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Abramos la palabra de Dios una vez más en el séptimo capítulo de Mateo y vayamos a la últimas palabras de Jesús en el gran Sermón del Monte. El Sermón del Monte es un sermón evangelístico que busca destruir la confianza de los judíos en su forma falsa de religión y llevarlos a la verdad en Cristo. Y al final del sermón, Nuestro Señor presenta una invitación que realmente comienza en el versículo 13. Y vamos a ver esa sección pero con un enfoque en particular en los versículos 21 al 23. Así que, permítanme leerles este pasaje: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

No podría haber una conferencia que hablara del movimiento carismático sin hablar de este pasaje. Realmente, es obvio para cualquier lector que las declaraciones de estos creyentes falsos de profetizar, echar fuera demonios y hacer milagros son un paralelo exacto al movimiento carismático. Entonces, aquí tenemos a Jesús dándonos la palabra final como debe ser. Hay un canto espiritual antiguo que dice: “Todos los que están hablando acerca del cielo, no van para allá”. Y eso ha sido cierto desde los días mismos del Nuevo Testamento.

En Proverbios, capítulo 30, versículo 12 leemos que hay un tipo de generación que es “limpia en sus propios ojos, pero no ha sido limpiada de su inmundicia”. En Romanos 10-2 dice de Israel “que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia”. El cristianismo externo, el cristianismo que expresa externamente una lealtad a Cristo, posee millones de personas que se sienten cristianos, que han sido llevados a pensar que son cristianos, que viven con la esperanza de entrar al cielo y escapar del infierno. Pero descubrirán al final que estaban mal.

Hay millones de personas que dicen creer en Jesús, que usan su nombre, que lo llaman Señor, que dicen creer en Él, que esperan el cielo solo para recibir el infierno. Nuestro Señor vio esto desde el principio de su ministerio. En Juan, capítulo 2, versículo 23: “Cuando estaba

en Jerusalén en la pascua durante la fiesta, muchos creyeron en su nombre, observando sus señales, que estaba haciendo. Siendo atraídos pos sus milagros, creyeron en su nombre. Pero Jesús no confiaba en ellos, porque Él sabía lo que había en el hombre”.

Él no necesitaba que alguien le diera testimonio acerca del hombre, Él mismo sabía lo que había en el hombre. Él sabía que era una fe superficial. Era una fe anclada a la experiencia, a los milagros, era externa. El hecho es claramente presentado aquí por Nuestro Señor, que muchos dirán: “Señor, Señor”, que no entrarán en el reino.

Ahora, permítanme ser claros en este punto. Nadie entrará en el reino que no confiese a Jesús como Señor. Romanos 10, 9 y 10, dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Confesar a Jesús como Señor es esencial para la salvación. Es una obra del Espíritu Santo. En 1 de Corintios, 12-3, Pablo dice: “Ninguno puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”.

No hay persona alguna que pueda confesar a Jesús como Señor y no pueda ser salvo. Pero lo impresionante es que habrá gente que confiesa a Jesús como Señor, que no son salvos. Profesarán a Jesús como Señor a voces, con voz alta, y de manera repetida, camino al infierno. Entonces, no hay persona que no pueda ser salva sin llamar a Jesús: Señor.

Esta invitación al final de Sermón del Monte fuerza a cualquier persona y a toda persona que lo lee, a escoger. Es un contraste fuerte, claramente definido entre la fe falsa y la fe verdadera. La fe no salvadora y la fe salvadora. Dos caminos. Dos veredas. Y aún así, hay una alternativa. Dices: “Bueno, en un mundo de religiones múltiples, ¿Cómo es posible que sólo puedan haber dos alternativas?” Porque o escoges el camino que lleva al cielo o escoges el camino que no lleva al cielo. Y mientras que puede haber variedades de eso, es lo mismo y termina en el mismo lugar.

Realmente, sólo hay dos religiones en el mundo. Tenemos por un lado la religión de mérito humano y esa es toda la religión en el mundo que ofrece el cielo por buenas obras, moralidad, ceremonias religiosas, rituales. Y por otro lado, está la religión de mérito divino, la cual ofrece el cielo a aquellos que admiten que no hay nada que puedan hacer para ganársela. Uno viene, a través del camino de las obras, y la carne, y el mérito, y la ceremonia, y el ritual y termina en el infierno, sea cual sea su etiqueta. Y el camino verdadero es por la fe y la gracia mediante el Espíritu Santo.

El primer camino involucra lo que hacemos y el verdadero camino involucra lo que Dios hizo. Si estás tratando de ganarte tu camino al cielo, estás llegando por la ley. Y de acuerdo con Romanos 3-20: “Por las obras de la ley ninguno será justificado”. No tienes esperanza y estás maldecido. Si buscas el cielo de la manera que Dios lo estableció, vienes por gracia. Y bajo la gracia no hay ley, no hay manera en la que puedas ganarte tu acceso. Tienes esperanza y la maldición ha sido removida.

Claro, los judíos de la época de Jesús eran parte de la religión del mérito humano. Estaban buscando ganarse su derecho de entrar pos su propio mérito, su propia justicia, sus propias actividades religiosas. Pero, de hecho, Pablo en Romanos 11-28 los llama “enemigos del Evangelio”. Y en realidad, eran enemigos de Dios. “No conociendo o ignorando la justicia de Dios”, Romanos 10 dice, “ellos establecieron la suya propia”.

Entonces, está esa religión que busca venir a Dios y al cielo por su propio mérito, su propio involucramiento, su propia moralidad, su propia ceremonia, sus propios buenos sentimientos, sus propias actitudes, sus propias experiencias religiosas y morales. Pero por otro lado, está el verdadero camino de salvación, en el cual el pecador provee nada. Eso es lo que Nuestro Señor está distinguiendo aquí.

Y es una serie de contrastes vívidos. Y lo que les leí hace un momento, permítanme recordárselos, es que habían dos puertas, como lo vimos hace un momento en el servicio. La ancha y la estrecha. Hay dos caminos: el espacioso y el angosto. Habían dos destinos: la destrucción y la vida. Habían dos multitudes: los muchos y los pocos. Inclusive, habían dos árboles: el bueno y el corrupto. Dos frutos: el bueno y el malo. Dos conductas: diciendo y haciendo. Dos edificadores: el sabio y el insensato. Dos cimientos: la roca y la arena. Dos casas: una se mantuvo en pie y la otra cayó. Es un contraste muy simple. Será difícil imaginar una manera más clara de presentar la alternativa que toda persona debe hacer. O debe escoger entre estas dos. Sería difícil imaginar una manera más clara de presentar la decisión que toda persona debe tomar entre estas dos.

Ahora, por cierto, ambas prometen el cielo. Ninguna está vendiendo el infierno. Ninguna está diciendo: “Vengan por aquí al infierno con nosotros”. Y por cierto, el camino amplio, espacioso, tiene un letrero que dice “Cielo” pero termina en el infierno. Pero la gente que está en ese camino no lo sabe. Además, hay algunas personas muy ocupadas que están empujando a la gente para que entre y vaya por ese camino espacioso. Y son identificadas en los versículos 15 al 20. Son los falsos profetas vestidos con – vestidos de ovejas pero por dentro son lobos rapaces a quienes, si ves de cerca en su vida, van a demostrar su corrupción por su fruto corrupto.

Entonces, se te han ofrecido dos caminos en el mundo al cielo. Uno miente y va al infierno. El otro es la verdad y va al cielo. Toma tu decisión. Entonces, veamos este contraste. Comencemos con las dos puertas. Versículo 13: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Ambos caminos son religiosos. No estamos hablando acerca de la religión en contraste al ateísmo, la religión en contraste al agnosticismo. O una religión que cree en Dios en contraste al paganismo, panteísmo, animismo. Simplemente estamos hablando de dos caminos religiosos que prometen que éste es el camino en el que Dios quiere que vayas, que termina en el cielo. Ambos caminos prometen el cielo, pero sólo uno llega ahí.

Ahora, tienes un mandato en el versículo 13: “Entrad por la puerta estrecha”. Ese es un mandato. Ese es un mandamiento. Un llamado, una respuesta inmediata, realmente un llamado sin una alternativa razonable. Y con el llamado entramos a un entendimiento de lo que Nuestro Señor está diciendo. Simplemente les voy a dar algunos puntos para poder dividir esta invitación importante.

Número 1: Debes entrar. Debes entrar. El camino verdadero al cielo está presentado de manera clara. Es el camino estrecho. Es el camino estrecho. Es el camino angosto. Y debes entrar. No es suficiente verlo, no es suficiente admirarlo, no es suficiente estudiarlo, no es suficiente analizarlo, no es suficiente criticarlo, no es suficiente quedar asombrado. Escucha, el infierno está lleno de personas que admiraron a Jesús. El infierno está lleno de personas que inclusive admiraron el Sermón del Monte. El infierno está lleno de personas que pertenecen a iglesias y organizaciones cristianas. Pero nunca entraron. Admiraron. Vieron. Analizaron. Pero debes entrar. Debes entrar y debes entrar de manera total.

En segundo lugar: Debes entrar por esta puerta. Esta puerta, la puerta estrecha. ¿Por qué es una puerta estrecha? Porque sólo hay una sola manera de entrar. Es una puerta estrecha porque es a través de Cristo y Cristo únicamente. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí”. Juan 10: “Yo soy la puerta, no hay otro camino”. No hay salvación en ningún otro más que el Señor Jesús. Tienes que entrar a través de Él, creyendo en Él. Cualquier persona que lo rechace está maldecida. Si no amas al Señor Jesucristo eres anatema, dicen las escrituras.

Es algo extraño que tenemos que enfatizar eso, pero tenemos que hacerlo. Hay gente en la actualidad, entre los evangélicos, que dicen: “Bueno, realmente los judíos no tienen que venir a través de Cristo. Pueden venir sin Cristo”. Y hay otros que dicen: “Los gentiles pueden venir sin Cristo, pueden ser transdispenciacionalizados si Dios los va a tratar como si hubieran vivido antes de que Cristo jamás llegara al mundo”. Pero la Biblia es muy clara. Debes entrar, debes entrar por esta puerta, y esta puerta es Cristo, y Cristo únicamente. “A todos los que le recibieron”, Juan 1-12, “a ellos les dio potestad, autoridad, de volverse hijos de Dios”. “Aquél que no lo acepta”, Juan 3, “perece”. Entonces, debes entrar. Debes entrar por esta puerta. La puerta es Cristo. Debes venir a Cristo. El verdadero Cristo y el verdadero Evangelio.

En tercer lugar: Debes entrar por esta puerta sólo. Es una puerta estrecha. Este no es un evento de grupo. Dejas a la multitud atrás. Esta es una de las cosas más molestas acerca de la histeria masiva que vemos en el movimiento carismático. Es el mismo tipo de histeria masiva que vemos en un concierto de rock. Nada más que las palabras son diferentes. Las palabras de Jesús son palabras de Jesús. Pero es prácticamente el mismo tipo de histeria emocional, elevada, fuera de control en muchos casos. Cuando vienes por esta puerta, esta puerta es muy estrecha.

Piensa en esta puerta como en una especie de torniquete, que sólo pueden entrar uno a la vez. Es exclusivo, es intensamente personal, de hecho, es tan personal que quizás tengas que romper la relación con tu padre, y tu madre, y tu hermana, y tu hermano, y todos tus amigos y familia, y toda persona que conoces. Este no es un evento de grupo. Este admite una persona a la vez. Y hemos dicho eso por años. El reino de Dios avanza una persona a la vez, una alma a la vez. Y entra sólo. Y pasas todo el tiempo corriendo ahí en medio de la multitud, toda tu vida, tratando de pertenecer a un grupo. Y hay una forma de cristianismo que dice: “Muy bien, eso es fabuloso. Traete al grupo contigo”. Y en esta emoción elevada, prácticamente eres arrastrado por esta histeria masiva de multitud. Y no es así.

Tienes que negarte a ti mismo, tu familia, tus amigos, tu vida. Rechazar todo lo que jamás has conocido. Quizás a toda persona que jamás has conocido y entrar totalmente sólo. Por primera vez en tu vida, dejas de estar buscando correr con la multitud. Dejas de estar flotando ahí con la masa de gente y entrar sólo. No oigo mensajes de esas mensajes de esas personas. No oigo ese mensaje de esas personas. No creo que la gente entiende eso. Creo que simplemente es manipulación masiva, pero entras sólo.

Numero cuatro: Debes entrar, debes entrar por esta puerta, debes entrar por esta puerta sólo y debes entrar por esta puerta sólo con dificultad. Con dificultad. Dices: “¿Por qué es difícil? ¿Por qué es algo que demanda dificultad?” Bueno, aparentemente es porque al final del versículo 14 dice: “Pocos son los que la hallan”. Pocos son los que la hallan. ¿Por qué es difícil hallarla? ¿Por qué es difícil encontrar la puerta? Te voy a decir por qué es difícil encontrar esta puerta. Observe el siguiente versículo: “Guardaos”, ¿de qué?, “de los falsos profetas”. Están por todos lados, por todos lados. ¿Y qué están haciendo? Llamando a la gente a que entre por la otra puerta. Pocos son los que la hallan. Y por cierto, una vez que la hallas, entras con gran dificultad.

Lucas 13-24, Jesús dice: “Agonicen por entrar por la puerta estrecha”. Oye, ¿agonizar por entrar por la puerta estrecha? ¿Me estás diciendo que esta es una experiencia agonizante? No. Veo que eso se está promoviendo. “Porque muchos, os digo, buscarán entrar, y no podrán”. El agonizomai es una lucha intensa, dolor. De hecho, en Mateo 11-12, Jesús dijo: “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Es algo violento convertirte en un creyente. Es algo violento entrar por esta puerta sólo. Lucas 16-16, Jesús dijo: “Y todo hombre se esfuerzan por entrar”. Lucas 16-16: “Todo hombre se esfuerza por entrar por esta puerta”. “Todos se esfuerzan por entrar por esta puerta”.

¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué tanta dificultad? En primer lugar, es difícil encontrarla. Alguien en Los Ángeles dice: “Quiero encontrar una puerta estrecha”. ¿Cuántos lugares visitarán antes de que pudieran encontrarla? ¿Cuántos lugares tendrán que visitar para poder encontrala? Y una vez que la encontraran, entonces se convierte en una experiencia agonizante entrar por ella. ¿Por qué? Porque demanda arrepentimiento total y una negación de ti mismo. Isaías 55, 6 y 7: “Deje el impío su camino, y el hombre injusto sus pensamientos”.

¿Quieres venir? Arrepiéntete, deja tu camino impío, deja tu vida injusta. Eso es difícil. Eso es lo único que has conocido en tu vida. Jeremías lo dijo de esta manera, de una manera más positiva. Jeremías 29-13: “Y me encontraréis, y me buscaréis, y me hallaréis cuando me buscareis con todo vuestro corazón”. Lo que eso significa es que demanda todo. Prácticamente está por encima de todo. No quieres nada más que eso. No queda nada más que esto. Eso es estrecho. Es un desafío encontrarlo y una vez que lo encuentras, es una experiencia agonizante entrar por ella, porque tienes que dejar todo lo que jamás has conocido afuera. Sólo entran los serios por esta puerta. Sólo entran los celosos. Sólo entran los de todo corazón. Sólo entran los que están quebrantados. Esto no es una fiesta.

Ves este movimiento carismático y es prácticamente torpeza. Y prácticamente es algo absurdo y frivolidad e insensatez. Y algunas veces te preguntas si hay mucha diferente entre “un predicador” y un comediante. Esto es lo más serio que una alma jamás hace. Esto es devastador. Es absolutamente devastador. ¿Por qué es tan difícil? Porque los pecadores aman su pecado. Pero así es como vienes.

Numero 5: Debes entrar por esta puerta, esto es Cristo. Debes entrar sólo. Este no es un evento de grupo, es algo personal. Debes entrar con dificultad, porque significa que te estás arrepentimiento y dejando todo aquello que jamás has amado. Y debes entrar desnudo. Ni puedes entrar por un torniquete con tu equipaje. Es una puerta para aquellos que han dejado todo. Y eso es Lucas 9-23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”. ¿Qué tan extrema es esta negación? Juan 12-25: “Tienes que aborrecer tu propia vida”. Odiar tu propia vida, negarte a ti mismo.

En las dos pequeñas parábolas de Mateo 13, 44 al 46, Jesús dijo que había un hombre que buscó un tesoro y cuando encontró el tesoro en el campo, vendió todo para comprar el tesoro. Había un hombre que encontró una perla de gran precio y vendió todo para comprar la perla. Es simple. Un par de historias simples para decirte que cuando encuentras a Cristo, entregas todo. La idea que se repite en esas dos pequeñas parábolas es que vendió todo. Vendió todo, absolutamente todo. Eso es Lucas 9, eso es Mateo 10. Te niegas a ti mismo.

¿Qué quieres decir con desnudo? Que no traes tu justicia personal. Que no traes tu sentido de superioridad moral. Que no traes tus méritos, no traes tus logros. Realmente, vienes con una actitud de bienaventuranza. ¿Qué es eso? Y al principio del Sermón, el Señor presentó eso, ¿No es cierto? En el capítulo 5, cuando dijo: “El que entra al reino es el que es pobre en espíritu”. ¿Qué significa eso? ¿Ser pobre en espíritu? En bancarrota personal. Cuando entiendes tu bancarrota moral, espiritual, no estás trayendo nada de tus logros, nada de tus méritos, nada de tu desempeño religioso. Eres despojado y desnudado al punto de no tener nada. Lo vendes todo. Eres como Lucas 18, como ese publicano en el templo que se está golpeando en pecho, diciendo: “Dios, se propicio a mí, pecador”. No ofrece nada. Y junto a él hay un fariseo que está diciendo: “Te doy gracias, porque no soy como este pobre publicano. Y yo doy diezmos, y hago eso, y hago aquello”. Y Jesús dijo: “Este fue el hombre, el que se estaba golpeando el pecho, el que había dejado todo, que fue justificado y no el otro”.

Ese fue el joven rico en Mateo 19. Jesús quería asegurarse de que él estuviera dispuesto de dejar todo afuera. Y le dijo que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres. Y se fue y le dio la espalda a Jesús. Eso era demasiado. Desde el comienzo, Juan en bautista y Jesús predicaron arrepentimiento. Jesús siempre predicó un reconocimiento de tu propia bancarrota espiritual. De tu vaciedad espiritual. Llamó a una tristeza sobre el pecado. Quebrantamiento. A una disposición a dejar el pecado. A una disposición a ser rescatado de su juicio. Y un entendimiento de que no tienes nada que ofrecer.

Entonces, las bienaventuranzas presentan lo mismo. La gente que entra al reino es gente en bancarrota espiritual, y lo saben. Por eso lloran por su condición. Por eso son mansos y están quebrantados. Por eso tienen hambre y sed de una justicia que saben que no tienen. No veo ese tipo de predicación. No veo ese tipo de invitación en el movimiento carismático. Sino más bien es: “Únete a la fiesta, súbete con nosotros. Sé sanado. Sé rico. Recibe profecías. Deja que Jesús te hable. Sé feliz”. Eso está muy lejos de lo que Nuestro Señor dice. Debes entrar. Debes entrar por esta puerta. Debes entrar por esta puerta sólo. Debes entrar con dificultad. Debes entrar desnudo. Y debes entrar en sumisión al Señor.

Hace unos años atrás, escribí un libro llamado “Esclavo”. Y eso es realmente lo que te vuelves. Es realmente difícil que alguien acepte ese concepto en un mundo en el que la esclavitud existía y ese era al mundo del Nuevo Testamento. Ese fue algo difícil de aceptar para la primera iglesia, en un mundo en el que la esclavitud existía y era odiada. Porque la gente quería ser liberada. Decirle a la gente: “Aquí está el Evangelio, necesitas convertirte en un esclavo. Necesitas hacer un lado a tu familia, olvidarte de tu familia, odiar a tu familia, a tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tu hermano. Necesitas odiar tu propia vida. Necesitas dejar todas tus posesiones. Necesitas abandonar todo y después someterte de manera total al Señor”. Negarte a ti mismo, tomar tu cruz. ¿Qué significa tomar tu cruz? ¿A caso es esa algún tipo de experiencia mística? No. Significa estar dispuesto a morir. ¿Es eso importante? ¿Es lo suficientemente importante para ti como para que estés dispuesto a morir por ello?

Si alguien te dijera: “Si vienes a Jesucristo y lo confiesas como Señor, te vamos a ahorcar”. ¿Vendrías? Eso es lo que Jesús estaba diciendo. ¿Morirías por esto? Y los verdaderos creyentes dirían: “Claro. Claro, porque voy a morir y voy a morir en la condición en la que estoy y voy a terminar para siempre en el infierno”. Un reconocimiento de tu propia vaciedad, tristeza sobre el pecado. Una disposición a volverte del pecado. Una disposición a ser rescatado del juicio a cualquier costo.

Eso está muy lejos de vender a Jesús como el que te va a dar lo que quieres. Literalmente, puedes hablar y crear tu propio mundo. Jesús va a cumplir todos tus sueños. Más vale que reconsideres eso. De hecho, Jesús dio un par de historias en Lucas 14, Él dijo: “Más vale que pienses acerca de venir a mí, porque no debe ser como u hombre que comenzó a construir una torre y no tuvo lo suficiente para terminarla y se vio como un necio. No debes ser como un rey que entró a la guerra con sus diez mil y realmente no pudo enfrentar las fuerzas que eran mucho más poderosas que él”. Cuente el coste, calcule el costo, ¿y cuál es el costo? Todo. Te estás convirtiendo en un esclavo de Jesucristo. ¿Te puedes imaginar eso en la primera iglesia? ¿Esos primeros creyentes que iban de lugar en lugar en lugar, allí en el mundo gentil, tratando de llamar a la gente que se convirtiera en esclavos de un judío crucificado? Eso es difícil de promover.

De hecho, era una idea tan difícil de promover. Mucho más difícil de lo que sería en nuestro día porque no tenemos ese tipo de esclavitud. Pero es el mismo mensaje. Estamos llamando a la gente a convertirse en esclavos de Jesucristo. Esclavos de por vida. Entras por esa puerta. Tienes que dejar todo afuera. Todas las provisiones espirituales para ti están en la mano del Señor. Y tienes que confiar en Él para eso. Para que Él te provea lo que necesitas, te proteja, cumpla las promesas que Él te ha hecho. Es un acto de fe. Es un acto de fe de tal magnitud que no tiene paralelo humano. Y ningún humano lo podría hacer hasta ese momento.

Eso es lo que significa “Negarte a ti mismo, tomar tu cruz y seguirlo”. Encontraste a esa primera puerta estrecha. Está la puerta ancha. La puerta es ancha. Y es ancha, ¿qué significa eso? No hay nada que dejar, no hay nada de que refrenarte. Nada más ven. Puedes venir con el grupo. Puedes venir con toda la multitud. Que la música te atraiga. Que entre también la diversión. Que la experiencia te meta. La multitud entera sin dificultad. No hay negación de ti mismo. Trae tu orgullo. Trae todo tu pecado. No te preocupes por el arrepentimiento. Esta es una multitud inmensamente grande de gente religiosa que viene por el camino espacioso con todo su equipaje, todas sus cosas, todos sus deseos. “Yo vengo a Jesús porque Jesús me va a hacer rico”. “Yo vengo a Jesús porque Jesús me va a aliviar”. “Yo estoy viniendo a Jesús porque Jesús va a arreglar mi matrimonio”. “Jesús me va a ser influyente”. “Jesús me va a satisfacer”. Jesús es el que va a satisfacer los deseos carnales de gente no regenerada. Una gran multitud que viene por esa puerta.

Esas son dos puertas. Ahora, dos caminos muy diferentes. Dos caminos. Está el camino espacioso, versículo 13, y el camino, versículo 14, angosto. Y ancho es el camino. Espacioso es el camino, Hay suficiente espacio ahí para todo tipo de doctrinas diversas. Puedes creer casi lo que tú quieras. “No discutamos por eso”. Muy bien. Oyes estos carismáticos todo el tiempo que están diciendo una y otra vez. Nos acusan de ser divisivos y gente que no es tolerante, que no somos amorosos. “Necesitamos deshacernos de toda la doctrina”. No. Ese es el camino espacioso. Seguro. Sólo ven, lo que tú digas está bien. Lo que tú digas creer está bien. Esa es la razón por la que 120 millones, de los 500 millones de carismáticos, son católicos romanos con doctrina apóstata, hereje, corrupta.

25 millones de ellos son prácticamente pentecostales que niegan la trinidad. 90 por ciento de ellos creen en el Evangelio de la prosperidad que dice que Jesús quiere hacerte rico y saludable. La gran mayoría de estas personas no son creyentes, pero así es como funciona el camino espacioso. Así funciona, así es como lo vendes. Y esa es la razón por la que – Estaba hablando con un pastor de Nigeria en esta mañana y decía: “Yo solía estar en una iglesia carismática. Teníamos 1000 personas. Y vi la verdad. Dejé la iglesia carismática. Ahora enseño la verdad y tengo 100 personas”. Ese es el camino espacioso.

Y de nuevo, los vendedores de boletos se te presentan ahí en los versículos 15 al 20. Falsos profetas. Realmente, son muy buenos en lo que hacen y tienen al reino de las tinieblas de su lado. Por otro lado está el camino estrecho. Una vez que entras, es estrecho. ¿Qué significa eso? Es angosto. Algo que está muy constreñido. ¿Qué es lo que lo hace ser tan constreñido, tan apretado, tan estrecho? La palabra de Dios, ¿No es cierto? ¿Cuál es la gran comisión? “Id por todo el mundo y haced discípulos y enséñales que guarden todas las cosas que os he mandado”. Así vivimos. Otros tienen un tipo popular, nuevo, en los evangélicos que dice: “Bueno, somos santificados por ver a la cruz. Ver la cruz y sentirnos con emociones acerca de la cruz y estar agradecidos por la cruz”. La santificación centrada en la cruz, lo llaman. Y por cierto, “si obedeces”, dicen, “por deber es un pecado”. Eso es teología errónea.

Algunas veces obedezco por amor. Algunas veces obedezco por gratitud. Y francamente, algunas veces obedezco por temor. Pero siempre quiero obedecer. Y temer a Dios no quiere decir que no lo amo. Es simplemente parte de cómo lo amo, como es Él. Es un camino angosto. Es un camino estrecho. No puedes tener cualquier teología que quieras. No puedes vivir de la manera que tú quieras. No afirmamos la inmoralidad. No afirmamos la homosexualidad. No afirmamos el materialismo. No afirmamos la mundanalidad en el camino angosto.

Entonces, más vale que calcules el costo. El verdadero Evangelio no te promete sanidad. No te promete salud. No te promete bienestar. No te promete un matrimonio perfecto. No te promete dinero. No te promete nada más que perdón, y bendición y poder divino. Te promete cosas celestiales, no terrenales. Y hay dos destinos, dos destinos. El camino ancho, versículo 13, lleva a la perdición. Eso es el infierno. La entrada, recuerda, dice “Cielo”. Tiene un letrero que dice “Cielo”. Nada más que no te lleva ahí. Termina en el infierno en un castigo eterno, en el lloro y crujir de dientes para siempre. El camino estrecho, el camino angosto, versículo 14, lleva a la vida. La vida eterna. A la bendición gloriosa del cielo.

Después llegamos, en cuarto lugar, a dos multitudes. En el camino ancho hay muchos, versículo 13 termina, hay muchos. Muchos. En el camino angosto hay pocos. Pocos. Oigo esto. Hemos estado escuchando este tipo de discusión mucho en estos últimos meses. ¿Cómo puedes decir que no es la obra de Dios cuando tantos están involucrados en esto? ¿En serio? Yo, normalmente, me inclino a pensar que si realmente fuera una obra de Dios, habrían muy pocos involucrados en eso. No quiero limitar a Dios, pero estas son las palabras de Jesús. Van a haber muchos en ese camino espacioso que no quiere hacer distinciones doctrinales, que quiere ofrecer a la gente lo que su carne, sin ayuda alguna no redimida, ya quiere.

Pero el otro es el camino estrecho, angosto. Y pocos son lo que encuentran eso. Y ustedes saben. En Lucas 13, creo que es el versículo 23, sus discípulos estaban intentando tratar de entender lo que estaba pasando. El Mesías había venido, tenían expectativas grandes. Y el Mesías había estado haciendo milagros y enseñando. Y habían llegado a amarlo y a creer en él. Pero nadie más parecía estárseles uniendo. Y entonces, en Lucas 13-23, le dicen a Él: “¿Son pocos los que se salvan?” Y allí es cuando Jesús en esencia les dijo: “Mucha gente está esforzándose por entrar pero no pueden porque no quieren dejar las cosas que más quieren”.

En una palabra, en Mateo 22, Jesús dijo: “Muchos son llamados, pero pocos escogidos”. Cuando Isaías tuvo su gran visión de Dios en el sexto capítulo. Al final Dios dijo: “Hay un remanente, hay un décimo. Ahí hay un remanente, hay una raíz, está la simiente santa”. En el camino ancho, muchos, muchos. Y por cierto, son los muchos que se aparecen en el versículo 22. Son los muchos en el camino espacioso, al final del versículo 13. Y después están los muchos en el versículo 22 que dicen: “Señor, Señor, somos nosotros. Somos nosotros”.

Y aquí tienes dos conductas. Dos conductas. Tienes los que dicen y los que hacen. Por cierto, la profesión falsa es un tipo de profanidad. Es un tipo de decir cosas profanas. Es un tipo de tomar el nombre de Dios en vano. Es un tipo de práctica de tomar el nombre del Señor en vano. Es una violación del mandato, de Éxodo 20. Del mandamiento de Éxodo 20. Los que están condenados hablan palabras vacías que salen de corazones vacíos. No hay arrepentimiento real. No hay fe real. No hay amor real. No hay obediencia real. Señor, Señor, hay algo de celo en eso, ¿No es cierto? Hay algo de pasión en eso. Hay algo de respeto en eso. Eso es ortodoxo hasta cierto punto.

“Señor, Señor”, dicen, “¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Están hablando de estas maravillas. No hablan de: “¿No nos arrepentimos en tu nombre? ¿No obedecimos en tu nombre?” Tres veces en el versículo 22, “en tu nombre”, “en tu nombre, “en tu nombre”. Puedes usar el nombre de Jesús las veces que quieras. Puedes cantarlo 50 veces en una canción. Es común. Es común. Y como los carismáticos, Jesús debió haber tenido en mente el futuro, incluyendo el día de hoy, piensan que la prueba de que son suyos, son sus profecías, sus exorcismos, sus milagros.

¿Realmente lo hicieron? ¿Realmente los hicieron? Claro que no. Claro que no. ¿Tienes que debatir eso? El Señor dice: “Ni siquiera los conozco”. Él no capacita personas que ni siquiera están en su reino para hacer milagros, para echar fuera a Satanás o para revelar su verdad a través de la profecía. Estas son declaraciones falsas. Estas son farsas. Se oyen como los carismáticos modernos. Profetizamos, echamos fuera demonios, hacemos milagros. Pero no tienen relación con Dios en absoluto. Su destino eterno piensan que en esencia es afirmado por estas señales fraudulentas. El infierno va a estar lleno de gente, tristemente, que está involucrada en estas prácticas de profetizar y hacer exorcismos de demonios y hacer milagros.

Dicen ser adoradores. “Señor, Señor”. Y después lo vuelven a decir: “Señor, Señor”. Una vez en el versículo 21, una vez en el versículo 22. Ellos cantan la música, sienten la energía, están en medio de la experiencia, pero cuando se aparezcan, cuando estén allí en ese día, versículo 22 dice: “Cuando estén en ese día, el día final del juicio, entonces les declararé: Nunca os conocí”. No es que los conocí una vez y se me fueron. No es que los conocí una vez y se apartaron. “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Todo tiene que ver con la práctica. No tiene que ver con este tipo de experiencias que pueden ser falsamente inducidas. Literalmente en el griego él dice: “Nunca jamás los he conocido”. Nunca. La realidad de la condición espiritual de una persona se manifiesta en la conducta de uno con relación a la ley de Dios. La profesión falsa no tiene valor, es un tipo de tomar el nombre del Señor en vano, de profanar su nombre. Es tomar su nombre en vano.

G. Campbell Morgan, el comentarista inglés de hace muchos años atrás, dijo: “La blasfemia del santuario es más terrible que la blasfemia del basurero”. Un beso de Judas, dice: “Señor, Señor”. Y desobedece. El meollo del asunto es este. No los conozco en absoluto. Es algo triste pensar en eso y creo que eso será oído por la mayoría de la gente que está atrapada en este movimiento.

Jeff O’Hara escribió hace unos años atrás, y cito: “¿Por qué me llama Señor, Señor y no hace las cosas que digo? Me llamas el camino y no caminas por mí. Me llamas la vida y no me vives. Me llamas el amo y no me obedeces. Si te condeno, no me culpes. Me llamas el pan y no me comes. Me llamas la verdad y no me crees, y no crees en mí. Me llamas el Señor y no me sirves. Si te condeno, no me culpes”. Fin de la cita.

Dos puertas, dos caminos, dos destinos, dos multitudes, dos profesiones y después dos cimientos. Finalmente, dos cimientos. Y eso nos lleva a los versículos 24 al 27. Esta es una ilustración. Una ilustración poderosa. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, las obedece”. En otras palabras, ¿vienes por el camino que te dije que vinieras? ¿Por la puerta estrecha al camino angosto? “Le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

Esto está hablando del Juicio Final. Y es el Juicio Final de ambos. Es la misma tormenta que llega sobre ambas casas. Estas casas están construidas en el mismo lugar. En el mismo lugar, la misma ubicación y externamente se ven iguales. Puedes ver una casa y no puedes saber si tiene un cimiento. Unas de las razones por las que el Señor nos advierte que no podemos estar arranando la cizaña es porque realmente quizás no sepamos quién es real y quién no lo es. Pero viene un juicio, hay un juicio venidero.

Ambas personas, ambos grupos de personas, construyeron una casa, un edificio religioso. Y son indistinguibles prácticamente. Quizás van a la iglesia, y se involucran en actividades, y usan el nombre de Jesús, y levantan sus paredes y sus ventanas y sus puertas y su techo. Y levantan la estructura de sus actividades religiosas. Ambos aparentemente construyeron una casa en el mismo lugar porque son afectados por la misma tormenta. Es difícil distinguir cuál es verdad. Es difícil ver la diferencia. Hay una diferencia enorme, uno está sobre la roca, uno está sobre la arena.

La roca, ¿qué es la roca? La obediencia. Obediencia a estos dichos, estas palabras mías. Estas palabras, mías. La obediencia al camino por el que Jesús dijo: “Ve”. Obediencia al llamado entrar por la puerta estrecha a través de Cristo y Cristo únicamente, con una actitud de penitencia y negación de uno mismo. Ellos han construido sobre la roca. De hecho, Lucas 6, 47 y 48, Jesús dijo: “Este hombre escarbó profundo”.

Entonces, prácticamente él escarba profundo y coloca el cimiento para anclar la casa. Por otro lado, las personas que construyeron de la manera fácil, todo es emoción, son arrastrados por la multitud buscando atajos, un arreglo rápido. No hay tiempo para la convicción del alma, no hay tiempo para el quebrantamiento. No hay tiempo para enfrentar las agonías dolorosas del arrepentimiento. No hay tiempo para el sacrificio. No hay tiempo para abandonarlo todo. No hay tiempo para edificar un verdadero sentido de pecado. Un verdadero sentido de santidad. Un verdadero entendimiento de la santidad. No hay un verdadero esfuerzo que busca a Cristo. Y cuando viene la tormenta de juicio, viene el Juicio Final, la casa que está sobre la arena, se fue. Y el juicio revelará la verdadera condición.

Me encanta ese himno. Mi esperanza está edificada en nada más que la sangre de Jesús y su justicia. No me atrevo a confiar en la estructura más dulce, sino apoyarme totalmente en el nombre de Jesús. En Cristo la roca sólida, permanezco de pie. Cualquier otro suelo es, ¿qué? Arena movediza.

¿Cómo sabes cuando alguien está engañado como esto? Bueno, unas cuantas cosas que puedo mencionar. Tienen un sentido falso de pertenencia porque han reforzado este sentido falso por el grupo. No tienen un interés en la evaluación personal, en la evaluación de sí mismos. 2 Corintios 13-5: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe”. No oigo a predicadores en estos movimientos de mandar que la gene examine su corazón. Están inmersos en la actividad y esto es externo. Buscan sentimientos, bendiciones, experiencias, sanidades, ángeles y no a Cristo. Tienen una indiferencia hacia la doctrina sana y prácticamente dan rienda suelta a sus deseos en el nombre de la Gracia.

¿Y cuál sería nuestro mensaje a ellos? Examinate a ti mismo para ver si estás en la fe. ¿Qué haces? ¿Qué haces el día de hoy si te estás preguntando ni siquiera se si soy un cristiano real? ¿Qué hago? ¿Qué hago para entrar por ese camino estrecho y salir del camino espacioso? ¿Qué hago para entrar por el camino angosto, entrando por la puerta estrecha?

Regresa al versículo 7 de este capítulo. ¿Y qué es lo que encontramos ahí? ¿Qué dice ahí, en Mateo 7, versículo 7? ¿Cuál es la primera palabra? “Pedid”. “Pedid, y se os dará”. ¿Qué es lo que necesitas hacer? Pide: “Oh, Dios, oh Dios, enseñame la puerta estrecha. Dejame entrar”. Busca y encontrarás. Pide y se te dará. Busca y encontrarás. Toca y se te abrirá. “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, se le abrirá”. ¿Es eso suficiente?

Jesús dijo: “Todo aquél que a mi viene, no lo echaré fuera”. ¿Qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le piden pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le, ¿qué? ¿Pidan? Pide, pide, pide.

Padre, de nuevo hemos sido enriquecidos y bendecidos de una manera tan maravillosa, en esta mañana, en nuestra adoración juntos. Y como siempre, la conclusión de esa maravillosa adoración es tu verdad. La verdad que informa nuestra adoración. Pedimos Señor que lleves este mensaje a los más profundo de nuestros corazones. Que motives a la gente a pedir, a buscar, a tocar, sabiendo que Tú responderás. Oramos, Señor, porque Tú arrebates ramas de este fuego extraño que está ardiendo. Que rescates a gente de este movimiento, engañada, gente engañada, que son almas eternas. Quizás Tú nos puedes usar en maneras que ni siquiera sabemos, conocemos, como instrumentos que Tú has escogido para llevar a cabo tu obra de llamar a los tuyos a través de nosotros. Usa lo que se hizo esta semana para extenderse por todo el mundo, para rescatar a gente del fuego.

Y de nuevo, terminaremos donde comenzamos, dándote la Gloria porque podemos tener un interés en la sangre del Salvador. Amor asombroso. Amor asombroso. ¿Cómo puede ser que Tú, Nuestro Dios, murieras por nosotros? Bendecimos tu nombre, alabamos tu nombre y pedimos que Tú lleves a cabo tu obra en nuestros corazones. Que el Espíritu Santo motive el que se pida y se busque y se toque. Padre, te damos gracias porque tu palabra nunca regresa a ti vacía cuando es proclamada. No está vacía. Es poderosa y más cortante que cualquier otra cosa y siempre logra aquello para que Tú la enviaste. Y esa es la confianza y la promesa que tenemos. Y de nuevo la hemos proclamado. Sé glorificado y honrado y atrae a gente, lleva a gente a esa puerta angosta, esa puerta estrecha. Para que lleguen al camino angosto que lleva a la vida y te daremos toda la alabanza. Amén.

Este mensaje predicado originalmente en inglés por el Pastor John MacArthur fue adoptado y predicado en la Congregación Hispana de Grace Community Church por el Pastor Henry Tolopilo. John MacArthur es el Pastor de Grace Community Church y el predicador del programa de radio “Grace to You”, el cuál es escuchado diariamente en cientos de estaciones cristianas alrededor del mundo. Para ordenar copias de este mensaje o para recibir un catalogo de materiales disponible en inglés o español, llámenos gratuitamente en el interior de los Estados Unidos a cualquier hora del día o de la noche. Nuestro número telefónico es: 1-800-55-GRACE. 1-800-554-7223. Si usted llama de cualquier país fuera de los Estados Unidos, marque la clave internacional para los Estados Unidos seguida del teléfono: 661-295-5777. Muchas gracias y hasta entonces. Gracia a Vosotros.

 

 

 

 

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