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Primera de Pedro capítulo 2, versículos 4 al 10. Estamos hablando de privilegio espiritual. Lo que el Señor nos ha concedido a manera de privilegio debido a que somos Sus hijos.

Hubo un alumno de universidad que tenía un concepto más bien elevado de su intelecto. Él le dijo a un pastor en una ocasión: “He decidido que no creo en Dios.”

“Muy bien,” respondió el pastor. “¿Podrías ser tan amable de describirme al dios en el que no crees?”

Y el alumno procedió a bosquejar una caricatura más bien extraña y deformada de un dios injusto, no un Dios de bondad. Y él retrató al Dios en el que no creía. Y el pastor lo volteó a ver y dijo bueno: “Bueno, estamos en la misma frecuencia. Yo tampoco creo en ese dios.” Esa es una respuesta sabia.

¿Quién es el Dios en el que crees? ¿Y cómo es el Dios en el que crees? Me temo que la mayoría de la gente, inclusive muchos cristianos, pueden tener un concepto distorsionado de Dios, viéndolo quizás como alguien menos que bueno, menos que amable, menos que benevolente… Viendo la dificultad general de la vida, las circunstancias generales de la humanidad, las condiciones que plagan nuestra existencia en este mundo y suponiendo que Dios es menos que bueno y amable y lleno de gracia y misericordioso. Pero, como usted puede ver, eso es porque los hombres ven las cosas físicas y no las cosas espirituales. Y cualquier persona que ve con ojos espirituales puede reconocer que Dios es bueno y que Dios es amable y Dios es lleno de gracia y misericordia y benevolencia. Y ese es el Dios en quien creemos. No una caricatura de alguna deidad no amable carente de gracia, cruel, abrumadora. Sino el Dios en quien creemos es el Dios de quien el salmista dijo: “La bondad de Dios es para siempre será,” Salmo 52:1. El salmista afirmó que en toda la vida hay un sentido abrumador de la bondad de Dios.

No obstante, la gente que realmente disfruta de esa bondad de Dios son los creyentes. Son Sus hijos. Los otros que escogen rechazar a Dios, escogen rechazar Su verdad. Pero aquellos de nosotros quienes por la gracia de Dios hemos llegado a creer en Dios a través de Cristo, entendemos que Él es bueno. Dios, de hecho, en sí mismo, es un tesoro inagotable de bendición, suficiente para llenar todas las cosas. Por ejemplo, la bondad de Dios, la benevolencia de Dios, la amabilidad de Dios es vista en la creación. Digo, simplemente observe la inmensidad de la creación y vea en ella la bondad de Dios, la belleza, la variedad, el diseño complejo del orden creado. Y pienso en la inmensa variedad de placer natural que nos muestra lo bueno que Dios es. Usted se da cuenta, no es cierto, de que Dios podría haber creado un mundo café lleno de gente fea quienes se verían iguales y comieran polvo. Podría haber sido así. Pero Dios es bueno y ha llenado los días y horas de belleza maravillosa.

La bondad de Dios es también vista en el hecho de que cuando el hombre transgredió la ley de Dios inicialmente y cuando el hombre arruinó los placeres creados por Dios y los distorsionó, Dios no le dispensó ira pura y lo erradicó de la faz de la tierra. Dios templó Su juicio inclusive en contra de los impíos con misericordia; y permite de hecho que la lluvia caiga sobre los justos e injustos. De hecho, más personas injustas vieron la belleza de la puesta del sol en esta noche que personas justos. La misericordia se regocija en contra del juicio, dice Santiago 2:13. Y Dios da felicidad del hombre junto con la tristeza que el pecado produce.

Pero por sobre cualquier otra cosa, la bondad de Dios es vista en la redención. La bondad de Dios más allá de la creación, más allá de la benevolencia, conforme cae sobre todo de la humanidad, la bondad de Dios es vista de manera más clara en la redención experimentada por aquellos que han recibido el regalo de la vida eterna. Nosotros, sobre toda la creación, conocemos la bondad de Dios. Nosotros sabemos qué tan bueno es Dios. Pedro, de manera particular, aquí quiere que nos enfoquemos en la bondad de Dios como se expresa en privilegios espirituales. La bondad de Dios viene a nosotros en este texto, 1 Pedro 2:4 al 10, a través de una serie de diez grandes privilegios que se nos conceden. Todo son por gracia. No los merecemos. No los merecemos ahora como cristianos así como no los merecíamos antes de que fuéramos cristianos. No nos los podemos ganar entonces, no nos los podemos ganar ahora. Son regalos de gracia de un Dios bueno quien es el Padre de las luces de quien toda buena dádiva y todo don perfecto desciende; y en quien no hay mudanza ni sombra de variación.

Y entonces, conforme regresamos nuevamente a 1 Pedro, capítulo 2, vamos a enfocarnos en la bondad de nuestro Dios. Enfoquémonos en la inmensidad de Su bondad como se demuestra en privilegios espirituales dados en este texto. Quisiera recordarle los primeros dos privilegios que ya hemos estudiado por varias semanas.

Privilegio número uno es unión con nuestro Señor. Vayamos al texto por un momento. Versículo 4 dice: “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Ahora, en primer lugar, recordará que vimos que al venir a Él venimos a una piedra viva. Entramos a eso a detalles. Pero después, en el versículo 5, “también nosotros somos piedras vivas y somos edificados como casa espiritual y sacerdocio santo.” Hablamos de que uno de los grandes privilegios que tenemos es unión con el Señor. Él es la piedra angular y nosotros somos edificados como una casa espiritual con Él. Tenemos unión con el Cristo vivo. ¡Qué gran verdad!

En segundo lugar, no sólo tenemos unión con el Señor, sino que tenemos acceso al Señor. Eso es porque somos sacerdotes. ¿Sería tan amable de notar ahí en el versículo 5? Somos un sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales a Dios por medio de Jesucristo. Sólo los sacerdotes tenían acceso en el Antiguo Testamento; nosotros, como sacerdotes, tenemos acceso a Dios. Dios nos ha dado acceso. Dios nos ha dado una puerta abierta. Dios nos ha mandado que vengamos a Su presencia. Él ha abierto el trono de la gracia. El escritor de Hebreos dice que podemos venir “pues, confiadamente al trono de la gracia.”

Entonces, tenemos acceso como también unión con el Señor. Y entramos a detalle en los privilegios y todo lo que se encuentra implícito en ellos. Permítame llevarlo a un tercero. Y este es uno que lo va a emocionar, lo sé. Tenemos seguridad. Seguridad en nuestro Señor. Tenemos seguridad en nuestro Señor. Esa es la palabra que quiero que mantenga en mente. Pedro voltea otra vez el caleidoscopio, este caleidoscopio de privilegio espiritual y todas las piedras de colores maravillosas de condición espiritual se vuelven a reordenar en otro maravilloso, maravilloso panorama de belleza. Y los privilegios reordenados en esta ocasión adoptan la forma de seguridad. O la convicción de confianza de que estamos seguros en Jesucristo para siempre. ¡Qué gran bondad, qué privilegio!

Observe el versículo 6: “Por lo cual también contiene la Escritura: ‘He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en Él, no será avergonzado.’” Ahora ahí es donde nos vamos a enfocar por un momento, ahí en el versículo 6. La idea clave se encuentra en no ser avergonzado, en no estar decepcionado, no estar desilusionado, no descubrir que Aquel en quien esperamos nos ha fallado. Sino que observen cómo él entra este punto de una manera maravillosa. Él dice al principio del versículo 6: “Por lo cual también contiene la Escritura.” Ahora aquí Pedro está siguiendo esta lista maravillosa de privilegios espirituales presentando una serie de textos del Antiguo Testamento. Y él las presenta con la frase “contiene la Escritura.” Es significativo que no dice “está escrito.” Porque no son citas directas. Él no está citando de manera específica las Escrituras, él meramente está haciendo referencia a su verdad; y de esta manera, en lugar de decir “está escrito,” él dice “esto contiene la Escritura.” La Escritura es la Escritura de Dios. Y él se está refiriendo a pasajes del Antiguo Testamento.

Y éste es el primero al que se refiere. “He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa.” Eso es tomado de Isaías 28:16… Isaías 28:16. La piedra que tiene en mente es Cristo. Cristo es llamado en el versículo 4 una piedra viva y aquí es llamada la principal piedra del ángulo. Él es una piedra viva en el sentido de que Él es el cimiento de su casa espiritual sobre la cual somos edificados como piedras vivas. Él es una piedra viva en el sentido de que Él es una piedra resucitada de los muertos y de esta manera está viva. Ahora, encontramos que Él no sólo es la piedra viva, el cimiento de la piedra viva sino que Él es la piedra angular. Una verdad muy importante. De hecho, ese texto de Isaías 28:16 es también citado por Pablo en Romanos 9:33. Era un texto del Antiguo Testamento muy conocido y muy importante. Hablaba del Mesías. Hablaba del Cristo venidero. Y prometía que cuando Cristo viniera, Él sería la piedra angular para poder construir el nuevo templo de Dios, la nueva casa de Dios.

La frase “he aquí” llama nuestra atención. Es Dios llamándonos a que pongamos atención para ver esta piedra. Él dice: “Pongo en Sión.” En Isaías, por cierto, se refiere Jerusalén. Sión en la ciudad de Dios también conocida como Jerusalén. Isaías la llama Jerusalén; y aquí, como dije, Pedro tomándose la libertad de dar el enfoque general del texto, usa la palabra Sión. Ambas se refieren a lo mismo debido a que Jerusalén es la ciudad que ocupa el monte Sión.

En términos figurados, Sión es la esfera del nuevo pacto de la gracia. Sinaí es la esfera del antiguo pacto de la ley. Y creo que esa la razón por la que Pedro escoge referirse a Sión; porque está enfatizando el nuevo pacto.

Observe que dice “pongo en Sión la principal piedra del ángulo escogida.” Escogida significa elegida, la piedra elegida, escogida por Dios. Cristo es elegido, el elegido de Dios. Le podría parecer interesante saber que esto encaja en gran parte de la manera de pensar judía. Si usted regresara a Primera de Reyes capítulo 6 descubriría que cuando Salomón construyó el templo, el templo fue construido a partir de piedras que ya estaban preparadas antes de que fueran traídas al lugar. Esta es una analogía maravillosa. Las piedras fueron preparadas y después traídas al lugar. Habiendo ya sido moldeadas y cortadas y con un diagrama muy cuidadoso de cómo el templo iba a ser construido, todas las piedras fueron marcadas con un número para que fueran colocadas en el lugar perfecto. Y sólo ciertos ajustes insignificantes sería necesarios para hacerlas encajar de manera perfecta. Todas estas piedras fueron primero preparadas; luego fueron colocadas para que encajaran como las partes de un rompecabezas.

¡Y qué hermosa analogía es esa del hecho de que cuando nuestro Señor decidió construir el nuevo templo a partir de personas bajo el nuevo pacto, cuando Él determinó construir la casa espiritual a partir de la piedra angular hacia arriba, todos ellos fueron elegidos! Todos ellos fueron preparados previamente para ese destino. Todos ellos fueron hechos diseñados para encajar juntos en un patrón perfecto por parte del Espíritu de Dios, quien sería el constructor y organizaría la piedra de acuerdo con su posición elegida.

Pero más que eso, él también dice, citando a Isaías, que Cristo no sólo fue una piedra escogida como también una piedra viva a partir del versículo 4, sino también una piedra preciosa. Preciosa, una palabra interesante, una palabra griega utilizada en Lucas 7, versículo 2, para hablar del siervo del centurión quien estaba enfermo como usted recordará, y era precioso para su amo. Significa algo que tiene valor… Algo que tiene valor. Irreemplazable. Entonces, Cristo no sólo fue una piedra elegida sino también una piedra irreemplazable.

Ahora quiero mostrarle que la piedra más importante de cualquier edificio es la piedra angular. La piedra angular. Y esa la razón por la que Él era tan irreemplazable. La palabra también puede significar costoso. Esencialmente significa ‘sin paralelo’. Esa la razón por la que digo que irreemplazable es una buena manera de expresarlo. Pero piedra angular es una piedra muy, muy importante. La palabra griega akrogoniaion significa literalmente en el ángulo extremo. Eso es lo que significa… En el ángulo extremo. Y lo que eso busca decir es que la piedra angular establecía todos los ángulos. Usted colocaba una piedra en la esquina y eso establece, si es un ángulo recto perfecto, todos los ángulos apropiados; todos esos ángulos son correctos. No sólo eso, debido a que es una piedra grande, no sólo establece las líneas horizontales sino que también establece las líneas verticales. Entonces, todos los ángulos del edificio son mantenidos en simetría por esa piedra angular sobre la cual se colocan todas las piedras. La piedra angular correcta, todas las demás piedras se colocan sobre ella y determinará si es derecho o no.

Una de las cosas curiosas en la construcción de nuestro nuevo edificio es que están construyendo un edificio que está rodeando nuestro edificio previo. Y han descubierto que cuando colocan los ladrillos hasta arriba, ésta significativamente torcido. Y ahora, tienen el dilema de cómo hacer que un edificio tan chueco esté derecho. No se preocupe por eso. Todavía puede ir a la parte de arriba. Aquí no quiero comenzar con una revolución. Pero la idea es que debido a que de alguna manera hubo una desviación de la plomada, las cosas están desviadas. Y en el edificio de la casa de Dios, en la construcción del templo que nosotros conocemos como la Iglesia del nuevo pacto, la piedra angular tenía que ser perfecta; y La piedra angular viva, perfecta, elegida no es otro que Jesucristo… La piedra que establece todos los ángulos para que la Iglesia sea perfecta como la casa de Dios.

Tenía que ser perfecto. Y esa la razón por la que los constructores tenían que examinarlo. ¿Notaría por favor, si es tan amable, el texto nuevamente? “Y el que creyere en Él, no será avergonzado.” El que creyere, el que confiare en la perfección de esa piedra angular no será avergonzado, no será decepcionado. Y uno de nuestros grandes privilegios, amados, recuérdelo ahí en su corazón, uno de nuestros grandes privilegios como cristianos es que nunca, nunca, seremos decepcionados en Cristo. Nunca. John Mason Neal, escribiendo en el siglo XIX, escribió estas palabras y ustedes las han cantado en varias ocasiones, y cito: “Cristo es hecho el cimiento seguro, Cristo es la cabeza y la piedra angular, escogido del Señor y precioso; y une a toda la Iglesia en una, la ayuda de la Santa Sión para siempre y en su confianza únicamente.” Fin de la cita. Ese es literalmente un resumen poético de este versículo. Él es nuestra confianza porque es la piedra angular perfecta. Él mantiene a la Iglesia junta en perfección y nunca seremos avergonzados. La palabra “avergonzado” o “decepcionado” tiene la idea de ser engañado en algún tipo de confianza, usted confió en alguien; y esa confianza fue decepcionada. No cumplieron con esa confianza. Nunca seremos avergonzados. Nunca seremos decepcionados. Porque el Señor Jesucristo nunca nos va a fallar. Él nunca nos va a decepcionar. Él nunca va a fallar en cumplir, en proveer, nunca fallará en cumplir todas Sus buenas promesas.

Escuche lo que dice Isaías 50, versículo 7: “Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.” Esa es la confianza de alguien que cree en el Dios verdadero.

Escuche Isaías 54, permítame leerle los primeros versículos. “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas.” Esto, claro, es la promesa del Reino a Israel. Y continúa aquí: “No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria. Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es Su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado. Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo. ‘Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí Mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti Mi misericordia, ni el pacto de Mi paz se quebrantará,’ dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.” Pablo, realmente nos da el mismo pensamiento, ¿no es cierto?, en ese maravilloso octavo capítulo de Romanos. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” Usted preguntará si está seguro que seremos glorificados. Si está seguro que no nos decepcionará. Y a eso, Pablo responde: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? … ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Nunca seremos avergonzados… Nunca.

En el texto de Isaías 28:16 del cual Pedro toma esto, Isaías, como mencioné hace un momento, lo presenta de una manera un poco diferente. Es básicamente la misma idea y, como he dicho, definitivamente el lugar del cual Pedro toma sus palabras. Pero Isaías lo dice en un modo un poco diferente. Escuche lo que dice: “He aquí que Yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”

¿Qué quiere decir? Esto es lo que quiere decir: no te apresures a huir por temer porque tu Dios te ha fallado. Esa es la idea. Nunca serás confundido, nunca serás avergonzado, nunca te decepcionarás y nunca tendrás que huir en temor porque tu Dios te ha decepcionado.

Alguien bien ha dicho: “Sobre la roca tiemblo, débil de corazón, débil de rodillas, pero la roca poderosa de las edades nunca tiembla delante de mí.” Esa es la promesa. Nunca… Nunca nos decepcionaremos.

¿Cuáles son nuestros privilegios? Unión con Cristo, acceso a Jesucristo, seguridad en Cristo. ¿Podemos voltear el caleidoscopio una vez más y darle un cuarto maravilloso privilegio espiritual? Llamémosle afecto hacia nuestro Señor. Unión con nuestro Señor, acceso a nuestro Señor y después, qué maravilloso pensamiento de seguridad en nuestro Señor; y ahora, afecto hacia nuestro Señor. ¿Sería tan amable de ver el versículo 7? Se lo voy a leer y luego le voy a decir cuál es el mejor entendimiento del griego. “Para vosotros, pues, los que creéis, Él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.”

Ahora, aquí usted tiene a Pedro que continúa citando pasajes del Antiguo Testamento. Y ahora pasa a un contraste. Todavía sigue hablando del tema de la piedra; y después, menciona este pasaje acerca de la piedra que los de edificadas rechazaron, la cual se convirtió en la piedra angular y también piedra de tropiezo y también roca que hace caer. Él comienza diciendo: “Él es precioso,” ése es el valor de Cristo como una piedra angular preciosa, viva, escogida; y le pertenece a aquellos que creen. Y lo que él dice es ‘si ustedes creen que Él es precioso… Si ustedes creen que es precioso’. Y entonces, decimos que este privilegio es afecto hacia Cristo.

Yo creo que uno de los grandes privilegios que tenemos es que el amor de Cristo ha sido derramado en nuestros corazones, eso incluye nuestro amor hacia Él. Me gusta traducirlo de esta manera: “Para ustedes, los que creen, Él es precioso.” Y esa es una manera correcta de traducirlo desde el griego. “Para ustedes que creen, Él es precioso.” No sólo piedra angular preciosa para Dios, sino precioso para nosotros. Este sentido de ser precioso es sentido únicamente por los creyentes. Esos lo que él dice, esto es precioso para ustedes que creen, para aquellos que no creen, no lo ven como precioso; ellos no tienen afecto alguno hacia Él. Ellos lo rechazan. Para ellos, Él es una roca de tropiezo, una roca que hace caer. No hay nada preciado acerca de Cristo. Pero para nosotros Él es amado, para nosotros Él es honrado, para nosotros Él es estimado, para nosotros es precioso, sin precio alguno, con un valor que sobrepasa cualquier otra cosa. Y si usted dice que hay algo en su vida más precioso que Jesucristo, usted no puede ser cristiano. Él es lo más preciado.

Y permítame decirle en este punto que aquí tenemos lo que yo creo que es la característica medular de un verdadero cristiano. Y lo he mencionado mensajes previos y aquí está el texto que le he mencionado. Si usted quiere saber si una persona es un verdadero cristiano, comience aquí. A usted que cree en Cristo, Él es… ¿Qué?… Precioso. Un verdadero cristiano se caracterizará por un afecto hacia Jesucristo. Él ama a Cristo. Este es un privilegio que se le ha dado. El disfrutar ese amor, el deleitarse en ese amor, regocijarse en ese amor, el abundar en ese amor. Es un privilegio. Esto es característico de todo verdadero cristiano, tener un gran afecto por Jesucristo. Él se vuelve preciado.

Escuche lo que dijo en Juan 8:42: “Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais.” Esa es la conclusión. Esa la conclusión. La manera en la que usted identifica a un cristiano no es porque tomó una decisión en el pasado, sino porque ama a Cristo. Si ustedes fueran de Mi Padre, ciertamente me amarían. Eso es básico. En el Evangelio de Juan, capítulo 14 del versículo 15 en adelante, “Si me amáis, guardad Mis mandamientos.” Y luego, el versículo 21: “El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por Mi Padre, y Yo le amaré.” Como puede ver, ser un cristiano consiste en amar a Dios, amar a Cristo y obedecerlo.

Versículo 23: “El que me ama, Mi palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Luego versículo 24: “El que no me ama, no guarda Mis, palabras.” Y puede ver ahí la salvación, obediencia y amor, lo mismo. Usted puede hablar de una persona como cristiano porque creyó en Cristo. Puede hablar de una persona como cristiana porque como característica de su vida obedece a Cristo. O puede hablar de una persona como cristiana porque ama a Cristo. Eso es básico… Amar a Cristo.

En el capítulo 16, es casi como si Juan quiere hacer eco de sus palabras, y en el versículo 27 él dice: “Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo salí de Dios.” Creer en Cristo y amar a Cristo van de la mano. Son inseparables.

De regreso, partiendo del Evangelio de Juan, un texto familiar en Mateo capítulo 10, la gran sección del discipulado, mirando el versículo 37, Jesús dijo: “El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí.” Nuevamente, le recuerdo que esto es básico en la salvación, el tener un amor supremo hacia Jesucristo, un amor supremo hacia Jesucristo, un amor contundente hacia Jesucristo. Un amor abrumador. Pablo dice en 2 Corintios 5: “El amor de Cristo me constriñe.”

¿Y cómo se manifiesta ese amor? En obediencia… En obediencia. Creer significa amar, amar significa obedecer. Pero regrese a nuestro texto: “Pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo.” Aquí, él retrata al mundo viendo a la piedra del ángulo y diciendo ‘no, no creemos que la alineación esté correcta, esta no es la piedra que queremos, desháganse de ésta piedra. Aviéntenla ahí en el montón de basura.’ Y aquí Pedro cita el Salmo 118, versículo 22, ése es el texto del Antiguo Testamento que él aquí cita. La palabra “rechazado” o “desecharon” significa haber rechazado después de una evaluación cercana. Ellos examinaron a Cristo -los fariseos, los líderes religiosos- lo observaron y dirigieron que no lo querían. Que no era la piedra que querían.

Y usted sabe, cuando lo piensa, la historia entera es casi como una historia con un fin sorpresivo. Y así es la historia. Los judíos, los judíos religiosos, estaban ahí listos para construir un Reino para Dios. Los fariseos, los saduceos, los sumos sacerdotes, los ancianos, los escribas; y están buscando y buscando que se aparezca la piedra angular, orando por el Mesías. Toda madre es judía esperaba poder ser la mamá del Mesías. Pasan los siglos, conforme ellos esperan y esperan. Y siguiendo el término de la época del Antiguo Testamento, 400 años, ningún profeta; y sus corazones están anhelando al Mesías y están anhelando para ver quién es. Después, viene Juan el Bautista y dice que el Mesías está cerca, el Reino está cerca. Y entonces, están listos para examinar y ver si la piedra angular ya vino. Y finalmente uno viene y Su nombre es Jesucristo. Y Él se está ofreciendo a sí mismo como la piedra angular sobre la cual se va a edificar el templo de Dios, la Iglesia. Y entonces, sus líderes religiosos lo examinan, hacen un escrutinio de Él y lo cuestionan, los saduceos lo cuestionaron, y los fariseos lo cuestionaron y los sumos sacerdotes lo cuestionaban y los escribas lo cuestionaron y los ancianos lo cuestionaron. Y lo examinaron. Y lo levantaron y lo voltearon y lo midieron. Y cuando terminaron, lo rechazaron y dijeron que no era la piedra que querían. Que no encajaba. Que no era el tipo de mesías que querían, que querían un gran benefactor político terrenal militar. Y lo desecharon. Y todavía lo están haciendo al día de hoy. Todavía están diciendo que no es el gobernante que quieren.

Para el pueblo de Israel, para los líderes de Israel, Él no tenía valor alguno. Usted no puede usar una piedra angular que no esté derecha, eso no está bien. Pero ellos estaban equivocados. Y para Dios y para nosotros Él es precioso, elegido; y nosotros que creemos en Él nunca seremos… ¿Qué?… Avergonzados. Pero este aspecto de ser preciado es sólo para aquellos que creen. El resto que no cree no, es una piedra que los certificadores rechazaron y fue profetizado en el Salmo 118:22, que lo rechazarían. Y lo rechazaron. Pero era la misma piedra que rechazaron la que se volvió la piedra angular.

Y no terminó ahí. Observe el versículo 8. Él también no sólo se convirtió en la cabeza del ángulo, ahora Pedro cambia un poco su metáfora y dice “y piedra de tropiezo y roca que hace caer.” Y esto es citado de Isaías 8:14 y 15; y él está tomando de ese rico conocimiento del Antiguo Testamento. En Isaías 8:14 y 15 usted tiene al Mesías presentado como una piedra de tropiezo y roca que hace caer. ¿De qué está hablando? ¿A qué se refiere eso? A juicio. Él hace que los hombres caigan. Él hace que tropiecen. Una roca de tropiezo sería una roca que hace que los hombres se caigan. Y van moviéndose en el camino, una roca que hace caer, es un risco contra el cual los hombres son literalmente aplastados. Entonces, usted tiene a los hombres que van caminando por el camino y es como si se tropezaran en la piedra de tropiezo y fueran aplastados contra el acantilado. Lenski dice: “Debería leerse: una roca de tropiezo y una roca que revienta sus cerebros.”

Y esa piedra, no es interesante, esa piedra que fue la piedra angular que desecharon, terminaron tropezando sobre ella y siendo aplastados por ella. Pedro pasa de lithos, la piedra pequeña, a petra, la roca enorme contra la cual son aplastados los hombres que no creen. Cristo es esa piedra que aplasta.

Escuche lo que dijo Jesús en Lucas 20, versículo 18: “Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.” Literalmente destruirlo como el polvo. ¿Y por qué sucede esto? El versículo 8 dice: “Tropiezan en la palabra, siendo desobedientes.” ¿Qué palabra? El Evangelio. Son desobedientes al Evangelio. La incredulidad y la desobediencia reflejan el mismo estado no salvo. La fe o creer y la obediencia reflejan la misma condición salva. Un escritor dijo: “Cristo es el gran inevitable. Vendrás a la roca; vendrás a Él como la piedra angular elegida, preciosa o vendrás a Él como la piedra de tropiezo y roca que hace caer.” Él es la piedra angular o la petra skandalon, la barrera de roca contra la cual los hombres son aplastados, son despedazados. ¿Y por qué Él se convierte en la roca de juicio? Porque los hombres rechazan la palabra, son desobedientes a la palabra. ¿Qué es la palabra? El mensaje del Evangelio. “A lo cual fueron también destinados.” Ellos recibieron exactamente lo que su decisión demandó.

Quisiera mencionar que su desobediencia no es destinada. Su incredulidad no es destinada o determinada. Su condenación es determinada debido a su incredulidad. La paga por su pecado es determinada debido a la incredulidad.

¿Qué dijimos que era este punto? Tenemos afecto por Cristo. ¡Qué privilegio! Hay un mundo de personas, y ha habido desde el tiempo cuando Cristo vino por primera vez, que lo ha rechazado. Para ellos, Él es una piedra inaceptable. Él no va a ser la piedra angular en el templo religioso que ellos construirán. Ellos lo desechan, lo hacen a un lado y van a tropezar en Él y serán aplastados y hechos polvo por Él en juicio. ¿Por qué? Porque son desobedientes al Evangelio.

Y a partir de esa desobediencia viene su destino determinado de condenación. Pero para nosotros, por la bondad de Dios y Su gracia, Cristo no es una piedra de tropiezo; para nosotros, no es roca que nos hace caer; Él es una piedra angular preciosa, viva. Y lo amamos. Y Él es precioso para aquellos que creen.

¿En que Dios cree usted? ¿Cree en el Dios bueno, el Dios de la Biblia? ¿El Dios que da a Su pueblo estos privilegios de manera inmerecida -unión con Cristo, acceso a Cristo, seguridad en Cristo y afecto hacia Cristo? Y amados, eso ni siquiera es la mitad de la lista. El caleidoscopio se va a voltear seis veces más antes de que estemos llenos de los privilegios espirituales que vienen de la bondad de nuestro gran Dios. Oremos juntos.

Padre, gracias en esta noche por este maravilloso tiempo juntos. ¡Qué maravillosa noche ha sido, qué tiempo de tanta bendición! ¡Qué ricos somos! ¡Oh, lo que has hecho por nosotros en nuestra indignidad! Gracias por los privilegios. Y Señor, aún conforme pensamos en los privilegios, el privilegio de la seguridad en Ti, pensamos en el hecho de que nunca seremos avergonzados y nunca seremos decepcionados y nos decimos a nosotros mismos que deseamos que Tú pudieras decir lo mismo acerca de nosotros. ¡Porque debemos decepcionarte con tanta frecuencia! ¡Te avergonzamos con tanta frecuencia! Perdónanos. Tú tienes todo el derecho de avergonzarte de nosotros y no lo haces. No tenemos derecho de avergonzarnos de Ti; y sin embargo nos avergonzamos. No tenemos derecho de decepcionarnos en Ti; y sin embargo, algunas veces los decepcionamos. ¡Estamos tan equivocados, tan mal! Tú tienes toda la razón de vernos y desecharnos y decir ‘indignos’. Pero nunca haces eso; y de esta manera nunca, nos decepcionas. ¡Estamos tan seguros en Ti!

Y después, saber que nos ha permitido amarte, sentir el gozo abrumador de ese afecto… ¡Gracias por ese privilegio! Llenando nuestros corazones con ese amor que sobrepasa todo, que hace que la vida sea rica aún cuando no hay nada humanamente a nuestro alrededor, podemos deleitarnos en el amor que tenemos por Ti. 

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Desatando la verdad de Dios, un versículo a la vez
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