Grace to You Resources
Grace to You - Resource

Bueno, abramos nuestras Biblias en el capítulo final de la Biblia, el capítulo 22 de Apocalipsis… Apocalipsis, capítulo 22, la última invitación de Dios. La Biblia abrió con una promesa, la promesa de un Salvador venidero, la promesa de un Libertador venidero, quien rescataría a la gente de su pecado. Esa promesa vino en el tercer capítulo de Génesis y en el versículo 15. “…ésta te herirá en la cabeza, y Tú le herirás en el calcañar.” Ésa es una promesa de un Liberador, esa es una promesa de un Salvador, Uno quien vendría y rescataría a los hombres al destruir al enemigo, Satanás mismo.

La Biblia entonces, comienza con la promesa de un Salvador y así es cómo termina. En el versículo 20 de este último capítulo: “Ciertamente, vengo en breve.” Nada más que ésta es la promesa de Su Segunda Venida, mientras que en Génesis 3 fue la promesa de Su Primera Venida. W.A. Criswell escribió esto: “Primero, el Salvador debe venir para que sea aplastado, herido, crucificado y hecho una ofrenda por el pecado. Él va a venir para morir como el Redentor de las almas de los hombres. Después de que Dios hizo esa promesa en el Edén, pasaron cientos de años, pasaron milenios y el Señor no vino. Cuando finalmente llegó, Él vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Él estuvo en el mundo y el mundo fue hecho por Él y el mundo no le conoció. Millares de personas de la humanidad se habían olvidado la promesa o de otra manera se habían burlado de su cumplimiento. Cuando finalmente llegó el anunció de que Él había llegado, los escribas y eruditos señalaron el lugar donde Él iba a nacer. Pero nunca tomaron el tiempo de viajar los más de 8 km de Jerusalén a Belén para darle la bienvenida al Salvador prometido del mundo. No obstante, a pesar de cuánto Él se tardó y a pesar de que los hombres se olvidaron y se burlaron y a pesar de los pocos fieles que esperaron la consolación de Israel como Simeón, el viejo; sin embargo, Él vino. De acuerdo con la promesa fiel de Dios, el Señor Jesús vino.”

“De esta manera,” dice Chriswell en el texto, “que Dios habla al cerrar su Biblia, “Ciertamente vengo en breve.”” Aquí está una segunda vez. A pesar de que los infieles se burlen, a pesar de que otros puedan rechazar y a pesar de que los siglos lleguen a ser milenios, ésta es la palabra inmutable y la promesa del Señor Dios: “Ciertamente, vengo en breve.”

Y a lo largo de las Escrituras es reiterado. En el Antiguo Testamento hay muchas profecías de Su Primera y Segunda Venida. En el Nuevo Testamento, muchas profecías de Su Segunda Venida. En Judas 14, por ejemplo, dice: “He aquí el Señor vino con millares de Sus santos para ejecutar juicio sobre todos y convencer a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho de una manera impía.” Él viene no como un Salvador, sino que la próxima vez viene como juez. Y de esta manera, usted tiene al final del libro de Apocalipsis, no tanto una promesa como una advertencia.

Hemos estado viendo esta tremenda invitación de cierre. El libro entero de Apocalipsis, claro, es la profecía de la segunda venida de Jesucristo. Es el Apocalipsis, el Apocalipsis, la revelación, la manifestación de Jesucristo. Es la afirmación final del descubrimiento de la gloria del Hijo de Dios cuando Él regrese y toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Él es Señor.

Y este libro que trata acerca de Su Segunda Venida termina con una invitación final a la luz de esa realidad. Conforme la revelación alcanza su fin, y la certeza del regreso de Cristo es ahora clara, el Espíritu Santo llama a una respuesta. En primer lugar, en los versículos 6 al 12 una respuesta por parte de los cristianos. La respuesta de obediencia inmediata, adoración inmediata, proclamación inmediata y servicio inmediato.

Pero en segundo lugar, comenzando en el versículo 13 y hasta el final, una respuesta por parte de los no cristianos. El ruego final de Dios es dado a aquellos que todavía están rechazando. Esta sección final podemos dividirla simplemente en dos puntos: la invitación y los incentivos para responder.

La invitación llega en el versículo 17. Y únicamente voy a repasar brevemente lo que hablamos hace un par de semanas atrás. La invitación viene a la mitad del pasaje, del versículo 13 al 21, rodeada por los incentivos. Pero tenemos que comenzar con la invitación, versículo 17: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” Les explicamos que hay dos partes en este versículo. La primera mitad es el ruego porque el Señor venga. La segunda mitad es el ruego porque los pecadores vengan al Señor y se unan al ruego para que Él venga.

En primer lugar, en el versículo 17 el Espíritu, el Espíritu Santo, y después la Esposa, quien es la Iglesia, desean que el Señor venga porque desean ver el fin del pecado, quieren ver la exaltación de la justicia, quieren ver la gloria de Dios, quieren ver la majestad de Jesucristo, quieren ver al enemigo Satanás destruido, el pecado enfrentado y la gloria eterna de Dios manifiesta a lo largo del universo. Entonces, el Espíritu Santo y la Iglesia están clamando “Ven.” El Espíritu Santo que ha estado esforzándose, que está contristado, que ha sido blasfemado dice “ven”. Y la Iglesia débil, pecaminosa, atribulada, luchando dice “ven”. El Espíritu Santo quiere que Cristo venga porque quiere que la obra de redención sea completada. Los enemigos del infierno sean juzgados. La Iglesia quiere ser una Iglesia gloriosa, sin tener mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa y sin mancha. Y entonces, el Espíritu y la Esposa dicen a Cristo: “Ven, ven, ven.”

Y el después, el versículo cambia en la mitad y otros son invitados a decir “Ven”. Cualquier persona que oiga el mensaje del Evangelio y se una a la Iglesia y se una al Espíritu puede decir “Ven, Señor Jesús”. Y entonces, viene llamado a los pecadores: “Y el que tiene sed venga y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente.” Y ahí está el llamado para que los pecadores vengan a reconocer su necesidad, al ver la fuente de ayuda para esa necesidad en Jesucristo y al tomar del agua de la vida sin costo.

La última vez señalamos que la salvación viene a aquellos que reconocen su condición amenazadora desesperada, en pecado, la cual aquí es retratada como sed. La salvación viene aquellos que entienden la provisión de Dios ha hecho en Cristo, que lo ven como el agua viva y se arrepienten y creen tomando y bebiendo lo que es provisto para ellos.

Entonces, ahí está la invitación a los pecadores, “ven, ven, ven,” únanse al Espíritu y únanse a la esposa esperando con anhelo el regreso de Jesucristo. Usted no necesita ver el regreso de Jesucristo como una realidad aterradora, si usted viene a Cristo, usted puede amar Su manifestación y puede esperarla.

Entonces, en primer lugar, vimos la invitación. En segundo lugar, y lo que ocupa el texto que rodea a este primero, son los incentivos a responder. Está la invitación a venir y los incentivos a venir. Y hay varios incentivos.

Comenzamos a verlos la última vez y permítame recordarles el primero. Debemos venir, los pecadores deben venir debido a la persona de Cristo… Debido a la persona de Cristo. Se acuerda que en el versículo 13 Él dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” Y ahí en el versículo 16, Él dice: “…Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

¿Cuál es la importancia de esos? Es esto: no es cualquier persona quien está llamando a los pecadores a venir, no es ningún otro que el alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin, la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Todos esos son títulos de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Señor vivo, el Trascendente, el Eterno, el Infinito, Él es la fuente y fin de todo, Él es la meta y consumación de todo. Él es la raíz de David, esto es que Él es la fuente de David; esto quiere decir que Él es deidad, Él es Dios. Él también es el linaje de David, esto quiere decir que es un hijo de la línea de David, esto habla de Su humanidad. Él es un Dios hombre. Y después, Él es llamado la estrella resplandeciente de la mañana. Y le dije que los judíos solían utilizar el término estrella para describir a un héroe. Él es el héroe de los héroes, la estrella más brillante, la estrella de la mañana que brilla intensamente para disipar las tinieblas apenas antes del heraldo del amanecer.

Él no es cualquier persona que está invitando al pecador a venir, Él es el Señor del cielo majestuoso viviente. El predicador no es el invitador, Él es. Él es el que ha enviado la invitación, nosotros simplemente la entregamos. ¡Oh cuán majestuoso es el que lo llama a usted a la vida eterna, me llama a mí a la vida eterna, llama a todo pecador a la vida eterna! Y despreciar la invitación es despreciar al Ser Supremo en el universo. Y una afrenta así viene con un costo inmenso.

En segundo lugar, el incentivo a venir es debido a la persona de Cristo y en segundo lugar, debido a la exclusividad del cielo… Debido a la exclusividad del cielo. Y aquí es realmente en donde nos detuvimos la última vez.

Hay otra razón contundente por la que debe venir a Cristo, otra razón contundente por la que debe creer en el que murió y resucitó, arrepentirse de su pecado y aceptarlo a Él como Salvador y Señor. Y eso se debe a lo que dice en el versículo 14 y 15: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

Eso habla de la exclusividad del cielo. No es un lugar para toda persona. No toda persona va ahí. Hay algunas personas en el versículo 14 que están adentro participando del árbol de la vida y otras que están afuera, quedan afuera de acuerdo con el versículo 15. Es probable que en los versículos 14 y 15 Jesús todavía está hablando. Y si yo hubiera sido un editor de una Biblia de letra roja, me habría asegurado de que todas las palabras del versículo 12 al 16 estuvieran en rojo, porque no hay razón para asumir que nuestro Señor no sigue hablando aquí.

Observe de nuevo el versículo 14: “Bienaventurados los que lavan sus ropas.” Esto se refiere a la idea de quitar el pecado, a limpiar mediante lavado, así como lo vimos en el Salmo 51, versículo 7. Isaías capítulo 1, versículo 18 y otros lugares en la Escritura. Y señalamos que la única agencia, el único medio por el cual dicha limpieza puede ser cumplida es por la sangre de Jesucristo. Primera de Pedro 1, una escritura muy, muy conocida y muy importante dice: “No fueron redimidos con cosas corruptibles como plata u oro de vuestra vana manera de vivir, heredada de vuestros padres, sino con la sangre preciosa de un Cordero sin mancha, la sangre de Cristo.” Es la sangre de Jesucristo, es la muerte de Cristo, Su obra expiatoria lo único que puede limpiar nuestros pecados.

Esto nuevamente es repetido en el libro de Hebreos, de hecho, muchas veces. Pienso en tan sólo un versículo, Hebreos 9:14, cómo la sangre de Cristo, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, nos limpia de obras muertas para servir al Dios vivo.

Son sólo aquellos que han sido lavados, son sólo aquellos que han sido limpiados por la sangre de Cristo los que tienen derecho al árbol de la vida y pueden entrar por las puertas a la ciudad. Sólo los limpiados tienen el derecho de entrar. Sólo los limpiados tienen el derecho de comer. La nueva Jerusalén, como también los nuevos cielos y la nueva tierra son sólo para aquellos que son limpiados de pecado. Entonces, el perdón es el requisito para cualquier persona que quisiera entrar al cielo. Ésa es la razón por la que la promesa del Evangelio  incluye el perdón.

Escúchelo en las palabras de Pablo. En Efesios 1:7 dice: “En Cristo tenemos redención por Su sangre, el perdón de nuestros pecados.” Si nuestros pecados no son limpiados, si nuestros pecados no son lavados, perdonados de manera absoluta y total, no podemos entrar al cielo. Y el mundo está lleno de personas que asumen que van a entrar al cielo fuera de eso, pero no es así. Un pecado lo deja a usted afuera. Ésta es una exclusividad contundente. La única manera para poder entrar al cielo es que sus pecados sean perdonados por la fe en Jesucristo y en Su muerte y resurrección. Ése es el único camino.

Después, el versículo 15, por otro lado, dice: “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” Fuera.

Observe el capítulo 21, versículo 27, el último versículo de ese capítulo. Usted se acuerda que ese capítulo nos describe la nueva Jerusalén, nos describe el nuevo cielo y la nueva tierra. Y en el versículo 27 dice: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”

El cielo es exclusivamente para aquellos que han sido limpiados, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero. Ahora, ¿dónde están estas personas que están afuera? Versículo 15 del capítulo 20 le dice: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Aquí le dice dónde están. El cielo es exclusivamente para aquellos que son perdonados. Y es abundantemente claro el versículo 15 del capítulo 22, que si hay un pecado en contra de usted, usted va a terminar en el lago de fuego. El versículo 15 le da una lista de pecados, una lista de pecados descriptivos. Escuche esto, no es exhaustiva. Alguien podría leer y decir: “bueno, veamos, no soy perro, hechicero, no soy una persona inmoral, homicida, idólatra, alguien que ama y practica la mentira. Yo sólo soy un ladrón, por lo tanto, no estoy incluido.” Esa no es la idea. Esta lista no es exhaustiva, sino que es una representación.

Hay en el capítulo 21, versículo 8: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” Entonces, de nuevo, sabemos que estar afuera significa estar en el lago de fuego; y la lista ahí es un poco diferente, indicándonos que ésta es una lista representativa y no una lista exhaustiva. Hay personas que todavía llevan sus pecados y el castigo por ellos.

Ahora, quiero que vea esta lista, porque mientras que muy aparente, de lo que Él está hablando en la mayoría de los casos, por lo menos hay una palabra aquí que podría sorprenderlo un poco y es la primera. “Más los perros estarán fuera.” Hemos domesticado al perro bastante bien en nuestra cultura entonces, quizás no comprendamos eso. De hecho, usted podría tener un pequeño perro que es más amigable con usted que otros perros de su familia. Eso parece ser verdad en algunos casos. Usted podrá ver a su perro casi como si su perro tuviera una personalidad y algo más que simplemente conducta instintiva. Y podría disfrutar a su pequeño perro, cuidándolo mucho. Pero no era así como eran tratados los perros en el mundo antiguo. Con frecuencia, eran animales de carroña. Y estaban ahí en la basura de la ciudad y eran criaturas despreciables, en la mayoría de los casos. Y llamarle a alguien un perro era referirse a la persona de la virtud más baja. Los perros eran vistos como lo más bajo en términos morales. Los perros dejaban su marca en cualquier lugar y en todos lados. Eran sinónimo con lo más bajo, la escoria. Encontramos indicaciones inclusive de eso en el Antiguo Testamento, como también en el Nuevo.

Por ejemplo, y no voy a leer muchas, simplemente un par de ellas para darle una idea. Segunda de Reyes capítulo 8, versículo 13: “Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas?” Llamar a alguien un perro era lo más bajo. De hecho, los judíos llamaban a los gentiles perros y era una manera de referirse a ellos que los enfurecía y los menospreciaba. En Isaías 56:10, hablando de hombres infieles, quienes supuestamente deberían estar en liderazgo espiritual, dice de ellos: “Todos ellos son perros mudos, incapaces de ladrar.” Es usado también en el Nuevo Testamento con términos semejantes de significado. Es usado, creo que podríamos decir, y estaba buscando algunas palabras para describirlo de la manera más simple que pudiera, es usado para describir a los impuros. Es usado para describir a aquellos que son impuros de manera abierta.

Ahora, esto quizás le pueda sorprender realmente. La primera referencia en donde los perros son utilizados para describir a humanos debido a su conducta impura es Deuteronomio 23:18. Puede escribirlo si quiere buscarlo. Deuteronomio 23:18 y se refiere a prostitutos homosexuales, prostitutos masculinos para homosexuales y eran lo más bajo de lo más bajo. Lo más bajo de lo bajo. Van a estar afuera del reino.

Y también los hechiceros, eso se refiere a personas involucradas en la magia, drogas, pharmakiais, es la palabra de la cual obtenemos farmacia. La magia estaba asociada con las drogas, supuestamente para inducir algún tipo de euforia y alguna ascendencia a las deidades. También los involucraba en actividad demoniaca.

Afuera están los fornicarios, pornos, de lo cual obtenemos pornografía. Aquellos que cometen actos sexuales inmorales. Afuera están los homicidas, eso es bastante claro. Afuera están los idólatras, los que adoran algo diferente del Dios verdadero. Afuera está toda persona que ama y hace mentira. Y aquí tenemos entonces, otra lista representativa como la que mencioné antes en el capítulo 21, versículo 8, una lista representativa muy parecida de 1 Corintios capítulo 6. El Nuevo Testamento está lleno de éstas. Ni los fornicarios, idólatras, adúlteros, los que se echan con varón, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, heredarán el Reino de Dios, eso es 1 Corintios 6. Gálatas capítulo 5 tiene otra lista así. Habla de aquellas personas que estarán afuera del Reino, inmorales, impuros, sensuales. Habla de sus pecados de idolatría, hechicería, enemistad, condiciones, celos, muestras de enojo, disputas, disensiones, envidia, embriaguez y cosas como estas; tiene una lista semejante. Hay una lista semejante en Efesios 5:5.

Ahora, el punto que quiero señalar a partir de los versículos 14 y 15 es simplemente esto: ‘oiga la invitación, amigo mío, porque el cielo es exclusivamente para las personas cuyos pecados han sido limpiados.’ No es que ninguno de nosotros jamás hayamos cometido estas cosas, es que hemos sido perdonados. ¿Quién no quiere ser perdonado? El que disfruta ese pecado. Y si no es perdonado, si usted no viene al pie de la cruz y abraza a Jesucristo, usted morirá en su pecado, Jesús lo dijo en Juan 7 “Y adonde Yo voy, vosotros no podéis venir.” Usted no irá al cielo, usted arderá para siempre en el lago de fuego.

Y entonces, la invitación es “El que tiene sed venga y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” No hay costo, simplemente venga y beba, reciba la vida eterna, reciba el perdón. Y debe verse motivado a hacer eso debido a la persona que le está pidiendo esto y debido a la exclusividad del cielo. Usted va a quedar afuera si usted no es perdonado; y usted no será perdonado a menos de que venga Cristo, quien es el único que concede el perdón.

En tercer lugar, y este también es un incentivo vital, venga debido a la gloria de la Persona que lo invita, venga debido a la exclusividad del cielo y venga debido a la veracidad de las Escrituras. Venga debido a la veracidad de las Escrituras. Es tan importante que la Biblia termine con una afirmación de su veracidad. Y eso se encuentra en los versículos 18 y 19. “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.”

Ahora, estas palabras deben ser escuchadas y obedecidas. Esta no es la primera afirmación de las Escrituras en este capítulo. Regrese al versículo 6. El ángel que le está hablando a Juan dice: “Estas palabras son fieles y verdaderas.” Y después, en el versículo 10: “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.” Las palabras son verdad, deben ser proclamadas y no deben ser alteradas. No les añadas nada y no les quites nada, son verdad, proclámalas.

Los pecadores necesitan responder debido a la veracidad de estas palabras. Esta es la Palabra del Dios vivo y eterno. Y más vale que responda. Si al esforzarse por evitar la revelación clara de Dios, usted le añade algo, le será añadido a usted las plagas que están escritas en él. Si al esforzarse por evitar lo que le dice, usted le quita, usted no tendrá parte del árbol de la vida.

Ahora, a lo largo de Apocalipsis, hemos enfrentado la condenación de aquellos que rechazan a Cristo. El mundo ha sido destruido, como lo hemos visto a lo largo de este panorama del futuro. La gente ha recibido plagas, y ha sido torturada, y ha muerto de hambre, y ha sido sacudida, y ha sido demonizada, y ha sido aterrada, y ha sido matada, y condenada, y consignada a un lago de fuego. Y todos esos retratos, todas esas visiones, todas esas profecías son verdad. Esto es exactamente lo que sucederá, esto es exactamente lo que está sucediendo ahora conforme la gente va al infierno sin Cristo.

Y después, Jesús mismo añade una afirmación adicional acerca de la permanencia de esta verdad. Versículo 18, y yo creo que esto también debe estar en letras rojas: “Yo testifico,” yo no creo que ése sea Juan, yo creo que este es Jesús hablando. ¿Por qué? Porque en el versículo 20 dice: “El que da testimonio de estas cosas dice: ‘Ciertamente vengo en breve.’” Aquí nuestro Señor mismo ofrece una palabra de testimonio extendida con respecto a la autoridad y la finalidad de la profecía. Él había comisionado a Juan a escribirla, pero él fue el autor de ella. “Les estoy diciendo, esto es verdad, no lo alteren. No le añadan y no le quiten.”

Ahora, observe lo que lo llama: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro…” En primer lugar, obviamente, él tiene el libro de Apocalipsis en mente… El libro de Apocalipsis es profecía. Lo dice aquí. Las palabras de la profecía de este libro. Estas palabras constituyen un libro que es profético. Esta es una profecía.

¿Se da cuenta de que hay personas que ni siquiera quieren admitir eso? Esta es una profecía. Fue dada a través de Juan el apóstol, quien fue el profeta. Fue una profecía que vino a través de un profeta. Y Juan fue ese profeta. Él fue ese vocero.

De regreso en el capítulo 1, versículo 3, dice: “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía.” Y aquí es una profecía en el sentido de predicción. Esta es una profecía registrada en un libro, cuyo autor es Dios a través de un profeta, que no debe ser alterado. Esta es una advertencia. Realmente, es una manera de proteger el libro. Esto es muy importante. No es una nueva manera de proteger un libro, es una manera antigua. De hecho, ahí atrás en Deuteronomio, en el Pentateuco, en la primera colección de libros que Dios jamás inspiró, escuche lo que lee en Deuteronomio 4:2. Y Deuteronomio, recuerde, fue el último libro en el Pentateuco el cual fue realmente el primer libro, realmente el primer volumen dado por Dios a través de Moisés. Pero escuche lo que dice en Deuteronomio. Versículo 2: “No añadiréis a la palabra que Yo os mando, ni disminuiréis de ella.” Eso es lo mismo de manera precisa. No le añadas, no le quites. No la toques. Toma lo que dice exactamente como Dios lo dio. En Deuteronomio 12, nuevamente, en el versículo 32 viene la advertencia: “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.”

En el capítulo 30 de Proverbios, esto también, me parece muy interesante. Proverbios 30, versículo 5: “Toda palabra de Dios es limpia, Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras.” ¿No es eso interesante? Para el Pentateuco hay una advertencia así. Aquí en la literatura de sabiduría, hay una advertencia así.

Y después, en Jeremías, le voy a dar otra ilustración de esto, Jeremías 26, versículo 2: “Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé hablarles; no retengas palabra.” Ni una palabra, ni una sola palabra debe ser omitida.

Ahora, aquí usted tiene lo mismo final de las Escrituras, ‘no toques una palabra. No le añadas, y no le quites.’ La advertencia prohíbe cualquier alteración de este libro, pero esto no es sólo este libro, porque hemos oído esta advertencia repetida una y otra vez en los pasajes que le acabo de leer; y con seguridad, podríamos extenderlo a todas las Escrituras.

Usted dirá: “¿Bueno, porque no lo puso al final de Romanos? ¿Por qué no lo puso al final del libro de Efesios? ¿Por qué no lo puso al final del libro de Hechos? ¿Por qué no lo puso al final del libro de Hebreos?” Él lo puso el final de Apocalipsis porque Apocalipsis está al final de la revelación. Es el fin del Nuevo Testamento. Es el fin de toda la revelación escritural. Y entonces, abarca todo lo que se ha dado. Y él también lo colocó al final de Apocalipsis porque Apocalipsis, Dios sabía con certeza que sería el libro más atacado; y ése es el caso.

La advertencia prohíbe cualquier alteración de este libro y cualquier alteración de cualquier cosa que Dios jamás ha escrito, lo cual se aplica los sesenta y seis libros. Estas palabras de Jesús entonces, prohíben cualquier intento por añadir o quitar del contenido del libro a través de alguna falsificación deliberada, alguna distorsión de la enseñanza en su contenido. Eso sería para cualquier malinterpretación y falsificación deliberada.

Ahora recuerde, este libro de Apocalipsis, cuando fue escrito, inmediatamente cuando fue diseminado a las siete iglesias, no habría sido popular, por ejemplo, con Jezabel y sus seguidores que estaban en Tiatira. No habría sido muy popular con los propagadores de la religión falsa de los nicolitas. Y habría sido muy, muy poco popular con aquellos que estaban en Tiatira, quienes habían abrazado las cosas profundas de Satanás. No habría sido nada popular con los calumniadores judíos mencionados en el capítulo 3, versículo 9. Y no habría sido nada popular, nada popular con muchos otros. Y entonces, habrían comenzado a atacarlo de manera inmediata. Y así fue. Y todavía lo están atacando.

Y entonces, es la advertencia… No lo alteres. Se refiere a Apocalipsis, ahora escuche esto, pero desde Apocalipsis, siga mi pensamiento, toma la historia bíblica, toma la historia redentora, siga esto, hasta el final, ¿no es cierto? Este libro nos lleva hasta el estado eterno, hasta el final, el lago eterno del fuego, los nuevos cielos y la nueva tierra eternos. Este libro nos lleva hasta el final mismo. Esa es la razón por la que este libro fue escrito, escrito varias décadas después de los primeros libros del Nuevo Testamento. Lleva el relato del plan de Dios hasta el final, entonces nada ve debe serle añadido.

Después, también podríamos decir que cualquier cosa añadida en cualquier punto en las Escrituras en cualquier libro de las Escrituras tendría que haber sido añadido a Apocalipsis porque Apocalipsis es el final. Y si quisiera añadir a las Escrituras, tendría que ser colocado después del libro de Apocalipsis, ¿no es cierto? Entonces, cualquier cosa añadida en cualquier lugar es añadida a Apocalipsis, lo cual está al final y no hay necesidad de añadir nada porque la historia de manera clara va al estado eterno, nada más necesita ser dicho.

El doctor Thomas acaba de terminar su segundo volumen, él enseña, claro, en el Masters’ Seminary y ha completado su segundo volumen de Apocalipsis y en ese volumen, él tiene un párrafo, todavía no ha sido publicado, pero será publicado en unos cuantos meses. Esto es lo que él dice, y cito: “Las porciones del proyecto de predicción desde el tiempo de la vida de Juan hasta el estado eterno. Cualquier tipo de palabras proféticas serían una intromisión en la esfera de lo que él cubre y constituirían o una adición o sustracción del contenido de Apocalipsis. Entonces, el libro final de la Biblia también es el producto de conclusión de la profecía del Nuevo Testamento. También marca la conclusión del canon del Nuevo Testamento debido a que el don profético fue el medio divinamente escogido para comunicar los libros inspirados del canon,” fin de la cita

Eso realmente lo resume. No más revelación, no más don de profecía en su sentido de revelación. Nada necesita ser dicho, porque todo ha sido dicho de manera clara hasta el final. No hay nada más que añadir. No se va a dar más Escritura. Y ahora podemos tomar de la Escritura entregada y entregársela a los santos intacta.

Versículo 18: “Si alguno añadiere, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.” No hay nada más que añadir. El canon está cerrado. El don de profecía en su sentido de revelación terminó, ya no habrá más profetas que hablen, no habrá más apóstoles que escriban, no habrá más palabras del cielo, no habrá más visiones espirituales. Y la promesa aquí, la advertencia aquí es que aquellos que añaden a las Escrituras, sean liberales o críticos de alta crítica o falsos profetas o fraudes o farsantes. Aquellos que alteran la Verdad, la falsifican, mitigan su mensaje, la alteren, van a sentir la venganza de Dios. No hay nada que usted necesite añadirle a esto. Y añadirle a esto es incurrir en sus juicios.

Después, versículo 19: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” Esto es igualmente peligroso, claro, disminuir a las Escrituras.

Hay algunas personas que no quieren añadirle, simplemente quieren quitarle. Me acuerdo cuando estuve en el seminario estudiando teología liberal, nos encontramos con un teólogo que finalmente había concluido que solamente había 23 versículos en la Biblia entera que de hecho eran inspirados por Dios. Y se hizo un gran esfuerzo para informarnos a todos nosotros como alumnos del seminario acerca de la alta crítica alemana, la cual tenía como meta quitar la mitología de la Biblia. El liberalismo, el liberalismo antiguo, el nuevo liberalismo, la neo ortodoxia, como usted la quiera llamar, la crítica de Wellhausen y la teoría JEPD; todas esas cosas que usted aprende en la filosofía y en el seminario tienen como objetivo despojar a las Escrituras de todo lo que ofende al pecador. Pero Dios va a quitar su parte del árbol de la vida y de la santa ciudad que están escritas en este libro. Ese tipo de personas no va a estar en el cielo.

Quitar es un juego de palabras. Usted le quita a las palabras de este libro y Dios le va a quitar su parte en el cielo. La parte que usted hubiera tenido si no hubiera alterado las Escrituras. Ahora, usted tiene que entender que un verdadero creyente no alteraría las Escrituras. Como puede ver, cualquier persona que conoce a Dios, cualquier persona que conoce a Cristo, cualquier persona que va camino al cielo, va a tratar a las Escrituras con gran respeto, va a decir con el salmista: “Oh, cuánto amo yo Tu ley.” Va a decir: “Es mi deleite diariamente.” Como puede ver, la palabra de Dios es absoluta, verdadera, fiel, permanente y completa, no debe ser alterada, no debe ser cambiada, no se le debe añadir nada, no se le debe quitar nada. Y los verdaderos creyentes entienden eso.

Ahora, el hecho de que esta advertencia esté aquí me indica varias cosas. En primer lugar, indica que los hombres van a tender a alterar las Escrituras y probablemente, van a alterar Apocalipsis más que cualquier otro libro. Y eso ha sido verdad. En segundo lugar, indica que los hombres van a negar su validez porque es tan específico proféticamente; y eso ha sido verdad.

Pero también me indica que el Espíritu Santo quiere hacer una afirmación final que abarca todo acerca de lo que usted hace con las Escrituras. Y la conclusión es que Dios lo ha escrito, no lo borres y no lo expandas.

Usted dirá: “Bueno, esto me preocupa un poco porque quizás yo he sido culpable de eso.” Quizás lo está diciendo y quizás así ha sido. Permítame ayudarle a entender esas cosas. En primer lugar, nuestro Señor no está amenazando a aquellos creyentes que cometen un error en juicio. Él no está amenazando a aquellos que cometen un error en discernimiento. Él no está amenazando a aquellos que han llegado a una interpretación no correcta. Lo que Él está haciendo es amenazar a los incrédulos que se involucran en una falsificación y edición deliberadas y en una mala interpretación deliberada y engañosa, aquellos a quienes Pablo llama ‘los que corrompen a las Escrituras’. Ningún verdadero creyente, ningún verdadero amante del Señor de la verdad, ninguno que ha nacido de nuevo por la simiente incorruptible de la Palabra de Dios, ninguno lavado por la Sangre que limpia, ninguno regenerado por la Palabra que limpia, de manera deliberada mutilaría las Escrituras. No envenenaría de manera deliberada su propia comida. No lo haría.

Un verdadero creyente diría con David “¡Oh, cuanto amo yo Tu ley!” Un creyente podría decir: “no entiendo todo, no puedo explicarlo todo, quizás no lo interprete de manera precisa cada vez que interpreto, quizás no siempre toque las profundidades de las Escrituras, quizás no pueda entender sus misterios, pero la amo y nunca me atrevería a alterarla.” Ésa es la señal de un verdadero creyente.

Inclusive Jesús dijo eso. En Juan, capítulo 8, versículo 31, Jesús dijo esto: “Si permaneciereis en Mi palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos.” Si permaneciereis en Mi Palabra. Si descansas en Mi Palabra. Si oyes y obedeces Mi Palabra. De eso es de lo que está hablando.

Ahí en Juan 14, versículo 23: “El que me ama, Mi Palabra guardará.” Y después, por lo menos es el caso de un creyente, que la Palabra de Dios es todo para nosotros. Como bebés, deseamos la leche de la Palabra para que podamos crecer. No, los creyentes no adulteran la Palabra de Dios. Los creyentes no alteran la Palabra de Dios. Los verdaderos cristianos la guardan, la honran, la aman. Podemos entender de manera equivocada algunas partes de la misma, nuestra teología puede estar mal aquí y allá, pero este no es un ataque deliberado en contra de la Verdad.

El gran comentarista de años pasados llamarlos Seiss, escribió lo que considero un párrafo muy útil. Escúchelo, y cito: “Con un corazón honesto y en actitud de oración y con estas advertencias solemnes y terribles delante de mis ojos, me he esforzado por afirmar e indicar lo que nuestro Señor de gracia me ha dado a conocer de manera particular y defenderlo. Si he leído alguna cosa en Su libro que no ha sido colocada aquí o he leído de ahí algo que Él no ha colocado ahí, con la tristeza más profunda, yo me retracto y de manera deliberada quemo los libros.” Él fue un escritor. Él escribió un comentario; él escribió un comentario de Apocalipsis. Además, él escribe esto: “Si yo en algo he ido más allá de los límites de la sumisión apropiada a lo que está escrito, sin debilidad o de manera intempestiva o confiando de manera excesiva en mi propio entendimiento he distorsionado algo, sólo puedo deplorar la falla y orar que Dios envíe un hombre con más confianza para que nos abra las verdades que aquí están escritas. He hablado de acuerdo con la gracia y la luz que me han sido dadas. Si yo erro, que Dios me perdone. Si tengo razón, que Dios bendiga mi testimonio débil. De cualquier manera, que Dios propague Su Verdad eterna,” fin de la cita. ¿No es eso una gran afirmación?

La Palabra es verdad. La revelación en todas las Escrituras es verdad. Los verdaderos cristianos la creen, y la guardan, y la aman y la obedecen. El hecho de que es verdad es un incentivo suficiente para que el pecador más vale que venga porque dice que lo que sucederá de hecho, sucederá. Y usted no tendrá parte en el árbol de la vida, el cual es un retrato de la vida eterna. No tendrá entrada a las puertas de la ciudad eterna.

Entonces, la invitación y los incentivos, respeto hacia la persona que le da la invitación, la exclusividad del cielo y la verdad de la Palabra de Dios. Y finalmente, un último punto, los pecadores deben venir debido a la certeza del regreso de Cristo… La certeza del regreso de Cristo. Una última vez, versículo 20: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén;” dice Juan, “sí, ven, Señor Jesús.”

Un último recordatorio, las últimas palabras que Jesús habló, aquí están. Un último recordatorio. Juan oye del Señor mismo las últimas palabras que Jesús habló oídas en la tierra, las siguientes serán el grito cuando Él venga por Su Iglesia. Las últimas palabras: “Ciertamente vengo en breve.” Va a pasar, exactamente del modo en que el libro de Apocalipsis lo describe. Es cierto. Y Juan afirma ‘Amén’. Eso significa que así sea. Que así sea. Ven Señor Jesús. ¿Qué significa eso? Quiere decir estoy listo, ¿no es cierto? Estoy listo. Como Pablo, significa ‘amo Su Venida’. ‘Anhelo Su Venida’. Pedro reconoció que había falsos profetas que se burlaron de la venida de Cristo. Su amor por la sensualidad, su avaricia hicieron que se burlaran del regreso de Jesucristo. En 2 Pedro, capítulo 3, estos burladores vienen y dicen “¿dónde está la promesa desde Su venida?, porque desde que los padres durmieron todo sigue igual como fue desde el principio de la creación.” Todo exactamente sigue igual y seguirá igual, es la teoría de la uniformidad. Todo será siempre igual. Todo será así. Y Pedro les recuerda: “¿Se han olvidado del diluvio que destruyó al mundo entero?” Las cosas no van a continuar como están. Jesús viene; y cuando venga, todo lo de Apocalipsis sucederá. ¿Puede usted decir: “amén, ven, sí Señor Jesús?” Yo sí. Yo espero que usted pueda.

Y después, la bendición de la Biblia. ¿Y usted no sabría que si el Señor va escoger una palabra, sería ‘gracia’? ¿Usted simplemente pensó que nombramos a esta iglesia de manera arbitraria? La última palabra es: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.” Y lo último que la Biblia dice es que para los pecadores está disponible ¿qué? La gracia… Gracia. Después de todo esto, gracia. ¿Es suya? ¿Está listo?

¿Sabe una cosa?, conforme pensamos en estas profecías, profecías en las Escrituras, es como ver a un cielo lleno de estrellas y usted ve hacia arriba el cielo y algunas veces en una noche muy clara, usted ve a todas esas estrellas por todos lados y hasta donde usted sabe, si alguien no hubiera mirado hacia arriba en un telescopio o hubiera volado en una de estas latas de metal que están en órbita ahí arriba, hasta donde usted sabe, podríamos simplemente estar adentro de un globo y todos estos pequeños puntos, pintados en esa superficie. Realmente todos se ven como si estuvieran allí en el mismo lugar, como luces en este edificio conforme miramos hacia arriba. Pero la realidad es que usted está viendo estrellas y todas parecen estar simplemente ahí en el techo del cielo; pero en realidad, están a billones de años de luz de distancia unas de otras. No parecen verse así para nosotros. Pero así es. Billones de años luz la separan unas de otras.

¿Y sabe cosa?, así es con la verdad profética. Vemos el libro de Apocalipsis, el libro de Daniel, el sermón del Monte de los Olivos de Jesús, vemos las cosas que Zacarías dijo y los otros profetas de las Escrituras, Isaías, Jeremías. Y vemos este panorama tremendo de estrellas. Pero lo que no podemos ver es la distancia que separa todas estas cosas proféticas. Y entonces, simplemente le recuerdo al final, el tiempo de estos acontecimientos y la distancia entre estas cosas. A menos de que sea afirmado de manera particular, no es conocido para nosotros. Entonces, vivimos todo el tiempo con expectativa. Y sin embargo, algunas veces preguntándonos ‘bueno, ¿por qué no sucede?’ Y toda persona que trata de entender la secuencia, se equivoca.

El punto es: toda persona en todo momento más vale que esté lista y alerta y velando porque Él viene en un momento que ningún hombre conoce y una hora en la que usted no cree que va a venir. Hasta esa hora, hay gracia. Y que la gracia del Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Oremos.

Ha sido un gozo, Padre, pasar estos años en este libro. Pocos sabíamos la aventura que nos esperaba cuando comenzamos. Pero cómo nos ha cambiado, cómo nos ha moldeado, cómo nos ha dado un sentido totalmente nuevo del tiempo y la eternidad, una nueva perspectiva del futuro y, como consecuencia, del presente. Oh, cómo nos regocijamos que Jesús viene y decimos con Juan’ Amén, sí, ven Señor Jesús’. Oro por pecadores arrepentidos y no redimidos, no perdonados, que puedan oír la invitación a venir y que sepan que eres Tú, el Señor del cielo vivo, invitándolos. ¡Qué cosa tan magnánima y sorprendente, que Tú, el Santo y eterno invites a pecadores a venir! Que ellos se den cuenta de la exclusividad del cielo, que es sólo para aquellos que han sido perdonados y ninguno de los otros jamás entrará, si no que pasarán la eternidad en el lago de fuego. Y que ellos sepan que la Biblia es verdad, que la palabra que has escrito es verdad. Y que Tú vienes en breve. Simplemente, no sabemos qué tan pronto.

Que todos nosotros estemos preparados y velando para el que viene como ladrón en la noche, que estemos listos. Y que estemos esperando y amando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro Dios y Salvador, el Señor Jesucristo, en cuyo nombre oramos. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
DERECHOS DE AUTOR © 2015 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

Series (Alta Calidad) Series (Baja Calidad)

Esta serie de sermones incluye los siguientes mensajes:

Por favor, contacte a la casa Editorial para obtener copias de este recurso.

Información de la Editorial
Desatando la verdad de Dios, un versículo a la vez

¡Bienvenido!

Ingrese su dirección de correo electrónico y le enviaremos instrucciones de cómo restablecer su contraseña.

Volver a Ingresar

Desatando la verdad de Dios, un versículo a la vez
Minimizar
Ver la lista de deseos

Carrito

No hay productos en el carrito.

ECFA Accredited
Desatando la verdad de Dios, un versículo a la vez
Regresar al Carrito

Compre como invitado:

No ? Salir

Ingrese para acelerar el proceso de pago.

Desatando la verdad de Dios, un versículo a la vez
Minimizar