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He estado tan agradecido por tener la oportunidad de hablar con ustedes de una manera que no es la normal para mí durante todos los años que he estado en Grace, y eso es tomar cada domingo como un evento por sí solo, y hablarles de un pasaje diferente de las Escrituras, en lugar de hacer el trabajo normal de cubrir libros. Y volveremos a eso, pero al menos tenemos un par de domingos más para hablar de pasajes que espero sean útiles.

Me doy cuenta de que están viniendo muchas personas nuevas, muchas, decenas de miles de personas nuevas que escuchan la transmisión en vivo y descargan los sermones después de aparecer en el sitio de Internet de Gracia a Vosotros o el de la iglesia o YouTube o donde sea que esté.

Entonces hay gente que está escuchando. Y siempre quiero que escuchen claramente el mensaje del evangelio para que nunca haya ninguna duda al respecto. Y he intentado hacer eso, incrustando eso en varios de los mensajes durante el último año y medio. Y una vez más para hacer eso voy al capítulo doce del libro de Hebreos. Y les animo a que vayan a Hebreos capítulo 12, Hebreos capítulo 12, y quiero leer los versículos 18-29, versículos 18-29.

Hebreos 12, versículo 18, “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aún una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.”

En el sur de California el mes pasado hubieron alrededor de 230 terremotos. Usted no los sintió todos. Se pueden medir tan bajo como 1,5. En todo el mundo hay casi un millón de terremotos al año. La Tierra, suspendida en el espacio mientras está en órbita alrededor del sol y gira sobre su eje, está temblando; está sacudiéndose. Las personas que están tratando de arreglar el calentamiento global podrían trabajar en las sacudidas. La tierra ha sido afectada por el pecado.

Entonces la hierba se seca y las flores se marchitan, y ocurren desastres naturales, y la devastación de la maldición divina sobre este planeta y el universo entero se ve en la segunda ley de la termodinámica, que dice que la materia se está descomponiendo; se está degradando; se está desintegrando. Nada dura para siempre, ciertamente no esta tierra o este universo creado. Todo tiembla, todo se sacude en la agonía de la corrupción; todo está sacudiéndose. Y nadie puede hacer nada al respecto. En el futuro, el reino de este mundo será finalmente conmovido, de modo que será conmovido y desaparecerá de la existencia; y no quedará nada, incluyendo el espacio. Dios mismo hará sacudir la tierra y el cielo.

Si ve los versículos 26 y 27, vuelve a leer, como leímos hace un momento, “La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles”. Esta es una promesa de destrucción final. Su voz conmovió la tierra entonces, en el pasado, en la historia; y veremos exactamente lo que el escritor de Hebreos tiene en mente al señalar eso. Pero, por ahora, en lo que queremos centrarnos es en “Aún una vez". “Aún una vez", hay una remoción masiva más; y Dios no solo conmoverá la tierra, sino también los cielos, la tierra y los cielos.

La declaración en el versículo 26 está tomada del profeta Hageo capítulo 2, y versículos 6 y 7, “Porque así dice el Jehová de los ejércitos: ‘De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca. Y haré temblar a todas las naciones; y vendrá el Deseado— o" las cosas deseables "- "de todas naciones, y llenaré de gloria esta casa ", ha dicho Jehová de los ejércitos". Una promesa de hacer temblar el universo entero y todos sus habitantes, y el establecimiento de la gloria de Dios.

Eso dice el Señor. Esta es una profecía divina. Exactamente a qué se refiere esto, esta conmoción masiva, única y final de la tierra y el cielo, el mar y la tierra y las naciones, de modo que lo que quede será solo lo deseable, y será traído para dar honor y gloria a El Señor ¿Qué evento es este?

El profeta Joel nos ayuda, porque Joel habla de ese mismo evento, Joel capítulo 2, versículo 10, “Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos, el sol y la luna se oscurecerán y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible, ¿quién podrá soportarlo?”- pregunta retórica, asume una respuesta de, “Nadie”.

Entonces, de lo que estamos hablando es de lo que se llama el Día del Señor, el juicio divino final. La tierra tiembla, los cielos tiemblan, el sol y la luna se oscurecen, las estrellas pierden su brillo en el Día del Señor. El profeta Isaías también habló de esto, y quiero que vea estos pasajes porque son inconfundiblemente claros. En Isaías capítulo 13 y versículo 6, “Aullad, porque cerca está el día de Jehová, vendrá como asolamiento del Todopoderoso. Por tanto, toda mano se debilitará, y desfallecerá todo corazón de hombre, y se llenarán de terror; angustias y dolores se apoderarán de ellos; tendrán dolores como mujer de parto; se asombrará cada cual al mirar a su compañero; sus rostros, rostros de llamas.”

“He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira.”

Isaías repite este tipo de juicios: capítulo 2, capítulo 24, particularmente en el capítulo 24. Es instructivo mirar ahí por unos momentos porque quiero que las Escrituras pesen mucho en su mente. Isaías 24, “He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace esparcir a sus moradores. Y sucederá, así como al pueblo, también al sacerdote; como al siervo, así a su amo; como a la criada, a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma prestado; como al que da a logro, así al que lo recibe.”

En otras palabras, todos sentirán el juicio por igual, sin importar su estado. Versículo 3, “La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra. Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres.”

En el versículo 19, “Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará”. La sacudida final del mundo. Isaías escribe en el capítulo 65 y el versículo 17: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra” —escuchen esto— “y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento”. La destrucción será completa de toda la creación, todo lo que hay en ella. Y el Señor creará un cielo nuevo y una tierra nueva, y nadie siquiera recordará lo que fue antes de ella.

Las visiones de Juan en el libro de Apocalipsis nos llaman a estas mismas promesas. En el capítulo 6, versículo 12, Juan tiene una visión de los sellos que están siendo rotos, y en el sexto sello “hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció," el espacio mismo," se desvaneció como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y dijeron a los montes ya las peñas: “Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” Ese fue el sexto sello.

En el capítulo 8 tiene juicios de trompeta. Si lo retoma en el capítulo 8 en el versículo 6, “Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.”

“El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.”

“Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles! '” Esta destrucción tiene un proceso. Hay pasos y etapas que tienen lugar que se describen en esas trompetas secuenciales. Hay otras imágenes en el capítulo 16 de los juicios finales rápidos; se ven como copas. Vea el capítulo 16, versículo 3, “El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar. El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.”

“También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.”

Este es un período de tiempo llamado la Gran Tribulación, en el que todos estos juicios llegan rápidamente. Primero están los juicios de los sellos, y del séptimo sello salen las siete trompetas, y de las siete trompetas salen las siete copas; y usted puede ver la destrucción del universo, el universo creado, que tiene lugar en etapas mientras la gente está en la tierra soportándolo. Pedro en 2 Pedro capítulo 3 nos da una imagen del final definitivo. "El día del Señor", de nuevo, palabras exactas de Joel y Hageo, "el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con grande estruendo".

Entonces, finalmente, después de todos estos juicios secuenciales, comenzando con un tercio de la tierra siendo juzgado y un tercio de los cielos, y luego finalmente toda la tierra y todos los cielos, y después finalmente los cielos pasan con un estruendo, y los elementos, los átomos que básicamente son la estructura de la creación, serán destruidos con un calor intenso. Habrá una des-creación, y la tierra y sus obras serán quemadas en una implosión atómica.

A partir de ahí, dice el versículo 13, veremos "cielos nuevos y una tierra nueva, en los cuales mora la justicia". Puedo decir que usted no puede salvar el planeta. La sacudida de la tierra, la sacudida de los cielos, la sacudida de las naciones, la sacudida del pueblo en el día final del Señor es una realidad aterradora. Y Dios ha hablado abiertamente sobre esto repetidamente. Estamos advertidos. Ezequiel 43:5, “Y me alzó el Espíritu y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria de Jehová llenó la casa.” Entonces, lo que sucederá en la visión de Ezequiel es que después de que el Señor haga todo este juicio en la tierra, la gloria del Señor vendrá. Eso habla del reino milenial. Hageo lo expresa de esta manera: “llenaré de gloria esta casa". Las cosas deseables quedarán y todas estarán en la casa de la gloria, y toda la gloria irá al Señor.

Aquí es hacia donde se dirige el mundo. Se dirige hacia la destrucción total y completa, seguida del establecimiento del reino de Cristo por mil años. Al final de esos mil años, el universo entero deja de existir en una no-creación atómica, y el Señor crea la nueva tierra.

Escuche las palabras de nuestro Señor en Marcos 13:24, “Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.”

Después de los juicios del Día del Señor, Cristo viene; Él reúne a sus escogidos para su reino milenial. Al final del reino, toda la creación es destruida y, en su lugar, un cielo nuevo y una tierra nueva. Olvídese de intentar salvar el planeta; sálvese a sí mismo. Todo este universo va a dejar de existir siendo sacudido.

Y volviendo a nuestro texto en Hebreos, vemos que este es un evento de “aún una vez", “aún una vez"; y ese es el comentario del versículo 27: “Y esta frase: Aún una vez, indica una vez final, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.” Todo en el universo creado se sacude y tiembla bajo la maldición. Todo en este universo se ve afectado por la maldición, todo. Aunque fue creado por Dios, ha sido contaminado por el pecado, y todo está temblando y tendrá un temblor final, “aún una vez" y dejará de existir.

El universo entero está, entonces, dedicado a la destrucción, “para que queden las inconmovibles”. Estamos llegando a un tiempo en la historia de la redención donde el pecado habrá seguido su curso y estará en completa ausencia; y solo quedarán las cosas que no se pueden mover. Este fue un entendimiento que en realidad fue una parte importante de la expresión de adoración de Israel. Escuche el Salmo 16.

El Salmo 16, y podemos leer del versículo 7, “Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña a mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.” “No seré conmovido".

E incluso cuando muera, no seré abandonado; pero pasaré de la muerte al camino de la vida eterna, el gozo eterno, los placeres eternos. Salmo 55, versículo 22: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” El Salmo 62 dice esto dos veces en una traducción: “Ciertamente mi alma en silencio espera a Dios. De él es mi salvación. Ciertamente él es mi roca y mi salvación, mi baluarte; No seré muy conmovido.” Dios va a sacudir todo menos a los justos, a todos menos a los justos.

En el Salmo 112, el salmista dice: “Aleluya. Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; Es clemente, misericordioso y justo. El hombre de bien tiene misericordia, y presta; Gobierna sus asuntos con juicio, Por lo cual no resbalará jamás; En memoria eterna será el justo. No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo.” Usted no tiene razón por qué temer. Los justos nunca serán conmovidos, nunca.

De nuevo en el libro de Proverbios, en el capítulo 10, creo que un par de versículos que son instructivos. Versículo 28: “La esperanza de los justos es alegría; Mas la esperanza de los impíos perecerá. El camino de Jehová es fortaleza al perfecto; Pero es destrucción a los que hacen maldad. El justo no será removido jamás; Pero los impíos no habitarán la tierra.” Solo lo que es eterno, solo lo que es justo, sobrevivirá a la conmoción, o a la sacudida del universo, incluyendo a todos los que son hechos justos, habiendo sido declarados justos por la fe en Jesucristo.

Escuche también las palabras de Daniel. Daniel 2:44, “Y en los días de estos reyes”, en el futuro, “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.” Viene un reino eterno e inconmovible, establecido por el Dios del cielo, con el Señor Jesucristo como el Rey reinante.

Daniel capítulo 7, Daniel tiene esta visión: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, (éste es Yahweh) y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” Y abajo en el versículo 27, “que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. ¡Qué visión!

Ahí es a dónde va la historia de la humanidad. Usted no puede salvar el planeta, usted no puede salvar el medio ambiente, porque se dirige a la destrucción, porque todo lo que se crea ha sido afectado por la maldición; todo será destruido. Lo único que quedará es aquello que es recto y santo, apartado para Dios; y eso será el reino de nuestro Señor y de Su Cristo. Y Él reinará sobre la tierra por mil años, después de los cuales vendrá la destrucción de todo el universo y la creación de la nueva tierra.

Ahora baje al versículo 28, “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible”, esto presenta nuestra respuesta, “debido a ​​que recibimos un reino que no puede ser conmovido”, ¿qué hacemos? “tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor”. ¿Qué hacemos? Venimos a Dios en adoración agradecida porque no pertenecemos al reino conmovible. Pertenecemos al reino inconmovible. La palabra traducida como "sirvamos" es latreuō. El verbo esencialmente significa "adorar", y con frecuencia se traduce "adorar", como incluso ahí atrás en Hebreos 9:9. "Agradándole" significa agradable. ¿Así que, qué hacemos? Venimos a Dios en gratitud para ofrecer adoración aceptable con reverencia y asombro, adoración que es agradable, adoración que es recta, como Hebreos 13:21 traduce el mismo término "agradable a sus ojos”.

Entonces somos llamados a acercarnos a Dios, y venir con seriedad porque "nuestro Dios es fuego consumidor". Y si usted solo es una parte de la creación y el reino que puede ser conmovido, será quemado porque Dios es un fuego. Usted necesita venir de una manera aceptable. Entonces dice usted: “Bueno, ¿cómo hago eso? ¿Qué es una forma aceptable? ¿Cómo es que yo escapo del reino que será conmovido? ¿Cómo puedo encontrar entrada en el reino que nunca será sacudido, que cabalgará a través de todos los juicios hacia el cielo nuevo y la tierra nueva y el gozo eterno?

Bueno, hay dos respuestas posibles, solo dos. Solo dos respuestas posibles que la religión puede ofrecerle para ayudarle a escapar, para hacer que pueda escapar del reino que ahora está sacudiéndose y que se dirige hacia una destrucción final total más. Usted tiene dos opciones, y esas opciones las presenta el escritor de Hebreos en conexión a dos montes. Es realmente una analogía inolvidable, la imagen de dos montes.

Regrese al versículo 18, “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más". No venga a ese monte. ¿Qué monte es ese? El Monte Sinaí.

En la decisión que usted tome, escoja su monte. No creo que usted quiera venir a Dios en el Sinaí. No creo que usted quiera ir a ese monte. Ese monte era un monte de muerte. El versículo 20 dice: “Si aún una bestia tocare el monte será apedreada". Y tan terrible era lo que se veía que incluso Moisés, el líder, dijo: "Estoy espantado y temblando". Usted no debe acercarse a ese monte.

Permítame ayudarle a recordar la experiencia de aquellos que vinieron a ese monte. Regrese a Éxodo 19. Los hijos de Israel, en sus vueltas, llegaron al Sinaí — el desierto de Sinaí, llamado así por ese monte — y acamparon allí al pie del Sinaí.

“Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí,” guiándolos como recuerda, fuera de Egipto y a través del desierto, y finalmente hacia la Tierra Prometida. “Ahora pues,” versículo 5, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”, le dice Dios a Moisés.

“Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo." Regresó y dijo: "Dios, lo van a hacer todo". "¿En serio? Van a obedecer Mi ley".

Versículo 10, “Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí. Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá." “Usted no debe acercarse a ese monte. “No lo tocará mano, porque será apedreado o aseteado, sea animal o sea hombre, no vivirá”.

El versículo 16 dice: “Aconteció que, al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante.” Usted no debe acercarse a ese monte. Usted realmente no debe acercarse a ese monte.

Versículo 20, “Y descendió Jehová…y llamó a Moisés…llamó Jehová a Moisés”, versículo 21: “ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago. Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; más los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago. Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo.” ¿Qué está diciendo Dios? Él está diciendo: "No te atrevas a pensar que puedes guardar Mi ley y entrar en Mi presencia”.

Capítulo 20 el Señor da los Diez Mandamientos, hasta el versículo 17. Luego, el versículo 18, después de que se dieron los Diez Mandamientos, “Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios."

Dios dijo: “Esto es lo que espero de ti; no te atrevas a acercarte a Mí a menos que puedas guardar Mi ley perfectamente". Usted no debe acercarse a ese monte, ese es el monte de las obras; ese es el monte de la bondad humana. Ahí en Deuteronomio capítulo 4, cuando los hijos de Israel finalmente llegaron al límite de Canaán, el Señor les habla. Moisés, todavía guiándolos: “Acuérdate del día que estuviste delante Jehová” —versículo 10, capítulo 4— “tu Dios en Horeb” —Horeb es otro nombre para el Sinaí— “cuando Jehová me dijo: Reúneme al pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos.”

“Y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad; y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, más a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis. Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella. Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra,”—y continúa repasando esencialmente cualquier tipo de idolatría o desobediencia.

En el capítulo 5 y el versículo 22, Moisés vuelve a decir: "Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte", el monte Sinaí, "de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz, y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí. Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos, y dijisteis: He aquí Jehová vuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. Ahora pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos".

¿Qué está pasando aquí? Bueno, sabían que no podían obedecer la ley de Dios. Aunque la ley de Dios solo se dio aquí, la ley de Dios había sido escrita en sus corazones. Sabían que era imposible. El Salmo 68 dice: "El Señor está entre ellos en el Sinaí, en santidad.” Usted no debe acercarse, si cree que le gustaría ser parte del reino inconmovible, no debe acercarse al Sinaí; lo único que va a pasar es que va estar aterrorizado; lo único que va a enfrentar es la ley absoluta de Dios, la santidad absoluta de Dios; lo único que va a enfrentar es fuego y juicio. E incluso cuando Dios hable, no habrá consuelo porque hablará a partir de juicio invisible. Usted debe tener miedo, usted debe estar aterrado si se acerca a Dios en base a la capacidad que usted tiene para obedecer la ley de Dios. No tiene esa habilidad. Usted, yo y todos nosotros somos pecadores sin esperanza. Deuteronomio 9:19, “Temí a causa del furor y de la ira y el ardor con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros". El Señor está enojado con el pecado y los pecadores, y los destruirá a todos.

No hay bondad en el Sinaí. No hay piedad en el Sinaí. No hay gracia en el Sinaí. No hay perdón ahí. La ley está escrita en piedra. Esa es la razón por la que Pablo en 2 Corintios 3: 7 llama a esa ley en el Sinaí "el ministerio de muerte"; lo mata a usted, porque usted no puede guardar la ley de Dios. Dios estuvo presente en el Sinaí en santidad, rectitud, justicia, severidad, juicio, majestad terrible. Sin gracia, sin piedad, sin perdón. Deuteronomio 4:24 dice: "Jehová tu Dios es fuego consumidor". Deuteronomio 33:2 dice: “Con la ley de fuego a su mano derecha”.

Y usted ve esas imágenes. Regrese ahora al libro de Hebreos. Usted ve esas imágenes que el escritor repite cuando dice: "No vayas a ese monte porque es un monte que no puede tocarse. Aunque podrías tocarla físicamente, no debes acercarte para tocar un monte que es fuego ardiente, oscuridad, penumbra, torbellino, sonido de trompetas de juicio, sonidos de palabras de juicio y la promesa de muerte ". Usted no debe acercarse a ese monte.

¿Puedo decir algo que debería ser obvio para todos nosotros? La mayoría de las personas en el mundo están convencidas de que pueden acercarse a Dios en base a su bondad. Usted va al Sinaí. Usted no debe acercarse a ese monte. No debe acercarse a ese monte. Eso es lo que enseñan prácticamente todas las religiones del mundo y todas las formas falsas de cristianismo.

Escuche a Pablo. En Romanos 3:19, “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre". Cierre su boca si está tratando de decirle a Dios que usted es digno de entrar al reino inconmovible en términos de su propia bondad, de la bondad que usted tiene, “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Todo lo que hace la ley es exponer el pecado de usted y la amenaza de juicio.

El Sinaí era un desierto. Dios dio su ley en un desierto, un lugar de soledad absoluta. El evento fue duro. La gente no tenía distracciones; no había nada más que ver, no había nada más que oír. Solo estaba Dios, y solo estaba todo lo que venía en el fenómeno en torno a Su voz. Y estaba Dios, y estaba la conciencia propia de ellos, y no había lugar en dónde esconderse. Estaban al aire libre. Estaban desnudos, frente al Dios Santo, frente a la incapacidad que ellos tenían de acercarse a Él. Eso es lo que se suponía que debía hacer el Sinaí: revelar la santidad de Dios y la pecaminosidad de ellos y la incompatibilidad de eso. Entonces el hombre, frente a la ley santa de Dios, no tiene hojas de higuera para cubrir su desnudez espiritual. Ningún pecador sobrevivirá jamás al Sinaí.

Gálatas 3:10 dice: “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Usted es maldito si no hace toda la ley de Dios a la perfección todo el tiempo, y eso significa que todos somos malditos. Usted no debe encontrarse con Dios en el Sinaí. No debe acercarse debido a la bondad y obras que usted supuestamente tiene. Allí no hay perdón; estará eternamente vivo mientras lo incineran a usted en el infierno.

Aquellos en el reino inconmovible, no nos acercamos por ese camino, ¿verdad? No fuimos al Sinaí. No fuimos a donde había fuego y oscuridad y penumbra y un torbellino y un toque de trompeta de juicio y la asamblea de pecadores para el infierno. Fuimos a otro monte. Vea el versículo 22, “sino que os habéis acercado” - os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Usted no se acercó; si está en el reino inconmovible, usted no se acercó al Sinaí, se acercó a Sion. El Sinaí representa el Antiguo Pacto: la ley. Sion representa el Nuevo Pacto: gracia. Y en particular, ¿no es maravilloso? Usted, en realidad, dice el versículo 23, se acercó "a Dios, el Juez de todos". Él lo aceptó a usted y usted se acercó, versículo 24, "a Jesús, el mediador del nuevo pacto.” Usted se acercó a Dios y se acercó a Jesús cuando se acercó a Sion.

¿Por qué el monte Sion? El monte Sion es simplemente otro nombre para Jerusalén. ¿Qué pasó en Jerusalén? Dios, desde la antigüedad, estableció un sistema de sacrificios en Jerusalén, una provisión por la cual Él podía otorgar perdón a aquellos que creían en Él, reconocían el pecado que tenía y sabían que necesitaban el perdón de Él. Usted no debía acercarse al Sinaí, debía acercarse a Jerusalén, a esa pequeña colina al sur de la Ciudad Vieja llamada Sion, esa fortaleza jebusea que David conquistó e hizo su residencia real en el séptimo año de su reinado; y lo convirtió en el centro religioso de Israel poniendo allí el Arca del Pacto.

El Sinaí simboliza el trato de Dios con el hombre bajo la ley. Sion simboliza el trato de Dios con el hombre bajo el perdón y la gracia. Sion, el monte de Jerusalén, se convirtió en la morada de Dios. Jerusalén era la ciudad de Él. Salmo 2, “¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte".

Sion es la ciudad de Dios, otro nombre de Jerusalén. Sion es el lugar donde Dios estableció el sistema de sacrificios que apuntaba hacia la cruz. Escuche el Salmo 132: “Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido'. Jerusalén y Sion se convirtieron en una. El Salmo 48: 2 dice: “El gozo de toda la tierra es el monte de Sion. . . la ciudad del gran Rey. En sus palacios, Dios, es conocido por refugio". Salmo 50, versículo 2, “De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido.” Salmo 133, a Sion "Yahweh mandó la bendición", ¿cuál fue la bendición? "vida eterna". La vida eterna es ordenada por Dios desde Sion, no Sinaí. “Os habéis acercado", es decir, en un tiempo perfecto, “os habéis acercado a Sion", el monte de la misericordia y la gracia. Y los beneficios son asombrosos; véalos.

Primero, es la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial. Otra forma de decir eso es que cuando usted se acercó a Sion, cuando usted se acercó a Dios de la manera que Él proveyó, a través del sacrificio, y finalmente a través del sacrificio de Cristo que ocurrió en Jerusalén, cuando usted se acercó por ese camino, llegó al cielo celestial. Jerusalén. En otras palabras, vino al cielo. Cuando llegó a Sion, Dios le dio a usted el cielo. Dios le dio a usted el cielo.

Atrás en el capítulo 11, esta era la ciudad que Abraham estaba buscando. Versículo 10, “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Todos los santos del pasado buscaban esa misma ciudad eterna. Todavía no hemos llegado; el viaje no está completo. Pero pertenecemos allí. Capítulo 13 y versículo 14, "Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir". ¿Qué es eso? La Jerusalén celestial. ¿Se nos garantiza eso? Sí; ya tenemos una herencia reservada para nosotros allí, ¿verdad? Una ciudad, a diferencia de un desierto. Una ciudad es un lugar de paz, un lugar de descanso, un lugar de seguridad. Y no hay nada de eso en el Sinaí.

Viene a Sion; viene a la gracia. Y no solo viene usted al cielo, no solo viene usted al cielo, sino que el versículo 22 dice que viene "a muchos millares de ángeles". Y hubo, por cierto, según Deuteronomio 33:2, muchos ángeles en la promulgación de la ley. Estos son los ángeles adoradores de los que leemos en Apocalipsis esta mañana. Entonces usted viene al cielo, y viene a ángeles santos innumerables. Y luego usted viene "a la congregación de los primogénitos", que literalmente significa una reunión festiva. Viene a la celebración de la “iglesia de los primogénitos”; el primogénito es Cristo, el primordial de todos los que han resucitado.

Entonces viene al cielo. Viene a los ángeles. Usted viene a la celebración de la iglesia que es la esposa de Cristo, “que están inscritos en los cielos”, asombroso. "Quienes están inscritos en los cielos". ¿Cómo se inscribieron en el cielo? Escuche lo que dice Pedro: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros".

¿Por qué está reservado para nosotros? Porque somos, versículo 1 y 2, "elegidos según la presciencia de Dios". Usted fue inscrito en el cielo en la eternidad pasada. Su nombre está en el Libro de la Vida desde antes de la fundación del mundo. Fue predestinado, dice Efesios 1. Sus nombres están escritos. Su nombre está en el rollo del cielo.

Entonces, al venir a Sion, usted viene a Cristo y al Nuevo Pacto. Usted viene a la gracia. Viene a la paz y a la seguridad en el cielo eterno. Usted viene a la comunión y a la adoración con la iglesia. Usted llega a ser parte de la novia de Cristo, el primogénito. Usted viene a ocupar su lugar y a recibir su herencia como uno elegido antes de la fundación del mundo.

Y luego, ¿qué tan maravilloso es esto? Viene “a Dios, el Juez de todos”, el que fue tan feroz en el Sinaí, tan aterrador, incluso para Moisés. Usted viene al Juez de todos, y Él lo recibe a usted; Él le da la bienvenida a usted. Usted puede acercarse a Él. Usted está reconciliado. En el Sinaí usted se acerca y muere. En Sion usted se acerca y vive. En el Sinaí usted acerca y es rechazado. En Sion usted se acerca y es recibido.

Y luego también viene "a los espíritus de los justos hechos perfectos". Eso bien podría referirse a los santos del Antiguo Testamento, cuyos espíritus están allí con el Señor. Así que usted está viniendo a la iglesia, está viniendo a los santos del Antiguo Testamento en la presencia perfecta de Dios. Usted está viniendo al cielo, usted está viniendo a la comunión con los ángeles. Usted se une a la iglesia glorificada para recibir su herencia y usted viene a Dios.

Y usted viene, en sexto lugar, "a Jesús, el mediador del nuevo pacto". Usted viene a Jesús. Ya estamos en una relación con Él, ¿no es así? Somos uno con Él y Él con nosotros. A través de Él podemos llegar a Dios. Y, por último, tan importante, usted viene "a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. ¿Qué significa eso? Abel dio un sacrificio de sangre en Génesis, ¿verdad? Y estaba bien; era lo que debería haber hecho, y Dios lo honró. Dios aceptó el sacrificio de Abel. El sacrificio de Jesús, mucho más grande, mucho, mucho, mucho más grande. Abel fue perdonado por Dios porque fielmente ofreció el sacrificio de sangre, pero fue solo por Abel. Cristo derramó Su sangre por todos los que creerían a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Entonces, el versículo 25 es muy importante. “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra”, eso es en el Sinaí; cualquiera que quebrantara la ley de Dios, cualquiera, no escapará cuando la creación sea conmovida. "Si ellos no escaparon", incluso el juicio que vino en su desobediencia a la ley posterior al Sinaí, “mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos”. Usted ha recibido una advertencia celestial de Dios, del Cristo encarnado, de los escritores del Nuevo Testamento. Ellos no escaparon de los terrores de Dios en el Sinaí. Usted conoce la historia de Israel. Usted conoce los juicios horribles que siguieron a la desobediencia de ellos. Usted nunca escapará si usted rechaza a Aquel que está llamándolo desde el cielo.

Quiero cerrar con este texto tan poderoso, capítulo 10, versículo 26, “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!". Usted no debe ir al Sinaí. Usted no debe venir por obras. Usted debe ir a Sion y debe buscar la gracia y el perdón a través de Cristo; y de ahí viene el cielo y todas sus glorias.

Padre nuestro, te damos gracias por Tu Palabra, por su claridad y su poder. Entra profundamente en nuestros corazones, penetrando hasta dividir el alma y el espíritu, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Gracias por darnos una advertencia tan clara. Esta creación será conmovida una vez más por última vez. Está conmoviéndose en todo momento, rumbo al temblor final —físicamente, socialmente, políticamente, materialmente, económicamente. Todo será incinerado, para que el reino inconmovible permanezca para siempre: el reino de la rectitud.

Gracias por abrir la puerta a ese reino y advertirnos que escaparemos del reino que será conmovido, y venir al trono de gracia por misericordia y gracia mediante la obra del Señor Jesucristo. Clamamos a Ti para que seas misericordioso con los pecadores, incluso aquí en este día; y que ellos corran a Sion, abracen al Cristo que murió y resucitó allí, pongan su confianza en Él para entrar en ese reino, que nunca será conmovido.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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