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Esta mañana conforme nos preparamos para la Mesa del Señor quiero terminar un mensaje que comencé hace dos meses atrás. Ahora, sé que no lo van a recordar, y está bien; la predicación no es solo transmitir información que debe ser recordada, es un acontecimiento espiritual que en sí mismo lo impacta a usted con convicción y de pecado, consuelo y claridad y aliento, instrucción y en el momento lo mueve a usted hacia arriba, por el camino de la madurez y le ayuda a amar al Señor más. Y espero que tengamos otro acontecimiento así, hoy.

No obstante, hace dos meses atrás hablé de tratar con el pecado en el corazón y le dije que terminaría la próxima vez que nos reuniéramos para la Mesa del Señor, y aquí estamos, por lo menos cuando estoy aquí. Y quiero regresar a tratar con el pecado en el corazón. Participar en la Mesa del Señor nos llama a confrontar nuestro pecado, es un recordatorio de la muerte de Cristo, hemos cantado de eso, como lo acabamos de oír de manera tan hermosa. Si no hubiera sido por un monte llamado el Monte Calvario, todo había, estaríamos todos perdidos y miraríamos con gran gozo y gratitud a la cruz.

Pero eso no es todo lo que es. Esto no es solo recordar la cruz, esto es acerca de contemplar nuestra propia pecaminosidad. Esto es acerca del venir al reconocimiento de que todavía somos pecadores. Y cuando venimos a la Mesa del Señor, somos llamados a enfrentar eso. En 1 Corintios capítulo 11, leemos, versículo 27, “Todo aquel que coma del pan y beba de la copa del Señor, de manera indigna, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Pero, por esto debe examinarse todo hombre a sí mismo, y comer así del pan y beber de la copa.”

No debe venir a esta mesa de una manera indigna, debe venir de una manera digna que llama a una evaluación personal. Esto es, llama a una evaluación de su propio corazón, para ver si de hecho es de Cristo, y si de hecho ha venido delante de Él con un corazón de penitencia y contrición, y un clamor por purificación, como oímos cantado de manera tan hermosa. Si usted no hace eso, el versículo 29 dice que “come y bebe juicio para sí.” Algunos en la congregación de Corinto estaban enfermos y algunos estaban muertos, como resultado de venir con una actitud trivial o superficial a la Mesa del Señor.

Entonces venimos con seriedad, viendo nuestro pecado, y reconociendo que Jesús murió por el pecado. Sin embargo, como dije en mi oración esta mañana, aunque reconocemos eso, y estamos agradecidos por eso, el pecado todavía es una realidad. Y contendemos tanto o más, conforme obedecemos los principios que sabemos que son verdad. 2 Corintios 7:1 dice que, “debemos limpiarnos de toda contaminación de carne, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”

Somos llamados a la pureza, y este es un punto muy importante en la vida de la iglesia cuando enfrentamos la necesidad para eso. Y es una batalla de por vida, ¿no es cierto? Hebreos 12:1 habla del pecado que nos enreda de manera tan fácil. El pecado está en nuestra naturaleza, está en nuestra disposición, está en nuestra humanidad. No solo está en nuestro cuerpo físico, está en nuestras mentes, está en nuestros deseos, están en nuestros sentimientos, está en nuestras emociones, está en nuestra voluntad.

Esta semana pasada estaba desayunando temprano con el Dr. Joe Francis, él está en la facultad de ciencias, en la Universidad Master’s, él es un científico fabuloso, dicho de manera suave, con experiencia en inmunología. Y entre las cosas que me estaba contando, que me parecían tan fascinantes, esta me impactó, él dijo: “Hay más bacteria que vive en la actualidad, adentro de ti, que en todas las personas que han vivido en la tierra desde la creación.” Ese es un pensamiento aterrador. Inmediatamente mi mente dice, “Bueno, ¿qué están haciendo ahí adentro?

Y él procedió a explicarme que cierto porcentaje de ellas son mortales. Él dijo, es una misericordia de Dios que tienes un sistema de defensas. El sistema de defensa es lo que Dios te dio para contraatacar la caída, pudieron haber habido bacterias antes de la caída, pero todas estaban ahí para una función buena. La caída impulsó a algunas de esas bacterias a una categoría mortal, y dio te dio un sistema de defensa por misericordia para que pudiera sobrevivir. Y esa es una indicación de que Dios por naturaleza es un Salvador, porque no tuviéramos un sistema de defensa, moriríamos.

Y sabe usted también eso, que las enfermedades que destruyen el sistema de defensas eventualmente matan y pensé, ¿cuán paralelo es eso a nuestra condición del alma? Tenemos bacteria de pecado en nosotros que nos mataría si no fuéramos por la misericordia de Dios. Y mientas que estemos en este mundo, mientras que estemos de este lado del cielo, de este lado de la transformación final y glorificación nuestras, estamos luchando en contra de la corrupción que está en nosotros. La bacteria, esas bacterias que corrompen y matan, llevarán a cabo su trabajo y todos nosotros moriremos. Es inevitable a menos de que nos vayamos en el rapto.

El pecado es fatal para todos nuestros cuerpos debido a sus influencias corruptoras. Y el pecado también permea nuestras almas, pero por la misericordia de Dios y la gracia de Jesucristo no es fatal. No nos va a matar. No nos va a llevar a la muerte espiritual o la muerte eterna, porque hemos sido librados de su castigo. Pero está ahí, toda esa corrupción pecaminosa está en nosotros, permea a tal grado y es tan sutil que debemos ser sospechosos de nuestra conducta justa. Y la única manera de enfrentar con eficacia el pecado que está en nosotros, es oponernos a él a nivel interno, a enfrentarlo a nivel interior.

Cuándo la bacteria ha dañado de manera destructiva el interior, y cuando las células están mal como en el cáncer, usted no las puede tratar a nivel exterior, tiene que tratarlas en el interior. Lo mismo es verdad espiritualmente. El pecado tiene que ser derrotado en el interior. Y de eso estamos hablando cuando hablamos de tratar con el pecado en el corazón. En Santiago capítulo 1, básicamente tenemos la patología de esta corrupción. La patología de esta corrupción es dada en los versículos 14 al 16 de Santiago 1, cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

El problema no está fuera de nosotros, está dentro de nosotros. No es el diablo el que lo hizo a usted hacerlo, no es el mundo lo que realmente es el problema. Aunque el diablo mediante el sistema del mundo produce las cosas que tientan. Es lo que está en usted. Somos tentados, dice Santiago, cuando somos atraídos y seducidos por nuestra propia concupiscencia. El problema somos nosotros. Y cuando la concupiscencia ha concebido, da a luz al pecado, y cuando el pecado es llevado a cabo, da a luz a la muerte. Ahí, ahí está esa especie de bacteria espiritual que mata.

Y en el versículo 16, él dice, “No os engañéis. No piensen que es de otra manera. Así es, ustedes son el problema.” El problema está en usted y si usted va a tratar con el pecado tiene que tratarlo en el interior, no en el exterior. Si usted no lo trata en el interior, usted nunca lo va a detener en el exterior. He dicho esto tantas veces a lo largo de los años, cuando el pecado se descarría por fuera es porque ha sido encubado por mucho tiempo en el interior. El pecado es concebido, cubierto, encubado en el interior. Todo pecado es incubado en el corazón. Y entonces tiene que ser tratado ahí. La conducta pecaminosa se debe a maneras de pensar pecaminosas que moldean el corazón. En primer lugar, usted profana el Lugar Santo, usted profana el templo del Espíritu Santo, y después profana el patio.

Esa es la razón por la que Proverbios 4:23 dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” Su vida es definida por lo que está pasando en su corazón. Como es en su pensamiento, tal es él. “No es lo que entra al hombre lo que lo contamina,” Jesús dijo, “es lo que sale de él.” El pecado es cuestión del corazón y requiere una inmunología activa, agresiva, algún tipo de sistema para matar sus efectos mortales antes de que se desaten en destrucción mortal.

Entonces cuando hablamos de pecado, tenemos que llegar al meollo del asunto. No solo podemos hablar de lo que se aparece en el exterior. Entonces, quiero ayudarle a entender algo de la patología del pecado y como esta influencia corruptora, en particular, opera en nosotros. Hace varios años atrás escribí un libro titulado, “La conciencia que se desvanece.” Y ahí hay un capítulo, ahí hay un par de capítulos, pero uno en particular que trata con algo de esto. Y quiero regresar a algunas de esas cosas para recordárselas.

Permítame decirle como el pecado opera en el interior, permítame decirle como opera en el corazón, como concibe y da a luz una acción, y en últimas, destrucción. Hay tres maneras en las que la mente se involucra en el pecado, tres maneras. Básicamente son pasado, futuro y presente. El pecado opera desde el pasado, opera hacia el futuro y opera en el presente. Ese es otro elemento de su naturaleza que permea todo.

Entonces, digamos que, en primer lugar, la mente se involucra en el pecado al recordar, al recordar. Una manera de pecar en el presente es disfrutar la memoria del pecado en el pasado. Le digo a los jóvenes con mucha frecuencia, la manera en la que vives tu vida en tu juventud, podría dictar la manera en la que seas tentado en el futuro, porque si llenas tu vida joven de pecado, no lo vas a olvidar, y va a terminar siendo reciclado. Todas tus relaciones malas, todas tus actitudes malas, todas tus obras malas, todas las hipocresías, todas las mentiras, todas las veces que has hecho trampa en las pruebas, todo eso va a atacar tu conciencia, no solo en el momento, sino que va a regresar. Va a volver a ser procesada. Traer de regreso la memoria de un pecado pasado es inducir un pecado otra vez.

Y alguien va a hacer la pregunta, ¿puede alguien que verdaderamente está arrepentido por un pecado, todavía cosechar placer de ese pecado, simplemente a partir de la memoria de ese pecado? La respuesta es sí. Debido al engaño de su propio corazón y las tendencias pecaminosas de su carne y su memoria. La memoria es algo bueno, es un regalo de Dios, y antes de la caída fue colocada ahí para que pudiera sostener una relación. ¿Cómo puede usted sostener una relación con alguien si usted no se acuerda de nada? Eso es lo que pasa con el Alzheimer. No puede tener una relación con alguien, porque no puede acordarse de nadie, entonces no hay manera de cultivar una relación. No sabe quienes son, no tiene historia.

Pero el pecado opera en la memoria también. A usted le da gusto tener memoria porque esa es la razón por la que usted puede tener relaciones. Y es maravilloso reprocesar las bendiciones y gozos de la vida, puede pensar en las cosas buenas de la vida y como es amado y como usted ama y experiencias maravillosas, y reprocesar esas y disfrutarlas. De hecho, algunas veces descubrirá que la memoria de acontecimientos que fueron buenos, incluso es más dulce que el acontecimiento cuando pasó. Usted puede encontrar en su memoria la capacidad, incluso de mejorar unas vacaciones y hacerlas mejores de lo que fueron, porque usted no se puede acordar de cuanto costaron. Usted puede mejorar el rostro de un niño que no ha visto, un ser amado que no ha visto, y hacer que sean más maravillosos y hermosos de lo que son.

Entonces, la memoria cubre las cosas buenas y esa fue la intención de Dios para que pudiéramos disfrutar la riqueza de la vida y saborear ese tipo de cosas. Pero al mismo tiempo la memoria tiene una desventaja desde la caída y eso es que tenemos dificultad en olvidar nuestros pecados. Y entonces lo que sucede es que nuestros corazones de concupiscencia, una corrupción que está en nosotros recicla ese pecado y disfrutamos del placer de esos pecados otra vez.

He hablado con muchas personas a lo largo de los años, que han sido virtualmente debilitados por eso, personas que se han convertido de la homosexualidad, que ya no están involucrados en eso, pero que literalmente son amartillados por las memorias de esas experiencias vividas. Personas que se han casado en Cristo, y tienen un matrimonio en Cristo pero se acuerdan de la vida antes de Cristo, y de toda la promiscuidad, y de toda la inmoralidad y está regresando todo el tiempo, filtrando eso en sus mentes, esforzándose por tener una influencia corruptora.

El pecado tiene una manera de reprocesarse a sí mismo y algunas veces es un sonido, algunas veces un olor, algunas veces una fotografía, o algunas veces un lugar común o una vista que provoca una memoria en la mente, y las tentaciones vienen corriendo de regreso. Podrían ser pensamientos de enojo, pensamientos de venganza, podrían ser odios antiguos que hace mucho tiempo debieron haber sido olvidados. Todo tipo de memorias tentadoras se refugian en la mente y producen nuevos pecados cada vez que las reciclamos. Y encontramos placer al recordar el pecado.

En Ezequiel 23, versículo 19, el Señor condenó a Israel y Él condenó a Israel por reciclar pecados antiguos. Y lo hizo con una analogía interesante. Él comparó a Israel con una ramera. Y esta fue Su acusación contra ella, “Ella multiplicó sus ramerías,” o su prostitución. ¿Cómo es que ella multiplicó el hecho de que fue ramera? Al recordar los días de su juventud. Ella no solo pecó en el presente, sino que recicló todo el pecado en el pasado. Y Él dijo, “Saben, eso es lo que Israel ha hecho. Israel no solo está jugando a la ramera ahora, Israel no solo está siéndome infiel, al Dios vivo y verdadero con otros dioses, Israel no solo ahora está involucrada en infidelidad, deslealtad, inmoralidad, pero incluso están disfrutando el recordar los placeres del pecado en Egipto.”

Esta práctica puede ser devastadora. Y si usted hace esto, endurece su conciencia. Si cuando estas memorias antiguas regresan no son inmediatamente expulsadas y rechazadas porque la conciencia es tan tierna. Si usted puede saborear esas cosas y concentrarse en esas cosas, usted está colocando costras sobre su conciencia, lo cual está adormeciendo su eficacia. Cauterizar la conciencia, la Biblia lo llama, su propia naturaleza corrupta va a sacar la basura de su pasado y va a tratar de arrastrarla por su mente para que pueda volver a vivirlo. Esa es la razón por la que más vale que tenga cuidado con su vida, más vale que tenga cuidado con sus experiencias. Más vale que tenga cuidado con lo que ve, con lo que lee. Usted ve algo que no debe ver y no solo es en ese momento que usted es tentado, esa visión, ese punto de vista puede ser reciclado de nuevo, una y otra vez, coloca una imagen que no debe estar en su mente, una y otra vez, va a procesarse de regreso.

En segundo lugar, no solo es tentador el recordar, sino también el planear. Esto ve el futuro, no el pasado. Y la Biblia tiene mucho que decir acerca de personas que planean pecar. En el Salmo 36, dice, “la transgresión le habla al impío dentro de su corazón.” Hombre, eso es verdad. La transgresión le habla al impío en su corazón. Salmo 36:1. Y después en esa misma sección, versículos 1 al 4, dice, “él planea impiedad en su cama.” En el silencio de la noche, cuando no está molestado por la actividad, y él está acostado, la maldad que está en él comienza a planear la iniquidad futura. Él se coloca, dice el salmista, en un camino que no es bueno, porque no odia el mal.

En el Salmo 64, dice de las personas impías. “Planean injusticias, diciendo, estamos listos con un plan bien concebido; porque el pensamiento interno y el corazón de un hombre son profundos.” ¿Qué está pasando en eso momentos de silencio? ¿Qué está pasando en el silencio de la cama? ¿Qué está pasando cuando usted está tranquilo y la actividad ha sido detenida? Con mucha frecuencia, en ese momento, está en la planeación de iniquidad futura. Proverbios 12:2 dice, “Un buen hombre obtendrá favor de Jehová, pero él condenará a un hombre que planea maldad.” Proverbios 12:20 dice, “El engaño está en el corazón de aquellos que planean mal,” que lo planean. Proverbios 14:22 dice de nuevo, “Aquellos que se desvían, planean maldad.” Proverbios 15:26, “Los planes malos son abominación para Jehová.” Proverbios 6 dice, “Jehová aborrece un corazón que planea impiedad.”

La planeación de cualquier tipo de insensatez, cualquier tipo de iniquidad es una abominación para Dios. Algunas personas hacen mucho de esto, planean, traman, para la maldad que cometerán. “Si llego a ver a esa persona voy a,” y usted prepara el discurso en su mente, y planea su maldad. Pensamientos de enojo, odio, lujuria, avaricia, envidia, falta de contentamiento, egoísmo, soberbia, cualquier otra cosa mala. No vaya hacia atrás para sacar los pecados del pasado, no vaya hacia adelante y planee pecados.

Bueno, hay una tercera manera. Simplemente llamemos esta, pecados de imaginación. Estamos hablando del corazón, el corazón peca al ver al pasado, peca al ver al futuro, y peca al imaginar en el presente. Esto es de lo que Jesús estaba hablando cuando dijo: “Si un hombre ve a una mujer para codiciarla, él es tan culpable de adulterio como si lo cometiera.” Mateo 5. Usted quizás no tenga intenciones de cometer el acto, pero si lo imagina, usted es culpable. El corazón comienza a imaginar pecados antes de que los actúe. Y cada uno de estos pecados imaginados, y cada uno de estos planes, y cada uno de estos recordatorios ofenden una conciencia saludable.

Usted no debe hacer eso. Usted no debe alimentar nada que lo lleva a usted hacia el pecado, sea en el pasado, en el presente o en el futuro. Porque si se desarrolla en su corazón es un pecado delante de Dios, es destructivo, lo debilita a usted y potencialmente mortal, y bien podría manifestarse. Y la Biblia dice, “Asegúrate que tus pecados te van a descubrir.” El mundo entiende esto, por cierto, realmente entienden esto; entienden cómo hacer que la gente peque. El mundo es bueno en generar avaricia, ¿verdad? Muy bueno en generar lujuria. Muy bueno en corromper valores morales. Muy bueno en destruir la familia. Muy bueno en elevar el enojo, la hostilidad de la gente. Saben cómo incitar el corazón en este sistema, porque así viven. Así vive el mundo.

Simplemente una pequeña ilustración de eso, que es interesante, es el hecho de que la gente está más enojada entre las cuatro y seis de la tarde en la autopista que en cualquier otro momento del día. Ya para cuando llegan a las cuatro, cinco, seis, siete, cuando van camino a casa, han trabajado un día difícil, han tenido ciertas decepciones, ciertos conflictos, o lo que sea y están muy enojados. Y cuando van en la autopista tratando con todo mundo ahí, al borde del enojo, y están enojados.

Entonces, el mundo sabe que la gente quiere prender la radio y saben que los que quieren prender la radio es el tipo de personas que ya están enojados, entonces usted tiene al locutor enojado, que más confronta, hostil, que habla fuerte. Y usted los mete entre las cuatro y seis de la tarde y toman el enojo que ya está en la gente que está escuchando eso, y la elevan y hacen que estén furiosos. Por tanto, la gente puede cumplir con sus metas. El sistema del mundo opera en toda manera concebible para hacer eso; cualquier cosa que el sistema pueda hacer por elevar el pecado en el corazón.

Incluso, los predicadores de salud, riqueza y prosperidad trabajan realmente duro para producir avaricia en la gente. En caso de que se pregunte que son parte de la iglesia o el sistema, son parte del sistema, no de la iglesia. Entonces, así es como el corazón peca.

Ahora, usted necesita conocer esas cosas, porque así es como el pecado se prepara, así es como la tentación se prepara. Eso nos lleva a la Mesa y a la pregunta, ¿Qué hago al respecto? Bueno, ¿qué voy a hacer al respecto? ¿Cómo enfrento esto? Y realmente quiero hablar de eso. No voy a decir nada que es particularmente nuevo, solo quiero repetir de nuevo lo que sabemos que es verdad. Tenemos que enfrentar el pecado en el corazón, cómo hacemos eso.

Bueno, en primer lugar, no lo puede hacer mediante el legalismo, no lo puede hacer al desarrollar reglas exteriores acerca de cómo la gente se conduce. Si usted no llega al corazón, el legalismo no va a lograr nada. El legalismo es como tratar de capturar a la gente en una bolsa de plástico. Simplemente no es lo suficientemente fuerte para contenerlos y van a salirse.

El legalismo no lo va a hacer. Simplemente hacer reglas y forzar a la gente a conformarse a la regla no va servir. El monasticismo tampoco lo va a hacer, tomar un voto de pobreza e irse a vivir a una cueva, si usted es el único ahí usted acaba de llevarse el problema; es usted. El pietismo no va a funcionar. Tratar de pasar por alguna forma externa de abnegación y flagelación espiritual y privación, en un esfuerzo por disciplinarse externamente a sí mismo y aislarse de esas cosas que corrompen, no va a funcionar. Ni el quietismo, sentarse en algún lugar diciendo, “Voy a dejar todo, y a dejar a Dios.”

El fariseísmo no va a funcionar. Las cabinas de confesión no van a servir. Las cuentas del rosario no van a servir. Las aves marías no van a servir. No hay otro medio externo que va a servir, porque el instrumento de matar al pecado en el interior, los instrumentos para hacerlo son solo dos, son la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. Y a menos de que ahí esté la concentración, al menos de que el enfoque esté en la verdad de Dios y el Espíritu de Dios en el corazón, todo lo que trata con el exterior, todos los rituales religiosos, y rituales y emociones, y todos los esfuerzos de abnegación y privación, y todas las reglas, no sirven. Tiene que trabajar en el problema en el corazón.

Entonces, permítame tan solo sugerirle unas cuantas cosas. Una, y estas salen de la Escritura, absténgase del deseo carnal. Y esto es tan interesante. 1 Pedro 2:11 “Amados, os exhorto como a extranjeros y a peregrinos que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma.” ¿No es eso interesante? Pedro no dice, “Vayan a acudir a la terapia.” Pedro no dice, “Este realmente es un proceso largo y de alguna manera tenemos que meterlos en este proceso y es uno muy difícil.” Él no dice, “Saben, ustedes son una víctima, no pueden hacer nada al respecto, son una criatura caída viviendo en un cuerpo caído.

Entonces, sí, realmente no va a haber manera en la que puedan superar esto, simplemente vívanlo, enfréntenlo.” Él no dice eso. Él dice, “Deténganse, dejen de hacerlo.” “Absténganse de los deseos carnales.” Los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida. Párenlo, dice él, eso asume que usted tiene la capacidad, eso asume, Romanos 6, “el pecado ya no tiene dominio sobre usted, antes fueron esclavos del pecado, ahora se han vuelto siervos de la justicia.

1 Corintios 6, “Huid de la fornicación,” lo cual asume que usted puede hacer eso. Pedro simplemente dice, “Detente”. No es una adicción por el cual usted no es responsable, no es algo abrumador. Páralo. Lo puede hacer usted. No puede ser hecho por usted, no puede ser hecho por usted, no puede ser hecho por alguien más, no hay algún tipo de fórmula aquí, simplemente deténgalo y deténgalo ahora. Detenga el cultivar el pecado en su corazón. Deténgalo. Simplemente recuerde que usted está muerto al pecado. Así como Santiago, “resistid al diablo, y huirá.” Deje de pecar, resista al diablo.

Dice usted, “Bueno, sí. ¿Pero cómo hago eso?” Bueno, aquí está la número dos: “No provea para la carne. No provea para la carne.” Romanos 13:14 Pablo dice, “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.” Si usted va a detener estos deseos malos, deseos por lo malo, cualquier tipo de maldad, si usted va a detenerlo no lo puede alimentar. Deje de recitar lo que hace que usted se enoje con una persona. Deje de recitar todas las ofensas que una persona ha cometido contra usted.

Deje de mantener un registro de lo malo que han hecho. Detengan todo eso. Deje de exponerse a imágenes que no debe exponerse. Deje de exponerse a esas cosas que apelan a la carne. Deje de exponerse a esas cosas que lo hacen un individuo soberbio. Deténgase. Detenga la alimentación de su propio ego. Deténgase porque nunca va a poder abstenerse de deseos carnales, si usted no deja de proveer para ello. Si usted alimenta al monstruo, el monstruo vive. Si usted mata de hambre al monstruo, el monstruo muere.

Entonces, rehúse el alimentar su mente con cosas que incitan sus deseos. Y después, de un lado positivo, concentre su corazón en Cristo. Fije su corazón en Cristo. “Nosotros todos,” 2 Corintios 3:18, “con cara descubierta, mirando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.” Eso lo dice, conforme vemos la gloria del Señor somos transformados de un nivel de gloria al siguiente, al siguiente, al siguiente, más y más como Cristo. Pero usted tiene que concentrar su corazón en Cristo, estar enfocado en Cristo. Usted no puede estar enfocado en Cristo y enfocado en el pecado al mismo tiempo. Si usted se enfoca en Cristo, 1 Juan 3 dice, si usted tiene esa esperanza en usted, entonces se purifica a sí mismo.

Es un axioma espiritual, que usted se convierta en aquello que usted adora. Usted se vuelve como aquello que usted adora. Si usted adora el dinero, usted literalmente se vuelve como eso, superficial, trivial, comprado fácilmente, vendido fácilmente, con relaciones determinadas por la economía. Si usted anhela la popularidad y la fama, y una carrera y lo que sea, sin considerar lo que es correcto, cual es el propósito de Dios, realmente va a definir quién es usted. Usted se vuelve como lo que usted adora. Conforme fijamos nuestros corazones en Cristo descubrimos que nuestra preocupación con Cristo es un proceso mediante el cual somos conformados a Él.

Entonces, si quiero abstenerme del deseo carnal, entonces no puedo alimentar esos deseos. Eso quiere decir que no puedo enfocarme en nada que los alimenta. Por otro lado, enfoco todo en Cristo, y estoy totalmente preocupado con Él. No hay nadie como Él. Cómo usted sabe, sería bueno que usted supiera cuando está manejando, en lugar de sentarse en su auto y enojarse, meta la Biblia en cinta, la Biblia en CD y escuche los evangelios, y recuerde la historia de Jesucristo. Que Él ocupe sus pensamientos.

Lo siguiente, medite en la Palabra de Dios. Medite en la Palabra de Dios. “En mi corazón he guardado tus dichos,” dijo David, “para no pecar contra ti”, Salmo 119. Debemos meditar en ella día y noche, Salmo 1. Medite en ella día y noche, haga lo que está escrito en ella, Josué 1:8. Lámpara es a nuestros pies, y lumbrera a nuestro camino. Confronte el pecado, ataque el pecado. Llene su mente y corazón con la Palabra de Dios. Jesús dijo, “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad.”

Llene su corazón de ella, cargue su mente de ella. Reflexione en ella con cuidado, “todo lo verdadero, honesto, justo, puro, amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad,” Filipenses 4:8. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,” Colosenses 3:16. Digo, usted puede detenerlo si usted no alimenta el deseo, y se concentra en Cristo y se concentra en la Palabra.

Otro punto práctico; ore sin cesar. La oración es un ataque preventivo. En Lucas 22:40 Jesús dijo, “Orad, que no entréis en tentación.” ¿Alguna vez ora usted así? Señor, por favor, no nos metas en tentación. No quiere decir que Él va deliberadamente a meterlo a usted en una situación de tentación. Lo que usted realmente está orando es, “Señor, por favor, ordena los pasos de mi vida para que no sea llevado a un lugar así.”

En Mateo 26:41, Jesús dijo: “Manténganse velando y orando para que no entren en tentación.” Oración constante. Salmo 19, “¿Quién entenderá sus propios errores?” Y después el salmista ora, “Guarda a tu siervo de pecados presuntuosos, que no se enseñoreen de mí.” Señor, por favor, protégeme del pecado. Eso debe estar en el mismo y alma de su vida de oración.

Y después otra cosa muy práctica, y obvia. Ejerza dominio propio. El dominio propio es fruto del Espíritu. Gálatas 5, “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza,” o dominio propio. El dominio propio es esencial. Nosotros, dice Pablo, necesitamos golpear el cuerpo y sujetarlo, hacerlo nuestro esclavo, en lugar de que sea nuestro amo. Esto es disciplina. Este es el deseo por dominio propio.

Y he dicho esto a lo largo de los años, y creo que es verdad, usted tiene que ejercer dominio propio en general en su vida, para que realmente funcione en la vida espiritual, porque básicamente todo en la vida es un asunto espiritual. Y si usted está teniendo problemas con el dominio propio en algunas áreas de su vida, va a tener dificultades en ejercer dominio propio en la dimensión espiritual de su vida.

Él no está hablando de castigar su cuerpo, él no está hablando de flagelación o descuido corporal. No está promoviendo nada que pueda debilitar o lastimar el cuerpo. Fue Martin Lutero, recordará, quien casi destruyó su cuerpo con ayunos excesivos, como un monje joven, cuando él descubrió en la biblia que el justo por la fe vivirá, no por ayuno. Pero usted necesita una disciplina personal atenta que se rehúsa a satisfacer todo apetito del cuerpo. Su cuerpo no necesita que se le de todo lo que desea.

Todo esto se resume en una cosa. Sea lleno del Espíritu. Sea lleno del Espíritu. Usted va a estar bajo el control de algo. Y usted sabe que en Efesios 5 dice, “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien, sed llenos del Espíritu.” Cuando usted está borracho, usted es controlado, dominado por el vino; usted ya no está en control, usted ha perdido el control. Eso es la embriaguez. Usted hace lo que el vino lo induce a usted a hacer. Y en los tiempos antiguos creían que así era como usted ascendía a las deidades.

Usted tenía una orgía y usted estaba completamente borracho y pensaban que esa era una experiencia trascendental; como Timoteo Leary, usted sabe, al fumar marihuana y meterse en drogas como una manera de elevarse al siguiente nivel de conciencia. Eso es lo que los paganos creían, y él dice, “Mira, si vas a ascender a la comunión con Dios, no te emborraches, sé lleno del Espíritu, no te llenes de alcohol, sé lleno del Espíritu. Eso quiere decir, debes estar cediendo de manera total al control del Espíritu porque según Romanos 8:13 matamos el pecado por el Espíritu, ese es el punto de Romanos 8:12-13, matamos el pecado por el Espíritu.

¿Y qué estamos diciendo aquí? Estamos diciendo, mire, la Biblia no presenta esto como algún tipo de terapia, no presenta esto como algún tipo de proceso largo, no lo trata a usted como algún tipo de víctima, simplemente dice, “Deja de hacerlo, y deja de hacerlo.” Al dejar de alimentar los deseos que te llevan a pecar, fija tus ojos en Jesucristo, enfócate en la Palabra, ora sin cesar, ejerce dominio propio, y sé lleno del Espíritu.

Esto es de lo que Pablo estaba hablando en Filipenses 2, cuando él dijo: “Ocupaos de vuestra salvación.” Dios operó en esto, usted trabaje en ello, usted opere. Y cuando se acaba, realmente es Dios quien produce en nosotros así el querer como el hacer por su buena voluntad. Hay otras cosas que podrían ser añadidas a esa lista, como vestirse de humildad, como quitar sentimientos de menosprecio hacia otros, amar a los hermanos, ponerse la armadura de Dios, hacer a un lado actitudes pecaminosas, etc., etc.

Pero el resumen de todo es, vivir y andar en el Espíritu y usted no satisfacerá los deseos de la carne, Gálatas 5:16. Y depende de usted, en la fuerza del Espíritu, y el poder de Dios. Usted no es una víctima, usted no está bajo la ley, usted no está bajo el dominio del pecado. Usted no tiene que hacer lo que es malo, usted puede vivir una vida santa. Trate con el pecado en el corazón.

Simplemente algunos recordatorios y cierro. El pecado no es matado cuando solo es cubierto. De hecho, si usted es bueno en cubrir su pecado, usted está alimentando un monstruo. No es bueno, simplemente porque la gente no sabe que está ahí. No es bueno simplemente porque está en el interior, no ha sido matado simplemente porque usted no lo hace. Si usted lo está alimentando en el interior, es fuerte y se está fortaleciendo. Proverbios 28:13, “El que encubre su pecado, no prosperará.”

El pecado no es matado cuando solo es internalizado. Si usted deja el acto exterior de pecado, pero lo alimenta en el interior, solo es cuestión de tiempo. No es matado cuando usted intercambia un pecado por otro, cuando dice: “Bueno, no voy a hacer ya eso, pero desafortunadamente estoy haciendo esto.” Eso no es progreso. Un movimiento lateral en el pecado no es progreso. Simplemente porque usted dejó la embriaguez por la avaricia, eso no es avanzar.

El pecado no es matado hasta que la conciencia es apaciguada. La meta es una buena conciencia. La meta es sentarse en ese momento en silencio, en paz, tranquilidad, descansando sin acusaciones, levantándose en su corazón para atormentarlo a usted. Mientras que su conciencia esté contaminada, la batalla es intensa. Usted debe buscar lo que Pablo dijo en 2 Corintios 1:12, cuando él dijo que él tenía una conciencia limpia, que él había conducido su vida en santidad y piedad, porque su conciencia estaba limpia.

Usted gane la batalla en el interior y usted va a disfrutar de una conciencia limpia. Usted va a disfrutar de la paz, el reposo, el regocijo, la tranquilidad, el gusto profundo de una conciencia callada. Y cuando usted viene a ministrar, a hablar de Cristo, servir a Cristo, usted no va a ser atacado como un hipócrita por su propia conciencia por el pecado que florece en el interior. Usted tiene que ir más allá que tan solo empujarlo hacia abajo, eso simplemente lo fortalece. Eso lo encuba más tiempo de tal manera que cuando finalmente se desata es más fuerte que nunca. Esta es la batalla, esta es la manera en la que debemos vivir nuestras vidas, y la Mesa del Señor es un punto en el que volvemos a verlo y preguntamos: ¿Cómo estoy en este conflicto espiritual?

Padre, Te agradecemos por este tiempo. Hemos oído de nuevo las verdades simples que se relacionan con este asunto de enfrentar o de tratar con el pecado en el corazón. Por favor, oh Dios, danos gracia por el Espíritu y la verdad, para detener el pecado en el corazón. No justificarlo, no alimentarlo, no proveer las experiencias y actitudes e imágenes que lo fortalecen. Que, por otro lado, fijemos nuestros corazones en Cristo, meditemos en la Palabra de Dios, oremos sin cesar, que ejerzamos dominio propio y seamos llenos del Espíritu.

Andando en el Espíritu no satisfaremos los deseos de la carne. Que disfrutemos, no reprimamos el pecado, no pequemos a escondidas, no en secreto, sino que disfrutemos de una conciencia limpia, que no nos acusa, sino que nos justifica y nos llena de gozo, paz, contentamiento. Pedimos que Tú nos justifiques de hecho, y nos limpies ahora, conforme venimos a esta mesa. En el nombre de Tú Hijo. Amén.

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