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Como usted sabe, estamos en un estudio de 2ª de Pedro, y quiero invitarlo abrir su Biblia, si es tan amable, en 2ª de Pedro, capítulo 1. Y conforme avanzamos a lo largo de este primer capítulo, estamos estudiando bajo el tema general “Nuestra fe preciada. Nuestra fe preciada”. Hemos llegado a la sección del versículo 5 al 11, 2ª de Pedro 1, 5 al 11.

Esta sección trata con la certeza de la salvación. Y debido a que es un tema tan importante, y uno que aparentemente es un tema de gran discusión en la actualidad, y lo ha sido a lo largo de la historia de la iglesia, me he involucrado en algo así como una explicación extendida de este asunto de la certeza. De hecho, este mensaje es el número ocho acerca de nuestra fe preciosa, el mensaje cinco de la certeza, y todavía no hemos entrado al texto. Pero es muy importante que tengamos este entendimiento preliminar correcto.

Quiero, conforme vemos el texto, llevarlo de regreso al versículo 10 y 11, el cual en cierta manera prepara el tema en nuestra mente sin entrar en mucho detalle. Y Pedro aquí dice: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección”. Y aquí él está hablando acerca de certeza con respecto a su elección; certeza, entonces, con respecto a su redención, certeza con respecto a su salvación. Él está preocupado porque usted sepa que es salvo. De regreso en el versículo 9, él está preocupado por aquellos que carecen de ciertas virtudes, estando ciegos, habiendo olvidado su purificación de sus pecados antiguos. Él no quiere que usted haya olvidado su estado espiritual verdadero, sino que más bien que tenga certeza acerca de su llamado y elección.

Y entonces esto nos presenta este tema de la certeza de la salvación. Ahora, ese tema se reduce asimismo a dos preguntas básicas, y hemos estado señalando estas en nuestro estudio. Pregunta número uno es, ¿es la salvación para siempre? ¿Es la salvación para siempre? ¿Es eterna nuestra salvación? Porque no podemos tener certeza acerca de nuestra salvación siendo eterna a menos que, de hecho, es eterna. Entonces la pregunta número uno: ¿es la salvación para siempre? ¿Está segura? Pregunta número dos: ¿puedo disfrutar de esa seguridad? Primero está el hecho, después el sentimiento. Primero está la realidad, y después la experiencia. ¿Tengo una salvación eterna? ¿Y puedo disfrutar la certeza de esa salvación? Como hemos señalado, estos dos asuntos están relacionados de manera inseparable, porque si la salvación no es eterna, entonces no puede haber un sentimiento verdadero de certeza.

Si es posible perder mi salvación, entonces voy a tener mucha dificultad en disfrutar de mi certeza. Si mi salvación puede ser temporal, entonces, en el mejor de los casos, mi certeza también es temporal. Si, por otro lado, mi salvación es eterna, mi certeza puede ser permanente. Este asunto en particular de nuevo fue traído a mi mente en los últimos días, conforme he estado leyendo la biografía cuidadosa y excelente de Ian Murray, de Jonathan Edwards. En 1746, apenas unos seis años después del Gran Despertar, en el que Jonathan Edwards fue el instrumento primordial de Dios para predicar el Evangelio y traer el avivamiento más grande en la historia estadounidense; apenas unos seis años después de eso, en 1746, él escribió "Un tratado acerca de los afectos religiosos.”

La razón por la que él escribió eso fue para tratar con el problema que no es diferente del problema mismo que estamos explicando en esta noche. Esa publicación, “Un tratado de los afectos religiosos”, tuvo que ver con el asunto de la evidencia para la conversión verdadera. La preocupación al escribir fue delinear los asuntos con respecto a quién es realmente un cristiano. En el drama explosivo de 1739 y 1740, los años del Gran Despertar, parecía como si las conversiones estaban sucediendo en grandes números.

No tomó mucho tiempo después de esos años para comenzar a darse cuenta de que habían algunas personas que habían afirmado conversiones que no eran reales. Hubieron muchos excesos. Hubieron personas que se involucraron en el emocionalismo y las experiencias emocionales, que en ciertas maneras llegaron a ser un precursor de la carismanía contemporánea. Hubieron personas que afirmaron tener experiencias válidas y reales con Jesucristo, pero cuyas vidas no demostraron ninguna evidencia para verificarlo. De esta manera, hubieron aquellos que estaban entonces atacando el Gran Despertar y diciendo que no era más que un baño grande emocional, y que no había nada real al respecto.

Y entonces, en parte en defensa de la conversión verdadera, y en parte para exhibir la conversión falsa, Jonathan Edwards tomó su pluma y escribió “Un tratado de los afectos religiosos”. Y su propósito fue presentar la evidencia la conversión verdadera. Y resumiéndolo de manera muy simple, "La prueba suprema", dijo Edwards, "de una conversión verdadera son afectos santos, celo por cosas santas, anhelos hacia Dios, anhelos hacia santidad, deseos por la pureza".

Y él realmente tocó el corazón de la conversión verdadera, y en su corazón hay un conjunto de deseos nuevos. Eso es lo que él dijo. Él dijo: “En donde hay conversión verdadera, hay un celo por cosas santas”. Él había estado muy preocupado por las falsificaciones satánicas de conversiones durante el Gran Despertar. Y entonces él quiso distinguir entre lo que él llamó "operaciones salvadoras del Espíritu Santo" y "operaciones comunes del Espíritu Santo". Las operaciones salvadoras del Espíritu Santo obviamente produjeron salvación. “Las operaciones comunes del Espíritu Santo”, dijo él, “pueden hacer que los hombres sean sobrios, arrestarlos en términos de cautivarlos, convencerlos de pecado, incluso pueden llevarlos a lo que a primera vista parece ser arrepentimiento y fe, sin embargo, estas influencias se quedan cortas de una renovación salvadora interna”, fin de la cita.

Entonces, la tesis primordial de esto, una de las obras más grandes de la literatura estadounidense, francamente, por no decir nada de la teología, la tesis primordial de esta obra clásica es que la santidad y la búsqueda de la santidad están involucradas de manera necesaria desde el comienzo mismo de la salvación verdadera. “La gracia, la gracia salvadora, plantada en el corazón en el tiempo del nuevo nacimiento es”, dijo él, “un principio de acción o práctica santas”.

Usted oyó a los jóvenes en el bautisterio esta noche diciéndole que desde que vinieron a Jesucristo tuvieron un deseo por obedecer a Dios; tuvieron afectos santos. En la simplicidad de su fe joven, tienen un deseo por hacer lo que es correcto. Tienen un anhelo por conocer a Dios, seguir a Dios, buscar la santidad. “La gracia plantada en el corazón”, dijo Edwards, “produce acción santa”.

De hecho, él dijo: “Conforme el principio de evidencia de la vida es el movimiento, así el principio de evidencia de la gracia salvadora es la práctica santa”. Él dijo que la salvación verdadera siempre produce un cambio de naturaleza que permanece en un convertido verdadero; por lo tanto, en donde una profesión de conversión no está acompañada de santidad de vida, se debe entender que el individuo del que se habla no es un cristiano.

Ahora, históricamente, él sabía que había dos alternativas. La alternativa número uno era esta: la naturaleza permanente de la regeneración en realidad y experiencia. Esa fue la alternativa número uno, teológicamente. Usted podía creer en la naturaleza permanente de la regeneración, tanto en realidad como en experiencia. En otras palabras, si usted fue salvo de manera genuina, usted fue salvo para siempre y usted experimentaría los anhelos que buscan la santidad para siempre, hasta que usted fuera hecho santo.

La postura alterna fue esta: la naturaleza temporal de la regeneración, tanto en realidad y en experiencia. La otra postura decía: “No, la salvación es temporal, podría usted perderla. Es temporal en su realidad; es temporal también, entonces, en su experiencia. Si usted se cae de ella, usted ya no experimentará esos anhelos”. La teología literalmente se había reducido a esas dos perspectivas. Estaban las personas tradicionales, reformadas, calvinistas, que decían: “La naturaleza permanente de la regeneración en realidad y experiencia es lo que la Biblia enseña”. Y después estaban los wesleyanos arminianos, y John Wesley mismo se volvió un protagonista en contra de Edwards, quien dijo: “No, la naturaleza temporal de la regeneración, tanto en realidad y experiencia”. Señalo esos dos porque esas son las únicas dos alternativas.

No obstante, en la actualidad tenemos una nueva: la alternativa número tres. La alternativa número tres es naturaleza permanente de regeneración en realidad, naturaleza temporal de regeneración en experiencia. ¿De dónde salió eso? Quién sabe. No de la Biblia. Pero hay aquellos en la actualidad que dicen que mientras que su salvación es eterna en realidad, podría ser únicamente temporal en experiencia. ¿Usted entiende lo que estoy diciendo? Esta es una nueva teología. Esta es una teología que Jonathan Edwards no se molestó en tratar a ningún grado significativo, aunque creo que las raíces ya estaban existiendo incluso en su día. No creo que Edwards habría apoyado eso; sé que Wesley no habría apoyado eso. Edwards nunca habría aceptado que la experiencia de buscar la santidad podría ser temporal, aunque su salvación es permanente. Y Wesley nunca habría aceptado que su salvación es permanente.

Entonces tenemos algo nuevo hoy día. Tenemos una nueva doctrina que dice que usted puede ser salvo para siempre, pero los anhelos por la santidad podrían ser solo temporales. Y usted podría volverse un incrédulo, un agnóstico, un ateo, un réprobo, vivir como quisiera. Jonathan Edwards dijo –y esta es la tesis de todo su “Tratado de los afectos religiosos”– “Los verdaderamente salvos buscan la santidad”. No siempre son tan santos como deberían serlo, pero lo buscan. Son el tipo de personas de Romanos 7, que anhelan hacer lo que es correcto incluso si no lo hacen. Tienen anhelos santos, aspiraciones santas y afectos santos.

Él afirmó entonces que la evidencia de la realidad de la salvación de uno era simplemente y de manera amplia, y cito: "El amor y la búsqueda de la santidad". Eso él enseñó, es la marca distintiva de un cristiano y, por lo tanto, de manera singular, la mejor manera de mostrar la realidad de una condición espiritual y, de esta manera, la fuente de certeza. Él dijo: “Mientras que la experiencia de un cristiano joven podría ser como un caos confuso, él todavía va a seguir la santidad; y los afectos religiosos difieren de los afectos falsos en que los verdaderos siempre están relacionados con la santidad, esto es, con hacer lo que es correcto, con buscar lo que honra a Dios”. Permítanme citar a Edwards de su "Afectos religiosos". 

“Los hombres naturales no tienen sentido de la piedad y excelencia de las cosas santas, por lo menos para su santidad. Pero para los santos, la santidad es lo más dulce y agradable que pueda encontrarse en el cielo o en la tierra. Cuando las personas son poseídas por afectos falsos y piensan que están fuera del peligro del infierno, se les quita la carga de la cruz, se salvan a sí mismos del problema, de deberes difíciles, y se permiten más el disfrutar su comodidad y sus lujurias. Algunos de estos al mismo tiempo hacen una gran profesión de amor hacia Dios, y certeza de su favor, y gran gozo en probar la dulzura de su amor.

“En donde los gozos y otros afectos religiosos son falsos y falsificados”, dice él, “los individuos, una vez que tuvieron confianza de que son convertidos, ya no tienen anhelos más tras la luz y la gracia. Viven en base a su primera obra o alguna experiencia elevada que es pasada, y hay un fin a su clamor y esforzarse en buscar a Dios y la gracia. Pero los principios santos que actúan en un santo verdadero tienen una influencia mucho más poderosa para motivarlo en ser apasionado en buscar a Dios y la santidad”, final de la cita. Ahora, esas son muchas palabras para usted. Lo que él básicamente está diciendo es que el cristiano falso hace una profesión, pero no tiene anhelos santos. El cristiano verdadero hace una profesión y tiene anhelos santos.

No siempre hago lo que quiero, pero quiero hacer lo que Dios quiere. No siempre hago lo que deseo, pero siempre quiero hacer lo que Dios desea. Y cuando mi deseo es el mismo que el de Él, no significa que mi carne también va a cooperar. Pero mis anhelos santos son evidencia de regeneración. Y entonces, Jonathan Edwards insistió en que la obra de Cristo en la justificación siempre estaba acompañada por la obra del Espíritu Santo en la santificación. Y separar esas dos era cometer una violación terrible, tanto para la Escritura como para los propósitos de Dios en la redención. “La gracia gratuita y la práctica santa”, dijo él, “no son incoherentes, sino que están unidos de manera perfecta. Incluso como la señal primordial de la vida es el movimiento, la señal primordial de la gracia salvadora es movimiento santo, movimiento hacia la santidad”.

En el año mismo, por cierto, en el que el "Tratado de los afectos religiosos", fue publicado, 1746, un hombre llamado el Reverendo Philemon Robbins lo atacó y dijo que la única evidencia real de salvación verdadera es algún tipo de sentimiento basado en una experiencia, normalmente la experiencia en el momento de la conversión. Ahora, eso presenta este concepto erróneo de que el estado verdadero de una persona es conocido por una experiencia pasada, en lugar de que sea por una búsqueda actual de cosas santas. Jonathan Edwards, entonces, siguió hablando de la certeza, y dijo: “Su certeza, entonces, está basada en el hecho de que usted ve en su vida la búsqueda de cosas santas”. Esa es la sustancia de su certeza.

Ahora, ya hemos afirmado en nuestro estudio de la Escritura que la salvación es eterna, ¿verdad? Que, si usted tiene fe salvadora, usted es salvo para siempre. La única pregunta que queda es entonces, ¿acaso mi fe fue fe salvadora? ¿Acaso mi fe fue real? ¿Cómo es eso? Pregúntese si tienes anhelo por cosas santas. Pregúntese si usted busca esas cosas que honran a Dios. Pregúntese si usted anhela hacer Su Palabra, si usted ama Su ley y se deleita en ella. Pregúntese si usted está muy molesto por su pecado, porque usted tiene afectos santos como esos. Sí, Edwards estaría de acuerdo. Él diría: “Sí, la fe en Cristo es suficiente para la certeza”. Sí, la fe en Cristo es suficiente para la certeza si usted sabe que su fe es real. ¿Cómo sabe usted que es real? Por el amor de las cosas santas – por el amor de cosas santas.

Ahora, esto es precisamente el punto de Pedro. Jonathan Edwards está en línea con el Apóstol Pedro. ¿Qué está diciendo Pedro? Regrese al versículo 5 del capítulo 1; veámoslo. “Ahora,” –dice él, habiendo ya discutido asuntos de salvación en los primeros cuatro versículos, en el versículo 5 él dice, “Vosotros también, poniendo toda diligencia, por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud, a la virtud conocimiento, al conocimiento, al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, paciencia, a la paciencia, piedad, a la piedad, afecto fraternal, y al afecto fraternal, amor”. ¿Qué quieres decir? Bueno, simplemente todas estas cualidades las tienes que buscar. “Porque si estas cosas están en vosotros y abundan”, dos cosas pasan.

Uno: “no dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. Dos: “no tendrán la vista muy corta ni ciego acerca de su condición espiritual verdadera”. Como puede ver, el punto es que si usted añade estas cosas a su vida, y estas son todos asuntos de afectos santos, si usted está anhelando la excelencia moral, el conocimiento, el dominio propio, la perseverancia, la piedad, el afecto fraternal, el amor, dos cosas van a pasar. Usted va a comenzar a ser fructífero; en segundo lugar, usted no va a olvidar que usted es salvo. Entonces la certeza, Pedro dice, depende de afectos santos, la búsqueda de la santidad. Y vamos a entrar en eso en cierto detalle.

Antes de       que hagamos eso, quiero que regresemos al texto que hemos estado viendo en 1ª de Juan, porque este es el punto entero de Juan también. Quiero que vayamos a 1ª de Juan. Ahora, ya hemos afirmado el principio número uno, que la salvación es para siempre. Ya hemos afirmado el principio número dos, que usted debe disfrutar de la certeza de esa salvación eterna. Lo que Jonathan Edwards dice es que si usted quiere disfrutar su salvación y estar seguro de que es salvo, entonces vea su vida y vea si tiene afectos santos, si usted busca la santidad. Pedro dice, si estás añadiendo todas estas cosas, y buscando todas estas cosas, y siendo diligente en todas estas cosas, y vas a ser fructífero, entonces vas a verte y no vas a olvidar que fuiste salvo; vas a saber.

Bueno, Juan esencialmente dice lo mismo. Juan en su primera epístola, en su totalidad, delinea los factores de dicha búsqueda. Pedro dice, involucra fe, y conocimiento, y dominio propio, y perseverancia, y piedad, y afecto fraternal y amor, y ¿quiere saber una cosa? Juan dice básicamente lo mismo, nada más que Juan lo dice en mucho más detalle. Juan delinea esos mismos elementos que identifican los afectos santos; la búsqueda de la santidad lo cual es característico de los regenerados. Ahora, ya cubrimos los primeros cinco. Hicimos una serie de preguntas que nos ayudan a entrar al texto de Juan. Pregunta número uno: permítanme tan solo dárselo rápidamente, las primeras cinco ya las cubrimos.

¿Cómo sabe si usted está buscando la piedad? ¿Cómo sabe si usted tiene afectos santos? ¿Cómo sabe si usted está anhelando a Dios y buscando Su voluntad, y Su camino y lo que es correcto? ¿Cómo sabe si usted pertenece a Dios? ¿Cómo sabe si usted realmente es salvo? Pregunta número uno: ¿está disfrutando de comunión con Cristo y el Padre? Eso es bastante básico. ¿Recuerda, en el capítulo 1, él habla de nuestra comunión es con el Padre, versículo 3, y con Su Hijo Jesucristo? Y después él habla de eso en el capítulo 5, versículo 1: “El que ama al Padre, ama al hijo que es nacido de Él”. Y hablamos algo del hecho de que el primer afecto santo de una persona verdaderamente regenerada es un anhelo por la comunión con Dios y Cristo.

¿Tiene usted un deseo de tener comunión con Él, de orar, conocerlo, de estar con Él, y estar en Su presencia? Esta es la experiencia de la vida abundante, rica de gozo, paz, amor, propósito. Y si usted está buscando eso, ese es un afecto santo. Si usted está disfrutando de esa comunión, si usted está experimentando al Dios de toda consolación, el Dios que provee todo lo que nos falta, el Dios que tiene comunión con nosotros y, de esta manera, que nos da poder para nuestra vida cristiana. Si usted está buscando al Dios de la sabiduría, que no retiene nada, sino que da a todos de manera generosa que le piden. 

Si usted está buscando tiempo y comunión con el Dios en cuya presencia usted canta canciones e himnos y cánticos espirituales, cantando en su corazón. Si usted está viniendo al Dios a quien clama, “Abba”, al único a aquel a quien usted acude para encontrar misericordia y gracia en tiempos de necesidad. Si usted está anhelando comunión con el Cristo, quien es nuestra consolación, quien es nuestra fortaleza, quien es nuestra esperanza, cuyo amor brilla en nosotros y a través de nosotros, cuya paz poseemos y disfrutamos, estas son indicaciones claras de que usted está anhelando tener comunión.

Segunda pregunta: ¿es usted sensible al pecado? Si usted tiene afectos santos y está anhelando la santidad, usted va a ser sensible al pecado. En el capítulo 1, versículo 5, Juan comienza a tratar con eso. Él habla del hecho de que el creyente verdadero camina en la luz, confesando su pecado, y que el creyente verdadero es perdonado de su pecado. Y cuando él peca, él reconoce –capítulo 2– un abogado, a Jesucristo el justo, quien es la propiciación, la cubierta para el pecado. ¿Es usted sensible al pecado, le preguntamos? Y Juan pregunta. ¿O lo niega? ¿Dice, no tenemos pecado? Si usted dice eso, usted hace de Dios un mentiroso. No, una de las evidencias de los afectos santos es un odio hacia pecado en mi propia vida, un rechazo.

Pregunta número tres para indicar afectos santos: ¿Es usted obediente a la Palabra de Dios? Vimos eso, ¿no es cierto?, en el capítulo 2, versículo 3: “Por esto sabemos que le conocemos y guardamos Sus mandamientos”. El afecto santo es la obediencia. Anhelo hacer Tu voluntad, quiero hacer Tu Palabra, quiero hacer lo es correcto, quiero agradarte. Ese es un afecto santo. Eso es evidencia de una naturaleza nueva. La naturaleza no redimida no tiene deseo por obedecer a Dios, no tiene sensibilidad al pecado, y no anhela tener comunión con Dios y Cristo. Esos son afectos santos que indican un corazón regenerado.

En cuarto lugar: ¿rechaza al mundo? Allí en el capítulo 2, versículo 15, recordamos que no amamos al mundo. Y después, en el versículo 17, él añade que, “el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Somos eternos, el mundo es pasajero. No amamos al mundo. De hecho, si amáramos al mundo, el versículo 15 dice, el amor del Padre, ¿qué?, no está en nosotros. Hay otro afecto santo, un rechazo hacia el mundo y un anhelo hacia el Reino.

Después, la quinta pregunta que hicimos, como Juan presentó estos asuntos, es ¿ama usted a Cristo y espera con expectativa Su venida? ¿Anhela Su venida? Ese es otro afecto santo. Ahí en el capítulo 3, versículo 2, él habla del hecho de que vamos a ser como Él, vamos a verlo. Después, en el versículo 3, él dice: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro”. Aquí hay otro afecto santo, un anhelo por el cielo, un anhelo por estar en la gloria, un anhelo porque Jesús venga. Esa es nuestra esperanza, ese es nuestro gozo, esperamos Su venida. Esperamos con expectativa. Esa es la esperanza bienaventurada.

Ahora, ¿tiene usted esos afectos santos? ¿Anhela usted tener comunión con Dios y Cristo? ¿Es usted sensible a su pecado al punto en el que su propio pecado usted causa asco? ¿Anhela usted obedecer a Dios y Su Palabra? ¿Se encuentra rechazando el mundo y anhelando el Reino? ¿Espera con expectativa la venida del que usted ama? Esos son afectos santos. Y Juan está diciendo a lo largo de su epístola, esas son las marcas de los creyentes verdaderos. Ahora continuemos con el resto.

Número seis: ¿ve usted un patrón decreciente de pecado en su vida? ¿Ve usted un patrón decreciente de pecado en su vida? Una de las manifestaciones de afectos santos es un patrón decreciente de pecado. Capítulo 3, versículo 5, vayamos ahí. Esta es una sección poderosa, poderosa. Para ser honesto con usted, probablemente no vamos a pasar más allá de esto, pero está bien. Los patrones no       quebrantados de pecado son característicos de los no regenerados.

No importa lo que alguien diga, si hay un patrón continuo de pecado en su vida, que no es diferente antes de que hicieron su afirmación, entonces solo una afirmación y no tienen una realidad. Cuando usted se volvió un cristiano verdadero y usted fue transformado, el patrón del pecado fue quebrantado y un nuevo patrón entró, llegó a existir un patrón de obediencia, un patrón de justicia, un patrón de piedad, un patrón de santidad. Los afectos santos se apoderaron. Y el patrón de la vida de un creyente es buscar la santidad.

Ahora, dice usted: “¿Acaso eso significa que no hay pecado?”, oh, hay pecado, porque la carne no redimida todavía está ahí. Pero entre más buscamos y entre más nos movemos en esos afectos religiosos hacia cosas que son correctas, habrá una frecuencia decreciente de pecado. Juan presenta eso de manera muy, muy clara en los versículos 5 al 10; es tan claro que no hay manera de refutarlo.

Y Juan nos muestra, ahora, aquí está el punto clave, que el pecado como un patrón de vida es incompatible con la salvación, es incompatible con la salvación. Y de manera particular, es incompatible con la obra de Cristo en la salvación. Decir que una persona fue salva por la obra de Jesucristo, salvada, y redimida y es apta para el cielo, y hecha una nueva creatura, pero el patrón continuo sigue sin ser quebrantado, es decir algo acerca de la salvación, y es decir acerca de la salvación que es ineficaz. No es así. Juan, entonces, nos lleva a la obra de Cristo y después nos muestra cuán eficaz es.

En primer lugar, Su muerte, versículo 5, vea esto. “Y sabéis que Él apareció”, esto es, Cristo apareció, “para quitar nuestros pecados”. Mmm, él acaba de decir en el versículo 4 que hay personas que practican pecado y están practicando impiedad. Ahora él dice que Él apareció para quitar los pecados. Entonces, decir que a alguien se le aplicó la obra de Cristo, pero continúa en el mismo patrón de pecado, es negar el propósito mismo para el cual Él vino, para quitar pecados. Continuar en pecado no es coherente con la obra de Cristo. Él levantó nuestros pecados de nosotros, airō; Él levantó los pecados. El propósito de Su encarnación fue quitar nuestro pecado, para que Sus seguidores no siguieran practicando el pecado de manera habitual.

Si lo hiciéramos, Su muerte, mientras que tuviera cierta eficacia en la eternidad, habría sido inútil en el tiempo. Pero Él vino para quitar los pecados de Su pueblo. ¿Cómo puede decir, entonces, usted que una persona es salva, pero sus pecados no son quitados, de hecho, son iguales? No se puede ser así. Él vino para producir en Sus hijos un nuevo patrón de vida con la frecuencia decreciente de pecado; eso en Su muerte misma. Después no solo eso, sino que si usted ve la obra de Cristo mediante nuestra unión con Él en los versículos 6 y 7, usted ve otro elemento; Versículo 6: “Todo aquel que permanece en Él no peca”. ¿Quieres decir, Juan, que nunca pecamos? Obviamente no quiere decir eso –peca como patrón de vida. “No peca” –como un patrón de vida– “no le ha visto ni le ha conocido. Hijitos, que nadie os engañe. El que hace justicia es justo, como Él es justo”.

Ahora, la palabra clave aquí en el versículo 6 es “permanece en él”. No solo su muerte fue para quitar nuestro pecado, sino que nuestra unión permanente con Él ha quebrantado el patrón habitual de pecado. Entonces, tanto en Su muerte, escuche esto, en Su muerte en la cruz, y en Su vida continua en el creyente, Él está quitando el pecado. No significa que nunca cometeremos un solo pecado. Él ya dijo en el capítulo 2: “Si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre”. Pero no seremos pecadores perpetuos en pensamiento, palabra y obra, como éramos antes de que fuéramos salvos.

La justicia gobierna en nosotros porque residimos en el Justo. Entonces, ¿cómo podría terminar usted con una postura que dice que la salvación es eterna en realidad, pero temporal en experiencia? Usted es salvo para siempre, pero quizás de pronto pueda regresar al patrón antes de que era redimido y vivir una vida totalmente pecaminosa. Espera un minuto. Él murió para quitar pecados, Él vive en unión con nosotros para conquistar ese patrón y proveer un patrón de justicia habitual nuevo.

La tercera nota en su argumento tiene que ver con Satanás en el versículo 8. “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Ahora entienda este pensamiento, es un pensamiento muy simple: el diablo es un pecador, y nada más que un pecador. Toda persona que está asociada con el diablo es un pecador, y nada más que eso. Cristo murió para destruir las obras del diablo; las obras del diablo son –¿qué? – pecado. Y entonces, en su muerte, Él vino para rescatar a un pueblo que estaba en la esclavitud del diablo y, de esta manera, en la esclavitud del pecado. El punto es este: el pecado habitual señala unión con el diablo. Él vino para rescatar a la gente de eso, para destruir el poder del diablo.

¿Cómo, entonces, puede usted decir que alguien es salvo que continúa viviendo un patrón habitual bajo el control del diablo? Entonces esa es una obra bastante impotente por parte de Cristo, ¿verdad?, y contraria a Su propósito. Él vino para destruir las obras del diablo, las cuales son obras pecaminosas, y Él las destruye en las vidas de Su pueblo. La salvación fue llevada a cabo para destruir las obras malas de Satanás en nosotros. Y si no hiciera eso, entonces no hizo lo que debía hacer, y Su obra es totalmente ineficaz e inútil. Cierre la iglesia, olvídelo todo. Como puede ver, si el propósito de la obra de Cristo en la cruz fue para quitar el pecado, y si el propósito de Cristo fue para unirse con nosotros en justicia, y si el propósito de Cristo fue deshacer las obras del diablo, entonces el pecado no puede ser ese patrón habitual en la vida de un cristiano; de lo contrario, Cristo vino en vano.

Después, en el versículo 9 él añade otro argumento. El pecado también es incompatible con el Espíritu Santo. Versículo 9: “Todo aquel que es nacido de Dios” –nadie– continuamente, habitualmente – “practica el pecado”. ¿Por qué? “Porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano no es de Dios”. En el versículo 9, él dice: “Mira, el nuevo nacimiento, hay una simiente plantada”, y sabemos que el agente es el Espíritu Santo. Somos nacidos del Espíritu. Y el Espíritu viene y planta esa semilla, una nueva naturaleza, un nuevo principio de vida, una nueva disposición, la simiente misma de Dios, Su semilla.

Y esa obra del Espíritu Santo significa una forma de vida nueva ha comenzado. Nuestro nacimiento sobrenatural de la semilla de Dios nos trae la vida de Dios. El Espíritu Santo nos regenera con esa nueva semilla, y esa nueva semilla produce un nuevo tipo de vida. Así como la semilla en el suelo produce un cierto tipo de vida, la nueva semilla produce una vida justa y rompe el patrón de pecado habitual. Al nacer del Espíritu de Dios, no podemos pecar de manera continua. Entonces, véalo desde el punto de vista de la muerte de Cristo. Véalo desde el punto de vista de la vida de Cristo con nosotros. Véalo desde el punto de vista de aplastar a Satanás. Véalo desde el punto de vista del Espíritu de Dios en Su obra regeneradora. De cualquier punto de vista que usted lo vea, el patrón de pecado habitual es –¿qué? – quebrantado, quebrantado.

Y entonces, ¿qué está diciendo Juan? Juan simplemente está diciendo, ¿ve usted cómo decrece el patrón de pecado en su vida? Si es así, eso es evidencia de un afecto santo. El versículo 10 simplemente lo resume todo. Hay una diferencia obvia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo. Es obvia. Él usa la palabra obvia. Usted practica justicia, usted es de Dios. No lo hace, entonces no lo es. De manera simple y clara. Entonces, estaremos de acuerdo, ¿no es cierto?, con Jonathan Edwards: la regeneración es eterna en realidad, eterna en experiencia. ¿Por qué? Porque la realidad es una realidad de transformación total; nacidos de Dios, no podemos pecar continuamente. Si usted ve victoria sobre el pecado en su vida, si usted ve motivos justos, deseos justos, palabras justas, obras justas, no van a ser todo lo que deben ser, pero ciertamente no son lo que solía ser. Entonces, tiene vida eterna; disfrútela.

¿Sabe usted que la comunidad cristiana está llena de personas que tienen poca o nada de certeza de su salvación? Continuamente soy acusado de manera impresa y en cinta y en muchos lugares, de robar la certeza de la gente, de hacer que los cristianos se sientan inseguros. No quiero hacer que los cristianos se sientan inseguros, quiero que los cristianos falsos se sientan inseguros, por su propio bien. No quiero que usted esté inseguro. Quiero que esté seguro. Si usted es un cristiano verdadero, quiero que esté abrumado de certeza. Y no estoy diciendo que tiene que vivir una vida perfecta para estar seguro de que es salvo, y no estoy diciendo que, si llega a caer en pecado, ups, quizás no seas salvo.

Lo que estoy diciendo es que si usted tiene afectos y anhelos santos, como lo he dicho en otras ocasiones, si usted ama a Dios, y odia el pecado, y anhela obedecer, esa es la evidencia de la vida regenerada. Jonathan Edwards tenía razón. Él estaba profundamente cargado, porque a partir del Gran Despertar vino una iglesia que se expandió, y en esa iglesia que se expandió vino el reconocimiento de que había todo tipo de excesos emocionales, y personas desmayándose y entrando en un estado de trance, y diciendo que tenían experiencias extrañas y raras; personas que hicieron profesiones y confesiones momentáneas.

Y necesitaba haber una delineación cuidadosa de lo que era verdadero y lo que era falso, no solo por el bien de aquellos que no eran verdaderamente salvos, de que su certeza falsa podía ser quitada, sino para la gloria de Dios, porque algunas personas estaban diciendo que el Gran Despertar en su totalidad fue una farsa. Y él quería preservar la integridad de la obra de Dios en esos años gloriosos. Y entonces él dijo: “Debemos distinguir entre lo verdadero y lo falso”, y a partir de esa gran mente y corazón, y conocimiento de la Escritura, vino la verdad simple de que donde hay afectos santos, hay evidencia de vida regenerada.

Eso es precisamente lo que Pedro está diciendo; esa es la razón por la que él está diciendo, debes buscar esas cosas si vas a disfrutar de certeza. Eso es precisamente lo que Juan está diciendo; usted debe ver la evidencia de la búsqueda de esas cosas si usted va a saber si pertenece o no a Cristo. De hecho, esa es la razón misma por la que Juan escribió esta carta. Eso es lo que siempre tuvo en mente. Capítulo 5, versículo 13: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”. El Señor no quiere que usted carezca de certeza en su salvación. El Señor no quiere eso. Lo primero que usted debe entender es que su salvación es eterna. La segunda cosa, que usted tiene la fe que asegura esa salvación eterna, y puede disfrutar de esa confianza.

Y Juan ha escrito estas cosas no para quitar nuestra certeza, sino para dárnosla. Y Pedro no escribió para quitar nuestra certeza, sino para dárnosla, si somos reales. Si no lo somos, estas son herramientas eficaces para mostrarnos la realidad de nuestra certeza falsa. Bueno, inclinémonos juntos en oración.

Padre, te agradecemos porque cuando enviaste a Tu Hijo, Tú lo enviaste para que tuviéramos vida y la tuviéramos de manera abundante. Y esa parte de la vida abundante es la certeza, porque, ¿cómo sería posible que disfrutáramos de nuestra vida cristiana si ni siquiera pudiéramos estar seguros de que nos dirigimos al cielo? Y entonces, Tú simplemente nos cargaste de verdad, acerca de la certeza. Padre, gracias porque podemos tener certeza desde el momento mismo de la fe salvadora, si esa fe salvadora es real, porque habrá afectos santos, anhelos santos. No solo el sentido de "Hombre, escapé del infierno.

No solo la idea de que, “bueno, ahora estoy de lado de Dios, y Él no me va a castigar”. No solo la idea de que, “bueno, ahora quizás mis problemas están resueltos”. No solo la idea, “bueno, ahora pertenezco a este grupo de personas amables”. No. La salvación verdadera es indicada por esos afectos santos, y creemos que están ahí en el comienzo mismo, Padre, y crecen, se expanden y se enriquecen.

Y te agradecemos por esa confianza. Y porque no has buscado quitarnos nuestra seguridad, sino que la multiplicas para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Gracias porque la obra de Cristo en la justificación está ligada de manera inseparable a la obra del Espíritu en la santificación; que así como anhelamos al principio por Cristo, conforme Él motivó nuestros corazones, ahora anhelamos por Él conforme Él continúa motivando nuestros corazones.

Padre, ayúdanos a disfrutar de la certeza que es nuestra en Cristo. Para aquellos que no tienen seguridad porque no tienen salvación verdadera, sálvalos, Señor, incluso esta noche, para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

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