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Abramos nuestras Biblias en 1 Pedro, capítulo 4. Para comenzar, llegamos a un nuevo capítulo de nuestro estudio de esta maravillosa epístola. Y llegamos a los primeros seis versículos de este capítulo tan importante. Tenemos cosas maravillosas por delante en este capítulo. Pero para comenzar, permítanme leerle los primeros seis versículos de 1 Pedro, capítulo 4. “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. Porque por esto también ha sido predicado el Evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.”

En su rico libro, llamado La plaga de plagas, escrito en el año 1669, un hombre piadoso llamado Ralph Venning escribió este párrafo al cerca del pecado. Escuche. “En general, el pecado es el peor de los males, lo malo de lo malo y de hecho, lo único malo. Nada es tan malo como el pecado. Nada es malo, mas que el pecado. Así como los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que será revelada en nosotros, así tampoco los sufrimientos de esta vida ni de los que están por venir son dignos de ser comparados con el mal del pecado. Ningún mal es tan desagradable a Dios ni tan destructivo para el hombre como lo es el mal del pecado. El pecado es peor que la aflicción, que la muerte, que el diablo, que el infierno. La aflicción no trae tanto sufrimiento, la muerte no es tan mortal, el diablo no es tan diabólico, el infierno no es tan infernal como lo es el pecado. Esto ayudará a llenar la acusación en contra de su pecaminosidad, especialmente así como va en contra de la bondad del hombre.”

Después, él dice, “los cuatro males que acabo de nombrar son verdaderamente terribles. Y toda persona dice acerca de ellas “Señor bueno, líbranos”. Y sin embargo, ninguno de estos ni todos juntos son tan malos como el pecado. Por lo tanto, nuestras oraciones deben estar más concentradas en ser liberados del pecado; y si Dios no va a escuchar ninguna oración más que ésta, debemos orar “Te rogamos, óyenos, buen Señor.” Fin de la cita. De una manera única, con una elección extraña pero interesante de palabras, Ralph Venning nos ayuda a entender la maldad del pecado. Es peor que la aflicción. Es peor que la muerte. Es peor que el diablo. Es peor que el infierno.

Ahora, es verdad que el creyente odia el pecado. Es verdad que el creyente desea huir del pecado. Es verdad que un creyente anhela ser liberado del pecado. Todos nosotros, en un punto u otro en nuestras vidas, de una u otra manera, usando las mismas o diferentes palabras, hemos clamado “¡Oh miserable de mí!, ¿quién me liberará de este cuerpo de muerte?” Todos hemos clamado contra nuestra propia condición miserable. Todos hemos anhelado, en algún punto a lo largo del tiempo, ser liberados de la esclavitud al pecado. Ahora, la pregunta que surge es que debido a que el pecado es lo peor de todos los males, sí, de hecho, el único mal y debido a que lo odiamos y deseamos ser liberados de él, ¿cómo podemos evitarlo?

¿Qué se requiere de nosotros si vamos a mantenernos alejados del pecado? Bueno, obviamente, es el esfuerzo más serio en nuestra vida, ¿no está de acuerdo con eso? Es el esfuerzo más demandante de la vida de todo cristiano, el evitar el pecar. Ahora, para evitar el pecado, debemos tener tres perspectivas, en un sentido tenemos que vivir en tres tiempos: futuro, presente y pasado. Algunos nos dirían que para evitar el pecado necesitamos tener una perspectiva futura. ¿Qué queremos decir con esto? Usted tiene que estar alerta, en guardia contra la tentación que todavía no ha llegado. Pero también tiene que estar listo para no ser sorprendido. Tiene que ver al futuro. Tiene que hacer lo que los discípulos no hicieron y Jesús les dijo, ‘velad y orad para que no entréis en tentación’. Siempre tenemos que estar alertas. Tenemos que ser cuidadosos, estar vigilantes, siempre viendo hacia adelante, esperando lo que pueda venir, caminando de manera circunspecta, caminando de manera sabia a la luz del peligro que yace por delante.

También tenemos que tener una perspectiva presente. No sólo tenemos que estar mirando hacia delante esperando lo que pueda venir, sino que tenemos que estar viendo el tiempo presente, lo que nos rodea para que no seamos engañados de manera ingenua; y entremos en pecado. Pablo nos recuerda en Romanos 12:9, donde dice: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno.” Eso es tiempo presente, cuando usted vea algo es malo, ódielo. Cuando usted vea algo que es bueno, aférrese a ello. Pablo dijo: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” Pablo dijo en Romanos 13:14: “…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.” Entonces, de manera constante debemos estar viendo hacia el futuro, esperando lo que pueda venir en términos de pecado. También tenemos que estar evaluando el presente para que podamos evitar el pecado.

Pero también existe la necesidad de ver al pasado. Una de las mejores facultades para enfrentar el mal de todos los males, de hecho el único mal, es una buena memoria. Una buena memoria. Y esto es realmente lo que Pedro está diciendo aquí. Él nos está llamando a recordar algunas cosas que nos van a capacitar a evitar el pecado. La clave del pasaje se encuentra en el versículo 2, en donde Pedro dice que “vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.” Debemos vivir el resto de nuestras vidas evitando el pecado y viviendo la voluntad de Dios.

Ahora, para hacer eso, sí, debemos ver hacia adelante y esperar de manera vigilante lo que pueda venir. Y sí, debemos evaluarnos en términos del tiempo presente; pero el punto primordial de Pedro es que debemos mirar hacia atrás, debemos tener una buena memoria.

Recuerden dónde estamos antes de que profundicemos en este texto en particular. Esta epístola entera fue escrita a personas que estaban sufriendo. Y ha llegado a cierto clímax, de hecho, al final del capítulo 3. Y el clímax ahí fue que Pedro estaba diciendo ‘en todo lo que ustedes están sufriendo, acuérdense de esto, el sufrimiento puede ser triunfal. Usted puede salir victorioso aún en el sufrimiento y el modelo para ello es ¿quién? Cristo’. Y él nos muestra en el capítulo 3, versículos 18 al 22 cómo es que Cristo en medio de todo el sufrimiento injusto, Él triunfó. De hecho, Él obtuvo Su mayor victoria en el momento de Su mayor sufrimiento. Y señalamos en nuestros últimos estudios que cuando Jesús estaba siendo matado de manera injusta en la cruz, cuando estaba siendo tratado de manera injusta, cuando Él estaba siendo castigado, como resultado del odio, como resultado del rechazo, en el momento mismo en el que Él estaba sufriendo el ser tratado injustamente, muriendo el justo por los injustos, Él estaba triunfando sobre el pecado.

Él estaba triunfando sobre las fuerzas demoníacas del infierno. Él estaba triunfando sobre el juicio de Dios y Él estaba adquiriendo para sí mismo la supremacía definitiva, como dice en el versículo 22, de sentarse a la diestra de Dios.

Entonces, en el momento de Su muerte, Él triunfó sobre el pecado. Él triunfó no sólo sobre el pecado sino que también triunfó sobre las fuerzas demoníacas del infierno. Él triunfó sobre el juicio de Dios, el cual Él soportó y salió victorioso. Y Él triunfó sobre todo ser creado. Y fue todo, en Su sufrimiento más grande, que Él ganó Su triunfo más grande. El punto de Pedro es que cuando usted vea su propio sufrimiento, recuerde que puede ser el momento de su triunfo más grande. Así fue con el sufrimiento de Cristo; y así también puede ser con usted.

Ahora, con eso en mente, observemos el versículo 1. “Puesto,” lo cual obviamente nos lleva de regreso a lo que acaba de decir en el capítulo 3. “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento.” Eso es realmente el resumen de lo que acaba de decir, por eso está ahí la palabra ‘puesto’. Ustedes han visto a Cristo sufrir en la carne y Su sufrimiento fue triunfal. Entonces, ármense del mismo pensamiento. ¿Qué pensamiento? Estar dispuestos a sufrir en la carne sabiendo que produce potencialmente el triunfo más grande. Ésa es una declaración maravillosa y ésa es la aplicación de todo lo que hemos visto antes. Es mejor sufrir por Cristo que sufrir con el mundo. Es mejor porque nuestro sufrimiento por causa de la justicia, cuando sufrimos por hacer lo que está bien, cuando sufrimos injustamente, cuando somos perseguidos y tratados de manera injusta y no amable, es ese mismo sufrimiento el que puede producir nuestro mayor triunfo espiritual; entonces, debemos armarnos del mismo pensamiento.

Ahora, permítame ver de manera más específica esta declaración para que usted la pueda entender, porque el versículo mismo puede parecer de manera inicial algo difícil de entender. Por favor observe esa primera declaración “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne.” Eso significa simplemente que Cristo ha muerto. De eso está hablando. Está hablando acerca de Su muerte. De regreso en el versículo 18, dice que “Cristo padeció”, al principio del versículo. Luego, en el versículo dice que fue “muerto en la carne.” “… Siendo a la verdad muerto en la carne…,” en el versículo 18. Y aquí en el versículo 1, “quien ha padecido en la carne,” ambos refiriéndose a lo mismo. Se refieren a Su muerte. De eso estaba hablando Pedro.

Debido a que Cristo murió, eso implícito, y tuvo un triunfo tan grande en Su muerte, entonces, ármense también ustedes del mismo pensamiento. Ahora, ¿qué queremos decir aquí con esta misma frase “armaos del mismo pensamiento”? Bueno, es un término militar traducido de manera apropiada. Se refiere a un soldado que usa sus armas para pelear. En Efesios 6:11, una forma de esta palabra es traducida armadura. O toda la armadura de Dios. Vístanse, pónganse su armadura. Ármense. Tomen sus armas. ¿Para qué? Para una batalla. Su vida será una batalla y necesita estar armado con esta arma definitiva. ¿Cuál es? Ármense ustedes mismos con la misma ennoia, en el griego, ¿qué significa eso? La misma mente, misma idea, mismo principio, mismo pensamiento. ¿Qué quieres decir con eso?

Escuche con atención, ármense con el mismo reconocimiento, la misma idea y el mismo principio que fue manifiesto en el sufrimiento de Cristo. ¿Y qué es eso? El principio que inclusive en la muerte puedo triunfar. Ésa es la idea. Ármense con ese gran pensamiento. En otras palabras, esté dispuesto -escuche cuidadosamente- esté dispuesto a morir. Ármese con ese gran pensamiento, eso es exactamente lo que yo creo que Pedro está diciendo aquí. Es una declaración muy simple. Cristo murió y ustedes necesitan armarse a sí mismos con esa misma idea de que ustedes también estén dispuestos a morir, porque ustedes entienden que en morir, hay triunfo.

Ahora, usted tiene una alternativa, si es perseguido y amenazan su vida, usted simplemente puede retractarse. Usted puede simplemente negar a Cristo. Usted puede simplemente salirse. Simplemente puede tirar la toalla. Pero esa no es una opción, ¿o sí? Entonces, lo que él está diciendo aquí es esto ‘Miren tal como Jesús lo dijo en Juan 16, va a pasar en muchas de sus vidas. Algunos de ustedes serán perseguidos, algunos de ustedes serán matados. Algunos de ustedes serán mártires, ármense con esa idea de que así como Cristo estuvo dispuesto a morir porque sabía que en ello había triunfo, ustedes deben tener el mismo pensamiento, estén dispuestos a morir por causa de la justicia, porque ustedes saben que puede ser triunfal.’

Ahora, permítame decirlo de manera simple. Acepten de manera voluntaria el potencial de la muerte como parte de la vida cristiana. ¿Es ese un pensamiento nuevo para usted? No debería. Mateo capítulo 10, versículo 38 y 39, Jesús dijo esto: “Y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.” ¿Qué quiso decir con eso? ¿Qué quiere decir con ‘toma tu cruz’? ¿Qué quiere decir eso? Eso significa estar dispuesto morir. No hay nada místico en eso. No está hablando de algún tipo de dedicación espiritual. No. Cuando Él les dijo ‘estén dispuestos a negarse a sí mismos y tomar su cruz’, ellos sabían exactamente lo que quiso decir porque una cruz era donde la gente era ejecutada. Él estaba diciendo que estuvieran dispuestos a morir por Él. Estar dispuestos a entregar sus vidas. Y para muchos, muchos cristianos, esa ha sido una realidad. Pablo dijo en 1 Corintios 15:31: “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.” ¿Qué quiso decir con eso? Estoy viviendo al filo de la muerte. En 2 Corintios, capítulo 4, conforme él habló de la naturaleza de su propio ministerio él dijo “somos perseguidos, somos golpeados, siempre estamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús. Constantemente estamos siendo entregados a la muerte por causa de Jesús, la muerte opera nosotros”, en otras palabras, él siempre estuvo el filo de la muerte y un día murió por Cristo, ¿no es cierto? Pero él estaba listo para eso.

Recuerde que cuando él escribió su última carta, él dijo que estaba listo para ser ofrecido. Como puede ver, él se había armado a sí mismo de esta idea. Él había visto la muerte de Cristo y había visto a Cristo triunfar en ella. Y entonces, se armó a si mismo con la misma idea de que estaba dispuesto a morir por Cristo. Y Pedro aquí, como Pablo, tiene lo mismo en mente. Ustedes descubrirán, queridos amigos, que esa es el arma definitiva, esa es el arma definitiva.

Usted preguntará qué quiero decir con que ésa es el arma definitiva. Mire, si lo peor que pueden hacerle a usted es matarlo y, desde su punto de vista, lo mejor que le puede pasar a usted es morir, entonces, les ha ganado. Entonces, ha triunfado sobre ellos. Ésa es el arma más grande que usted posee. Como puede ver, esa la razón por la que tantos mártires a lo largo de la historia de la Iglesia han estado dispuestos a morir, porque se armaron a si mismos con esa misma idea de que hay un gran triunfo en la muerte. Jesús murió y triunfó sobre el pecado. Y yo muero, véalo en el versículo 1. “Pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.” ¿Qué significa esa frase? Morir, terminó con el pecado. ¿Escuchó eso? ¿Entendió eso? ¿Es la muerte tan mala? ¿Sabe lo que sucede cuando usted muere? ¿Qué sucede? Usted no peca más. Eso es bueno. Porque usted odia el pecado y a usted le gustaría ser librado del pecado, y a usted le gustaría ser piadoso, y virtuoso, y puro, y santo, y sin mancha. Y como puede ver, si estoy armado con la meta de ser librado del pecado y esa meta sólo es alcanzada a través de mi muerte y lo peor que alguien puede hacerme es matarme, entonces sólo pueden producir lo que es más preciado para mí. Y entonces, triunfo sobre ellos. Entonces, él está diciendo a estos cristianos perseguidos que busquen el triunfo en la muerte. Lo peor que el mundo hostil que los está persiguiendo puede hacer es matar al creyente y si el creyente está dispuesto morir, entonces no eso no es amenaza alguna.

Usted lee a lo largo del Libro de los mártires de Fox la historia de John y Betty Stam, o la historia de los misioneros en Ecuador, o inclusive de misioneros más contemporáneos, quienes realmente fueron matados por la causa de Cristo o personas en tierras comunistas o en tierras paganas cuyas vidas fueron quitadas debido a su fe en Cristo y usted se pregunta ¿cómo es posible que pudieron tolerar eso? Y la respuesta es porque ellos vieron la muerte como triunfo, porque se habían armado a sí mismos con esa idea, porque sabían que en esa muerte, ellos dejaban de pecar. Y entonces, la muerte tienes cierta dulzura en ella, ¿no es cierto?

El que muere, término con el pecado. Es un verbo en tiempo perfecto y enfatiza un estado o condición. Usted entra en una condición, un estado eterno permanente libre de pecado. ¿Es eso malo? No, si es la meta de mi vida. ¿Qué estoy tratando de hacer a lo largo de toda mi vida cristiana? ¿Qué estoy tratando de eliminar en mi vida? El pecado. Y en un instante, se acabó. Entonces, si tengo esa idea en mi mente, mátenme y estaré en donde estoy tratando de llegar. Libre de pecado. Entonces, todo el miedo se acaba, toda amenaza es quitada de la persecución.

Cuando un creyente muere, él entra en una condición permanente de libertad del pecado. Cristo es el modelo de eso. Esto, fue cierto acerca de Cristo, por cierto. Usted dirá ‘espere un momento, Él no era un pecador’. Eso es correcto, Él nunca pecó, Él no tuvo pecado; pero Él vino, escuche atentamente, a un mundo, y dice en Romanos 8:3, “en semejanza de carne pecaminosa.” Y Él no vino solo en semejanza de carne pecaminosa sino por el pecado. Y después, Él se sujetó a sí mismo a hombres malos que le hicieron cosas impías; y entonces, Él sintió el peso del pecado, ¿no es cierto? Y después en la cruz, 2 Corintios 5:21 dice que fue hecho pecado. Y 1 Pedro 2:24 dice que Él llevó nuestro pecado. Él vino en semejanza de carne pecaminosa. Él vino para recibir la peor maldad que los hombres pecaminosos podían hacerle. Él fue a la cruz y fue hecho pecado y cargó el pecado; pero cuando Él murió, Él fue ¿qué? Libre del pecado. Y todo lo que Él sufrió en Su encarnación llegó a su fin. Él ya no estuvo en la semejanza de carne pecaminosa. Él tuvo un cuerpo glorificado. Él nunca volverá a ser sujeto a las malas obras llevadas a cabo por personas malas y demonios. Él nunca jamás llevará el pecado, fue hecho una sola vez.

Y entonces Cristo, también en Su muerte, terminó con el pecado. No tiene nada que ver con Él.. Y entonces, dice Pedro, ármense con el mismo pensamiento. ¿Quiere tener el arma definitiva? Entonces entienda que cuando muere está libre del pecado para siempre.

Ahora, sólo un necio vería eso y diría que no, que prefiere tener lo que tiene. Espere un momento, es imposible. Pero amados, el terminar con el pecado, el cesar de pecar, está relacionado con la muerte de la carne. Por cierto, este versículo es muy bueno para dárselo a un perfeccionista. La gente que cree que usted puede ser perfecto en esta vida. Pedro dice no, la única manera en la que cesas de pecar, que terminas con el pecado, es cuando mueres. Las únicas personas sin pecado están muertas en la carne. Muertas a este mundo. Cualquiera de los que están vivos en este mundo tiene pecado en su vida.

Entonces Cristo, mediante Su muerte, fue liberado de los poderes pecaminosos bajo los cuales Él , de manera voluntaria, se colocó a sí mismo identificándose con el hombre en la encarnación y al llevar el pecado del hombre en la crucifixión. Y supongo que eso estaba en Su mente cuando dice en Hebreos que Él soportó la cruz por el gozo que fue puesto delante de Él. ¿Y cuál fue ese gozo? El ser liberado para siempre del pecado. Nosotros también podemos ver hacia adelante, a la muerte, porque nos libera del pecado.

Simplemente para enfatizar ese pensamiento un poco más y que quede más firme en su mente, escuche lo que dice Romanos 7:5. “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.” Mientras que usted está en la carne, las pasiones pecaminosas están operando. Romanos 7:18: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien.” Versículo 23: “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” Oiga, mientras que usted esté vivo en este cuerpo humano, usted tiene un problema de pecado; y el único alivio que va a recibir es cuando usted deje este cuerpo. Cuando su carne se muera.

Escuche 1 Corintios 15 y va a oír la comparación en el versículo 42, él está hablando de la resurrección y dice que nuestros cuerpos son sembrados como cuerpos perecederos y son resucitados como imperecederos. “Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.” Versículo 49: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”

No es sino hasta que morimos que recibimos ese cuerpo honorable, imperecedero, glorioso, poderoso, espiritual, celestial. Y ahí es cuando él aguijón de la muerte -el cual es el pecado- es quitado para siempre. Él dice, más adelante, en ese mismo capítulo. Ahora amado, si usted es cristiano, usted va a llegar ahí tarde o temprano, ¿verdad? Estar ahí antes sería demasiado malo ¿O preferiría esperarse hasta después y poder satisfacer sus deseos por tanto tiempo como fuera posible en su carne pecaminosa? Ahora, ¿entiende usted por qué un cristiano que piensa en profundidad no teme a la muerte? Todos nos dirigimos ahí. Todos vamos a alcanzar en última la bendición de no tener pecado. Y si usted piensa en esto, debería estar diciendo ‘entre más pronto, mejor’. Ahora, debido a que esa es nuestra mente y debido a que ese es nuestro destino, entonces no tememos al sufrimiento, porque lo peor que el sufrimiento puede hacer es matarnos y darnos lo mejor. La meta de nuestra vida. Llevarnos a la perfección sin pecado.

Ahora, si usted llega ser quemado en la estaca, crucificado cabeza abajo o suspendido en el aire con clavos en sus talones o si termina siendo masacrado o lo que fuera, y hay una pequeña probabilidad, supongo que muy pequeña, usted simplemente puede recordarle a sus perseguidores que le están haciendo un favor inmenso porque en ese proceso ellos están llevándolo a usted a la gloria perfecta sin pecado. La cual es para lo cual usted fue salvado en primer lugar y usted puede expresarle su más profunda apreciación y gratitud por ese generoso regalo que le han dado para que usted llegue a la perfección eterna.

Si todo eso le suena muy extraño, eso muestra lo confuso que nuestra manera de pensar es, ¿no es cierto? Ahora, ¿por qué quiere estar armado con esta idea? Versículo 2, quiere estar armado con esta idea para no vivir el tiempo que resta en la carne conforme a las concupiscencias de los hombres sino conforme a la voluntad de Dios. Usted dirá cómo es que eso se relaciona. Simplemente, de esta manera: si la meta de mi vida es no pecar, entonces tengo que estar en dirección a esa meta.

Voy a vivir mi vida evitando el pecado. Voy a vivir el resto del tiempo en mi carne hasta el día en el que cese de pecar a través de la muerte, ya no para las concupiscencias de los hombres, sino para la voluntad de Dios. Debido a que esa es la meta de mi vida, tengo que hacer que mi vida esté moviéndose en esa dirección ahora. Entonces, ¿para qué vivo el resto de mi vida? Para evitar el pecado, para vivir, esa es la palabra de la cual obtenemos biología, habla de la vida terrenal. Debo vivir en esta tierra, debo vivir mi existencia humana, el resto del tiempo que Dios me dé en esta carne no para las concupiscencias de los hombres sino para la voluntad de Dios. Los años que me queden en la vida. Lo que me quede en este cuerpo carnal pecaminoso ya no será para las concupiscencias de los hombres, ya no será motivado, energizado por la epithumia, usted sabe, esa palabra fuerte que significa malos deseos. Ya no voy a vivir de esa manera. Voy a evitar eso para conformarme a la voluntad de Dios.

Entonces, esta es una aplicación muy práctica de lo que Pedro ha estado enseñando. Cristo triunfo en Su muerte. Usted debe tener la misma manera de pensar. De que se dirige a un triunfo sobre el pecado y no lo va a alcanzar hasta que llegue a la muerte; y entonces su muerte será su mayor triunfo. Y debido a que la meta de su vida es la muerte que lo libera del pecado, entonces el tiempo presente de su vida debe ser la búsqueda de la meta de su vida, la cual consiste en estar tan libre del pecado como sea posible aquí y ahora. Entonces, para el resto del tiempo en la carne, usted no busca las concupiscencias de los hombres, sino que busca la voluntad de Dios.

Pedro entonces nos llama a evitar al pecado y a no vivir impulsados por nuestro deseo maligno arraigado en nuestra carne. Y si usted quiere una buena descripción de eso, sólo necesita recordar la carta de Pablo a la Iglesia en Éfeso en donde él dice en el capítulo 2 describiendo a los no regenerados “Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Así era como vivíamos.

Pero él dice, ‘ahora soy cristiano y el resto de mi vida ya no vivo de esa manera’. Entonces, la meta de la vida cristiana consiste en evitar el pecado. Ahora, Pedro nos ayudará un poco en este pasaje para evitar el pecado, no al darnos una perspectiva adelantada o inclusive una perspectiva presente, si no dejándonos una perspectiva de memoria, llamándonos a recordar.

Permítame darle por lo menos dos puntos en esta noche y terminaremos la próxima vez. Un estímulo muy importante para evitar el pecado -que es lo que deberíamos hacer ya que es el objetivo de nuestra vida- uno muy, muy importante es tener una buena memoria. Y lo primero que quiero presentarle es que necesitamos recordar eso, qué le hizo el pecado Jesucristo. ¿Muy bien?

Necesitamos recordar lo que el pecado le hizo a Jesucristo. Eso debería ayudarle a odiarlo. Eso debería ayudarle a evitarlo. Eso debería ayudarle a rechazarlo. Ahora, mientras pasan los largos años de nuestras vidas hasta que cesemos de pecar a través de la muerte, a lo largo de todo este tiempo, vamos a hacer lo que podamos por evitarlo. Y para querer evitarlo, creo que usted tiene que realmente odiarlo. Y para que usted realmente lo odie, tiene que entender cómo es. Y para entender cómo es, necesita comenzar a ver lo que le hizo a Cristo. ¿Qué le hizo a Cristo? Versículo uno.

“Cristo ha padecido por nosotros en la carne”. Dígame usted, ¿qué le hizo a Cristo en una palabra? Lo mató. Lo mató. Le costó Su vida. ¿Podemos disfrutarlo cuando sabemos lo que le hizo a Cristo? ¿Cuando reconoce que Él fue hecho pecado? ¿Cuando usted reconoce que Él cargó en Su cuerpo nuestros pecados en la cruz? ¿Cuando usted se da cuenta que la Biblia dice que Él fue hecho una maldición por nosotros? Maldito es todo aquel que cuelga de un madero, en Gálatas. Cuando usted se da cuenta de que Él fue el segundo miembro de la Trinidad sin mancha, puro y santo, quien nunca tuvo contacto con pecado y quien después fue hecho pecado y llevó los pecados del mundo en Su cuerpo y después le quitaron la vida, lo mataron. Lo separaron de Dios de tal manera que Él dijo ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’ Cuando usted se da cuenta que lo colocaron en una cruz y le clavaron clavos en Sus miembros y le colocaron espinas en Su frente y caía saliva de Su cuerpo al que le habían escupido y una lanza fue clavada en Su costado, cuando usted se da cuenta de todo eso y que todo eso fue causado por el pecado, eso debería ayudarle a odiar el pecado, ¿no es cierto? Si usted ama a Cristo.

Veo a gente que está llena de venganza porque alguien ha lastimado a alguien que ellos aman. Algunas veces veo una entrevista de un padre cuyo hijo ha sido matado por un hombre que manejaba en estado de ebriedad. Un padre cuyo hijo fue matado por una enfermedad. Veo a un cónyuge que ha perdido a su pareja en un crimen cuando ellos fueron las víctimas inocentes y oigo la amargura y la venganza y el odio hacia el que cometió el crimen y como padre y marido y amigo, entiendo eso. Me acuerdo del día cuando vinieron a tocarme a la puerta de la casa y un hombre estaba en el patio del frente con un cuchillo de carnicero amenazando llevarse a Melinda cuando ella era tan sólo una niña pequeña. Y recuerdo los sentimientos de mi propio corazón en el hecho de que tenía un bate de béisbol en mi mano. De hecho, le dije, ‘si tú pasas por esta puerta, vas a encontrar tu cabeza en Encino’. Y creo que eso es una cita directa.

Y sé lo que yo hubiera tenido que enfrentar en mi propio corazón si ella hubiera abierto la puerta, la cual afortunadamente tenía doble chapa cuando ella estaba tratando de dejarlo entrar. Y sé lo que como padre hubiera sentido excepto por la gracia de Dios. Y comprendo que cuando alguien tan precioso para nosotros es atacado y devastado y aplastado y asesinado lo que surge en nuestros corazones y es un odio de eso, no es que es un odio a esa persona, sino que es un odio de la obra, del acto.

Y ciertamente, si entendemos que el asesino de Jesucristo fue el pecado, deberíamos odiar el pecado. ¿No parece eso una conclusión razonable? Y entonces, si usted tiene una buena memoria, podría ayudarle a evitar el pecado y lo primero que debe recordar es lo que el pecado le hizo a Jesucristo.

Lo segundo que debe recordar es lo que el pecado le ha hecho a cristianos. Recuerde lo que el pecado le ha hecho a cristianos. Y usted preguntará qué es eso. Bueno, le voy a decir lo que nos ha hecho a nosotros, nos ha destrozado. De hecho, nos ha destrozado tanto que ni siquiera podemos liberarnos de él hasta que estemos muertos. ¿No odia usted eso? ¿No le gustaría tener una semana sin pecar? Nos ha destrozado. Nos ha destruido. Versículo 1: “Pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.” Lo que el pecado nos ha hecho es infectarnos a tal grado que la única manera en la que podemos terminar con él, es estando muertos. Y de la misma manera, mientras que estemos vivos, somos atacados por él.

Usted lee Romanos capítulo 7 y el apóstol Pablo está clamando ‘yo amo la ley de Dios con mi hombre interior, pero hay algo más en mí. Hay algo que está luchando con ese amor por lo que está bien. El pecado que hay en mi carne y las cosas que quiero hacer no las hago. Y las cosas que no quiero hacer, las hago. ¡Oh miserable de mí!’ Romanos, capítulo 8, la creación entera gime esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. ¿Quiere saber qué estar esperando la creación entera? La muerte y la resurrección. Quiere una nueva creación, así como nosotros queremos una nueva vida. No es sorprendente que Pablo le dijo a Timoteo cuando le escribió: ‘estoy listo, estoy listo para ser sacrificado’. Le dice en Timoteo 24:18 “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial.” ¿No es eso bueno? Pablo dice, ‘yo espero con anhelo el día cuando muera. Porque cuando muera, el Señor me librará de toda obra mala y me llevará a salvo a Su Reino’. No es sorprendente que él dijo ‘he acabado la carrera, he guardado la fe, estoy listo para irme, sáquenme de aquí, ya estoy cansado’. Y algunas personas quieren vivir en este mundo por tanto tiempo como sea posible.

Tito 2:14 dice que Él se entregó a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda obra impía y purificar para sí mismo un pueblo Suyo. ¡Oh, seamos quienes debemos ser!, ¿muy bien? Odio el pecado, no sólo por lo que le hizo a Cristo, sino por lo que ha hecho a cristianos. Digo, sería maravilloso pastorear a una congregación perfecta. Ser un pastor perfecto de personas perfectas. Es difícil ser un pastor imperfecto de personas imperfectas.

Ser un líder pecaminoso de personas pecaminosas. Muy difícil. Muy difícil. Y si recuerdo lo que el pecado le hace a cristianos, voy a crecer en mi odio en contra de Él. Y le voy a decir algo, entre más tiempo usted esté en el ministerio, más lo odia; entre más tiempo vive usted como cristiano, más lo odia. Porque usted continúa acumulando un archivo muy, muy grande acerca de lo que le hace a cristianos. Cómo destroza sus vidas de tal manera que sólo en la muerte puede haber alivio. Bueno, eso es sólo parte de lo que Pedro dice aquí. Inclinémonos en una palabra de oración.

Señor, gracias por el recordatorio en esta noche de que debemos odiar el pecado y armarnos con la mente de Cristo, quien estuvo dispuesto a morir, porque al morir, Él dejaría de tener nada que ver con el pecado. Todo acabaría ahí. Señor, que lo odiemos cuando vemos lo que el pecado le hizo a Él, cuando vemos lo que le hace a cristianos, a nosotros. Que lo odiemos lo suficiente como para armarnos con la misma idea de que estamos dispuestos a morir, porque morir es ser liberados del pecado para siempre. ¡Oh, gozo y bendición inimaginables!

Padre, Te damos gracias por la gracia de concedernos tal regalo a nosotros, ser liberados del pecado. Pensar que la alternativa es pensar en un infierno eterno, que es la presencia eterna de pecado y sólo pecado. ¡Oh, que pensamiento tan terrible, inconcebible! Gracias por la gracia que nos ha concedido la promesa de una eternidad en donde el pecado ha cesado para siempre. ¡Qué gracia! Te damos gracias en el nombre de nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

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