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Permítanme presentarles nuestro estudio de esta noche recordándoles lo que la Biblia dice acerca del costo de ser cristiano. De hecho, cuando escribí El libro del Evangelio según Jesucristo, su énfasis primordial realmente tiene que ver con el costo de ser un cristiano, tanto el costo para Dios, como el costo para el que viene a afirmar la fe en Cristo. No se tiene que decir que Jesús enfatizó el costo del discipulado. Él dijo que nadie construye una torre sin calcular primero el costo. Nadie entra a la guerra sin primero evaluar su capacidad de ganar la victoria. Él dijo en Mateo, capítulo 10: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí,” indicando de manera clara que hay, definitivamente, un costo.

Y lo mismo surge de Lucas, capítulo 14, en donde, como he dicho, Él señala las mismas verdades a lo largo de la misma idea de construir una torre y de pelear una guerra. Él está diciendo que hay un costo involucrado y debes pagar ese costo. Cuando te conviertes en cristiano y te involucras en la experiencia y la vida cristiana, entiendes que hay ciertos costos, hay ciertos sacrificios y ciertas cosas a las cuales se demanda que le des la espalda y rehúses a estar involucrado con ellas. El gran énfasis, en muchas maneras, del Nuevo Testamento, es el costo del discipulado; el costo de seguir a Jesucristo.

Pero el gran énfasis de nuestro texto actual -y creo que es un gozo muy especial para nuestros corazones- es que no es un texto acerca del costo. No tiene que ver con lo que cuesta ser un cristiano si puedo invertir eso, tiene que ver con lo que paga… Lo que paga. Ahora, estamos hablando de dividendo, estamos hablando de recompensa; ahora, estamos hablando de tesoro; ahora, estamos hablando de riquezas; ahora, estamos hablando de lo que recibimos y no de lo que damos, lo que poseemos y no lo que eliminamos. Las grandes riquezas espirituales que son la posesión atesorada de todos los verdaderos creyentes.

Ahora, Pedro ha dicho mucho más cerca del costo. De hecho, mucho de lo que ya hemos leído en 1 Pedro y mucho de lo que leeremos en 1 Pedro tendrá que ver con el costo de ser cristiano; lo que se demanda. Pero por ahora, no estamos hablando de costo, estamos hablando de lo que paga. Y estamos enfocándonos en privilegio espiritual. ¿Qué paga? ¿Qué beneficio me da? ¿Cuáles son las posesiones que vienen a mi vida debido a la realidad de mi relación con Jesucristo?

Y quiero decir esto, no es un tema raro en el Nuevo Testamento, ciertamente a lo largo del Nuevo Testamento hay un gran énfasis en esto. En Romanos 9:23 dice que Dios quiso demostrar Su ira y dar a conocer Su poder; y de esta manera, ha soportado con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción. Y después, en el versículo 23, Él dice que lo hizo para dar a conocer las riquezas de Su gloria en los vasos de misericordia, los cuales Él preparó de antemano para gloria. Dios, entonces, queriendo derramar en nosotros, los que somos Sus vasos de misericordia, las riquezas de Su gloria; y después, claro, enfatiza las riquezas de ser un cristiano.

En el capítulo 11 de Romanos, en el versículo 12, dice que hay riquezas para las naciones, riquezas en Cristo. Ésas no son sólo futuras, son inclusive presentes, actuales. En Romanos 11, versículo 33: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”

Y entonces, este asunto de riquezas es un tema constante. Usted lo encuentra inclusive en Efesios capítulo 1, versículo 8, donde dice: “… las riquezas de Su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros.” No derramará, no dará, sino que ha dado; ya lo entregó. En Cristo somos hechos ricos. En el 2:7, Él nos muestra las riquezas impresionantes de Su gracia en bondad hacia nosotros en Cristo Jesús. En el capítulo 3, versículo 8, dice que nosotros, los que hemos recibido el Evangelio, hemos recibido aquello que fue predicado, esto es las riquezas inescrutables de Cristo. Después, en el versículo 16, que “Él os de según las riquezas de Su gloria.” Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Entonces, hay mucho en el Nuevo Testamento; y realmente solo hemos señalado algunas Escrituras acerca de las riquezas que poseemos, lo que es nuestro, lo que la vida cristiana paga; no lo que cuesta. Y ciertamente todos nosotros, al estudiar esta porción en particular, debemos estar rellenos de gozo y llenos de gratitud conforme contemplamos estas cosas.

Ahora, permítame llevarlo de regreso al versículo 4 y recordarle que todo comenzó con la frase “Acercándoos a Él.” Es en acercarnos a Cristo que somos hechos ricos. Es en acercarnos a Cristo que todo el privilegio espiritual se vuelve nuestro, somos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Y recuerdo vívidamente también las palabras de Romanos, capítulo 2, versículo 4: “¿O menosprecias las riquezas de Su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que Su benignidad te guía al arrepentimiento?” Dijo, al venir a Él, debemos pensar mucho y profundamente y ampliamente acerca de las riquezas de Su bondad concedidas a nosotros.

Entonces, con eso en el versículo 4, Pedro nos introduce a unos cuantos privilegios espirituales enormes. Y les he estado diciendo, es como un caleidoscopio, usted continúa volteándolo y cada vez que usted lo voltea, le muestra un re arreglo de las grandes joyas espirituales para formar una imagen hermosa que no es vista en cada arreglo y es única en cada caso.

En primer lugar, señalamos que uno de los privilegios es unión con Cristo, unión con nuestro Señor, en el versículo 5. Segundo, acceso a nuestro Señor en el versículo 5. Y ahí señalamos que como piedras vivas estamos siendo edificados -esa es la unión. Y después, somos sacerdocio santo que fue establecido para ofrecer sacrificios espirituales -ese es el acceso. Y después, en tercer lugar, el tercero de los privilegios espirituales, seguridad en nuestro Señor. El versículo 6 dice que aquel que cree en Él no será decepcionado. Él nunca los fallará, estamos seguros en Él. Después, en cuarto lugar, afecto hacia nuestro Señor. Versículo 7, este valor preciado, o este valor inestimable, entonces, es para aquellos de ustedes que creen. ¿Qué quiso decir? Cristo es precioso para aquellos que creen. De hecho, la mejor manera, creo yo, en la que debemos traducir del griego es “a aquellos de ustedes que creen, Él es precioso.” Entonces, tenemos el privilegio de unión, acceso, seguridad y afecto. Se nos concede el gran privilegio de amar al Señor Jesucristo, como Pedro lo expresa, a quien, sin haber visto, amamos. Y nos ha concedido ese gran privilegio por la bondad y la gracia de Dios. De hecho, en Efesios 6:24 dice: “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable.” ¡Que privilegio!

Y le presenté la pregunta en la última ocasión y la vuelvo a presentar: ¿hay algo más gozoso que el gozo del amor? ¿Hay alguna emoción tan satisfactoria como el amor? ¿Tan emocionante como el amor? Y después, ¡cuán maravilloso es que se nos dé el privilegio de amar al señor Jesucristo! Pedro dice en los versículos 7 y 8 que la piedra angular a quien el mundo rechaza, nosotros adoramos. Él es precioso para nosotros. Para aquellos que no creen, la piedra que desecharon los edificadores, se volvió la piedra angular misma y a aquellos, una piedra de ofensa y una roca de ofensa; y debido a la desobediencia son literalmente destinados a la condenación y aplastados por esa misma piedra que ellos rechazan. Pero, por otro lado, tenemos este privilegio increíble, inmerecido, de ser amados por el Señor y de amarlo a Él como algo que corresponde a Él. Y entonces, tenemos afecto en nuestro Señor. Afecto es uno de los grandes privilegios espirituales. Sólo los creyentes verdaderamente valoran a Jesucristo. Sólo para nosotros, Él es amado. Solo para nosotros, Él es preciado. Solo para nosotros, Él no tiene precio, está por encima de todo. Y sólo para nosotros, tiene un valor inestimable. Inestimable.

Por otro lado, para los incrédulos que son desobedientes, ellos no tienen amor por Cristo. Y ellos están condenados por esa incredulidad. Ellos están condenados por esa desobediencia. Ellos están condenados por esa falta de amor. Esas tres cosas son la demostración de su estado no regenerado. En Primera de Corintios 16:22, Pablo lo expresa de esta manera: “Si alguno no amare al Señor, sea anatema, sea maldito.” El incrédulo no ama al Señor, y por lo tanto, no tiene el deseo de obedecer al Señor, no cree en el Señor. Lo opuesto es la realidad con nosotros.

Ahora, permítame llevarlo a un quinto gran principio, versículo 9. Podemos añadir a nuestra lista: escogidos por nuestro Señor… Escogidos por nuestro Señor. El versículo 9 nos da una repetición casi a manera de staccato de estos diferentes privilegios espirituales. El primero es: “Mas vosotros sois linaje escogido… Mas vosotros sois linaje escogido.” Por cierto, el griego en este versículo en particular es enfático. Es un adversativo enfático. Creo que podemos llamarlo así. Él está hablando de la condenación de aquellos que están sentenciados al infierno debido a la desobediencia y por no amar a Cristo. Y después, él dice ‘mas’. Un término muy fuerte. Por otro lado, ustedes son linaje escogido. A diferencia de aquellos que están destinados a la destrucción debido a su rechazo a Cristo, debido a su incredulidad, debido a su fracaso de no valorarlo como precioso, ustedes, por otro lado, son un genos escogido, una raza escogida. Linaje escogido. Y el término genos, del cual obtenemos la palabra generar, habla de fuente. Y entonces, habla del hecho de que somos una raza producida de una fuente de vida; y ésta es Dios. Somos una raza escogida, somos una raza elegida viniendo de una fuente especial, ésta es Dios.

Ahora, por cierto, hemos estado señalando lo largo de este estudio que aquí Pedro está remontándose al Antiguo Testamento y tocando textos del Antiguo Testamento. Hemos citado a varios de ellos. Él hizo referencia a pasajes del Antiguo Testamento en los versículos 4 y 5. Él cita de manera directa en el versículo 6, 7 y 8. Y ahora, nuevamente, está remontándose en el versículo 9 a tocar pasajes del Antiguo Testamento. Y cuando él dice que somos una raza o linaje escogido, está remontándose a Deuteronomio, capítulo 7. Y en Deuteronomio, capítulo 7, en el versículo 6, dice: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios.”

Y entonces, aquí encontramos, regresando hasta Deuteronomio 7, que a Israel se le dice que son escogidos por Dios. Y es ese texto, sin duda alguna, lo que está en la mente de Pedro conforme él escribe estos versículos. Él está viendo la Iglesia ahora, la comunidad redimida de Dios como escogida, así como Israel en la antigüedad había sido escogido por Dios para cumplir un propósito especial dentro de Su plan.

En Isaías, quiero llevarlo a otro pasaje del Antiguo Testamento que puede ser comparado, Isaías capítulo 43, versículo 21. Vuelve a decir de Israel: “Este pueblo he creado para Mí” Dios identifica a Su pueblo Israel como un pueblo escogido. De hecho, esa ha sido la credencial que han tenido a lo largo de los años. Ese ha sido el título por el que se les identifica. Han sido conocidos como el pueblo escogido. Pero ahora, hay una nueva raza escogida, una genos escogida, un pueblo que ha salido de la vida, que ha salido a partir de la fuente de vida de Dios mismo, habiendo sido escogidos por Dios.

Ahora, regrese a 1 Pedro capítulo por un momento recuerde los versículos 1 y 2. Al final del versículo 1, habiendo identificado los expatriados que están dispersados en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, dice de ellos, “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu”. Y aquí, él dice que los creyentes son escogidos.

Ahora, si usted no recuerda o no estuvo aquí cuando explicamos esos dos versículos, permítame decirle esto. El estudio que hicimos acerca de la elección, de 1 Pedro 1:1 y 2 puede ser uno de los más importantes que hemos hecho en la historia de esta Iglesia. Y lo alentaría a que regresara a esa cinta en particular y escuchara con cuidado los tres mensajes que hicimos de este tema de la elección. ¿Por qué? Porque es absolutamente esencial para nosotros saber que somos cristianos debido a que hemos sido escogidos por Dios… escogidos por Dios. Este es el privilegio más increíble de todos. Y usted debe celebrarlo en su plenitud. Entonces, lo aliento que regrese y reexamine esas grandes cosas que hemos explicado. Usted verá que es a partir de ser escogido que fluyen todos los demás privilegios. Usted fue escogido y eso se repite una y otra y otra vez en las Escrituras. Y simplemente quiero presentárselo brevemente para cimentarlo en su pensamiento. Simplemente escuche, y no trate de escribir estas cosas. Simplemente escuche la repetición de palabras que salen de las Escrituras repitiendo esta gran verdad una y otra y otra vez, leemos que hemos sido escogidos por Dios.

Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros.” Hechos 13:48: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” ¿Quién los ordenó para vida eterna y por eso creyeron? Dios los ordenó para vida eterna.

Romanos, capítulo 9, y estos no son todos los versículos, simplemente para darle una idea de la manera en la que las Escrituras lo manejan. Dice en Romanos capítulo 9, versículo 13: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

Romanos capítulo 11, versículo 5: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.” Primera de Corintios capítulo 1, versículo 9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con Su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” Efesios, capítulo 1, versículo 3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos Suyos por medio de Jesucristo.”

Primera de Tesalonicenses capítulo 1, versículo 4: “Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección.” Segunda de Tesalonicenses capítulo 2, versículo 13: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación.” No podía ser más claro que eso. Dios lo ha escogido.

Segunda de Timoteo capítulo 1, versículo 9: “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.”

Capítulo 2, versículo 10: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús.” Usted llega, después de brincar otras Escrituras, a ecos conocidos en el libro de Apocalipsis. Escuche a Apocalipsis capítulo 13, versículo 8: “ Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Los nombres de los escogidos escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo, Dios nos escogió, nos escogió en la eternidad, nos escogió antes de que el mundo comenzara. Lo repite en Apocalipsis 17, versículo 8, Apocalipsis 20, versículo 15: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.” Y, ¿cuándo fueron escritos los nombres? “Antes de la fundación del mundo.”

Y entonces, una y otra y otra vez, el testimonio de las Escrituras es que fuimos escogidos… Elegidos antes de la fundación del mundo en Cristo por Dios. ¿Por qué? ¿Porque éramos maravillosos? No, porque Él soberanamente determinó amarnos para Sus propios propósitos santos, los cuales nosotros quizás nunca entenderemos de manera plena. Usted dirá bueno, ¿no lo hizo Él por presciencia, acaso no dice en 1 de Pedro 1:2, ‘según la presciencia de Dios’? Sí lo hace. La pregunta es qué significa eso. Algunas personas dicen que bueno, que significa simplemente que Él supo antes lo que haríamos. Y entonces, al saber desde antes lo que haríamos, nos escogió en base a ese conocimiento. O Él simplemente sabía que iba a pasar por la naturaleza que Él había diseñado en nosotros, lo que haríamos; y de esta manera nos escogió, acerca de nuestro futuro.

Y eso no es verdad. Eso no es lo que presciencia significa. Presciencia es una opción deliberada. En cierta manera, es una traducción desafortunada. Significa una decisión deliberada. No significa que Dios ve al futuro, ve hacia delante y sabe lo que vamos a hacer y entonces, Él actúa. Y entonces entramos a gran detalle en eso conforme examinamos la palabra de Dios.

Quizás el más importante, el versículo más importante que vimos está aquí en Primera de Pedro 2:6 en donde dice: “He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo escogida,” y hemos sido elegidos, predestinados de la misma manera en la que Cristo fue predestinado por Dios para cumplir con un propósito santo. Entonces, hemos sido elegidos, Cristo ha sido elegido, la Iglesia sido elegida. Isaías 42:1: “He aquí mi siervo, Yo le sostendré; Mi escogido, en quien Mi alma tiene contentamiento.”

Ahora, Dios ciertamente no vio a lo largo de la historia y dijo: “Oh, veo un hombre Jesús que nacerá; y un hombre llamado Jesús hará ciertas cosas y entonces, lo escojo.” No, claro que no. Él es escogido, somos escogidos. Él es escogido por la soberanía absoluta de Dios, somos escogidos por la soberanía absoluta de Dios. No es cuestión de que Dios vio hacia el futuro en la historia y después escogió en base a lo que haríamos por nuestra propia voluntad, en absoluto.

De hecho, si Dios está viendo por algún telescopio largo hacia el futuro y esperando que nosotros actuemos, entonces eso hace que el hombre sea soberano, eso le da al hombre el crédito por su propia fe. Y eso supone que el hombre puede y busca a Dios. Eso hace de la salvación una obra humana y relega a Dios a una deidad de segunda clase que no puede recibir tanta gloria como nosotros merecemos. Y todas esas ideas son contrarias de manera violenta a todo lo que las Escrituras enseñan. Las Escrituras enseñan que Dios es soberano, no el hombre. Que el hombre no puede recibir crédito alguno por creer. Que el hombre no busca ni quiere buscar a Dios. Que la salvación no es una obra humana en absoluto y que Dios nunca es víctima de las decisiones de los hombres. Él es soberano, nosotros escogidos.

Jeremías fue escogido desde antes de que él naciera, ahí, en el vientre de su madre. Y nosotros hemos sido escogidos igual. Ese gran privilegio espiritual, ¿no es un privilegio que nos deja aturdidos? Y bueno, ¿quiere decir que yo soy cristiano porque Dios me escogió desde antes de la fundación del mundo?” Sí; y esa decisión de salvación fue activada cuando el Espíritu de Dios se movió en su corazón para que usted creyera. El hecho de que usted sea escogido no se vuelve una realidad sin su fe, pero eso también es la obra del Espíritu. Y este privilegio espiritual en particular es la verdad que aplasta como ninguna otra nuestro orgullo en las Escrituras. Destruye nuestro orgullo. Nos aplasta porque nada en nuestra salvación tiene nada que ver con nosotros. Fuimos movidos por el poder de Dios, habiendo sido escogidos. Es la doctrina que aplasta como ninguna otra en las Escrituras nuestro orgullo.

En segundo lugar, es la doctrina que exalta más a Dios porque todo es de Dios… Todo es de Dios… Todo es de Dios. En tercer lugar, es la doctrina que promueve como ninguna otra santidad. ¿Por qué? Porque debemos estar tan agradecidos que viviremos para Él, por Él, a cualquier precio. Debemos estar tan agradecidos que debe consumirnos con una pasión por la obediencia. Además, la doctrina de la decisión soberana de Dios debe ser la doctrina que más fortaleza nos dé. ¿Por qué? Porque debe traer paz a toda situación. Nosotros sabemos que somos elegidos de Dios, esa elección es eterna, esa elección es inequívoca. No puede cambiar. No puede ser alterada; y eso debe traer paz a toda situación. Y francamente, no sólo es la doctrina que más aplasta nuestro orgullo y que más exalta Dios y que más promueve la santidad y que más fortaleza da, si sino que también es el privilegio espiritual que más gozo produce. ¿Por qué? Porque es la única esperanza para pecadores miserables. Y si estoy agradecido por cualquier cosa, sobre cualquier otra cosa estoy agradecido porque Dios me eligió, ¿usted no? Y entonces, ser escogido por Dios, escogido por Nuestro Señor, ¡qué privilegio espiritual! ¡Qué privilegio espiritual!

Una más, a medida que continuamos viendo nuestros privilegios espirituales, Pedro escoge otro privilegio del Antiguo Testamento. Él no sólo dice “mas vosotros sois linaje escogido”, versículo 9, sino real sacerdocio… Real sacerdocio. El énfasis aquí está en ‘real’. El sacerdocio ya ha sido explicado en el versículo 5. Entramos a eso en gran detalle. Pasamos dos semanas enteras hablando de lo que significa ser un sacerdote. Pero aquí, él está hablando de un sacerdocio real. Esto es realmente único. Los sacerdotes son una cosa, los reyes son otra cosa. Combinar los dos es algo sorprendente. ¡Qué privilegio espiritual!

Pero él tomó esto de Éxodo capítulo 19, versículo 6. “Y vosotros me seréis un Reino de sacerdotes,” Él le dice a Israel. Ustedes me serán un Reino de sacerdotes. Sacerdotes reales. El hecho es que -esto es realmente triste-, el hecho es que Israel perdió ese privilegio. Un sacerdote debía ofrecer sacrificios a Dios y un rey gobernar, tener dominio. Entonces, llamemos al punto número seis, dominio con nuestro Señor. Ése es el sexto privilegio… Dominio con nuestro Señor.

Israel pecó. Israel perdió el privilegio. Israel nunca pudo vivir el dominio. Dios les había prometido un Reino. Dios les había prometido que ellos dominarían. Nunca lo vieron. Nunca lo experimentaron. Ellos lo perdieron debido a su apostasía y debido a que ejecutaron al Mesías. Pero ahora, Él le dice a la Iglesia: ‘Ustedes son mi nuevo real sacerdocio. No sólo sacerdotes, si no sacerdotes reales.’

Ahora, ¿qué significa eso? Bueno, podría significar dos cosas. Un sacerdocio pertenecía y estaba al servicio del rey; y entonces sería un sacerdocio real. Uno que servía al rey. Pero es más que eso. Es eso, pero aquí hay un segundo pensamiento. Un real sacerdocio no sólo sería un sacerdocio que le pertenecía el rey y le servía al rey, sino que en segundo lugar, sería un sacerdocio que ejercería dominio y que gobernaba. No sólo servimos a un rey, reinamos con el rey. Somos un sacerdocio real porque somos los sacerdotes del Rey y somos un real sacerdocio porque como sacerdotes gobernamos con el Rey. Esto es maravilloso.

Ahora, esa palabra “real” necesita nuestra atención para verla desde un ángulo técnico por un momento. Es la palabra basileion. Generalmente, tiene el sentido de un palacio real, una residencia real. Puede significar soberanía. Puede significar una corona. Puede significar una monarquía. Puede inclusive significar un palacio, como lo he señalado. Pero la idea completa aquí es simplemente realeza en general. La casa espiritual que está siendo edificada en el versículo 5, ¿lo ve ahí, donde dice que somos edificados como una casa espiritual? La casa espiritual está siendo edificada en un sentido, termina siendo una casa real. Cuando hablamos acerca de eso, nos quisimos decir un edificio, ¿verdad? Hablamos de la casa real de Inglaterra o de la casa real de Francia o cualquier otra nación en el pasado y no queremos decir un edificio. La llamamos una casa, es realmente una esfera de dominio. Es una familia de gobernantes; y esa es exactamente la manera en la que Pedro la usa aquí. Somos un sacerdocio con dominio. Somos un sacerdocio gobernante. Somos una casa real de sacerdotes, reyes y sacerdotes. De hecho, me gusta traducirlo “una casa real de sacerdotes,” ésa es la idea… Una casa real de sacerdotes. ¡Qué gran privilegio! Sería un privilegio suficiente ser un sacerdote, pero ¿ser un sacerdote real?

Apocalipsis 1:6 lo menciona y dice que somos un ‘Reino de sacerdotes’. Apocalipsis 5:10: “Nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” Y creo que Apocalipsis capítulo 20, versículo 6, dice esencialmente lo mismo en donde Juan escribe: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años.” Somos sacerdotes que reinan.

Ahora, esto es único. Y le voy a decir por qué es único. Sólo hay una persona que puede establecer una casa así y ése es el único que fue el verdadero Sacerdote y el verdadero Rey, ¿Quién es? Cristo. Él es tanto Rey como Sacerdote. Él es un sacerdote real, Él es un rey sacerdotal. Y debido a que somos uno con Cristo, debido a que hemos entrado en unión con Él, heredamos la naturaleza de Su sacerdocio. Y Su sacerdocio es único. Escuche lo que dice Hebreos 7:14: “Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.” No hubo sacerdotes en la tribu de Judá. “Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.” Y Melquisedec fue un sacerdote real, un modelo de un sacerdocio real en el Antiguo Testamento. Cristo es un sacerdote real. Él no heredó Su sacerdocio al venir de la línea sacerdotal. Él vino a través de la línea real de Judá y fue establecido como un sacerdote real. Y debido a que estamos unidos con Cristo, nosotros también somos sacerdotes reales. Y tendremos dominio. Gobernaremos con Él. Y nuestro futuro es de gobernar.

En Primera Corintios 6 Pablo le dice a los Corintios, y esto es casi incrédulo, él dice: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?” Él dice ¿tienen la audacia como cristianos de acudir a alguna corte terrenal para que les ayude a resolver sus diferencias? “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” ¿Por qué van ante los incrédulos? ¿Por qué no van con los creyentes? Ellos van a juzgar al mundo, gobernarán con Cristo. Y si el mundo va a ser juzgado por ustedes, ¿no tienen la competencia de constituir las cortes legales más pequeñas? ¿No saben que jugaremos a los ángeles? ¿Cuánto más los asuntos de esta vida?

Ahora, si usted quiere saber cuál es su futuro. Usted va a ser un sacerdote real. Usted va a pasar la eternidad presentando ofrendas al señor Dios. Pero también va a reinar. Usted va a tener dominio sobre las dimensiones de la existencia celestial que Dios le asigne y usted aún va a gobernar sobre los ángeles. Dominio, sacerdocio real.

No hay hombre entre nosotros y el Señor, somos sacerdotes. Y no hay nadie sobre nosotros más que el Señor, somos reyes. Ahora, eso está muy por encima de lo que usted encuentra en el sacerdocio levítico, está muy por encima de lo que usted encuentra en el sacerdocio aarónico. Este sacerdocio real. Un gran privilegio… Un gran privilegio.

¿Cuáles son nuestros privilegios? Unión con Él, acceso a Él, seguridad en Él, afecto por Él, elección por Él, dominio con Él. El siguiente es al que realmente quería llegar. Y ahí entraremos, la próxima semana.

Amados, conforme contemplamos en este punto en particular nuestros privilegios espirituales, permítame hacerle una pregunta. “¿Esto lo hace tener gratitud por lo que Dios ha hecho? Entonces, permítame pedirle que traduzca esa gratitud en dos cosas. Una es gratitud; dos es confesión. Si usted está agradecido por qué privilegios espirituales le han sido dados a usted de manera gratuita porque usted ha sido escogido, entonces eleve su corazón en alabanza agradecida Dios y confiese su pecado, lo cual demuestra dicha ingratitud y de esta manera se prepara así para la mesa del Señor, una mesa de confesión y una mesa de celebración. Oremos juntos.

Padre nuestro, al venir ahora en este tiempo de recordatorio, de ver la muerte de nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, hemos estado hablando de privilegios. Hemos estado hablando acerca de lo que paga, ayúdanos a ver lo que cuesta. Lo que le costó al amado Señor Jesús… Lo que le costó a Ti conforme le diste la espalda a Él… Lo que le costó a los ángeles santos, sin duda, en el dolor de ver al Perfecto llevando el pecado. Y Señor, que no sólo veamos lo que cuesta, sino que veamos la manera tan trivial en la que tratamos ese costo. Con qué frecuencia no decimos gracias por los privilegios comprados a un precio tan alto. Con qué frecuencia entretenemos el pecado en nuestras vidas. Burlándonos, de la misma Cruz en la que Jesús murió.

Ahora, Señor, conforme tomamos la copa y el pan; y en esos símbolos amorosos, vívidos, somos refrescados nuevamente al ver la cruz. Somos recordados del cuerpo que fue preparado para Él, para morir por nosotros y volvemos a recordar la sangre que fue derramada como un derramamiento como sacrificio en nuestro lugar. Que veamos el costo que implicó el comprar todas las riquezas para nosotros; y Señor, que estemos agradecidos. Llena nuestros corazones de alabanza y haznos confesar esos pecados que muestran nuestra ingratitud profunda, la cual muestra nuestra falta de amor al que dio todo esto, el que entregó todo lo Suyo por nosotros.

 

 

 

 

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