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Para esta mañana, voy a desviarme, por un momento, de nuestro estudio de 1 Timoteo y quiero que abra su Biblia Mateo, capítulo 6, versículos 9 y 10. Claro que ésta es una porción muy conocida de las Escrituras, conocida, por muchas personas, como la oración del Señor. Y probablemente, sería mejor titulada la oración de los discípulos. Y la razón por la que estoy tomando un descanso de nuestro estudio de Timoteo es doble, creo. Una, me parece que hemos pasado mucho tiempo en Timoteo, ya muchos meses para este entonces, hablando del ministerio y el ministerio de la Iglesia y la función de los pastores y líderes de la iglesia y los siervos en la Iglesia, los diáconos, las diaconisas y todo eso. Realmente hemos estado hablando de lo pragmático del ministerio.

Y creo que el Señor simplemente puso en mi corazón que necesitamos tomar por lo menos un Día del Señor y concentrarnos en el tema de la adoración. No queremos ser demasiado pragmáticos en el sentido de que perdamos el enfoque de aquello en lo que debemos estar concentrados; y eso primordialmente es un tema de adoración. La segunda razón, no sólo fue la sensibilidad a equilibrar algo de la enseñanza acerca de lo pragmático junto con la perspectiva de la adoración, sino que en mi propia vida personal, en el último año y medio o algo así, he visto a Dios responder la oración de maneras más poderosas y evidentes que jamás en otro tiempo de mi vida. Y entonces, he estado preocupado por este tema entero de la oración y evaluando mi propia vida de oración y lo que la oración es recientemente. Hemos trasmitido la serie de la oración de los discípulos en la radio y tuvimos una maravillosa respuesta a ello.

Debido a esas cosas, del lado positivo, simplemente pensé que debemos mirar hacia atrás a la oración de los discípulos y en cierta manera, re evaluar alguna de las grandes verdades que son parte del cimiento en el tema de la oración que tienen que ver con adoración. Pero no solamente me vi motivado desde el punto de vista positivo, también me vi motivado desde el punto de vista negativo como me veo con frecuencia. Conforme escucho lo que está pasando en el mundo cristiano y escucho a diferentes predicadores y maestros, conforme leo diferentes libros, conforme trato de colocar, por así decirlo, mi dedo en el pulso de lo que está pasando en círculos cristianos, veo un movimiento que se está incrementando, el cual todos nosotros estamos algo conscientes de esto. Este asunto del Evangelio de la prosperidad y confesión positiva que realmente amenaza de manera muy, muy seria la pureza y la salud de la Iglesia.

Parece como si la televisión y la radio cristiana, la televisión cristiana, las iglesias literalmente están haciendo que la gente crea más y más en el hecho de que la oración es simplemente una manera en la que puede usted obtener lo que quiere, que Dios tiene la obligación de entregarle lo que usted quiera. Prendí la televisión anoche, un hombre llamado Kenneth Copeland, usted probablemente lo ha visto. Y él ha dicho ‘escriban por este pequeño libro si realmente quieren saber sobre la salud y la prosperidad.’ Y cuando alguien no tiene eso es porque no han entregado su cheque para obtenerlo. Eso es lo que ellos promueven. Todo está ahí para usted. Dios tiene que dárselo a usted. Dios es colocado en esa posición. Lo único que tiene que hacer es nombrarlo de reclamarlo y es de usted.

El problema medular con esto es que revierte de manera tremenda la función del hombre y de Dios. La Biblia enseña que Dios es soberano y el hombre es Su siervo. La teología de “nómbrelo y reclámelo” y el Evangelio de la prosperidad enseñan que el hombre es soberano y Dios es Su siervo. Y estamos en la posición de demandar y dar órdenes; y Dios está en la posición de siervo que debe hacer lo que debemos.

Ahora, es una realidad que vivimos en una sociedad muy egoísta. Vivimos en una sociedad centrada en sí misma y muy egoísta. Vivimos en una socia materialista. Las olas de esa sociedad han llegado a la teología cristiana. Y la mentalidad de la prosperidad, salud, riquezas, ‘nómbrelo y reclámenlo’, lo cual dice que usted demande de Dios y Dios se lo tiene que dar no es nada más que una justificación espiritual para satisfacer sus deseos egoístas, para el pecado del orgullo. Nada más.

Ese tipo de oración no es oración en absoluto. Es una perversión de la oración. De hecho, se nos prohíbe hacer eso en las Escrituras. Toma el nombre del Señor en vano. Es irreverente. Es satánico. Es todo menos bíblico, todo menos virtuoso, todo menos piadoso, todo menos dirigido por el Espíritu Santo. Y creo que para que nosotros entendamos lo que está pasando, en cierta manera, tenemos que reevaluar este asunto de cómo tenemos que orar. Y el punto focal vienen estas palabras del Señor Jesús en Mateo 6. “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” O así sea.

Cuando Jesús nos enseña cómo orar, y éste es el modelo de cómo orar, al principio y al final de esa oración se enfoca en Dios, alabando Su Nombre, orando porque Su Reino venga, orando porque Su voluntad sea hecha. Y después, las pocas peticiones que son enlistadas aquí, seguidas por “Tuyo es el Reino y el poder y la gloria por siempre amén.” El punto focal de la oración entonces se encuentra en la gloria y el Reino, la honra de Dios, la extensión de Su Reino. Todo tiene que encajar en ese contexto de modo que toda la oración en un sentido está controlada por el Reino, por la gloria de Dios. Y creo yo que esto es elemental en nuestra vida de oración.

De hecho, en Juan 14 Jesús dijo “todo lo que pidiereis en Mi Nombre eso haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13. Todo lo que pidan en Mi Nombre, lo haré para que el Padre e sea glorificado en el Hijo. La oración comienza y termina no con los deseos egoístas del hombre, sino que la gloria de Dios. No con la construcción de mi imperio sino con Su Reino, no con hacer lo que quiero sino con hacer Su voluntad. No con la elevación de mi nombre sino con el santificar Su Nombre. Todo en la oración gira en torno a quién es Dios y lo que Dios quiere y cómo es que Dios debe ser glorificado. Y esa es la suma y la sustancia de la oración apropiada. Y cualquier oración que esté enfocada en uno mismo, que busca engrandecerse a sí mismo, que busca lo que yo quiero sin importar lo que Dios quiere, cualquier oración que hace que Dios tenga que hacer lo que yo quiero porque yo lo he demandado toma Su Nombre en vano y peca de manera violenta en contra de la naturaleza de Dios en contra de Su voluntad y Su Palabra.

Y cuando vienen estas personas con este tipo de oración de ‘nómbrelo y reclámelo’ que dicen que Dios quiere que usted tenga salud y sea rico y sea próspero y tenga éxito y parecen ser espirituales, sepa esto. No son espirituales porque su preocupación no tiene que ver con la extensión del Reino y la gloria de Dios, sino con la extensión de su propio imperio y la satisfacción de sus propios deseos. Debemos entender eso. El error de esto no es un error periférico. Es un error que se encuentra en el corazón mismo de la verdad cristiana, esto es, la naturaleza de Dios es atacada.

Usted regresa al Antiguo Testamento y retoma por ejemplo tres profetas que estaban en situaciones terribles. Comenzando en Jeremías, capítulo 32, Jeremías está en la prisión. Él está tratando de predicarle a una nación de personas que no va a oír. Quieren cerrar su boca. Ellos no están interesados en nada de lo que él dice. De últimas, lo arrojan a un foso. Quieren que se calle. Él realmente no tiene un éxito medible en su ministerio. Una de sus oraciones nos es dada en Jeremías 32 y me gustaría que escuchara esto.

Al final del versículo 16 dice: “Oré a Jehová, diciendo: ¡Oh Señor Jehová! he aquí que Tú hiciste el cielo y la tierra con Tu gran poder, y con Tu brazo extendido, no hay nada que sea difícil para Ti; que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es Su Nombre; grande en consejo, y magnífico en hechos; porque Tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras. Tú hiciste señales y portentos en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has hecho nombre, como se ve en el día de hoy. Y sacaste a Tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales y portentos, con mano fuerte y brazo extendido, y con terror grande; y les diste esta tierra, de la cual juraste a sus padres que se la darías, la tierra que fluye leche y miel; y entraron, y la disfrutaron; pero no oyeron Tu voz, ni anduvieron en Tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto, has hecho venir sobre ellos todo este mal.”

En otras palabras, aquí hay un hombre en gran aflicción. Un hombre en gran soledad. Un hombre en desesperanza en términos de ministerio ya que el pueblo no ha oído lo que él ha dicho. Pero la preocupación del corazón de Jeremías es exaltar la gloria, la majestad, el nombre, el honor y las obras de Dios. No hay preocupación con su propio dolor. No hay preocupación por su propia circunstancia.

En Daniel, capítulo 9, Daniel también en una situación muy difícil, en medio de la transición entre dos grandes imperios mundiales. Representando a un pueblo que está lejos de su tierra, en una tierra extranjera, clama Dios en oración el capítulo 9, versículo 3: “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que Te aman y guardan Tus mandamientos; hemos pecado,” y de nuevo, el inicio de la oración viene con una afirmación de la naturaleza y la gloria y la grandeza y la majestad de Dios. Esa es siempre la perspectiva piadosa. Dios, Tú estás a cargo. Dios, Tú eres glorioso. Dios, Tú eres Santo. Lo que yo oro entonces, es orado en línea con eso, que Dios de hecho sea glorificado.

Jonás, quien está en el medio del estómago de un pez, en un lugar absolutamente inconcebible, capítulo 2, versículo 7, dice: “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta Ti en Tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios;
Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.” Esa es una oración bastante simpática cuando estás adentro de un pez. “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.” Esa fue una oración por la gloria de Dios. Eso fue “gracias Dios por quien eres Tú, bendito seas Tú por Tu salvación, por Tu poder liberador. No hubo un ruego e insistencia. No hubo un nombrar y reclamar nada. Simplemente exaltar la naturaleza de Dios. Y ese es el corazón de lo que nuestro Señor nos enseña en esta oración.

Veamos simplemente esos primeros dos versículos y los cuatro elementos iniciales de la oración que nos dan el enfoque de la oración como un acto de adoración. La oración primordialmente es adoración. La oración se dirige a Dios, no es para obtener lo que yo quiero sino para permitir que Dios sea glorificado. Tengo que ver esto en mis oraciones. Mis oraciones no son primordialmente para lo que yo puedo tener sino para la gloria de Dios. En primer lugar, la paternidad de Dios. Esto es que Dios es Padre. “Padre Nuestro que estás en los cielos.” Esta es la base, por cierto, de nuestro denuedo en la oración. Vamos a Dios porque no sólo es nuestro rey, no sólo es nuestro monarca, no sólo es nuestro juez, no sólo es nuestro creador sino que también es nuestro Padre. Y esa hermosa expresión nos da el sentido del acceso y el denuedo, el atrevimiento para venir de manera íntima a Su presencia como un hijo o hija vendría a la presencia de su propio padre.

Isaías 64:8: “Ahora, Jehová, Tú eres nuestro Padre, nosotros somos el barro y Tú eres nuestro alfarero. Somos la obra de Tus manos.” Ése es el reconocimiento. Señor, Tú nos hiciste. Tú nos diste vida. Tú nos diste nacimiento. Tú provees nuestros recursos. Te pertenecemos a Ti a través del vínculo de una vida en común a través de la fe en Cristo. Somos Tus hijos. Y cuando yo vengo a Dios en oración, en primer lugar vengo al que es mi padre. Es muy diferente al de los paganos que venían a una deidad vengadora, enojada, violenta, injusta, cruel, celosa, envidiosa; no tenemos que apaciguar a Dios, venimos a nuestro Padre amoroso.

Y en Mateo capítulo 7, ¿se acuerda de los versículos 7 al 11? “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Aquí hay una ilustración. “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” En otras palabras, nuestra confianza y nuestro denuedo al venir a Dios con lo que está en nuestro corazón está basado inicialmente en el hecho de que Él es nuestro Padre. Él es nuestro Padre.

Esta era nueva revelación en muchas maneras a los judíos cuando Jesús dijo esto. Ellos veían a Dios como Padre sólo en un sentido nacional. “Padre mío” es una expresión individual de una persona a Dios como su padre personal que nunca aparece en el Antiguo Testamento. Si Dios es visto como padre en el Antiguo Testamento, es visto como Padre de una nación, no como Padre íntimo, amoroso de un individuo. No es sino hasta que Jesús vino y reveló a Dios como el Padre amoroso e íntimo, que realmente se convierte para aquel que viene a Él y podemos decirle ‘Padre mío’. Y el apóstol Pablo dice que podemos llamarlo “Abba Padre” que significa ‘papi, papito’, Romanos 8:15. Esos son términos de cariño, términos de intimidad. Y entonces, Él es nuestro Padre.

Jesús lo llamó Padre más de 70 veces en el Nuevo Testamento. Cada vez que Él oró, Él lo llamaba Padre con una excepción. Y esa fue la ocasión cuando Él fue separado de Él llevando el pecado y después, Él dijo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” La intimidad fue perdida en el momento de la muerte espiritual, separación espiritual. Pero Jesús regresa y dice “Dios es Mi Padre y Dios también es vuestro Padre.” Lo dice en Juan 20, versículo 17. ¿Se acuerda de la afirmación? “Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a Mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a Mi Padre y a vuestro Padre, a Mi Dios y a vuestro Dios.” Él no sólo es Mi Padre, Él es el Padre de ustedes. Entonces, en nuestras oraciones venimos a un Dios que es nuestro Padre, nuestro Padre amoroso. Y podemos ir con un sentido de intimidad. Podemos ir con denuedo y confianza como un niño iría a su Padre. No hay temor ahí.

Esto era noticias no sólo para los judíos, quienes veían a Dios como alguien muy separado y a un Padre sólo en un sentido nacional, los judíos ni siquiera nombraban el nombre de Dios. Cuando el nombre de Dios venía, se quedaban callados, ni siquiera hablaban de ello. Estaban tan distantes de Dios y Dios se había vuelto algo tan aterrador para ellos. Pero añade a eso el mundo greco romano y la cultura y encuentra que tenían la misma idea. Los dioses que ellos habían creado eran dioses que estaban mucho más allá de cualquier preocupación de la humanidad. Ello, los estoicos, por ejemplo, un grupo famoso filosófico entre los griegos y los romanos, habían decidido que el atributo esencial de Dios era apatheia… Eso significa apatía… Que Dios era esencialmente apático. No en el sentido de la palabra en español, apático significa indiferente. Apatheia en griego significa más que indiferente, significa incapaz de sentir nada, sin ningún pacto, sin ningún sentimiento, sin ninguna emoción.

Y ellos decían que debido a que el hombre siente amor y odio, debido a que el hombre siente gozo y tristeza, debido a que el hombre siente contentamiento y enojo, el hombre es volátil; y todos los problemas de la vida están ligados a la capacidad del hombre de sentir el rango de emociones. Por lo tanto, Dios no puede ser una víctima de esas cosas. Entonces, para apartar a Dios de la lucha del hombre y hacerlo más grande que el hombre, él debe ser un Dios que es absolutamente apatheia, más allá de sentir cualquier cosa. Y entonces, los estoicos dijeron Dios no tiene la capacidad esencial de experimentar ningún sentimiento en absoluto. Pero Jesús dijo “eso simplemente no es verdad”. Usted puede ir a Él como su padre amoroso y Él responde porque Él se preocupa. Él no carece de pasión, de emoción, no carece de sentimientos.

Los epicúreos establecieron otro atributo que pensaron que era el atributo primordial de Dios y este era el atributo que es la palabra ataraxia. Significa perfectamente sereno y perfectamente calmado. Y es la misma idea. Ellos dijeron que si Dios estuviera involucrado en los asuntos del mundo, Dios estaría tan enojado como el resto de la gente. Entonces, para que Dios mantenga Su serenidad, Él debe ser absolutamente incapaz de sentir nada que pueda afectar Su estado permanente de calma. Entonces, ellos habían postulado que Dios era un tipo de personalidad sin sentimiento, sin pasión, sin emociones, sereno, que no tenía sentimientos en absoluto sin importar lo que estaba pasando en el mundo. Y los judíos realmente sintieron que Dios estaba tan lejos que ni siquiera podían pronunciar Su Nombre. Jesús irrumpe en la escena y comienza a hablar de la intimidad con la que los hombres y mujeres pueden conocer a Dios.

Dos ejemplos más modernos de los que leí: leí de Thomas Hardy a quien se le preguntó qué uso podía tener la oración para alguien porque cuando usted ora sólo le estaba orando a… él dijo esto, y cito: “La cosa soñadora, oscura, que no oye, que gira la manivela de este ídolo, se muestra.” Fin de la cita. Para él, Dios era alguna cosa que estaba soñando, que no oía y que era oscura. Y el veredicto final de Voltaire acerca de la vida fue que era “una mala broma, la farsa se acabó.” Y H. G. Wells en una de sus novelas presentó un retrato de un hombre que estaba derrotado por el estrés y la aflicción y la tensión de la vida moderna. Su única esperanza era tratar de encontrar comunión con Dios. Y el hombre dijo esto: “Yo lo haría tan pronto como pienso en refrescar mi garganta con la Vía Láctea o estrechar las manos con las estrellas.” Dios no siente nada, es indiferente.

Albert Einstein fue entrevistado en una ocasión. Se le preguntó si creía en un Dios. Y él dijo que definitivamente hay una fuerza cósmica que ha creado las cosas. Pero él dijo, “nunca podremos conocerlo.” Pero eso simplemente no es verdad. Eso no es verdad. Dios no carece de emoción. Dios no está totalmente lejano. Dios es visto por nosotros - creo yo - en Jesucristo llevando toda la pasión que jamás podría ser llevada. Llorar, conocer tristeza, conocer gozo, conocer dolor, conocer toda la emoción humana y de esta manera es un padre amoroso que comprende lo que sus hijos enfrentan. Y vamos a un Dios que no necesita ser apaciguado sino que nos abraza como suyos. Eso hace un lado el asunto del temor. Eso hace a un lado el asunto del temor. No temo a Dios. Porque Jesucristo me ha hecho aceptable con Dios; y por ello, no temo a Dios. Yo soy su hijo ahora. Él me adoptado en su familia.

Quizás usted leyó la leyenda más importante de todas las leyendas griegas, supuestamente, la leyenda de Prometeo. Prometeo era una deidad en el panteón de los dioses en Grecia. Y en los días antes de que el hombre poseyera el fuego, ellos dijeron que la vida era difícil. No había fuego, no había calidez, no podían cocinar y demás. Entonces, tristemente un día Prometeo decidió sacar el fuego de la esfera de los dioses y dárselo a los hombres como regalo. Entonces, Prometeo trajo el fuego y se lo dio al hombre en la tierra. Y Zeus, el dios de los reyes, estaba absolutamente furioso porque hizo eso. Él quería mantener al hombre en un estado muy bajo y humilde y que no tuviera fuego. Y entonces, tomó a Prometeo y lo encadenó a una roca. Y durante el día él estaba sufriendo estar expuesto a los elementos, el calor, los rayos del sol y demás. Y a la noche, al frío de la noche. Y más allá de eso, Zeus estaba tan furioso con Prometeo que envió a un ave para sacarle su hígado. Pero seguía creciendo. Y cada vez que volvía a crecer, los griegos decían que el ave venía y lo volvía a atacar.

Y usted pregunta cuál es el punto de todo eso. ¿Quién quiere un Dios como Zeus? Eso es típico de los dioses antiguos. Son vengativos, son celosos, están enojados. De manera típica por todo el mundo, las religiosas falsas con dioses falsos tienen deidades que deben ser apaciguadas de manera desesperada en su enojo. Eso es típico de todas las culturas en donde hay dioses falsos. Pero Dios es nuestro Padre. Eso hace a un lado el asunto del temor. También se encarga de la esperanza. También se encarga de la esperanza. Las cosas cambiarán porque un Padre amoroso hará lo que un padre amoroso necesita hacer. Si le pedimos pan, Él no nos va a dar una piedra. Se le pedimos pecado, no nos dará una serpiente. Sino que lo que le pidamos, Él hará eso para Sus hijos amorosos si encaja dentro de Su voluntad. Eso se encarga de la esperanza.

Podemos vivir en esperanza en este mundo porque sabemos que nuestro Dios es un Padre amoroso. También se encarga del asunto de la soledad. Quizá no tengamos un amigo en este mundo, como nos gustaría tener un amigo; pero tenemos en Él un amigo que es más cercano que un hermano. Tenemos en Él un padre que nunca nos va a dejar ni nunca nos va a desamparar. Hay una intimidad de amor que quita cualquier soledad. Un creyente puede estar sin recursos humanos y tener la presencia de Dios y eso es suficiente.

En cuarto lugar, se encarga del asunto del egoísmo. Observe lo que dice: “Padre nuestro.” Y dice “nuestro pan diario” en el versículo 11 y “nuestras deudas” y “nuestros deudores” y “no nos metas en tentación y líbranos del mal”. El punto es que toda nuestra oración incluye una familia. No estamos solos en esto. Tenemos hermanos y hermanas que también son hijos de Dios y lo que pidamos debe incluirlos también a ellos. En otras palabras, no estoy diciendo Dios ‘dame lo que yo quiero. Lo quiero sin importar cómo afecte a los demás.’

No sé cómo es en su familia, pero en nuestra familia tratamos de hacer las cosas para los niños juntos. Y si uno de nuestros hijos viene a pedir algo y quiere algo en particular de nosotros, quizás nos sentiríamos bien en darles eso a ese hijo sólo si de alguna manera podemos hacer eso igual para los otros hijos. Hay un sentido en el cual parte de ser un padre es abrazar el hecho de que ningún hijo existe en aislamiento de los otros hijos, sino que son todos parte de la familia. Y entonces, mi vida de oración simplemente no es ‘quiero esto, demando esto, dame esto’. Sino que mi vida de oración es ‘Padre, Tú tienes muchos hijos. Sea lo que Tú creas que es mejor para mí como uno de los hijos, aquí está mi petición’. Eso se encarga del tema de egoísmo ya que Él es nuestro padre, no sólo mío.

Eso se encarga del tema de los recursos también en nuestra vida de oración. Dice “Padre nuestro que estás en los cielos.” Él no está limitado a la tierra. Él no está limitado por las limitaciones de la tierra. Estamos acostumbrados a una cantidad de recursos que está decreciendo. Lo oímos todo el tiempo, que los recursos naturales de este mundo están disminuyendo. Y eso es verdad. Entendemos la ley de la entropía que las cosas van en declive, que todo se está moviendo hasta la desintegración. Entendemos lo que significa que se acabe algo cuando usted lo usa. Usted compra la caja llena y en una semana la caja está vacía. Entendemos eso. Usted usa el contenido de la botella y la compre botella está vacía.

Pero en términos de recursos espirituales y eternos, eso ni siquiera existe. Se derraman todos los recursos y no disminuyen en nada. Ahora, no entiendo eso, simplemente lo creo. Y entonces, cuando vamos a Dios con nuestra necesidad, el hecho de que Él está en el cielo, que es sobrenatural, que va más allá de los recursos que decrecen en este mundo, significa que el asunto de los recursos está cubierto. Lo que necesitamos recibir de Él por Su propósito está disponible. También se encarga del asunto de la sabiduría. Se acuerda de la línea “el Padre sabe lo que es mejor.” Y cuando yo voy a Dios como Padre, tengo que reconocer que Él sabe lo que es mejor.

También se se encarga del asunto de la obediencia. Un padre debe ser obedecido. Inclusive Jesús obedeció al Padre; y eso es parte de la relación del padre/hijo. Entonces, cuando yo oro ‘Padre nuestro’, lo que realmente estoy diciendo es ‘Dios, reconozco que soy Tu hijo’. Reconozco que Tú me amas y tengo un acceso íntimo a Ti. Yo reconozco que Tú tienes recursos absolutamente ilimitados, los cuales podrían ser usados a mi disposición. Reconozco que Tú tienes una familia mucho más grande que yo mismo, quien tiene necesidades. Reconozco que Tú harás lo que es mejor para mí. Yo reconozco que necesito obedecerte. Yo reconozco que lo que Tú haces, Tú sabes lo que es mejor. Y así es como comienza la oración. Comienza con una afirmación del hecho de que Dios es mi Padre. Eso significa recursos. Eso significa obediencia. Y es el corazón de ella. Todos los recursos están ahí. Y el llamado a la obediencia también está ahí.

En la Biblia dice que Dios sabe cuándo cae un ave. Recuerdo leer a J. E. McFadden, quien dijo que el libro de las Escrituras, cuando dice que un ave cae, si usted ve el griego realmente significa más que cae. No sólo que Dios sabe cuándo una ave cae al suelo en el sentido de muerte. Él dice que es mejor traducir eso “Dios sabe cada vez que una vez brinca.” Nada escapa el conocimiento de Dios. Cada vez que salta en el suelo, una pequeña ave conocida por Dios, Él lo ve y lo sabe.

Y Dios, quien es el Dios que conoce todo acerca de la pequeña ave, es el mismo Dios que conoce todo acerca de Sus hijos amados. Y esa es la razón por la que un hombre dijo cuando decimos ‘Padre nuestro’ sabemos que no estamos perdidos en la multitud. Allí hay intimidad. No estamos rogándole a alguna gran deidad, alguna deidad soberana en algún lugar que es apática, sino a un Padre amoroso. Pero debemos reconocer en orar a Él que como Padre, Él tiene el derecho de darnos lo que Él quiere, porque el padre sabe lo que es mejor. Y somos responsables de obedecerlo porque es nuestro Padre. Entonces, la oración comienza con el reconocimiento general de que estamos llegando a un padre amoroso que tiene recursos ilimitados, quien sabe lo que es mejor, a quien debemos obedecer.

Vayamos a un segundo pensamiento en esta oración, no la paternidad de Dios sino la prioridad de Dios; la prioridad de Dios. El versículo 9 dice: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre.” Aquí está la primera petición. La declaración inicial era simplemente el saludo en la oración. Aquí está la primera petición. Y la esencia de esta petición es adoración. Dios, lo primero por lo que oro es que Tu Nombre sea santificado.

Estaba leyendo anoche la biografía de Arthur Pink, un gran maestro de la Palabra de Dios. Una de las cosas que dijo está muy, muy, muy relacionada con esto; y creo que es práctica. Él dijo, y cito: “Con qué claridad es el deber fundamental en la oración aquí presentado: la persona misma y todas sus necesidades deben recibir, deben tener un lugar secundario y el Señor debe tener la preeminencia nuestros pensamientos, deseos y súplicas. Esta petición es prioritaria porque la gloria del gran Nombre de Dios es el fin definitivo de todas las cosas: cualquier otra petición no sólo debe estar subordinada a esto sino que tiene que estar en armonía con esto y buscándolo también. No podemos orar de manera correcta a menos de que la honra de Dios domine nuestros corazones. Si anhelamos un deseo por la honra del Nombre de Dios no debemos ir en contra de nada que la santidad divina quiera dar.” Fin de la cita.

Entonces, nuestras oraciones están controladas, en primer lugar, por un reconocimiento de que Dios es Padre. En segundo lugar, están controladas por un reconocimiento de que el Nombre de Dios debe ser santificado. Ahora ‘nombre”, ¿qué significa eso? “Santificado sea Tu Nombre.” Eso simplemente significa todo lo que Dios es, todo lo que Dios es. En esos días, el nombre era lo que alguien era, en un sentido, la suma de quién eran. Todavía es así, hasta cierto punto.

Mi nombre es más que tan sólo un nombre. Realmente resume quién soy yo. Si alguien le dice “John MacArthur”, hay una imagen de todo lo que yo soy en ese nombre. Y así es con Dios. El Nombre de Dios es la suma de todo lo que Él es. El nombre de Cristo es la suma de todo lo que Él es. El nombre representa la naturaleza, atributos, la esencia de la personalidad de Dios. Entonces, lo que esta petición está diciendo es ‘Padre, que Tu persona, Tu identidad, Tu naturaleza, Tu esencia, Tus atributos y Tu reputación sean santificados.’

Ahora, ¿qué significa ser santificado? Bueno, simplemente significa apartar como algo sagrado. Cuando pensamos en salones santos, normalmente pensamos en algún aposento que está solo, en túnicas largas, en cánticos, en iglesias oscuras, en música sombría, en tradiciones. Santificado quiere decir apartado como sagrado. Que Tu Nombre sea apartado como sagrado. La palabra hagiazō quiere decir tratar como sagrado, santificado. Tiene un sinónimo, doxazō, del cual obtenemos la palabra gloria. Significa glorificar u honrar.

Otro escritor, Orígenes, dijo que también es sinónimo con hupsoō lo cual significa exaltar o levantar en alto. Levanta en alto Tu Nombre, exaltar Tu Nombre, honra Tu Nombre. Glorifica a Tu Nombre. Que Tu Nombre sea elevado como sagrado. Esa es una parte muy, muy básica de la oración. Señor, lo que te honre, lo que te glorifique, lo que exalte Tu Nombre, lo que te levante. Como puede ver, esa es la antítesis del tipo de adoración que es tan popular en la actualidad la cual dice ‘levántame, dame esto, dame aquello, prospérame, hazme exitoso’.

La idea es Dios, que Tú prosperes, que Tú seas glorificado, lo que eso signifique. El nombre de Dios, Elohim, creador. El hombre de Dios El Elyon, el altísimo; Jehová, significa Yo soy el que soy; Jehovah-Jireh, el Señor proveerá; Jehovah-Nissi, Jehová nuestra bandera; Jehovah-Rapha, Jehová que sana; Jehovah-Shalom, Jehová nuestra paz; Jehovah-Roi, Jehová nuestro pastor; Jehovah-Tsidkenu, Jehová nuestra justicia; Jehovah-Tsabaoth, Jehová de los ejércitos; Jehovah-Shammah, el señor está presente; Jehovah- Mekaddishkem, Jehová quien santifica. Todo lo que Él es esta encerrado en Su Nombre. Y cuando decimos “santificado sea Tu Nombre” estamos diciendo que Dios sea glorificado.

El propósito de toda oración que usted ofrece es que Dios sea glorificado, exaltado, honrado, levantado de la manera en la que Él pueda hacer exaltado. Y esto, por cierto, es una protección contra abusar del sentimentalismo de ‘Padre’. Decir ‘Padre nuestro’ y ‘Padre nuestro’ solamente podría ser un poco peligroso. Podríamos usar de manera excesiva la idea de padre. Y después, Abba padre, Papi, Papito, usted ahí podría entender la intimidad, pero no entender el equilibrio. Y el equilibrio es ‘sí, Tú eres mi padre amoroso, pero santificado sea Tu Nombre santo.’

Ningún judío jamás diría ‘Padre’ sin haber añadido algo. Entonces, en las oraciones de los judíos, aquí hay algunos ejemplos: “Oh Señor, Padre y gobernador de mi vida; Oh Señor, Padre y Dios de mi vida. Oh Padre, Rey de gran poder, altísimo Dios Todopoderoso. Y las oraciones famosas diarias de Shemini Atzeret: “Oh Padre, Oh Rey, Oh Señor.” La paternidad siempre equilibrada con esas palabras que representan Su naturaleza asombrosa.

En el día de la expiación hay 10 días penitenciarios que rodean a ese día. Y los judíos oran el Avinu Malkeinu, el cual es Padre nuestro, nuestro Rey; y lo oran traen 44 veces. ‘Nuestro Padre, nuestro Rey’… ‘Nuestro Padre, nuestro Rey’. Y si usted sólo conoce a Dios, nuestro Padre, usted podría perder un poco el equilibrio. Dios también es su Rey. Y Él tiene un lugar Santo y merece ese lugar santo. Y Su Nombre debe ser exaltado y levantado en todo sentido.

Ahora, ¿cómo hace usted eso? ¿Cómo ora usted de tal manera como para exaltar el nombre de Dios? Simplemente al orar porque Su gloria se cumpla, porque Su gloria se haga por Su honra. Mi oracion es: ‘Dios, que Tú hagas esto si esto te trae gloria.’ Usted puede estar orando por un niño. Puede estar orando por una situación en su familia. Usted puede estar orando por un trabajo. Usted puede estar orando por un problema físico. Señor, lo que traiga gloria a Ti, haz eso. Hazlo. Lo que exalte Tu Nombre, lo que levante Tu Nombre, lo que haga que Tú seas glorioso, que Tú seas exaltado, lo que lleve a la gente a verte como el Dios verdadero. Ése es el punto.

Y quiero decirle algo, en esta teología contemporánea de ‘nómbrelo y reclámelo’, ése no es el Dios verdadero. El tipo de Dios quien es un genio utilitario quien tiene que hacer todo lo que todo el mundo le manda, no es el Dios de la Biblia. Y usted no ha glorificado Su Nombre, no han exaltado Su Nombre, no lo ha exaltado. Usted lo ha jalado hacia abajo. Y el error de esto asesta un golpe en contra de la naturaleza misma de Dios. Es tomar el nombre de Dios en vano. Es ser irreverente. No es sólo mala teología. Es irreverencia grosera, vulgar, irreverencia aterradora.

Como el catecismo de Lutero dice: “¿Cómo es que el Nombre de Dios debe ser santificado entre nosotros? Respuesta: “cuando tanto nuestra doctrina y nuestra vida son verdaderamente cristianas.” En otras palabras, Dios es glorificado cuando mi vida refleja la verdad de la Palabra de Dios, cuando mi doctrina refleja la verdad de la Palabra de Dios. En otras palabras, cuando creo lo correcto acerca de Él y vivo de manera correcta en sumisión a Él.

Entonces, cuando digo santificado sea Tu Nombre estoy diciendo ‘Dios, santifícate a Ti mismo’. ¿Y qué quiero decir con eso? Despliégate a Ti mismo. ¿Y como es que Él va a hacer eso? A través de mi vida. Despliégate a través de mi vida, sea lo que sea que eso signifique tanto en mi vida como en la muerte, en pobreza o en riqueza, en enfermedad o en salud. Lo que sea, despliégate a través de mi vida. Esa es la oración.

Hace muchos años atrás, Gregory of Nyssa en la Iglesia primitiva predicó un sermón del tipo de persona que santifica el nombre de Dios, que vive para la gloria de Dios, que vive para exaltar a Dios. Y él dijo de esa persona: “el toca la tierra de manera ligera con las puntas de los dedos de sus pies, porque no está inmerso por los placeres de esta vida; sino que está por encima de todo engaño que viene mediante los sentidos. Y entonces, aunque en la carne él se esfuerza por buscar la vida inmaterial, él considera la posición de las virtudes las únicas riquezas, la familiaridad con Dios, la única nobleza. Su único privilegio y poder es el dominio de sí mismo como para no ser esclavo de las pasiones humanas. Él está triste si su vida en este mundo material es prolongada. Como aquellos que tienen náuseas en el mar, él se apresura a llegar al puesto del descanso.” Fin de la cita.

Así como debemos vivir. No estamos viviendo aquí para ser prósperos en este mundo. Y el que vive para la gloria de Dios, el que santifica nombre de Dios quiere que Dios sea glorificado, que Dios sea exaltado. Y él está más preocupado por orar por la gloria de Dios que por su propia situación, su propia gloria, su propia prosperidad. Él sólo quiere esforzarse por lo inmaterial y no verse inmerso, como él dijo, por los placeres de esta vida.” El que glorifica a Dios está más preocupado, está más inmerso con las cosas que deshonran a Dios, más preocupado por lo que está mal en términos del mundo y cómo trata a Dios que por la manera en la que él es tratado. Esa es la razón por la que el Salmo 34:3 dice: “Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una Su Nombre.” En eso consiste la oración.

En tercer lugar, la oración no sólo es un tema de reconocer la paternidad de Dios y la prioridad, sino también el programa de Dios. El versículo 10 dice “venga Tu Reino”. Venga Tu Reino. Aquí hay una oración para la extensión del Reino de Dios. Esto caracteriza a todo verdadero hombre y mujer de Dios a lo largo de la historia del Reino. Las grandezas del Reino de Dios, los grandes del Reino de Dios, los santos de las edades han sido personas que han estado muy preocupadas por la extensión del Reino de Dios y no con la construcción de su propio imperio, no por colmar su propio bolsillo.

Se me preguntó el otro día cómo evaluaría a un líder cristiano de un perfil muy alto, muy bien conocido en Estados Unidos, un hombre a quien respeto como persona. Él preguntó cómo evalúo a ese hombre. Yo dije ‘bueno, creo que hay dos maneras primordiales por las que evalúo la virtud de un hombre a quien no conozco de manera personal. Número uno es ¿cómo es que la gente piadosa buena se lleva con él? En otras palabras, él está a un nivel de liderazgo en donde tiene a muchas personas que trabajan en torno a él. ¿Por cuánto tiempo se quedan las personas buenas y piadosas con él? Ésa es la medida de su virtud.

Y en segundo lugar, cuánto de su éxito termina en su propio bolsillo. Si los hombres buenos y piadosos se quedan con él por mucho tiempo, eso significa que hombres buenos y piadosos lo encuentran, lo hallan, siendo un hombre semejante a ellos. Y si después de mucho éxito, él no parece haber satisfecho sus deseos egoístas de manera excesiva, la indicación es que su preocupación no es que crezca su cuenta bancaria, sino que edifique al Reino. Éstos son el tipo de preguntas que usted tiene que hacer.

En mi vida de oración y su vida de oración el meollo no es cómo va ayudar al imperio de John MacArthur, la empresa de John MacArthur, los esfuerzos de John MacArthur sino cómo va a expandir el Reino. Esa es la médula. Ese es el meollo. De hecho, el Talmud decía que la oración en la cual no se menciona al Reino de Dios no es oración en absoluto. ¿Cómo va a extender el Reino? Edifica Tu Reino. Ése es el corazón de nuestra petición.

No sólo estamos orando por el éxito de nuestro esfuerzo. No debemos estar orando sólo por nuestra pequeña familia y sus necesidades en particular. No estamos orando sólo por nuestra iglesia y nuestro estado. Y estamos a punto de tener una elección el martes y estoy seguro de que hemos estado orando por esa elección y lo que sucederá. Estamos pensando en cosas a nivel nacional y orando por el liderazgo de la nación y demás. Pero esa no es la suma de nuestras oraciones.

En todo eso, el meollo es “Señor, simplemente que venga Tu Reino”. Eso es todo. Ese es el panorama en general. No nuestro pequeño reino, Tu Reino. Esa es la perspectiva que es muy útil en el ministerio para que usted no sólo comience a orar por su pequeño esfuerzo, su pequeño mundo, su pequeña iglesia, su propio ministerio de radio, sus propias cintas, su propia universidad y Seminario, sus propios esfuerzos. Pero realmente por lo que usted ora es que el Reino venga como Dios quiera, de la manera que Él quiera y a través de quien Dios quiera que venga.

¿Qué queremos decir con eso? ¿Qué es el Reino? Es una frase común. En primer lugar, es lo suficientemente simple como para decir el Reino es simplemente la esfera de salvación en la cual Cristo gobierna. Si hay un sentido en el que Dios es el Reino universal del universo entero y que Él gobierna el universo entero todo el tiempo, siempre lo ha hecho, siempre lo hará. Pero Él aquí no está hablando tanto del Reino universal como del Reino de Cristo que gobierna en los corazones de los redimidos. Realmente es una oración para la salvación de personas perdidas. Venga Tu Reino a través de la conversión de almas perdidas.

El Reino, dijo Jesús, está en medio de vosotros. Está en ustedes. El Reino es la esfera en donde Cristo gobierna. ¿Y dónde es que Cristo gobierna? Él es el gobernante en el corazón de toda persona que ha creído en Él, ¿verdad? Él es mi Señor y Rey. Él es su Señor y su Rey. Ése es su Reino. Y su Reino vendrá a la tierra en el nuevo milenio. Su Reino llenará el universo en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Pero inclusive en ese entonces, el Reino todavía será la esfera de Su gobierno en los corazones de los hombres a través de la salvación.

Y la oración es esta: “Sea lo que sea que extienda Tu Reino, oh Dios”, sea lo que sea que extienda los elementos del Reino mencionados en Romanos 14:17. El Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, sea lo que va a traer a Cristo para establecer Su Reino en la tierra para que sea todo glorioso, que venga. En otras palabras, esta teología de ‘nómbrelo y reclámelo’ es tan miope, tan egoísta, tan pequeña en su manera de pensar, que todo lo que ve soy yo y lo que yo quiero. Y no piensa por la causa más grande. Señor, extiende Tu Reino si eso significa que yo pierda todo. Ésa es la médula. Ése es el meollo.

Frances Havergal escribió de manera hermosa el siguiente verso a Cristo. “Oh, el gozo de verte a Ti reinando, a Ti, mi propio Señor amado, con toda lengua confesando Tu Nombre, adoración y honra y gloria y bendición sean traídas a Ti a una voz. Tú, mi maestro, mi amo y mi amigo, que se ha redimido a sí mismo y está en el trono hasta el fin remoto de la tierra glorificado, adorado y reconocido.” Fin de la cita. Ahora, ahí está la adoración de un verdadero santo. No estoy preocupado por mí. Quiero que Tú seas honrado y que Tu seas glorificado y que Tu Reino sea extendido en los corazones de los hombres por toda la tierra para que en todo lugar Tú seas glorificado y adorado y reconocido por ellos. Ésa es una oración como Jesús nos enseñó orar.

El centro de la oración entonces es la adoración. Vamos a un Padre amoroso, pero eso significa que aceptamos lo que Él sabe que es lo mejor; y en obediencia, respondemos a Él. Y en nuestras oraciones, lo primero que nos debe preocupar es Su gloria. Lo segundo que nos debe preocupar es la extensión de Su Reino. Y lo tercero es que se haga Su voluntad. El propósito de Dios. Versículo 10: “Hágase Tu voluntad como en el cielo así también en la tierra.” Sabemos que Su voluntad es hecha en el cielo, ¿verdad? Porque toda persona que no hizo Su voluntad en el cielo está afuera. Los ángeles caídos fueron expulsados. Hágase Tu voluntad. Eso significa Dios, haz Tu propósito. Nunca oro una oración sin decir ‘Señor, haz Tu voluntad.’ Y no titubeo en orar de ese modo. Eso es lo único que quiero. No quiero nada que no sea la voluntad de Dios.

Alguien me preguntó sobre qué sucedería si me sacaran de golpe de todas las estaciones de radio. Está bien. Si esa es la voluntad de Dios, está bien. No me importa. No necesito hacer nada más. Y hacer menos sería algo agradable. Y siguieron con otra pregunta que se me ha hecho antes ¿qué pasaría si el Señor simplemente te quitara tu ministerio? Está bien. Si el Señor lo quiere quitar, Él lo puede quitar. Yo voy a tomar lo que dijo Job. Jehová dio, Jehová quitó. Sea bendito el nombre de Jehová. Él no me necesita. Y si decide cambiar algo, está bien, porque yo no quiero hacer nada que no sea Su voluntad. No tengo ningún objetivo personal.

Y con frecuencia se me pregunta cuáles son mis metas para el ministerio. Realmente no tengo ninguna, solamente quiero despertar en la mañana y hacer lo que tengo que hacer ese día y confiar en que Dios me está guiando. Pero no tengo ningún objetivo grande o cosas que quiera hacer. Sólo quiero la voluntad de Dios, quiero hacerla y quiero mantenerme en la posición de hacerla. Eso no es algo a lo que me he resignado. Hay algunas personas que dicen “Hágase Tu voluntad” y nada más que lo dicen así “Hágase Tu voluntad…” en resentimiento amargo… “Sé que vas a hacer lo que vas a hacer.

Omar Khayyám escribió ese pequeño problema famoso “La vida es un tablero de ajedrez, 
de noches y días, donde Dios con los hombres como piezas juega, mueve aquí y allí, da jaque mate y mata. Y pieza por pieza vuelve a ponerlos en la caja pues hay un destino para la pieza, para el jugador y para Dios.” Es una perspectiva trágica de Dios. Entonces, hay personas que rechinan los dientes en resentimiento amargo y dicen ‘hágase Tu voluntad’ de manera fatalista. Eso no es lo que queremos decir con eso. Después, están esas personas pasivas que en cierta manera simplemente se resignan “bueno, si eso lo que vas a hacer Dios, así sea.” Y se van a una esquina y se chupan el dedo espiritual y se quejan y gimen por lo trágico que es.

Y después, están aquellos que dicen ‘hágase Tu voluntad’ que sale de su teología. Son el tipo de híper calvinistas, ustedes saben. Que creen que Dios es más grande que ellos y entonces, ¿de qué sirve de cualquier manera? Todo va a ser como va a ser. Es otro tipo de fatalismo. El primero es una especie de fatalismo filosófico. El segundo es una especie de fatalismo de ‘pobre de mí’ y el tercero es un tipo de fatalismo teológico. Pero no creo que decir ‘hágase Tu voluntad’ significa que simplemente nos damos por vencidos.

Me gusta lo que dijo David Wells: “En esencia, la petición de oración es rebelión. No es rebelión aparente en contra de Dios, es rebelión en contra del mundo y su estado caído, el rehusarse de manera absoluta e inmortal el aceptar como normal lo que es anormal en toda área. Es en este aspecto negativo, el rehusarse a todo propósito y todo plan, toda interpretación que está en contra de la norma como se estableció de manera original por Dios.” Fin de la cita.

Y puedo revelarme en contra de la manera en la que están saliendo las cosas, revelándome en contra de la maldad, revelándome en contra del pecado, revelándome en contra de que Dios sea deshonrado. No voy a aceptar eso. No voy a ser un ateo con lo que está mal. Ni siquiera voy a desanimarme. Voy a ser como las almas que están debajo del altar, ‘¿hasta cuándo, oh Señor, vas a hacer algo? Señor, glorifica Tu Nombre, exalta Tu Nombre,’ puedo orar a Dios. Señor, Te ruego que hagas esto porque Te trae deshonra. Cambia esta circunstancia, trae gloria a Tu Nombre, trae honra a Ti mismo. No tengo problema con eso, ser atrevido.

Pero al mismo tiempo, lo que Dios trae lo tengo que aceptar. Y no lo acepto de manera amarga y no lo acepto de manera pasiva. Y no lo acepto simplemente como algo teológico, lo aceptó como Su voluntad. Y no sólo eso, es lo mejor para mí por ahora. Y usted dice ‘bueno, a veces eso no parece lo correcto.’ Claro, porque usted no puede ver todo, ¿verdad? Usted no puede ver todo. Usted simplemente no tiene todo el panorama.

Y aunque Dios es mi Padre y me ama y aunque si le pido pan no me dará una piedra y si le pido un pescado no me dará una serpiente, aunque Dios tiene recursos ilimitados que darme a mi disposición, esas cosas son dadas cuando le darán a Él gloria, cuando extenderán Su Reino y cuando cumplan Su voluntad. Y entonces, mis oraciones siempre están controladas por esas cosas. Así es como Jesús nos enseñó a orar.

Entonces, el fin de la oración no es tanto respuestas tangibles. El fin de la oración es una vida que va creciendo en su profundidad de dependencia; y el final de la oración es un sentido más grande de ser parte del Reino de Dios y de lo que Dios estás haciendo. La oración es cuando yo entro para alinearme en mi deber y a hacer lo que Dios quiera hacer para Su propia gloria. Ahora, cuando eso están orden, entonces puedo decir ‘Señor, el pan nuestro de cada día dánoslo hoy’. Entonces, puedo pedir por mis necesidades y nada más que necesidades están ahí. ‘Señor, perdónanos nuestras deudas o por nuestros pecados como nosotros perdonamos a otros.’

Primero, pido que mis necesidades sean suplidas. En segundo lugar, que mis pecados sean perdonados. Y en tercer lugar, ‘no nos metas en tentación sino líbranos del mal’. Y lo tercero por lo que oro es ‘Señor, protégeme’. Oramos por necesidades. Oramos por limpieza. Oramos por Su protección. Pero todo dentro de los contextos de Su gloria, y termina en el versículo 13, Su Reino, Su poder. Es el enfoque. Y entonces, la oración es adoración. Es adoración. Y cualquier cosa menos que una oración de adoración que le da a Dios el derecho de ser Dios, glorificar Su nombre, extender Su Reino y hacer Su voluntad no es oración en absoluto. Podría ser llamado a oración. No es oración. Es meramente un ejercicio de deseos egoístas.

Y cualquier cosa que supone y cualquier teología que supone que Dios le tiene que darle a usted lo que se demanda es tomar Su nombre en vano, es irreverente y está deshonrando a Dios inmensamente al asumir que Él es alguien que Él no es. Y como lo dije al principio, el error de esa teología es que esta teología hace del hombre Dios y de Dios, hombre. El hombre se convierte en el soberano, y Dios, el siervo. No es así. Entonces, cuando oramos, oramos de esta manera, Jesús dijo, que Dios sea honrado. Inclinémonos juntos.

Padre, Te damos gracias por una palabra tan clara para nosotros. Nunca queremos nada que no sea Tu voluntad para nosotros. Nosotros no entendemos todo el misterio de eso. Y creemos que la oración eficaz del justo puede mucho. Creemos que Tú respondes a la oración. Y si un juez justo a quien se le ruega de manera continua hace lo correcto, ¿cuánto más un Salvador justo hará por aquellos que lo aman? Y si un hombre que está dormido finalmente va a abrirle la puerta a alguien que llama y llama y llama a la puerta, aunque él la labra por estar enojado, ¿con qué rapidez Tú proveerás todo lo que necesitamos, Tú que eres un Padre amoroso?

Sí Señor, creemos que nuestra oración será respondida, así como leemos en los Salmos ‘clamé y Tú me respondiste’. Pero Señor, ayúdanos a saber y a orar porque la respuesta debe estar alineada con lo santificado que es Tu Nombre, la extensión de Tu Reino y la realidad maravillosa de Tu voluntad siendo cumplida. Con ese fin, oramos inclusive en esta mañana, que como un resultado de nuestra adoración juntos, Tu Nombre sea santificado, levantado, exaltado y glorificado. Que Tu Reino sea extendido conforme algunos inclusive en el día de hoy abren su corazón a Cristo. Que Tu voluntad sea hecha.

Gracias por la confianza, Señor, de que cuando te colocamos en el lugar correcto, nuestras necesidades serán satisfechas, la limpieza será provista, y la protección y la guía serán nuestras. No podemos pedir nada más y no pedimos nada más que eso. Y los regalos buenos que Tú escojas darnos, las dádivas buenas que Tú escojas darnos, las aceptamos con gratitud. Por la causa de Jesús, oramos estas cosas. Amén.

 

 

 

 

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