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Es nuestro gran privilegio ahora, abrir la Palabra de Dios para oír al Señor hablándonos. Quiero que abra su Biblia en un texto que quizás a nivel superficial pueda relacionarse con la Navidad, pero, se relaciona. Juan capítulo 8, Juan capítulo 8. Y quiero leerle un relato fascinante de Jesús y los líderes religiosos. En Juan capítulo 8, comenzando en el versículo 51. Jesús dijo:

“De cierto, de cierto os digo que el que guarda mi palabra nunca verá muerte. Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? !!Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero lo conozco y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo.”

Cuando usted piensa en la Navidad, usted piensa en un bebé que nació; cuando usted piensa en el nacimiento de un bebé, usted piensa en un principio. El bebé que nació en Belén fue un principio, el principio del Dios encarnado en carne humana, el Dios hombre, Jesucristo. Pero aquí sea tan amable en observar, que Jesucristo mismo, quien nació en Belén dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Es verdad que Jesucristo nación en Belén, pero también es verdad que el Hijo de Dios, la persona, el Cristo, el Señor que vino al mundo en forma humana, no comenzó en Belén. Si hubo un nacimiento, y un comienzo del Dios hombre, pero el segundo miembro de la Trinidad existía antes de Belén. Él simplemente adoptó forma humana.

Y entonces, conforme usted ve Belén y piensa en un comienzo, usted también tiene que darse cuenta de que mientras que fue el comienzo de una vida, la vida que comenzó fue la vida de uno que no tuvo comienzo. Jesús presenta eso de manera abundantemente clara, en una de las afirmaciones más contundentes que Él jamás hizo, “antes que Abraham fuese, yo soy”. Cuando Jesús dijo que Abraham vio su día, y estuvo gozoso, en el versículo 56, los judíos estaban en un shock absoluto. ¿Qué quieres decir con que Abraham te vio? Ellos sabían que Abraham no podía ver el futuro, y entonces ellos concluyeron de manera apropiada que, si Abraham te vio a ti, no es porque él está vivo ahora, es porque tú estás diciendo que debiste haber estado vivo en ese entonces. Si Abraham te vio, tú debiste haberlo visto.

Ése shock registra su respuesta en el versículo 57, “Tú ni siquiera tienes cincuenta años de edad, ¿cómo que has visto a Abraham? El número 50 es un número redondeado, al cual se refiere de manera común a alguien que ha alcanzado la madurez o una cierta edad. “Tú ni siquiera eres un hombre mayor, tú ni siquiera eres maduro, físicamente, ¿cómo es que tú quieras hacernos creer que tú viste a Abraham, que ha estado muerto por milenios? Y la afirmación de respuesta del Señor es monumental, “De cierto, de cierto os digo, antes de que Abraham fuese, yo soy.” ¡Qué afirmación!

Si fuéramos a traducir el griego literalmente, en el versículo 58, se leería así: “De cierto, de cierto os digo, antes de que Abraham volviera, o se volviera”, lo que significa es que hubo un punto definido en el tiempo cuando Abraham comenzó, un punto en la historia pasada cuando el hombre que no existía llego a existir. Jesús dice, antes de eso, yo soy. Ése es el presente eterno que indica que no hay comienzo. Volverse es pasar de la nada, y la no existencia a la existencia, pero yo soy denota un modo de existencia que no está ligado a una transición como esa. Es una afirmación acerca de eternalidad, es una afirmación acerca de vida eterna, no hay comienzo, no hay fin.

Y entonces, Jesús se atribuye a sí mismo existencia eterna en el sentido absolutamente divino. E inclusive la palabra antes es simbólica, es una concesión para la comprensión humana del tiempo, porque en la vida de Dios no hay antes y no hay después. Jesús dice, “Entonces, Yo soy el eterno que está existiendo, que existió eternamente, mientras que Abraham en un punto del tiempo comenzó.” Y de esta manera Jesús está afirmando ser el Dios eterno. Salmo 90, versículo 2 dice, “Antes que naciesen los montes o formases la tierra o el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, Tú eres Dios.” Tú eres Dios, no Tú eras, no, serás. Tú eres el presente eterno. Francamente, en base a las leyes de la gramática, eso refleja una afirmación imposible a menos que el que habla es Dios. Y de hecho lo es.

Y yo creo que de todas las afirmaciones majestuosas y asombrosas que Jesús hizo en el Nuevo Testamento, ninguna otra tiene una solemnidad más elevada que ésta, ésta frase, “antes de que Abraham fuese, Yo soy”, alberga dentro de ella, la afirmación más auténtica, más audaz, y más profunda que Jesús jamás hizo acerca de su ser. Y los judíos lo entendieron, ellos supieron exactamente lo que Él estaba diciendo. Ellos supieron que Él estaba diciendo ser el Eterno, el Atemporal, el Dios quien es desde la eternidad hasta la eternidad. Ellos sabían, por lo tanto, que debían caer sobre sus rostros inmediatamente y adorarlo como el Creador Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios eterno de otra manera apedrearían una afirmación como ésa, debido a su blasfemia. 

Y entonces, tomaron su decisión en el versículo 59, y recogieron piedras para apedrearlo. Cualquier hombre, quien se presentara en la personificación de una afirmación como esa, diciendo de manera blasfema ser el Dios eterno, en el templo haciendo una afirmación como esa, debía ser aplastado bajo las piedras, y entonces intentaron hacerlo y Él escapó. El templo en este tiempo estaba bajo construcción, habrían habido suficientes piedras que recoger. Jesús los dejó. No hay dudas de lo que Él estaba diciendo, Él estaba diciendo ser el Dios eterno. Pero cuando Él dijo, “Antes de que Abraham fuese, Yo soy”, en esa pequeña frase de dos palabras, Yo Soy, Jesús abrió un entendimiento vasto para nosotros, acerca de quién es Él.

Las palabras griegas conocidas, son ego eimi, palabras conocidas. Realmente son el equivalente griego de un nombre del Antiguo Testamento para Dios, que llamamos, Yahweh, es llamado el tetragramaton, constituido por cuatro letras. Es el nombre de Dios en el Antiguo Testamento, usado 6,800 veces. Creo que viene del verbo hebreo ‘ser’, y es la manera del Antiguo Testamento de decir “yo soy”. Los judíos sabían que el nombre de Dios era Yo soy. Cuando Jesús dijo Yo soy, ellos sabían que Él estaba diciendo ser Dios. Para entender la grandeza y lo vasto que es éste nombre, necesitamos regresar al Antiguo Testamento.

Entonces, regrese en su Biblia a Éxodo capítulo 3, y creo que usted va a ser inmensamente enriquecido conforme usted entiende la plenitud de éste nombre. En Éxodo capítulo 3, quiero llevarlo al versículo 13. Dios se ha manifestado así mismo a Moisés, de una manera sorprendente, asombrosa, en una zarza ardiente. Y Dios ha comisionado a Moisés a guiar a unos dos millones de judíos para sacarlos de Egipto a la tierra prometida. En el versículo 13 Moisés le habla a Dios, “He aquí yo voy a los hijos de Israel, y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.” Ahora, ellos me dirán, ¿cuál es su nombre? ¿qué les diré?”

Habían muchos dioses falsos, todos tenían nombres, Moisés dijo, “Ahora, cuando yo vaya a ellos, y les diga, Yo vengo por parte del Dios de vuestros padres, y Dios me ha enviado para sacarlos, y ellos me digan, “bueno, ¿Qué dios? ¿cuál es su nombre? ¿Qué les digo? Versículo 14: Dios dijo a Moisés, “Yo Soy el que Soy”. Él dijo, “Así diréis a los hijos de Israel, “Yo Soy me ha enviado a vosotros.” Yo Soy, ese es Su nombre.

Ahora, ¿qué está encerrado en ese nombre? Bueno, ciertamente, existencia eterna. El que siempre vive, Él que está presente en el sentido continuo, eterno. Dios no tiene antes, no después, no tiene un pasado, ni un futuro. Una existencia eterna, eso está encerrado en Yo Soy. Pero eso no es todo, y creo que la mayoría de la gente se detiene en ese punto. Eso no es todo. Regrese al versículo 11 por un momento. “Moisés le dijo a Dios, ¿quién soy yo, para que yo vaya a Faraón y que yo saque a los hijos de Israel de Egipto?” Lo que él realmente está diciendo es, “Señor, tú estás sobreestimando mi capacidad de liderazgo, ¿quién soy yo para hacer eso?

Versículo 12, “Y Él dijo: ‘Ciertamente yo estaré contigo’ y ésta será la señal para ti de que yo soy quién te ha enviado.” Ahora, aprendemos una segunda cosa acerca de “Yo Soy”, Yo Soy es el eterno, quién está presente con Su pueblo. Yo Soy, no en el sentido distante, Yo Soy en un sentido cercano. ¿Qué me importa si Dios es el presente eterno, si Él no está presente conmigo? Dios dice, “Yo soy el Yo soy” Yo soy el que vive eternamente, quién está presente con su pueblo. Yo estaré contigo. Presente con Su pueblo.

Vaya al versículo 17, “Entonces dije, “Te sacaré de la aflicción de Egipto, a la tierra de los cananeos, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del leveo, del jebuceo, a una tierra que fluye leche y miel.” Aquí está un tercer elemento en el nombre Yo soy, y Él dice, Yo te voy a sacar de la aflicción de Egipto, Yo no solo soy el que siempre está presente, Yo no soy el que siempre está presente, que está cerca a Su pueblo, Yo Soy el que siempre está presente, que está cerca de Su pueblo, que los libra, quién los redime. Y ahora, la riqueza de Su nombre comienza a volverse visible. Él está presente, permanentemente. Él no solo está presente en el sentido vasto, sino que Él está cercano a SU pueblo, y Él está cercano con un deseo en particular por redimirlos y liberarlos. Esto es grandemente enriquecidos.

Si usted pasa al capítulo 6, en una de las conversaciones más sorprendentes. Dios y Moisés todavía están hablando, conforme Moisés trata de entender que es lo que el nombre de Dios significa de manera plena, y Dios en el versículo 2 le dice a Moisés, “Yo soy Jehová”. Sea tan amable en observar la palabra Jehová. Si usted tiene una de las traducciones más nuevas debería estar en mayúsculas, así es como los traductores han traducido la palabra Yahweh, Yo Soy. Si usted ve Señor con una ‘S’ mayúscula en ciertas versiones, y palabras pequeñas, Señor, es adonai, la palabra para amo. Si es Yo Soy, en algunas traducciones, todas son letras mayúsculas. Dios de nuevo le dice a Moisés, Yo Soy el que Soy, Yo Soy el eterno quién está cercano a Su pueblo con un propósito de redimirlos.

Y después en el versículo 3, lo más sorprendente, “Y aparecí a Abraham, Isaac, y Jacob, como Dios Todopoderoso.” Deténgase ahí. Él dice, “Abraham me conoce, Isaac me conoce, Jacob me conoce, porque yo me aparecí a ellos, pero me aparecí a ellos como Dios Todopoderoso. Ése es El-Shadai. Dios el Todopoderoso. Me aparecí a ellos en fortaleza, me aparecí a ellos en poder, me aparecí a ellos en fuerza, pero, de regreso al versículo 3, “Pero, por mi nombre, Jehová”, el cual es Yo Soy, por mi nombre Yo Soy, “no me di a conocer a ellos.” No es eso interesante. Ellos me conocieron como El-Shadai, ellos me conocieron como El Todopoderoso, ellos me conocieron como poderoso, no me conocieron como Yo Soy.

“Bueno”, dice usted, “ahora, espera un minuto. ¿estás diciendo que el tetragramaton Yahweh no aparece en Génesis?” No. Aparece cien veces, pero no está definido de manera completa. Si ellos sabían que era el Dios eterno, si ellos sabían que Él estaba cercano, y se acercaron a Él, y Él se acercó a ellos, pero lo que ellos no conocieron fue a Dios el Redentor. Ellos no supieron que Dios era el Rescatador de Su pueblo. Dios se había revelado a sí mismo a los patriarcas en un control sobrenatural sobre la naturaleza, un control sobrenatural sobre la historia, un control sobrenatural sobre la gente, un control sobrenatural sobre los acontecimientos. Vieron a Dios como El-Shadai y el Poderoso, pero ellos nunca realmente lo conocieron como el Dios Salvador del pacto. La calidad, la calidad rica, plena de Su nombre Yo Soy, ahora iba a ser revelada por primera vez en su plenitud.

¿En qué sentido? Versículo 4, “También establecí mi pacto con ellos para darles la tierra de Canaán, la tierra en la que ellos vivieron como peregrinos, y además he oído el gemido de los hijos de Israel, porque los egipcios los están esclavizando, y me he acordado de mi pacto, esa es la promesa de darles la tierra. Dile por tanto a los hijos de Israel, Yo Soy Jehová, Yo Soy el que Soy, y Yo os sacaré de las cargas de los egipcios, y los libraré de su esclavitud. Y también aquí está la palabra clave, “los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios.” Dios nunca antes había hecho algo como esto. Ahora, no solo van a saber que Yo Soy el eterno, que Yo soy eternamente poderoso, que yo estoy eternamente cercano a Mi pueblo, sino que ahora están a punto de ver mi gran brazo fuerte de redención.

Versículo 7, “Entonces, os tomaré por mi pueblo, y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Yo Soy, que Yo Soy vuestro Dios que os sacó bajo la esclavitud de los egipcios, y Yo los llevaré a la tierra que juré darle a Abraham, Isaac y Jacob, y os la daré a vosotros como posesión. Yo Soy el que Soy.” Y cómo usted puede ver Dios está definiendo lo que significa. ¿Quién es el Yo Soy? El Eterno, el Eterno que se acerca a Su pueblo, el Eterno que lo redime y después, según el versículo 7, que los toma para que sean su propio pueblo, se vuelve su Dios, versículo 8, hace todo eso para que Él pueda derramar bendición sobre ellos. Ése es el Dios Redentor, Salvador.

Entonces, cuando usted oye a Dios llamado el Yo Soy, usted no solo está hablando de su eternalidad, usted no solo está hablando del hecho de que Él es eterno, de que Él está existiendo de manera eterna, mucho más que eso. Él siempre está cercano para redimir, Él siempre está cercano para redimir, para formar un pueblo, y para ser su Dios para bendición de ellos. Él es el Yo Soy, el Salvador, el Libertador, el Redentor, esa es la esencia de Su nombre porque esa es Su persona. Dios no solo es un ser eterno, es un ser eterno que se acerca a los hombres porque Él los ama. Él no solo los acerca, Él los redime. No solo los redime, sino que los hace Su propio pueblo y Él Su Dios. Y después derrama bendición interminable sobre ellos, ese es Dios. Y cuando usted dice, Yo Soy, todo eso está resumido en ese gran nombre.

Éxodo capítulo 6, entonces, es un texto monumental en la definición de la identidad misma de Dios, es un nombre de salvación, Dios es un Dios que ha venido a redimir a Su pueblo, quien ha venido para hacernos de Él y para darles una nueva calidad de vida para siempre. El plan salvador entero de Dios está encerrado en el nombre Yo Soy, la redención entera que Dios ha desarrollado desde el principio hasta ahora, está encerrada en el nombre Yo Soy. Entonces, cuando Jesús viene al mundo como el Salvador, Él debe entonces ser el Yo Soy, el Salvador, Yo Soy el Dios trascendente, eterno, Él estaba diciendo. Yo Soy el Dios eterno trascendente que ha venido a rescatar a Su pueblo de la esclavitud al pecado, y para llevarlos a una relación eterna consigo mismo.

Yo Soy, Él está diciendo, el que los voy a hacer Mi pueblo, para que puedan disfrutar la bendición inimaginable de mis bendiciones en ésta vida, y en la vida venidera en las glorias del cielo. Conocer el significado de ese nombre es entender el propósito redentor de Dios de principio a fin. Éste es un nombre honrado, éste es un nombre asombroso, éste es un nombre bendito. Los judíos lo sabían, y cuando Jesús dijo, “Yo Soy”, ellos recogieron rocas para matarlo, porque la blasfemia los abrumó, porque ellos sabían exactamente lo que Él estaba diciendo, y cómo señalé antes, ellos tuvieron una decisión que tomar, Oh cae sobre tu rostro y reconoces al Dios de la creación y la redención, o apedreas a éste blasfemo que tiene la audacia de venir al templo y hacer esto. Ellos tomaron la decisión equivocada. Él es el Yo Soy.

A Juan le encanta ése término, él trató de capturar la esencia del Yo Soy en las palabras de Jesús, cuando Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”, cuando Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”, cuando Él dijo, “Yo soy la puerta”, “Yo soy el buen pastor”, Yo soy la resurrección y la vida”, “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”, “Yo soy la vid verdadera”. Juan al citarlo en todas esas frases, estaba usando esos sustantivos para llenar el contenido de quién es el “Yo Soy”, Él es el pan de vida, esto es quien el que alimenta salvadoramente al alma hambrienta. Él es la luz del mundo, el que guía de manera salvadora al pecador para sacarlo de las tinieblas a la luz. Él es la puerta, el que de manera salvadora abre el camino al Reino. Él es el buen pastor, el que en salvación protege y guarda, y alimenta a su rebaño, Él es la resurrección y la vida, el camino, la verdad, y la vida. Él es la vid verdadera, mediante quien podemos producir frutos para la gloria de Dios. Ése es el Yo Soy, todos esos son títulos salvadores, y llenan el contenido del Yo Soy. Los judíos deberían haber tomado la decisión correcta. Tomaron la decisión equivocada. Ése es el crimen más serio que alguien puede cometer en el universo.

En Deuteronomio 28, versículo 58, leemos éstas palabras, “Si no cuidan observar todas las palabras de ésta ley que están escritas en éste libro, escuchen, temer éste nombre honrado y terrible: el Yo Soy, vuestro Dios.” ¿Escuchó eso? Si no temen éste nombre honorable y terrible, el Yo Soy, vuestro Dios, entonces Jehová traerá plagas extraordinarias sobre vosotros y vuestros descendientes, plagas severas y duraderas, y enfermedades miserables y crónicas, y Él va a traer sobres vosotros de regreso, todas las enfermedades de Egipto, de las que vosotros tenéis miedo. Y se aferrarán a vosotros, también toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de la Ley, Jehová la traerá sobre vosotros hasta que seáis destruidos.” Dios dice, “Si no honran el nombre Yo Soy en plenitud, los voy a destruir.” Él lo ha hecho.

Cuando Jesús vino al mundo dijo Yo Soy y ellos no temieron éste nombre honorable y terrible, sino que lo crucificaron en una cruz, Dios los destruyó. Unos cuantos años después en el 70 DC, vino Tito Vespasiano, y el ejército romano y la ciudad de Jerusalén nada más, con 1,100,000 judíos fueron matados. Y en los meses sucesivos, 985 aldeas en Palestina fueron destruidas por los romanos, actuando como el brazo de juicio de Dios. Usted debe temer éste nombre honorable, éste nombre terrible. Cuando Jesús dijo: “Yo Soy”, Él estaba diciendo, “Hubo un niño que nació en Belén, Yo soy el niño que nació en Belén, pero antes de Belén, Yo Soy. Antes de Abraham, Yo Soy. Éste es el eterno. Jesús está diciendo: “Vine al mundo cómo el Yo Soy, para redimir, porque eso es lo que Yo Soy significa, para traer a mí mismo un pueblo, y después para bendecir a ese pueblo por los siglos de los siglos.

Esa es la razón por la que Él vino, para cumplir este propósito redentor como el Soberano sobre la salvación. Nuestro Señor tuvo que ejercer poder sobre varios elementos. Para ser el Yo Soy y cumplir la redención, Él tuvo que ejercer poder, en primer lugar, sobre el pecado. Observe Marcos capítulo 2, Marcos capítulo 2. Ésta es una historia muy conocida acerca de cuatro hombres que trajeron un paralítico a Jesús, el lugar estaba tan lleno que no pudieron meterlo por la puerta, entonces quitaron el techo y lo bajaron por el techo enfrente de dónde Jesús estaba de pie. Y usted recuerda cuando el hombre finalmente llegó a los pies de Jesús, en ésta camilla, o en ésta cama dura. Y Jesús vio la fe de estos cuatro hombres y también el paralítico en el versículo 5 de Marcos 2, él dijo, “Hijo mío, tus pecados te son perdonados.”

Esto es sorprendente. Esto es absolutamente un shock. El hecho de que alguien diga, “te perdono tus pecados”. Versículo 6, “Algunos de los escribas estaban sentados ahí, y estaban pensando en sus corazones ¿por qué es que este hombre habla de ésta manera? Él está blasfemando, porque, ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y aquí de nuevo enfrentan la misma alternativa, o Él es Dios, quién puede perdonar pecados, o Él es el peor blasfemo. Y claro, en el versículo 8 aprendemos que Jesús leyendo sus mentes, Él inmediatamente estuvo consciente en Su espíritu, de que estaban razonando de esa manera dentro de sí mismos.

Y entonces, les dijo, ¿Por qué están razonando estas cosas en vuestros corazones? Eso debió haber sido un shock. Después Él dijo esto, ¿qué es más fácil, decirle al paralítico tus pecados te son perdonados o decir, levántate, toma tu lecho y anda? ¿qué es más fácil? Es una pregunta apropiada, es fácil de responder. Le voy a decir a usted que es más fácil, es mucho más fácil decir tus pecados te son perdonados. Es fácil decirlo. Bueno, es imposible hacerlo, pero es fácil decirlo. Los sacerdotes por todos lados lo dicen diariamente, ¡oh, hijo mío, tus pecados te son perdonados! ¡confiesa tus pecados, tus pecados te son perdonados! Es fácil decirlo. Yo podría decir: “Tus pecados te son perdonados.” Es fácil decirlo.

Eso es lo que Jesús dijo, que es más fácil decir, eso es fácil decir, versículo 10, “Pero para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad sobre la tierra para perdonar pecados, voy a decir lo que es difícil. Entonces te digo, levántate toma tu lecho y vete a casa.” Eso es difícil de decir. ¿Sabe usted por qué? Porque inmediatamente vamos a descubrir si tu eres Dios, si tienes autoridad. Yo le puedo decir, usted, amados míos, sus pecados son perdonados, y algunos de ustedes inclusive podrían creer eso. Pero si yo voy al hospital y digo: “Todo mundo levántese y camine” y nadie se mueve, ustedes saben que yo no tengo ese poder. Es fácil decir tus pecados te son perdonados, porque no puede ser verificado. Entonces Jesús dijo: “Acabo de perdonarle al hombre sus pecados, debido a su fe, simplemente para mostrarles que realmente perdoné su pecado, voy a hacer la parte difícil. Levántate y camina.” Y él se levantó y caminó.

Y en el versículo 12, estaban todos sorprendidos. Entraron a algún tipo de pánico de temor, y estaban glorificando a Dios diciendo: “Nunca hemos visto algo así.” Cómo puede ver, si Él es el Redentor Dios, entonces, ¿no esperaríamos que Él puede perdonar pecados, porque Él tendría que perdonar el pecado para redimir? ¿no es cierto? Y lo hizo. Y para probar que Él perdonó el pecado, Él hizo la parte difícil, Él curó al hombre. Eso podía ser verificado. El perdón no podía ser verificado. Pero una vez que usted verifica la autoridad y el poder que Él demostró en la curación, usted puede ver la autoridad y el poder que Él expresó en el perdón.

Hay una segunda cosa. Conforme usted piensa en Cristo, si Él va a ser el Soy Yo Soberano, el Dios Redentor, Él no solo debe ejercer poder sobre el pecado, sino que Él también debe ejercer poder sobre los espíritus. ¿Por qué? porque los hombres son esclavos al pecado condenador, son cautivos de los demonios y los diablos. Él debe tener poder también sobre ellos. Observe en Lucas capítulo 4, y veamos si Él tiene dicho poder. Lucas capítulo 4, versículo 31: “Él descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, Él estaba enseñándoles en el día de reposo. Estaban sorprendidos ante su enseñanza, porque su mensaje tenía autoridad. Ahora, había un joven en la sinagoga, poseído por el espíritu de un demonio inmundo.”

Aquí está un individuo poseído por demonios, todos los demonios son pecaminosos, impíos e inmundos, pero algunos son designados en el Nuevo Testamento como demonios inmundos, únicamente para enfatizar que tienden a producir una conducta pervertida. Hay demonios también de cuello blanco, hay demonios religiosos, usted sabe, existen esos demonios limpios que están en un traje gris. Existen ese tipo que son más sutiles, éste es el tipo de demonio que es impío, pervertido, que ha venido a vivir en éste joven.

Y entonces el espíritu clama a gran voz, y dice: “Ah, eso es interesante, ¿no es cierto?” Ah, esto es pánico, ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿has venido para destruirnos? Yo sé quién eres, el Santo de Dios.” Éste es un demonio hablando, ¿sabe usted que todos los demonios son fundamentalistas? Todos ellos. todos son evangélicos. Todos tienen una teología absolutamente correcta acerca de Cristo. Ningún demonio se uniría a una secta que niegue la deidad de Cristo. Ellos conocen la verdad, eso es para los hombres y mujeres ignorantes, pueden trabajar mediante esos sistemas, pero saben que están mintiendo. Ellos que él es Dios, ellos saben que Él es el Santo de Dios.

Entonces, el demonio dice: “¿es éste nuestro tiempo? ¿has venido?” Y éste demonio está en temor. “¡Ah! ¿es éste el tiempo? ¿es ahora que vamos a ir al foso para siempre?” Y Jesús lo reprendió diciéndole: “Cállate. Sal de él.” Así. Simplemente así. El demonio estaba enojado, entonces, azotó al hombre una vez, la vez final, y se fue. Esto es sorprendente. Y Jesús estaba diciendo, la condenación final no ha llegado aún, pero por ahora, sal de ese hombre. Y el demonio se fue. Dice usted, “bueno, ¿Por qué es que Dios dejó que tirara al hombre?” porque Él quería que fuera muy aparente que algo dramático acababa de suceder. Y toda persona que estaba viendo habría sabido.

Y así fue, versículo 36, “Estaban todos sorprendidos.”  Y comenzaron a tener una discusión. ¿Qué es éste mensaje? ¿Qué es ésta palabra? con autoridad y poder, Él manda a los espíritus inmundos y salen. Y el reporte acerca de él estaba extendiéndose en todo lugar, en el distrito que rodeaba la región. Escuche, éste es el Yo Soy salvador, y el Yo Soy salvador si Él va a llevar a cabo su obra redentora y congregar a un pueblo cuyo Dios Él va a ser el Dios de ellos, y si va a derramar bendición sobre ellos por toda la eternidad, Él va a tener que tener poder sobre el pecado que los esclaviza, y poder sobre los demonios, sobre este mundo que los mantiene cautivos a instituciones y planes satánicos. Él es Soberano sobre el pecado, Él es soberano sobre los demonios, sí, éste es el Yo Soy, nadie más podría hacer esto.

La tercera cosa que señalamos es que Él necesitaría hacer, si Él va a redimir necesita ser el Soberano sobre Satanás mismo, sobre Satanás mismo. Un par de pasajes que son clave: uno es Juan 14:30, una afirmación muy, muy importante hecha por parte de Cristo. En Juan 14:30 Jesús claro está en la última cena de la tarde antes de que vaya a ser llevado cautivo, hablándole a sus discípulos, y en el versículo 30 Él comienza a sentir la llegada de Satanás, Satanás está por venir, Satanás se acerca, Él lo puede sentir, y él dice, versículo 30: “No hablaré mucho más con vosotros,” esta conversación está a punto de terminar, porque el príncipe de este mundo está por venir, puedo sentirlo viniendo, él se está moviendo hacia mí.

Él lo había visto antes, o sí, él había estado tratando de destruir la línea mesiánica para que ningún Mesías naciera, tratando de destruir a los judíos en su totalidad, para que no hubiera nación que redimir. Él estuvo ahí cuando el bebé nació, porque él estaba matando al resto de los bebés tratando de matar a éste. Él había estado tratando de tentar a Cristo para que abandonara su obediencia a Dios y lo siguiera a él. Él había estado ahí en muchas ocasiones, pero aquí él vino una vez más, y aquí estuvo el conflicto final más importante, él viene, Jesús puede sentirlo esta noche, y después Él dice la cosa más increíble: “Y él no tiene nada en mí.” ¿qué? es correcto, él no tiene nada en mí. He vivido unos 33 años y Satanás no tiene una sola acusación válida en contra de mí, de algún pensamiento, palabra, u obra, malos.”

“Él no tiene nada en mí.” ¡Qué afirmación! Él no tiene poder sobre mí. Lo siento que viene, él no tiene poder. Regresando a Génesis, se nos dijo que algún día, la simiente de la mujer entraría en conflicto con el enemigo, la serpiente, y Él heriría su cabeza, y le daría un golpe fatal. La cruz fue ese golpe fatal. Jesús dijo, él viene. En Lucas 22:52 y 53 leemos: “Y Jesús le dijo a los principales sacerdotes y a los oficiales del templo, a los ancianos que habían venido contra Él, ¿han venido con espadas y palos contra un ladrón?” Más tarde esa noche, recuerda usted en el huerto, “Mientras que yo estuve con ustedes diariamente en el templo, no me pusieron las manos, ¿por qué están aquí ahora?” Y después Él responde su propia pregunta, “pero esta hora, y el poder de las tinieblas es de vosotros.” ¿Por qué están aquí ahora? Porque es el tiempo para Satanás, el poder de las tinieblas para actúe.

Que venga, él no tiene nada en Mí, no hay vulnerabilidad, no hay debilidad, no hay falla, no hay pecado, no hay lugar para que Satanás aseste un golpe fatal. Entonces Jesús dice al final del versículo 31, “Vámonos.” ¿Y adónde iba él? A la cruz. “Vamos, no tengo miedo. Satanás no tiene nada en mí. Él puede matarme ahí, pero él no puede mantenerme muerto, porque no tengo pecado.” Y según Hebreos 2:14, cuando Jesús fue a la cruz, éste gran acontecimiento sucedió, mediante la muerte, el Cristo dejó sin poder al diablo. Mediante la muerte, Él dejó sin poder al diablo. Sí Él es el Yo Soy, y lo es, si Él es el Dios Redentor, Él debe tener poder sobre el pecado y Él mostró eso, poder sobre los espíritus, y Él mostró eso, poder sobre Satanás, y Él mostró eso.

Hay otra área sobre la cual Él debe tener poder y eso es la muerte, o el sueño. Fue la muerte, según Hebreos 2:14 y 15, el temor de la muerte que mantuvo esclavos a los hombres y los condenaba al infierno. El poder de la muerte tenía que ser conquistado, Él tuvo que conquistar a los espíritus, conquistar a Satanás, y conquistar la muerte. De regreso en Juan, capítulo 2, Jesús dijo, versículo 19: “Destruid este templo y en tres dias”, ¿qué? “lo levantaré.” Y estos hombres que no entendían, sin entendimiento ante lo que dijo, dijeron: “Se tomaron 46 años para construir éste templo y ¿vas a levantarlo en tres días? Pero Él estaba hablando del templo de su cuerpo.” Mátalo y saldrá de la tumba, porque Satanás no puede contenerlo, él no tiene nada en Mí. No puede haber castigo, porque no ha habido crimen.

En Juan 10, versículo 17, Jesús dijo: “Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie la ha tomado de mí. Yo la pongo de mí mismo. Tengo autoridad para ponerla, y tengo autoridad para volverla a tomar.” Moriré y viviré otra vez. Es debido a su devoción voluntaria, a ésta gran obra de redención que el Padre lo ama, y nosotros lo amamos.

Entonces, el Yo Soy es el Dios Redentor, y Él vino y dijo: “Yo Soy” y cómo el Yo Soy, Él tuvo que redimir a su pueblo de sus pecados para hacer eso, conquistar el pecado, a los espíritus, a Satanás, el sueño o la muerte. Cuando Jesús dijo, “antes de que Abraham se volviera, Yo Soy” ellos sabían que Él estaba afirmando ser el Dios de redención. Ellos también debieron haber recordado, que Él les había mostrado su poder sobre el pecado para probar que Él era el Dios de la redención. Él les había mostrado su poder sobre los espíritus, una y otra vez, su poder sobre Satanás. Y si no habían visto eso aún, lo verían pronto en la cruz, mediante la tumba abierta. También verían su poder sobre la muerte. Ellos deberían haber tomado la decisión correcta. Tenían suficiente evidencia de que éste era el Yo Soy. Y ellos dijeron: “¿Eres tú, entonces, el Hijo de Dios?” Y Él les dijo: “Sí, Yo Soy.” ¿Sabe usted lo que hicieron? Dijeron: “Que más necesidad tenemos de testimonio. Lo oímos nosotros de su propia boca.” ¿Qué quisieron decir con eso? Bueno, aquí va de nuevo diciendo ser el Yo Soy. Y lo era.

Dice usted, “Bueno, ¿cuál debe ser la respuesta apropiada?” Le voy a dar una ilustración, capítulo 18, la de ellos fue la impropia, por lo menos ésta es una ilustración parcial de la respuesta apropiada. En el evangelio de Juan, capítulo 18, Jesús está en el huerto, todos han venido para capturarlo. Jesús toma la iniciativa en el versículo 4, aquí vienen los soldados romanos, los oficiales de los principales sacerdotes y los fariseos, y tienen sus linternas y antorchas y armas y no saben si va a haber aquí una pelea o que va a pasar, entonces están armados. 

Jesús toma la iniciativa, Él no está escondiéndose, Él conoce todas las cosas que venían sobre Él, y les dijo: “¿A quién buscáis?” Respondieron: “A Jesús el nazareno.” Él les dijo: ¿qué dijo? “Yo Soy”, bueno, esto es enfatizarlo, Yo Soy, “…y también Judas quién estaba traicionándolo estaba con ellos. Cuando por tanto Él les dijo Yo Soy, se movieron hacia atrás y cayeron al suelo.” Todos se colapsaron en un montón, eso es poder. Simplemente decir Su nombre, Yo Soy, y abajo viene la multitud, y queda en el suelo.

Y después en el versículo 7, ¿a quién era que estaban buscando? Jesús el nazareno, Jesús les respondió: “les dije que Yo Soy”. ¿Cuál es la respuesta apropiada? Caerse. Ellos hicieron eso, estaban en terror puro. Fueron aplastados por la fuerza de Su nombre. Ellos deberían haberse mantenido abajo. La respuesta apropiada al Yo Soy es caer, quizás en temor, quizás en terror, pero en últimas, en adoración. La tragedia es que se levantaron, lo apresaron, mataron al Yo Soy, y no honraron el nombre terrible, y fueron destruidos como un pueblo.

¿Cómo responderá usted esta Navidad? ¿A quién es Aquél a quien recordamos y adoramos? Usted puede aventarle piedras y llamarlo un blasfemo, o usted puede adorarlo como Dios, el Dios que salva a Su pueblo de sus pecados.

Padre nuestro, gracias por éste vistazo de deidad. Estamos asombrados porque podemos hablarte ahora, a Ti, al gran Yo Soy. Estamos asombrados porque Tú, el Yo Soy, el que existe eternamente y siempre está cerca, el Dios que bendice y redime, vive en nosotros. ¡Oh, que misterio, que gozo! Y que nos demos cuenta ésta Navidad, de que conforme vemos hacia atrás, al nacimiento de un bebé, Él es el Yo Soy, y que nunca nos equivoquemos en referencia a quién fue el niño, no sea que fracasemos al no temer éste nombre honorable y terrible. Y que nosotros a diferencia de las multitudes de ese día en el huerto, caigamos en temor y permanezcamos caídos en adoración. Oramos en el nombre poderoso y glorioso y salvador de Jesucristo. Amén.

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