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Gracias a todos los músicos, estamos tan bendecidos semana tras semana de eso, por ese tipo de música y extrañamos su presencia real aquí, pero vamos a tomar esa oportunidad para un tiempo como este.

El domingo pasado comencé el comienzo de una serie de dos partes de la comunión, pero se podría extender un poco más allá de eso, dependiendo de cuando cubramos hoy. Hablamos de hecho de que la iglesia verdadera del Señor Jesucristo es una comunión viviente y estamos hablando de la realidad más obvia, que no podemos disfrutar esa comunión en la situación actual.

Entonces, estamos extrañando lo que es la identidad esencial de la iglesia, si le pertenecemos al Señor Jesucristo, sí somos un cuerpo espiritual, sí estamos unidos por la vida eterna en común pero la iglesia manifiesta su vida en comunión el uno con el otro. De hecho, la Biblia establece un mandato a no dejar de congregarse, como algunos acostumbran, sino, mucho más conforme el día se acerca. En otras palabras, jamás dejen de congregarse, necesitan estar juntos en la comunión así es como el Señor ha diseñado que la iglesia sea tanto para fortalecerse a sí misma, como para establecer en la sociedad su testimonio a nivel corporativo.

La iglesia verdadera, entonces, del Señor Jesucristo, es una comunión viviente. El cristianismo no es un deporte de espectador. La iglesia no es un acontecimiento al que usted va y ve cómo pasan las cosas. De hecho, quizás la mayoría de la gente asumiría que la audiencia que está sentada en los asientos, está viendo la presentación que se está llevando a cabo en el escenario, y ellos meramente son espectadores. Eso no es lo que la adoración es. La adoración es una ofrenda de alabanza individual y colectiva traída delante de Dios mismo. Venimos como los adoradores verdaderos para traer nuestra alabanza al Dios viviente. Y nuestra vida en común, espiritual, se manifiesta en adoración, conforme juntos elevamos nuestra adoración amorosa a nuestro Señor. La iglesia está diseñada para ser un cuerpo. Hemos hablado de eso. Nuestras vidas están unidas mezcladas, vivimos el uno para el otro, vivimos uno con otro. La vida misma de la iglesia es expresada en esa comunión.

Ahora, recordamos que Efesios 1:3 dice que hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Entonces, vivimos como los destinatarios de bendición espiritual, no es una comunión étnica, no es una comunión cultural, es una comunión que no tiene límite, no tiene límites en términos étnicos, raciales, no límites en términos de la sociedad, sin límites en términos económicos, es una comunión de aquellos que han recibido el regalo preciado de todas las bendiciones espirituales en Cristo, y comparten las riquezas de esas bendiciones. Y pensamos en el hecho de que Dios es una Trinidad, Dios es un Dios Trino, es tres personas, sin embargo, unas tres personas compartiendo la misma vida espiritual, la misma vida eterna, los mismos atributos.

Entonces nosotros como el cuerpo de Cristo, en un sentido, somos un reflejo de la relación misma de la Trinidad, conforme nosotros también compartimos la misma vida espiritual, la misma vida eterna, y se nos da el privilegio de compartir las mismas bendiciones. Me di cuenta el otro día que cuando algunas partes de nuestro país se abrieron, hubo una nota en las noticias que la gente salió corriendo a los bares. Eso no es sorprendente para mí, y no está solo relacionado con el alcohol.

Un escritor dijo esto: “El bar del vecindario es la mejor falsificación del tipo de comunión que Cristo quiere para su iglesia. Es una imitación, dando alcohol en lugar de gracia, escape en lugar de realidad, pero es una comunión permisiva, y no es exclusiva. El bar es demócrata, el bar no conmueve a nadie, en el bar usted puede contarle los secretos a alguien más y no cuentan, normalmente, los secretos que usted contó. Piénselo, el bar florece, no porque la mayoría de la gente es alcohólica, sino porque Dios ha colocado en los corazones de todas las personas el deseo por conocer y ser conocidos, de amar y ser amados.

Entonces, la gente busca una falsificación por el precio de unas cuántas cervezas. El deseo profundo en el corazón humano, es por relaciones, relaciones significativas, satisfactorias, que nos animan, amorosas, eso encuentra su manera de entrar en la cultura en muchas formas. Cualquier persona que ve a su alrededor sabe que la gente se reúne en grupos, quizás se reúnen en torno a reconstruir automóviles, quizás se reúnen en torno a coleccionar estampillas o algún, o en torno a algún deporte o en torno a alguna otra actividad.

Hay diferentes lugares y asuntos que son el punto de encuentro de muchas personas. Pero no es el punto en sí, sino que es, lo que es atractivo es que se reúnen, porque eso está integrado, incorporado en el corazón del hombre. Pero la comunión más rica y más elevada y mejor de todas las relaciones se encuentra en la comunión de los hijos de Dios que están en Cristo, y que le pertenecen a Él. La iglesia es la única comunión eterna, es la única comunión que está capacitada por Dios. Es la única comunión que es destinataria de toda bendición celestial de manera incesante. Es la única comunión que dura para siempre.

Entonces, en este momento estamos viendo a personas que corren primero al bar, porque ese es el antídoto para las agonías del aislamiento. Y oímos que es esencial que la gente tenga la oportunidad de hacer eso, porque de otra manera van a encontrarse en una desesperanza y depresión abrumadoras y quizás terminen quitándose la propia vida. Este es un reflejo de cuan profundamente el hombre está diseñado para ser amado y para amar. La iglesia satisface eso de una manera en la que nada ni siquiera se puede acercar.

Sin embargo, creo que, para nosotros como creyentes, tendemos a dar eso por sentado hasta que entramos en una situación como esta, este es el domingo número once en dónde no hemos disfrutar de la comunión que se ha vuelto más dolorosa para nosotros, se ha vuelto una pérdida más seria. No hay bar, no podemos reunirnos en torno a una televisión para ver un deporte, no hay un acontecimiento humano que pueda sustituir lo que nos perdemos en la vida de la iglesia.

Ahora, hablamos de la iglesia como siendo definida por Dios en una serie de metáforas. La iglesia es llamada una novia, y Cristo el novio, la iglesia es llamada pámpanos, y Cristo es la vid, el tronco al cual estamos pegados. La iglesia es una familia y Dios es nuestro Padre, Cristo es nuestro hermano. La iglesia es un reino y el Señor Jesús es nuestro Rey. La iglesia es un rebaño y Él es nuestro pastor. La iglesia es un edificio y Él es el arquitecto y piedra angular. Pero lo que habla de manera más clara del asunto de la comunión es ver a la iglesia como un cuerpo. Es el cuerpo de Cristo, es el organismo espiritual y visible en el que estamos unidos juntos, mediante la vida eterna, espiritual. Somos un organismo vivo, espiritual.

Así como el cuerpo humano es una colección de células que hacen que el todo opere como opera, así es la iglesia, es una colección de células espirituales. Y, cada una de ellas tiene una función muy importante en base al ADN que está integrado en cada uno de nosotros, que produce la visión de Cristo que el mundo pueda ver. En Efesios capítulo 4, leemos que los apóstoles y los profetas y los evangelistas y los pastores-maestros son para edificar a los santos, para la edificación del cuerpo de Cristo.

No somos nada un cuerpo en el sentido que somos orgánicos, somos el cuerpo de Cristo, que cuando la iglesia opera como debe funcionar Cristo es desplegado, “de tal manera que todos llegamos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” “Debemos crecer en todo aspecto en Aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí, por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Ese es simplemente una definición profundamente rica de la iglesia, somos el cuerpo de Cristo, nosotros mostramos a Cristo, mediante el amor manifiesto crecemos a la semejanza de Cristo, y eso se marca de manera particular por el amor.

Antes en nuestro servicio, hoy, leí de Colosenses capítulo 1, y lo llevo de regreso ahí y dice con respecto a Cristo, en el capítulo 1, versículo 18: “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.” En el capítulo 2, en el versículo 19, dice que: “Debemos estar asidos de la cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.” Es una verdad espiritual profunda, los cristianos no son nada más personas aisladas que han sido redimidas de manera individual y son hijos de Dios. No. Están conectados mediante la vida en común. Somos mantenidos juntos, asiéndonos de la cabeza quien es Cristo, de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Y de regreso en el capítulo 1, que leí antes, Pablo dice: “Mis esfuerzos como siervo de Cristo es hacer lo que me corresponde,” versículo 24, “por su cuerpo que es la iglesia.” Pablo ve el ministerio, como es indicado en Efesios 4, como vimos, “apóstoles, profetas, pastores-maestros, evangelistas, son para el perfeccionamiento del cuerpo, para edificarnos a la semejanza de Cristo.” Pablo dice: “Ese es mi llamado, yo participo a favor de Su cuerpo que es la iglesia, y eso incluye padecer por vosotros. Hago esto, para que yo vea a todo hombre y a toda mujer perfectos en Cristo.” Todo tiene que ver con Cristo, todo tiene que ver con estar en Cristo, todo tiene que ver con crecer a semejanza de Cristo de tal manera que colectivamente lo desplegamos.

En Colosenses capítulo 3, versículo 12, Pablo dice: “Vestíos pues como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros. Si alguno tuviera queja contra otro, de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones a la que así mismo fuisteis llamados en un solo cuerpo, y sed agradecidos.” Y lo que produce esto es que la Palabra de Cristo mora en abundancia en vosotros. Y todo lo que hace esa Palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús. Somos el cuerpo de Cristo, una metáfora única en el Nuevo Testamento para el pueblo escogido de Dios, es el cuerpo de Cristo, compartimos la vida eterna en común, la verdad en común, poder en común, ministerio en común, y testimonio en común.

Entonces, la palabra comunión realmente es crucial para que entendamos la iglesia, la iglesia es una comunión. Esa es una palabra que por cierto aparece treinta veces en alguna forma en el Nuevo Testamento, y nadie puede entender a la iglesia sin entender la verdad, que es una comunión. La iglesia no es un edificio, ni la iglesia es un acontecimiento al que usted va y ve que pasa, es una colección profunda, interdependiente, de santos redimidos, que proveen de manera mutuamente, bendiciones espirituales el uno al otro, en el poder del Espíritu. Y el cuerpo humano es una metáfora maravillosa para entender eso.

Ahora, la última vez le di a usted algo de las categorías de cimiento en las que podemos entender la iglesia como el cuerpo de Cristo. En primer lugar, hablamos de la base de nuestra comunión, y es la salvación, es la salvación. Usted entra a la comunión en el punto de la salvación. Usted recordará que 1 Juan 1, versículo 3 dice: “Lo que hemos visto y oído acerca de Cristo, esto os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.” Juan dice: “Proclame el evangelio para que puedan entrar a la comunión.”

Entonces, la base de nuestra comunión es el evangelio. Nada más que eso, porque en Cristo no hay ni judío, ni griego, ni varón, ni mujer, ni esclavo, ni libre, no hay división de ninguna persona, de ninguna otra persona en la comunión. La salvación nos hace uno en la comunión. La base entonces es la salvación. Si usted es un creyente usted está en la comunión. La naturaleza de nuestra comunión, hablamos de eso, es compartir. Esa es una palabra simple, pero eso es exactamente. Vimos eso en Hechos capítulo 2, como inmediatamente cuando la iglesia fue fundada en el día de Pentecostés, la gente estaba compartiendo en la Cena del Señor, estaban compartiendo en comunión personal, y estaban compartiendo en la doctrina de los apóstoles. El aspecto experimental, el aspecto empírico de esta salvación en común, es compromiso mutuo en la verdad, el amor y el servicio unos a otros.

Y, en tercer lugar, concluimos la última vez que el símbolo de nuestra comunión es la mesa del Señor. Y, habíamos preparado para hacer todo para el día de hoy, para antes de que los planes cambiaran. Pero la mesa del Señor, 1 Corintios 10 establece que la mesa del Señor, en los versículos 16 y 17, es una comunión compartida. Entonces, la base es la salvación, todos estamos en Cristo, venimos a la mesa del Señor, hemos participado de Su cuerpo y de Su sangre, ese es el símbolo, Él es nuestro Salvador, Él es nuestra cabeza, Él es nuestro Señor, Él es nuestro Rey, y declaramos eso de manera abierta cuando nos reunimos en torno a Su mesa.

¿Cómo es que la mesa del Señor ministra gracia a nosotros? Eso de eso en la adoración colectiva de la iglesia en torno a la mesa. La mesa del Señor no es algo que usted hace como un individuo. Esa es la razón por la que no lo hacemos en vivo por internet, no es una expresión individual. 1 Corintios es muy claro. “Cuándo os reunís en un lugar,” literalmente en el griego, “cuando se reúnan en un lugar”. “Cuándo se reúnan” se repite tres o cuatro veces, “hagan la mesa del Señor de esta manera.” Es para que nosotros la realicemos de manera colectiva y es esa expresión maravillosa, colectiva de adoración y alabanza a nuestro Señor por Su muerte, que nos une y ministra gracia a nuestros corazones.

Ahora, eso nos lleva a un par de realidades de conclusión para entender la comunión. En primer lugar, la base es la salvación, la naturaleza es compartir, el símbolo es la Cena del Señor, permítame hablar del peligro. ¿Cuál es el peligro para la comunión? En una palabra el peligro para la comunión es pecado. El pecado es el peligro para la comunión, el pecado interrumpe la comunión, el pecado afecta la comunión, el pecado se mete a la eficacia del testimonio, el pecado se entromete de manera significativa en el ministerio mutuo, el pecado interrumpe el amor y coloca en su lugar enemistad y amargura, y discordia. El pecado es el peligro singular en contra la comunión.

Acompáñeme a Mateo capítulo 18, esa porción tan conocida de la Escritura, en dónde el Señor resume el peligro para la comunión de manera categórica en el aspecto del pecado. Ese es el peligro. Esa es la razón por la que nuestro Señor dice en Mateo 18:15, “Si tu hermano peca.” No menciona ninguno en particular, cualquier pecado va a tener el mismo efecto. “Si tu hermano peca ve y repréndele estando tú y él solos”, en privado. Así es como la comunión opera. Es así de íntima, que usted va en privado, confronta el pecado de su hermano. Esa es la comunión. Eso es requerido, de hecho, es la primera instrucción dada en el Nuevo Testamento para los creyentes en la iglesia.

La iglesia apenas acaba de ser presentada ahí de regreso en el capítulo 16 cuando el Señor dice: “Edificaré mi iglesia.” Y aquí está la primera instrucción dada a la iglesia y es dada para proteger a la iglesia en su comunión. “Si tu hermano peca,” tiene usted la obligación de ir y mostrarle su falta en privado. “Si te oyere has ganado a tu hermano.” Eso es crítico, porque eso es lo que interrumpe la comunión, y lo que interrumpe la comunión obviamente interrumpe nuestro gozo, interrumpe nuestro amor, y daña nuestro testimonio colectivo. “Si te oyere has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma contigo a uno o dos para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.” Sino oye la respuesta en privada, tomas a dos o tres testigos como fue básicamente establecido, ahí atrás en el libro de Deuteronomio, que las cosas deben ser confirmadas por la boca de dos o tres testigos.

Entonces, estas llevándolos para confirmar, o una respuesta arrepentida, o una respuesta rebelde. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia. ¿Y qué debe hacer la iglesia? Lo mismo. La iglesia debe ir a él. ¿Cómo sabemos eso? Porque la siguiente línea es “Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” En otras palabras, el pecado afecta tanto la vida del cuerpo de Cristo, a la comunión, que vas a al máximo grado y el máximo grado es decirle a la iglesia entera, para que vaya a buscar a este pecador impenitente. Y si se rehúsa, a escuchar a la primera persona, las siguientes tres y a la iglesia, entonces lo tratas como alguien de afuera, gentil, y publicano, simplemente son expresiones que indican alguien que no es parte del reino. Los tratas como si fueran incrédulos, porque bien podrían ser incrédulos, literalmente los sacas de la comunión. Ahora, eso es difícil, eso es muy, muy explícito.

Y entonces en cierta manera respiras hondo y dices: “Pero eso no es algo fácil que hacer.” Y entonces para ayudarle con eso, versículo 18, nuestro Señor dijo: “De cierto os digo, que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Otra vez os digo que, si dos de vosotros se pusiera de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque dónde están dos o tres congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.” ¿Sabe usted lo que eso está diciendo?

En este contexto está diciendo esto, cuándo usted confronta a un pecador y regresa con dos o tres testigos, y cuando usted le dice a la iglesia que confronte ese pecador, y llama a ese pecador a arrepentirse, usted esencialmente está haciendo en la tierra lo que está siendo hecho en el cielo.” Usted está haciendo el trabajo del cielo en la tierra. Y, si usted ata una persona en la tierra, usted está diciendo esencialmente a ellos todavía estás en tu pecado porque no te quieres arrepentir. El cielo está de acuerdo con eso, y si usted desata en la tierra a una persona porque se ha arrepentido y le dice usted estás desatado de tu pecado, simplemente está siendo usted eco de lo que ya ha sido dicho en el cielo.

Y debes saber esto, que por duro que sea cuando incluso dos o tres van en esa segunda expresión, dos de ustedes van, el cielo está de acuerdo con ustedes. Más que eso, versículo 20, Jesús dijo: “Yo estoy ahí en medio de ustedes.” Nunca Cristo está más presente en Su iglesia como cuándo Su iglesia está confrontando la conducta pecaminosa y la impenitencia, porque el pecado es un peligro tan desastroso para la iglesia, cualquier pecado, todo pecado tolerado, perpetuado de una manera impenitente hace un daño horrendo a la iglesia.

Ahora, no estamos hablando del asunto del perdón. Si usted es un creyente verdadero sus pecados son perdonados, eso es presentado de manera muy clara, Efesios 1:7, Efesios 4:32, incluso en Colosenses capítulo 2, 1 Juan 2:12. No es cuestión de perdón para los creyentes verdaderos, están cubiertos por el perdón que es extendido en Cristo. No es cuestión de amor. En Juan 13:1 usted podría decir conforme Jesús estaba viendo a sus discípulos la noche de Su última cena con ellos, que habían actitudes pecaminosas entre ellos, sin embargo dice en Juan 13:1, “Que habiéndolos amado en el mundo, los amó eis telos, los amó hasta el fin, los amó al máximo.

El perdón para los creyentes verdaderos es un asunto que ya está cerrado, concluido en el cielo. El amor para los creyentes verdaderos es un asunto que ya está cerrado en el cielo, no es cuestión de perdón, no es cuestión de amor, es cuestión no obstante de bendición. Es cuestión de paz, es cuestión de gozo, es cuestión de poder, es cuestión de testimonio, debido a que es una interrupción de la unidad. Interrumpe la unidad entre cristianos y otros cristianos, despedaza, restringe, detiene, confunde. En dónde quiera que hay cualquier pecado, soberbia, lujuria, materialismo, usted tiene elementos destructivos que son desatados en la comunión.

Esto es tan serio que en 1 Corintios capítulo 11, hay una advertencia acerca de venir a la mesa del Señor, que de nuevo como le he dicho es el símbolo de nuestra comunión. Pero al final del capítulo 11 está hablando todavía de la mesa del Señor, versículo 27: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente,” eso significa que usted viene a la mesa con pecado, todavía vivo y operando en su vida. Usted hace eso de una manera indigna y usted será del cuerpo y de la sangre del Señor.

Por eso un hombre tiene que probarse a sí mismo y comer así del pan, y beber así de la copa, porque el que come y bebe indignamente sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come, y bebe para sí.” No solo el cuerpo del Señor, sino incluso el cuerpo, la iglesia. ¿Cuán serio es esto? Escuche la siguiente línea. Si usted viene a la mesa del Señor entreteniendo el pecado en su vida, “por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”, literalmente están muertos. Usted puede morir en la iglesia, matado por el Señor, por venir a su mesa indignamente, cultivando o aferrándose a cualquier pecado.

Entonces, el apóstol advierte: “Si pues nos examinásemos a nosotros mismos no seríamos juzgados, más siendo juzgados somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo.” En otras palabras, esta es disciplina de creyentes, no condenación, pero es disciplina severa. ¿Cuán severa es? Algunos de ustedes están debilitados, algunos de ustedes están enfermos, algunos han muerto. No debe venir usted a la mesa del Señor con pecado en su vida. Eso es extremadamente serio. Esa es una afrenta en contra de Dios. Y ese es el símbolo de nuestra comunión. Usted queda aislado del símbolo, porque usted se ha aislado de la realidad. El pecado debe ser enfrentado. Esa es la razón por la que, cómo dije, la primera instrucción dada a la iglesia está en Mateo 18:15 en adelante en dónde usted ve al pecado, usted lo confronta.

Regresemos a ese texto de Mateo y hablemos un poco de él. La influencia de la iglesia. Todos diríamos que nos gustaría que la iglesia influenciara al mundo, obviamente, la influencia de la iglesia no depende de relevancia cultural. No depende de inteligencia mercadológica, no depende de presentar una etiqueta, no depende de buscar un nicho, no depende de algún tipo de metodología comercial o mercadológica. ¿En dónde es que la influencia de la iglesia se encuentra? La influencia de la iglesia depende de su santidad. ¿Cómo puede la iglesia tener un impacto? ¿Cómo puede la iglesia tener un impacto en una cultura que más y más es inmoral? Eso es ciertamente lo que estaba enfrentando la primera iglesia en la época del Nuevo Testamento. ¿Cómo es que la iglesia debe tener un impacto? Mediante su santidad.

El Señor enfatizó eso en el quinto capítulo de Hechos, creo que todos recordamos eso, hubieron algunas personas que mintieron al Espíritu Santo. Ellos pretendieron haber dado todo lo que habían recibido por haber vendido un terreno, pretendieron haberle entregado todo al Señor cuando de hecho no se entregaron al Señor. Y sus nombres fueron Ananías y Safira. Y Pedro les dice después de que habían presentado su ofrenda pública y abiertamente de manera hipócrita, “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no te quedaba a ti? No te tenías que venderla. Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” No tenías que darla, no tenías que decir que ibas a darlo todo, no tenías ni que venderla ni decir que ibas a dar todo, no había regla en eso. “¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró, y vino un gran temor sobre todos lo que lo oyeron.” El Señor literalmente lo mató en la iglesia por mentir acerca de su ofrenda.

“Y levantándose los jóvenes, volvieron, y sacándolo lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer… y Pedro le dijo: Dime, ¿vendiste en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? Y he aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él y expiró, y cuando entraron los jóvenes la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.”

Ahora, usted no pensaría que esa sería una gran manera de promover una iglesia. Lo que decían ahí en la ciudad era: “No debes ir ahí porque la gente muere.” La gente muere, incluso gente que da mucho dinero a la iglesia, incluso gente que vendió terreno y le dio dinero a la iglesia murieron ahí. ¿Qué tipo de lugar raro es ese? Esa sería la peor manera posible de promover tu iglesia. Ven a nuestra iglesia, y si eres un hipócrita puedes ser matado y sepultado y nunca regresar a tu familia. Y algunas iglesias en la actualidad que están muy preocupados por la pérdida de peso, ¿pérdida peso? y proveer programas para pérdida de peso. Parecen estar más interesados en perder peso que en el pecado.

En 2 Corintios capítulo 2, y simplemente para continuar siguiendo esto un poco, porque es tan importante. El apóstol Pablo realmente está derramando su corazón en el versículo 19, de 2 Corintios 12, “¿Pensáis aun que nos disculpamos con vosotros? De hecho, delante de Dios y en Cristo hablamos y todo, muy amados, para vuestra edificación. Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes; que cuando vuelva me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.” Ese fue el temor de Pablo, el pecado en la iglesia. Hizo una inversión increíble, y su temor era que iba a regresar a Corinto y encontrar pecado.

El capítulo 13, comienza: “Esta es la tercera vez que voy a vosotros.” Y él cita de Deuteronomio, “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto.” He venido, he de confrontar el pecado, como dijo nuestro Señor en Mateo 18 y lo voy a hacer según esta prescripción de Deuteronomio. “He dicho antes y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron,” debido a que él había estado ahí, “y a todos los demás que si voy otra vez no seré indulgente; pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros.”

¿Qué está diciendo? ¿Están cuestionando si represento a Cristo? ¿Están cuestionando si Cristo se mueve y habla en mí? Se los voy a probar, porque cuando yo venga voy a encontrar el pecado y lo voy a enfrentar y no voy a librar a nadie. Hombre. Pablo dijo: “Miren, voy a confrontar el pecado. Podría quebrantar mi corazón encontrar pecado que hay ahí, pero no voy a hacer indulgente con nadie. El poder y la influencia está directamente conectada a su pureza, no a su relevancia cultural, no a su estilo, no a su música. El impacto de la iglesia en una cultura que más y más es inmoral está ligada a su santidad. Los medios masivos de comunicación e inteligencia hace que vengan multitudes a la iglesia, la santidad hace que el Señor Jesús venga a la iglesia.

Esa es la razón por la que Pablo dice al escribirle a los corintios: “Límpiense de toda inmundicia de la carne, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Nada es tan serio en la vida de la iglesia como el pecado. Sin embargo, en el mundo evangélico contemporáneo de hoy día, confrontar el pecado es lo último que los predicadores populares quieren hacer. A ellos ni siquiera les gusta mencionar la palabra pecado. A cuántas iglesias iría usted antes de que encontrara una iglesia que se reúne en torno a la mesa del Señor y habla de un pecador o pecadores. A quienes la gente acudió y no se arrepintieron, a quienes dos o tres acudieron y no se arrepintieron, y ahora le están diciendo a la iglesia. ¿Cuántas veces ha estado usted en un servicio de comunión y ha oído del pastor que la iglesia entera necesitaba ir y llamar a un pecador impenitente de regreso al Señor? ¿Cuántas veces ha oído usted eso?

Es una realidad triste, no hay gozo en hacerlo, pero la mayor parte del tiempo aquí en Grace Community Church, en la mayor parte del tiempo cuando tenemos comunión tenemos que hacer eso. La gente en el libro de los Hechos no quería acercarse a la iglesia, porque usted podía morir ahí. No iban a ir a un lugar en dónde el pecado constantemente está siendo exhibido. Me acuerdo en los primeros años, cuando apenas había llegado a Grace, y nunca había visto una iglesia en ningún lugar que fuera obediente a Mateo 18, y yo dije: “Vamos a hacer eso.” Se me dijo por muchas personas, vas a vaciar a la iglesia, vas a vaciar la iglesia. Y la realidad es que llenamos la iglesia, porque los hijos verdaderos de Dios aman la santidad, tienen afectos santos. Si, mantiene alejados a los hipócritas en general, pero es la realidad más atractiva para los santos verdaderos, porque anhela ser todo lo que el Señor quiere que sean.

Estaba hablando con alguien los otros días acerca del Salmo 119, Salmo 119. Es simplemente un Salmo increíble, el capítulo más largo en la Biblia, y ciertamente el salmo más largo, usted lo conoce. Hay 176 versículos, y el salmista en 175 versículos dice que el ama la ley de Dios, de una u otra manera, 175 maneras diferentes, amo tu ley, amo tus estatutos, amo tus preceptos, amo tus testimonios, y después al final, su versículo final, 176: “Yo anduve errante como oveja extraviada, busca a tu siervo.”

¿Qué? ¿175 veces dices que amas la ley de Dios y terminas diciendo anduve errante como oveja extraviada? Esta es la realidad. Todos nosotros necesitamos estar en un lugar en dónde el pecado es confrontado. Y queremos estar ahí, porque anhelamos la santidad. Si usted no tiene interés en la santidad en su llamada iglesia, los hipócritas van a estar felices ahí. Si usted busca la santidad, no van a sobrevivir. Cuándo el Señor nos enseñó a orar, él dijo: “Oren así, hágase tu voluntad como en el cielo, así en la tierra.” Su voluntad es que ninguna cosa impía entre jamás, dice, es su voluntad para la tierra.

Eso lleva a una categoría final de consideración con respecto a la comunión. Y esa es, no solo la base de nuestra comunión, la cual es la salvación; la naturaleza, la cual es compartir el símbolo, la cual es la mesa del Señor; el peligro, el cual es pecado; sino el deber. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? En una palabra, servir, servir. De hecho, en 2 Corintios 8:4, la comunión es identificada como la comunión del servir, la comunión de servir. Esta es la iglesia, no es un acontecimiento de espectadores una vez a la semana. Eso es únicamente la iglesia que sirve, la comunión que sirve que se congrega para la adoración colectiva. Nos encanta la adoración colectiva, pero esa no es la expresión completa de la vida de la iglesia.

Aquellos de ustedes que son parte de Grace Community Church ustedes saben, ustedes saben cómo es el servicio de la comunión. Simplemente ayer, esperando el hecho de que íbamos a poder abrir nuestra iglesia, habíamos estado teniendo construcción a lo largo aquí en estos días, y estamos agradecidos porque lo hemos podido hacer más rápido porque no fuimos interrumpidos por muchos acontecimientos, pero cuando la gente se dio cuenta que quizás podríamos abrir, un pequeño ejército de personas estaba aquí sirviendo tras bambalinas. Y así es siempre. Nos servimos unos a otros, no solo el domingo cuando nos congregamos, sino nos servimos unos a otros en todo nivel, comenzando en matrimonios que se sirven unos a otros y familias que se sirven entre sí, familias extendidas y amistades, y se extiende después a estudios bíblicos y en diferentes expresiones de comunión. La iglesia es la comunión de los servidores, nos servimos unos a otros.

Y esencialmente usted puede dividir ese tipo de servicio en dos categorías. La primera categoría será lo que llamamos dones espirituales, dones espirituales. Se hace referencia a ellos en Romanos 12, 1 Corintios 12, Efesios 4, 1 Pedro 4, usted los puede buscar. Pero a todo creyente se le da un don espiritual, y ese don espiritual es básicamente una función capacitada por el Espíritu mediante la cual usted sirve a otros. Y no solo está aislado a una cosa, usted puede decir tengo el don de enseñanza o podría decir quizás tengo el don de predicación o quizás podría decir se me han dado dones de liderazgo, es una mezcla.

Es como si toda categoría, hay, las categorías son dadas en Romanos 12, 1 Corintios 12, que ni siquiera están de acuerdo entre sí, lo cual nos muestra que no son categorías estrictamente delineadas, hay una mezcla, es como si el Señor pinta todo creyente de una paleta, y las categorías de dones son de diferentes colores, pero meten varios colores y lo pinta a usted, usted es una combinación de todo tipo de cosas, y su don expresa muchas diferentes áreas en las que el Espíritu Santo puede usarlo a usted. Usted es una especia de copo de nieve espiritual. Solía ser que podía tomar usted pruebas para identificar su don.

Bueno, Pedro lo divide en dos categorías, uno de servicio y uno de habla, pero ese don puede tener muchos diferentes elementos, diferentes que esencialmente son únicos en cada caso. Y los dones espirituales son para edificar al cuerpo, son para la vida de la iglesia. No lo voy a llevar a 1 Corintios 12, o Romanos 12, usted los puede ver y verá que el propósito de los dones es para otros. Mi don no es para mí, es para usted. Y entonces, hago lo que el Espíritu Santo me ha dotado que haga para el beneficio de la vida de la iglesia. Hay una segunda categoría que debemos considerar cuando debemos pensar cómo se ven en la comunión, y eso es que tenemos cumplir “los unos a los otros”, “los unos a los otros.”

A lo largo del Nuevo Testamento se nos dice que actuemos de cierta manera el uno hacia el otro. Antes de que entre a eso, regrese a Mateo 18 por tan solo un momento, porque podemos establecer el contexto para esto, creo, mediante la instrucción de nuestro Señor. Regrese a Mateo 18, versículo 6, él dice: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí.” No está hablando de niños, no está hablando de bebés, está hablando de creyentes, niños espirituales. Niños espirituales que creen en Mí. “Y cualquiera que haga tropezar a algunos de estos pequeños que creen en Mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” Eso es aterrador, es algo aterrador oír eso de los labios de nuestro Señor. Usted estaría mejor muriendo una muerte agonizante al ahogarse, antes de que llegara a causar usted a un creyente que tropezara.

Ahora el versículo 7: “!! Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !!ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” Escuche, la gente que toma una postura en contra de la iglesia de Jesucristo, sea que sean vecinos, sean personas impotentes, o sean personas poderosas, políticos, o personas que tienen cierta medida de autoridad, usted adopta una postura en contra de la iglesia y usted está en territorio muy peligroso. !!Ay del mundo por los tropiezos! ¿Usted quiere bloquear a la iglesia? !!Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar en un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.” 

Es un texto extremo que salió de la boca de Jesús y advierte a aquellos que hacen que sus hijos tropiecen. Esto es hipérbole, usted tiene que tomar medidas drásticas, no quiere decir que tiene que cortarse un miembro o sacarse un ojo, esto es una ilustración de la reacción extrema que usted debería tener para detenerse de causar que sus hijos tropiecen, si usted no toma acción dramática para tener eso, usted va a ser arrojado al fuego del infierno. Versículo 10, “Mirad que no menosprecies a uno de estos pequeños.” Kata phroneo, que no piensen menos de ellos, que no los menosprecien. “Porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”

La gente del mundo quizás pueda causar que los creyentes tropiecen, incluso personas en la iglesia puedan causar que los creyentes tropiecen, pero el Padre está viendo. Y el Padre va a enviar a sus ángeles para cuidar a Sus propios hijos. Si usted menosprecia a cualquier creyente, si usted trata con indiferencia a un creyente como si no tuviera valor, usted no entiende, usted está hablando y está haciendo que tropiece según el versículo 3, a pequeños del reino, a hijos del reino, versículo 4, hijos del reino, versículo 5, niños que llevan el nombre de Cristo. Más vale que tenga cuidado en cómo trata usted a la iglesia.

¿El Señor está preocupado en cómo el Señor hace esto? tenemos una expectativa de cómo el mundo trata a los creyentes, es confirmada al final del capítulo 11 de Hebreos, en dónde el escritor dice: “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.”

“Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección, más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;” Y después esto, “…de los cuales el mundo no era digno.” El Señor está profundamente preocupado por cómo el mundo trata a sus hijos. Usted no debe causar que uno de estos que cree en Mí, que tropiece.

De regreso a Mateo 18, por un momento, debido a su relación con los ángeles. Su relación con los ángeles. Los ángeles, de acuerdo con la Escritura están cuidando a los santos. Los ángeles según el libro de los Hechos, guían. En el Antiguo Testamento los ángeles proveyeron para Agar, Samuel y Elías. Salmo 91, los ángeles protegen. Hechos 5, Hechos 12 los ángeles libraron. Daniel 9, Daniel 10, los ángeles dieron respuesta a la oración. Somos cuidados por los ángeles, los ángeles celestiales, los ángeles que están delante de Dios, que ven el rostro de Dios en la gloria del cielo, Hebreos 1:14 dice que están diseñados por Dios.

Una de las promesas más maravillosas, como espíritus ministradores enviados para prestar servicio por causa de aquellos que heredarán la salvación. Usted más vale que tenga cuidado en cómo trata a los creyentes. Y le estoy diciendo esto al mundo, pero también se lo estoy diciendo a creyentes. Cuidado con como trate usted a otro creyente debido a su relación con los ángeles. Y después también por su relación con Cristo. Regrese al versículo 5, Mateo 18, “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.” La manera en la que usted trata a otro creyente, es así como está tratando a Cristo, así es como usted está tratando a Cristo.

Jesús dice en Mateo 11, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os daré descanso, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.” El Señor recibe a los quebrantados. También tenemos otra expresión hermosa de nuestro Señor hacia aquellos que vienen a Él, en Mateo en el versículo 20 de Mateo 12, “No quebrará la caña cascada, y el pábilo que humea no se apagará, hasta que él traiga la justicia a victoria.” Tomado de Isaías 42, ¿qué significa eso? El Señor no apaga una vela que se está apagando. Eso quiere decir que no rechaza a la persona quebrantada que está sufriendo, pobre, y los daña. Él de manera tierna cuida de ellos. Él toma sus tristezas, Él toma su dolor, Él toma Su sufrimiento, Él los mantiene en Sus brazos conforme Él los mantiene en Su corazón.

Más vale que tenga cuidado en cómo trata usted a los creyentes, debido a los ángeles, más vale que tenga cuidado en cómo trata a los creyentes debido al Salvador, porque Él está en todo creyente y en todo creyente Cristo viene a usted. Y, cómo está tratando usted a ese creyente, es como está tratando a Cristo. ¿Recuerda usted lo que nuestro Señor dijo? “Si lo has hecho a uno de estos pequeños, lo has hecho a mí.” Y después una tercera razón por la que tiene que tener cuidado para no hacer que un creyente tropiece es su relación con Dios, Dios mismo, el Padre, versículo 12. “Que os parece si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños.”

No importa cuán insignificante pueda parecerle a usted ese creyente, él es el objeto especial del cuidado de Dios. Él recibe a los cansados, y a los quebrantados de corazón, y Él los acoge con compasión tierna y amorosa y está preocupado por cada uno de ellos, de tal manera que, si uno de ellos se desviara, Él dejaría a los noventa y nueve e iría a buscar al que se había perdido y habiendo encontrado a ese que se perdió, se habría regocijado más por el que encontró, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Es casi incomprensible pensar en eso.

No solo el Padre se regocija cuando el hijo pródigo viene a casa, cuando alguien se salva, sino que el Padre se regocija cuando un creyente que se ha desviado, regresa. Dios no se resiste a recibir a un hijo desobediente. El Pastor divino que nunca duerme ni se adormece, que detecta toda oveja que se desvía y en toda oveja, toda idea que se desvía, va a hallar a las suyas. El volumen masivo que les pertenecen a Él de ninguna manera oscurece Su conocimiento íntimo de cada oveja. Cuidado amoroso, persistente, paciente, cuidado perdonador, cuidado que se regocija. Es lo más sorprendente pensar que Dios se agrada de que regresemos de nuestra desobediencia y nos abrace. ¿Por qué? Porque Él no quiere que uno de estos pequeños sea herido, tenga cicatrices, sea afectado.

El llamado es claro, entonces, debido a los ángeles, debido al Señor Jesucristo, debido al Padre, nunca menospreciamos a ningún creyente, nunca hacemos que ningún creyente tropiece en absoluto, en ningún tipo de pecado, nunca debemos ser la causa de eso. Los ángeles están observando, el Salvador está observando, el Padre está observando. Es nuestra responsabilidad cuidar de ellos, en nombre de nuestro Señor son de, ese cuidado es expresado en el Nuevo Testamento mediante una serie de unos a otros, como confesaos vuestras ofensas unos a otros, confróntense unos a otros, repréndanse unos a otros, restáurense unos a otros, edifíquense unos a otros, oren los unos por los otros, ámense los unos a los otros, y sigue, y sigue.

Esta es la vida de la comunión, y al final cuando cumplimos con nuestros dones espirituales y cumplimos los unos a los otros, perdiendo nuestra vida por alguien más, enseñándonos unos a otros, amonestándonos unos a otros, cantando canciones espirituales unos a otros, sean los que sean, el resultado es en primer lugar gozo, Juan dice: “Esto se ha escrito para que vuestro gozo sea cumplido.” Pero hay incluso algo que está más en juego que ese gozo, y está en Juan 17, parte de la oración de nuestro Señor, ahí en el versículo 23 de ese gran capítulo. Juan 17:23 Jesús dijo esto: “Yo en ellos, y tú en mí.” Hablándole al Padre, “…para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has llamado a ellos como también a mí me has amado.”

¿Qué comunica nuestra relación con el Señor al mundo? ¿Qué comunica eso? Es unidad en la comunión, unidad de amor, que le dice al mundo que Tú me enviaste, Jesús dijo, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. La credibilidad de la historia entera del evangelio del Padre al Hijo, a los salvos básicamente es demostrada al mundo, mediante la unidad de nuestra comunión. Sí, hay gozo personal y obediencia, pero existe este testimonio enorme al mundo, cuando la comunión verdaderamente es una comunión de amor. Dios está en despliegue, Dios es mostrado, Cristo es mostrado en la unidad amorosa de la iglesia. Este es el testimonio de una comunión viviente.

Padre nuestro te agradecemos por la Palabra de Dios. ¿Qué podemos decir? Te agradecemos por la Palabra que vive y permanece, la Palabra de verdad, la Palabra de Dios como cantamos hace un momento. Te agradecemos por la instrucción que presenta, pero todo sería imposible de obedecer por nosotros, sino fuera por el Espíritu Santo quien ha establecido Su residencia en nosotros, y cuyo templo somos y te damos gracias a Ti, Dios. Bendito Espíritu Santo, por vivir en nosotros, te agradecemos porque no solo tenemos la instrucción, la revelación externa, sino que tenemos el poder, al Espíritu Santo interno para vivir la comunión, de una manera que muestra el amor del Padre y del Hijo al mundo entero que observa.

¡Que llamado tan increíble! Que tengamos un testimonio para este mundo mediante nuestra santidad, nuestra humildad y nuestra comunión amorosa. Y que seamos completos, y que seamos perfeccionados, consolados, vivamos en un mismo parecer, y vivamos en paz para que Tú, el Dios de amor y paz, estés con nosotros a plenitud. Esto oramos en el nombre de nuestro Salvador. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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