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Como les mencioné esta mañana vamos a comenzar una serie en esta noche, de un nuevo tema, el tema es el cielo. Y esta no va a ser como una serie de sermones en muchas maneras, sino más como una clase. Por lo menos en esta noche así será, quiero enseñarle lo que la Biblia tiene que decir a manera de introducción, al tema del cielo.

Cómo señale un par de semanas atrás, vivimos en una sociedad de gratificación instantánea, una sociedad en dónde la gente no quiere retrasar absolutamente nada, fuera de los pagos. Ciertamente no quieren retrasar la gratificación. Únicamente quieren retrasar el dolor que va con ello. Vivimos en un tiempo en el que todo el mundo quiere lo que quiere, ahora. Y, tenemos la tarjeta de crédito que nos permite comprar lo que no tenemos el dinero para comprar, ir a dónde no tenemos el dinero para pagar, hacer lo que no podemos pagar con el dinero que tenemos. Y después a partir de ahí, pagar. Esa es la esperanza que tenemos. El endeudamiento algunas veces se acumula al punto de que no podemos pagar nuestras deudas y después la gente se mete en problemas profundos.

Reflejan una actitud que dice, quiero lo quiero y lo quiero ahora. Y les había mencionado un par de semanas atrás como solíamos cantar canciones acerca del cielo, y ya no cantamos canciones del cielo, rara vez si es que lo hacemos. No me acuerdo de que una canción acerca del cielo haya sido escrita recientemente, porque no buscamos la gratificación retrasada. Y el cielo es gratificación retrasada. No queremos que nada sea pospuesto hasta el futuro. Estamos concentrados en la gratificación o la satisfacción instantánea, la queremos ahora y con gusto sacrificamos el futuro en el altar de lo inmediato. No queremos esperar nada. Como resultado de vivir en una sociedad de gratificación instantánea, una sociedad de satisfacción materialista, la iglesia ha caído presa a eso, y ya no hemos puesto la mira en las cosas de arriba como Colosenses 3 nos llama a hacerlo, sino que hemos puesto la mira en las cosas de la tierra.

Realmente no nos interesa algún futuro nebuloso, algún lugar en el espacio como algunas personas han escogido llamarlo. No estamos comprometidos con hacernos tesoros en el cielo, cómo Jesús nos dijo que lo hiciéramos, sino más bien hacernos tesoros aquí. Ciertos predicadores de televisión y radio y ministerios están teniendo una gran cantidad de éxito al prometerle a la gente que Jesús los quiere ricos ahora, saludables ahora, ricos ahora, exitosos ahora, lo llamamos el evangelio de la prosperidad. Y es muy popular, porque la gente quiere toda la satisfacción ahora.

Tuve mucha curiosidad cuando recientemente estuve en una conversación con Jerry Falwell, y le pregunté, ¿cuál crees que sea el futuro del club de “Alaba al Señor” ahora que te has retirado de ahí? Él dijo, “Es mi convicción que Jim y Tammy Bakker van a estar de regreso.” Es interesante que la razón que está detrás de eso, es que los acreedores creen que Jim y Tammy pueden regresar a este club y levantar todo el dinero que se necesita para pagarle a todos los acreedores. Es casi inconcebible para mí, que la gente así pueda regresar a la luz pública, y ocupe un lugar entre comillas, de ministerio en la iglesia cristiana. Simplemente es inconcebible fuera del hecho de que vivimos en un día cuando la gente quiere el evangelio de la prosperidad y van a dar el dinero a quien lo esté vendiendo. La gente va a aceptar algo que piensa que los va a hacer ricos, exitosos, prósperos en esta vida, y eso es lo que se les está prometiendo.

La iglesia en Estados Unidos en general no tiene el cielo en su mente, y como resultado de eso tiende a ser egoísta, y a estar centrada en sí misma, y buscar satisfacer sus deseos, ser débil. Está consumida con satisfacer sus propios deseos, desea estar cómoda, únicamente con pensamientos pasajeros del cielo. En contraste a eso está el hecho de que prácticamente todo lo que es preciado para nosotros está en el cielo. Permítame darle un poco de perspectiva en eso. En el evangelio de Mateo, capítulo 6 y versículo 9, usted tiene un versículo muy conocido que todos ustedes conocen. “Vosotros pueis orareis así,” Jesús dijo, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre.”

Y quiero recordarle para comenzar, usted no necesita tratar de seguirme en todos estos versículos, voy a cubrir muchos de ellos. Pero, en primer lugar, su Padre está en el cielo. En un sentido muy real, Aquel que es la fuente de todo para nosotros, Dios mismo, está en el cielo. Además, en Hebreos capítulo 9, y en el versículo 24, “Porque Cristo no entró a un lugar santo hecho con manos, una mera copia del verdadero, sino al cielo mismo. Ahora para aparecer en la presencia de Dios para nosotros.” No solo nuestro Padre está en el cielo, sino también nuestro Salvador está en el cielo. En Hebreos capítulo 12, y versículo 23 dice, “A la congregación general e iglesia de los primogénitos que están enlistados en el cielo.”

No solo nuestro Padre está en el cielo, y nuestro Salvador está en el cielo, sino que nuestros hermanos y hermanas en la fe están en el cielo. Santos del Antiguo Testamento están ahí, santos del Nuevo Testamento ahí, toda persona que ha muerto en fe en Cristo, fe en Dios en el Antiguo Testamento está en el cielo.

En Lucas capítulo 10, encontramos una afirmación muy interesante en el versículo 20, y lo que dice debería darles esperanza a todos nuestros corazones. Dice, “No obstante, no os gocéis en esto, en que los espíritus están sujetos a vosotros,” refiriéndose a sus discípulos que estaban echando fuera demonios, “sino gozaos porque vuestros nombres están registrados en el cielo.” No solo nuestro Padre está ahí, nuestro Salvador está ahí, y nuestros hermanos y hermanas están ahí, sino que nuestro nombre está registrado ahí. ¿Qué significa eso? Eso significa que tenemos un título de propiedad, algo de propiedad ahí. Somos ciudadanos de ese lugar.

Nuestra herencia está también ahí. “Bendito y el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada, e inmarcesible, reservado en los cielos para vosotros.” Su herencia eterna está en el cielo. “¿Qué quieres decir con esto?” Todas las riquezas de la gloria y gracia de Dios están apartadas para usted y para mí, en el cielo. Nuestro Padre está ahí, nuestro Salvador está ahí, nuestros hermanos y hermanas están ahí, nuestro nombre está ahí. Esto es, tenemos un título a un lugar en esa tierra y nuestra herencia está ahí. Podríamos resumirlo mucho de eso en Filipenses 3:20 en dónde el apóstol dice, “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de dónde también esperamos a un Salvador, al Señor Jesucristo.” Nuestra ciudadanía está ahí, somos ciudadanos de ese lugar, pertenecemos a ese lugar.

En Mateo 5:12 Jesús dijo, “Bienaventurado sois cuando seáis perseguidos porque grande es nuestro galardón en el cielo.” Su recompensa eterna está ahí. En Efesios 6:9 Pablo les recuerda a los creyentes en Éfeso que su Amo está ahí, su Amo está ahí. En Mateo 6:19-21 Jesús dijo que el único tesoro que jamás poseerá para siempre está ahí también.

Entonces, cuando usted piensa en el cielo, usted está identificando el lugar donde está su Padre, su Salvador está, y sus hermanos y hermanos están, su nombre está ahí, su herencia está ahí, su ciudadanía está ahí, su recompensa está ahí, su Amo está ahí, claro siendo Dios y Cristo, y su tesoro también está ahí. Para resumirlo, el cielo es su hogar.

Somos extranjeros, somos peregrinos, somos extranjeros en este mundo. Somos como viajeros del espacio que estamos en un planeta que no es nuestro. No pertenecemos a este lugar. Cada vez que alguien en este mundo nos conoce, está conociendo a extraterrestres. Somos los extraterrestres. Hemos llegado aquí, pero nuestro hogar está en otro lugar. Todo lo que amamos está ahí. Todo lo que disfrutamos está ahí. Todo lo que es de valor está ahí. Todo lo que es eterno está ahí. Sin embargo, aquí estamos en la iglesia de Cristo en Estados Unidos en este siglo, comprometidos con satisfacer nuestros deseos en esta tierra extranjera.

El cristianismo que busca satisfacer sus deseos, es el tipo de cristianismo que ha perdido su perspectiva celestial. La iglesia en la actualidad no espera el cielo, esperan no ir al cielo.

No quieren irse al cielo, hasta que hayan tenido todo lo que la tierra puede darles. Y cuando eso sea agotado, y finalmente son demasiado viejos como para disfrutarlo, están demasiado enfermos como para disfrutarlo, entonces estarán contentos porque el cielo está ahí para recibirlos. “Pero por favor Dios, no me envíes todavía al cielo. No he ido a Hawái, no he comprado mi auto nuevo. Quiero ir a las Bahamas, quiero que me suban el sueldo. Quiero una nueva casa Dios, por favor, nooo. El cielo, nooo.” ¡Que perspectiva tan torcida!

Juan dice en 1ra Juan 2 que todo lo que está en el mundo, está pasando. Y si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él. Creo que hay muchas personas que dicen amar a Cristo, pero el hecho de que aman al mundo tanto, significa que no son ciudadanos celestiales en absoluto. Y cómo la canción espiritual antigua, todo mundo que está hablando del cielo, no va a llegar ahí. Pero toda persona que va ahí, no está hablando tampoco del cielo. Y ese es el otro lado del asunto. Y necesitamos aprender a vivir a la luz del cielo. Esa esperanza debería llenar nuestros corazones, debería cambiar nuestras vidas, llenarnos del gozo de la expectativa que nos libera este mundo pasajero. Podemos amarrarnos tanto a este mundo, consumimos las cosas en este mundo que perecerán, en lugar de hacernos tesoros en el cielo.

Ahora, sé que algunas personas creen que el cielo es un lugar imaginario. Algunas personas creen que el cielo es un sueño malo para niños pequeños. Algunas personas creen que es un deseo. Algunas personas creen que el cielo es un estado mental. Algunas personas creen que el cielo es una proyección de todo lo que es bueno en la humanidad. Otros creen que el cielo es la inmortalidad de la verdad y la belleza. Y usted puede leer todo tipo de cosas como esa.

Pero la Biblia dice que el cielo es un lugar. Quiero que usted entienda eso, ¡muy bien! Es un lugar. Y toda la gente que ama a Dios, o está ahí ya, o van a estar ahí. Ahora eso es bastante simple. El cielo es un lugar, y toda la gente que ama de manera genuina a Dios o ya está ahí, o van ahí a vivir para siempre, en perfección y gloria completa.

Ahora, tenemos que vivir a la luz del cielo. Ahora, permítame darle una perspectiva de eso. Abra su Biblia en 2 Corintios capítulo 5, 2 Corintios capítulo 5. Y veamos si podemos entender un poco del corazón del apóstol Pablo. Ahora, él está bajo mucha persecución. Si usted regresa, regresemos hacia el capítulo 4, versículo 8. Él dice que, “Estamos atribulados en todo, más no angustiados. En apuros, más no desesperados. Perseguidos, más no desamparados. Derribados, pero no destruidos. Llevando en el cuerpo siempre y por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste a nuestros cuerpos.”

En otras palabras, tenemos dificultades aquí, atribulados, perseguidos, perplejos, derribados, llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús. “Siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús,” versículo 11; la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. Y él dice, en el versículo 16, “Por tanto no desmayamos, no desmayamos, a pesar de todo esto, pues, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día, porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” En otras palabras, sea lo que sea que soportamos en esta vida no puede compararse con la gloria que está produciendo en la vida venidera. Entre más sufre usted aquí, más gloria habrá allá.

Es como lo que Jesús dijo en el evangelio de Mateo, cuando él dijo, de hecho; Jacobo y Juan y su madre dijeron, “¿Podemos sentarnos a la diestra en el reino? Y Él dijo, “Eso no es para mí darlo, sino para el Padre.” Y después la implicación fue que él la dará al que habrá sufrido más aquí, por Su nombre. Entre más sufre usted aquí, mayor la exaltación ahí. Esa es la manera en la que el Señor ecualiza eso. Entonces él dice, “Esta leve tribulación momentánea, simplemente está produciendo en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria, que va mucho más allá de la comparación.” Entonces, lo que usted enfrente aquí está siendo compensado eternamente. Un poco de problemas temporales por gloria eterna.

Entonces él dice en el versículo 18, “No pasamos nuestro tiempo mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” Tenemos una perspectiva eterna. Soportamos lo que el mundo tiene que dar porque sabemos que hace que tengamos un peso más grande de gloria en la eternidad venidera, mantenemos nuestro enfoque en eso. Y aquí él llega al versículo 1 del capítulo 5 y él dice, “Porque sabemos que, si el tabernáculo terrenal que es nuestra casa, es derribado,” esto es, si morimos, “tenemos un edificio de Dios, una casa no hecha con manos, eterna en los cielos.” Tenemos otra vida, tenemos otra forma, otra casa.

Ahora nuestro tabernáculo terrenal está en el proceso de ser derribado, ¿no es cierto? seguro. Alguien le preguntó a John Quincy Adams en una ocasión, como estaba. Y él dio una respuesta interesante, él dijo, “John Quincy Adams está bien señor, muy bien. La casa en la que él ha estado viviendo está desgastada y es vieja, y él ha recibido reporte de su Hacedor que él debe dejar la casa pronto, pero, John Quincy Adams está bien señor, muy bien.” Bueno, simplemente así es, el hombre exterior está desgastándose todo el tiempo, y la tienda terrenal está siendo derribada y cuando eso se acabe sabemos que tendremos un edificio de Dios, una casa no hecha con manos, eterna en los cielos, en los cielos.

Entonces, vemos al cielo en dónde tendremos ese peso eterno de gloria, esa nueva casa de Dios. Él dice, versículo 2, “Porque de hecho en esta casa gemimos.” Gemimos en esta casa. Yo sé que gimo, usted gime, yo gimo, todos gemimos, gemimos, gemimos, gemimos debido a las debilidades de nuestro ser físico. Gemimos debido al pecado que reina por así decirlo, en nuestra carne. Gemimos porque no podemos ser lo que deberíamos ser, y hacer lo que debemos hacer. Estamos debilitados continuamente, estamos, estamos debilitados continuamente en esta forma humana. Y entonces, gemimos junto con el resto de la creación, como Romanos 8 dice. Gemimos esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, anhelando ser revestidos con nuestra morada del cielo, queremos nuestro cuerpo celestial.

Ahora, ¿se siente usted así? ¿Puede usted identificarse con Pablo? ¿Puede usted decir, oh cómo anhelo ser vestido con nuestra morada del cielo? ¿o acaso su oración es más como, (Señor), como anhelo ir al centro comercial, para que pueda vestirme con todo lo que está de oferta en Nordstrom? Digo, simplemente, ¿en dónde está, usted sabe, en dónde está su deseo? ¿en dónde está su anhelo? Digo, si usted ve a la iglesia en la actualidad, tendremos que decir que hay muy pocas personas que están anhelando en su corazón estar en la presencia de Dios en el cielo. Y eso es triste. Pero él dice, anhelamos ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial pues así seremos hallados vestidos y no desnudos.”

¿Por qué quieres eso Pablo? ¿Por qué anhelas tanto no estar desnudo, sino vestido con ese cuerpo eterno? Versículo 4, “Porque así mismo, los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, estamos cargados.” Estamos cargados por el pecado, cargados por la enfermedad, cargados por la muerte, cargados por lágrimas y tristeza, y dolor, y todo lo demás. No queremos ser desnudados. En otras palabras, no es suficiente tan solo para nosotros que nuestros espíritus vayan a la presencia de Dios, también queremos nuestros cuerpos, queremos ser revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida.

Entonces aquí hay un hombre que literalmente está anhelando su forma celestial, anhelando estar en ese lugar eterno. Y ahora, “El que nos hizo,” dice en el versículo 5, “para esto mismo, es Dios quien nos ha dado las arras del Espíritu.” Ahora, ¿qué quiso decir con eso? El Espíritu son arras, como Pablo nos llama en Efesios 1, Él es arras, un arrabón. Esa es una palabra griega que significa un anillo de compromiso. Cuando Dios le dio a usted Su Espíritu Santo, ese fue un anillo de compromiso, indicando que algún día usted va a ser su novia, y usted va a casarse con Él cuando llegue al cielo. El Espíritu Santo es el enganche. Arrabón significa “enganche, anillo de compromiso, primer pago.” Es como dinero de enganche, para usar esa frase antigua.

Entonces, el Espíritu Santo es la promesa de nuestra inmortalidad, la promesa de nuestra nueva forma en las glorias del cielo. “Así que,” versículo 6, “vivimos confiados siempre y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor, porque por fe andamos no por vista, pero confiamos y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor.” Ahora, ¿puede usted decir eso? Digo, esa es una, digo esa es una afirmación bastante directa. ¿puede usted decir que el deseo más profundo de su corazón es estar ausente del cuerpo y presente con el Señor? Y es difícil decir eso para nosotros, porque nos aferramos con tanta fuerza a esta vida, porque es lo único que conocemos. Y debido a que experimentamos amor, y las relaciones significativas que la vida nos trae, nos volvemos cautivos a esta vida, pero necesitamos ser trascendentes. Y mi propósito, espero yo, en la gracia de Dios, en las siguientes semanas, conforme estudiamos el cielo, es soltarnos a todos un poco en términos de que no nos aferremos con tanta fuerza a esta vida.

Imagínese decir, “Prefiero más bien estar ausente del cuerpo y estar en casa con el Señor.” Observe la frase, “presentes al Señor” esto es “en casa con el Señor”. Eso es casa para nosotros, con el Señor. Ese es nuestro hogar. Ahí es a dónde pertenecemos. Como dije antes, todo lo que amamos está ahí, nuestro Padre está ahí, nuestro Salvador está ahí, nuestros hermanos y hermanas están ahí, nuestro nombre está ahí, nuestra herencia está ahí, nuestra ciudadanía está ahí, la recompensa está ahí, nuestro tesoro está ahí, esa es nuestra casa. Y anhelamos irnos a casa. Todos ustedes pueden identificarse con eso. Cuando usted sale por un tiempo prolongado, hay algo en su corazón que anhela irse a casa.

Ahora, regresaremos a ese texto más adelante en nuestro estudio, pero quería presentárselo, porque quería que usted viera el tipo de actitud de corazón que buscamos. Queremos llegar al punto en nuestros propios corazones, en dónde gemimos por ser revestidos con nuestra forma celestial, en dónde anhelamos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor. En dónde estamos más preocupados por el peso eterno de gloria que la aflicción ligera aquí, en dónde estamos conscientes de hacer todo nuestro tesoro en el cielo para que podamos disfrutarlo para siempre, en lugar de hacernos tesoro en la tierra y dejarlo aquí.

Una persona muy rica murió y alguien le preguntó a un amigo de él, “¿Cuánto dejó?” Y él amigo dijo, “Todo.” Y eso es exactamente lo que usted dejará, todo.

Ahora, hablemos de algunas cosas básicas con respecto al cielo, para ayudarnos en cierta manera a empezar. En primer lugar, las Escrituras hacen referencia al cielo alrededor de quinientas cincuenta veces. Si nuestra mente va a estar centrada en el cielo, y vamos a anhelar el cielo, tenemos que conocer un poco del cielo, para que tengamos algo que en cierta manera nos atraiga en esa dirección. La palabra clave del Antiguo Testamento para cielo es shamayim, literalmente significa, es un plural, significa las alturas, las alturas. La palabra clave del Nuevo Testamento es ouranos, a partir de la cual el planeta Urano fue nombrado. Literalmente significa, “aquello que está elevado.”

Entonces, es un término general, en el sentido de que significa algo que es alto, y algo que está elevado. Ahora, cuando vemos hacia arriba al cielo y vemos el cielo de la noche o el cielo de día, estamos viendo el cielo. No obstante, nuestros ojos pueden llegar hasta cierto punto. Permítame tan solo darle este pensamiento del apóstol Pablo. En 2 Corintios él dice, capítulo 12, versículo 2, “Que fui arrebatado al tercer cielo,” ¿muy bien? 2 Corintios 12:2 “Arrebatado al tercer cielo.” Ahora, esa es una indicación muy clara de que hay tres cielos.

Muy bien, entonces hablemos de los tres cielos, ¿está bien? El primero es lo que podríamos llamar el cielo atmosférico, el cielo atmosférico. Ese es el espacio inmediatamente arriba de la tierra, ese es el aire que respiramos. Eso es generalmente es llamado la troposfera. Algunas veces cuando la Biblia habla del cielo se está refiriendo a ese primer cielo, la atmosfera alrededor de la tierra es el aire que respiramos, es nuestro ambiente en el que vivimos. Por ejemplo, hay varios lugares, pero creo que en Isaías 55, versículo 9, “Cómo están los cielos más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos que vuestros pensamientos, porque como la lluvia y la nieve descienden del cielo.” Sí, el primer cielo. El primer cielo es el cielo atmosférico de dónde la lluvia y la nieve descienden. Dice que no regresan ahí sin regar la tierra, y hacerla germinar y dar semilla al que siembra y pan al que come. El ciclo hidrológico, el cual es el ciclo de agua, ocurre en el primer cielo, es la atmosfera alrededor de la tierra. También hay varias referencias en los Salmos a esa atmosfera. Dice, por ejemplo, en el Salmo 147:8 “que Dios cubre los cielos con nubes, provee lluvia para la tierra.” De nuevo, ese es el cielo atmosférico.

El segundo cielo, y las Escrituras también se refieren a este, y ese es el área planetaria, el área en donde las estrellas y la luna y todos los planetas se mueven. Las Escrituras también se refieren a este cielo. De hecho, ahí atrás en el primer capítulo de Génesis, Dios dijo, “Haya luces en la expansión de los cielos.” Hay luces en la expansión de los cielos. Y lo que Él quiso decir con eso Él lo explica. Luces, dos grandes luces, y lo que Él quiso decir con eso el procede a decirlo. Lumbreras, dos grandes lumbreras. La lumbrera mayor para gobernar el día, la lumbrera menor para gobernar la noche. Y también hizo las estrellas, y Dios las puso en la expansión de los cielos para dar luz en la tierra. Y de nuevo, el cielo ahí es el cielo de los planetas, el cielo de las estrellas y las lunas. El salmista también se refiere a eso como al cielo. Ese es el segundo cielo.

Después el tercer cielo, pasando más allá del segundo cielo, es el cielo divino. Ahora, ahí es en dónde Dios vive. Y ahí es en dónde Él vive con sus ángeles santos, y dónde Él vive con todos los santos de todas las épocas que han sido redimidos. Ese es el cielo en el que queremos concentrarnos. El cielo en dónde Dios vive, en dónde los ángeles santos viven, en dónde todos los redimidos de todas las épocas viven, y vivirán por los siglos de los siglos.

Ahora, quiero darle una referencia para que usted no se confunda. Pase primeramente a 1 Reyes 8:27, 1 Reyes 8:27, dice, “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener.” Salomón dice, “¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” Ahora, aquí las Escrituras dicen que, por un lado, inclusive el cielo más cielo, literalmente en el hebreo, “el cielo de los cielos,” no pueden contener a Dios. ¿Cómo podemos decir por un lado que el cielo de los cielos no pueden contener a Dios, y por otro lado que el cielo de los cielos es Su morada? No estoy seguro, no estoy seguro de cómo podemos decir eso, pero eso es lo que la Biblia dice. Hay un sentido en el que el “cielo de los cielos” no puede contener a Dios, sin embargo, hay un sentido en el que ahí es donde Él vive. No creo que es demasiado de entender. Usted lo puede entender a partir de una ilustración humana simple. Tengo un lugar, y dónde vivo, pero hay un sentido en el que mi casa no me puede contener. No puede contenerme corporalmente en todo momento. Y ciertamente no puede contener el efecto de mi vida, el efecto de mi influencia y demás. Entonces, de una manera muy cruda, una manera muy común, podemos entender que Dios puede morar o vivir en el cielo y sin embargo el cielo en un sentido no puede contener a Dios.

Pero hay un cielo de cielos, en dónde Dios vive. Es Su lugar. Es Su morada. En Isaías 57:15, “Porque así dijo el Alto y Sublime, Él que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad,” dice Él, Dios tiene un lugar, en dónde Él vive, un lugar real, un lugar en dónde Él mora. El Isaías 63, y versículo 15, “Mira desde el cielo y contempla desde Tu santa y gloriosa morada.” Eso nos dice en dónde está el lugar, es en el cielo. Él dice en el capítulo 57, Dios tiene un lugar, y en el capítulo 63 Dios dice, Ve, mira desde el cielo, y Él llama a ese lugar cielo. Ese es el cielo de cielos en dónde Dios vive. De hecho, en el Salmo 33:14 dice que “Dios mira desde el cielo,” versículo 13, “desde el lugar de Su morada, Él ve, o mira. Entonces, hay un lugar en dónde Dios vive, y ese lugar es llamado el cielo, es el cielo de cielos, el tercer cielo.

En el Salmo 102, simplemente otra referencia, podríamos darle muchas, pero aquí dice en el versículo 19, “Él miró desde Su altura santa, desde el cielo Jehová el Señor vio la tierra.” En el Nuevo Testamento, simplemente para que tenga una referencia del Nuevo Testamento en Apocalipsis 3:12, “Al que venciere Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí, y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios.” Y de nuevo, el Nuevo Testamento identifica a Dios con el cielo, Dios vive en el cielo.

Ahora, permítame darle una especie de viaje rápido a lo largo de Mateo, simplemente digamos, para solidificar ese pensamiento en su mente. Muy bien, abra su Biblia en Mateo 5:16 y veamos si podemos aclarar este pensamiento y mostrarle que pensamiento tan importante es en el Nuevo Testamento. Ahora siga Mateo 5:16, prepare su Biblia y vea si puede ver la idea obvia. “Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está…” ¿en dónde? “…en el cielo.” Versículo 34. “Pero os digo, no juréis ni por el cielo, porque ahí está el trono de Dios.” Versículo 45, “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.”

Capítulo 6, versículo 1, “Guardaos de hacer nuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no recibiereis recompensa de vuestro Padre que está en el cielo.” Versículo 9, “Vosotros pues oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos.” Capítulo 7, versículo 11, “Pues si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dadivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Versículo 21, “No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

Jesús sigue repitiendo esto. Capítulo 10, versículo 32 “Todo aquel que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero todo aquel que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en el cielo.” Capítulo 12, versículo 50, “Porque todo aquél que haga la voluntad de mi Padre que está en el cielo, él es mi hermano, y mi hermana, y madre.” Y ahí en el capítulo 16, inclusive en el versículo 17 ahí, “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque sangre y carne no te revelaron esto, sino mi Padre que está en el cielo.” Capítulo 18, versículo 10, “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños, (un creyente), porque os digo que sus ángeles en el cielo continuamente ven el rostro de mi Padre que está en el cielo.”

Versículo 14, “Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en el cielo, que uno de estos pequeños perezca.” Versículo 19, “De nuevo os digo, que, si dos de vosotros os ponéis de acuerdo en la tierra, por cualquier cosa que pidieres, será hecho para ellos por mi Padre que está en el cielo.” Versículo 35, “Entonces, también mi Padre que está en el cielo hará con vosotros.”

Ahora, usted tiene la idea de que Jesús quiere que entendamos que Dios está en el cielo, ¿no es cierto? Una y otra, y otra vez lo repite. En el sexto capítulo de Juan al identificar a Dios y el cielo, Jesús dice, en el versículo 33, “Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo.” Obviamente el que vino del cielo fue el Señor Jesucristo, de nuevo indicando que ese fue el lugar en dónde Dios vivía. Versículo 38, “He descendido del cielo.” Versículo 41, “Yo soy el pan que descendió del cielo.” Versículo 42, “He descendido del cielo.” Versículo 50, “Este es el pan que desciende del cielo.” Versículo 51, “Yo soy el pan de vida que he descendido del cielo.” Versículo 58, “Este es el pan que descendió del cielo.”

Ahora, lo que quiero que entienda es que el cielo es un lugar, Y Dios vive ahí, y Cristo vino de ahí. No es producto de la imaginación, no es un sentimiento, no es una emoción, es un lugar. Es el lugar de Dios, es un lugar en dónde Dios vive. De hecho, ahora, observe esto. Es tanto el lugar de Dios, siga esto, esta es una clave para interpretar el Nuevo Testamento, es tanto el lugar de Dios, que el cielo se volvió un sinónimo para Dios. Y usted encuentra eso en el Nuevo Testamento. Permítame mostrárselo, hay varias ilustraciones, únicamente le daré una o dos. En Mateo 23:22, dice, “Y,” Jesús está hablando, “el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que se sienta en él.” El cielo ahí es sinónimo con Dios. Usted jura por el cielo, usted está jurando por Dios. Realmente son uno y el mismo. El cielo es el lugar en dónde está Dios, y es tanto Su lugar que usted puede referirse al uno o al otro, y referirse a ambos.

En Lucas 15, versículo 7, “Os digo, de la misma manera que habrá gozo en el cielo,” ¿qué significa eso? Gozo por parte de Dios. Versículo 18, me encanta esto. El hijo pródigo regresa, ahora, escuche esto, y él dice, “Padre, he pecado…” ¿contra qué? “…contra el cielo” ¿Qué quiere decir con eso? He pecado contra Dios. Ahora, escuche con atención, cuando las Escrituras se refieren al reino del cielo, ¿qué significa? Reino de Dios. Simplemente es otra manera de expresar Dios. Dice usted, “Bueno, ¿por qué sustituyeron la palabra cielo por Dios?” Es interesante señalar eso. Los escritores del Nuevo Testamento no necesariamente están atados por eso, se refieren al reino de Dios y al reino del cielo. Jesús se refiere al reino de Dios y al reino de los cielos, pero significan una cosa y lo mismo.

En el período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, hay un espacio de cuatrocientos años llamado el Período Inter-testamentario. Durante ese periodo, los judíos realmente desarrollaron la tendencia a nunca usar el nombre de Dios. Esa tendencia había estado ahí inclusive al final de la era del Antiguo Testamento, no les gustaba usar el nombre de pacto de Dios porque pensaban que era demasiado santo que pasara por sus labios. Y entonces, comenzaron un proceso de sustituir cosas por el nombre de Dios. Y una de las cosas que vino por el período inter-testamentario, que usaron para sustituir el nombre de Dios, fue cielo. En lugar de decir, adoro a Dios, decían adoro el cielo. En lugar de decir, invoca el nombre de Dios, decían invoca el nombre del cielo. Debido a que el nombre de Dios, pensaron, era demasiado santo, sustituyeron la palabra cielo. Y para el tiempo en el que la cultura judía del Nuevo Testamento es establecida, cualquier referencia al reino del cielo en sus oídos, simplemente es una referencia al reino de Dios. Es la misma realidad. Es el lugar en dónde Dios vive, el lugar en dónde Dios gobierna. Entonces al reino del cielo es entrar al reino de Dios. El cielo es un lugar.

Ahora, permítame dar un paso más hacia adelante. El apóstol Pablo dice algo muy interesante en Efesios capítulo 1. Véalo por un momento. Versículo 3, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Ahora, siga esto, el tiempo del verbo es pasado, “quién en el pasado nos bendijo, con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” Ahora, observe el capítulo 2, versículo 6 y 7, dice que “Dios en su misericordia nos amó, y cuando estábamos muertos en transgresiones, (versículo 5), nos dio vida juntamente con Cristo.” Esa es nuestra salvación por gracia, “habéis sido salvos.” Y, tiempo pasado, “os resucitó con Él, y nos sentó con Él en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” Ahora, escuche esto, todavía no estamos en el cielo, ese es un lugar, no estamos ahí, aunque no estamos en el cielo estamos… ¿en qué? en los lugares celestiales.

Dice usted, “¿Qué significa eso?” Le voy a decir lo que significa. El cielo es dónde está Dios, el cielo es dónde Dios gobierna, el cielo es dónde Dios domina, no estamos en el lugar llamado “el cielo”, pero en la actualidad estamos bajo el dominio del Rey del cielo. Entonces, no estamos en el cielo, pero estamos en los lugares celestiales, en ese sentido. Y lo que el escritor está tratando de decir es que hemos sido colocados bajo el dominio de Dios. Cuando la Biblia dice que Jesús predicó que el reino de los cielos se ha acercado, Él quiso decir que el reino de Dios se ha acercado. Y cuando Él llamó a la gente al reino, Él los llamó a la salvación. Cuando Jesús dijo, “debes ser salvo.” Él quiso decir salvación. Cuando Él dijo, “debes heredar la vida eterna,” lo mismo, Él quiso decir salvación. Y cuando Él dijo, “entrad al reino de Dios o al reino de los cielos,” Él quiso decir salvación.

Entonces, cuando usted es salvo, y hereda vida eterna, y se ha convertido en un creyente en Cristo, usted entró en el reino de Dios, usted está bajo su dominio, no en el cielo, sino en los lugares celestiales, por así decirlo. Usted está bajo su gobierno. Entonces, en la actualidad no vivimos en el cielo, pero vivimos en los lugares celestiales. Y esa es la razón por la que debemos estar preocupados por cosas celestiales. Tenemos una vida celestial. Nuestra nueva vida en Cristo es vida en los lugares celestiales. Esto es, es bajo el dominio y gobierno de Dios.

Ahora, ¿cómo es el cielo? Es un nuevo orden, es una nueva comunidad de santidad, es una nueva comunión de armonía con Dios y Cristo. Es un lugar de gozo y paz, y santidad, y amor y satisfacción, y ¿no experimentamos eso en parte aquí? ¿Acaso el Espíritu Santo quien es la garantía o la promesa de eso, produjo en nosotros el fruto del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza? Todos esos van a ser características del cielo, estamos experimentándolas en una manera menor, aquí, porque no estamos en el cielo, estamos en los lugares celestiales.

El Escritor del himno lo dijo, es una probada de gloria divina. El cielo futuro dónde estaremos, lo estamos probando en este momento. Tenemos la promesa del Espíritu Santo, tenemos la vida de Dios dentro de nosotros, tenemos el gobierno de Dios dentro de nosotros, conocemos gozo y paz y amor y bondad, bendición. Hemos entrado en un nuevo tipo de humanidad, un nuevo tipo de comunidad, un nuevo tipo de comunión, un nuevo tipo de familia. Hemos salido del reino de las tinieblas y hemos entrado al reino de la luz. Ya no estamos bajo el dominio de Satanás, sino bajo el dominio de Dios en Cristo. Tenemos un nuevo principio de vida.

Si alguno está en Cristo, nueva… ¿qué?... criatura es. 2 Corintios 5:17, “las cosas viejas pasaron y he aquí, todas son hechas nuevas.” Somos criaturas nuevas. Somos miembros de una familia nueva. Ya no estamos en la familia en la que solíamos estar, somos hijos de Dios. Somos hijos de un lugar nuevo. Gálatas 4:26 dice, “Jerusalén es nuestra madre,” ¿qué Jerusalén?, la Jerusalén de Dios en dónde Dios gobierna. Tenemos una nueva ciudadanía. Filipenses 3:20, se lo leí a usted antes, nuestra ciudadanía no está en este mundo, está en el cielo. Tenemos un nuevo afecto, debemos poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Tenemos un nuevo almacén, nuestros tesoros deben ser colocados ahí.

Entonces, el cielo es un lugar, pero también es una esfera en este mundo, en dónde Dios gobierna y nos da una probada de gloria divina. Ahora, escuche esto, lo mejor de su experiencia espiritual, es una probada de lo que será común y corriente en el cielo. Sus alturas más elevadas espiritualmente, sus profundidades más profundas espiritualmente, sus bendiciones más grandes espiritualmente, serán las cosas comunes y corrientes del cielo.

Estamos probando, en una manera pequeña, la era venidera, las glorias de la vida venidera.

Entonces, vivimos ahora en los lugares celestiales, y necesitamos ocuparnos con ese tipo de manera de pensar celestial. Somos parte de un orden nuevo, una nueva comunidad, una nueva comunión, poseemos un nuevo principio de vida, una nueva familia, una nueva ciudadanía, un nuevo afecto. Y únicamente estamos pasando por esta vida en este mundo, hasta que podamos llegar al lugar en dónde toda la realidad celestial se vuelva simplemente eso, para nosotros. Ahora, es una esfera en la que vivimos bajo el gobierno de Dios, y en la bendición del Espíritu Santo, algún día será eso y un lugar en dónde de hecho colocaremos nuestros pies glorificados y caminaremos. Un lugar real.

La oración de Jesús, que oración tan magnifica, magnifica es, Juan 17, escuche el versículo 24, me encanta, “Padre…” Jesús dice, “…aquellos que me has dado, quiero que dónde yo estoy también ellos están conmigo para que vean mi gloria.” Ese es Jesús orando al Padre, para llevar a los suyos al cielo en dónde Él vivirá por los siglos de los siglos. Entonces, estamos en los lugares celestiales ahora, y algún día estaremos en el cielo. ¡Qué esperanza tan tremenda!

En Juan 14, ¿se acuerda? Promesa hermosa. “No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay,” muchos lugares dónde vivir, no mansiones, habitaciones, “si así no fuera yo os lo hubiera dicho. Voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo para que dónde Yo estoy, vosotros también estéis.” Como puede ver, Jesús quería que estuviéramos para siempre adónde Él está para que viéramos su gloria y la gloria de su Padre. Y él está ahí en ese momento preparando un lugar para nosotros, “en la casa de mi Padre, muchas habitaciones hay.” Jesús está preparando un lugar para nosotros, y de hecho vamos a estar en ese lugar, tanto como estamos en este lugar en esta noche. Estaremos en una forma física, vamos a hablar de eso, como seremos en el cielo, será una forma física en un sentido. Sin embargo, será en una forma eterna y glorificada, sobrenatural, en otro sentido.

Dice usted, “Bueno, ¿de dónde obtienes el modelo para eso?” El cuerpo resucitado de Cristo.

 Se acuerda usted de que Él caminó, Él comió, sin embargo, Él ascendió por el espacio al cielo. Y entonces, estamos esperando ese lugar. Estamos esperando ese lugar. La Biblia lo llama una ciudad cuyo constructor y arquitecto es, ¿quién? Dios. ¿Sabe usted cuanto significaba una ciudad para la gente en tiempos antiguos? Cómo puede ver, una ciudad en tiempos antiguos era un lugar de seguridad. Una ciudad era un lugar de refugio. Adentro de los muros había hermandad y armonía, adentro de los muros había seguridad, protección. Y usted puede imaginarse que la gente nómada de tiempos antiguos, que iba viajando por el desierto, era vulnerable a los ladrones que venían y robaban, y quitaban sus vidas. Eran vulnerables a los elementos, eran vulnerables al clima. Y usted puede imaginarse después de meses, quizás semanas de ese tipo de vida, cuan refrescante era entrar a la protección de una ciudad fortificada y con muros. Y ahí encontrar armonía, y comunión, gozo, compañerismo. Usted tiene que ver una ciudad desde el punto de vista de los tiempos bíblicos.

Las ciudades en la actualidad representan decadencia, representan crimen, representan todo lo que es impío y malo. Y me parece que la gente en la ciudad anhela irse al campo. Pero en esos días la gente en el campo anhelaba una ciudad, un lugar de refugio, un lugar de protección, un lugar de seguridad. Necesitamos esa manera de pensar, necesitamos vernos a nosotros mismos como peregrinos y extraños, pasando por este mundo, esperando una ciudad cuyo constructor y arquitecto es Dios, un lugar real adonde realmente iremos, y viviremos realmente con Cristo, así como sus discípulos estuvieron con Él después de su resurrección, nosotros estaremos con Él. Así como Tomás podía tocar sus dedos y tocar su costado, así también lo tocaremos. Así nos sentaremos con Él, así cantaremos con Él. Un lugar real.

Y ahora únicamente estamos experimentando una probada de ese lugar, en el gozo de caminar con Cristo, a quien sin haberle visto lo amamos. En el gozo de conocer que el Espíritu vive dentro de nosotros como la promesa de que algún día llegaremos a ese lugar.

Y, por cierto, el momento en el que usted deje esta vida como cristiano, usted va a ese lugar. No hay limbus patrum como los teólogos medievales lo llamaban. No hay un limbo, no hay un purgatorio, no hay un foso en el que usted espera, usted inmediatamente va a la presencia del Señor. Ausente del cuerpo, dijo Pablo, presente con el Señor. Filipenses 1, “Mucho mejor partir y estar con Cristo.” ¿Es ese el deseo de su corazón? Debemos en esta hora, vivir en los lugares celestiales al grado que anhelamos la totalidad de todo lo que esa bendición espiritual podría llegar a ser. ¿Se regocija usted por la obra de Dios en su vida? ¿Se regocija usted porque Él le ha dado a usted todas las bendiciones buenas que tiene? Si lo hace, usted va a querer más. Y si usted va a querer más, va a querer el cielo. 

Entonces, cuando yo pienso que Jesús de hecho, oró que todos los que lo conocen, de hecho, pasarán la eternidad con Él para ver su gloria, cuan agradecido estoy a Dios por eso. y quiero tener el corazón de Pablo, literalmente quiero anhelar ser revestido con mi forma celestial, quiero salir de este mundo y seguir con la bendición eterna. Y espero que para cuando acabemos con esta serie, y ya me adelanté dos semanas en mi estudio, que quieran la misma cosa. Y va a tener un efecto profundo en cómo vive su vida en este mundo.

Inclinémonos juntos para orar. Padre, cuan agradecidos estamos por esta gran promesa, la promesa del cielo. Somos tan indignos, tan inmerecedores, nos has dado vida, aliento, nos has dado a Cristo, nos has dado salvación, y nos has dado la esperanza del cielo eterno. Casi nos quita el aliento el pensar que podemos dejar esta existencia dolorosa y pasar la eternidad en tu presencia. Esto es abrumador. Simplemente bendecimos tu nombre por una promesa como esta. Y Padre, no es algo que simplemente deseamos, es algo que esperamos porque Tú nos has dado la promesa del Espíritu Santo, nos has dado la garantía, has implantado en nosotros Aquel que ha comenzado esa buena obra que será perfeccionada.

Padre, simplemente oro porque cada uno de nosotros aprenda a vivir con el cielo en la mente. Suéltanos de esta vida, suéltanos de este mundo. Ayúdanos verdaderamente a poner la mira en las cosas de arriba, en dónde todo lo que realmente amamos nos está esperando.

En el nombre de Cristo. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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