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Abra su Biblia en Mateo capítulo 16. Mateo capítulo 16. Este es un capítulo increíble por muchas razones, algunas de las cuales se van a abrir en nosotros conforme lo vemos juntos. Pero colocarlo en su mente comenzando en el versículo 13. Mateo 16:13, es una narrativa bastante comprensible.

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré la llave del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo,” o el Mesías.

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque, ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Ésta es una introducción profunda a la iglesia, de los labios de nuestro Señor, resume tantas de las realidades críticas que definen a la iglesia. En todo primer día de la semana, desde el día en el que Jesús resucitó de los muertos, durante, hace dos mil años atrás, los creyentes se han congregado para celebrar Su resurrección. Se han congregado para adorar, para tener comunión, para cantar, para orar, para oír las Escrituras enseñadas. El domingo ha sido conocido y de manera apropiada, debido a que así es como Juan lo identifica, como el día del Señor.

Y aquellos que le pertenecen al Señor, mediante el arrepentimiento y fe en el Señor Jesucristo, se congregan en el día del Señor, y lo han hecho desde la resurrección para adorarlo a Él. Este es nuestro gozo, esto no es un deber gravoso, este es el deseo de nuestro corazón, lo hacemos con gratitud, los hacemos con amor, y lo hacemos con gozo pleno. Somos aquellos que hemos recibido el perdón de pecados. Y con eso hemos sido colocados en un estado de no condenación debido a que Cristo pagó de manera plena nuestros pecados en la cruz. La iglesia es entonces la posesión más preciada que Dios tiene. Es Su pueblo redimido.

Hay muchas perspectivas acerca de la iglesia, quizás quiero ayudar a forjar la suya un poco desde el punto de vista, o a nivel bíblico. La iglesia es descrita en Juan 6 como el regalo de amor del Padre al Hijo. El Padre escoge, el Padre atrae, el Padre salva, da al Hijo. El Hijo lo recibe y lo guarda y lo resucita hasta el día postrero, como un regalo de amor del Padre. La iglesia no solo es un regalo de amor del Padre al Hijo, sino un acto de amor por parte del Hijo mediante el cual Él compra la iglesia en la cruz, y define Su amor incalculable. El precio más alto jamás pagado fue pagado por la iglesia. Fuimos comprados, no por oro y plata, sino por la sangre preciosa de Jesucristo, dice el apóstol Pedro.

La iglesia es el reino de Dios, el reino de Cristo. Hemos sido rescatados del reino de las tinieblas, y colocados en el reino del Hijo amado de Dios. La iglesia es el lugar en dónde vive el Espíritu Santo. Nos habita. La iglesia es la administradora de la verdad divina, somos columnas y baluartes de la verdad. Es la mejor probada del cielo que cualquier persona puede tener antes de llegar ahí. Nosotros hacemos que el cielo descienda lo más que es posible en este mundo bajo maldición.

La iglesia es la reunión de adoradores verdaderos que adoran a Dios en espíritu, adoran a Cristo y no tienen confianza en la carne, dice Pablo, adoramos en espíritu y en verdad, como nuestro Salvador dijo que fuimos llamados a hacerlo. La iglesia es la comunión de los santos, nos estimulamos unos a otros al amor y las buenas obras. Nos preocupamos unos por otros, nos amamos unos a otros, usamos todos nuestros dones espirituales y seguimos el patrón de los unos a otros múltiples en el Nuevo Testamento para ser fortalecidos mutuamente. Y somos el punto inicial para el evangelismo, que es el propósito mismo para que quedemos en el mundo, para que prediquemos el evangelio hasta los fines de la tierra.

La iglesia es infinitamente más importante que todos los reinos humanos, todas las organizaciones humanas, todos los líderes humanos, todos los educadores humanos, todos los políticos humanos, todos los gobernantes humanos. La iglesia es mucho más importante que cualquier cosa que se va a quemar, y todo eso se va a quemar. La iglesia es el cuerpo viviente de Cristo en el mundo, y ha recibido el llamado de hablar la verdad de Dios con respecto a la salvación, en amor, a un mundo perdido.

La iglesia es incomparable en su valor, somos administradores de las únicas palabras de vida eterna. Nos reunimos porque debemos hacerlo, nos reunimos porque amamos al Señor, y nos amamos unos a otros. Nos reunimos porque amamos Su palabra, nos reunimos porque amamos Su adoración. Nos reunimos porque queremos que brille la luz del evangelio en el mundo. No vamos a hacer a un lado esta experiencia bendita sin importar lo que enfrentemos, lo que venga en nuestra contra, somos la iglesia, y somos la luz del mundo.

Yo creo que la iglesia es apropiadamente nombrada, me gusta el nombre de nuestra iglesia, todos básicamente somos beneficiarios de gracia divina, ¿verdad? No nos ganamos nuestro derecho. Me gusta ‘comunidad’, eso habla de comunión. Pero la mejor palabra es ‘iglesia’. Me gusta la palabra, una iglesia. Me molesta cuando las organizaciones religiosas contemporáneas que se reúnen el domingo, no sé si la puede usted llamar una iglesia, o no; quieren deshacerse de la palabra iglesia, como si de alguna manera pudieran deshacerse de la historia redentora que de alguna manera es algo adicional.

Creo que les gustaría que la gente pensara que ellos son, son tan novedosos y están tan de moda, y son tan esotéricos en términos personales que se han inventado a sí mismos. Y son los primeros de su tipo jamás existiendo. Lo único que queremos hacer es asegurarnos de que toda persona sepa que somos una iglesia, y somos parte de la iglesia que el Señor está edificando y Él está edificando desde que salió de la tumba. Esto no es algo novedoso, esto es simplemente un lugar de la iglesia redimida, abrazando a todo cuerpo anterior de creyentes sobre la tierra, remontándose hasta la resurrección.

Entonces, ¿qué constituye una iglesia? Veamos entonces nuestro pasaje. En el texto que le leí, simplemente quiero llevarlo al versículo 18, y a la mitad del versículo el Señor dice: “Edificaré mi iglesia.” Un reportero hace años atrás me preguntó si tenía algún deseo para edificar la iglesia. Me preguntó: ¿Tienes deseo de edificar la iglesia? Y yo le dije: Realmente no. Yo dije: El Señor dijo: Edificaré mi iglesia. Y yo no quiero competir con Él. No es mi trabajo edificar la iglesia, es mi trabajo servir a la iglesia que el Señor está edificando conforme a lo mejor de mi capacidad.

Edificaré mi iglesia. Esta es la primera mención de la iglesia en el Nuevo Testamento, no tomó mucho tiempo, solo apenas dieciséis capítulos en el primer libro. Y mientras que podría parecer una mención marginal de la iglesia, se pregunta cómo se relaciona. Claro que todo se relaciona. Contiene, en el texto que le acabo de leer, las marcas necesarias para identificar a una iglesia verdadera, a la luz de la cual toda iglesia debe ser medida. Y las epístolas del Nuevo Testamento, claro, escritas por los apóstoles nos dan mucha más información, mucha más enseñanza acerca de la iglesia, pero todo está sobre el fundamento del final de Mateo 16, de las palabras de nuestro Señor.  

Ahora, la gente ha estado desafiándome en términos de cuánto tiempo va a tomarme para cubrir esta sección de la Escritura, ja, porque hay tanto aquí. Y mi meta es simple, tengo la esperanza de dejar de hablar antes de que usted deje de oír. ¿Cómo identificamos a una iglesia verdadera? Comencemos así, una iglesia verdadera es conocida por una gran confesión. Ese es el punto uno: una gran confesión.  Versículo 13, “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dice los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos Juan el Bautista, otros Elías, y otros Jeremías, o algunos de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

El primer absoluto con respecto a la iglesia, es la postura bíblica del Mesías, el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. El fundamento de la iglesia no es alguna experiencia personal, con un Jesús de su propia imaginación, alguna noción sentimental no definida acerca de Dios, la iglesia no está edificada sobre nada más que una perspectiva correcta de la naturaleza y obra del Señor Jesucristo. Esto se vuelve claro en este pasaje. La ubicación es muy importante, “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo.”

Cesarea de Filipo originalmente se llamaba Paneas. Esa área se nombró en honor al dios ‘Pan’. Pan, supuestamente no existía, pero, en la mitología Pan nació en una cueva en esa área. Y ésta área fue nombrada en honor al dios Pan, originalmente. Ahora, la ciudad, para cuando usted llega al día del Señor, está llena de ídolos. Hay ídolos por todos lados, usted se dará cuenta que dice que se llama Cesarea y dejan de nombrarla Pan, para darle honor a César. Y César Augusto era el César al que se le dio este honor, claro que él creía que era una deidad y necesitaba ser adorado.

Entonces, a partir de lo que conocemos de la historia este es un lugar dónde había muchos ídolos y muchos dioses. Usted podría decir que era un tipo de plétora, de idolatría pagana que fue establecida para la ciudad, para cualquier dios que querían adorar. Un lugar en dónde los dioses, todos se reunían. Eso significa que era un lugar de blasfemia, blasfemia en contra del Dios vivo y verdadero. Pero un lugar ideal para que Jesús le dijera a Sus discípulos, quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre. Y un lugar ideal para que Pedro dijera: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

¿Por qué dijo eso? Porque todos esos otros dioses estaban muertos. Todos los ídolos están muertos. Usted puede regresar al capítulo 44 de Isaías, y ahí hay una diatriba divina en contra de los ídolos. Si no fuera tan seria, es casi cómica. El profeta Isaías 44:9, “Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad y los más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó a un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho?” Él está preguntando la pregunta obvia. ¿Cómo pueden hacer sus propios dioses? ¿Cómo pueden hacer su propio dios?

“He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una. El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en ello con la forma de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya.” El carpintero, trabajando en un dios de metal. “El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino que se críe con la lluvia.”

“De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! Me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios.” ¿Qué tipo de locura es esa? Dios es un Dios viviente. Y eso es exactamente lo que Pedro quiso decir cuando dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tú eres el Mesías, Tú eres el Ungido, el Sacerdote Ungido, el Profeta Ungido, el Rey Ungido, el Redentor Prometido.

Juan 5:18 dice, los líderes de Israel querían matar a Jesús porque se hizo igual a Dios. Leí una encuesta la semana pasada que creo que fue, la tercera parte, entre comillas, de los evangélicos, piensan que Jesús no era Dios. Eso no es evangélico, eso es herejía. Eso es herejía condenadora. Juan presenta eso de manera clara en 2 Juan. Usted lo puede leer por sí mismo. Esa epístola tiene una sección primordial ahí que presenta una advertencia para aquellos que alteran la naturaleza de la verdad de la naturaleza de Cristo. Esta es la confesión que establece la iglesia verdadera.

La gran confesión de la iglesia está resumida en Jesús es Señor. Jesús es Señor. Esta es la confesión que establece a la iglesia. No es un grupo de personas que se reúnen para una plática motivacional. No es un grupo de personas que buscan ser ayudados para sus adicciones. Es un grupo de personas que de alguna manera quieren sentirse espirituales, y sin pensar quieren pasar por algún tipo de ritual o ritual cuasi religioso. Es una asamblea de personas que hacen la gran confesión: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y decir el Hijo del Dios viviente es decir que usted comparte Su naturaleza. Eso es lo que entendieron los judíos que Él dijo, cuando Él dijo eres Hijo de Dios, por eso dijeron: Te haces igual a Dios al decir que eres Hijo de Dios.

La salvación solo viene a aquellos que confiesan a Jesús como Señor. Romanos 10. Juan escribe al final de su evangelio: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.” Esa es la razón para el evangelio de Juan, y esa es la razón para los cuatro evangelios. Por un momento vea 1 Timoteo capítulo 3, 1 Timoteo capítulo 3, resume de una manera muy memorable la realidad de la deidad de Cristo. Versículo 16, “E indiscutiblemente,” o mediante confesión común, ésta es la confesión común, la confesión necesaria para aquellos que verdaderamente son el pueblo de Dios. La confusión en común es, “grande es el misterio de la piedad.”

Por confesión común, homologomenos, diciendo lo mismo. Todos los creyentes en la iglesia, todos los creyentes verdaderos dicen lo mismo. Son unánimes en la persona de Jesucristo. Supongo que el día de hoy usted podría ser un evangélico, pero no es un cristiano, si usted niega la deidad de Cristo. Y después viene este himno, sin duda alguna un himno de los más antiguos. Seis verbos en tercera persona, singular, en aoristo, con ritmo y paralelos, y el sujeto es, el ¿qué? refiriéndose a Aquel quién es el misterio de la piedad, Aquel que ahora es manifestado, o revelado como Dios, es Aquel que fue manifestado o revelado en la carne. Esto habla de su nacimiento virginal, de que fue hecho visible, aunque Él es el Dios eterno, invisible.

“Justificado,” vindicado, “en el Espíritu,” esto quiere decir que el Espíritu de Dios está sobre Él en Su nacimiento, el Espíritu de Dios coloca al Mesías en el vientre de María sin un padre terrenal. El Espíritu de Dios viene sobre ella, y ella está embarazada, el Espíritu de Dios unge a Jesús en Su ministerio, todo lo que Él hizo, y dijo e hizo lo hizo por el poder del Espíritu Santo. Esa es la razón por la que cuando dijeron: Lo que haces lo haces por el poder de Satanás. Él dijo: Han blasfemado al Espíritu.

Revelado en la carne, nacido de virgen, verdaderamente humano, vindicado en el Espíritu en Su nacimiento, a lo largo de Su vida. Visto de los ángeles. Estuvieron ahí en Su nacimiento, están ahí en Su tentación, están ahí en el huerto, están ahí en la resurrección, especialmente cuándo ese ángel viene a Él en el huerto, cuando Él está sudando gotas de sangre, un ángel vino. Y, usted puede hacer la pregunta: ¿Qué hizo? ¿Lo fortaleció para la victoria en la tentación? No. ¿Qué hizo? Hizo lo que los ángeles siempre hacen. Lo adoró.

Y eso tuvo una importancia crítica, Dios de hecho envió un ángel al huerto cuando Jesús estaba enfrentando la cruz, cuando iba a enfrentar la furia plena de la ira de Dios en contra de todos los pecados de todas las personas que jamás creerían en Él a lo largo de toda la historia humana. Él iba a absorber esa ira en unas cuantas horas de tinieblas. Tan horrendo para Él, porque Él es el eternamente Santo que Su cuerpo empezó ahí a estallar. Sus capilares empezaron a romper y salió la sangre por ahí. ¿Y que hizo el ángel?

El ángel hizo lo que todos los ángeles hacen, lo adoró. Y Él tuvo una probada de lo que estaba del otro lado de la cruz cuando Él fue glorificado. Él fue predicado a los gentiles, lo que sucede en el libro de los Hechos. Tiene usted una Gran Comisión, y después vienen los apóstoles en el libro de los Hechos, y Él es predicado a las naciones. Él es creído en el mundo, y Él es recibido arriba en gloria. Esa es Su ascensión. 

Entonces, tiene usted todos los elementos del Señor que indican que Él es Dios en carne. Es la revelación del que es Dios revelado en la carne, justificado, vindicado por la obra del Espíritu mediante Él, asistido por los ángeles, afirma Su deidad, conforme los ángeles solo adoran a Dios. Predicado a los gentiles, a las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. Él, en toda la plenitud de Su deidad encarnada, es el que, y el único Salvador.

Él es el Señor, y cabeza de la iglesia, hemos visto eso suficiente, entonces no necesitamos repasar eso. Esta no es una perspectiva opcional de Jesús, ésta no es una perspectiva autoconstruida de Jesús, esta no es una perspectiva intuitiva, ni sacramental de Jesús, como si fuera algún tipo de ícono. Este no es Jesús simbólico, el Jesús de los rituales ni es el Jesús de los liberales que niegan Su deidad, o los de las sectas que lo hacen un hermano espíritu de Lucifer. Tampoco está ese Jesús que está siendo sacrificado una y otra vez. Este fue aquel cuya obra fue consumada cuando dijo: Consumado es. Y Él es el que reina en gloria.

Una iglesia es una reunión de personas que creen eso. Es bastante aterrador cuando usted tiene iglesias con personas que ni siquiera saben eso, mucho menos necesariamente lo creen. “Tú eres el Cristo, dice Pedro, el Hijo del Dios viviente.” Tú eres el que es uno con el Dios eterno, viviente. Después de Su resurrección, usted se acuerda las palabras conocidas de Tomás, “Señor mío, y Dios mío.” Se acuerda usted, en Juan capítulo 6, después de que algunos de los discípulos decidieron dejar a Jesús, y Él les dijo a los que quedaban, ¿acaso queréis también iros vosotros? ¿acaso queréis también iros vosotros? Y Pedro respondió: Tú y solo Tú tienes palabras de vida eterna.

La iglesia es una reunión, una congregación de personas que no solo saben quién es Jesús, sino que lo conocen como su propio Señor y Salvador. Esta es la gran confesión cristiana. No es que usted cree en una religión. No es que usted está asociado con algún, alguna manera de pensar, alguna cosmovisión ética o moral. Es, ¿conoce usted al Cristo? Para aquellos de ustedes que quizás son nuevos para Grace Community Church, a lo largo de los años que he estado aquí. Y este es el año cincuenta y uno, hemos llegado a conocer a Cristo muy bien. Estudiamos el evangelio de Mateo, versículo a versículo, nos tomó ocho años. Y pensé que no lo cubrí tan bien como debería haberlo cubierto.

Después estudiamos el libro de Lucas y nos tomó unos nueve años. Estudiamos el evangelio de Marcos, el evangelio más corto y nos tomó varios años hacer eso. Cuándo yo vine aquí en, al principio, ahí en 1969, 70, estudiamos el evangelio de Juan. Y como hace unos años atrás, la gente quería que estudiáramos otra vez el evangelio de Juan. Entonces, diecisiete, veinte, veinticinco, de los cincuenta años por lo menos, hemos estado estudiando los cuatro evangelios. Y el tema de todo párrafo, y toda página es Jesucristo. Esta congregación sabe quién es Él.

Y me acuerdo cuando terminamos el Nuevo Testamento, después de que, no sé cuántos años, cuarenta y tantos, después de estudiar todo el Nuevo Testamento vimos a Cristo, no solo en los evangelios, lo vimos predicado por los apóstoles en el libro de los Hechos. Vimos Su obra explicada en las epístolas, hemos estudiado el libro de Apocalipsis varias veces, viendo Su gloria. Pero me acuerdo cuando terminamos el Nuevo Testamento, yo pensé: Bueno, ¿Qué voy a hacer? Y alguien dijo: Bueno, ahora puedes hacer el Antiguo Testamento. Y yo dije: Me tomó treinta y cinco años hacer el Nuevo, ¿me estás viendo? Ja, ja, ja. Eso no va a pasar.

Entonces dijeron: Bueno, queremos conocer más del Antiguo Testamento. Entonces hice una serie de encontrar a Cristo en el Antiguo Testamento. Algunas veces los niños tienen un juego, ¿Dónde está Waldo? ¿lo han visto? Ayuda si sabes cómo se ve Waldo. Lo mismo es el caso con el Antiguo Testamento, una vez que sabes cómo se ve Jesús en el Nuevo, lo puedes encontrar en el Antiguo Testamento. Se aparece en todos lados.

Entonces, ustedes en nuestra congregación querían cubrir el Antiguo Testamento y fuimos a todos lados en el Antiguo Testamento, en dónde Cristo es revelado. Y el punto alto de eso, claro, creo que es la serie que hicimos de Isaías 53, que leí de nuevo hoy, y usted nunca se cansa de él, ¿verdad? Jamás. Jamás. El Incomparable, es incomparable. Y hay un motivo en eso, porque el apóstol Juan dice que, si usted es un creyente, y usted dice que usted cree en el Señor Jesucristo, permítame decirlo en sus palabras: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” Esa es una orden elevada, ¿no es cierto? Eso no es muy superficial, aunque podría ser reducido a un brazalete: ¿Qué haría Jesús?

Eso no es algo trivial, una idea trivial. Eso es tan profundo como para ir mucho más allá de la mayoría de los brazaletes. Usted solo puede andar como Él anduvo si usted está familiarizado íntimamente con cómo anduvo Él. Pablo el apóstol es el que dice: “Yo estoy sufriendo dolores de parto.” Esa es la palabra más fuerte que él pudo usar para expresar la angustia de su alma. “Hasta que Cristo sea formado de manera completa en vosotros.” Esa es la meta. La meta, la otra manera de decirlo es amor nacido de corazón limpio. “El propósito de nuestra instrucción es amor nacido de corazón limpio. ¿Quién tuvo la forma más pura de amor? Cristo, el más puro desde el punto de vista de justicia, el más puro desde el punto de vista de amor. Todo tiene que ver con Cristo.

Pablo dice: Miren, yo predico a Cristo. Yo predico a Cristo. Adónde quiera que voy predico a Cristo. Tan elemental para la iglesia es la Cristología. Y por eso no solo estoy hablando de algún tipo de expresión sistemática de quién es Él, sino, un conocimiento profundo de todo lo que Él es. No un bosquejo, sino veinticinco años de predicar, toda semana, de la persona de Jesucristo, y toda persona diciendo, ¿podemos regresar a esto la próxima semana, la próxima semana? Porque nunca nos cansamos de Jesús.

Y para mí al mismo tiempo regresar y escribir comentarios, cuatro volúmenes de Mateo, cuatro volúmenes de Lucas, un volumen de Marcos, y dos volúmenes de Juan. Me colocaron en los siguientes treinta años regresando a esos cuatro evangelios, volviendo a estar conociendo a Cristo. Y si hay algo, algo de valor en mi vida, es porque he estado expuesto de manera tan consistente a la persona de Jesucristo. Pablo dice: Tenemos la mente de Cristo. ¡Que regalo! Sabemos cómo piensa él porque lo hemos visto en toda situación. La verdad de cimiento en la iglesia entonces es su Cristología: una gran confesión.

En segundo lugar, una gran comunicación. Jesús dijo, versículo 17, “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás,” o Bar Jonás, “porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” Pedro es bendecido, él recibe gracia al haber recibido por parte del cielo la revelación acerca de Cristo. La confesión de Pedro no viene debido a su intuición, sino debido a la comunicación de Dios. “Revelado” es apocalupto: descubrir. Y no vino por carne ni sangre. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,” el apóstol Pablo dijo.

Y, Pablo también dijo en el mismo libro, 1 Corintios, que “la predicación de Cristo, la predicación de su cruz, es para aquellos que se pierden, locura.” Él es revelado, “no por carne y sangre, sino por mi Padre que está en los cielos.” En Romanos, capítulo 10, hice un comentario de esto hace un momento, pero en Romanos capítulo 10, el apóstol Pablo condena a Israel por su incredulidad.

Él dice esto: porque ignorando la justicia de Dios, ustedes no sabían que Dios era tan justo como Él es, y procurando establecer la suya propia, ustedes pensaron que Dios era menos de lo que es, y ustedes pensaban que su justicia era mayor que la que tienen. Y entonces, establecieron la suya propia, estuvieron equivocados en la justicia de Él, en la suya, pero debido a que estuvieron convencidos de que Dios era menos justo de lo que es, y ustedes más justos de lo que son, no se han sujeto a la justicia de Dios.”

Tenían un entendimiento equivocado de cuan absolutamente santo es, y fue Jesús quien dijo: “Se santos como mi Padre que está en los cielos es santo.” Porque pensaban que eran lo suficientemente justos, por sus propios esfuerzos, no se sujetaron a la justicia de Dios, la cual clamaría a un Salvador y que una justicia que no es de ustedes, fuera acreditada a ustedes. El siguiente versículo dice: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” Pensaban que no necesitaban de un Salvador, pensaban que sus obras los llevaban a Dios, que no necesitaban un Salvador.

Él dice más adelante en ese capítulo: “La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Cristo.” ¿Qué va a hacer una diferencia en esas personas que pensaban que eran lo suficientemente justas, pensaban que Dios era menos justo de lo que era? Y que ellos eran más justos de lo que eran, entonces podían llegar a Dios por sus propias obras. ¿que necesitaban? Necesitaban una palabra del cielo, una palabra de verdad. “Mi Padre que está en los cielos.” Eran ignorantes de la justicia de Dios, eran ignorantes de la expresión de Cristo, su satisfacción para con Dios. Eran ignorantes del lugar de la fe. Pensaban que podían ganarse su salvación.

“No sucede por carne y sangre.” Con frecuencia regreso al evangelio de Juan, en dónde Nicodemo dice, ¿qué hago para nacer de nuevo? Él está hablando espiritualmente, ¿qué hago? Él dice: tengo que volver a nacer. Le estaba diciendo a aquel que era el Maestro de Israel, no es añadir algo a tu vida, tienes que regresar al pasado y comenzar desde el comienzo, tienes que volver a nacer, y volver a empezar. ¿Cómo sucede eso? Jesús le dice: El viento sopla de dónde quiere y oyes su sonido y no sabes de dónde viene, y dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Qué respuesta tan extraña.

Él no dice repite esta oración, repite estas palabras. Él dice, esa es una obra espiritual. Esa es la obra del cielo. Pero sabemos que esa obra se lleva a cabo mediante un instrumento, y ese instrumento según 1 Pedro 1:23 es que somos renacidos mediante la Palabra de verdad. No puede confesar a Jesús como Señor, a menos de que sea por el Espíritu de Dios, haciendo que sea clara la palabra de Dios.

Entonces una iglesia va a concentrarse en la gran comunicación celestial, la gran comunicación celestial. Y esa es la Palabra de Dios. Toda la Escritura trata acerca de Cristo, el Antiguo Testamento apunta a Él, y la expectativa de Cristo. Los evangelios anuncian su encarnación; el libro de los Hechos, su proclamación; las epístolas su explicación; el libro de Apocalipsis su glorificación. Una iglesia va a someterse a las Escrituras, va a ser sumisa a las Escrituras. No van a ser ideas inteligentes, va a ser la Palabra del cielo. Que necio se pondría de pie y daría sus propias ideas, cuando podría hablar una palabra del cielo. La Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos.

Entonces, nos volvemos a aquello que viene a nosotros desde el cielo. Y es tan poderoso saber, versículo 18, “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” ¿Qué es lo que el Señor está diciendo aquí? Él está diciendo esto: “Sobre la roca, Pedro, la confesión que tú has hecho, tu eres el Cristo el Hijo del Dios viviente, esa confesión verdadera,”-usted podría ver un juego de palabras aquí-tú eres la piedra, piedra pequeña, pero sobre esta roca, esta cama de roca, la confesión, edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán sobre ella.

Mi iglesia será edificada sobre la verdad que viene del cielo. Y es tan poderosa que te permite a ti, abrir el reino de los cielos. “Desatar y atar.” ¿Qué es eso? Es eso una especie de palabras, o plática, término rabínico. ¿En qué sentido, los creyentes, no solo Pedro sino que los creyentes tienen las llaves al reino? ¿En que sentido podemos decir: serás desatado de tus pecados o serás atado en tus pecados? ¿Tenemos algún tipo de autoridad para decir eso?  Pero, debido a que tenemos una palabra del cielo, debido a que tenemos la Palabra de Dios sobre la cual el Señor va a edificar su iglesia, podemos decirle a la gente: Tus pecados son perdonados, tus pecados no son perdonados. ¿En base a qué? En base a que si creen o no en las Escrituras.

Si usted le dice a alguien, cree en el Señor Jesucristo, arrepiéntete de tu pecado, abraza a Cristo. Esa persona hace eso. Yo puedo decir: Tus pecados te son perdonados. Si yo le doy el evangelio y me dice: No estoy interesado, no quiero nada de eso. Yo, puedo vivir mi vida como quiero. Yo puedo decirle: Usted, usted está atado en sus pecados. No porque yo tengo autoridad personal, sino porque yo hablo de la autoridad de la relación del cielo. Ese es, ese es el poder en las manos de la iglesia. No es alguna autoridad sacerdotal, no es alguna autoridad de un pontífice. Si usted quiere estar de acuerdo con el cielo, entonces tiene que estar de acuerdo con lo que el cielo ha revelado. El cielo ya ha emitido su decisión.

Si usted confiesa sus pecados y abraza a Cristo, el cielo ha dice: Has sido desatado, liberado. Y yo puedo decir en base a lo que el cielo dice: Tú estás desatado o liberado del pecado. No podemos ejercer ninguna autoridad, yo no tengo ninguna autoridad fuera de la Palabra de Dios. Mi posición no me da autoridad en absoluto, mi experiencia no me da ninguna autoridad, mi intelecto no me da autoridad, mi preparación academia, no me da ninguna autoridad, mi conocimiento no me da ninguna autoridad. Yo nunca tengo ninguna autoridad, en absoluto, a menos de que le hable a usted la Palabra del cielo. Eso viene con toda autoridad. Y en base a eso, y su respuesta a eso, yo puedo decirle lo que la Escritura dice acerca de sus consecuencias.

La iglesia está edificada sobre la gran confesión, y una gran comunicación. Tanto más que decir acerca de eso, pero veamos la tercera cosa, un gran contraste. Y esto es sorprendente, versículo 20. “Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”. Esto es tan extraño. ¿Por qué? ¿Por qué él diría, no le digan a nadie que él es el Cristo? Si usted lo ha reconocido como Señor, y ha hecho la gran confesión. Si usted se ha sometido a la revelación de Dios, y usted sabe que Él es Señor y Dios y Mesías, esto es tan contra intuitivo, esto parece tan raro.

¿Por qué estás advirtiéndole a alguien, colocando una prohibición a que no le diga a nadie que Él es el Cristo? ¿Esto es anti evangelismo? ¿Por qué es que Él llegaría a decir esto? No tiene sentido a nivel superficial a menos de que usted sepa una cosa. En Juan capítulo 6, no tiene que pasar ahí, versículo 15, dice que querían apoderarse de Él para hacerle rey. ¿Se acuerda que fue lo que causó que ellos quisieran forzarlo a ser rey? Alimento gratuito. Sí, Él creó alimento. Sí. Cinco mil hombres y por lo menos cinco mil mujeres y quince mil niños ahí en el costado del monte, veinte, veinticinco mil personas, los discípulos no tenían para comprar comida, no había suficiente comida, y el Señor comenzó a crearla, y Él creó lo suficiente para alimentar a todo mundo y hasta sobró para que los apóstoles comieron.

Y esto para alimentar a la gente. Esto es bastante emocionante. Este es el estado de beneficencia social definitivo, Él se aparece y se acabó. No hay que plantar, no hay que cosechar, no hay que pescar, no hay nada, simplemente se aparece y comemos hasta que estemos satisfechos. Entonces, trataron por la fuerza, hacerlo rey. Y Él no permitió que pasara. Él desapareció. ¿Por qué? Porque tenían una perspectiva equivocada de su función, perspectiva equivocada de lo que significaba ser el Mesías. Era una especie de perspectiva social, o incluso una perspectiva económica, más que eso, pensaban que, si Él podía alimentar a todo mundo así, eso era increíble, eso más dramático incluso de lo que pasó con Moisés en el desierto.

Él ciertamente tiene suficiente poder para derrocar a los romanos. Y tenían una perspectiva totalmente militar y política del Mesías, cuando el Mesías viniera, así iba a ser. Él iba a ser que Jerusalén, Israel, fuera la joya del mundo, e iba a hacer un estado de beneficencia, iba a haber alimento para todo mundo, abundancia de todo, lo que todo mundo quisiera jamás o necesitara, Él iba a acabar con sus enemigos, Él iba a establecer el trono de David, iba a cumplir todas las promesas del pacto de Abraham. Esa era su definición del Mesías. Pero una cosa que no necesitaban que el Mesías hiciera, era que viniera y tratara con sus pecados. No. No aceptaban que eran pecaminosos. Eran el pueblo de Dios, eran los hijos de Abraham. La razón por la que mataron a Jesús era porque Él les dijo que eran pecaminosos. Esa es la razón por la que lo odiaban.

Y entonces Él dice: Miren, no le digan a ellos que soy el Mesías, porque su perspectiva es tan torcida, que va a causar problemas. Yo no puedo ser amarrado por su expectativa mesiánica, necia, egoísta, mi reino no es de este mundo. Es irrelevante para el reino de la salvación lo que los gobernantes terrenales están haciendo, no respondo a las necesidades superficiales de la gente. Estoy aquí para una salvación del alma. Simplemente, expandiendo de esa idea, el reino de Dios no tiene conexión a los reinos terrenales, es irrelevante lo que pasa a los reinos terrenales. El reino de Dios no depende en la historia redentora, por un reino terrenal o reinos terrenales.

La iglesia no tiene una función directa en reacomodar a los pecadores en us estilo de vida más aceptable. Esta no es la iglesia verdadera. Entendemos una sociedad hibrida, rechazamos la religión nacional, rechazamos una sociedad sagrada, el reino de Dios no es nada que esté conectado a este mundo, sea lo que sea la política del mundo, sea su fracaso o éxito, sea cual sea su esfuerzo político, tiene cero efectos en el reino de Dios. Cero. Jesús dijo: “Yo edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Eso significa, muerte misma.

Ellos tenían expectativas mesiánicas equivocadas. Supongo que podemos decir que estaban metidos en el evangelio de la prosperidad. O estaban metidos en el evangelio social. En nuestra generación los llamados cristianos, y denominaciones, están consumidos con tratar de mejorar la sociedad, tratando de mejorar la moralidad, tratando de cambiar los muebles en el reino de las tinieblas. En el activismo social, el moralismo, la conquista cultural, la reconstrucción o deconstrucción social no es la misión de la iglesia, no podemos enredarnos en eso, es algo muy triste que la iglesia está enredada en eso.

Es tan divisivo. Está haciendo tanto daño, siempre destruye iglesias, lo ha hecho a lo largo de su historia, y lo está haciendo ahora. No existimos para propagar valores tradicionales, no existimos para tratar de crear algún tipo de ética cristiana. No marchamos por nada más que el evangelio de Jesucristo. Nuestra misión no es un mejor gobierno, nuestra misión es mejores personas mediante la salvación.

Entonces, tenemos un contraste aquí. Tenemos una gran confesión, una gran comunicación, la Palabra de Dios del cielo, pero tenemos un contraste. No podemos reducir nuestro mensaje a lo que el mundo quiere. Eso es lo que está mal con el pragmatismo en la iglesia. Darle a los incrédulos lo que quieren en su corazón impío. La iglesia está edificada, en cuarto lugar, sobre una gran conquista. Versículo 21, “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a los discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Ahí está, la cruz. Él debía ser matado. Él debía ir a Jerusalén, y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, esos son todos los juicios de burla que atravesó, los azotes, ser muerto, y resucitar. Y sucedió. No podía ser el Salvador sin la cruz y la resurrección. ¿Se acuerda usted cuando Satanás lo llevó ahí al desierto, el Espíritu lo llevó al desierto y Satanás se apareció para tentarlo y lo tentó y le dijo: Te voy a dar todo lo que el Padre te ha prometido, nada más que puedes evadir la cruz? El diablo trató de tentarlo para que evitara eso. La cruz es todo, absolutamente todo. Incluso en su nacimiento había una sombra sobre el pesebre, la cruz era absolutamente esencial. “Dios,” en la muerte de Cristo, “al que no conoció pecado, que fuera pecado por nosotros, para que fuésemos hechos justicia de Dios en él.”   

En otras palabras, en la cruz, Jesús tomó todo el castigo para todos los pecados de todas las personas que jamás creerían a lo largo de toda la historia humana, y la absorbió en tres horas de tinieblas. ¿Cómo podía una persona absorber todo ese pecado en tres horas? Porque Él es una persona infinita. Y entonces, quedó tan satisfecho Dios que la expiación fue terminada, y el precio fue pagado para todos los que creían en Él. El precio fue pagado para todos los que creerían. Esa es la razón por la que los apóstoles predicaron a Cristo, y a este crucificado.

Aun cuando la predicación de la cruz para los que se pierden era locura, era difícil de que lo aceptaran, y que fueran al mundo a usted y le dijeran: Miren, solo hay un Dios verdadero, solo hay un Dios verdadero, no todos los dioses que piensan que son dioses, y ciertamente no César. Solo hay un Dios, el Dios vivo y verdadero, y Él ha venido en la forma de su Hijo en el mundo como un hombre ahí en Israel, un carpintero judío quien se volvió un maestro y por cierto Él fue rechazado por toda la nación, incluyendo a todos los líderes.

Él fue entregado a los romanos, los romanos lo crucificaron, lo ejecutaron como un criminal, y resucitó de los muertos tres días después. Y mediante Él, y mediante solo Él, hay salvación eterna. Eso era tan ofensivo. ¿Le está diciendo usted a estas personas en el mundo gentil que la única esperanza a entrar a una vida después de la muerte de bendición es creer en un carpintero judío rechazado por todos los líderes de su propia nación y ejecutado por un criminal, por los romanos? Ésta es la ofensa de la cruz.

Ofendió a los judíos, era tropezadero para ellos también, esperaban que el Mesías viniera en las nubes en el aire, es en la cruz en dónde vemos la justicia de Dios satisfecha. Dice usted: Bueno, ¿acaso Dios no podía simplemente perdonar todos los pecados? No, Él no puede. Todo pecado tiene que ser castigado. ¿Entiende la justicia de Dios? Todo pecado jamás cometido por toda persona que jamás ha vivido va a ser castigado en esa persona eternamente, o en la cruz en Cristo como sustituto. Dios es demasiado santo para pasar por alto el pecado, pero Él puede justificar al pecador al castigar a Su Hijo en el lugar del pecador.

Ésta es la gran conquista y esa es la razón por la que predicamos la cruz. No hay salvación en ningún otro más que el reconocimiento de la cruz, y la resurrección. Una gran confesión marca la cruz: “Jesús es Señor, el Hijo del Dios viviente.” Una gran comunicación: la Palabra del cielo registrada en la Biblia. Un gran contraste: somos separados, somos trascendentes, no somos parte del reino de este mundo. Una gran conquista: la cruz y la resurrección. Y después se nos presenta un gran conflicto.

Simplemente de manera inmediata, inmediatamente Pedro va de ser una roca a ser una piedra de tropiezo. Apenas después de que nuestro Señor dijo de que iba a morir: “Entonces Pedro tomándolo aparte comenzó a reconvenirle diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres.” Simplemente un recordatorio de que la iglesia verdadera está activamente involucrada en una batalla contra Satanás.

En el lenguaje más fuerte posible, Pedro quien acaba de oír, “Bienaventurado eres tú Simón,” ahora oye, “Quítate de delante de mí, Satanás.” Simplemente unos minutos después. No esté del lado equivocado del propósito divino. Las peores batallas que la iglesia pelea no están afuera, sino adentro, porque usted tiene a personas entregándose a los objetivos de Satanás. Cualquier cosa que sea opuesta a la voluntad de Dios, lo coloca a usted en el lado de Satanás. Y usted puede ir a ese punto, muy rápido. De ser un paragón de revelación bíblica a ser una herramienta del diablo; de ser una roca, a ser una piedra de tropiezo.

Entonces, entendemos eso. Es una batalla espiritual. 2 Corintios 10, ese pasaje viene a mi mente con tanta frecuencia, porque define tanto. 2 Corintios 10:3, Pablo dice que estamos peleando una batalla contra fortalezas. Él dice: “No militamos según la carne, no usamos armas humanas. Tenemos que usar un arma sobrenatural, la cual como sabemos es la espada del Espíritu, la Palabra de Dios. Pero lo que estamos haciendo en esta batalla, dice en 2 Corintios 10:5, estamos derribando argumentos. Esa es una palabra griega, ‘logismos’, ideas, teorías, perspectivas, religiones, ideologías.

Estamos derribando ideologías. ¿Qué ideologías? Toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios. Cualquier idea impía, nuestra batalla espiritual constantemente se lidia contra cualquier idea impía. Usted sabe, si ha sido por parte por Grace, por algún tiempo, que he estado involucrado en eso todo el tiempo que he estado aquí. He estado leyendo ayer la biografía de Juan Knox y dijeron de Juan Knox que él tenía un discernimiento sorprendente, él podía ver la batalla, adoptando formas cuando otros no podían. La vigilancia que se demanda porque Satanás viene en forma de un creyente con tanta frecuencia.

Satanás quiere llevar a cabo su obra a través del pueblo de Dios que carece de discernimiento. Entonces, tenemos que entender que estas fortalezas, esta palabra fortaleza significa ‘fuerte’, significa ‘tumba’, también, misma palabra. Las fortalezas anti-Dios de la gente, sus fortalezas anti-Dios se vuelven sus tumbas.

Entonces, tenemos que destruir todas estas ideologías que se levantan contra el conocimiento de Dios. Y después, me encanta esto, “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” Tenemos que hacer que la gente piense como Cristo piense, que tenga la mente de Cristo. Es cimiento de la iglesia entender entonces que hay un conflicto muy, muy sutil que se lleva a cabo todo el tiempo. Y no es que usted no quiere ser amoroso, no es que usted quiere pelear todo el tiempo, sino que es por causa de la protección y seguridad de la iglesia, tiene que saber lo que viene, tiene que pelear con el arma de la verdad.

Viendo los versículos 24 al 26, y no lo voy a mantener aquí más tiempo, fuera de decir que hay dos cosas que concluyen esto, que creo que son importantes. La verdadera iglesia hace una gran confesión con respecto a Cristo, se somete a la gran comunicación del cielo, la Palabra de Dios, vive el gran contraste, separación del mundo, reconoce la gran conquista en la cruz y en la resurrección; y está dispuesta a enfrentar el gran conflicto con Satanás y no ser ignorante de sus artimañas. Y simplemente dos más: hay una gran contradicción. La vida en la iglesia.

Jesús le dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí la hallará. Porque. ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? ¿Ve usted la gran contradicción? Si usted quiere salvar su vida, ¿qué? la pierde. Si usted quiere salvar su vida la pierde.

Jesús dice, es difícil ser un cristiano, es difícil. Muchas personas tratan, pero no pueden. Se aman demasiado a sí mismas. A menos de que usted aborrezca su propia vida, Juan 12. Al menos de que usted odie al mundo, todo lo que está en él. Al menos de que usted esté cansado de su pecado. Jesús dijo en Lucas 9, “Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese,” ¿a quién? “a sí mismo. Tome su cruz y sígame.” Calcule el costo, calcule el costo. Escribí un libro de ese tema, “Difícil de Creer,” era el título porque usted se tiene que humillar a sí mismo, tiene que dejar todo lo que usted quiere en su carne natural, y abrazar solo lo que Dios sabe que es mejor para usted.

El evangelio no le ofrece a usted lo que quiere le ofrece a usted lo que Dios quiere, lo cual es mucho mejor. Pero eso es lo que hace que la gente no venga a Cristo, quiere lo quieren, no lo que Él quiere. La iglesia no es un lugar en dónde la gente viene a obtener lo que quiere, es un lugar dónde la gente viene a oír lo que Cristo quiere.

Después, una palabra final en los versículos 27 y 28, la iglesia espera una gran consumación, “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará cada uno conforme a sus obras.” Esperamos el regreso de Cristo. ¿No es cierto? Él va a corregir las cosas. Esa es la promesa, establecer Su reino, castigar a los impíos. Va a pagarles por sus obras a aquellos que le han rechazado. Y después nuestro Señor dice algo en el versículo 28, “Algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Dice usted: ¿Van a vivir hasta la segunda venida? No. Van a vivir hasta el siguiente capítulo, porque en el siguiente capítulo es la transfiguración, y ese es un anticipo de la segunda venida. Esa es una iglesia. Esa es una iglesia. Es marcada por esas cosas, es establecida por nuestro Señor. La Palabra es usada dónde no debe ser usada, pero esa es una iglesia bíblica. Nuestra gratitud va al Señor por todos estos tantos años de llevarnos a entender Su Palabra.

Llevarnos a ser la iglesia que quiere que seamos. Y le digo, si no hemos visto nada más, hemos visto esto en una muestra masiva, masiva en los últimos meses, los últimos dos meses. Hay un hambre, incluso entre la gente creyente, por una iglesia que es una iglesia. Y muchos de ustedes han venido y estamos tan agradecidos porque han venido. Esperamos que encuentren aquí aquello que honra a Cristo y satisface el deseo de su corazón. Esa es nuestra oración.

Padre, Te agradecemos por Tu Palabra, tanto en que pensar, pero todo se reduce al hecho de que Tu nos has dado Tu Escritura para guiarnos, Tu Espíritu Santo para ser nuestro Maestro residente que vive en nosotros. Ahora, venimos a un tiempo en torno a Tu mesa. Esto es para cristianos, para que reconozcan Tu muerte, Tu cuerpo entregado por ellos, Tu sangre derramada para ratificar el pacto de salvación. Este es nuestro tiempo para ser obedientes. Tú instituiste esto en la. esa última pascua. Tú dijiste haced esto en memoria de Mí.

Gracias por darnos la oportunidad Señor de hacer esto juntos. Que no lo hagamos de una manera indigna. La Escritura nos advierte en contra de eso, podríamos traer juicio sobre nosotros mismos, si tomamos estos símbolos y lo hacemos de una manera frívola o superficial, o realmente no hemos tratado con el pecado en nuestras vidas. Este es un tiempo para confesión, limpieza de corazón, para que podamos participar de una manera que te agrade a Ti. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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