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Por medio siglo he estado aquí de pie en el púlpito de Grace Community Church y he hablado de la resurrección, no solo el Domingo de Resurrección sino a lo largo de los años de la vida en esta iglesia como congregación, nos hemos concentrado en la realidad de la resurrección. La resurrección para nosotros no es una plática de una vez al año, es una realidad constante para nosotros, vivimos cada día de nuestras vidas a la luz de la resurrección de Jesucristo.

En esta época del año el mundo se detiene y reconoce el acontecimiento histórico de la resurrección. La mayoría de la gente está contenta con aceptar el hecho de que quizás sucedió, quizás no sucedió, pero parece tener cierto valor sentimental para la gente y no quieren discutir si sucedió o no. En cierta manera se infiltra como un día festivo reconocido, pero parece que cada año cuando llegamos a esta época encontramos en la televisión programas y documentales que están diseñados para cuestionar la resurrección, eso no es sorprendente.

Me acuerdo hace unos años atrás cuando un supuesto arqueólogo y eruditos y estudiosos dijeron que habían descubierto la tumba de la familia de Jesús y en ella encontraron Sus huesos. Dijeron que este descubrimiento no debería molestar a los cristianos el hecho de que los huesos de Jesús todavía estaban en la tumba. No debía quitar nada de su experiencia, debido a que realmente era la idea que su espíritu resucitó y era lo que daba vida a la religión del cristianismo. Obviamente, esa es historia mala, y teología mala, y resultó ser arqueología mala, y periodismo malo porque unos cuantos dias después de que eso fue transmitido por todo el mundo, fue quitado de la televisión cuando se reconoció que todo era un fraude, una falsificación y nunca debía volver a aparecer. No fue sorprendente, porque negar la resurrección ha sido un plan primordial de Satanás.

Si usted regresa al libro de Mateo, y llega al capítulo 28 en el evangelio de Mateo, en el versículo 11. Después de la revelación de la resurrección del Señor, en el versículo 8 de Mateo 28 dice, “Que ella saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos, y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí Jesús les salió al encuentro diciendo: “Salve.” Las mujeres que fueron a la tumba vieron al Cristo resucitado. Entonces, Jesús les dijo, “No temáis. Id dar las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea y allí me verán.”

Y, después esto en el versículo 11 de Mateo 28, “Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia,” la guardia de la tumba, la guardia romana, “fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.” ¿Y que había acontecido? Que el ángel había quitado la piedra, Jesús no estaba ahí, la ropa de la tumba estaba ahí, la resurrección se había llevado a cabo. “Y reunidos los ancianos y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,” los líderes de Israel les dieron un, le dieron mucho dinero a los soldados diciendo, “Decid vosotros, sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”

En otras palabras, los sobornaron para mentir. Este es el día mismo en el que la resurrección se llevó a cabo, no le tomó mucho tiempo a Satanás para comenzar a tratar de desacreditar la resurrección que había sucedido el mismo día. No fue un plan muy bueno, decir que los discípulos estando nosotros dormidos, ¿cómo habrías sabido eso si estabas dormido? Y además dijeron, “Si esto lo oyera el gobernador, nosotros le persuadiremos y os pondremos a salvo, perpetuaremos esto engaño y mentira al nivel más alto. “Y ellos tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy” años después, cuando Mateo está escribiendo su evangelio.

La negación de la resurrección sucedió en el día mismo de la resurrección y constantemente ha sido así durante dos mil años, que la resurrección de Jesucristo en cuanto a su realidad histórica ha sido negada. Ninguna de estas negaciones ha tenido éxito, ninguna de ellas jamás ha roto la cadena de evidencia que está ligada de manera inquebrantable a la realidad de la resurrección, en ninguna de ellas se ha podido explicar la tumba vacía, la ropa de la tumba estando ahí dónde estaban, que habían estado en su cuerpo. Nadie ha podido explicar el testimonio ocular de los discípulos y las mujeres, nadie ha podido explicar el cuerpo que no está ahí, como se movió la piedra, la presencia angelical, más adelante en Galilea quinientos testigos oculares al mismo tiempo, del Jesús resucitado. Nadie ha podido explicar cómo fue la transformación de los discípulos siendo de cobardes que huían por su vida, a predicadores de Cristo. Nada de esto ha tenido éxito, pero no significa que no ha continuado. Destruir el cristianismo demanda que usted destruya la resurrección.

Entonces, esencialmente los que atacan al cristianismo atacan la resurrección, porque en la resurrección están todas las realidades centrales del cristianismo, la verdad de la resurrección durante dos mil años ha sido el cimiento del cristianismo verdadero. El apóstol Pablo, en ese gran capítulo, capítulo 15 de 1 Corintios, resume la importancia de la resurrección en estas palabras, “Si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación es vana, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan, porque si los muertos no resucitan tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana, aun estáis en vuestros pecados.”

Si no hay resurrección de Cristo no hay perdón de pecados, no hay esperanza para el cielo, no hay escape del juicio eterno. Del lado positivo, Pablo dice en Romanos capítulo 10, que la salvación viene para aquellos que confiesan a Jesús como Señor, y creen en su corazón que Dios lo levantó de los muertos.” Romanos 10:9-10. La resurrección se encuentra en el cimiento mismo de la fe cristiana, si no hay resurrección el cristianismo no vale nada, es una mentira y es un engaño. Debido a esa importancia de la resurrección, ha sido atacada incansablemente.

Y quiero mostrarle la importancia de la resurrección en varias maneras como son reveladas para nosotros en la Escritura. En primer lugar, la veracidad de la Palabra de Dios es vista en la resurrección. Le leí de Lucas capítulo 24, como Jesús se había encontrado con algunos discípulos en el camino a Emaús, y abrió las Escrituras del Antiguo Testamento y las habló de las cosas que estaban escritas de Él en el Antiguo Testamento. De hecho, Él cubrió todo el Antiguo Testamento, los profetas, la ley, y los escritos.

Y Él les mostró esos libros tan conocidos para el pueblo judío, que básicamente habían llegado a conocer y reverenciar los judíos creciendo, revelaban que el Mesías primero iba a padecer, y después resucitaría. Él tomó el Antiguo Testamento en ese camino a Emaús, y explicó su importancia, sus profecías mesiánicas que habían sido cumplidas en Jesús. Más adelante, esa noche, nuestro Señor se reunió también con los apóstoles que estaban ahí en Jerusalén e hizo lo mismo, cubrió el Antiguo Testamento y explicó las cosas acerca de Sí mismo, con respecto a Su sufrimiento y Su gloria, Su muerte y resurrección.

Entonces usted termina el evangelio del registro de Lucas, finalmente con los discípulos entendiendo que el Mesías va a sufrir y resucitar, y que todo esto estaba contenido en el Antiguo Testamento. Entonces, debido a la enseñanza de nuestro Señor en ese día de la resurrección, esa tarde en el camino a Emaús, esa noche con el resto de los apóstoles, ellos ahora entienden las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento en su plenitud y riqueza.

 

Entonces, no nos sorprende, conforme Lucas continúa escribiendo al libro de los Hechos, encontramos los resultados de esas lecciones que el Señor les ha enseñado acerca de las profecías mesiánicas en el Antiguo Testamento. Observe Hechos capítulo 2, Hechos capítulo 2, aquí está el primer sermón predicado por los apóstoles, predicado por Pedro, él habla del hecho de que Jesús el Nazareno, versículo 22, “Varón aprobado por Dios entre vosotros, con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de Él, como vosotros mismos sabéis, a este ha entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios.”

En otras palabras, Dios lo había planeado, había revelado ese plan en el Antiguo Testamento, “prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole. Al cuál Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” Ustedes lo mataron, Dios lo resucitó de los muertos. Este, un cumplimiento de profecía del Antiguo Testamento, versículo 25, “Porque David dice de él: ‘Vi al Señor siempre delante de mí, porque está a mi diestra no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza. Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me hicisteis conocer los caminos de la vida, me llenaras de gozo con tu presencia.”

Todo eso sale del Salmo 16, versículo 8 al 11, y es una profecía del Mesías, y está presentada en un formato interesante porque es primera persona singular, es el Mesías mismo, es el Hijo de Dios mismo hablando, y Él está hablando de su resurrección. A partir del Salmo 16, “Vi al Señor siempre delante de mí” ese es el Mesías diciendo que el Señor está conmigo. “Él está a mi diestra no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza, porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción.” La corrupción sucede rápidamente después de la muerte, de hecho, los judíos solían decir que para el cuarto día no quería usted acercarse a un cuerpo muerto, había entrado a un estado de corrupción más allá de lo que era reconocible, pero aquí el Hijo de Dios, el Ungido, el Santo, dice, “No dejarás que tu santo vea corrupción, me hicisteis conocer los caminos de la vida. Me llenarás de gozo con tú presencia.”

Cuando David dijo eso él no estaba hablando de sí mismo, su alma a la tumba, su cuerpo se corrompió, nadie jamás dijo que David resucitó de los muertos, entonces la resurrección debe referirse a alguien más porque se refiere a alguien más llamado Tú santo, Tú santo, uno quien es apartado de los pecadores, ese es un nombre bien conocido para el Mesías. Cuándo el ángel vino en Lucas capítulo 1 para traer el anuncio de que se iba a volver un niño, dijo: “Este santo ser.” Y cuando usted entra al libro de Lucas en los primeros capítulos, capítulo 4 por ejemplo, al final del capítulo 1 de Marcos, los primeros seres, las primeras criaturas que reconocen que Jesús es el Santo, son demonios. Es correcto, demonios, Lucas 4, Marcos 1, los demonios lo identifican como el Santo.

Entonces, esta es una profecía del Santo, del Hijo de Dios nacido de una virgen, en la profecía que no se corrompería, que su cuerpo no se descompondría en la tumba, sino que más bien saldría de la tumba, y resucitaría de los muertos. Este no es David, observe el versículo 29 de Hechos 2, “Se puede decir libremente del patriarca David que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuánto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades ni su carne vio corrupción.”

Y después el cumplimiento, “a este Jesús resucitó Dios de lo cual todos nosotros somos testigos.” Lo primero que usted necesita entender es que la veracidad de la Escritura es probada por la resurrección, su argumento está claro, el Salmo 16 se refiere a alguien que resucitaría de los muertos, alguien que no entraría en corrupción, él resucitaría de los muertos. No puede ser David, David no resucitó, pero tiene que ser alguien en la familia de David, alguien en la línea de David, un hijo de David en algún punto a lo largo de la historia, y el registro del evangelio del Nuevo Testamento comienza con Mateo que da una genealogía de David al Mesías.

Entonces, Jesús está en la línea de David, debe referirse a uno quien es un santo, y eso está restringido a solo uno persona que jamás vivió, y ese es el Hijo de Dios, el Santo inocente, apartado de los pecadores, inocente, sin mancha, y Él debe venir y Él debe morir, y no ser corrompido y resucitar de los muertos. Y eso es exactamente lo que Él hizo. Y por primera vez, los apóstoles ahora, están citando el Antiguo Testamento con un entendimiento claro, con una mente que entiende. La diferencia entre los apóstoles antes del camino a Emaús y después de la noche de la resurrección cuando Jesús se apareció y les enseñó el significado del Antiguo Testamento en relación a Él, es que ahora entendían el rango completo de la verdad mesiánica establecida en el Antiguo Testamento. Se habían vuelto instantáneamente eruditos del Antiguo Testamento.

En el capítulo 13 del libro de los Hechos, de nuevo una ilustración de la relación entre la Escritura, de las Escrituras hebreas en el Antiguo Testamento con la resurrección de nuestro Señor, capítulo 13 dice, capítulo 13 versículo 30, “Más Dios le levantó de los muertos y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo.” Esto es, Él le apareció a los apóstoles, “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús como está escrito también en el Salmo 2do, “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.”” Ese es el Salmo 2.

Y ahora entienden por primera vez, el Salmo 2, que en el Salmo 2 estaba la promesa de la resurrección, “Mi Hijo eres Tú eternamente, pero habrá un día cuándo Yo te daré vida,” la resurrección.  Y en cuanto a que le levantó de los muertos, para nunca más volver a corrupción, lo dijo así, “Os daré las misericordias fieles de David”, y eso es citado de Isaías 55, versículo 3, Dios está garantizando que Jesús mediante la resurrección es el heredero esperado por mucho tiempo del pacto davídico y todas sus promesas. Versículo 36, “Porque a la verdad, David, habiendo servido a su propia generación, según la voluntad de Dios durmió y fue reunido con sus padres, y vio corrupción.” Fue David el que vio corrupción, no fue David el que cumplió esta profecía, versículo 37, “Más aquel a quien Dios levantó no vio corrupción.”

Entonces, de nuevo, los apóstoles se refieren al Salmo 2, se refieren a Isaías 55, se refieren al mismo pasaje que vimos en Hechos 2, Salmo 16. “Sabed pues”, versículo 38 dice, “esto, varones hermanos, que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.” Este es el Mesías quien vino para traer salvación. Él es al que Dios levantó de los muertos.

Más adelante en el libro de los Hechos, simplemente para verlo a lo largo del libro en el capítulo 26, de nuevo, este es el mensaje constante apostólico, el capítulo 26 dice, así en el versículo 22 “Pero habiendo obtenido auxilio de Dios,” Pablo dice, hablándole al Rey Agripa, “persevera hasta el día de hoy dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder,” refiriéndose al Antiguo Testamento, “que el Cristo o el Mesías había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.”

De nuevo, los apóstoles amaron la resurrección a las promesas en el Antiguo Testamento. Otra porción importante de las Escrituras es el 2do capítulo del evangelio de Juan, en dónde incluso Jesús hizo una profecía registrada en la Escritura. Jesús dice en el versículo 19 de Juan 2, “Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos, ‘En cuarenta y seis años fue dedicado este templo, refiriéndose al templo de Herodes, ¿y tú en tres días lo levantarás? Más él hablaba del templo de su cuerpo.”

Entonces, aquí está una Escritura dónde Jesús predice su propia resurrección, “Por cuanto cuándo resucito de entre los muertos,” versículo 22, “sus discípulos se acordaron que había dicho esto, y creyeron la Escritura, y la palabra que Jesús había dicho.” Desde el principio comenzaron a darse cuenta en Juan 2, que la Escritura predecía la resurrección del Mesías. Pudo haber parecido vago en ese entonces, porque no parecía que lo entendieron sino hasta que finalmente en el camino a Emaús todo se volvió claro, y cuando Jesús resucitó de los muertos ellos creyeron de manera plena en la Escritura. ¿Qué está en juego en la resurrección? Es la veracidad de la Escritura, la veracidad de la Palabra de Dios.

Y, en segundo lugar, la deidad del Hijo de Dios. La deidad del Hijo de Dios. En Romanos, capítulo 1, nos dice con respecto al Hijo de Dios, versículo 4, “que fue declarado Hijo de Dios, con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.” Él fue declarado Hijo de Dios, con poder, por la resurrección de entre los muertos. La resurrección es prueba de Su deidad. Hechos 13:30 dice que “Dios lo levantó de los muertos.” Romanos 6:4 dice, “que Cristo fue resucitado por la gloria del Padre.” Efesios 1 dice que “el Padre de gloria resucitó a Cristo de los muertos, y lo sentó a su diestra en el trono.” La resurrección fue la declaración del Padre de que éste es Mi Hijo.

Y de nuevo, los predicadores del evangelio desde Hechos capítulo 2, entendieron esto. Regrese al sermón de Pedro, y podemos retomarlo en dónde nos quedamos, y vemos a partir del versículo 32, “A este Jesús resucitó Dios, de los cuales todos nosotros somos testigos,” y después esto, “así que exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís,” esto es, el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, “porque David no subió a los cielos, pero él mismo dice, “Dijo el Señor a mí Señor, siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”” Tomado del Salmo 110. ¿De quién está hablando el salmista? “Dijo el Señor a mi señor.” ¿tenemos dos señores? Sí, tenemos al Señor quién es Padre, y al Señor quien es el Hijo, y el Hijo se sienta a su diestra, y el Padre hace que sus enemigos sean por estrado de sus pies. Eso también es indicado en el Salmo 2. Por la resurrección el Padre declara que este es Su Hijo.

Entonces, versículo 36 dice, “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que, a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” En ese momento, entra el pánico, versículo 37, “Al oír esto se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles, ‘Varones hermanos, ¿qué haremos?’ reconociendo que habían matado al Príncipe de la vida, habían matado al Hijo de Dios, habían matado a aquel quien era Señor y Mesías, pero les dijo, ‘Arrepentíos’, y sabemos que muchos se arrepintieron, muchos en ese día mismo, miles ese día mismo fueron añadidos a la iglesia.

Y miles más día tras día, en el libro de los Hechos cuando reconocieron que el Mesías, a quién habían rechazado era verdaderamente el Hijo de Dios que había venido a redimirlos. Si no hay resurrección, entonces Jesús es simplemente un hombre en un esfuerzo noble, como un maestro que quería hacer una diferencia en la vida de la gente como el resto de la gente muere y desaparece de la historia. Pero él fue resucitado de los muertos, y Dios mediante esa resurrección declaró que era Su Hijo eterno.

Ahora, eso lleva a una tercera realidad muy importante, estamos hablando de la fuerza plena de la resurrección, tiene usted no solo la verdad de la Palabra de Dios, la deidad del Hijo de Dios, sino que usted tiene el término de la salvación de Dios. Lucas 19:10, “El Hijo ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido,” Él vino a salvar no vino a ser un buen maestro, no vino a ser un impacto moral en el mundo, Él vino a salvar a pecadores. Y, ¿salvarlos de qué? a salvarlos de Dios, a salvarlos de la ira de Dios, a salvarlos del infierno eterno y el castigo. ¿Podía hacerlo? ¿podía de hecho hacer eso? es agradable saber que Él vino a buscar y a salvar a los perdidos, la pregunta es: ¿podía de hecho hacer eso?  ¿podía lograr la salvación que Él buscó llevar a cabo? Eso nos lleva de regreso a 1 Corintios 15.

Y podemos retomarlo de nuevo en el versículo 17. “Y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana, aún estáis en vuestros pecados, entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.” ¿Escucho eso? Sí Cristo no resucitó, aquellos que están asociados con Él han perecido, Él no los salvó. Porque versículo 19 dice, “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo”, si lo vemos como un maestro moral, un líder temporal, somos los más dignos de conmiseración. ¿Por qué? porque confiamos en alguien que nos salvara del infierno eterno, y él simplemente era un hombre, sino hay resurrección. Pero debido a que Él resucitó, versículo 20, “Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho, por cuánto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos, porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”

No puede salvar a nadie, si Él no está vivo, pero resucitó y conquistó la muerte, y fue vindicado por Dios habiendo ofrecido el sacrificio que fue satisfactorio para Dios, para satisfacer su justicia y proveer el castigo requerido por el pecado. El apóstol Pablo reconoce esto también, en el cuarto capítulo de Romanos, en una afirmación muy importante, en el versículo 24, “Si no también con respecto a nosotros, a quienes ha de ser contado, esto es, a los que creemos en él, que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro.” Y después él describe esto, esto es, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado literalmente para nuestra justificación.” Si él no ha resucitado, no estamos justificados.

Él resucitó a Jesús de los muertos para certificar Su sacrificio suficiente y comprando la justicia para nosotros. Esta es la obra de Cristo. No es solo para elevar la naturaleza moral de la gente, no es solo para traer algún tipo de una vida gentil religiosa al mundo. No. Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, para rescatar a personas del infierno eterno. Esa es la obra de redención. El murió en la cruz, para llevar entonces el pago, la furia completa por todos los pecados de todos los que creerían en Él. Murió para satisfacer la ira de Dios, la pregunta es, ¿acaso Dios quedó satisfecho con Su ofrenda? ¿Pudo Su muerte de hecho ser aplicada a pecadores que creen? La respuesta es: Sí.

Él fue resucitado para nuestra justificación, ¿Qué quieres decir, justificación? Él fue resucitado para que pudiéramos ser declarados justos. Todo aspecto de la salvación dependía de su resurrección, concediendo vida eterna. Jesús dice, cuando Él está con María, Marta, y resucitando a Lázaro, Él dice, “Yo soy la vida, el que en mí cree, no morirá.” Y esa es la razón por la que Pablo escribe “como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”. En Juan 14:19, “Porque yo vivo, vosotros también viviréis.”

Entonces, nuestra vida depende de Su resurrección. Nuestra vida como cristianos también depende del Espíritu Santo, el Espíritu Santo es el que nos da vida, nos regenera, establece residencia en nosotros y nos capacita para mantener la fe, permanente, eterna, en la vida eterna. Y si Él no resucita no hay venida del Espíritu Santo. En el Aposento Alto con los apóstoles en Juan 13, 14, 15, y 16, Jesús repite varias veces voy a enviar al Espíritu Santo, voy a enviar al Espíritu Santo, pero Él dice, “No puedo enviar al Espíritu Santo hasta que regrese a la gloria.” Él no había muerto aún. Él tenía que morir todavía, resucitar, ascender, ir al cielo, y cuando Él ascendiera al cielo, y lo encontramos en Hechos 1, inmediatamente en el capítulo 2, Su Espíritu viene.

El Espíritu es Aquel que capacita la predicación del evangelio en el Día de Pentecostés, el Espíritu es Aquel quien produce la salvación de toda alma que recibe vida, y el Espíritu solo puede llevar a cabo Su obra en base a la resurrección de los muertos en su ascensión a la diestra del Padre. El perdón de pecados, el perdón de pecados depende de la resurrección de Cristo, leímos eso en el libro de los Hechos. Debido a que Él resucitó de los muertos Él provee el perdón de pecados. La destrucción de Satanás es un resultado de la resurrección de nuestro Señor, eso es presentado en manera en clara y explícita en Hebreos capítulo 2, la cual es una porción muy importante en la Escritura.

Escuche el versículo 14, “Así que por cuantos los hijos participaron de carne y sangre, él también,” hablando de Cristo, el Hijo de Dios, “participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante la vida sujetos a servidumbre, porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual, debió ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.”

Debido a que Él resucitó, Él hizo impotente al diablo quien tenía el poder de la muerte. Y liberó a todos nosotros del poder de Satanás eternamente. Su resurrección es la evidencia de que Él conquistó a Satanás, que Él provee perdón de pecados, que Él envió a Su Espíritu, que Él concede vida eterna. Su resurrección también, en el libro de Hebreos que acabaos a leer una porción de eso, en el capítulo 2 lo provee como nuestro intercesor, Aquel que vive para interceder por nosotros para sostenernos hasta la gloria eterna. Escuche Hebreos 4:14, “Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote, no solo que resucitó de los muertos, sino que traspasó a los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Y después, capítulo 7, versículo 25, “Por lo cual, nuestro Sumo Sacerdote, permanente a la diestra del Padre, puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. ¿Cuál es su intercesión? Es su apoyo sostenido y oración al Padre a favor nuestro, que asegura nuestra salvación eterna. Todo lo que tenemos como creyentes, desde el regalo de la vida eterna, a la derrota de Satanás, hasta la gloria final, es un resultado directo de la resurrección. Si no hay resurrección, no hay vida eterna para nadie, porque Él vive, nosotros vivimos. La resurrección afirma entonces la Palabra de Dios, al Hijo de Dios, la salvación de Dios.

En cuarto lugar, también afirma la iglesia de Dios. Jesús dijo, “Edificaré mi iglesia.” Pero esa iglesia dependía de que Él resucitara de los muertos. Efesios capítulo 1, y versículo 20, dice que Dios Padre operó en Cristo resucitándole de los muertos, y sentándole a Su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo sino también en el venidero.” Y, ¿Qué operó? ¿Qué produjo esto? “Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. La resurrección de Cristo es lo que establece a la iglesia.

Él está vivo, y Él vive en Su iglesia, esa afirmación maravillosa, maravillosa del versículo 23, “la iglesia es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.” ¿Qué significa estar en la iglesia? Significa estar lleno de Cristo, lleno de Cristo, este es el honor más elevado de la iglesia, escribió Juan Calvino, que hasta que él esté unido a nosotros, el Hijo de Dios se considera a sí mismo, hasta cierta medida incompleto. ¡Que consolación es para nosotros aprender que no, sino hasta que estemos en Su presencia, es que Él posee todas Sus partes o quiere ser considerado como completo! Sorprendente, Él no está completo hasta que Su cuerpo esté completo, los redimidos están en unión con Él.

En el capítulo 4 de Efesios leemos más de esto, el Señor, versículo 10, “Quién descendió, es el mismo quién también subió, no solo murió, sino que resucitó y subió a los cielos. Y él mismo constituyó a la iglesia, unos apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Hay mucha teología poderosa en eso. Y el resumen de esto es, el Señor resucitado vive y le da a Su iglesia, apóstoles, profetas, evangelistas, pastores que enseñan, para edificar al cuerpo, para conformarse a su propia imagen. La iglesia verdadera viviente está en unión con el Cristo viviente. Las religiones del mundo, ven algún tipo de fuente o persona que está muerta, pero no en el caso de la iglesia de Jesucristo. Nosotros no rastreamos nuestra historia de regreso a alguien que está muerto, vivimos en la presencia de Aquel quien eternamente está vivo. La iglesia verdadera está viva, a pesar de todo lo que soporta y sufre está viva. La vida de resurrección de su Señor es la vida misma de la iglesia. Porque Él vive nosotros vivimos.

Y usted puede hacer la pregunta, ¿qué congregó a los apóstoles dispersos? ¿qué los transformó? ¿qué tomó a ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, estaban pasando por momentos difíciles y eran muy temerosos. ¿Qué los llevó al punto de que literalmente voltearon de cabeza al mundo con el mensaje de Jesús como Señor y Mesías? ¿qué fue? La resurrección, la resurrección. Eso se volvió el mensaje de los apóstoles, el mensaje esencialmente que establece a la iglesia, y siempre extiende a la iglesia. ¿Cuán importante es la resurrección de Jesucristo? Indica la veracidad de la Palabra de Dios, la deidad del Hijo de Dios, el término de la salvación de Dios, y el establecimiento de la iglesia de Dios.

Hay otra realidad que está ligada a la resurrección, la inevitabilidad del juicio de Dios. Jesús resucitó no solo para ser Señor de Su iglesia, Jesús resucitó no solo para ser la vida de Su iglesia, sino que Jesús resucitó para ser el Juez del mundo. En el octavo capítulo de Juan, los judíos le dicen a Él, “¿Ciertamente no se matará a sí mismo, oh sí? Debido a que dice, ‘Adónde yo voy vosotros no podréis venir, se estaban burlando de que sí que si cometías suicidio no entrarías al reino. Él dijo que iba a ir Su Padre, ¿quiere decir que se va a matar a sí mismo y no vamos a poder ir porque nosotros vamos al cielo, y él va al infierno debido al suicidio, ¿eso es lo que Él quiso decir? Esto es burla.

Él les dijo en el versículo 23, “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os digo que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy,” ese es el nombre de Dios, “a menos de que crean que Yo Soy Dios, en vuestros pecados moriréis.” Entonces, le dijeron, ¿“Tú quién eres?” Entonces Jesús les dijo, “Lo que desde el principio os he dicho,” después versículo 26, “Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros,” mmm. O es el Salvador de usted, o es Su Juez. Mateo capítulo 25 lo presenta como el Juez de las naciones, el apóstol Pedro lo presentó el Juez de los ángeles, pero más que eso es presentado como el Juez de todo individuo. Y ese juicio es un retrato aterrador.

En el capítulo 20 del libro de Apocalipsis, podemos avanzar a ese capítulo, el cual nos revela el juicio final. Apocalipsis 20, versículo 11, “Y vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto el cual fue el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que están escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos. Y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago del fuego, esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.”

Dios mantiene un registro exacto, aquí está el pasaje más solemne y amenazador en toda la Biblia, 1 Corintios 16:22 dice, “Si alguno no amare al Señor Jesucristo sea anatema”, maldito. Aquí está esa maldición en su forma final. Dios mantiene, de nuevo, registros exactos. Y todo pecador será juzgado por los libros, y lo que los libros registran es pecado. ¿Quién es este Juez? ¿Quién es este Juez? La respuesta a eso está de regreso en el evangelio de Juan, capítulo 5, y leemos en el versículo 25, “De cierto, de cierto os digo,” Jesús está hablando, “viene la hora, y ahora es cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que lo oyeren vivirán.” ¿Quién es aquel que resucita todos los muertos y los trae al juicio final? Es el Hijo de Dios.

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo. Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.” Todos. Toda persona resucitará. Todo saldrá, y los que hicieron lo bueno saldrá en la resurrección de vida, más lo que hicieron lo malo a resurrección de condenación. Nuestro Señor dice, “No podría hacer nada por mí mismo, según oigo, así juzgo y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero, otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.” Él simplemente está diciendo, “No estoy diciendo esto por Mí mismo, Yo estoy reiterando lo que el Padre ha dicho.”

Es suficiente decir que Él es el Juez, Él vino para buscar y a salvar a los perdidos. Y aquellos que lo rechazan Él juzgará. Es imposible entender el rango completo de importancia conectado con la resurrección de Jesucristo. A menos de que usted vea estas cosas que son el resumen de todo el propósito redentor de Dios. La veracidad de la Palabra de Dios, la deidad del Hijo de Dios está en juego, el término de la salvación de Dios está en juego, el establecimiento de la iglesia está en juego, la inevitabilidad del juicio de Dios, la veracidad de la Palabra de Dios está en juego. Todas estas están ligadas a la resurrección.

Y una realidad final, el gozo final del pueblo de Dios. El gozo eterno del pueblo de Dios. Un pasaje amado en Juan 14, en dónde Jesús les dice a sus discípulos en ese Aposento Alto en la noche de la última Pascua, la noche de su traición, al día siguiente iba a ser arrestado, “No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay, si así no fuera yo lo hubiera dicho. Voy pues, a preparar lugar para vosotros, y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que dónde yo estoy vosotros también estéis.” Porque Él vive, Él tiene el poder para cumplir Su promesa de reunir a Su pueblo para la gloria.

Escuche lo que Pablo dice al final de ese gran capítulo de 1 Corintios 15, “Pero esto digo hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredará la corrupción. He aquí os digo un misterio, no todos dormiremos, pero todos seremos transformados,” no toda persona va a morir, algunos simplemente van a ser transformados camino hacia arriba. Ese es el rapto de la iglesia. Va a suceder en un momento, “en un abrir y cerrar de ojos. A la final trompeta, porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados, los muertos resucitarán y el resto de los creyentes serán congregados a la presencia del Señor.”

Esto corruptible se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad. Y cuando esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita, ‘absorbida es la muerte en victoria ¿dónde está oh muerte tu aguijón? ¿dónde oh sepulcro tú victoria?’ ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley, más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” ¿Qué victoria? La victoria sobre la muerte, la victoria sobre la muerte. Todo en nuestra redención está conectado a la resurrección, esta es la realidad que abarca todo, que establece la verdad de la Palabra de Dios, la deidad del Hijo de Dios, el término de la salvación de Dios, el establecimiento de la iglesia de Dios, la inevitabilidad del juicio de Dios, y la maravillosa esperanza del pueblo de Dios en el cielo. Todo está ligado a la resurrección. Esa es la fuerza completa de la resurrección.

La invitación es esta, las palabras conocidas de Pablo en Romanos 10, dice esto: “Si confesares con tu boca, que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. En ese mismo pasaje en Romanos 10, Pablo cita del profeta Joel, “Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.” La resurrección es la evidencia final de que Él puede hacer lo que Él vino a hacer, salvar a Su pueblo de sus pecados.

Padre te damos gracias por la claridad con la que la Escritura habla de la gloria y centralidad de la resurrección. Te damos gracias por darnos, por lo menos de manera breve, un retrato de la fuerza plena de este acontecimiento incomparable, te damos gracias porque nuestro Salvador vive, y porque Él vive, todos los que están en Él viven también. Y debido a que Su vida es eterna, también es la vida que le pertenece a todos los que le pertenecen a Él. En Él vivimos de manera eterna, en gozo. Gracias por resucitar a Cristo, y porque un día nos resucitarás a todos nosotros, de tal manera que no seremos meramente espíritus desmembrados en Tu presencia, sino que todos nosotros tendremos cuerpos de resurrección como Pablo dice, como su cuerpo glorioso de resurrección aptos para el servicio eterno, y la gloria de Aquel que nos dio vida.

Te alabamos por este Domingo de Resurrección, por nuestra propia resurrección. Ya hemos sido resucitados de la muerte espiritual, pronto seremos resucitados de la muerte temporal, a la vida eterna en Tú presencia. Anhelamos esa realidad, pero hasta ese tiempo queremos ser fieles, fieles en cumplir el llamado que Tú nos has dado, en estas palabras, “Así que hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” Que nosotros que tenemos vida, porque estamos en Cristo, y Cristo está en nosotros trabajemos de esta manera, nos esforcemos por el evangelio y por causa del reino. Que nuestras vidas sean una expresión fuerte de gratitud mediante obediencia y adoración por el regalo que hemos recibido, esto es, nuestra vida eterna en Cristo.

Y pedimos estas cosas en Su Nombre. Amén.

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