa misma tribu que Dios escogió para que de ahí vinieran los sacerdotes. ¿Cree que hay un mensaje ahí? Jesús dijo: “No he venido a llamar a los justos sino a…” ¿Quién? “… A los pecadores al arrepentimiento.”

Hebreos 7:28 dice esto: “Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres;” es una confirmación… Es una confirmación. ¡Qué realidad tan alentadora! Fueron escogidos por Dios pero eran débiles, maldecidos, pecadores. ¿Y me permite decirle que Dios todavía está escogiendo el mismo tipo de personas? ¿No es maravilloso que nosotros, quienes somos los débiles y los maldecidos, los pecaminosos, hemos sido escogidos para ser los sacerdotes del Dios altísimo? ¿Se acuerda de estas palabras? Primera de Corintios 1:26: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación,” esto es su vocación, su llamado a la salvación, su elección, “que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia.” Dios escogió la gente que no se podía jactar, los débiles, los comunes, los pecaminosos, los maldecidos. Sí, todavía está escogiendo a Sus sacerdotes de en medio de los más bajos así como escogió a Aarón, un hijo de Leví.

La primera característica del sacerdocio, los sacerdotes son escogidos por Dios. Segundo, los sacerdotes los sacerdotes son limpiados de pecado. Los sacerdotes son limpiados de pecado. Antes de embarcarse en sus deberes sacerdotales, había una limpieza. Pasemos a Levítico, capítulo 8, el segundo de nuestros pasajes que veremos. Y en Levítico capítulo 8, quiero que en cierta manera veamos esto porque esto es tan maravilloso. Recuerde que le dije que este es el tiempo de inauguración, cuando son presentados los principios en Éxodo y son aplicados conforme los sacerdotes son designados en sus responsabilidades. Y en Levítico, capítulo 8, versículo 6, “Entonces Moisés hizo a acercarse a Aarón y a sus hijos y los lavó con agua.” Es en la primera indicación que debe haber una limpieza. Ese es un símbolo exterior de una necesidad interior. Ellos fueron lavados con agua. Y ahí continúa: “Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim.” Esto significa que Aarón le dio los atuendos, la ropa, los artículos sumo sacerdotales como se le había prescrito en Éxodo. “Después, puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés.”

“Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó. Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente y su base, para santificarlos. Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo. Después Moisés hizo acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras, como Jehová lo había mandado a Moisés. Luego hizo traer el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiación, y lo degolló; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar, y lo santificó para reconciliar sobre él. Después tomó toda la grosura que estaba sobre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones, y la grosura de ellos, y lo hizo arder Moisés sobre el altar. Mas el becerro, su piel, su carne y su estiércol, lo quemó al fuego fuera del campamento, como Jehová lo había mandado a Moisés.” Después, viene el versículo 18. “Después hizo que trajeran el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero; y lo degolló; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor, y cortó el carnero en trozos; y Moisés hizo arder la cabeza, y los trozos, y la grosura. Lavó luego con agua los intestinos y las piernas, y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar; holocausto de olor grato, ofrenda encendida para Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.”

“Después hizo que trajeran el otro carnero, el carnero de las consagraciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. Y lo degolló; y tomó Moisés de la sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho. Hizo acercarse luego los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor. Después tomó la grosura, la cola, toda la grosura que estaba sobre los intestinos, la grosura del hígado, los dos riñones y la grosura de ellos, y la espaldilla derecha. Y lo puso todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hizo mecerlo como ofrenda mecida delante de Jehová. Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, y las hizo arder en el altar sobre el holocausto; eran las consagraciones en olor grato, ofrenda encendida a Jehová.”

Y tomó Moisés el pecho, y lo meció, ofrenda mecida delante de Jehová; del carnero de las consagraciones aquella fue la parte de Moisés, como Jehová lo había mandado a Moisés.”

“Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él.”

Esa es realmente una operación. ¿Qué es esto? Ofrenda por el pecado, ofrenda de holocausto. Ofrenda de consagración. Lavado, todo dice lo mismo. No puede entrar al sacerdocio a menos de que haya sido lavado, limpiado, perdonado de pecado. Limpieza total de arriba hacia abajo. De pie a oído. ¿Por qué el oído derecho? Para santificar el oído para escuchar la Palabra de Dios. ¿Por qué el pulgar derecho? Para santificar las manos para el trabajo, la obra de Dios. ¿Por qué el dedo del pie derecho? Para santificar los pies para caminar de Dios, la palabra, el trabajo y el andar, el caminar.

Limpieza… Y ustedes, Amamos, ustedes no podían ser llamados al sacerdocio sino habían sido limpiados de su pecado, ¿verdad? Si no habían sido lavados. Esa la razón por la cual nuestro Señor Jesús le dice a Sus discípulos en el Evangelio de Juan capítulo 13 versículo 8, Él les dice que si no los lava, no tendrán parte con Él: “Jesús le dijo: ‘El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.’” Dice que Jesús lavó a Su pueblo.

De hecho, Tito, en el capítulo 2, versículo 14 dice que Cristo se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda impiedad y purificar para sí mismo un pueblo para sí mismo celoso de buenas obras. Él nos salvó, nos purificó. En el capítulo 3 de Tito, versículo 5, Él nos salvó por el lavamiento de la regeneración.” Él nos lavó en la palabra. Nos lavó en Su sangre. En un sentido, Él nos lavó en Su Espíritu. Es lo que está diciendo este texto. Y usted se volvía un sacerdote porque era limpiado.

El tercer principio en relación al sacerdocio, no sólo eran llamados al servicio y limpiados para el servicio, en tercer lugar, eran vestidos para el servicio. Eran vestidos para el servicio. Y esto es fascinante. Nuevamente, de regreso en el Antiguo Testamento en Éxodo, nos moveremos con mayor rapidez aquí, en Éxodo capítulo 28, versículo 42 dice que los sacerdotes tenían que usar ropa de lino para cubrir su carne desnuda e iban desde los lomos hasta los muslos. Tenían que utilizar unos pequeños shorts para cubrir sus órganos. Éste era un elemento de su ropa mencionada en Éxodo 28.

Ahora, si usted me acompaña a Levítico, veremos que ahí se menciona el resto de la ropa. Comenzó con un par de shorts como una ropa interior. Y después, en Levítico capítulo 8, y por cierto eso simboliza pureza, pureza sexual. Usted llega a Levítico, capítulo 8 y recordamos que Aarón y sus hijos se acercaron. Versículo 7 dice que había una túnica, un cinto, un manto, el efod y tenía un cinto que sostenía el efod. Después estaba la pechera, una parte que cubría el pecho, después, el turbante sobre la cabeza. Y después, la placa de oro, la corona dorada así como el Señor le había dado a Moisés.

Se les había dado atuendo especial. Y todo simbolizaba su llamado único -escuche esto- a la pureza y la virtud y a la identificación con Dios. Cuando usted veía el atuendo de un sacerdote, simbolizaba pureza, virtud o identificación con Dios como representante de Dios. Eran llamados a la santidad. Eran llamados a mantenerse separados. Eran llamados a verse diferente para que toda persona supiera que pertenecían a Dios. La virtud y la santidad se manifestaban en sus ropas.

En el Salmo 132, versículo 9, encontramos la importancia espiritual de esto. “Que tus sacerdotes se vistan de justicia.” Versículo 16: “También sus sacerdotes Yo vestiré con salvación.” Entonces, amados, tomemos un tercer paso. Usted es sacerdote porque es llamado por Dios a la salvación. Usted es un sacerdote porque fue limpiado por la sangre de Cristo en el lavamiento del agua por la Palabra. Y usted es un sacerdote, quien ha sido vestido de justicia. Usted ha sido vestido con la ropa de salvación, como dice Isaías, la túnica de justicia, esto es la justicia de Cristo que se le ha acreditado a usted, se le ha imputado. Primera de Corintios 1:30 dice que Cristo Jesús ha sido hecho por nosotros justificación, santificación. Esa es otra característica de un sacerdote. A través de Cristo, nos hemos convertido en la justicia de Dios en Él.

Entonces, escogido para servicio, limpiado para servicio, vestido para servicio. En cuarto lugar, los sacerdotes fueron escogidos para servicio. Fueron ungidos para servicio. Ahora, mencioné dos veces al leer Levítico 8, y no voy a regresar, versículo 12 y versículo 30, no necesita verlo. Pero esos versículos son buenas ilustraciones de la unción. El versículo 12 dice que Él derramó algo del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón. Versículo 30, el aceite de la unción fue rociado sobre Aarón, en su ropa, en sus hijos, en el atuendo de sus hijos con él; y fue apartado como lo fueron sus hijos.

¿Qué es esto de la unción? Bueno, realmente es muy simple. Era la identificación de que el poder y la presencia de Dios reposarían en los sacerdotes. Simbolizaba a Dios el Espíritu. ¿Y no es verdad que en el nuevo pacto nosotros, que somos sacerdotes, hemos sido ungidos con el Espíritu Santo? En Primera de Juan se nos recuerda de esto de manera maravillosa. Dice que somos aquellos que hemos sido dotados de manera especial con el Espíritu. Primera de Juan 2:20 dice “Y vosotros tenéis la unción del Santo.” Y más adelante, en el mismo capítulo, dice que esa unción, versículo 27, la que recibisteis de Él, permanece en vosotros. Entonces, tenemos una unción del Santo que permanece en nosotros, es bastante fácil saber quién es. ¿Quien permanece en nosotros? El Espíritu Santo. Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.

Ahora, los sacerdotes en el Antiguo Testamento no eran como el resto de la gente. Tenían una unción especial. El poder de Dios reposaba sobre ellos. Usted preguntará: “¿Acaso el Espíritu Santo equivale a poder?” Sí, Hechos 1:8: “Recibiréis poder después de que el Espíritu Santo”… ¿Qué?… “Venga sobre vosotros.” Entonces, como sacerdotes, hemos sido escogidos por Dios, hemos sido limpiados por Dios, hemos sido vestidos por Dios en justicia y hemos sido ungidos por Dios con poder por la presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros. Apartados para una autoridad privilegiada poderosa. Los sacerdotes en el antiguo pacto podían hacer lo que nadie más podía hacer, podían ir donde nadie más podía ir, podían actuar en maneras que nadie más podía actuar. Porque tenían autoridad especial, privilegio pericial, derecho especial, poder especial; y eso se nos ha concedido en la unción del Espíritu de Dios.

En quinto lugar, la quinta un característica del sacerdocio. Fueron preparados para sus deberes… Fueron preparados para el servicio. No sólo capacitados o ungidos para ello, sino preparados para ello. Y quiero extraer esto del capítulo 8 y 9 de Levítico, en donde vemos un retrato perfecto y el emblema del sacerdocio. Si es tan amable en notar que después de toda esta preparación, observe esto, después de que los habían escogido, limpiado, vestido y ungido, versículo 33 de Levítico 8 dice: “De la puerta del tabernáculo de reunión no saldréis en siete días, hasta el día que se cumplan los días de vuestras consagraciones; porque por siete días seréis consagrados.”

Después, ahí en el capítulo 9, versículo 4: “Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paz, que inmoléis delante de Jehová, y una ofrenda amasada con aceite; porque Jehová se aparecerá hoy a vosotros.” En el versículo 23: “Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.”

Lo que la palabra de Dios está diciéndonos aquí es “mira, todo aquí está en orden, pero que antes de que de hecho pueden funcionar como sacerdotes, hay una preparación de corazón que es necesaria. Hay un período de espera. Un tiempo de preparación de corazón.’ Y realmente creo que esos siete días son simbólicos de la preparación espiritual, de la preparación espiritual, de la preparación de mente y preparación de corazón que considera la seriedad de nuestro sacerdocio. Usted se acuerda del apóstol Pablo en Gálatas 1, él dice ‘después de mi conversión y después de mi llamado a predicar el evangelio a los gentiles,’ versículo 16, ‘yo no consulté inmediatamente con carne y sangre. No fui a Jerusalén a aquellos que eran apóstoles antes de mí. ¿Yo fui adónde? A Arabia por tres años.’ Pablo había sido llamado, Pablo había sido limpiado, Pablo había sido vestido con justicia. Pablo había sido ungido con el don del Espíritu Santo. Pero él se fue por un tiempo de preparación. Creo yo que la analogía sacerdotal encaja con la preparación para el servicio sacerdotal en el nuevo pacto también. Debe haber un tiempo de preparación de corazón en el cual consideramos el gran privilegio y la gran responsabilidad del servicio espiritual.

E inclusive, yo llegaría al punto de decir, y no quiero presentar un punto mediante una analogía, que cuando una persona hace una profesión de fe en Jesucristo, el Espíritu de Dios normalmente lleva a cabo una obra de maduración en el corazón de ese maravilloso regalo de salvación antes de que haya una preparación de que esté listo para el ministerio espiritual, un tiempo de preparación en el cual uno piensa profundamente en el compromiso espiritual que se ha hecho y en el cual el Espíritu de Dios prepara el corazón para el servicio sacerdotal.

Número seis… Número seis, los sacerdotes no sólo fueron preparados para sus deberes, fueron ordenados para la obediencia… Fueron ordenados para la obediencia. Amados, si son tan amados de pasar conmigo a Levítico, capítulo 10. Quiero mostrarles una de las porciones más tristes de las Escrituras… Rompe nuestro corazón, es algo absolutamente trágico. Aquí hablamos de ir de lo alto a lo bajo, aquí está realmente. Estos sacerdotes habían sido llamados, habían sido limpiados, habían sido vestidos, habían sido capacitados con autoridad mediante una unción, habían pasado por un período de espera para la preparación del corazón; y después, llegó un momento en el que ellos se embarcaron en el ministerio. El fuego de Dios descendió al final de los siete días y quemó los sacrificios. Y al principio del capítulo 10, se embarcan en su ministerio. Versículo 1: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que Él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.”

¿Puede imaginarse el shock? La asamblea entera está ahí. Acaban de iniciar su sacerdocio. Acaban de ser metidos al sacerdocio y ahora están trabajando en su primer acto sacerdotal y lo hacen mal. Y el fuego los quema hasta consumirlos en el primer día de su ministerio sacerdotal. ¿Por qué? Moisés le dijo a Aarón, quien debió haber estado asombrado, boquiabierto, “Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: ‘En los que a Mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado.’ Y Aarón calló.” Él quería protestar, él quería reclamar: “Dios, ¿por qué quemaste a mis hijos?” Ni siquiera podemos imaginarnos el shock de un padre viendo eso. Un padre que con gozo en su corazón esperaba el ministerio sacerdotal de sus hijos. Sería apropiado decir que lo único peor que tu hijo crezca y no vaya al ministerio sería que tu hijo crezca y pervierta el ministerio. Y eso es lo que hicieron. Y Moisés dijo: Mira, por aquellos que se acercan a Mí… Sacerdotes… Eso es lo que quiere decir… Las únicas personas que se pueden acercar a Él son sacerdotes, ‘En los que a Mí se acercan me santificaré,’ de lo contrario pasará otra cosa. Y quiero que ese mensaje sea fuerte y claro. Son ordenados para la obediencia; ése es el mensaje. Y Dios lo expresa de manera abundantemente clara; y los sacerdotes que apenas están comenzando a servir son quemados.

La gente siempre pregunta: “¿cuál fue el fuego extraño?” Bueno, quizás puedo ayudarle a comprender un poco. No puedo ser dogmático, hay varias posibilidades. La palabra hebrea para fuego extraño, extraño aquí es zuwr. Si fuéramos a ver cómo es usada esa palabra, podríamos encontrar algo de ayuda. En el Salmo 81:9 es utilizada con referencia a un dios falso. ¿Podría ser que ellos estaban usando fuego que vino del altar de un dios falso? Es utilizada en Proverbios 2:16 acerca de una mujer inmoral. Fuego que de algún modo fue inmoral en el sentido de que no vino del lugar sagrado que Dios había ordenado que debiera venir. La misma palabra zuwr es usada en Isaías 5:7 con respecto a un hijo ilegítimo o hijos ilegítimos. Entonces, el punto es éste, debió haber sido un fuego que no fue ofrecido de la manera que Dios ordenó que se ofreciera. No vino del lugar correcto, de la fuente correcta de donde Dios había ordenado divinamente que viniera. Y si usted regresa a Levítico 16, hasta Levíticos 16:12 hay una reiteración del hecho de que Dios había ordenado que el altar de bronce sería el lugar en el cual obtendrían el fuego. El altar de bronce, por cierto, nunca se apagaba y el fuego siempre estaba ardiendo; e iban ahí para obtener los carbones calientes para aprender el altar del sacrificio. Entonces, debió haber sido fuego que venía de un lugar diferente del que Dios ordenó. No era fuego auténtico. Era una ofrenda artificial en lugar de que fuera la real.

Y también, de acuerdo con Éxodo, capítulo 30, versículos 34 al 38, hay una descripción increíblemente clara y precisa del incienso. Dios les dio una receta para que supieran cómo hacer el incienso que iban a usar que nunca podía ser alterado. Quizás hubo una segunda alternativa. Quizás el fuego vino del lugar correcto, pero lo que lo hizo extraño fue que habían colocado un incienso ahí que no era el que Dios había designado en Éxodo 30:34 y 38. También es posible que lo hubieran ofrecido en el tiempo equivocado. Éxodo capítulo 30, versículo 7, dice que los sacrificios debían ser realizados en la mañana y en la tarde.

Un pensamiento más. Este era un día de gran celebración. Note el versículo 9. El Señor le habló a Aarón en el versículo 8, y ¿qué le dijo? Pobre Aarón… Pobre Aarón. Moisés le dice: “No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis,” versículo 6. No queremos que mueras, Aarón. Aarón estaba tan triste que quería morirse. El pobre hombre, un acontecimiento terrible. No dejen este lugar o podría morir, dice Moisés. Y después, el Señor le dice esto a Aarón: “Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión.” ¿Por qué creen que Él le dijo eso? ¿Por qué creen que Dios le dijo eso? ¿Podría ser porque en toda la celebración Nadab y Abiú se habían embriagado? Y no fue de dónde obtuvieron el fuego, no fue el incienso, fue más bien la manera en la que se condujeron a sí mismos, en una embriaguez ,que hizo que Dios les quitara la vida. Pudo haber sido cualquiera de esas alternativas o todas ellas. Pero fueron destruidos. Y Dios envió un mensaje a todo sacerdote después de ellos, han sido ordenados para obedecer. Y aquellos de ustedes que tienen el privilegio de acercarse a Dios, deben tratarlo de una manera santa. Somos un sacerdocio ordenado para la obediencia. Llamados a la obediencia.

¿Por lo menos nos recordamos de eso? ¿No es obvio? Primera de Pedro 1:14: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais.” Somos llamados a la obediencia.

Número siete… Número siete, debían tener en alta estima a la palabra de Dios. Debían tener en alta estima a la palabra de Dios. Y voy a darle las últimas de Malaquías, capítulo 2. Debían tener en alta estima la palabra de Dios. Malaquías, capítulo 2, Malaquías el profeta que estaba viviendo en una época terrible de apostasía en la tierra de Israel y aquí él condena a los sacerdotes apóstatas al compararlos con los principios ordenados por Dios para el sacerdocio. Observe el versículo 4 de Malaquías 2. Si puede encontrarlo, es el último libro del Antiguo Testamento. Podemos comenzar en el versículo 1: “Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento.” Ya para este entonces habían apostatado. “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a Mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón.” Aquí había un sacerdocio apóstata indiferente.

Observe esto. “He aquí, yo os dañaré la sementera, y os echaré al rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados, y seréis arrojados juntamente con él.” ¡Qué profanación tan increíble por parte de un sacerdote, que el excremento de sus fiestas fuera arrojado en sus rostros! “Y sabréis que Yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Yo hice un pacto con Leví, que de él vendrían los sacerdotes. Ustedes han contaminado eso. Y después, Él regresa en el versículo 5 y dice, como si estuviera mirando hacia atrás, al momento cuando todo comenzó: “Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de Mí, y delante de Mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví.” ¿Ve el contraste?

Y en los versículos 5 y 6, él regresa y se concentra en los primeros días del sacerdocio. La manera en la que era cuando él ordenó a los sacerdotes que debían ser fieles a la palabra de Dios. Y si usted regresa a Éxodo, y va, por ejemplo, al capítulo 32 de Éxodo, lee en el versículo 26: “Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ‘¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo.’ Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.” ¿Se acuerda de eso? ¿Se acuerda de la escena aquí? Moisés había subido al monte para recibir la ley. Regresó y el pueblo estaba adorando a ¿qué? Un becerro de oro. Y Moisés se puso de pie en la puerta y dijo ‘el que esté con Jehová, venga a mí.’ Y escuche esto: “Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.” Eso es correcto. Y después, ¿sabe lo que les dijo? “Y él les dijo: ‘Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.’” Ustedes vayan y maten a todos esos idólatras. Estos son los hijos de Leví. Y él ‘dice vayan y maten a todos’; y lo hicieron. “Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.” Permítame decirle algo. Allá atrás, al principio, los sacerdotes tomaron la palabra de Dios seriamente. La tomaron en serio. Tenían en alta estima la realidad sagrada de la palabra de Dios. Y eso es lo que Malaquías está diciendo. Que los verdaderos sacerdotes temían y estaban asombrados ante Mi nombre. Y la verdadera instrucción estaba en su boca y la injusticia no se halló en sus labios. Y Él volvió a muchos de la iniquidad. Fueron fieles a la palabra de Dios.

Desde el principio, Dios había diseñado que los sacerdotes debían ser fieles. Y desde los primeros días, Leví lo fue. En Deuteronomio 33, se les dijo a los sacerdotes que enseñaran las ordenanzas de Jacob, que enseñaran la ley de Dios de Israel. Ése era su trabajo. Eran fieles a la palabra. Por cierto, simplemente como comentario, Malaquías probablemente tiene en mente a una persona: “Mi pacto con él,” versículo 5 ¿quién es ese? Probablemente Finees, el nieto de Aarón, él era un sacerdote celoso, ¿recuerda?, quien hizo que la ira de Dios se volviera y por ello Dios lo recompensó e hizo con él un pacto de paz, Números 25. Eso es lo que él está diciendo aquí. Mi pacto con él fue uno de vida y paz. Finees se convierte en un emblema de un sacerdocio piadoso que toma la palabra de Dios en serio.

Ahora, permítame agregar rápidamente tres cosas. Número ocho, el sacerdote tenía que caminar con Dios, ellos tenían que caminar con Dios. ¿Notó el versículo 6? “Y en paz en justicia anduvo conmigo.” Caminaban con Dios.

Número nueve, tuvieron un impacto en los pecadores. Tuvieron un impacto en los pecadores. Versículo 6 dice: “Y a muchos hizo apartar de la iniquidad.”

Y número 10, fueron los mensajeros de Dios. Fueron los mensajeros de Dios. Versículo 7: “Porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.”

¿Sabe lo que significa ser un sacerdote? Los sacerdotes fueron elegidos por Dios, limpiados de pecado, vestidos para servicio y ungidos. ¿Qué significa eso? Nosotros, como sacerdotes somos elegidos, somos perdonados y limpiados. Somos vestidos de justicia. Somos ungidos con el Espíritu Santo. Los sacerdotes de la antigüedad fueron preparados para sus deberes y ordenados para la obediencia. Nosotros también, por el Espíritu maravilloso de Dios atravesamos por un tiempo de preparación entre nuestra conversión y nuestra utilidad; y nosotros también hemos sido llamados a la obediencia.

Número siete, los sacerdotes tenían en alta estima la palabra de Dios. Y así deberíamos también nosotros. En primera de Pedro 2, vimos que debemos desear como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada para que crecer por ella para salvación. Como sacerdotes, ellos caminaron con Dios. Ellos tuvieron un impacto los pecadores. Y ellos eran los mensajes del Señor. Eso es lo que significa ser un sacerdote. Bastante rico, ¿no es cierto?

¿Quiere saber algo? Eso es lo que ustedes. Es correcto. Usted ha sido elegido. Usted ha sido limpiado. Usted ha sido vestido con la justicia de Jesucristo. Usted ha sido ungido para el servicio espiritual por la morada del Espíritu Santo. Usted ha sido preparado por el Espíritu para el servicio espiritual, habiendo sido dotado por Él, capacitado con dones espirituales. Usted ha sido llamado a la obediencia porque Dios ha ordenado que usted ande en buenas obras. ¡Una verdad tan maravillosa! A usted se le ha dado el gran privilegio de tomar la palabra de Dios en serio y aplicarla a su vida. A usted se le ha dado un caminar, un andar con Dios. A usted se le ha permitido el tener un impacto los pecadores. Y usted se ha convertido en un mensajero del Señor.

¿Qué más podríamos decir? Como sacerdote, usted ahora tiene un privilegio. ¿Me acompaña para ver un último pensamiento, el cual guardaremos para la próxima ocasión? Tiene un privilegio. ¿Cuál es? El ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios a través de Jesucristo. Ahora, usted sabe qué es un sacerdote. El próximo domingo por la noche le voy a decir lo que un sacerdote hace. Ahora, usted sabe lo que es un sacerdote, ¿verdad? La próxima vez, qué hace un sacerdote.

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