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El martes, 11 de septiembre de 2001, todos presenciamos el ataque más devastador que jamás se haya perpetrado contra Estados Unidos y las imágenes están profundamente grabadas en nuestra memoria y probablemente, permanecerán por largo tiempo. Tan monumentales proporciones de muerte y devastación hacen que la única comparación más parecida sea el ataque contra Pearl Harbor. Alrededor de 2.400 personas murieron en Pearl Harbor, la mayoría de ellas, personal militar. El martes murieron más 2.800 personas y la mayoría eran civiles. Durante mucho tiempo, Pearl Harbor ha sido el ícono que ha representado los atentados contra esta nación. Ya nunca más será ese ícono porque en el futuro, los atentados terroristas del 11 de septiembre contra la ciudad de Nueva York y Washington D.C. serán el nuevo punto de referencia. Esos atentados los llevó a cabo no una nación, ni una alianza de naciones, sino un grupo clandestino de terroristas itinerantes del Oriente Medio.

Todos sabemos lo que sucedió; en estos tiempos, dominados por los medios, no nos faltan las imágenes visuales o las explicaciones verbales. Cuatro aviones comerciales de Estados Unidos, que se dirigían de la costa Este a la costa Oeste, fueron secuestrados y llevados a un rumbo de colisión hacia distintos objetivos específicos con la intención de matar a las personas, lesionar a la nación, devastar la economía y dañar el ejército. La idea era enviar a Estados Unidos el mensaje de que existía un poder mayor que la superpotencia que es Estados Unidos. Un grupo suicida de asesinos extremistas islámicos estaba proclamándose como que era más poderoso que esta gran nación. Dos de los aviones, que viajaban con los depósitos de combustible llenos, hicieron impacto contra los objetivos con una precisión catastróficamente destructiva, estrellándose con todas sus fuerzas contra las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York, provocando su desplome. Otro avión se impactó contra el Pentágono y mató a varios centenares de personas. Otro avión nunca llegó a su objetivo, cualquier que este haya sido. Todos conocemos los detalles de lo que sucedió. Pero nuestras mentes claman por saber por qué sucedió. De hecho, a mí me parece que las personas en Estados Unidos están obsesionadas con el por qué suceden las cosas. Cada vez que se estrella un avión, cada vez que un crimen se apodera de las noticias, queremos saber por qué suceden estas cosas. Analistas, psicólogos y criminalistas estudian los detalles para hallar el motivo de por qué suceden estas cosas. ¿Por qué las personas hacen este tipo de cosas?

Trataré de darles algunas respuestas. Tengo muchas ideas dando vueltas en mi cabeza. Para poner un poco de orden en esas ideas, debo mantenerme bastante fiel a lo que he escrito. Sabemos por qué sucedió esta tragedia a un nivel superficial. Sabemos ahora que existe un grupo de terroristas altamente desarrollados y sofisticados en el Oriente Medio que constituyen la razón superficial e inmediata. Las fuentes de inteligencia nos indican que no es un solo hombre, Osama bin Laden, con cuyo nombre ya estamos todos familiarizados. Es probable que él sea el hombre principal detrás de la planificación de los hechos que propiciaron este desastre. Pero parece que recibe el apoyo de personas como Saddam Hussein de Irak y quién sabe cuántos otros extremistas en el Oriente Medio son parte de esta inmensa red.

Estos hechos nos catapultan inmediatamente a la tierra de la Biblia. Esos terroristas no eran noruegos, argentinos, mexicanos, alemanes o chinos; eran del Oriente Medio, de la tierra de la Biblia. Una noticia de la Reuters desde Londres decía: «El disidente saudita Osama bin Laden advirtió hace tres semanas que él y sus seguidores llevarían a cabo un ataque sin precedentes contra intereses de Estados Unidos por su apoyo a Israel… Abdel-Bari Atwan, director de al Quds al Arabi, una revista semanal de actualidades en árabe con sede en Londres, dijo que los fundamentalistas islámicos encabezados por bin Laden estaban “casi con seguridad” detrás de los ataques al World Trade Center en Nueva York. “Es casi seguro obra de los fundamentalistas islámicos. Osama bin Laden advirtió hace tres semanas que atacaría intereses estadounidenses en un ataque sin precedentes, un ataque muy grande”, dijo Atwan a Reuters. “Personalmente, recibimos información de que él planeaba ataques muy, muy grandes contra intereses de Estados Unidos. Recibimos varias advertencias de este tipo. No lo tomamos demasiado en serio y preferimos ver lo que sucedería antes de comunicarlo”» (Karen Matusic, «Bin Laden Warned of “Unprecadented Attack”». Reuters, 13 de septiembre de 2001).

¿Quién es este hombre, Osama bin Laden? ¿Qué cosa es la red de terroristas y qué los motiva a realizar esas atrocidades inconcebibles? Todos recordamos un anterior atentado terrorista, no desde la parte superior de la torre sino desde abajo, contra el World Trade Center. Nos han hecho tomar conciencia en los últimos años de la ola de atentados terroristas contra las bases, los cuarteles y las fuerzas militares de EUA en el Oriente Medio y otros lugares.

Igualmente, sabemos de terroristas suicidas que cada vez con mayor frecuencia atacan lugares públicos en Israel, tales como pizzerías, haciéndose estallar a sí mismos también. ¿Qué hace que las personas hagan estas cosas y por qué sucede? La pregunta es ahora más imperiosa que nunca, porque tiene que ver con nosotros. Tiene que ver con nosotros, no sólo por lo que sucedió, sino también porque pudiera suceder cualquier otro día en cualquier otro lugar. Como dijo el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld: «No podemos detener todas las tácticas de todos los terroristas todo el tiempo».

Primero, permítame entrar en una categoría que necesitamos para empezar: Existe un motivo natural para esto. Durante años, los sociólogos y psicólogos modernos han estado tratando de convencernos que el hombre es esencialmente bueno. Pero eso no es cierto. El hombre es esencialmente malo; es esencialmente perverso. Jeremías 17:9 dice: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» En otras palabras, ¿quién es capaz de entender lo que hay en el corazón? Es tan perverso. En Romanos 3 se describe al hombre como una serpiente venenosa (v. 13) y como un asesino cuyos «pies se apresuran para derramar sangre» (v. 15).

Sólo hay que examinar la historia de la humanidad para hallar prueba de esta verdad. La historia del mundo está llena de masacres. Se manifiesta no sólo en acciones criminales individuales, sino en acciones criminales colectivas y nacionales. El hombre es por naturaleza un asesino. Lo vemos en las acciones terroristas en el mundo de hoy. Lo vemos en las sociedades tribales y en las ciudades modernas del mundo. El hombre es un asesino.

El primer crimen en la Biblia se registra en Génesis 4:8. Caín asesinó a su hermano y le impuso a la vida humana ese innoble comienzo. ¿Por qué sucede esto? La Epístola de Santiago nos ayuda a encontrar una respuesta. Al comienzo del cuarto capítulo de la carta de Santiago, él hace en esencia la misma pregunta que nosotros estamos haciendo, que nuestra cultura está haciendo, que el mundo está haciendo. El capítulo comienza de la siguiente manera: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?» (v. 1). ¿Por qué suceden estas cosas? ¿Por qué hay asesinatos? ¿Por qué hay guerras? ¿Por qué hay peleas y pleitos en todos los planos?

La respuesta aparece de inmediato: «¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?» (v. 1). «Miembros» incluye la naturaleza física y espiritual de los seres humanos. Son los placeres dentro de uno los que generan las guerras. ¿Cuál es la fuente de las guerras? La palabra griega polemos («guerras») se refiere a una prolongada situación de conflicto. ¿Cuál es la fuente de los conflictos? Mache («pleito») se refiere a peleas independientes e individuales. ¿Qué causa esas peleas y conflictos?

Todo es cuestión de los placeres. En griego es hedone de donde obtenemos la palabra hedonismo, que significa el ansia de amor a sí mismo, el ansia de alcanzar lo que uno desea. El hedonista es alguien que vive para alcanzar el amor a sí mismo; vive para satisfacerse a sí mismo, para obtener lo que desea y para tomar lo que lo llena. Las guerras empiezan porque las personas quieren cosas para sí mismas y alguien se interpone.

El versículo 2 elabora aún más esta verdad: «Codiciáis, y no tenéis». Ése es el problema. Usted tiene una compulsión hedonista, pero esta se malogra. Lo que desea, se convierte en una guerra dentro de usted; eso es cuánto usted lo desea. Pero alguien le impide alcanzar ese deseo, por lo que Santiago dice que «matáis» (v. 2). La razón natural por la que las personas matan es por la gratificación personal insatisfecha y fuera de control. Las personas no son esencialmente buenas; son esencialmente malas. Si no tuviéramos leyes y la aplicación de las mismas, toda la humanidad estaría matándose a sí misma todo el tiempo.

A las personas las impulsa el deseo del placer, la satisfacción y la realización. Pudiera ser necesario sacrificar a cualquiera que se interponga para poder cumplir ese deseo. Uno tiene que preguntarse: «¿Por qué una madre ahoga a sus cinco hijos?» Porque esos niños impedían su satisfacción y realización. ¿Por qué los polacos de Jedwabne en Polonia, un día durante la Segunda Guerra Mundial masacraron 1.600 judíos en su aldea? Habían convivido durante 300 años; trabajaban juntos e iban a la escuela juntos. Sin embargo, en dos semanas, los polacos decidieron pasar de vecinos a asesinos. Mataron a los mil seiscientos en un solo día. ¿Por qué? ¿Era por odio a la raza judía? No, nunca se habían visto expuestos a la propaganda antisemita. Lo que sucedió fue que los alemanes asumieron el control del pueblo y dijeron: «Si quieren, pueden matarlos y tomar sus tierras, sus granjas y sus bienes» (Jan T. Gross, Neighbors: The Destruction of the Jewish Community in Jedwabne, Poland [Princeton N.J.: Princeton University, 2001]). Y eso hici eron.

Denle al corazón humano permiso para matar y lo hará. ¿Por qué un joven ruso en Sacramento, California, mata a su familia? Porque pensaba que entorpecían su realización y satisfacción. ¿Por qué Hitler masacró a los judíos? Porque pensaba que entorpecían su supremacía aria. ¿Por qué Josef Stalin masacró a otros millones de personas? Pensaba que entorpecían su imperio mundial. Puede ser así de enorme o tan simple como una madre que mata a sus hijos porque no puede alcanzar la satisfacción teniéndolos a ellos en el medio.

Santiago continúa diciendo: «ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (vv. 2-3). Por eso las personas matan: Quieren algo y alguien se lo impide. Ya sea que maten a pequeña escala o a gran escala, los corazones perversos de las personas apasionadas que no aceptan que se les niegue el placer, matarán para obtenerlo. Esa es la patología natural del corazón humano caído. Impulsa a las personas a cometer actos extremos de asesinato por pasiones tan devoradoras que rayan en la locura.

Hay una motivación natural y en segundo lugar, una motivación histórica. Para ir a la esencia de esto, tenemos que regresar al Oriente Medio, a la Biblia y a los orígenes de las naciones y eso nos lleva al libro de Génesis. Génesis es el libro de los orígenes. Génesis significa «inicio». En Génesis 10 y 11 encontramos lo que los estudiosos de la Biblia llaman la tabla de las naciones. Si recorremos las genealogías de Génesis 10, podemos ver toda clase de nombres de personas, familias y naciones. A partir de Génesis 11:10, encontramos más genealogías de individuos que engendraron familias y grupos de personas. Es un registro de la sociedad primitiva tal como se desarrolló desde la época de Noé. Recuerden cómo Dios inundó al mundo entero, según se registra en Génesis 6-9, y salvó a sólo ocho personas: Noé, su esposa, sus tres hijos y sus tres esposas. Ocho personas bajaron del arca y repoblaron el mundo. El capítulo 10 enumera las generaciones que surgieron de Noé por medio de sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet. Jafet, el hijo mayor, engendró lo que se conoce ahora como los pueblos indoeuropeos (Gn. 10:2-5). De Jafet surgieron los que viven en Europa hasta la India, incluyendo a los de Rusia y quizá los que cruzaron el Mar de Bering y poblaron América del Norte y Sudamérica, los pueblos nativos. Conocemos que Cam engendró las familias en África y el Oriente Lejano, incluyendo el mundo asiático, así como algunas regiones del Oriente Medio (Gn. 10:6-20). Y después, de Sem, el más conocido de los hijos de Noé, vino el pueblo semita del valle de Mesopotamia, el Oriente Medio como lo conocemos hoy, tanto el pueblo judío como el árabe (Gn. 10:21-31).

El pueblo de Sem vivía al norte, sur y este de la tierra de Israel. No quiero simplificar demasiado este análisis porque existen complejidades y complicaciones para comprender la historia del Oriente Medio, pero trataré de darles una interpretación que les sea lo bastante clara, para que puedan entender lo que está sucediendo. Volvamos atrás un poco.

Cuando Dios creó al hombre, puso a Adán y a Eva en un lugar llamado el Huerto del Edén. Las Escrituras indican que el huerto estaba ubicado en las cercanías del valle del Tigris y el Éufrates en la región de Mesopotamia, el corazón del Oriente Medio (Gn. 2:14-15). Ese es el paraíso original de Dios, el preciso lugar donde Dios caminó y habló con Adán en el frescor del día, el preciso lugar donde Dios estableció el árbol de vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (2:9). Hoy es el centro del mundo árabe-musulmán. Fue allí donde se construyó la Torre de Babel, donde comenzó la religión terrenal (11:1-9). Más tarde, se construyó allí la ciudad de Babilonia, que hoy se encuentra en el Irak contemporáneo. Fue allí donde Noé vivió y predicó antes del diluvio. Está llena de historia bíblica y religiosa. Pero cuando apareció Abraham, Dios se lo dio todo a él y a su familia. Dios le dio toda la tierra «desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates» (15:18). Abraham era hijo de un hombre llamado Taré quien adoraba al dios luna. Era la forma más popular de idolatría en la época de Abraham. Existían dos grandes centros de adoración del dios luna. Uno era un lugar llamado Ur, que estaba ubicado en el golfo pérsico en lo que es hoy Kuwait. El otro era Harán, que estaba en la región del actual Irak. Abraham nació en Ur en el seno de una familia de adoradores del dios luna.

Esta región histórica, la tierra del Oriente Medio, el valle de Mesopotamia y la tierra de los estados árabes, fue donde comenzó la historia de la humanidad. Esta misma tierra también será importante al final de la historia de la humanidad. Los profetas de la Biblia nos dicen que el mundo llegará a su fin en una gran conflagración y una gran batalla en ese mismo lugar. Grandes ejércitos del norte y del sur se reunirán en el valle de Meguido, que es parte del actual Israel (Ap. 16—17). Las Escrituras dicen que se derramará sangre en toda la tierra de Israel hasta que Jesús llegue, destruya a todos los perversos y establezca Su propio Reino en paz y justicia. Ese es un pedazo de tierra muy importante. Ninguno es más estratégico.

Abraham engendró al pueblo judío. En Génesis 12:1-3, Dios le dijo a Abraham, quien era conocido entonces como Abram: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra». En Génesis 15:18-21, Dios le da a Abraham detalles sobre su promesa de darle tierra: «En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto [el Nilo] hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos». Dios le dio a Abraham todo desde la costa del Mediterráneo hasta bien dentro del Oriente Medio. En otras palabras, por derecho divino, de boca de Dios mismo, la región les fue dada a Abraham y a su descendencia.

En la época de Abraham, todas las personas que se nombran en los versículos 19 al 21 ya estaban ocupando aquella tierra. Aunque Dios le prometió la tierra a Abraham, ya estaba en poder de aquellos grupos. En Génesis 10:21-31 se relaciona una lista de personas y de grupos de familias, así como tribus y naciones que existían como descendientes de Sem. Debe haber habido una gran cantidad de ellos en la región. Muchas tribus, familias y grupos de personas vivieron en toda esa parte del mundo. Puede que haya sido la parte más densamente poblada del mundo en aquellos tiempos. De hecho, al principio fue la única parte del mundo que estuvo poblada porque, una vez terminado el diluvio, sólo ocho personas sobrevivieron y empezaron la repoblación ahí mismo.

No tardó mucho en que Mizraim, el nombre de Egipto en hebreo, adquiriera importancia. No tardó mucho en que otras naciones poderosas como Aram y Aser (Siria y Asiria) nacieran. Todas esas grandes tribus, familias y clanes eran idólatras y rechazaban al Dios vivo y verdadero, a Dios el creador. Cuando Dios le prometió a Abraham que toda la tierra sería de él, Abraham y su descendencia iban camino al conflicto político y religioso. Para que esa tierra perteneciera a Abraham y sus descendientes, Dios iba a tener que ponérsela a su disposición y Abraham tendría que ser fiel a Dios. Si Abraham era fiel a Dios y obediente, Dios le daría la tierra. Pero si los descendientes de Abraham desobedecían a Dios, tendrían que afrontar una interminable batalla tratando de poseer lo que Dios les había dado.

Ustedes se preguntarán: «¿Fue justo juzgar a esas naciones que poseían la tierra?» La respuesta es que sí, porque Dios es justo en juzgar la adoración de ídolos. El primer mandamiento dice: «No tendrás dioses ajenos delante de Mí» (Éx. 20:3). Dios juzgará la idolatría en todas las épocas. Fue un juicio justo el que Dios le quitara esa valiosa tierra a aquellos que le habían dado la espalda y se la diera a un pueblo que Él mandó a amarlo y servirlo. La región del Oriente Medio es la tierra más rica de la faz de la tierra. Están las riquezas costeras del valle de Sarón en Israel; las tierras fértiles que bajan por el mismo centro de Israel; las inmensas riquezas minerales del Mar Muerto; el enorme tesoro petrolífero de la península arábiga; las valiosas maderas que una vez cubrieron al Líbano. Hay que añadir las fértiles planicies del valle de Jordán, una productividad sin par y una increíble riqueza química en el Mar Muerto. Dios se los dio todo a ellos. Si lo obedecían, tendrían esas tierras Los pueblos idólatras de aquella tierra iban camino a un enfrentamiento con Israel. La razón por la que Israel nunca ha podido poseer esa tierra que recibieron es porque Israel no ha sido fiel a Dios. Pero algún día «mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito» (Zac. 12:10). Aceptarán a Jesús como su Mesías; alcanzarán su salvación. Y el día en que alcancen su salvación, el Mesías mismo les dará la tierra.

Mientras tanto, continúan reivindicando la tierra y mientras lo hagan, el resto del mundo árabe será su enemigo acérrimo en uno u otro grado. Abraham no ayudó en este conflicto. Dios le hizo la promesa a Abraham y le pidió que confiara en Él para tener a ese hijo. Abraham tenía alrededor de cien años y Sara noventa y eran estériles (Gn. 11:30; 17:15-17). Abraham debe haberse preguntado cómo podría llegar él a ser el padre de muchas naciones si no era capaz de engendrar ni a un solo hijo.

Un día, su esposa Sara le propuso el siguiente plan: «Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella» (Gn. 16:2). En un acto de desconfianza hacia Dios, Abraham siguió el plan de su esposa. Agar concibió y dio a luz un hijo cuyo nombre era Ismael, un hijo ilegítimo, no el hijo de la promesa de Dios, no el hijo del pacto (Gn. 16:4, 15). Dios dijo: «haré de él [Ismael] una gran nación. Mas yo estableceré Mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene» (17:20-21). Tuvo a Isaac y por medio de él surgió el pueblo judío, pero por medio de Ismael surgieron más enemigos, doce tribus nómadas que vivían en el norte de Arabia (25:13-16).

Para empeorar las cosas, Esaú, hijo de Isaac, fue rechazado por su padre (27:30-40). De Esaú nacieron más pueblos que no estaban incluidos en la promesa, surgiendo así más enemigos. El Oriente Medio está lleno de descendientes de todos esos pueblos que disputan el derecho declarado de Israel a la promesa abrahámica. Dios quería que Israel eliminara a esos pueblos perversos, idólatras y adúlteros. Quería que Israel lo hiciera cuando los sacó de Egipto, después de haber estado cuatrocientos años en cautiverio (Éx. 23:23-33; Hch. 7:6). Dios levantó a Moisés para que los sacara. Los llevó al desierto, pero el pueblo fue incrédulo. Toda aquella generación murió en el desierto porque cometió idolatría (1 Co. 10:10-11).

Cuando surgió una nueva generación, Dios los llevó a la tierra prometida, la tierra de Canaán. Como parte de la promesa, tenían que destruir a los habitantes idólatras de la tierra (Jos. 1:1-9). Ya Dios había demostrado en la historia que Él destruiría a los impíos: Ahogó al mundo entero en el diluvio (Gn. 6). Ahora Israel, y no el agua, sería el arma de Dios para librar a la tierra de la idolatría. Sí triunfaron sobre Egipto. Todo el ejército egipcio se ahogó y las grandes plagas que sobrevinieron a Egipto causaron enormes cantidades de muertes (Éx. 7—11). Conquistaron las tribus de la parte alta del Jordán (Dt. 3) y estaban listos para entrar en la tierra de Canaán y conquistar. En cambio, fueron a la tierra de Canaán y fueron derrotados. Fueron derrotados en un lugar llamado Hai porque había pecado en el campamento (Jos. 7). Nunca hicieron lo que el Señor les dijo que hicieran; nunca se convirtieron en la espada de Jehová.

Por tanto, ahí estaban en medio del conflicto, amenazados constantemente por los vecinos que los rodeaban. Sin embargo, debe haber una advertencia. El pacto de Dios con Israel no ha sido roto y sigue siendo verdad que la nación que bendice a Israel es bendecida y la nación que maldice a Israel es maldecida (Gn. 12:3). Cualquier nación que amenace la existencia de Israel caerá bajo el juicio de Dios. Esto se repite en las Escrituras en Salmos 121, 125 y 129, y en Isaías 43. Por ende, la razón histórica de los actos terroristas está clara: El conflicto se remonta a las tensiones entre el pueblo árabe y los descendientes de Abraham. Doscientos cincuenta millones de ellos rodean a cinco millones de judíos. Los judíos creen que es su derecho divino poseer la tierra, pero no pueden tomarla porque Dios no les da la tierra a menos que se alejen del pecado y acepten al Mesías.

Todo el mundo está en contra de Israel en el Oriente Medio, hasta Satanás. Si ustedes lo cuestionan, lean Apocalipsis 12 donde verán una descripción de Satanás tratando de destruir a Israel. Entonces, las Escrituras dicen que los descendientes de Ismael «delante de todos sus hermanos habitará[n]» (Gn. 16:12). Todas estas personas están tratando de convivir en el Oriente Medio y ahí está el pequeño Israel, el pueblo del pacto, rodeado de pueblos con la destrucción dándoles vuelta en la cabeza. En los tiempos bíblicos, estos diversos grupos de personas quedaron separados. Eso ayudó a mantener la paz de manera natural. Es un sistema de contrapesos y salvaguardias. Cuando todo el mundo hablaba un solo idioma y era del mismo parecer en la batalla, Dios los esparció, separó los idiomas y los diseminó por todo el mundo (Gn. 11:9). En cuanto las personas impías se reúnen, existe una gran fuerza de personas impías. Se convierten en una gran fuerza de maldad rotunda y desenfrenada.

Dios separa al mundo en naciones porque evita el mal monolítico. Es difícil saber cuántos países árabes se encuentran en el Oriente Medio, porque las fronteras han desaparecido y las identidades nacionales han sido borradas por un gran poder que es la religión musulmana en la que esa región del mundo está sumida. El imperio árabe se convirtió en un inmenso imperio debido a un hombre llamado Mahoma, cuyo nombre en árabe significa «altamente alabado». Nació en la ciudad de La Meca en el año 570 d.C., casi 500 años después de Cristo. Decía ser descendiente directo de Ismael. Eso encaja. Este Mahoma se convirtió en la fuente del Corán, que es el libro sagrado del islam. En el año 622 se estableció en Medina y esa fecha se convirtió en la fecha oficial del comienzo del calendario islámico.

Durante los primeros cien años después de Mahoma, el mundo árabe se unificó en grado sorprendente ya que esa parte del mundo sucumbió al poder del islam, sobre todo por el filo de la espada. La guerra cuyo propósito es la de someter a los infieles al islam se considera yijad, una guerra santa. El mismísimo Mahoma mató y robó a los infieles en nombre de Alá. «Convertir o morir» es la herramienta más persuasiva en el arsenal del misionero islámico. Esa afición por la muerte aún existe en los rasgos radicales del islam. El islam siempre ha conquistado con la espada. De hecho, se hizo del poder en el territorio de Israel y lo mantuvo hasta el año 1948. Vemos una razón natural de por qué esto sucede, vemos una razón histórica de por qué esto sucede.

Existe una profunda animosidad hacia Israel. Entonces, ¿por qué atacan a Estados Unidos? Nosotros somos los principales defensores y amigos de Israel. En la literatura que yo he leído, los musulmanes radicales se refieren a Israel como «el pequeño Satanás» y a Estados Unidos como «el gran Satanás». Nosotros somos la fuerza mayor y por lo tanto, la amenaza mayor en nuestro apoyo a Israel.

Eso nos lleva a la tercera razón, que es una razón religiosa. Vamos más allá del conflicto de los grupos de personas a la religión misma. Existen 1,2 mil millones de musulmanes en el mundo actual. Islam es una palabra que significa «rendición» o «sumisión». El islam alega que se ha rendido completamente a la voluntad de Alá. Y ellos creen que la voluntad de Alá fue revelada mediante el profeta Mahoma. Y la revelación de Alá se encuentra escrita en el libro sagrado musulmán llamado el Corán. Ahora bien, sin entrar en toda la teología del islam, permítanme darles algunas cosas en que pensar para que comprendan los soportes teológicos. Existen seis artículos de fe básicos en el islam. Si fuéramos a crear una afirmación doctrinal islámica, sería de la siguiente manera:

1. Los musulmanes creen que Alá es la única y verdadera deidad. No es una Trinidad. No es el Dios del Antiguo Testamento y no es el Dios del cristianismo.

2. Los musulmanes creen que el Corán es el libro más sagrado. El islam reconoce otros libros sagrados, pero sólo el Corán es puro.

3. Mahoma es el más grande de los profetas de Alá. Según la literatura islámica, Alá envió a miles de profetas (Jesús es uno de ellos), pero Mahoma es el más grande de los profetas.

4. Los musulmanes creen en los ángeles de Alá.

5. Alá ha predeterminado todas las cosas por decreto inalterable. Alá es totalmente soberano y el destino de todas las personas está predeterminado por Alá.

6. Los musulmanes creen en un día de juicio cuando todos los muertos resucitarán para ser juzgados por Alá y serán juzgados de acuerdo con sus obras.

Ningún musulmán puede saber con certeza dónde va después de la muerte. Alá decide el destino de todas las personas por medio de una clase absoluta y arbitraria de determinismo. La mayoría de los musulmanes se aferra a la esperanza de que las buenas obras pesarán grandemente en la balanza de justicia de Alá. Pero no existen garantías. Esos son los seis artículos de fe básicos.

Luego, hay cinco deberes llamados los pilares del islam. Estas son prácticas religiosas obligadas.

1. Recitar la declaración de fe islámica, conocida como Shahadah. Es un cántico que dice: «No hay otro Dios sino Alá y Mahoma es su profeta». La mayoría de los musulmanes lo recita muchas veces al día.

2. La oración cinco veces al día. Estas son oraciones obligatorias y convencionales. Las cinco veces al día son establecidas. Las mezquitas islámicas usualmente tienen un alminar. En lo alto del alminar, se encuentra un muezzin quien llama a la oración mediante el canto a la hora exacta de las cinco oraciones durante el día.

3. Los musulmanes tienen que dar a los pobres. Para lograr esto, a todos los musulmanes se les cobra un impuesto del 2,5 por ciento de sus ingresos anuales y de su propiedad.

4. Un mes de ayuno llamado Ramadán. ¿Cómo ayunan durante un mes y sobreviven? El ayuno les permite comer de noche, pero no a la luz del día. El Ramadán conmemora la primera revelación hecha a Mahoma en el año 610 d.C. Cuando Mahoma tenía cuarenta años, recibió la primera supuesta revelación de Dios y eso es lo que conmemora el Ramadán. Sólo se permite comer de noche y por la mañana antes del amanecer.

5. Todos los musulmanes, al menos una vez en la vida, salvo que sea totalmente imposible debido a alguna restricción, deberán hacer un peregrinaje a La Meca.

Esa es en esencia la práctica y la teología. Podemos resumir su teología de la siguiente manera: Dios es uno, no tres. Los cristianos y los judíos son considerados infieles. Alá sólo ama a los musulmanes fieles; no ama a los pecadores ni a los infieles. La mayoría de los musulmanes fieles cree que Alá es incognoscible, distante e impersonal. Enseñan que Jesucristo era un simple hombre, un profeta y no Dios el Hijo. El que afirme la deidad de Cristo lo ha convertido en un segundo dios. Este es un pecado imperdonable (llamado shirk) en el islam y hará que una persona vaya al infierno eternamente. Por ende, para un musulmán es difícil ir a Cristo porque ha sido programado toda su vida para que si alguna vez reconoce a Jesús como Dios, vaya al infierno por siempre.

Asimismo, su teología niega que Jesús muriera en la cruz porque afirman que Él era un profeta de Alá y Alá nunca permitiría que eso sucediera a uno de sus profetas. Por lo tanto, no murió en la cruz; por lo tanto, no resucitó de los muertos y nunca regresará. Enseñan además que nadie puede alcanzar la salvación sino el musulmán. Aunque el musulmán nunca puede saber si tienen salvación, al final sólo los musulmanes la tendrán.

Esto es sumamente desgarrador: El islam no tiene salvador. Mueren sin tener la manera de saber hacia dónde van. La teología musulmana no tiene la expiación de pecados y por lo tanto ninguna base para el perdón. Nunca olvidaré una conversación que tuve en un avión con un hombre que era musulmán. ‘¿Usted peca?’ le pregunté. ‘Por supuesto, todo el tiempo,’ contestó. ‘¿Qué será de las personas que pecan? le dije. ‘Pudieran ir al infierno.’ ‘¿Por qué sigue haciéndolo?’ le pregunté. ‘No puedo parar,’ respondió. ‘¿Tiene alguna esperanza?’, le pregunté. Y esto fue lo que me respondió: ‘Espero que el dios me perdone.’ ‘¿Por qué haría eso?’ dije. ‘No sé’, me dijo.

Ni expiación, ni base del perdón, ni salvador. Nosotros tenemos un gran mensaje para ellos: Hay un Salvador. ¿De dónde vino esta doctrina? Viene directamente del infierno. Esta es una de las doctrinas del demonio. Mahoma se crió en La Meca. Era miembro de la tribu llamada quarish. La religión en La Meca en la época de Mahoma era idólatra. Adoraban a 360 ídolos, así como a una prominente piedra negra, que según el Corán, Gabriel le dio a Abraham.

De acuerdo con la tradición islámica, cuando Mahoma era niño, el arcángel Gabriel lo visitó y le abrió el pecho, le sacó el corazón, lo limpió y lo volvió a colocar en su lugar. Aquí tenemos a Mahoma criándose en La Meca con 360 dioses, pero Satanás estaba obrando en él para inventar una religión que le pondría fin a la división y reuniría a todo el mundo en un gran e inmenso esfuerzo para deshacer la promesa pactada de Dios. Mahoma sería el instrumento.

Sin embargo, el ídolo principal de esos 360 era Alá, el dios. Alá era el nombre del dios luna (The Moon-god Allah in the Archeology of the Middle East [Eugene, Oreg.: Harvest House, 1992], 8). Uno de los símbolos musulmanes es una media luna. Alá era el dios luna, una forma del dios que la familia de Abraham adoraba y que el padre de Abraham, que era un idólatra, adoraba. Hasta Taré es un nombre que se relaciona con el nombre del dios luna. Lo que hizo Mahoma bajo la influencia de los poderes de las tinieblas fue lo siguiente: tomó elementos de varias formas de adoración de ídolos y los estructuró en una forma de religión, haciendo un solo cambio. Exigió que hubiera un solo dios, Alá, el dios luna. ¿De dónde obtuvo esta información? En el año 610 d.C., comenzó a recibir revelaciones alarmantes acompañadas de ataques violentos. No estaba seguro de si las visiones eran divinas o si eran demoníacas. Pero su esposa le dijo que se rindiera a las revelaciones, porque estaba convencida de que eran de Gabriel.

Luego, durante veintidós años, desde el año 610 hasta su muerte en el 632 d.C., siguió teniendo esas revelaciones del espíritu que lo controlaba. Al principio se recopilaron, memorizaron y trasmitieron oralmente. Después sus seguidores las escribieron de memoria, formando así el Corán. Más adelante, el Corán se amplió con el Hadif, que son otras enseñanzas y tradiciones.

Mahoma construyó todo este sistema religioso sobre la base de aquellas revelaciones demoníacas, adaptando y fusionando diversas formas y características de la adoración de ídolos que siempre había existido en La Meca, con un nuevo elemento, es decir, el dios luna. Alá era el único dios verdadero y todos los demás no lo eran. Estaba prohibido adorar a otros dioses. Satanás es feliz de ser tanto politeísta como monoteísta, siempre que sea el dios equivocado. El islam es hedonismo monoteísta.

Ahora quisiera hacer un comentario al margen. Ustedes deben haber oído hablar del Movimiento Musulmán Negro Norteamericano y ustedes se preguntarán cómo puede encajar eso. El verdadero musulmán les dirá que eso no es verdadero islam. ¿Qué es el Movimiento Musulmán Negro Norteamericano fundado por Elijah Mohammed? Es un híbrido extraño. Elijah Mohammed se tropezó con las enseñanzas de una persona llamada Wallace Fard y tomó sus raras enseñanzas y las mezcló con las enseñanzas de la Sociedad Torre del Vigía de los Testigos de Jehová. Creó un híbrido llamado la fe musulmana negra; aquí lo llaman la Nación Negra de Islam. Eso no es islam verdadero. Elijah Mohammed dijo que Wallace Fard era Alá y que Lewis Farrakan, que es el líder del movimiento, es el cumplimiento de Isaías 9:6: El dios fuerte, padre eterno y príncipe de paz. Esto es al islam lo que la secta de los testigos de Jehová es al cristianismo.

Nuestro propósito es el de analizar el verdadero e histórico islam. Mahoma enseñó que los judíos habían sido rechazados por Alá y maldecidos. Mahoma también declaró que era deber de todo musulmán subyugar el mundo entero a Alá, inclusive por medio de la guerra santa si fuere necesario. Evidentemente, a lo largo de los años y siglos, muchas de las personas que han seguido el islamismo no han sido tan militantes como los primeros ejércitos islámicos. Pero Mahoma era una persona muy perversa, agresiva y destructiva. Por lo que aquellas personas que quieren vindicar la violencia en nombre de Alá encuentran justificación más que suficiente en el sistema islámico.

Uno de los líderes islámicos de nuestra nación dijo, y cito: «Estos radicales han literalmente secuestrado a toda la religión para sus propios fines» (James Rudin, «The Vocabulary of Terrorism», Religion News Service [11 de octubre de 2001]). Fin de la cita. Pero ellos pueden encontrar una justificación para lo que hacen porque es inherente al islam que deben convertir a las personas por los medios que sean. La verdad es que el islam es actualmente el sistema más poderoso de la tierra para la destrucción de la verdad bíblica y del cristianismo; y es el principal perseguidor de los cristianos de todo el mundo, especialmente en el Oriente Medio y en África. Miles de cristianos mueren debido a esa persecución.

Para el islam, el mundo está dividido en dos partes: Dar al Salaam, («casa de paz»), donde reina Alá, y Dar al Harb, («casa de guerra»), donde viven los infieles. En 1948, Israel, que es visto por los musulmanes como un pueblo infiel, invadió la casa de paz y la convirtió en una casa de guerra. Es por esto que Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, dijo, y cito: «Para nosotros, la paz significa la destrucción de Israel» (citado en El Mundo [Caracas, Venezuela, febrero de 1980]). Fin de la cita. La única condición de paz en el pensamiento de la mayoría de los líderes islámicos extremistas es la destrucción total de Israel.

Me remití un poco a la historia, y cito: «Cuando Israel ganó los primeros conflictos armados contra los árabes, fue una gran derrota para Alá. Finalmente, el ayatola Khomeini de Irán explicó que Israel es un juicio de Alá por la condición de regresión de los musulmanes. De ahí que la derrota de Israel se ha convertido en la señal principal de la satisfacción que siente Alá por los musulmanes fieles» Fin de la cita. (Barbara Richmond, «Some facts about Islam», en la Internet: http://www. foryourglory.org/Islam).

Muchos fundamentalistas islámicos radicales creen que para obtener la satisfacción de Alá, deben derrotar a Israel. Un fundamentalista islámico egipcio dijo: «El islam crece sobre las piernas y brazos cercenados y la sangre de los mártires». A ellos no les importa derramar su sangre a fin de lograr sus objetivos. La guerra es un idioma que los radicales islámicos entienden y todas las guerras que libran son santas. Según el Corán: «Abraham no era judío ni tampoco cristiano; era piadoso» (3:67). Los musulmanes insisten en que los discípulos de Cristo eran musulmanes porque Jesús era un profeta de Alá.

En los últimos dos años en Argelia han muerto entre sesenta mil y ochenta mil personas, porque los musulmanes están entablando una guerra para poder convertir a Argelia en un estado musulmán. Decenas de mujeres han resultado muertas por no llevar velo y los fundamentalistas han jurado matar a otras más. A lo largo de la historia, la violencia de la yijad islámica había estado centrada contra los cristianos en muchos territorios. Del año 1894 al 1918, los musulmanes en Turquía persiguieron a los armenios en lo que constituye la mayor atrocidad en la historia contra los cristianos. La ferocidad de los musulmanes superó hasta la brutalidad del Imperio Romano en los tres primeros siglos del cristianismo. Los turcos

musulmanes casi lograron exterminar la raza armenia. Por medio de la hambruna, la deportación, las enfermedades, las golpizas y los asesinatos, un millón de armenios fueron asesinados y un millón y medio huyeron del país. Un escritor señalaba, y cito: «En menos de un año, a cerca de un millón de armenios de Turquía, jóvenes y viejos, ricos y pobres, de ambos sexos, los han ahogado, quemado, matado con bayoneta, privado de comida o torturados hasta morir o, si no, deportados a pie, sin dinero y sin comida a través de los ardientes desiertos árabes». Fin de la cita.

Durante ochocientos años, a partir de la época de Mahoma, el islam ejerció el dominio absoluto en el Oriente Medio. Las cruzadas constituyeron un intento vano de recuperar el control de los católicos en la tierra santa por la fuerza. Hacia los finales de las cruzadas, los ejércitos islámicos recuperaron el control de la tierra santa y mantuvieron el poder unilateral en el Oriente Medio hasta 1948, cuando Israel logró su independencia. El mundo árabe actual está tratando de reafirmar su poder y recuperar el control de Israel, principalmente por medio de actos terroristas. El plan del fundamentalismo islámico es el de conquistar el territorio para el islam, limpiar la tierra de una nación de infieles.

El ascenso contemporáneo de su poder surgió el 26 de mayo de 1908, cuando unos perforadores encontraron petróleo en Irán. No fue hasta 1970 que obtuvieron el poder productor del petróleo y ahora lo tienen. Los consumidores energéticos están a la merced de los productores energéticos. El dinero ha inundado el Oriente Medio y ha suministrado un capital inmenso para financiar la yijad. Llegó con tanta rapidez al Oriente Medio que un artículo del Economist de Londres decía que podrían comprar el Bank of America en seis días, la IBM Corporation en cuarenta y tres días, y todas las compañías principales del mercado de valores del mundo en quince años. Esta inmensa riqueza es el resultado de más de la mitad de los recursos petroleros del mundo, fácil de perforar, cerca de la superficie, cerca del mar para la transportación por tuberías y el transporte marítimo, de excelente calidad y bajo en azufre. Un pozo es capaz de producir ochenta mil barriles al día. Las riquezas del mundo están ahí y el mundo depende de la energía. Ellos tienen el dinero para financiar la yijad.

Para que ustedes se percaten de cuán en serio lo toman los fundamentalistas islámicos, en una entrevista realizada por la CNN a Osama bin Laden, este dijo, y cito: «Declaramos la yijad contra el gobierno de Estados Unidos porque el gobierno de Estados Unidos es injusto, criminal y tiránico. Ha cometido actos que son extremadamente injustos, espantosos y criminales, ya sea directamente o por medio de su apoyo a la ocupación israelí. Por este y otros actos de agresión e injusticia, hemos declarado la yijad contra Estados Unidos porque en nuestra religión, es nuestro deber hacer la yijad para que la palabra dios sea la que se eleve a las alturas y para expulsar a todos los norteamericanos de los países musulmanes» Fin de la cita. (Washington Post, 23 de agosto de 1998).

El 22 de febrero de 1998, bin Laden emitió un edicto pidiendo la muerte de los norteamericanos, incluso los civiles. En aquel momento, anunció la creación del «Frente islámico internacional para la yijad contra los judíos y sus defensores» en asociación con grupos extremistas de Egipto, Pakistán y Bangladesh. Las siguientes citas fueron tomadas de aquel edicto, y cito: «Durante más de siete años, Estados Unidos ha estado ocupando los territorios del islam en el más santo de todos los lugares, la península arábiga, saqueando sus aldeas, dando órdenes a los gobernantes, humillando al pueblo, aterrorizando a los vecinos y convirtiendo las bases que tiene en la península en una punta de lanza para atacar a los pueblos musulmanes vecinos.

A pesar de la gran devastación que la alianza sionista de los partidarios ha ocasionado al pueblo iraquí y a pesar de la inmensa cantidad de personas muertas, que sobrepasa el millón, a pesar de todo esto, una vez más los norteamericanos están tratando de repetir las horrendas masacres como si no estuvieran satisfechos con el prolongado bloqueo impuesto contra la guerra feroz o la fragmentación y devastación.» Otra cita: «Con la ayuda de dios, hacemos un llamamiento a todos los musulmanes que creen en dios y desean ser recompensados a cumplir la orden de dios de matar a los norteamericanos y saquear su dinero cuando quiera y dondequiera que lo encuentren. También hacemos un llamamiento a los ulemas, líderes, jóvenes y soldados musulmanes a lanzar un ataque contra las tropas estadounidenses de Satanás y contra los partidarios del diablo en alianza con ellos, así como desplazar a los que los apoyan para que aprendan una lección.»

Una cita más: «La resolución de matar a los norteamericanos y sus aliados, tanto civiles como militares, es un deber individual de cada musulmán que pueda hacerlo en cualquier país en que sea posible hacerlo a fin de liberar a la mezquita Al-Aqsa y la santa mezquita [La Meca] de su dominio y para expulsar a sus ejércitos de todos los territorios del islam, derrotados e incapaces de amenazar a ningún musulmán» («Jihad Against Jews and Crusaders» World Islamic Front Statement, 23 de febrero de 1998). Fin de la cita. Más claro, imposible.

En una entrevista posterior en la revista Time, dijo: «Miles de millones de musulmanes están furiosos… La hostilidad hacia Estados Unidos es un deber religioso y esperamos que Dios nos recompense por ello… Tengo plena confianza de que los musulmanes podrán ponerle fin a la leyenda de la llamada súper potencia que es Estados Unidos» Fin de la cita. (Time [23 de diciembre de 1998]). Este es el motivo religioso detrás de los ataques terroristas. Cuando las personas perversas son libres de hacer el mal, lo hacen. Y cuando se les dice que al hacer el mal están sirviendo a Dios, se les está dando la mayor justificación posible.

Regresemos a su doctrina. Hay una forma en que los musulmanes pueden estar seguros de ir al cielo y es muriendo en una yijad. He aquí lo que dice el Corán, y cito: «Si morís o si sois matados luchando en la senda de Alá, os alcanzan la indulgencia y la misericordia de Alá. Esto vale más que las riquezas que amontonáis. Que muráis de muerte natural o que seáis matados, Alá os reunirá en el día final» Fin de la cita. (3:151-52). Dice además: «¡Oh creyentes! Cuando halléis al ejército enemigo caminando con orden, no os deis a la fuga. Todo el que vuelva la espalda en el día del combate… será herido por la ira de Dios. Su morada será el infierno» (8:14-15). Si luchas, vas al cielo. Si huyes, vas al infierno. La única manera en que pueden saber que van a ir al cielo es peleando en una guerra santa.

También existe una motivación sensual para estas personas. Esencialmente, el sesenta y cuatro por ciento de los hombres jóvenes entre las edades de 18 y 23 pudieran estar participando en operaciones clandestinas en Estados Unidos. Dan la impresión de que tienen familias, pero están surgiendo pruebas de que es sólo en apariencia. Probablemente, sea su cobertura. ¿Cómo se motiva a un joven? A los terroristas suicidas los reclutan desde los trece años de edad. ¿Cómo se consigue que una persona se haga explotar a sí mismo? ¿Cómo se consigue que una persona impacte un avión contra un edificio? ¿Cuál es la motivación? Si es un musulmán auténtico, quiere saber que va a ir al cielo. Existe una realidad aterradora en el islam acerca del infierno. ¿No sería más fácil simplemente ir a la batalla y matar a un infiel y entonces sabría que iba a ir al cielo? ¿Por qué haría esto? ¿Por qué tiene que inmolarse?

Los terroristas suicidas palestinos empezaron a atacar a Israel en 1994. Ya para el 2001, los atentados terroristas se habían convertido en sucesos corrientes por dondequiera. Entre los líderes islámicos existe una gran controversia acerca de esta práctica. En el islam, el suicidio se considera un pecado y muchos musulmanes opinan que todo acto de suicidio es algo prohibido. Pero muchos clérigos islámicos insisten en que tales atentados son hechos de yijad, no de suicidio. Dicen que los que mueren en la yijad son mártires, aunque se quiten la vida. Algunos han argumentado que es un acto noble y una garantía para ir al cielo. El jeque Youssef el-Kardawi, uno de los clérigos más respetados de Egipto, dijo, y cito: «La misión suicida es la forma más elevada de la yijad» (Albayan [12 de mayo de 2001]) Fin de la cita. Los principales musulmanes de Jerusalén estuvieron de acuerdo en que el suicidio en una guerra santa es un acto noble.

El partido Hamas y el Yijad islámico, dos grupos radicales, han llevado a cabo múltiples atentados terroristas suicidas y dicen que no escasean en absoluto de voluntarios. Son hombres jóvenes; pueden empezar su entrenamiento a los cinco años de edad. Están prácticamente incapacitados para un empleo porque han sido programados y les han lavado el cerebro. Son hombres solteros con un futuro sombrío que buscan una muerte heroica y la entrada al paraíso eterno.

Recientes sondeos indican que hasta un ochenta por ciento de palestinos dicen que apoyan los atentados terroristas suicidas (Associated Press, 28 de agosto de 2001). La opinión popular predominante es que esto no tiene nada de malo. Promete heroísmo. Promete el cielo. De hecho, un psicólogo palestino ha dicho: «Lo sorprendente no es la ocurrencia de los atentados terroristas, sino más bien la poca frecuencia de ellos» (Dr. Eyad Sarraj, «Why We Have Become Suicide Bombers», en la Internet: http://www.missionislam.com/conissues/palestine.htm). Uno de sus voceros dijo, y cito: «No existe una sola persona en Israel a quien no consideramos un usurpador de nuestra tierra». Esa es la cuestión y como nosotros apoyamos a Israel, nos convertimos en el gran Satanás.

El entrenamiento para esto comienza a temprana edad. Mohammed el-Durra, un niño palestino de trece años, resultó muerto en un tiroteo en Israel. La madre dijo, y cito: «Soy feliz de que ha muerto como un mártir». Fin de la cita. Dijo que le había dado una merienda antes de que fuera al tiroteo (Norman Doidge, «“The Palestinians” little bombers: School textbooks

teach children to admire the martyr». National Post [9 de noviembre de 2000]). Enviar a un hijo de trece años de edad a cualquier tipo de batalla invalida los instintos paternos naturales. Norman Doidge escribe en el The National Post: «Los reclutas típicos son muchachos solitarios, entre diecisiete y veintitrés años, atrapados en los conflictos de la adolescencia. A los muchachos los dividen en pequeños grupos reservados donde leen de manera colectiva versos coránicos tales como: “No penséis en los que mueren a la manera de Dios como muertos. No, ellos viven y hallan su sustento en presencia del Señor”. Se crea un sentido de unión casi místico que deshace la soledad de la adolescencia que siente estos muchachos.

Los mismos mecanismos que unen a un equipo de fútbol se usan para crear un grupo terrorista. A la mayoría de estos muchachos se les instruye a suprimir sus impulsos sexuales y a no ver televisión y les prometen una actividad sexual ilimitada en el cielo con las vírgenes si se convierten en mártires» (Ibíd.) A los mártires les prometen que cuando mueran, no sólo irán al cielo, sino que a su llegada allí, serán recibidos por setenta y dos vírgenes de ojos negros que tendrán relaciones sexuales eternas con ellos. Por cierto, el Corán permite el matrimonio con hasta cuatro esposas. Mahoma tuvo trece y por lo menos, veintidós mujeres con las que convivía. Así que este elemento sensual con el que los tientan como una zanahoria en la cara de los terroristas suicidas no es sólo el cielo, sino sexo eterno con setenta y dos vírgenes. «Una revisión oficial de los 140 libros de texto escolares oficiales de la Autoridad Palestina mostró que se usan todas las asignaturas para enseñar a los niños palestinos a admirar al shahid o mártir. El libro de texto de literatura de octavo grado está lleno de canciones y poemas que glorifican a la muerte infantil. “Sacad la espada, la muerte os llama y la espada se volverá desenfrenada. Palestina, los jóvenes salvarán tu tierra”. En un texto de gramática aparece el siguiente ejercicio: “Marque el sujeto y el complemento de la siguiente oración: ‘La yijad es el deber religioso de todo musulmán’. Otra: ‘Amad a los luchadores de la yijad que sacian la tierra de Jerusalén con su sangre’”» (Ibíd.) En un programa de televisión palestino dedicado a los niños, The Children’s Club, inspirado en Plaza Sésamo, entonan esta canción: «Cuando entre en Jerusalén, asombraré a un suicida» (Charles Krauthammer, «Mideast Violence: The Only Way Out», Washington Post [16 de agosto de 2001]).

El jeque Abd Al-Salam Skheidm, principal muftí de la policía de la Autoridad Palestina, describió lo que les espera en la vida después de la muerte a los terroristas suicidas que matan a mujeres y niños judíos en Israel, y cito: «Desde el momento en que derrama la primera gota de sangre, no siente dolor y es absuelto de todos sus pecados; ve su asiento en el cielo; se le evitan las torturas de la tumba; no tiene que sufrir los horrores del día del juicio; se casa con setenta mujeres de ojos negros; puede responder por setenta familiares para que entren al paraíso» (citado en Mona Charen, «Reality check», Jewish World Review [17 de agosto de 2001]). Fin de la cita.

El 25 de mayo de 2001, una semana antes de los atentados terroristas en Tel Aviv, La Voz de Radio Palestina transmitió un sermón de los viernes desde la mezquita de Al-Aqsa en el monte del templo en Jerusalén. En aquel mensaje, el jeque Ikrima Sabri, muftí de la Autoridad Palestina, dijo, y cito: «Los musulmanes aman la muerte y el martirologio, de la misma manera en que otros aman la vida. Existe una gran diferencia entre el que ama la vida después de la muerte y el que ama este mundo. Los musulmanes aman la muerte [y buscan] el martirologio» (Aluma Solnick, «Martyrs and Mothers», en la Internet: http://aish.com/ jewishissues/middleeast/Martyrs_and_Mothers.asp). Qué perspectiva tan perversa: Uno va al cielo y obtiene sexo eterno. Esa es la zanahoria final que cuelga sobre esos hombres solteros, privados de sus derechos civiles, atraídos por la lujuria. El Corán describe a estas mujeres tan bellas como los rubíes, con una tez de diamantes y perlas. Entonces, los mártires se deleitarán, recostados sobre cojines verdes y magníficas alfombras.

En el número del 5 de julio de 2001 de USA Today, Jack Kelly escribió que en las aulas de los preescolares dirigidos por el partido Hamas hay carteles que dicen: «Los niños del preescolar son los shaheeds (santos mártires) del mañana». Empiezan con los alumnos de preescolar. Los carteles en las aulas de la Universidad de Al Najah en la Ribera Occidental y en la Universidad Islámica de Gaza dicen, y cito: «Israel tiene bombas nucleares, nosotros tenemos bombas humanas». Fin de la cita.

En la ciudad de Gaza, en una escuela islámica dirigida por Hamas, el pequeño cuerpo y la sonrisa infantil de Ahmed, un alumno de 11 años de edad, engañan. Ocultan la decisión de matar a cualquier precio. «Convertiré mi cuerpo en una bomba que destruirá la carne de los sionistas, hijos de cerdos y monos». Fin de la cita.

El Corán dice que Alá convirtió a los judíos en cerdos en una ocasión y en otra, en monos. Kelly continúa con el relato. «Ahmed dice: “Despedazaré sus cuerpos en pedacitos y les causaré más dolor que el que se puedan imaginar”. “Allahu Akbar”, gritan sus compañeros de aula en respuesta: “Dios es grande”. “Qué las vírgenes les den placer”, grita el maestro» (Jack Kelly, «Devotion, desire drive youths to “martyrdom”», USA Today [5 de agosto de 2001]).

Ahora bien, al final, ¿el islam vencerá la yijad? No. Yo les puedo decir cómo terminará. ¿No es bueno saberlo? No les puedo decir cómo termina un partido de fútbol, pero sí les puedo decir el final de esta pugna. Veamos Ezequiel 36:1-2: «Tú, Hijo de Hombre, profetiza a los montes de Israel, y di: Montes de Israel, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto el enemigo dijo de vosotros: ¡Ea! también las alturas eternas nos han sido dadas por heredad». En otras palabras, el enemigo (es decir, Israel) es nuestro, lo tenemos; lo único que necesitamos es ese pedacito de Israel. Lo tenían todo menos Israel. Y continúa: «Profetiza, por tanto, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto os asolaron y os tragaron de todas partes, para que fueseis heredad de las otras naciones, y se os ha hecho caer en boca de habladores y ser el oprobio de los pueblos, por tanto, montes de Israel, oíd palabra de Jehová el Señor: Así ha dicho Jehová el Señor a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles, a las ruinas y asolamientos y a las ciudades desamparadas, que fueron puestas por botín y escarnio de las otras naciones alrededor; por eso, así ha dicho Jehová el Señor: He hablado por cierto en el fuego de Mi celo contra las demás naciones, y contra todo Edom, que se disputaron Mi tierra por heredad con alegría, de todo corazón y con enconamiento de ánimo, para que sus expulsados fuesen presa suya. Por tanto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, y a los arroyos y a los valles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, en Mi celo y en Mi furor he hablado, por cuanto habéis llevado el oprobio de las naciones. Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: Yo he alzado Mi mano, he jurado que las naciones que están a vuestro alrededor han de llevar su afrenta. Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para Mi pueblo Israel; porque cerca están para venir. Porque he aquí, Yo estoy por vosotros» (vv. 3-9).

¿A favor de quién está Dios en esta batalla? De Israel. Y lo sorprendente de esto es que Israel sigue en la falta de fe. Pero ellos son el pueblo del pacto de Dios y Él los llevará a la salvación. Dios está a favor de Israel. Yo no sé ustedes, pero yo quiero estar a favor de quien Dios esté a favor. Si Dios está a favor de Israel, pues yo también estoy a favor de Israel. Ezequiel sigue cuando dice el Señor: «Yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados. Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas. Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que Yo soy Jehová. Y haré andar hombres sobre vosotros, a Mi pueblo Israel; y tomarán posesión de ti, y les serás por heredad, y nunca más les matarás los hijos» (vv. 9-12).

Yo diría que está bastante claro, ¿no es verdad? ¿Ustedes tienen alguna duda acerca de quién va a vencer? Miren lo que dice a partir del versículo 22: «Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de Mi santo Nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré Mi grande Nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que Yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos. Y Yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, y guardéis Mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y Yo seré a vosotros por Dios. Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones. Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras abominaciones. No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor, sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades, casa de Israel. Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; Yo Jehová he hablado, y lo haré» (vv. 22-36).

El Señor añade: «multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños» (v. 37). Luego concluye: «y sabrán que Yo soy Jehová» (v. 38). Ese día está llegando. No sé cuándo llegará, pero llegará. Hasta que ese día llegue, habrá una guerra; habrá un enfrentamiento que continuará intensificándose. Aquí estamos, del otro lado del mundo, y nos vemos arrastrados en ella.

¿Cuál debe ser nuestra respuesta? Debemos hacer lo que es justo. Debemos hacer lo que Dios ha destinado que los gobiernos hagan. ¿Qué ha destinado Dios que los gobiernos hagan? Romanos 13:4 dice que un gobierno «no en vano lleva la espada». El gobierno civil no es un espectáculo. ¿Por qué los gobiernos llevan una espada? Deben castigar a los malhechores y proteger a los inocentes. La guerra de protección y la guerra de castigo es una guerra justa. Si yo tengo cuatro niños en mi casa y un hombre entra y mata a dos de ellos, ¿qué hago? ¿Negocio con él? Impido que mate a los demás si me es posible. Hay que hacer sacrificios por el bien supremo. La perversidad tiene que castigarse. Hasta la bondad humana tiene que protegerse. El gobierno civil no existe principalmente para brindar seguro médico y seguro social. Ciertamente, no existe para la redistribución de las riquezas. Existe para amenazar a los malhechores con la muerte y para proteger a las personas que cumplen con las leyes. La soga, la guillotina, el pelotón de fusilamiento, la cámara de gas, la silla eléctrica, así como la espada, la pistola, el fusil, el cañón y el misil apoyan la estabilidad de una civilización porque las personas son asesinas.

Una guerra justa es una guerra requerida por la magnitud de los crímenes. No es venganza personal; es protección nacional por medio del castigo de los que hacen el mal para impedir que continúen haciéndolo permanentemente. Muchas personas se preguntan si este es un marco hipotético del final de los tiempos. No creo que los impactos de los aviones en el Pentágono y en el World Trade Center sean apocalípticos. Sí sabemos que existen señales bíblicas que señalan hacia el final. Una es que Israel está en la tierra. El mundo se mueve hacia una religión de un solo mundo que el anticristo pudiera gobernar. El islam también se mueve en esa dirección.

Me ha fascinado ver cómo en los últimos diez años, la iglesia católica romana ha hecho tentativas de acercamiento con el islam. El libro del Apocalipsis dice que al final de la era, la tercera parte de la población del mundo morirá (Ap. 9:15-18) y que la cuarta parte morirá (Ap. 6:8). Para eso, se necesitarán armas de destrucción masiva. No se puede matar a esa cantidad con cuchillos y arcos y flechas. Daniel 9 indica que habrá tanta confusión en el Oriente Medio al final de los tiempos, que se necesitará un conciliador. Ese conciliador será el anticristo. Ese es un escenario perfecto para que venga un Cristo falso y establezca una paz falsa. Siempre miro con mucha atención a cualquiera que vaya al Oriente Medio a negociar sólo para ver si esa persona pudiera ser el anticristo.

Les he dado una razón natural de por qué ocurrieron los ataques terroristas. Es el resultado de la depravación perversa del corazón asesino de los hombres que quieren controlar por medio del temor y de la retribución.

Les he dado una razón histórica de por qué sucedió: El odio profundamente arraigado del mundo árabe hacia Israel y los milenios de pugna entre esos pueblos por la tierra. Hasta Estados Unidos ha sido arrastrado a ella debido a nuestro estatus como nación aliada de infieles.

Les he dado una razón religiosa de por qué sucedió. La doctrina del islam no ofrece seguridad de salvación del infierno, excepto cuando se muere como mártir en una guerra santa. Por supuesto, Satanás está detrás de esto.

Y también les he dado una razón sensual de por qué sucedió: Los terroristas suicidas obrando para conseguir el sexo eterno.

Les voy a dar una última razón, que es la razón teológica. ¿Por qué murieron todas esas personas? Murieron porque la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23). «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez» (He. 9:27). A esas personas no les pasó nada el martes que no les iba a pasar en algún momento. Iban a morir, sólo que no pensaban que sería entonces. No tiene nada de extraordinario que las personas mueran.

¿Están preparados para esto? Desde el martes han muerto cincuenta mil norteamericanos. Este año morirán dos millones y medio de personas. Tarde o temprano, todo el mundo morirá. Sólo que nos sentimos más cómodos cuando mueren uno a uno. No nos gusta cuando mueren doscientas cincuenta personas en un accidente aéreo. A veces, mueren varios miles debido a una inundación, un terremoto o una erupción volcánica en un país del tercer mundo. Raramente mueren cinco o diez mil personas y nunca en Estados Unidos. Pero todo el mundo muere. Cincuenta mil norteamericanos mueren cada semana.

¿Están preocupados los norteamericanos? No la mayoría de nosotros; simplemente seguimos viviendo sin pensar en el hecho de que cincuenta mil norteamericanos mueren cada semana. Siempre que nuestro mundo sea cómodo y no tengamos que ver aviones destrozados, trenes destrozados y edificios destrozados, estamos bien. Eso mantiene la muerte a cierta distancia.

Las personas se preguntan: «¿Por qué Dios permitió que esto sucediera?» Le sucede a todo el mundo. La pregunta verdadera no es por qué Dios permitió que esto sucediera, la pregunta verdadera es por qué vivimos. Deberíamos estar todos muertos porque la paga del pecado es muerte. «El alma que pecare, esa morirá» (Ez. 18:4). Vivimos bajo constante misericordia de manera que cuando se revela la justicia, nos horrorizamos. Nos acostumbramos tanto a la gracia que no entendemos la justicia. Alguna que otra vez, Dios retiene Su gracia y sucede un desastre mortal y nos horrorizamos. Nuestro horror debiera ser que nos recuerdan lo que merecemos.

Las personas preguntan: «Entonces, ¿qué está diciendo Dios?» Él está diciendo: «Ustedes van a morir y no tienen control sobre ello. Este es un recordatorio de que les doy vida, les doy amor, les doy felicidad; derramo gracia común y hago que la vida sea rica y gratificante para ustedes. Soy paciente. Soy misericordioso. Soy clemente. Pero de vez en cuando, tengo que darles un crudo ejemplo de hacia dónde se dirigen».

Las personas creen que tienen el derecho a vivir. Piensan que la clave de la vida son los ejercicios y la dieta. Pero no tenemos el derecho a vivir; es la gracia de Dios la que nos da vida. Cuando Dios permite que ocurra una tragedia alarmante y dramática, no cuestionen si es justa o no. Al contrario, agradézcanle Su gracia.

Veamos Lucas 13: «En este mismo tiempo [cuando Jesús enseñaba a una gran muchedumbre] estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos» (v. 1). Pilato era el procurador romano, el gobernador romano de la Israel ocupada. Los romanos ocuparon a Israel. Los galileos eran judíos del norte del territorio y realizaban sacrificios en el templo. Ése era el único lugar en Israel donde podían realizar sacrificios, por lo que algunas personas vinieron de Galilea. Jesús era galileo, así como todos los apóstoles. Iban al templo a ofrecer sacrificios. Eran religiosos y conscientes de sus deberes, hacían lo que Dios les reveló que debían hacer. Pero Pilato mezcló su sangre con el sacrificio. ¿Qué significa eso? Pilato envió a sus hombres al templo a matar a esas personas religiosas. «Jesús les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?» (v. 2). En otras palabras, ¿creen ustedes que Dios hizo esto porque eran peores que nadie? La respuesta en la mente de las personas es la siguiente: Estas personas son religiosas, está haciendo lo que deben hacer.

¿Por qué Dios permitiría que Pilato fuera y los matara de manera que su sangre se mezclara con el sacrificio? La respuesta lógica humana es que deben haber sido peores que todos los demás. Jesús continúa: «Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (v. 3). ¿Qué es esto? Es el mensaje. Las personas mueren. Porque mueran no significa que son peores que las demás. Dios no estaba juzgando a las personas que trabajaban en el World Trade Center o en el Pentágono o las que iban en esos aviones porque eran peores que otras personas. No. No son diferentes de las demás. Dios no permitió que Pilato enviara a sus soldados a matar a aquellas personas porque fueran peores que las demás.

La cuestión es la siguiente: Más vale arrepentirse porque si no perecerán cuando mueran. ¿Qué le está diciendo Dios a nuestra nación? Está diciendo que se arrepientan porque uno no sabe cuándo va a morir. Si uno muere sin estar preparado, se perderá. Más adelante, Jesús brinda un ejemplo más gráfico en el versículo 4: «O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?»

Ahora, ellos tienen otra pregunta que responder. Un día, la torre en Siloé se derrumbó. No la impactó un avión, pero puede haber sido debido a una mala construcción, quizás hasta un terremoto. Dieciocho personas iban caminando por la calle; la torre cae sobre ellas y las mata a todas. Y la pregunta en la mente de las personas es: ¿Por qué les pasó esto a estas personas? ¿Eran estas personas peores que las demás personas que viven en Jerusalén? En el versículo 5, Jesús respondió: «Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente».

Las personas que estaban en el Pentágono, las personas que estaban en las Torres Gemelas perecieron. Estoy seguro de que algunas de ellas eran creyentes, otras no y las que no eran creyentes, perecieron y fueron al infierno por siempre sin Dios, sin esperanza. No eran peores que las demás personas. Y ustedes también perecerán si no se arrepienten. Ése es el mensaje de Dios.

La diferencia que hay entre las personas es una diferencia cuantitativa y no cualitativa. Todos somos pecadores. Y la muerte y el juicio están garantizados a los pecadores. Pero ustedes no están muertos. Ustedes no estaban en aquellos edificios. Ustedes no iban en esos aviones. Ustedes están vivos y el mensaje de Jesús es que se arrepientan de sus pecados y acepten a Cristo de manera que cuando les llegue el día, no perezcan y vayan ante Su presencia.

En los versículos 6 al 9, Jesús narra una historia: «Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después». Este es un ejemplo vívido. Las personas tienen los días contados. Dios pudiera decirles a ustedes: «Córtala». Pero Dios en Su gracia dice que esperemos. Le daré un poco más de tiempo a ver si da fruto. Ése es el corazón de Dios.

El mensaje es arrepentirse de los pecados y aceptar el don del perdón y de la salvación en Cristo. Dos millones y medio de norteamericanos morirán este año y algún día, morirán todos. Estos son momentos de tomar la vida y la muerte más seriamente, ¿no creen? Basta de fiestas y de juegos; es hora de arrepentirse y de pedirle a Dios que los salve del infierno eterno. Ustedes tienen los días contados. Es como si Cristo le dijera al Padre: «Dame otro año más para trabajarla». Es hora de que los predicadores le pongan fin al teatro, al balbuceo psíquico, a los cuentos simpáticos y al entretenimiento banal y hablen de la vida y de la muerte en términos bíblicos y rescaten a los que están pereciendo y cuiden de los moribundos. Es hora de que ustedes hagan valer sus vidas como testigos del Evangelio. ¿Qué otra cosa puede importar?

Aquí es por donde deben comenzar: Muestren un poco de amor y denle el Evangelio a un musulmán. Ellos necesitan a Cristo; ellos no son sus enemigos, sino el campo de su actividad misionera. No deberán asumir una actitud hacia ellos que no sea la de compasión y amor a un pueblo atrapado en una religión de engaño y condenación. Si ustedes conocen a personas que son árabes, si ustedes conocen a personas que son musulmanes, díganles que existe un Salvador. Díganles que hay perdón. Ustedes son misioneros y en estos tiempos, creo que nos damos cuenta de que el mundo que tenemos por delante no va a ser como el mundo que acabamos de dejar. Es hora de tomar en serio las cosas eternas.

 

 

 

 

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