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Hoy tenemos el gran gozo de venir a la Mesa del Señor, compartiendo en recordar la cruz, Su muerte por nosotros. También hemos enfatizado la realidad maravillosa de la oración y de nuestro acceso a Dios. Y esta mañana quiero que, conforme venimos a la Palabra de Dios para prepararnos para venir a Su mesa, continuemos con nuestra explicación de la anatomía de la iglesia, y algo que creo que encaja de manera maravillosa en los temas que ya hemos disfrutado esta mañana. Hemos seguido viendo lo que la Biblia enseña acerca de la iglesia, en particular enfocándonos en actitudes internas, motivos, convicciones, esas cosas que llevan la vida del cuerpo. Comenzamos hablando del esqueleto, esas cosas que son no negociables, básicas, que le dan su estructura.

Y después comenzamos a ver estos sistemas internos en el cuerpo de Cristo, las cosas que llevan la vida de la iglesia, las fuerzas de la vida que fluyen en la iglesia que la hacen que sea lo que es. Y esos sistemas internos, esos motivos, y convicciones y actitudes, que ya hemos explicado, son cosas como fe, y obediencia, y humildad, y amor, y unidad, y después el Día del Señor pasado, crecimiento. Y hoy quiero que veamos otro componente, otra motivación interna crucial, una actitud interna, que es absolutamente esencial en la vida de la iglesia.

Hemos enfatizado la santidad cuando hablamos de los elementos del esqueleto de la iglesia, la búsqueda necesaria de la santidad y la pureza que es característica de la vida en el cielo.

Vimos ese proceso, en Mateo, capítulo 18, y hablamos de cuán crucial es que la iglesia se examine a sí misma, y enfrente el pecado, y lo arranque y lo confronte y lo discipline y mantenga la pureza. Pero junto con eso, hay otro componente muy necesario en la vida de la iglesia, uno que seremos llamados a ejercer en todo momento en la vida de la iglesia. No es ningún otro que la actitud del perdón, el perdón. Entonces usted puede añadir a su lista de cosas como fe, y obediencia, y humildad, y amor, y unidad, y crecimiento, otro componente en la vida en la iglesia, y esa es la actitud espiritual, la motivación del perdón. Este debe ser un compañero junto con la búsqueda de la santidad, de lo contrario la iglesia se vuelve muy amarga, muy rígida, muy dura.

La iglesia no es lugar para la amargura. La vida cristiana no debe caracterizarse por la venganza, o la amargura, o la soberbia. Todo eso es destructivo y debe ser disuelto en una actitud perdonadora. Esto es absolutamente esencial, porque por mucho que queramos traer el cielo a la tierra, por mucho que queramos que se haga en la tierra lo que se está haciendo en el cielo, por mucho que queramos ser celestiales, no podemos hacerlo. Anhelamos las perfecciones del cielo, pero no las tenemos, y por lo tanto en la vida de la iglesia habrán imperfecciones, habrán errores, habrán juicios equivocados, habrán actitudes equivocadas, habrán pecados, y van a ocurrir en todo nivel de la iglesia.

Van a ocurrir en las vidas de aquellos que están en el liderazgo, ocurrirán en mi vida y en las vidas de otros pastores y ancianos, y ocurrirán en las vidas de todos en esta iglesia y en cualquier iglesia. El apóstol Pablo, viéndose a sí mismo en el pináculo de su vida, en el clímax mismo de su vida, al final mismo de su vida, después de haberse vuelto el gran cristiano fuerte que fue, se identificó a sí mismo como el primero de los pecadores. Siempre habrán imperfecciones, y siempre habrán errores, y siempre estaremos diciéndonos: "Oh, miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" De hecho, entre más maduramos en Cristo, entre más crecemos, entre más crecemos, y entre más nos volvemos ese padre espiritual del que hablamos el día del Señor pasado, más nuestro pecado se vuelve manifiesto para nosotros, porque entre mayor es nuestra sensibilidad a él; de esta manera es más probable que veamos nuestras fallas.

Y entonces, debido a que siempre habrán imperfecciones, y siempre habrán errores, e iniquidades, y pecados, y transgresiones y malos juicios; siempre habrá una gran necesidad para el ejercicio del perdón en la vida de la iglesia. Y en donde hay una actitud en donde no hay perdón, habrá una fractura de la comunión, y habrá una limitación de la utilidad y habrá un robo del gozo que debemos experimentar. Habrá un robo de la paz que el Señor nos ha dado mediante Su Espíritu.

Probablemente debería señalar brevemente que, en la sociedad de la actualidad seducida por la psicología, en la sociedad de la actualidad inclinada a ejercer y glorificar el pecado de la autoestima, el perdón es objeto de burla y la venganza es exaltada. Esto es simplemente lo opuesto de lo que la Escritura nos enseña. Debemos expresar una actitud de perdón.

Y quiero dirigirme a eso brevemente esta mañana antes de que vengamos a la Mesa del Señor, simplemente para darle varios puntos que contemplar. En primer lugar, el perdón es el acto más semejante a Dios que una persona puede hacer; el perdón es el acto más semejante a Dios que una persona puede hacer. Nada es más parecido a Dios como perdonar a alguien, y nunca usted es más parecido a Dios que cuando usted perdona.

Si la oración de su corazón es ser como Cristo, ser como hijos de Dios, hijos amados que manifiestan Su naturaleza, entonces usted de manera necesaria debe caracterizarse por el perdón.

El perdón es algo maravilloso. El perdón es una promesa. El perdón es un compromiso. El perdón es una afirmación de amor inmerecido, que no se ha ganado, que dice no importa lo que has hecho, no hay enojo, no importa lo que has hecho, no hay odio, no importa lo que has hecho, no hay deseo de venganza, no importa lo que has hecho, nunca habrá venganza alguna. Paso por alto esa transgresión de manera total. No te hago responsable. No te culpo. No siento compasión hacia mí porque he sido ofendido; sino que más bien, paso por alto esa transgresión de manera total, y extiendo mi amor hacia ti de manera completa. Eso es perdón, y eso es semejante a Dios.

Recordando eso, regresamos a Éxodo capítulo 34. En Éxodo capítulo 34, leemos esto, en los versículos 6 y 7: “Después Jehová pasó en frente de él”, esto es, en frente de Moisés, quien había pedido, recordará usted, ver Su gloria. Y el Señor se está identificando así mismo aquí, conforme pasa frente a Moisés y permite que una pequeña parte de Su gloria sea manifestada. El Señor se presenta a Sí mismo, en el versículo 6, con estas palabras: “Jehová, Jehová Dios, misericordioso y lleno de gracia, tardo para la ira y grande en misericordia” — esa es otra palabra para gracia — “y verdad; que guarda la misericordia para millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado”. Ahí está la característica de Dios que queremos identificar. Él por naturaleza es un Dios perdonador.

Antes, en el tiempo de adoración, leí el Salmo 32, versículo 1, “¡Bienaventurado el varón cuya transgresión ha sido perdonada, cuyo pecado ha sido cubierto! ¡Bienaventurado es el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad!”. El Salmo 85 expresa aún más el corazón perdonador de Dios cuando dice, en los versículos 2 y 3, “Tú perdonaste la iniquidad de tu pueblo, tú cubriste todo su pecado. Tú contuviste toda tu furia; tú te volviste del enojo de tu ira". Una y otra vez en los Salmos, el tema del perdón es mencionado. Otro que vale la pena señalar está en el Salmo 130 y versículo 4: “Pero hay perdón contigo, para que tú seas temido". Temido significa adorado, tratado con asombro, y respeto y honor. Dios gana adoración de aquellos a quienes él perdona con tanta gracia.

En Isaías, el profeta, entre otros profetas, pero de manera notable Isaías habla del perdón de Dios en el capítulo 43 de su profecía. Usted recuerda que gran parte de su profecía tiene que ver con juicio, y después en cierta manera gira, y la última parte trata del perdón y un futuro glorioso. En Isaías 43:25, leemos que Dios habla y dice: "Yo, yo soy el que borra tus transgresiones por causa de mi nombre, y no me acordaré de tus pecados". Qué gran afirmación. “Yo borro tus transgresiones por causa de mi nombre”. ¿Qué significa eso? Para que yo pueda mostrar quién soy yo como un Dios perdonador y, por lo tanto, ser adorado como tal por aquellos que están agradecidos por dicho perdón.

Y después en ese gran texto en Isaías 55, versículos 6 y 7, “Buscad a Jehová mientras que puede ser hallado, llamadle mientras que está cercano: Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia; y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. El profeta Jeremías habló tanto de la misma manera. Simplemente un pasaje, uno maravilloso, Jeremías 33: 8: “Los limpiaré de toda su iniquidad por la que han pecado contra mí; Perdonaré todas sus iniquidades por las que han pecado contra mí, y por las que han transgredido contra mí”. Dios reitera la importancia de la transgresión y repite dos veces Su actitud de perdón.

Jesús enseñó muchas parábolas. Cuando venimos, claro, al Nuevo Testamento, domina en gran parte de Su enseñanza. Ninguna de esas parábolas es tan bien conocida, quizás, como la que llamamos la parábola del hijo pródigo. Es de hecho, no la parábola del hijo pródigo; es la parábola del padre perdonador. Ese sería un mejor título para ella, creo yo. Es la más conocida de todas las historias, registrada en Lucas 15, en donde Dios es visto como un padre quien perdona de manera total a un hijo inmerecedor e indigno. El hijo en esa parábola no era diferente de muchos hijos; avaro, centrado en sí mismo, ansioso por poner sus manos en la riqueza que no se había ganado, insensato, desperdició el dinero en una vida disoluta con aquellos que, por cierto, lo explotaron y lo dejaron en la miseria cuando se le acabó el dinero.

Llegando lentamente a sus sentidos, muriéndose de hambre, comiendo comida de cerdos, él estaba en una condición que realmente reflejaba su vida, y se dijo a sí mismo: “Los siervos de mi padre viven mucho mejor que yo; Me voy a ir a casa". Él realmente no esperaba perdón; de hecho, fue lo último que él esperaba. Él dijo simplemente: “Me voy a ir a casa, voy a ser un esclavo, simplemente para aprovechar la oportunidad de decir que he sido un vago, que hijo tan terrible he sido. No espero ser un hijo, pero voy a regresar y voy a preguntar si tan solo puedo ser un esclavo. Lo único que quiero es un techo sobre mi cabeza. Lo único que quiero es un pedazo de alimento decente qué comer, algo mejor de lo que los cerdos comen”. Y él comenzó camino de regreso.

Cuando él llega cerca de la casa de su padre, Jesús nos enseña lo que significa perdonar. Porque ¿qué hace el padre? El padre no espera a que el pecador llegue. Tan pronto como lo ve venir, él corre para encontrarse con él. Mientras que todavía está lejos, el padre corre. Cuando él comienza a abrir su boca y a hablar, antes de que él incluso pueda decir la "l" de lo siento, antes de que pueda pronunciar una oración de su boca, el padre lo abraza y comienza a besarlo y a amarlo; pide que sea vestido de la mejor manera, que se le coloque un anillo, organiza un festival, una fiesta, una celebración, que cocinen la mejor comida que alguien jamás podía imaginarse, que preparen la música, llamen a los amigos. Esa es la naturaleza generosa del perdón.

Dice usted: "Bueno, ¿cómo es que el Señor sabía que él quería perdón?" Bueno, él lo sabía porque él había regresado. Obviamente, él había comenzado en ese camino. Cuando Dios ve al pecador moviéndose en dirección hacia Él, y difícilmente ha dicho la "l" de lo siento, Dios abraza al pecador y de manera generosa lo baña con Su amor perdonador a ese pecador — ese es el perdón como Dios perdona. Le voy a decir algo como pastor. Yo me entristezco profundamente por personas que llevan la amargura. Es tan ajeno a Dios. Es tan opuesto a la naturaleza de Jesucristo. Es tan opuesto a Dios. Me entristezco por personas que piensan que tienen que vengarse por todo lo malo que se les ha hecho. De alguna manera, tienen que vengarse. De alguna manera, tienen que reaccionar, preservar su ego y su soberbia. Se vuelven divisivos.

Me entristezco por esas personas que quieren atacar a la iglesia de Cristo y atacar a la obra de Dios, atacar la vida y ministerio de siervos fieles. El padre perdonador solo puede decir que él ama al hijo indigno. Él solo puede decir que siempre amará a ese hijo que ha cometido pecados tan terribles. Y los pecados cometidos directamente contra ese padre. Y él no va a hacer nada más que regocijarse por ese hijo y mostrar de manera generosa expresiones de perdón, y lo va a hacer. No por alguna ganancia personal, sino por el mero gozo de la reconciliación y el mero amor a la virtud. Esa es la razón por la que digo, el perdón es lo más semejante a Dios que usted puede hacer.

Es muy difícil dividir una iglesia llena de personas perdonadoras, porque usted no puede empezar nada. No importa qué fracasos usted como pastor pueda cometer, o sus líderes puedan cometer, o usted pueda cometer, o alguien a su alrededor pueda cometer, cuando hay una prisa por perdonar, es muy difícil traer esas divisiones que deshonran tanto al Señor. Jesús, colgando en la cruz, vio a la gente que estaba quitándole la vida al Hijo de Dios sin pecado, y levantando sus ojos al cielo a favor de ellos Él, dijo: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen." Y Esteban, siendo aplastado bajo las piedras sangrientas de aquellos que le estaban quitando su vida, vio hacia el cielo, vio a Jesucristo en una visión gloriosa, y dijo: “No les tomes en cuenta este pecado. Oh, Dios, no los hagas responsables por lo que están haciendo”.

Fue Sir Thomas More, el señor que era regente honorario de Inglaterra, después de haber sido juzgado en Westminster y condenado a la muerte sin causa justa, Thomas More le dijo a sus jueces esto, y cito: “Como San Pablo tuvo la ropa de aquellos que apedrearon a Esteban hasta la muerte, y como ahora ambos son santos en el cielo, y continuarán ahí siendo amigos para siempre, yo confío ciertamente por lo tanto y oro de corazón, que aunque ustedes señores ahora aquí en la tierra han sido jueces para mi condenación y muerte, no obstante, después nos reunamos con gusto en el cielo en salvación eterna ”, fin de la cita. Él oró por la salvación de sus ejecutores — eso es perdón — eso es semejante a Dios. Dios ha sido ofendido de manera abierta y descarada, injusta y blasfemada, y deshonrado por todos nosotros, sin embargo, de manera dispuesta nos baña con las expresiones de su amor perdonador.

Ahora, este es el punto sobresaliente de Pablo en Efesios, capítulo 4. Vamos ahí si es tan amable, Efesios, capítulo 4 y versículo 32. En Efesios 4:32, leemos esto: "Antes sed benignos unos con otros". Debemos detenernos ahí y hablar de eso por un momento. Vivimos en un mundo tan malo, una sociedad que no es benigna, tan enojada, tan hostil, tan cruel. La bondad simple, pasar por alto los errores, pasar por alto los juicios malos, pasar por alto los fracasos, pasar por alto las debilidades, pasar por alto los pecados y tratar a la gente con bondad, pasar por alto el egoísmo, el estar centrados en uno mismo, el egoísmo, el hacer lo que uno quiere, y las expectativas de uno, y simplemente ser amable, sea que la gente se conforma a todos sus supuestos estándares o no.

Y esa bondad incluye ser tierno de corazón. Esa es una frase simple de entender ternura de corazón: tratar a la gente de manera tierna, ser misericordioso. Y aquí hay una manera de hacerlo: “Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Y vuelvo a decir, usted no se parece más a Dios como cuando usted perdona, cuando usted expresa bondad, cuando usted es tierno de corazón y perdona, así como Dios lo ha perdonado a usted. Y no es un perdón superficial, es un perdón profundo, es un perdón generoso.

En Colosenses 3:13, Pablo desarrolla esa misma gran verdad: "Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviera queja contra otro, de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros". Perdonando con el mismo tipo de magnanimidad, y el mismo tipo de generosidad con que el Señor lo perdonó a usted, del corazón. Recuerda la enseñanza de Jesús en Mateo 5: "Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por aquellos que os persiguen".

Como puede ver, eso manifiesta un corazón perdonador. ¿Por qué? Versículo 45: “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos”. Y de nuevo digo, usted nunca se parece tanto a Dios, usted nunca manifiesta de manera más evidente que es Su hijo, que cuando usted perdona. Y de regreso a ese texto de Efesios 4 por tan solo un momento. Dice en el versículo 32, como leí: “Perdonándoos unos a otros, como Dios en Cristo también os ha perdonado a vosotros”, y después me gustaría que no hubiera una división de capítulo ahí, porque inmediatamente en el versículo 1 dice: “Sed, pues, imitadores de Dios ". Y de nuevo, usted imita a Dios cuando usted perdona.

Por cierto, Pablo escribió a Efesios y Colosenses, esas dos cartas que llaman al perdón, de una cárcel en donde él había sido encarcelado de manera injusta y por gente que lo odiaba. Él estaba practicando la virtud misma que él estaba exhortando a los creyentes a manifestar.

Un segundo pensamiento conforme pensamos en el perdón es este: El que lo ha ofendido a usted, ha ofendido a Dios más; el que lo ha ofendido a usted, ha ofendido a Dios más. Dice usted: “¿Cuál es el punto? El punto es que si Dios puede perdonar cuando Él ha recibido la ofensa mayor, ¿no puede usted perdonar quién ha recibido la menor?

Dice usted: "¿Qué quieres decir con eso?" Lo que quiero decir es lo que es indicado de manera clara en el Salmo 51. El Salmo 51 fue escrito por David, como lo fue el Salmo 32, el cual leímos hace un momento, ambos en el momento en el que David estaba abrumado por el peso de la iniquidad de su pecado con Betsabé y la muerte de su marido Urías. Y en medio de su penitencia, él escribió el Salmo 32 y el 51. Pero en el Salmo 51 y versículo 4, él presenta este punto tan importante acerca de su pecado.

Recuerde ahora, él había violado a Betsabé al involucrarse en una relación sexual con ella. Él había violado a Urías, al asegurarse de que Urías fuera colocado en una posición en el campo de batalla, para que él perdiera su vida. Entonces era culpable de adulterio y era culpable de homicidio. Él ciertamente había pecado contra esas personas. Pero observe, en el versículo 4, lo que él dice en esta oración. En el versículo 3 él dice: “Conozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado”.

Cuando usted realmente ve el pecado, usted debe estar de acuerdo en que el pecado es primordialmente en contra Dios, porque Dios es el estándar santo cuya ley es la que violamos. “Contra ti, y solo contra ti he pecado”. Aunque nos parecería un pecado serio contra Betsabé y un pecado serio contra Urías, realmente es una infracción no tan seria en contra ellos, y una infracción seria en contra Dios mismo.

Salmo 41: 4, también atribuido a David: “En cuanto a mí, yo dije: 'Oh Jehová, sé misericordioso hacia mí: sana mi alma; porque he pecado contra ti'”. Escuche: Dios es perfectamente santo. Tres veces santo: santo, santo, santo. Él es de ojos más puros como para ver la maldad, y no puede ver la iniquidad. No puede tolerar el pecado. Él menosprecia el pecado. Él odia el pecado. Y mientras que Él es perdonador, habrá un fin a su paciencia y Él no va a tolerar el pecado para siempre. Vendrá un tiempo de juicio y justicia. Él dice desde Éxodo 34, versículo 7 eso. Al mismo tiempo que Dios es perdonador, hay un fin para su perdón, porque en últimas Su santidad va a estar por encima del lugar donde hay impenitencia.

Él es perfectamente santo y, en últimas, en últimas, demanda un castigo justo por el pecado, o del pecador o de un sustituto por el pecador, esto es, Su Hijo, el Señor Jesucristo. Decir eso es decir que Dios es santo y establece un estándar santo, a tal grado que, en últimas, los pecadores no perdonados serán condenados a un infierno eterno de castigo. No hay duda acerca de la extensión de la santidad de Dios. Y eso en sí mismo hace que Su perdón sea aún más asombroso. Dios, entonces, quien es el más santo, Dios, quien es el más ofendido de manera suprema, perdona. Nosotros, que somos no santos, ¿no perdonaremos? ¿Qué es esto? ¿Algún tipo de complejo de Dios que la gente tiene que no quiere perdonar? De hecho, lo es. Usted tiene una opinión elevada de sí mismo, si usted no perdona, usted se ha exaltado a sí mismo a un estándar más elevado que Dios.

Ahora, permítame añadir como un comentario al margen en este punto, yo creo que, de corazón, debemos perdonar todas las ofensas, todo el tiempo. Mis enemigos, y aquellos que me persiguen y me odian probablemente no me van a pedir que los perdone, sin embargo, Jesús dijo: "Amad a vuestros enemigos y haced bien a ellos". Y eso manifiesta una actitud de perdón. Y van a haber cristianos que lo ofenden a usted y a mí. Van a haber cristianos que están amargados y llenos de venganza, y quieren vengarse, y van a hacer cosas que nos lastiman, porque han sido lastimados por nosotros, o imaginan que así ha sido. Y realmente creo que, de corazón, es esencial que les extendamos una bondad, una ternura de corazón, y un amor perdonador, con el entendimiento de que nunca puede haber una restauración de la relación hasta que haya un arrepentimiento real por parte de ellos.

La relación no puede ser lo que debería ser hasta que haya una búsqueda real, por parte de ellos, de esa restauración mediante el perdón. Pero permítame decirle algo. Usted no puede esperar eso en toda situación. Digo, véalo en su propio hogar, véalo en su propio matrimonio, véalo en su propia familia. ¿Acaso simplemente va a acumular una lista larga de iniquidades que alguien pudo haber cometido, u ofensas que pudieron haber cometido, y no han venido y no las han confesado todas, y han rogado por perdón por cada una de ellas? ¿Simplemente va a acumular eso, y va a acumular eso, y acumular eso? No creo. Creo que, en la magnanimidad de su amor, usted pasa por alto esas cosas. “El amor cubrirá — qué — “multitud de pecados”.

Podría haber una brecha en esa relación hasta que el perdón se busque, pero de corazón, ese perdón tiene que ser ofrecido, promovido, de lo contrario acumulará amargura. Somos algo secundario al pecado. El pecado no es primordialmente contra nosotros, es contra Dios. Y Dios lo perdona en Sus hijos, ¿y nosotros no lo haremos? El que es más ofendido perdona de manera libre, ¿y nosotros no lo haremos? Otro punto que quiero presentar, y creo que esto es todo lo que puedo hacer con el tiempo que tenemos, y es uno importante. Por cierto, si usted quiere otro texto que incluir, Mateo 18.

Mateo 18, esa historia acerca del hombre que vino delante del rey, recordará usted, versículos 21 al 35, y se le había perdonado una deuda tan grande, y después salió y estranguló a otro hombre, que le debía simplemente una deuda pequeña. Y el punto que Jesús está presentando es, ¿cómo puedes aceptar el perdón de Dios por todos tus pecados y no perdonar a alguien más? Cuando Dios, quien te ha perdonado más, y Dios, quien fue el más ofendido, y Dios, quien es el del estándar más elevado y más santo, te ha dado perdón completo, ¿no deberías perdonar a otros? Mateo 18, un texto muy importante, me gustaría que tuviéramos tiempo de verlo.

Pero un punto final, y eso nos lleva al lugar de preparación para la Mesa del Señor. Y es este: el que no perdona no será perdonado, el que no perdona no será perdonado. Dice usted: “¿Qué quieres decir con eso? ¿Estás hablando del hecho de que vamos a morir e ir al infierno? No, no. En el panorama general, todos sus pecados son perdonados si su fe está en Jesucristo. No estamos hablando de aquello que tiene que ver con su destino eterno. Estamos hablando de aquello que tiene que ver con su gozo, su paz, su utilidad, su comunión.

Estamos hablando de lo que Jesús habló con Pedro, cuando Pedro dijo: “Quiero un baño”, y el Señor dijo: “Ya, ya fuiste bañado; solo necesitas que tus pies sean limpiados". No es cuestión de que estés limpio; estás limpio. Simplemente tienes algo de suciedad en tus pies que hace que seas alguien que no está listo para sentarte en la mesa con nosotros. En Mateo 6, una porción muy importante de la Escritura, Jesús dijo esto: "Y perdónanos nuestras deudas, como también perdonamos a nuestros deudores".

Y después en el versículo 14, "Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, vuestro Padre celestial también os perdonará; pero si no perdonáis a los hombres, vuestro Padre celestial no perdonará vuestras transgresiones". Eso presenta el punto de manera tan clara como podría ser presentado. Dios lo va a perdonar a usted si usted perdona a otros. El perdón eterno: eso está cerrado. Tenemos eso en nuestra justificación, y eso cierra el asunto de la bendición futura. Pero el perdón temporal, en lugar del perdón eterno, el perdón temporal lo necesitamos en nuestra santificación, y eso cierra el asunto de la bendición presente.

¿Entiende usted la diferencia? El perdón eterno lo tenemos en nuestra justificación, eso se encarga del asunto de la bendición futura; El perdón temporal lo tenemos y lo necesitamos en nuestra santificación, se encarga del asunto de la bendición presente.

El punto es que, si usted no está perdonando a otros, de manera regular, y consistente, y de manera completa, entonces Dios no lo está perdonando a usted en un sentido temporal, y si no está siendo perdonado en un sentido temporal, varias cosas van a pasar. Usted va a perder bendición y usted va a estar bajo disciplina. Recuerda la parábola de Mateo 18, el hombre que no quería perdonar, él había sido perdonado, de manera notable mostrando que era un creyente. Eso es lo que está diciendo la parábola. Él era un creyente que había sido perdonado completamente por Dios. Él no quiso perdonar a un hombre, entonces el rey lo trajo y lo castigó. Dios disciplina a aquellos que no perdonan a otros. Algunas veces él los disciplina incluso, quizás, hasta la muerte.

A lo largo de los años como pastor, he estado aquí en esto por mucho tiempo, y he encontrado la vaciedad, la sequía, la falta de gozo, la falta de poder, la falta de utilidad en las vidas de personas que con frecuencia están relacionadas a un corazón no perdonador. Se debe a que la bendición de Dios está siendo retenida por una indisposición a perdonar. Algunas veces, una persona se sienta conmigo y dice: "Están diciendo esto de mí, y están diciendo esto de mí, y he oído esto acerca de mí, y realmente estoy enojado por todo esto, y estoy enojado por esto y molesto”. Y mi pregunta es, ¿qué crees que el Señor está tratando de hacer en tu vida? ¿Crees que podrá haber alguna razón por la que estás experimentando todo esto?

En otras palabras, la implicación es, ¿podría ser esto una disciplina? ¿Has visto tu corazón? Lo que oigo que está saliendo de tu corazón es enojo y lo que oigo que está saliendo de tu corazón es amargura, y quizás es la falta de perdón que está causando que se incrementen todas estas pruebas. Debemos perdonar, porque es semejante a Dios, cuyos hijos somos. Debemos perdonar, porque el que es más Santo perdona, ¿y no deberían perdonar los que son menos que él? Debemos perdonar, porque hemos sido perdonados los pecados más grandes en contra de Dios, y deberíamos poder perdonar los que son menos serios contra nosotros. Debemos perdonar porque no perdonar es perder comunión y el amor de los hermanos, y es ser disciplinado. Y, además, si no perdonamos, realmente no estamos en una condición para venir a la Mesa del Señor. No somos aptos para adorar.

En el mismo Sermón del Monte en donde Jesús nos enseñó a orar, incluyó la idea del perdón, de regreso a un capítulo atrás en Mateo 5, Él dijo esto, en los versículos 23 y 24: “Por tanto, si traes tu ofrenda ante el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ahí, ante el altar, y ve; y reconcíliate primero con tu hermano, y después ven y presenta tu ofrenda”. Ahora, esto es muy básico. Si usted tiene un problema con alguien más, arréglelo. La reconciliación necesita preceder a la adoración. En donde hay amargura, y enojo y falta de perdón, necesita hacer usted lo que pueda para resolverlo. En donde hay la iniquidad de la falta de perdón, Dios no va a recibir su adoración. Así es el lugar central del perdón.

Resumiendo, una afirmación de un santo anónimo: “La venganza de hecho, con frecuencia le parece dulce a los hombres, pero oh, únicamente es veneno con azúcar, únicamente es algo amargo endulzado, y el sabor que deja después es tan amargo como el infierno. El amor perdonador que soporta solo ese amor es dulce y lleno de bendición; disfruta de paz y la conciencia del favor de Dios. Al perdonar, hace a un lado y aniquila la herida; trata al que hirió como si no hubiera herido y, por lo tanto, no siente más el aguijón que había metido. El perdón es un escudo el cual todos los dardos de fuego del maligno rebotan de manera indefensa. El perdón trae el cielo a la tierra y la paz del cielo al corazón pecaminoso. El perdón es la imagen de Dios, el Padre perdonador y la extensión del reino de Cristo en el mundo”. Usted nunca se parece tanto a Dios como cuando usted perdona.

Padre, te damos gracias ahora de nuevo por este recordatorio. Y conforme pensamos en todo este asunto del perdón, claro, vamos a la cruz, en donde ese perdón que tú nos has concedido en Cristo es manifestado de manera tan clara. Venimos ahora delante de Ti para participar del pan y de la copa, y no queremos hacerlo de una manera indigna. No queremos traer esto, nuestra ofrenda de alabanza y adoración, delante de Ti si hay amargura, o venganza o enojo en nuestros corazones. Queremos asegurarnos de que todo está bien.

Bien podría ser que en algunos casos no podemos participar hasta que acudamos a algún hermano y lo corrijamos.

Oramos, Señor, por aquellos que están llevando amargura, actitudes que te desagradan.

Oh, Señor, te pedimos, claro, que Tú los lleves al arrepentimiento, y que no tengas que disciplinarlos y que ellos no sean un instrumento que interrumpa la unidad y el gozo de otros también. Danos un corazón totalmente perdonador. Inúndanos de ese amor perdonador que has prometido derramar en nuestros corazones mediante el Espíritu. Y ahora, Señor, conforme nos preparamos para Tu mesa, pedimos que Tú hagas que nuestros pensamientos se concentren en asuntos personales. Que no pensemos en otros, sino que veamos nuestros corazones y use este tiempo como un momento de confesión. Señala el pecado para que podamos confesarlo abiertamente delante de ti. Límpianos y lávanos, porque no queremos venir a esta mesa de manera indigna y comer y beber juicio para nosotros mismos, disciplina.

Y, Señor, para aquellos que no conocen a Cristo, esta mesa no es para ellos, porque no pueden adorar al Salvador, no pueden celebrar la muerte de Cristo, cuya muerte no significa nada, a menos de que ahora en este momento abran sus corazones y abracen a Jesús como Salvador, acepten Su perdón y Su misericordia. Espíritu Santo, guíanos conforme examinamos nuestros corazones y nos preparamos para participar.

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