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Una de las responsabilidades que tiene un pastor, es la responsabilidad de advertir a su congregación. El apóstol Pablo escribió, bueno, de hecho, les habló a los ancianos de la Iglesia en Éfeso diciéndoles que él no había dejado de velar y de advertirles durante un período de tres años con lágrimas día y noche.

Parte del ministerio es un énfasis de advertencia. Y una de las cosas en las que usted debe ser advertido es el peligro de la deserción espiritual. Esto es algo que le ha preocupado mucho a Dios durante mucho tiempo. No obstante, es una realidad, inclusive al día de hoy, que hay algunas personas que se acercan mucho a un verdadero conocimiento de Cristo, hay algunas personas que se acercan mucho a la realidad de la vida eterna, hay algunas personas que se acerca mucho a conocer a Dios, algunas personas que se acercan mucho a que sus pecados les sean perdonados, pero nunca son verdaderamente salvados. Esas personas se desvían y desertan. Son desertores.

Algunas veces, son llamados apóstatas, conociendo la Verdad, pero se apartan de la Verdad. Pueden apartarse por sí mismos o se pueden volver víctimas por no creer debido a otras cosas que los alejan de la verdadera fe salvadora. No obstante, son desertores. Siempre hay un gran peligro en desertar. Y siempre es algo muy serio y tiene consecuencias eternas.

Para mostrarle lo que Dios piensa acerca de este tema de la deserción espiritual, de conocer la Verdad y darle la espalda, podemos remontarnos al primer conjunto de libros jamás escritos, el Pentateuco escrito por Moisés. Y está en el libro de Deuteronomio. En el capítulo 13 leemos esto comenzando en el versículo 12: “Si oyeres que se dice de alguna de tus ciudades,” Dios le dice a su pueblo Israel, “que Jehová tu Dios te da para vivir en ellas, que han salido de en medio de ti hombres impíos que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis; tú inquirirás, y buscarás y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti, irremisiblemente herirás a filo de espada a los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también matarás sus ganados a filo de espada. Y juntarás todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará a ser un montón de ruinas para siempre; nunca más será edificada. Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de Su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios.”

Ahora, el punto de este texto es el siguiente: si alguien viene y te desvía de lo que tú sabes que es la verdad y guía a una villa, a una ciudad, a la adoración de un dios falso, mata a toda la gente, destruye la ciudad, mata a todo el ganado, quema todo el botín y no saques nada de ese lugar para ti, para que Dios no continúe estando enojado contigo. Es lo que Dios piensa acerca de la deserción espiritual. Destruye toda persona involucrada con ello.

En el capítulo 17, pasa a de ser un asunto colectivo en una ciudad a ser un asunto personal. Deuteronomio, capítulo 17, versículo 2: “Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando Su pacto, que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán.” Mátalos. Si es una ciudad que se ha desviado de lo que saben que es verdad, quémala después de haber matado a toda persona con una espada. Si es un individuo en cualquier ciudad, apedréalos hasta la muerte por su deserción espiritual. Quiero que la gente entienda lo serio que es conocer la Verdad y dejarla. Es un asunto muy serio.

Ahora, con eso en mente, quiero que vayamos al capítulo 10 de Hebreos. Hebreos, capítulo 10. Y en el Nuevo Testamento encontramos un paralelo muy, muy importante. Hebreos, capítulo 10. Y observe conmigo el versículo 28 de Hebreos 10: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.” Ahora, ese es un principio del Antiguo Testamento, cualquier persona que se aparta o deja la ley de Moisés, lo cual incluía la adoración del Dios verdadero y el Dios verdadero únicamente, ningún otro dios, cualquier persona que deja la ley de Moisés después de haber realizado una investigación apropiada y la confirmación de dos o tres testigos que dicha deserción fue de hecho verdad, muere sin misericordia.

Ahora, si eso es verdad, si Dios dice “cuando violan la ley aplasten a la villa entera,” si Dios dice “cuando un individuo se desvía de lo que conoce que es la verdad y externamente ha hecho un pacto con esa Verdad, si se desvía y sigue a dioses falsos, apedréenlos ahí en el lugar, si ese es el castigo para una deserción de la ley de Moisés, noten después al versículo 29: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” Esa es una pregunta: ¿observó usted el signo de interrogación en el versículo?

¿No es razonable suponer que, si una deserción en el Antiguo Testamento, lo cual fue la violación de la ley de Moisés traía una muerte instantánea, ciertamente se merece un castigo mucho más severo aquel que pisotee bajo sus pies al Hijo de Dios? La deserción de la ley de Moisés es una cosa. Pisar al Hijo de Dios es algo aún más severo. Ahora, ése es el punto en el que quiero que se enfoque. Y quiero hablarle en esta mañana acerca del peligro de la deserción.

He notado que en nuestra Iglesia, a lo largo de los últimos años y en particular en los últimos meses, han habido personas que han estado con nosotros durante un tiempo y frecuentemente, me he cuestionado la realidad de su salvación. Y de pronto, han desaparecido. Tengo este temor de que la realidad es que vinieron y externamente se identificaron, pero nunca realmente conocieron a Cristo. Y que todo lo que se ha manifestado en su deserción, a menos de que alguien dijera que no hubo una advertencia suficiente, me gustaría tomar esta hora, en esta mañana, para advertirle del peligro de una deserción así.

Sólo hay dos respuestas posibles al Evangelio. ¿Muy bien? Sólo dos. Una es llegar a la fe salvadora. La otra es retroceder y desertar. Esas son las únicas dos respuestas. Si usted ha oído y entendido el Evangelio, o lo cree o lo rechaza. Si usted cree para salvación, usted sabe que Dios entonces le promete el cielo eterno. Si usted deserta y rechaza, entonces Dios promete que enfrentará al infierno eterno. Esas son las únicas dos respuestas.

En este capítulo 10 de Hebreos, el escritor de Hebreos ha estado hablando del Evangelio. De hecho, antes en el capítulo, está claro lo que ha estado diciendo. Él dice, por ejemplo, en el versículo 10: “que hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecho una vez para siempre”. Y ahí se enfoca en el Evangelio, la muerte de Cristo por el pecado.

En el versículo 12 él dice que Cristo “habiendo ofrecido una vez para siempre un sólo sacrificio por los pecados se ha sentado a la diestra de Dios”. En el versículo 14, él dice: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre perfectos a los santificados”. Entonces, varias veces, él ve la luz y la obra salvadora de Cristo llevada a cabo ahí. Esa es la esencia del Evangelio. Y el escritor está diciendo “es la obra de Cristo la que ha provisto para la salvación.” De hecho, en el versículo 18 él dice que a partir de la obra de Cristo viene el perdón de pecados. En el versículo 17 dice que Dios ya no se acordará de nuestros pecados cuando son cubiertos por la muerte de Cristo. Entonces, ha estado hablando del Evangelio y la obra salvadora de Cristo.

Pero los lectores de esta epístola a los hebreos caen en dos categorías. Están aquellos que creen para salvación y aquellos que rechazan para condenación. En ambos casos, ellos conocen el Evangelio. Lo entienden, lo comprenden. Esa es la razón por la que en el versículo 29, él dice que “han pisoteado al Hijo de Dios, han tenido por inmunda la sangre del pacto y han hecho afrenta al Espíritu de gracia.” ¿Por qué? Porque habían visto la obra del Espíritu, habían entendido la sangre derramada de Cristo y el pacto con la cual fue comprada y ellos entendieron quién era el Hijo de Dios.

Entonces, al conocer el Evangelio, tenían dos opciones: creer para salvación o rechazar para condenación. Pero lo que hace que esto sea tan importante es que cuando usted conoce el Evangelio y entiende quién es el Hijo de Dios y entiende cuál es el pacto de sangre y usted ha visto la obra del Espíritu Santo y lo rechaza, lo que ha sido reservado para usted es un castigo más severo. Más severo que lo que la gente del Antiguo Testamento enfrentó. La gente que vivió bajo la antigua economía no sufriría en el infierno, inclusive los incrédulos a los que me estoy refiriendo, inclusive los incrédulos del antiguo pacto no sufrirán en el infierno de la manera en la que los desertores que rechazaron el nuevo pacto sufrirán. Eso es lo que está diciendo. Es un castigo más severo.

Y entonces, tenemos que enfrentar el hecho de que conocer el Evangelio es la bendición más grande sobre la faz de la tierra y a lo largo de la eternidad. O es la maldición más severa. Y aquellos de ustedes que conocen el Evangelio, o están enfilados para la riqueza más profunda, o enfilados para la venganza más severa del Dios todopoderoso.

Ahora, veamos esas dos opciones. Habiendo dado el Evangelio a lo largo del versículo 18, la primera parte del capítulo, él entonces la aplica comenzando en el versículo 19 en adelante. Comenzando en el versículo 19, vemos la opción número uno de aceptar a Cristo. Él comienza: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo,” esto es, de su carne, “y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero…” Detengámonos ahí.

Esa es una invitación. Esa es una invitación. La invitación es acerquémonos. Ese es el verbo principal aquí. Esa es la idea. Acérquense. ¿Qué quiere decir con eso? Venga a Dios. Santiago 4: “Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros.” Eso es lo que él está diciendo. Acérquense a Dios. Vengan a Dios. Usted pregunta cómo se puede acercar a Dios. Y ciertamente, el judío va a decir esto “¿cómo puedo entrar a la presencia de Dios? ¿Cómo puedo acercarme a Dios? ¿Cómo puedo entrar a la presencia de Dios?”

Y entonces, en el versículo 19 él dice: “teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, porque a través de Su sacrificio Él ha abierto el camino y es este,” versículo 20: “por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo…” De tal manera que podemos entrar porque el velo es ahora Su carne y estamos en Él y es nuestro gran Sumo Sacerdote. Y Él nos mete, Él abrió el camino. Él hizo el camino. Él nos muestra el camino. Él es el camino. Él guía el camino. Y Dios ahora está disponible a nosotros. El camino está abierto.

Y entonces, el escritor dice: “debido a que el camino está abierto, el sacrificio por el pecado ha sido ya pagado, ya ha sido presentado, el lugar santo es accesible. La presencia de Dios está descubierta y él espera a que los pecadores vengan y Cristo, inclusive, lo va a llevar allí. Y, entonces, él dice “acerquémonos, ¿que están esperando?” Dios está ahí. Lo está esperando. El camino está preparado. Acérquense. ¿Podría usted subrayar esa pequeña frase de apertura en el versículo 22? Esa es una invitación a la salvación. Acerquémonos… Acerquémonos.

Pero note, si es tan amable, que el acercamiento tiene algunos elementos básicos. Y aquí, él define la naturaleza de una verdadera conversión. En primer lugar, “acerquémonos con corazón sincero”. ¿Sabe lo que eso significa? Un motivo puro … Un motivo puro. ¿Y cuál es el verdadero motivo para la salvación? ¿Qué es lo que de manera genuina y honesta motiva a una persona a venir a Dios a través de Cristo? Le voy a decir lo que: es el deseo de experimentar el perdón de pecados. Ese es el punto de motivación. Esa es la motivación primordial. Es el llevar la carga del pecado, la culpabilidad y sus consecuencias inevitables tanto en la vida y la eternidad.

Y entonces, podríamos decir que un corazón sincero emana de un sentido de pecaminosidad. Emana de la tierra del arrepentimiento y la confesión. Usted no viene con ningún otro motivo aquí. Usted viene sin superficialidad. La palabra alethinos significa genuino, real, sincero, honesto. Usted viene a Dios porque está en una necesidad desesperada de la salvación que Dios provee. Y usted está genuinamente preocupado por ello. Esa es la razón por la que la descripción del corazón en las bienaventuranzas que es tan buena. Usted viene con cierta bancarrota de espíritu, viene con cierta mansedumbre. Pero viene impulsado, motivado por un hambre y sed de ¿Qué? De justicia. Ese es el corazón sincero. Cansado del pecado, arrepentido y anhelando la salvación.

Segunda característica, él dice: usted viene en plena certidumbre de fe. Usted no sólo viene con una gran conciencia de su pecado, sino que viene con una confianza plena en el Evangelio como algo que es creíble. Usted viene afirmando sin duda alguna que el Evangelio es verdad. Es lo que Jeremías dijo en Jeremías 3:10, es venir con todo su corazón. O Jeremías 24:7, donde dice “con todo vuestro corazón” o Pablo en Efesios 6:5. “con sinceridad de corazón”. Usted está entregando todo a esto porque tiene cierta desesperación acerca de su pecado y porque usted cree plenamente en el Evangelio. Esta fe real, por cierto, es un regalo de Dios, no de obras.

Entonces, Dios el Espíritu produce en usted arrepentimiento. Esa es la obra del Espíritu, ¿no es cierto? ¿No es el Espíritu Santo quien convence al mundo de pecado? Juan 16:9. Sí. Es el Espíritu Santo, 2 Timoteo 2:25, quien le concede arrepentimiento. El Espíritu Santo convence, el Espíritu Santo concede arrepentimiento. Y entonces, todos esos factores, todas estas características, son elementos apropiados dentro de este acercamiento.

Y después, al acercarse, él menciona un par de cosas que suceden. Versículo 22: “Purificados los corazones de mala conciencia.” Esto es nuestro corazón literalmente es limpiado de una conciencia mala. Cuando usted verdaderamente se acerca con un arrepentimiento genuino y una fe plena, Dios entonces limpia su corazón de una conciencia mala.

Usted pregunta qué es la conciencia. La manera más simple en la que yo sé definir la conciencia simplemente es esta: es un sentido de responsabilidad moral. Es un sentido de responsabilidad moral que encaja con la Palabra de Dios. ¿Muy bien? Y la gente no regenerada no tiene un sentido apropiado de responsabilidad moral. Hablé con un hombre hace no mucho tiempo atrás, un joven, quien dijo que vivía en fornicación. Él vivía, en un sentido, para fornicar, esa era su vida. Y yo le dije si se sentía culpable por eso. Y el preguntó: “¿culpable? Nunca he pensado en esto. Ha sido una manera de vivir. Todos lo hacíamos, nunca me sentí culpable acerca de eso en particular.” El hombre no regenerado tiene una mala conciencia. En otras palabras, no tiene un sentido real de responsabilidad moral o su sentido de responsabilidad moral está alterado.

Una persona no regenerada tiene una conciencia alterada. Un sentido torcido de responsabilidad moral. Pero cuando una persona viene a Dios y se acerca, y tiene un motivo puro, arrepentimiento y tiene fe genuina, fe salvadora, la fe que es genuina, entonces Dios coloca en él una obra limpiadora y limpia ese sido malo de moralidad y lo reemplaza con un tipo de moralidad justa. Y un cristiano, entonces, puede funcionar por su conciencia. Debemos tener una conciencia limpia. ¿Puede confiar en su conciencia? Sí, si usted es cristiano, porque es un sentido dado por Dios de responsabilidad moral y va a encajar con la Palabra de Dios. Y un verdadero cristiano va a ver la moralidad por lo que realmente es.

Y después, también dice en el versículo 22, que nuestros cuerpos son lavados con agua pura. Ahora, todo esto es la obra de Dios. Cuando una persona se acerca, Dios le da un corazón arrepentido, sincero. Dios le da una fe genuina, sincera. Dios limpia la maldad interior. Limpia la conciencia mala y Él planta una conciencia buena que está sintonizada con el Espíritu de Dios.

Y después, Dios limpia lo de afuera con agua pura. ¿Qué significa eso? Bueno, este es un retrato hermoso. Era el retrato usado de una novia que se sometía a un baño ceremonial antes de su boda, siendo simbólico de su limpieza y de su pureza. Y lo que eso simplemente está diciendo es que Dios no sólo pone en nosotros un nuevo sentido de responsabilidad moral, sino que lo lava de toda la podredumbre, de toda la suciedad que ha acumulado mientras que estaba viviendo bajo su conciencia mala.

Entonces, realmente está hablando de lo que hace al crear en usted una nueva naturaleza Santa y lo que hace en términos de lavar la suciedad y la mancha de su pecado. Y después, vaya al versículo 23. Aquí hay un par de elementos adicionales en esta verdadera conversión: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió.” Acerquémonos. Y habiéndonos acercado y habiendo sido convertidos, mantengamos firme esa profesión. Ese es otro elemento.

La verdadera salvación se caracteriza por un corazón sincero, una fe plena, una limpieza interna, la limpieza de todo pecado y de perseverancia. Eso es lo que está diciendo el versículo 23. La persona que se acerca, se mantiene ahí y permanece firme. Este es el lado humano de la elección soberana. Dios lo escoge a usted y se asegura de que usted persevere. Del lado de Dios, estamos eternamente seguro porque Él nos asegura. Desde nuestro lado, estamos seguros porque perseveramos. Los verdaderos cristianos continúan en la fe, Juan 8. “Si perseveráis, si continúan en Mi Palabra, son un verdadero discípulo.” “Entonces,” él dice, “persevera, continúa bajo el Dios fiel que prometió guardarte.”

Y después, un elemento más. Versículos 24 y 25: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Aquí hay otro elemento. Conversión, un corazón sincero, una fe plena, un interior limpiado, los pecados todos lavados, una fe perseverante. Y escuche esto: un amor por la comunión. Un amor por la comunión. Cuando la verdadera conversión ocurre en el corazón, va a haber una congregación, va a haber una estimulación al amor y a las buenas obras y va a haber un aliento de unos a otros y más conforme se acerca y se acerca y se acerca el tiempo del acercamiento de Cristo.

Ahora, permítame resumirlo. El escritor dice que el camino está abierto. Él está rogando a estos judíos que leen esta carta, que conocen el Evangelio, pero no han venido a Cristo. Ellos simplemente han estado de pie ahí en la orilla y saben que es verdad. Y él está diciendo que el camino está abierto. El acceso a Dios está disponible. El velo ha sido quitado y hay un nuevo camino, vivo, acérquense, dice él. Acérquense, salgan a partir de una convicción genuina, arrepentimiento genuino, fe genuina y sean lavados por dentro y por fuera, para que puedan perseverar y puedan entrar a la compañía de Dios en comunión. Eso es lo correcto.

Y entonces, le digo lo que el escritor de Hebreos dice: si usted ha conocido el Evangelio, ha oído el Evangelio, ha entendido el Evangelio, es posible que inclusive usted afirme que es verdad y que externamente de se haya identificado con la Iglesia y en cierta manera, esté alineado con lo que está pasando. Pero existe algo que lo está conteniendo a usted de venir a Cristo y debería venir en convicción sincera y arrepentimiento, venir con una fe genuina, plena. Y le quiero decir lo que dijo el escritor. Por favor, acérquese. Por favor, acérquese. Y le ruego a usted, debido al versículo 29, porque el castigo más severo que será conocido en el infierno, será conocido por aquellos que conocieron la Verdad y la rechazaron.

Ahora, vayamos al versículo 26 y veamos la otra opción: rechazar a Cristo. Esto es trágico. Y aquí encontramos la situación de personas que han oído el Evangelio, que han estado cara a cara con las declaraciones de Cristo, pudieron haber estado asociados con la Iglesia, pero desertaron. Sus corazones pudieron haber sido calentados, por así decirlo, por el Evangelio de Cristo. Pudieron inclusive haber hecho compromiso superficial. Pudieron hasta haberse unido a la Iglesia. Pudieron haberse identificado con el cuerpo visible, pero no eran sinceros. No tenían un motivo puro, un arrepentimiento genuino, una fe verdadera. Ellos no fueron limpiados de adentro y de afuera. No perseveran. Y se apartan aún de la comunión. Y quiero que entienda lo serio que es esto. Esto es muy serio.

Permítame detenerme en este punto antes de que veamos el texto brevemente y decirle que hay algunas cosas que alejan a la gente. Permítame darle una pequeña lista. ¿Qué es lo que hace que la gente deserte? ¿Qué es lo que lleva a la gente a desertar? ¿Qué presión está sobre la gente que conoce la Verdad que los hace darle la espalda sin creer? Número uno, la persecución. Es una posibilidad muy real que cuando hay un alto precio que pagar por nombrar el nombre de Cristo, algunas personas van a desertar. No están dispuestas a pagar el precio.

Y cuando piensan en el hecho de que Jesús dijo que “algunas personas los van a matar y van a ser odiados por todas las naciones por causa de Mi Nombre, dicen eso no es por mí. Y esa es la razón por la que en Mateo 24 Jesús dijo que en ese entonces muchos van a apartarse. La gente se aparta porque no quiere pagar el precio de la persecución. El costo es demasiado alto. Dicen es verdad, pero no estoy dispuesto a hacer el sacrificio.

Lo segundo que lleva a la gente a la apostasía, lo que los empuja a desertar, es la falsa enseñanza. La falsa enseñanza. ¿Se acuerda de lo que sucede en 2 Timoteo 4? Timoteo dice que vendrán tiempos cuando van a dejar de tolerar la sana doctrina. ¿Por qué? ¿Por qué van a volverse contra la sana doctrina? Porque, esta es la razón, porque vendrán maestros que van a apartar sus oídos de la verdad y los apartarán a las fábulas.

Tantas veces usted lo ha visto. Una persona afirma el Evangelio. Y están simplemente siendo guiadas y alguna secta, el ocultismo, algún maestro, lo que sea, entra a su vida y comienza a jalarlos, a confundirlos. Esa es otra cosa que los lleva a la deserción. Así como vimos en Deuteronomio, cuando alguien viene y les habla de otra deidad que pueden adorar y siguen a esa deidad.

En tercer lugar, la tentación. La tentación. De hecho, podemos llamarla el amor al pecado. Comienzan a llegar al arrepentimiento genuino, comienzan a llegar a la confesión genuina de pecado, comienzan a sentir un anhelo por ser limpiados y después, viene el corazón de la tentación y esos pecados que ellos aman tanto; y entonces, dice Jesús en Lucas 8:13 que creen por un tiempo y en el tiempo de la prueba, se apartan. Ellos deciden que su amor de las tinieblas es más importante. Deciden amar las tinieblas del lugar de ¿que? En lugar de la luz.

Número cuatro es la mundanalidad… Mundanalidad. Jesús en la parábola de la tierra dice que parece como que creen, pero la preocupación de esta época, las preocupaciones, los afanes de esta época… están en el mundo. Segunda de Timoteo 4:10: “Demas me ha dejado habiendo amado este mundo.” Mundanalidad.

En quinto lugar, no sólo la persecución, la enseñanza falsa, la tentación, la mundanalidad causan que la gente deserte sino, en quinto lugar, también el descuido. Simplemente, el descuido. Hebreos 2:3, ¿cómo escaparemos si descuidamos tan grande salvación? Nos ha sido confirmado, él dice y simplemente, la descuidamos. En Hebreos 3:12 tenemos otra causa de deserción. Hebreos 3:12 dice: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”; y en el siguiente versículo, él dice

“ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” Es un corazón endurecido. Persecución, falsa enseñanza, tentación, mundanalidad, descuido y también incredulidad endurecida. Usted simplemente se endurece. Y si usted se sienta bajo el mensaje, y se sienta bajo el mensaje, y se sienta, y se sienta, y se sienta y nunca responde, usted se va a endurecer más, y más, y más y más.

Otra cosa que mantiene a la gente alejada de venir a Cristo y los hace desertar es la religión. ¿Cuantas personas conoce usted que han crecido en alguna religión, se le han presentado las declaraciones de Cristo y lo que evita que ellos vengan a Cristo es que están ahí atorados, inmersos en las tradiciones de su religión antigua y no pueden salir de ahí y no se quieren salir de ahí? Ahora, esos son el tipo de cosas que juegan un papel en la vida de una persona y los mantienen alejados de venir a la fe en Cristo.

Ahora, veamos el versículo 26. Y aquí tenemos una definición de esta apostasía de desertores. “Porque si pecáremos voluntariamente,” y, por cierto, observe ahí que esa es la caracterización, el carácter, el estilo de vida de una persona no regenerada. Una persona no regenerada se caracteriza por ser una persona que continuamente permanece en un patrón no quebrantado de pecado continuo deliberado. ¿Muy bien? Usted pregunta cuál es la diferencia entre eso y un cristiano. Un cristiano no tiene un pecado no quebrantado de pecado. Pecamos, pero el patrón es roto con la justicia. Y pecamos, pero no es la expresión de la voluntad más profunda de nuestro corazón, ¿verdad? Pero el no regenerado continúa en un patrón de pecado deliberadamente, voluntariamente.

Entonces, la primera característica del apóstata, del desertor es pecado deliberado. No ha roto el patrón del pecado. Simplemente, continua voluntariamente. Y aquí, usted sabe, la idea aquí es que ha oído el Evangelio, sabe que el camino está abierto. Ven el acceso a través de la sangre de Cristo. Reconocen el lugar santo, la presencia de Dios está disponible, pueden entrar, pero en lugar de eso, se dan la vuelta y regresan al patrón del pecado.

El segundo elemento con el que sigue lo encontramos en el versículo 26: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad,”

y ahí está, la característica que estamos viendo aquí es alguien que tiene conocimiento de la Verdad, le da la espalda y se aparta. Esas son las dos características. Muy simple. Conocen la Verdad, la rechazan por un patrón continuo de pecado. La Verdad aquí, por cierto, se refiere al Evangelio, la verdad del nuevo pacto, la verdad salvadora.

Ahora, ¿qué tanto se pueden acercar esas personas? Quiero decirle que se pueden acercar mucho. Se pueden acercar mucho. Estos desertores se pueden acercar tanto que usted no lo puede distinguir. ¿Y quiere saber algo? Pueden acercarse tanto que el mundo no los puede distinguir. ¿Sabe que hay algunos cristianos siendo perseguidos como si fueran cristianos por lo cerca que estaban? Externamente, se identifican con la Iglesia, se ven como cristianos y cuando alguien va tras de la Iglesia, van tras ellos porque no pueden distinguirlos. Y eso fue entonces también una realidad en esa época. Y quiero mostrarle algo muy interesante.

Pase al versículo 32. Versículo 32. Ahora, escribiéndole a estas personas que están ahí en la orilla, no han venido a Cristo, están en peligro de deserción espiritual, y en peligro del castigo más severo que el infierno puede darles, pero el versículo 32: “Pero traed a la memoria los días pasados.” Él dice ahora vean hacia atrás, “en los cuales, después de haber sido iluminados, ¿qué significa eso? ¿Qué significa ser iluminado? Significa entender en su mente, ¿verdad? Y no dice convertido, dice iluminado. “Después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos.”

¿Sabe una cosa? Estas personas no eran creyentes, pero conocieron el Evangelio en su mente y externamente se identificaron con la Iglesia tanto que sufrieron la persecución de la Iglesia sufrió. Algo torpe realmente, ser penalizado por ser cristiano si usted no es un cristiano, ¿verdad?

Y después, él dice en el versículo 33: “por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.” Simplemente, porque usted se identificó con cristianos, usted recibió lo que ellos recibieron. Recibieron el calor, la persecución, la tribulación, el problema que ellos recibieron.

Además, él dice en el versículo 34, que ellos mostraron algo de ministerio: “Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo.” Así de cerca estuvieron. Se acercan tanto, se ven tan parecidos a cristianos porque hacen las cosas compasivas que los cristianos hacen. Y se ven tan parecidos a cristianos a los ojos del mundo, que el mundo los persigue junto con el resto de los cristianos. Así de cerca están, pero retroceden.

Versículo 39 dice: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición,” se acercan tanto pero no lo suficiente y retroceden. Y no es debido a debilidad. No retroceden por debilidad y no retroceden por ignorancia, retroceden voluntariamente, de regreso al versículo 26. Voluntariamente, de su propia voluntad. Es primer grado. Es planeado, premeditado, una deserción planeada. Algunas personas se quedan cortas de la salvación por ignorancia, algunas se quedan cortas de la salvación por debilidad. Pero estos no. Es voluntario, es voluntario, planeado, es meditado.

Entonces, aquí usted tiene dos opciones. Si usted opta por la opción dos en la que usted entiende quizás y externamente se identifica por un tiempo al grado que la Iglesia y el mundo piensan que usted pertenece y llegan a un punto de llevarlo a usted y llega hasta a visitar a prisioneros y el mundo lo persigue cuando persigue a los verdaderos cristianos, si usted está así de cerca y se ve así de real y si usted deserta, quiero que sepa algo: los resultados son aterradores. Aterradores.

Y quiero mostrarle los resultados, versículo 26, al final del versículo, dos resultados. Resultado número uno: “ya no queda más sacrificio por los pecados.” Ahora escuche esto. Hubo sacrificios, y sacrificios, y sacrificios por millones en el Antiguo Testamento. Y si usted perdía uno, siempre podía retomar otro. Pero cuando Jesús murió, hubo un sacrificio. Y si usted rechaza el sacrificio, la ofensa ofrenda sacrificial de Jesucristo mediante la cual Él abrió el camino a Dios, no hay otra provisión para su pecado.

¿Qué significa eso? Significa que no tiene otra esperanza. No hay otro sacrificio, absolutamente ningún otro. Sólo hubo uno. Y si usted rechaza a Cristo no hay salvación en ningún otro nombre, ¿verdad? Hecho 4:12. En ningún otro nombre. No hay otro sacrificio, absolutamente ninguno. Esa es una palabra profunda. Como usted puede ver, esa es la razón por la que Hebreos 6 dice que si usted conoce todas estas cosas y las rechaza es imposible que usted sea renovado para arrepentimiento. ¿Por qué? Porque ha rechazado la única ofrenda, eso es lo que él dijo ahí atrás en el versículo 12. Él tuvo un sacrificio por los pecados y después de lo que Cristo hizo, Él ¿qué? Se sentó. ¿Por qué se sentó? Porque la obra estaba terminada. Si usted rechaza a Cristo, no hay sacrificio para sus pecados, morirá en sus pecados. Y entonces, no hay esperanza para usted. No hay sacrificio. Sólo hay una manera.

Segundo resultado es juicio. Versículo 27: “sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.” No hay sacrificio, pero hay juicio. Observe la palabra adversario. ¿No es triste pensar en eso? Estas eran personas que entendieron el Evangelio, entendieron al Hijo de Dios, quién era, entendieron la sangre del pacto, lo que era. Entendieron la obra del Espíritu Santo. Ellos habían visto las obras, las señales y las obras del Espíritu de Dios. Estas son personas que externamente se identificaron con la Iglesia hasta el punto en el que pudieron haber sido perseguido por un lado y pudieron haber sido aceptados en la comunión para mostrar obras de misericordia a los prisioneros. Así de cerca estaban. Se veían como que pertenecían y la realidad es que aquellos que más parecían ser amigos, terminaron siendo adversarios de Dios. Él los llama Sus enemigos, Sus adversarios. Increíble.

Permítame hacerle una pregunta. ¿Quién de todas las personas que jamás vivió en la historia de la humanidad fue el que más se acercó a Cristo y desertó? ¿Quién? Judas. Y el infierno va a estar en su temperatura más alta para Judas Iscariote. Porque cuanto más cerca usted está, mayor es el nivel de responsabilidad y severo es el castigo. Entonces, él dice “ustedes están esperando una expectativa aterradora de juicio, una furia, un fuego que consumirá a los adversarios.” Ese fuego es descrito en 2 Tesalonicenses 1 como una llama de fuego cuando Jesús regrese, dando retribución a aquellos que no conocen a Dios y no obedecen el Evangelio de nuestro Señor Jesús.

Entonces, el resultado ya no hay más sacrificio, solo juicio. Solo juicio. Y eso nos trae al texto en el que comenzamos, versículos 28 y 29. “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”

Entonces, Dios va a tratar con usted de una manera más fuerte de la que jamás trató con alguien en el Antiguo Testamento. Ninguno de los incrédulos del Antiguo Testamento, ninguno de aquellos que murió sin Dios en el Antiguo Testamento experimentará el grado de castigo que experimentarán aquellos que han rechazado el conocimiento de Cristo. Por cierto, hay grados de castigo. Puede volver a leer Lucas 12:47 y 48, en donde Jesús habla de ciertos esclavos que recibieron menos azotes y otros azotes que recibieron muchos azotes. Si usted ha ido favorecido con el conocimiento del Evangelio, si ha sido iluminado por el Espíritu Santo, si ha estado cerca de las verdades del nuevo pacto, si ha estado cerca de la Iglesia y en medio, en algún punto de ese proceso no creyó, le dio la espalda, despreció Su Señorío, negó Su autoridad, quebrantó Su mandato, caminó con Sus enemigos y continuó en un pecado no quebrantado voluntario, entonces, le ha dado un beso a Jesús como el que Judas le dio y usted recibirá lo que Judas recibió, quien se fue a su propio lugar… El lugar al que Dios envía a aquellos que rechazan a Su Hijo, aunque fingen tener afecto hacia Él.

Ahora, alguien dice “bueno, espera un momento, pensé que ésta era la época de la gracia. ¿Qué, Dios no va a ser amable con la gente ahora más de lo que fue bajo nuevo pacto?” No, Él pasa por alto algunas cosas en el antiguo pacto. “Pero,” usted dice, “espera un momento, grupos de entera de personas fueron aplastados. Espera un momento. Murió gente, se abrió el suelo y tragó a gente viva al Seol.” Sí, Dios trajo esa muerte traumática tan seria y en el Nuevo Testamento, los desertores espirituales y los apóstatas, quizás Dios no los mate en acto de muerte física, pero los castigará de una manera más severa en actos de castigo espiritual. Esa es la diferencia. Mientras que la muerte físicamente de aquellos en el Antiguo Testamento, en la época del Antiguo Testamento, pudo haber sido más traumática, su experiencia en el infierno no será tan severa como la de aquellos en el nuevo pacto.

¿Y por qué un castigo tan severo? Versículo 29: “porque pisotearon al Hijo de Dios.” El Hijo de Dios habla de Cristo en Su exaltación. Dios lo ha exaltado, le ha dado un nombre que es por sobre todo nombre, por cierto, es el nombre Señor y Él ha mandado que toda persona doble la rodilla. Él dice: “Este es Mi Hijo amado en quien tengo complacencia. Escúchelo.” Él dijo: “a Él oíd.” Él nos llama a aceptar a Su Hijo, reconocer a Su Hijo, creer a Su Hijo; y si usted simplemente le da la espalda, lo pisa en términos de menosprecio y lo considera como indigno e inútil y no digno de ser considerado, ni siquiera digno de ser levantado, entonces usted ha menospreciado al objeto más digno y ha hecho que sea llamado indigno. Usted ha hecho exactamente lo opuesto de lo que Dios demandó y, por lo tanto, usted ha manifestado el rechazo más severo y experimentará el castigo más severo. Usted, en un sentido ha hecho lo que Mateo 7:6 dice, “simplemente como cerdo, ha pisado la perla.” Eso es algo horrible. Es un pecado contra Dios quien nos dio a Su Hijo.

En segundo lugar, él dice: “tuviere por inmunda la sangre del pacto.” El Cordero perfecto, sin mancha de Dios, quien derramó Su sangre perfecta en la cruz como ofrenda y expiación por el pecado, usted literalmente lo ha considerado inmundo, lo ha tratado como si no fuera nada, lo ha considerado como si fuera algo inmundo, no es Santo, no es sagrado, no es significativo. Y al hacer eso, usted ha menospreciado al Hijo. Primero, usted desprecia al Padre al dictar a Su Hijo. En segundo lugar, usted desprecia al Hijo al considerar como inmunda Su sangre.

En tercer lugar, versículo 29 dice: “e hiciere afrenta al Espíritu de gracia.” Y entonces, usted ha pisado a la Trinidad cuando usted rechaza al Evangelio. El Espíritu, el Espíritu es el que hizo la verdad comprensible. El Espíritu es el que iluminó la mente, el Espíritu es el que a través de dones espirituales permitió que el Evangelio fuera predicado con poder y eficacia. Y entonces, ha insultado al Espíritu. Usted ha pisado al Padre, ha pisado al Hijo y ha pisado al Espíritu. Como resultado, usted enfrentará un castigo más severo.

Y entonces, el versículo 30 dice: “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza.” Lo dijo en Deuteronomio 32:35: “Mía es la venganza, Yo daré el pago.” Y de nuevo dijo en Deuteronomio 32:36: “el Señor juzgará a Su pueblo.” Y después, esto: “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.”

Entonces, yo le digo a usted: mucho cuidado. Escuche la advertencia, escuche la advertencia. Porque si usted conoce la Verdad y está alejándose de ella, usted está en peligro de caer en las manos del Dios vivo, quien traerá el castigo más severo. El salmista clamó: “ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte.”

Es un pasaje trágico, ¿no es cierto? Debe ser predicado. Aunque hemos considerado que aquellos que somos salvados somos salvos porque somos elegidos por Dios, aunque sabemos que somos elegidos, eso de ninguna manera minimiza la necesidad absoluta de clamar a gente que se acerca y advertirles que, si no lo hacen, ellos entrarán a un castigo más severo por su incredulidad.

Entonces, nos vemos obligados, ¿no es cierto?, a ser fieles. Tengo dos mensajes esta mañana. Acérquese si usted no es salvo; y si usted es salvo, agradézcale a Dios que Él lo acercó a usted y asegúrese de que si conoce a alguien en su vida y no está seguro de que han venido con un corazón sincero y una fe plena y se le ha dado un sentido verdadero de responsabilidad moral piadosa y sus pecados han sido lavados y no están perseverando en la fe y son parte de la comunión, si no está seguro de que son salvos, entonces lléveles este mensaje a ellos. Inclinémonos en oración.

Quiero que se quede ahí en donde está, simplemente permanezca sentado conforme terminamos. La seriedad de este mensaje es obvia. Es inequívoco. Y es, dicho de una manera suave, aterrador. Si usted conoce al Señor Jesucristo, agradézcale por Su gracia. Si usted conoce al Señor Jesucristo, pídale quizás que le muestre a alguien en su vida que quizás esté en la orilla del castigo más severo que el infierno jamás conocerá y pídale que le muestre a usted esa persona y le dé una oportunidad de hablarle.

Si usted no conoce a Cristo, si usted está ahí de pie en la orilla y debido al temor de la persecución, debido a la mundanalidad, debido al amor al pecado, debido a la religión falsa, la enseñanza falsa, lo que sea que lo esté jalando a usted, ruéguele al Espíritu de Dios que lo salve. En su corazón, simplemente clame: “¡Oh Dios, sálvame! Te entregó mi vida.” Venga en arrepentimiento a Dios, aceptando, reconociendo la obra de Cristo por usted. Venga con un corazón sincero y una fe plena, pídale al Espíritu de Dios que lleve a cabo esta obra en su vida.

Padre, lleva a cabo Tu obra en los corazones de todos nosotros, una obra de gratitud y alabanza y una obra de responsabilidad por proclamar esta verdad a otros en los corazones de aquellos que son Tuyos y una obra de salvación en los corazones de otros. Que no haya nadie que deserte, sino que sean acercados y reciban los dones, los regalos de Tu gracia en el nombre de Jesús. Amén.

 

 

 

 

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