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De nuevo esta tarde como durante los últimos domingos hemos estado reuniéndonos y venimos a la Palabra de Dios y tenemos la oportunidad de proclamar esta revelación gloriosa. No para la congregación normal en la iglesia sino una congregación que está esparcida por todo el globo. El domingo pasado había personas que fueron parte de nuestro servicio de 85 naciones, y número incalculables de personas acompañaron, y nos han acompañado cada vez que hemos hecho eso, y ese es otra vez el caso en esta noche, y la Palabra de Dios está siendo traducida en idiomas múltiples incluyendo idiomas de sordomudo estadounidense.

Y estamos recibiendo respuestas de alrededor del mundo. Ese es un pensamiento sobrio para el predicador, quien entiende la responsabilidad que tiene a sus pies de hablar de una manera que quizás va a hacer que este mensaje en particular sea exactamente la verdad clara que pueda cautivar los corazones de algunos que no conozcan al Salvador. Cómo sociedad a nivel global estamos viviendo en medio de una especie de amenaza peligrosa que ha venido sobre nosotros, por un virus, nuestra sociedad está muy consciente de ese peligro y muchos otros peligros que enfrentan nuestras vidas.

No olvidamos todo tipo de enfermedades, todo tipo de corrupciones y contaminaciones potenciales, toxinas, no olvidamos a terroristas, criminales que podrían dañarnos y de manera regular lo hacen por todo el mundo. Nos preocupamos por todo tipo de cosas, porque la muerte puede venir en tantas maneras. De hecho, nos sentimos sobreexpuestos a cosas que no podemos ver y a cosas que podemos ver, que pueden quitarnos la vida. Nos preocupamos por la vida hasta el punto en el que tomamos en serio lo que comemos y los aspectos de nutrición y suplementos del alimento que quizás pueden extender nuestra vida, y poder vivir más en términos físicos porque básicamente tenemos un temor hacia la muerte, y eso es normal porque la vida está llena y está rica de relaciones significativas, para la mayoría de nosotros y queremos aferrarnos. También es verdad, porque no estamos seguros en muchos casos de lo que viene por delante.

Entonces, quiero ser muy honesto con usted y hablarle a partir de la Palabra de Dios, como un mensajero del Señor. Y quiero presentarle una pregunta, ¿qué es lo que más teme? ¿qué es lo que más teme? Y quiero añadir otra pregunta, ¿qué es lo que usted más debería temer? O dicho de otra manera, ¿cuál es la más grande amenaza para su vida? ¿en qué punto debería usted hacer lo que puede ser hecho para que usted esté seguro y evitar esa la más grande de todas las amenazas? ¿cuál es su amenaza más grande? O dicho de otra manera, ¿quién es su mayor enemigo? ¿quién es la persona más peligrosa a la que usted jamás encontrará? 

Ahora, el enemigo más grande que jamás encontrará no es humano. Eso hace que las opciones sean menos, algunos de ustedes deben estar pensando debe estar hablando del diablo, de Satanás. Satanás no es su enemigo más grande. En absoluto. ¿Le sorprende a usted escuchar eso? Es verdad. Su enemigo más grande, su enemigo mortal más grande, más destructivo es de hecho, Dios. Los demonios saben eso. Satanás sabe eso. Esa es la razón por la que le dijeron al Señor Jesús, “¿Has venido para destruirnos?” Incluso los demonios saben que Dios es el Juez final y Ejecutor.

Con respecto a nosotros, Mateo 10:28 registra las palabras de Jesús, estas son Sus palabras, “No temáis aquellos que matan al cuerpo, pero no pueden matar el alma. Temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Teman a Aquel que puede enviarlos al infierno. Y ese es Dios mismo. Ese es Dios mismo. Dios es la amenaza más grande para la vida de usted, para la vida de cualquier ser humano. Usted no debería temer nada en un sentido definitivo, que esté limitado al daño físico, incluso muerte física, porque esas cosas que pueden dañar su cuerpo, no son las cosas que producen la destrucción final de su alma. Debe estar aterrado de Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Y ese no es Satanás, Satanás no es el soberano del infierno, él está entre aquellos que estén en el Lago de Fuego mismo, que será castigado eternamente por el Soberano que está por encima del infierno, quién es Dios mismo.

Honestamente, en nuestro país creemos que Dios es nuestro amigo, no nuestro enemigo. Constantemente clamamos a Dios y decimos con mucha frecuencia que Dios bendiga a este país, que Dios bendiga a Estados Unidos, eso no es nuevo, desde 1918 hubo una conflagración de naciones que se identificó como la Guerra Mundial, la Primera Guerra Mundial. Y en ese mismo año, en 1918 también tuvimos la Gripe Española que mató a cien millones de personas. Y fue durante ese año, supongo, bajo las aflicciones de esas realidades desastrosas que un escritor de canciones llamado Irving Berlín, escribió una canción llamada “Dios bendiga a Estados Unidos”, él clamó a Dios y le pidió que bendijera nuestro país. Todavía cantamos esa canción, ha sido editada a lo largo de las décadas, pero todavía cantamos esa canción.

Y en cierta manera pensamos que lo que lo merecemos, usted sabe, pensamos que a Dios le cae bien Estados Unidos, pensamos que somos dignos de bendición porque nos encanta la libertad, nos encanta la justicia, hay cierta especie de bondad colectiva, filantropía, caridad, preocupación, compasión que caracteriza nuestra nación. Hay un deseo por equidad, nos preocupa el bienestar, nos preocupa el proteger a la gente del daño, no solo a nuestra propia nación, sino a lo largo de los años hemos enviado a nuestras tropas por todo el mundo para proteger a otras personas. Somos cuidadosos en lo más que podemos de estar en la punta del avance tecnológico, médico, que pueda mejorar la vida y gastamos nuestro dinero en la gente que lo necesita aquí y por todo el mundo.

Y entonces pensamos que, con toda esta bondad, seguramente podemos pedirle a Dios que nos bendiga. Y creo que incluso a nivel personal la mayoría de la gente piensa que Dios es amigable hacia ellos. Piensan que Dios quizás va a ser la fuente de buena fortuna, usted oye a personas que se ganan la lotería, e incluso dicen, “Gracias al Señor”. Pensamos que hay un sentido en el que nuestra bondad nos trae victoria. Alguien podría agradecerle al Señor porque gana un Súper Tazón o una competencia de boxeo y cuando algo sale bien en la vida pensamos que esta es la bendición de Dios y en cierta manera me la merezco. Y cuando las cosas salen bien para nosotros en cierta manera afirma la idea que Dios es nuestro amigo y Él nos está viendo de manera amable.

Y, por cierto, esta noción es apoyada por muchos cristianos en, y muchos predicadores cristianos que dicen, con mucha frecuencia estos días, que Dios ama a todo mundo, y ama a todo mundo de manera incondicional y quiere ser el amigo de toda persona, y algunas veces se oye como especialmente la gente que está en nuestro país, después de todo tenemos Su nombre en nuestras monedas, y en el saludo de nuestra bandera. Permítame echar a perder ese momento, permítame traer algo de verdad en la imaginación sentimental de una manera de pensar así, la verdad es ésta, Dios es nuestro peor enemigo, nuestro enemigo mortal, peligro más fuerte, nuestro Juez eterno, y nuestro Ejecutor, quien va a destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Entonces, la Biblia presenta de manera clara que la sabiduría comienza con temer a Dios. Proverbios 9:10 dice, “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría.” Ahí es donde la sabiduría comienza, con el reconocimiento de la función que Dios tiene en el universo, y esa es la función de Juez. En el capítulo 8 de Proverbios, versículo 13 leemos esto, “El temor de Jehová es aborrecer el mal.” Entonces, el temor del Señor es el principio de la sabiduría. ¿Qué significa temer a Dios? significa odiar la maldad, odiar la maldad. Porque usted entiende no solo la naturaleza de la maldad que es destructiva en un sentido temporal, sino el resultado de la maldad que es destructiva en un sentido eterno. Si usted va a temer algo, tema a Dios.

No tema a lo que solo puede destruir su cuerpo, tema a Aquel que puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Y eso es lo que la Biblia enseña. Él es exactamente Aquel a quien el mundo le diría a usted que no le tema, y muchos predicadores le dirían que no tema a Él, Él es su amigo. No es amigo, Él es su enemigo. Usted tiene que temer más que nadie a Dios. Escuche lo que dice la Biblia, “Porque Jehová vuestro Dios es fuego consumidor. Dios está airado con el impío todos los días.” Dios dijo, “Yo también actuaré en furia, mi ojo no perdonará ni tendré compasión. Y aunque clamen a mis oídos a gran voz, no los oiré.”

Y después esto, una descripción de Dios misma en el capítulo 63 de Isaías, “Yo he pisado el lagar solo, Yo los he pisado en mi enojo y los he pisado en mi furia, su sangre ha salpicado mis vestimentas y he manchado todas mis túnicas, porque el día de la venganza está en mi corazón.” Esa es una declaración de primera persona por parte de Dios mismo.

Jonathan Edwards, quizás el teólogo más grande en la historia de Estados Unidos, predicó un sermón, y en él dijo esto: “Si clamas a Dios para que tenga compasión de ti, va a estar tan lejos de tener compasión hacia ti y de mostrarte el menor favor, y en lugar de eso únicamente te va a pisar. Y aunque Él va a saber que no puedes soportar el peso de la omnipotencia pisándote, sin embargo, Él no la va considerar, sino que te va a aplastar bajo Sus pies sin misericordia. Él va a aplastar tu sangre y la va a hacer volar y va a salpicar Su vestimenta como para manchar toda Su ropa. Él no solo te va a odiar, sino que te va a considerar en menosprecio total.

Cuando Jonathan Edward predicó ese sermón hace mucho tiempo en Estados Unidos, la gente clamó por misericordia. El libro de Apocalipsis se acerca a la conclusión con estas palabras, en el capítulo 20, “Vi un gran trono blanco, y el que estaba sentado sobre Él delante del cual la tierra y el cielo huyeron y no hubo lugar para ellos. Y vi a los muertos grandes y pequeños delante de él. Y se abrieron los libros, y otro libro se abrió que es el libro de la vida y los muertos fueron juzgados conforme a lo que estaba escrito en los libros de sus obras, y aquel cuyo nombre no estuvo escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego y ahí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Isaías dijo, “Mirad que Jehová está por venir con fuego y su carro son como torbellino y traerá su ira como furia, y su reprensión como llamas de fuego.” Un retrato, el retrato ahí es de, el retrato de los carros de Dios como un ejército que viene con furia y van echando polvo, Dios vendrá en juicio como un torbellino. Y todos sus enemigos van a sentir la furia de su ira. Hay una condenación universal en el libro de Romanos, capítulo 1, versículo 18, “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo en contra de toda impiedad, injusticia de los hombres, que detienen con injusticia la verdad.” La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia lo cual esencialmente es la supresión de la verdad, el contener la verdad.

Y el registro bíblico, la historia bíblica de como Dios trata con los hombres apoya que Dios es el enemigo más grande que tiene la humanidad. Adán y Eva lo desobedecieron y fueron maldecidos. Así fue también su hijo Caín. El mundo entero estaba encerrado en la maldad, y únicamente en la maldad de manera continua y Dios ahogó al mundo entero, a millones de personas con el diluvio universal. El mundo post-diluvio desobedeció y los esparció, confundió su idioma y dio lugar a conflictos mortales internacionales a lo largo de toda la historia humana. En Egipto mató a todos los primogénitos entre los egipcios, Él destruyó el ejército entero de Egipto, ahogándolos en el Mar Rojo. Él mató a muchos israelitas que adoraron el becerro de oro, Él consumió con fuego a aquellos que lo desagradaron y lo nombró el lugar “Tumbas de los Codiciosos”.

Él mató con mordidas de serpiente venenosas a aquellos que fueron desobedientes, mató a veinticuatro mil en una plaga, destruyó a setenta mil en una plaga, todo eso está registrado en el Antiguo Testamento. Y aunque la mayoría de la humanidad históricamente hasta la actualidad ha sido librada de ese tipo de muerte, ha habido holocaustos como ese a lo largo de la historia, estamos familiarizados con ellos, pero la mayoría de la humanidad ha sido librada de eso. Todos merecemos morir, y ocasionalmente vemos ese tipo de muertes masivas como un recordatorio de lo que todos merecemos, pero Dios en misericordia, para la mayoría de nosotros contiene el juicio.

Incluso, en el 70 D.C. en el Nuevo Testamento, vinieron los romanos y hasta donde sabemos cientos de miles fueron matados por la espada romana. La historia humana está, es la historia de la muerte. Si usted lee el quinto capítulo de Génesis, usted encuentra la primera genealogía en la Biblia, y la genealogía de Génesis 5, se lee exactamente igual para toda persona, y murió, y murió, y murió, y murió, y murió, y para cuando usted llega al final del capítulo 5 de Génesis usted sabe que todo muere, todo mundo muere. En Hebreos 9:27 la Escritura dice, “está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio.

Ahora, ¿qué tan amplia es esta sentencia de muerte? Todos morimos porque todos somos pecadores y la paga del pecado es muerte. Y todos pecamos, todos morimos. El hecho de que todos morimos es la prueba de que todos somos pecadores, y que eso también indica que el juicio de Dios es un juicio justo. La Biblia describe la naturaleza del hombre, en el tercer capítulo de Romanos uniendo muchas afirmaciones del Antiguo Testamento el apóstol Pablo enlista estas afirmaciones del Antiguo Testamento que resumen la naturaleza pecaminosa de todos nosotros, “No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura, sus pies se apresuran para derramar sangre, quebranto y desventura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz.” Y después esta condenación final, “No hay temor de Dios delante de sus ojos.” Ese es el problema esencial del hombre. El principio de la sabiduría es el temor a Dios, pero no hay temor a Dios delante de los ojos del hombre natural y mujer.

¿Por qué estoy diciendo todo esto? porque usted no puede entender lo que Cristo hizo en ese Viernes Santo, usted puede no puede entender el punto de Su muerte al menos de que entienda porque murió Él. El evangelio son buenas noticias acerca del perdón del pecado. Y Jesús desde la cruz dijo, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Y Él podía ofrecer ese perdón y proveer ese perdón porque Él iba a llevar a cabo el sacrificio que hizo posible ese perdón. Mire, el evangelio en el cristianismo no tiene que ver con una vida más fácil, un mejor tratamiento, una vida social más contenta, no tiene que ver con cumplir sus deseos, o su potencial, o ser todo lo que usted podría ser o quiere ser. No tiene que ver con terminar con su insatisfacción, realmente no tiene que ver con deshacerse de su vergüenza y sentimientos de culpabilidad.

Todos tenemos una conciencia, todos nosotros. Y hay ocasiones cuando esa conciencia opera en nosotros de manera bastante dura, acusándonos. Es un regalo dado por Dios tener una conciencia, así como el dolor en su cuerpo es un regalo dado por Dios para que no se siga lastimándose usted al punto de matarse. La conciencia le grita a usted y le dice, “Deja de conducirte de esa manera inmoral porque estás dañando tu alma.” Pero, el mensaje del evangelio, y el mensaje del cristianismo no es para que de alguna manera usted venza su culpabilidad y calle su conciencia activa. No tiene que ver con decir, “Bueno, realmente no eres lo que quieres ser, pero Jesús quiere hacerte todo lo que tú puedes ser.”

No. Eso ni siquiera es la esencia del pecado, la esencia del pecado no es definida por mis fracasos, por mis malas relaciones, por mi mala conducta, la definición del pecado no es como ofender a alguna otra persona, como daña a otra persona, esa no es la esencia del pecado. La idea misma del pecado es que es una ofensa en contra del Dios Santo, viola Su ley, e irrumpe y afecta la relación de una persona con Él. El evangelio no es acerca de arreglar su relación con usted mismo, sentirse mejor acerca de usted mismo, no es acerca de arreglar sus relaciones con otras personas, es acerca de remediar su relación con el Dios Santo.

Cuándo David pecó como recordamos en la Escritura, él pecó contra Betsabé, en una, de una manera adúltera pecó contra el marido de ella al matarlo. El pecó contra toda persona que era parte de esa operación en complicidad para hacerlo, pero cuándo derramó su corazón en el Salmo 51, él dijo, “Contra ti, contra ti solo he pecado.” Él vio el pecado no por lo que le hizo a él, produciendo culpabilidad y remordimiento, él vio el pecado no por lo que le hizo a otras personas sino por lo que le hizo a Dios. Como resultado de todo el pecado que ofende a Dios y viola a la ley de Dios, todos estamos bajo el juicio de Dios.

Tenemos que ver nuestras fallas, nuestras desobediencias, nuestras iniquidades, transgresiones y pecados a la luz de la santidad de Dios. Y si usted no las ve a la luz de eso, usted no las ve por lo que realmente son. El pecado no es un concepto social, no es algún tipo de fracaso personal. El pecado es un ataque en contra de Dios. Usted nunca sabe lo que es el pecado hasta que lo ve usted en términos de Dios. Y medirlo no a la luz de estándares humanos sino a la luz de la norma de la santidad total de Dios y Sus demandas para la vida de usted.

Entonces, lo que tenemos que entender, es que la conciencia mala que lo convence a usted de pecado, quizás no sea ni siquiera la convicción de pecado, quizás sea un sentimiento malo porque las cosas no salieron como usted quiso. No es que usted necesita sentirse como un fracaso, eso, eso no es entender su pecado, o sentirse miserable por sus malas obras. No. Usted necesita entender que todo pecado es un acto abierto de rebelión en contra de un Dios infinitamente santo, y debido a que usted pecó, usted está bajo su condenación. Jesús no viene como algún tipo de súper-psiquiatra para tratar de arreglar su relación con usted mismo y la gente que lo rodea a usted. Él viene para arreglar su relación con el Dios Santo.

Estar convencido de pecado y convencido de que está mal como pecado es medir su vida por la ley misma de Dios y darse cuenta de que básicamente usted se ha rebelado contra Su autoridad, usted lo ha ofendido, usted lo ha desafiado, usted lo ha blasfemado incluso. El pecador necesita estar aterrado. No veo mucho de eso en la actualidad, el pecador necesita estar aterrado, no hecho sentir de que Dios es su amigo, cuando de hecho es que Dios es el enemigo más mortal y peligroso que el pecador tiene. Para que un pecador sea traído a Dios, debe ser una realidad aterradora.

Entonces, esa es la condición de todos nosotros, ¿y qué hacemos al respecto? No podemos hacer nada al respecto, porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado por él, no podemos reconciliarnos al ser buenos porque no podemos ser lo suficientemente buenos. Jesús dijo, “Sed pues vosotros perfectos como vuestro padre que está en los cielos es perfecto.” No podemos alcanzar eso, usted no puede alcanzar la salvación solo, como podemos entonces reconciliarnos con un Dios a quien ofendemos continuamente. ¿Qué podemos hacer? la respuesta a eso viene en la obra de Jesucristo, y sabemos a partir de lo que Él dijo en la cruz, “Padres, perdónalos” que esa es esencialmente, eso es la razón por la que Él vino ¿y por qué estaba muriendo? para proveer perdón de pecados.

Pero, exactamente, ¿qué es lo que necesitamos entender? Bueno, repasemos lo que dijimos: el principio de la sabiduría es temer a Dios, Romanos 3 dice, la gente no teme a Dios. Temen prácticamente todo lo demás excepto por Dios. Temen las cosas que destruyen al cuerpo, pero no Aquel que destruye el alma y el cuerpo en el infierno eterno. Entonces, clamamos a Dios para que nos bendiga, e ignoramos la verdad, digamos del Salmo 13:15 que dice, “Jehová bendecirá a aquellos que le temen. Jehová bendecirá a aquellos que le temen.” Tenemos que cambiar nuestra perspectiva, el camino, la bendición comienza con un terror santo, un miedo santo, un miedo santo de Dios, Aquel que arroja los pecadores al castigo eterno.

Permítame resumir porque necesitamos ver a Dios como nuestro enemigo, y temer lo que Él puede hacer y nos hará. Primer lugar, Él es Gobernante soberano de todos los que viven. Él posee en Sí mismo autoridad completa y universal y ha establecido una ley moral absoluta reflejando Su perfección santa para lo cual demanda una obediencia perfecta. Y si usted no obedece, usted está bajo Su juicio. El pecado es cualquier violación de Su ley santa, haciendo que todos nosotros seamos culpables. Y el castigo es justo. Entonces, Dios es el Dador de la ley, Soberano.

Y, en segundo lugar, Él es el Guardián, Él es quién ha preparado una prisión inescapable de sufrimiento, el Lago de Fuego la Biblia dice, tristeza para siempre para aquel que está ahí, el culpable. Este es el lugar en dónde el Guardia mantiene a los violadores para siempre. Dios, después en tercer lugar es el Ejecutor, Él trae el juicio justo tanto del alma como del cuerpo. Él es el Peligroso. Témalo. Tenga miedo de Él. Todo eso, es crítico, esencial para entender el significado de la muerte de Cristo. Hasta que usted no entienda lo que le he dicho a usted hasta este punto, usted no puede entender el valor de la muerte de Cristo por nosotros.

Y quiero que vea, 1 Pedro 3:18 si tiene una Biblia, sino simplemente escuche, escuche lo que dice 1 Pedro 3:18, simplemente este versículo, “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en Espíritu.” Eso es tan profundo, tan lejos en sus ramificaciones que podría ser una serie por lo menos de diez semanas de predicación de este solo versículo. Pero vamos a explicarlo a detalle, esta es revelación profunda. En primer lugar, Cristo también padeció por los pecados. Cristo murió por los pecados. Esa es la afirmación más grande de más esperanza, más maravillosa, las mejores noticias que jamás podría presentarse a un mundo de pecadores.

El murió por los pecados. ¿Los pecados de quién? No eran los suyos, Él fue santo, inocente, justo, apartado de los pecadores, Él fue el Santo de Dios. ¿Qué pecados? Los pecados de todos los que creerían en Él. Observe Su sufrimiento, fue definitivo, Él padeció, murió. Algunas personas sufrir alguien de dolor para beneficiar a alguien más, pero no necesariamente entregar su vida. Algunas personas quizás de manera voluntaria podrían ofrecerse a sufrir alguna privación para satisfacer la necesidad de alguien, pero no necesariamente entregar su vida. “Ninguno tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Entonces, fue un sacrificio definitivo, estuvo relacionado a los pecados, murió por los pecados, no los suyos, Él no tuvo ninguno. Regrese al capítulo 2 versículo 22, dónde dice acerca de Cristo, “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca.” Entonces dice el versículo 24, “Él mismo llevó nuestros pecados sobre su cuerpo en el madero.” Él murió por los pecados, pero no tuvo ningún pecado Él murió por nuestros pecados.

Entonces, fue el sacrificio definitivo, y estuvo dirigido a enfrentar los pecados, en tercer lugar, fue único, también Cristo padeció una sola vez, hápax, una sola vez. Con una validez perpetua, cubriendo toda la historia sin necesitar que se volviera a repetir. Eso es muy diferente del sistema sacrificial del Antiguo Testamento, en dónde, en el cual se mataban animales toda mañana, toda tarde, diariamente durante siglos y ningún sacrificio animal podía quitar el pecado. Una muerte, Él, mediante la única ofrenda de Sí mismo, santificó a su pueblo para siempre. Una sola ofrenda. Eso exhibe, por cierto, el error de la misa, la cual es algún tipo de re-crucifixión de Jesús simbólica.

Entonces, Su muerte fue el sacrificio definitivo, y estuvo dirigido a los pecados, fue única en el sentido de que fue una sola vez, y fue amplia, Él murió una sola vez por los pecados, padeció una sola vez por los pecados. Todos lo que van a entrar al cielo básicamente son congregados en esa sola muerte. Escuche 2 Corintios 5:14, “Porque el amor de Cristo nos constriñe. Habiendo concluido esto, que uno murió por todos,” versículo 15, “uno murió por todos.” Él murió por todo Su pueblo, murió por todos los que creerían. Una muerte por el pecado fue lo único que fue necesario de manera amplia por todos los que creen. Por todo el mundo, Su pueblo a lo largo de toda la historia humana.

El sacrificio en el Antiguo Testamento fue repetido, y repetido, y repetido, y repetido, y repetido, sacrificio que fue ofrecido en el Antiguo Testamento cuando la gente traía su sacrificio al templo fue para cierta persona, una persona, una familia, ningún sacrificio jamás fue para el mundo. 1 Juan 2 dice, “Él es la propiciación para nuestros pecados, y no solo para los nuestros sino para los pecados de todo el mundo. Y claro que la meta del evangelio, la meta de la muerte de Cristo es asegurar reconciliación para pecadores con Dios, porque sus pecados han sido pagados. Y eso es lo siguiente en este versículo, versículo 18, Él murió de manera vicaria, en lugar del justo por los injustos. Otra manera de traducirlo, el recto por los que no son rectos. Mejor aún, uno justo por unos injustos. El justo muriendo por los injustos, Dios los castigó a Él por los pecados de todos los que jamás creerían en Él.

Hebreos 9:28 lo expresa de esta manera, “Sufrió una vez para llevar los pecados de muchos.” Esa es la razón por la que el Viernes Santo es bueno. En su sermón en Hechos 3, Pedro llama a Jesús el Santo y Justo, el Perfecto, el que no tiene pecado llevó nuestros pecados en su cuerpo en la cruz, llevó la furia completa de la ira de Dios, llevó el infierno por nosotros. Dice usted, ¿cómo pudo Jesús absorber eso para todos los pecadores que creerían en Él a lo largo de la historia humana? La respuesta es que Él es una persona infinita y podía recibir un nivel infinito de furia de Dios, y Dios quedó satisfecho. ¿Cómo sabes que Dios quedó satisfecho? Dios lo resucitó de los muertos y así certificó la validez de su sacrificio.

El Hijo de Dios salió de la eternidad y entró al tiempo, para morir en nuestro lugar. Él reunió todos nuestros pecados, Dios lo hizo el objetivo para Su furia, la ira eterna en contra de esos pecados, y como leímos en Isaías, la iniquidad de todos nosotros cayó sobre Él. Y junto con eso el juicio de Dios. Y, esa es la razón por la que estuvo oscuro desde la sexta hora hasta la novena hora conforme Él absorbió la furia divina. Su sufrimiento entonces fue el definitivo, Él murió quien fue el objetivo, quien estuvo relacionado con los pecados, fue único. Una vez fue amplio para todos. Vicario, los justos por los injustos, y después fue eficaz. Regrese al versículo 18, “Para llevarnos a Dios.” Reconciliación, para llevarnos a Dios.

Aquí está afirmado, el propósito de la muerte de Cristo, para llevarnos a Dios. El verbo aquí es para presentar o proveer acceso o llevar a alguien a una relación. Literalmente usted podría traducirlo “para presentarnos a Dios”, o mejor aún, “para darnos acceso a Dios.” Jesús es Aquel a quién Dios designó de manera oficial, el que abre la puerta, y abre la puerta al recinto del trono mediante Su sacrificio al haber llevado el pecado y nos trae a Dios.

De hecho, en Hebreos 2:10 dice que en Su muerte, Él estaba llevando a muchos hijos a la gloria. Esto es lo que estaba pasando en la cruz. Lo que es sorprendente, Pedro lo resume en este solo versículo, él concluye, “Siendo a la verdad muerto en la carne, siendo a la verdad muerto en la carne, Él al haber muerto en la carne, Él murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.” Él sufrió para traer reconciliación. Y por cierto, Él fue matado, Él fue a la verdad muerto en la carne, pero el versículo termina, “pero vivificado en Espíritu.” Su cuerpo estaba muerto, Su espíritu estaba vivo.” Y como todos sabeos salió de la tumba, al tercer día en ese domingo glorioso.

Esta es la importancia de la cruz, esto es lo que hace que Dios sea nuestro amigo. Fuera de la fe en Cristo, fuera de creer en Él como Señor y Salvador, Dios es el enemigo de usted. Y Él, por mucho, es el peor enemigo que usted puede tener, porque Su juicio es para siempre, para siempre.

Entonces, Jesús vino, enviando por Dios, para que Jesús por el amor de Dios nos salva de la ira de Dios. De tal manera amó Dios al mundo, el mundo que estaba bajo Su ira, Él lo amó, que envió a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna. Esa es la razón por la que este es Viernes Santo. Lo mejor.

Padre nuestro venimos delante de Ti ahora, con gratitud, las realidades profundas de la muerte de nuestro Salvador en la cruz no son entendidas por la mayoría de la gente.

Algunos lo ven como una experiencia sentimental llevada a cabo por un buen maestro, bien intencionado.

Algunos lo ven como si Jesús estaba un poco equivocado y estaba en el lado equivocado de la situación y Él perdió Su vida y murió como mártir, pero sabemos que Cristo murió por pecados, una sola vez y para siempre. El Justo por los injustos, para llevarnos a Ti, reconciliarnos, de tal manera que antes habiendo siendo enemigos ya somos amigos, ya somos amigos. Y no solo amigos, Jesús les dijo a Sus discípulos amigos, que se vuelven hijos de Dios, amigos que se vuelven coherederos de Cristo, amigos para quién está preparando un lugar en el cielo para gozo y satisfacción eternas en el cielo. Que esta verdad, por el poder del Espíritu Santo se mueva en los corazones de aquellos que oyen, y que Tú seas glorificado y honrado en nuestra respuesta.

Te damos gracias en el nombre de nuestro Salvador a quién amamos. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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