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Abramos nuestras Biblias en esta noche para nuestro estudio de la Palabra de Dios en 1 Pedro capítulo 4. Primera de Pedro capítulo 4. Y nuevamente, estamos viendo los versículos 7 al 11. Permítame leérselos.

Comenzando en el versículo 7, Pedro escribe: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y, ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Ahora, hemos señalado en las últimas dos noches de domingo que éste es un resumen rico de nuestra responsabilidad como cristianos. Lo hemos llamado El Deber Cristiano en un Mundo Hostil. Nos recuerda algo que es muy elemental en la fe cristiana. Nos recuerda que la fe no puede ser quitada o desconectada de la esfera de la vida real. Permítame decir eso de nuevo: la fe no puede ser quitada ni desconectada de la esfera de la vida real. Dicho de otra manera, la salvación no es únicamente perdón de pecados. La salvación es un nuevo orden de vida.

Digo eso porque me parece que en el clima contemporáneo en el que la Iglesia existe en la actualidad, la salvación es primordialmente, sino que es exclusivamente, es concebida como algo que está alejado de su definición bíblica. La salvación en la actualidad primordialmente significa el perdón de pecados para la mayoría de la gente. Y me temo que para muchos predicadores. Hablan tanto de la salvación siendo el punto en el que sus pecados son perdonados. Usted es librado del pecado y la muerte y la culpabilidad y el infierno. Pero cuando entendemos la salvación de una manera bíblica, debemos entender que la salvación lleva a cabo una transformación entera en la vida. No es únicamente el perdón de pecados, es la transformación de la vida. El énfasis en la actualidad tiende en ver la salvación como el recibir el perdón de pecados por la fe en Cristo. Eso, claro, es verdad.

Pero la mayor parte de la predicación de la salvación parece centrarse únicamente en eso. Y e inclusive consumarse únicamente en eso. Y entonces, la cruz se convierte en el punto focal. La cruz es ese punto en el que Cristo lleva nuestros pecados y para ese entonces, era el punto focal de la salvación como porque ahí es donde el pecador encuentra gracia para el perdón de sus pecados.

A usted quizás le parezca interesante saber que, por muy importante y central que la cruz es en el cristianismo, realmente no fue el enfoque central de la primera Iglesia. La primera Iglesia dio mucho más en la salvación que tan sólo el momento en el que Cristo expió por los pecados, el momento en el que Él murió en la cruz. La primera Iglesia vio a la salvación en los términos mucho más amplios que eso. La primera Iglesia vio a la salvación como algo que únicamente comenzó con el perdón de pecados y llegó a una vida transformada en obediencia y consumada en la gloria con Jesucristo.

Es interesante que inclusive la historia refleja esto en cierta manera. En su libro Civilización, el autor Kenneth Clark muestra que la cruz, como tal, fue un símbolo que vino mucho más tarde en el arte cristiano y en la cultura cristiana. Cuando pensamos en el cristianismo, inmediatamente pensamos en la cruz como el símbolo de nuestra fe. Quizás, le parezca interesante que saber que lo que ese libro Civilización determinó, la primera aparición de la cruz en el arte o cultura cristianas ocurrió en el año 430 d. C. hasta el siglo quinto en las puertas de la Iglesia en Santa Sabina. Y que esa cruz fue una cruz bastante pequeña colocada en una pieza de arte cristiano.

La primera Iglesia no se enfocó en la cruz. ¿La primera Iglesia se enfocó en qué gran acontecimiento? La resurrección. Enfocó su atención en la resurrección. Y como consecuencia, su preocupación no estuvo en el punto en el que el pecado es perdonado, sino en el punto en el que la vida nueva comienza. Y la resurrección es ese punto. Nosotros, claro, morimos en Cristo espiritualmente y en esa muerte, la paga del pecado fue pagada. Pero también resucitamos en Cristo, dice Pablo, para andar en vida nueva. Ser salvo, entonces, para la primera Iglesia, y ciertamente, también para nosotros, no sólo fue que su pecado fuera perdonado, no sólo fue alguna transacción que cubrió nuestra culpabilidad, sino que más bien, ser salvo fue ser liberado del poder de las tinieblas y ser trasladado al Reino del amado Hijo de Dios.

En otras palabras, fue entrar a un nuevo tipo de vida totalmente nuevo. Entrar a una nueva esfera de existencia. La salvación no es tan solo expiación. La salvación no es tan sólo perdón. La salvación es regeneración. Es transformación. Es el impartir un tipo de vida nuevo: la vida de Dios en el alma del hombre.

Y debido a que eso es verdad, uno que es salvo no sólo ha recibido perdón por sus pecados, sino que tiene un deseo nuevo de vivir en esa esfera nueva. Ese deseo que emana de una naturaleza nueva, una simiente santa. El Nuevo Testamento habla mucho del hecho del que en el creyente es implantada la simiente de vida nueva, una simiente incorruptible. Y esa simiente o semilla es un concepto muy importante, porque una semilla es aquello que produce algo.

Y el hecho mismo de que las Escrituras identifican al cristiano como uno en quien se ha implantado una semilla incorruptible de vida indica que dará fruto, que habrá una producción a partir de esa semilla. Esa semilla de vida nueva es interrumpible y florecerá. Y entonces, cuando una persona es salvada, no sólo es cuestión de lidiar con el pecado, los voltea de la vida antigua y los caminos antiguos a una vida nueva y maneras nuevas de vivir que son la expresión consecuente de esa vida nueva.

Dicho de una manera simple, obras. Obras piadosas, obras espirituales, buenas obras se convierten en el resultado inevitable de esa transformación. Santiago dice que son inherentes en la naturaleza de la fe salvadora -en donde usted tiene fe salvadora, usted tiene obras, porque la salvación no es sólo perdón. Es transformación. Es regeneración.

Martín Lutero describe la fe salvadora como una fuerza poderosa que altera la vida. Escuche las palabras de Martín Lutero: “oh, esta fe es algo vivo, ocupado, activo, poderoso. Es imposible que no esté haciendo sin cesar aquello que es bueno. Ni siquiera pregunta si las buenas obras deben ser hechas, sino que antes de que la pregunta pueda ser hecha, las ha hecho. Y está involucrada constantemente en hacerlas. Pero el que no hace obras así es un hombre sin fe. Él está caminando a tientas para encontrar fe y buenas obras, no sabiendo lo que son ninguna de las dos. Sin embargo, multiplica las palabras y habla de manera incesante acerca de la fe y las buenas obras.

Además, él dice, la fe es una confianza viva bien fundada en la gracia de Dios a tal grado, tan perfecta, que preferiría morir mil veces en vez del lugar de rendir su convicción. Dicha confianza y conocimiento personal de la gracia divina hace de su posesor a alguien que esté gozoso, que sea valiente, que esté lleno de afecto cálido hacia Dios y todas las cosas creadas, todo lo cual el Espíritu Santo opera en la fe.

De esta manera, un hombre así se convierte sin restricción alguna en alguien que está dispuesto y es pronto a hacer bien a todo el mundo, a servir a todo el mundo, a sufrir todo tipo de males para agradar y glorificar a Dios, quien le ha mostrado una gracia tal. Fin de la cita. Muchos teólogos han tratado de hacernos creer que Lutero no creyó en una fe así. Pero sí creyó, como es testificado por sus propias palabras. Su perspectiva de la salvación fue correcta y la nuestra también lo debe ser.

Debemos ver la salvación como una transformación de vida, ahora escuche, que hace significativos y deseables todos los mandamientos de la Palabra de Dios. Esa es la razón por la que en la gran Comisión dice “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. En esa vida nueva existe inherente el impulso a obedecer.

Entonces, aquí estamos. Perdonados, sí. Transformados, sí, con un impulso por obedecer. Y aquí tenemos ese impulso por obedecer servido por una serie de mandatos en este texto. Estos textos entonces vienen como muchos otros en el Nuevo Testamento, vienen para hablarle al corazón, en donde la obediencia que es el deseo más profundo. Pedro entonces está instruyéndonos acerca de los principios de la vida cristiana. No peleamos contra ellos, los deseamos. No los resistimos, los anhelamos. No debatimos contra ellos, los obedecemos. Esa es la marca de la transformación.

En el versículo 7, recordará usted, él nos dio en primer lugar el incentivo, cuando él dijo: “mas el fin de todas las cosas se acerca,” y él estaba hablando de la consumación o el regreso de Jesucristo. Él dijo: “mantengan en mente que Jesucristo podría venir en cualquier momento”. Vivimos en una expectativa constante de Su regreso.

El hecho de que el fin de todas las cosas se acerca debe mantenernos rindiendo cuentas, porque cuando Él venga estaremos delante de su tribunal y nuestras obras serán evaluadas, sean oro, plata, piedras preciosas o también madera, heno y hojarasca. Y seremos recompensados eternamente en base a nuestra fidelidad. Entonces, vivimos en la luz del regreso de Cristo y vimos eso con bastante atención.

Después del incentivo, vinieron inmediatamente, en el versículo 7, las instrucciones. Y aquí están los mandatos que creo que vienen para un corazón transformado que está dispuesto a obedecer. Los mandatos en los versículos 7 en adelante, y hasta la mitad del versículo 11, se dividen básicamente en tres categorías. Se las di a usted la última vez.

Categoría número uno, la santidad, tiene que ver con su relación con Dios. Categoría número dos, amor, tiene que ver con su relación con otros. Y ahora, llegamos a la categoría número tres, servicio. En el versículo 7, Pedro estaba hablando de tener un juicio sano, ser sobrios y velar, tener un Espíritu sobrio con el propósito de orar. En otras palabras, tener una vida santa, lo cual contribuye a tener una comunión correcta con el Dios vivo. Eso es básico para la vida cristiana.

Y después, en los versículos 8 y 9, él habló del amor, amor ferviente, el amor que cubre los pecados de otros, el amor que es hospedador hacia los extraños y nunca murmura, se queja.

Pero ahora, al llegar a los versículos 10 y 11 vamos a hablar del servicio. Y voy a tratar de condensar un tema grande acerca del cual, por cierto, he escrito un libro bastante grueso titulado Dones Espirituales. Pero quiero condensarlo en tan sólo unos pocos momentos que tenemos frente a nosotros en esta noche, porque estos dos versículos hablan del servicio.

Debemos, uno, mantener una relación santa con Dios. Dos, mantener una relación amorosa con otros. Tres, vivir una vida de servicio. Simplemente eso. ¿Cómo es entonces que ese servicio se debe presentar? Simplifiquémoslo lo más que podamos. Observe los versículos 10 y 11. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros.” Ahora, ahí es donde comenzamos. Pedro dice que debemos estar ocupado sirviéndonos unos a otros. Usted comienza con una relación vertical correcta. Usted continua eso con una relación horizontal correcta y eso lo involucra usted en una vida de servicio eficaz. La santidad interna nos lleva al amor y externo, el cual produce servicio espiritual. Y el servicio espiritual sin la santidad interna y el servicio espiritual sin el amor externo es hipocresía. Legalismo. Una farsa.

Ahora, veamos entonces estos dos versículos que nos hablan del servicio espiritual. El versículo 10 dice que debemos estar sirviendo. Debemos estar sirviendo. Pero cómo es la pregunta. ¿Cómo debo servir? La palabra servicio o ministrar es una palabra muy, muy mundana, quiero recordarle. Una palabra muy mundana. Significa literalmente servir a la gente. Eso es lo que significa. Servir a la gente. Es la palabra diakoneō, la cual es usada de un mesero. Peor que eso, el que se lleva los platos ya sucios. Es una tarea muy insignificante. Debemos entregar nuestras vidas en servicio el uno al otro. Ahora, la pregunta es ¿cómo debemos hacer eso? Y vamos a verlo un elemento a la vez.

Versículo 10 nuevamente: “cada uno según el don que ha recibido.” Aquí está la herramienta para el servicio. Debimos servimos unos a otros mediante un don especial. Un don especial.

Ahora, ¿qué queremos decir con un don? ¿Qué es éste don del que está hablando? Bueno, vamos a ver eso en tan sólo un momento. Antes de que veamos eso, regresemos en el texto y tomemos una parte a la vez que trata con ese don especial.

En primer lugar, quiero hablar de la extensión de estos dones especiales. Versículo 10: “cada uno según el don que ha recibido.” Ahí está la extensión. Cada cristiano tiene un don especial. Todo el mundo lo tiene. Usted lo tiene, yo lo tengo. Todo cristiano lo tiene. Pedro dice que cada uno según el don que ha recibido. Y ahí, él describe la extensión de los dones especiales, o como los llamamos, dones espirituales. Todo el mundo tiene uno. Pase conmigo por un momento a 1 Corintios capítulo 12. Y quiero reforzar este punto al mostrarle de manera explícita lo que el Espíritu de Dios dice. Primera de Corintios capítulo 12 habla del mismo tema. Está hablando de dones espirituales.

El versículo 1 dice: “no quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.” El versículo 4 dice que hay diversidad de dones. Pero el versículo 7 dice: “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” En otras palabras, todo creyente recibe un don espiritual dado a él por el Espíritu Santo. El versículo 11: “pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,” ahora escuche, “repartiendo a cada uno en particular como él quiere.”

Observe el versículo 12: “porque así como el cuerpo, el cuerpo de Cristo, como un cuerpo físico es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.”

El punto es que, así como usted tiene un cuerpo y todo miembro tiene una cierta función, así también en el cuerpo de Cristo todo miembro tiene una cierta función. Y el cuerpo, dice el versículo 14, no es un solo miembro, sino muchos. Y la idea ahí es también en la Iglesia.

Ahora, en el versículo 11 de 1 Corintios 12, dice que el Espíritu está repartiendo, repartiendo a cada uno. Esto es universalidad. Pero Él está repartiendo a cada uno en particular. Eso es individualidad. Entonces, usted tiene universalidad e individualidad. ¿Qué quieres decir con eso? Simplemente, quiero decir esto: Él le da dones a cada cristiano como persona. Pero mientras que estamos dotados universalmente, también estamos individualmente dotados, lo cual significa que cada uno de nuestros dones es único en cada uno de nosotros. Él distribuye a cada uno, eso es universalidad; en particular, eso es individualidad.

Y, por cierto, la palabra en particular, idios, de la cual obtenemos idiota. ¿Qué significa idiota? Esa es una palabra griega que significa peculiar. Significa que no hay nadie como él. Y llegó a ser usado de personas que son incompetentes en términos mentales porque son tan raras, son tan peculiares que no hay nadie como ellas.

El punto es este: yo creo que todo cristiano es un copo de nieve espiritual, así como usted es literalmente; sólo hay uno como usted. Aún si usted tuviera un gemelo, usted es diferente de su gemelo. Sus huellas digitales son diferentes, sus dientes son diferentes y otras partes de su cuerpo son diferentes. Cada uno de nosotros ha sido sellado de una manera absolutamente única. Todos somos idiotas creativos en ese sentido. Somos peculiares. Somos únicos. No hay uno como nosotros. Somos copos de nieve espirituales. Y yo creo que cuando el Espíritu de Dios da a todo creyente dones, Él se los da individualmente a cada creyente de manera absolutamente peculiar a ese creyente.

Usted dice: “bueno, espera un momento, John. Si yo leo 1 Corintios capítulo 12, leo que tan sólo hay unos cuantos dones enlistados ahí. Digo, unos cuantos específicos.” Habla, por ejemplo, de la palabra de sabiduría, la palabra de conocimiento, fe, dones de sanidad, hacer milagros, profecía, distinguir espíritus, varios tipos de lenguas, interpretaciones. Y después, si usted ver Romanos, capítulo 12, usted tiene otra lista de dones. Y si usted ve ahí, ahí hay unos cuantos sugeridos. Por ejemplo, en Romanos 12 usted tiene profecía, servicio, exhortación, dar, guiar, administración, mostrar misericordia. Usted dice: “bueno, tu sabes, sólo hay unos doce de ellos enlistados ahí.”

Ahora, ¿cómo es que vas a dividir una docena de dones entre millones de cristianos y lo vas a hacer a todos diferentes? Le voy a decir cómo. Yo creo que usted tiene una lista de dones en Romanos 12, una lista de dones en 1 Corintios 12. El hecho de que son diferentes muestra cuánta flexibilidad hay en su definición. Pablo enlista algunos en el pasaje a Romanos. Él enlista algunos en el pasaje a Corintio. Y hay algo de duplicación; y algunos que no son duplicados. Y es casi como si él estuviera simplemente sugiriendo categorías amplias. La mejor manera de entenderlo sería que son como colores en una paleta. Y cada don sería un color. Y conforme Dios toma Su pincel y lo pinta a usted, Él mete Su pincel en diferentes categorías de colores y lo pinta a usted de un color único.

Y usted no es igual a alguien más. Aún si usted tuviera a quince personas, o veinte, o cinco mil, quienes tuvieran todos el don de enseñanza, todos podrían enseñar y todos enseñarían de manera diferente, única. ¿Por qué? Bueno, porque la categoría del don es simplemente eso, es una categoría en la que Dios moja, por así decirlo, Su pincel. Y de nuevo, después, metiendo Su pincel en esas otras categorías para hacerlo a usted único.

Y después, hay más que eso. Efesios 4:7 dice: “la medida del don de Cristo”. Él usa esa frase, la medida del don de Cristo. Él mide ese don en diferentes maneras. Usted puede tener un don de enseñanza, un don de mostrar misericordia, un don de servicio, un don de fe, o lo que sea. Pero la medida con la que se le ha dado a usted ese don pueden variar. Tenemos a muchas personas en esta Iglesia con el don de enseñanza, pero es diferente en cada caso. Y entonces, usted tiene la medida del don.

No sólo eso, en Romanos 12:3, Pablo dice: “cuando Dios da el don, también da la medida de la fe para operar ese don “. Entonces, usted tiene su don medido y después, usted tiene la cantidad correcta de fe para operar ese don que ha sido medido. Una medida de gracia, una medida de fe que está ligada con el don medido para el uso eficaz.

Y entonces, mientras que todos tenemos dones, el Señor nos está haciendo excepcionales. Ese pasaje en 1 Corintios 12 enfatiza este mismo punto desde otro punto de vista. Él dice que hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. Hay variedades de ministerios en los cuales esos dones son usados, pero el mismo Señor y hay variedades de efectos que resultan del uso de esos dones.

Entonces, usted tiene variedades de dones, variedades de ministerios en los que los dones operan. Variedades de efectos, porque usted tiene variedades de gracia, por así decirlo, medidos. Variedades de fe medidas. Cada uno de nosotros termina como un copo de nieve espiritual.

La gente me pregunta cuál es mi don espiritual. Bueno, no puedo etiquetarlo y decir predicación o enseñanza. Mi don espiritual es aquello que yo hago al servir a Cristo. Es una composición de varias cosas. Obviamente, incluiría predicación y enseñanza e incluiría quizás exhortación. Su don puede ser una combinación de otras cosas. Pero usted es quien es, absolutamente único. Inclusive, Timoteo, quien hizo tantas cosas, quien predicó y enseñó, quien hizo la obra de un evangelista, que aconsejó y exhortó, quien tuvo que demostrar liderazgo una y otra vez en su vida. Él tuvo todas estas capacidades enrolladas en una cosa, pero cuando se dirigió Pablo a su don, se dirigió como si tuviera sólo un don. El don. El don que te fue dado, no lo descuides dice en 1 Timoteo 4:14, él recibió el don.

Entonces, usted tiene un don especial. Es una combinación de los colores, por así decirlo, de la paleta de los dones que se unen para hacer que usted sea único. Y no hay nadie como usted, absolutamente nadie como usted.

Entonces, en primer lugar, la extensión de los dones espirituales, todo el mundo los tiene y usted tiene uno que nadie más tiene. Entonces, usted toma ese don único en un ministerio único con un efecto único, con una cantidad medida de gracia y una cantidad medida de fe. Y después, usted añade sus capacidades físicas, su preparación, su trasfondo, sus oportunidades, su ambiente y todas sus influencias y usted opera como ninguna otra persona. Ninguna otra persona. Esa es la razón por la que nadie puede reemplazarlo si usted no funciona. Esa es la extensión de los dones espirituales.

En segundo lugar, ¿qué hay acerca de la fuente de los dones espirituales? ¿De dónde vienen? ¿Cuál es la fuente? Bueno, ya ciertamente hicimos referencia a eso. Observe nuevamente el versículo 10. Dice: “cada uno según el don que ha recibido.” Usted lo recibió, alguien se lo dio a usted. Usted no se lo ganó, usted no oró por él, usted no rogó por él. Usted no trabajó por tenerlo, usted no lo generó, usted lo recibió. Efesios 4:7 lo llama el don de Cristo. La palabra para don aquí es charisma, esa es la palabra a partir de la cual obtenemos la palabra gracia. Es un don de gracia. Usted no se lo ganó, usted no sólo pudo ganar.

Por cierto, en Efesios 4:7, cuando habla del don de Cristo, usa la palabra dōrea; y esa palabra dōrea, enfatiza la libertad del don. Algunas veces, los dones espirituales son de la palabra pneumatikos, la cual significa espiritual. Eso está hablando de la naturaleza del don. Es una capacidad espiritual. Dōrea está hablando de la libertad de ese don. Y entonces, libremente, hemos recibido nuestro don espiritual. Es un don de gracia, una capacidad espiritual. Es dado de manera sobrenatural. Es capacitado de manera sobrenatural. Usted no se lo puede ganar, usted no lo puede producir. Usted no lo puede buscar. Eso es lo que es tan necio en la gente que busca ciertos dones espirituales. Usted no puede hacer eso. Son recibidos, no buscados.

Permítame mostrarle otra vez. Regrese a 1 Corintios capítulo 12. Primera de Corintios capítulo 12, versículo 4: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” Ahora escúchenme, dice: el Espíritu del don y el Señor del ministerio y Dios lleva a cabo los efectos. Esa es la Trinidad. Esa es la Trinidad. Todos están involucrados. Y usted recibe esos dones. Usted no se los gana.

El versículo 7: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Usted no se lo ganó, le fue dado a usted. El versículo 11, lo leímos antes: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere.” Como Él quiere, como Él desea. Versículo 18: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como Él quiso.” ¿Ve usted eso? Como Él quiso. Ahora, alguien dice: “bueno, observe el versículo 31, ahí dice: “procurad pues los dones mejores.”” ¡Hombre! ¿Acaso ese versículo ha confundido a la gente? Lo dice ahí. Usted debe desear los dones mejores.

Escúcheme con atención, hay dos maneras de interpretar este versículo. Dos maneras. La primera manera es esta: ustedes, como congregación, cuando se reúnen, deben estar deseando que los dones mayores sean ejercidos. ¿Oyó eso? No está hablando de que un individuo desee un don. Él está diciendo cuando la Iglesia se congrega para su adoración, es para desear los dones mejores.

¿Y cuál fue el mejor don? Según el capítulo 14, dice en el versículo 1 del capítulo 14: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.” Misma idea. Cuando la Iglesia se congrega, no deben estar deseando estas cosas extáticas. Deben estar deseando los dones mejores, los dones que les traen la Palabra de Dios. Ese es su punto. Entonces, él está hablando colectivamente. Esa es una manera de interpretarlo. Él está hablando colectivamente y diciendo “cuando se congregan como Iglesia, deben estar deseando los dones mejores, porque sean ejercidos los dones mejores, en lugar de los menores. Los dones menores que están ejerciendo y falsificando y abusando.”

Pero hay otra manera de traducir eso también. Lo ve usted como un imperativo, como un mandato: procurad pues los dones mejores. Podría ser estrictamente un indicativo. En otras palabras, una afirmación de un hecho. Podría leerse de esta manera: “ustedes están deseando fuertemente los dones visibles.” Se podría traducir mejor de esa manera. Ustedes están codiciando los dones visibles. Él podría estar diciendo eso. Sería la misma construcción exactamente. Ustedes están deseando o están codiciando los dones visibles. Más yo os muestro un camino aún más excelente.

Pero cualquiera de los dos casos, está dirigido a la congregación para decirles que busquen los dones correctos o dejen de buscar los dones equivocados en el ejercicio de su congregación, conforme se congregan. No le está diciendo a un cristiano individual que busque cierto don; eso sería contrario al resto en este capítulo. Los dones no pueden ser buscados, no pueden ser buscados.

Muy bien, entonces veamos la extensión de los dones, todos los creyentes los tienen. La fuente de los dones, son dados por el Espíritu Santo. En tercer lugar, la naturaleza de los dones. La naturaleza de su don espiritual es indicada ahí de regreso en 1 Pedro capítulo 4 por la palabra don. La palabra don. Y básicamente, ya tocamos esto. La palabra es charisma. Nuestro don espiritual es un don de gracia. Es un don inmerecido, no es ganado por nosotros. Es gratuito. Es dado a nosotros por el Espíritu Santo de Dios.

Como mencioné, dōrea enfatiza en Efesios 4:7 la libertad del don; y este término muestra el motivo detrás de ese don libre, esto es la gracia de Dios. La palabra pneumatikōn, también traducida dones espirituales en 1 Corintios, significa espirituales. Y enfatiza la naturaleza de esos dones. Esto es, que son controlado por el Espíritu Santo.

Ahora, siga escuchándome, voy a concluir todo esto. Entonces, ¿cuál es la naturaleza de nuestro don? Es motivado por la gracia de Dios, dado de manera soberana y libre a todo creyente controlado por el Espíritu Santo. La palabra charisma, motivado por la gracia. Es dōrea, dado de manera libre. Es pneumatikos espiritual en el sentido de que es operado por el Espíritu Santo. Y usted encontrará ese término pneumatikōn utilizado en 1 Corintios 12:1. Primera de Corintios 14:1. Y después, en otros lugares en el capítulo 14 también para referirse a dones espirituales.

Entonces, resumiéndolo, ¿qué es un don espiritual? Es un modo de ministerio dado en gracia, dado libremente, capacitado por el Espíritu Santo. ¿Escuchó eso? Es una capacidad espiritual sobrenatural, dada en gracia, libremente para el ministerio para el cuerpo de Cristo. Un don espiritual es una capacidad dada por Dios mediante la cual el Espíritu Santo sobre naturalmente lo usa a usted para ministrar al cuerpo. Ahí está. Yo tengo un don espiritual. Lo uso para ministrarle a usted. Usted tiene un don espiritual. Usted lo usa para ministrarme a mí. Le fue dado a usted de manera gratuita en gracia por Dios, libre. Es capacitado por el Espíritu Santo y mediante Él, usted ministra al cuerpo. Aquí no estamos hablando de talento humano. Estamos hablando de capacidad divina. Su don espiritual es una capacidad única para ministrar al cuerpo de Cristo conforme el Espíritu de Dios fluye a través de usted.

Ahora, Pedro dice, en primer lugar, encárguense de la relación vertical y sean santos en su vida. En segundo lugar, encárguense de la relación horizontal, sean amorosos en sus relaciones. Y ahora, en tercer lugar, él dice: “sirvan, sirvan, sirvan”. Y aquello mediante lo que usted sirve es este vehículo que Dios le ha dado a usted llamado un don espiritual. Ahora, permítame darle otro pensamiento acerca de esto. No sólo la extensión de esto y la fuente de esto y la naturaleza inherente de éste, sino que permítame hablar de la obligación de él.

Regrese a nuestro versículo. Versículo 10: “cada uno no según el don que ha recibido minístrelo a los otros.” Ahora, ahí está la obligación. Úselo, 1 de Corintios 12:7 dice que a usted se le dio un don para provecho, para el bien común. Usted debe usarlo para ser de beneficio mutuo a la Iglesia, para ayudar, para beneficiar. Usted no puede dejar de usarlo sin que tenga un efecto adverso en la Iglesia.

Regrese a 1 Corintios 12 por un momento y permítame mostrarle esto. Primera de Corintios 12. Y simplemente, quiero fluir a lo largo de esto para que realmente entienda esto. Primera de Corintios 12:12. Y él está comparándolo a usted y a sus dones espirituales en el cuerpo de Cristo como un cuerpo humano, como una analogía. Entonces, él dice: “Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.” Él dice, observe su cuerpo humano. Usted tiene un cuerpo, pero muchas funciones y muchos miembros. Muy bien, así es el cuerpo de Cristo. Versículo 14 dice: “Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.”

Ahora, ¿qué va a pasar aquí en el versículo 15? “Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Ustedes pies no pueden andar por ahí por todos lados diciendo bueno, debido a que no soy una mano, no voy a servir.” O, versículo 17: “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?”  Todo el mundo tiene que tener una función diferente. Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como Él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?” Sería una rareza. “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios”.

En otras palabras, podrías estar orgulloso de tu nariz y la belleza de tu nariz, pero, ¿estarías mejor sin tu nariz que sin tu hígado? Y lo que parecería menos decoroso, podría ser lo más importante. Algunas veces, menospreciamos a algunos miembros del cuerpo de Cristo de la manera equivocada.

Entonces, observe el versículo 23: “y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.”

En otras palabras, usted tiene que entender que todo el mundo es igual de importante. Antes del tiempo de la cirugía cosmética, usted no hacía cosas para asegurarse de que sus orejas fueran como a usted le gustaban. Usted no hacía cosas para asegurarse de que su nariz fuera como a usted le gusta. Usted no hacía cosas para asegurarse de que sus manos fueran como a usted le gusta. Usted hacía cosas para asegurarse de que las cosas que nadie ve estuvieron funcionando. Y usted se sometía a una cirugía para arreglar algo adentro, porque eso era más importante para usted que lo de afuera. Está bien verse bien por fuera, pero, ¿qué importa cómo se ve usted si usted está enfrente enfermo por dentro?

El punto es este: esos miembros que son los más visibles y los que más entretienen y los más prolíficos, no necesariamente son los más importantes. Entonces, usted no puede subestimar la importancia de nadie. Use su don. Usted no puede decir: “bueno, no voy a servir porque no soy una mano. No voy a servir porque no soy un ojo. No voy a servir porque no soy una oreja.” Usted no puede hacer eso. Usted tiene una obligación de usar su don espiritual. Amados, si usted no lo hace, están en desobediencia la Palabra de Dios y usted va en contra de la regeneración, porque usted fue salvado para servir.

Además, note de nuevo en el versículo 10, que él añade una afirmación para fortalecer algo. “Como buenos administradores,” ahí tenemos de nuevo esa palabra oikonomos. Somos responsables de administrar nuestro don. Así como dijimos esta mañana, somos responsables de administrar el dinero del Señor. Somos responsable como lo fue un administrador. Un administrador o mayordomo administraba la tierra de la gente y sus fondos y sus recursos, sus recursos humanos y su alimento, su dinero. Cuidaba de los miembros de la casa. Ellos administraban todo eso para el dueño. Y así es con nosotros en la categoría de dones espirituales. Dios nos ha dado estos dones para que los administre hemos. Usted no es dueño de su don, usted tiene la obligación de usar su don.

Ahora, no sea demasiado técnico en tratar de describir cuál es su don o de refinarlo y definirlo. Sé que ha habido todo tipo de estudios de computadora que le dirán qué don tiene. Usted completa dos hojas y le envían a usted de regreso pequeño papel que le dice qué don tiene. No, no puede ser analizado por una computadora. Su don es lo que usted hace cuando está lleno del Espíritu de Dios para servir al cuerpo de Cristo, lo cual produce un impacto positivo. Ése es su don.

Y si usted trata de llevarme a que identifique de manera clara el que yo tengo, no lo puedo hacer. Sólo sé que el Espíritu de Dios me usa cuando estoy disponible para ser usado. Ahora, ningún don es para usted. Su don no es para usted, mi don no es para mí. Yo no predico para escuchar mis propias cintas. Eso no es para mí. Es para usted. Y si usted no sirve, usted no sirve para usted, usted sirve para mí, nos servimos unos a otros para el bien común.

                                                                                                   

Ahora, otro pensamiento. Pedro también habla de la variedad de dones espirituales. La variedad de dones espirituales. Sea tan amable de ver al final del versículo 10. Él dice que debemos ser buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. La multiforme gracia de Dios. Esa palabra significa multicolor. Y nos recuerda de nuevo de 1 Corintios 12:4 al 6, en donde 1 Corintios 12 dice que hay variedades de dones, hay variedades de ministerios, hay variedades de efectos. Literalmente, significa distribuciones.

Entonces, Dios da estos dones y Él da estos ministerios y Él da estos efectos en todo tipo de variedades. Dones múltiples, dones multicolores. Y me encanta esa palabra multicolores, porque eso me lleva de regreso a la paleta, Dios tiene esos colores y Dios los mezcla para pintarlo a usted de un color único.

Entonces, usted y yo, quizás ambos tengamos el don de enseñanza, pero quizás el mío esté mezclado con una gracia única, una medida única de fe. El mío, quizás esté mezclado en un ministerio especial con un efecto especialmente activado por el Espíritu Santo. Gran diversidad en el cuerpo de Cristo. Yo puedo predicar, pero con un énfasis en mostrar misericordia. Yo puedo predicar con un énfasis en discernir la verdad. Varía de persona a persona. Esa es la razón por la que el no usarlo es tan crucial, porque nadie puede tomar su lugar. Nadie por tomar su lugar.

Amados, hay muchos asuntos que son importantes en la Iglesia, ninguno es más importante que este. Y ninguno es más serio que éste. Si usted no usa su don, usted afecta al cuerpo de Cristo. Usted lo convierte en un cuerpo discapacitado, el cual no representa apropiadamente a Cristo.

Solía llamar a la Iglesia cuerpo número dos, el cuerpo número uno el cuerpo de Cristo encarnado. El cuerpo número dos es Cristo viviendo en Su Iglesia. Y si no funcionamos como el cuerpo, entonces Cristo está discapacitado y la perspectiva del mundo de Él está alterada.

Ahora, tenemos estos dones, pero hay una suposición en los mandamientos de Pedro aquí y es que no los estemos usando de manera apropiada. Podemos usarlos de manera impropia en la carne, falsificándolos, podemos dejar que no se usen. Y entonces, de cualquier manera, somos desobedientes. Y entonces, Pedro dice, ustedes han recibido el don, úsenlo.

Y después, en el versículo 11, él nos muestra que nuestros dones caen en dos categorías generales. Muy simple. Si alguno habla, hable conforme las palabras de Dios. Si alguno ministra o sirve, ministre conforme al poder que Dios da. Deténgase en ese punto. Dos tipos de dones.

Dones de habla y dones de servicio. Ahí está. A usted se le ha dado o un don de habla, o un don de servicio. A algunos de nosotros se nos ha dado un don que involucra el hablar, predicar, enseñar, dar una palabra de sabiduría, dar una palabra de conocimiento, discernimiento, liderazgo. A algunos se les han dado dones de servicio. El don de servicio, quizás el don de administración, el don de oración, el cual es un don que se lleva a cabo en silencio, tras bambalinas, mostrando misericordia. El don de ayuda. Y todas estas son muestras hermosas. Esos son los dones de servicio. Si usted tiene un don de habla, él dice en el versículo 11, asegúrese de que cuando hable, usted hable conforme a las palabras de Dios. Si usted tiene el don de profecía, o enseñanza, o conocimiento, o sabiduría, o exhortación, cuando usted abra su boca, asegúrese de que hable, por así decirlo, las palabras de Dios.

Ahora, permítame decir una palabra acerca de eso. El término es usado de las Escrituras. Se refiere al Antiguo Testamento. Así es usado en Hechos 7:38 y en Romanos 3:2. Cuando usted usa un don de habla, usted debe hablar la verdad de Dios, no sus propias ideas. Usted debe hablar la Palabra de Dios; esa Palabra de Dios, debido a que no todos los cristianos fueron inspirados por Dios como los escritores del Nuevo Testamento, debido a que no todos los cristianos fueron inspirados por Dios, Pedro debe estarse refiriendo aquí a la Palabra revelada, la palabra escrita. Y él simplemente está diciendo: si usted tiene un don de habla, cuando usted hable y usted use ese don, más vale que sea la Palabra de Dios. Esa es una afirmación muy, muy fuerte.

En segundo lugar, si usted tiene un don de servicio, entonces haga eso por la fortaleza que Dios provee. Si usted tiene un don de ayuda o un don en el área de administración o de dar o misericordia, don de discernimiento, alguna función de servir al cuerpo de Cristo, entonces más vale que usted haga eso por la fortaleza que Dios provee. Más vale que sea capacitado por el Espíritu Santo, andando en el Espíritu. Y lleno del Espíritu, para que usted no lo esté haciendo en la carne.

Entonces, Pedro nos da aquí una instrucción completa de dones espirituales. La extensión, todo el mundo los tiene. Pero individualmente, son únicos. La fuente: vienen de Dios, no pueden ser buscados, son dados por gracia como un don libre de la soberanía de Dios. La naturaleza de los dones: son capacidades espirituales mediante las cuales el Espíritu lo usa a usted para ministrar al cuerpo. La obligación: usted debe utilizar su don y usted debe usarlo como una administración ante Dios que usted debe cumplir. La variedad: casi tan interminable como su imaginación; y más allá de eso, porque cada uno de nosotros tiene uno único en nosotros mismos, la gracia multicolor de Dios. Y las categorías: dones de habla, dones de servicio.

Ahora, amados, esas son nuestras instrucciones. La vida cristiana es bastante simple. Santidad con Dios, amor con los hombres, servicio espiritual. Eso es todo. Y debido a que usted ha sido transformado por Cristo del Reino de las tinieblas, trasladado al Reino del Hijo amado de Dios, usted tiene un deseo entonces por obedecer.

Finalmente, hemos visto el incentivo: la segunda venida. Hemos visto las instrucciones: santidad, amor, servicio. Y en tercer lugar y finalmente: la intención. La intención. ¿Cuál es la meta de esto? Versículo 11 al final: “para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos amén.”

¿Cuál es la intención de todo lo que hacemos? ¿Cuál es la intención de nuestra santidad, la intención de nuestro amor y la intención de nuestro servicio? ¿Que Dios sea qué? Glorificado. Que Dios sea glorificado para que, Pedro dice, en todo, en todo asunto de deber cristiano, Dios sea glorificado por Jesucristo. Esto, por cierto, es lo que llamamos una doxología. Una doxología. Una doxología es simplemente una palabra que significa una palabra acerca de la alabanza, una palabra acerca de la gloria. Y entonces, debemos glorificar a Dios.

Sólo podemos glorificar a Dios, observe en el versículo 11, por Jesucristo. “A quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.” Y los comentaristas tienen largas discusiones acerca de si él ‘quien’ se refiere a Dios o si el ‘quien’ se refiere a Jesucristo. Y creo que es una ambigüedad bendita e inspirada, porque la gloria pertenece a Dios en Cristo y Cristo en Dios. Y entonces, quiero glorificar a Dios en todo lo que haga. “Sea comida o bebida o todo lo que haga,” 1 Corintios 10:31 dice, “quiero hacer todo para la gloria de Dios.” Y la manera de hacer eso es vivir a la luz de la segunda venida de Jesucristo, es cumplir la obligación de santidad, amor y servicio en el poder del Espíritu; y de esta manera, vivir para la gloria de Dios.

Pedro no puede resistir el incluir un amén al final de esto. Entonces, así sea. Que mi vida sea para la gloria de Dios. Entonces, así debemos vivir en las disciplinas de la vida. Y como dije cuando comenzamos con todo esto, el costo del discipulado es elevado, pero no tan elevado como el costo de rechazar a Cristo. Él espera lo mejor de nosotros. Y la meta, darle a Él toda la gloria.

Y entonces, al final, si fuéramos perfectamente santos, perfectamente amorosos y perfectamente servidores y sirviéramos de manera perfecta, no nos llevaríamos ningún crédito, ¿verdad? Le daremos a Él toda la gloria. Oremos.

Gracias, Padre, por esta noche maravillosa que hemos compartido juntos, por estas grandes verdades que el Espíritu de Dios ha guardado en nuestros corazones en la Palabra. Y que seamos obedientes, para que seamos los que Tú quieres que seamos, no solo perdonados, sino transformados. Y que ese impulso que anhela obedecer se apegue a estos mandamientos y que continuamente cedamos al deber que Tú quieres producir en nosotros por Tu Espíritu. Oramos en el querido nombre de nuestro Salvador. Amén.

 

 

 

 

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