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Algunos de ustedes podrían saber, la mayoría de ustedes no lo saben, pero la mayoría del tiempo en mi vida estoy trabajando en un proyecto de libro especial, fuera de los comentarios. Como ustedes saben, siempre estoy involucrado en escribir estos comentarios del Nuevo Testamento. La gente me pregunta por qué siempre enseño el Nuevo Testamento. Y la respuesta es porque realmente creo en mi corazón que Dios quiere que enseñe todo el Nuevo Testamento, colocarlo en cinta y después escribir comentarios acerca de todo el Nuevo Testamento. Y hace algunos años atrás firmé un contrato con la casa de publicaciones Moody, para hacer eso. Y estimo que son unos 35 volúmenes, y si trabajo rápido voy a terminar cuando tenga 74 años.

Entonces tengo que seguir haciendo eso y tengo que mantenerme en el Nuevo Testamento para seguir trabajando con ese material. Pero de vez en cuando en mis estudios también hay asuntos que surgen, y realmente deseo escribir acerca de esos asuntos, porque creo que son importantes. En los últimos 3 años he estado trabajando en preparar material para un libro acerca del Evangelio según Jesús. Hace años atrás un calvinista me dijo en una ocasión, “Algunas veces no creo que presentamos el Evangelio lo suficientemente bien como para que los no escogidos lo rechacen.” Y esa es una afirmación bastante interesante. En otras palabras, parece haber algo de confusión acerca de lo que es el corazón del Evangelio, qué es la fe salvadora, y demás.

Entonces realmente he pasado gran parte de mi tiempo y gran parte de mi tiempo de enseñanza y tiempo de predicación, como ustedes saben, tratando con el Evangelio verdadero, y el asunto de la fe salvadora genuina. Y encontramos ese énfasis mucho en los últimos 2 o 3 años, porque ha estado en mi mente conforme he estado tratando de preparar este libro. Pero hay una sección en la escritura, un tema del registro del Evangelio, que no he tratado y debo tratarlo, y ese es el relato de la historia de Zaqueo, y los relatos que se relacionan en Lucas.

Y entonces he decidido que en este momento es un buen momento para hacer eso, debido a que tengo que terminar este material para que esté incluido en el libro y todo. Y siempre predico lo que estoy preparando para el libro, porque si ese material está en mí, va a salir de cualquier manera. Entonces más vale que lo predique. Y entonces he estado estudiando mucho a Zaqueo y el texto entorno a la historia de Zaqueo, el texto familiar de Lucas 19:10. Y entonces este domingo por la mañana, y el próximo domingo por la mañana, quiero que veamos juntos Lucas 19.

Abramos entonces nuestra Biblia, y por lo menos vamos examinar el versículo 10 por hoy. Y después la próxima vez vamos a ver la historia que ilustra ese versículo, la historia de ese pequeño hombre llamado Zaqueo, quien es una parte muy importante dentro del marco del registro del Evangelio al expresar el enfoque y mensaje evangelístico de nuestro Señor. En Lucas 19, versículos 1 al 9, está la historia de Zaqueo. La historia se concluye en el versículo 9. Y después el punto de la historia es dado en el versículo 10, o el mensaje.

El principio que es ilustrado en la historia de Zaqueo es este, versículo 10, “Porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Eso resume la razón por la que Lucas registró bajo la inspiración del Espíritu Santo la historia de Zaqueo. Es una historia del Señor buscando y salvando a un hombre perdido.

Y francamente es mi opinión personal, me imagino que no hay una verdad más gloriosa ni más importante en la Biblia que esta en el versículo 10, que el hijo del hombre ha venido para buscar y salvar lo que se había perdido, es la verdad singular más importante desde el punto de vista humano jamás dada en la escritura, que Dios vino en forma humana para buscar y salvar a pecadores, es el corazón del mensaje cristiano, y el corazón de la esperanza de todo creyente. Resume todo el propósito de la encarnación.

Dios es un Dios buscador, y Cristo, quien revela a Dios, es un salvador buscador, quien busca a hombres y a mujeres perdidos. Eso es básico en la fe cristiana. Desde la caída del hombre en el huerto, usted recuerda que antes de la caída Dios caminaba y hablaba con el hombre en el fresco del día. Inmediatamente después de su pecado, dice en Génesis 3, 8 y 9, que Dios vino al huerto para hablar con el hombre. Y el hombre y la mujer estaban escondidos. Y Dios dijo, “¿Dónde estás?” Y a partir de ese punto hasta aquí, y hasta que Jesús venga, Dios siempre estará buscando a hombres y a mujeres perdidos y preguntando: “¿Dónde están?”

En uno de los textos más hermosos del Antiguo Testamento, el profeta Ezequiel, citando a Dios en el capítulo 34, versículo 16, dice, “Buscaré a las perdidas. Traeré a la que está dispersa. Curaré a la quebrantada y fortaleceré a la enferma.” Es la naturaleza de Dios, que Él es un buscador de hombres y mujeres perdidos. Un poeta conocido identifica a Dios como el sabueso del cielo, un sabueso que está rastreando las almas perdidas, Dios encarnado. Entonces Jesucristo también será un buscador de hombres y mujeres perdidos. Jesucristo, recordará usted, vino a revelar a Dios. Jesús dijo, “Si me habéis visto a mí, habéis visto al Padre.” Ahora, no en esencia física, sino en virtud, en naturaleza, en el ser esencial, en atributos. Y si Dios es un dios que busca hombres y mujeres perdidos. Entonces Cristo es un salvador que busca hombres y mujeres perdidos, porque Cristo revela a Dios, Cristo es Dios.

Entonces él dice el hijo del hombre, versículo 10, ese es el nombre favorito del Señor para sí mismo. Enfatiza en su humanidad. Hijo de Dios obviamente enfatiza su deidad. Hijo del hombre enfatiza su humanidad, su condesención, su humillación, su venir para hacer el sacrificio a favor del hombre. Porque el hijo del hombre, Dios en carne humana, ha venido. Y eso se refiere a su nacimiento, su encarnación, su entrada al mundo a buscar. Esto es lo que llamamos un infinitivo de propósito en el griego, con el propósito de buscar. La palabra significa buscar, perseguir, esforzarse por escudriñar.

Entonces él dice, “Dios se ha encarnado. Nació en este mundo con el propósito de buscar.” Y después viene otro infinitivo de propósito, “Y para salvar.” Ese término conocido se ha convertido en una palabra conocida en la fe cristiana, salvar o salvación. Entendemos lo que eso significa. Pero la para raíz de la palabra griega significa rescatar o librar de peligro, preservar seguro del daño. Y el propósito entonces de la encarnación consistió en buscar y librar de daño. El griego dice, “El que habiendo estado perdido. El que está perdido.” El término habiendo sido perdido es una forma verbal, también puede significar habiendo sido arruinado, habiendo sido devastado, habiendo sido destruido.

Entonces Jesucristo vino al mundo con el propósito de buscar a hombres y a mujeres perdidos, devastados, arruinados, destruidos, para librarlos del peligro, para rescatarlos del daño. El daño siendo el daño del pecado, la muerte y el infierno. El pecado ha devastado a todos los hombres y las mujeres. El pecado los ha dejado distorsionados y arruinados y perdidos de su propósito por el que fueron creados, y perdidos de la comunión de Dios, y perdidos de la esperanza ahora y para siempre, y perdidos del cielo, y perdidos de la gloria, y cortados de la promesa, están alejados de la vida de Dios, son extraños para Dios, están condenados sin esperanza, y están en peligro inminente del infierno eterno.

Y entonces el propósito de Cristo al venir al mundo no fue para ser un ejemplo. El propósito de Cristo para venir al mundo no fue para ser un maestro. Él hizo esas cosas. Pero el propósito por el cual Él vino fue para rescatar a hombres y a mujeres del pecado y la muerte y el infierno y la desesperanza, y para preservarlos y que no fueran dañados por los siglos de los siglos en su presencia y en su gloria.

De hecho, en Mateo 1:21 el mensaje fue dado, “Llamará su nombre Jesús, porque Él – qué – salvará a su pueblo de sus pecados.” Su nombre mismo es el nombre de un salvador. Él vino para salvar. Él vino para llamar a pecadores al arrepentimiento. De hecho, el Apóstol Pablo al escribirle en Timoteo, 1 Timoteo 1:15 dice, “Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar pecadores.” Ese es el corazón del Evangelio.

Ahora, sabemos que ese es el corazón del Evangelio. Pero es mi convicción personal que Lucas, más que cualquier otro escritor de la Biblia, parece estar inclinado en enfatizar que Jesús vino para salvar a los perdidos. Es un tema continuo para él. Está en el corazón de todo lo que Lucas tiene en mente en su Evangelio. Por cierto, usted debe saber que Lucas es el más largo de los cuatro Evangelios, tiene menos capítulos que Mateo, pero más palabras. Y el objetivo de Mateo es presentar a Cristo como rey, pero el objetivo de Lucas es presentar a Cristo como el hijo del hombre que salva a pecadores perdidos. En el corazón de lo que Lucas quiere que entendamos es que Cristo es un salvador buscador que busca redimir a los perdidos.

Y entonces en Lucas 19:10 tenemos en un sentido el resumen de lo que Lucas realmente quiere decir, “El hijo del hombre ha venido para buscar y salvar lo que se había perdido.” En ningún lugar es más claro eso que en el capítulo 15. Y para el resto de nuestra mañana quiero que pase de regreso al capítulo 15, y ahí y en escrituras relacionadas ilustraremos el capítulo 19, versículo 10. Pero aquí tenemos un conjunto magnífico de parábolas que ilustran el anhelo amoroso del Señor por la gente perdida.

Ahora, quiero que entienda el contexto, y es entendido de manera simple al ver los versículos 1 y 2. Lucas 15:1, “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle.” Y dice en el versículo 2 casi sin la explicación, esto nos es aparente, esta es una reacción típica, “Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo este a los pecadores recibe y con ellos come.” Ahora, observe allá atrás en el versículo 1, dice que todos los publicanos y pecadores se acercaban a él, todos ellos, no a algunos de ellos, no unos cuantos de ellos, sino todos ellos. No solo eso. Sino que se acercaban a Jesús. Eso es un tiempo del verbo en imperfecto, lo cual significa una acción continua, continuamente, como cuestión de ocurrencia común y hábito, publicanos y pecadores se estaban reuniendo en torno a Jesús.

Son la escoria de la sociedad. Pecadores es una categoría general para personas que son malas. Tenían una mala reputación. Eran un elemento criminal. Podían ser ladrones y homicidas. Podrían ser rameras y prostitutas. Podían ser incestuosos. Podían ser todo tipo de pecados en los que estaban involucrados. Pero la médula de los pecadores es que eran personas que no hacían esfuerzo alguno por vivir conforme al estándar de la ley judía. Para cualquier tipo de efecto, no consideraban la ceremonia, el ritual, la tradición, incluso la revelación que constituía el judaísmo definido. Eran las personas malas.

Los publicanos estaban en el fondo de la lista en términos categóricos entre la gente mala. Los publicanos realmente eran vistos como traidores. Los romanos, recordará usted, habían dominado al mundo de los judíos, habían tomado el control como un conquistador que ocupaba la tierra de Palestina, y habían establecido para fundar la paz romana y para fundar esa ocupación, habían incorporado un sistema de impuestos para poder extraer esos impuestos y sacarlos de la gente. Vendían franquicias de impuestos a judíos que estaban dispuestos a convertirse en recaudadores de impuestos entre su propio pueblo.

Los judíos, debe entender, odiaban la ocupación romana. Su odio es más volátil en un grupo conocido como los elotes. Incluso había algunos llamados los sicarios, que usaban espadas y cuchillos, y operaban como terroristas matando y apuñalado a soldados romanos. Los judíos menospreciaban esa ocupación. Y que un judío comprara una franquicia impuestos, y después fuera empleado por Roma para extraer impuestos de su propio pueblo, era ser el traidor definitivo. Y claro, el gobierno romano en cada distrito determinaba qué impuestos necesitaban ser recolectados. Y mientras que el que compraba la franquicia probablemente el postor más alto de Roma, le pagaba a Roma lo que Roma quería. Cualquier cosa más allá de eso se la podía quedar.

Había un comisionado regional de impuestos, y bajo él algunos otros recaudadores de impuestos, y bajo ellos algunos otros recaudadores de impuestos, hasta lo que conocemos en la tradición judía como los pequeños moqués. La palabra moqués se refiere al recaudador en sí, que tomaba un nombre por la túnica, y le sacaba o conseguía su dinero. Y Mateo era uno de esos.

Y entonces aquí estaba este hombre que compra una franquicia, y después contrataba a personas de entre su pueblo que recolectaban los impuestos. Había todo tipo impuestos. Había un impuesto por ingreso personal. Había otro impuesto simplemente por existir, que debía ser pagado por hombres que tenían de 14 a 65 años de edad, y mujeres de 12 a 65 años de edad. Había impuesto sobre la tierra, que consistía en la décima parte de todo el grano que cultivaban, y la quinta parte del vino y el aceite, que podía ser pagado en especie, o pagado en dinero. Había un impuesto por el ingreso. Había un impuesto en todo tipo de situación concebible. Había un impuesto por tu carruaje, un impuesto por cada rueda de tu carruaje, y un impuesto por el número de animales que jalaban tu carruaje. El impuesto por artículos comprados y artículos vendidos. Impuesto por importaciones. Impuesto por exportaciones.

Un recaudador de impuestos podía sentarse en un lugar, en el camino en algún lugar. Detenía a todo mundo, hacía que descargarán su carga, y después comenzaba a cobrarles impuestos en cierta manera de manera discriminada o indiscriminada a su propio criterio. Los ladrones y homicidas eran unidos con los recaudadores de impuestos. Había margen tremendo no solo para ser un traidor, sino para ser un extorsionador. Roma realmente no estaba viendo de cerca a todo mundo, y los hombres podían llegar a enriquecerse de manera ilícita en el sentido verdadero de la palabra, al extraer impuestos que eran exorbitantes de la gente.

Los recaudadores de impuestos de esta manera quedaban aislados de la sinagoga, no podían entrar en los festivales y días festivos en la tierra del pueblo. Por lo tanto, cuando una persona se volvía un recaudador de impuestos, en todo sentido terminaban siendo un paria, un rechazado por la sociedad, eran aislados de la vida de su pueblo socialmente, eran aislados de la vida de su pueblo religiosamente, en términos religiosos. Y eran conocidos en general como un grupo muy malo de personas. De hecho, un escritor romano nos dice de manera sorprendente que una vez vio un monumento construido en honor a un recaudador de impuestos honesto. El hecho mismo de que había un hombre así merecía un monumento a los ojos de algunas personas.

Entonces había deshonestidad, había extorsión, había robo, por no decir nada de ser un traidor. Eran los parias del pueblo, los pecadores y los recaudadores de impuestos. Asociarse con ese tipo de personas era contaminante. Comer con ellos era absolutamente impensable. Usted tiene que entender que en el Medio Oriente comer con alguien era tratarlos como un invitado de honor o un amigo de honor. Y cenar o comer o lo que sea, con un recaudador de impuestos y un pecador, sería de hecho honrar a los que eran absolutamente deshonrosos. Entonces los fariseos y los escribas en su justicia personal típica santimonia, dijo, “Este hombre recibe a pecadores y come con ellos.” Y esa es exactamente la razón por la que vino, para salvar a aquellos que estaban perdidos. Él vino por causa de los pecadores.

Aparentemente estos recaudadores de impuestos y pecadores pensaron que Jesús aceptaba su presencia. Obviamente Él no aceptaba su pecado, obviamente Él hablo de manera valiente en contra su pecado. Pero percibieron en Él ese corazón que buscaba que marca la naturaleza de Dios, y marcaba la naturaleza de Cristo, quien buscó a pecadores con el propósito no de condonar, o no de aceptar o tolerar su pecado, sino de salvarlos de ese pecado. Y nadie conocía su pecaminosidad mejor que los recaudadores de impuestos, y entre comillas pecadores.

De hecho, esta es una preocupación tan grande con Lucas, que para el capítulo 19 ya ha mencionado a recaudadores de impuesto seis veces. Y cada vez que los menciona, los menciona de una manera favorable. Son el tipo de parias, de rechazados, que Jesús halló abiertos al mensaje del Evangelio. Regrese por un momento al capítulo 5 de Lucas. Y un recaudador de impuestos muy famoso que mencioné hace un momento, llamado Levi o Mateo. En el versículo 27 de Lucas 5, “Jesús señaló a un recaudador de impuestos llamado Levi sentado ahí listo para cobrar impuestos y le dijo sígueme.”

Y aquí el Señor llama a un recaudador de impuestos rechazado a su propio servicio personal como uno de los discípulos. Y él dejó todo, y se levantó, y comenzó a seguirlo. Y hubo una transformación a tal grado de subida que él preparó una recepción grande, en el versículo 29, para el Señor en su casa. Y él trajo a sus amigos. Y los únicos amigos que tenía eran recaudadores de impuestos y pecadores. Y entonces la casa estaba llena con muchos parias. Y los fariseos y los escribas de nuevo, de manera predecible comenzaron a quejarse. Y sus discípulos diciendo, “¿Por qué comes y bebes con los recaudadores de impuestos y los pecadores?”

Y Jesús usa esta ocasión para enseñar el principio básico de su ministerio, “No es aquellos – versículo 31 – que están bien los que necesitan un médico, sino los que están enfermos. No he venido para llamar a los justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” En otras palabras, no puedo hacer nada con las personas que no saben que están enfermas. No puedo hacer nada con personas que no saben que son pecadoras. Y mientras que ustedes piensen que están bien no puedo ayudarles. Y mientras que piensen que son justos no puedo ayudarles. Pero para aquellos que son enfermos y lo saben, y aquellos que son pecaminosos y lo reconocen, he venido para ayudarles, para ofrecerles salvación.” Jesús mostró una gracia en particular al escoger a este Mateo rechazado, para ser parte de su propio círculo de discípulos.

Y después usar esa oportunidad del gozo de Mateo al invitar a todos sus amigos para expresarle los líderes de Israel su corazón por aquellos que estaban perdidos. Lucas de nuevo en el capítulo 7, versículo 29, dice, “Y cuando todo el pueblo y los publicanos oyeron esto, reconocieron la justicia de Dios habiendo sido bautizados con el bautismo de Juan.” Y de nuevo volvemos a ver a recaudadores de impuestos como la audiencia, quien responde a la verdad, a tal grado que nuestro Señor les trae las nuevas de salvación. Capítulo 18, recuerde usted este relato maravilloso, versículo 10, la parábola que nuestro Señor les enseñó, una parábola acerca de confiar en la justicia personal.

“Dos hombres fueron al Templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo puesto en pie oraba consigo mismo diciendo, “Dios, te do doy gracias porque no soy como los otros, ladrones, injustos, adúlteros.” Ese es el tipo de personas que serían categorizadas como pecadores. “Ni siquiera como este – aquí está lo peor – publicano. “Ayuno dos veces por semana, pago diezmos de todo lo que gano.” En otras palabras, él está diciendo Dios cuan bueno es él, y él le está diciendo a Dios cuán agradecido hasta porque él lo necesita a Dios.

“Pero el publicano estando a cierta distancia, no se atrevía ni siquiera a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo, “Dios, sé propicio a mí, el pecador.” Como si él fuera el único. Os digo, Jesús dijo que este hombre descendió a su casa justificado antes que el otro, porque todo el que se enaltece a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será enaltecido.”

Y entonces el Señor incluso en una parábola usada otro publicano como una ilustración de uno que abraza la salvación verdadera. Porque él abraza la realidad de su pecaminosidad y la necesidad de la misericordia de Dios. Entonces, Jesús continuamente les ministró a los recaudadores de impuestos y pecadores expulsados por la sociedad.

Ahora, regrese al capítulo 15. En esta ocasión estaban reunidos en torno a Él como con frecuencia lo hacían, para escuchar lo que tenía que decir. Estaban conscientes obviamente de sus pecados socialmente, y se identificaron con el corazón buscador de Cristo. De hecho, Lucas dice en el capítulo 7, versículo 34, que el tipo común de lema que se le mencionaba a Jesús era que Él era amigo de publicanos y de pecadores. Él era un amigo de publicanos y pecadores.

Como puede ver, todo esto encaja en la mente de Lucas, que Él vino para buscar y salvar a los perdidos. Y mientras que todos los hombres están perdidos, no todos los hombres sabían eso, no todos los hombres estaban dispuestos a reconocer eso. Pero cuando fue el caso, él se volvió el amigo, el salvador buscador con el corazón por los perdidos. Por otro lado, versículo 2, “Los fariseos y los escribas murmuraban diciendo, este a los pecadores recibe y con ellos come.” Y se colocan en contraste, no tenían un corazón, un deseo hacia los parias. No tenían un corazón hacia el pecador. No tenían un corazón hacia los perdidos en absoluto. Son un contraste fuerte a la naturaleza de Cristo, un contraste fuerte el corazón de Dios.

Ahora, esta es la audiencia. Los fariseos y los escribas por un lado murmurando que Él incluso come con estos pecadores y publicanos. Y los publicanos y pecadores por otro lado. Y Él les enseña tres parábolas, muy simples, muy directas, no son mal entendidas. Parábola número uno. Y todas tienen el mismo punto básico. Número uno. Versículo 3, entonces Él les refirió está parábola diciendo, “¿Qué hombre de vosotros teniendo 100 ovejas, si pierde una de ellas, no deja a las 99 en el desierto y va tras la que se perdió hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso. Al llegar a casa reúne a sus amigos y vecinos diciéndoles, gozaos conmigo porque he encontrado mi oveja que se había perdido.”

La idea del versículo 4 es la frase qué hombre entre ustedes y demás. La idea es que nadie haría algo diferente de esto. Todos ustedes saben que harían esto si fueran un pastor y tuvieran 100 ovejas, pero perdiste una de ellas. Dejarías las 99 que estaban seguras en el rebaño e irías a buscar a esa oveja perdida. Todo o pastor haría eso. No era solo cuestión de deber, era cuestión de afecto. A lo largo de un período de tiempo esas ovejas eran conocidas por el pastor, conocidas por nombre conforme cada noche las examinaba cuando regresaban al redil. Y él llegaba conocer cada una de ellas. Y cuando una era perdida, el pastor iba a buscar a esa.

Y después en el versículo 5, “Después de haberla encontrado, él la coloca en sus hombros. Y el pastor tomaba el vientre de la oveja y lo jalaba contra su cuello, jalaba las patadas frontales y las amarraban un pequeño nudo. Y salía cargando sus ovejas de regreso al redil.” Y dice en el versículo 6, “Al llegar a casa reúne a sus amigos y vecinos diciéndoles para que tuvieran una celebración, gozaos conmigo porque he encontrado mi oveja que se había perdido.” La parábola solo tiene un punto básico, el gozo del pastor que buscó y encontró la oveja pérdida.

Eso es tan obvio como puede ser. Sus amigos son llamados al panorama, a la situación, para que usted y yo podamos entender la amplitud tremenda de gozo y la profundidad de emoción que el pastor está sintiendo. Él no puede celebrar solo, es demasiado emocionante, es demasiado maravilloso. No es algo que él en silencio puede decir en su corazón, “¿No es agradable? ¿No es maravilloso que eso pasó?” Él tiene que invitar a un grupo grande de personas para una gran celebración, porque su gozo es tan profundo.

Y entonces el resumen de todo viene en el versículo 7, aquí está la aplicación, “Os digo que así habrá más gozo.” Y creo que es mejor no decir más gozo, es mejor traducirlo sin la palabra más, la cual fue añadida. Y si usted fuera a añadir una palabra, y la palabra más bien al final de la frase, “Os digo de la misma manera que habrá gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, en lugar que por 99 justos que no necesitan de arrepentimiento.” En otras palabras, hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, al grado que Dios llama a una celebración. Ahora, ¿qué nos dice esto? Esto nos dice que Dios es ese pastor buscador cuyo deseo por encontrar esa oveja es cumplido al encontrarla, pero el gozo es tan grande que no puede contenerlo en sí mismo y debe ser compartido. Y se vuelve el gozo del cielo. Que verdad tan tremenda.

El énfasis de nuevo está en el corazón buscador de Dios, que busca hasta que encuentra esa que está perdida, y después cuyo regocijo ni siquiera puede ser contenido, hasta que es esparcido por todos los ángeles del cielo. Que pensamiento tan tremendo. No es que Dios está allá arriba en el cielo trabajando en la transacción salvífica, si quiere expresarlo en términos técnicos, y en cierta manera lo escribe, “Bueno, hay otra conversión, está bien, que gusto. Hay otra conversión.”

Es la idea de que Dios es en la parte más profunda de su naturaleza anhela a tal grado el alma de un hombre perdido y una mujer perdida, que busca eso al grado que habiendo encontrado a esa persona la celebración en el cielo mismo apenas es lo suficientemente grande, podríamos decir, para contenerlo. El corazón buscador de Dios. Ese es el punto. Dios busca a los pecadores. Dios no es como los fariseos y los escribas. Él no murmura en contra de los pecadores. Él no menosprecia a los pecadores. Él ama a los pecadores. Él no busca mantenerlos alejados. Él busca traerlos.

Y después la segunda parábola comienza en el versículo 8, la moneda perdida, es el mismo énfasis, o qué mujer – esto es simplemente algo obvio, algo que es axiomático, “¿O qué mujer que tiene 10 dracmas?” Y eso sería equivalente al sueldo de un día, alrededor del equivalente en valor al denario romano. Que tiene 10 dracmas, y pierde 1 dracma, no enciende la lámpara y barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla. Digo, la idea obvia de esa pregunta es que toda mujer que ha perdido el sueldo de un día completo en algún lugar haría todo eso. Normalmente los pisos eran hechos de tierra. Y esa moneda podía ser encontrada fácilmente en algo del polvo de la superficie. Ella habría estado barriendo y moviendo ese polvo hasta que encontrar esa moneda.

Y era algo tan maravilloso encontrarla, era de tanto valor, observe el versículo 9, “Y cuando la encuentra, ella no nada más en silencio la vuelve a meter en su bolsa. Ella reúne a sus amigas y vecinas diciendo, “Gozaos conmigo porque he encontrado la dracma que había perdido.” En otras palabras, ella no puede contener la celebración en su propio corazón. Ella tiene que incluir a sus amigas porque el gozo es tan grande. Esa es la misma idea que la primera. El pastor encontró a la oveja, porque el buscó a la oveja, y se regocijó con todos los que se regocijarían con él. La mujer encontró la moneda, porque ella buscó la moneda, y se regocijó con todas aquellas que se regocijarían con ella.

La aplicación de nuevo viene en el versículo 10, “Así os digo – ahora siga esto – que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” ¿Por qué? Porque eso toca de la manera más profunda el corazón de Dios que busca salvar a aquellos que están perdidos. Ahora, ¿qué significa gozo delante de los ángeles de Dios? De hecho, no dice gozo entre los ángeles, nos dice que es el gozo de los ángeles. Dice que hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios. ¿El gozo de quién es? Bueno, es mi convicción que es el gozo del Dios trino que existe en la presencia de los ángeles santos. Es el gozo de Dios. Es el gozo de Dios buscador que habita en la presencia de los ángeles. Y claro, los ángeles comparten en la celebración.

El énfasis en estas dos palabras es el gozo de Dios. El gozo de Dios es compartido por todos aquellos que están en su presencia. Todos aquellos que conocen su corazón y se regocijan con Él. Por eso el gozo de Dios por la salvación de un alma. Amados, deben entender esto, que Dios no trata con la salvación de un alma con el tipo de indiferencia con el que normalmente nosotros la tratamos. No es cuestión de transacción divina y contabilidad y un poco más. No es que Dios nada más lleva un registro en los libros de quién está adentro y quien está fuera. Dios es el que está llorando por los perdidos, y es Dios que se está exaltando por el que encuentra. Usted y yo somos capaces como seres humanos de conocer un rango amplio de emoción porque somos creados a la imagen de Dios, cuyo dolor es tan profundo por la condición perdida de los hombres, y cuyo gozo es infinitamente alto cuando son redimidos.

En Isaías 62, versículo 5, la Biblia dice, “Como el novio se regocija por la novia. Así vuestro Dios se regocijará por vosotros.” Y la escritura recoge el gozo humano más elevado, el de un novio y el de una novia. Y dice que Dios tiene una exaltación y gozo como ese por ustedes. En Jeremías 32:41 Dios dice, “Y me regocijaré por ellos para hacerles bien, y los plantearé fielmente en esta tierra.” Y después me encanta esto, “Con todo mi corazón y con toda mi alma.” Dios se regocija por nosotros con todo su corazón y toda su alma. Su gozo no está contenido, por así decirlo.

Y por otro lado qué nos dice Ezequiel, capituló 33, versículo 11, “Mientras vivo, declara Jehová Dios, no quiero la muerte del impío.” Y después en el capítulo antes, en el capítulo 18, “No quiero la muerte de nadie que muera.” Entonces él dice, “Clamo al impío para que se vuelva de sus caminos y viva.” Es tan simple como Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito.” El corazón buscador de Dios está encerrado en ese amor.

Y entonces como el pastor que busca a la oveja perdida, y se regocija cuando la ha encontrado, y la mujer que busca la moneda perdida y se regocija cuando la encuentra, Dios es un Dios buscador, cuyo gozo está encerrado en encontrar a hombres y a mujeres perdidos. Y después, la más magnifica de las tres parábolas viene en el versículo 11. Y creo que con mucha frecuencia el énfasis es alejado de donde debería estar en esta parábola. Y veamos si podemos alinearlo en donde el Espíritu de Dios creo yo tiene la intención de colocarla en el contexto.

Es la parábola de los hijos perdidos, plural. No es el hijo pródigo, como si fuera la historia de uno, son dos hijos. Y aquí Jesús presenta eso de manera clara en el versículo 11. También dijo un hombre tenía dos hijos. Esta no es la historia de un hijo. Esta es la historia de dos hijos. Y estos son los hijos perdidos. “Y el menor de ellos dijo a su padre, padre, dame la parte de los bienes que me corresponde.” Observe esto. “Y les repartió los bienes.”

Ahora, lo que eso me dices que el hijo número dos no habla. El hijo mayor también está ahí, y también está beneficiándose de esto. Me parece que hay razón para creer que el hermano estaba metido en esto, el hermano mayor estaba metido también en el asunto como el menor, aunque el menor habla, y el menor es el enfoque de la primera mitad de la parábola. El padre dividió la riqueza entre ambos. Entonces ambos recibieron lo que era para ellos.

Ahora, lo que usted necesita saber es que esto era algo que no se hacía en el Medio Oriente en esa sociedad. Incluso en la actualidad en las sociedades del Medio Oriente que son más primitivas, esto no se oye, que un hijo vaya a su padre y demande su herencia ahí es equivalente a expresar su deseo de que su padre estuviera muerto. Y cuando es visto desde el punto de vista de la sociedad del Medio Oriente, un padre, para mantener su respeto en la comunidad, rechazaría una petición como esta y castigaría a los hijos que la pidieron. Ir a su padre y decirle que le de lo que usted va a recibir cuando él se muera, ahora es el equivalente a decir, “Me gustaría que estuvieras muerto.” Y hay muchas personas que les gustaría, pero no muchas que lo dirían.

Pero es increíble ver la gracia de este padre. Él es un padre amoroso y él hace algo sin precedentes. Él les da su herencia. Él la divide entre ellos. Y entonces usted tiene a los dos hijos. El joven habla para ambos. Ambos reciben su herencia. Y después la narración de la parábola sigue el hijo más joven, versículo 13, han recibido su herencia. No muchos días después, algún periodo de tiempo pasó, el hijo menor se da cuenta de todo lo que tiene, entonces recoge todo y decide irse lejos a una provincia apartada, y ahí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Él toma todo lo que tiene y se va a vivir su vida sin refreno.

Y cuando todo lo ha malgastado, versículo 14 dice, “Viene una gran hambre en aquella provincia. Y comenzó a faltarle.” El Señor construye la parábola ahora. El joven se va, gasta su fortuna entera. Y después un hambre azota. Cuando hay un hambre, eso significa que si usted no está bien, si usted resultaba ser un mendigo, si usted no tiene para proveer para usted mismo y a despreciado su fortuna, usted depende de actuar como mendigo para que otras personas le den a usted lo que necesita. Pero cuando viene un hambre, apenas tienen lo suficiente para ellos, y entonces se acaban los mendigos.

Y entonces él comenzó a estar en necesidad. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Lo mejor que podía hacer era alimentar cerdos. Claro, esto sería absolutamente horrendo para un judío, imaginar tener que trabajar con el más inmundo de todos los animales en la ley ceremonial judía. Sin embargo, ahí es donde este joven termina de la casa del padre viviendo en disipación del otro lado en pobreza absoluta, y ahora alimentando cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.”

Este tenía tanta hambre que quería comerse el alimento de los cerdos. Aparentemente no podía llegar a hacerlo. Y él no podía encontrar alimento en ningún otro lugar. Él estaba en una situación de hambre absoluta, reducido a alimentar cerdos. Y lo único que había en su menú era alimento para cerdos, y simplemente no podía tolerar una dieta de eso.

Entonces esa es la devastación de este primer hijo. Él desperdició todo lo que tenía. Le dio la espalda a todos sus privilegios. Le dio la espalda al amor de su padre. Tomó todo lo que el padre podía proveer para él en términos de sustancia terrenal, y los desperdició de manera insensata, y se quedó sin nada. Volvió en sí, en el versículo 17, y dice, “Y volviendo en sí dijo, cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre.” Lo primero que hace es expresar la tristeza por su circunstancia humana. Él comienza con lo que podríamos llamar una necesidad percibida. Una necesidad percibida física, emocional, psicológica. Él está en una situación extrema. Y él va a morir en esa situación si no se remedia. Pero él no se queda tan solo con su situación.

A partir de su situación viene el comienzo del arrepentimiento, porque él asume la responsabilidad por estar en esa situación. Versículo 18, me levantaré – y este es un soliloquio, planeando su discurso, “Me levantaré e iré a mi padre y le diré, padre, he pecado contra el cielo y contra ti.” Él dice, “Voy a regresar y voy a confesar mi pecado primero contra el cielo.” Eso significa he pecado contra Dios. Él está consciente de su condición degenerada. Él está consciente de su condición. Él está consciente que fue causada por su pecado. Él ha pecado contra su padre cuando dice, “Contra ti.”

Él ha pecado contra su padre con su ingratitud. Él ha pecado contra su padre con su vida disipada, violando la manera en la que él había sido creado. Pero más que eso, él ha pecado contra el cielo. Él ha pecado contra Dios. El cielo simplemente es una metonimia para Dios. Él sabe que él ha pecado contra Dios. Él ve más allá de su padre humano ofendido, y ve al Dios ofendido, cuya ley demanda que un hombre honre a su padre, cuya ley demanda que un hombre viva una vida justa. Y él sabe que no solo ha ofendido a su padre terrenal, sino que ha ofendido a Dios mismo.

Entonces aquí hay un hombre que pasa de una necesidad percibida a un reconocimiento de que su condición degenerada está relacionada de manera directa no solo a un pecado en contra de su padre, sino en contra de Dios. Y él dice, “Voy a regresar a mi Padre.” Él hace la resolución correcta. Pero observe el versículo 20, “Y levantándose vino a su padre.” Él puso pies a esa resolución. Muchas personas dicen que van a hacer algo, pero no lo hacen. Veo esto como la acción real del arrepentimiento. El arrepentimiento es dar la media vuelta e ir en la dirección opuesta. Y eso es exactamente lo que él hizo.

Ahora, recuerde, en el versículo 19, que él dijo, “No soy digno de ser llamado tu hijo.” Y él manifestó humildad. Es simplemente lo que Jesús dijo acerca – usted recuerda en el capítulo 18, el publicano golpeándose el pecho, que fue tan humilde que ni siquiera levantó sus ojos, ni siquiera vio a Dios. Y el Señor dijo, se acuerda, que él iría a casa justificado porque todo aquel que se enaltece a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será enaltecido. Aquí está la parábola clásica que recoge la misma idea. Aquí estuvo un hombre que comenzó a partir de una necesidad percibida. Llegó al punto en donde él reconoció la pecaminosidad de su pecado. Y él se ve a sí mismo con una actitud de bienaventuranza. Él es un mendigo en espíritu. Él está en pobreza espiritualmente, en bancarrota.

No solo eso, no solo él está llorando por su pecado, llorando por su pobreza espiritual. Él es pobre en espíritu. Él está llorando por el pecado. Sino que él es manso, él es humilde, y son los humildes los que son exaltados. “Ya no soy más digno de ser llamado tu hijo. Simplemente colócame en la parte de abajo de la jerarquía de servicio. Permíteme ser un esclavo.” Ese es un espíritu sumiso. Él se vuelve a colocar bajo la autoridad de su padre en un sentido. Él se somete a la soberanía de su padre. Él se somete a la voluntad de su padre y dice, “Seré tu esclavo.”

Y usted puede ver que esto es lo que es el despertar del verdadero arrepentimiento. Va de una necesidad percibida a un reconocimiento de pecado. De un reconocimiento de pecado a nivel humano a un reconocimiento de que el pecado viola a Dios, a partir de ese punto a un sentido de humillación, de mansedumbre, de llorar por ese pecado, un sentido de indignidad. Y si el arrepentimiento verdadero realmente está operando, todo eso se levanta y le da la espalda al pecado y camina en la dirección correcta. Y eso es exactamente lo que este joven hizo en la parábola. Él se levantó y comenzó a caminar hacia su padre.

Pero aquí está el corazón de toda la parábola. Y esto con frecuencia no lo vemos porque nos enfocamos demasiado en los hijos, cuando deberíamos enfocarnos en el padre. Porque esta parábola entera está ilustrando al Dios buscador, así como la parábola uno y dos lo hicieron, observe esto, “Y cuando aún estaba lejos.” Ningún pecador por sí mismo puede acercarse a Dios. De hecho, en los términos de Romanos 3:11, ningún hombre jamás busca a Dios. No es sino hasta que Dios comienza la obra en el corazón, que el pecador incluso comienza a buscar inicialmente. Pero el pecador buscador siempre estará buscando de lejos, a menos de que Dios, el Dios buscador, venga a ese pecador. Y usted lo ve, mientras que el pecador está lejos, su padre lo vio. ¿Cómo es que lo vio? Le voy a decir cómo.

Yo creo que el padre estaba ahí afuera a diario, ¿haciendo qué cosa? Buscándolo mañana, tarde y noche, mirando a la distancia desde algún punto elevado sobre el suelo, para ver si de hecho su hijo podía regresar. Y aquí está el retrato del padre buscador. Él ve a ese hijo a la distancia. Y un padre conoce a su hijo incluso a la distancia. Y él siente compasión. Y aquí amados, está el corazón de Dios. No es un Dios sin pasión al que servimos. Es un Dios de gran compasión. Y su corazón está quebrantado por el hijo. Lleno se queda de pie ahí de manera fría diciendo, “Voy a esperar hasta que él venga aquí, y entonces le voy hablar.” Sino que más bien el corrió, y siguió abrazándolo, y siguió besándolo de manera apasionada. Este es Dios. Este es el Dios buscador.

La moneda no buscó a la dama, y la oveja no buscó al pastor. Y el pecador realmente no puede buscar a Dios ni por sí mismo. Pero hay un grado al que esta parábola nos da un panorama más completo que las primeras dos, porque el hijo responde a la obra de motivación, o iniciadora del Espíritu Santo en la parábola, ese es el panorama que se da. Y él comienza a moverse de regreso en la dirección correcta. Él deja el pecado y se dirige hacia Dios. Pero estaría perdido, perdido sin esperanza incluso en eso sí no fuera por el Dios buscador que corrió hacia él a la distancia y siguió abrazándolo y besándolo. Que Dios buscador, que Padre buscador, que Salvador buscador tenemos. Y este es el corazón de la parábola.

Y entonces mientras que él está abrazando y besando a su hijo, el hijo le dijo, “Padre.” Y aquí él le da el discurso que él ensayó, “He pecado contra el cielo.” Eso es primero. “He violado a Dios y a tus ojos. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo.” Y aparentemente antes de que él pueda decir, “Vendré y seré uno de tus siervos contratado.” El padre le dijo a los esclavos rápido, y él se apodera de la plática. Veo confesión de pecado aquí. Veo un corazón humilde. Veo un llorar por el pecado.

Comienza con una necesidad percibida. Comienza con una degeneración y disipación. Pero pasa del foso bajo del pecado al punto alto del arrepentimiento. Él regresa en un sentido sabiendo que él es un pecador, lamentando su pecado, queriendo dejar su pecado detrás de él, buscando a su padre, queriendo someterse al padre y servirlo. Todo está aquí. Pero el padre lo detiene. Y me encanta esto. Él dice, “Tengo planes para ti.” Él no dice, “Primero vas a ser azotado, y después vas a ser enviado a vivir a algún lugar alejado para mostrar que realmente has cambiado.” No. Él no solo es un padre buscador. Él es un padre amoroso, perdonador, de gracia, generoso. Y su gozo es como el gozo del pastor que encontró la oveja, el gozo de la mujer que encontró la moneda.

Y entonces el padre dice, “Tenemos que tener una celebración. Olvídate del hecho de que él me quería muerto. Olvídate del hecho de que él ha desperdiciado aquello en lo que gasté mi vida acumulando para él. Olvídate del hecho de que él vivió en pecado e inmoralidad. Olvídate del hecho de que él terminó alimentando a cerdos ceremonialmente inmundos. Olvídate de todo eso. Olvídate del hecho de que el regresa con las manos vacías con nada que ofrecer más que su pecado y remordimiento. Olvídate de eso. Vamos a tener una celebración.” Ese es el corazón de Dios amigo mío. Olvídate de lo que hizo en el pasado.

“Rápido.” dice en el versículo 22, “sacad el mejor vestido y vestidle y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta.” ¿Por qué? “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido. Se había perdido y es hallado.” Y comenzaron a regocijarse. ¿Ve usted el punto? Las parábolas todas tienen el mismo tema en común, un buscador que encuentra y se regocija, y el buscador es Dios. El buscador es Dios. Ahí quedó el hijo menor.

La narrativa entonces se concentra en el hijo mayor. Versículo 25, el hijo mayor había recibido también su herencia, pero se quedó en la casa ahí. “Y su hijo mayor estaba en el campo. Y cuando vino y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas.” Digo, ellos organizaron esa fiesta bastante rápido, antes de que él siquiera pudiera regresar del campo antes de que el día terminara. Y él oye estas danzas y música, y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. Él le dijo, “Tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro gordo por haberlo recibido bueno y sano. Están celebrando porque tu hermano,” pecaminoso, vil, miserable, contaminado, que vivió en disipación, “ha regresado.” Esto refleja tanto, ¿no es cierto? A los publicanos y a los pecadores. El primer hijo ilustra tanto a los parias, y el hijo número dos definitivamente es una ilustración de los fariseos.

Versículo 28, “Entonces – qué – se enojó, y no quería entrar.” Él no va comer con un pecador. “Salió por tanto su padre y le rogaba que entrase. “Por favor ven. Por favor únete a la celebración.” Escuche, ese hijo no tenía el corazón de su padre. Ese hijo no se regocijaba en la salvación de un hijo perdido, porque no tenía el corazón de su padre. Él no amaba a su padre, porque si hubiera amado a su padre, él habría entrado en el gozo de su padre, el amor hace eso. Más él respondiendo dijo al padre, “He aquí, tantos años te sirvo no habiéndote desobedecido jamás.” Se oye como el joven rico. “Y nunca me has dado ni un cabrito, becerro gordo, para gozarme con mis amigos.” Hombre, saca los violines. “Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.” Él es los fariseos. Él no conoce el corazón de su padre. Él no tiene compasión por los perdidos. Él también es un hijo perdido. Y el padre lo busca también.

En el versículo 31 él entonces le dijo, “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. ¿Alguna vez te dije que no podías tener todo lo que poseo? Más era necesario hacer fiesta y regocijarnos porque este tu hermano era muerto, y ha revivido, se había perdido y es hallado.” Pero las personas que piensan que son buenas por sí mismas no pueden tolerar el perdón de pecadores, especialmente pecadores abiertos. Y entonces en este joven no está el corazón de su padre. Él no tenía amor hacia su padre. Él servía motivado por el deber.

Versículo 29, “Tantos años te sirvo no habiéndote desobedecido jamás.” Todo era deber, todo era obligación. ¿Y entonces no hay arrepentimiento? ¿No hay confesión de pecado? ¿No hay sumisión a la voluntad de su padre? ¿No está entrando el gozo de su padre? Él no conoce el corazón de su padre. El primer hijo en la historia ve su pecado, siente la tristeza, se arrepiente, se humilla a sí mismo, recibe la gracia de su padre, entra en el gozo de su padre y es restaurado a su posición de hijo. El segundo hijo, no hay arrepentimiento, no hay confesión de la condición de muerte fría de su propio corazón.

Y lo que Lucas nos está diciendo, conforme nos da estas tres parábolas de nuestro querido Señor, es que el Señor busca y salva a aquellos que reconocen su condición perdida. Y con tanta frecuencia son los no religiosos, son los disolutos, son los pecadores violentos, que entienden su pecaminosidad, mientras que la gente que está metida en la religión, en su mérito personal, nunca reconoce eso. Pero incluso para ellos el Padre dice, “Siempre has estado aquí. Y lo que es mío siempre ha estado disponible para ti.”

El corazón de Dios consiste en buscar y salvar a los perdidos. Los perdidos que vienen a Cristo, vienen en un reconocimiento de pecado, en una humillación, en una actitud arrepentida, en un deseo por someterse a la guía y obra soberana del Señor Dios. Y estarían contentos con no ser nada más que un esclavo. Ahora, ese es el significado en forma de parábola de esta afirmación. Porque el hijo del hombre ha venido para buscar y salvar lo que se había perdido.

Ahora, nuestro Señor va a ilustrar ese versículo 10 de Lucas 19 con la historia de Zaqueo. La historia de Zaqueo es una historia de buscar y salvar a un paria, a un recaudador de impuestos. Y eso es lo que vamos a ver la próxima semana. Es una historia fascinante, fascinante. Inclinémonos juntos en oración. Recordamos Señor las palabras del Apóstol Pablo, quien dijo, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a pecadores, de los cuales yo soy el primero.” Recordamos que Jesús dijo que Él había no llamar a los justos, sino a pecadores al arrepentimiento. Lo vemos en la historia del hijo menor, que aquellos que son hallados y aquellos que son salvados y aquellos que son librados y redimidos son aquellos que reconocen su pecado, que saben que están perdidos y alejados de ti.

Padre, oro el día de hoy que si hay alguien en nuestra comunión en esta mañana que está alejado de ti, que está perdido, arruinado, afectado, distorsionado, viviendo en peligro inminente de condenación eterna, estando al borde de una eternidad sin Cristo en el infierno. Oh Padre, oro en este día que Tú busques y salves esa alma. Que Tú mediante tu obra soberana conviertas el corazón del pecado a ti. Que Tú lleves a cabo una obra de gracia de arrepentimiento, una obra que nunca podría ser hecha en la carne. Que Tú hagas que tu espíritu cause lloro por el pecado, mansedumbre, humillación, y un deseo por estar bien contigo para servirte, para honrarte.

Y Padre, te agradecemos porque el camino de regreso es hecho posible debido a la muerte de Jesucristo. Debido a que Él pagó el castigo por todo pecado, podemos ser recibidos y que se nos dé una túnica, un anillo y una fiesta, como si no hubiera pecado en el pasado en absoluto, porque Jesús murió llevando ese pecado. Oh Dios bendito, gracias por esta gran realidad. Gracias porque Tú has buscado salvar pecadores. Y que Tú enviaste a Cristo parar ir a la cruz para hacer eso posible.

Oramos hoy porque muchos vengan, volviéndose de su pecado bajo el impulso de gracia de la obra soberana del Espíritu Santo para abrazar al Padre mediante Cristo, el Padre que siempre busca a aquellos que están perdidos.

Padre, lleva a cabo tu obra en toda vida, y que te agrades de aquellos de nosotros que ya somos tus hijos conforme te ofrecemos nuestro servicio fiel en gratitud humilde por lo que nos has dado. Incluso cuando desperdiciamos los recursos antes de que viniéramos a Cristo, aunque pecamos contra ti, te bendecimos por salvarnos, y buscamos honrarte en todo lo que hacemos.

Mientras que sus cabezas están inclinadas, por tan solo un momento al cerrar, si no conoce al Señor Jesucristo y se ve a sí mismo como ese pecador perdido y aislado en un lugar lejano sin perdón, sin recursos. Y usted anhela correr a los brazos de Dios, ser perdonado, y que se le dé un lugar en su casa, su reino, ¿por qué no viene a él? Simplemente confíe en Cristo como su Señor y Salvador, el que murió y resucitó por usted. Entréguese a Dios. Si usted conoce a alguien que no es cristiano, ore porque el Padre buscador corra y lo abrace, así como lo ha hecho con aquellos de nosotros, todos nosotros, quienes somos tan indignos. Identifique a algunas personas de manera específica y comience a orar por su salvación. Este es el corazón de Dios. Y también debe ser nuestro corazón.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
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